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Condominios 31

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LAS DUDAS

Especial

seguridad Por Catalina Gutiérrez Romero*

¿Cuántas cámaras son suficientes para proteger la copropiedad? ¿Cómo debe ser su mantenimiento? ¿Qué hacer para que el vigilante rinda correctamente en su jornada? ¿Cómo aprovechar en su totalidad la llamada seguridad electrónica?

La seguridad siempre ha sido un tema de discusión en las copropiedades, ya sea por la forma como debe manejarse o por sus altos costos en el presupuesto. Para asumirla con integridad, es necesario saber que la empresa de seguridad y su equipo humano no son el único actor que participa en su fortalecimiento, pues los avances tecnológicos han permitido que la seguridad electrónica cobre protagonismo en edificios de cualquier dimensión. De esta forma, siempre y cuando se tengan claros los alcances y limitaciones de cada una, vigilancia humana y vigilancia electrónica pueden conjugarse efectivamente en las copropiedades. En cualquiera de ellas, como es de esperarse, surgen siempre los mismos cuestionamientos: ¿será suficiente el personal? ¿Deberían instalarse más cámaras de mayor amplitud?... Sucede entonces que,

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por más personal de vigilancia disponible o por más inversión en equipos electrónicos, esto nunca resulta suficiente. Por esto, la única forma para reducir la inseguridad a su mínima expresión es construyendo una verdadera cultura de seguridad promovida por residentes, propietarios, personal al servicio de la copropiedad y administración, con pautas de conducta encaminadas a fortalecer la seguridad en la copropiedad, sin desconocer los alcances y limitaciones de cada actor para este fin.

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¿Qué y quiénes intervienen en la seguridad de una copropiedad y cuáles son sus funciones?

a. Vigilancia humana: según el Estatuto de Vigilancia y Seguridad Privada (Decreto Ley 356 de 1994) “se entiende por servicios de vigilancia y seguridad privada las actividades tendientes a prevenir o detener perturbaciones a la seguridad y tranquilidad individual en lo relacionado con la vida y los bienes propios o de terceros”. Adicionalmente, se entiende por vigilante a “la persona natural que en la prestación del servicio se le ha encomendado como labor, proteger, custodiar, efectuar controles de identidad en el acceso o en el interior de los inmuebles determinados y vigilar bienes muebles e inmuebles de cualquier naturaleza, de personas naturales o jurídicas, de derecho público o privado, a fin de prevenir, detener, disminuir o disuadir los atentados o amenazas que puedan afectarlos en su seguridad”. b. Vigilancia electrónica: equipos electrónicos instalados en la copropiedad como circuitos cerrados de televisión, paneles de control de monitoreo, sistemas de acceso de personas, sensores magnéticos y fotoeléctricos, detectores infrarrojos, botones de pánico o pulsadores. Estos elementos están diseñados para controlar y vigilar los espacios sensibles a la ocurrencia de riesgos de inseguridad. c. Administración: debe asegurarse de que las empresas relacionadas con la seguridad cumplan con lo estipulado en los contratos. d. Residentes y propietarios: cualquier anormalidad que identifiquen deben informarla a la empresa de vigilancia a través del administrador, quien sostiene una comunicación constante con ella. Participar en la seguridad del edificio también significa respetar las normas y hacerlas respetar.

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¿Cuáles son las limitaciones de la vigilancia humana y qué hacer para disminuir el riesgo?

Un vigilante debe afrontar los efectos de la monotonía y el cansancio en su jornada de trabajo, dadas las muchas horas en las que debe estar atento y consciente de los diferentes riesgos a los que pueda estar expuesta la copropiedad. Los procesos mentales involucrados en la labor de un vigilante son la atención, la memoria, la percepción y la conciencia de situaciones de riesgo, entre otros: • La atención: el vigilante debe atender a los estímulos importantes relacionados con la seguridad del edificio por un largo periodo. Sin embargo, resulta necesario saber que esta actividad mental tiene una capacidad limitada en función del volumen de información que debe procesar y del esfuerzo que se ponga. Para cualquier ser humano es imposible atender durante mucho tiempo a los mismos estímulos, más cuando son estáticos y monótonos. Esta limitación se manifiesta, por ejemplo, al tener que atender a varias cámaras de manera simultánea. Al final llega un momento en el que el nivel de atención baja por la sobrecarga de estímulos parecidos. No obstante, esta debilidad humana puede ser compensada con la tecnología: las cámaras, por ejemplo, pueden activarse solo mediante sensores de movimiento; de esta forma, el vigilante presta atención a las cámaras en uso y pasa por alto las inactivas.

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LAS DUDAS

La seguridad siempre ha sido un tema de discusión en las copropiedades, ya sea por como debe manejarse o por sus altos costos en el presupuesto.

• La memoria: el vigilante almacena toda la información necesaria para la seguridad del edificio, tomada de experiencias pasadas e instrucciones que de manera verbal o escrita se le han impartido. Pese a esto, lo verdaderamente útil de la memoria no es el almacenamiento de datos, sino saber recuperar y usar la información en el momento indicado. Sucede generalmente en las copropiedades que hay instrucciones de emergencias que muy pocas veces se ponen en práctica y, por lo tanto, suelen olvidarse. Para contrarrestar esta limitación, la administración puede hacer una labor de seguimiento y control al cumplimiento de los procedimientos de seguridad en el edificio. Repetir al equipo de vigilancia los procedimientos de seguridad periódicamente resulta muy útil para afianzar la información (lo mismo sucede con los simulacros). • La conciencia ante situaciones de riesgo: en este proceso el vigilante se encuentra en un estado de alerta ante las situaciones que de antemano identifica como riesgosas. En la práctica sucede constantemente que vigilantes experimentados continúan dejando entrar gente a las copropiedades sin cerciorarse primero de su identidad o sin anunciarlos. Para hacerle frente a esta limitación, el administrador y la empresa de seguridad no pueden dar por sentado las instrucciones básicas, muchas de ellas catalogadas como de sentido común, deben repetirlas constantemente al personal.

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¿Cuáles son las limitaciones de la vigilancia electrónica y qué hacer para disminuir el riesgo?

Los equipos por sí solos no pueden ser eficientes; por ello, se deben considerar los siguientes puntos: • Un experto en seguridad debe ubicarlos en los lugares adecuados. Por ejemplo, las cámaras deben estar instaladas en espacios que eviten puntos ciegos cercanos a los accesos.

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• La inversión en vigilancia electrónica es una suma cuantiosa para la copropiedad; por tanto, para incrementar su vida útil la copropiedad debe provisionar dinero para los mantenimientos preventivos que se requieran. • Los equipos muchas veces presentan fallas pese a que se realice un juicioso mantenimiento. Es por esto que se debe contar con un proveedor serio que atienda las emergencias en tiempos de respuesta adecuados. • Hacer seguimiento y control al adecuado funcionamiento de los equipos. Por ejemplo, periódicamente revisar si el CCTV está grabando, si el software de seguridad está realizando la copia de seguridad y si los mecanismos de emergencia están operando.

COnSEJOS DE SEGURIDAD Socializar las pautas de conducta y documentarlas La administración debe comunicar los procedimientos a todos para que haya entendimiento y se hable el mismo idioma en cuestión de seguridad. Los residentes, propietarios, usuarios, personal al servicio de la copropiedad y administración deben hacer cumplir estas pautas de conducta. Para una mayor formalidad, las normas pueden incluirse en el reglamento interno y aprobarse en la Asamblea Ordinaria de Copropietarios. Siempre que ingrese un nuevo propietario, se le debe enviar el documento para que se entere de la normatividad. Generar hábitos de seguridad Al generar hábitos de seguridad, se incorporan las reglas en las rutinas diarias. Proteger a la comunidad y los bienes de esta se convierte, entonces, en un tema de todos los días.

* Sicóloga especializada en sicología del consumidor. Miembro directivo de ALB Colombia.


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