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[30.08.06]

elpoemaseminal

tercer aniversario (II)

atisbos elpoemaseminal, UN PROYECTO DE DIVULGACIÓN Y RESCATE (II) Leopoldo Cervantes-Ortiz 3. Mirar hacia adelante l principio, elpoemaseminal era bastante parco: un par de poemas y algún comentario breve. El número de poemas fue en aumento, junto con las notas. Más tarde, un lector atento sugirió realizar números monográficos o más uniformes, pues se percibía una dispersión causada, entre otras cosas, por la ansiedad de registrar novedades poéticas, dentro y fuera de México. El gusto personal se ha ido asentando autocríticamente y ahora se atiende a las pérdidas recientes de poetas, al homenaje por celebraciones de aniversario o a lo que vaya surgiendo, sea temático o descaradamente por las afinidades electivas. Al cumplirse el año de labores, se consideró necesario organizar un comité editorial, especialmente a partir de los amigos/as y de aquellos poetas y críticos que han reaccionado favorablemente, así que a partir de este mes, al rebasar las 60 emisiones, se contará con un grupo de apoyo de alrededor de 20 personas. Esperamos que la intuición original se afine y madure en camino hacia una consolidación que permita, muy pronto, colocar en la red, de manera fija, en bloques de 20 emisiones, el trabajo desarrollado hasta ahora.

A

Si hubiera que escoger un lema para elpoemaseminal, se parecería mucho al que utilizó durante años la Editora Nacional de España: “Por la poesía, desde la poesía, para la poesía”. Feria del Libro del Zócalo, México, D.F., 16 de octubre, 2004 (Leído por Miguel Ángel Quemain)

testimonios RICARDO HERNÁNDEZ ECHÁVARRI ARTAUD Y SU VIAJE AL PAÍS DE LOS TARAHUMARAS Tomé peyote en México en la montaña y dispuse de un paquete que me hizo permanecer dos o tres días entre los tarahumara, pensé entonces, en aquel momento, que estaba viviendo los tres días más felices de mi existencia. Había cesado de aburrirme, de buscar


una razón a mi vida y de tener que cargar mi cuerpo. Comprendía que estaba inventando la vida, que ésa era mi función y la razón de ser y que me aburría cuando había perdido la imaginación y el peyote me la daba. Un ser se adelantó y de un golpe hizo salir el peyote de mí. Con él hice carne picada real, y el cadáver de un hombre fue despedazado y lo encontraron despedazado en algún lugar,

rai da kanka da kum a kum da na kum vonöch. A. ARTAUD, Una nota sobre el peyote.

E

n 1936, el poeta Antonin Artaud viajó al corazón de la Sierra Tarahumara, a conocer una “raza original”, no contaminada por Occidente. El no fue el primer europeo que viajó al país rarámuri. Cincuenta años antes el etnólogo noruego Carl Lumholtz (que escribió México Desconocido, el primer libro sobre los indios de la Sierra Madre) llegó con una carta que le servía de salvoconducto, escrita de puño y letra por Porfirio Díaz, a Tomóchic a lomo de mula. Lumholtz dio la primera noticia a Occidente de la existencia de una “raza que vivía aún como en la Edad de Piedra”. Lumholtz se adelantó también a Artaud en probar el peyote y en describir sus efectos alucinógenos: “la planta, cuando se toma, produce alucinaciones, es un poderoso protector de su pueblo y les da suerte. Tomé sólo una pequeña jícara, pero sentí su efecto en pocos minutos. Me despabiló y actuó como un estimulante, similar al café, pero mucho más poderoso. La planta es tan gozada por los Tarahumaras que ellos le atribuyen el poder de dar salud y larga vida y purificar el cuerpo y el alma”. Antonin Artaud, el poeta surrealista autor del Teatro y su Doble, viajará en tren desde la ciudad de México hacia las arenas del Bolsón de Mapimí, al norte, para adentrarse en el país de los tarahumaras. Ese viaje es definitivo en su vida y en su creación (escribe “De un viaje al país de los tarahumaras” y media docena de artículos más, casi todos durante sus periodos de lucidez en el asilo de Rodez donde, acusado de locura, fue recluido). El viaje de Antonin Artaud al corazón de la Sierra Madre es doble: es un viaje hacia un país desconocido para encontrar lo nuevo y, a su vez, un viaje interior que le permite al poeta buscarse a sí mismo. En ese viaje Artaud prueba el peyote y descubre en el camino del Ciguri el sentido secreto de esa raza original. Artaud venía asqueado de Europa, que comenzaba su ciclo moderno de guerras por el dominio (pos)colonial. La utopía revolucionaria se detenía en el “terror” a sus disidentes. La poesía vivía una “disgregación” de los ismos y los lenguajes de vanguardia se convertían poco a poco en fórmulas retóricas. El viaje de Artaud es un viaje a la “otredad”, a la búsqueda de caminos alternativos que le dieran sentido a la condición humana. Occidente ha pretendido arrogarse siempre el único camino ─el del progreso─ para lograr la armonía de los hombres. El resultado es que el hombre se ha cosificado, se ha convertido en cosa en un mundo instrumental de cosas. El hombre cosificado es llamado por el rarámuri “el hombre que se ha extraviado”. Ir al país de los tarahumaras le descubre a Artaud un mundo nuevo. El hombre blanco que es él se asombra al escuchar que los rarámuris “cayeron del cielo a la Sierra, en una Naturaleza ya preparada” y que esa tribu original, adánica, conservaba el sentido de lo sagrado que lo unía a los demás hombres y a la naturaleza. “La palabra Dios no existe en su lengua; pero rinden culto a un principio trascendente de la Naturaleza, que es Macho y elpoemaseminal 100/ 30 agosto, 2006/2


Hembra como debe ser”. Los tarahumaras le parecen “una raza principio”, que vive más en un tiempo propio, natural o cósmico. Lo asombra que la Sierra Tarahumara sea una “montaña de signos” y que el simbolismo del mundo indígena hable de un lenguage cifrado que alude a la armonía del hombre y el cosmos. Él ve, una noche, una danza (el rito de los reyes) idéntica a la que Platón describe en Critias, su diálogo sobre la Atlántida. Descubre que hay la creencia del “paso por las tribus tarahumaras de una raza de hombres portadores de fuego, que tenían tres Señores y tres Reyes, y caminaban hacia la Estrella polar” que él asimila a la leyenda de los Reyes Magos (El país de los Reyes Magos). Le llama la atención la cuenta del tiempo a partir del ciclo lunar (“veintiocho días”) y el superior “culto astronómico del sol”. Simbólico es todo el lenguaje del mundo indígena: sus danzas, sus vestidos, sus colores, sus adornos, sus movimientos, todo habla de un código sagrado y secreto en armonía con el ritmo cósmico. Esos mismos misteriosos signos los había visto en las Pirámides de México. Artaud sabe que Occidente es incapaz de traducir ese lenguaje pues ha perdido las claves de su comprensión. Para Artaud el ritual del peyote es un culto solar que le permite recuperar la percepción de lo infinito: despertar “el sentido de lo sagrado de una forma que la conciencia europea ya no conoce’’. Gracias al camino del Cíguli, “el Tarahumara distingue lo que es de él y lo que es del Otro”, descubre también la dualidad, y le permite al hombre “crearse a sí mismo”. El hombre es “transportado al otro lado de las cosas” o “restituido a lo que existe en el otro lado”. El peyote es hermafrodita y “en el interior de la raza tarahumara el Macho y la Hembra coexisten simultáneamente”. El Ciguli finalmente constituye “el misterio mismo de la poesía”. Esos indios mexicanos que viven en la Sierra Madre “en un estado como antes del diluvio” han resistido “desde hace cuatrocientos años todo lo que ha venido a atacarlos: la civilización, el mestizaje, la guerra, el invierno […] El gobierno de México hace lo imposible por quitar el peyote a los tarahumaras”. Artaud ve en la resistencia indígena, en la perduración de su cultura, de su religión, de su lenguaje, la elaboración de una otredad humana, más en armonía con los demás, con la naturaleza y el cosmos. En armonía también con lo sagrado (entendido no como ritos externos u ortodoxias providenciales) que proviene de los orígenes. En la lectura que Antonin Artaud hace de los tarahumaras hay mucho de la búsqueda moderna, casi (pos)rousseauniana de un mundo natural que alivie la náusea civilizatoria. No pocos modernos huyen de la civilización a un mundo más cercano a la naturaleza. La náusea europea hace que Gauguin huya a Tahití, que Breton vea en México “el país surrealista por excelencia”, que Ann Eisner se adentre en el Congo y pinte a los pigmeos, que Artaud viaje al país del peyote para encontrar un nuevo sagrado. La valoración de las drogas como una forma de acceder a los “paraísos artificiales” también forma parte del legado moderno. Charles Baudelaire, aficionado al haschís, soñaba una sociedad embriagada (“Embriagaos, de vino, de placer, de poesía”, dice en Un corazón al desnudo, su diario íntimo). Claude Monet pintó con rojos y verdes cobalto un campo de adormirera y el extravagante De Quincey describió los efectos narcóticos de esa planta oriental en sus Memorias de un comedor de opio. El fin de siglo XIX pone de moda ya las drogas en Europa y hasta un brillante teórico marxista como Walter Benjamin describe en sus Iluminaciones los efectos en sí mismo de la cocaína. En México aún es un tabú hablar del tema pero se sabe que José Juan Tablada, el poeta de Li Po y otros poemas, imitó a Baudelaire hasta en el consumo del haschís. El poeta peruano Abraham Valdelomar cuenta que en Lima él y Vasconcelos visitaban los fumaderos de opio que se encontraban en el barrio chino. Antonin Artaud, que venía de esa tradición europea, descubre algo más trascendente, que en México las plantas sagradas desde siempre (Westheim en su Arte prehispánico de México comprobó en los códices y el arte precolombino la presencia de las “plantas de los dioses”) habían sido un mediador entre lo humano y lo sagrado. elpoemaseminal 100/ 30 agosto, 2006/3


Pero varias intuiciones de Artaud superan el utopismo moderno: de manera muy profunda pone a los tarahumaras y su idea del mundo en la variedad de los caminos del hombre y el mundo. Su condena a Occidente es letal: el hombre cosificado ha perdido el sentido de lo sagrado: “un blanco es alguien a quien los espíritus han abandonado”. La civilización ha devenido una forma de salvajismo: amenaza a la tierra, a las aguas, al planeta, a la humanidad misma. Los tarahumaras van a la ciudad para ver “cómo son los hombres que se han equivocado”. El tiempo progresivo de Occidente es otra ficción: en realidad “es la vida moderna la que está atrasada y no los indios tarahumaras con respecto al mundo actual”. En la visión que Artaud tiene de los tarahumaras hay por primera vez la aceptación absoluta de la superioridad moral (sagrada, poética por ende) del otro: el Tarahumara es el padre del hombre y si conserva las claves para leer los signos de lo sagrado lo hace con la encomienda de preservar la unidad original. La propia poesía moderna, convertida en un remedo de sí misma, en un lenguaje artificioso y muerto, sólo puede salir de ese estado de aletargamiento si se adentra en el lenguaje original y cargado de símbolos ─como el lenguaje de los rarámuris─ que le darán la forma dolorosa o armónica de la melopea adánica. “Tutuguri” es el último poema que Artaud escribió. Lo escribió unos días antes de su muerte con el recuerdo aún vivo de su viaje al mundo de los tarahumaras: Tutuguri es el rito negro dedicado a la gloria externa del sol. El rito de la noche negra de la muerte eterna del sol. No, el sol ya no volverá.

“Tutuguri” no es un simplemente un poema, su lectura es una conmoción. Por qué no, como hace Antonin Artaud, nos despojamos del ego, del aire de “superioridad”, de la versión de los vencedores, de la mirada colonizadora y sus atavismos ideales y aceptamos un momento (o siempre) la visión distinta que nos da Artaud: que los tarahumaras (y el mundo indígena) tienen las claves aún para salvar lo sagrado, y reconciliar al hombre consigo mismo y con la naturaleza. Donde ha fracasado progresivamente el hombre blanco podría decir su palabra antigua, poderosa y profunda el Hombre Rojo, esa extraordinaria raza a la que, según palabras de Antonin Artaud, el último iluminado de la poesía moderna, “ninguna civilización podrá dominar jamás”.

Cambridge, verano, 2006

EDUARDO LANGAGNE BELLEZA PURA

VINICIUS DICE: Que me perdonen las muy feas Pero la belleza es fundamental. Bandeira piensa:

Qué bueno ha de ser que nos guste una fea. Yo creo en todo lo que dicen mis poetas. Conviví de muchacho con una brasileña muy delgada, tenía en sus costillas un sonido metálico de berimbau y en él tocaba aires nordestinos que me hacían danzar. Mis amigos dicen que era fea, pero juntos celebrábamos un carnaval nocturno elpoemaseminal 100/ 30 agosto, 2006/4


entregados al placer y al desprejuicio. Estuve cerca de una muchacha con rostro de ángel, hablaba suave tal el rumor del viento entre las nubes, sus alas eran el camino al paraíso. Sus piernas. Mis amigos dicen que era hermosa; compartía conmigo su paisaje y explorábamos el cielo durante largas jornadas jubilosas. No voy a discutir con mis poetas. Pero en estos años no me importan los conceptos de belleza del mundo occidental. La estética de las revistas. La moda y la magia de los cirujanos plásticos. Para el poeta hoy encanecido no es fácil afirmar si una mujer es fea o hermosa. ¿Quién podría desentrañarlo? Para quien ya alcanzó medio siglo de vida no hay dudas, disyuntivas posibles o decisiones drásticas y prescindibles: A esta edad, si una mujer tiene treinta años es hermosa.

TESTIMONIO EL BARRIO ERA UN TERRITORIO QUE HABITA LA UTOPÍA

en julio un circo se instalaba en el baldío el gigante no quería ser presidente ni darle un ministerio al elefante el trapecista no pedía mi voto entre piruetas y el payaso no juzgaba ni daba las noticias de la mujer barbuda mi infancia era un país maravilloso la noche de septiembre vi más de mil aves cruzando el cielo en artificio a fuego cuando un águila volaba digna y alerta y la bandera no había sido bordada en tela de juicio mi infancia era un país maravilloso no quiero solamente recordar aquel país donde tenían sitio la ilusión y la esperanza dibujaré hondamente con mis manos elpoemaseminal 100/ 30 agosto, 2006/5


en este pecho en este corazón el mapa de un país otra vez maravilloso que nadie habrá de quitarnos del futuro

JOSÉ MANUEL MATEO LEER

elpoemaseminal

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na entrega semanal de poesía sólo puede lograrse con disciplina, facultad escasa y mal vista en tiempos donde lo propio consiste en renegar de todo lo que se aproxime al rigor. Orden y concierto hacen falta también. Leopoldo cuenta con esas tres cosas, pero sobre todo con un conocimiento claro y minucioso del quehacer poético. Aquí esta lo esencial. Lo primero que anoté, me dirán, es accesorio. Quizá, pero muchos proyectos de revista, sitios de internet o publicaciones naufragan incluso antes de soltar amarras precisamente porque prescinden de lo secundario. Lo inesencial, pues, también hace falta. Leopoldo sabe y a su conocimiento suma la voluntad y la destreza para divulgar, pues la poesía —como la ciencia— no logra adeptos si no se comunica, quiero decir, si no es comunicada, trasvasada, intercambiada, compartida. La poesía no debe estancarse entre poetas, especialistas, filólogos ni coleccionistas. O al menos no sólo debe circular entre ellos. La poesía es terreno de todos. Si no se cultiva en otros campos, si el poema no se ayunta en los supuestos eriales de otras disciplinas, entonces —me da la impresión— desarrolla enfermedades degenerativas. Que sólo quienes escriben poemas se lean unos a otros me parece comparable a las familias reales y las etnias que sólo copulan entre sí. Muchos odian las lecturas y la presentación de libros. Hacen bien, y si no quieren asistir como lectores ni como escuchas nadie se tomará la molestia de obligarlos. Otros asistimos porque ahí, en esos espacios físicos, se abre una posibilidad de oír y conocer a los demás, poetas y no poetas. El medio no es mejor ni peor que otros: en tales sesiones corremos el mismo riesgo que al abrir una revista o encender la computadora: nadie puede asegurarnos que el poema escuchado no será decepcionante. La divulgación tiene esos riesgos, pero cuenta con la ventaja de serle fiel a la palabra: ella quiere ser oída. No somos nosotros quienes le asignamos la tarea ni los que buscamos almas afines. Es ella la que siempre busca la comprensión como respuesta y no se detiene en lo inmediato: sigue siempre adelante de una manera ilimitada.

elpoemaseminal nos ahorra los desplazamientos, las búsquedas infructuosas, también las decepciones. A veces hallamos en sus entregas a un poeta conocido, a un contemporáneo y con ello nos da otra experiencia del encuentro. Los que prefieran quedarse en casa tienen en esta publicación virtual una opción. Yo me beneficio de ella tanto como de otras. Sigo hablando de las lecturas públicas y de las presentaciones. Allí los poemas toman una dimensión diferente a la del texto. Algunos crecen en intensidad, en claridad reflexiva, en expresión. Otros no alcanzan a desprenderse de las fibras del papel, no consiguen redimensionar la tinta que les da cuerpo tipográfico. Estos demandan distinta forma de lectura y otro tiempo de nuestra vida.

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elpoemaseminal es irreprochable como pariente electrónico de las publicaciones impresas. No les debe ni les pide nada, porque su austeridad obliga a que cada poema se defienda sin coartada alguna. Sin embargo —y a riesgo de parecer mezquino e ignorante, pues ahora no debería yo sino celebrar—, creo que el poema todavía no se lleva bien con las pantallas ni con los recursos que ofrecen los programadores. Todavía no logra hermanarse con los bytes como lo hace con la tinta o la voz. Todavía queda pendiente la tarea de imaginar poemas que puedan transmitirse por computadora de manera que sean visuales y auditivos sin convertirse en algo distinto, sin travestirse en videos o situaciones plásticas donde la palabra se desvanece o se torna fútil. Un golpe de dados y Blanco, por pensar en dos paradigmas —el uno universal y el otro local—, o bien la poesía concreta brasileña se acercan desde mi punto de vista a las futuras formas electrónicas o computarizadas del verso. Leer elpoemaseminal seguirá siendo productivo y vivificante mientras tanto.

ANGELINA MUÑIZ-HUBERMAN pausa PAUSA, PAUTA, SILENCIO, SONIDO, ARMONÍA

detén la crin del caballo que vuela no sea que atropelle tu explicada piel interrumpe el caudal que está por llegar agua de río no sometida ni acometida en dorado recipiente deposita toda calma en secreta urna los restos del desaliento que no haya resquicio para los desacuerdos ni escondida ruta para los que han perecido abre la palma de la mano: expónla: que la intemperie sea sólo un pretexto escarba entre las ruinas lo que aún queda antes de que el gran desengaño se desmorone llora ante el altar que no habrá de ser erigido detén tu paso de antiguo caminante que ya no es reconocido ni levanta eco ¿qué ofreces, entonces, en tu noche de silencio, sino la última campanada antes del alba? no puedes retroceder ni puedes avanzar: punto muerto del amor

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en una cabeza de alfiler labras tu nombre porque sabes que el dedo de la muerte ha pasado ¿cuál es tu último signo antes del recodo? guarda y llora, mas nunca eleves la voz del desconcierto que si algo queda tras de la pausa abierta es la sangre en flor, restañada en la figuración.

JORGE ORTEGA FOTO DE FAMILIA Ships and barges when passing through this point frequently capsized and were damaged or destroyed. Often in the depth of winter the cries of the sailors or coolies harnessed to the boats, who had been flung into the freezing water bare foot and scantly clad, could be heard all night. I had long been determined, if it should ever be in my power do so, to help these unfortunate people. ARTHUR WALEY, The Life and Times of Po Chü-I, 1949

LOS ACONTECIMIENTOS están más lejos de lo que aparentan en la pantalla del ordenador. Son un crucero en llamas enmedio del océano, chisporroteando gritos de auxilio y estertores. Cuán arduo franquear el horizonte, la densa y espaciosa masa de agua para sumarse al cuerpo de rescate que riñe con el mar que lo circuye y las olas de bronce del fuego encabritado. Cómo servir, de dónde, situado en qué goleta o aportando qué cantidad de víveres a los damnificados. Dónde poner las manos o el denuedo para que germine en alta mar la tierra del milagro. Es duro confirmar que hemos venido para tomar apunte de los hechos sin alterar su curso, que los hados sólo nos dieron vista elpoemaseminal 100/ 30 agosto, 2006/8


para observar desde la orilla firme la zozobra del barco.

ARMANDO OVIEDO LA POESÍA NO SE VENDE Para Leopoldo y su nave de los locos

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a se sabe. La poesía no se vende porque no se vende. Es la palabra clara y bien sonante la que permanece y dura. La palabra insolente con sonante voz es un hueso duro de roer y la vitamina que contiene será alimento de campeones. No para participantes del maratón de las palabras ni para los enfermos de glosolalia, sino para la palabra que es versada en antinomias. Gracias a los poetas nos es dada la oportunidad de arañar otros mundos. Sólo los bardos se saltan las bardas y con sus palabras como dardos salvan a las palabras del cochinero mediatico en donde se hayan secuestradas. La poesía, sin adjetivos, no es posible. Hay que buscarle los necesarios para matizar y promover su diferencia. La poesía es el reducto de lo único, de lo irrepetible; va en contra de lo masivo por unívoco; no se pliega a las modas ni transige con dictados; no la encasilla ni el más pintado de los teóricos. Y para llegar a ella hay que merecerla. Pero primero hay que mimarla y mecerla sin dominarla ni dormirla sino dejándose hacer, sabiendo despertar las pasiones del pensamiento y las reflexiones del corazón. Gracias a la poesía el mundo se sostiene y no se desborda en (más) idioteces. Aunque de esto último abundan ejemplos y salen en las portadas de los diarios y se anuncian cada día. Hay quienes creen –y no que piensan— que es la economía, (convertida en “Econosuya”) el eje del movimiento humano. Hace mucho que murió la Economía, pues esta palabra y su sentido fue despojada de su trasfondo humano, sólo tenemos su disfraz de sucio interés mercantil donde los de-más son lo de-menos. Ahora, en nombre de la economía –como el de muchas palabras secuestradas por los elogio del vacío— se cometen asaltos a mansalva. Sin alimento espiritual, sin arte, sin poesía, sin palabras sinceras que le llamen al pan pan (palabra secuestrada por un partido político) y al vino vino, el ser humano está condenado a ser un ente biológico solamente. Un ser inanimado, sin ánima y sin ánimo. Así como el entorno donde el ser humano habita está siendo depredado, el verbo luminoso y animoso está a punto de desaparecer. Por fortuna existen –aún— espacios para la poesía y también para el poema. Es por ello que felicito a esos lectores y escritores embarcados en esta nave de locos llamada Poesía Seminal. ¡César, los que van a morir te saludan! ¡Muerte a la ballena blanca!

GEORGE REYES DISCURSO POETICO ANALÓGICO Y CON SENTIDO DE MISIÓN

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ace unos años, el hermeneuta alemán Hans-Georg Gadamer (en Poema y diálogo) se preguntaba si el poeta tendría todavía un cometido en una civilización como la occidental cada vez más tecnificada, pragmática y doliente. Y él propone que éste tendría ese cometido en tanto en cuanto su discurso posea poder lírico discreto, aunque para el cual haya que afinar el oído, es decir, haya que saber leerlo. En otras palabras, según entiendo a Gadamer, si el poeta va a tener todavía un cometido, su discurso debe ser relevante, sin olvidar que éste elpoemaseminal 100/ 30 agosto, 2006/9


es sobre todo habilidad y sensibilidad en el manejo del lenguaje, que es lo que en última instancia cuenta en el inmenso mundo de la literatura. Pese a que Gadamer no es un poeta, tiene razón. Pero, ¿qué significa discurso poético lírico relevante? Podría significar muchas cosas entre las cuales destaco las dos siguientes. La primera, que es un discurso contextual, que se eleva solidariamente a la esfera de lo ideal en un mundo que golpea y nos golpea. Precisamente por su perfil técnico, pragmático y doliente, nuestra sociedad contemporánea lleva el ansia de liberación y humanización plena a flor de piel, mucho más hoy cuando, por el desencanto que vive en relación con los ideales modernos, se hunde en la desilusión y el vacío existencial que frecuentemente atentan contra la solidaridad, la justicia y la paz. Y la segunda, como discurso solidario se convierte consecuentemente en una enunciación o representación expresa de todos nosotros. Como tal, tiene el privilegio de elevarse a un nivel universal, en el cual no hay un “yo” excesivamente privilegiado— con fines solamente sicológicos o estéticos—porque sabe convertirse en una voz lírica colectiva impregnada de sueños por otras realidades mejores. Si bien es cierto, la poesía no puede cambiar el tiempo ni el mundo—ni hay evidencia de que la poesía “comprometida” haya logrado o pueda lograr tal ideal alguna vez—, una cosa es cierta: ella sabe desbordar, solidaridad y pensamiento, como argumentan el célebre poeta español Antonio Machado y el latinoamericano Pablo Antonio Cuadra cuando denunciaban la poesía que no hace más que volcar el ser interior de sus creadores. Me gustaría pensar que no hay poesía auténtica sin que desborde lirismo o sentimiento y produzca tales efectos, pero tampoco la hay sin que desborde propuesta utópica solidaria, aunque ésta sea lingüísticamente expresada de un modo diferente de un filósofo, teólogo, científico o político. Es que, como otra racionalidad legítima, en este discurso el sentimiento, las imágenes y otros artificios poético-artísticos tanto clásicos como contemporáneos siguen presente y marcándole su identidad, contra todo lo que pueda argumentar la postura literaria (semántica ilírica directa) que ha dado origen a lo que actualmente se conoce como “antipoesía” (poesía de lo cotidiano que, con un lenguaje directo, atrevido y comprometido, valientemente suele no sólo denunciar, por ejemplo, las tan arraigadas tendencias androcéntricas, sino también rechazar a la vez la poesía como género lírico en su forma y en su fondo). Solamente con este balance analógico (pues, al igual que la analogía, guarda puntos de contacto y de diferenciación en este caso con el discurso lírico clásico y el “comprometido” a lo Sartre o Ernesto Cardenal), el discurso poético lírico en América Latina podrá evitar ser, por un lado, un discurso excesivamente del “yo” y, por el otro, uno excesivamente pedagógico arrogante y, quizás, panfletario e iluso en todos los sentidos. Además, solamente así, podrá ser un discurso vanguardista universal representativo y visionario, que rompe en mucho con el convencional clásico en cuanto a postura, forma y lenguaje. Finalmente, más importante aún, solamente así podrá tener un sentido de misión en el aquí y ahora. El desafío es saber no sólo leerlo, sino también, aunque parezca un “objetivismo” iluso, rescatar algo de la intención original de sus artistas-creadores. Principialidad Estáte en plegaria descalza curvando la sombra del árbol que invadió elpoemaseminal 100/ 30 agosto, 2006/10


tu espacio...

Valspop Tú danzarás lo eterno: desgajado paso universal en profana pista donde la luz yace(s) sollozante...

MANUEL SILVA ACEVEDO ANUNCIACIÓN DE GABRIELA

EN SU CASA DE MONTEGRANDE, SENTADA JUNTO A LA VENTANA Lucila lee los Salmos en una Biblia vieja y ajada La Biblia es la abuela de Lucila, Lucila es un salmo de alabanza. Lucila contempla pensativa la tarde que enrojece la montaña entonces comprende en un suspiro que la montaña es algo más que la montaña. Lucila ve la rosa que se despliega y engalana y en un instante intuye que la rosa más que una rosa es el perfume que ella exhala. A orillas del río Elqui, oye las piedras que cantan y en un santiamén entiende que el río corre sin pies y sin tener boca, habla. Por fin la sorprende el Ángel con la cabeza en la almohada y le sopla muy bajito para que nadie oiga en casa: “Gabriela te llamarán, de laureles coronada Tu verso se elevará más alto que la montaña y los huérfanos vendrán a jugar sobre tus faldas. Tú serás la rosa mística, doliente y apasionada Tú serás la rosa herida que el río Elqui moja y baña De los poetas de América tú serás la rosa heráldica”. Y Lucila contestó: Hágase en mí según tu Palabra.

elpoemaseminal 100/ 30 agosto, 2006/11


ÓSCAR WONG POTENCIA Y ACTO DE

elpoemaseminal

C

uando se habla de elpoemaseminal, es invariable pensar en la germinación, en la semilla como símbolo de la vicisitud de la vegetación, que muere y se multiplica. Tránsito y resurrección, ciertamente conectado con lo seminal. Oquedad y completud en alternancia, manifestándose a plenitud. Una semilla es un árbol en potencia (Aristóteles dixit), pero

elpoemaseminal es un árbol lírico en acto. Y más ahora que cumple su tercer aniversario. La cíclica recurrencia en sus apariciones demuestra lo señalado: liberar esta alternancia mítica para fijar sus contenidos luminosos en los lectores. Cada autor participante, incluso los poetas desaparecidos, deja su semen, su simiente, en la memoria colectiva, en la sementera universal literaria. Larga vida para este espacio de poesía.

zonas EL FRAGOR POÉTICO JOSÉ LUIS SOLÍS

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n amplio recorrido por la obra poética de Sergio Mondragón se observa en esta Poesía reunida (1965-2005), e incluye poemas de las obras Hojarasca, El ocre de los lodos, Pasión por el oxígeno y la luna, El aprendiz de brujo y Yo soy el otro. Palabra por palabra, el poeta se transfigura en el lenguaje y modifica su percepción ante el mundo. Desde sus primeros textos Yo soy el otro y El aprendiz de brujo ya se observa su acercamiento hacia la palabra, el deseo de atrapar la expresión poética mediante la fuerza y vitalidad del joven poeta. Los versos se desencadenan intermitentes y atrevidos, juegan con el lenguaje, la sintaxis y la estructura: “Hoy, Sibila, recobré una ventana de mi infancia. Fue recordándote izada por el viento, erguida como ciprés en primavera, cruel y bella como el astro incandescente que calcina mi pecho y abrasa mi cráneo”. La voz se torna exigencia de libertad y actitud desenvuelta hacia la vida. Una generación, en plena década del sesenta, intenta hacerse escuchar, mientras la música de jazz y blues se asienta en el entorno, y la lectura de Swendeborg, Baudelaire, San Juan de la Cruz o Malraux muestra una vigencia plena. A medida que pasa el tiempo, el poeta adquiere mesura y sabiduría. Atrás quedan los desvaríos de juventud, el deseo de cambiar el mundo y el arrojo del poeta enamorado. Se mantiene la necesidad de la reafirmación poética: “Oficio de poeta/ mis ojos son para ti nada más/ mis palabras para nombrarte a ti nada más”. Hay una actitud más desencantada y socarrona ante la vida, de una vaga desolación que no termina de hallar cobijo, pero que indefectiblemente se aferra a la poesía, como un “árbol encantado vestido de lenguaje ebrios” y donde los poemas son “pétalos frescos de cosechas doradas” (De Pasión por el oxígeno y la luna y El ocre de los lodos). Finalmente, Hojarasca llega con la tranquila calma del poeta que ha recorrido mil y un rutas por los lugares más insospechados del mundo. La reflexión acerca de la poesía es cauta y serena, sin excluir la entereza y el continuo afán de dar respuesta a los grandes cuestionamientos sobre la vida, el universo, el amor o el arrobo místico. Dice el poeta a elpoemaseminal 100/ 30 agosto, 2006/12


salmones y lenguados: “vivifiquen con su frescura eterna/ con su humedad ardiente/ la calcinada arcilla del poema”. Los salmones y lenguados son una imagen, por supuesto, pero también son reales y forman parte de una naturaleza que formica y enseña. Poesía reunida (1965-2005), de Sergio Mondragón, es una recopilación poética que valora y ejerce el derecho por elaborar una poética personal, intensa y de una espiritualidad a toda prueba. Sergio Mondragón. Poesía reunida (1965-2005), México, UNAM, 2006 (Poemas y ensayos). ***** El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, a través de la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes y Ediciones Fontamara Invitan a la presentación del libro

CASTILLOS EN LA ARENA, de Cristina Pérez-Stadelmann Jueves 7 de septiembre, a las 19 Hrs., en el Museo Mural Diego Rivera, ubicado en Colón sin número, esquina Balderas (extremo poniente de La Alameda, frente al Hotel Sheraton Centro Histórico, frente a la Plaza Solidaridad), México, D.F. Participan: Antonio del Toro, Armando Oviedo, David Rincón y Óscar Wong Moderadora: Dulce Chiang

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umor y sarcasmo, ludismo y expresiones plásticas, pero siempre en función de lo que se desea formular: he aquí la poesía que acepta modos de acción sin artificios y conforma imágenes sensitivas para cantar a la realidad, a la condición humana. El tono, francamente coloquial, es determinante en este poemario denominado Castillos en la arena. Con desparpajo, Cristina Pérez-Stadelmann va enhebrando sus versos en aras de la expresión emotiva. La poeta sabe de coloraturas, del valor técnico del ritmo y de la imagen, aunque busca exteriorizar su emoción desnudando el lenguaje de la pesada retórica que en otros puede calificarse como condición estilística. De manera directa y escueta, sus versos van forjando Castillos en la Arena, como una necesidad anímica –afectiva. Lejos de la exquisitez formal, de la danza del intelecto expresado por la eufonía lingüística para construir significados, el presente volumen busca eslabonarse como un ritual cotidiano donde la vida pretende establecerse en textos minuciosamente desaliñados, sin puntuación, ni métrica. Óscar Wong

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