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¡Salve Regina! Edición 57

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AÑO 9 No. 57 EDICIÓN

JUNIO 2019

www.lavozdemaria.ec

Santa María, Madre de la Iglesia


Revista

María, Madre de la Iglesia

EDICIÓN No. 57 AÑO 9

JUNIO 2019

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Foto portada: www.pinterest.es

Es una publicación católica dedicada a la nueva evangelización, con temas doctrinales, de oración, formativos, y de información y difusión. Para sugerencias, comentarios y publicidad, favor comunicarse al correo electrónico: revistasalveregina@ hotmail.com

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Mensaje

Directora General Sra. Patricia Ramos R. Editor Sr. José Vera Donoso Coordinadora y Publicidad Sra. Elsy Espinoza de Vera Distribución Lic. Cristóbal Flores B.

Hermanos queridos: Hemos vivido el Pentecostés, el inicio de la vida de la Iglesia, el Espíritu Santo que trae consigo sus 7 dones maravillosos: sabiduría, entendimiento, consejo, ciencia, piedad y temor de Dios. Los dones espirituales son habilidades especiales que Dios regala a sus hijos para la edificación de su iglesia. Debemos usarlos para bendecirnos los unos a los otros y construir juntos una iglesia fuerte que honre a Dios. Haremos un recorrido también por la fiesta de María Madre de la Iglesia, madre nuestra, la que intercede por los pecadores ante su Hijo Jesucristo, además de la nueva Encíclica del Papa Francisco para los jóvenes: ¡Vive Cristo, esperanza nuestra! Y su viaje a Macedonia y Bulgaria, dejándonos siempre un mensaje esperanzador y de amor al prójimo. Agradecemos a todos los hermanos que de una o de otra manera colaboraron para la Mariatón, para que continúe la obra evangelizadora a través de las ondas de la Radio La Voz de María 88.1FM. ¡Mil gracias! Asimismo les invitamos a participar del bingo mariano que será el miércoles 26 de junio. Queridos lectores, hacemos en esta edición, un pequeño pero sentido homenaje a Monseñor Hugolino Cerasuolo Stacey (+), obispo emérito de Loja y párroco de San Antonio de Padua en Urdesa Norte en Guayaquil, ser humano extraordinario, que nos deja un gran vacío en la Iglesia con su partida, pero a la vez nos seguirá uniendo el amor a la misma, a María Santísima en la advocación de la Virgen del Cisne y el amor a todo el pueblo católico. Monseñor Hugolino siempre insistía en el rezo del santo rosario y que pidamos misericordia a Dios de nuestras almas, para que la vida sea llena de buenas obras. Será un ¡hasta pronto monseñor! Lo extrañamos, más nos quedan sus consejos y homilías, para seguir siendo mejores cada día. Que María Santísima nos cubra siempre con su manto de amor. Un saludo fraterno a todos ustedes, siempre en oración por la Iglesia y sus necesidades. Eucaristías en Capilla Espíritu Santo

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RADIO LA VOZ DE MARÍA

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Cdla. Bolivariana Calle Andrés Bello y Av. El Libertador Mz. A Villa 9 Telf: 2598860


Buenas Noticias

Mariatón, una lluvia de amor y bendiciones

Nunca nos cansaremos de dar gracias a Dios y a ustedes, nuestros hermanos, que fieles al compromiso de evangelizar junto a nosotros, se hicieron presentes como siempre, unos detrás del micrófono, otros en diferentes actividades como la atención al público y ustedes con su invalorable aporte para que La Voz de María siga en su misión de fe. ¡Mil gracias y que Dios se lo pague. Hasta la próxima!

3 RH Dos eventos de evangelización que movieron corazones en Guayaquil Dos eventos de evangelización que movieron corazones en Guayaquil


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Fiesta 10 de junio

Foto: tucristo.com

MarĂ­a, Madre de la Iglesia TĂ­tulo y realidad

Foto: ucsp.edu.pe

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El uso del título María, Madre de la Iglesia en el pasado ha sido más bien raro, pero recientemente se ha hecho más común en las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia y en la piedad del pueblo cristiano. Los fieles han invocado a María ante todo con los títulos de “Madre de Dios”, “Madre de los fieles” o “Madre nuestra”, para subrayar su relación personal con cada uno de sus hijos. Posteriormente, gracias a la mayor atención dedicada al misterio de la Iglesia y a las relaciones de la Virgen María con ella, se ha comenzado a invocar más a la Virgen como “Madre de la Iglesia”. La expresión está presente, antes del concilio Vaticano II, en el magisterio del Papa León XIII, donde se afirma que María ha sido “con toda verdad madre de la Iglesia” (Acta Leonis XIII, 15, 302). Sucesivamente, el apelativo ha sido utilizado varias veces en las enseñanzas de Juan XXIII y de Pablo VI. El título de “Madre de la Iglesia”, aunque se ha atribuido tarde a María, expresa la relación materna de la Virgen con la Iglesia, tal como la ilustran ya algunos textos del Nuevo Testamento. María, ya desde la Anunciación, está llamada a dar su consentimiento a la venida del reino mesiánico, que se cumplirá con la formación de la Iglesia. María, en Caná, al solicitar a su Hijo el ejercicio del poder mesiánico, da una contribución fundamental al arraigo de la fe en la primera comunidad de los discípulos y coopera a la instauración del reino de Dios, que tiene su “germen” e “inicio” en la Iglesia (Lumen gentium, 5). En el Calvario María, uniéndose al sacrificio de su Hijo, ofrece a la obra de la salvación su contribución materna, que asume la forma de un parto doloroso, el parto de la nueva humanidad. Al dirigirse a María con las palabras “Mujer, ahí tienes a tu hijo”, el Crucificado proclama su maternidad no solo con respecto al apóstol Juan, sino también con respecto a todo discípulo. El mismo Evangelista, afirmando que Jesús debía morir “para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Jn 11,52), indica en el nacimiento de la Iglesia el fruto del sacrificio redentor, al que María está maternalmente asociada. El evangelista san Lucas habla de la presencia de la Madre de Jesús en el seno de la primera comunidad de Jerusalén (Hch 1,14). Subraya, así, la función materna de María con respecto a la Iglesia naciente, en analogía con la que tuvo en el nacimiento del Redentor. Así, la dimensión materna se convierte en elemento fundamental de la relación de María con respecto al nuevo pueblo de los redimidos.

Siguiendo la sagrada Escritura, la doctrina patrística reconoce la maternidad de María respecto a la obra de Cristo y, por tanto, de la Iglesia, si bien en términos no siempre explícitos. Según san Ireneo, María “se ha convertido en causa de salvación para todo el género humano” (Adv. haer., III, 22, 4: PG 7, 959), y el seno puro de la Virgen “vuelve a engendrar a los hombres en Dios” (Adv. haer., IV, 33, 11: PG 7, 1.080). Le hacen eco san Ambrosio, que afirma: “Una Virgen ha engendrado la salvación del mundo, una Virgen ha dado la vida a todas las cosas” (Ep. 63, 33: PL 16, 1.198); y otros Padres, que llaman a María “Madre de la salvación” (Severiano de Gabala, Or. 6 de mundi creatione, 10: PG 54, 4; Fausto de Riez, Max Bibl. Patrum VI, 620-621). En el medievo, san Anselmo se dirige a María con estas palabras: «Tú eres la madre de la justificación y de los justificados, la madre de la reconciliación y de los reconciliados, la madre de la salvación y de los salvados» (Or. 52, 8: PL 158, 957), mientras que otros autores le atribuyen los títulos de «Madre de la gracia» y “Madre de la vida”. El título “Madre de la Iglesia” refleja, por tanto, la profunda convicción de los fieles cristianos, que ven en María no solo a la madre de la persona de Cristo, sino también de los fieles. Aquella que es reconocida como madre de la salvación, de la vida y de la gracia, madre de los salvados y madre de los vivientes, con todo derecho es proclamada Madre de la Iglesia. El Papa Pablo VI habría deseado que el mismo concilio Vaticano II proclamase a “María, Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores”. Lo hizo él mismo en el discurso de clausura de la tercera sesión conciliar (21 de noviembre de 1964), pidiendo, además, que, “de ahora en adelante, la Virgen sea honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título” (AAS 56 [1964], 37). De este modo, se anunciaba explícitamente la doctrina ya contenida en el capítulo VIII de la Lumen gentium, deseando que el título de María, Madre de la Iglesia, adquiriese un puesto cada vez más importante en la liturgia y en la piedad del pueblo cristiano. María, Madre de la Iglesia, no porque es más grande que la Iglesia, sino, porque Ella ha recorrido el camino que todos debemos recorrer hacia la santidad, María es nuestra guía en este peregrinar, caminamos seguros con su guía. “Ave María purísima, sin pecado concebida”.

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nos dice... Nuevas normas para toda la Iglesia Católica

Contra los que abusan o encubren

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Foto: www.excelsior.com.mx

“Vos estis lux mundi, ustedes son la luz del mundo” Nuestro Señor Jesucristo llama a cada creyente a ser un brillante ejemplo de virtud, integridad y santidad. Tomado del Evangelio de Mateo, estos son el título y las primeras palabras del nuevo Motu Proprio de Francisco dedicado a la lucha contra los abusos sexuales cometidos por clérigos y religiosos, así como las acciones u omisiones de obispos y superiores religiosos “con la intención de interferir o evadir” las investigacionesde los abusos.


El Papa recuerda que “los crímenes de abuso sexual ofenden a Nuestro Señor, causan daños físicos, psicológicos y espirituales a las víctimas y dañan a la comunidad de los fieles”, y menciona la responsabilidad especial que tienen los sucesores de los apóstoles en la prevención de estos crímenes. El documento es un fruto más del encuentro sobre la protección de los menores celebrado en el Vaticano en febrero de 2019. En él se establecen nuevas normas de procedimiento para combatir los abusos sexuales y asegurar que los obispos y los superiores religiosos den cuenta de su trabajo. Es una normativa, que se aplica a toda la Iglesia. Un “mostrador” para las quejas en cada diócesis Entre las novedades previstas se encuentra la obligación para todas las diócesis del mundo de contar, para junio de 2020, con “uno o más sistemas estables y fácilmente accesibles al público para presentar informes” sobre los abusos sexuales cometidos por clérigos y religiosos, el uso de pornografía infantil y el encubrimiento de los mismos abusos. Lo que se quiere es que las personas que han sufrido abusos puedan recurrir a la Iglesia local con la seguridad de que serán bien recibidas, que estarán protegidas de las represalias y que sus informes serán tratados con la máxima seriedad. Obligación de informar Otra novedad se refiere a la obligación de todos los clérigos, religiosos y religiosas, de “informar con prontitud” a la autoridad eclesiástica de todas las denuncias de abusos de las que tengan conocimiento, así como de las omisiones y encubrimiento en la gestión de los casos de abusos. Si hasta ahora esta obligación se refería, en cierto sentido, sólo a la conciencia individual, a partir de ahora se convierte en un precepto legal universalmente establecido. No sólo el abuso infantil El documento abarca no sólo el acoso y la violencia contra los niños y los adultos vulnerables, sino también la violencia sexual y el acoso resultante del abuso de autoridad. Esta obligación también incluye cualquier caso de violencia contra las religiosas por parte de clérigos, así como el caso de acoso a seminaristas o novicios mayores de edad. Los “encubrimientos” Uno de los elementos más importantes es la identificación, como categoría específica, de la denominada conducta de encubrimiento, consistente en “acciones u omisiones destinadas a interferir o evadir

investigaciones civiles o investigaciones canónicas, administrativas o penales, contra un clérigo o religioso en relación con los delitos” de abuso sexual. Se trata de aquellos que, investidos de posiciones de particular responsabilidad en la Iglesia, en lugar de perseguir los abusos cometidos por otros, los han ocultado, protegiendo al presunto infractor en lugar de proteger a las víctimas. Protección a las personas vulnerables Vos estis lux mundi subraya la importancia de proteger a los menores (personas menores de 18 años) y a las personas vulnerables. De hecho, la noción de “persona vulnerable” es más amplia, ya que no se limita a las personas que no tienen “uso habitual” de la razón, sino que se amplía para incluir los casos ocasionales y transitorios de incapacidad para comprender y querer, así como las discapacidades físicas. A este respecto, el nuevo Motu proprio hace eco de la reciente Ley del Vaticano (CCXCVII del 26 de marzo de 2019). Respeto de las leyes de los Estados La obligación de informar al ordinario del lugar o al superior religioso no interfiere ni modifica ninguna otra obligación de informar que pueda existir en las leyes de los respectivos países: las normas, en efecto, “se aplican sin perjuicio de los derechos y obligaciones establecidos en cualquier lugar por las leyes del Estado, en particular las relativas a las obligaciones de información a las autoridades civiles competentes”. Protección de los denunciantes y de las víctimas También son importantes los párrafos dedicados a la protección de quienes se presentan para informar. Aquellos que denuncian abusos, según las disposiciones del Motu proprio, no pueden ser objeto de “prejuicios, represalias o discriminación” a causa de lo que han informado. Hay que atender el problema de las víctimas que en el pasado han sido reducidas al silencio: estas normas universales establecen que “no se les puede” imponer “ninguna obligación de silencio con respecto al contenido” del informe. Obviamente, el secreto confesional sigue siendo absoluto e inviolable y, por lo tanto, no se ve afectado en modo alguno por esta normativa. Vos estis lux mundi también afirma que las víctimas y sus familias deben ser tratadas con dignidad y respeto y deben recibir asistencia espiritual, médica y psicológica adecuada. Investigaciones a cargo de los obispos El Motu Proprio regula las investigaciones de los obispos, carde-

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Foto: es.zenit.org

nos dice...

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nales, superiores religiosos y de todos aquellos que tienen, en diversos cargos, aunque sólo sea temporalmente, la dirección de una diócesis o de otra Iglesia particular. Esta disciplina se observará no sólo si estas personas son investigadas por abusos sexuales cometidos directamente, sino también cuando se denuncie que han “encubierto” o que no han querido perseguir los abusos de los que han tenido conocimiento, y que era su deber contrarrestar. El papel del metropolitano La novedad en cuanto a la participación del arzobispo metropolitano en la investigación previa es significativa, ya que recibe un mandato de la Santa Sede para investigar si la persona denunciada es un obispo. Su papel, tradicional en la Iglesia, se ve reforzado y atestigua el deseo de aprovechar los recursos locales también para las cuestiones relativas a la investigación de los obispos. El responsable de la investigación después de treinta días envía a la Santa Sede “una relación informativa sobre el estado de las investigaciones”, que “debe concluirse en el plazo de noventa días” (son posibles prórrogas por “razones justas”). De este modo se establecen determinados plazos y, por primera vez, se exige a los dicasterios interesados que actúen con prontitud. Implicación de los laicos Citando el artículo del Código Canónico que subraya la preciosa contribución de los laicos, las normas del Motu proprio prevén que el

metropolitano, en la realización de las investigaciones, puede recurrir a la ayuda de “personas cualificadas”, según “la necesidad del caso y, en particular, teniendo en cuenta la cooperación que pueden ofrecer los laicos”. El Papa ha afirmado repetidamente que las especializaciones y capacidades profesionales de los laicos representan un recurso importante para la Iglesia. Las normas prevén ahora que las conferencias episcopales y las diócesis puedan preparar listas de personas cualificadas dispuestas a colaborar, pero la responsabilidad última de las investigaciones recae en el Metropolitano. Presunción de inocencia Se reafirma el principio de la presunción de inocencia de la persona acusada y se le informará de la existencia de la investigación cuando así lo solicite el Dicasterio competente. La acusación sólo debe ser notificada si se abre un procedimiento formal y, si se considera apropiado para garantizar la integridad de la investigación o de las pruebas, puede omitirse en la fase preliminar. Conclusión de la investigación El Motu proprio no hace cambios en las penas por delitos, pero establece el procedimiento para reportar y llevar a cabo la investigación previa. Al final de la investigación, el Metropolitano (o, en algunos casos, el obispo de la diócesis sufragánea con mayor antigüedad de nombramiento) remite los resultados al Dicasterio competente del Vaticano y, por lo tanto, cesa su tarea. El Dicasterio competente procede entonces “de acuerdo con la ley según lo previsto en el caso concreto”, actuando así sobre la base de las normas canónicas ya existentes. Sobre la base de los resultados de la investigación previa, la Santa Sede puede imponer inmediatamente medidas preventivas y restrictivas a la persona investigada. Compromiso concreto Con este nuevo instrumento jurídico querido por Francisco, la Iglesia Católica da un paso nuevo e incisivo en la prevención y lucha contra los abusos que pone el énfasis en acciones concretas. Como escribe el Papa al principio del documento: “Para que estos casos, en todas sus formas, no ocurran más, es necesaria una conversión continua y profunda de los corazones, atestiguada por acciones concretas y eficaces que involucren a todos en la Iglesia”. Tomado de: Vatican New


Catequesis del Papa sobre su viaje en Bulgaria y Macedonia del Norte

Tras los pasos de Juan XXIII y la Madre Teresa de Calcuta En la Audiencia General presidida por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro del Vaticano este miércoles 8 de mayo, el Santo Padre destacó momentos de su reciente viaje apostólico en Bulgaria y Macedonia del Norte. A continuación, el texto completo de la catequesis del Papa Francisco:

serlo, con la ayuda del Espíritu Santo, anteponiendo lo que nos une a lo que nos ha dividido o todavía nos divide. La Bulgaria actual es una de las tierras evangelizadas por los santos Cirilo y Metodio, que San Juan Pablo II agregó a San Benito como Patronos de Europa. En Sofía, en la majestuosa catedral patriarcal de San Aleksander Nevkij, me recogí en oración ante la imagen sagrada de los dos hermanos santos. De origen griego, de Tesalónica, supieron usar su cultura con creatividad para transmitir el mensaje cristiano a los pueblos eslavos; idearon un nuevo alfabeto con el cual tradujeron la Biblia y los textos litúrgicos al idioma eslavo. Hoy también se necesitan evangelizadores apasionados y creativos, para que el Evangelio llegue a quienes todavía no lo conocen y pueda irrigar de nuevo las tierras donde las antiguas raíces cristianas se han secado. Con este horizonte celebré dos veces la Eucaristía con la comunidad católica en Bulgaria y la alenté a ser esperanzada y generativa. Doy de nuevo las gracias a ese pueblo de Dios que me ha demostrado tanta fe y tanto amor. El último acto del viaje a Bulgaria se llevó a cabo junto con los

Foto: es.churchpop.com

Foto: es.zenit.org

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Ayer a última hora de la tarde regresé de un viaje apostólico de tres días que me llevó a Bulgaria y a Macedonia del Norte. Doy gracias a Dios por haberme concedido efectuar estas visitas, y renuevo mi gratitud a las autoridades civiles de estos dos países que me han recibido con gran cortesía y disponibilidad. Mi más cordial “gracias” a los obispos y a sus respectivas comunidades eclesiales, por el calor y la devoción con que acompañaron mi peregrinación. En Bulgaria fui guiado por la memoria viva de San Juan XXIII, que fue enviado en 1925 a ese país primero como Visitador y luego como Delegado Apostólico. Animado por su ejemplo de benevolencia y caridad pastoral, encontré a ese pueblo llamado a hacer de puente entre Europa central, oriental y meridional. Con el lema “Pacem in terris”, invité a todos a recorrer el camino de la fraternidad; y en este camino, en particular, tuve la alegría de dar un paso adelante durante el encuentro con el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Búlgara Neofit y los miembros del Santo Sínodo. Efectivamente, como cristianos, nuestra vocación y misión es ser signo e instrumento de unidad y podemos

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representantes de las diferentes religiones: invocamos de Dios el don de la paz, mientras un grupo de niños llevaban antorchas encendidas, un símbolo de fe y esperanza. En Macedonia del Norte estuve acompañado por la fuerte presencia espiritual de la Santa Madre Teresa de Calcuta, que nació en Skopje en 1910 y allí, en su parroquia, recibió los sacramentos de la iniciación cristiana y aprendió a amar a Jesús. En esta mujer, menuda, pero llena de fuerza gracias a la acción del Espíritu Santo, vemos la imagen de la Iglesia en ese país y en otras periferias del mundo: una pequeña comunidad que, con la gracia de Cristo, se convierte en un hogar acogedor donde muchos encuentran consuelo para su vida. En el Memorial de la Madre Teresa, recé en presencia de otros líderes religiosos y de un numeroso grupo de pobres y bendije la primera piedra de un santuario dedicado a ella. Macedonia del Norte es un país independiente desde 1991. La Santa Sede ha tratado de sostener su camino desde el principio. Con mi visita quise alentar, sobre todo, su capacidad tradicional de albergar diferentes afiliaciones étnicas y religiosas, así como su esfuerzo por acoger y socorrer a un gran número de migrantes y de refugiados durante el período crítico de 2015 y 2016. Hay una gran acogida, tienen un gran corazón. Los migrantes les crean problemas, pero los acogen y los aman, y los problemas los resuelven. Es algo grande de este pueblo. Un aplauso a ese pueblo. Un país joven, Macedonia del Norte, desde el punto de vista institucional; un pequeño país que necesita abrirse a amplios horizontes sin perder sus raíces. Por esta razón, fue significativo que el encuentro con los jóvenes tuviera lugar allí. Niños y niñas de diferentes denominaciones cristianas y también de otras religiones, todos unidos por el deseo de construir algo hermoso en la vida. Les exhorté a soñar

Tomado de: Vatican New

Foto: www.religiondigital.org

Foto: elsiglo.mx

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a lo grande, a entrar en juego como la joven Agnese, la futura Madre Teresa, escuchando la voz de Dios que habla en la oración y en la carne de los hermanos necesitados. Me emocioné cuando fui a visitar a las Hermanas de la Madre Teresa; estaban con los pobres, y me impresionó la ternura evangélica de estas mujeres. Esta ternura nace de la oración, de la adoración. Ellas acogen a todos, se sienten hermanas, madres de todos, lo hacen con ternura, y cuando no hay ternura, nos volvemos demasiado serios, ácidos. Estas hermanas son dulces en su ternura y hacen caridad, pero la caridad tal como es, sin disfrazarla. En cambio, cuando se hace caridad sin ternura, sin amor, es como si sobre la obra de caridad echásemos un vaso de vinagre. No, la caridad es alegre, no es ácida. Estas monjas son un hermoso ejemplo. Que Dios las bendiga, a todas. Además de los testimonios de los jóvenes, en Skopje escuché a los sacerdotes y consagrados. Hombres y mujeres que han dado su vida a Cristo. Para ellos, tarde o temprano, llega la tentación de decir: “Señor, ¿qué es este pequeño don mío frente a los problemas de la Iglesia y del mundo?” Por eso les recordé que un poco de levadura puede hacer que toda la masa crezca, y un poco de perfume, puro y concentrado, perfuma todo el ambiente. Es el misterio de Jesús- Eucaristía, semilla de nueva vida para toda la humanidad. En la misa que celebramos en la Plaza de Skopje renovamos en una periferia de la Europa actual, el milagro de Dios que, con unos pocos panes y peces, partidos y compartidos, satisface el hambre de las multitudes. A su inagotable Providencia, confiamos el presente y el futuro de los pueblos que visité en este viaje. Y os invito a todos a rezar a la Virgen para que bendiga a estos dos países: Bulgaria y Macedonia del Norte.


El Papa hizo hincapié en esta “importante dimensión ecuménica del viaje”

Rumanía, “¡con una fe viva!”

“Fue un momento de fuerte valor simbólico, porque el Padre Nuestro es la oración cristiana por excelencia, patrimonio común de todos los bautizados”. En ese sentido, “hemos manifestado que la unidad no elimina la legítima diversidad”. Sobre los eventos celebrados junto a la comunidad católica, señaló que “hemos celebrado tres liturgias eucarísticas. La primera en la catedral de Bucares, el 31 de mayo, fiesta de la Visitación de la Virgen maría, icono de la Iglesia en camino en la fe y en la caridad”. “La segunda en el Santuario de Sumuleu Cius, meta de muchísimos peregrinos. Allí. La Santa Madre de Dios acoge al pueblo fiel en variedad de lenguas, de culturas y de tradiciones”. Y la tercera liturgia “fue la Divina Liturgiia en Blaj, centro de la Iglesia greco-católica en Rumanía, con la Beatificación de siete Obispos mártires greco-católicos, testigos de la libertad y de la misericordia del Evangelio”. El Papa Francisco subrayó que “particularmente intenso y festivo fue el encuentro con los jóvenes y las familias, que tuvo lugar en Iasi, antigua ciudad e importante centro cultural, puente entre occidente y oriente. Un lugar que invita a abrir caminos sobre los que caminar juntos en la riqueza de la diversidad, en una libertad que no corte las raíces, sino que las traza de forma creativa”. Por último, recordó “la visita a la comunidad ‘rom’ de Blaj. En aquella ciudad los ‘rom’ son muy numerosos, y por ello he querido saludarlos y renovar el llamado contra toda discriminación y por el respeto de las personas de cualquier étnica, lengua y religión”.

Foto: www.noticiasaldiayalahora.co

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El Papa Francisco repasó su reciente viaje apostólico a Rumanía y destacó que la comunidad católica rumana, tanto la griega como la latina “es viva y activa”, al hacer un balance de su estancia en Rumanía del 31 de mayo al 2 de junio. El Santo Padre señaló que, como anunciaba el lema del viaje, “he exhortado a ‘caminar juntos’. Y mi alegría ha sido poder hacerlo no a lo lejos, o desde lo alto, sino caminando yo mismo en medio del pueblo rumano, como peregrino en su tierra”. “Los diferentes encuentros han evidenciado el valor y la exigencia de caminar juntos tanto entre los cristianos, en el plano de la fe y de la caridad, como entre los ciudadanos, en el plano del compromiso civil”, explicó Francisco. Indicó que, “como cristianos, tenemos la gracia de vivir un período de relaciones fraternas entre las diversas Iglesias”. Recordó que “en Rumanía la mayor parte de los fieles pertenecen a la Iglesia Ortodoxa guiada actualmente por el Patriara Daniel”. “Con el Patriarca y el Santo Sínodo de la iglesia ortodoxa rumana hemos tenido un encuentro muy cordial en el que se ha reafirmado la voluntad de la iglesia católica de caminar juntos en la memoria reconciliada y hacia una unidad más plena que el mismo pueblo rumano invocó proféticamente durante la visita de San Juan Pablo II”. El Papa Francisco hizo hincapié en esta “importante dimensión ecuménica del viaje” que “se culminó con el rezo solemne del Padre Nuestro en la nueva e imponente catedral ortodoxa de Bucarest”.

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Solemnidad 9 de junio

PENTECOSTÉS

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Por: Cristóbal Flores Borja

Tiempo de revivir la alegría y la belleza de ser cristianos

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En Pentecostés el Misterio Pascual -la pasión, muerte y resurrección de Cristo y su ascensión al Cielo- encuentra su cumplimiento, su plenitud en la poderosa efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles reunidos junto con María, la Madre del Señor, y los demás discípulos. Fue el “bautismo” de la Iglesia, bautismo en el Espíritu Santo (Hch 1, 5), como dice san Pablo: “Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo”. En efecto, el Espíritu Santo, es quien infunde en nosotros la fe en el momento de nuestro Bautismo, y nos permite vivir como hijos de Dios, como miembros del Cuerpo místico de Cristo (Mt. 16, 17). Por consiguiente, el Espíritu Santo nos hace comunidad, sea-

mos quienes seamos, vengamos de donde vengamos. El Espíritu Santo, como el viento “sopla donde quiere”, le dijo Jesús a Nicodemo (Jn. 3, 8) y como dice San Pablo: no importa la raza, ni la condición (“judíos o no judíos, esclavos o libres”), hemos sido llamados para formar el Cuerpo Místico de Cristo. Y en este Cuerpo, cada uno tiene un tipo de función, a la cual Cristo nos ha llamado. El Espíritu Santo hace de la Iglesia “el Templo del Dios vivo” (2 Co 6, 16; 1 Co 3, 16-17; Ef. 2,21). Es tiempo, Pentecostés, de revivir la alegría y la belleza de ser cristianos. La alegría que nos da Dios, dándonos su amor a cada uno de nosotros en Jesucristo, el Señor y haciéndonos parte de su familia, a través, de la unción del Espíritu Santo, recordemos que


Debemos orar, y pedir para que el Espíritu Santo llene nuestras almas, nuestros corazones, nuestras vidas y nos permita entonces, encontrar y amar a Dios con todo nuestro ser. Momento propicio para todo esto es Pentecostés, prepárate para recibir la plenitud del amor: al Espíritu Santo. ¡Ven Espíritu Santo! Fluye de mi corazón, prepáralo para recibirte y de nosotros toma absoluta y radical posesión. Amén. ser cristianos, es ser ungidos y todos hemos sido ungidos en nuestro bautismo. Familia de Dios somos. Si no queremos nuestro corazón lleno de inmundicias, debemos revivir esta alegría de ser cristianos y tomar la mano del Espíritu Santo, entender que es Él único necesario para que nuestra vida crezca. Veamos: El Señor Jesús, cuando les estaba advirtiendo a sus discípulos de todo aquello que iban a sufrir a causa suya, les dijo lo siguiente: “Les conviene que yo me vaya, porque si no, no vendrá a ustedes el Espíritu Santo” (Juan 16,7). Esto nos hace meditar, si Jesús es grande ¿Cómo es el Espíritu Santo, si el mismo Jesús quiere irse para que este llegue a nosotros? El Espíritu Santo da entendimiento de Dios, da sentido a nuestra espiritualidad San Pablo enseña que “nadie puede decir Jesús es el Señor, si no es movido por el Espíritu Santo” (1 Corintios 12,3). ¿Qué indica eso? Quiere decir que el Espíritu Santo es quien nos permite reconocer a Cristo, y que nos permite ver que Él es el Salvador y Señor, Hijo de Dios y nadie más. Como se lo reveló a san Pedro (Mt. 16, 16-17). Solo con el Espíritu Santo podemos entender el verdadero significado de Jesucristo, gracias a Él podemos entender a Jesús y descubrirlo cada día. En el Evangelio según San Juan (14, 26), Jesús nos dice que el Espíritu Santo nos va a recordar todo lo que Él ha hecho, es decir que el sentido verdadero de las palabras de Cristo solamente no los da el Espíritu, por ejemplo, cuando Jesús dijo en la última cena, que el pan era su Cuerpo y que el vino era su Sangre, si no tenemos el don del Espíritu Santo, vamos a creer que esas palabras eran simplemente simbolismo, pero si recibimos su don comprendemos que las palabras de Cristo son poderosas, y que cuando los sacerdotes dicen las palabras de Cristo y se expone el Santísimo Sacramento sobre el altar, aquello que te dice en tu corazón que el Maestro está allí, es el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo da sentido a nuestra religiosidad Gracias al Espíritu Santo, y a su obra en nosotros somos capaces de ver más allá, de ir más a allá de pensar que la Eucaristía es solo pan, de ir más allá de pensar que el sacerdote es solo un hombre, es por eso que necesitamos al Espíritu Santo, para poder entender las palabras de Cristo, los dones del Señor, las acciones de la Iglesia, las funciones del Sacramento. El Espíritu Santo es el único que le da sentido a nuestras vidas y a todo en la Iglesia. Tenemos que entender que no estamos solos, que Cristo está con nosotros, que se compromete con nosotros, pero que nosotros también tenemos que comprometernos con Él. A través de los Sacramentos, de la Eucaristía, el Bautizo, el Matrimonio, la Confesión, y es el Espíritu Santo quien nos hace comprender eso. Igualmente cuando nos encontramos en una situación difícil en nuestras vidas, en nuestros matrimonios, o en nuestros trabajos, debemos escuchar al Espíritu Santo. Debemos orar, escuchar al Espíritu Santo y solicitar su consejo y sabiduría. Debemos confiar en que Dios está con nosotros. Confiar que el Espíritu de Dios está en nosotros Él nos permite ver las formas en las que Dios obra en nuestras vidas, no podemos perder al Espíritu Santo, pues si eso sucede, otro espíritu buscará como ocupar du espacio en nuestras vidas, ya sea un espíritu maligno, un espíritu de adivinación, un espíritu de brujería o cualquier otra inmundicia, debemos tomar la mano del Espíritu Santo y entender que lo necesitamos, y clamarlo, para llenarnos de Él. Los vacíos siempre serán llenados, y si tenemos un vacío en el corazón y no lo llenamos del Espíritu Santo, otra cosa lo llenará, y tenemos que preguntarnos ¿Qué clase de cosas están llenando nuestros corazones? Lo que el demonio quiere de nosotros es que llenemos el corazón de inmundicias. San Agustín decía: “Nos hiciste Señor para ti, y no estaremos llenos hasta descansar en ti”. Hay demasiadas personas que se pierde en el camino de Dios porque no se llenan del Espíritu Santo.

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Una de sus últimas Eucaristías fue en la clausura de la Mariatón 2019

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Por: Elsy Espinoza Valarezo de Vera

Siempre cerca de María

Homenaje póstumo a Monseñor Hugolino Cerasuolo Stacey Para quienes tuvimos la bendición de conocer a Mons. Hugolino Cerasuolo nos encontramos con un ser excepcional, lleno de fe y amor. Para poder describir su vida me voy a tomar el atrevimiento de reseñar pasajes de su historia, a la cual tuvimos acceso gracias a que estabamos junto a él en las labores de editar su biografía, pero que se vio en parte truncada por su inesperada partida. Gracias a Dios se pudo terminar los textos que narrarán el camino de Monseñor de la mano de nuestro Creador y su amadísima Madre, la Virgen María. Es así que ponemos en sus manos una síntesis de la vida de este valioso, pero siempre humilde servidor de Dios. Nació el 4 de abril de 1932, fue bautizado con el nombre de Félix Vicente, nuestro querido Monseñor Hugolino, hijo de un inmigrante italiano, don Juan Cerasuolo y de doña Ana María Stacey, riobambeña, quien era descendiente directa del noble poeta inglés Lord Byron. Su amor a la Santa Iglesia lo manifestó desde muy pequeño. Asistía diariamente a Misa y era monaguillo en la iglesia de Santo Domingo, más conocida como San Vicente, frente a la plaza Colón en el sector del barrio Las Peñas, en su natal Guayaquil. Su madre fue una mujer muy devota, al igual que su querida hermana y compañera de fe, Marujita, quien en algún momento nos contó que de niño jugaba a ser sacerdote y que celebraba la Santa Misa. Podemos entonces repetir una de las frases dichas por monseñor: “Yo nací con la vocación de servir a la Iglesia”. Se crio cerca de la catedral de Guayaquil y a los 9 años fue enviado a Quito a estudiar con los franciscanos. A los 15 años tomó el hábito franciscano. A los 16 años tomó los votos simples y a los 21 los votos solemnes o perpetuos, fue ordenado Diácono por Mons. Bernardino Echeverría, en ese entonces Obispo de Ambato. A los 22 años fue ordenado sacerdote por el Cardenal Carlos María de la Torre, tomando el nombre de “Hugolino”, en homenaje al cardenal que tanto había ayudado a los franciscanos. Su primera misa la celebró en Quito en la iglesia San Francisco, en la Capilla del

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En Guayaquil, antes de su viaje para su reposo final en su querida Loja, lo despidieron sus hermanos de Iglesia y la feligresía a quienes tanto amó.

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Santísimo y luego en Guayaquil, en la Iglesia Nuestra Señora de los Ángeles, más conocida como San Francisco. Estuvo 1 año como sacerdote en San Francisco en Quito atendiendo especialmente a las confesiones de los enfermos, en las casas. Luego sirvió 9 años en el Colegio Seráfico de Guápulo como profesor y 1 año como Promotor vocacional y definidor provincial en el convento “Huerto Franciscano” de Ambato. En 1964 fue designado Superior religioso y años después Prefecto Apostólico de Galápagos, viviendo 8 años en San Cristóbal. Fue miembro del Consejo que logró la provincialización de Galápagos y fundó en ella la radio católica en esa parte del país. El 6 de julio de 1975 fue nombrado Obispo Auxiliar de Guayaquil, bajo las órdenes de Monseñor Bernardino Echeverría Ruiz, también franciscano. Fundó los equipos de Santa Narcisa, que eran misiones que visitaban diferentes lugares de la Arquidiócesis de Guayaquil, logrando propagar la devoción a Santa Narcisa, sierva de Dios, misión que sirvió para lograr conversiones y a la vez encaminar la causa para su beatificación y luego canonización de la Violeta de Nobol. Vivió en los tiempos del Concilio y post Concilio Vaticano II, tiempo de mucha reflexión para la Iglesia, además fundó nuevas parroquias en la Arquidiócesis. Fue a la vez párroco en Mapasingue Este y en la Prosperina. Estuvo 10 años como Obispo Auxiliar hasta que el 30 de mayo de

1985, fue nombrado Obispo de Loja, cargo que desempeñó por el lapso de 22 años. El 15 de junio del 2007 al cumplir 75 años, como lo indican las normas eclesiales, presentó su renuncia y se puso a las órdenes de los franciscanos quienes lo enviaron como ayudante a la Parroquia San Antonio de Padua en Urdesa Norte y luego fue nombrado párroco por monseñor Antonio Arregui, arzobispo de Guayaquil. En esta parroquia se hicieron muchos cambios físicos y espirituales, techo, tumbado y climatización de la misma; la gruta de la Virgen, la Capilla del Santísimo, el ascensor para los enfermos, Torre y Cruz Gloriosa, arborización entre otras obras. Visita a los enfermos, las misiones, apoyo a los grupos pastorales y sociales, entre muchas otras labores más que inició monseñor en la parroquia ubicada al norte de Guayaquil. Falleció en la Paz del Señor, el 24 de mayo del 2019, día de María Auxiliadora. Esto es apenas una mínima parte de la vida de monseñor Hugolino, la cual fue muy fructífera. Ordenó a muchos sacerdotes, fundó en Loja diferentes parroquias y se lo conoce como el refundador del Seminario Mayor de Loja, el cual había sido cerrado hace muchísimos años atrás. Al día siguiente de su ordenación como obispo, fue a entregarle el báculo –signo de mando del obispo- a la “Churonita” como él le


llamaba con tanto amor a la Virgen del Cisne, y le dijo “Madre tú serás la Obispa y yo tu humilde siervo”. Inició un largo recorrido con la imagen de la Santísima Virgen por diversos lugares del país, dando a conocer a nuestra Madre al Ecuador e invitando a que se acojan a María todo el pueblo católico, hubo cientos de conversiones con la presencia hermosísima de María en los diferentes sitios a los cuales visitó. Monseñor Hugolino amó mucho a la Iglesia y amó a María, tanto así que un día pensó que amaba más a María que a Jesús…pero como dijo San Luis María Grignion de Montfort, “A quien Dios quiere hacer muy santo, lo hace muy devoto de la Virgen María”. Siempre invitaba a rezar el Santo Rosario, era común verlo a las 5:30 pm en su parroquia rezándolo con devoción, para luego celebrar la misa. Nos regaló siempre una sonrisa, un cálido y afectuoso abrazo. Ayudó a los necesitados, en silencio, sin que nadie lo supiera. Visitaba los enfermos, rezaba por y con ellos para su mejoría. Amó a Cristo a través de su prójimo, siempre pendiente de que nadie se vaya de su casa sin comer algo y pedía disculpas “por lo poco”.

En las últimas visitas que le hicimos, luego de tantas largas charlas que sostuvimos con él, le pregunté ¿cuál era su mensaje para el pueblo? y me dijo: “el mismo que yo dejé en Loja cuando salí. Manténgase firmes en la fe. Ahora que pasan tantas cosas que nos incitan a perderla. Ese es mi mensaje, todo lo demás no nos debe preocupar, porque Dios es el dueño de todo, el dueño de la Iglesia, el que nos mantiene, nosotros los fieles debemos solo mantenernos firmes en la fe, eso es lo que nos va a dar la vida eterna”. Monseñor hizo tantas obras, logró tantas conversiones, tantos amigos a los que deja, en mi pobre corazón adolorido tengo la certeza de que Dios Padre con su infinito amor, ya lo tiene junto a Él, por la santidad que en vida tuvo monseñor Hugolino, un franciscano hasta el último día de su vida. Lo extrañaremos mucho, pero nos queda su legado de paz y bien, contamos con un intercesor en el cielo.

“Manténgase firmes en la fe. Ahora que pasan tantas cosas que nos incitan a perderla”

Foto: www.eluniverso.com

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¡Hasta siempre mi querido monseñor Hugolino!


Puntos esenciales de la Exhortación Apostólica Postsinodal

“Cristo Vive”

Foto: www.arguments.es

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Sin duda el documento es precioso, aunque extenso, tiene nada menos que de 299 puntos. Esto puede llevar a muchos a no leerla completamente, te invitamos a que no caigas en esto, léelo completo, te ayudará mucho. Para incentivarte te dejo 4 ideas esenciales de la Christus Vivit. En el capítulo IV, titulado “El gran anuncio para todos los jóvenes”, Francisco hace un inciso y explica lo que nunca nadie debería olvidarse, lo más importante del mensaje cristiano. “Más allá de cualquier circunstancia, a todos los jóvenes quiero anunciarles ahora lo más importante, lo primero, eso que nunca se

debería callar. Es un anuncio que incluye tres grandes verdades que todos necesitamos escuchar siempre, una y otra vez” (n. 111) Y eso es precisamente lo que te proponemos que te grabes de la “Christus Vivit”: 1. Dios es Amor Dios te ama: “Ante todo quiero decirle a cada uno la primera verdad: “Dios te ama”. Si ya lo escuchaste no importa, te lo quiero recordar: Dios te ama. Nunca lo dudes, más allá de lo que te suceda en la vida. En


cualquier circunstancia, eres infinitamente amado”. (n. 112) A Dios le importas: “Para Él realmente eres valioso, no eres insignificante, le importas, porque eres obra de sus manos. Por eso te presta atención y te recuerda con cariño”. (n. 115) El Amor de Dios se escribe con mayúscula: “Es un amor -que no aplasta, que no margina, que no se calla, un amor que no humilla ni avasalla. Es el amor del Señor, un amor de todos los días, discreto y respetuoso, amor de libertad y para la libertad, amor que cura y que levanta. Es el amor del Señor que sabe más de levantadas que de caídas, de reconciliación que de prohibición, de dar nueva oportunidad que de condenar, de futuro, que del pasado”. (n. 116) Todo es para Bien: “Cuando te pide algo o cuando sencillamente permite esos desafíos que te presenta la vida, espera que le des un espacio para poder sacarte adelante, para promoverte, para madurarte. No le molesta que le expreses tus cuestionamientos, lo que le preocupa es que no le hables, que no te abras con sinceridad al diálogo con Él” (n. 117) 2. Cristo te salva Dios ha dado su vida por ti en la Cruz: “La segunda verdad es que Cristo, por amor, se entregó hasta el final para salvarte. Sus brazos abiertos en la Cruz son el signo más precioso de un amigo capaz de llegar hasta el extremo: «Él, que amó a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn 13,1)” (n. 118). “Ese Cristo que nos salvó en la Cruz de nuestros pecados, con ese mismo poder de su entrega total sigue salvándonos y rescatándonos hoy» (…) «Y si pecas y te alejas, Él vuelve a levantarte con el poder de su Cruz” (n. 119). El amor de Dios está por encima de tus pecados: “El amor del Señor es más grande que todas nuestras contradicciones, que todas nuestras fragilidades y que todas nuestras pequeñeces. Pero es precisamente a través de nuestras contradicciones, fragilidades y pequeñeces como Él quiere escribir esta historia de amor” (n. 120) La salvación y su perdón es un regalo que no mereces:

“Su perdón y su salvación no son algo que hemos comprado, o que tengamos que adquirir con nuestras obras o con nuestros esfuerzos. Él nos perdona y nos libera gratis. Su entrega en la Cruz es algo tan grande que nosotros no podemos ni debemos pagarlo, sólo tenemos que recibirlo con inmensa gratitud y con la alegría de ser tan amados antes de que pudiéramos imaginarlo: “Él nos amó primero” (1 Jn 4,19) (n. 121). Tu vida es un tesoro, vale toda la sangre de Cristo: “Jóvenes amados por el Señor, ¡cuánto valen ustedes si han sido redimidos por la sangre preciosa de Cristo! Jóvenes queridos, ustedes “¡no tienen precio! ¡No son piezas de subasta! Por favor, no se dejen comprar, no se dejen seducir, no se dejen esclavizar por las colonizaciones ideológicas que nos meten ideas en la cabeza y al final nos volvemos esclavos, dependientes, fracasados en la vida. Ustedes no tienen precio: deben repetirlo siempre: no estoy en una subasta, no tengo precio. ¡Soy libre, soy libre! Enamórense de esta libertad, que es la que ofrece Jesús”. (n. 122). Mira al crucificado y déjate salvar por Él: “Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez” (n. 123). 3. Cristo Vive, ha resucitado Cristo ha resucitado: “Pero hay una tercera verdad, que es inseparable de la anterior: ¡Él vive! Hay que volver a recordarlo con frecuencia, porque corremos el riesgo de tomar a Jesucristo sólo como un buen ejemplo del pasado, como un recuerdo, como alguien que nos salvó hace dos mil años. Eso no nos serviría de nada, nos dejaría iguales, eso no nos liberaría. El que nos llena con su gracia, el que nos libera, el que nos transforma, el que nos sana y nos consuela es alguien que vive. Es Cristo resucitado, lleno de vitalidad sobrenatural, vestido de infinita luz. Por eso decía san Pablo: «Si Cristo no resucitó vana es la fe de ustedes » (1 Co 15,17). (n. 124). Está presente en tu vida, camina contigo: “Si Él vive, entonces sí podrá estar presente en tu vida, en cada momento, para llenarlo de luz. Así no habrá nunca más soledad ni

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abandono. Aun- que todos se vayan Él estará, tal como lo prometió: «Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Él lo llena todo con su presencia invisible, y donde vayas te estará esperando. Porque Él no sólo vino, sino que viene y seguirá viniendo cada día para invitarte a caminar hacia un horizonte siempre nuevo” (n. 125). El mal no tiene la última palabra, porque Cristo lo ha superado, te ha salvado: “Contempla a Jesús feliz, desbordante de gozo. Alégrate con tu Amigo que triunfó. Mataron al santo, al justo, al inocente, pero Él venció. El mal no tiene la última palabra. En tu vida el mal tampoco tendrá la última palabra, porque tu Amigo que te ama quiere triunfar en ti. Tu salvador vive” (n. 126). “Si Él vive eso es una garantía de que el bien puede hacerse camino en nuestra vida, y de que nuestros cansancios servirán para algo. Entonces podemos abandonar los lamentos y mirar para adelante, porque con Él siempre se puede. Esa es la seguridad que tenemos. Jesús es el eterno viviente. Aferrados a Él viviremos y atravesaremos todas las formas de muerte y de violencia que acechan en el camino” (n. 127). El encuentro con Cristo te llevará a darlo a conocer a otros: “Si alcanzas a valorar con el corazón la belleza de este anuncio y te dejas encontrar por el Señor; si te dejas amar y salvar por Él; si entras en amistad con Él y empiezas a conversar con Cristo vivo sobre las cosas concretas de tu vida, esa será la gran experiencia, esa será la experiencia fundamental que sostendrá tu vida cristiana. Esa es también la experiencia que podrás comunicar a otros jóvenes. Porque «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (n. 129).

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4. El Espíritu da Vida: El protagonista es el Espíritu Santo, no tú: “En estas tres verdades –Dios te ama, Cristo es tu salvador, Él vive– aparece el Padre Dios y aparece Jesús. Dónde están el Padre y Jesucristo, también está el Espíritu Santo. Es Él quien está detrás, es Él quien prepara y abre los corazones para que reciban ese

Reproducción del autógrafo del Santo Padre Francisco, inicio de la carta a la Juventud, firmado en Loreto.

anuncio, es Él quien mantiene viva esa experiencia de salvación, es Él quien te ayudará a crecer en esa alegría si lo dejas actuar. El Espíritu Santo llena el corazón de Cristo resucitado y desde allí se derrama en tu vida como un manantial. Y cuando lo recibes, el Espíritu Santo te hace entrar cada vez más en el corazón de Cristo para que te llenes siempre más de su amor, de su luz y de su fuerza” (n. 130). Acude a Él cada día y pídele que contagies el amor de Dios a tu alrededor: “Invoca cada día al Espíritu Santo, para que renueve constantemente en ti la experiencia del gran anuncio” (n. 131). “Él es el manantial de la mejor juventud” (n. 133). “Enamórate y no le dejarás, no le dejes y te enamorará”. “¿Buscas pasión? Como dice ese bello poema: ¡Enamórate! (o déjate enamorar), porque “nada puede importar más que encontrar a Dios. Es decir, enamorarse de Él de una manera definitiva y absoluta. Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación, y acaba por ir dejando su huella en todo. Será lo que decida qué es lo que te saca de la cama en la mañana, qué haces con tus atardeceres, en qué empleas tus fines de semana, lo que lees, lo que conoces, lo que rompe tu corazón y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud. ¡Enamórate! ¡Permanece en el amor! Todo será de otra manera”. Este amor a Dios que toma con pasión toda la vida es posible gracias al Espíritu Santo, porque ‘el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que nos ha sido dado’ (Rm 5,5) (n. 132).


¡Santa María, Madre de la Iglesia y Madre nuestra! Oración Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Ilustración de la Virgen: www.pinterest.com

Nunca olvidemos que María es Madre de Jesús y que desde el cielo nos cuida y protege a través de nuestra Iglesia. Rézale para que sepa tus problemas y te ayude. Ella nos cubre siempre con su manto de amor.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Rezarla 3 veces

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De lunes a viernes en “La Hora de los Niños” de 4 a 5pm. en el dial 88.1 FM Ilustraciónde niños: uncionparalaciudad.blogspot.com


Fuente: es.la-croix.com www.ewtn.com

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Fiesta 3 de julio

Jesús le dijo, “Dichosos los que creen sin ver”

El incrédulo Santo Tomás


Foto: www.ewtn.com

Tomás tenía otra virtud: que cuando se convencía de sus creencias las seguía hasta el final, con todas sus consecuencias. Por eso hizo esa bellísima profesión de fe “Señor mío y Dios mío”, y por eso se fue después a propagar el evangelio, hasta morir martirizado por proclamar su fe en Jesucristo resucitado. Preciosas dudas de Tomás que obtuvieron de Jesús aquella bella noticia: “Dichosos serán los que crean sin ver”. Tomás, llamado Dídimo (el Mellizo), forma parte del pequeño grupo de discípulos elegidos por Jesús en los primeros días de su vida pública, para que fueran sus apóstoles. Es «uno de los Doce», como precisa San Juan. El propio Juan nos relata diversas intervenciones de Tomás, que nos revelan su carácter. Cuando Jesús se preparar para partir hacia Betania en el momento de la muerte de Lázaro, corre peligro y los discípulos le recuerdan: «Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos» (Jn 11, 8). Tomás dice a los demás discípulos: «Vamos también nosotros y muramos con él» (Jn 11, 16). En esta palabra se prefigura el martirio futuro de quien, desde el principio, ha entregado su vida a Jesús. Cuando en la Última Cena Jesús anuncia su partida, es Tomás, sin duda con un nudo en la garganta, el que pregunta: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» (Jn 14, 5). Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida» (Jn 14, 6). Pero Tomás debe su celebridad a sus preguntas y sus dudas. Cuando vuelve, no se sabe de dónde, y los discípulos le dicen: «Hemos visto al Señor» (Jn 20, 25), él dice: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo» (Jn 20, 25). Para la posteridad, recibió el calificativo de Incrédulo. Es gracias a esta incredulidad, a este espíritu científico -podríamos decir-, que cree sólo en lo que ha verificado, que tenemos la certeza que nos habita. A menudo olvidamos que Tomás es, sobre todo, el primero que ante el misterio de las llagas de Cristo resucitado dio a Jesús su título verdadero. Para confesar su fe en Jesús, dijo: “¡Señor mío y Dios mío!” (Jn 20, 28). El hecho más famoso de Tomás Los creyentes recordamos siempre al apóstol Santo Tomás por su famosa duda acerca de Jesús resucitado y su admirable profesión de fe cuando vio a Cristo glorioso. Dice San Juan (Jn. 20, 24) “En la primera aparición de Jesús resucitado a sus apóstoles no estaba con ellos Tomás. Los discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Él les contestó: “si no veo en sus

manos los agujeros de los clavos, y si no meto mis dedos en los agujeros de sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su costado, no creeré”. Ocho días después estaban los discípulos reunidos y Tomás con ellos. Se presentó Jesús y dijo a Tomás: “Acerca tu dedo: aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en la herida de mi costado, y no seas incrédulo sino creyente”. Tomás le contestó: “Señor mío y Dios mío”. Jesús le dijo: “Has creído porque me has visto. Dichosos los que creen sin ver”. Parece que Tomás era pesimista por naturaleza. No le cabía la menor duda de que amaba a Jesús y se sentía muy apesadumbrado por su pasión y muerte. Quizás porque quería sufrir a solas la inmensa pena que experimentaba por la muerte de su amigo, se había retirado por un poco de tiempo del grupo. De manera que cuando Jesús se apareció la primera vez, Tomás no estaba con los demás apóstoles. Y cuando los otros le contaron que el Señor había resucitado, aquella noticia le pareció demasiado hermosa para que fuera cierta. Tomás cometió un error al apartarse del grupo. Separarse del grupo de los creyentes es exponerse a graves fallas y dudas de fe. Pero él tenía una gran cualidad: se negaba a creer sin más ni más, sin estar convencido, y a decir que sí creía, lo que en realidad no creía. Él no apagaba las dudas diciendo que no quería tratar de ese tema. No, nunca iba a recitar el credo un loro. No era de esos que repiten maquinalmente lo que jamás han pensado y en lo que no creen. Quería estar seguro de su fe. Y Tomás tenía otra virtud: que cuando se convencía de sus creencias las seguía hasta el final, con todas sus consecuencias. Por eso hizo esa bellísima profesión de fe “Señor mío y Dios mío”, y por eso se fue después a propagar el evangelio, hasta morir martirizado por proclamar su fe en Jesucristo resucitado. Preciosas dudas de Tomás que obtuvieron de Jesús aquella bella noticia: “Dichosos serán los que crean sin ver”. Tomás evangelizó el sur de la India, donde se le considera el fundador de la Iglesia india. Su tumba se encuentra en este país, en la basílica de Santo Tomás, en Chennai.

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Eduardo Casas

26 de julio, Día de los abuelos

El lado humano de la fe

Oración a la Virgen de la Medalla Milagrosa

¡Oh María, consuelo de cuantos te invocamos! Escucha benigna la confiada oración que elevo al trono de tu Misericordia, en mi necesidad. ¿A quién podré recurrir mejor que a Ti, Virgen bendita, que sólo respiras dignidad y clemencia, que eres dueña de todos los bienes de Dios, sólo piensas en difundirlos en torno a Ti? Se mi amparo, mi esperanza en esta ocasión; y ya que devotamente cuelga de mi cuello la Medalla Milagrosa, prenda inestimable de tu amor, concédeme Madre Inmaculada, la gracia que con tanta insistencia te pido. Amén.

Foto: chinahoy.org

DRA. CELIA PASMAY PALMAY ODONTÓLOGA TELÉFONO: 2367173 HORARIO: 5:00-8:00 PM DIRECCIÓN: La Once 606, e/ Ayacucho y Pedro Pablo Gómez

Los adultos mayores a la luz de la Palabra de Dios

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Algunos textos del Antiguo Testamento La Biblia como antiquísimo escrito de tradiciones de la cultura oriental, tiene una gran valoración de la figura del adulto mayor. Por supuesto que esta expresión actual no aparece en la Palabra de Dios. Sin embargo, se nombra a la vejez o la ancianidad como un valor. La Biblia no tiene prejuicio de mencionar a la vejez como tal. Especialmente en los Libros Sapienciales, los sabios son los ancianos. Por ejemplo, en el Eclesiástico dice: “¡qué hermoso es un anciano que sabe aconsejar y qué preciso es el juicio de las canas!; ¡qué hermosa es la sabiduría de los ancianos y en los hombres reconocidos la reflexión y la prudencia! La corona de los ancianos es una rica experiencia” (25,4-6). En el Libro de Job se

reconoce esta valoración positiva de la vejez haciendo una pregunta: “¿no está entre los ancianos el saber y en los muchos años la inteligencia?” (12,12). Los Salmos muestran la relación del anciano expresando su confianza en Dios: “no me rechaces ahora que en la vejez me van faltando las fuerza. No me abandones. Yo seguiré esperando. Ahora, en la vejez y en las canas, no me dejes Dios mío” (Sal 70,910.14-18). En otro Salmo, se percibe la diferencia entre los años del ser humano que pasan vertiginosamente y la permanencia eterna de Dios: “mis días son una sombra que se alarga, me voy secando como la hierba. Tú, en cambio, permaneces para siempre. Se agotaron mis fuerzas en el camino y se acortaron mis días.


Tú, en cambio, eres siempre el mismo, tus años no se acabarán”. (Sal 101,12-13.24-28). Hay un pasaje del Profeta Isaías en el cual advierte que Dios renueva la vida, no importando si se es joven o no. El texto afirma: “desde siempre Dios es el Señor, no se cansa, ni se fatiga. Al cansado, Él le da vigor y al que no tiene fuerzas, robustece su debilidad. También los jóvenes se cansan y se fatigan, vacilan y tropiezan. Los que esperan en el Señor sentirán que se les renuevan las fuerzas y que les crecen alas como de águilas. Correrán si fatigarse y andarán sin cansarse” (Is 40,28-31). En otro pasaje del mismo Profeta, Dios alienta a una confianza de abandono en sus manos. El texto dice: “escúchenme, ustedes a quienes he llevado en mis brazos desde su nacimiento y de quienes me he preocupado desde el seno materno. En su vejez yo seré siempre el mismo, los sostendré hasta que sus cabellos se pongan blancos. Así como lo he hecho y como me he portado con ustedes, así los apoyaré y los libraré”. (Is 46,3-5). Iluminados así por la esperanza que brindan estos textos de la Palabra de Dios, pidamos que la gracia siempre nos revitalice y vigorice, concediéndonos una serena confianza y un reposado abandono en el Señor. Algunos textos del Nuevo Testamento En el Nuevo Testamento, el mismo Apóstol San Pablo -cuando se acerca el momento del desenlace de su vida- testimonia diciendo: “yo estoy a punto de ser derramado como una libación y el momento de mi partida es inminente. He competido en el buen combate, he llegado a la meta de la carrera, he conservado mi fe. A partir de ahora me aguarda la corona de la justicia que aquel día me entregará el Señor, el Juez justo, a mí y a todos los que hayan esperado en el amor” (2 Tm 4,6-8). En este texto, el Apóstol utiliza la metáfora de ser derramado como una libación comparando el sacrificio de la vida en la entrega final. Ya que en los sacrificios judíos del Antiguo Testamento se derramaba agua, vino o aceite sobre las víctimas que se ofrecían (Ex 29,40; Nm 28,7) para prepararlas mejor y así las ofrendas eran más dignas. Para el Apóstol la etapa culminante de la vida es un tiempo de la relativización de todas las cosas porque se ha aprendido a

discernir lo esencial. Hacia el final del camino de la vida, el Apóstol tiene esta convicción: “lo que uno ha sembrado, eso cosechará. El que sembró en el Espíritu, del Espíritu cosechará la vida eterna. No nos cansemos de obrar el bien que, a su tiempo, si no desfallecemos, vendrá la cosecha. Mientras tengamos oportunidad hagamos el bien a todos” (Gál 6,7-10); “el que siembra con mezquindad, cosechará también con mezquindad. El que siembra con abundancia, cosechará también en abundancia” (2 Co 9,6). El Evangelio de San Juan, por su lado, termina con la escena de Jesús resucitado diciéndole a Pedro: “cuando eras joven, tú mismo te ponías el cinturón e ibas adonde querías; pero, cuando llegues a viejo, extenderás tus brazos, otro te sujetará y te llevará adonde no quieras” (Jn 21,18). El Señor le advierte que llegará el momento en que pierda la autonomía y libertad de movimientos de la juventud, dependiendo de otro y que incluso, con sufrimiento, será llevado a donde no quiera. En esta etapa de la vida se manifiesta paradójica y acabadamente que la fuerza es por la debilidad ya que no quedan omnipotencias sino impotencias humanas. La victoria se encuentra misteriosamente en el vencimiento; el triunfo nace de la derrota; la ganancia resurge de la pérdida y la vida resucita de la muerte. Hay otro texto del Evangelio de Juan que tiene la misma perspectiva: “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24). En este tramo de la vida está reservada una prolífera fecundidad, que no radica tanto en el hacer sino en el ser. Se manifiesta que solo Dios es el Señor de la vida, el Único, el Todo, el Absoluto, “la mejor parte que no será quitada” (Lc 10,42) porque en la vida se trata de encontrar a “Alguien” y esta etapa puede ser una mansa posesión del amor definitivo, el verdadero tesoro, el cual, una vez encontrado, nos hace dejar todo lo demás. (Cfr. Mt 13,44-45). Siempre hay que recordar que “allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón” (Mt 6,21). Oremos hermanos por todas las personas mayores que son parte de nuestra familia y de nuestros amigos. Que Dios les dé fortaleza y fe para vivir su ancianidad con amor y respeto.

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LA VOZ DE

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