23 de abril 2017 LOS BARES QUE AMÉ Edición no venal con motivo del Día del Libro en Segovia. © 2017, Libropincho
Autor: Luis Buñuel
Una creación de Ediciones La uÑa RoTa, S. L. Apdo. de correos 380, 40080 Segovia ediciones@larota.es www.larota.es
Extractos del capítulo «Los placeres de aquí abajo» de su libro de memorias Mi último suspiro (Mon dernier soupir, 1982) publicado en castellano por @DEBOLSILLO en diciembre de 2006, con traducción de Ana María de la Fuente.
© 2017, de los dibujos: Daniel Montero Galán Puedes ver otros libropinchos en: WWW.LIBROPINCHO.ES
Disponible en tu librería. DL SG-117-2017
Y
o he pasado en los bares horas deliciosas. El bar es para mí un lugar de meditación y recogimiento, sin el cual la vida es inconcebible. Costumbre antigua, robustecida con los años. Al igual que san Simeón el Estilita que, desde lo alto de su columna, hablaba con su Dios invisible, yo, en los bares, he pasado largos ratos de ensueño, hablando rara vez con el
camarero y casi siempre conmigo mismo, invadido por cortejos de imágenes a cual más sorprendente. Ahora, con tantos años como el siglo, apenas salgo de casa. Pero, a la hora sagrada del aperitivo, a solas en el cuartito en el que guardo mis botellas, me gusta recordar los bares que amé.
A
nte todo, debo puntualizar que para mí no es lo mismo el bar que el café. Por ejemplo, en París nunca pude encontrar un bar cómodo. Por el contrario, es una ciudad abundante en admirables cafés. Dondequiera que uno se encuentre, de Belleville a Auteuil, no debe temer que le falte una mesa a la que sentarse ni un camarero para tomar nota. ¿Se podría imaginar
París sin sus cafés, sus maravillosas terrazas, o sin sus estancos? Sería como vivir en una ciudad devastada por una explosión atómica.
E
l café es charla, ir y venir… Por el contrario, el bar es un ejercicio de soledad.
Tiene que ser, ante todo, tranquilo, más bien oscuro y muy cómodo. Toda clase de música, incluso música lejana, debe estar absolutamente desterrada (al contrario de la infame costumbre que hoy se extiende por el mundo). Una docena de mesas a lo sumo, a ser posible, con clientes habituales y poco comunicativos.
E
n un bar, para inducir y mantener el ensueĂąo, hay que tomar ginebra inglesa. Mi bebida preferida es el dry-martini. [...] Al igual que todos los cĂłcteles, probablemente, el dry-martini es un invento norteamericano. BĂĄsicamente, se compone de ginebra y de unas gotas de vermut, preferentemente Noilly Prat. Los buenos catadores que toman el dry-martini
muy seco, incluso han llegado a decir que basta con dejar que un rayo de sol pase a través de una botella de Noilly Prat antes de dar en la copa de ginebra. [...] Pero a mí me parece una exageración. Otra recomendación; el hielo debe ser muy duro, para que no suelte agua. No hay nada peor que un martini mojado.
Permítaseme dar mi fórmula personal, fruto de larga experiencia, con la que siempre obtengo un éxito bastante halagüeño. Pongo en la nevera todo lo necesario, copas, ginebra y coctelera, la víspera del día en que espero invitados. Tengo un termómetro que me permite comprobar que el hielo está a unos veinte grados bajo cero.
Al día siguiente, cuando llegan los amigos, saco todo lo que necesito. Primeramente, sobre el hielo bien duro echo unas gotas de Noilly Prat y media cucharadita de café, de angostura, lo agito bien y tiro el líquido, conservando únicamente el hielo que ha quedado, levemente perfumado por los dos ingredientes. Sobre ese hielo vierto la ginebra pura, agito y sirvo.
Eso es todo, y resulta insuperable.
BARES DE SEGOVIA QUE COLABORAN:
AVE TURUTA
LA TROPICAL
CANAVAN’S
LA ZAPATERÍA
CÁTEDRA
MARACAIBO
EL SAXO
PASAPÁN
EL SECRETO DE SAN CLEMENTE
PIANETA EXPRESSO
LA BODEGA DEL BARBERO
SANTAMERA
SAN MARTÍN
LA BOTERÍA
SANTANA
LA OJA BLANCA
SHOUT