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1. LA APUESTA 2. LA ABUELA NICOLASA 3. A VALLADOLID Con motivo del bicentenario del nacimiento de José Zorrilla (1817-2017) © 2017, Libropincho Un proyecto original de Ediciones La uÑa RoTa, S. L. ediciones@larota.es www.larota.es Diseño: Arcadio M.
Edita: Sociedad Mixta para la Promoción del Turismo de Valladolid © 2017, de los dibujos: Óscar del Amo Selección y adaptación: Oficina del Bicentenario de José Zorrilla Basado en Recuerdos del tiempo viejo (1880), parte I, capítulo XXXI Autor: José Zorrilla
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na tarde, mientras dormĂa mi padre la siesta y mientras mi madre en el comedor arreglaba los trastos con las criadas, arrastraba yo por la antesala mi caballo de cartĂłn, pasando y repasando por la puerta entreabierta del inocupado aposento.
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Empujé y abrí del todo la puerta: una señora de cabello empolvado, encajes en los puños y ancha falda de seda verde, a quien yo no había visto nunca, ocupaba efectivamente el sillón: «Yo soy tu abuelita; quiéreme mucho, hijo mío, y Dios te iluminará».
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«Mamá, ahí está la abuelita.» Creyó mi madre que era la suya, que había llegado de Burgos sin avisar, y corrió a la antesala; pero no hallando a nadie, me dijo: –¿Pero dónde está la abuelita? –Ahí, en ese cuarto –le respondí señalándosele.
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–¡En ese cuarto tu abuelita Jerónima! (Era el nombre de mi abuela materna.) –No, otra vestida de verde, con puños de encaje: ven a verla. Y tomándola de la mano la conduje a la puerta del aposento, cuyo sillón estaba vacío; y yo añadí: «Pues aquí estaba».
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Nueve o diez años más tarde fui a Torquemada a reunirme con mi padre, desterrado de Madrid y sitios reales. Allí, una tarde, registrando unos camaranchones de la casa vieja de nuestro apoderado, tiré yo de una maraña de lienzos, manojos y restos informes y polvorientos de despedazados trastos, y di entre
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ellos con un lienzo sin marco: «¡El retrato de la abuela!». Volviose mi padre, miró el retrato y me dijo con extrañeza: –¿Pues de qué la conoces tú, si jamás la has visto? –¿No se acuerda usted –le contesté yo– de que siendo muy
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niño vi una señora, que me dijo que era mi abuela, en el aposento cerrado de la antesala de nuestra casa de la calle de la Ceniza? –¿Y era ésa? –La misma: tengo su imagen en las pupilas –respondí yo.
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–¡Es mi madre, tu abuela Nicolasa! Murió antes de que tú nacieses…
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