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Hestia: Tierra. Número dos.

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Revista Hestia. Número Dos 1

NÚMERO DOS

ADRIANA LETECHIPIA ALFONSINA RAMÍREZ DIANA ISIS D.H. C LAURA V. MEDEL LUCÍA RIVERA MELOCOTONCITO NALGÓN NAYLEA SOLÍS GARCÍA PAOLA DE LA TORRE PAOLA ERRE TERESA MORENO VAINILLA ZAIRA MORENO

LA TIERRA


ÍNDICE

2 Revista Hestia. Número Dos

Editorial

3

The eye of the storm Paola de la Torre

4

Criaturas terrosas Paola Erre

6

Lamentos que florecen Vainilla

8

Una tierra sin murmullos Adriana Letechipia

9

Nuestras raíces Lucía Rivera

10

Delirios a ras del suelo Paola Erre

11

Vacío errante Teresa Moreno

12

Hogar Zaira Moreno

14

¿Tierra de quién? Alfonsina Ramírez

Tallo Diana Isis D.H. C

16

Enigmático acompañamiento Naylea Solís García

17

Ruidosa sequía Melocotoncito Nalgón

18

Citrinescencia Melocotoncito Nalgón

19

La tierra de mis flores Laura V. Medel

20

Interseciones

21

DIRECTORIO Selección de contenido Las Sin Sostén: Diana Oliva, Paola de la Torre, Paola Ruiz, Yázkara Hernández. Edición y Revisión Las Sin Sostén Diseño Yázkara Hernández Estrada

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Correo electrónico: contacto@lassinsosten.com

Página web: www.lassinsosten.com FB: @lassinsosten IG: @lassinsosten


Gathering with Flags of Palestine and Placards (2023), Mohammed Abubakr

Revista Hestia. Número Dos 3

CARTA EDITORIAL

Fronteras, límites y lenguaje

T

ranquilas merodean entre senderos polvorientos y superficies que se hunden. Las palpitaciones del núcleo terrestre, aunque imperceptibles para la mayoría, cimbran las plantas de sus pies. Emergen dudas de las semillas, pero se aclaran conforme las raíces se aproximan a las profundidades, los pasos continúan, saben que la muerte reclama vida para alimentar el interior. “Polvo eres y en polvo te convertirás” es una de las creencias más arraigadas en el pensamiento colectivo. Habla de lo que somos, o éramos en un inicio, y de que volveremos a ello de manera inevitable. Todo vuelve. Por ello, para esta edición, quisimos partir de la idea de la tierra como detonante y desde diversas concepciones: Madre Tierra, planeta, fertilidad, principio y fin. Los territorios se delimitan, se ciernen sobre sí y se expanden. En los caminos encontramos las respuestas y las historias de miles que han hecho de su vida ese mismo camino, a veces por gusto, otras tantas en calidad de huida constante. Las fronteras pueden cruzarse, elevarse y caer. En esa transgresión se encuentran las

resistencias y la promesa de la libertad. ¿Cómo se libera el territorio acorralado? En un mundo en el que las mujeres somos botín de guerra, refugio, madres, esposas, cuidadoras pero nunca libres, cómo podemos escribir y determinarnos desde el otro lado de la reja, cómo no podríamos comprender la violencia que sufre Gea aplastada por Urano. La interseccionalidad se convierte en el grito de guerra, en el temblor que se requiere para recuperar el orden primigenio, el orden que nos deje habitar la etiqueta de personas. No más lugares conquistados, saqueados y explotados. En esta edición, el lenguaje y la escritura se tornan territorios de exploración, de encuentros y libertades. Las autoras aquí reunidas, nos brindan un acercamiento a la construcción de un campo que, minado por las hostilidades que nos ofrece el mundo, encuentra su espacio para florecer. —Las Sin Sostén


U

The eye of the storm: Hurricane G, la trangresión hecha rap

PAOLA DE LA TORRE

4 Revista Hestia. Número Dos

n par d e ojos observa un Nueva York arrasado por una tormenta eléctrica. Chisparros azules y rosas se contrastan para acentuar la profundidad de la mirada que está a punto de revelarnos el núcleo de la tormenta que se cierne (desata) sobre la ciudad. La testigo está a punto de tomar el micrófono para apropiarse del huracán. La mujer lleva por nombre Gloria Rodríguez, es originaria de Brooklyn, de raíces boricuas y una vida desarrollada en el barrio. Hablar del rap de los 90 es abarcar todo un movimiento musical, cultural y político que se consolidaba como una respuesta a la opresión y la discriminación sistemática hacia las comunidades negras y latinas en Estados Unidos. Por lo tanto, entender el rap noventero de los barrios nos lleva directo a hablar sobre marginación y resistencia, así como la construcción de la identidad no sólo desde las raíces, sino también de estas raíces en relación con su entorno. El Hip Hop, y todo lo que derivó de esta cultura, brindó un espacio en el que se resignificó a las comunidades marginadas. Un espacio propio de revalorización, en el cual forjaron su identidad, les brindaba no sólo autoafirmación frente a un mundo que renegaba de su existencia, sino también un nuevo medio para hacerse escuchar y crear. Del barrio y para el barrio Gloria Rodríguez, mejor conocida como Hurrican G, destacó en el ámbito rapero por su fluidez, lírica potente y, sobre todo, por su particular acento. Dentro de la escena del

hip hop, su figura refrescaba por ser una rapera afrolatina que mezclaba el inglés y el español. Lo novedoso no era que utilizara esta mezcla, sino que fue la primera mujer en hacerlo. Incluso para la época dorada del rap, su música resultó ser un producto cultural de excelente calidad y gran carácter, sin embargo, quedó enterrado ante la oleada de otras grandes figuras, principalmente hombres. Fue la primera mujer en integrarse al grupo musical EPMD, conocido por estar conformado por los más prominentes raperos de la Costa Este de Nueva York. Hurricane G hizo escuchar su voz de manera independiente, con su álbum All Woman (1997), grabación que sigue vigente y que, durante su época, dio a conocer las problemáticas de su sector, elevándose como la voz de las boricuas del barrio neoyorquino. Lyrical Warrior: de despojo a conquista En el álbum podemos ver toda una serie de temáticas que oscilan entre aspectos sociales, relaciones familiares, conflictos amorosos e introspección. Es la canción, “El Barrio”, la que ha tomado gran popularidad entre los escuchas contemporáneos por su particular acentuación, la cual delata su crecimiento entre dos lenguas. Al salirse de los parámetros musicales que se manejaban en la época, esta canción es una muestra de la amplia noción musical que Gloria manejaba, acompañada de una letra que expone la marginación racial y cultural a la que se enfrenta(ba) la comunidad latina.

La vida de la calle es heavy Te puede dar un KO como el campeón Felix Tri-


nidad New origens peleando por su libertad (ya tú sabe’) La política ya no está senada, como la revista tiene muchas caras Ser puertorriqueño, malo o bueno, siempre quiere ser el dueño Ahora, toma, ¡fuego! De una hija de chango rapeando y bailando con los músicos Los Hermanos Miranda, mi banda Mi ganga de barrio, negra como Zarabanda

En la exposición de la dureza del entorno en el que se desenvolvió, su canto se convierte en liberación. Es el lenguaje lírico y musical el terreno en el que resignifica los insultos vertidos sobre la comunidad latina, medida que utiliza para dar un contragolpe que reivindica el orgullo por sus raíces, apropiándose de la mofa. Estrofas más adelante, indica: Como “la India” la gente hablan de mí, pero yo sigo siendo feliz Mi rap es muy especial para el mundo latino Taíno, que Dios le bendiga su camino

La lírica presentada en este texto forma parte de la versión en español que Hurricane G grabó de esta canción. Es esta versión la que ha sido aclamada recientemente. Por otro lado, en otras de sus canciones se pude disfrutar de su fluidez entre español e inglés, en el que, con frecuencia, su uso del español en sus canciones sirve como un catalizador de su potencia y su furia, siendo una herramienta para remarcar sus raíces y defenderlas. Tal caso se da en “Underground Lockdown”: ‘Nough said, all that negative drama shit is dead I keeps lyrics mad ghetto like Red Instead of hookin’ I handle my business strictly business You niggas couldn’t dick this Qué puñeta, yo represento Borinquen tierra Y no voy a soportar ninguna mierda Porque soy la dueña, la super morena Que te deja desperado y quemao’, wow

Hurricane G demuestra un gran dominio de expresión lírica, no sólo por hacer uso del español en sus canciones, sino por su capacidad de complementar. Poniendo la lengua como territorio de dominio de la rapera y, asumiendo que su primera lengua fue el español, nos encontramos ante una artista que encontró en lengua extranjera un medio para reivindicar la propia y, a la vez, para crear. George Steiner apunta que, cada lengua produce determinadas convenciones de reconocimiento, ciertas reglas de relación o rechazo. Por lo tanto, aprender una lengua extranjera, comprender a fondo su sintaxis, equivale a abrir una segunda ventana al paisaje del ser. A escapar, aunque sea por un momento, de la cárcel de lo obvio, de

Revista Hestia. Número Dos 5 la pobreza de un lente monocromático. Esta es una virtud que no podemos pasar por alto en Hurricane G. A pesar de su extraterritorialidad con la lengua, logra adoptarla y, a su vez, lograr una reterritorialización a partir de una mezcla de lenguas que proveen de sentido a toda una comunidad. Aunque, no sólo de sentido, sino también de identificación, de conquista y, eventualmente, de creación. Para ello basta echar una mirada a la fluidez con que utiliza el lenguaje, el slang y todas las formas de expresar que tiene como herramientas, creando una especie de diálogo en cada una de sus canciones, un diálogo interno que fue también la lucha interna de miles de migrantes latinos. Dentro del álbum, la furia, el funk y el buen ritmo están siempre presentes, sin embargo, también podemos escuchar canciones de corte más íntimo, en las que la cantautora deja ver su sensibilidad ante el mundo y sus lazos con otras mujeres. En este escenario podemos situar ‘Mama’, canción que funciona como una carta a su madre, a manera de agradecimiento por ser la catalizadora de su autoconocimiento. En este sentido, el autoconocimiento es un tema que esta obra explora de principio a fin. En cada una de las canciones, Gloria Rodríguez encuentra espacio para reafirmarse como latina, ya sea dentro de la comunidad, o incluso frente a la sociedad neoyorquina. Pero, en el caso de ‘Mama’, esta reafirmación la encuentra en la relación con su madre: The devil made me sell myself cheap Tricking, just like the rest of the family Not even daddy could handle me For a long time, I was convinced, jinxed That you didn’t give a shit I didn’t understand your righteousness, harshness But you still blessed me Raised me and loved me ‘til the end

La canción se torna también un reconocimiento de su madre como mujer, un reconocimiento de sus luchas internas, externas y de su labor. Asimismo, es su madre en quien encuentra apoyo y es, a su vez, quien sujeta sus raíces para que el diálogo interno pudiera diversificarse y brindarle sentido en un mundo de constante rechazo y violencia. And we’d like to thank ya For showing us how beautiful a real Woman lives for the real woman that digs Deep into her soul

Sálganse de la revista. Quiero estar sola. Vayan y denle una oportunidad a Hurricane G.


Criaturas terrosas

PAOLA ERRE

6 Revista Hestia. Número Dos Ilustración: Paola Erre


D

e camino a casa pensó en reventar sus oídos o arrancarse los ojos, prefería el dolor del silencio o la ceguera antes que exponerse otra vez a esa situación. Atravesó las banquetas de siempre. Una anciana lo adelantó con bolsas de mandado, aun cuando cojeaba del pie derecho, la vio cortar rápidamente la primera parte del pasaje comercial. El chirrido del tren lo hizo ignorar todo a su alrededor, aunque el pueblo estaba a decenas de kilómetros de las vías más cercanas. El sonido de las campanas detuvo su paso por segunda ocasión en el día. La luz de la segunda sección coloreó los árboles de las jardineras centrales e hizo de la mujer una figura más nítida. La calle que seccionaba el pasaje adquirió sombras aleatorias, resultado de la lucha entre el farol amarillento, el sol a medio desaparecer y el brillo azulado del cielo. Él continuó desconcertado, inmóvil ante las vibraciones debajo de sus pies. A pesar de la prisa, la vieja miró a los dos lados antes de cruzar, puso sus piecitos en medio de la calle, sintió el asfalto partirse debajo. Una mole se elevó en vertical, dos extensiones más pequeñas se desprendieron de ella, cuando formó una cruz se inclinó hacia enfrente y volvió a sumergirse. La mujer desapareció al instante. Eso se la tragó. * Las calles escucharon voces preocupadas, en todo el estado corrió el rumor de que algunos pobladores experimentaban, con frecuencia, pitidos, chirridos, sierras y campanas. Sin embargo, el primer levantamiento de tierra acompañado de esas melodías ocurrió en Jerez, se hizo un montículo pequeño al lado de una casa, pero el Ayuntamiento, con toda su incompetencia, lo resolvió en menos de dos semanas. Después vinieron las rajaduras en algunas paredes y el aumento de la profundidad de los baches en las carreteras. La preocupación colectiva dormitó algunos días antes de estallar. La alerta empezó cuando los vecinos de Talesteipa reportaron vibraciones y pulpos intermitentes en la grava, mientras que los de El Tizate vieron peces en el empedrado de la capilla, acompañados de un ruidero de campanas. Aunque los habitantes estaban al tanto, el gobierno emitió un comunicado negando lo ocurrido y garantizando que estaba listo para «hacer frente» a la mínima posibilidad de aparición de criaturas marinas. A pesar de que el fenómeno era aleatorio muchos tomaron sus precauciones. El único anuncio de que las superficies estaban por transformarse eran los sonidos. No importaba si eran diferentes para cada persona o el mismo con distintas interpretaciones, quienes lo vivían sentían el miedo previo a la tragedia. Por espacio de al-

Revista Hestia. Número Dos 7 gunos minutos las superficies mostraban escenas extrañas para una tierra que llevaba una eternidad sin tocar el mar. El aire no se volvía agua, pero cualquier espacio rocoso o polvoriento se convertía en un lugar perfecto para albergar criaturas aparentemente subacuáticas. La prensa habló poco, sin imágenes, de los arrecifes de coral en Plaza de Armas y los calamares gigantes en el Jardín de la Inmaculada Concepción, lo que no permitió que las masas supieran que el fenómeno se replicaba al mismo tiempo en muchas partes; menos aún se enteraron sobre los tímpanos deshechos y los efectos secundarios. Las voces a medio callar mencionaban a los ausentes, que no eran víctimas directas, sino que cayeron en las cavidades gigantescas justo antes de que las criaturas comenzaran a desvanecerse. Los días no se tornaron grises en el estado, tampoco escasearon las lluvias, todo siguió según el cronograma de la naturaleza, a excepción de los avistamientos, las resquebrajaduras y los sonidos. Nadie alertó a la población sobre cómo debía sobrellevarlo, porque nadie tenía idea. Además de las pláticas matinales temerosas, se evitaban las llamadas a emergencias, porque tan pronto como mencionaban las palabras “tierra” o “chirridos” se cortaba la conexión y era difícil restablecerla. Las hipótesis sobre lo sucedido abarcaban desde experimentos federales hasta el surgimiento del mismísimo infierno. Hubo quienes se tranquilizaron imaginando océanos de fuego habitados por almas y criaturas gigantes, antes de especular sobre alteraciones de la realidad o choques interdimensionales. Aunque había peces de cantera y simulaciones minerales de algas por todas partes, la gente evitaba a toda costa interactuar con las especies. Con sólo ver las poquísimas fotografías de “Testigo ocular”, en redes sociales, había quiénes sentían dolores de cabeza intensos y ataques de pánico. Cuando los rumores llegaron al exterior los turistas eliminaron a Zacatecas de sus itinerarios, a pesar de la curiosidad que despertaba el fenómeno. Las centrales camioneras de estados vecinos modificaron sus horarios para evitar la noche, en un fallido intento de tener el control; también cancelaron corridas sin previo aviso y sugirieron a los viajeros cambiar su destino. Ninguna institución o instancia gubernamental supo dar explicaciones creíbles. Los casos que parecían esporádicos aumentaron a tal grado que al menos diez veces al día se reportaban ballenas, erizos, tiburones y desaparecidos a causa de los tragamientos accidentales. Por primera vez, en toda su existencia, los zacatecanos temieron morir por estar en el lugar incorrecto.


VAINILLA

Lamentos que florecen 8 Revista Hestia. Número Dos


Una tierra sin murmullos

ADRIANA LETECHIPÍA

Revista Hestia. Número Dos 9

Y

a le dije a mi hija que, cuando me muera, quiero que me incineren inmediatamente. Los panteones están llenos de cuerpos momificados. Restos de personas cuyos rostros están marcados por su encuentro con la muerte, dolor, asombro en grito eterno. Yo no quiero eso para mí. Hace poco desenterraron los cadáveres, ya no vuelven a la tierra. Los queman para evitar un riesgo sanitario. Los cielos se tiñen de ocre y el suelo es de cenizas. *** Cuando era una niña la cosa no era así. A los muertos los enterraban para que los insectos se los comieran. Mordisqueaban su piel, cabello y órganos. Quedaban solo los huesos recubiertos por hongos de diferentes colores. En el pasado, las noches no eran tan oscuras. El arco de la vía láctea alumbraba tanto como la luna. Soles y planetas eran imposibles de contar. En la tierra, las luciérnagas eran las estrellas de los bosques. Por las mañanas del verano las chicharras cantaban para aparearse. El ruido ensordecedor era la declaración de lo efímera que es la vida.

En el pueblo comíamos chinicuiles. Sacábamos las raíces de los magueyes y tomábamos sus cuerpos rosas como quien cosecha frutos. Los asábamos al comal y hacíamos tacos con salsa de molcajete. Luego vinieron las promesas de mejores cosechas con el uso de pesticidas y fertilizantes. Los bueyes fueron sustituidos por máquinas y las ciudades invadieron nuestros campos. El ritmo de consumo hizo imposible dejar el suelo descansar, la contaminación lo envenenó y el clima cambió. Ahora las abejas ya no zumban en primavera. En un museo tienen sus cuerpos, como prueba de su existencia. No hay árboles, ni flores, ni frutos. Tenemos el paisaje yermo de un invierno que perdura; ni el calor, ni la lluvia lo harán reverdecer. Otros animales desaparecieron. Ya no hay colibríes mensajeros. No hay ranas, ardillas o murciélagos. No hay miel derramada ni chicatanas que la recojan, ni mayates que nos regalen sus colores, ni zancudos que invadan nuestras noches. Ansío escuchar a los chapulines, para que arrullen de nuevo mis sueños. Solo queda la certeza de que nuestra Tierra nos ha abandonado.


Nuestras raíces

LUCÍA RIVERA

10 Revista Hestia. Número Dos

–¿Dónde estás?– grito con las manos a ambos lados de mi boca. Un paso y crujen las ramas debajo de las hojas en la tierra, a donde sea que voltee todo es verde oscuro, incluso arriba. A unos cinco metros de mí está el lago; al acercarme veo los rizos castaños de Priscila que comienzan a flotar en el agua, oscilando. De repente, delante de sus mechones se asoman sus ojos y sus mejillas llenas de pecas; poco a poco, va subiendo su rostro hacia la superficie y, al descubrir su boca, echa la cabeza para atrás, riendo. – ¿Qué haces ahí parada?– dice caminando hacia mí, dejándose desvestir por las aguas y tomándome de la mano. Me guía al lago sin decir palabra. Voy sintiendo los poros del cuerpo, de pies a cabeza, y con la fina línea del agua en nuestros cuellos, tomo aire y me sumerjo toda. Escucho a Priscila decir mi nombre ahí arriba, un eco. Pienso en atender su llamado; pero espero, espero empujando el agua con mis manos y mis pies, hasta que chocan con los de ella. Al abrir los ojos, y por unos instantes, nos fundimos con el lago; sus dedos bailan entre mis cabellos rojos y siento toda la fuerza de mi cuerpo sostener la corta distancia que nos separa, a pesar de que el agua a mis espaldas me empuja hacia ella. Ambas salimos bruscamente, buscamos el aire como si fuera la primera vez que lo aspiramos; hundimos nuestras huellas en el lodo de camino a la orilla. –Podemos seguir viniendo aquí, aun cuando el verano termine. –Sí, podemos – Respondo. Ambas nos recostamos sobre la tierra, extendidas bajo las líneas de luz que se asoman entre las copas de los árboles. Podría quedarme aquí por siempre; ver sus cabellos vibrar sobre el lago y sus pecas caminar por el reflejo del agua todo el día; aunque las manos se nos hagan pasitas y las líneas de nuestras piernas se desdibujen tratando de tocar el fondo. Ojalá nos quedáramos dormidas dejando pasar las estaciones, mientras el sol nos agrieta y las raíces se adueñan de nuestras extremidades. Quedarnos así y que otros vean cómo nos salen flores por la boca y por las puntas de los dedos.


Delirios a ras de suelo PAOLA ERRE

Revista Hestia. Número Dos 11


TERESA MORENO

12 Revista Hestia. Número Dos La travesía del exilio La crudeza de sus palabras me lastima cada vez más, como dardos lanzados directamente a las arterias del corazón. Siento cómo la sangre se funde y se cristaliza en miles de alfileres que recorren todo mi cuerpo, los brazos flaquean y las lágrimas desbordan, el espíritu se rompe. Quizá nunca existió el valor que anhelé, al que verdaderamente pensé llegar. No se puede alcanzar el valor cuando las cadenas de la cobardía te atan a terrenos más profundos que el infierno.

El otro reloj, Remedios Varo

Vacío errante

Esa noche nos marchamos de nuestro suplicio. Seguiré preguntándome cuál será mi destino después de la muerte. El cielo no recibe a personas medrosas como yo, ahí residen los gloriosos héroes, los ejemplares, los valiosos. En cambio, al infierno llegan los que fueron aún más osados para traicionar a los que confiaban en ellos o por seguir la llama de su corazón e ir más allá de los límites; su valor es tan fuerte que no se puede eliminar ante lo desconocido. Quisiera ser como alguno de ellos, hacer de lado la sumisión y alzar mis ideales hasta el fin del sendero. Sí, todos aquellos fueron recordados por su transgresión. Hay que admirar su valor, no tenían a alguien que los dirigiera, como a Lilith, Lucifer, Prometeo, los exiliados conocen el vacío de la trasgresión. Quiero creer que alguno de ellos nos acompaña en nuestro camino. Ahora sólo debo confiar en mí misma, los fantasmas, prejuicios, miedos y malos augurios serán los peores enemigos a desafiar, pues no pude retar a mis miedos de frente… no podía, no había artilugios o alguna otra elección. Las calles eran oscuras y el frío rozaba en mi cara, ella iba adelante, como si tuviera la certeza de saber nuestro destino. Sé que también tenía miedo, pero no lo demostró, se lo tragó como si fuera un sorbo de alcohol. Desearía ser la luz, el calor y el infierno a la vez; sentir el poder. Los dioses no me han abandonado sino el albedrío. Es ahí donde se presenta el vacío del abismo. La bruma es espesa, blanca y aterradora; el silencio es inmenso, no se puede ver hacia ninguna parte, camino y choco con un muro de cristal. Parece que hay alguien detrás, pero no alcanzo a distinguir quien es ¿será un reflejo? No hay retorno, pienso en retroceder pero ya no es opción. Intento hacerlo y resbalo ante el profundo acantilado que los cazadores han creado para mí. No hay alternativa, tengo que hacerlo antes de que alguien más se dé cuenta de mis debilidades. Lo hago y se siente bastante bien, el respiro y la emancipación en esa caída. No me percato de cuánto tiempo seguiré sumergida en el vacío. Lo he elegido y nada me hace sentir más aliviada que eso. Es el precio de la libertad. Todo fue muy rápido, la calle era empinada y nos costaba caminar, de pronto se aproximaron varios coches, sentí escalofríos, nos acorralaron. A mí me golpearon en las costillas, me encogí y me taparon la cara. Ya no pude verla, pero escuché su voz, estaba aterrada, nunca la había oído así. Ahora la guerra seguirá para no perder las batallas. El coraje y el miedo se fusionan, ambos me permiten seguir. Pero ya no importa, ahora no hay ley alguna que pueda detenerme, tuve que adaptarme a la valentía. No hay proezas que apagaran la llama de mi espíritu, pues una vez que fue encendida nada podrá apagarla,


Revista Hestia. Número Dos 13 ni el viento más fuerte, ni el agua por más salada o fría que fuese. Nada puede ser más fuerte que esa luz, mi corazón la alienta mientras mi alma siga permaneciendo dentro de mí. El tiempo del traslado fue corto, me obligaron a tomar algo, era amargo, quizá por eso sentía las ideas y el estómago revueltos. Nosotras estábamos en tierra de nadie. La nuestra fue arrebatada cuando ellos arribaron y se adueñaron de las tierras. Las flores se marchitaron, las sustituyó una especie de maleza, monocromática. Cuando más necesitábamos un refugio nadie nos lo otorgó. Temían que ellos les hicieran daño, es por ello que decidimos abandonar nuestro hogar. Nos convertimos en errantes y no descansaremos hasta encontrar nuestro propio asilo. No sé cuánto tiempo llevo aquí, parece como si el tiempo se hubiera esfumado. El espacio de la ausencia Por fin he despertado, la luz está ausente. Escucho el ruido de afuera: los pájaros, los coches, y algunas voces a lo lejos. La oscuridad se siente como si tuviera los ojos cerrados… duele, duele saber que ya no seré igual que antes. Siento abrir los párpados, pero no logro distinguir nada a mi alrededor. Muevo las extremidades de mi cuerpo y no encuentro algo más allá de ellas, son todo lo que tengo y la pesadez no se quita de entre mis dedos, la palma es diferente, o eso creo, no la puedo distinguir, pero sé que algo hay de diferente en ella. Sé reconocer mi cuerpo, aunque en este momento me siento como si hubiera cambiado totalmente. La silueta danza frente a mí, el límite de mi imaginación se dispara en cualquier sentido. Veo un pequeño hilo de luz que provine desde arriba ¿desde el techo? Me acerco y toco la pequeña fisura con mis labios, puedo sentir el aire que gira a través del tiempo y el espacio. Mis labios sienten el frío y los retiro, acerco mi pupila para distinguir algo más allá y lo único que logro ver es un brillo suave, hipnotizante. Mi cuerpo se relaja, me quedo sin movimiento, la memoria no para de reproducir cientos de recuerdos. Quizá este claustro me recuerde a la época antes de mi nacimiento. Mis oídos alcanzan a distinguir algunos sonidos de afuera, sin embargo, se mezclan unos a otros asemejando una maraña; mi cabeza intenta separar cada uno de ellos. Siento una desesperación y debilidad a causa de mi incapacidad por no poder descubrir qué hay más allá. El aire se fusiona con mi respiración. Mi desesperación crece al saber que ni el aire puede entrar en esta oscuridad. No puedo creer que siga con vida, ¿en verdad lo estoy? La duda siempre está al acecho, ¿qué seguirá? Sé que estoy en un espacio confinado, mis manos y pies alcanzan a palpar lo más próximo. Todo se distorsiona cada vez que lo vuelvo a tocar. Mi ánimo perece cada vez más abatido. Aquí sigo… y nada puede cambiarlo. No puedo morir, no hay algo que me ayude en mi deseo. Pienso otras alternativas, como la inanición, mas no siento hambre ni sed, como si antes nunca hubiera me hubiera alimentado. No hay saciedad, embriaguez, serenidad o quietud dentro de mi cabeza. Sigo aquí pero no tengo miedo. La incertidumbre crece cada vez más y mi tamaño disminuye, como si ella se alimentar de mis pensamientos. Los latidos en mi corazón danzan cada vez más fuertes, no sé qué hacer, un colapso no es algo posible. Estoy recorriendo el hueco donde me encuentro, los objetos se hacen cada vez menos tangibles, con el roce de mi respiración se desvanecen en cada vaivén. Me ahogo. No sé si se deba a la falta de aire o el exceso de pensamientos. Ya no puedo… ¿esto es el final o el comienzo? Unos ojos enormes se alzan entre la oscuridad, no puedo distinguirlos bien, pero siento el peso de la mirada sobre mis hombros. Mi estómago no soporta la presión. Escucho un llanto, es el de ella, la volví a escuchar. No puedo abrir los ojos. Siento la calidez de sus brazos en mi espalda, ahora me siento más tranquila… todo desaparece, estoy en casa.


ZAIRA MORENO

14 Revista Hestia. Número Dos

Habitaciones con puertas trabadas, apogeos discretos, flores marchitas

Hogar

y un cuerpo sumergido.

Al final del otoño, naturaleza muerta. El suelo se mueve y desaparece, respiraciones lentas.

Por el camino, un transeúnte llora. Tromba nocturna.


¿Tierra de quién? ALFONSINA RAMÍREZ

Revista Hestia. Número Dos 15


Tallo

Adonis Vernalis, Lichtenegger y Kutschera

DIANA ISIS D.H.C

16 Revista Hestia. Número Dos

Morir en ti Me gusta pensar que volaré hacia el cielo. Que dos alas crecerán de mi espalda. Por lo tanto, espero. El cielo no es para ti. Me lo dice una voz claramente. Con odio, le creo. Mientras que mis pies empiezan a echar raíces. Y el fuego en mi pecho me hace escupirle a la tierra. Porque las raíces de mis pies ya atraviesan el suelo. Quizá no lo necesario, pero si lo suficiente para maldecir todo alrededor. Estar debajo de ella es estar muerto. Pienso cada día. Polvo eres y en polvo te convertirás. Siento que envejezco rápidamente. Tengo demasiados sueños en mi vientre para quedarme aquí. Decido esperar. Quizá el cielo venga a mí pronto. Ignoraré mi estado y esperaré en esta superficie muerta. No merece mis lágrimas. No merece nada de mí. Soy una hija que se irá de su casa y nunca volverá. Sólo que me desespero. Ya no lo soporto. Lo primero. Huir. Cortar mis piernas si es necesario. Lo hago y brota la sangre de los huesos. Los muñones quedan clavados en la tierra. Me arrastraré. Mis piernas crecerán nuevamente. Y si no lo hacen, al tener mis alas ya no serán necesarias. Arrastrarme por días. Arrástrame y sólo eso. Perder la consciencia finalmente. Sentir que vuelo por fin. Pero sin abrir mis ojos. Ni ver el cielo nunca más.

Nacer en ti Hay un recuerdo en mí. De alguien que deseó volar un día. Es extraño. Yo veo el cielo, y lo único que hay es una enorme esfera de fuego. Seguro se trata del infierno. Y todos los muertos han de terminar ahí. Yo nací hace apenas unos días, crezco poco a poco. Mi madre me cuenta que es la segunda vez que nazco. Y llora por mí todas las noches para que no vuelva a morir. Sólo que guardo un secreto. Algo que nunca le diré. Estoy enamorada. Anhelo la lluvia. Me empapo en ella cuando aparece. Su rocío me hace sentir viva. La deseo cada vez más. Con desesperación. Crezco por ella. No se lo diré a nadie. Y moriré cuando no vuelva nunca más. Habitar en ti Duele crecer. Un hombre me odió cuando se lo dije. No me odió a mí. Pero fueron palabras contundentes. Sembraron una promesa. Por lo que decidí crecer. No hacia arriba. Mi memoria me dice que ese es el camino equivocado. Por eso le pedí a mi madre que me ayudara. Está molesta porque fue por culpa de un hombre. Le explico que no es el hombre sino la idea. Sabe que tengo razón. Por primera vez sé que es hacia abajo. Hacia la tierra. Dice que mis raíces nunca habían sido tan hermosas.


Enigmático acompañamiento

Árbol de la vida, Ana Mendieta

NAYLEA SOLÍS GARCÍA

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Ilustración

M

amá tenía una obsesión interminable con comer tierra; su olor y sabor le atraían demasiado. Decían que se debía a sus problemas de anemia; pero, incluso en su infancia comía tierra, barro, todo lo que tuviera un sabor similar. Yo creo que había creado un vínculo, era como un diálogo que se transmitía de mujer a mujer. Sentirla en sus manos, en sus labios y dientes, más allá de un placer, lo veía como una necesidad que su cuerpo le pedía. Tal vez a mamá sólo le gustaba comer tierra, o tal vez le compartía mensajes que sólo ella lograba entender. La tierra nos recibe y nos despide, sin embargo, mamá la ha llevado toda su vida.


Ruidosa sequía MELOCOTONCITO NALGÓN

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Citrinescencia MELOCOTONCITO NALGÓN

Revista Hestia. Número Dos 19


LAURA V. MEDEL

La tierra de mis flores 20 Revista Hestia. Número Dos


Revista Hestia. Número Dos 21 El tema de este número permite la elaboración de imágenes idílicas, pero también la apertura a temas sociales que se relacionan con la muerte y el despojo. Estas son nuestras recomendaciones de autoras que, antes de la existencia de esta publicación, tomaron la tierra y sus representaciones como base creativa. Para recomendarnos textos, escribe a través de redes sociales, donde nos encuentras como @lassinsosten.

Interseciones

Cometierra (2019) Autora: Dolores Reyes La tierra lleva consigo mensajes descifrables sólo para quienes tienen los dones adecuados. La protagonista, mediante una conexión especial con el elemento, percibe el dolor de víctimas de violencia y cuestiona los sucesos que emergen a su alrededor. Polvo (1949) Autora: Guadalupe Amor El despliegue poético en esta obra demuestra por qué Pita Amor es una de las escritoras más memorables. Entremezcla la imagen del polvo con las angustias cotidianas, el miedo a la muerte y la infinitud

Lodo (2003) Autora: Begoña Méndez Una historia que explora las interacciones y desesperanzas que enfrentan los pobladores rurales ante las grandes empresas de agricultivo. Plagada de imágenes sobre el abandono del hogar, la obra se teje a través de las experiencias de su autora.

La compañía (2021) Autora: Verónica Gerber Bicecci A pesar de que las imágenes parecen salidas de algún lugar de la imaginación, están cerca de la realidad. La historia se zambulle en los efectos del extractivismo y la transformación del paisaje, misma que se complementa con una colección de fotografías tomadas en San Felipe Nuevo Mercurio, Zacatecas.

El prado de Rosinka (2018) Autora: Gudrun Pausewang A través de sus páginas susurra la necesidad de retornar a un estilo de vida rural, en el que es posible la comunicación con la naturaleza. Mediante cartas, la madre de Gudrun guía a un joven para que él también logre hacer realidad su fantasía bucólica.


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Hestia: Tierra. Número dos. by Las Sin Sostén Colectivo - Issuu