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La Piedrecita de la Felicidad

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Creditos: Derechos Reservados Jose Romero©2019 thelittlestoneofhappiness@gmail.com Autor / Publicador Jose Romero Ilustrador / Guión Grá ico Marvin Rodriguez Madrid (https://marvinmadrid.myportfolio.com/projects) Ilustrador / Artista de Color y Pintura Heather Workman (https://heatherworkman0.wixsite.com/portfolio) --------O--------Agradecimiento Especial: A Jesucristo, por arrojarme un poco de luz para crear esta historia.


Era una ciudad ocupada, con gente muy ocupada, y todos siempre tenían algo que hacer. Había mucha gente allí, y cada uno tenía una profesión particular, como policías, maestros, panaderos, bomberos, médicos, vendedores y muchos otros.

Todos salían de casa cada día para hacer sus respectivos trabajos.


Pero tristemente, se habían quedado tan envueltos en sus trabajos, que habían olvidado sonreír, saludarse, reírse de algo gracioso e incluso jugar con sus hijos.

Habían dejado atrás el verdadero disfrute de la vida. Lo peor de todo, habían olvidado lo que era la felicidad.


En una tienda de comestibles, una mujer estaba discutiendo acaloradamente con el cajero, porque le había dado accidentalmente la cantidad de cambio equivocado.

“¡QUIERO MI DINERO!”


En el banco, un anciano se levantó y miró tristemente la larga fila, un joven lo vio y comentó con amargura:

“Tengo el mismo derecho que él. Que se ponga en línea como todos los demás.”


En un autobús, una mujer cansada estaba de pie, y nadie le ofreció un asiento.

Un hombre gruñó: “Yo también estoy cansado, y no voy a ceder a mi asiento.”


En la calle, tres niños perseguían con grandes palos a un pobre perro sin hogar. Estaban poniendo toda su energía en atraparlo, para poder golpearlo.

“¡AGARRENLO!”


Y así sucedió, día tras día, esa ciudad había perdido toda consideración por los demás.

Esa ciudad no era feliz.


Un día, en la acera de una calle concurrida de la ciudad, todos caminaban como de costumbre.

Cada uno se ocupaba de sus asuntos y caminaban en diferentes direcciones.


Un hombre de negocios de una compañía conocida que caminaba por aquella area se dio cuenta de que en el medio de la acera había una pequeña piedra.

Era raro ver una piedra en esa acera en particular, ya que era la calle principal, donde estaban las tiendas más concurridas. Esa acera siempre estaba muy limpia.


Muchos notaron la presencia de la pequeña piedra, justo del tamaño de una nuez, pero casi todos trataron de ignorarla.

Siguieron avanzando, ocupándose de sus propios asuntos.


Pero cuando el hombre de negocios pasó cerca de la pequeña piedra, los recuerdos de su infancia le vinieron a su mente.

Recordó cuando jugaba con sus amiguitos del vecindario pateando una pequeña piedra en la calle. Se divertían mucho pateando la piedra uno al otro.


En ese momento, pensó: “¿Qué pasa si pateo la piedra?”

Luego pensó: “No, ¿qué pensará la gente cuando me vean tan bien vestidos con mi traje y corbata, pateando una piedra? Pensarán que estoy loco.”


Entonces. . . Despacio y pensativo, continuó su camino.

No muy lejos del hombre de negocios, Pasaba una mujer que notó la pequeña piedra.


Se detuvo justo enfrente y pensó: “Recuerdo cuando jugaba con mis amigos cuando era niña,

arrojando pequeñas piedras al lago para ver qué piedra saltaba más lejos”. Luego pensó: “No, no podría hacer eso aquí. Podría romper una ventana, o peor aún, golpear a alguien.”


Así que con un sentimiento de anhelo y un poco triste, la mujer siguió su camino dejando atrás la pequeña piedra.

En ese momento, un niño que caminaba con su padre se encontró con la piedra solitaria.


El niño se detuvo, recogió la piedra, la lanzó al aire y luego trató de atraparla.

Este fue un desafío divertido, así que lo lanzó una y otra vez.


Su padre se detuvo para ver a su pequeño hijo jugar,

pero los que pasaban cerca estaban asustados, pensando que la pequeña piedra podría golpearlos.


El pequeño niño felizmente tiró la piedra y la atrapó, pero la gente que pasaba causó un poco de conmoción,

empujándose unos a otros, mientras intentaban salir del área de peligro para no ser golpeado por la pequeña piedra, justo del tamaño de una nuez.


Aún así, el niño pequeño lanzó la pequeña piedra una vez más, pero esta vez no pudo atraparla.

La piedra cayó justo delante de un par de zapatos negros y muy brillantes que se detuvieron cerca. De pie en los zapatos estaba el hombre de negocios, que se había regresado para ver el juego de aquel niño.


De repente, pero con suavidad, el hombre pateó la pequeña piedra con gran precisión, directamente a los pies del niño.

El niño sonrió ampliamente,


y devolvió la piedra con una patada tan fuerte,

que sobrepasó al hombre...


...y aterrizó a los pies de un policía

que estaba patrullando el área ese día.


Ahora el niño estaba muy asustado.

Se quedó congelado, con carita culpable.


Pero para sorpresa de todos, el policía se unió también al juego,

pateando la pequeña piedra.


“¿Qué está pasando aquí?”, exclamó una anciana. “¡Pásamela a mí!”, Gritaban otros.

El juego del siglo había comenzado.


De repente, todos querían patear la piedra. Los empleados con entusiasmo dejaron sus tiendas desatendidas, porque querían ser parte de ese gran juego.

La gente olvidó sus tareas, sus preocupaciones, sus agendas y sus negocios, todo por esa pequeña piedra, del tamaño de una nuez.


Sus rostros brillaban de felicidad en ese inusual momento,

en el que muchos fueron transportados a los mejores momentos de su infancia.


Era como ver a muchos niños vestidos con ropa de adultos, jugando sin parar.

No hubo enojo, ni discusiones, ni peleas, ni una sola cara larga, solo un gran deseo de compartir aquel divertido momento con los demás.


De repente, en la euforia del juego, gracias a una fuerte y apasionada patada, la pequeña piedra voló lejos. . .

Era como si el tiempo se hubiera detenido, mientras todos los ojos seguían el arco de la piedra, preguntándose dónde caería.


La piedra cayó bruscamente al suelo y rebotó una vez, dos veces...

y la tercera vez, cayó directamente en una rejilla de alcantarillado.


Hubo un silencio momentáneo,

y todos se miraron con consternación.


Pero inexplicablemente, se escuchó una gran risa entre la multitud.

De repente, todos empezaron a sonreír y reír de contagiosa felicidad.


Algunos se abrazaron, otros se estrecharon la mano...

Pero todos estaban felices, celebrando un momento que no olvidarían fácilmente.


Un hombre reía mientras exclamaba:

“¡La vida es muy corta para vivir enojado!”

...y otros que lo oyeron asintieron en acuerdo.


Este fue un día para recordar. Eventualmente, la gente volvió a sus rutinas, pero algo dentro de cada uno había cambiado.

Este día había cambiado sus vidas para mejor.


El niño que comenzó el juego le preguntó a su padre:

“¿Papá, qué pasará ahora con la pequeña piedra?”


Su padre respondió: “Sólo Dios sabe hijo...

Sólo Dios sabe.”


...“Pero espero que otras personas en otros lugares encuentren una pequeña piedra como esta Pequeña Piedra de la Felicidad!”

FIN


y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Mateo 18:3


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La Piedrecita de la Felicidad by Jose Romero - Issuu