No. 8 / 21 DE MAYO 2016
ESPECIAL DE LA GUALDRA EN CANNES
DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN
Cristian Mungiu. Foto: Thomas Leibreich. Cortesía del Festival de Cannes
El realizador rumano Cristian Mungiu, habitual en la Croisette y recompensado en varias ocasiones en Cannes regresa con un drama social a Cannes, con su quinto largometraje, Baccalauréat. Muy aplaudida al final de la proyección, la cinta podría perfilarse como una posible candidata a la Palma de Oro.
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ESPECIAL DE LA GUALDRA EN CANNES No. 8 / 21 DE MAYO DE 2016
La Gualdra en Cannes
Crónica del 20 mayo CARLOS BELMONTE GREY
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altan ya solo dos días para conocer el Palmarés de la 69 Edición del Festival de Cine de Cannes. Y esta mañana, en el Teatro Lumière nuestra compañera Lluna Llecha ha visto -y esto de mostrar explícitamente nuestros gustos casi nunca lo hacemos- la que película que más le ha gustado del Festival, Baccalauréat, de Cristian Mungiu. Dice que hay algo en la historia y en las imágenes que
consiguió conmover a todo el público de la sala. Sin esperarse, la cinta se apunta entre la crítica como una de las favoritas para llevarse la Palma de Oro en la Competición de largometrajes. Mientras ella veía la cinta de Mungiu yo decidí lanzarme a visionar, en la programación de re-proyecciones –no la pude ver el día de su estreno mundial-, la película Loving del director norteamericano Jeff Nichols. Una clá-
sica historia sobre el racismo y los derechos igualitarios en Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX. Además, Lluna se puso a perseguir, después de asistir a la conferencia de prensa de Mungiu, a una de las personas que se ocupan de elegir la imagen del cartel del festival, mismo que recorrerá anuncios publicitarios y arropará toda la publicidad del festival en el mundo entero.
Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx
Para esta edición del festival, el cartel fue diseñado por Hervé Chigioni y su diseñador gráfico Gilles Frappier a partir de fotogramas del filme Le Mépris, de Jean-Luc Godard FOTO: CORTESÍA
Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita y Enrique Martínez Diseño Editorial
La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.
Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com
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edición especial de la gualdra en cannes no. 8 / 21 de MAYO DE 2016
Película recrea la travesía de una pareja frente a un periodo de la historia estadounidense
Loving, de Jeff Nichols, una historia de amor interracial y la lucha por los derechos civiles Creador se enfocó más por el drama de los protagonista que sobre demandas y debates jurídicos
A
yer fue la retransmisión de la película Loving del director Jeff Nichols que aparece dentro de la Selección Oficial en Competencia por la Palma de Oro del 69 Festival de Cine de Cannes. Decidí pasar por alto algunas proyecciones del día porque, reconozco que, tengo un especial cariño por las cintas históricas y biográficas. La historia de Loving no me era familiar y la curiosidad me mató. Con una ligera tonalidad hacía los colores sepias para imitar las texturas de los videos y películas de los años 60-70 y siguiendo una cronología lineal sin grandes elipses temporales y por tanto, respetando la explicites de los diálogos teatralizados, Loving es un vestigio más, que prueba y trae a la memoria actual, la cruda lucha por los derechos civiles en el marco de la discriminación racial norteamericana. Joel Edgerton (Richard) y Ruth Negga (Mildred) dan vida a una pareja interracial, él blanco y ella negra, que fue expulsada del Estado de Virginia, en donde ellos nacieron, se criaron y tenían sus tierras. Su delito fue
casarse sin respetar la ley del Estado que prohibía los matrimonios y relaciones de este tipo por considerar que si Dios separó las razas por colores y continentes los humanos no eran nadie para violarlas con mezclas “antinaturales”. La pareja Loving se casó en 1958 en Washington, lo hicieron ahí para evitar la prohibición de Virginia. Sin embargo, al regresar a su casa, el juez y sheriff del condado declararon ilegal ese matrimonio en Virginia, los encarcelaron y expulsaron, sin derecho a regresar en los próximos 25 años. Solo unos años pudieron soportar en el exilio, porque pronto se pusieron en contacto con abogados y asociaciones civiles que les ayudaron a buscar una solución. Comenzaron de esta manera una lucha por integrar enmiendas a la Constitución y obligar su ejecución en los estados de la Federación. El affaire se conoció como el caso “Loving contra el Estado de Virginia”. Loving es, pues, la historia de esta lucha por los derechos civiles y humanos. Pero no es una historia de demandas y debates jurídicos. No hay tribunales ni hombres trajeados. Nichols se preocupó más por ir al drama, primero de la pareja, y después de la familia obligada a
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Una mirada para el mundo: los carteles oficiales de Cannes
ivimos en una sociedad en que la imagen –y bien lo saben las agencias de publicidad– juega un papel primordial para la transmisión de un mensaje. En un festival de cine en que justamente la imagen está al centro de todas las miradas –para ser comentada, evaluada, juzgada, criticada, admirada o premiada–, los carteles que anuncian el evento ocupan un lugar central. Durante los doce días que dura el Festival, y suponemos que muchos días antes, centenares de carteles de toda índole inundan la ciudad: mensajes publicitarios que colorean farolas y fachadas de edificios y todo tipo de superficies en la que se pueda pegar un trocito de papel, interpelando sin parar nuestras retinas, acostumbradas ya a esta agresión pasiva. Cada sección en competición oficial del Festival –Competición para la Palma de Oro, Un Certain regard, Fuera de Competición, Sesiones de medianoche y Sesiones especiales y Cortometrajes en competición– tiene su propio cartel, elaborado con mucho cuidado cada año. Los carteles oficiales del Festival, por ser los que anuncian al mundo entero el evento, son los que ocupan un lugar más destacado en la ciudad. Impresos en gran cantidad de formatos diferentes, se pueden admirar ondeando en las farolas de la Croisette y en fachadas de los
vivir en la ciudad, fuera del ambiente que ellos preferían y de donde se sentían pertenecer, el campo. Quedan puestos en relieve los sentimientos de agobio y desesperación, además de lo “ingenuos” nos pueden parecer los argumentos racistas de los jueces y abogados del sureño estado. Decimos “ingenuos” a la distancia del tiempo y de la normalidad de ver por la calle parejas en quienes lo que menos uno puede pensar es que uno/a es blanco, negra, amarilla, roja o café. Nichols, quien en el 2011 se llevó el premio de la Semana de la Crítica en el marco del Festival de Cannes y cinco nominaciones en el festival Independent Spirit Award con la película Take shelter, comentó que no comprendía cómo una historia tan importante para la vida contemporánea de los Estados Unidos le hubiera pasado inadvertida a él y a otros cineastas. Por eso la recuperó y respetó en la medida que un largometraje se lo permitiría. Contar una historia que duró más de 10 años con polémicas nacionales tuvo que ser resumida en poco más de 120 minutos. Este tipo de historias no suelen ser de las
Cartel promocional del filme FOTOS: CORTESÍA
favoritas por los jurados de Cannes, cuando menos no en la historia reciente del festival, pero uno nunca puede desechar algunas sorpresas.
LLUNA LLECHA
Algunos de los carteles utilizados a lo largo de la historia del festival FOTOS: CORTESÍA
edificios principales como en la del Palais des Festivals, hartamente fotografiado por prensa y público en general. Además, el cartel del año en curso se puede contemplar en casi todas las tiendas, comercios y restaurantes de la ciudad y se puede comprar en las tiendas del Festival, en papel o estampado en camisetas. La historia del cartel oficial se remonta a los inicios del Festival de Cannes, en 1946. Por aquél entonces el evento tenía lugar a finales de septiembre, inicios de octubre, y se encargó el trabajo a Leblanc: un cartel sobrio y elegante que anunciaba el Festival Internacional del Filme. Los años siguientes, el cartel fue realizado por diferentes artistas, siempre con una estética similar: dibujos con trazos finos, con colores suaves y en los que a menudo –aunque no siempre– se repite con variaciones algún mismo motivo: el mar, cintas de cine, banderas de países, motivos florales, palmas
de oro, rostros o siluetas de mujeres. Todo ello obra de artistas muy diversos o agencias de publicidad. En 1992, para la 45ª edición del Festival, la estética cambió radicalmente: de dibujos o ilustraciones más o menos realistas, se pasaba a una adaptación por Michel Landi de una fotografía de Marlène Dietrich. A partir de ese momento, se alternan las ilustraciones con fotogramas, carteles de películas y fotografías, obteniendo estas últimas cada vez más protagonismo a medida que avanzaban los años. Así Juliette Binoche, Marilyn Monroe, Paul Newman y Joanne Woodward, Marcello Mastroianni o Ingrid Bergman eran los grandes homenajeados en las últimas ediciones. Para esta 69a edición del Festival, el cartel fue diseñado por Hervé Chigioni y su diseñador gráfico Gilles Frappier a partir de fotogramas del filme Le Mépris, de Jean-Luc Godard.
Festival de Cannes
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edición especial de la gualdra en cannes no. 8 / 21 de MAYO DE 2016
“¿El fin justifica todos los medios?”, lla pregunta principal que guía esta historia, comparten
Baccalauréat, de Cristian Mungiu, una experiencia ética para el espectador
Festival de Cannes
Con este filme el realizador rumano regresa a Cannes por la Plama de Oro
LLUNA LLECHA
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ras Occident (Quinzaine des Réalisateurs, Cannes 2012), 4 meses, 3 semanas, 2 días (Palma de Oro, 2007), Historias de la edad de oro (2009) y Más allá de las colinas (Premios al mejor guion y a la mejor actriz, 2012), Cristian Mungiu vuelve a Cannes, para esta 69a edición del Festival, con su quinto largometraje, Baccalauréat. El realizador rumano, habitual en la Croisette y recompensado en varias ocasiones en Cannes, regresa con un drama social. Para ello cuenta con dos actores principales que llevan el peso de la cinta: Maria Drgu –conocida sobre todo por encarnar al personaje de Kiara en el filme de Michael Haneke, La cinta blanca, recompensado con la Palma de Oro en Cannes en 2009– y Adrien Titieni –actor rumano de renombre en el teatro y el cine, que ha actuado en más de 50 películas. Completan el reparto Lia Bugnar, Mlina Manovici, Vlad Ivanov, Gelu Colceag y Rare Andrici. Romeo (Titieni), médico en una pequeña ciudad de Transilvania, lo ha dado para que su hija, Eliza (Drgu), sea aceptada en una prestigiosa universidad inglesa. A esta excelente estudiante solo le falta aprobar con sobresaliente el examen final de bachillerato para acceder al futuro brillante que se le presenta, lejos de los problemas sociales y económicos de Rumanía. Eso es lo que desean sus
padres. Lo que parecía una mera formalidad, teniendo en cuenta las excelentes notas de curso de la chica, se complica cuando ésta es agredida un día antes de las pruebas, desestabilizándola por completo. Con esta agresión, Romeo se ve obligado a tomar una serie de decisiones opuestas a los principios que ha inculcado a su hija y que le llevan a cuestionarse –al mismo tiempo que nos cuestionamos– sobre la moralidad o la ética de ciertas acciones. “¿El fin justifica todos los medios?”, ésta parece ser la pregunta indirecta que vehicula el filme. La cinta respeta la cronología de los hechos aunque se mantiene subjetiva, siempre narrada a través del comprensivo y paciente Romeo, seguido de cerca por la cámara en una sucesión de planos secuencia que nos transmiten sus sentimientos, sus sensaciones, sus pensamientos, desde todos los ángulos. Romeo se cuestiona también sobre lo que debe o no contarle o a su hija, sobre los valores que quiere inculcarle, y que generan muchas preguntas en el espectador: ¿cómo preparar a sus hijos para la vida? ¿Hay que guiarlos por el mismo camino que uno ha seguido o hay que animarlos a tener principios, a pesar de las adversidades? ¿Hay que prepararlos para que se conviertan en supervivientes en el mundo real o tienen que aprender
Cartel y fotograma de la película Baccalauréat, historia de un médico y su hija FOTOS: CORTESÍA
a luchar para ser honestos y cambiar el mundo en la medida de lo posible? ¿Deben luchar por su propio confort o respetar a los demás y luchar por sus valores? Baccalauréat se convierte en una radiografía del momento en que uno se da cuenta de que ya ha recorrido la mayor parte del camino y que ya ha tomado prácticamente todas las decisiones importantes de su vida. En ese preciso instante en que la educación de los hijos es lo que todavía puede dar un sentido a todas las pruebas que uno ha tenido que afrontar: “eduquen bien a sus hijos, ayúdenles a tomar decisiones mejores de las que ustedes tomaron”, decía Mungiu en una entrevista para Cannes. Pero Baccalauréat es también una historia sobre los compromisos y los principios del hombre, sobre las decisiones y las elecciones, sobre el individualismo y la solidaridad, sobre la educación, la familia y la vejez, a la vez que describe la historia de una sociedad y de sus instituciones. “¿Existe una relación entre el compromiso, la corrupción, la educación y la pobreza?”, se preguntaba el realizador. Y observaba: “hay una relación entre la corrupción social y los compromisos morales a los que nos adaptamos a lo largo de la vida sin darnos cuenta”. Baccalauréat, posible candidata para la Palma de oro
En la posterior rueda de prensa, en la que estaban presentes el director y los actores, Mungiu explicaba: “Leo mucho la prensa. Había muchas historias que hablaban de corrupción y otras que hablaban de educación. De ahí partió la idea del filme. En la vida, hay que poder adaptarse para superar la situaciones difíciles, para decidir lo que es justo y lo que no lo es, qué acciones son aceptables para cada uno y cuáles son los límites”. Interrogada sobre su visión del filme, la joven actriz, Maria Drgu, explicaba: “Es una historia muy universal para mí. Yo no he crecido en Rumanía. Mis padres me han educado en el espíritu de la cultura rumana pero hay cosas que no se pueden comprender si no se ha vivido allí. He intentado hacerlo desde el interior. La película requería expresar una gran diversidad de emociones”. Y Mungiu concluía: “la película no solo habla de Rumanía sino de la sociedad en general. Espero que el filme genere preguntas éticas en el espectador. He hecho esta película como un mensaje universal. Me gustaría contribuir a tener un mundo mejor del que tenemos. Hacemos películas para explicar historias, para formular preguntas, para buscar un mundo mejor a nuestro alrededor”. Muy aplaudida al final de la proyección, la cinta podría perfilarse como una posible candidata a la Palma de Oro.