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La Gualda 596

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SUPLEMENTO CULTURAL

NO. 596 /// 30 DE OCTUBRE DE 2023 /// AÑO 13

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

José Guadalupe Posada. Calavera de mujer elegante. Esta imagen es considerada la primera calavera catrina y apareció en la portada de La patria ilustrada en 1889 por el Día de Muertos.

El martes 31 de octubre, a las 6 de la tarde, se llevará a cabo el desfile de Día de Muertos en el centro histórico de Zacatecas. En esta ocasión, participa San Luis Potosí como estado invitado, con la representación de Xantolo, una de las tradiciones más significativas y emotivas de la Huasteca Potosina en la que se celebra y da la bienvenida a los muertos que nos visitan durante estos días.


La Gualdra No. 596

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LA GUALDRA NO. 596 /// 30 DE OCTUBRE DE 2023 /// AÑO 13

Editorial Este año no habrá buena cosecha, no llovió cuando se esperaba y las heladas nos tomaron por sorpresa. Cuentan que ya nuestros antepasados recordaban durante esta temporada a sus difuntos, justo cuando recogían los frutos que había dado la tierra, y es por eso que desde antes de que llegaran los españoles se celebraba ya la tradición de honrar a los muertos en estos días; con el paso del tiempo se modificó al punto de fijar el 2 de noviembre como la fecha oficial en que las almas de los que han fallecido regresan a la tierra; haya o no haya cosecha, los muertos regresan. En Zacatecas la forma de celebrar el Día de Muertos ha ido cambiando, debido quizá a que, gracias al internet, hemos conocido otras formas tradicionales de honrar estos días en distintos lugares de nuestro país. La primera vez que supe que a los difuntos se les honraba con altares fue en Río Grande a finales de la década de los 80; aquí en la ciudad capital esta tradición se fue poco a poco adoptando de otras comunidades al punto de que ya la consideramos como nuestra. Las tradiciones se adoptan y se inventan también y mientras la comunidad participe y las haga suyas entonces se van haciendo parte de las celebraciones cotidianas; en este sentido considero que los altares, el adorno de las fachadas y los desfiles en Zacatecas han sido un gran acierto porque por lo menos en estas fechas -haya cosecha o no- la gente participa y se une en torno a creencias en común. No sé si a usted le pase, pero a mí esto de la muerte como que ya me está preocupando, como que ya no le veo tan lejana como cuando era niña y pensaba “la gente muere”; cuando uno tiene menos de 35 años ve hasta cierto punto lejana la posibilidad de morir, pero cuando uno rebasa esa edad entonces llega la certeza de que “joven-joven lo que se dice joven” ya no se es, aunque nos sintamos de 18 todavía. Luego, cuando tiene uno más de 40, aunque digamos que estamos “en la flor de la vida” empiezan las cosas a rechinar. Ni hablar. Y ya ni decir cuando rebasamos el medio siglo; caray, las visitas al médico comienzan a hacerse más constantes, y somos afortunados si son

Contenido sólo las de “mantenimiento general”; empezamos a usar lentes, a tomar vitaminas, y a procurar bajarle al desorden. Ni hablar también. Llega también el momento en que la gente que muere ya no es tan lejana y ahí es cuando las cosas se ponen tristes, porque “los grandes de edad”, los viejos, pues, ya no son tan lejanos a nosotros y empieza poco a poco a caernos el veinte de que hemos vivido más de la mitad de lo que nos toca estar aquí. Con la pandemia se agravó todo este panorama y entonces vimos que no sólo los ancianos se iban, sino que más gente de nuestra generación o cercana a ella se ha ido marchando también. La frase de la canción “en qué quedamos pelona, me llevas o no me llevas” ya no se canta igual desde entonces, y prefiere uno a veces no cantarla, no vaya siendo que nos tome la palabra. Creo que me di cuenta de que mi relación con la muerte ya no era la misma -casi ajena- cuando supe que, hace dos años Juan Luis -mi compañero del kínder- murió de un infarto a media calle y yo me quedé muda sin poder atinar a despedirlo. Luego, Chayo murió a menos de una semana de haber comenzado a sentirse mal; al poco tiempo Quetín falleció de tristeza, y yo apenas doy crédito de su partida. Édgar dijo sentirse cansado en abril, fue al médico, la siguiente semana lo operaron y dos meses después estábamos ya en su misa de cuerpecito presente: en ocho semanas vi cómo se preparó para partir como quien organiza un viaje largo y hoy parece que lo veo diciéndome: “Calma, que de prisa vamos”. Los nombres que aquí he dado puede usted sustituirlos por los que le sean familiares, porque de seguro también tiene a quién recordar durante estos días. Como diría Tomás Méndez, “Viene la muerte luciendo mil llamativos colores”, y mientras nos encuentra, sólo espero que nos halle felices levantando la cosecha de lo que hemos sembrado en esta maravillosa vida. Que disfrute su lectura.

3 Breve reseña de La clase obrera en Zacatecas. Mutualistas, sindicatos, huelgas y derechos laborales (1857-1926) Por Héctor Gutiérrez Acevedo

4 La triple llama. Tres libros de Fernando Trejo Por Francisco Magaña

5 Lo sombrío de una poética technicolor [Sobre El paisaje de la boca, de Rodrigo Peralta] Por Gastón Malgieri

6 La cosa más vulgar y deliciosa, diálogo inmoral en El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde Por Daniel Sibaja

7 Vivir es increíble Por Edgar Khonde Killers of the Flower Moon, de Martin Scorsese: las razones de la violencia Por Adolfo Nuñez J.

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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

(Im)posibilidad de la experiencia estética Por Álvaro Luis López Limón El terror como elemento catalizador en el Musical Por Solanye Caignet Lima

Directorio

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Sandra Andrade Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Jánea Estrada Lazarín y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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Breve reseña de La clase obrera en Zacatecas. Mutualistas, sindicatos, huelgas y derechos laborales (1857-1926) 6 Por Héctor Gutiérrez Acevedo do a la mujer de élite sobre la mujer de clase baja. La armonía y solidaridad de las sociedades mutuas se fueron apagando como luces de Navidad en enero, debido al cambio de postura que tomaron los trabajadores mexicanos, sustituyendo la mutualidad por una lucha de clases a inicios del siglo XX. En la entrada de ese siglo se observaron destellos de la revolución industrial en nuestro país; con Porfirio Díaz en la presidencia se apreció una transformación del maestro artesano en la figura del modesto obrero. También se observó una clase de alternancia entre el gobierno de Porfirio Díaz y los líderes sindicales, lo que se puede catalogar como el inicio del corporativismo nacional que se desarrolló entre gobierno, líder sindical y obrero, representando los peores beneficios para el último de los mencionados. La opresión hacia los trabajadores durante el porfiriato no pasó desapercibida, manifestándose con un aproximado de 250 huelgas en ese lapso. Estructura industrial de la clase obrera: recomposición laboral e ideologización. René Amaro divide el movimiento de 1910 en suelo zacatecano, en dos etapas: 1. El levantamiento anti-porfirista a cargo de Francisco I. Madero; y 2. La revolución social de los sectores obreros, campesinos, clases populares, entre otros, que emprendieron en contra de las empresas, hacendados por una mejor calidad de las condiciones laborales. Uno de los gritos de justicia que se dio en el Estado fue en el año de 1917 con la formación de la Cámara Obrera de Zacatecas, constituida por compañeros que tuvieron como objetivo ayudar y proteger a sus obreros, en su mayoría los miembros compartieron una idea anarquista. El periodo pos revolucionario en Zacatecas se dio un mosaico de grupos políticos, económicos y sociales, reflejado en las emisiones periodísticas, como por ejemplo: Semanario tierra, apoyado por el sector campesino a favor la reforma agraria; los anarco socialistas con Alba Roja; los sindicatos liberales, Cámara de comercio; y los sindicatos pertenecientes a los católicos con El amigo obrero. La investigación de Amaro Peñaflores no sólo no escatimó en

Libros

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os gremios fueron agrupaciones de artesanos que se componían por formar una corporación religiosa que funcionaba como una cofradía que reflejaba características económicas-productivas, otorgando una jerarquía en la agrupación. Las categorías de mayor a menor importancia fueron las siguientes: maestro, oficial y aprendiz. Los gremios los consideramos como una especie de antecedente sindical, durante el periodo de la Nueva España hasta el México independiente, a mediados del siglo XIX. La cofradía de los zapateros que se ubicaba en la calle de los zapateros (en la actualidad calle Allende del Centro Histórico de Zacatecas) fue el axioma del cambio del orden gubernamental de la Corona española y la nación mexicana, reflejándose en el número de sus agremiados. En 1781 esta cofradía se componía por 141 maestros zapateros; para el año de 1836, el número descendió a 96. René Amaro nos señala cómo se fue dando un proceso gradual de los gremios; del haberse preocupado en temas religiosos hasta pasar por temas políticos, como fue el caso de algunos integrantes de los gremios de zapateros, carpinteros, barberos, sastres, plateros, comerciantes, barreteros, entre otros, que decidieron apoyar la candidatura a gobernador del estado de Zacatecas de José González Echeverría. La configuración de los procesos económicos y políticos crearon una coyuntura en las cofradías, abriéndole las puertas a las asociaciones mutualistas que se desarrollaron como aquellas sociedades que reciben una cantidad monetaria cada periodo de tiempo estipulado por la mutualista, la cual se encargará de ejercer dicho presupuesto para beneficio de sus socios cuando necesiten apoyo en situaciones de enfermedad, vejez o pérdida de un familiar; en pocas palabras: una seguridad social. En esta obra se hace mención del papel de las asociaciones feministas a finales del siglo XIX y principios del siglo XX; René Amaro divide la participación de las mujeres en las asociaciones en dos formas, una de ellas cimentada por el corporativismo liberal desde el clasicismo, robustecien-

la consulta de archivos, sino que también se respalda del contenido hemerográfico. En la obra se menciona que durante los primeros treinta años del siglo XX hubo conflictos y huelgas importantes a nivel estatal que marcaron el antecedente de futuros reclamos sociales: 1. El levantamiento obrero hacia la empresa minera Mazapil Cooper Co. LTD, exigiendo mejores salarios fue un movimiento turnado a la Junta de Conciliación y Arbitraje apoyado por el gobernador Enrique Estrada y los dirigentes sindicales Tomás Leal y José Inés Medina. 2. Movimiento en la minera Sombrerete Mining Company, durante el año de 1923, resaltando el accidente laboral de siete mineros, quienes afortunadamente no sufrieron lesiones mayores. 3. En el año de 1923 la empresa The Fresnillo Mining Company, protagonizó el desplome de un malacate en un tiro de Beleña, dejando a un operador lastimado de una pierna y otros tres operadores muertos, las malas intenciones por parte de los directivos de la empresa The Fresnillo Mining Company provocaron el levantamiento a huelga de sus trabajadores quienes exigían mejores condiciones de trabajo, tan-

to en labores de peligro e higiene, servicio médico y aumento del 50% de salario. La huelga inició el 29 de mayo de 1923 y culminó el 12 de junio del mismo año con los siguientes resultados: indemnización y servicios médicos a víctimas de accidentes laborales y un aumento del 10% a todos sus empleados. El Dr. René Amaro nos relata que el no haber conseguido los mineros de Fresnillo todas sus demandas, no significa que hayan sido derrotados, todo lo contrario, obtuvieron algunos beneficios y el reconocimiento como trabajadores y sindicato. La clase obrera en Zacatecas. Mutualista, sindicatos, huelgas y derechos laborales (1857-1926) es un libro que se desarrolla en la génesis de los sindicatos y sus antecedentes gremiales y mutualistas. Uno de los objetivos del autor es revindicar los postulados sindicalistas. Así, de la concientización de una idea de sindicatos sin ataduras corporativas y políticas, las cuales han contaminado a los líderes sindicales hasta nuestros días. Es imposible en pocas palabras contextualizar lo escrito por el Dr. René Amaro Peñaflores, por lo que les hacemos una cordial invitación a revisar su obra.


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La triple llama. Tres libros de Fernando Trejo

Poesía

6 Por Francisco Magaña*

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o es común asistir a una reunión como a la que hoy nos convoca el poeta Fernando Trejo (Tuxtla Gutiérrez, 1985) a través de esta Feria del libro. Es atípico que un joven presente de una sola vez su producción reciente, tres en este caso, consignadas bajo el signo de la transparencia, bajo el rigor que desdeña todo lo que no conlleve a su propósito, con un dominio del oficio que denota años de sostenida disciplina, como se aprecia en su producción poética. Enhorabuena, Fernando, por tu año de Gutenberg.

Tres libros, tres miradas, tres rutas: Tristera, En los ojos del mar y Las armas que nos dejó la guerra fueron publicados en 2022. El primero obtuvo el Premio Nacional de Poesía Tijuana de ese año, Las armas que me dejó la guerra el Premio Primeros Juegos Florales de Comitán Raúl Garduño 2020 y En los ojos del mar publicado por Cuadrivio, tiene el reconocimiento de pertenecer a un catálogo notable en la edición de tres géneros literarios. Este conjunto de libros dirige su detenida atención en la mirada. Son títulos que dejan en claro la diferencia entre mirar y ver; libros en que la visión demorada, lenta, de los acontecimientos mantiene a distancia el sentimentalismo para ejercer como testigo de primera mano con esa lucidez que concede la cercanía y a la vez con la distancia que exige la escritura. En los dos primeros, Tristera y En los ojos del mar la familia juega un papel insoslayable.

Tristera pertenece a un linaje de acendrada tradición en la poesía: la pérdida de un ser querido como detonante para pasar en claro la película en blanco y negro y consignar los hechos y transformarlos a través de la poesía. Oscura palabra (1965), de José Carlos Becerra, Algo sobre la muerte del mayor Sabines (1973), Descripción de un brillo azul cobalto (2009) de Jorge Esquinca, La invencible (2012), de Vicente Quirarte, son algunos de los títulos emblemáticos que conforman una larga lista. Francisco Hernández en su libro En las pupilas del que regresa (1991) escribió quizá uno de los versos más demoledores a la muerte del padre. Citaré, y disculpen lo extenso, un fragmento de «La tristeza de mi hijo en un campo de Fut Seven», porque aquí el recuerdo es tan plástico como una escena, pero además porque aquí hay una síntesis de generaciones, una transfiguración y un festejo, a pesar de todo, por la existencia, por los motivos que hay para cantarla: Con esa voluntad de director técnico mi padre celebró el empate a 3. Pero el alargue cedió en el contragolpe a los contrarios que anotaron un gol de pena máxima. La tristeza de mi hijo se me coló en los ojos cuando el árbitro elevó las manos para ponerle fin al resultado. Corrí a abrazarlo para que no le doliera la tristeza, para que su derrota fuera mía, para hacerle creer que mis palabras valían más que un partido de fútbol.

que regresé aquel recuerdo de mi niñez con mi joven padre consolándome en ese domingo en que perdimos la final con el Telefonistas frente al Talentos Deportivos. Pero no. Mi padre ahora era yo. Y mi hijo un pequeño que traía de golpe mis recuerdos. En las gradas, abrazándolo, liberé todos los miedos de aquel niño que fui, de ese pequeño que hoy se desvanece, que se despide de mí desde la línea de meta con una reverencia hacia las gradas, donde estamos, sin mirarlo, mi padre, mi hijo y yo.

El tiempo y el ayer trastocados en feliz conjugación para uno de los más emotivos poemas de esta trilogía no creo que del todo involuntaria. Y por esa resurrección voy a leer el final de un poema de Tamara Kamenszain, de El ghetto (2003; 2012): Dios nos archivará distintos en su libro de parentescos en el viejo yo vos en el nuevo dos testamentos a la fosa común y después que nos identifiquen.

Pero no. Nunca como esa vez me ha dolido tanto una postal. Porque tal fue su coraje en mí

En los ojos del mar es una exploración dividida en “Conversaciones”, “Huellas” y “Cartas a la mar”, en la que el poeta recurre al género epistolar y accede al entorno sanguíneo más inmediato, y la destinata-

ria entonces actúa para dar pie a que el tema vaya encontrando aristas, perspectivas para seguir trabajando, con la escritura ceñida, limpia y puntual que caracteriza a los tres libros: ya sea en verso libre, ya sea en el poema más delineado con tintes aforísticos que van de la epístola al telegrama, ya sea en el poema en prosa en el que alcanza una notable resolución. De En los ojos del mar y como sustento a mi decir les leo este poema: Una gota cayendo es una forma de la eternidad. Porque la eternidad, mamá, es oblicua. Como los ojos de un pez. Como la fractura en la costilla de Dios.

* Las armas que me dejó la guerra, publicado en Quetzaltenango, Guatemala, con el sello de Metáfora editores, rinde tributo a la fotografía en general y a un fotógrafo en particular: Peter Lindberg, de la que comparto con ustedes un texto de este libro, “Pequeña biografía de Peter”: “Peter Lindberg creció en una granja en Duisburg, Alemania. Fue un niño hecho de fragmentos de pólvora. Nació de una explosión en el vientre de la guerra. Habló disparos y formas antes que palabras y cantos. Caminó tonos, descubrió perspectivas. Miró blancos y negros antes que ojos: la vista saturó sus instintos. Robó las técnicas de Günther C. Kirchberger, trazó lienzos por Van Gogh. Pero aprendió a disparar, dijo, con las armas que me dejó la guerra una mañana en Berlín”. Y de esta pólvora está fraguada esta trilogía de la muerte, del corazón y de la mirada, es decir, de la vida.

Pueblo Nuevo de San Isidro Labrador, Año de Dios. Texto leído en la presentación de Tristera, En los ojos del mar y Las armas que me dejó la guerra, en la Feria Internacional del Libro de la UJAT, el 24 de marzo de 2023.

*Francisco Magaña (Paraíso, Tabasco, 1961). Poeta, traductor, artista visual y editor fundador de Ediciones Monte Carmelo. Una pieza suya pertenece a la colección de Milenio «El amor visto por el arte». Tradujo La noche inquieta, de Henri Michaux (UAQ, 2016) y Canción para la comida del ogro, de Edmond Jabès (Taberna Libraria, 2015). Algunos de sus títulos recientes son Querencias (Manosanta, 2018), Primer mundo (UAQ, 2019) y Fe (Cataria, 2020).


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Lo sombrío de una poética technicolor [Sobre El paisaje de la boca, de Rodrigo Peralta] 6 Por Gastón Malgieri

Poesía

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Se puede pensar ese órgano que es la boca, como un territorio desbordado de recuerdos? ¿Son los labios el lodazal donde la memoria (individual, colectiva) intenta, una y otra vez, hacer pie? "Caminar fuera de los límites permitidos", dice el poeta en "Bajo los árboles", versos con los que abre el libro. Tan solo seis palabras le alcanzan, para invitar al eventual lector, o lectora a esa casa derruida que también fue nuestro hogar de la infancia. Claro que, en este acto, Rodrigo no nos está exigiendo credenciales que certifiquen padecimientos comunes, para que sus textos tengan una densidad emocional que logre hacernos temblar el cuerpo al leer. Por el contrario: escribir, es decir, dar a leer, en Rodrigo es un acto que tiene mucho más que ver con el afecto. Ofrece sus poemas, los cimientos de su país derrotado, a compatriotas que tampoco creemos demasiado en la trampa de las fronteras. Esa invitación a patear más allá de todos los muros, es también, su modo tierno de convidarnos (otra vez) al acto exploratorio al que nos zambullíamos cuando éramos niños imprudentes. Velar al padre, encabronarse por la apatía de los poderosos, en este libro, tienen la misma potencia que la vez que trepamos a lo más alto del único maitén que quedaba en pie en todo el barrio, para ver qué había del otro lado de la miseria. Cuando me refiero a la cadencia de este mapa sentimental al que somos convidados en El paisaje de la boca, necesito recurrir al lenguaje cinematográfico. Permítanme esta pequeña digresión. Se le atribuye al expresionista alemán Friedrich Wilhelm Murnau el

Rodrigo Peralta

primer plano secuencia de la historia. En su desembarco en tierras norteamericanas, filma en 1927 "Amanecer" (Sunrise: a song of two humans). En ese metraje hay una escena en la que uno de los personajes se encuentra con su amante, en medio de la noche en un marco infinito de un paisaje de llanura. 50 segundos sin corte le bastan al director para enterrarnos hasta la médula en el núcleo tomentoso de ese vínculo, es su propia contradicción. Rodrigo provoca una alquimia similar con sus textos. Es casi como si nos tomara de la mano para atravesar el chiquero de su país, que también es el nuestro. Habla de Chile (¿cómo no hacerlo?) pero también, de mi pampa húmeda, de las partes violentadas de la selva amazónica, de una cocina perdida en lo más recóndito de las sierras bolivianas, donde un niño tararea su propia canción de cuna. Quiero ser justo: no me refiero a su voz, como una voz seducida por los encantos de la globalización moderna. Lo que intento nombrar, es cierta universalización de la rotura. Cuando digo "universal", digo también "celebración". Un poema suyo, podría decir, tal vez: venga conmigo, compañero. Huyamos donde todos nos vean. Convirtamos el circo romano del patio del Liceo, en nuestro propio cuarto, y besémonos para espantar a las autoridades. Ese poema existe. "Originario sin trayectoria", se llama. Y con él, quiero decir, con la voz de su propio autor, conocí esos versos. De un lado y otro de la cordillera andábamos como sonámbulos con barbijo, escapando de las enfermedades que provoca la ambición de los hombres. Como dicen los españoles, "mira tú, por dónde", lo del plano secuencia tie-

ne algo fundacional en nuestro cruce afectivo. Un video: Rodrigo en su cuarto, entrada la noche de Talca, mira fijo la cámara del celular y lee: "Sus uñas negras y a todo ritmo bajo las influencias de un Paradise en estado de sitio.cl"

No me avergüenza decir que mi voyerismo poético termina en lágrimas. Este hermano chileno, que aún no conozco, habla del patio de mi escuela secundaria, como si la conociera. Finaliza la grabación, como todo lo que hicimos en confinamiento: sin créditos, ni música estridente. ¿A quiénes le leíamos los poetas en el encierro? ¿Qué fe nos hacía exponernos de esa manera impúdica? ¿Es importante saberlo?

Qué importa justificar las tablas de salvación a la que cada uno se aferra en la debacle. La poesía no ofrece respuestas. De ningún tipo. No es un manual de buena convivencia, un instructivo que hace, por fin, funcional el artefacto. Rodrigo lo sabe. Sin habérselo preguntado jamás, arriesgo: por eso escribe. Quiero decir: de qué otra forma sería posible esa mirada technicolor sobre el mundo sombrío, si no es, ignorándolo todo. La poesía de "El paisaje en la boca" es la linterna que alguien más sostiene cuando tomamos la decisión de mirar a los ojos a las bestias nocturnas, para desacralizarlas, y descansar un rato. Una poesía escrita de y para el cuerpo. Para que el lomo pueda descansar de los disparos.

*Argentina. Octubre de 2023. Gastón Malgieri (Mar del Plata, 1977). Escritor, fotógrafo y diseñador gráfico. Reside en la ciudad de Río Cuarto. Ha publicado, entre otros títulos: Porfía (Dársena 3, 2009); Transversos (Atarraya Cartonera, Puerto Rico, 2010); Animales poco útiles (Editorial Cartografías, 2019); El reinado de las abejas (Proyecto Camalote, 2021) y “Monocromø” (Kintsugi Editora, 2022). En 2020 realizó la curaduría y producción general de la edición 14ta. del Encuentro Nacional de Poetas, Editores y Lectores, Aguante Poesía, de la ciudad de Río Cuarto, Córdoba, Argentina. Como diseñador gráfico trabaja actualmente para la editorial argentina Llantén. Obtuvo, entre otras distinciones, el Primer Premio en la Bienal Nacional de Arte Joven (Mar del Plata, 2006). Ha participado con su poesía de diversas antologías, algunas de ellas son: Antología O, editada en Puerto Rico en 2006; FLOTAR, 100 poemas sobre ríos | 100 poetas argentinxs, editada en 2021 por Proyecto Camalote, Argentina; y La lira marica–Una antología de poesía homoerótica argentina, editada por Saraza Ed. en 2022.


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LA GUALDRA NO. 596

La cosa más vulgar y deliciosa, diálogo inmoral en

El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde*

Literatura

6 Por Daniel Sibaja

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S [—¿Pornografía? ¿Ésa es tu adicción? —preguntó el señor R., dirigiéndose hacia mí. /—Sí, ésa es. No pensaba guardármelo más. /—¿Y por qué lo escondes? /—Yo podría explicarlo. Pero cuando rechazo a todos intensamente, me gusta decir el motivo al mundo. Es como adjudicar esa parte a un todo. En mi presente, se me ha dado por odiar el secreto. Es lo más común que puede llevarnos a la muerte moderna convencional y predecible. La cosa más vulgar ya no es deliciosa en cuanto alguien nos descubre. Cuando entro al centro de la ciudad anuncio a todos a dónde fui y qué es lo que hice. Si no lo hiciera, en esto ganarían mis límites. No me atrevo a decir que es un hábito ligero; pero no añade nada novelesco a mi vida... ¿Crees que sigo cuerdo todavía?]. OW [—¿Dorian Gray? ¿Así se llama? —preguntó lord Henry, dirigiéndose hacia Basil Hallward. /—Sí, así se llama. No pensaba decírtelo. /—¿Y por qué no? /—No puedo explicártelo. Cuando quiero a alguien intensamente, no me gusta decir su nombre a nadie. Es como renunciar a una parte de él. Me ha dado por amar el secreto. Es lo único que puede hacernos la vida moderna misteriosa y sorprendente. La cosa más vulgar se torna deliciosa en cuanto alguien nos la oculta. Cuando dejo la ciudad nunca digo a nadie a dónde voy. Si lo hiciera, esto perdería todo su encanto. Me atrevo a decir que es un hábito absurdo; pero trae cierto contenido novelesco a la vida de uno... ¿Crees que estoy loco de atar?]. Dorian Gray es el símbolo de la ¿eterna juventud? O mejor dicho, de la eterna furia de la madurez. La novela nos narra la construcción ingeniosa de un simple retrato, el cual, Basil, el pintor; y lord Henry, discutirán a su alrededor acerca de la belleza y el hedonismo de la época inglesa victoriana. En alguna ocasión un maestro de literatura me dijo que “la mayor virtud del ser humano es el silencio”, a veces no llegaba a entender esta frase.

El que vive más de una vida debe morir más de una muerte. Oscar Wilde, 1898, La balada de la cárcel de Reading

Hoy puedo traspasar esa furia no en un retrato ficticio dentro de un libro, sino en mi espejo mismo. Y lo comprendí hasta hace unos días, después de comenzar a adentrarme a los límites de mi personalidad en la narrativa de Oscar Wilde. ¿Quién juega hoy a los roles más convencionales de la sociedad en este momento? Exclamamos: “yo”, o “yo ya no”, pero aún vamos apuntándonos a ver quién trae la moral mejor elaborada (por no decir, ¿comprada?), lo compartimos en línea a través de un chiste en una imagen (un simple meme) y ocultamos lo peor que realmente somos. Sí, porque tenemos miedo a etiquetarnos en aquello que decimos intentar romper día con día. Porque intentamos ser “civilizados” y no “vulgares”. Esos moldes morales nos carcomen; y cuando erramos, decidimos señalarnos. La verdad es que la vejez tira a todos del cuello; y es cierto, aún le tenemos miedo a la

soledad. Incluso después de la pandemia, los hospitales psiquiátricos abarrotaron sus puertas en una ciudad tan longeva como Mérida, donde la calidad de vida que se promete también corre por debajo de los suelos; y uno se pregunta, entonces, ¿dónde quedaron los “buenos sueldos”? Nunca los hubo. ¿Y la moral? Aunque uno pueda creerse perfecto, tampoco. Oscar Wilde di-

ría que no se puede juzgar en modo alguno a alguien “por lo que escribe”; y a pesar de mis condiciones, de mis errores, o de mis vicios, hoy les cederé a ustedes todo a través de mi escritura; y no tendré miedo a mostrar lo que soy, o a que alguien más lo haga. Ya no más. Escríbanme, si así lo desean, al siguiente correo electrónico: daniel.sibaja97@gmail.com, con gusto les leeré.

* Ver primera parte “Esta luz pálida, diálogo inmoral en El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde [Parte 1]”, en La Gualdra 594: https://ljz.mx/16/10/2023/esta-luz-palida-dialogo-inmoralen-el-retrato-de-dorian-gray-de-oscar-wilde-parte-1/


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30 DE OCTUBRE DE 2023

Vivir es increíble [Cinco]

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una persona cuando muere se convierte en un beso. Seguramente el inframundo nos da acceso a esa cuarta dimensión, en donde el tiempo pierde su importancia y la materia se vuelve tan flexible que permite a una cosa suceder en muchos lugares a la vez. Digo ‘cosa’ a falta de un término más adecuado para nombrar un ente muerto. Pero les decía que ese beso apareció entre los árboles. Era invisible ante los demás, sólo yo podía verlo. No le vi intensiones de acercárseme ni si quiera mostraba interés en mí. Posiblemente en otro momento lo hubiera ignorado, no iba a regresar a la oficina esa tarde, decidí caminar hacía él. El beso parecía concentrado, me dio la impresión de que intentaba

resolver algún problema. Tenía una especie de pizarra frente a sí. La pizarra contenía símbolos o números. El beso ni reparó en mi espionaje. Reconocí una palabra o una forma que representaba una palabra. Articulé en voz alta el sintagma que yo creía haber reconocido y el beso sin voltearme a ver dijo que coincidía conmigo pero que no podía ser tan sencillo. “Vivir”, ¿vivir? Vivir es increíble, dijo. Hay millones de planetas habitables en el universo, millones de formas de vida que no entendemos. En realidad yo no diría que estamos vivos sino que pertenecemos a cierto lugar de la galaxia como un fenómeno puramente natural, como las rocas o los granos de arena. No hay vida en este planeta,

somos parte de una cosa que funciona como un electrón dentro de un cuerpo celeste llamado Vía Láctea, pero que no es más que el juguete de un niño extraterrestre. El beso concluyó que entonces no hay vida y que los besos acceden al inframundo para comprenderlo. Me hubiera gustado ser astronauta, dije. Abracé al beso, le dije que me perdonara y enterré el puñal que llevaba conmigo. Era peligroso que los besos comprendieran su infunción, su no función dentro de la cosa eterna. Yo ya tenía tiempo que me dedicaba a cazar besos, a coleccionarlos, era mi modus vivendi. Mandé una foto a la agencia con el cadáver del beso e inmediatamente recibí un cargo en mi cuenta bancaria.

Río de Palabras

o que extraño de la ciudad son los besos. Los besos que solía encontrar tirados en los parques. Recuerdo uno especialmente. Eran las 4 de la tarde y yo me senté en una banca a armarme un porro. El sol lucía a pesar de las nubes; los niños jugaban con sus bicicletas y un par de perros paseaban atados a sus amos. Prendí el cigarro y entre los árboles apareció aquel beso. No sé si ustedes estén familiarizados con la apariencia de los besos. Como todos sabemos, los besos transmutan en diferentes figuras. Figuras extrañas, indefinibles; es como si una cosa de la cuarta dimensión se hiciera presente en nuestra pobre tercera dimensión. No lo sé, pero pienso que

6 Por Edgar Khonde

Killers of the Flower Moon, de Martin Scorsese: las razones de la violencia 6 Por Adolfo Nuñez J. dencias de la corrupción moral que se encuentra inherente en cada persona. Algo similar ocurre en la monumental Killers of the Flower Moon (2023), su obra más reciente. Basada en la novela homónima de David Grann, la cinta está ambientada durante los años 20 en Fairfax, Oklahoma, zona donde la comunidad nativa de los Osage fue la más beneficiada, al ser dueña de las tierras con el mayor número de pozos petrolíferos. En esta tierra de riqueza y prosperidad hace su aparición Ernest Burkhart (Leonardo Dicaprio), un veterano de la Primera Guerra que se suma a los negocios que administra su tío William “The King” Hale (Robert de Niro). Al poco tiempo Ernest, por consejo de su tío, contraerá matrimonio con Mollie (Lily Gladstone), una nativa Osage, perteneciente a una de las familias más acaudaladas de la zona. Mientras tanto, en dicha región se desatará una serie de muertes dentro de la comunidad Osage; una matanza que irá creciendo de manera cada vez más gradual hasta volverse prácticamente genocidio. En un largo de 3 horas y 26 minutos, Scorsese se detiene en una página oscura en la historia de Estados Unidos, no sólo para evidenciar a un país obsesionado con la riqueza y que ha hecho hasta lo impensable para obtenerla, también para analizar su propio objetivo como cineasta, cuyo propósito final, al parecer, es trasladar una realidad que el público jamás podrá experimentar dentro de una

Cine

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sus casi 81 años, Martin Scorsese no tiene nada que demostrar. Con una notable carrera de 26 largometrajes en un periodo que supera las cinco décadas, es el autor de algunas de las películas más importantes en la historia del cine. En el largo de su trabajo, tanto previo como reciente, ha mantenido su vigencia y ha resonado en públicos de distintas generaciones; razón por la que es considerado, por muchos, el mayor realizador de nuestros tiempos. Resulta de lo más interesante notar que en sus últimos proyectos, el legendario cineasta ha decidido abordar algunas de sus temáticas más recurrentes, pero desde una óptica distinta a la acostumbrada; una que es mucho más meditativa y menos complaciente. Es bien sabido que Scorsese acostumbra esbozar retratos de hombres cuya vida es definida por actos de violencia, siendo estos mismos actos los que les permiten abrirse camino y encontrar su lugar en el mundo. Si en etapas previas de su filmografía el director solía abordar la violencia desde el absurdo, de manera enérgica, en la actualidad la observa con profundo detenimiento, paciencia y sin ningún tipo de adorno. En ese sentido, Silence (2016) y The Irishman (2019), lejos de sólo ser representaciones de momentos dolorosos en la historia humana, son también sendas reflexiones sobre el sinsentido de la vida respecto a su relación con la muerte, así como evi-

narrativa coherente y, sobre todo, empática. De tal forma, lejos de ser una película sobre la lucha del bien y el mal, Killers of the Flower Moon simplemente decide mostrar sus imágenes como lo que en realidad son, es decir, como crímenes imperdonables sin ningún tipo de justificación, perpetrados por hombres de moralidad ambigua. En este acercamiento crudo y sin filtros hacia dichos eventos se asoma la denuncia y la dignificación, pero también las intenciones del realizador de seguir haciendo un cine cada vez más directo, sin resoluciones elaboradas y sin condescendencias. Al despojar de glamur al género

del western, piedra angular del cine norteamericano, Scorsese hace otro tanto con su propio cine. Como tal, el director se permite tomar cierta distancia y cuestiona cuáles son las verdaderas razones por las que las personas insistimos en retratar la violencia dentro de la ficción. Si es para denunciar, entretener, o para tratar de comprender alguna parte de nuestra naturaleza humana. En Killers of the Flower Moon, que no deja de percibirse como el cierre de una extraordinaria carrera, queda claro que para Martin Scorsese no es tan importante obtener una respuesta, como la búsqueda de la misma.


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LA GUALDRA NO. 596 // 30 DE OCTUBRE DE 2023

(Im)posibilidad de la experiencia estética 6 Por Álvaro Luis López Limón

Arte

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on el advenimiento de la teoría crítica se torna evidente la pobreza argumental y los lloriqueos de la “llamada experiencia estética”, tan largamente confiscada por el conocimiento racional, pues es innegable que no encuentra ya –desde el siglo XX– asidero que desvele su importancia. Martin Jay interroga, ¿cuándo exactamente entró en crisis lo que llamamos experiencia? ¿Fue un acontecimiento o un proceso histórico causado por un trauma, como la Guerra Mundial, o hay algo más ontológico en juego? ¿Hay una noción coherente y unificada de experiencia o funciona de modos diferentes en contextos diferentes? Al respecto, frente a una fotografía de Jeff Wall, exploramos “o acaso fantaseamos que los soldados podrían volverse y hablar con nosotros. Pero no, nadie está mirando desde la foto al espectador. No hay amenaza de protesta. No están a punto de gritarnos pidiendo que pongamos fin a la abominación de la guerra; [estos muertos] están desinteresados del todo en los vivos: en quienes les han quitado la vida; en los testigos y en

nosotros. ¿Por qué habrían de buscar nuestras miradas?”. Nosotros –y este “nosotros” es todo aquél que nunca ha vivido nada semejante a lo padecido por ellos– no entendemos. No nos cabe pensarlo. “En verdad no podemos imaginar cómo fue; no podemos imaginar lo espantosa… y aterradora que es la guerra”, [convertida ya en normalidad] como ha dicho Susan Sontag. Sólo resta constatar la posibilidad de que cualquiera que haya participado en la guerra nos cuente sobre ella, como se hacía antes cuando uno podía contar sus aventuras; Benjamin mostró de qué manera la experiencia va más allá de ser pensada como elemento subjetivo, epistemológico o psicológico, no sólo se trata de haber vivido un hecho en primera persona, eso no es lo que lo hace susceptible de aportar algún conocimiento o un tipo de experiencia que, con cierta autoridad, deje al margen la certeza, ya que si la certeza –por algún motivo– acaba reclamando para sí la experiencia, entonces, la autoridad ya no importa. Por lo demás, es posible asumir que el placer estético; emanado de la fo-

Wall, Jeff. Dead troops Talk. 1992.

tografía, tiene vínculos estrechos con los objetos, la naturaleza o las situaciones relacionadas con vivencias individuales o sociales, tanto del autor de la imagen como del público que la recibe; es posible la catarsis estética del fotógrafo, como momento de inspiración, que se produce en un viaje desde el yo, el aquí o el ahora, hacia una dimensión intelectual de la percepción como disfrute sensorial de la comunicación, incluso más allá de la

información, también es posible; y sin embargo, la experiencia estética no es una forma personalizada de mirar el mundo, la contemplación estética se centra en las relaciones internas y las propiedades del objeto, no en relación con nosotros mismos, tampoco con su creador o con el contexto cultural del que surge, se requiere de una “distancia” estética. Entendámonos, frente a la (im)posibilidad de la experiencia estética, urge construir otra manera de mirar al mundo.

El terror como elemento catalizador en el Musical

Teatro

6 Por Solanye Caignet Lima*

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l teatro musical o Musical nació en Inglaterra, o eso se dice, pero es en Estados Unidos donde alcanza su máximo esplendor por lo que la mayoría de las grandes obras están en inglés. Es una forma de teatro que combina canciones, diálogos, actuación y danza, de frases musicales “pegadizas”; en su contexto, los temas que se elaboran son de gran profundidad social, política y cultural. Obras como Los Miserables, Cats o El Fantasma de la ópera son ejemplos perfectos de esta aseveración. Dentro de este contexto hay un género que ha fecundado grandes aciertos en el musical: el terror. Hoy en día, el terror está de moda. El cine ha cosechado y continúa presentando propuestas cada vez más innovadoras debido al exigente gusto de la audiencia por este género tan interesante y nada alejado de nuestra realidad, apropiándose desde las épocas de Bernstein de las propuestas musicales; de esta manera se han adaptado a la gran pantalla musicales con temas sobrenaturales. Espíritus, monstruos y personajes mitológicos no son nada ajenos al teatro, pues el teatro griego estaba lleno de dioses, titanes y criaturas fantásticas.

La principal característica del terror es presentar una amenaza que provoque el miedo instantáneo en la audiencia, por lo que resultan por demás seductoras las propuestas cinematográficas que muchos hemos presenciado. Así se han concretado en obras tales como: Sweeney Todd, The happiness of the Katakuris o Repo! The genetic opera. Sweeney Todd, el barbero del infierno, fue llevada al cine por Tim Burton con una versión definitivamente del corte del musical tradicional, presentando todos los elementos del terror con canciones y letras que verdaderamente dibujan las características de estos personajes siniestros. El barbero degolla a sus clientes mientras canta: qué mejor exposición de una amenaza terrorífica que este ejemplo sorprendente con el sello de Burton. The happiness of the Katakuris es un musical japonés de terror. Con guion de Kikumi Yamagishi y dirigido por Takashi Miike, está basado en la película subcoreana The quiet family. También llevado a la gran pantalla es un tipo de comedia surrealista de terror en donde los Katakuris representan a cuatro generaciones de fracasados; tiene escenas tan horripilantes como comiquescas. El humor negro es una parte intrínseca del terror y en el mu-

sical es una característica recurrente. Repo! The genetic opera es una representación apocalíptica grotesca que se ha convertido en un musical de culto. Representa a un mundo devastado por epidemias donde un supuesto héroe debe levantarse y salvar a todos del trágico destino. El terror permite mucha creatividad dentro del musical, por lo que, si es

mezclado de manera inteligente e ingeniosa, puede navegar por el mundo de lo extraño, de lo maravilloso, apoyado por la música, el baile y las características intrínsecas que hacen de él un género que aún tiene mucho que aportar y explorar como propuesta estética. El Musical llegó para quedarse. * CA 172-UAZ: Teoría, Historia e Interpretación del Arte.


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