SUPLEMENTO CULTURAL
NO. 738 / 26 DE OCTUBRE DE 2026 / AÑO 16
DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN
Severo Amador Sandoval nació en Villa de Cos, Zacatecas, el año de 1879. Fue hijo del historiador Elías Amador y Josefa Sandoval. En la última década del siglo XIX ingresó a la Academia de San Carlos para estudiar artes plásticas, en donde tuvo como profesor a Julio Ruelas, también zacatecano. Severo incursionó también en la música y la literatura y fue autor de varios libros que hoy son motivo de estudio. En 1925 ingresó la primera de tres ocasiones al Hospital Siquiátrico de La Castañeda, lugar en el que falleció en 1931. 95 años después de su muerte, un equipo del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, coordinado por la Dra. Ana Laura Zavala Díaz, organiza la Jornada dedicada a Severo Amador Sandoval (1879-1931) “Músico, poeta y loco”. [En esta edición, una entrevista con Ana Laura Zavala Díaz]
La Gualdra No. 738
2 LA GUALDRA NO. 738 /// 26 DE OCTUBRE DE 2026 /// AÑO 16
Editorial Del 26 de octubre al 3 de noviembre se llevará a cabo el Festival de Día de Muertos en Zacatecas, este año, en homenaje al artista plástico José Esteban Martínez, de ahí que se llame “Me muero de ganas de vivir”, tal y como se nombrara también la exposición de artista fresnillense por adopción, inaugurada en la nave del Museo Rafael Coronel el año 2018. En esa exposición José Esteban mostró piezas realizadas a lo largo de 25 años y en ellas se mostraba reiteradamente esa iconografía suya tan distintiva que seguro usted recuerda por su vivacidad. En aquel entonces, José Esteban decía que el nombre de la muestra se debía a que el año anterior a la inauguración, en 2017, había sufrido un paro cardiaco; durante unos minutos estuvo muerto, pero tuvo la posibilidad de volver a la vida y decía: “eso me permitió regresar… tener una visión mucho muy diferente de lo que es realmente en mi vida, me permitió entender que la vida se vive en el momento en que estás, no puedes estar pensando en el mañana…”, de ese evento médico es que surgió el nombre y este año se retoma para rendirle un homenaje en el que será el último festival de este tipo realizado por la actual administración. José Esteban Martínez falleció el 19 de agosto del año pasado y esta es una buena forma de recordarlo. En la imagen oficial del cartel del festival aparecen detalles de su obra plástica, como paisajes, máscaras y calaveras; y en cartonería también se están realizando este tipo de figuras que podrá ver en el decorado de las calles y portales de la ciudad capital. La semana pasada le decía en este espacio que estos últimos meses del año la ciudad se pone más hermosa que nunca justo porque las distintas dependencias de gobierno, cámaras y empresarios se encargan de transformar los distintos espacios del centro histórico con detalles alusivos al Día de Muertos, y todo está por empezar. Este año, el Estado invitado será Oaxaca, así que prepárese para recibir a una numerosa delegación oaxaqueña que compartirá con los zacatecanos lo más bonito de sus tradiciones gastronómicas, musicales y rituales. Comparto aquí algunas de las actividades principales del programa general:
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Contenido El 28 de octubre se llevará a cabo el Recorrido inaugural de Decoración de Espacios y Fachadas en el centro histórico y en la Plaza de Armas habrá danza flamenca, espectáculos escénicos y conciertos. La ofrenda monumental de Oaxaca se inaugurará ese día en Palacio de Gobierno. El jueves 29 de octubre inicia la Calenda de delegaciones a las 5 de la tarde, partiendo de la Alameda hasta Plaza de Armas; y al terminar, alrededor de las 6, se llevará a cabo ahí la Guelaguetza a cargo de la delegación oaxaqueña. El 29 y 30 de octubre puede usted ser partícipe del “Duelo de mezcales” en el Museo Rafael Coronel, a partir de las 3 de la tarde. Y el viernes 30, después de la “Carrera Lonjalloween”, iniciará el gran desfile “Me muero de ganas de vivir”, que partirá de la Máquina 30 30 hasta el Museo Rafael Coronel, con la participación de Oaxaca y Zacatecas. El sábado 31 de octubre, a las 6 de la tarde, en el exterior del Mercado González Ortega, se llevará a cabo la cuarta edición de la “Pasarela: La Flaca se Viste a la Moda”, y al terminar no se pierda el concierto de Astrid Hadad, en Plaza de Armas. El domingo 1 de noviembre habrá dos pasarelas: a las 4 de la tarde da inicio la llamada “Icónica hasta la Muerte” en las escalinatas del Teatro Calderón; y a las 6 de la tarde da comienzo la “Pasarela: la moda después de la vida”. Al terminar dará inicio en Plaza de Armas el “Concierto de las Almas” con la presentación del Tenor Fernando de la Mora. Manuel Denna inaugurará su exposición "Urbs Ex Machina" (Una visión retro futurista de Zacatecas”, en Palacio de Gobierno, el lunes 2 de noviembre, al terminar la pasarela “Colores, sabores y texturas: Dulces Mexicanos", que dará inicio a las 6 de la tarde en las escalinatas del Teatro Calderón. Para mayores detalles, consulte la programación completa en las redes sociales del Festival de Día de Muertos Zacatecas.1
3 Théodore Géricault y su serie dedicada a la locura Por Violeta Tavizón Mondragón
4 5 Severo Amador Sandoval (1879-1931) “Músico, poeta y loco” [Entrevista con Ana Laura Zavala Díaz] Por Jánea Estrada Lazarín
6 7 Comala-Iguala Por Mauricio Carrera
8 El laberinto del fauno, a 20 años de su estreno Por Adolfo Nuñez J.
Que disfrute su lectura.
Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com
Ver el programa completo del Festival de Día de Muertos Zacatecas en: https://www.facebook.com/profile.php?id=61565569805525
Directorio
Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx
Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Sandra Andrade Diseño Editorial
La Gualdra es una coproducción de Jánea Estrada Lazarín y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.
Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com
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26 DE OCTUBRE DE 2026
Théodore Géricault y su serie dedicada a la locura 6 Por Violeta Tavizón Mondragón
Estudio de miembros amputados, Théodore Géricault, 1819, Museo del Louvre.
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e acerca la temporada de Día de Muertos y hoy revisaremos una colección pictórica de la que poco se habla. Cuando escuchamos o vemos algo sobre la producción de Théodore Géricault, suele ser La balsa de la Medusa la obra que la protagoniza. Dedicaremos otro artículo a analizar esta maravillosa pintura. El Romanticismo se practicó en distintas disciplinas y surgió como una reacción franca contra las normas neoclásicas. Los pintores románticos manifestaron un interés particular por la muerte y lo nocturno, así como por aquello que desafiaba los límites de la razón. Esta corriente se caracteriza por una profunda exaltación de la subjetividad, la emoción y la imaginación. Frente al racionalismo ilustrado y los ideales clásicos, los románticos reivindicaron la experiencia individual, lo irracional, lo sublime y lo espiritual. Uno de sus mayores exponentes fue Jean-Louis André Théodore Géricault, conocido como Théodore Géricault. Nació el 26 de septiembre de 1791 en una familia acomodada. Fue hijo del aboga-
do Jorge Nicolás Géricault y de su esposa, Luisa-Juana-María Caruel. Por ello, nunca tuvo que pintar por necesidad económica, salvo durante sus últimos años, debido a varias malas inversiones. En 1808 tomó la decisión de dedicar su vida a la pintura. Le atraía especialmente plasmar su pasión por los caballos. Estudió con el pintor académico Pierre-Narcisse Guérin, también maestro de Delacroix. Géricault se mantuvo al margen de los grandes encargos oficiales. Admiraba a varios artistas ingleses y a pintores franceses audaces. Residió en Inglaterra entre 1820 y 1821, experiencia que le ofreció otra perspectiva de la pintura. Aunque su carrera fue breve, tuvo una enorme influencia, especialmente por la elección de temas modernos, la libertad de su ejecución y su papel en el desarrollo del Romanticismo. Entre sus obras más singulares se encuentra una serie de retratos de personas consideradas entonces locas o maníacas, vinculada al entorno de los médicos Jean-Étienne Esquirol y Étienne-Jean Georget.
Retrato de secuestrador de niños, Théodore Géricault, 1822-23.
La balsa de la Medusa, Théodore Géricault, 1819, Museo del Louvre. En una carta de 1863, el crítico Louis Viardot relató cómo estas enigmáticas obras fueron descubiertas por casualidad en la ciudad alemana de BadenBaden. Describió a los retratados como “monómanos” y precisó la naturaleza de sus obsesiones: el secuestro de niños, la cleptomanía, el juego y la envidia. Según Viardot, los retratos fueron realizados entre 1820 y 1824 para el doctor Georget, amigo del pintor y médico vinculado al hospital de la Salpêtrière. A través de esta serie, Géricault pretendía reunir un repertorio visual de las expresiones de la locura. Se cree que el médico le encargó dibujar a más de doscientos internos con el fin de publicar sus observaciones sobre el tema. En años anteriores, Géricault había realizado otras obras de carácter oscuro y perturbador, como estudios de cadáveres, miembros amputados y cabezas decapitadas, observados en el entorno de hospitales y morgues parisinas. Lejos de ser simples ejercicios macabros, estas imágenes reflejan su interés por el cuerpo humano, el sufrimiento físico y la muerte.
Con La balsa de la Medusa, terminada en 1819, Géricault nos dio una lección sobre cómo representar la desesperación, la locura, la desesperanza, la supervivencia y la resignación. Después de explorar estas emociones, dirigió su mirada hacia los rostros de personas con padecimientos psiquiátricos. Durante su estancia en Inglaterra, iniciada en 1820 y prolongada alrededor de dieciocho meses, pintó otra gran obra: El Derby de Epsom. Dedicó gran parte de su tiempo a la equitación y sufrió varias caídas de caballo. En sus últimos años, las lesiones y una grave enfermedad de la columna vertebral deterioraron su salud hasta dejarlo postrado en cama. Durante sus últimos meses de vida permaneció inmovilizado; sin embargo, logró producir varias litografías con la colaboración de Eugène Lami. Falleció el 26 de enero de 1824, a los 32 años, tras una larga agonía. Su muerte suele relacionarse con una tuberculosis ósea y las secuelas de sus caídas. Algunos autores también han planteado la posibilidad de una enfermedad venérea, aunque esta hipótesis no está confirmada.
El Templo de las Musas
Monomaníaco de la envidia, Théodore Géricault, 1822, Museo de Bellas Artes de Lyon.
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LA GUALDRA NO. 738
Severo Amador Sandoval (1879-1931) “Músico, poeta y loco” [Entrevista con Ana Laura Zavala Díaz]
Severo Amador
6 Por Jánea Estrada Lazarín
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evero Amador Sandoval nació en Villa de Cos, Zacatecas, en 1879; fue hijo del historiador Elías Amador y de Josefa Sandoval. Estudió su educación básica en la Escuela Normal de Zacatecas y luego se trasladó a la Ciudad de México para ingresar a la Academia de San Carlos en donde tuvo como profesor a otro zacatecano: Julio Ruelas. Severo no solo fue artista plástico, también fue escritor, músico e impresor. Tuvo una sola exposición individual que fue inaugurada el 20 de marzo de 1920, cuando tenía apenas 41 años, en el Círculo Zacatecano de México;1 pero publicó varios libros que hoy son motivo de estudio, entre ellos se encuentran Confesión (1905); Bocetos provincianos (1907); Bro-
zas (1907), Carbunclos (1908), Cantos de la sierra (1918), Himno a Salomé (1918), Pensamientos (1919), y Las baladas del terruño (edición póstuma, 1931). En 1925 ingresó la primera de tres ocasiones al Hospital Siquiátrico de La Castañeda, en donde falleció en 1931. 95 años después de su muerte, un equipo del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, coordinado por la Dra. Ana Laura Zavala Díaz, organiza la Jornada dedicada a Severo Amador Sandoval (1879-1931) “Músico, poeta y loco” que se llevará a cabo el 30 de octubre en la sala de videoconferencias del instituto y será transmitido en vivo. Con este motivo entrevistamos a la Dra. Zavala Díaz.2
Jánea Estrada Lazarín: Severo Amador nació en Villa de Cos, Zacatecas, pero su nombre y obra son poco conocidos en su estado natal y buena parte de México, ¿cómo se explica ese olvido y qué nos dice sobre la manera en que se ha construido la historia de la cultura mexicana? ¿Consideras que este caso nos obliga a revisar cómo la historia ha tratado a los artistas incómodos, excéntricos o difíciles de clasificar? Ana Laura Zavala Díaz: El caso de Severo Amador Saldoval es especial en muchos sentidos, no sólo por la leyenda negra que rodea su vida, relacionada con sus diferentes internamientos en el Manicomio General de la Castañeda, sino también porque sus obras reflejan una evidente transición entre tradiciones literarias, marcadas por un contexto complejo para la sociedad mexicana, entre la caída de la dictadura de Porfirio Díaz y el estallido de la Revolución. Esta condición de creador periférico, que no alcanzó en su momento una centralidad entre los sectores letrados privilegiados, sin duda, generó un olvido de su labor escrituraria, la cual hoy se conserva en muy pocas bibliotecas del país, lo mismo ocurre con sus producciones plásticas, accesibles sólo mediante reproducciones digitales y hemerográficas o referidas en catálogos de contados archivos particulares y públicos. Ciertamente, la sugerente literatura y pintura de Amador nos obliga a replantearnos la necesidad de recuperar y volver a poner en circulación a esas figuras que la historiografía desplazó por considerarlas menores, pero que representan una parte importante de nuestro patrimonio y de nuestra cultura literaria y visual nacionales.
dio sobre Severo Amador? ¿Qué encontraron en su vida y su obra que les hizo pensar que merecía una investigación de largo aliento? ALZD: Mi encuentro con la obra de Severo Amador fue totalmente fortuito. En 2017, el historiador Andrés Ríos Molina, especialista en la historia de la medicina mental en México, dio a conocer al autor, cuyo expediente clínico localizó en el Archivo de la Secretaría de Salud, en el fondo correspondiente al Manicomio General de la Castañeda. Dedicada desde hace varios años al estudio de las representaciones de la enfermedad en la literatura mexicana, en particular, durante el Porfiriato, cuando la medicina tuvo una especial relevancia en el diseño de las políticas públicas, la figura de Amador me resultó fascinante, pues su expediente clínico incluía una serie de documentos que ilustran muy bien la imaginería literaria y cientificista de la época. A partir de ese momento, comenzó la búsqueda de sus obras, las cuales me revelaron a un autor pionero en la experimentación de géneros poco desarrollados en las letras mexicanas, como el poema en prosa y el aforismo; asimismo, me mostraron a un creador que asimiló en sus creaciones recursos tanto del naturalismo como del decadentismo finisecular. Por suerte, compartí este entusiasmo por la obra de Amador Sandoval con un grupo de estudiantes —Luis Adrián Linares Sánchez, Saúl Alejandro Sánchez Blanco, Carlos Mauricio Núñez Roa y Paulina Abril Chávez Muñoz—, quienes me animaron a emprender un amplio proyecto de rescate y edición crítica de las producciones amadorianas, a las cuales, algunos de ellos han dedicado sus tesis de grado.
JEL: ¿En qué momento y por qué se decidió, desde el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, impulsar el estu-
JEL: Las investigaciones recientes han permitido localizar textos de Amador en
Foto de ingreso a La Castañeda. 29 de julio de 1925. Archivo de la Centro de la
Documentación Institucional de la Secretaría de Salud periódicos y revistas. ¿Qué dificultades implica reconstruir la trayectoria de un creador cuya producción se encuentra repartida entre distintas publicaciones y archivos? ¿Qué hallazgos te han parecido más reveladores y cómo ha cambiado tu interpretación del artista? ALZD: Uno de los principales retos del proyecto que emprendimos fue la localización de las colaboraciones de Amador Sandoval en diversos periódicos y revistas del interior de la República, así como de otros países como Cuba, donde sabemos que el autor participó. Además de la ubicación de estos documentos, enfrentamos la dificultad de reproducirlos de manera adecuada, dadas las deficientes condiciones materiales en las que se encuentran algunos de ellos en los repositorios hemerográficos del país. Asimismo, no contamos con suficientes recursos económicos para desplazarnos constantemente a archivos del interior de la República o de otros países, donde sospechamos que podríamos ubicar más obras del autor. En este proceso, uno de los hallazgos que hemos tenido al reconstruir la trayectoria artística y literaria de Amador Sandoval, ha sido constatar su empeño
por establecer un diálogo entre la pintura y la escritura creativa como en su libro Himno a Salomé (1918); de igual modo, nos ha sorprendido su tenaz desarrollo de un innovador proyecto editorial autogestivo, en el cual el autor no sólo imaginó y escribió sus textos literarios, sino que también los ilustró, editó, imprimió y distribuyó. JEL: La historia de Severo suele contarse a partir de su internamiento en La Castañeda y de su salud mental. ¿Cómo podemos estudiar esa etapa sin reducir toda su identidad artística a la enfermedad? ¿Consideras que el rechazo, la incomprensión o la falta de reconocimiento de sus contemporáneos influyeron en la imagen que se construyó de él? ALZD: Considero que, justamente, proyectos como el que nosotros emprendimos, buscan romper con esa lectura de la obra y vida de Amador. Darles un nuevo brío editorial a sus creaciones, ponerlas en contexto y estudiarlas, nos parece el mejor camino para comenzar un proceso de revaloración de un escritor que creyó en el poder regenerador de la belleza y la literatura; un poeta, en fin, que pensó que el arte podía servir para visibilizar los males sociales y espirituales de su época.
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JEL: ¿Qué responsabilidad deberían tener las instituciones culturales de Zacatecas en la recuperación de este artista cuya obra está siendo investigada desde la UNAM? ¿Qué acciones concretas podrían ayudar a que su obra llegue a públicos más amplios a partir de una colaboración entre ambos? ALZD: Cada vez existen más proyectos de historia regional en las universidades estatales, cuyos trabajos abren la puerta a nuevas investigaciones y a la recuperación del patrimonio cultural. En el caso de la obra de Amador Sandoval sería importante establecer un convenio de colaboración entre el gobierno de Zacatecas y la UNAM, para difundir las obras que estamos editando del autor. Dos acciones más podrían ser: por un lado, crear una colección de ediciones de divulgación, que se distribuyera en escuelas y bibliotecas de la región; y, por el otro, organizar círculos de lectura, donde se pudiera disfrutar y discutir las creaciones del zacatecano, las cuales se podrían acompañar con la exposición de algunas de sus pinturas y dibujos. Considero, incluso, que un autor tan polifacético como Amador Sandoval, quien cultivó la pintura, la literatura y la música, puede ser muy atractivo para construir espacios y actividades que involucren a varias disciplinas y campos, pues su personalidad y obras invitan a que sea visto desde varias perspectivas o ángulos. JEL: Si tuviéramos que presentar a Severo Amador como un artista fundamental para comprender la cultura mexicana de su época, ¿cuáles serían los tres aspectos de su obra que tendríamos que destacar y que justifiquen que lo estudiemos junto a otros creadores de su época? ALZ: El primer aspecto sería la combinación de estilos literarios, en los que se puede observar una tensión entre lo regional y lo nacional, entre lo rural y lo urbano; asimismo, en segunda instancia, el despliegue en sus creaciones de una serie de corrientes de pensamien-
to de su época —como el misticismo, el espiritismo o la teosofía—, que evidencian la crisis y las búsquedas espirituales y artísticas de los escritores mexicanos de entresiglos XIX-XX. Y, por último, en tercer lugar, la construcción de una prosa poética que busca despertar y perturbar todos los sentidos de su potencial receptor. JEL: El próximo 30 de octubre se llevará a cabo la Jornada dedicada a Severo Amador Sandoval “Músico, poeta y loco”, en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM ¿en qué consistirá y qué podemos esperar de esa jornada? ALZ: La jornada dedicada a la vida y obra de Severo Amador se organizó en el marco del proyecto PAPIIT (IN402925): “Rescate y edición crítica de la obra de Severo Amador Sandoval (1879-1931)”, avalado por la Dirección del Personal Académico de la Universidad Nacional Autónoma de México. La idea de esta reunión académica es, además de difundir los resultados recientes de dicho proyecto, convocar a una serie de especialistas en los ramos de la historia de la medicina mental y del arte, así como de los estudios literarios para, justamente, proponer nuevas lecturas y abrir rutas de investigación sobre este fascinante personaje. En las tres mesas de trabajo participarán, además de los miembros del proyecto vinculados con la UNAM, investigadores de diferentes instituciones del país tales como El Colegio de San Luis, la Universidad de Aguascalientes, el Instituto Mora, el Clúster Turístico y Cultural de Zacatecas y el Museo de San Carlos. Esperamos que esta jornada contribuya a difundir la obra amadoriana, así como a pensar en otros proyectos y estrategias para hacer llegar su obra a más sectores de la población. JEL: Háblanos con más detalle del proyecto de rescate y edición crítica de su obra. ¿Se contempla publicar una obra reunida, nuevas ediciones accesibles al público o un catálogo de su producción? ALZ: Como mencioné, el proyecto que tenemos busca editar críticamente toda la obra de Amador. En este momento tenemos en marcha la edición crítica de tres volúmenes que incluyen las obras: Confesión. La sorpresa. Palabras póstumas (1905), Bocetos provincianos (1907) y Cantos de la sierra (1918). Himno a Salomé (1918). Pensamientos (1919). Nos faltaría por editar un tomo con los poemarios Brozas (1907) y Carbunclos (1908), y uno más donde se recopilen sus poesías y narraciones dispersas en publicaciones periódicas de la época. En cuanto a un catálogo de su pro-
ducción, Luis Adrián Linares Sánchez y Carlos Mauricio Núñez Roa publicaron en 2025 el artículo “Severo Amador: rastreo y catalogación de su obra literaria”, en la revista (an)ecdótica,3 del Instituto de Investigaciones Filológicas, donde incluyeron el listado más completo de la obra literaria del zacatecano. Finalmente, por supuesto que tenemos el anhelo de algún día poder organizar un festival cultural donde se exponga la obra pictórica del autor, se lean sus obras y se escuchen algunas de las piezas musicales que compuso a la largo de su polifacética y controvertida trayectoria artística. JEL: En 2029 se conmemorarán los 150 años del natalicio de Severo Amador, ¿qué te gustaría que hubiera cambiado en el conocimiento y el reconocimiento de su obra para entonces? ALZ: Me encantaría que más lectores y lectoras compartieran con nosotros la fascinación por la figura de Amador; que se multiplicaran las ediciones de sus obras y se organizaran foros de lectura y discusión de su obra. Y, por supuesto, desearía que el autor no sólo se volviera una lectura obligatoria en la enseñanza media y superior, sino que también su nombre figurara en historias de la literatura zacatecana y mexicana. Ese tipo de rescates y ejercicios de restitución, sin duda, permitiría ampliar nuestra visión y reconocimiento de plumas que, como la de Amador, por el azar o por las condiciones socioculturales de su momento, fueron excluidas del canon y borradas del horizonte editorial en nuestro país.
Óleo de Severo Amador para la portada de El Mundo Ilustrado. 1906.
Himno a Salomé, libro de Severo Amador, escrito, ilustrado e impreso por él. 1918.
Severo Amador. Calle de San Ángel. 1925
La transmisión en vivo de la Jornada dedicada a Severo Amador Sandoval (1879-1931) “Músico, poeta y loco” se llevará a cabo el 30 de octubre y podrá verla en vivo a partir de las 9:30 AM en: www.facebook.com/IIFL.UNAM y www.youtube.com/@IIFLSTREAMING
https://ljz.mx/24/12/2019/2019-140-anos-del-natalicio-del-artista-zacatecano-severo-amador/ Ver el programa en: https://www.iifilologicas.unam.mx/index.php?page=actividad&ar=2064 3 https://doi.org/10.19130/iifl.anec.2025.2/XS001AZ02977 * Ana Laura Zavala Díaz es Doctora en Letras por la Universidad Nacional Autónoma de México. Desde el año 2000 es investigadora en el Instituto de Investigaciones Filológicas de esta misma Universidad, donde se ha dedicado al rescate y la edición crítica de escritores mexicanos y latinoamericanos de los siglos XIX y XX. Además de la ecdótica, ha desarrollado como líneas de investigación las relaciones entre prensa, medicina y literatura, así como las representaciones de la enfermedad en la narrativa de entre siglos. Entre sus publicaciones destacan los libros De asfódelos y otras flores del mal mexicanas y Cuerpo, enfermedad y escritura. Narrativa mexicana del Porfiriato, así como las ediciones críticas de las novelas Ensalada de pollos y Baile y cochino…, de José Tomás de Cuéllar, y El hijo del Estado, de Hilarión Frías y Soto. Coordina dos proyectos colectivos sobre la obra de los escritores Hilarión Frías y Soto y Severo Amador Sandoval. 1
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Severo Amador
Más que el rechazo y la incomprensión de sus contemporáneos, me parece que dos elementos contribuyeron a alimentar esta imagen negativa del autor: los discursos médicos, que tendieron a relacionar la creación y la genialidad con la enfermedad mental, y la asociación de Severo Amador a un estilo de vida relacionado con la bohemia, en un momento en que prevalecían principios como el orden y el progreso. En ese sistema, ciertamente, Amador Sandoval parecía una anomalía que era mejor silenciar.
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Comala-Iguala1
Novedades Editoriales
6 Por Mauricio Carrera
A Lorena A Corina Martínez A Gabriela Santamaría A Diego Ordaz A Pita Cortés
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¡Nos han dado la tierra!
Soy el hijo del desconsuelo, polvo triste hecho vida, palabras que saben a barro y a pobreza. Vago por el recuerdo de los gallos de pelea, el conquián y la lotería, terroso del llano con su viento seco y sus huizaches pelones, con mis amores muertos, y los que vendrán, en este país pasmado e incierto. Me preguntaban: —¿Existió Pedro Páramo? —Sólo en el cementerio de nuestras omisiones y de nuestras muchas maldades. —¿Y Susana San Juan? — Sólo cuando se desnudaba y mostraba el alma de puta y de cometa. El infierno en ese ayer de éxito y ensimismamiento, eran los periodistas, pura ignorancia y grabadora en mano, desplantes de taquígrafo con derecho a preguntar pendejadas. Les rehuía como a un excusado maloliente, alimañas pretenciosas, culiatornillados a la hora del cierre, redactores de lo efímero. —Y Juan Rulfo, ¿existió deveras? —Sólo para salir en la foto, cóctel en mano, en las ceremonias oficiales… Me río.
Juan Rulfo es otro. Una estatua. Un clásico. Una pose para la fotografía inmortal. Dos libros. Yo soy Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, un triste hombre que a ratos ríe con una mueca fría. Un cadáver como muchos otros. Un recuerdo fugaz de la endeble vida. —¡Ah, chirrión! —se sobresalta Alí Chumacero. Está ocupado en sus cosas: beber whisky y enamorar chamacas. —Están muertas —le digo. —¡Cómo crees! No saben a naufragio ni a ceniza. Son diosas, son pirujillas del rubor helado, son pícaras, son versos exactos, son un rincón húmedo, la delicia del viudo. Se relame los labios, piensa, y hasta imagina la lengua (“cuando la fuerza amengua, Juan”, es una de sus ocurrencias), pero es puro hueso y dientes pelones, podridos. —Nos han dado la tierra —insisto. No hace caso. Es poeta y su asunto es la batalla, los whiskis y el baile. Se niega a los cirios, a la mortaja, a la paz de los sepulcros. Él está en Acaponeta, que es tierra de vértigo y sangre. Ahí mataban porque sí, y a los que no, les desollaban los pies y los obligaban a caminar por caminos de polvo y piedra.
Ahora los matan, los meten en tambos y los hacen pozole. Y los desuellan, desmiembran, decapitan. Igualito. No ha cambiado nada. Hay mucha boruca, un remolino de voces que se ahogan en su propia sangre. Decíamos: No es que seamos alzados ni que le estemos pidiendo limosnas a la luna… Lo justo, pedíamos. Y como éramos pobres, nos madreaban, nos regalaban la cárcel, nos daban bala. El cielo se hizo gris, aunque había sol. Y el aire soplaba, aunque no a hogar ni a jazmines, ni a tortillas con una salsa recién hecha, sino a un tufillo ácido, que hería las narices. En Sayula, que es mi origen, cuando salí de la nada, había murmullos y perros que ladraban al hambre y a quién sabe qué entre las sombras. En Ciudad Guzmán, donde se escuchan las olas de un mar interior, lo mismo. En la Cuesta de las Comadres, donde las lechuzas graznan en los huecos de los árboles, también. Y en Tlaquepaque, jarritos y gallos giros. En Comala. —No, Juan, estás borracho. No es cierto, aunque lo estuve siem-
pre. Sé de crudas y maneras de curarla. Si me dio por la bebedera es por la maldita injusticia, por la ausencia de un dios bondadoso, por lo absurdo de vivir entre tanta jodedera. —¿Y los pobres, los jodidos, los que no tienen nada, los del estómago pegado al espinazo, los que se lleva el viento y el desdén como si nada? — pregunta la reportera. Un gallo se atraviesa con la cresta levantada. Busca lombrices porque no sabe qué hacer con tanto gusano que anima los cadáveres. Contesta, Juan, dile tus verdades. —Los pobres siempre serán pobres porque los ricos siempre serán ricos. Huarachudo contra espuela, ya sabemos quién tiene los rifles, no la razón. Maestro contra granadero, los libros iluminan, los toletes abollan choyas, las descalabran, cimbran dignidades. Médicos o estudiantes contra soldados ignorantes, ya sabrán. Maldita sed, que era como un vago sol en la garganta, y nunca se quitaba. —¡Pinche México! Hoy estamos peor, porque no se mata por hambre o por banderas de bienestar, o por decir estoy hasta la madre de tener el pie en el cogote, o por la insensata fe en otros mundos mejor que éste, sino porque sí, por
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la yerba y las anfetas, por una añeja venganza, la de haber nacido. Ese viejo rencor. Lo digo y hay silencio. Las chicharras callan, la llorona es muda, los cerros se pueblan de un murmullo que nadie escucha. Hay verdades que duelen, como cuando decíamos, con alarido feliz de ebrio: “¡Ay, vida, no me mereces!” —¿Por qué sólo dos libros, maestro? —Porque la vida es una muina. —¿Muina, maestro? —Una chingadera, pues… Hay zancudos, pero no tengo sombrero para espantarlos. Y muchas moscas voraces. Muchas. Tú, que te crees vivo, no te ufanes. Estamos tan escasos de todo, tan escasos. Ya no hay fandango con fuegos de artificio y baile, sólo un borlote de sangre y balas. Muchas cruces, Juan, muchas tumbas frescas, Juan, mucho dolor hondo de muchas madres, Juan. Arreola me dice: —Ven a jugar ajedrez. Tiene el cabello alborotado, el cuello de la camisa sin planchar, aspecto de juglar hambriento y un rostro que ansía el jaque mate. —El ajedrez es la mezcla de lo inútil y lo sabio —dice. Me adelanta los puños. Pide que 1
escoja dónde esconde el peón blanco o el negro. —Anda, Juan. Abandona esa tristeza por la pobre patria… Le digo que no y llama al Guardagujas y se enfrasca en una partida etérea, como si no existieran, como si alguien los borrara de alguna página. Ha empezado a llover, o son lágrimas. El monte se ensombrece, la parcela se abandona, los maizales se pudren, el desierto es el desierto: la nada hecha todo. Lo campirano es bello porque es atroz. La verdad, los muertos sufrimos. No se está bien aquí, entre tanta tristeza, entre tanta promesa que no se cumple, entre tanta muerte por todos lados. Es una chingadera. Te lo hubieran advertido: sufrir allá y sufrir acá. No es cierto que andemos como almas en pena, asustando escuincles caguengues, tampoco atravesamos paredes o cuidamos tesoros enterrados. La luna brillante de octubre nos deja en huesos y en recuerdos. Por supuesto, antes bien que nos mató el cáncer, las balas de calibre grueso, los degüellos. El matar por matar, Juan. No estamos en paz porque no tenemos tumba, porque todo es una tumba, México es una tumba. Así, ¿cómo descansar? —Ya no inventes historias, Juan.
Me recuerdan que inventé una novela que nunca escribí: Los murmullos. Bonitas patrañas. Cuentos y novelas, qué tonterías, eso con qué se come. Todo en ti es ficción, me dicen, hasta tus campesinos pobres y hambrientos. Eso es puro verso. Ésos no existen, nunca han existido, tú los inventaste como ahora fraguas otra verdad que es mentira. “Vine a Iguala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un auténtico hijo de la chingada…”. —¡Ah, chirrión! —dijo Alí Chumacero, que algo recordaba de cuando corregía mis textos, pero se distrajo con el whisky que le trajo una cadavérica aspirante a escritora, la enésima de este día tan pinchurriento. “El río de sangre comenzó a crecer a eso de la madrugada…”. Ahora, de no tener esta fatiga, esta desilusión tanto de la vida como de la muerte, escribiría otra novela… —Su título, maestro —se aparece un periodista, pobre fantasma de chayotes y ansias de escribir cuentos memorablemente fallidos. Me alzo de hombros. ¿Por qué no? Se lo digo: —Comala-Iguala. Eso, Comala-Iguala, sitios donde la muerte es patrona de asesinatos y
Este cuento forma parte del libro de Mauricio Carrera, El origen del mundo y otros cuentos, México, UANL, 2026.
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Mauricio Carrera. Foto tomada de su muro de FB.
desgracias. Iguala está al sur, donde el machete es alegre e impune. Es como un llano donde no hay nada sino calor y sed de mujeres y cervezas. Era lindo, Iguala, ya no lo es. Un día me eché una nieve de limón con cocacola. Tenía frente a mí la vista del jardín y su feo quiosco. Estaba a la sombra y aun así sudaba, la canícula secaba el sudor y volvía a sudar y a sudar sobre el sudor seco. Yo estaba enamorado y las cosas de la vida me venían guangas. Fue antes de los cadáveres. ¿No escuchas aullar a los coyotes? ¿No ves cómo planean los zanates, los buitres y los zopilotes? Jaime Sabines, que no deja de abrazar a su padre muerto y a diez mujeres de lindos rostros y mejores piernas, me regaña: —Juan, ya no pienses en eso. A la chingada la muerte. Deja de estar débil, asustadizo… Él no escucha las voces, los gritos, los disparos. Él escribió: “No vuelve nadie, nada. No retorna el polvo de oro de la vida”, pero hoy está ausente. También es poeta y añora volver a beber, escribir, coger, y otra vez volver a beber, escribir, coger. No ve el escupitajo ni cómo, vivo, desuellan al muchacho. —Ya no escribas más, Juan. Una mancha como de sangre envolvió al pueblo. Iguala es Comala, donde habitan los fantasmas. Los únicos vivos son los matarifes y sus putas, las que los parieron. Huele a sudor de miedo en Iguala, a llanta y a carne quemada. La noche es larga, la mañana no clarea nunca, el resto son almas desvanecidas, terror, huesos rotos y cenizas. —Juan, deja de contar a los difuntos. En este México de tumba, hay mucho rencor vivo. Los hombres no son para siempre, cuchillo y balas de narcos, policía o ejército, da igual. Escucho las voces, los lamentos, los chingadazos, la saña para fregarse al prójimo. No son 43. Son más. —¡Diles que no me maten! Otros, ni tiempo tienen. Les hubiera gustado gritar, con viril enjundia, esa de cantina y trago: “¡Déjenme, sí, déjenme, aunque sea el derecho de pataleo que tienen los ahorcados!” Ni eso. La muerte bronca. La muerte vil. Ustedes dirán que es pura necedad la mía, que es un desatino lamentarse de la suerte. Escucho las voces de reclamo: —Tú ya estás muerto. Estate quieto en tu sepultura. Déjanos el negocio a nosotros… Pero es que aquí todo va de mal en peor. Al fin nos dieron la tierra. Es ésta que está encima de nuestros cuerpos vejados y mutilados, en las tumbas. Tumbas clandestinas. Tumbas sin nombre. Tumbas sin terminar de llorar. Siempre lo supe: “La vida no es muy seria en sus cosas”. Pero éstas son chingaderas, Juan. Ganas de joder a los vivos y a los muertos.
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LA GUALDRA NO. 738 / 26 DE OCTUBRE DE 2026
El laberinto del fauno, a 20 años de su estreno
Cine
6 Por Adolfo Nuñez J.
H
ay obras cinematográficas que, con el paso del tiempo, dejan de pertenecer únicamente al momento en que fueron realizadas, convirtiéndose en relatos que les hablan a distintas generaciones. El laberinto del fauno (2006), de Guillermo del Toro, es una de esas películas. A veinte años de su estreno, se trata de una cinta que ha mantenido su capacidad para recordarnos que la fantasía, más que una vía para escapar de la realidad, es una valiosa herramienta que nos ayuda a comprenderla. Ambientada durante la dictadura franquista, la película sigue la historia de Ofelia (Ivana Baquero), una niña que descubre un universo fantástico mientras acompaña a su madre (Ariadna Gil) a vivir con el capitán Vidal (Sergi López), un hombre cuya crueldad representa la violencia de un régimen empeñado en imponer el orden mediante el miedo. Bajo este argumento, Del Toro construye dos mundos habitados por la protagonista y que, además de contraponerse el uno con el otro, terminan revelando que los monstruos pueden habitar tanto en los rincones más oscuros de un laberinto, como en los espacios aparentemente civilizados del poder. Una de las grandes virtudes del filme es la manera en la que el realizador mexicano recupera los elementos más significativos del cuento de hadas, despojándolos de
cualquier atisbo de ingenuidad y condescendencia en el proceso. Las pruebas que enfrenta Ofelia, así como las criaturas que encuentra, conforman una mitología propia, repleta de belleza, amenazas y una ambigüedad cuyas múltiples interpretaciones se van develando con cada nuevo visionado. El universo presentado por Del Toro se rige por la magia, pero es una que no garantiza la felicidad, del mismo modo en que la inocencia no significa desconocer el sufrimiento, sino conservar la determinación de elegir cuando se le tiene de frente. De un portento visual inigualable, y con un sinfín de imágenes y escenas memorables, la cinta plantea una reflexión profundamente humana, sobre cómo es que la obediencia absoluta puede engendrar a los monstruos más aterradores y amenazantes. A veinte años de su estreno, El laberinto del fauno continúa siendo una obra fundamental que entiende que la resiliencia también puede ser un acto de imaginación, uno que permite generar canales de fuga y espacios de libertad. En un momento de la historia donde la violencia insiste en presentarse como autoridad y la crueldad pretende confundirse con la justicia, Del Toro nos recuerda que la verdadera valentía no consiste en someterse al poder, sino en preservar aquello que nos permite seguir siendo humanos con todas nuestras imperfecciones y contradicciones. Guillermo del Toro en el FICM. Foto del Teatro Melchor Ocampo de Morelia.