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La Gualdra 726

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“Esta exposición reúne una obra que continúa irradiando después de la ausencia, basta permanecer unos instantes frente a ella para advertir que todo vive y acontece como la última incandescencia que habita en la leña cuando el fuego parece haber terminado. Quizá porque ciertas personas y ciertos artistas no desaparecen del todo: dejan una brasa escondida en la mirada de quienes continuamos contemplando su amor transfigurado en fuego. Es por esa razón que, entre las llamas avivadas de estos trazos, Pablo sigue con nosotros”. Alejandro A. Cervantes Hernández

[La exposición El fuego habitante del desierto, de Pablo Márquez Trejo, se encuentra en el Museo Pedro Coronel]

Pablo Márquez Trejo. Venado azul. Acrílico sobre tela. 100 x 130 cm.

La Gualdra No.

El domingo 19 de julio terminó finalmente este Mundial y fue España quien se coronó como campeón, por segunda ocasión en su historia, tras ganarle a la selección de Argentina; España jugó previamente en México y los aficionados que visitaron nuestro país quedaron muy contentos por la forma en que fueron tratados, y porque nuestro país confirmó nuevamente su etiqueta de buen anfitrión. La selección mexicana hizo un muy buen papel y logró emocionarnos incluso a quienes no somos tan aficionados a este juego; nos devolvieron la esperanza en que las cosas pueden siempre ser mejores y nos recordaron que unidos podemos caminar con paso más firme -en todo-; jugaron un quinto partido que parecía estar encantado y resultó que los encantados fuimos nosotros, los que puntualmente veíamos sus juegos y portamos durante toda esta temporada la verde con mucho orgullo.

Pero el Mundial casi siempre ha sido un motivo detonador de otras expresiones creativas y artísticas y las artes plásticas han encontrado en el tema futbolístico un símbolo muy generoso para abordar este juego como fenómeno social y cultural y como punto de partida para hablar del tiempo en que se vive; México no pasó a cuartos de final, pero sí metió gol, por ejemplo, en galerías y museos, porque el futbol fue protagonista en muchos de esos espacios. Demos un repaso, por ejemplo, de lo que sucedió en CDMX, una de las tres sedes del Mundial en nuestro territorio. Los Juegos Olímpicos de 1968 dejaron un legado indiscutible para el diseño gráfico y la arquitectura en nuestro país y este 2026, durante el Mundial, se hizo todo un programa de exposiciones cuyo objetivo es construir una memoria cultural a través de las artes, particularmente de las artes plásticas, el tiempo nos dirá si se consiguió. Las exposiciones en los museos Jumex, el de Antropología e Historia, el Franz Meyer, el Tamayo y el Museo Vivo del Muralismo, por señalar algunos, evidencian la decisión institucional de convertir al Mundial en un acontecimiento artístico además de deportivo.

Cierto es que el balón nunca ha necesitado entrar a un museo para convertirse en un objeto cultural pues las emociones colectivas no pertenecen únicamente al estadio, la prueba es todo lo que se vivió en los hogares y en las calles abarrotadas de aficionados que no tuvimos la oportunidad de comprar un boleto, pero sí de vivir los partidos en los escenarios públicos. Los artistas y curadores, por su parte, uti-

lizaron este juego como metáfora y los temas de identidad, migración, memoria, violencia, nacionalismo, economía y globalización se entremezclaron de manera muy interesante; los museos abrieron sus puertas al futbol reconociendo que la cultura contemporánea no puede entenderse sin este juego y que también hay que tratar de comprender lo que nos reúne: está visto que pocas cosas hoy pueden congregar a la humanidad como un balón en movimiento en la cancha. ¿Recuerda la canción de México 86? Decía “México 86, México 86, donde se vive la emoción, México 86, México 86, el mundo unido por un balón”,1 pues eso mismo se dio nuevamente 40 años después.

Ahora bien, hay que señalar que el futbol no entró a los museos en 2026; lleva ya varias décadas siendo un tema del arte contemporáneo internacional y el Mundial simplemente aceleró un proceso que ya existía; pienso ahora en artistas que lo han abordado y el primero que viene a mi mente es el duranguense Ángel Zárraga (1886-1946), un gran aficionado de este deporte en el que encontró muchas posibilidades plásticas, de él hay algunas piezas que le invito a conocer: Tres futbolistas con boina, 1921; Las futbolistas, 1922; Futbolistas en el llano, 1924; La futbolista rubia, 1926; y El partido de futbol, 1925 (que se encuentra en el Centre Pompidou, de París), y son sólo algunas de las muchas que realizó con este tema.

Existen otros artistas más recientes que también han hecho obras con el tema, como Gabriel Orozco, quien lo ha tenido como tema recurrente en su producción, y del que destaca su instalación Balones acelerados (2005), con 165 balones intervenidos, de la colección MUAC-UNAM. También vale la pena buscar lo que han realizado Enrique Echeverría -Futbolistas (1962), MAM-, y, por supuesto, el recientemente fallecido Pedro Friedeberg, entre otros. El tema da para mucho todavía, así que si usted tiene en mente la obra de otro artista le agradeceremos que nos lo comparta.

Con este número nos vamos de vacaciones, nos vemos en agosto.

Que disfrute su lectura.

Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

1 Le dejo aquí el video con la canción completa: https://youtu.be/RwfLtnsgrJI?si=SMShQyiZ2Vyp32uj

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Carmen Lira

Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Tu tío chido pero malacopa Por Vianney Carrera 4 5 7 8 6

Desayuno en Tiffany’s, mon ku Tiempo terapéutico. Soudain, de

El fuego habitante del desierto [Exposición de Pablo Márquez Trejo en el

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com

Sandra Andrade Diseño Editorial

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com

La Gualdra es una coproducción
Estrada Lazarín
Jornada Zacatecas.
Saade
Luis Cabrera (1876-2026) a la distancia Por Germán García García
La escritura experiencial de Jorge Valdés Díaz-Vélez Por Miguel Cansino Assens
Museo Pedro Coronel] Texto de Alejandro A. Cervantes Hernández
Ryusuke Hamaguchi Por Sergi Ramos

En este año 2026, se cumplen 150 años del nacimiento de don Luis Vicente Cabrera Lobato, mejor conocido como Luis Cabrera. El 17 de julio de 1876, en Zacatlán de las Manzanas, Puebla nació este ilustre personaje que en la historiografía de la Revolución Mexicana se le reconoció como “el cerebro de la Revolución”, lo cual expresa su importancia durante este proceso. Desde sus primeros pasos como periodista, crítico del porfiriato, actor político en el proceso revolucionario y, finalmente, analista del devenir nacional, Cabrera demostró su incansable interés de incidir en el rumbo del país. La tenencia de la tierra, su acumulación e inequitativa distribución fueron sus mayores preocupaciones. Buscaba resolver uno de los principales conflictos —quizá el de mayor trascendencia— que aquejaba a la nación a principios del siglo pasado. Para ello estudió los orígenes de la posesión de la tierra desde tiempos prehispánicos, su desarrollo, formas de acaparamiento y despojo. Posiblemente por esto entendió con claridad que la lucha revolucionaria era eminentemente una lucha campesina, una lucha por la tierra; en consecuencia, la de 1910 fue, sin duda, una revolución social.

Cabrera inició sus estudios básicos en su pueblo natal bajo la tutela del profesor José Dolores Pérez, figura determinante en la educación del joven, al igual que su tío Daniel Cabrera. Al concluirlos fue enviado a la Ciudad de México para ingresar a la Escuela Nacional Preparatoria, donde terminó en el año de 1893. Por falta de economía tuvo que buscar trabajo e ingresó como maestro de escuela, iniciándose en el estado de Tlaxcala.

Años más tarde reanudó sus estudios en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, fue en esa época cuando trabajó en diferentes ámbitos, aunque sobresale uno en particular, el de escritor político. Profesión que se convirtió más tarde en una de sus actividades más recurrentes para denunciar los acontecimientos de su época. Pero aún faltaba mucho camino por recorrer en la vida del joven poblano, una vez concluidas todas sus materias en la Nacional de Jurisprudencia, el aspirante a licenciado tuvo que cumplir con las tres prácticas profesionales correspondientes como lo marcaba el plan de estudios de aquel momento, para así tener derecho a presentar su examen profesional. En primer lugar, trabajó en el Juzgado 4° de lo Civil bajo la dirección del licenciado Jesús Uriarte y casualmente conoció ahí a otro futuro abogado llamado José

Luis Cabrera (1876-2026) a la distancia

Vasconcelos, quien se desempeñaba como secretario de Juzgado. Sus segundas prácticas profesionales las realizó en el Juzgado 5° de lo Criminal bajo la supervisión del licenciado Luis López Masso. Por último, en el despacho de los licenciados Alonso Fernández y Lorenzo Elízaga, concluyó con sus requisitos para buscar una pronta titulación. Como es de suponer, ya para aquella época el ambiente porfirista permeaba todos los espacios. Desde las aulas de la Escuela de Jurisprudencia formó amistad con Luis Fernández Castelló, hijo del secretario de Justicia, y con Rodolfo Reyes, el hijo mayor del recién nombrado secretario de Guerra: el general Bernardo Reyes. Ni Cabrera ni Rodolfo Reyes eran ajenos a los problemas del país y mucho menos a la permanencia del general Díaz en el poder. En las elecciones de 1900,

cuando Cabrera y Reyes estaban a punto de concluir sus estudios, surgió el movimiento más radical en contra del gobierno de Díaz. Bajo la tutela de los hermanos Ricardo y Jesús Flores Magón, apareció el periódico Regeneración que proponía denunciar las arbitrariedades de la administración de justicia. Cabrera, sin duda, tuvo noticias de dichos sucesos, pero su prioridad en ese entonces era la culminación de sus estudios.

El 3 de mayo de 1901, Cabrera obtuvo la autorización correspondiente de la Junta Directiva de Instrucción Pública, bajo la dirección de Alonso Mariscal y Pino, para poder realizar su examen profesional con la tesis Los seguros sobre la vida en México. Cinco fueron los sinodales asignados para examinar al aspirante a licenciado: Jacinto Pallares, Luis G. Labastida, Antonio Ramos Pedrueza, Víctor M.

Castillo y Román Martínez. Sin duda destaca la presencia del célebre maestro Pallares, a quien sus alumnos le reconocían su vasto conocimiento jurídico como también filosófico.

Para el 18 de mayo, Cabrera se recibió como licenciado en Derecho. Un mes más tarde, el abogado se asoció con sus dos compañeros, Rodolfo Reyes y Luis Fernández Castelló, para formar un nuevo despacho. Su bufete fue apodado “Los Delfines”, debido a la trascendencia de los progenitores de sus socios. Dicha sociedad perduró hasta 1904, cuando Cabrera decidió independizarse. De manera paralela a los hechos narrados, el gobierno del general Díaz fue consolidándose, máxime en el tema económico. Las inversiones extranjeras en México fueron aumentando, asimismo, el comercio nacional e internacional. Para lograrlo, Díaz basó su progreso —en buena medida— en el desarrollo de las vías de comunicación, en el avance industrial y en la minería. La explotación del petróleo empezaba a crecer gradualmente. Esta estrategia económica dictada por Díaz sin duda contribuyó al fortalecimiento de su régimen. La modernidad empezó con el gobierno de Díaz, pero venía acompañada con una serie de desigualdades sociales aunada a la nula participación política de la mayoría —principalmente analfabeta—, así como la poca legitimidad en las elecciones. Éstas fueron, sin duda, las principales quejas que se acrecentaron en el México de principios del siglo XX. Al inicio del pasado siglo, diferentes grupos empezaron a manifestarse en contra de lo que era, sin duda, una dictadura. Significativo es el caso -como mencioné en líneas anteriores- de los hermanos Flores Magón, cuyas críticas y movilización dieron sustento a una oposición organizada no muy numerosa, pero considerable. La respuesta oficial no tardó mucho en presentarse ante estas manifestaciones. La clausura de la imprenta donde se publicaba el periódico Regeneración de los hermanos Magón fue el primer paso; el segundo, el hostigamiento a sus simpatizantes, y el tercero, los encarcelamientos de personajes claves o bien la presión para que dejaran el país. Para 1903, Ricardo Flores Magón salió rumbo al destierro en los Estados Unidos. Parecía que, con ello, Díaz daba por terminada cualquier agitación contra su gobierno, aunque en realidad resultó opuesto a lo esperado. El nacimiento de un nuevo partido político, el Liberal Mexicano, fue el primer caso de una serie de nuevas corrientes políticas que empezaron a

Historia

Luis Cabrera, No. Fondo: LXVIII-3, Fondo: Fotografías Manuel Willars González, Clasificación: LXVIII-3.2.6, 1910-1920. Fuente: Centro de Estudios de Historia de México Fundación Carlos Slim dependiente de Servicios Condumex S.A. de C.V.

Historia

disentir poco a poco con el régimen de Díaz.

Fue hasta el año de 1908 cuando la efervescencia por las próximas elecciones presidenciales a realizarse en 1910 que Luis Cabrera dejó a un lado su carrera profesional para dedicarse de lleno al difícil ámbito de la política mexicana. Alentado sin duda alguna por su tío Daniel Cabrera, editor del Hijo del Ahuizote, que era otro de los pocos periódicos de oposición al gobierno de Porfirio Díaz que salían a la luz pública con sus debidas reservas. Hay que recordar que la libertad de expresión durante esos años era muy limitada.

Parecía que las elecciones de 1910 serían nuevamente un mero trámite para la “última reelección” de Porfirio Díaz. Pero sucedió un acto inusitado que aún hasta nuestros días, no se sabe a ciencia cierta qué originó para que Díaz concediera una entrevista al periodista canadiense James Creelman para la revista Pearson's Magazine, que a la larga dio como resultado el incentivar a diferentes grupos políticos a organizarse para participar en las elecciones venideras. Además, la aparición en el ámbito de la política de Francisco I. Madero con su libro La sucesión presidencial en 1910, a finales de 1908 y la organización de los diferentes partidos políticos a lo largo de 1909 ocasionaron que la situación política en el país al iniciar el año de 1910 entrara en la antesala de una re-

Cabrera, No. Fondo: LXVI, Fondo: PersonajesNotablesdelaRevoluciónSXX, Clasificación: LXVI.1.124, s/f. Fuente: Centro de Estudios de Historia de México Fundación Carlos Slim dependiente de Servicios Condumex S.A. de C.V.

novación fundamental en los sistemas administrativos y en los conceptos políticos que habrían de normar el futuro de México. La creación de clubes para que la población participara activamente en los partidos políticos, la difusión de sus ideas por medio de sus semanarios, la organización de mítines, así como la designación de Madero como candidato a la presidencia por parte del partido Antirreeleccionista, ocasionaron el desbordamiento de la gente por los asuntos públicos.

Las elecciones para ocupar la presidencia y vicepresidencia de la República se llevaron a cabo el 11 de julio de 1910. Como era de esperarse, estuvieron plagadas de anomalías que pusieron en entredicho la veracidad y la certeza de las votaciones realizadas durante esa época. Aunque salieron a la luz pública cientos de irregularidades en muchas casillas, días después, los electores nombrados dieron el triunfo al general Díaz como presidente de la República, causando gran indignación en la mayoría de la población que había creído en la palabra del propio Díaz en realizar elecciones justas y democráticas.

La historia se estaba escribiendo y una vez que la Cámara de Diputados le dio legitimidad a las elecciones presidenciales el único camino a seguir por parte de los antirreeleccionistas fue el tomar las armas para conseguir por la fuerza lo que por medio de las

elecciones les habían robado. Con la promulgación del Plan de San Luis, la Revolución encabezada por Madero empezó a fraguarse. El Plan declaró ilegales las elecciones de 1910 y nombró presidente provisional a Madero, quien convocó al pueblo a levantarse en armas en contra de Díaz a partir de las seis de la tarde del día 20 de noviembre de ese mismo año, no sólo para derrocarlo del poder sino también como lo dijo Madero “para salvar a la patria del porvenir sombrío que le espera continuando bajo su dictadura” y así “reconquistar su libertad”. Los hechos subsecuentes son por demás conocidos y para el 21 de mayo de 1910 los Tratados de Ciudad Juárez fueron firmados. Para Madero los Tratados fueron la opción más viable para terminar con el movimiento armado y dar paso a una nueva era en nuestro país que lo llevarían más tarde a la presidencia de la República. Sin embargo, contrario a lo que se esperaba los postulados revolucionarios no se llevaron a la práctica. Madero siguió usando a las antiguas fuerzas porfiristas como su base de poder, dejando el aparato estatal en sus manos y permitiéndoles retener puestos claves en su gabinete. Pocos fueron los elementos revolucionarios que el presidente incluyó en su administración. Entre estos últimos se encontraba Cabrera, a quien nombró director de la Escuela Nacional de Jurisprudencia el 20 de abril de 1912.

En su paso en la Dirección tuvo que enfrentarse a una huelga estudiantil. La cual tuvo como antecedente inmediato el informe que rindió el mismo día de su toma de protesta como director, en donde —fiel a su estilo— señaló con agudeza los distintos problemas por los que atravesaba la Escuela, que en sus últimos años se había limitado a “producir licenciados más o menos bien preparados en el arte del litigio”. Un notable descenso del nivel científico-escolar de los alumnos, sumado a la apatía de los mismos para cumplir con sus deberes, así como un relajamiento de la disciplina escolar, era lo que había provocado una educación deficiente en las últimas generaciones de egresados, arguyó Cabrera. Por tanto, y como una forma de solucionar dichos problemas propuso una profunda revisión al plan de estudios, la celebración de exámenes escritos bimestrales y un examen oral al finalizar el curso, así como reformas a las prácticas profesionales. Pero más allá de eso, hizo un llamado al alumnado para que realizara un cambio de actitud: “mientras [los estudiantes] crean que tienen derecho a un título profesional como recompensa por cinco años de mera pasividad, no cambiarán las condiciones de la Escuela”. Esta llamada de atención realizada por el nuevo director y el ambiente distinto dentro de la Nacional de Jurisprudencia —en donde los alumnos buscaban una ma-

Luis

yor participación en la toma de decisiones— dieron como resultado que el nombramiento de Cabrera fuera visto como una imposición de la presidencia de la República. Para el 2 de julio estalló la huelga. La renuncia definitiva de Cabrera como director se dio hasta el 21 de febrero de 1913. En forma simultánea a su gestión como director, lanzó su candidatura a diputado para formar parte de la XXVI Legislatura Federal. El 22 de mayo de 1912 apareció la convocatoria para elegir diputados, Cabrera como lo había manifestado un año antes en su artículo La Revolución es Revolución, buscó el voto de los ciudadanos residentes en las municipalida-

des de Tlalpan, Milpa Alta, San Ángel y Coyoacán que conformaban el XI distrito de la Ciudad de México para llegar a ser diputado propietario.

La nueva Cámara de Diputados quedó instalada el 2 de septiembre de 1912. Desde tribuna, Cabrera siempre defendió la idea de que la Revolución, aún por dolorosa que fuera, tenía que acabar con todas las fuerzas del antiguo régimen antes que empezar la reconstrucción de las Instituciones, dejando en claro que los ideales de la Revolución tenían que ser cumplidos a cabalidad. Si se buscaba un verdadero cambio en las formas de hacer política, la Cámara sería un pedestal importante en la

búsqueda de esto, “venimos a reformar leyes, precisamente venimos a cambiar muchas condiciones de existencia política y sobre todo, económicas y sociales, de nuestro país”, señaló Cabrera. El abogado poblano causó siempre polémica desde sus escritos hasta sus discursos en tribuna, sabía que desde que tomó la pluma para denunciar los abusos del grupo científico en el poder tendría detractores a sus palabras y a sus acciones. El problema agrario era uno de los reclamos del pueblo y buscar una solución era obligación del Poder Legislativo. Era primordial demostrar a la opinión pública que la Cámara de Diputados estaba trabajando por resol-

ver unos de los tantos problemas que demandaba la población, la cuestión agraria no podía esperar más, por lo que el 3 de diciembre 1912 Cabrera presentó la iniciativa La reconstitución de los ejidos de los pueblos como medio de suprimir la esclavitud del jornalero mexicano.

Cabrera buscó en el Ejecutivo el apoyo para fundar su iniciativa, pero no lo encontró, pues decía que Madero prefería buscar la labor de restablecimiento de la paz antes que realizar las medidas económicas que necesitaba el país. Instó a que el pleno de la Cámara volteara su mirada para resolver el problema agrario al afirmar que: “Las verdaderas reformas sociales las han hecho los Poderes Legislativos, y las verdaderas reformas, una vez más lo repito, nunca se han hecho en los momentos de tranquilidad; se han hecho en los momentos de agitación social; si no se hacen en los momentos de agitación social, ya no se hicieron”.

El abogado poblano sabía de la necesidad de trabajar unidos no sólo en el tema agrario, ya que veía como la contrarrevolución iba tomando cada día más fuerza frente al gobierno maderista; su idea de no permitirlo más, lo llevó a solicitar licencia para separarse de su cargo como diputado a fin de quedar en aptitud de aceptar cualquier comisión que el Poder Ejecutivo le asignara.

Pero Madero no escuchó las voces de quienes lo alertaban del inminente peligro en que se encontraba, volviéndose realidad lo que tiempo atrás Cabrera le había advertido: “Si por falta de entereza o de habilidad política o por simple desconocimiento de la verdadera fuerza que la Revolución ha puesto en vuestras manos, no podéis lograrlo, la nación os lo demandará ante el Tribunal de la Historia”. No fue la Nación quien lo hizo, sino el poder militar comandado por Victoriano Huerta, Félix Díaz, Aureliano Blanquet, Manuel Mondragón, Bernardo Reyes y la complicidad del embajador estadunidense Henry Lane Wilson quienes dieron fin a la etapa maderista.

En el último llamado que realizó la Cámara de Diputados a Madero para solicitar soluciones urgentes a los problemas del país, así como el cambio de su gabinete por personas afines a la Revolución, la respuesta del presidente no fue positiva, prefirió callar antes que actuar. Cabrera desalentado por esto, salió a La Habana, Cuba, donde se enteró días después del cuartelazo de la Ciudadela que traería consigo la renuncia de Madero y su posterior asesinato.

Cabrera no volvió más a la Cámara de Diputados, sus convicciones en política no se lo permitieron y por ello decidió unirse a las fuerzas disidentes y comenzar como él mismo la llamó La Revolución Constitucionalista al lado del personaje que tanto admiró y respetó: Venustiano Carranza, iniciando así una nueva etapa en su andar político. A 150 años de su nacimiento, aquí un pequeño recordatorio de su

Historia

obra.
Casa donde nació Luis Cabrera, el 17 de julio de 1876 en Zacatlán, Puebla, Fuente: Germán García García, abril de 2010.
Caricatura alusiva al primer escrito del Licenciado Blas Urrea, que tenía como título “El partido científico, qué ha sido, qué es, que será, para qué sirve la ciencia”, publicada en el periódico ElDebate,28 de julio de 1909. Fuente: Universidad Nacional Autónoma de México, Hemeroteca Nacional Digital de México.

La escritura experiencial de Jorge Valdés Díaz-Vélez

Para aproximarse de manera justa a los poemas que integran el cuerpo de La puerta giratoria, de Jorge Valdés Díaz-Vélez, se requiere por parte del lector una doble y paciente virtud: primero, la fortuna bibliográfica de hallar un ejemplar de su escaso tiraje y, luego, la disposición espiritual para leerlo con una atención verdaderamente vertical. Publicado originalmente en el emblemático mes de abril de 1998, este libro representa un título de plena madurez lírica y consolidación formal. Si el hecho de merecer el prestigioso Premio de Poesía Aguascalientes funciona ante el lector como una inmejorable carta de presentación, en la cronología de nuestras letras opera también como un cierre simbólico y crepuscular del siglo XX: conviene recordar que aquel mismo año registra, además, la muerte física de Octavio Paz, clausurando una era entera de la poesía mexicana.

El Premio de Poesía Aguascalientes, que para entonces contaba ya con treinta años de historia y decantación, había logrado consolidar una tradición contemporánea fundamental, reconociendo a aquellos autores encargados de reinventar el tejido del verso y dinamizar los vasos comunicantes de la literatura. Basta con volver la mirada hacia ejemplos fundacionales de dicho galardón, tales como Juan Bañuelos y José Emilio Pacheco: cada uno poseedor de una lírica radicalmente distinta, pero compartiendo una idéntica pasión poética que deja una huella imborrable en el idioma. La puerta giratoria no está en absoluto exenta de esa misma intensidad; por el contrario, su lectura confirma la impecable capacidad del autor para capturar imágenes que deslumbran al ojo crítico y registrar, mediante la fijeza de la palabra, el itinerario vital de un auténtico hombre de letras.

Los poemas, leídos hoy con la saludable distancia de su primera publicación, se revelan como la muestra madura de un verso sumamente concentrado, reflexivo y limpio. Cada pieza detona en el oído su propia energía: rítmica, apasionada y deslumbrante en su factura. ¿Qué significa esto en realidad antes de ingresar al examen de un poema particular? Significa mucho: la obra se conforma como un todo que devela el cuerpo perfecto de su poética. Por un lado, encontramos el verso comprimido al máximo, dotado de una musicalidad interna soberbia que dialoga directamente con la larga tradición hispánica del poema por sentencia; huellas lejanas y benéficas como la de Jorge Guillén, reconocible por la transparencia matemática de su lenguaje, o la fije-

en un manifiesto de su propia búsqueda. Como bien lo señaló en su momento el crítico Miguel Vieyra, nos encontramos ante “un verdadero milagro, a la par que lúcido manifiesto poético”, destacando con agudeza aquellos cuatro versos que abren un paréntesis reflexivo y anticipan la voluntad estética de todo el conjunto. Destaca también en su análisis la aguda reflexión sobre la estancia madrileña del autor: “tampoco ha sido ajeno el buen poeta, en su estancia madrileña, a las últimas luces de la mal llamada corriente experiencial, o literalismo anecdotista”, dejando constancia de ello en poemas marcados por un tono “tiernamente irónico”. Así, ante la página, cabe formularnos la pregunta: ¿estamos verdaderamente ante una poesía puramente experiencial y anecdotista? Por un lado, la respuesta es afirmativa; por el otro, rotundamente no. La virtud última del poeta es que supera con creces la contingencia de la anécdota civil para alcanzar una absoluta autonomía verbal. Entonces, ¿qué es verdaderamente la escritura experiencial en los alcances de La puerta giratoria? La respuesta más certera se halla condensada en el desarrollo de “Axtiaule”. La lectura sucesiva de sus diez papiros resulta fluida y musical, valiéndose de cortes precisos entre las estrofas y de versos que marcan de forma matemática un antes y un después, tendiendo puentes de puro sonido que generan un eco perdurable en nuestro idioma. ¿Es esto, acaso, lo estrictamente experiencial? No lo es en el sentido meramente documental; pero sí lo es si nos plegamos con hondura al ritmo de la vivencia interior. Se trata de un diálogo donde la influencia estilística de autores como Luis García Montero resulta definitoria y mutua; un espacio desde donde emergen con nitidez ecos tanto ingleses como españoles, en lo que se devela como un lúcido resumen de la crisis poética contemporánea.

za purísima de Juan Ramón Jiménez. Por otro lado, la fuerza cadenciosa de su música verbal se torna avasalladora, potenciada siempre por la extrema precisión de sus epígrafes. Un mérito especial en esta arquitectura es la presencia secreta de Muerte sin fin, de José Gorostiza, operando desde su propio lado del Atlántico: esa pasión compartida por un verso intenso, arquitectónico y sumamente cuidado permite que el poema, asumido con rigor, ponga de inmediato al lector en sintonía con la totalidad de la obra. Tal es el caso paradigmático de “Axtiaule”, una pieza magistral dividida textualmente en diez papiros. La palabra mis-

ma del título deslumbra por su complejidad fonética y su misterio semántico; su significado último parece escapar al primer escrutinio, pero el subtítulo de la composición nos remite de manera oblicua a los célebres papiros de Eugenio Montejo, evocando así un diálogo profundo, subterráneo y fraterno: el verso entendido como encuentro, confirmación mística y lazo con esa frontera que lo sitúa fuera del país donde nació.

Pensando detenidamente en esa concentración lírica de Valdés Díaz-Vélez, resulta indudable que su escritura posee un carácter juanramoniano: el poema se condensa hasta convertirse

Su paso por las filas de la diplomacia mexicana y su prolongada estancia madrileña durante el periodo de escritura de este libro le permitieron proyectar esa rica experiencia vital directamente en el territorio de la poesía: un contacto constante con el mundo y la alteridad que, en el acto de la escritura, se vuelve un testimonio ejemplar; el reflejo exacto de la experiencia humana transmutada en verso perdurable. La escritura de Jorge Valdés Díaz-Vélez se postula, así, de manera simultánea como personal y universal, concreta en su origen y musical en su destino, manteniendo un diálogo constante y oblicuo tanto con la gran tradición de nuestra lengua como con las urgencias de su propio tiempo.

Jorge Valdés Díaz-Vélez. Foto tomada de su muro de FB

El fuego habitante del desierto [Exposición de Pablo Márquez Trejo en el Museo Pedro Coronel]

Exposiciones

El pasado 10 de julio se inauguró en la sala de exposiciones I del Museo Pedro Coronel, en Zacatecas, la exposición de Pablo Márquez Trejo titulada El fuego habitante del desierto que reúne una serie de obras producidas con diferentes técnicas: grabado, pintura, instalación, dibujo, etc. Pablo falleció en octubre del 2025 cuando su carrera apenas empezaba y esta muestra nos da una idea de todo el potencial que tenía, pero sobre todo, la claridad de ideas y el talento que tuvo en su paso por esta vida.

La exposición permenecerá en exhibición durante esta temporada veraniega y esta es una invitación para que la visite. Compartimos, además, un fragmento del texto de sala, realizado por Alejandro A. Cervantes.

Hay un fuego que nace desde la piel áspera del huizache, desde el paso silencioso del venado y desde la respiración del coyote cuando la noche se vierte sobre el semidesierto. Hay un fuego antiguo que nace en la obra de Pablo Márquez Trejo, artista gráfico originario de Fresnillo, Zacatecas. En toda su obra la línea nunca permanece inmóvil: se crispa, se bifurca y asciende como una llamarada que acaba de desprenderse del corazón de las brasas, Cada trazo parece buscar el aire para seguir ardiendo y conservar la memoria de un incendio. Entre esas llamas rutilantes caminan, bailan y posan los Solares, seres de luz que acompañan animales y otras presencias tutelares que pertenecen a una geografía espiritual donde el sol no ilumina el paisaje semidesértico: lo revela. Esa llamarada cercana a la gráfica popular encontró cauce primero en el Sótano Gráfico del Ágora fresnillense bajo la guía de José Manuel Salas; más tarde se alimentó del aprendizaje junto al maestro Emilio Carrasco y las maestras Claudia y Citlali Córdova en la casa de cultura zacatecana; continuó ardiendo entre amistades de la BAM; y terminó por templarse en el TIR de Tlalpan auspiciado por el maestro Humberto Valdez. Lo anterior generó un lenguaje propio y un imaginario arraigado a la identidad de su origen que, una vez encendido, sólo ha sabido arder. Muestra de ello es su pertenencia y ulterior graduación de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado "La Esmeralda". Eso nos demuestra que su ingreso consolidó el compromiso artístico y la disciplina que ya venía forjándose.

[…]

Esta exposición reúne una obra que continúa irradiando después de la ausencia, basta permanecer unos instantes frente a ella para advertir que todo vive y acontece como la última incandescencia que habita en la leña cuando el fuego parece haber terminado. Quizá porque ciertas personas y ciertos artistas no desaparecen del todo: dejan una brasa escondida en la mirada de quienes continuamos contemplando su amor transfigurado en fuego. Es por esa razón que, entre las llamas avivadas de estos trazos, Pablo sigue con nosotros.

Alejandro A. Cervantes Hernández

Pablo Márquez Trejo. Detalle de dibujo.
Pablo Márquez Trejo. Vendedor de rosas. Grabado en linóleo. 75 x 110 cm.
Pablo Márquez Trejo. Sin título. Grabado en linóleo. 137 x 77 cm.

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