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La Gualdra 725

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Víctor Manuel Mendiola recibirá el Premio Iberoamericano Ramón López Velarde el viernes 17 de julio, a las 11:00 horas, en el Teatro Hinojosa de Jerez, Zacatecas. De acuerdo con el Jurado Honorífico de Selección “El aporte de Víctor Manuel Mendiola, ganador del Premio Iberoamericano Ramón López Velarde 2026, consiste en rescatar la complejidad política, histórica y filosófica de La suave Patria, […] Mendiola ha conformado un corpus poético indispensable para comprender a López Velarde como poeta civilista, sensual, irónico y profundamente humano y actual. Su obra aporta herramientas críticas y poéticas que actualizan la lectura de Ramón López Velarde, permiten nuevas aproximaciones investigativas y enriquecen el diálogo sobre la tradición y la identidad mexicana”. [Una entrevista con Víctor Manuel Mendiola en esta edición]

Víctor Manuel Mendiola.

La Gualdra No.

El miércoles 8 de abril de 1998, cuando era gobernador el Lic. Arturo Romo Gutiérrez, salió publicado en el Periódico Oficial del Gobierno Constitucional del Estado Libre y Soberano de Zacatecas, el Decreto 242 mediante el cual se creó el Festival Internacional de Poesía y Premio Iberoamericano denominados Ramón López Velarde; esta modificación de la “Ley que crea el Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde” quedó asentada en su Artículo 231 y desde entonces, cada verano, se entrega el reconocimiento en el marco de las Jornadas Lopezvelardeanas.

“Creado en 1998 para conmemorar el natalicio del poeta Ramón López Velarde por el Gobierno del Estado de Zacatecas y el Instituto Zacatecano de Cultura, el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde, a partir de 2017 Premio Iberoamericano Ramón López Velarde, tiene como objetivo reconocer a los escritores que se han entregado a la creación literaria, especialmente a aquéllos que han alentado y difundido la obra del poeta zacatecano”,2 desde 2017 entonces es que se ha premiado no sólo a poetas, sino a narradores y dramaturgos que han contribuido a la investigación, crítica y difusión de la obra del poeta jerezano.

Este año, el Jurado Honorífico de Selección del Premio Iberoamericano Ramón López Velarde 2026, integrado por Alfonso García Morales, Marco Antonio Campos Álvarez Tostado, Zoar Román, Javier Acosta, Sofía Ramírez, Ernesto Lumbreras y Evodio Escalante, determinó que el premio es para Víctor Manuel Mendiola. Las fechas de las Jornadas Lopezvelardeanas cambiaron este 2026, pues usualmente se realizan durante el mes de junio que en Zacatecas se le conoce como el mes de López Velarde, nacido el 15 de junio de 1888 y fallecido el día 19 del mismo mes pero de 1921. El programa de las Jornadas Lopezvelardeanas 2026 se desglosa a continuación:

Miércoles 15 de julio, 18.00 horas, Petroteca del Antiguo Templo de San Agustín. Mesa de Poesía “Ramón López Velarde y la poesía contemporánea”, con la participación de Pedro Derrant, Karen Salazar, Javier Acosta y Zoar Román; moderador: Édgar A.G Encina. A las 19.00 horas, Mesa de diálogo: Ramón López Velarde y San Luis Potosí “Homenaje a Armando Adame”, con la participación de Israel Ramírez, Sofía Ramírez y Armando Adame; modera Zoar Román; ahí se llevará a cabo la entrega del reconocimiento a Armando Adame por su trayectoria e impulso a la investigación de la vida y obra a Ramón López Velarde en San Luis Potosí.

Jueves 16. De julio, 18.00 horas, Petroteca del Antiguo Templo de San Agustín. “Exhumación de «Rigoletto» (un poema ignorado de López Velarde y otros problemas de sus obras póstumas), por Pedro Derrant; lo presenta Heidy Cásarez. A las 19.00 horas: “La Sabiduría del Corazón: Biografía de Ramón López Velarde”, autor Pablo Sol Mora; presenta Heidy Cásarez. 20.00 horas: “Desdeñoso de la publicidad… Lectura de obra de Ramón López Velarde”, con la participación de Arturo Beristáin (Premio Iberoamericano Ramón López Velarde 2024) y Magdalena López, escritora; presenta Heidy Cásarez. Viernes 17 de julio, 12.00 horas, Teatro Hinojosa, Jerez Zacatecas: “Entrega del Premio Iberoamericano Ramón López Velarde 2026 a Víctor Manuel Mendiola”, la alocución sobre el galardonado estará a cargo de Sofía Ramírez (Premio Iberoamericano Ramón López Velarde 2025), en presencia de autoridades estatales y municipales.

Viernes 17 de julio 18.00 horas, Petroteca del Antiguo Templo de San Agustín: “Diálogo: Ramón López Velarde y la Ciudad de México”, participan Armando González Torres y Ernesto Lumbreras, modera: Karen Salazar. A las 19.00 horas: “Mesa de Diálogo: Biografía de la Suave Patria”, con Ernesto Lumbreras, Armando González Torres y Victor Manuel Mendiola; modera Zoar Román.

Este año, Las Jornadas Lopezvelardeanas y la entrega del premio tienen un punto mayor de interés dado que recientemente se suscitó el hecho de que las autoridades culturales de la Ciudad de México pretendieron cambiar el nombre de la Casa del Poeta Ramón López Velarde y la vocación de ese espacio dedicado a la poesía. Ya hemos hablado de eso aquí, pero resalto el gran rechazo que generó esa pretensión entre la comunidad de escritores y lectores lopezvelardeanos, al punto de que fue constituido un Comité de Defensa de la Casa del Poeta Ramón López Velarde que propició que la iniciativa de modificación del nombre y la vocación fuera descartada.

Sobre eso y más conversamos esta semana con Víctor Manuel Mendiola, a quien agradezco mucho su tiempo y disposición para conversar conmigo; la entrevista se encuentra en páginas centrales de esta edición. Nos vemos esta semana en Petroteca del Antiguo Templo de San Agustín y en Jerez.

Que disfrute su lectura.

Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

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1 https://www.congresozac.gob.mx/f/elemento&cual=23&ver=html

2 Enciclopedia de la Literatura en México, “Premio Iberoamericano Ramón López Velarde”, en: https://www.elem.mx/institucion/datos/2956

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com

Sandra Andrade Diseño Editorial

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com

Víctor Manuel Mendiola, Premio Iberoamericano Ramón López Velarde Por Jánea Estrada Lazarín
La poesía reunida de un maderista acérrimo: Rogelio Fernández Güell Por Marcos Daniel Aguilar
Moscas, de Fernando Eimbcke Por Adolfo Nuñez J.
El camino del caballero, la muerte y el diablo Por Álvaro López–Limón
La vitalidad de la vejez… Por Aída Chacón-Castellanos
Paco Beverido, traductor Por Maliyel Beverido

Paco Beverido, traductor

Para hablar del Paco traductor hay que hablar primero del Paco lector. Desde la infancia fue minucioso y sistemático, cuando un autor o un tema le interesaban los perseguía con voluntad y firmeza, así fue con Salgari y Verne, igual que con Christie y Simenon, antes de llegar a los dramaturgos o los teóricos de las artes escénicas.

Leía desde recetarios de cocina mediterránea, ensayos sobre Ibsen o novelas de Camila Lackberg. Coleccionaba y comparaba las ediciones, las releía, las anotaba. Nunca dejó de leer novelas de aventura. Y cuando algo le gustaba o le parecía importante tenía que compartirlo (ése es el principio del proyecto de Candileja).

Empezó por traducir obras que pretendía llevar él mismo a los escenarios, aunque luego tradujo también para que otros tuvieran la oportunidad.

Él mismo cuenta en la presentación de El juego del amor y del azar, 1 que fue en 1995, cuando la Universidad de Sonora lo invitó a dirigir, que eligió esa obra de Marivaux a partir de las características del elenco propuesto. Poco conforme con las traducciones que tenía de la obra, se dispuso a hacer su propia versión para la puesta en escena, y así se adentró en los complejos juegos de palabras y expresiones idiomáticas del dramaturgo, y lo delicado de trasladarlas a un español comprensible hoy en día.

Fascinado por la forma en que Marivaux retrata la complejidad de los seres humanos y sus relaciones a través de la lengua, Paco siguió leyéndolo para sí.

Diez años adelante, en 2005, a fin de participar en la décima edición del festival internacional Junio Musical, decidió montar La segunda sorpresa del amor, en cuya traducción me invitó a participar. El texto fue publicado por el entonces Instituto Veracruzano de Cultura.2

El marivaudage, término derivado del estilo característico de Marivaux, resulta en una suerte de juego de seducción en el que predominan la galantería, la adulación y la sátira. Es un estilo considerado retorcido y preciosista, mezcla de lo trivial con la reflexión profunda, del refinamiento con lo vulgar, y lo salpica todo de regionalismos y acentos locales. Sus personajes se disfrazan, cambian de identidad, engañan para revelarse al final.

A las críticas que lo acusaban de no escribir en buen francés (expresadas nada menos que por Voltaire y

D'alembert), Marivaux respondía que sólo había copiado el lenguaje y las situaciones que vivía en los salones que frecuentaba.

Las primeras traducciones al español, hechas en la España del siglo XVIII, parecen ser más bien interpretaciones libres o adaptaciones, basadas sobre todo en la ampliación lingüística, con innumerables compensaciones y trasposiciones. Conforme pasó el tiempo, la traducción se hizo más apegada al original, siendo lo ideal un equilibrio entre una traducción fiel y una idiomática. Sin embargo, la mayoría de las traducciones

existentes conservan, naturalmente, un castellano muy ibérico. Habrían de pasar más de diez años, durante los cuales se hizo de ediciones diversas tanto en español como en francés, para que Paco reuniera el corpus casi completo de las obras de Marivaux.

Cuando la salud de Paco derivó en problemas para desplazarse, se refugió en el trabajo de escritorio y, además de su labor editorial dentro de la revista Tramoya, entre muchas tareas autoimpuestas, se impuso la traducción de las obras de Marivaux. El volumen publicado en la Colección del

1 El juego del amor y del azar y otras obras, Pierre de Marivaux, Selección traducción y prólogo de Francisco Beverido,

Universitario presenta las primeras seis de una veintena en la que trabajó en tiempos recientes. O trabajamos, pues me permitió intervenir en esa empresa. Para ello nos reunimos más o menos una vez a la semana. Me mostraba una impresión del borrador en turno, porque le gustaba trabajar sobre papel, hacer anotaciones y subrayar en físico hasta que no quedaba lugar en los márgenes, para luego ir incorporando las correcciones al documento digital que reimprimiría para seguir trabajándolo. Aprendí, además, mucho sobre el teatro de Molière y Racine, y la Commedia dell'Arte, que precedieron a Marivaux, y también sobre la influencia que éste pudo tener en a finales del siglo XIX y principios del XX.

La herramienta principal de Paco, o punto de partida, era el Théatre complet, 3 con prefacio de Jacques Sherer y presentación y notas de Bernar Dort, aunque cotejaba las versiones y las notas de otras ediciones.

En muchas ocasiones me enviaba por correo electrónico o hasta por Whatsapp preguntas concretas y luego borradores para su revisión cuando no quería esperar a que nos reuniéramos.

Las últimas obras que me envió están entre las últimas escritas por Marivaux; Los actores de buena fe, La alegría imprevista, La comadre, La provinciana y “L’épreuve”, cuyo título no se decidía a dejar como “La prueba”. Falta rescatar de su computadora los borradores de otras obras, como La colonia y La esposa fiel.

Paco tenía un conocimiento más académico de la lengua francesa y yo quizá más coloquial, lo que nos llevó a largas charlas acerca de los aspectos culturales que podía reflejar cada parlamento de las obras y cómo podían restituirse en español sin que se perdiera el aire de la época y el lugar en el que habían sido creados. Si bien dice una expresión popular, para referirse de la lengua francesa, es que es la "lengua de Molière”, el francés de los siglos XVII y XVIII no es el mismo de hoy, como pasa, por supuesto con el español y con cualquier idioma. Para despejar dudas yo me apoyaba en un diccionario histórico e iba rastreando el origen y evolución de un término o locución.

En varias ocasiones le propuse prestarle ese diccionario para que él mismo hiciera sus búsquedas, y siempre me decía que prefería preguntarme. Supongo que era su manera de mantener el tema sobre la mesa.

2 La segunda sorpresa del amor, Pierre de Marivaux, Traducción de Francisco Beverido y Maliyel Beverido, Colección: Atarazanas, Instituto Veracruzano de Cultura, 2005.

3 Marivaux, Théatre complet, Bernard Dort, notas ; Jacques Scherer, prefacio, Éditions du Seuil, 1964.

Teatro

Biblioteca del Universitario, Universidad Veracruzana, 2024.
Francisco Beverido Duhalt (14 de julio 1949-28 de julio de 2025).

Víctor Manuel Mendiola, Premio Iberoamericano Ramón López Velarde

Víctor Manuel Mendiola (Ciudad de México, 1954) ha publicado, entre otros libros, Vuelo 294 (poesía); Tan Oro y Ogro (poesía); La bruja (poema-novela); Tu mano, mi boca. 59 variaciones sobre un plato (poesía); Xavier Villaurrutia: la comedia de la admiración (ensayo); El surrealismo de Piedra de Sol, entre peras y manzanas (ensayo); La suave Patria de Ramón López Velarde. El ángel que acompañó a Tobías (ensayo); y El viaje inmóvil: Primavera indiana de Carlos de Sigüenza y Góngora (ensayo). Fue becario del Centro Mexicano de Escritores, bajo la dirección de Salvador Elizondo y Juan Rulfo. Ha dirigido festivales internacionales de literatura, entre ellos, Letras del Golfo. Es editor de Ediciones El Tucán de Virginia. Obtuvo el Premio Latino de Literatura 2005, por el libro Tan oro y Ogro; y el Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2010 con la novela 4 para Lulú, publicada por Alfaguara. Actualmente es coordinador del Festival Internacional Letras en San Luis, miembro del SNCA y escribe la columna “Poesía en Segundos” del suplemento Laberinto del periódico Milenio. Recientemente publicó las traducciones de poesía inglesa Violencia e inmensidad en los siglos XVI y XVII (libro realizado con el apoyo del SACPC del FONCA, 2023) y La arena en fuga (UNAM, 2024).

Este año recibirá el Premio Iberoamericano Ramón López Velarde, le será entregado el viernes 17

Jánea Estrada Lazarín: En algún momento has dicho que “López Velarde representa una sed erótica de significado, una sed erótica que hace girar a los significantes de un modo impensable para la mentalidad gagá de la posvanguardia”, y que en su obra hay una profunda inconformidad espiritual. Hablemos de eso, ¿crees que esa tensión entre deseo y fe sigue siendo el núcleo más vigente de su poesía para los lectores contemporáneos? ¿Consideras que esa tensión religiosa fue un conflicto de índole personal o también una forma de responder a las fracturas espirituales de su tiempo?

Víctor Manuel Mendiola: La poesía de López Velarde es muy rica e innovadora. Esto implica, esencialmente, dos cosas. Por un lado, su lenguaje como invención verbal es sorprendente, tanto por su aspecto barroco como por su creación de expresiones de una lucidez oblicua y reveladora, que combinan, entre muchas otras cosas, repeticiones y rimas intensas, como por ejemplo “a tu nopal inclínase el rosal”. Cuando publicó Zozobra, una parte de los escritores de su tiempo no pudo entender el cambio radical que representaba su poesía y vieron en su dicción compleja y poliédrica un defecto. Estaban equivocados, como vieron muy bien, años después, Xavier Villaurrutia y, de otra manera, Jorge Cuesta. Por otro lado, el carácter difícil y barroco de muchas de sus mejores composiciones está colmado de sentido y el erotismo es el vehículo fundamental de su exploración del significado. La poesía de López Velarde,

de julio, a las 11:00 horas, en el Teatro Hinojosa de Jerez, Zacatecas. De acuerdo con el Jurado Honorífico de Selección del Premio Iberoamericano Ramón López Velarde, integrado por Alfonso García Morales, Marco Antonio Campos Álvarez Tostado, Zoar Román, Javier Acosta, Sofía Ramírez, Ernesto Lumbreras y Evodio Escalante, “El aporte de Víctor Manuel Mendiola, ganador del Premio Iberoamericano Ramón López Velarde 2026, consiste en rescatar la complejidad política, histórica y filosófica de La suave patria, a favor de la tradición mexicana y en total desconfianza con el progreso, por la paz y contra la violencia, y por la permanencia de un hermoso mundo de costumbres en los que a diario los mexicanos deberíamos reconocernos. Mendiola ha conformado un corpus poético indispensable para comprender a López Velarde como poeta civilista, sensual, irónico y profundamente humano y actual. Su obra aporta herramientas críticas y poéticas que actualizan la lectura de Ramón López Velarde, permiten nuevas aproximaciones investigativas y enriquecen el diálogo sobre la tradición y la identidad mexicana”. Compartimos con ustedes una entrevista con Víctor Manuel Mendiola, a quien agradecemos su disposición para conversar con él.

a finales del siglo XX, resistió la ola hueca de la poesía del lenguaje, porque en ella cada palabra, cada sílaba nace —como él mismo dijo— de la combustión de sus huesos; y ahora está resistiendo la marea del melodramático realismo escabroso de nuestros días. En lo que toca a la fe, desde luego es una característica de su obra, pero, en contra de lo que podemos pensar, el conflicto religioso permanece como una contradicción de nuestro tiempo, incluso bajo la forma de la lucha entre catolicismo y protestantismo. No está muerta esta disputa. Volviendo a la originalidad de su obra, tanto en poesía como en prosa, el carácter moderno de su escritura se expresa claramente en la conciencia de que “el sistema poético hase convertido en sistema crítico” y esto significa que lo real y lo ideal están entrelazados de manera tal que surgen ecuaciones psicológicas como “mi corazón es una cuerda rota”.

JEL: En varias de tus reflexiones sobre La suave Patria, realizas una lectura más cercana a una idea íntima y emocional de México. ¿Qué aspectos de La Suave Patria consideras que han sido malinterpretados por la crítica y/o por el discurso oficial?

VMM: Yo revisé con mucho cuidado en mi libro La suave Patria, El ángel que acompañó a Tobías, lo que se dijo de este poema en Revista de Revistas en el momento inmediatamente posterior a la muerte de López Velarde y, después, en 1926. En alguno de los textos, en particular en el de Enrique González Rojo, descubrí que La suave Patria

representaba no sólo la pasión por la tierra nativa, sino una visión crítica. González Rojo dijo: en “La suave Patria, los reproches ocultos van unidos a algunos de sus mejores versos”. En este poema hay una visión incisiva, tanto en términos estéticos como en términos histórico políticos. Esta afirmación está confirmada por el hecho de que López Velarde en su poema largo se ve a sí mismo —metafóricamente hablando— como un “chuan”, es decir, como un soldado bretón proborbónico contrarrevolucionario. El espejo de López Velarde con un chuan, crea el espejo de la Revolución Mexicana con la Revolución Francesa. La suave Patria es en toda la extensión de la palabra un texto barroco, lleno de hermetismo y, por tanto, pletórico en cifras y, al mismo tiempo, un texto social histórico. No en balde al final del poema López Velarde nos dice “te doy de tu dicha la clave”. Es significativo el enorme interés que tenía el poeta de “El retorno maléfico” por la publicación de este poema. Por eso, en su lecho de muerte, él le dijo —como nos cuenta Pedro de Alba— a su amigo Loera y Chávez con vehemencia “¿Ya vamos a salir?”.

JEL: Has señalado también que Ramón López Velarde veía a la Revolución Mexicana con una mezcla de fascinación y distancia

crítica. ¿Consideras que su poesía expresa por momentos desconfianza hacia la épica revolucionaria y hacia la idea de progreso armado que surgió después de la guerra? VMM: Sí, López Velarde ve en el ideal democrático de la Revolución una necesidad y una claridad, pero también ve en el culto al caudillismo y a la violencia —bravucona y machista— el mal del resentimiento y el autoritarismo. Siempre me ha sorprendido que Octavio Paz no haya visto este aspecto del poema. Creo que esto ocurrió porque él aceptó la lectura de Villaurrutia de La suave Patria, que era negativa. Paz, que había escrito tantos poemas dentro de un sistema crítico (tanto estética como políticamente hablando), subestimó en este poema la visión crítica de López Velarde al punto de que no comprendió que en el título del poema hay, como a él le gustaba, un oxímoron peculiar donde se unen la suavidad y esa palabra áspera que es la “patria” y que López Velarde transformó. Es una lástima que Paz no lo haya visto, porque si él hubiera comprendido las cosas desde otro punto de vista, seguro nos habría dado un gran ensayo. No alcanzo a comprender por qué no comentó la figura del chuan que es la clave de todo el poema.

JEL: En La suave Patria, López Velarde parece oponer la intimidad civil del país frente

Víctor Manuel Mendiola, Premio Iberoamericano Ramón López Velarde

al ruido del militarismo y de los caudillos. ¿Qué postura identificas del poeta jerezano con relación al militarismo y la violencia? ¿Se podrían establecer similitudes con lo que ahora vivimos?

VMM: Yo creo que sí. Como en la época de López Velarde vivimos una hora violenta, producto, entre otras cosas fundamentales, del ataque a nuestra frágil y, ahora, casi desaparecida democracia.

JEL: Como poeta y ensayista, ¿qué has encontrado en la obra de Ramón López Velarde que haya sido determinante en tus procesos creativos? ¿Hay algo de él que haya influido directamente en tu propia escritura poética?

VMM: Él me hizo comprender de un modo profundo que existe un vínculo, en la poesía moderna, entre poesía y prosa, entre verso y frase inmediata o coloquial. También me permitió comprender de una forma clara la afirmación de Rubén Darío de que “la música es de la idea”. Un poeta sin una idea verdadera es un poeta sin música y sin poesía. Formalmente, me reveló un uso más libre del endecasílabo, echando mano, eventualmente, del endecasílabo dactílico. Él lo usó con frecuencia. Así mismo, me hizo darme cuenta que la unidad romántica de lo ideal y lo real, en la poesía moderna, produjo las ecuaciones psicológicas, que hacen que sentido y sinsentido alcancen una velocidad insospechada. Gracias a este recurso, él pudo escribir “Besar al Indostán y a la Oceanía,/ a las fieras rayadas y rodadas/ y echar el ancla a una paisana mía/ de oreja breve y grandes arracadas”.

JEL: Recibirás en Zacatecas este año el Premio Iberoamericano Ramón López Velarde, a quien has leído como un poeta incómodo e incluso, por momentos, hasta contradictorio. En esta época en la que tanto se busca la visibilidad inmediata o validación en redes sociales, ¿crees que la ambigüedad y el misterio, características presentes en la obra de López Velarde, seguirán teniendo

futuro en las artes o se están convirtiendo en una forma de resistencia cultural?

VMM: Definitivamente, López Velarde es un poeta incómodo y contestatario en nuestra época, defensor del rigor poético, pero también de la libertad democrática. Y nosotros podemos deducir, si echamos mano de la perspicacia —como él mismo sugirió de tantas formas insólitas—, estas dos cosas de él. Yo creo que el sistema poético transformado en sistema crítico, que López Velarde vio pergeñado en Góngora y realizado en Lugones y que adquirió, más tarde, una forma tan sorprendente en excelentes poetas como Villaurrutia, Gorostiza, Sabines, Paz, Zaid o en poetas más cercanos a nosotros como Antonio Deltoro o Samuel Noyola, es el camino de la nueva poesía. Nuestro tiempo, un tiempo del universo del inconsciente y, asimismo, de la conciencia extrema, encuentra —en lo que López Velarde llamó “ecuaciones psicológicas”— un extenso campo de creación.

JEL: Para terminar, quisiera que abordáramos el tema de la Casa del Poeta Ramón López Velarde en CDMX, si bien el comité de defensa de la casa ha logrado hasta el momento puntos importantes, como la conservación del nombre del poeta, queda pendiente que las autoridades capitalinas definan si se instalará el consejo consultivo sugerido y qué pasará con el Café Bar Las Hormigas, entre otros puntos. ¿Cuál es tu postura al respecto?

VMM: Me sorprende que las autoridades culturales de la Ciudad de México no comprendan el valor enorme que tiene la figura de Ramón López Velarde. ¿Desinformación? ¿Ignorancia? ¿Frivolidad? En México hay poetas de renombre universal. Basta con mencionar a Nezahualcóyotl, Sor Juana Inés de la Cruz, Octavio Paz, Rosario Castellanos, Eduardo Lizalde, Tomás Segovia y José Emilio Pacheco. México en el mundo tiene fama por estos nombres. Y a este grupo de poetas notables podemos agregar a López Velarde que era admirado por Pablo Neruda y Jorge Luis Borges. Pretender sos-

layar mañosamente la trascendencia patrimonial y cultural de este autor fundamental, no sólo es un error, es una tontería. Las autoridades de nuestra ciudad deberían apoyar la difusión de un escritor de estas dimensiones porque no sólo contribuyen a la memoria de México, en general, sino de la Ciudad de México, en particular. Además, López Velarde es un poeta crítico, es decir, que tiene una visión honda e incisiva de México. Ya sólo por este hecho les debería interesar. López Velarde murió en esta ciudad, en la casa de avenida Álvaro Obregón, antes avenida Jalisco. Es avance que ya no le quieran quitar el nombre a la casa, pero

sigue revelando necedad que la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México continúe regateando que este lugar simbólico se dedique a la figura del poeta y de la poesía. Estas dos actividades, bien realizadas, son una actividad amplia y compleja, como lo demuestran los treinta y cinco años de trabajo que tuvo la Casa del poeta “Ramón López Velarde” gracias, inicialmente, a que Carlos Monsiváis y José Emilio Pacheco demandaron que se conservara un sitio tan emblemático para la cultura mexicana. Por esta razón, la mayor parte de la comunidad literaria apoya al comité que defiende la vocación original del inmueble.

La poesía reunida de un maderista acérrimo: Rogelio Fernández Güell

6 Por Marcos Daniel Aguilar

La Poesía Reunida del escritor costarricense Rogelio Fernández Güell es el cuarto tomo de la Colección Maderistas, que comenzó en el año 2017 por una iniciativa de investigación, recopilación y estudio a cargo de Beatriz Gutiérrez Müller, bajo la edición de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y Ediciones del Lirio. El nombre de la colección lleva su nombre en remembranza al presidente mexicano Francisco I. Madero pues, hasta el momento, los dos protagonistas de esta colección, el costarricense Fernández Güell y el también escritor y político nicaragüense Solón Argüello, fueron amigos y cercanos colaboradores del gobierno democrático que encabezó Madero a comienzos del siglo XX y cuyo trágico final, por cierto, compartió con estos otros dos protagonistas, pero en momentos y lugares distintos.

Hay que recordar que bajo el régimen maderista, Fernández Güell fue nombrado jefe del Departamento de Publicaciones del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología de la Ciudad de México y después fue nombrado director de la Biblioteca Nacional. Es así que la Colección Maderistas no sólo es un ejercicio de rescate de memoria histórica, política y literaria de quienes participaron en la gesta democrática mexicana, sino un homenaje al presidente Madero cuya figura y pensamiento iluminan estos cuatro tomos. El primero, recordemos, es la recopilación de la poesía reunida de Solón Argüello; el segundo tomo es la reedición de uno de los pocos testimonios narrados a manera de crónica novelada que existen sobre la revolución maderista a cargo de Fernández Güell, Episodios de la Revolución mexicana; el tercero es el hallazgo de la revista que se creía perdida, editada por Argüello, Tepic Literario, que suma a los estudios historiográficos sobre las llamadas revistas literarias de provincia, en este caso desde el occidente del país.

Este cuarto tomo, la Poesía Reunida de Fernández Güell, es un profundo trabajo de investigación a cargo de Beatriz Gutiérrez Müller, pues como ella misma lo dice en su estudio, sobre él tanto investigadores y editoriales han rescatado su faceta como político liberal y republicano que fue, sus papeles históricos en prosa como los Episodios de la revolución mexicana, por ejemplo, su ejercicio como editor de periódicos y publicaciones periódicas; pero poco o nadie, hasta este momento, se había ocupado de rescatar, de esta manera tan profunda como se publica el día de hoy; una obra poética de un idealista por convicción, pacifista por doctrina y

troamericano, pero no sólo eso, al ser un exiliado en España, Estados Unidos y México, también nos permite saber cómo eran los ambientes culturales, literarios, periodísticos, filosóficos y políticos de estas naciones, en particular de México, país en el que protagonizaría una de sus gestas políticas y de militancia a favor de la libertad, al lado del gobierno de otro liberal como él, Francisco I. Madero.

Militante a favor de las libertades, tanto en México como en su país natal, Fernández Güell fue un apasionado de la lengua española, pues sabía que la comunicación a través de la palabra era un arma eficaz en contra de quienes oprimen a los pueblos, al individuo y a los espíritus libres. Fue por ello que a lo largo de su vida fue víctima de la persecución y la censura, por lo que pensaba y por lo que escribía en la prensa de diversas zonas geográficas.

Esta libertad de espíritu se ve reflejado a lo largo de su poesía editada en este tomo; es por ello que los lectores serán testigos de una poesía situada en al menos tres momentos estéticos: un momento de exaltación emotiva provocada por su acercamiento al romanticismo, en la que evoca sus visiones ante su punto de vista geográfico, social y cultural. Hay un segundo momento de poesía filosófica o espírita, como lo dice Gutiérrez Müller, donde el poeta busca entender las motivaciones espirituales y así comprender los engranajes que mueven al ser humano, una esencia que nos enlace a todos, a través de la igualdad. Y un tercer instante estético inclinado hacia la poesía modernista, con versos más abiertos y aireados hacia sentimientos como el amor y la compasión.

humanista esencialmente por su forma de ser, sentir y pensar. Hay que decir que las historias de México y la de América Latina se ven enriquecidas por la edición y el estudio

que hace Gutiérrez Müller, por diversos motivos, ya que al rescatar la figura de Rogelio Fernández Güell nos permite a los lectores conocer parte de la historia social, política y cultural del país cen-

Este fue un arduo trabajo de investigación bibliográfica, pero sobre todo hemerográfica ya que, como se sabe, Rogelio Fernández Güell sólo publicó un libro en vida, y lo demás ha sido un rescate y búsqueda de sus poemas en archivos, en diarios y revistas. Además, hay que decir que el estudio que acompaña a esta poesía recopilada parte de la investigación en torno a la recepción periodística que sobre la poesía de Fernández Güell se publicó en su momento, una recopilación que también es inédita que enriquece nuestro entendimiento sobre el pasado de este poeta que sentimos como nuestro, porque vivió entre nosotros y fue parte de la historia de México. La Poesía Reunida de Fernández Güell es importante por su labor de rescate y de memoria histórica, ya que el pasado es lo que nos ancla en el tiempo y en la superficie para poder pensar e imaginar mejores futuros posibles.

La vitalidad de la vejez…

Encontrar protagonistas de más de sesenta años en la narrativa del siglo XXI no es común. No se trata de una regla escrita, pero es cierto que los personajes principales suelen ser jóvenes o adultos. En proporción, escasamente encontramos historias donde la tercera edad se enfrente a peripecias, tenga un desarrollo de personaje o sea siquiera un personaje recurrente en la historia. Lo bueno de todo esto es que la escasez no significa la ausencia total. Por lo que la recomendación de esta semana se centra en una entrañable novela escrita en el 2005 por el cubano Eliseo Alberto y titulada Esther en alguna parte. No sé si el marketing de la nostalgia, tan dirigido en estos días a los llamados millennials —que ya tienen más de cuarenta— me haya tocado alguna fibra sensible que me hizo reencontrarme con esta novela y con la idea de que la juventud apenas es un suspiro. Sin embargo, aunque ese suspiro se acabe, la vida continúa y merece la pena seguir siendo vivida. Ésa es la emoción que perdura después de la lectura de esta obra de Eliseo Alberto. El relato se centra en la vida de Lino Catalá, un anciano viudo, con una historia de trabajo y familia tras de sí, que comienza una amistad con un hombre que es todo lo contrario a él. Ese nuevo amigo, de nombre Arístides Antúnez, fue toda la vida un galán seductor que no tuvo una relación estable nunca, pero que en sus años dorados no podía dejar de pensar en un viejo amor de la pubertad: Esther.

Estos dos hombres se encuentran unidos no solamente por el recuerdo del amor que no está, sino también por las rutinas cotidianas que les brindan cierta estructura y estabilidad en una etapa de la vida en la que, poco a poco, dejan de tener la ilusión del control absoluto del cuerpo y del transcurrir de la vida. A lo largo de la novela, iremos entendiendo la vida de dos hombres que se han ido reencontrando y descubriendo nuevas formas de sentir el mundo y de tener una nueva ilusión, encontrar a Esther y tener un “final” romántico para Arístides, el eterno enamorado.

La novela se encuentra situada en La Habana de los años noventa, por lo que narra la forma en la que ambos viejos deben enfrentarse y adaptar su vida a las condiciones un tanto precarias que los rodean. Aunque no se trata del tema principal, diversos elementos propios de la isla en esos años se presentan con un poco de humor, y desde la perspectiva de una generación que no entiende mucho el cambio, que trabajó la vida entera con la idea de un bien común, y que paulatinamente se ven casi ajenos a la realidad que se

transforma de manera vertiginosa. Otro entrañable detalle de esta historia es que propicia distintas reflexiones sobre el cuidado de los adultos mayores, por ejemplo, aunque Lino y Arístides tienen claro su nuevo proyecto de vida que es buscar a la mujer que vive en la memoria de uno de ellos, Lino debe sortear los cuidados familiares —que muchas veces siente más parecidos a castigos o prohibiciones— para reunirse con su amigo e ir persiguiendo las distintas pistas que van obteniendo para encontrar a Esther. Este planteamiento permite al lector sentir, desde la subjetividad de los entrañables personajes, la complejidad de los sentimientos en la etapa final

de la vida. Aunado a esto, también deja claro que la tercera edad no es un momento de la vida en el que solamente se espera el desenlace biológico de la vida, sino una etapa en la que se pueden tener nuevos retos, adaptarse a los cambios del cuerpo, nuevas ilusiones y giros inesperados en la forma de ver y estar en el presente. Quizá uno de los momentos más emotivos de la narración es que, a pesar de esta etapa de descubrimientos y planes para el futuro, la muerte es una realidad que se acerca cada día y con la que se debe aprender a convivir cotidianamente. A través de una narrativa nostálgica, vibrante y emotiva, el autor conecta no solamente con un

público de la tercera edad, sino con todos aquéllos que tiene claridad en la inevitabilidad del paso del tiempo. En 2014 y casi una década después de la publicación de la primera edición de la novela y bajo la dirección de Gerardo Chijona se estrenó en Cuba la adaptación cinematográfica de esta novela. La fuerza de los personajes, las locaciones y las hilarantes escenas de la novela se puede apreciar con casi la misma emoción que en la narración de Eliseo Alberto. Finalmente, la buena noticia para los lectores y cinéfilos es que esta maravillosa película se puede encontrar sin restricciones en YT y que la novela cuenta con varias ediciones posteriores.

Moscas, de Fernando Eimbcke

Olga (Teresita Sánchez) es una mujer solitaria, de carácter fuerte y taciturno que vive en un edificio departamental en la Ciudad de México, sitio donde la mayoría del tiempo trata, sin éxito, de matar a las moscas que se cuelan en su hogar a lo largo del día. Al encontrarse en una situación económica un tanto precaria, y con la necesidad de realizarse un procedimiento quirúrgico en el pie, se ve obligada a alquilar un cuarto para las personas que van a visitar a sus

enfermos en el hospital ubicado frente a su edificio.

Luego de establecer una serie de reglas estrictas (no usar la cocina, desocupar el baño rápido, no dar detalles sobre el familiar hospitalizado) Olga recibe a Tulio (Hugo Ramírez), quien mete a la habitación, a escondidas, a su hijo de nueve años, Cristian (Bastián Escobar). Eventualmente Olga los descubrirá y aunque en un inicio se mostrará reacia a entablar cualquier tipo de relación con ambos, al ir avanzando los días

terminará pasando más y más tiempo con Cristian, quien, por su parte, está tratando de obtener noticias sobre su madre, enferma e internada. Con un sello autoral que remite a cineastas como Jim Jarmusch o Yasujiro Ozu, el realizador mexicano Fernando Eimbcke (Temporada de Patos, 2004; Lake Tahoe, 2008) ha mostrado, en diferentes momentos de su carrera, un interés particular por retratar situaciones comunes y espacios cotidianos que, a su vez, son habitados por personajes hastiados, atrapados en la repetición y la rutina de un mundo que avanza sin detenerse.

En Moscas (2026), el director vuelve a hacer uso de ese estilo personal, y lo hace a modo de comedia de enredos, pero también retratando la precariedad de aquellos que deben navegar dentro de un sistema que parece diseñado para rechazarlos y expulsarlos en lugar de acogerlos.

El realizador centra su atención en las relaciones humanas y los vínculos familiares, ya sean genéticos o elegidos. Si bien los terrenos por donde el filme se pasea son comunes y se trata

de un drama en el sentido más estricto, también hay cierta sequedad en el humor que se presenta, lo que le permite al relato oscilar entre el sinsentido y el absurdo con enorme soltura e ingenio. Una vez más, Eimbcke contempla lo caótico y lo resiliente en el movimiento de lo cotidiano, además de presentar un cautivador retrato sobre la infancia, su primer acercamiento al duelo y la pérdida. En un momento donde el cine mexicano continúa evolucionando, Moscas es una valiosa propuesta que nada a contracorriente respecto a las tendencias y temáticas que se suelen abordar dentro de las producciones nacionales.

Ahí, donde cada vez es más común encontrar cine de comedia burda o de denuncia, la cinta de Fernando Eimbcke abraza la ternura, la empatía y la inocencia como principales distinciones. En una película que apuesta por la sencillez, la coherencia de las acciones y los gestos mínimos, el realizador vuelve a hacer lo que mejor sabe: crear un microcosmos con personas que se sienten reales y reconocibles ante la audiencia.

El camino del caballero, la muerte y el diablo

En la obra de Albert Durero, sobresalen tres grabados, El caballero, la muerte y el diablo, 1513; San Jerónimo en su estudio, 1514; y La melancolía I, 1514. Tres estampas que muestran tres formas de vida, que se identifican con tres virtudes: moral, teológica e intelectual. Vamos a reflexionar sobre una estampa que debería ser optimista, un trabajo de un minucioso realismo en la armadura y los animales, pero que no evita contener un aire trágico, un tufo que ya de por sí traen consigo, la muerte y el diablo. Estamos frente a un caballero de apariencia viril pero tranquila, destaca su porte, cabalga con firmeza moral hacia su destino; la virtud moral en la vida de un cristiano que opta por mantenerse en ese camino, tomando decisiones correctas y actuando sin temor, obediente a sus principios, sin sufrir las consecuencias fatales, aspira a conquistar su castillo. A pesar de los peligros que acechan a su alrededor, la muerte le vigila desde su caballo, no es un esqueleto sólido, sino un cadáver en estado de putrefacción, con serpientes y gusanos enredadas a su cuello, mientras le muestra al caballero un reloj, tic, toc, tic, toc…, el tiempo se acaba. El diablo acecha, casi respira sobre la espalda del caballero, el diablo es una imagen torcida de ojos bizcos, un espantajo con guadaña queriendo desviar del camino al caballero. El perro, fiel compañero,

representa el celo incansable, la fuerza, la actitud, la potencia interior que ayuda a que la presencia de los peligros, al igual que los temores reales o no, están hechos por las fantasías, no pueden tocar a la imperturbabilidad del sujeto que tiene una dirección firmemente decidida.

El grabado de Albert Durero (1471–1528) revolucionó la historia del arte y abrió las puertas para explorar la conciencia, la propia interioridad del espectador y la oportunidad de reflexionar sobre la transformación de sí. Apoyándose en Erasmo de Rotterdam, en su Enquiridion, leemos casi como si nos estuviera explicando el grabado: primero, “… es que distingas entre lo que quieres y lo que has de evitar. Por ese motivo, se ha de corregir ceguera, para no vacilar a la hora de elegir”; segundo “una vez conocido el mal lo has de aborrecer y has de amar el bien, y para ello, has de vencer la carne, no sea que contra razón amemos lo simplemente agradable de lo que es en realidad bueno”; tercero, “has de mantenerte en el camino comenzado y para ello habrás de reforzar tu flaqueza y no dejar el camino de la virtud. Tendrás que superar tu ignorancia para poder ver hacia dónde hay que ir, habrás de domar tu carne a fin de no desviarte del camino, hay que levantar la moral no sea que una vez comenzado el camino estrecho de la virtud vaciles o te pares

AlbertoDurero.Elcaballero,lamuerteyeldiablo, 1513. Galería Nacional de Arte de Washington D.C.

[…] una vez puesta la mano en el arado no eches la vista atrás, alégrate como gigante que se dispone a correr su carrera mirando siempre hacia adelante”. (De Rotterdam, 1995.)

Cuando un caballero va a la guerra y lucha, volver con vida se convierte en una quimera. El maestro grabador, nos muestra que la cualidad técnica y los componentes utilizados son esenciales;

el camino nos lleva inevitablemente hacia la muerte, debemos ser conscientes de nuestro destino; aquí el grabado puede ser visto como un ejercicio espiritual. El camino del caballero, acompañado siempre de la muerte y el diablo es la oportunidad para una transformación desde sí mismo, mantener la dirección y el sentido de nuestra existencia.

*UAEH – UAPSIC.

6 Por Adolfo Nuñez J.
6 Por Alvaro López Limón

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La Gualdra 725 by La Jornada Zacatecas - Issuu