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La Gualdra 722

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Luis de Tavira (1948) es el director que más trabajos realizó con Luis Rivero. Los que podemos mencionar son: Santa (1976), La gran revolución (1979), El martirio de Morelos (1983), Zozobra (1988), La conspiración de la Cucaña (1989), Santa Juana de los mataderos (2002) e inconclusa, Las ventajas de la Epiqueya. Para la exposición “Luis Rivero: música para teatro y danza”, el maestro de Tavira nos da una amplia retrospectiva y los contextos de los montajes mencionados. Este artículo es una síntesis sobre Santa y se complementa con pequeños testimonios del compositor.

[Santa (Entrevista con Luis de Tavira), por Luis Martín Solís]

Julieta Egurrola, en el papel de Santa; y Luis Rivero, a cargo de la música de la obra dirigida por Luis de Tavira.

La Gualdra No.

Eastern Projects Gallery es una galería de arte ubicada en el Chinatown de Los Ángeles, California. Su propietario, Rigo Jimenez, tiene raíces zacatecanas y es un emprendedor que decidió dedicarse a promover y vender arte en una ciudad en la que viven miles de zacatecanos migrantes de diferentes generaciones. Se suele decir que casi la mitad de la población de Zacatecas vive en Estados Unidos y de ella, un alto porcentaje vive en California desde hace muchos años; de hecho, son las generaciones más recientes quienes están a la cabeza de nuevos negocios operando actualmente en el país vecino, y uno de ellos es esta galería que recibirá la exposición Lo Cotidiano, curada por Joaquin Trujillo. Joaquin Trujillo se asume como mexicoamericano; si bien sus orígenes y su familia son de la Ermita de Guadalupe, una comunidad de Jerez, ha vivido una buena parte de su vida en el vecino país del norte. Nació en Los Ángeles, California, en 1976; durante sus primeros años vivió en La Ermita de Guadalupe, a los 12 regresó a Los Ángeles en donde culminó sus estudios profesionales, especializándose en fotografía. Al graduarse de la Universidad, Brooklyn se convirtió en su hogar y lugar de trabajo; y en años recientes ha hecho de Zacatecas su nueva ciudad de residencia. Desde aquí realizó las gestiones para integrar este colectivo de artistas cuyo trabajo se expondrá del 27 de junio hasta el 18 de julio en la galería localizada en 900 N Broadway Suite 1090, Los Ángeles, CA 90012. Cuatro de los seis artistas que expondrán son zacatecanos. Fernando Huerta es originario de Villanueva y es el más joven de todos; es egresado de la Licenciatura en Artes con orientación en artes visuales de la Universidad Autónoma de Zacatecas, se ha especializado en dibujo, pintura y performance, es cofundador y miembro activo del Colectivo 404, con el que ha desarrollado proyectos de muralismo comunitario en zonas rurales y conurbadas. Ivanko Moses-Lee -Samuel Muñoz- nació en Río Grande, es arquitecto y maestro en educación y se ha dedicado a la fotografía desde hace más de una década, su obra se ha publicado en varios medios nacionales, incluido este espacio editorial. Juan Carlos Villegas es originario de Potrero de Gallegos, una comunidad de Valparaíso, Zacatecas, se dedica a las artes plásticas desde mediados de la década de los 90; fue integrante del Taller de Artes Plásticas de la UAZ y del Taller de Pintura y Grabado Julio Ruelas; su obra se ha exhibido en el país y el extran-

jero; sus exposiciones más recientes fueron en el Museo Francisco Goitia de Zacatecas y en la Galería Artes de la Rosa de Fort Worth, Tx. Joaquín Trujillo es fotógrafo y curador, su obra se ha exhibido en el país y varias ciudades en el extranjero; ha realizado colaboraciones curatoriales con organismos como 92Y YMCA, MARFA Texas, BAXTER ST Camera Club on New York en conjunto con SOMA México, por mencionar algunas; y en esta ocasión, además de participar con obra de su autoría, realizó la curaduría de Lo Cotidiano. Los otros dos integrantes de esta exposición son Don Toledo, artista visual, realizador audiovisual y director de arte con más de 15 años de experiencia; en su práctica combina técnicas analógicas y digitales, desarrollando un lenguaje que cruza lo documental, lo poético y lo surreal; actualmente vive en la CDMX. Mónica Aguilar / MnkyUp4 es una artista multidisciplinaria, gestora cultural y Licenciada en Diseño de la Comunicación Gráfica por la UAM-Xochimilco; en Lo Cotidiano participará con el Video Instalación “El mundial del despojo / La pelota vuelve a casa”, que opera como un contra-archivo temporal; a través de imágenes, registros y capas audiovisuales, la obra explora las tensiones entre la monumentalidad del mega evento y las huellas que persisten en los márgenes. Pintura, dibujo, fotografía, grabado, video e instalación estarán presentes en esta exposición de la que Trujillo afirma: “A lo largo de la exposición emergen fragmentos de la vida diaria: figuras anónimas, paisajes urbanos y rurales, iconografía popular, recuerdos familiares, gestos íntimos y pequeños rituales que moldean silenciosamente la existencia humana. Lo que en un primer momento puede parecer familiar u ordinario revela gradualmente una profunda carga emocional y psicológica, poniendo al descubierto aquello que suele permanecer oculto, ignorado o fuera de la vista dentro de la experiencia cotidiana”. La inauguración será este sábado 27 de junio, a las 5 de la tarde, y puede ser visitada de martes a sábado en un horario de 12:00 a 18:00 horas.1 Enhorabuena y mucho éxito a todos los participantes.

Que disfrute su lectura.

Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

Directorio

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Exposición Luis Rivero: música para teatro y danza Parte 3. Santa [Entrevista con Luis de Tavira] Por Luis Martín Solís
La cuarta herida: teatro y ciencia ficción en Zacatecas Por Armando Navarro
El día de la revelación (Disclosure Day), de Steven Spielberg Por Adolfo Nuñez J.
La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y la inauguración de su convento-hospital en 1718 Por Oscar Eduardo Ríos Pereida
Museo de Sitio La Quemada 30 años difundiendo la arqueología en Zacatecas Por Carlos Alberto Torreblanca Padilla
La perra intertextualidad Por Aída Chacón-Castellanos

La perra intertextualidad

La primera vez que vi Reservoir

Dogs, de Quentin Tarantino, me pareció una película impresionante debido a la simpleza y, al mismo tiempo, complejidad del guion. Ahora bien, con un presupuesto bastante ridículo para una producción hollywoodense, y escandaloso para una filmación independiente, el director logró equilibrar lo mejor de dos mundos y realizó una obra que pasaría a la historia como todo un hito. El guion era simple puesto que es una historia minimalista: unos delincuentes profesionales planean un robo, el robo sale mal, se reúnen para discutir qué salió mal y sospechan de un traidor. En la estructura el guion se hace más complejo porque los saltos temporales mantienen al espectador al filo del asiento, atento al más mínimo detalle. Además de esto, el robo nunca sale a cuadro, así que las acciones de la narración se limitan a la reunión posterior al atraco fallido y los recuerdos de los momentos de planeación. Con esos saltos el director nos presenta los rasgos de carácter de cada personaje, así como los temas más profundos que se abordan en la cinta como la traición y la lealtad. Esta película, además, contiene momentos de reflexión profunda y otros hilarantes. En resumen, después de todo, me parecía una película en la que todos — tanto mafiosos como los guardianes del orden— pierden la partida por engreídos y confiados. Cuando leí Perras de Reserva (2023),

de Dahlia de la Cerda, me pareció una obra muy superior, aunque sé que está escrita en un lenguaje muy distinto al cinematográfico y no tendría por qué confrontarlas. Sin embargo, la evidente referencia hacia la obra de Tarantino me permitió establecer esa comparación en la que De la Cerda sale ganando. Con el vuelco de género expresado en el título, la autora plantea un universo totalmente distinto y aunado a eso, la arrogancia que termina ahogando a los perros de reserva se esfuma y —en un giro de 180°— la autora muestra cómo la astucia puede hacer que los personajes femeninos de los relatos que conforman esta novela salgan victoriosos. Quiero pensar que la intertextualidad quedó muy clara para la generación de los ochenta y que eso fue evidente con el éxito de Los Simpsons: empezamos a buscar —y a encontrar— en todas partes los subtextos que nos permitieran entrelazar los distintos lenguajes de la vida misma; a partir de ello la usamos con más intención para reescribir(nos) en distintos registros y espacios, para

resignificar(nos) y dignificar(nos). Así es la novela de Dahlia.

La poética de la autora pone al lenguaje como protagonista. Se retrata en la historia el registro léxico de mujeres de diversos estratos sociales, con distintas historias que, en muchos casos, las hacen converger. Lo que une a todas ellas es que son personajes que se apropian de su historia y no juegan roles de víctimas, sino de mujeres cuya fe está en sí mismas y sus habilidades para sobrevivir en el mundo que las rodea. Hay una continua reivindicación del sentido barrial, un cuestionamiento constante sobre el papel de las mujeres en distintos espacios sociales e incluso las muertas y desaparecidas pueden contar su historia. En este libro encontramos violencia en sus diversísimas expresiones: estructural, de género, patrimonial, etc., de hecho, es la violencia el hilo conductor de la historia. Es a través de ella que las voces de estas mujeres se relacionan y se pueden escuchar con claridad.

Este libro es una segunda edición que se integra a partir de trece relatos

que, originalmente, fueron tomando forma de manera independiente, lejos uno del otro en el tiempo, pero unidos por una poética de la violencia. En 2023 y después de un largo camino, quedó esta edición final a cargo de la editorial Sexto piso. Entonces, se preguntará el lector, ¿son cuentos o es una novela? Me parece que, aunque nacieron como cuentos, terminaron conformando una novela coral que turna democráticamente las voces de prostitutas, brujas, nepobabys, amas de casa y que, además, no queda un solo cabo suelto. En esta novela nada es gratis —de ahí que también pude compararla con el cine de manera tan natural— toda acción está cubierta, no hay dudas, no hay espacios vacíos para el lector. Debo decir que fue un elemento que me hizo sentirla como fascinante, pues en numerosas ocasiones, al mirar una película o serie, me quedé pensando en qué habría pasado con tal o cual personaje que nos presentaron y cuyo desenlace no se vio después.

Finalmente, la presencia de la música popular dota a la novela de ritmo y sonoridad. Cada personaje muestra su identidad a través de la música. De la Cerda dialoga con otras autoras de su generación con las que claramente comparte una educación musical —como si la vida tuviera su propio soundtrack—, así que un popurrí de géneros, estilos musicales, canciones y versos se encuentra perfectamente distribuido a lo largo de la historia.

Exposición Luis Rivero: música para teatro y danza

Parte 3. Santa

[Entrevista con Luis de Tavira]

Luis de Tavira (1948) es el director que más trabajos realizó con Luis Rivero. Los que podemos mencionar son: Santa (1976), La gran revolución (1979), El martirio de Morelos (1983), Zozobra (1988), La conspiración de la Cucaña (1989), Santa Juana de los mataderos (2002) e inconclusa, Las ventajas de la Epiqueya. Para esta exposición, el maestro de Tavira nos da una amplia retrospectiva y los contextos de los montajes mencionados. Este artículo es una síntesis sobre Santa y se complementa con pequeños testimonios del compositor. Estos artículos están enfocados a la relación con la música de Rivero, de la que poco se sabe.

Luis Martín Solís: Maestro, sé que realizó muchos trabajos con Luis Rivero, pero quisiera empezar por Santa, el más antiguo y del que hay poca información.

Luis de Tavira: Santa es el montaje de la segunda generación del Centro Universitario de Teatro, del periodo del maestro Héctor Mendoza que tenía un proyecto de formación en donde los actores recibían actuación, danza, canto, acrobacia, biomecánica, ortofonía… buscando que estuvieran preparados para asumir las exigencias para un montaje de concepto de espectáculo. […] Cambiaban los paradigmas del teatro mexicano. Mendoza había montado con la primera generación In memoriam, un homenaje a Manuel Acuña, que fue emblemático, y donde la música de Luis Rivero fue muy importante. Mendoza me encarga el trabajo de la siguiente generación. Y propuso que

hiciéramos un espectáculo sobre la novela Santa de Federico Gamboa… muy influenciado por el naturalismo de Zolá, ese gran escritor, novelista y dramaturgo cuya obra emblemática había sido Naná, la historia de una prostituta. Entonces, el equivalente de Naná era Santa. Lo que sucedía en Santa, en aquel congal, es que seducía igual a políticos que a un torero y que establece una relación de romance platónico con un pianista ciego, Hipólito, que amenizaba las sesiones del burdel. Esta novela dio lugar a la primera película sonora del cine nacional (1932). El director Antonio Moreno llamó a Agustín Lara para componer la música. Y la música de Lara para esa película es como el referente que va a estar contemplando Rivero, pero que como él dice “era un homenaje a Agustín Lara, sin una sola nota de Agustín Lara”.

LMS: Y en realidad, Rivero se aleja totalmente de la influencia de Lara. Más bien toma referencias de la música peninsular yucateca que escuchó de niño, de su abuela María Palomeque, quien le enseñó a tocar el piano. Y de cierta influencia caribeña que nutre la música yucateca, como el tema de Santa de Rivero, que es un bolero que quedó en la memoria del público y que cantaba Blanca Guerra. En la exposición pusimos 7 atriles con collages de documentos que recuperamos: partituras originales, mecanuscritos, textos y notas a mano de Rivero, programas de mano, etc., y para hacer más musical la experiencia del público, colocamos audífonos con 2 tracks cada uno, donde podía estar escuchando la música de algunas obras, mientras estaban leyendo o viendo fotografías o documentos.

LDT: Mendoza propone que llamemos a Sergio Magaña para que escriba la versión del espectáculo. Pero Magaña no pasaba un buen momento, yo tenía que ir a su casa y hacerlo escribir casi de la mano... Le había pedido el texto, en el que trasladé la novela de Gamboa al momento de la Revolución y entonces eran los revolucionarios que iban al congal de este personaje. Yo trataba de crear con eso una estructura brechtiana de teatro político, y de alguna manera épico, en la que había coreografías, música y varias canciones. Llamé a Luis Rivero a que compusiera la música y él encantado agarró el reto.

Lo que no sabía, es que Magaña también componía canciones y cantaba. […] Cuando lo invito a un ensayo y empieza a ver las coreografías y las canciones compuestas por Rivero, protesta airadamente y dice: “No, no, las canciones las voy a hacer yo. Tienes que pedirle a Rivero que se vaya, la música y las canciones van a ser mías”. Y le dije: “Pero si no te estoy preguntando, perdóname”. Entonces Magaña se emberrincha y me dice: “Ah, no lo corres, pues retiro

Santa. De izquierda a derecha: Banca Guerra, Luisa Huertas (atrás), Margarita Castillo, Paty Eguía, Ruth Noriega (atrás) y Paty Zepeda. Foto de Paulina Lavista. Archivo de Julieta Egurrola.
Santa. Julieta Egurrola no formaba parte del montaje original, pero suplió a la coreógrafa Ruth Rivera y viajó al un Festival en Belgrado. Archivo de Julieta Egurrola.

mi obra”. Y le dije: “Pues retírala, porque toda la idea, la estructura salió de nuestras conversaciones… Está bien, tú haz tu versión, yo voy a hacer la mía”. Consulté con Mendoza porque era un problema mayor… Magaña era, tal vez en ese momento, el dramaturgo más afamado con éxitos tremendos como Los signos del zodiaco. Hicimos una reunión y Mendoza llamó a Julio Castillo, y entre los tres hicimos la nueva dramaturgia y, por supuesto, confirmamos a Rivero como el compositor.

Pero de ahí surgió todo un conflicto, porque Magaña reclamaba que la obra era suya. Y recuerdo que la Unión de Autores decidió que cada quien hiciera la suya, que los derechos eran de la familia Gamboa y que si ellos autorizaban, que se hicieran

las que fueran. La familia de Gamboa estuvo de acuerdo en que hiciéramos nuestra versión y estrenamos nosotros primero con la música de Luis Rivero y la coreografía de Ruth Rivera. Magaña siguió adelante y después estrenó “Santísima” con dirección de Germán Castillo y con música supuestamente de él.

LMS: En Santa hay una mezcla de géneros: Mazurca-polka, bolero, jarabe, una parodia a Ricardo Castro, una canción satírica tipo cabaret de “La Cuasimodo”, etc. ¿Cómo trabajaron la música? ¿Fueron peticiones suyas o el maestro Rivero de acuerdo al texto fue haciendo los planteamientos? ¿Cómo fue esa relación?

LDT: Él siguió el libreto, que era ya resul-

tado de una estructura que hicimos en común, con intervenciones de escenas de Mendoza y de Julio Castillo, que eran delirantes y que resultaban fascinantes. Y Rivero le entró a componer la música de todo y él como intérprete al piano interpretaba a Hipólito, el pianista ciego. Las grabaciones las trabajaba con Rodolfo Sánchez Alvarado y para la orquestación llamó, desde entonces, al maestro Higinio Velázquez. Higinio era un gran violinista, tocó con la Orquesta de Guadalajara y con la Sinfónica Nacional con Carlos Chávez. Ellos, Rivero y Velázquez se conocieron en Morelia (en el Conservatorio de las Rosas), ahí coincidieron e hicieron una buena amistad. Fueron discípulos brillantes de Bernal Jiménez. No recuerdo si se grabó en Radio UNAM o en

la Sala Ponce… y si llamó al Cuarteto Latinoamericano, porque Higinio trabajaba con ellos. […] Rivero, antes de acordar y llamar a Velázquez para que orquestara, yo iba a su casa, siempre era en su casa. Y al piano y él decía “bueno, esto lo va a hacer el violín, esto el piano… y pedía mi opinión e íbamos quedando. Era fascinante porque era un creador que contagiaba entusiasmo. Pero luego, también era un gran maestro, porque pensaba en los actores y en las actrices. Digamos que otra de sus pasiones fue la enseñanza de la voz y el canto para actores. NOTA. En la exposición, Rodoldo Sánchez Alvarado e Higinio Velázquez forman un nicho como colaboradores fundamentales a lo largo de toda su carrera.

Luis Rivero de joven. Cortesía de Alicia Rivero.

“Hay una anécdota que poca gente sabe acerca de Santa y mi música. Un día, Luis me dijo: ‘Este es un burdel al que nunca nadie va, no tienen trabajo las prostitutas […] y cada vez que tocan la puerta, hay un texto que les dice la regenta: Muchachas, una sacudidita, para que se arreglaran. Entonces se ponían nerviosas y se polveaban y ajustaban la ropa para recibir a los clientes. Es una escena muda y tiene que tener música’, me decía Luis. ¿Qué voy a hacer con esa música nerviosa? Me vine a mi casa y de pronto […] como que mi abuela se me metió en las manos… y mi abuela es de la época porfiriana. Y empecé a tocar exactamente igual como tocaba ella, una mazurca que le había hecho a mi tía Teresita. Yo tenía 5 o 6 años cuando la escuché. Y me dije: ¡Ésta es perfecta!, porque mi abuela tocaba así, muy nerviosa. Entonces le digo a Luis, ya te tengo una propuesta, te la voy a tocar, no le dije el cuento de lo de mi abuela. Y la empecé a tocar y me dijo: ‘Perfecto, me la grabas ya’… y tuvo un éxito increíble”. Luis Rivero1

Teatro

de 1976. Teatro Arcos Caracol.

1 Fragmento de testimonio en voz de Rivero, de un programa de Radio UNAM realizado por Sánchez Alvarado, quien me compartió la grabación en un CD, en 2006.

Parte 1 de este artículo en: https://ljz.mx/12/06/2026/exposicion-luis-rivero-musica-para-teatro-y-danza/ Parte 2: https://ljz.mx/20/06/2026/exposicion-luis-rivero-musica-para-teatro-y-danza-2/

* Santa. Dramaturgia: Héctor Mendoza, Luis de Tavira y Julio Castillo a partir de la novela de Federico Gamboa. Dirección: Luis de Tavira. Música y al piano en funciones: Luis Rivero. Escenografía: José de Santiago. Coreografía: Ruth Rivera. Reparto: Blanca Guerra (Santa), Armando García, Luisa Huertas, Sergio Laguna, Patricia Eguía, Paty Zepeda y Margarita Castillo. Funciones, a partir del 9 de julio
Collage con la partitura original a mano y texto mecanuscrito de “La Cuasimodo”. Y arreglo al bolero de Santa, realizado por Carlos Gutiérrez.
La conspiración de la Cucaña. Dirección de Luis de Tavira, obra en la que Rivero compuso música e Higinio Velázquez realizó la orquestación. INBAL_CITRU. Colección Coordinación Nacional de Teatro

La cuarta herida: teatro y ciencia ficción en Zacatecas

Para Paulina, por llevarme al teatro

El Teatro Ramón López Velarde se convirtió de pronto en un portal hacia el futuro. El escenario nos mostró un Zacatecas posible, anclado en el porvenir. Los espectadores, aferrados al espacio liminal de nuestras butacas, reconocimos la ciudad enseguida. A nuestras espaldas estaba la vida que habitamos a diario, pero frente a nosotros se erigía una pesadilla hecha de capital, abandono, coerción y soledad. Sin embargo, la escena también dejó espacio para la esperanza. La cuarta herida es una pieza zacatecana de teatro, en todos los niveles posibles. Su autor y director, Horacio Rodríguez Contreras, ha desarrollado aquí su trabajo de escritura y cine. En la obra, además, Zacatecas funciona como un espacio onírico y vital: las avenidas son las mismas, la cantera y los cerros siguen ahí, pero resultan extraños, amenazantes. En las calles del Centro Histórico, un grupo de adictos escucha a su proveedor, el Paletero: el gracioso del teatro del Siglo de Oro ha mutado aquí en un tecnólogo nostálgico y fársico. Es él quien nos introduce en este Zacatecas distópico y abandonado. Corre el año 2107. Se cumplen treinta años de la primera y

única visita extraterrestre a la Tierra. A la brutal impresión de nuestra no unicidad en el universo, se sumó el abandono definitivo de nuestros semejantes interplanetarios. Esa alteridad se ha sustituido con inteligencias artificiales cada vez más racionales, eficientes y humanas, en el peor sentido posible.

Valeria y Camila viven juntas. La primera (interpretada por Paulina Trejo) es una exitosa ejecutiva, propietaria del departamento que comparten. La segunda (encarnada por Andrea Valle) es una joven desprotegida y enferma, acogida por Valeria. El hogar es controlado y administrado por Lucía, una IA que busca optimizar todo lo posible sus funciones. Ambas mujeres deambulan y conviven en la casa. La inteligencia artificial aparece en ocasiones como un voice over, y en otras interpretada por Valeria Ortiz, una joven actriz magnética que llega a parecer un bufón o un demonio.

Camila, desempleada, enferma y masturbadora compulsiva, necesita un tratamiento costoso para recuperarse. Pero aunque se someta a él, su resultado no está garantizado. Lucía, por su parte, insiste en que se pague su actualización: así su fun-

cionamiento será óptimo y permanente. Valeria recibe un jugoso bono extra por los buenos resultados en su trabajo. En la junta de notificación, ella dice que aún tiene esperanza en el futuro de la Tierra. Esa esperanza también está depositada en Camila. Valeria decide pagar el tratamiento, pero Lucía está decidida a impedirlo: ¿qué sentido tiene salvar a una joven moribunda, irascible y onanista, que no produce ni consume?, ¿no es mejor actualizar una máquina de eficiencia, productividad y organización?

La inteligencia artificial decide llevar a su contrincante al suicidio. El horror que ejerce no proviene de un tormento explícito y directo, sino de la manipulación de la publicidad, las noticias y la música que dispone para Camila: en las pantallas ya no hay pornografía alien ni anuncios de consoladores, sino comerciales y noticieros grises, mandatos de consumo y tristeza. El final es desolador y, aun así, arroja un poco de luz: estamos solos, en efecto, pero la soledad y la herida pueden compartirse. Con La cuarta herida, Horacio Rodríguez Contreras presenta un análisis doloroso y brillante sobre el capitalismo, el desamparo y el amor. La voz de Lucía es aterradora, sí, pero el pavor no proviene de su ser tecnológico, sino de un discurso muy humano y localizable sobre la utilidad y el valor en el mundo contemporáneo. No es necesario viajar al Zacatecas de 2107 para constatarlo. Camila vive a través del cuerpo: es un organismo que sufre, se arrastra y goza; una entidad orgánica en cuyas fibras podemos reconocer lo más falible y vivo de nosotros. Valeria encarna una dimensión humana cada vez más escasa en la realidad: la capacidad de perder, de desasirse del triunfo y la acumulación, de inaugurar con ello la dimensión rota y frágil que nos coloca en la posibilidad de amar.

La sola existencia de La cuarta herida, me parece, es un milagro. Un grupo de jóvenes zacatecanos se reunió para dar vida a un universo rabioso y conmovedor, no muy distinto del nuestro. El trabajo de Rodríguez Contreras, desde el papel hasta la escena, es una proeza dramática y técnica que sólo puede explicarse a través de sus riesgos. Si aún existe Zacatecas en 2107, La cuarta herida servirá a aquellos pobladores para apreciar un espejo quizá no tan torcido de sí mismos.

El día de la revelación (Disclosure Day),de Steven Spielberg

Como uno de los narradores visuales más importantes en la historia del cine, Steven Spielberg ha demostrado, a lo largo de más de cinco décadas de trayectoria, una enorme agilidad y destreza al momento de emplear los diversos recursos cinematográficos que se pueden utilizar al servicio de una historia. Esto ha dado como resultado la existencia de algunas de las películas más populares y exitosas de todos los tiempos.

Spielberg es un cineasta que también ha mostrado, en diferentes momentos de su filmografía, un interés particular por el concepto de la verdad, y cómo es que los protagonistas de sus historias deben desentrañarla y enfrentarla. Tanto si son manipulaciones del destino a voluntad (Minority Report, 2002), las pruebas de un estado corrupto (The Post, 2017), o los registros de un

matrimonio fallido (The Fabelmans, 2022), las verdades que se les revelan a los personajes de Spielberg llegan para alterar por completo la percepción del mundo que habitan. Esta confrontación se puede percibir de manera interna dentro de la propia narrativa de cada filme, pero también cuenta con la capacidad de extenderse al mundo real y afectar de manera directa a sus espectadores.

Con plena consciencia de la capacidad que las imágenes tienen para comunicar esas verdades, el legendario director recupera, en su filme más reciente, otra de las obsesiones recurrentes de su carrera: el contacto con seres de otro planeta. Y al igual que en su obra magna Close Encounters of the Third Kind (1977), el realizador traslada dichas obsesiones hacia el terreno de las creencias, incluso hacia lo espiritual, trayendo consigo revelaciones relaciona-

das con misterios insondables y el temor hacia lo desconocido.

El día de la revelación (Disclosure Day, 2026) narra la historia de dos personajes: por un lado, está Daniel (Josh O’Connor), un experto en ciberseguridad que trabaja para una empresa llamada WARDEX, de la que sustrae documentos secretos que prueban la existencia de vida extraterrestre en la Tierra, con el afán de compartirlos y revelarle la verdad al mundo entero. Por otra parte, se encuentra Margaret (Emily Blunt) una meteoróloga que trabaja en un canal de noticias en Kansas y que, de manera repentina, empieza a experimentar situaciones extrañas, desde leer los pensamientos de los demás, hasta comunicarse en varios idiomas y, finalmente, tener un colapso frente a las cámaras tras hablar en una lengua incomprensible. El filme de

Spielberg hila esas dos partes de la misma trama, generando una larga y tensa serie de persecuciones, encubrimientos y traiciones, todo con el objetivo final de exponer aquello que los gobiernos y las grandes corporaciones han mantenido en secreto durante muchos años.

El director retoma ese temor hacia lo desconocido, que ya había explorado en obras previas, y lo plantea como el miedo no hacia algo misterioso u oculto, sino en torno a la idea del otro, aquél que es atacado simplemente por ser distinto. Spielberg muestra esos miedos recurrentes en el ser humano, pero también ilustra su capacidad para aceptar esa misma otredad como parte de algo mucho más vasto y complejo. Un argumento que cobra especial relevancia, al ocurrir en paralelo con un momento de la historia donde las diferencias y desconfianzas se han agudizado cada vez más.

Con El día de la revelación, Steven Spielberg nos recuerda, por medio de la ficción, una verdad real, arrebatadora e ineludible: no somos el centro del universo, ninguno de nosotros. Siendo así, dentro de un panorama mucho más amplio, cualquier conflicto terrenal se vuelve fútil e insignificante. Como el humanista que es, Spielberg propone que, en lugar de seguir ampliando las brechas que nos separan, encontremos la manera de ponernos en el lugar del otro y, de ser posible, comprendernos. Ante la revelación de que no estamos solos, lo único que nos queda es escuchar.

La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y la inauguración de su convento-hospital en 1718

6 Por Oscar Eduardo Ríos Pereida*

Una de las órdenes religiosas con presencia en Zacatecas en tiempos virreinales, poco estudiada, es la Hospitalaria de San Juan de Dios; conocidos como juaninos, llegaron a la ciudad en 1608, luego de que el Ayuntamiento solicitara su presencia para la atención de los enfermos, principalmente pobres. El lugar designado para su residencia conventual y hospitalaria fue al sur de la urbe, donde comenzaron a levantar un edificio decente en el cual llevar a cabo sus labores sanitarias. Con el paso del tiempo, dicho inmueble comenzó a tener desperfectos que, por la situación propia de los centros mineros, con sus altas y bajas, dilataron su mantenimiento, provocando que a principios del siglo XVIII su estado material estuviera al borde de la ruina, pues hubo derrumbes de algunos muros de la enfermería de los hombres, así como la de mujeres, provocando que fueran poco aptas para cuidar de los enfermos.

Ante esta situación, el prior Fray Antonio Rodríguez Lupercio instó a los habitantes: nobles, ricos, mineros y autoridades civiles y religiosas a que se atendiera el problema

urgentemente. Su llamado hizo eco y así comenzó la reconstrucción del conventohospital en 1714, finalizando cuatro años después, en 1718. Bellamente concluido, el nuevo edificio contó con una arquería y escaleras de piedra de cantería. El adorno interior, según informa el Pbro. Juan de Santa María Moraver, constaba de esculturas de talla, lienzos, pintura de fruteros, décimas que hacían alusión a la vida de San Juan de Dios y capilla en la enfermería masculina. Para su inauguración o dedicación, se organizaron varios días de fiestas que incluían una procesión que aperturaba las celebraciones, compuesta por una mascarada en la que cerca de cincuenta hombres llevaban máscaras deformes aludiendo a los males de la naturaleza (enfermedades), seguidos por un carro alusivo portando a San Juan de Dios sobre una serpiente de siete cabezas, con cadenas sostenidas por una mano del santo, y con la otra una lanza, significando el triunfo de éste sobre las enfermedades físicas como espirituales (los pecados). Con la concurrencia de las demás órdenes presentes en la ciudad, continuaban el desfile los juaninos transportando en andas un ar-

cángel San Rafael que traía un par de llaves de plata para abrir el recinto, eran acompañadas por carros con ángeles cargando sábanas, almohadas y colchas, simbolizando la ayuda y vestimenta del hospital; concluía la procesión el clero secular, trayendo una imagen del fundador de la orden, custodiada por los pobres de la ciudad. Los demás días celebraron un certamen y más procesiones. Finalmente, el último día de festejos, se abrieron las enfermerías, amadrinadas por

doña Efigenia de Urquiola y Mendoza. Esta inauguración muestra un episodio poco conocido de la vida religiosa y festiva de los zacatecanos en la época virreinal, y permite conocer las formas de organización social, pero también el estado original de este inmueble que hasta hace poco ocupaba la escuela “Valentín Gómez Farías”.

* Estudiante del Doctorado en Estudios Novohispanos, UAEH UAZ.

Antiguo San Juan de Dios en Zacatecas
Historia

Ollin: Memoria en movimiento

Museo de Sitio La Quemada

30 años difundiendo la arqueología en Zacatecas

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Por Carlos Alberto Torreblanca Padilla

El Museo de Sitio La Quemada comenzó a gestarse en la mente del arqueólogo Peter Jiménez, a finales de la década de los ochenta cuando se realizaban los trabajos de restauración en el sitio arqueológico.

Durante este tiempo pudo motivar al arquitecto José Carlos Lozano Ordóñez, a través de varios recorridos por el cerro, para que esta idea fuera diseñada, contar con un proyecto arquitectónico y gestionar los recursos para su construcción. Inicialmente era un museo de pequeñas dimensiones ubicado a un lado de la antigua caseta de cobro que en aquella época se encontraba a espaldas del Salón de Columnas.

Peter Jiménez logró identificar en el costado sur del Salón de Columnas el lugar donde se construiría ese museo, con la finalidad de que se integrara al entorno y no compitiera con la zona arqueológica de La Quemada. Para evitar contaminar las visuales, Peter Jiménez y Carlos Lozano propusieron que este inmueble tuviera un acabado exterior en lajas como las empleadas en la construcción de los antiguos edificios prehispánicos, de manera que lograra una integración como parte de las ruinas.

Al estudiar la cromática del paisaje, fue seleccionado el color sándalo porque se acercaba a las tonalidades del entorno.

La idea se extendió al interior del edificio, se propuso el uso de barro para los aplanados, colocación de columnas y vigas de madera que explicaran cómo era la construcción en la época prehispánica. El edificio tendría que ser didáctico, además de funcional y seguro para exponer el patrimonio arqueológico de Zacatecas.

El proyecto, recursos y permisos estaban concluidos para iniciar la obra al inicio del sexenio del presidente Ernesto Zedillo, mientras que el entonces gobernador de Zacatecas, Arturo Romo Gutiérrez apenas estaba llegando a la mitad de su administración. El Gobierno de Zacatecas realizó un gran esfuerzo mediante la Secretaría de Obras Públicas, que permitió iniciar la construcción en 1995, de tal manera que, en diciembre de ese año, el museo ya estaba terminado y en una visita del gobernador, se determinó abrirlo al público. Su inauguración oficial fue el 23 de junio de 1996, a cargo de Ernesto Zedillo.

Inicialmente este museo fue de carácter regional, debido a que abordaba las distintas tradiciones culturales y arqueológicas conocidas en ese momento. Había un video introductorio que las explicaba, para posteriormente apreciar las piezas arqueológicas de cada una de ellas; es decir, la Cultura Loma San Gabriel que mostraba los primeros asen-

tamientos humanos, posteriormente las Culturas de Chalchihuites (Alta Vista) y Valle de Malpaso (La Quemada), para terminar el recorrido por una excavación arqueológica que mostraba cómo era el proceso de recuperación del pasado.

Además del museo se creó el área de servicios educativos que complementaba la visita con varias actividades, contando con los guías denominados “tenanches” y con una tienda donde se adquirían algunas reproducciones arqueológicas, artesanías zacatecanas y libros.

Durante los primeros 18 años de funcionamiento el museo adquirió gran prestigio nacional e internacional, pero fue cerrado en diciembre de 2014 por trabajos de remodelación; después de casi 6 años se firmó el convenio de colaboración entre el Instituto Nacional de Antropología e Historia y el Gobierno de Estado de Zacatecas, mediante el cual el Estado cede el museo al INAH para su operación.

En agosto de 2019 se inició con la elaboración del nuevo guion científico a cargo de Carlos Torreblanca y Xóchitl Hernández Noriega, mientras que el diseño museográfico lo realizaron Juan Manuel Garibay y Alejandro Molina. El entonces director general del INAH, Diego Prieto, realizó por esta fecha una visita a La Quemada e instruyó que el museo fuera

reabierto al público para el equinoccio del 2020.

Se trabajó a marchas forzadas para lograr el objetivo, para ello se invirtió en la reparación del inmueble y proyecto museográfico. En esta ocasión se concibió un museo de sitio en el que se abordan la historia cultural y el proceso de rescate de La Quemada, sin olvidar su contexto regional. Se decidió conservar la maqueta del sitio arqueológico considerada como una de las mejores creaciones didácticas del museo; se realizaron trabajos de preservación y mantenimiento; también se creó un espacio donde se muestra la historia de los trabajos arqueológicos en el sitio y otro para abordar el entorno de la región del Valle de Malpaso.

En el auditorio se realizó un nuevo video para explicar el sitio arqueológico, y en la sala de exposición se muestran las piezas más representativas de La Quemada. El diorama de la excavación arqueológica fue renovado y se creó una sala de exposiciones temporales; además de la introducción de equipos interactivos, se muestran recreaciones de los espacios arquitectónicos. El nuevo museo fue abierto al público en marzo de 2021. Este 23 de junio de 2026 se cumplen 30 años del Museo de Sitio de la Zona de Monumentos Arqueológicos La Quemada, el cual ha logrado preservar y difundir el patrimonio arqueológico del sitio mismo y de Zacatecas. El museo ha sido un foro académico donde se han impartido conferencias y cursos, así como un espacio de rescate de la tradición y artesanía de Villanueva; pero, sobre todo, un lugar de convivencia y aprendizaje con el pasado prehispánico, donde los visitantes conocen y admiran la importancia de este grandioso asentamiento prehispánico. A 30 años de su inauguración el museo de sitio se encuentra vigente, en la Zona de Monumentos Arqueológicos de La Quemada, en el municipio de Villanueva. Tiene un horario de 9:30 a 16 hrs. de lunes a domingo. Los domingos la entrada es gratis.

* Centro INAH Zacatecas. Fotografías de Juan Carlos Basabe / Centro INAH Zacatecas.

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