“El Festival de Cannes ha elegido esta imagen en blanco y negro del rodaje de una película llena de color que celebra la vida y la eterna lucha por la libertad de ser uno mismo”. Treinta y cinco años después del estreno de la película dirigida por Ridley Scott en Cannes, el 20 de mayo de 1991, Thelma y Louise vuelven a ser las heroínas, pero ahora en el póster oficial de la edición 79 del festival de cine más importante del mundo que se llevará a cabo del 12 al 23 de mayo.
[“La programación del 79 Festival de Cannes, con doble participación mexicana”, por Sergi Ramos, en esta edición]
Thelma y Louise, Geena y Susan, heroínas del cartel oficial del 79º Festival de Cannes.
Contenido
La Gualdra No.
Elías Manzo: una carrera en ascenso sostenido
Elías Manzo Hernández es un joven pianista mexicano, nacido en Zacatecas el 22 de abril de 2004. A los 9 años debutó como solista de la Orquesta Filarmónica de Zacatecas, desde entonces ha sido invitado frecuente de la mayoría de las orquestas en nuestro país convirtiéndose en el solista más joven en presentarse junto a las instituciones sinfónicas más importantes de México, como la Orquesta Sinfónica Nacional, OFUNAM, Sinfónica de Xalapa, Filarmónica de Jalisco, Filarmónica de Boca del Río, Sinfónica de Aguascalientes, Sinfónica de San Luis Potosí, Filarmónica de Chihuahua, la Camerata de Coahuila y la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, entre otras. Como solista, ha colaborado también con destacadas orquestas en Estados Unidos, incluyendo la Corpus Christi Symphony Orchestra, la Irving Symphony Orchestra y la San Angelo Symphony Orchestra, consolidando una presencia escénica de alto nivel en ambos países. Hace 9 años, comentábamos aquí que había sido en octubre de 2016, cuando se presentó como solista de la Orquesta Sinfónica Nacional en el cuento sinfónico ¿Conoces a Wolfi? del actor Mario Iván Martínez; ese mismo año asistió como intérprete en el Festival Internacional Cervantino y ganó el Primer Lugar en la IX Bienal Internacional de Piano en Mexicali, Baja California. Un año después obtendría el Premio Nacional de la Juventud 2017 en la categoría de Expresiones Artísticas y Artes Populares. Muchos han sido los premios que ha obtenido por su labor profesional, iniciando con el del Concurso Nacional Yamaha-Cedros en la CDMX en 2013; tres años después, fue becado para participar en el International Keyboard Institute & Festival en Nueva York. En 2018 fue distinguido con el nombramiento “Embajador del Premio Nacional de la Juventud” y fue ganador de la beca FONCA. A estos logros se suma el Premio Estatal de la Juventud en 2021. En 2019 asistió por invitación del maestro Antonio Pompa-Baldi a los cursos de perfeccionamiento en la academia internacional de verano en Nancy, Francia; y tomó clases en París con los maestros Théodore Parachivesko y Gabriel Tacchino. Elías lanzó en el 2020 su primer material discográfico en septiembre de 2020, titulado Prácticas de vuelo; y en 2025 presenta su segundo material discográfico, dedicado a los conciertos de Mendelssohn y Tchaikovsky junto a la Orquesta Sinfónica de Xalapa, consolidando su presencia en el repertorio sinfónico de
gran formato.
Entre otros de sus muchos logros, está el primer lugar en el London Classical Music Competition en 2022 y el primer lugar en el V Concurso Nacional de Piano de la Universidad de Guadalajara en 2023, año en el que también participó en el “Istanbul International Steinway Festival” con un recital mientras aún era estudiante en la Universidad Autónoma de Zacatecas. En junio de 2024 presentó su recital de graduación como Licenciado en Piano, bajo la tutela de Antonio Manzo, en el auditorio de la Unidad Académica de Artes, en el que interpretó piezas de Bach, Beethoven, Liebermann, Silvestrov y Ravel.
En 2024 fue aceptado para realizar sus estudios de Maestría en Piano Performance en la Texas Tech University, bajo la dirección del profesor Daniel del Pino, programa que concluirá este 14 de mayo de 2026. Durante su formación de posgrado, ha sido distinguido durante dos años consecutivos como el mejor estudiante de la Academia de Piano de dicha institución, un reconocimiento reservado a perfiles de excelencia excepcional.
“Un hito determinante en su proyección internacional será su debut en el Weill Recital Hall at Carnegie Hall de Nueva York el próximo 9 de junio de 2026, escenario emblemático que ha marcado la trayectoria de los más grandes intérpretes del mundo”, nos dice su padre, Antonio Manzo.
Hace unos días, el 2 de mayo, Elías Manzo fue el ganador del “Concerto Competition 2026” de Texas Tech University, consolidando así su proyección como uno de los pianistas jóvenes más destacados de su generación y reafirmando su presencia como solista en escenarios de alto nivel internacional.
Con una carrera en ascenso sostenido, una voz artística definida y una capacidad excepcional para conectar con audiencias diversas, Elías representa una de las propuestas más sólidas y relevantes del pianismo actual, proyectándose como una figura clave en la escena musical internacional del siglo XXI y es orgullosamente zacatecano.
Muchas felicidades, Elías Manzo.
Que disfrute su lectura.
Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com
Directorio
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Andrade Diseño Editorial Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com
Desayuno en Tiffany’s, mon ku La programación del 79 Festival de Cannes, con doble participación mexicana Por Sergi Ramos
Tres estados de Los abducidos, de Alfredo Castro Muñoz Por Armando Salgado
Aproximaciones al duelo desde la lectura Por Aída Chacón-Castellanos
La derrota de los días, de Mauricio Carrera, una novela total Por Carlos Martín Briceño
Tres papeles sobre Ramón López Velarde [Parte 1 de 4] Por Carlos Ulises Mata
Tres papeles sobre Ramón López Velarde
[Parte 1 de 4]
6 Por Carlos Ulises Mata
Acuentagotas, como no podía ser de otro modo, surgen aquí y allá documentos que echan luz sobre aspectos diversos del paso por el mundo de Ramón López Velarde. Por sencillos e incluso irrelevantes que sean y por aleatoria que sea su condición, esos papeles mínimos emocionan a quien los encuentra y los lee, y reafirman la existencia de incontables zonas de sombra que persisten en el conocimiento de la vida y la obra del poeta. Hace meses, el azar me llevó a localizar en la Hemeroteca Nacional tres documentos de interés velardeano, que comentaré en cuatro entregas semanales de este suplemento.
Campeón del estudio
El joven estudiante del primer año de Jurisprudencia en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, Ramón López Velarde, de veinte años cumplidos, fue premiado públicamente por las excelentes notas obtenidas en los exámenes correspondientes a ese ciclo escolar.
La noticia que da cuenta de ese reconocimiento y aquí se da a conocer fue publicada en El Contemporáneo. Diario de la tarde, de San Luis Potosí, en su edición del sábado 21 de noviembre de 1908 (planas 1ª y 3ª). El documento aporta un testimonio no conocido sobre la importancia que el joven López Velarde daba a sus estudios profesionales, por propia convicción, por la promesa de realización económica que le ofrecían, y hasta por el propósito de emulación paterna que lo movía al hacerlos.
Bajo el título de “Vencedores y vencidos”, la noticia, firmada por Luis Maldonado, presentó a la sociedad potosina los nombres de quienes ese año fueron considerados “vencedores en los torneos de la inteligencia”. La nota señala por separado a quienes cursaban sus estudios en la escuela preparatoria (“Niño, Izaguirre, Barragán y otros no menos distinguidos”), a quienes destacaron en Medicina y ciencias exactas (“la apreciable señorita María Castro y Víctor Pino”; “M. Perogordo y Martínez”, respectivamente) y a los “campeones del estudio” en la carrera de Jurisprudencia: “La severa Themis depondrá su flamígera espada para colocar un laurel sobre la frente de sus hijos predilectos: López Velarde, Luis Noyola, Álvaro Álvarez y otros”.
A renglón seguido, el periodista informa de la próxima celebración del acto en que los estudiantes mencionados recibirán “de la mano augusta de nuestro primer magistrado el galardón que marca para ellos la ruta sacrosanta del ideal”. Detrás de esa rebuscada alusión, hay que identificar al Ing. José María Espinosa y Cuevas, varias veces gobernador
del estado entre 1905 y 1911, a quien en sendas cartas y siete escritos posteriores (todos de 1912) López Velarde dedicaría menciones, si no elogiosas, sí de respeto y reconocimiento por su riguroso desempeño hacendario, por la seriedad que a su juicio lo distingue frente al odiado Rafael Cepeda, y por patrocinar en junio de 1908 un homenaje por el quincuagésimo aniversario natal del poeta Manuel José Othón, muerto dos años atrás.
Y aunque la nota que reseño no se había divulgado, el hecho que le dio ocasión —los exámenes del primer año de la carrera de Ramón— tiene una doble mención previa en la documentación conocida sobre el poeta.
La primera consta en la carta que López Velarde dirige a Eduardo J. Correa el 21 de octubre de 1908, en cuya línea final, a manera de despedida, el jerezano escribe: “Contésteme luego. El día 29 me examino”, siendo el excelente resultado obtenido en esas pruebas el que motivó el reconocimiento anunciado en El Contemporáneo exactamente un mes después.
Aparte de ese dato puntual, esa carta de octubre (Obras, pp. 821-822) es muy valiosa por una razón principal: como mágicamente, en ella se ve realizada la maduración intelectual y de criterio que detonó en el joven su llegada a San Luis Potosí, en enero de ese año. Alfonso García Morales fue el primero en señalar ese
cambio en su “Biografía de Ramón López Velarde”, donde dice: “El ambiente de la escuela de leyes —puede pensarse que incluso la muerte del padre— contribuyeron a liberalizarlo literaria y políticamente” (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes).
La segunda mención previa a este asunto consta en el “Apéndice” a Fuentes de Fuensanta (1988), de Luis Noyola Vázquez, quien en ese apartado de su libro, al lado de fotos familiares y otros documentos, reproduce las boletas anuales de acreditación y calificación de Ramón durante su paso por el Instituto Científico y Literario de San Luis. La primera de esas boletas —expedida precisamente el jueves 29 de octubre de 1908— corresponde a los exámenes mencionados en la carta y fue la que, al fin, justificó el reconocimiento anunciado por El Contemporáneo, aunque Noyola no relaciona tales documentos por la explicable razón de que la carta la divulgó Guillermo Sheridan hasta 1991 y la nota se exhuma ahora. Por otro lado, la boleta del primer año y el resto de las divulgadas por Noyola Vázquez admiten otros comentarios que no se han hecho.
Uno de gran interés es la información que de ellas se obtiene sobre el espléndido desempeño académico de Ramón en los cinco años de la carrera de Jurisprudencia. La Ley de Instrucción Secundaria del estado señalaba la exigencia de apro-
bar 20 cursos, varios de ellos seriados, en cuyos exámenes Ramón obtuvo 42 calificaciones de “Perfectamente bien” y 15 de “Muy bien”, siendo los años 1º, 4º y 5º los de desempeño perfecto, y los menos brillantes el 2º (examinado en diciembre del mismo 1908, semanas después de la muerte del padre) y el 3º.
Otra observación oportuna remite al prestigio de los jurisconsultos que a través de los años examinaron al joven López Velarde y atestiguaron su talento. Constan ahí los nombres de los licenciados Juan N. Ruelas, magistrado y periodista, cofundador de El Estandarte y amigo de Othón; Arnulfo Pedroza, presidente del Supremo Tribunal de Justicia y gobernador interino de San Luis, quien con ese doble carácter firmó en octubre de 1911 el título profesional de Ramón; Mariano Paláu, diputado y presidente del congreso estatal; Francisco A. Noyola, maestro eminente, ocho veces gobernador del estado, y abuelo de Luis Noyola Vázquez; así como Antonio M. Álvarez, Manuel J. Vildósola y Lamberto Vázquez, potosinos de pro.
Finalmente, registro dos apuntes que se desprenden de la nota en El Contemporáneo que aquí comento.
Uno. Con toda seguridad y para aumento de su tristeza, el poeta no asistió a la ceremonia de entrega de premios, a causa del luto que guardaba por la muerte de su padre, ocurrida en Aguascalientes el 8 de noviembre, acontecimiento que lo llevó a pasar más de un mes en esa ciudad, como lo indica una nota de El Debate citada por Guillermo Sheridan: “Anoche (la nota es del 12 de diciembre) salió para San Luis, a proseguir sus estudios profesionales, un estimado amigo y compañero de labores para quien el porvenir debe tener reservados muchos lauros: Ramón López Velarde” (Correspondencia con E.J. Correa, 1991, p. 86, n. 1).
Y dos. En la primera plana del ejemplar donde se lee la nota de los premios, se anuncia la constitución del Centro Artístico de San Luis Potosí, integrado, entre otros “miembros honorables”, por Humberto Pedretti, Jacobo C. Dávalos, Carlos de Olavarría y Jorge Adalberto Vázquez, cuya actividad de estreno sería “una demostración en honor del ilustre poeta extinto”, al cual, en un contexto potosino y en tales fechas, no era necesario nombrar: Manuel José Othón, cuyo segundo aniversario luctuoso se cumplía una semana después del anuncio. Tampoco a esa ceremonia pudo asistir Ramón, a quien su luto privó también de escribir ese año su homenaje al poeta amado, como sí lo hizo en 1907, 1909, 1912 y 1913.
[Continuará]
Ramón López Velarde a los 23 años.
Desayuno
en Tiffany’s, mon ku
La programación del 79 Festival de Cannes, con doble participación mexicana
6 Por Sergi Ramos
Festival de Cannes
En la destacable edición del curso pasado, algunas de las películas más arriesgadas de la competencia por la Palma de Oro fueron recompensadas con el reconocimiento del palmarés, como Sirât de Oliver Laxe, El agente secreto de Kleber Mendonça Filho, Resurrection de Bi Gan o The sound of falling de Mascha Schilinski. El jurado decidió sin embargo otorgar el premio mayor a una propuesta más frontalmente política, Un simple accidente del iraní Jafar Panahi.
La primera impresión de la selección de la competencia oficial de esta 79 edición deja entrever unas propuestas a priori más consensuales, pero que indican un retorno a tiempos históricos más oscuros, a migraciones y desplazamientos dentro y fuera de la ficción, y que quizá sean el signo de la inestabilidad política que se cierne, ahora sí, sobre la práctica totalidad del globo terrestre. El jurado estará esta vez presidido por el coreano Park Chan-wook.
México en La Croisette
Los cinéfilos presentes en el certamen
podrán ver dos producciones mexicanas. Fuera de competencia, el cuarto largometraje de Diego Luna, Ceniza en la boca, adapta la novela del mismo nombre escrita por Brenda Navarro. Filmada entre México y Madrid, narra la compleja relación familiar de la protagonista con su madre y su hermano, y su complicada emigración a España. Cuenta con la interpretación de Adriana Paz y Anna Díaz.
En competición en la Semana de la Crítica, Seis meses en el edificio rosa con azul es el primer largometraje de ficción de Bruno Santamaría Razo, premiado director de fotografía pasado a la realización documental con Margarita y Cosas que no hacemos. Esta ficción, de tono fuertemente autobiográfico, fue realizada tras numerosas entrevistas con miembros de su familia. Adopta una mirada infantil para volver sobre el SIDA y la homosexualidad en la Ciudad de México de mediados de los noventa.
Además, como es costumbre, sigue la colaboración con el Festival de Morelia y la selección de cuatro cortometrajes: Al
borde del volcán, de Jorge Granados Rosas, Casa chica de Lau Charles, La miel inmaculada de Mauricio Calderón Rico, y Una parvada de estruendo, de Mariana Mendivil.
España y el impulso de las series Sorpresivamente, y con el precedente de contar ya con dos películas el curso pasado, España se ha convertido en el país más representado en la competición oficial, con tres aportaciones. Pedro Almodóvar, con Amarga Navidad, añade un séptimo intento a la extraña historia de amor y desamor que vive con el festival. Si el público galo demuestra desde hace décadas una inquebrantable devoción por el cine del manchego, el festival nunca le ha otorgado su mayor galardón. La película pone en escena a un director de cine que se inspira en la realidad que lo rodea para escribir el guion de su última realización.
Rodrigo Sorogoyen lleva gravitando algunos años alrededor del festival, presidiendo incluso el año pasado en el jurado de la Semana de la Crítica. En esta ocasión, ha sido seleccionado con El ser que-
rido, centrado también en la figura de un realizador de cine, interpretado por Javier Bardem, que decide elegir como protagonista de su última película a su hija, que no ha visto en años. Ésta, interpretada por Victoria Luengo, también actúa en la película de Almodóvar. El paralelismo entre las dos cintas promete intensos debates entre la crítica.
Más sorprendente ha sido la inclusión de La bola negra, la última película de Javier Ambrossi y Javier Calvo -los Javis-, inspirada por la novela epónima inacabada del escritor Federico García Lorca, asesinado por el bando franquista al inicio de la guerra civil. La reciente fiebre que ha vivido Francia por las series españolas, entre las cuales se cuenta La Mesías de los Javis y Los años nuevos de Sorogoyen, probablemente haya influido en la selección, en particular para los primeros.
El cine español queda representado en otras secciones y competiciones paralelas. En Cannes Premiere, la catalana María Martínez Bayona presentará su primer largometraje, The end of it, una coproduc-
Seis meses en el edificio rosa con azul de Bruno Santamaría Razo
Ceniza en la boca de Diego Luna
La aventura sonada de Valeska Grisebach
ción de ciencia ficción distópica con Rebecca Hall, Noomi Rapace y Gael García Bernal. La también catalana Aina Clotet ha sido seleccionada por la Semana de la Crítica con Viva, la historia de una mujer que tras una grave enfermedad, decide vivir de pleno una doble relación amorosa. La actriz y directora se había dado a conocer internacionalmente con la serie Esto no es Suecia, premiada en Cannes Series en 2024.
Notable presencia latinoamericana Aunque ausente de la competencia oficial, el cine hecho en Latinoamérica queda ampliamente representado en las demás competiciones y secciones. Una cierta mirada ha programado El deshielo de Manuela Martelli, otra vuelta a la historia de la (pos)dictadura chilena en forma de coming of age, después de su anterior 1976. También la franco-costarricense Valentina Maurel, tras Tengo sueños eléctricos, propone en Siempre soy tu animal materno, un relato de adolescencia
con tintes de realismo mágico. Fuera de competición, el documental argentino El Partido de Juan Cabral y Santiago Franco investiga el duelo entre Argentina e Inglaterra en el mundial de 1986.
En la Quincena de los cineastas, Lisandro Alonso vuelve a Cannes con La libertad doble, anunciada como la segunda parte de su primer largometraje La libertad, tras el giro formal que supuso Eureka en su filmografía. La chilena Dominga Sotomayor ha sido seleccionada con La perra, tras su reciente Limpia, retrato de las tensiones entre clases sociales. Se trata de una adaptación de la novela de la colombiana Pilar Quintana, que plantea una serie de interrogantes sobre la maternidad. También se proyectará La muerte no tiene dueño, el último largometraje del venezolano Jorge Thielen Armand, tras La soledad y el alucinado díptico sobre su padre, La Fortaleza y El father plays himself.
¿Dónde se metió Hollywood? En la competición oficial, Ira Sachs, con
culebrón de la compra de la Warner por Paramount o Netflix, con Donald Trump interpretando el papel de alcahuete ultra. ¿O el festival está pagando su veto a las todopoderosas plataformas?
A pesar de todo, el cine indie ha conseguido colar algún OVNI, como Teenage sex and death at the camp Miasma, la nueva película de Jane Schoenbrun, realizadora de la curiosa I see the TV glow.
En busca de la Palma de Oro
De las dos figuras tutelares en competición oficial, Pedro Almodóvar y el incombustible Hirokazu Kore-eda, sólo este último puede presumir de Palma de Oro, por partida doble. Volverá a llevarse el galardón con Sheep in the box, un drama de ciencia ficción sobre la muerte del hijo. Formará parte de la importante delegación de cine asiático, junto con su compatriota Na Hong-jin, amante del cine de género enfebrecido, que con Hope emprenderá también una incursión en la ciencia ficción, con la actuación de Alicia Vikander y Michael Fassbender.
En las antípodas estéticas encontramos a dos representantes del minimalismo narrativo japonés. Koji Fukada vuelve a Cannes con Love on trial, sobre una estrella de K-Pop cuyo contrato le impide enamorarse, y Ryosuke Hamaguchi (ganador de un Oscar con Drive my car), presenta Soudain, filmado en Francia, con Virginie Efira interpretando a una directora de residencia de ancianos.
The man I love, ambientada en los años del SIDA en Nueva-York, se erguía como el único representante del cine estadounidense, hasta la inclusión a ultimísima hora de Paper tiger de James Gray, con Adam Driver y Scarlett Johansson en los papeles principales, en una historia de dos hermanos enfrentados a la mafia rusa. Hay que rebuscar en las cada vez más extensas programaciones fuera de competición para encontrar otras películas estadounidenses, con dos contribuciones de veteranos actores pasados a la realización, Diamond de Andy Garcia y Propeller One-Way Night Coach de John Travolta, basado en un libro infantil sobre la aviación escrito por el propio actor.
Hasta la publicación oficial de los seleccionados, se especulaba con la presencia de Steven Spielberg y Christopher Nolan, como representantes de Hollywood, sin que quede muy claro quién le ha dado la espalda a quién. ¿Obedece este rechazo al cambio de ecosistema de los estudios históricos? Recordemos el reciente
Rodando también fuera de sus países, Pawel Pawlikowski (Cold War) y Laszlo Nemes (El hijo de Saul) ubican sus películas en la segunda guerra mundial. El primero filma en Alemania un biopic sobre Thomas Mann, mientras que el segundo lo hace en Francia sobre Jean Moulin, figura central de la resistencia contra la ocupación nazi. Historias paralelas, la última realización del iraní Asghar Farhadi, también ha sido filmada en París, con un prestigioso elenco francés: Isabelle Huppert, Catherine Deneuve o Vincent Cassel. Otras propuestas prometedoras, como las de la alemana Valeska Grisebach (La aventura soñada), la francesa Léa Mysius (Historias de la noche), el rumano Cristian Mungiu (Fjord) o el belga Lukas Dhont (Coward) no acaban de borrar un cierto regusto de templanza (por no decir tibieza) en la selección oficial.
Así, sorprende que algunos nombres familiares del festival, portadores de proyectos casi siempre más arriesgados, hayan quedado arrinconados en otras secciones o competencias. Radu Jude (Diario de una camarista, en la Quincena), Nicolas Winding Refn (Private hell, en Fuera de Competencia), Bruno Dumont (Las rocas rojas, en la Quincena), Kantemir Balágov (Butterfly jam, en la Quincena) o Christophe Honoré (Boda con sabor de naranja, en Cannes Premiere) o representan un cine sin duda más controvertido, pero que le hubiera echado algo más de picante a la carta.
* La edición 79 del Festival de Cannes se llevará a cabo del 12 al 23 de mayo de 2026 y en La Gualdra estaremos reportando las noticias más destacadas.
Festival de Cannes
AmargaNavidad de Almodóvar
Hope de Na Hong-jin
Elserquerido de Rodrigo Sorogoyen
Theendofitde Maria Martínez Bayona con Gael García Bernal
Tres estados de Los abducidos,1 de Alfredo Castro Muñoz
6 Por Armando Salgado
1Mapa de incógnitas
¡Extra, extra! Se alza un álamo de proporciones metálicas, Los abducidos.
En el firmamento aparece esta descripción frente a una multitud de asombro. Sólo es posible la lectura del cielo. Los mensajes de texto desaparecen igual que cientos de personas. Rastros de luz fluorescente, círculos en pastizales. De una colmena brotan poemas no identificados, esporas de cierta nostalgia. No es suficiente con ver. No basta con recordar. No sólo se trata de escribir. Alfredo Castro Muñoz es testigo de este tiempo. Frente al olvido, reconoce que la eternidad es abducida, la verdad es una pared falsa y que es mejor intentar hablar la lengua de los satélites. Sabe que ante las dudas, a veces es suficiente dejar caer una sábana en el aire, con la esperanza de que otra incógnita se forme.
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Junto con Magdiel Torres revisamos el libro Los abducidos, publicado de forma digital por Ediciones O (2026). A partir de la cuarta de forros que escribí Magdiel escribió dos lecturas de los cierres posibles que podía tener dicha cuarta. Dos alternativas para leer la realidad. Dos ángulos para ver una nave espacial.
Fragmento 1:
Alfredo Castro Muñoz es testigo de este tiempo. Frente al olvido, reconoce que la eternidad es abducida, la verdad es una pared falsa y que es mejor intentar hablar la lengua de los satélites. Sabe que ante las dudas, a veces es suficiente dejar caer una sábana en el aire, con la esperanza de que una respuesta se forme.
1) La opción "con la esperanza, de que una respuesta se forme" atiende a la lectura correcta, lineal o literal del poema. Es decir, se cree que la "silueta" es la respuesta que la voz poética busca.
Fragmento 2:
Alfredo Castro Muñoz es testigo de este tiempo. Frente al olvido, reconoce que la eternidad es abducida, la verdad es una pared falsa y que es mejor intentar hablar la lengua de los satélites. Sabe que ante las dudas, a veces es suficiente dejar caer una sábana en el aire, con
la esperanza de que otra incógnita se forme.
2) Por otra parte, la opción "con la esperanza, de que otra incógnita se forme" atiende a una lectura particular del lector, que infiere en la búsqueda de respuestas como consecuencia de la aparición de más incógnitas.2
1 Los abducidos, Alfredo Castro Muñoz; Ediciones O (2026), 26 pp.
2 Las cursivas del apartado 2, pertenecen a Magdiel Torres.
Puede leer el libro, aquí: https://edicionesomx.wordpress.com/wp-content/uploads/2026/03/los-abducidos-2.pdf
En este sentido, cada quien elige si acepta haber visto un objeto no identificado, sobre el cielo de las interpretaciones. Cada quien tiene su propia lectura, y se harán aportes únicos como lector a cualquier libro. De esta manera, Los abducidos se expande por el cosmos poético desde un sentido multifacético.
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Satélites a manera de simples ideas que no pretenden imponer una visión única del poema, a partir de Los abducidos, de Alfredo Castro Muñoz. Ampliar el espectro atmosférico de la poesía. Decálogo de naves quemadas.
1. La poesía a veces es un objeto extraño, sumado a la búsqueda de sentido.
2. El poema es un medio de transporte interestelar. Incluye geografías del futuro, relieves imaginarios y aquellos sucesos que nunca viviremos y en los que divagamos eternamente, como si fuera el único pasillo de nuestra atención.
3. En el fondo, hay ocasiones que lo único importante es desenmarañar aquello que nos atribula, esos misterios que mueven masas, pueblos, poemas.
4. Que ardan todas las naves, incluidas las del cielo, para observar con júbilo una bóveda rojiza, caer. Que ardan los viejos poemas que nos atan a las personas que alguna vez fuimos.
5. Cuando un poema tiene atisbos de alguna explicación (aproximación a respuestas de protoplasma), se manifiestan sobre campos de maíz y forman figuras sin aparente jerarquía, pero son exactas, simétricas, hermosas, porque sentir que entendemos o descubrimos algo tiene esa redondez infinita.
6. El poema llega de pronto a la mente o al cuaderno o a la pantalla del Word. Esos intervalos son avistamientos fugaces: instante de luz, una idea veloz que puede esfumarse en un abrir y cerrar de páginas. La mayoría de las veces, son irrepetibles.
7. Las personas son irremplazables, ¿o es al revés? ¿La poesía es insustituible?
8. El poema es un objeto no identificado, totalmente personal, que al nombrarlo se manifiesta en el cielo (interior) y eso que nos hierve dentro por fin adquiere forma.
9. Cuando crees en literatura extraterrestre cualquier religión deja de hostigarnos.
10. Entonces la poesía de Alfredo Castro Muñoz deja de ser el engranaje gris de los días y se transforma en ese mapa de otras órbitas para ver y pensar el mundo desde otros márgenes.
Aproximaciones al duelo desde la lectura
6 Por Aída Chacón-Castellanos
En esta ocasión me parece pertinente abordar, desde la experiencia ensayística, el duelo. Es importante mencionar que no toda la literatura es ficción, que una marca contemporánea es la narrativa del yo. Desde mi experiencia lectora, estos géneros me han atrapado en los últimos años porque me parecen textos íntimos; claro que esto no quiere decir que otras narrativas no puedan serlo, pero los pactos de verdad que se establecen en la no ficción, quizá es lo permite una conexión más estrecha entre el lector, el texto y quien narra. Ese espacio de lectura se acorta en este género y, cuando las experiencias de quien lee se aproximan a lo narrado, el impacto puede ser aún más inquietante. Para adentrarse en el mundo de la no ficción no hay un solo camino, hay muchísimos. Como dije, es un rasgo de las narrativas de este siglo (y desde el último tercio del siglo pasado); pero quiero compartir una lectura que puede ser un buen comienzo porque su punto focal es la travesía del duelo. Llegué a esta lectura por casualidad. Me adentré en la literatura ensayística escrita por mujeres y una buena guía que me mostró su camino colocó en sus recomendaciones Joan Didion con su libro El año del pensamiento mágico (2005). El título no me pareció de lo más atractivo, incluso me hizo pensar en todo menos en el duelo o en el ensayo. Sin embargo, tomé la recomendación con disciplina y me adentré en la lectura. Ésta es, para muchos, la obra más leída de la autora, quizá porque en ella se sincera con el público y narra una experiencia de un año aproximadamente en que su vida cambió de manera drástica. La primera línea que abre la narración interpela al lector. Le cuenta el momento exacto en que sucedió lo que contará a continuación, con una advertencia que resulta arrolladora: “Puede parecer que pasó hace mucho tiempo, pero no te lo parecerá cuando te pase a ti”. Ése es el primer pacto de verdad que se establece con el lector. Hay una certeza, le pasará a quien lea esa obra, pero también a quien no la lea. Su historia comienza con una escena cotidiana: la llegada al hogar con su esposo, la preparación de los alimentos, una charla sobre la lectura del día y después el silencio. En el instante mismo en que ella preparaba la ensalada,
cuando su mirada se encontraba atenta en esa mezcla llegó el silencio. Inevitablemente su mirada buscó a su esposo y alcanzó a ver cómo se desplomó al instante. La construcción de esa primera escena llega de golpe en la primera página de la lectura. Esa noche, Joan Didion perdió a su esposo y después de aquello trató de reconstruir obsesivamente qué fue lo que pasó, si pudo notar alguna señal, si hubo algo que ella pudiera haber hecho para evitar ese desenlace. Esto es aquello que en psicología se llama “pensamiento mágico”. Esta parte del título que, de primera instancia dice todo, pero que podría no entender el lector, es la clave de lo que pasó: la desconexión de la narradora con la realidad, la negación lógica que la sume en un ir y venir entre la cordura y la locura. Ese recorrido minucioso por aquel instante la lleva a evocar una vida entera con él. Sus planes, sus viajes, su trabajo juntos, su biblioteca, su hija. Todo lo vivido hasta aquella noche en que llegó de golpe la muerte. ¿Cómo escribir y describir el duelo? La manera más honesta de hacerlo es como magistralmente lo hizo Didion, a través de una escritura fragmentada, en ocasiones acompañada de pensamientos recurrentes que irrumpen en la historia, a través del cuerpo y los síntomas de un dolor que va más allá de lo físico. Por ello, la autora recurre a la memoria no solamente de la muerte de su esposo, sino también de las circunstancias que la rodearon. Ese mismo año, su hija fue ingresada a terapia intensiva por una enfermedad pulmonar. Los días en que ella lidió con la muerte de su esposo, su hija estaba hospitalizada sin un pronóstico certero. Finalmente, si hemos pasado por una pérdida repentina, sabemos que el cerebro no comprende en primer momento lo sucedido, que una forma de ponerse a salvo es la negación. Además, esta lectura llegó para mí en un momento de felicidad en pareja, en la mediana edad… por ello me pregunté qué pasaría si yo tuviera que atravesar por una situación semejante. La respuesta sigue sin aparecer ante mí, pero el sentimiento fue, lo empujó mi llanto con esa lectura. No es la única que trata el duelo, claro que no, no se trata tampoco de un ensayo convencional, pero me parece que es una obra que enriquece muchísimo la experiencia lectora.
La derrota de los días, de Mauricio Carrera, una novela total
6 Por Carlos Martín Briceño
Novela
Fue una tarde de cervezas en La Negrita cuando escuché hablar por primera vez de La derrota de los días. Era marzo del 2020, hacía un calor sofocante y Mauricio Carrera y su hijo Diego, nada más bajar del avión y enfrentar los treinta y siete grados a la sombra, me pidieron que los llevara a una cantina a refrescarse. Habían venido a la FILEY a presentar La vida endeble, entonces la novela más reciente de Mauricio, y por la cual había recibido uno más de los numerosos premios que conforman su extenso currículum.
Quizás Mauricio no lo recuerde, pero después de la primera ronda de frías acompañadas de unos suculentos tacos de cochinita, la charla entre él y Diego devino en la importancia de sus últimos trabajos.
—Papá, no le busques —soltó Diego, categórico—. Tu mejor novela es La derrota de los días. Ninguna la supera. Tienes que conseguir que la reediten.
—¿La derrota de los días? —pregunté intrigado.
—Sí, con la que gané el Premio de Novela Bicentenario hace unos años — intervino Mauricio, antes de llevarse de nuevo la botella a los labios.
—¿Y por qué opinas eso? —le pregunté a Diego, intrigado.
—Porque es una novela que lo abarca
todo —respondió con seguridad. No recuerdo cuál fue la contestación literal de Mauricio, probablemente dijo que él quería por igual a todas sus obras, pero lo que no olvido es su rostro de decepción al terminar —palabras más, palabras menos— con que La derrota de los días difícilmente se reeditaría.
—No ayudan sus más de 600 páginas —concluyó.
Seis años después, en contra de sus propias predicciones, el Fondo de Cultura Económica lo ha hecho. No sólo con un trabajo de edición impecable sino con un tiraje de cuatro mil ejemplares.
Bildungsroman a la mexicana, novela total al estilo de La montaña mágica, de Thomas Mann o Doctor Zhivago, de Boris Pasternak, La derrota de los días cuenta la historia de Joaquín Ríos, un joven actor que en 1944 es contratado por el director Raphael J. Sevilla, para la filmación de El mexicano, filme basado en un cuento de Jack London, cuya adaptación corría a cargo de José Revueltas. Utilizando “literatura referencial”, (método de escritura inventado por el propio Carrera que se nutre de la realidad para reconstruirla) Mauricio resucita a Jack London y lo coloca junto a Revueltas regalándonos espléndidas charlas donde cada uno, además de interactuar constantemente con Joaquín
Ríos, expresa con elocuencia su forma particular de ver el mundo.
“El infierno es un lugar donde las botellas tienen dos agujeros y las mujeres ninguno”, sostiene, por ejemplo, el Revueltas de esta novela. Y uno no duda de que el escritor duranguense se haya expresado alguna vez de esta manera.
Es así como Carrera, mezclando realidad con ficción, nos sumerge en un relato de primer nivel en el que sitúa a su protagonista en lugares tan exóticos como la isla japonesa de Anopopei, la gélida ciudad de Seattle, los luminosos Cayos de la Florida, las nevadas montañas de Corea o la pintoresca ciudad fronteriza de Tijuana. En cada caso, Joaquín Ríos, se irá topando con personajes literarios, ídolos de Mauricio huelga decir, que le irán instando a que siga su camino de aventuras sin detenerse a mirar atrás.
“La función propia del hombre es vivir, no existir. No malgastaré mis días tratando de prolongarlos sino de usarlos”, escribió alguna vez Jack London, y ésta parece ser la premisa que persigue Ríos a lo largo de toda la historia.
Lo vemos entonces como periodista acompañando a London y a un juvenil Norman Mailer en Japón durante la Segunda Guerra Mundial; más tarde como trotamundos por las carreteras gringas junto con el aventurero Sal Paradise, trasunto de Jack Kerouac; después en la Florida, alternando con un arrogante escritor al que suponemos Ernest Hemingway. Todo esto antes de partir a Corea, donde tendrá que pelear por su vida en una sangrienta guerra que no le corresponde y de la que finalmente saldrá bien librado, pero emocionalmente destruido, situación que lo llevará a exiliarse en Tijuana donde conocerá el amor —así sea de manera breve— y volverá a encontrarse con un José Revueltas acabado, quien ahoga cada día sus frustraciones en alcohol.
Yoshimatsu Nakata, Pedro Armendáriz, Efraín Huerta, Juan de la Cabada, Federico Gamboa, Damien de Veuster, Alen Ginsberg, Blanca Estela Pavón, Nelly Campobello…, la lista de personajes secundarios es larga y cada uno de ellos participa en pasajes memorables que nos dejan con el regusto de haber paladeado, aunque sea en pocas líneas, un segmento de la historia universal.
Una novela total, dijo alguna vez Mario Vargas Llosa, es la “que abarca muchos niveles de realidad y, al mismo tiempo, nos presenta la imagen de un mundo que es psicológico, que es social, que es individual, que es político, que es costumbrista, que es erótico y que nos deslumbra por esa universalidad que parece resumirse en ella”.
Pienso que lo anterior se antoja casi imposible en esta época de literatura fácil, periodismo ramplón, canciones insulsas y películas cada vez más banales.
No obstante, en el extenso universo de las letras mexicanas, existen todavía autores como Mauricio Carrera, de prosa cuidada y elegante, que se preocupan por crear textos ambiciosos, protagonizados por múltiples personajes, que buscan abarcar la realidad completa de una época en un solo volumen.
Con una trayectoria sólida, que incluye más de una cuarentena de libros y una veintena de galardones como el Premio Nacional de Novela José Rubén Romero, el Premio José Fuentes Mares, el Premio Bellas Artes de Cuento, el Premio Ibargüengoitia de Novela y el Premio de Novela Breve Amado Nervo, Mauricio Carrera nos entrega en La derrota de los días, la que es, quizá, la mejor de sus obras: una novela poderosa y envolvente que sobresale de entre el tumulto de publicaciones que inundan año con año las mesas de novedades y que confirma a su autor como uno de los mejores prosistas de México.