El doctor Aurelio de los Reyes García Rojas presentó el 10 de abril su libro Maximiliano de Habsburgo y su diario de 1863, en la Cineteca Zacatecas, como parte de las actividades académicas de la edición 40 del Festival Cultural Zacatecas, en colaboración con el Seminario de Cultura Mexicana; un día antes impartió la conferencia sobre los dibujos que hizo Maximiliano de los 11 años hasta los 18.
[En esta edición, una entrevista con él]
Aurelio de los Reyes García Rojas en Zacatecas. Foto de Carlos Segura.
Contenido
La Gualdra No.
La edición 40 del Festival Cultural Zacatecas llegó a su fin el 11 de abril con la presentación de Billy Idol en Plaza de Armas y de La Barranca en la Plazuela Miguel Auza; buen cierre para un festival que duró dos semanas y tuvo más de 400 actividades artísticas y culturales, de acuerdo con la información contenida en el programa. No sólo fueron conciertos masivos, también hubo ciclos de piano y guitarra que registraron llenos totales, conferencias, presentaciones de libros, proyecciones de cine, muestras gastronómicas, talleres, exposiciones, callejoneadas, danza y teatro. Fue imposible asistir a todas, pero sí a muchas de ellas y quiero compartir aquí algunas reflexiones. El festival dio inicio justo cuando las manifestaciones de los productores del campo habían llegado ya a Plaza de Armas, exigiendo se cumplieran sus demandas relacionadas con el sistema de acopio de frijol. Los dos primeros días existió la posibilidad de que los conciertos ahí fueran suspendidos y eso generó una tensión, que, sin embargo, no afectó el ánimo de los zacatecanos, pues de una manera encomiable reaccionaron para apoyar a los campesinos, dando prioridad a que se estableciera un diálogo mediante el cual las partes involucradas pudieran llegar a un acuerdo.
Mientras eso se concretaba, un grupo de jóvenes se organizó para atender, en la medida de lo posible, a los productores de campo que permanecían en la plaza a un lado de la catedral, y les llevaron comida caliente, agua y cobijas. Esa actitud solidaria fue agradecida por quienes estaban a la espera de que se atendieran sus peticiones y reconocida hasta por los integrantes de la agrupación Revisting Creedence, quienes tuvieron a cargo el concierto inaugural. El 29 de marzo finalmente se llegó a un acuerdo entre gobierno del Estado y los productores y el festival continuó con el concierto de los Fabulosos Cadillacs y todos los demás.
Ríos de gente inundaron el centro histórico de la ciudad de Zacatecas para asistir a los conciertos en el escenario principal; desde muy temprana hora llegaban a hacer fila para tener un buen lugar y hubo quienes incluso estuvieron a la espera desde la madrugada. Además de esos llenos impresionantes, hay que destacar la civilidad que permeó durante todos estos días; no hubo incidente alguno y la gente estuvo feliz. Creo que hablar de esa felicidad es importante porque estábamos muy necesitados de algo así, de poder disfrutar de buenos
momentos y de buenas noticias en la ciudad. Hubo durante estos días una buena organización, orden, seguridad, buena actitud y muy buenos conciertos; en la Plazuela Miguel Auza, por ejemplo, la calidad de todas las agrupaciones y músicos participantes fue indiscutible, de ahí que fuera otro de los mejores foros y desde hace muchos años, el favorito para quien esto escribe. Memorable fue el concierto del Conjunto Río Grande, por ejemplo, porque congregó a un público diferente al que solíamos ver en esa plaza, pero que llegó con sus mejores galas -de botas y sombrero, en su mayoría- para generar un ambiente festivo y un baile que recordaremos en mucho tiempo. Ahí mismo participaron diversos artistas zacatecanos que demostraron el talento y la calidad del trabajo realizado durante años. Enhorabuena para todos los participantes. Es también necesario reconocer que desde el Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde se llevó a cabo un muy buen trabajo de planeación, organización y ejecución. Vi al final de cada uno de los eventos a los que pude asistir que se encuestó a una muestra de los espectadores, por eso habrá que estar muy pendientes de los resultados de las retroalimentaciones vertidas por los encuestados, de manera que se pueda utilizar esa información para aplicarla en los proyectos venideros. Y a propósito de lo que viene, una vez terminado el festival de este año, esperemos que las actividades continúen todo el 2026. Una de las preocupaciones que se dan en estas fechas es que gran parte del presupuesto de cultura se va al festival y todavía faltan poco más de 8 meses para que termine el año. El momento es más que propicio para revisar y modificar desde la Legislatura la Ley de Cultura y la del Mecenazgo, que siguen estancadas y atrapadas en trámites burocráticos sin que se puedan operar para beneficio de la comunidad. Mientras eso sucede, felicitamos a quienes participaron en la edición 40 de éste que fue, además, un muy buen festival.
Que disfrute su lectura.
Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com
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Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com
Sandra Andrade Diseño Editorial
Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com
Saade
Aurelio de los Reyes García Rojas [del cine mudo a la historia de Maximiliano de Habsburgo] Por Jánea Estrada Lazarín
Secretos que caen por su propio peso [Sobre Los secretos vivos, de Carlos Martín Briceño] Por Mario Lope
Leer el cuerpo gordo desde la poesía Por Aída Chacón-Castellanos
Orden provisional Por Juan Carlos Macías Berumen
La veta y la voz: escrituras del subsuelo zacatecano [Parte 1] Por Alberto Tagle
La veta y la voz: escrituras del subsuelo zacatecano
[Parte 1]
6 Por Alberto Tagle
Zacatecas puede leerse como un territorio del vacío. Zacatecas es un semidesierto y, en ese sentido, parece vacío. Aunque sería más preciso decir que es una tierra que forja, como advirtió Eugenio del Hoyo, el carácter de sus habitantes: sencillos y abiertos como el paisaje. Con alma desnuda, como desnuda es la tierra que los sustenta y desnudo el cielo que los cubre 1 A pesar de esta claridad luminosa, alberga pueblos fantasmagóricos desalojados a la fuerza en campos de guerra, vinculación forzada entre cuerpos y cosas. Pero Zacatecas no sólo parece vacío debido a estas ausencias. Porque conviene admitirlo desde ahora: Zacatecas es un buen lugar al cual vaciar. Porque no sólo somos como la desnudez del paisaje: hay también en nosotros algo de ese subsuelo repleto de vacíos excavados. Quizá en lo zacatecano persista el acto de minar y ser minado. Pero estos vacíos, estas ausencias, no son simplemente la erosión continua e incesante de una abstracta cohesión social y climática. Estos huecos, además, son una especie singular de escritura, de registros de lo que alguna vez pasó y, al mismo tiempo, un medio para especular sendas que apuntan a otros lugares y a otros futuros que nos aguardan. Por ello, lo que aquí se esboza es apenas una muestra de una exploración más profunda. El proyecto La veta y la voz: escrituras del subsuelo zacatecano –una serie de ensayos realizados con el apoyo del estímulo PECDAZ– se inscribe en la exploración de estas marcas borrosas y dolorosas de nuestra historicidad. Aquí tratamos de entender los vestigios materiales como una forma muy concreta de escritura. Para trazar las coordenadas temporales de esta historia mineral y subterránea, no podemos reducir el suelo zacatecano a esa tierra adentro donde López Velarde tuvo una novia muy pobre que tenía ojos inusitados de sulfato de cobre. Por el contrario, buscamos profundizar en lo geológico y sus otras formas de escritura. Rivera Garza sostiene que escribir geológicamente es honrar las vidas de las personas, animales, plantas y rocas que nos han precedido y también, por qué no, de las que vendrán.2 Leer y escribir geológicamente tienen que ver con las huellas materiales que dejan tras de sí ciertos modos de ha-
bitar y dominar el mundo, los cuerpos y la tierra. Puede que sean escrituras que, de forma directa, no expresan intenciones ni voluntades, pero dejan tras su paso rastros que determinan trayectorias: de modos de vida, de prácticas negligentes de consumo y extracción. Donde los rizomáticos túneles del subsuelo zacatecano son las escrituras hormigueantes de seres víctimas de su propio colapso.
¿Pero cuál es la pertinencia de infiltrarnos en lo geológico para el discernimiento de nuestra escritura, de nuestra historia? No se trata sólo de una obviedad disciplinaria. Desde las primeras descripciones de Zacatecas, en las vetustas crónicas coloniales, se vislumbró su indisoluble relación con el subsuelo. Desde esta narrativa, el mito fundacional de la ciudad sólo pudo articularse como el encuentro entre lo divino y lo mineral.
Ya en su providencial narración, el presbítero José Mariano Estevan de Bezanilla escribió, en 1788, que en el encuentro de los indígenas con los
1 Eugenio del Hoyo, La ciudad en estampas: Zacatecas 1920-1940, Texere, Zacatecas, 2015, p. 134.
3 Mariano Estevan de Bezanilla, Muralla zacatecana, [s.e.], Zacatecas, 1788, p. 35.
de la Intendecia de Zacatecas. Bernardo de Portugal (1799). Archivo Nacional de México.
conquistadores españoles en el cerro de la Bufa –escena petrificada en el escudo de armas de la ciudad y que marca el acto fundacional de Zacatecas como colonia– la Virgen arremetió contra los primeros cegándolos con un puño de tierra para que se rindiesen a la suave dominación de su soberana voluntad.3 Mineralizar este relato es recordarnos constantemente que lo geológico es un conocimiento de lo profundo, pero también una técnica para su desmantelamiento.
Estratificar la historia de Zacatecas es atravesar las diversas y plegadas capas de esa suave dominación que no ha terminado. Quizá la figura más cristalina de esta relación es el epíteto dado a la propia Virgen en el Zacatecas novohispano: la patrona de la Minería.4 Pero, ¿y si dejáramos de articular nuestro origen con el mito fundacional de la conquista? ¿Y si comprendiéramos nuestras marcas como residuos minerales que se sostienen en los tiempos más profundos, pero que también enmarañan el futuro más urgente?
Dipesh Chakrabarty deja entrever que la crisis climática es un nodo conceptual que enreda lo humano con lo geológico. Los avances tecnológicos han permitido a la especie transformar el mundo a una escala antes inimaginable: somos capaces de desmontar cerros pedazo a pedazo, de talar bosques enteros hasta su agotamiento y de modificar ecologías en su totalidad. Hoy por hoy, lo humano ha devenido una fuerza geológica.5 Es aquí cuando escritura y geología se funden, porque hace ya tiempo que dejamos de registrar nuestras historias exclusivamente sobre el papel. La veta y la voz no es una narración literaria de Zacatecas; no es una explicación sociológica de nuestros problemas; es un gesto para que el subsuelo deje de ser un telón de fondo y se eleve como protagonista de los que hemos sido, de lo que somos y de lo que queda por excavar.
*Alberto Tagle (Zacatecas) es maestro en Estética y Arte de la BUAP. Ensayista e investigador que indaga en las relaciones entre el territorio, la minería y la escritura.
4 Mariana Terán Fuentes, “Relatos de lealtad. Zacatecas: de la fortaleza amurallada por sus vasallos a la ciudad republicana”, en Relaciones, no. 121, 2010, p. 195.
5 Dipesh Chrakrabarty, “Clima e historia: cuatro tesis”, en Paisajes, no. 31, 2019, p. 57.
Mapa
Aurelio de los Reyes García Rojas
[del cine mudo a la historia de Maximiliano de Habsburgo]
6 Por Jánea Estrada Lazarín
Aurelio de los Reyes García Rojas nació en Aguascalientes en 1942. Es investigador emérito UNAM y SNI; miembro del Seminario de Cultura Mexicana y de la Academia Mexicana de la Historia. Entre sus principales libros publicados están Los orígenes del cine en México. 1896-1900 (1972); Vivir de sueños, 1896-1920 (1982), Bajo el cielo de México. 1920-1924, (1989); Sucedió en Jalisco (Los cristeros) (1924-1928) (2015); Semblanza iconográfica de una familia (2002), Eisenstein en México (2004), Crónica literaria de la Revolución, algo de literatura, algo de poesía (2023); y Maximiliano de Habsburgo y su diario de 1863 (2025). Ha recibido múltiples reconocimientos por su labor profesional, como la Diosa de Plata de Periodistas Cinematográficos de México, A.C. (Pecime) por el cortometraje experimental “¿Una ciudad conocida?”, en 1962; un Ariel de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas por el cortometraje “Y el cine llegó”, en 1992. En 2013 obtuvo el premio Jean Mitry en Pordenone, Italia, máximo reconocimiento internacional a un historiador del cine mudo; y, en 2015, el Premio José C. Valadés del Instituto de Estudios de las Revoluciones de México (INEHRM). En 2016 fue homenajeado en Puebla con motivo del inicio del Festival Internacional de Cine Mudo, creado a partir de la lectura de su libro Los orígenes del cine en México; y recibió el Premio Nacional de Artes y Literatura en el rubro de Historia. En 2018, fue reconocido por su trayectoria por el Groupe de Réflexion sur l’Image dans le Monde Hispanique (GRIMH), con sede en Lyon, Francia.
El doctor Aurelio de los Reyes García Rojas presentó el 10 de abril su libro Maximiliano de Habsburgo y su diario de 1863, en la Cineteca Zacatecas, como parte de las actividades académicas de la edición 40 del Festival Cultural Zacatecas, en colaboración con el Seminario de Cultura Mexicana; un día antes impartió la conferencia sobre los dibujos que hizo Maximiliano de los 11 años hasta los 18. Conversamos con él justo antes de la presentación de su libro.
Jánea Estrada Lazarín: Doctor, me gustaría que nos platicara sobre su relación con Zacatecas, porque su padre era de Jerez y su madre de Pinos, ¿cómo fue que llegaron a Fresnillo? Aurelio de los Reyes García Rojas: Los familiares de uno y otro se fueron a Aguascalientes por la Revolución y allá se conocieron, yo nací en Aguascalientes; nos fuimos a Fresnillo después de que quebró el negocio familiar de mi padre, él había comprado acá en el Pardillo unas 5000 hectáreas. El general Natera era el gobernador y mi papá le regaló 1000 hectáreas para que lo dejara tener esas enormes extensiones, él fue el que le puso el Pardillo. Nos trasladamos al rancho en 1949, entonces tenía 7 años más o
menos y vivimos ahí 2 años y medio, sin escuela, sin religión, por la naturaleza. Fue una etapa muy bonita para mí y muy informativa; luego nos fuimos a Fresnillo y ahí estudié la primaria en el Colegio Patria, de las monjas del Sagrado Corazón -la misma orden con la que estudió María Félix-; el primer año de secundaria lo hice en la secundaria nocturna en Fresnillo, fui la primera generación; luego, en 1957 nos trasladamos a la Ciudad de México.
Tengo vínculos con Zacatecas muy profundos; la familia de mi madre, García Rojas, es de Ojuelos y ahí vivieron como 150 años, de fines del siglo XVI a mediados del siglo XVIII, luego compraron la Hacienda de San Nicolás de Quijas, en Pinos, que ahora
se llama el Nigromante; el desarrollo económico de la familia García Rojas se debió sobre todo a la importación del caballo árabe; el auge de la hacienda de San Nicolás se debió a la caballería árabe y con el tiempo empezó el desplome debido a la construcción de los ferrocarriles, porque San Nicolás estaba en el camino por donde pasaba la sal que venía de Salinas, San Luis Potosí, a la Ciudad de México; con la construcción de los ferrocarriles se vino abajo la hacienda de San Nicolás, luego la dividieron, se fragmentó y continuó el desplome; luego en plena Revolución se fueron a Aguascalientes, cuando la toma de Zacatecas; justo estaban preparando la toma de Zacatecas cuando llegaron los villistas a Pinos y tocaron la puerta de la casa de mis abuelos, él preguntó que quién era, por el ojo de la cerradura entró un balazo y ahí quedó mi abuelo y eran 15 de familia, entonces salió la abuela con el chiquillerío rumbo a Aguascalientes; mi mamá venía en camino, no había nacido, pero murió también mi abuela, entonces la familia se desarticuló totalmente, unos se fueron a Aguascalientes, otros con algunos parientes… la familia quedó totalmente dispersa, al grado de que una vez dos de ellos, ya como de 30 años estaban en Azcapotzalco en el Parque Delta viendo un partido de béisbol y empezaron a platicar, uno de ellos dijo que recordaba
que cuando estaba chiquito jugaban así con la familia, el otro le preguntó que de dónde era y dijo que de Pinos, pues yo también -contestó el otro-… eran los dos hermanos que no se habían vuelto a ver desde niños.
JEL: Volvamos a Aguascalientes, porque tengo entendido de que usted vivió durante sus primeros años en una casa muy bonita que además la hizo otro zacatecano.
ADLRGR: Ah, sí, Refugio Reyes. Sí, en Aguascalientes vivimos; yo nací en la Juárez, cerca estaba el café catedral; de ahí nos mudamos a los departamentos Victoria, a un costado de catedral; luego a Juan de Montoro, a una casa de Refugio Reyes. Tengo muy bonitos recuerdos porque fue cuando empecé a ir al kínder que estaba sobre la misma calle, Enrique Pestalozzi se llamaba el jardín de niños. La casa era muy grande, tenía tres patios, uno de ellos con una fuente muy parecida a la que hay aquí en Zacatecas en una de las plazas, tenía caballerizas y una huerta.
JEL: La recuerda muy bien aunque era muy pequeño, ¿estuvo ahí hasta los 6 años? Háblenos de las películas que hacía con ustedes su mamá. ¿Es de ella de quien adquiere el gusto por el cine?
ADLRGR: Tengo varias películas de nosotros hechas por ella; sí, desde luego
Aurelio de los Reyes García Rojas. Foto de Carlos Segura
que de ahí me viene, de la familia, el gusto por el cine. Todavía conservo algunas, no todas completas, pero sí se conservan, ahí aparezco, estoy retratado desde bebé en la calle de Juárez, en la plaza, hay escenas también de la casa en Juan de Montoro; hay algunas incluso en color y sale el patio donde está la fuente, había unos murales de tipo mexicanistas, como un jarabe tapatío; lo que me gustaba mucho es que todas las recámaras tenían su cielo pintado con motivos grecolatinos, yo estaba chiquillo, pero me gustaba mucho dormirme viendo las figuras del techo.
JEL: Se puede considerar que desde niño usted tuvo contacto con el arte entonces. ¿Recuerda con quién fue por primera vez al cine?
ADLRGR: Las primeras veces que fuimos los chiquillos nos llevaba el mayor al cine de San Diego, había un un cine parroquial; mis primeras funciones de cine íbamos en familia, con mis hermanos, ahí fue mi iniciación, era cine sonoro, en los años 40.
JEL: Usted incursionó también en la investigación del cine mudo, que es una de sus especialidades… ¿Cómo surgió su interés por realizar investigación sobre el cine, sobre todo el cine mudo?
ADLRGR: Por mi tesis de licenciatura. Yo discutía mucho con mi profesora
la atención. Me pregunté por qué se había dado esa ruptura y cómo fue que empezó ese tipo de cine y me fui a los orígenes para ver la continuidad de 1900 a 1910 y luego la continuidad del cine testimonial, y así fue que me dediqué al cine mudo.
JEL: Usted además de ser investigador de cine, se ha dedicado más de dos décadas a investigar sobre la vida de Maximiliano de Habsburgo, de ahí el libro que está presentando en Zacatecas, Maximiliano de Habsburgo y su diario de 1863, editado por la UNAM y el Seminario de Cultura Mexicana. Hablemos de eso…
ADLRGR: Mi interés por la historia de Maximiliano se dio porque cuando vivíamos en Fresnillo, unas vacaciones de verano en el mes de agosto, mi padre nos llevó a la Ciudad de México a pagar una manda de mi madre a la Villa de Guadalupe y luego a Chapultepec; ahí me impresionó mucho ver los testimonios de lo que quedó del Segundo Imperio: la recámara de
tiene usted que escribir ese libro”, y entonces empecé a ver que las cosas eran muy diferentes a lo que se sabía y me empezó a resultar todo una novedad.
JEL: Con su investigación se reivindica entonces el papel de Maximiliano, ¿hay una serie de datos reivindicativos de las figuras de Maximiliano y de Carlota?
ADLRGR: Sí, es una rectificación pues hay muchas mentiras que se conocen, se repiten tanto que se consideran como verdad; es la confrontación entre lo que sabíamos y lo que ofrezco con este nuevo libro.
JEL: A propósito de Carlota, qué nos puede decir con respecto al trabajo y al papel de las mujeres en el Segundo Imperio
ADLRGR: Pienso que Carlota debe ocupar un lugar bien importante, porque creo que fue la primera mujer gobernante en México. Fue la primera mujer gobernante, ella suplía a Maximiliano y supo conducir bien el Estado, en esos momentos cuando gobernó. Por otra parte incorpora a las mujeres a la actividad pública; tenía sus damas de palacio y de acuerdo con el sistema monárquico estar ahí era un deber de esas mujeres, las incorpora a las labores del Estado; desde que llegó exigió que siempre le diera la bienvenida un comité de mujeres, las obliga también a escribir y a pronunciar discursos, etc.
Entrevista
Josefina Vázquez, ella me daba historia de Estados Unidos, y después de clase nos poníamos a platicar. Había una película, recuerdo que se llamaba Jauría Humana, que es una alegoría de los Estados Unidos de aquella época, por ejemplo. Entonces ella me preguntó qué iba a hacer yo de tesis y yo quería hacer una sobre el siglo XVI, que me gusta mucho, y ella me contestó: “Y si a usted le gusta tanto el cine y tanto la historia por qué no hace historia del cine”, y dije sí, tiene razón y empecé. La idea original era estudiar la imagen de la Revolución en el cine, pues las películas de aquella época como La Cucaracha o Juana Gallo, películas que muchas veces difícilmente reflejaban lo que fue la Revolución porque está todo idealizado y deformado a través de la dramatización; lo que yo quería hacer era comparar los hechos con las películas y para eso tenía yo que ver cómo fue que se llegó a esas películas y tenía que ver entonces cómo era el cine en la Revolución. Empecé a investigar a partir de 1910 y entonces me empezó a salir más la presencia del cine testimonial, sobre todo, los hechos en las batallas, la toma de Ciudad Juárez, en fin, todos los acontecimientos que fueron a filmar los camarógrafos. Luego, de repente, entre 1915 y 1916 se interrumpe eso y empiezan las películas de argumento, hay un corte tajante y eso me llamó mucho
Carlota, los retratos de los emperadores, el baño… y me dije, esto es un pedazo de historia de Europa y México. A partir de ahí me llamó la atención el Segundo Imperio; mi primer libro fue una síntesis de Maximiliano y Carlota, el libro canónico del Conde Corte, fue mi primer libro. Mientras estudiaba el cine siempre seguía con el interés en Maximiliano y Carlota.
JEL: ¿Cuáles son los aportes a la historiografía que pueden considerarse novedosos y podemos encontrar en su nuevo libro?
ADLRGR: Yo creo que toda la revisión de la llegada de Maximiliano a México, doy una versión completamente distinta a la que se conoce; creo que eso es importante porque es rectificar la historia. Incluso cuando yo estaba viendo que las cosas no sucedieron como las conocíamos nosotros, de acuerdo a como las narra el Conde Corte, porque la fuente era él, yo le escribía a mi maestra la doctora Josefina, diciéndole que no, que las cosas no eran así, que me estaban saliendo unas cosas completamente distintas, como el hecho de que quien mandó a México a Maximiliano había sido Francisco José; ella me contestaba, “No, eso no es posible, ¿leyó usted bien?”, y ahí voy a leer otra vez los documentos… Sí doctora, leí bien. Y ella me contestó: “Dios Santo, estamos llenos de basura, de mentiras;
JEL: ¿Qué más se tiene que investigar para encontrar más datos ocultos?
ADLRGR: Hay que seguir buscando en los archivos… y de Carlota, pues hoy es muy difícil porque la familia real de Bruselas no permite el acceso al archivo; yo fui allá y traté de ver las fotografías que llegaron de México, fui al departamento gráfico de la Biblioteca Real de Bruselas, me sacaron el expediente de Carlota con unas cuantas imágenes que ya conocemos y cuando les dije que lo que me interesaba era ver las fotografías que mandaron de México hasta allá, me dijeron “Usted no las puede ver porque pertenecen a la familia, al archivo de la familia real y usted no tiene acceso a esas cosas”; entonces, investigar todo lo de Carlota es muy difícil porque no lo permite la familia real.
JEL: Incluso los diarios de Maximiliano, los de 1861 y 1862, dice usted que no se encuentran en los archivos.
ADLRGR: Sí, no se encuentran ahí; yo creo que los sustrajo la familia imperial, porque ahí deben de estar los juicios de Maximiliano sobre las negociaciones para su venida acá, a México, entre otras cosas.
JEL: Por último, ¿nos puede compartir en qué proyecto está trabajando actualmente?
ADLRGR: El siguiente proyecto es la otra parte de esto, todo el fin del Segundo Imperio…
Aurelio de los Reyes García Rojas. Foto de Carlos Segura.
Secretos que caen por su propio peso
[Sobre Los secretos vivos, de Carlos Martín Briceño]
6Por Mario Lope
Carlos Martin Briceño le tiene tomada la medida al cuento. Su técnica minimalista -nada de excesos gramaticales ni retacería de párrafos- otorga al texto un ritmo y pulso que no dan tregua al lector, manteniéndolo impaciente por pasar las páginas una tras otra. Es el caso de su nuevo libro de cuentos Los secretos vivos (2025), bajo el sello de Lectorum, cuyo título sugestivo no sólo engancha, sino que cumple con el propósito y contenido de los doce relatos que compendian este tomo. Cabe decir que estos cuentos son de lectura fácil y quizá pueda confundir al lector exigente. O al crítico. Como sea, en un ecosistema literario, en cuyo centro predomina el lector, Carlos Martín Briceño entiende esta dinámica y se ajusta para sentar a los lectores de ayer y hoy en una misma mesa. Nada más difícil que eso: cohabitar su escritura con varias generaciones. El truco está en la simplicidad y pulcritud del relato, al tiempo que empuja al lector hacia
un abismo profundo que subyace en el texto. Y la clave de todo esto se manifiesta en una coincidencia humana: su naturaleza.
Si hay algo que une a la raza humana -sin proponérselo- es su capacidad para escapar de los formatos moralistas y romper esa camisa de fuerza que se le ha impuesto por ciertos dogmas socioculturales que nutren el microcosmos familiar. Martín Briceño tiene ojo clínico para detectar esos comportamientos que se mantienen en segundo plano y se exteriorizan con menudas señas corporales: miradas, pulsos respiratorios, roces, vacilaciones, insinuaciones, silencios incómodos, tonos de voz.
El joven lector agradecerá la brevedad de los cuentos. Avezado a lo instantáneo, no podrá juzgar la escritura de Carlos Martín de fugaz ni desechable. La hondura con la que cala nuestras conductas cotidianas revela ese espejo narcisista y hedonista que identifica a hombres y mujeres de to-
das las épocas, aun con historias que se cuentan desde lo más recóndito del ser. Es ahí donde coincidimos: en nuestros secretos vivos.
El libro está compuesto por tres etapas: la primera se intitula “Lo que se ve no se juzga”, donde el autor pone en la mesa cuatro relatos: “Tardes de Atari”, “Érase una vez una primera vez”, “Sunrise” y “Reconstrucción”. Cuatro electrocardiogramas de la masculinidad y sus sendas clandestinas, tanto en la adolescencia como en la etapa adulta. Estos relatos describen el débil (o falso) status quo del mexicano viril y pone bajo la lupa sus ritos de paso y rituales de rebelión. Hombres descubriendo y aceptando su homosexualidad de espaldas al tradicionalismo radical que no deja extinguir el patriarcado en manos de -como habitualmente se les etiquetaunos cuantos afeminados.
Si hay un común denominador es que ningún hombre de cuestionable masculinidad es afeminado. Por el contrario, hay un marco de rol de “hombre” en cada situación (reunión de videojuegos inocentes, irse de putas con bravucones, etc.) que hace pensar al lector en los “cuartos oscuros” -o secretos- que moran en la masculinidad.
La segunda etapa la compone “Hasta que la muerte nos separe”, cinco relatos conformados por “Lipoescultura”, “Hotel”, “Todo irá bien”, “Verde olivo” y “Apuntes sobre una traición”. En esta sección atestiguamos la vida en pareja con sus sostenidos y bemoles. La infidelidad llevada al límite con el histrionismo de la estabilidad emocional como fachada. Matrimonios que sobrellevan cargas y caprichos insoportables del otro que, en la búsqueda de la felicidad anhelada, son capaces de fingir caricias y orgasmos como moneda de cambio.
La tercera y última parte (la más corta) se titula “Lo que no se cuenta no existe”. En esta sección encontramos tres cuentos cortos, “El país de las aventuras”, “Colmado” y “Pequeñas esperanzas”.
De una forma muy sutil, algunos de los cuentos de Carlos Martín Briceño ponen en jaque a la llamada hombría. Esa utopía clásica de que los hombres deben ser fuertes, inquebrantables, insensibles, ajenos al dolor, se ve ridiculizada al retratar a sujetos cobardes y pusilánimes, que no pueden escapar de su falta de arrojo y aceptación frente al imaginario social que ha mu-
tado su comportamiento de juez por el de hater. Es imposible negar que la sociedad cada vez odia mucho más de lo que, habitualmente, está acostumbrada a juzgar.
Toda la obra de Carlos Martín Briceño posee una fuerte carga de sexo y sensualidad. Líneas que no dejan nada a la imaginación. Desde sus cuentos anteriores hasta los que nos ocupa, el autor y sus creaturas pululan secreciones y deseos difíciles de soslayar. “Adoras la forma en la que te aprisiona el sexo cuando hacen el amor y la libertad que tiene para susurrarte obscenidades al oído en el instante del clímax”, describe en “Lipoescultura”.
Desde su libro anterior, El reino de la desesperanza (2024), el autor navega en las aguas turbias del hardcore sex cuando su cuento “Caballeriza” abre el tomo con la frase: “Me excita el olor a mierda fresca de caballo”. O en “Mala elección”, leemos: “Le subí el vestido, acaricié sus piernas, lamí su estómago e intenté ‘bajar a beber del pozo’, pero el tufo a marisco me desalentó”.
Por su parte, el ecosistema social de los personajes de Los secretos vivos es de clase media, media-alta. Hombres y mujeres exitosos económicamente que portan trajes Hugo Boss, acostumbrados a las viandas y viajes de placer a Nueva York, Miami, París, generalmente todos ellos oriundos de la Península de Yucatán, matrimonios que muestran el músculo de una sociedad cada vez más clasista y racista, que se contiene a regañadientes con la corrección política.
Digamos que los últimos dos libros de Carlos Martín Briceño retrata -en cierta medida- a las altas y “aspiracionistas” esferas sociales de la Mérida gentrificada, ciudad que ha sido blanco de una “invasión” del resto del país ante la oferta de seguridad y paz de las que goza (o gozaba) el yucateco. Por último, en sus cuentos, el autor nos lleva de la mano a contemplar, a través de la alteridad, el lienzo de los llamados pecados capitales. Un derrotero de lujuria, envidia, ira, soberbia y avaricia colman las páginas de Los secretos vivos. Y es que el autor prescinde de eufemismos y evita el exceso de adjetivos para retratar la doble moral pues la nombra tal cual, sin ropaje ni abalorios, dejando un rastro de conductas que caen por su propio peso. Ni el lector escapará de sus propios secretos vivos.
Leer el cuerpo gordo desde la poesía
6 Por Aída Chacón-Castellanos
La poesía, para numerosos lectores, es una especie de discurso críptico que no es del todo comprensible. Quizá esta sea la razón por la cual el mercado editorial apuesta de manera constante por la publicación de novelas, muy por encima de la poesía. Sin embargo, lo que no es ajeno para ningún lector son los temas que se abordan desde las distintas trincheras genéricas de la literatura, pues se trata de la propia naturaleza humana y sus conflictos en el mundo. Por esta razón, para esta semana elegí una recomendación sobre poesía, con un tema particularmente polémico y común en la actualidad: la obesidad. ¿Cómo se lee poesía que hable sobre el cuerpo obeso y su necesidad de rehabilitación física? Para mí, por ejemplo, se puede leer desde la experiencia, desde el reconocimiento de la gordofobia y la discriminación de los cuerpos, desde la lucha interna que da una batalla constante contra el propio cuerpo y su genética.
Las líneas de Manual para bajar de peso (2024) de Jesús Bartolo Bello, permiten a sus lectores identificarse con la pelea diaria del autor con su cuerpo y su voluntad. Es una escritura ingeniosa que usa la poesía, con su ritmo y su métrica, para plasmar las vicisitudes de un hombre de mediana edad quien, después de una visita al médico, se ve obligado a bajar de
peso para no morir de un infarto. Este libro se encuentra dividido en cinco partes que acompañan el recorrido de los primeros treinta días de la nueva rutina de un cuerpo que, durante su juventud, fue delgado y comelón. En estos versos identifiqué varios temas que, claramente, a hombres, mujeres y diversidades nos atraviesan de maneras bastante distintas, pero que no nos son ajenos. Si tomamos en cuenta las estadísticas nacionales, en México aproximadamente el 37% de la población adulta tiene problemas de obesidad y, por si fuera poco, nuestro país tiene el primer lugar a nivel mundial en obesidad infantil. Esto se ha convertido en un problema de salud pública sin atención médica real. Es decir, cuando un problema de salud afecta a muchas personas (millones de personas), es porque se trata de un problema que tiene orígenes multifactoriales, sociales, culturales, genéticos, epigenéticos, económicos, de salud, y por supuesto que también de género, etnia y clase social. Irremediablemente, Jesús Barto-
lo expone una travesía personal que permite pensar en un problema social profundamente silenciado. En cada una de las partes que componen este poemario, encontramos el dolor y la contradicción que pesa sobre una voz lírica a la hora de hacer un drástico cambio de vida. Además, cuenta la necesidad de encontrar un asidero para poder sostener una nueva rutina de vida que le regrese también un poco de lo que ha perdido a medida que crece su cuerpo. Este trayecto también se acompaña de los descubrimientos que se hacen con cada caminata matutina, después de vencer las ganas de quedarse en cama y seguir durmiendo, es posible para nuestro narrador-poeta maravillarse con los amaneceres y la naturaleza que lo rodea; la vida animal y fantástica que lo circunda y habita: “Sobrepeso, obesidad, gordura, /balumba de las carnes / los duendes que me instigan a dejar la / cama”. Estos versos que se encuentran en el día dos de su “deseo por reencaminar la vida” y así, meticulosamente mañana tras mañana reflexiona so-
bre cómo su juventud le hizo la jugada de esfumarse junto con su delgadez, de dejarle la afición a la comida y un cuerpo grande. También señala la crueldad de las habladurías jocosas que tienen como blanco de burla su tamaño y del sufrimiento de haber renunciado sin quererlo al placer del lecho compartido. Manual para bajar de peso expresa el dolor del cuerpo enfermo, con humor e ironía, con nostalgia y desesperación también. Quizá por esa razón es que me pareció un libro agridulce; es decir, rítmico, divertido, doloroso e injusto. En el día 30 se puede leer “Treinta días, 4 kilos, cuarenta / minutos al trote. /El viejo sedentario de la caverna se/ come un elote, /el yo lírico un croissant de vegetales. /Los dos han dejado su protuberancia/ abdominal en el camino, /la papada en los signos del alba y en /el tráfago matinal de los gorjeos/ los senos mofletudos de hombres carnosos”. Después de la lectura en mi cabeza se repetía “4 kilos en 30 días”. Esa frase fue la que más me impactó pues sé, de primera mano, que para las mujeres en muchos casos no es así de rápido notar en la báscula el cambio de hábitos, la disciplina ni el esfuerzo físico. Aquí es donde nuevamente me remito a las estadísticas nacionales, de aquel 37% de obesidad en adultos, el 47% corresponde a las mujeres y apenas el 33% a los hombres. ¿Cómo no sentir la injusticia en esto?
de palabras
Orden provisional
6 Por Juan Carlos Macías Berumen*
En una tarde particularmente fría y lluviosa, al retirarme de la biblioteca en la Cámara Radcliffe, pasé mi tarjeta de estudiante por el lector de la puerta principal, escuché el pitido que indica que ésta se abrirá y guardé la credencial en la cartera sin darle importancia alguna, igual que lo hacía todos los días. Apenas di unos pasos fuera del edificio, me di cuenta de algo que no había notado antes; esa credencial ya tenía un lugar fijo, entre mi licencia de conducir y mi credencial para votar, como si llevara años ahí y no apenas unas semanas. Seguí caminando bajo la lluvia dándole una y otra vuelta a esa constatación mínima.
Mientras avanzaba, pensé en la diferencia evidente que existía entre esas
tres tarjetas. Dos de ellas me acompañarían durante años, seguirían siendo útiles, cumpliendo una función específica. La otra dejaría de servir pronto, en cuanto termine la estancia, en una semana o poco más. Aun así, ocupa el mismo espacio, recibe el mismo trato, se guarda con la misma naturalidad. Se me ocurrió entonces que probablemente la seguiría llevando conmigo mucho después de que haya caducado, e incluso puede que la muestre a algunas personas e imitando al Gran Gatsby diga algo como: “siempre la llevo conmigo campeón, es un recuerdo de mis días en Oxford”. La idea me pareció irónica y divertida. Pronto la tarjeta salió de mi mente y mi atención se trasladó a la particular manera de organizar la verdad que tiene Gatsby en la novela a la que le da nombre. Me di cuenta entonces de que, tal como sucede cuando se mira a través de un caleidoscopio, hay ocasiones en que basta sostener la mirada en un punto específico durante cierto tiempo para que el mundo, junto con todo lo que contiene, parezca ordenarse. Claro es que apenas se retire la mirada del pequeño cilindro regresará a él el caos de las cosas sin forma. Pensé que algo parecido ocurría con esa tarjeta, con la forma en que un objeto deja de cumplir su función inmediata y empieza a adquirir otra, menos práctica, sostenida por la manera en que se lo nombra y se le inserta en un relato. La caminata continuó sin interrupciones. Al llegar a la parada del autobús había demasiadas personas, así que decidí seguir caminando bajo la lluvia. Una vez en el hotel, saqué mi cartera y la dejé en la mesa de siempre, puse agua a calentar y no ocurrió nada más. Sólo me quedó la impresión de que muchas cosas empiezan a existir de otra manera cuando se ordenan a través de una mirada distinta, y de que gran parte de lo que se considera real depende del tiempo que observamos y desde el ángulo en que lo hacemos.
Río
Biblioteca de la Cámara Radcliffe, Oxford, GB. Foto Juan Carlos Macias Berumen.
* Estudiante del Doctorado en Estudios Novohispanos, 6ª generación, de la Unidad Académica de Estudios de la Humanidades UAZ.