SUPLEMENTO CULTURAL
NO. 532 /// 20 DE JUNIO DE 2022 /// AÑO 12
DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN
Fernando Fernández en Zacatecas. 2022. Foto de Jánea Estrada.
“Mientras que Sor Juana Inés de la Cruz nos deslumbra y a Alfonso Reyes lo queremos como a un abuelo risueño, y con Carlos Pellicer simpatizamos, y a José Gorostiza y a Octavio Paz los admiramos sin límites, es a Ramón López Velarde a quien amamos; la razón está en que él solo produce en nosotros todo lo que hemos dicho de los demás; nos deslumbra, lo queremos como a un pariente entrañable, simpatizamos con su vida y nos conmueven sus fracasos políticos y amorosos tanto como su muerte temprana; y sobre todo, admiramos ilimitadamente el lenguaje con el que nos transmitió, con emoción, con misterio y nitidez aquello que él pensaba”. Fernando Fernández (al recibir el Premio Iberoamericano Ramón López Velarde el 17 de junio de 2022)
[Una entrevista con Fernando Fernández, por Jánea Estrada, en páginas centrales]
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LA GUALDRA NO. 532 /// 20 DE JUNIO DE 2022 /// AÑO 12
Contenido
La Gualdra No. 532
Editorial
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acía mucho que en Zacatecas no teníamos una semana tan rica en actividades culturales programadas. Qué felicidad me dio, por ejemplo, que en un mismo día coincidieran aquí escritores como Fernando Fernández, Vicente Quirarte, Alejando Higashi, Israel Ramírez Cruz, Sofía Ramírez, María del Carmen Velasco Ballesteros y José Manuel Cuéllar Moreno, quienes participaron en las Jornadas Lopezvelardeanas (llevadas a cabo del 12 al 19 de junio). El día 16 de junio, además, estuvieron aquí también Paco Ignacio Taibo II, con el programa Ruta de Fomento a la lectura #República de Lectores; y Élmer Mendoza, en las actividades organizadas por la Unidad Académica de Filosofía y la Unidad Académica de Docencia Superior de la UAZ, para conmemorar el centenario de Ulises, de James Joyce, en el auditorio del Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez. Los invitados mencionados fueron convocados por distintas instituciones y participaron en presentaciones de libros, conferencias y otras actividades junto con personajes zacatecanos como Javier Acosta, Eduardo Campech Miranda, Edgar A. G. Encina, Marco Antonio Flores, Gonzalo Lizardo, José de Jesús Sampedro, Anna D’amore, Jael Alvarado, Juan Horacio Garibay, Nelson Guzmán y Simitrio Quezada, solo por mencionar a algunos, y ofrezco disculpas anticipadas si omito a alguno de ellos; en realidad fueron muchas las actividades en muy pocos días, tanto así que no nos fue posible asistir a todo lo que se programó. Es inevitable recordar que así solía ser Zacatecas en años anteriores a la pandemia y -lo digo con esperanza- ojalá que a este ritmo continúen de aquí para adelante. Fernando Fernández recibió el 17 de junio el Premio Iberoamericano Ramón López Velarde en el Teatro Hinojosa de Jerez; en el acto de recepción del premio que anteriormente han recibido escritores como Marco Antonio Campos, José Emilio Pacheco, Enrique Elizalde, Evodio Escalante, Vicente Quirarte, José de Jesús Sampedro y Ernesto Lumbreras, entre otros, Fernando Fernández abogó porque se retomen proyectos como el de índole editorial llamado La Biblioteca de López Velarde -coordinado por José de Jesús Sampedro- tristemente desaparecido por situaciones tan incomprensibles como las atribuidas a los cambios sexenales; es decir, este tipo de iniciativas con resultados exitosos más que com-
probados, suelen desaparecer cuando llega un nuevo gobernador por la simple y sencilla razón de que fue concebido en un tiempo pasado, como si todo lo pasado fuera “malo”. Ojalá que este proyecto sea retomado porque hace muchos años que decidieron pararlo. Tanto la noticia de que este año Fernando Fernández recibiría el premio citado, así como su discurso fueron muy bien recibidos por quienes admiramos la obra del poeta jerezano. En páginas centrales de esta edición gualdreña, les compartimos una entrevista con Fernando, quien amablemente conversó con nosotros. La semana pasada también nos enteramos de que Roberto Galaviz resultó ganador en los Juegos Florales Ramón López Velarde, en el área de poesía; la noticia nos alegró por Roberto y porque además él ha sido colaborador asiduo de estas páginas gualdreñas. Otra colaboradora de La Gualdra, Beatriz Pérez Pereda, resultó ganadora del Premio Municipal de Poesía Oscar Oliva 2022, otorgado por el Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, por el libro Crónicas hacia Plutón. Felicidades a ambos también. Y finalmente, iniciamos esta semana con mucho gusto porque entre otras noticias, este 21 de junio celebraremos el 152 aniversario del natalicio de Julio Antonio Luis Ruelas Suárez, mejor conocido como Julio Ruelas, quien viera la luz por vez primera en la capital zacatecana, en una casona del centro histórico que ya tenemos localizada y de la que próximamente les hablaremos en este espacio editorial. Para homenajear a este artista zacatecano -de todos sabido: mi favorito por múltiples razones-, compartimos con ustedes un poema de Alejando Carnicero que pueden leer en contraportada. Asimismo, les recomendamos ampliamente el nuevo número de la Revista Dosfilos, en la que aparece el artículo “Julio Ruelas y el modernismo”, de don Evodio Escalante, otro integrante de esta hermandad rueliana que hemos conformado simbólicamente quienes admiramos la vida y la obra del Viajero Lúgubre. En esta misma revista aparece “Gradiva”, un espléndido dossier fotográfico a cargo de nuestro querido amigo y colaborador Pascual Borzelli Iglesias, una razón de más para buscar este ejemplar de colección. Que disfrute su lectura.
Directorio
Morir matando El mejor Haghenbeck Por Mauricio Flores
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Fernando Fernández Premio Iberoamericano Ramón López Velarde 2022 “El teatro es uno de mis amores secretos más importantes” Por Jánea Estrada Lazarín
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Pedro Páramo, de Juan Rulfo Por Miguel Ángel de Ávila González El ido Por Pilar Alba
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Crónica de una relación pasajera, de Emmanuel Mouret: pasión, sexo y amor [En Cannes Premier] Por Carlos Belmonte Grey Barroquismo noir: Decision to leave, de Park Chan-Wook Por Sergi Ramos
El sepulcro de Julio Ruelas Por Alejandro Carnicero Top Gun: Maverick, de Joseph Kosinski Por Adolfo Núñez J.
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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com
Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx
Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita y Enrique Martínez Diseño Editorial
La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.
Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com
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Morir matando
t Por Mauricio Flores*
esas dos innegables castas de los años recientes, las de los delincuentes y los políticos, en tan buenos despliegues que nos recuerdan obras como las de Luis Spota. Juzgue el lector: “Ser secretario de Gobernación en México te hace mitad dios, mitad rey. Ni siquiera general, que sólo es designado por el que se sienta en la silla grande. Tampoco eres un peón, de los que usan para hacer enroques o se sacrifican en nombre del partido. No hay mucho que hacer con eso: casi eres, pero no. Así son las cosas no escritas en la política de este país”. Descripciones de tal certeza, entretejidas por una trama de violento vértigo, del tipo de: “La prensa en México es un juego popular desde tiempos de la Revolución […]. Ten pueden matar siendo periodista, o no. Sólo basta que sigas vivo. Claro que si eres tragatinta tienes las de perder, ya que generalmente te dejan sufrir más allá de dos tiros en la cabeza. Y el sentón es lo de menos, hay mil maneras de hacer sufrir más allá de dos tiros en la cabeza. Ése es el juego, pues también te puede ir bien, donde te guardan tu asiento con colchón y placeres. Pero si haces algo que no les gusta a los que llevan el juego, entonces pasas a ser un número más de las cifras que tanto pelean las comisiones de derechos humanos”. ¿Qué hay detrás de la masacre de la piñata? No muchas opciones: el lector correrá rápido cada una de las líneas de Morir matando hasta su final para descubrirlo.
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aghenbeck parece ser el novelista policiaco más versátil de estas (nuestras tierras) tristemente pobladas de nota roja. Adjetivo que suena a supermercado, pero es que en su bibliografía, listado al alcance en cualquier librería, nos encontramos con la recuperación histórica, el sortilegio oscuro, el narcotráfico criminal, las cloacas del poder político y más referentes de marcada oportunidad. Como en la más reciente entrega, Morir matando, novela publicada de manera póstuma, donde el autor recrea en sendos escenarios variopintos, historia de violencia política y delincuencial. Ahora destacando la inquina del mal, que no se detiene ni ante ese sinónimo de justicia nombrado niñez. Hay ya una biblioteca Haghenbeck muy bien definida y dispuesta al lector (también resultado de la buena relación establecida entre autor y editor, hace casi dos décadas). Inició con Trago amargo, finalista del premio “Una vuelta de tuerca”, en el que también se descubrió la fuerza narrativa de escritores como Bef, Tiempo de alacranes. Años en los que, advertido por el mismo Bef, “aún era un suicidio social proclamarse autor de novela policiaca”. Continuó con diversos títulos donde es constante la presencia de Sunny Pascal, el investigador privado, elemento vertebral de casi toda la novelística negra desde sus comienzos. En El caso tequila, además de trasladarnos a los años de esplendor cinematográfico hollywoodense (incluido el idílico Acapulco), Haghenbeck (1965-2021) da cátedra de coctelería, repasando la elaboración de bebidas en cada capítulo (desarmador, martini, coco loco, grog, margarita, gin fizz, etc…). De manera alternada Haghenbeck se fue haciendo de una destaca obra en los terrenos del comic; tal vez la más importante sea la publicada con Bef, Matar al candidato, novela gráfica que se apunta en el subgénero true crime, rescate de hechos conocidos sumándoles mucha imaginación. La historia recreada es la del magnicidio del político Luis Donado Colosio, el 23 de marzo de 1994, en plena campaña por la Presidencia de la República. Es el tejido de los universos criminales y políticos el que mayormente
Textual destaca en la obra de Haghenbeck, y puede apreciarse bien ahora en Morir matando. Novela de esas que el lector devora en pocas sentadas, y que aunque sin contar con el investigador ya referido, sí perfila un personaje anti, Damián Ross, Lobo, encargado de los destinos de la pequeña Renata de la Colina. La niña, no se adelantará más, es la única sobreviviente de una matanza en la que perdieron la vida casi la totalidad de los chiquitines invitados a su fiesta, y algunos de sus padres, de ahí la etiqueta periodística
del suceso, la masacre de la piñata. Viejo régimen Un sentido desarrollado por Haghenbeck a fuerza de observar detenidamente la realidad, supuesto de su ulterior posible imaginario, hacen de esta novela un espejo de los años recientes, frontera de la descomposición mayor y final del viejo régimen. Materiales con los que el novelista ofrece al lector un mundo doblemente creíble. En Morir matando confluyen, en una misma violenta realidad, la esencia y las voces de los integrantes de
Frente a nosotros se encuentra la licenciada Ximena Lazo. Va por la libre ahora, así se lo dice una y otra vez. Lo recalca en su cabeza porque sabe que ya no juega con el sistema. No hay peor caída entre los políticos que la de los que se salen de la jugada, quienes deciden no asumir las reglas. Ya lo dijo algún caca grande: Si te mueves, no sales en la foto. No importa el partido, esto dejó de ser una simple articulación de colores con el mismo fondo, las pautas son las mismas. F. G. Haghenbeck, Morir matando, Océano, México, 2022, 264 pp. * @mauflos
Op. Cit.
El mejor Haghenbeck
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LA GUALDRA NO. 532
Fernando Fernández
Premio Iberoamericano RLV 2022
Premio Iberoamericano Ramón López Velarde 2022
“El teatro es uno de mis amores secretos más importantes” “Mientras que Sor Juana Inés de la Cruz nos deslumbra y a Alfonso Reyes lo queremos como a un abuelo risueño, y con Carlos Pellicer simpatizamos, y a José Gorostiza y a Octavio Paz los admiramos sin límites, es a Ramón López Velarde a quien amamos; la razón está en que él solo produce en nosotros todo lo que hemos dicho de los demás; nos deslumbra, lo queremos como a un pariente entrañable, simpatizamos con su vida y nos conmueven sus fracasos políticos y amorosos tanto como su muerte temprana; y sobre todo, admiramos ilimitadamente el lenguaje con el que nos transmitió, con emoción, con misterio y nitidez aquello que él pensaba”. Fernando Fernández, Jerez, Zacatecas, 17 de junio de 2021 t Por
Jánea Estrada Lazarín
ellos vivieron; ese México de la migración, ese mundo de la migración donde ya no es México ni España, sino los dos... yo me reencontré con estos octogenarios y con los viejos del pueblo y escribí sobre cómo emigraban los españoles antes de la Guerra Civil. Un día, saqué de la biblioteca de Oviedo, la Biblioteca Ramón Pérez de Ayala, el ensayo “El camino de la pasión” sobre López Velarde, de Octavio Paz, que aparece en Cuadrivio en una edición independiente, y dije: voy a volver a leerlo. Me di cuenta de que era muy diferente a esa versión que había leído en los 80 y que me motivaría a viajar a Jerez en 1985, lo cuento en mi libro La majestad de lo mínimo... en esta versión Paz había modificado sustancialmente el artículo metiendo cosas nuevas y me sentí picado a escribir. Ahí escribí sobre esos cambios, el primero era sobre Andrés González Blanco, poeta asturiano y yo estaba en Asturias -ya ves que lo entrevista Alfonso Camín que es otro asturiano que vive en México- y se descubrió que fue una influencia decisiva en Ramón López Velarde de la que no se había hablado; Paz habla de eso y luego mete ese párrafo sobre La Suave Patria, donde cuenta lo que le gusta, lo que no... entonces quise decirle a Paz “¿Cómo dice usted esto? Son unos comentarios puristas, absurdos, el poema es mucho mejor de lo que usted está diciendo”. Ese primer artículo fue publicado en Nexos alrededor de 2002; no incluí el texto de Paz en Ni sombra de disturbio..., en 2014, pero el año pasado, mientras armaba La majestad de lo mínimo, me pareció que ahí sí vendría bien y por eso abre este nuevo libro.
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ernando Fernández recibió el Premio Iberoamericano Ramón López Velarde el 17 de junio en Jerez, Zacatecas, ciudad en la que nació un 15 de junio de 1888 el poeta llamado por Hugo Gutiérrez Vega el Padre soltero de la poesía mexicana. Unas semanas antes Marco Antonio Campos me había dado con mucho entusiasmo la noticia de que este año Fernando había sido seleccionado como merecedor del premio que han recibido otros años el mismo Marco Antonio Campos, José Emilio Pacheco, Enrique Elizalde, Evodio Escalante, Vicente Quirarte, José de Jesús Sampedro y Ernesto Lumbreras, por mencionar a algunos de ellos, y quienes en distintos momentos han abordado desde perspectivas varias el tema lopezvelardeano. A todos ellos los mencionó en su discurso -emocionado y agradecido- el día en que recibió el premio. Nos encontramos unos días antes en el centro de Zacatecas, pasamos a la banca en la que la escultura del jerezano permanece escribiendo eternamente, “¡Mira la caligrafía, sí es la de López Velarde!”, dijo sorprendido. Después de hacer un par de fotos pasamos frente a catedral y nos quedamos un rato observando el retablo mayor y recordando los versos de La bizarra capital de mi Estado: “Y una catedral, y una campana /mayor que cuando suena...”. Ese día, más tarde, presentaría su libro La majestad de lo mínimo. Ensayos sobre López Velarde en Jerez. Ya sentados frente a una taza de café en La Acrópolis, empezamos a platicar sobre su primer acercamiento a la obra de López Velarde, y de cómo él ha contado que en 1985 llegó en tren hasta Jerez para conocer los orígenes del poeta. De pronto, saca de su cartera el boleto verde de Servicio de Coches Dormitorio y Conexos S.A. de C.V., con fecha del 6 de mayo de 1985, “Tengo además los boletitos con los que entramos a la Casa Museo; ahí me retraté en la fachada, junto al pozo, al lado de la cama...”. Jánea Estrada Lazarín: Tenías 21 años cuando eso sucedió. ¿Desde entonces em-
/// Fernando Fernández en Zacatecas. Junio de 2022. pezaste a investigar y a escribir sobre López Velarde? Fernando Fernández: Desde que vine en 1985 y luego empecé a escribir sobre López Velarde pasó mucho tiempo. Me acuerdo que escribí un artículo que le pasé a José Luis Rivas para La Gaceta y no lo publicaron, como que no les gustó. Era una comparación entre el poema Hormigas, en donde habla de “tu boca... tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno, / tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo / como réproba llama saliéndose de un horno” y un pintor francés que hacía muchas bocas; no funcionó y ahí quedó la cosa, eran finales de los 80. Luego,
cuando cerramos la revista Viceversa -llevaba yo 10 años haciendo revistas, en la locura de conseguir publicidad para sacarla adelante... finalmente vendí la empresa y luego cerróyo decidí irme a España. Mi mamá nació en España, mis papás se conocieron en la ciudad donde ella nació, en Oviedo... entonces dije, me voy un rato a no hacer nada, a leer... y al final me quedé 5 años. Ahí escribí un libro, Oriundos, donde conté mi relación con los viejos de la familia, que vivían en Asturias sus últimos años, les quedaba poco para morir, pero habían vivido en México largamente. La idea del libro era hablar sobre ese puente imaginario entre España y México donde
JEL: Lo agregas a este libro, La majestad de lo mínimo. Ensayos sobre López Velarde, que abre nuevos panoramas sobre la vida y obra de nuestro poeta; es decir, abordas la información de una manera diferente, nos haces ver como nuevos incluso los temas que anteriormente se habían tratado, por ejemplo, el de Margarita... FF: Sí, Margarita, que es quien manda poner los mosaicos en la tumba... el testimonio de Salvador Novo es padrísimo, de cómo la iba a visitar al restaurante que tenía. Es muy loca esa imagen: el hecho de que la gran musa de los poemas más profundos y misteriosos de Ramón López Velarde, sobre el amor y la
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JEL: Entonces tal vez lo que nos falta es hablarles así a las nuevas generaciones, con otras estrategias... FF: Yo llevo mucho tiempo pensando que me irrita de las nuevas generaciones que lo llamen “Velarde”, “la poesía de Velarde”... ahora es típico que lo llamen así, me irrita mucho y no sé por qué, pero lo que creo es que esa es una prueba de que lo sienten lejano.
/// En la parte posterior se observa la fecha de 6 de mayo de 1985. muerte, haya terminado sus días como gerente de un restaurante en Insurgentes; un restaurante de antojitos, propiedad de la familia. JEL: A propósito de las mujeres, en tu libro mencionas que el hermano de Ramón, Leopoldo, afirmaba que al poeta “le gustaban las mujeres más bien feonas”... independientemente de eso, lo que sí sabemos de cierto es que era asiduo a visitar lugares en donde las mujeres abundaban... FF: En un hombre con tanta sensibilidad qué difícil es acercarse a lo que realmente él veía en las mujeres a las que amó... Ahora, es cierto que era un Don Juan, un enamorado; además, por lo visto era un hombre sumamente delicado, fino, muy educado; que luego se “desfogara caudalosamente” en los burdeles es otra historia, es la parte de “sombra” que complementa la parte de “luz” (entre comillas también), hay hasta cierto punto una coherencia en ello. Además, él lo hablaba, él lo decía. JEL: Coincide en ese sentido con Julio Ruelas, con quien Ramón comparte no solo el ser zacatecano, sino su amor por las mujeres, por el teatro. El teatro, que por cierto sé que es otra de tus pasiones... FF: Sí... hace unos años conduje un programa de teatro en Canal 22, con Renata Ramos. El teatro es uno de mis amores secretos más importantes. Cuando yo era niño y estaba en tercero de secundaria, llegó a México una compañía de teatro muy importante que traía dos obras de teatro españolas de Valle-Inclán, uno de los grandes del siglo XX cuyo lenguaje es muy afín a la libertad expresiva de Latinoamérica; una actriz española me invitó al teatro y me mostró cómo era, entramos por la parte de atrás y me deslumbró lo que vi ahí por primera vez; me deslumbró de tal manera que fui dos veces, y antes de ocurrírseme pedirle a mis padres el libro en donde venía el texto, reescribí de memoria una de las obras en casa -era una obra corta, de las que aparecen en el libro Martes de Carnaval-, se trataba de “Las galas del difunto” y la monté en mi secundaria. Tengo una foto... yo representaba el papel de Juanito Ventolera [ríe]. Reflexiono ahora y veo que mi entrada a la literatura fue a través del teatro... escribía diálogos, monólogos...
Me fascina el teatro, pero, además, en La majestad de lo mínimo, aparece otro personaje, Buffalmaco, amigo de López Velarde, dedicado al teatro, otra de las grandes pasiones de López Velarde. Hace poco, en la biblioteca Lerdo de Tejada, el único lugar -que yo sepa- donde está la revista Vida Moderna, que dirigía González Peña y donde López Velarde colaboró con los poemas que luego salieron en Zozobra, los mejores poemas inspirados por Margarita aparecieron ahí... bueno, esa biblioteca, que está en el lugar en donde antes existía una iglesia -creo llamada San Felipe Neri-, fue en tiempos del Porfiriato el Teatro Arbeu... y ese era el teatro al que iban Buffalmaco y López Velarde. Buffalmaco firmaba con ese seudónimo sus crónicas teatrales, muchos lo llamaban “Chucho” y López Velarde le decía “mi querido Pepe”; no se llamaba José, su nombre era Jesús Buenaventura González. Le decía Pepe porque en realidad era el nombre de un personaje de una obra teatral que vieron juntos. Aunque la familia de Buffalmaco era de Zacatecas también -de Guadalupe-, ambos se conocieron ya en la Ciudad de México, o con Saturnino Herrán o
con Pedro de Alba -en el consultorio que este abrió en la calle de Mesones, ubicado a dos casas del estudio de Saturnino-. Lo cierto es que se hicieron íntimos amigos; cuentan que cuando López Velarde murió, quien peor lo llevó fue Buffalmaco; dicen cómo estuvo ahí, en el pasillo, llorando desconsolado. Fue este zacatecano quien mejor se cohesionó con López Velarde en lo relacionado con el teatro. Es tan amplio el tema de López Velarde... es increíble que esa vida tan corta, esas mil páginas de su obra dan para tanto y hay tantas zonas no exploradas, que no comprendo cómo es que siguen analizando solo “Mi prima Águeda”, es absurdo...
/// Fernando Fernández en su primera visita a Jerez, en mayo de 1985.
/// La majestad de lo mínimo. Ensayos sobre Ramón López Velarde
JEL: En otro de los capítulos de La majestad de lo mínimo... Valle Arizpe hace una descripción muy divertida en alusión a Ramón roncando, y nos muestra a un poeta diferente. ¿Cómo lo describirías tú para mostrar a las nuevas generaciones a un López Velarde más humano? FF: Yo pienso que si a los jóvenes les cuentas quién fue, inmediatamente conectan con él... habría que decirles que era un hombre muy discreto, pero que bullía por dentro... yo diría que
JEL: ¿Le hemos fallado nosotros como profesores, como divulgadores? FF: No, ¿nosotros por qué? Los que le llaman así lo están leyendo mal, si se acercaran a él no le dirían “Velarde”, lo están viendo de lejos y se están quedando con una impresión superficial. Otra cosa llamativa es que hay pocas mujeres -sí las hay, pero pocas- que estén estudiando a López Velarde; es raro porque en otras épocas ha habido grandes estudiosas de su obra, no sé a qué se deba... JEL: Para finalizar, dinos quiénes han sido tus maestros... FF: Tengo muchos y cada día que pasa me doy cuenta que son más. Mi primer maestro fue Borges, luego William Faulkner. En la formación escolar, recuerdo a mis profesores de la secundaria, Javier Díaz B. y a Jesús Celaya; y ya en la facultad mis maestros fueron Gonzalo Celorio, Eduardo Casar, Salvador Elizondo... Juan José Arreola -debe haber sido el último curso que dio porque ya no lo acabó- y muy importante también Federico Álvarez. Les estoy muy agradecido... Fernando Fernández, además de investigador y ensayista es también poeta y editor. Dejó en mis manos al finalizar la plática dos bellos ejemplares editados por él, con el sello Cataria: De otra cosa, de Luis Vicente de Aguinaga; y El amor es una escalera, de Eduardo Casar. Sobre su labor como poeta, dice “Desde muy joven me acostumbré a no forzar las cosas y yo creo que actualmente estamos llenos de poetas forzados, que publican todo el tiempo, y tienen becas... y han hecho algo artificial de algo que no es así: la poesía es algo mucho más natural, se da o no se da... cuando se da hay que cultivarla, cuando no se da no pasa nada. [...] El problema actualmente además de que los publican excesivamente es que los premian a mansalva... los premios tendrían que ser muchos menos ”. Me dijo, además, que uno de sus sueños es actuar, que le encantaría por lo menos hacer tres funciones de alguna obra; y quedó de compartirnos luego la historia de cómo fue que hizo una novela cuando era niño: “una novela que se trataba de viajes espaciales y de que el sol se acercaba demasiado a la tierra”. Nos quedamos a la espera de eso. Gracias, Fernando, felicidades por el premio, por el libro y por toda la labor que realizas.
Premio Iberoamericano RLV 2022
corpulento y hasta guapo, elegante y distinguido, que vestía de negro -en parte- para que no se viera que la ropa estaba gastada y vieja. Es decir, cuando hablas de su pobreza, de sus infortunios amorosos y políticos, de la forma en que se enferma y muere apenas cumplidos los 33 años, cuando les hablas de la familia a la que mantenía y del cuarto que habitaban en esa vecindad... cuando les hablas de todo eso y les dices que además escribió unos poemas maravillosos, que si los estudias te pueden ayudar a seducir a una chava o a un chavo; si tú les describes quién y cómo era ese hombre inmediatamente les puede fascinar, incluso antes de llegar a sus poemas...
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Río de palabras
Libros
Pedro Páramo, de Juan Rulfo Por Miguel Ángel de Ávila González t
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Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”. Después, los muertos de Comala van hilando la historia. El cacique formó su capital inicial del mismo modo que otros propietarios: la riqueza se levanta sobre el engaño y el despojo. La primera acción, después de recibir en herencia una propiedad endeudada, consiste en utilizar el matrimonio por interés como medio para saldar una deuda. “Y la Lola, quiero decir, doña Dolores, ha quedado como dueña de todo. Usted sabe: el rancho de Enmedio. Y es a ella a la que le tenemos que pagar”, le informa su administrador Fulgor Sedano. “Mañana vas a pedir la mano de Lola”, le ordena; la acreedora convertida en su esposa, no solo anula la deuda, sino que aumenta el caudal de tierras. Pedro Páramo señala el mecanismo legal: “Que no se te olvide decirle al juez que los bienes son mancomunados”. Además del engaño a una mujer desprevenida, el cacique inicia el despojo de sus vecinos: “–La semana venidera irás con el Aldrete. Y le dices que recorra el lienzo. Ha invadido tierras de la Media Luna / –Él hizo bien sus mediciones. A mí me consta”, explica Fulgor. “–Pues dile que se equivocó. Que estuvo mal calculado. Derrumba los lienzos si es preciso / –¿Y las leyes? / –¿Cuáles leyes, Fulgor? La ley de ahora en adelante la vamos a hacer nosotros. / ¿Tienes trabajando en la Media Luna a algún atravesado? / Sí, hay uno que otro / –Pues mándalo en comisión con el Aldrete. Le levantas un
t Por
/// Juan Rulfo. Foto tomada del FB de Juan Rulfo. acta acusándolo de ‘usufruto’ o lo que a ti se te ocurra”. Su riqueza sostenida por el avasallamiento de la vida: “Con papeles o sin ellos, ¿quién me puede discutir la propiedad de lo que tengo?”. La novela refiere los asesinatos cometidos: “Pedro Páramo causó tal mortandad después que le mataron a su padre, que se dice casi acabó con los asistentes a la boda en la cual don Lucas Páramo iba a fungir como padrino”. Y con respecto a Susana San Juan: “–Dile a su padre que vaya a seguir explotando sus minas. Y allá... me imagino será fácil desaparecer al viejo en aquellas regiones donde nadie va nunca. ¿No lo crees? / –Puede ser. / –Necesitamos que sea. Ella tiene que quedarse huérfana”. El cura, el administrador y el abogado, cada uno en distinta
Pilar Alba
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urió lejos, el pueblo donde lo encontramos no tenía un nombre fijo, para algunos era Álamos, y para otros las Trojes; tardamos horas y horas, hasta que por fin lo encontramos en un lugar llamado La Cumbre. En el lugar lo conocían como el ido, porque no hablaba ni convivía con nadie, estaba así: ido del mundo, siempre en fuga. Lo toleraban porque no le hacía daño a nadie, ni
relación con el cacique, sirven a sus intereses, se convierten en instrumentos según la división del trabajo de su oficio. Dice el administrador Fulgor Sedano: “Palabra que me está gustando tratar con usted”. El padre Rentería que se culpa a sí mismo: “El asunto comenzó... cuando Pedro Páramo de cosa baja que era, se alzó a mayor. Fue creciendo como una mala yerba. Lo malo de esto es que todo lo obtuvo de mí”. El abogado Gerardo Trujillo, que inútilmente espera un premio a su corrupción porque al hijo de Pedro Páramo lo libró de la cárcel cuando menos unos quince veces, si no es que más. Y el asesinato que cometió con aquel hombre... El muerto llamado Rentería, al que pusieron una pistola en la mano... La obra se ubica en la revo-
lución y más tarde en la guerra cristera, el tiempo real del relato, el que recuerdan los muertos; se muestran las relaciones entre el poder local del cacique y el poder nacional del Estado, postrevolucionario. “¿Para qué crees que andas en la revolución? Si vas a pedir limosna estás atrasado... Contla está que hierve de ricos. Quítales tantito de lo que tienen... Hazles ver que no andas jugando ni divirtiéndote”. No solo señala a los logreros de la revolución, sino que muestra en una sola frase la visión del cacique sobre el poder central. Le pregunta el Tilcuate a Pedro Páramo: “...se ha levantado en armas el Padre Rentería. ¿Nos vamos con él, o contra él?”, y el cacique contesta: “Eso ni se discute. Ponte al lado del gobierno”. La violencia ejercida contra
El ido se daban cuenta de que estaba hasta que volteaban a verlo. Le preguntaban si tenía hambre y entonces hacía la única seña de comunicación que sabía: estirar la mano esperando ya fuera un taco, un vaso con agua, o un pan… lo que la gente generosa quisiera darle. Comía y se iba, nadie sabía
cuándo ni de dónde había llegado o cómo se llamaba ni dónde dormía. Llegaba a la plaza después del medio día y ahí se estaba hasta que empezaba a retirarse el sol. Cuando murió lo encontraron echado al lado de un árbol, revisaron sus ropas y encontraron su cartera, dentro de ella la foto
los habitantes de Comala, se convierte en el temor de todos y en la aceptación resignada y dolorosa de un destino humillado y sin esperanza. El lugar es una síntesis de muchos pueblos de la región y sus características son comunes a todos ellos: el caciquismo, la desesperanza, la despoblación. Esta brevísima novela refleja la condición humana. Todo un mundo de realidades concretas y dolientes. Pionera del realismo mágico. Gabriel García Márquez afirmó que si no hubiera leído previamente Pedro Páramo, jamás hubiera escrito Cien años de soledad. *** Juan Rulfo, Pedro Páramo y Llano en llamas, Editorial Planeta-de Agostino, Barcelona, 1985.
de una mujer con dos niños, su credencial de identidad y una tarjeta de presentación. Así es como nos localizaron para que fuéramos a buscarlo. Hallamos el cuerpo en un cajón de madera, ahí mismo le dimos cristiana sepultura. El ido se llamaba Omar Sánchez Gómez. El ido era mi abuelo. El ido salió de su casa un día, todo pensamos que lo habían secuestrado. Le lloramos por años hasta que se fue también de nuestra mente, porque ni siquiera muerto pudimos regresarlo.
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Desayuno en Tiffany’s, mon ku
Crónica de una relación pasajera, de Emmanuel Mouret: pasión, sexo y amor Por Carlos Belmonte Grey t
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mmanuel Mouret vuelve a filmar lo que parece es su tópico inspirador: la relación entre el sexo, la pasión y el amor; su durabilidad; la honestidad de ser fiel a uno mismo y por tanto no ser fiel a la pareja amorosa; la moralidad pasional de las relaciones de pareja: “Hay muchas infidelidades en mi filme. Son personajes que son muy fieles a sus compromisos y que sienten, pero, si no toman en cuenta sus deseos entonces no serían honestos con ellos mismos. Aquí el dilema moral es ser honestos con ellos mismos. Es difícil ser honesto”, comentó en una suite del Hôtel Barrière Le Gray d’Albion. Con su Crónica de una relación pasajera presentada en la Selección Oficial de Cannes Premier, volvió a trabajar con el que parece es su actor favorito, Vincent Macaigne porque -dijo- “Me encanta su dulzura, su ternura, su torpeza, su lado sentimental y honesto, de quien siempre se sorprende”, ahora acompañado por la actriz Sandrine Kiberlain quien es lo opuesto: “Lo que me gustó de ella es que es alguien divertida y sensible, y con una energía muy diferente a la de Vincent. Los dos juntos, pensé, harán un filme divertido y tierno”. Son solo dos personajes: él casado y con hijos; ella en proceso de separación y con
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Por Sergi Ramos
U
na de las controversias más habituales en el cine, y extensible al arte en general, enfrenta dos escuelas distintas. Por un lado, los partidarios de la mayor sobriedad y concisión formal, teorizada por el crítico André Bazin en los años 1950, e históricamente encarnada por cineastas como Robert Bresson o Michelangelo Antonioni –y hoy los celebrados Bela Tarr o Lisandro Alonso-. Su influencia se ha convertido en uno de los pilares estéticos del cine de autor reivindicado por festivales como el de Cannes, dando pie a apelaciones tan malsonantes como las de slow cinema. Por otro lado, podríamos observar una tradición de cineastas que privilegian la profusión y la artificialidad, cuyo referente más evidente serían los grandes realizadores soviéticos -Sergei Eisenstein o Dziga Vertov- y cuyos herederos –si obviamos el posicionamiento ideológico para mantenernos en lo puramente formal- podrían ser Martin Scorsese, Quentin Tarantino o Christopher Nolan. Este
/// Emmanuel Mouret, director de Crónica de una relación pasajera.
hijos. Es una relación de placer en donde el espectador solo verá lo que los dos amantes ven: sus citas. Una puesta en escena meticulosa, nada dejado a la libertad, los actores se mueven en el cuadro y hablan. Parecen tan espontáneos que se podría decir que improvisan, pero no: “La libertad en este caso es como si hiciéramos una persecución de coches, y le dices al que conduce ‘ve a donde quieras’ y las cámaras tratan de seguir. No, no se puede, todo está previsto. El escenario está lleno de marcas, muy complejas”. Ellos dan cuerpo a una intensa historia de amor en la que ambos son conscientes de que “todo es pasajero, y como sabemos que nuestra relación es pasajera, debemos de vernos siempre como si fuera la última vez, aun sabiendo que no será la última vez... porque la pasión es así”, este es el acuerdo de los amantes. El espectador se dirá: “es una historia de amantes y pasión, por tanto, habrá sexo”. Pero no. Mouret: “Entendimos que hacen el amor. Que es genial como hacen el amor. Usted se lo imagina. No hay necesidad de hacerlo voyerista. Las escenas de sexo son interesantes cuando hay suspenso. Son escenas que se pasan bien pero si hay suspenso. Si no hay suspenso no sirve de nada mostrar”. Por eso no hay desnudos, ni gemidos. Toda esta historia al son de La Javanaise.
Desayuno en Tiffany’s, mon ku Barroquismo noir: Decision to leave, de Park Chan-Wook estilo, si bien cuenta con algunos favores en los festivales de cine autor, tiene también sus detractores, que le acusan de ser un derivado de la estética del videoclip típica de los años de 1990. En resumidas cuentas: Clasicismo vs Barroco. Posiblemente, la clave de este enfrentamiento estético se encuentre en el uso del montaje (“Montaje prohibido”, dijo Bazin, “Montaje de atracciones”, Eisenstein). Los primeros creen que el cine es capaz de captar (y restituir) una trascendencia de la realidad en un plano, mientras que para los segundos la única verdad del cine reside en la manipulación de su lenguaje. Excusarán esta digresión académica, que pretende resituar Decision to leave dentro de las coordenadas de la historia del cine. Porque la película del coreano
Park Chan-Wook –director de Old Boy (2003) y The Handmaiden (2016)- presentada en la competición oficial, y ganadora del premio de la puesta en escena
tiene uno de los montajes más apabullantes que este crítico recuerda, lanzando el relato de la película a mil por hora y manteniéndolo a esa velocidad durante las dos horas y media de duración. Pero lógicamente, no se trata de seguir la fórmula de los blockbusters hollywoodienses, por la cual un plano no puede durar más de tres segundos. Sino de llevar al límite la capacidad de la elipsis para encadenar los instantes cruciales de una historia, eliminando todo lo demás y, al mismo tiempo -y ahí es donde la película propone un virtuosismo casi insolente- consiguiendo que cada plano siga estrechamente ligado al anterior gracias a la utilización de una miríada de conexiones formales, temáticas o simbólicas. Un plano, una idea. Una vez descrita la forma, ¿qué
cuenta Decision to leave? La historia de Hae-Joon, un policía en plena crisis de inercia matrimonial que debe resolver un caso de asesinato, en el que la esposa del difunto, Sore, se convierte en la principal sospechosa. Como en las mejores películas del cine negro clásico -revisen El gran sueño, de Howard Hawks-, el relato de la investigación criminal se enreda hasta volverse incomprensible. Queda la venenosa atracción de un hombre hacia una femme fatale cuya naturaleza e intenciones se disuelven en la más profunda ambigüedad. Convendría evaluar, eso sí, si el director consigue darle la vuelta a los estereotipos de género heredados del cine negro que ha decidido retomar. El riesgo, con este tipo de cine, es que el virtuosismo barroco se convierta en artificiosidad, la voluta oculte el vacío, y que tanto giro acabe mareando al espectador. ¿Logra el coreano evitar el mero ejercicio formal? Decision to leave no solo demuestra su excelso arte de la puesta en escena, sino que aferrándose a sus personajes, consigue destilar una profunda melancolía.
Cine
[En Cannes Premier]
8
LA GUALDRA NO. 532 /// 20 DE JUNIO DE 2022
Río de palabras
El sepulcro de Julio Ruelas t
Por Alejandro Carnicero
Rodeaban a mis sienes las luces de Lutecia y los aires mortuorios que emana un cementerio, muy cerca de la barda se alzaba un baptisterio: era un cuerpo de mármol como labrado en Grecia que al pulso campanario de una ojival iglesia expulsaba cabellos cual un crespo sahumerio y ahogaba en largos llantos su torso tibio y pierio; un sátiro pintaba gritos en sinestesia conforme los tacones de la contigua calle paseaban como ninfas huyendo de un centauro. Era aquel el sepulcro de quien con tinta un valle pobló grotescamente los pétalos del lauro… en él reposa el polvo de algún pintor impío, en él yace la vida, en él yace el hastío.
/// Julio Ruelas nació el 21 de junio de 1870 en Zacatecas, Zac. y falleció el 16 de septiembre de 1907 en París. Así lo recordamos en La Gualdra en el 152 Aniversario de su nacimiento.
Cine
t Por Adolfo
E
Núñez J.
ra el año 1986 cuando se estrenó la primera Top Gun, dirigida por el fallecido Tony Scott y protagonizada por un -en aquel entonces- veinteañero Tom Cruise. Dicho filme se volvió un fenómeno en la cultura popular que ha trascendido hasta los tiempos actuales, por lo que una secuela era algo inevitable. Luego de haber sido retrasada durante un par de años debido a re-filmaciones y a la pandemia, por fin llegó a cines Top Gun: Maverick (2022), bajo la dirección de Joseph Kosinski (Tron: Legacy, 2010; Oblivion, 2013). Una cinta que fácilmente se ubica dentro de la categoría de las llamadas legacy sequels, que son continuaciones modernas de películas que han dejado un impacto significativo en la historia del cine. Otros ejemplos de producciones recientes con dichas características son Creed (2015), Mad Max: Fury Road (2015) y Blade Runner
Top Gun: Maverick, de Joseph Kosinski 2049 (2017), por mencionar algunos. Para esta continuación del clásico de los 80’s, Tom Cruise una vez más encarna al mítico Pete Maverick, un capitán de la fuerza aérea que tiene problemas con la autoridad, pero que sigue siendo uno de los pilotos más intrépidos y veloces del mundo. Después de cometer una falta, a Maverick se le asigna la tarea de enseñarle todo lo que sabe a un grupo élite de pilotos. Esto a pesar de que muchos de sus superiores consideran que las habilidades del protagonista son algo obsoleto, perteneciente a otra época. Resulta interesante notar que el arco del personaje de Maverick bien puede verse como un paralelismo del actor que lo interpreta. Es bien sabido que Tom Cruise
tiene una personalidad excéntrica, además de que, en años recientes, se ha vuelto un intérprete totalmente comprometido con las grandes producciones en las que participa. En ese sentido, el filme de Kosinski es,
además de una impecable demostración de técnica y montaje, una autoconsciente reflexión del estado actual del cine en Hollywood, donde lo digital ha sustituido a lo análogo, y donde el CGI ha ido desplazando a los efectos prácticos. La presencia de Cruise, quien disfruta de ponerse al límite al ejecutar sus propias acrobacias de acción sin ningún adorno digital, se puede interpretar como una declaración sobre la importancia del quehacer cinematográfico a la vieja usanza. Un valioso argumento que el actor sigue reafirmando con cada nueva cinta en la que aparece. De tal manera, Top Gun: Maverick es un retrato de generaciones pasadas dentro de un lente moderno, y cuya principal línea de defensa es el cine en su versión más vibrante, inmersiva y espectacular. Es también un homenaje al ocaso de los héroes de antaño, ya sean pilotos de guerra luchando por causas perdidas, o las últimas estrellas de un cine que ya no existe.