SUPLEMENTO CULTURAL
NO. 531 /// 13 DE JUNIO DE 2022 /// AÑO 12
DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN
Rafael Tiburcio. Foto de Shandor Barcs.
“Como autor, pensar la literatura desde perspectivas politizadas, sociales o de equidad es, me parece, lo opuesto a creer ciegamente en ‘el canon’ o en ese otro concepto, hoy difuso y desnortado, que es la ‘calidad literaria’. Finalmente soy un apasionado de la animación, adoro los finales felices, y sería hipócrita de mi parte creer que la escritura debe ser toda pesimismo”. Rafael Tiburcio.
[Una entrevista con él, realizada por Beatriz Pérez Pereda, en pág. centrales]
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LA GUALDRA NO. 531 /// 13 DE JUNIO DE 2022 /// AÑO 12
La Gualdra No. 531
Editorial Fernando Fernández, Premio Iberoamericano Ramón López Velarde 2022 “Como no pocos personajes, y como ocurre con la mejor literatura, el caso de López Velarde y de sus poemas efectivamente están llenos de lagunas. En el caso de su biografía porque nos falta documentación; en el caso de sus poemas porque son tan fantásticos, tan insondables a veces, tan llenos de misterios, que no acabamos de conocer ni su vida ni su obra; no acabamos de explicarnos ciertos momentos de su vida porque nos falta información y no alcanzamos a develar, a descifrar todos los misterios de su poesía porque no son descifrables y eso es parte de su encanto”,1 dice Fernando Fernández en La sangre interior, un documental producido por el SIZART y dirigido por Yain Rodríguez Alvarado el año 2021, para conmemorar el centenario del fallecimiento del bardo jerezano. Más adelante, en el mismo documental -que recomiendo ampliamente-, Fernández dice sobre el hecho de que Ramón López Velarde ha sido considerado como el Poeta Nacional, que “esa etiqueta es muy equívoca, quién sabe qué se querrá decir; López Velarde no estaba, no era precisamente afín al régimen que terminó encumbrándolo, finalmente Álvaro Obregón asesinó al último político en el que López Velarde tuvo fe, que fue Venustiano Carranza; así como la propia Revolución había asesinado a su primer héroe político que fue Madero. Así que, bueno, fue llamado Poeta Nacional porque sirvió así a la ideología dominante. Pero en realidad La Suave Patria es un poema, desde luego que no diría que marginal, es un poema por supuesto que central dentro de la poesía de López Velarde, pero al mismo tiempo es bastante excepcional. López Velarde es básicamente un poeta de la intimidad, no del grupo, no de la tribu, mucho menos con intereses ideológicos y políticos; así que sí, quizá sería bueno tratar de o explicarse la frase poeta nacional o tratar de desecharla del todo”. Todo lo que tiene que ver con Ramón López Velarde, su vida y su obra, le interesa a Fernando Fernández desde hace décadas y se ha dedicado a investigarlo con minuciosidad. Nació en la Ciudad de México el 12 de junio de 1964; es poeta, ensayista y editor. Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la UNAM, donde se especializó en poesía mexicana contemporánea. De acuerdo con los datos registrados en la Enciclopedia de la Literatura en México, “ha sido profesor del Instituto Luis Vives y de la FFyL de la UNAM. En la década de los
años noventa fundó y dirigió las revistas culturales Milenio (1990-1992) y Viceversa (1992-2001). Además, ha sido editor de libros y revistas, y miembro de la mesa directiva de la CANIEM por dos periodos. Fue director general del Programa Cultural Tierra Adentro del Conaculta y titular de la DGP de la misma institución. Profesor fundador de la EME, la Escuela Mexicana de Escritores, en la que imparte el curso introductorio de poesía. Ha colaborado en numerosos periódicos y revistas nacionales, entre las que pueden contarse Algarabía, Artes de México, Este País, Letras Libres, Luvina, Nexos y Revista de la Universidad. Obtuvo la beca Salvador Novo y la del CME, en ambas ocasiones en la rama de poesía. Su trabajo como editor ha sido reconocido en varias ocasiones con el Premio de la CANIEM. Desde 2009 conduce el programa La Feria Carrusel de Libros, en la estación Horizonte Jazz FM, del Instituto Mexicano de la Radio (IMER). Desde 2011 es editor de Quodlibet, la revista digital de la Academia de Música del Palacio de Minería”.2 Es autor de los libros El ciclismo y los clásicos (1990), Ora la pluma (1999), Palinodia del rojo (2010), Parentalia (Fervores) (2012), Oscuro escarabajo (2018), Contra la fotografía del paisaje (2015), Ni sombra de disturbio. Ensayos sobre Ramón López Velarde (2014), Chirimoya (2016), Oriundos (2018) y La majestad de lo mínimo. Ensayos sobre Ramón López Velarde (2021). Hace un año, tras haber dictado su conferencia magistral en el Museo Zacatecano dentro de las Jornadas Lopezvelardeanas, recibió un aplauso largo y cálido por parte de los espectadores, de esos reconocimientos bonitos que se quedan en el recuerdo para siempre. Una persona del público, recuerdo ahora, intervino al final para felicitarlo y para sugerir que este año fuera él el merecedor del Premio Iberoamericano Ramón López Velarde, lo que dio pie a otra ovación por parte de los asistentes. Se hizo realidad: este año recibirá ese premio en el Teatro Hinojosa de Jerez, y nosotros nos sumamos al cúmulo de felicitaciones que ha recibido desde que se dio la noticia la semana pasada. Enhorabuena, Fernando Fernández. Siempre bienvenido a Zacatecas. Que disfrute su lectura.
Contenido Refugio Reyes, un avistamiento a su vida y obra Por Víctor Hugo Ramírez Lozano
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Rafael Tiburcio: Hasta hace unos años creía fervientemente en “el canon” Por Beatriz Pérez Pereda
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Libros Memorias de papel: prensa y sociedad zacatecana a dos siglos de distancia (1825-1931) Por Emilia Recéndez Guerrero
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Desayuno en Tiffany´s, mon ku Esterno notte, de Marco Bellocchio Por Carlos Belmonte Grey
Desayuno en Tiffany´s, mon ku Vieja nueva carne. Crimes of the future, de David Cronenberg Por Sergi Ramos
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X, de Ti West Por Adolfo Nuñez J.
De la nitidez del negro exposición de Jorge Ismael Rodríguez Por Héctor Ramírez
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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com
Directorio
Ver el documental La sangre interior, en: https://youtu.be/sXPxez4tPYo 2 Ver: http://www.elem.mx/autor/datos/1635 1
Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx
Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita Diseño Editorial
La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.
Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com
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Refugio Reyes, un avistamiento a su vida y obra 6 Por Víctor Hugo Ramírez
Lozano*
/// Retrato de Refugio Reyes Rivas, hacia 1920.
tituto Científico de Zacatecas y en colaboración con otros destacados canteros, comenzó a trabajar en la edificación de la arquería del Hospicio de Huérfanos y de la Torre del Reloj del templo franciscano. Es justo aclarar que Reyes no participó en el diseño de estas obras, pero sí como constructor. Poco tiempo atrás, a sus 16 años, Refugio Reyes se había ocupado en el mantenimiento de la bellísima Capilla de Nápoles y en el interior del propio santuario guadalupano, donde para la posteridad dejó plasmada su rúbrica sobre el oro de una cornisa cercana al presbiterio. El trabajo realizado en Guadalupe le fue
/// Hospicio de niños y templo franciscano de Guadalupe con Torre del Reloj,1897. Biblioteca del Camino Real de Tierra Adentro, INAH.
bien reconocido y al poco tiempo, se le invitó como maestro mayor en la ya avanzada construcción del Mercado Principal de Zacatecas. Para el joven Refugio –de 24 años- no habría mejor coyuntura para ampliar su abanico empírico, pues además de la convivencia con otros ingenieros y maestros mayores, tuvo la oportunidad de conocer y manejar en casi todas sus gamas uno de los materiales más novedosos de la época: el hierro fundido. Cornisas, columnas, cubiertas, trabes, cabrillas, entre muchos otros elementos estructurales y decorativos en hierro se usaron al por mayor en el mercado zacatecano, jus-
/// Proceso de construcción del mercado principal, 1889. Biblioteca del Camino Real de Tierra Adentro, INAH.
* Coordinador académico del Museo Zacatecano.
/// Proyecto para el templo parroquial de Tepechitlán, Zacatecas. Colección Arq. Raúl Lara Quintanar.
Historia
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uatro meses después de que las armas nacionales se cubrieran de gloria por el triunfo sobre las huestes francesas en la Puebla de los Ángeles, el nacimiento de Refugio Reyes Rivas el 2 de septiembre de 1862 en el poblado de La Sauceda, al noreste de la ciudad de Zacatecas, cubriría de gloria a lo largo de sus 78 años de vida a su tierra y la región cultural que comparte con Aguascalientes y Jalisco, no con pólvora ni fusiles, pero sí con las armas del arte: el conocimiento, la proporción y la inspiración. La Sauceda, conocida así por la otrora notable cantidad de sauces a la vera de su arroyo, fue el sitio en donde se ubicó una de las haciendas mineras más grandes del distrito, cuyas antiguas glorias dieciochescas beneficiaron los caudales del prominente don José de la Borda, “el Fénix de los mineros” novohispanos. Las piedras de molinos y tahonas, de sillares y cimientos para los altos muros del patio de beneficio, fueron parte del paisaje constante de la infancia de Reyes Rivas, sin obviar la tierra colorada, elemento poético y cuasi mágico que se sacuden por demás los artistas zacatecanos. Si consideramos que la enseñanza del oficio de construir, donde desde niño se inicia en tareas sencillas como “peón” para continuar escalando a “media cuchara” hasta llegar a “maestro mayor” no ha cambiado en esencia, podemos inferir que Reyes continuó bajo este esquema de aprendizaje de raigambre medioeval; seguramente desde su infancia, participó como peón en las faenas constructivas requeridas para el funcionamiento de la vieja hacienda y en la edificación de las habitaciones de los propios pobladores. Su instrucción escolar quedaría limitada a un tercer año de primaria, no obstante, su avidez por saber más fue una constante en su vida. No hay datos precisos para saber en qué momento comenzó a trabajar la cantera, pero es un hecho que a temprana edad acudió a la Villa de Guadalupe para conocer los bancos de este material en el cerro de “La Piedrera”. Precisamente en esta villa, bajo la instrucción de connotados ingenieros y maestros del Ins-
tamente un eco de la proporción de las negras columnas de su interior puede ser palpado en varias de sus obras en Aguascalientes, aunque estas se replicarán en piedra. Su éxito laboral le permitió hacerse un lugar entre los constructores preferidos de la curia diocesana; en 1890 construiría el altar del antiguo templo de San Francisco de un exquisito gusto neoclásico, y tan solo dos años después comenzaría su obra más trascendente en la ciudad de Zacatecas: el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, cariñosamente conocido por sus coterráneos como “Guadalupito”. En este templo definiría el gusto por una escala altiva, varias veces más allá del 3 a 1 y por supuesto, el aprecio por lo gotizante y las formas que atienden una geometría caprichosa e ingeniosa; el estilo en el que se inscribirán sus más originales obras será el ecléctico, el cual sabrá aderezar sin menoscabo, aplicando sus conocimientos técnicos y estéticos en el maridaje del hierro y la cantera. Las ideas, diseños y sentimientos de don Refugio, se materializaron en una amplia región cultural, quedando como testimonios magníficos edificios civiles y religiosos, como el antiguo Banco de Zacatecas, el Museo de Historia Regional y el sublime templo de San Antonio, en Aguascalientes; los templos de Tepechitlán y Tacoaleche en Zacatecas, y varias haciendas y capillas en Jalisco. El ocaso de este espléndido artífice de la piedra y el espacio llegó el 3 de febrero de 1941, dejando un amplio legado artístico que aún se encuentra en vías de un justo aquilatamiento. Como reconocimiento a don Refugio Reyes Rivas, en el Museo Zacatecano se expone desde el mes de abril, un acercamiento a su vida y obra a través de objetos personales, planos originales y anotaciones de sus proyectos, fotografías y artefactos de la época en que se desenvolvió como un prestigiado arquitecto. Esta muestra permanecerá hasta fines de agosto; les invitamos a conocer un poco más de este ejemplo de vida, de superación y constancia.
Literatura
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Rafael Tiburcio: Hasta hace unos años creía fervientemente en “el canon” 6 Por Beatriz Pérez Pereda
ante lo incognoscible. Me gusta pensar historias y personajes con esas limitaciones.
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n Ciudad Agnosia suceden historias de todo tipo, uno llega vía La carretera de McCarthy a esa ciudad donde una especie de secta oficia de noche en un mercado laberíntico o de pronto, convertirte en personaje de una película serie b que traiga recuerdos de tu infancia, cuando héroes del ring peleaban contra monstruos y vampiresas: en Agnosia todo puede pasar, menos el aburrimiento. Desde la metaficción, la ciencia ficción o la fantasía, Rafael Tiburcio apuesta en su escritura por dejar que el cuento respire con libertad, experimentar con los géneros y agrietar el canon literario desde la inclusión de puntos de vista más diversos. Un escritor seguro de lo que quiere escribir y más convencido aún de que la literatura en un ente vivo y cambiante. Beatriz Pérez Pereda: Tu libro Cuentos de bajo presupuesto, Premio Estatal de Cuento Ricardo Garibay, me parece un libro eclético, ensayas varios estilos dentro del género del cuento, ¿cuál es tu poética del cuento o bajo qué premisas escribiste este libro? Rafael Tiburcio: Muchos narradores actuales suelen creer que es posible domesticar fórmulas y tomar partido por uno de dos procedimientos: el de mapa y el de brújula. Ambos me parecen válidos, complementarios incluso. En CDBP hay algunos cuentos escritos sin plan, premisas en las que se colaron ideas que les dieron forma. Y otros como “Quimera” o “Serie b” que fueron planificados casi milimétricamente… “casi”, porque antes de iniciar creí que sabía a dónde iban, pero al final tampoco los escribí así. Aprendí escribir cuentos mientras los escribía (como dicta el cliché), pero también hacía otras cosas: estudiaba teoría literaria y leía poesía, analizaba pinturas expresionistas, pasaba videojuegos, escuchaba post-punk, veía cine malo, estudiaba géneros, formas, estructuras, reunía ideas incompatibles: pokemones sin alma, porristas, tarotistas; y de pronto ni la estructura ni la fabulación tradicional me servían para contar algo como “Quimera”. Con “Serie b” ocurría lo mismo: deseaba hacer un cuento que pareciera una película, un guion, deseaba homenajear al cine b y las narrativas pulp. Escribir exigía interesarme en algo más que el texto en sí, sentir el flujo de la vida, de lo que me movía. Por eso me resulta absurdo tomar bando, decir: “Quiero ser Carver” o “Quiero ser Poe”. Los cuentos están vivos y hacen lo que se les da la gana. Entender eso cambia todo, creo, porque exigen ser escritos y contados de cierto modo y no les interesa si nuestra poética es moderna o clásica, abierta o cerrada, intra o extradiegética, focalizada o coral, si deseamos descubrir una historia, si ya trazamos ruta o si cumplimos con alguna agenda temática autoimpuesta. El borrador de CDBP terminó configurado así:
/// Rafael Tiburcio. Foto de Shandor Barcs.
no aspiraba a la unidad, la despreciaba. Escribir cuentos con el método que cada uno exigía me puso ante lo que no había visto: una centrífuga cuya unidad tenía como centro al pulp (especulativo o no): ciencia ficción, noir, teensploitation, gaslight, cine b, camp. Pero el libro siguió cambiando durante el proceso de edición, era como si no dejara de escribirlo, se convirtió en un objeto, un ejemplar que sus propios personajes me trajeron del futuro, una autoficción, un metalibro. A veces pienso que lo sigo escribiendo. No ver eso antes tuvo consecuencias también: algunos lo llaman libro temprano o fallido, otros, inclasificable, otros más simplemente se dejan envolver por la ficción. Como autor, evidentemente creo que es mejor esto último. La teoría de la recepción, o Cortázar, nos han enseñado que un libro es muchos libros. Esta afirmación depende casi siempre del lector, pero eso no descarta que el autor pueda llegar a la misma resolución. Evidentemente creo que es mi caso, pero los escritores solemos ser egocéntricos, así
que procuro no tomármelo demasiado en serio. BPP: En Cuentos de bajo presupuesto existe un lugar llamado Agnosia (que también es el nombre de una enfermedad neurológica), me recuerda un poco al Cuévano de Ibargüengoitia o al Yoknapatawpha de Faulkner, ¿cómo surgió en el imaginario de ese libro Agnosia? RT: Es el espacio arquetípico en el que ambiento mis historias. Incluso aquellas que ocurren en otros lugares o tiempos se encuentran en el mismo universo en el que existió o existirá Agnosia. Más allá no hay misterio, es un espejo ficcional de Pachuca, una ciudad provinciana que podría ser cualquiera y me sirve como un sandbox o campo de juegos en el que puedo aplicar otras reglas y entretejer un universo en el que los textos dialoguen entre sí, como la Tierra Media, Comala o los que mencionas. El origen del nombre se asocia a la incapacidad de procesar la información sensorial, pero también resuena con el agnosticismo como postura escéptica
BPP: Tu novela Rabia | ikari obtuvo una mención honorífica en el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 2016, un año muy competido, con un espléndido jurado y donde obtuvo el primer lugar una gran escritora ya consagrada, cuéntanos un poco de esta novela, el proceso creativo o lo que significó para ti. RT: Me emociona mucho lo que dices; las menciones honoríficas suelen desaparecer de los comunicados de prensa; por eso es valioso cuando alguien las recuerda. Mis obsesiones suelen abordar temas como el tiempo, la percepción, la memoria, el lenguaje o los procesos que dan pie a lo ficcional. Rabia | ikari, sin ser ficción especulativa o fantástica, los explora también. Es una novela sobre el lenguaje, aunque no en sentido teórico, sino el lenguaje hablado, específico, que se pierde. Ambientada en 2002, rescata las inflexiones, el caló, la idiosincrasia de “los intelectuales” que fuimos adolescentes finiseculares. Es también una novela sobre sobre el fin de la amistad, el fin de la inocencia y el fracaso de mi generación, una que no supo ponerle su nombre con letras de oro a la vida. Si bien la trama y ambientación son abiertamente edgys, algo que no estaba mal visto cuando la terminé en 2010, es también una novela que habla sobre furia y melancolía adolescente y, a su modo, una novela autobiográfica, una novela del yo (en el sentido japonés: watashi-shōsetsu). En años recientes me he cuestionado mucho su pertinencia, su “actualidad”; es una novela cruel, llena todas las casillas del bingo para ser “cancelada” (personajes misántropos, violentos, escenas soeces, sarcasmo, irreverencia), pero sus lectores han sido generosos conmigo, porque los temas los tocan, supongo, o porque les hacen recordar su adolescencia contracultural. Es una historia coming of age, con capas y claroscuros en clave irónica y crítica, en la que Neko, el protagonista, debe examinar su propia vida y transformarla, tal como pasa con la mayoría de nosotrvs. BPP: Eres parte del comité editorial de Espejo Humeante, revista latinoamericana de ciencia ficción, un espacio fantástico y muy plural, ¿cuál es tu experiencia como editor y cómo incide en tu faceta de creador? RT: Espejo Humeante me ha vuelto más empático porque tuve que poner en perspectiva muchas ideas preconcebidas en torno a la literatura. Hasta hace unos años creía fervientemente en “el canon”. Editar ciencia ficción me ayudó a entender otros puntos de vista, como el hopepunk o la prospectiva, los contracánones (feminismo, lgbtq+, afro, culturas originarias). Actualmente me intereso por compartir historias que exploran aspectos humanos de nuestra relación con
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BPP: ¿En qué estás interesado ahora, a quiénes lees, cuáles son tus proyectos? RT: Mis lecturas incluyen sobre todo poesía: Pessoa, Lorca, Miguel Hernández, Szymborska o Khayyam, a quienes siempre vuelvo; en narrativa me he interesado por autoras contemporáneas, como Liliana Colanzi, Mariana Enríquez, Fernanda Melchor o Samanta Schweblin; colegas como Xóchitl Olivera, Lola Ancira, Abril Posas o Atenea Cruz; e hidalguenses como Yanira García y Sinead Marti, cuya obra definitivamente debe ser conocida y reconocida más allá de Pachuca. Tengo proyectos inéditos en busca de editorial o premio: una novela fantástica sobre personajes que comparten vidas en siglos distintos, uno de cuentos de fantasía urbana/noir y uno de poesía narrativa. Tengo un par de ediciones en proceso: Vocación de orfandad, un poemario fúnebre con la editorial Fá, de Ovidio Ríos, y Entre las grietas, que será editado por Libia Brenda para Odo Ediciones en algún momento de 2023, gracias a la recomendación de las juradas del Premio Imaginación y Futuro de MexiCona. Entre las grietas reúne metaficciones, autoficciones, simulacros, literatura postautónoma y algunos cuentos más tradicionales. Es un libro atado a la tradición fantástica de autores como Borges, Cortázar, Arreola y Elizondo, y autoras como Campos, Dávila o la propia Colanzi. Espero que sea un libro que dé mucho de qué hablar.
Beatriz (fragmento, inédito) Cuando perdí la cuenta del tiempo que llevaba en el bosque, encontré por fin un río cuyas aguas se evaporaban de prisa y tenían un sabor metálico. Caminé sobre la pequeña ribera corriente arriba, observando los diques que contenían el cauce cada pocos kilómetros. Avancé un par de noches más hasta un lugar donde todo el tiempo había neblina. Conforme avanzaba, los verdes encinos modificaban sus tonos, como
Literatura
la tecnología. Creo que ese cambio también se nota en la revista, que inició como un proyecto que priorizaba distopías pesimistas y que ahora busca un equilibrio entre esas mismas ficciones feroces e implacables, mientras busca abrir espacios a historias neocostumbristas, esperanzadoras o emotivas. La literatura fantástica es otro género que nos apasiona y hemos colado poco a poco en el Espejo, aunque sigamos llamándola “revista de ciencia ficción”. La participación de autoras y su publicación ha crecido con el tiempo y en el comité eso nos emociona. El último número contó con un equilibrio de casi 50/50 de autores y autoras. Para ponerlo en perspectiva: los primeros números tenían una proporción de autores y autoras de 90/10, y casi todos los números de 70/30. El 80 por ciento de los cuentos que recibimos suelen ser de varones. Y, si unes a + b esto habla de otros problemas “estructurales” que quizá escapan a esta entrevista pero que definitivamente debemos considerar prioritarios para que la revista contribuya efectivamente a la pluralidad. Como autor, pensar la literatura desde perspectivas politizadas, sociales o de equidad es, me parece, lo opuesto a creer ciegamente en “el canon” o en ese otro concepto, hoy difuso y desnortado, que es la “calidad literaria”. Finalmente soy un apasionado de la animación, adoro los finales felices, y sería hipócrita de mi parte creer que la escritura debe ser toda pesimismo.
/// Rafael Tiburcio. Foto de Shandor Barcs.
si la estación cambiara, dando paso a otros de color cobrizo, hasta un punto en que se volvieron rojos, al igual que el agua y el resto de la vegetación. Todos estaban muertos. El suelo lleno de alambres y de clavos. Conforme caminaba veía, apiladas sobre el río y sus alrededores, a cielo abierto, vigas de acero, varillas, kilómetros de alambres enredados, refacciones, maquinaria carcomida, aspas de molino, pedazos de asbesto, placas oxidadas y montones de escombro. El malestar de la radiación se intensificaba ahí. Yo temblaba en todo momento y supuse que a ese sitio habían ido a parar, años atrás, las mil trescientas toneladas de acero y otros materiales sobrantes de la construcción del Elefante Blanco y la planta de
energía. Una mina de oro para la gente de los Llanos, de poca importancia a estas alturas. Sobre el agua se estancaba un limo rojizo e imaginé que no podría beberla. No dormí, me mantuve caminando río arriba para alejarme de aquel cementerio. Ninguna de las aves nocturnas ni de los murciélagos hizo ruido alguno. Ningún mosquito se acercó a picarme. No pisé a ninguna serpiente en la oscuridad. La única vida ahí dentro era la mía.
Rafael Tiburcio García (Villahermosa, 1981). Escritor, melómano y locutor. Vive en Pachuca. Es pedagogo y maestro en Estudios Humanísticos en Literatura por el ITESM. Ha colaborado en La Revista de la Universidad de México,
Marvin, Círculo de Poesía, Vozed, Página Salmón, Planisferio y Melómano. Edita la revista Espejo Humeante. Produce y conduce los podcasts Espejo Humeante e Indisciplina. Es autor de la novela Rabia | Ikari (Cecultah, 2015), mención especial en el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 2016, y de Cuentos de bajo presupuesto. Edición facsimilar (Cecultah, 2014), Premio de Cuento Ricardo Garibay 2014. Obtuvo el primer lugar en el Concurso Nacional de Literatura ISSSTE 2018 por su poemario Elegías, así como una mención honorífica en el Primer Premio de Libro de Cuento Imaginación y Futuro 2021, organizado por MexiCona, por su libro de cuentos Entre las grietas. Gestiona sus redes como @ juancorvus.
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Libros
Libros
Memorias de papel: prensa y sociedad zacatecana a dos siglos de distancia (1825-1931) 6 Por Emilia Recéndez
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emorias de papel: prensa y sociedad zacatecana a dos siglos de distancia (18251931), es mi noveno libro individual y fue presentado el 25 de mayo en el foyer del Teatro Fernando Calderón; el cuidado editorial estuvo a cargo del equipo de nuestra Máxima Casa de Estudios, la Universidad Autónoma de Zacatecas. El texto, al igual que otros, es resultado de varios proyectos de investigación realizados por más de una década, principalmente en la Hemeroteca del Estado de Zacatecas, sitio que alberga los periódicos desde 1824 hasta la actualidad. En las últimas décadas del siglo XX, los humanistas y los estudiosos de las ciencias sociales, descubrimos la riqueza que alberga la prensa escrita y cómo los periódicos podían ser valiosas fuentes para la reconstrucción histórica, ya que retratan día a día buena parte de los acontecimientos relevantes de una ciudad, una comunidad, un sector social; por ello considero que pueden llamarse “guardianes de la memoria colectiva”. Desde sus inicios, la función de los periódicos fue llevar a la sociedad conocimientos útiles y novedosos, abarcando diversos campos: desde la cultura, la economía, las novedades científicas, la política, las ideas subversivas y revolucionarias; posteriormente, fueron también vehículos de educación. La gran importancia que cobró la prensa escrita durante el siglo XIX, se mantuvo
/// Emilia Recéndez.
aún hasta los ochentas del siglo XX, compitiendo con la radio y la televisión, logrando mantenerse en la presencia del público, sobre todo, en quienes estaban en el ámbito de las letras. Los periodistas y editores, llegaron a ser tan importantes e influyentes, que a la prensa escrita se le llamó el cuarto poder. Sin embargo, nada es para siempre, y al arribar al siglo XXI, el desarrollo de las tecnologías se impuso en gran parte de los campos del saber, por supuesto, la comunicación, que debe ser rápida, pronto las incorporó. Entonces, los periódicos escritos
fueron perdiendo presencia, los comunicadores hubieron de adaptarse a las nuevas situaciones; hoy encontramos las noticias rápidamente en internet, en la televisión, en la radio, cada vez son menos los periódicos que circulan impresos en papel. Sin embargo, no desaparecerán, ya que las palabras no escritas se las lleva el viento, mientras que la palabra escrita, la imagen fija, perdura, como los demuestran los periódicos que se encuentran en la hemeroteca. Están ahí, para informarnos lo que ocurría hace un siglo o más. Usted amable lector/a, puede ir y buscar lo ocu-
Desayuno en Tiffany´s, mon ku
Esterno notte, de Marco Bellocchio 6 Por Carlos Belmonte
Cine
Grey
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n el 2003 Marco Bellocchio realizó Buongiorno notte (Buenos días noche) con la que ganó el Festival de Venecia; ahora 19 años más tarde presenta en Cannes, en la sección Premier de Cannes, Esterno notte (Noche extraña), sobre el mismo tema pero en una versión amplia, cercana a un recito histórico y con una duración de casi seis horas. Una película de esta duración es difícil poderla encontrar en cualquier tipo de cine, por el tiempo en cartelera que consume y sobre todo, por el tipo de espectador interesado, por eso nos atrevimos a esta experiencia en Cannes. Bellocchio narra el secuestro y asesinato de Aldo Moro, en abril de 1978, exjefe del gobierno y presidente del partido Democrático Cristiano por las Brigadas Rojas italianas. En la época, él encabezaba un movimiento que invitaba al Partido Comunista a acercarse al gobierno cristiano en el poder. El objetivo era controlar la violenta situación de las extremas más radicales, de los comunistas por un lado
/// Marco Bellocchio.
y católicos por el otro. Moro era figura, no solo central en ese acercamiento, sino amigo del ministro del interior italiano, del presidente de la República y del Papa Pablo VI. Todo esto llevó a su secuestro y luego asesinato sin haber habido nunca negociación entre
el gobierno y sus secuestradores para el rescate o intercambio con otros presos políticos. Asunto que se ha prestado a múltiples especulaciones de traición. Bellocchio se puso a trabajar con otros guionistas en una investigación que permitie-
rrido en Zacatecas el 19 de mayo de 1922, hace un siglo, y encontrará noticias de los temas políticos, las actividades culturales, las enfermedades que aquejaban a la población, las medidas dictadas por las autoridades para combatirlas; podrá saber quiénes eran los hombres influyentes en aquellos días; qué se enseñaba en las instituciones educativas, en fin, los temas a conocer son tan variados, que es imposible abarcarlos todos en un libro. * Docente investigadora en el Doctorado en Estudios Novohispanos.
ra contar diversos frentes y, a pesar de usar el cine para contar la historia trató de respetarla, cierto con las lagunas que se sabe existen pero llenándolas con restos verídicos de información. Y para este fin se permitió utilizar el formato de serie o capítulo, con inicio y fin; en total 6 capítulos para un filme de cinco horas y 40 minutos. Así se ve el asunto desde las versiones y documentos de Moro, su esposa, el Papa, el gobierno, los secuestradores, y el final -la muerte o el perdón-. Esta estrategia permitió que el espectador no tenga tiempo ni de salir al baño, porque el formato serial obliga a mantener constantes hilos de tensión en la estructura narrativa y pocos llanos de calma. Llama la atención que la historia gira en torno a una institución cristiana leal con la amistad y aparentemente sin corruptelas. Ni siquiera ambiciosa con el poder que tiene en la república por más de 30 años sin ruptura. La figura del Vaticano mantiene su jerarquía de líder espiritual y legitimador del partido desde la ideología aunque metido en el dilema de cómo intervenir no solo en los asuntos de lo civil sino en los íntimos de la amistad, es decir humaniza el personaje papal. Eso sí, sin concesiones en sus dogmas frente al comunismo extremo. Es posible observar que hay influencia del formato de series, cortinillas y musicalización de la plataforma Netflix. Así, nos atragantamos una serie en una sala de cine.
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Desayuno en Tiffany´s, mon ku
Vieja nueva carne. Crimes of the future, de David Cronenberg Cine
6 Por Sergi Ramos
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Qué hacer con la «Nueva Carne» en 2022, cuando la tecnología ha conducido a la desmaterialización de nuestro yo en redes sociales y metaversos? Hoy, el cuerpo parece haber sido relegado a convertirse en una mera cáscara, a partir de la cual se expanden nuestras identidades virtuales, y cuya realidad amenaza con desbancar a nuestro cuerpo. El concepto de “Nueva Carne”, ideado en Videodrome, su película de 1983, ha sido utilizado desde entonces para designar las variaciones que el director canadiense ha ido ofreciéndonos sobre el cuerpo, como objeto de estudio (podríamos decir de disección) central para entender al ser humano y su psique, pensado desde nuestro interior más orgánico. Una gran parte de esta investigación cinematográfica se había centrado en la relación del cuerpo con la tecnología, cuya última etapa fue eXistenZ, en 1999, que cerraba el milenio anticipando la nueva civilización que hoy ha acabado imponiéndose, con sus nuevas servidumbres virtuales. ¿Cómo pensar al ser humano a través del cuerpo, casi un cuarto de siglo más tarde? Nuevos órganos La respuesta incluye una trampa, ya que Cronenberg ha basado su película en un guion de los años 1990. En un futuro próximo, algunas personas han desarrollado la capacidad de generar nuevos órganos, inéditos, que como los tumores pueden acabar matando a sus por-
6 Por Adolfo Nuñez J.
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a acción toma lugar en Houston, en el año de 1979. En la primera secuencia, un grupo de policías llega a una granja destartalada, donde encuentran rastros de sangre y cadáveres sin identificar. Todo ello parece ser el resultado de una matanza que tomó lugar hace no mucho tiempo. Posterior a esta escena introductoria, la cinta se ubica 24 horas antes y sigue la historia de Wayne (Martin Henderson), un productor de cine para adultos que ha alquilado una casa de campo para utilizarla como la locación de su nueva película. A dicho lugar es acompañado por Maxine (Mia Goth), su novia drogadicta con aspiraciones de ser famosa; Bobby-Lynne (Brittany Snow) y su novio Jackson (Kid Cudi), ambos estrellas de la industria pornográfica; RJ (Owen Campbell) y su novia Lorraine (Jenna Ortega), un par de estudiantes de cine que buscan darle a la cinta de Wayne un corte más artesanal. Al correr de las horas, este grupo de parejas comenzará a notar ciertos detalles en el lugar que se volverán cada vez más extraños y que tienen que ver con sus peculiares anfitriones, un matrimonio de ancianos solitarios. X (2022), la más reciente película del pro-
tadores. Las extirpaciones de estos órganos se han convertido en performances puestas en escena por artistas como Tenser (Viggo Mortensen) y Caprice (Léa Seydoux), la pareja protagonista de la película, y la cirugía ha sustituido al sexo como forma del deseo (y del poder). Unas organizaciones clandestinas intentan censar estas mutaciones, mientras que el gobierno las persigue para erradicarlas. Pero algo está a punto de cambiarlo todo: algunos cuerpos empiezan a tolerar los nuevos órganos, abriendo la puerta a una evolución de la especie humana. Una lectura posible de la película correspondería a la época de escritura, los 90, y el impacto que el auge de la cirugía (estética en particular) introdujo en la concepción del hombre, como herramienta para modificarlo interviniendo en su envoltorio.
La primera secuencia de Crimes of the future nos muestra a un niño, representante de la nueva humanidad mutante, cuyo estómago es capaz de digerir el plástico. Otra lectura, esta vez desde nuestro presente, podría ser ecológica y convertir al cuerpo en la herramienta capaz de reciclar la cantidad ingente de desechos materiales generados por las nuevas tecnologías de lo virtual. Mirando hacia el pasado Sin embargo, lo que le interese probablemente a Cronenberg sea mostrar el interior del cuerpo humano, el ensamblaje de los órganos como una obra de arte. Desgraciadamente, ahí es donde la película muestra sus flaquezas, en particular por una ambientación y unos efectos especiales que parecen salidos de sus películas de los años 80, y que introducen un extraño
anacronismo, del cual participan los actores, singularmente erráticos en su actuación. En realidad, esta planificación forma parte de una voluntad más amplia de recuperación de elementos anteriores de su obra, en un ejercicio de autocita (cuando no de autoparodia) que salpica todo el filme. Lo peor, sin embargo, radica en la voluntad de glosar sobre el poliédrico concepto de “Nueva Carne”, intentando explicitarlo, lo que termina por disolver el potencial transgresivo de su cine. Cronenberg, creador ante todo de lo visual, basaba el poder perturbador de su cine en la imagen, preservando su inherente indeterminación, mientras que las teorías sentenciosas que pone en boca de sus personajes lo achatan. Como en Maps to the stars (2014), aunque por otras razones, retomar un antiguo guion acaba convirtiéndose en una mala idea.
X, de Ti West
lífico Ti West (The house of the devil, 2009; The innkeepers, 2011) es una obra que bebe del mejor cine slasher de los 70, al mismo tiempo que cuenta con pinceladas de humor negro y
terror psicológico. A medio camino entre The Texas chain saw massacre (1974), Boogie nights (1997) y Psycho (1960), entre otras influencias cinematográficas, se trata de una cinta que,
fiel al estilo de su realizador, cuenta con un claro espíritu de cine serie B en su formato más amateur. El director apuesta por un experimento que se vuelve atípico e impredecible en su narración, mientras que en el plano visual reivindica la estética retro al evitar la nostalgia típica de las producciones con estilo vintage. A su vez, el filme plantea un interesante discurso sobre la liberación sexual frente al puritanismo de la época. Dicho subtexto toma lugar en el arco de los protagonistas, cuya naturaleza erótica y desinhibida se contrapone con las creencias más conservadoras de generaciones previas. En ese sentido, la cinta de West propone una valiosa reflexión que gira en torno a temáticas como el sexo, la muerte, la juventud, la vejez y el paso del tiempo. Todas estas son abordadas con enorme ingenio, dando como resultado una producción que se percibe relevante y que utiliza los mejores elementos del cine de terror moderno, en su faceta más independiente, original y transgresora.
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Arte
LA GUALDRA NO. 531 // 13 DE JUNIO DE 2022
De la nitidez del negro, exposición de Jorge Ismael Rodríguez 6 Por Héctor Ramírez
S
i hiciéramos caso de lo que dice la teoría del color, encontraríamos que tal como se demuestra en cualquier arcoíris, el negro no se encuentra en el espectro visible del color. Todos los demás colores son reflejos de luz, excepto el negro. El negro es la ausencia de luz. Ahora que, si pensáramos en el lenguaje y sus diferentes acepciones, la definición de negro puede estar sujeta a un par de adjetivos que -en relación al color- lo vinculan a la oscuridad total o a su semejanza con el carbón; o bien, cuando se refiere a un cuerpo, lo define como algo que no refleja ninguna radiación posible. Jorge Ismael Rodríguez desafía las teorías y las definiciones titulando su más reciente exposición De la nitidez del negro y, desde ahí, nos hace una promesa, nos invita para que lo acompañemos en un viaje lleno de enigmáticas experiencias. Y lo hace porque sabe bien de lo que habla ya que, durante décadas, ha explorado los mundos secretos y misteriosos de la obsidiana, compartiéndonos parte de sus hallazgos en las once magníficas piezas que componen esta muestra. En La nitidez del negro caben infinidad de posibilidades: nos podemos encontrar en el reflejo de un espejo de agua o en las sombras de una ciudad fantasmal con un horizonte que no siempre
será el mismo; seremos el fragmento devastado o el centro perfecto; navegaremos flotando entre corazones enormes que nos invitan a sentir sus negros latidos; seremos testigos de la esfera que, trémula, apenas guarda el equilibrio entre dos sólidos bloques que simulan escaleras que conducen, paradójicamente, a esa fragilidad esférica; podremos acariciar la materia ígnea en su estado primigenio y ser testigos de su bruñida transformación; estaremos en silencio o dialogaremos con nuestro callado reflejo; en instantes podremos pasar de los mundos cóncavos a los convexos para escapar -si así lo deseamos- de una realidad convencional que a esas alturas ya resulta sumamente tediosa.
Gracias a interminables y extenuantes horas de trabajo en el taller, Jorge Ismael Rodríguez ha adquirido una visión muy nítida de la obsidiana que ahora nos invita para que la hagamos nuestra con sus obras. Esa visión le ha permitido entender que el material siempre es sorprendente y que es la posibilidad de un juego interminable; sin embargo, también ha comprendido que la obsidiana reclama siempre sus privilegios como materia sagrada y que, para relacionarse con ella, tiene que asimilar qué es lo que la roca ígnea trae dentro, qué es lo que quiere decir y en ese sentido se convierte en una especie de intérprete de “lo negro” que en ocasiones quiere manifestarse en gris, o con tonos rojizos, o mostrar una cara
/// Fotografías cortesía de Jorge Ismael Rodríguez.
brillante, o permanecer discretamente opaco. De la nitidez del negro es una demostración de que el negro no es necesariamente ausencia de luz, porque la obsidiana nos ofrece reflejos de una luminosísima claridad, que en sus entrañas negras hay universos donde se puede encontrar de todo menos oscuridad y que cuando un artista se lo propone, irradiar magia es posible. La exposición se presentó durante todo el mes de mayo en Chicontepec 70, colonia Hipódromo Condesa CDMX, en un espectacular edificio de la década de los años cuarenta restaurado por el propio artista. El sábado 28 de mayo pasado Jorge Ismael Rodríguez realizó un performance con piezas de obsidiana.