SUPLEMENTO CULTURAL
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DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN
Habitación de Antonio R. Vela, donde fue asesinado, junto a su familia, la madrugada del 3 de mayo de 1934. Foto de Joel Flores.
María Rodríguez Murillo fue una maestra rural violada, torturada y asesinada en la comunidad de Huiscolco a manos de un grupo de cristeros durante la época denominada como el rescoldo, quienes, azuzados por los odios clericales, repudiaron que impartiera clases de educación sexual a los niños de la comunidad y fuera representante del “comunismo” impulsado por el presidente Lázaro Cárdenas. La maestra María fue asesinada la noche del 26 de octubre de 1935, aquí su historia.
[“Sepultada entre los ecos”, una crónica de Joel Flores, en páginas centrales]
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LA GUALDRA NO. 497 /// 4 DE OCTUBRE DE 2021 /// AÑO 11
La Gualdra No. 497
Editorial Un día como hoy, 4 de octubre, pero de 1882, nació en el Rancho de Patillos, perteneciente a la Hacienda de Bañón, en Fresnillo, Zacatecas, Francisco Goitia; hoy hace 139 años llegó a este mundo uno de los artistas de esta tierra que más sentido de identidad han dado a quienes nacimos aquí. De su origen se sabe que fue hijo natural de Francisco Bollaín y Goitia y de Andrea García y que fue su nodriza Eduarda Velázquez quien lo crio como hijo propio; que en su nombre llevó el sino de continuar con los preceptos de San Francisco de Asís, de ahí que Antonio Luna Arroyo, su biógrafo, dijera sobre él que “Difícilmente puede encontrarse en el campo de las bellas artes, no solo en México sino en el mundo entero, un ser tan sencillo, modesto y humilde, retraído en la cueva de la oración estética, tan alejado de la idea y de la acción de causar, jamás, el menor daño a personas, animal o cosa alguna”. Quienes lo conocieron, afirmaron siempre que fue un hombre bueno y que tenía una especie de encomienda que le dictaba vivir de forma sencilla, austera y disciplinada. Cuentan que cuando venía a Zacatecas, puntualmente llegaba a catedral a la una de la tarde a realizar el rezo de todos los días. No es difícil imaginarlo, su imagen más conocida coincide con las descripciones que de su personalidad se han hecho en repetidas ocasiones. Sin embargo, Francisco Goitia era mucho más que la imagen que proyectaba, a estas alturas podría afirmar que esa imagen que él mismo había fomentado sobre sí mismo le ayudaba a viajar por el mundo con menos dificultades. Su mente, ágil y poderosa, le exigía de toda su atención y no podía permitirse distracciones banales que lo apartaran de un camino que fue trazando desde que nació: crear para estar en paz, crear para trascender, implicaron en él un quehacer intelectual minucioso. La obra de Goitia tiene reminiscencias literarias, filosóficas y religiosas incuestionables. De Tata Jesucristo, por ejemplo -cuya copia se encuentra en exhibición en el museo que lleva su nombre- el artista solía decir que hacía alusión a las mujeres que habían perdido durante la Revolución a sus hombres, esposos, hermanos, hijos y que invocaban a Jesucristo para en-
comendarlos cuando partían al campo de batalla. El cuadro representa la desolación de estas mujeres que, cubriéndose el rostro, ponían en el centro de sus vidas a Cristo para implorarle el regreso de sus familiares -al origen de todo-. Dios en el centro, el que ilumina; Dios en los cirios encendidos. Hay otra pieza en su museo, cuyas referencias a la virtud -relacionada con la excelencia, la belleza, el bien, la felicidad- están implícitas también; me refiero a Danza indígena, obra en la que se representa una fiesta popular mexicana: un grupo de músicos toca al fondo, mientras dos personajes al frente son protagonistas de una representación escénica: uno sentado, el otro de pie; ambos con máscaras. A simple vista es lo que destaca en la composición, sin embargo, al fondo, en la esquina derecha encontramos dos elementos muy significativos, cerca de donde un personaje sirve bebidas: un barril y un perro, la representación de Diógenes y la barrica en donde vivía. Goitia, además de un excelente artista, era un extraordinario lector de filosofía. Diógenes el Cínico, recordemos, había decidido abandonar los bienes materiales -como Goitia- para vivir dentro de una barrica; sus propiedades eran mínimas, si acaso contaba con una manta, un bastón y un recipiente para beber agua, y dedicaba a su vida a la búsqueda de la virtud. En Danza indígena encontramos esta referencia, mientras el pueblo en algarabía festeja, la presencia del espectador, el perro-Diógenes-Goitia, lo domina todo en una auténtica contemplación de lo que está pasando frente a sus ojos. Así era Francisco Goitia también, un observador nato, un catalizador de impactos, un procesador de realidades, un avizorador de futuros. Para celebrar este aniversario de su nacimiento, le invito nuevamente a que visite el Museo Francisco Goitia. Acérquese a sus obras, vea con detenimiento las mencionadas aquí y las otras que de manera brutal registran un pasado ominoso de la historia de nuestro país que hoy está más vigente que nunca. Goitia no dejará de sorprendernos jamás. Que disfrute su lectura.
Contenido Elías Amador El inolvidable y glorioso día en que el suelo mexicano amaneció alumbrado por el esplendente sol de la Independencia Por Mauricio Flores
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Sepultada entre los ecos Por Joel Flores
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Terra Alta, de Javier Cercas Por Miguel Ángel de Ávila González Todo Por Pilar Alba Desayuno en Tiffany’s, mon ku Premios Ariel 2021: Sin señas particulares la gran ganadora Por Carlos Belmonte Grey
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Midnight Mass, de Mike Flanagan Por Adolfo Nuñez J.
Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com
Directorio
Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx
Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita Diseño Editorial
La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.
Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com
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Elías Amador
6 Por Mauricio Flores*
A
lgo más que noticias —una sucinta definición de estas diría dato que se transmite— son las que nos entrega Elías Amador (1848-1917) en su libro Noticias biográficas de insurgentes apodados, publicado hacia 1910 con la mera intención de realizar un listado de participantes en la gesta libertaria de un siglo atrás. Originalísima obra la de este “liberal de hueso colorado” que, a un tiempo ejemplo de honestidad intelectual —este trabajo es indudablemente incompleto”, advierte en su introducción— da cuenta al menos de dos de las singularidades vitales del zacatecano. Su vasto conocimiento de la historiografía acerca de la guerra de Independencia y una marcada preocupación por afirmar los valores de hombres y mujeres comunes en su paso por la Historia. Ahora inserto en la colección de distribución gratuita 21 para el 21, recientemente puesta en circulación por el Fondo de Cultura Económica, Noticias biográficas… es una novedad de múltiples beneficios lectores. Prácticamente fuera de todo catálogo, el libro es ejemplo de buena prosa y ejercicio historiográfico, y su “rescate” arriba en coincidencia con los festejos de los 200 años de la consumación de la Independencia. Prosa que no teme para su afirmación acudir a la cita poética y la voz popular, y que da cuenta de la vitalidad de los presupuestos del autor al emprender una obra donde destaca el empeño documental. Ello sin la ignorancia — muy al contrario, reconocido desde sus primeras líneas— de importantes obras como las de Carlos María Bustamante, Lucas Alamán, Servando Teresa de Mier, Lorenzo Zavala y más. De la tal anchura la claridad de Amador: “Así es que los excesos y los delictuosos actos que esos hombres consumaron en nombre
de una noble y justa causa fueron el forzoso resultado de la ignorancia, de la falta completa de educación moral y del frenético deseo de vengar los odiosos ultrajes y las injusticias cometidas contra los derechos naturales y políticos de un pueblo envilecido y duramente subyugado”. Casi como quien descubre la maravilla de una leyenda, el lector tendrá en Noticias biográficas… un centenar y medio de historias personales a su alcance —y por supuesto sus atinados apodos— siempre en la coyuntura de “el inolvidable y glorioso día en que el suelo mexicano amaneció alumbrado por el esplendente sol de la Independencia”.
21 para el 21 (los otros títulos) Canek, Ermilo Abreu Gómez, donde se narra la historia del antiguo héroe maya que, en 1761, dirigió una sublevación contra los españoles en el poblado yucateco de Cisteil. Río subterráneo, Inés Arredondo, la autora reúne doce cuentos que fluyen con una escritura precisa y exploran las zonas ocultas de la mente y del comportamiento humano. Tiempo de ladrones. La historia de Chucho El Roto, Emilio Carballido, relata las huidas de la cárcel, los enredos de amores y otras peripecias de este personaje legendario. Muerte en el bosque, Amparo Dávila, es una antología de cuentos que conjunta capítulos ensordecedores en la vida de los personajes que habitan sus páginas. Tiene la noche un árbol, Guadalupe Dueñas, oculta en los veinticinco cuen-
tos que contiene una oscuridad a veces evidente y otras, labrada. Tomóchic, Heriberto Frías, reconstruye el enfrentamiento aguerrido de los pobladores de Tomóchic contra el régimen porfirista, en defensa de su libertad religiosa y política, desde la mirada del subteniente Miguel Mercado. Y Matarazo no llamó, Elena Garro, habla de la vida de Eugenio Yáñez, quien se ve atrapado en un sórdido mundo, que lo lleva a un incierto y oscuro destino. Pueblo en vilo, Luis González y González, inaugura una forma de contar la historia, que el autor bautizó como microhistoria, a través del relato de la vida en San José de Gracia, un pueblo michoacano. La sombra del caudillo, Martín Luis Guzmán, enfrenta uno de los crímenes de Estado más terribles en la etapa post revolucionaria, señalando directamente a los presidentes Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. Apocalipstick, Carlos Monsiváis, engloba 35 crónicas sobre la Ciudad de México y su paso en el tiempo, que retratan desde la cultura de las élites de la urbe hasta su cultura de cantinas, pulquerías y cabarets. El laberinto de la soledad, Octavio Paz, describe un retrato detallado donde convergen el culto a la muerte, la soledad universal y los orígenes de la identidad social del mexicano. Paseo de la Reforma, Elena Poniatowska, recoge las costumbres nacionales y, al mismo tiempo, la unión de mundos totalmente distintos: el aristocrático, la clase explotada y los movi-
mientos sociales. Crónicas de amor, de historia y de guerra, Guillermo Prieto, incluye catorce breves ensayos que van de las costumbres a las batallas, pasando por el amor. El libro rojo de la Independencia, Vicente Riva Palacio y Manuel Payno, congrega una serie de ensayos que ofrecen la oportunidad conocer las hazañas y los sacrificios de personalidades como Hidalgo, Allende, Morelos y Guerrero, entre otros, que ayudarán a los lectores a comprender su participación en la construcción de una nueva nación independiente. Antología de poesía mexicana del siglo XIX, Edith Negrín Muñoz, recopila una muestra significativa de la producción poética de 31 autores, mientras que en otra línea de las letras. Breve historia de la guerra con los Estados Unidos, José C. Valdés, eleva la narración más allá del simple reporte de hechos, al dotarla de análisis y balance. La revolución de independencia, Luis Villoro, libro donde busca explicar la estructura y los bandos ideológicos que sostuvieron y encauzaron el movimiento independentista de México. El libro vacío, Josefina Vicens, atrapa al lector con una prosa intensa que muestra en su esplendor el diálogo interno, la reflexión profunda sobre la escritura, el deseo y las limitaciones de una persona cualquiera.
*** Elías Amador, Noticias biográficas de insurgentes apodados, FCE, México, 2021, 112 pp. * @mauflos
Op. Cit.
El inolvidable y glorioso día en que el suelo mexicano amaneció alumbrado por el esplendente sol de la Independencia
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Sepultada entre los ecos Historia
6 Por Joel Flores1 Para Hallier Morales que, sin saberlo, me dio este título en una entrevista; para Juan Rodríguez que me invitó a comer a una cocina de Huiscolco; para cada una de las personas que se mencionan aquí, por haberme hablado de María.
H
ace un mes, mientras viajaba a la Sierra de Morones bajo la guía de Josué Vela, un encarecido promotor del turismo zacatecano y de El Plateado, escuché el trágico suceso de María Rodríguez Murillo, la maestra rural que fue violada, torturada y asesinada en la comunidad de Huiscolco, a manos de un grupo de cristeros durante la época denominada como el rescoldo, quienes, azuzados por los odios clericales, repudiaron que impartiera clases de educación sexual a los niños de la comunidad y fuera representante del “comunismo” impulsado por el presidente Lázaro Cárdenas. La historia, muy parecida a la película Canoa, del director Felipe Cazals, ha sido contada por cronistas, historiadores y reporteros de una y otra manera, al punto que cada una de las versiones particulares la han enterrado entre ecos de una época que al momento complican dilucidar los verdaderos porqués de su asesinato y cómo fue que llegó a esa comunidad entregada al magisterio. Por el morbo que inspira la crueldad de la historia misma, sus biógrafos se han centrado en narrar el cómo fue asesinada la noche del 26 de octubre de 1935, en establecer una verdad oficial que culpa a la Iglesia, en lugar de explorar los contextos sociales, políticos, religiosos y educativos que movieron a los actores intelectuales que dieron la orden de matarla y a los materiales que la ejecutaron, pues entre un texto y otro las fechas, los nombres y los motivos cambian. Se sabe que María Rodríguez Murillo nació en San Antonio, Tabasco en 1891. Era hija de Higinio Rodríguez y de Brígida Murillo. Al parecer firmaba con la inicial R porque era ilegítima, y era una manera de negar al padre. Historia que podemos poner en tela de juicio porque, según investigaciones del profesor Uriel Hernández, la maestra fue educada en Agua Blanca, cuando Higinio era el encargado de la hacienda antes de culminar la Revolución Mexicana. Allí aprendió a leer, a escribir y tuvo contacto con la biblioteca de los dueños de la hacienda. Estas habilidades le abrieron las puertas del magisterio, pues los requisitos fundamentales que pedía el proyecto de educación de Elías Calles a los maestros para que abrieran escuelas en las comunidades, eran saber leer y escribir. De su juventud poco se conoce. No he encontrado documento alguno que abone información. Pero después de sus treinta años se convirtió en una de las pocas maestras rurales que trabajaba en la región sur de Zacatecas para la federación, durante la guerra cristera: lucha que libró el gobierno
/// Escultura de la maestra María Rodríguez Murillo.
de México contra la iglesia y sus alzados durante 1926, la primera etapa, y 1929 a 1935, la segunda; donde la carne de cañón fueron los maestros, los campesinos y el curato. Los primeros porque la propaganda cristera los convirtió en símbolo enemigo de la fe, en los misioneros “pervertidos” comisionados por Elías Calles y después por Lázaro Cárdenas para llevar la “perversión” democrática y social a sitios precarios donde antes no penetraba; los segundos porque luchaban, amortiguados por su fe, manipulados por el clero o en defensa de las ideas radicales del Estado, por lo que habían peleado desde la revolución, el reparto equitativo de tierra que solía concentrarse en pocas manos; y los
terceros porque representaban el fanatismo religioso, los rivales obstinados de la educación laica y la defensa del cacicazgo. Por versiones orales se sabe que Murillo Rodríguez fue maestra en Tenayuca, Apulco, en 1928. Al momento no se cuenta registro documental de su paso por esta comunidad. Pero Uriel Hernández, al fijarse en el año 2000 el objetivo de construir la escultura de la maestra en la telesecundaria de Huiscolco, averiguó con la gente más vieja del municipio que dio clases en Tlachichila y Nochistlán. En Tenayuca intentó levantar un salón, pero el cacique del pueblo la corrió porque la propiedad sería destinada para el uso de una carnicería. Se sabe que la maestra sale, como muchos
profesores perseguidos aquel tiempo, huyendo del pueblo para no ser ultrajada. Y de la víspera a 1931 desaparece del mapa rural y del magisterio. Algunas versiones orales, tampoco documentadas, apuntan que da clases en el municipio Calera y que de allí regresa a San Antonio, Tabasco. En 1932 aparece en El Plateado de Joaquín Amaro, región equidistante a la comunidad de Hiscolco y del entonces municipio Villa del Refugio. Su estancia primero fue como maestra auxiliar de la escuela que Antonio R. Vela se encontraba levantando con la ayuda de su hermana Isabel. Después como profesora que la federación había comisionado para encargarse de las tareas educativas. Se tiene conocimiento docu-
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Historia
/// Parroquia de San Isidro Labrador, desde donde se conocía como la Cuadrilla de los Vela.
/// Bóvedas destruidas de la Hacienda de Agua Blanca, propiedad entonces de los Rivera Bernárdez, desalojada después del reparto agrario.
mental de ello gracias a la sinopsis del sumario de la pequeña correspondencia que mantuvo con el mismo Vela, archivo que el actual cronista, Elieser Márquez, me proporcionó al saber que quería escribir una crónica sobre María. El sumario de la correspondencia nos dice que llega para suplir a Francisca Marín, hermana de Félix Marín Mota, uno de los guardias personales del agrarista, el cual intenta abogar por su parentela para que le den el nombramiento. Pero Vela lo impide mandando una carta al secretario general de gobierno, Armando Ortiz, y como consecuencia se echa una enemistad encima. Francisca, al regresar sin empleo a Colotlán, lanza amenazas a los vecinos en contra suya. Amenazas que, si revisamos la historia del asesinato de Vela, con especial atención en esta correspondencia, surten efecto en manos de Félix Mota dos años después, cuando colabora con los abigeos para darles acceso a la casa de su jefe la noche que lo asesinaron, junto a su esposa, a dos de sus hijos y a su sobrino de 16 años. La maestra Rodríguez Murillo llega el 8 de septiembre de 1932. Todo lo que hay después son misivas donde se anuncia cómo será la escuela, que ahora es el Colegio de Bachilleres, los maestros que la dirigirán, así como sus directores y la manera en que cobran su sueldo. El 21 de mayo de 1933 decide no seguir trabajando en el lugar. Le pide a Teodoro Guerrero, jefe del departamento de Educación Estatal, su cambio a una hacienda cercana a la capital. No se sabe si en la carta nombra las razones, tampoco si los motivos son que se enemistó con Vela o su hermana, quien ayudaba en las tareas escolares. Como adjunto, casi como una esperanza, pone un
imprecisas si se cotejan al parejo de estos datos. A Vela Robles lo asesinan en 1934, un año antes de que a la maestra la convirtieran en mártir. José Herculano Cabral, en cambio, era prelado de la iglesia de Tabasco en 1935, y se conoce, está documentado, que solía conjurar en contra de las personas que representaban una amenaza para él y la Iglesia. Basta revisar la conjura y asesinato contra Pedro Raygoza en 1928, y el manifiesto que firma la Juventud de Jalpa en 1967, al pedirle su renuncia como custodio del templo por los obstáculos que puso a pobladores al ver amenazados sus intereses económicos. María llega a Tabasco en 1934. Se vale de sus conocimientos y tiene la firme tarea de habilitar la escuela en Huiscolco, una comunidad demasiado cercana a la Sierra de Morones donde, si revisamos la historia y lo que ha sucedido en cuestiones de crimen organizado, le queda la rima: donde se refugian los cristeros, los bragados y los halcones. A la maestra le toca una comunidad desunida. Por los testimonios orales, se conoce que en esa época la parte de los pobladores que viven en El Cóporo está en contra de la educación comunista y lo que huela a gobierno; y los de la Rinconada quieren que sus hijos se eduquen y en consecuencia donan una casa para que sea convertida en salón. Es así como Rodríguez Murillo abre la escuela Miguel Hidalgo y se hace de una casita con cocina y dormitorio frente a un mezquite grande, el cual sirvió a sus asesinos para colgarla y torturarla. Allí imparte clases de Matemáticas, de Español, de bordado. Como es buena montando caballo, viaja de un municipio a otro para llevarles cada semana a los alumnos peras de El Plateado y duraznos de Tena-
cojín bordado por ella misma. Es un regalo para la esposa de Guerrero. Un detalle bonito, pero también un rasgo histórico que abona a la versión de que Rodríguez Murillo fue precursora del bordado en Huiscolco, comunidad que ha ganado premios internacionales por esta disciplina, sobre todo durante la administración en la que Amalia García Medina gobernó Zacatecas. El 30 de julio María abandona El Plateado sin informar a nadie. No se sabe si su carta al jefe de Departamento Educativo fue respondida. La desatención de deberes magisteriales la ratifica el presidente municipal Merced Márquez y los padres de familia que, al quedarse sin figura educativa, mandan la petición de que sustituyan a la maestra por otra persona. Quien la suple es Isabel Vela. Si tuviéramos en las manos lo que dicen esas cartas, al menos las que se dirigieron la maestra y Vela, la maestra y Teodoro Guerrero, sabríamos más sobre su historia y por qué nuevamente Rodríguez Murillo se fue de otro municipio en el que daba clases. Pero por la escueta sinopsis informativa no se sabe cómo fue su amistad, si es que la hubo, ni el por qué llegó en sustitución de Francisca Marín. Tampoco se sabe si su salida abrupta se deba a un conflicto laboral o social con los Vela o porque, como lo ha afirmado el cronista actual de Tabasco, Francisco Sandoval, se volvió a meter en problemas por su carácter con un cacique. No obstante, es importante revisar su paso por El Plateado, porque la mayoría de las versiones que narran la noche de su asesinato aseguran que un cacique de nombre Antonio, junto con un padre de apellido Cabral, lo ordenaron. Versiones
yuca, incluso para hacerle favores a quien se los pide. Viaja junto a las tropas federales hacia Tlachichila, camino que es vigilado por cristeros como Pedro Sandoval, quien, se presume por las misma versiones orales, alimentó la animadversión de los cristeros en contra de ella al rumorar que mantenía relación con algún federal, incluso que solía contarles los movimientos ocultos de los levantados religiosos en su zona de trabajo. La primera teoría que me surgió al leer investigaciones sobre la mártir de Huiscolco, fue que los celos de alguno de sus victimarios habían sido una pieza clave para que la hayan asesinado de tal manera. La forma en cómo muere, debo precisar, reúne los peores males de América Latina: machismo, fanatismo religioso, misoginia. No obstante, entre más profundicé en los pocos documentos, la teoría fue descartada y me pregunté: ¿la habrían asesinado de la misma manera si no hubiera sido maestra rural?, ¿la habrían asesinado de la misma forma si la población de Huiscolco hubiera sido menos apegada a la persecución religiosa?, ¿qué habrá hecho el gobierno en esa región para que la gavilla del sector 7 la haya martirizado como al símbolo enemigo? Huiscolco ha sido por décadas guarida de bandidos. En el año que vivió la maestra era cuna de cristeros, allí se organizaban los levantamientos y se refugiaban los abigeos. El rancho estaba convertido en una bomba de tiempo que no tardaría en estallar. Aunque los sacerdotes habían firmado un armisticio con el gobierno para que cesara el fuego en ambos bandos en 1926, la persecución militar continuó y algunos rancheros no renunciaron a las armas para
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protegerse. De Huiscolco es Teodoro Rodríguez, jefe del sector 7, que abarcaba Villanueva, Malpaso, La Quemada, Tayahua y Tabasco, y tenía como objetivo frenar a los misioneros del magisterios. Como amigos tenía a Salvador Anguiano, conocido como El Charro; y Pedro Martínez, La Charica, así como a sus hijos Jesús y Valentín. Se cuenta que algunos de ellos eran versados en armas y enfrentamientos porque lucharon en la Revolución Mexicana. También se contemplan a Lorenzo Ruvalcaba, a quien se le relaciona con el asesinato de Antonio R. Vela, y a otros más de los cuales no he obtenido el nombre correcto. En cuanto al duelo que cargaba la comunidad, considero fundamentales los tres asesinatos que sufrió la familia Briceño en manos del gobierno. Francisco es ahorcado a finales de octubre de 1926 frente a los comuneros como prueba de que eso le pasara a quien siga peleando en nombre de Dios y de la iglesia. Dice una crónica escrita por Javier Arellano que, con la soga ahorcando a Francisco, lo obligaron a gritar ¡Viva el presidente Calles! ¡Vivan los federales! Manuel es perseguido por el ejército y, al notar que no podrían con él y sus subalternos, la milicia asesina a su padre en 1935. Aunque hay dos fechas distintas sobre el día que lo alcanzan los federales (Luis Rubio escribe que fue en enero de 1936; y Víctor Ceja Robles, editor de la revista Impacto, establece que fue el 11 de mayo de 1935) se sabe que a Manuel lo acribillaron cerca de la Barranca del Infierno, en el camino a El Plateado, junto a sus hombres. Con el asesinato en cadena de los Briceño, puede inferirse la rabia en la población de Huiscolco. Puede inferirse que la gente algún día se vengaría del gobierno y de quienes representaran al enemigo, fueran agraristas, alcaldes, policías o maestras rurales. Puede inferirse que el ahorcamiento, la cacería, el asesinato de los miembros de esta familia tuvo una consecuencia años después. Nada descarta que haya sido, de manera fortuita o planificada, el asesinato de Rodríguez Murillo. Es una gran pena, sin embargo, que estas interpretaciones no puedan comprobarse para poner en la balanza las afrentas del gobierno contras las comunidades como contrapeso de lo que se ha escrito sobre la crueldad de los cristeros. Los pobladores de Huiscolco han vedado la historia sobre los Briceño y la maestra y los pocos familiares que quedan de los involucrados no dan entrevistas. Se sabe, por acercamientos que hemos tenido, que cronistas como Francisco Sandoval los han pintado como los bárbaros de la historia. Vale la pena considerar que, como en toda guerra, la semántica de la víctima y del victimario se justifica según desde las normas morales y legales que se castigue, se culpe y se cuente. La investigación que más datos aporta para entender el asesinato de Rodríguez Murillo es la publicada en 2007 por Luis Rubio, que va dentro del libro Zacatecas bronco. El historiador se vale de los archivos judiciales y de la colección de Aurelio Acevedo para dar un panorama general y cronológico del conflicto cristero en la zona sur de Zacatecas y norte de Jalisco, la cual es la que más levantamientos y enfrentamientos registra. Entre sus páginas se descubre un acercamiento más puntual,
/// Habitación de Antonio R. Vela, donde fue asesinado, junto a su familia, la madrugada del 3 de mayo de 1934. Foto de Joel Flores.
más concreto de la noche del 26 de octubre de 1935, gracias al manuscrito Memorias de mi infancia, el cual se fue entregado al historiador los años que redactaba su libro. El autor es Ernesto Villa, ya fallecido o sin localizar. Para Ernesto el verdadero objetivo de esa noche no era la maestra, sino su padre Fermín Villa. Los hombres de Teodoro Vizcaino habían bebido en la barranca de Huiscolco, y en algún momento se encontraron con ella y se hicieron de palabras. Palabras que en el libro no se ejemplifican ni se aclaran. Pero por versiones futuras sobre este tipo de riñas, se entenderá que la maestra era de las pocas personas que contestaba a los bandidos, incluso a los párrocos de la iglesia, para ganarse su respeto y mostrar la autoridad educativa. La gavilla de Teodoro decide ig-
norarla (aquí es donde para unos historiadores y cronistas los bandidos la amenazaron con que se fuera o se iba arrepentir), y cabalga hacia Tabasco. Una semana antes, un maestro de Tenanguillo, de apellido Moreno, discute con padres de familia. Las órdenes del gobierno eran claras: los profesores rurales, en su misión por llevar conocimiento a las zonas marginadas del país, darían hasta su vida, aunque el sueldo demore, por construir escuelas. El vicario del municipio ve su iniciativa como una amenaza y decide avisar a los bandidos. Teodoro Rodríguez enfrenta al maestro y le exige, si no quiere morir, que se largue del lugar. La noche del 26 de octubre se les ve a los bandidos en el camino de piedras que conduce a Tabasco. Un desconocido co-
rre a avisarle al maestro Fermín Villa que ya bajan a matarlo a Moreno y a él. Los profesores se atrincheran en la escuela de niñas; en el libro no dice que estaban armados, pero por la entrevista que realicé hace un mes a Luis Rubio en su cubículo, menciona que sí. En el anochecer aparecen ocho o nueve hombres, entre los que se encuentran los hermanos Briceño (este dato debe ponerse a consideración, pues se sabe que Francisco y Manuel ya están muertos y solo queda vivo Faustino), dirigidos por Rodríguez. Porfían por tumbar las puertas, las ventanas, por colarse al salón para sacarlos y cumplir las órdenes. Pero se dan por vencidos cuando escuchan lloriqueos de los hijos del maestro Fermín. Lo último que se escucha en la noche solitaria, en la que ningún poblador se atrevió a salir de su casa, son las palabras de Teodoro Rodríguez, desilusionadas, dando la orden de volver a Huiscolco. Allá tenía más vino. Lo que sigue es lo que se ha contado una y otra vez, el asesinato desalmado de María. Ernesto Villa, a través de Rubio, nombra como actores materiales a la gavilla de Salvador Anguiano y a Teodoro Rodríguez. En mi búsqueda por encontrar ese archivo, para compararlo con mis averiguaciones, me he topado con pared. Rubio lo tiene extraviado entre sus múltiples investigaciones y Mateo García Bazán, que lo cita En los rebeldes de Zacatecas como mero ornamento bibliográfico en las notas al pie de página de su crónica sobre el asesinato de Pedro Raygoza, dice haberlo leído, pero confiesa que, con el paso de los años, lo perdió. Al momento en que trato crear vínculos, resolver dudas y convencer a más fuentes para que me aporten datos para una novela, me cuesta concluir que la historia ha sido injusta con la mártir de Huiscolco. María Rodríguez Murillo no solo es víctima de un fuego cruzado de una guerra entre el gobierno y la iglesia, es víctima del silencio de los habitantes del pueblo donde la asesinaron, del registro civil que redactó el acta de defunción como muerte por sacrificio el día que su sobrino, Aurelio Rodríguez, llevó el cuerpo destrozado a Tabasco. Es víctima de sus biógrafos al haber creado versiones personales, imprecisas, sobre su asesinato. Es víctima de los archivos de la Secretaría de Educación Pública, donde no existe expediente de su historial, y de las autoridades que regulan los cementerios donde fue enterrada, pues en una búsqueda que hice durante días de su tumba en Huiscolco y en el panteón nuevo de Tabasco, descubrí bajo el sol o la lluvia que no hay tumba alguna con las letras de su nombre. Así como tampoco hay una historia fiel, honesta, que en realidad honre los sucesos que pasaron el 26 de octubre de 1935 en una comunidad que es visible en la geografía del turista, gracias a la historia de una mujer asesinada por un grupo de hombres envalentonados por la Iglesia. 1 Es autor de la novela Nunca más su nombre, (premio Juan Rulfo, INBA) del libro de relatos Rojo semidesierto (Premio Sor Juan Inés de la Cruz) y Los maridos de mi madre. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte en México.
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Terra Alta, de Javier Cercas 6 Por Miguel Ángel de Ávila
González
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Todo
e dijiste que yo era todo. Entonces miré en el campo el atardecer, el sol que poco a poco se metía. Te pregunté: También soy eso, mientras te señalaba al horizonte. Eso y más, ya te dije eres todo. Entonces me miré en tus ojos, me dejé perder en ellos. Vencí mi resistencia y me dejé llevar por los besos y caricias que de pronto me enloquecieron. Soy todo, pensaba: también soy este sudor, esta saliva, este sobresalto, este dolor, este deseo. Soy todo, también este río que se escurre entre mis piernas y ese olor
que de pronto me desconcierta. Eres todo, una vez más dijiste mientras con un suspiro me dejabas sentir dentro la humedad de tu cuerpo. Regresamos a casa, con los cabellos revueltos y los corazones contentos. Llegué a la casa, miré a mis padres, cada uno dormido en su propia cama, alejados el uno del otro. Fui a la cocina a tomar agua, vi el fregadero lleno de trastes. Abrí el grifo, otra vez sin agua. Llegué a mi cuarto, me puse la pijama, me recosté en el sofá que está destinado para mi descanso. Pensé en tus ojos, en tus palabras. No, definitivamente no soy todo, es más, no quiero serlo.
más numerosas referencias a Los miserables, de Víctor Hugo, que en conjunto conforman una invitación a releer esta genial obra. Melchor era un niño estudioso hijo de una prostituta que en su adolescencia abandonó los estudios en un exclu-
*** Javier Cercas, Terra Alta, Premio Planeta 2019, Barcelona España.
Río de Palabras
6 Por Pilar Alba
queña se llama Cossete. Olga fue para Melchor la salvación del amor en un mundo cruel en el que todos estamos perdidos. La novela se divide en dos partes, la del crimen de los Adell y la que relata el pasado del protagonista. Tiene ade-
Libros
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n crimen terrible sacude la apacible comarca de Terra Alta. Los propietarios de su mayor empresa: gráficas Adell, aparecen asesinados tras haber sido sometidos a terribles torturas. Un numeroso grupo de investigadores policiacos y, desde luego, la policía científica reforzada con personal y presupuesto de Barcelona se aboca a la investigación. Este equipo deberá resolver quién o quiénes torturaron y asesinaron al matrimonio Adell y su empleada rumana, sobre todo a Francisco, potentado que domina toda la región que genera la mayoría de los empleos, quien se hizo rico pagando salarios precarios, carece de amigos, no tiene escrúpulos; sin embargo, lo anterior no es motivo para que alguien deseara su muerte. En la comarca todos son muy pobres menos los Adell, pero nadie quiere emigrar. Melchor Marín formará parte de este equipo de investigación en esta entidad en la que desde la Guerra Civil no sucede nada. Como si el tiempo se hubiera paralizado y no hubiera más historia que contar que la batalla del Ebro. Los viejos de la región que se reúnen en los bares solo hablan de eso. Melchor Marín es un joven policía llegado desde Barcelona cuatro años atrás, con un oscuro pasado a cuestas que cree haber enterrado, con antecedentes penales que logra ocultar al entrar a la corporación, que le ha convertido en una leyenda del cuerpo. Melchor aniquila a cuatro terroristas en Barcelona y la corporación para protegerlo de posibles venganzas, toda vez que se ha sido revelada su identidad ante los medios de comunicación, ganando merecido prestigio; lo destinan a Terra Alta a en donde conoce a Olga, la Bibliotecaria del pueblo, de la que se enamora y terminan casándose y teniendo una agraciada hija. La pe-
sivo colegio Lasallista de los hermanos maristas para caer en la delincuencia: tráfico de drogas. Con el paso de los años termina preso, pero es en la cárcel donde se transforma, ahí suceden acontecimientos que cambiarán su forma de ver la vida y decide estudiar para ser policía con el objetivo de vengar la muerte de su madre, Rosario, una prostituta que acabó sus días a los 56 años de edad, ejerciendo esta práctica y cuya muerte quedó en el cajón de los casos sin resolver. Es la historia de un hombre que busca un lugar en la vida. No sabe quién es su padre y se pregunta si acaso será el abogado Vivales, que le fue asignado por su madre, que asume su defensa y le acorta sobremanera su estancia en la cárcel, convirtiéndose en un apoyo continuo muy importante tras la muerte de su progenitora. El libro da fe de cómo es una investigación policial y cómo se interroga a todos los familiares y trabajadores de Gráficas Adell. El caso se da por cerrado oficialmente, pero Melchor se empecina en continuar la investigación por su cuenta y riesgo, exponiendo su vida y la de su familia y su estabilidad en el empleo, su prestigio; finalmente termina desentrañando la intriga y arrestando a los autores intelectuales. Melchor es un personaje muy bien construido, tanto como el Zurdo Mendieta de Élmer Mendoza. En contextos totalmente diferentes. Sería deseable que Javera Cercas le tuviera destinada otras indagatorias. Da para más. Esta novela se convierte en una lúcida reflexión sobre el valor de la ley, la posibilidad de la justicia y la legitimidad de la venganza, pero, sobre todo, en la epopeya de un hombre que busca un lugar en el mundo.
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LA GUALDRA NO. 497 // 4 DE OCTUBRE DE 2021
Cine
Desayuno en Tiffany’s, mon ku
Premios Ariel 2021: Sin señas particulares la gran ganadora 6 Por Carlos Belmonte Grey
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l 25 de septiembre se celebró la 63 entrega de los premios Ariel de México, el reconocimiento más importante de la Academia Mexicana de Cinematografía. La ganadora de la noche fue la ópera prima de Fernanda Valadez por su filme Sin señas particulares. Pero sobresalen también otras dos películas por su actualidad: El baile de los 41 (en Netflix) de David Pablos y Las tres muertes de Marisela Escobedo (también en Netflix) de Carlos Pérez Osorio. Las tres cintas presentan el problema más actual de México: la violencia. La violencia por el narco y por los desparecidos; y la violencia contra la preferencia u orientación de género y sexual. Tres películas que además se pueden encontrar ya en plataformas. Si hasta hace un par de años eran tan criticadas aquellas porque se les acusaba de peligrosas porque podían acabar con los cines, ahora muestran que también producen calidad y además facilitan el visionaje de cintas que de otra manera solo circularían entre clubistas y festivales. Premios completos: Sin señas particulares fue la película galardonada con el Ariel de Oro a Mejor Película. El Ariel a Mejor Dirección fue para Fernanda Valadez. Las tres muertes de Marisela Escobedo, de Carlos Pérez Osorio, obtuvo el Ariel a Mejor Largometraje Documental.
El agente topo (Chile), dirigida por Maite Alberdi, fue reconocida como Mejor Película Iberoamericana. ACTOR Alfonso Herrera | El baile de los 41. ACTRIZ Mercedes Hernández | Sin señas particulares. COACTUACIÓN FEMENINA Cici Lau | Los lobos.
COACTUACIÓN MASCULINA David Illescas | Sin señas particulares. CORTOMETRAJE ANIMACIÓN La casa de la memoria | Sofía Rosales Arreola. CORTOMETRAJE DOCUMENTAL Están en algún sitio | Pablo Tamez Sierra. CORTOMETRAJE FICCIÓN Asoleadas | Nadia
Series de TV
Midnight Mass, de Mike Flanagan 6 Por Adolfo Nuñez J.
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na de las quejas más recurrentes dentro del género de terror moderno, es el excesivo uso de jump scares, los sustos fáciles e inesperados dentro de la escena de alguna serie o película del género. Este tipo de recursos, lejos de generar una efectiva inquietud o temor en los espectadores, en la mayoría de los casos simplemente son distracciones que rara vez aportan algo relevante a la trama. Alejándose un poco de esos parámetros y fórmulas del género, se encuentra el realizador Mike Flanagan, quien dentro de su estilo particular se ha enfocado en el desarrollo de personajes y sus profundas complejidades, que van desde tratar de superar los traumas del pasado hasta la incansable lucha contra las adicciones. Dichas temáticas se encuen-
tran presentes en obras previas del realizador, tales como la película Doctor sleep (2019), así como en la estupenda miniserie The haunting
of Hill House (2018). Flanagan retoma estos elementos en Midnight mass (2021) su más reciente miniserie de terror producida por Netflix, la cual muestra claras influencias de la obra de Stephen King. A lo largo de 7 episodios, cada uno de más de una hora de duración, el realizador construye un inquietante relato que logra combinar la intriga de lo desconocido con el armado de un universo ficticio que es creado a partir de cero. Con ritmo lento, pero preciso, la serie va profundizando en un misterio que, aunque evidente, se toma su tiempo en salir a la luz. La acción transcurre en la ficticia isla de Crocket, un sitio pequeño, apacible y con un número reducido de habitantes. En este poblado empezarán a ocurrir una serie de extraños e inexplicables eventos, los cuales coinciden con la llegada de un joven cura a la
Ayala Tabachnik, Bisho | Pablo Giles. DISEÑO DE ARTE Daniela Schneider | El baile de los 41. EDICIÓN Fernanda Valadez, Astrid Rondero, Susan Korda | Sin señas particulares. EFECTOS ESPECIALES Ricardo Arvizu | Nuevo orden. EFECTOS VISUALES Darío Basile, Curro Muñoz, Lara Gómez del Pulgar, Mario Lucero Recio, Carlos Claramunt Terol, Jaime Rafael Fuerte, Pablo Lamosa Barros, Ricardo G. Elipe, Antonio Ramos Ramos | Sin señas particulares. FOTOGRAFÍA Claudia Becerril Bulos | Sin señas particulares. GUION ADAPTADO Antón Goenechea | Perdida. GUION ORIGINAL Fernanda Valadez, Astrid Rondero | Sin señas particulares. LARGOMETRAJE ANIMACIÓN Un disfraz para Nicolás | Eduardo Rivero. MAQUILLAJE Alfredo «Tigre» Mora, Alejandra Velarde | El baile de los 41. MÚSICA ORIGINAL Kenji Kishi Leopo | Los lobos. ÓPERA PRIMA Sin señas particulares | Fernanda Valadez. REVELACIÓN ACTORAL Indira Andrewin | Selva trágica. SONIDO José Miguel Enríquez Rivaud (diseño sonoro), Federico González Jordan (sonido directo), Jaime Baksht, Michelle Couttolenc (mezcla de sonido) | Selva trágica. VESTUARIO Kika López | El baile de los 41.
parroquia local, quien renovará el fervor religioso de las personas que ahí viven. Con mirada compasiva, Flanagan encauza su atención en una galería de personajes entrañables, cada uno con sus propios problemas, tanto emocionales en algunos casos, como existenciales en otros. En medio de este eje, el director elabora en temas complejos, como lo son la crisis de fe, la distorsión del fundamentalismo religioso, los peligros del fanatismo, el control de masas y el miedo a la muerte, entre otros. Sin caer en efectismos y evitando las obviedades, la historia guarda una potente carga emocional, que se encuentra cimentada en las relaciones afectivas de sus protagonistas, y que son representadas a lo largo de la serie, primero a partir de profundos y extensos monólogos y después en acciones directas dentro del relato. El resultado es un producto atípico a las convenciones del género, pero efectivo en su creciente angustia, que converge hasta un perturbador tercer acto donde la gran mayoría de sus piezas terminan por encajar. Es así como Midnight mass, si bien pide paciencia en el espectador, se trata de una excelente serie sobre la búsqueda de la salvación y el insondable misterio de la fe.