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La Gualdra 496

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SUPLEMENTO CULTURAL

NO. 496 /// 27 DE SEPTIEMBRE DE 2021 /// AÑO 11

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

Valeria Caballero. Foto del archivo de la artista.

En 2019 tras la muerte de su pareja, el fotógrafo Eniac Martínez (1959-2019), Valeria Caballero (Querétaro, 1986) es arrojada y obligada a confrontarse, nuevamente, con los procesos creativos, con la única finalidad, como ella lo menciona, “de sentir la vida”; se reencuentra con la fotografía y se cobija bajo los efectos de la pérdida y la búsqueda del otro, del que no está físicamente pero que se manifiesta. Cuando te fuiste es una especie de diario digital que nos muestra un mosaico gráfico de recuerdos, huellas, lugares y memorias entrelazadas con acercamientos a la melancolía y con reflexiones sobre el silencio, acción voluntaria que evidencia el anhelo por lo ausente. [Más sobre el proyecto Cuando te fuiste, de Valeria Caballero, por Ángel Solano, en páginas centrales]


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LA GUALDRA NO. 496 /// 27 DE SEPTIEMBRE DE 2021 /// AÑO 11

La Gualdra No. 496

Editorial

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ario Morones murió el 22 de septiembre pasado; fue un artista zacatecano dedicado a la música, no solo tocaba varios instrumentos, sino que componía. La música la llevaba en el alma y desde muy chico, viviendo en una ciudad como la nuestra, escuchaba en cada rincón armonías que él identificaba a su manera como parte de una canción. Los aguadores probablemente, los ruidos de la gente apresurada que pasa temprano al trabajo, el sonido de los burritos del aguamiel por las mañanas, la plática de las señoras mientras van al mercado, el estruendo de los truenos en verano, la banda que tocaba los jueves en la plaza, la orquesta de los domingos en el centro, las callejoneadas... la música italiana que, ya entrada la adolescencia, había llegado a casa y escuchaba con sus hermanos en grabadoras extranjeras también, los primeros acetatos. Digamos entonces que Mario, ese hombre sobrio, discreto y sonriente que solía caminar por las calles del centro histórico, tenía la capacidad de absorber los sonidos del día y de la noche, para procesarlos en sueños y amanecerlos después. Mario participó en agrupaciones musicales de blues y de rock; pero su sensibilidad abarcaba mucho más: gustaba del cine, la lectura y el teatro, de ahí que a lo largo de su vida profesional participara generosamente con colectivos y personas que compartían con él la idea de que el arte podía salvar al mundo. Muchas fueron sus amistades en el medio de las artes y la cultura, no podía haber sido de otro modo: él brindaba amistad a manos llenas y fue recompensado en vida por el cariño de quienes lo acompañaron hasta el final de sus días, artistas que al enterarse hace algunos meses de que estaba enfermo, comenzaron a realizar una serie de actividades para recaudar fondos para ayudarlo con sus gastos médicos; quedan para la historia -nuevamentelos actos de solidaridad que se llevaron a cabo para apoyarlo. La enfermedad que padecía finalmente se lo llevó. Las palabras de despedida fueron muchas; me consta la tristeza que esta noticia generó entre sus colegas y amigos. Hice énfasis en la palabra “nuevamente” en el párrafo anterior porque el caso de Mario es el de muchos artistas que, por trabajar de manera independiente, carecía de los fondos económi-

cos suficientes para encarar los gastos que una enfermedad terminal implica. Es inevitable recordar a otro artista zacatecano fallecido hace algunos años y que en condiciones similares vivió sus últimos días, con carencias inadmisibles, injustas para quien había dedicado muchas décadas de vida a la creación artística, Juan Nava. Así, podríamos hacer un recuento de las condiciones de desigualdad en las que muchos de los creadores han caído debido a la falta de certeza laboral, de seguridad social, e incluso de información adecuada para poder tener un seguro contratado de manera individual. La realidad nos dice que no solo los artistas tienen ese problema, el de no contar con seguridad social, que son muchos profesionistas y trabajadores free-lance, que si en estos momentos cayeran enfermos no tendrían tampoco la certeza de ser bien atendidos en un hospital, ni los medios para pagar los medicamentos necesarios, ni los gastos que de la enfermedad se derivaran. Y entonces, serían otra vez los artistas quienes saldrían a cooperar, como lo han hecho históricamente también, para causas como estas y muchas más. La pregunta es ¿hasta cuándo? Cierto es que las condiciones económicas por las que atraviesa el país, y el estado particularmente, son difíciles: la pandemia las ha agravado; los recortes presupuestales seguirán y en el sector artístico con mayor razón dado que no nos ha quedado claro que promover y fomentar las actividades culturales tiene un impacto transversal; frases como la de “democratizar la cultura” no han ayudado en los hechos más que para estructurar discursos, esa es la verdad. Sin embargo, tengo la seguridad de que es posible crear un programa que vea por las condiciones en las que los artistas están trabajando actualmente. Dejo un ejemplo para la reflexión, si se ha podido asegurar -con ciertas restricciones, pero asegurados están- a los participantes de Jóvenes Construyendo el Futuro ¿por qué no podría aplicarse el mismo esquema para los artistas? En una justa retribución a su trabajo y por todo lo que hacen por la sociedad eso podría ser posible con un poco de voluntad. Mario, descansa en paz.

Directorio

Contenido La revolución de independencia. Una larga guerra de 11 años Por Limonar Soto Salazar

Valeria Caballero. La fotografía como anhelo de lo ausente Por Ángel Solano

Crónica del desagüe de Ezequiel Carlos Campos: versos a la lejanía Por Rebeca M. Aragón Jürgen Habermas o la teoría crítica como democracia deliberativa universal Por Sigifredo Esquivel Marin

Noche de fuego, de Tatiana Huezo Por Adolfo Nuñez J. Desayuno en Tiffany’s, mon ku Douce France / Dulce Francia, un documental de la extensión del cemento en el campo Por Carlos Belmonte Grey

Ser estudiante en tiempos de pandemia y el rol de las redes sociales Por Sindy Espinosa Medina

Al filo del aguamiel: Ramón López Velarde y los zacatecanos Por Luvia Estrella Morales Rodríguez

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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita y Enrique Martínez Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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La revolución de independencia. Una larga guerra de 11 años

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mediados de septiembre de 1810 dio inicio una portentosa rebelión en lo que fuera la intendencia de Guanajuato; dicho levantamiento fue conocido en su momento como la revolución de Hidalgo en reconocimiento del liderazgo que tomó en ella la figura del cura Miguel Hidalgo. Varios son los factores que influyeron en este acto de rebeldía, entre ellos se encuentran la independencia de Estados Unidos de América; la revolución francesa; la invasión napoleónica a España; y la consecuente abdicación del rey Carlos IV y de Fernando VII, renuncia que generó un vacío de autoridad monárquica en los reinos españoles en América. También fueron factores de descontento social las recurrentes crisis agrícolas y la creciente carestía en los alimentos e insumos diversos en el México del tránsito del siglo XVIII al XIX. Además, no se debe de ignorar el añejo y arraigado estamento social novohispano que confinaba a la marginación a indígenas, mestizos, incluso criollos. La insurreción de Hidalgo a pesar de carecer de un claro proyecto político se propagó en diversas regiones del Bajío y del occidente mexicano; se había allegado de miles de simpatizantes de origen mestizo e indígena, quienes veían en el gran tumulto la oportunidad de acabar con los pesados tributos y de los agravios a los que eran sometidos en una sociedad con marcadas diferencias raciales y clasistas. Pero el apoyo popular fue breve, así como el control de los territorios conquistados, esto en gran medida por las derrotas infringidas por las fuerzas realistas en Aculco y Puente de Calderón. Posterioremente, los principales caudillos de

/// Solemne y pacífica entrada del Ejército de las Tres Garantías a la Ciudad de México el día 27 de septiembre del memorable año de 1821. Obra anónima, CA. 1822, óleo sobre tela. Museo Nacional de Historia, INAH.

esta primera etapa de guerra independentista fueron aprendidos y ejecutados en su huida al norte de Nueva España. Otros insurgentes continuaron con el movimiento independentista, ahora con mayor claridad en sus objetivos e ideales, entre ellos se encontraban Ignacio López Rayón, Nicolás Bravo, Vicente Guerrero, Hermenegildo Galeana, Mariano Matamoros, José María Cos, Andrés Quinta Roo, entre otros caudillos regionales. En este amplio concierto de insurgencia sobresalió José María Morelos, quien continuó con una abierta guerra de independencia en el sur de Nueva España

/// Abrazo de Acatempan, Reproducción. Cat. 640819, C.a.1955, INAH.

con existosas campañas que le llevaron a tomar el puerto de Acapulco, Chilpancingo, la ciudad de Oaxaca, incluso amenazó con el concebir un asedio a la Ciudad de México. El ejército de Morelos se ha distinguido por su disciplina y excelente funcionamiento castrense, su número de integrantes fue pequeño al apenas superar los 6 mil hombres, pero este contigente y otras fuerzas rebeldes de diversas regiones del virreinato se enfrentaron en numerosos hechos de armas a decenas de miles de soldados realistas -entre 1810 y 1820 sus fuerzas aumentaron de 30 mil a 85 mil hombres-. Lamentablemente para la causa insurgente, Morelos fue capturado y ejecutado a finales de 1815, lo que deprimió la vorágine libertaria que solo era alentada por algunos jefes rebeldes que se resistían a claudicar y aceptar los indultos decretados por la Corona y sus funcionarios virreinales. En este tenor, se puede subrayar la fugaz presencia del ejército expedicionaro de Xavier Mina y las acciones de Vicente Guerrero y José Miguel Fernández en los actuales estados de Guerrero y Veracruz. A principios de 1820 en España aconteció una revolución militar que contrarrestó el carácter absolutista de Fernando VII y se hizo de la simpatía de diversos grupos liberales, quienes abogaban por la restitución de la Constitución de Cádiz, un documento legislativo de toral importancia en el mundo hispánico de principios del siglo XIX que mandataba la limitación de los poderes monárquicos, la abolición de señoríos, el sufragio universal masculino, la soberanía de la nación frente al rey, entre otros aspectos liberales. La restauración de la carta gaditana, la aplicación de sus leyes y el prácticamente nulo esfuerzo bélico por parte de España por retener en su

poder las colonias americanas hicieron que estas reanimaran sus bríos independentistas. En este contexto, para el caso de Nueva España también habrá que apuntar que su economía se encontraba quebrantada y era evidente la inestabilidad política fomentada por el menguado poder real y de la metrópoli. Al respecto, algunos miembros de las élites novohispanas vieron en el acto de independizarse la solución más adecuada a sus males políticos y económicos. Esta postura independentista era muy diferente a las rebeliones populares de indígenas y mestizos que vivieron sus mejores momentos años atrás; ahora las oligarquías, todavía novohispanas, vieron en el comandante realista Agustín de Iturbide la persona capaz de concebir la independencia mexicana adecuada a sus intereses. Pero Iturbide requería hacerse del apoyo de las fuerzas insurgentes todavía activas, encontrando en Vicente Guerrero el aliado idóneo para fraguar la emancipación. En el marco de esta alianza se proclamó en febrero de 1821 el plan de independencia de la América Septentrional o Plan de Iguala, que sería el documento que garantizaba la soberanía mexicana bajo un sistema de gobierno monárquico cuyo trono sería ofrecido a Fernando VII, se mantendrían los privilegios del clero católico y se implementaría la igualdad entre españoles y americanos. Estos tres preceptos que abrigaban la independencia, la religión y la igualdad serían los ingredientes que culminarían la guerra de independencia de más de 11 años de duración, cuyo epílogo sería la entrada a la Ciudad de México de las fuerzas combinadas de Iturbide y Guerrero el 27 de septiembre de 1821, cumpliendo el día de hoy 200 años de ese acontecimiento. * Centro INAH Zacatecas.

Ollin: Memoria en Movimiento

Por Limonar Soto Salazar* t


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Valeria Caballero. La fotografía como anhelo de lo ausente

Arte

Alicia: ¿Cuánto tiempo es para siempre? Conejo blanco: A veces solo un segundo. Alicia: ¿Y cuánto tiempo es un segundo? Conejo blanco: Cuando amas, una eternidad. Lewis Carroll

t

Por Ángel Solano*

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aleria Caballero (Querétaro, 1986) estudió en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”. Fue asistente del artista Miguel Rodríguez Sepúlveda (1971). Becaria del PECDA (2009-2018) y del FONCA (2010). Desarrolló procesos fotográficos documentales durante seis años en diversos lugares de la República Mexicana, registrando prácticas y celebraciones cotidianas. Posteriormente, deja de crear durante más de 10 años por convicción personal, en los cuales elaboró proyectos curatoriales y trabajó para el emblemático espacio de la Ciudad de México llamado Casa Vecina (2015-2018), lugar dedicado a los procesos del arte contemporáneo y sus vínculos comunitarios. Actualmente es curadora de la exposición Declaraciones Cuerpø, proyecto apoyado por el Centro de la Imagen y el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile, muestra que está hospedada en la plataforma PICS. Su obra puede verse en el Museo de Mujeres Artistas Mexicanas, el portal Cubadebate y el blog del Victoria&Albert Museum. Perderte para encontrarme En 2019 tras la enfermedad y muerte de su pareja, el reconocido fotógrafo Eniac Martínez (1959-2019), Caballero es arrojada y obligada a confrontarse, nuevamente, con los procesos creativos, con la única finalidad, como ella lo menciona, “de sentir la vida”. De este modo tan abrupto, Valeria se reencuentra con la fotografía y se cobija bajo los efectos de la pérdida y la búsqueda del otro, del que no está físicamente pero que se

/// Valeria Caballero Aguilar.


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El reencuadre emotivo Las imágenes de Valeria evocan a los pintores románticos, nos muestran paisajes inundados de luz y, también, fragmentos de autorretratos que dan la sensación de estar inconclusos, esperando algo o mimetizados con los contextos cotidianos. Mujer cortina, mujer ventana, mujer espejo; formas que nos acercan al abismo, soluciones visuales que dialogan con el trabajo de la fotógrafa Francesca Woodman (1958-1981). Caballero retrata de igual forma objetos, espacios y siluetas para recrear una narración sobre la desaparición de algo valioso y, sobre todo, de la propia identidad ante la partida del otro. Hay ruido en sus imágenes, aunque su naturaleza cromática sea una danza entre la luz y la oscuridad. Su serie, deja oír diálogos mentales que son producto de la desolación y de la sensación de finitud, ante la inmensidad que la vida provoca cuando tenemos conciencia de nuestra propia existencia. Hay reflexiones sobre la separación, lo

la realidad cotidiana envuelta en el amor, el maltrato, el abandono y la violencia. De igual forma recordamos, en algunas imágenes, la visión de Vivian Maier, niñera de profesión quien, tras su muerte, es recordada por su testimonio visual sobre el contexto cotidiano. A esta última la encontramos sugerida en los espejos o elementos circulares en que Valeria se refleja. Las fotografías de Caballero conectan con las reflexiones de la escritora norteamericana Susan Sontang (1933-2004) quien en su libro Ante el dolor de los demás medita sobre un mundo ultra-saturado de imágenes y menciona que “las que deberían importar tienen un efecto menor”. Esta premisa es un hallazgo para acercarnos a la obra de Valeria quien recurre a la contemplación, en un contexto que cada día es más veloz. Y que, por vez primera, se acerca al género del paisaje; confrontada ante sus prejuicios y motivos que ahora le preocupan: explorar la luz, sentir la vida y el calor del sol.

Nota final

podemos notar en elementos que cortan, dividen o fragmentan los motivos representados. De tal manera, logramos ver un componente metálico colocado de forma simétrica frente al cuerpo de la artista, pisos despedazados o una grieta sutil que recorre un muro por la mitad y lo transforma en otro elemento, algo que ya no es lo mismo. En la serie de Valeria existe una fotografía que recuerda el óleo Lo que el agua me dio (1938), obra de Frida Kahlo (1907-1954) donde se muestran imaginarios vinculados con recuerdos amorosos y dolorosos; elementos que flotan en el agua contenida en una tina de baño. A la par, Caballero visita la imagen de la maestra Graciela Iturbide

(1942), fotografía que se incluye en su serie El baño de Frida (2006) y que es un autorretrato realizado en una de las tinas que dio motivo al óleo de Kahlo. Pareciera como si las autoras buscaran una sanación mística, al ubicarse en un contexto dedicado a la limpieza del soma y al mostrar solo un fragmento de sí mismas; composición que incluye los pies, partes indispensables para caminar, avanzar y sostener el resto del cuerpo. También hay atisbos y diálogos con la lente de la fotógrafa Patricia Aridjis, reconocida por su serie Las horas negras, documento que registra la vida en los reclusorios femeniles de la Ciudad de México y muestra

Cuando te fuiste es un proyecto que juega con su naturaleza, se inscribe en el campo afectivo y se inserta en el mundo virtual cotidiano, a través de un espacio sui géneris como es la aplicación y red social llamada Instagram. Para Valeria Caballero subvertir este espacio con sus fotografías y generar un perfil que muestra un proceso personal, profundo y doloroso, le permitió concretar un discurso orgánico y honesto. Esta es una serie fotográfica que se posiciona como crítica frente a la vorágine de imágenes contenidas en la web y como reflexiva ante los contrastes y nuevas funciones que las imágenes adquieren día tras día. El proyecto puede visitarse en: https://www.instagram.com/cuando. te.fuiste/. Todas las fotos de esta publicación son de Valeria Caballero. De la serie Cuando te fuiste, Querétaro, 2020. Fotografía digital. * Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

Arte

manifiesta: “Lo buscaba en las plantas, en la luz, en los animales, deseaba encontrarlo en algo vivo”. Así surge el proyecto Cuando te fuiste, una especie de diario digital que nos muestra un mosaico gráfico de recuerdos, huellas, lugares y memorias entrelazadas con acercamientos a la melancolía y con reflexiones sobre el silencio, acción voluntaria que evidencia el anhelo por lo ausente. Bajo la asesoría del fotoperiodista Héctor Guerrero y la doctora en ciencias antropológicas Zaira Espíritu, Caballero genera una radiografía de las afectaciones que el duelo causó en ella, de las modificaciones que la pérdida suscitó en su emocionalidad y de las nuevas posibilidades para observar su vida. Conceptos que se han vuelto cotidianos en medio de una pandemia. Recordemos que en 1969 la siquiatra y pionera en los estudios sobre la muerte y sus procesos, Elisabeth Kübler-Ross, generaba las primeras discusiones sobre las etapas del duelo y los patrones de ajustes que suceden ante la pérdida de un ser amado.


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Crónica del desagüe de Ezequiel Carlos Campos: versos a la lejanía t

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uienes recuerdan sus clases de literatura en bachillerato saben que la tradición literaria se originó en versos. Desde La odisea de Homero hasta el Cantar del mío Cid, la literatura no solo era versada sino rimada, pues se sostenía por la oralidad más que por la escritura. Todo esto cambió con la creación de la imprenta. En la actualidad es raro encontrar producciones que apuesten por las narraciones versadas. Los libros que robaron mi atención y corazón con esta estructura recientemente fueron Jorge Volpi con Las elegidas (Alfaguara, 2015) y Balam Rodrigo con El libro centroamericano de los muertos (FCE, 2018). Ambos, por coincidencia o influencia, deciden enfocarse en acciones terribles cometidas por humanos de la vida real. Volpi cuenta sobre un grupo criminal que se dedicó a la trata de mujeres en la frontera. Por su parte Rodrigo habla del viaje de tortura, violación y muerte que viven los migrantes centroamericanos al pasar por México. Ambos libros versados, utilizan la realidad para crear memoria como decía el teórico Hans-Geor Gada-

Libros La danza del salmón

Por Rebeca M. Aragón

mer. Asimismo, los autores transmiten la desesperación, el asco y el terror que cantan sus versos. Es una hermosa y temible coincidencia que los dos libros utilicen versos bíblicos para ilustrar sus historias. Es a estos antecedentes que el libro Crónica del desagüe (Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde, 2020)

de Ezequiel Carlos Campos se añade. La camisa de la edición adelanta “poesía”, pero en realidad es un híbrido como los libros mencionados. Campos, escoge, por coincidencia o influencia, versar sobre otro problema social mexicano, en específico zacatecano: la sequía en que dejó la Minera Peñasquito al municipio de Mazapil. Campos también crea memoria al mencionar de manera contundente el problema, los abusos de autoridad y las voces sin receptor de los pobladores. Como lo indica el título del libro, los versos son una crónica, la cual va desde el inicio de la minera en el municipio y culmina con un futuro postapocalíptico donde los océanos son cuentos de ancianos. Este viaje es narrado a través de cuatro subtemas: “Peñasquito”, “Desagüe”, “Salaverna” y “Naufragio”. Campos decide enmarcar su historia con versos de otros poetas que han dedicado estrofas a la explotación de la tierra. No obstante, estos marcos permanecen en el margen y no se mezclan con los versos de Campos. Un acierto de Crónica del desagüe son las voces en primera persona, en ellas se escuchan los vestigios de desesperación e indignación. Del mismo modo ocurre con las voces indiferentes que cantan las

acciones de la minera, se lee la denuncia. Sin embargo, esta lectora no pudo dejar de sentir la tragedia lejana a pesar de tenerla a tres horas de distancia. Aunque Campos ya tenga varios libros publicados, lo traiciona, me parece, la fecha de entrega ya que hay redundancias que restan a la creatividad e intenciones del autor como: “Mazapil está destinado a enterrarse / bajo sus suelos”. Pero también tiene buenos momentos como “Este vaso de agua: / el desierto entero, // la escasez de las palabras / cuando la boca se seca”. En síntesis, la lectura de Crónica del desagüe es agradable y creo eso no debería suceder en versos que tratan de denunciar y compartir el sentir de todo un pueblo que se ha quedado sin agua a causa de la explotación minera. Falta conexión humana, si la voz poética no vive el dolor tampoco lo hace el lector. No hay duda de que Campos tiene futuro, pero debe jugar aún más con sus estructuras, contar sílabas, aunque no le interese la rima, buscar hasta el hartazgo la palabra ideal, no la que suene mejor, sino la que transmita. De cualquier manera, ya va a medio camino, así que los invito a alcanzarlo ahora que el libro aún lo reparte gratis él mismo.

Jürgen Habermas o la teoría crítica como democracia deliberativa universal Por Sigifredo Esquivel Marin t

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unca fue santo de mi devoción, aunque hay que reconocerle que su presencia e intercambio de ideas es parte ya fundamental del debate en torno a la posmodernidad con Jean Francois Lyotard, Richard Rorty y Michel Foucault, al morir este último escribió un breve texto de homenaje reconociendo que en realidad eran más los puntos de encuentro que las diferencias. Firmó también con Jacques Derrida, y otros intelectuales, un texto pacificista llamando a la unidad europea ante la invasión norteamericana a Irak, justo después del fatídico 11 de septiembre. Las polémicas y diálogos filosóficos de la segunda parte del siglo XX no se pueden entender ni atender sin la lucidez inquisitiva, muchas veces incendiaria, del que fuera asistente de Thedor Adorno. De manera paradójica, su crítica furibunda contra un (supuesto) posmodernismo neoconservador –cajón de sastre donde lo mismo sitúa a Lyotard, Foucault, Derrida, Rorty y todo pensador

que cuestione el legado de la Ilustración– ha resultado un poco maniquea, apresurada, simplista, si bien su argumento de que el adiós a la modernidad logocéntrica termina por arrojar el niño con el agua sucia en la bañera al despedirse también del sujeto, hoy más que nunca resulta relevante, pues recuperar al sujeto social replantea otra mirada y experiencia políticas. En la década de los noventa, en la extinta Facultad de Humanidades de la UAZ, en Zacatecas, fue el maestro Manuel de León quien nos acercó a la teoría crítica de Adorno y su replanteamiento novedoso en Habermas de la acción comunicativa como una alternativa frente a la razón instrumental como acción estratégica. Después de intentar comprender sin mucho éxito, más bien diría, nulo éxito, Ser y tiempo de Martin Heidegger y Dialéctica negativa del propio Adorno, me quedé maravillado porque leí un par de veces Conciencia moral y acción comunicativa (Barcelona, Península, 1985), obra que compendia sus ideas esenciales, y cuyo planteamiento central resulta asequible: replantear la ética kantiana desde una visión universalista

donde los interlocutores comparten premisas y axiomas básicos de comunicación que posibilitan un entendimiento común capaz de dirimir conflictos y diferencias. Luego leí Conocimiento e interés (Madrid, Taurus, 1981 entendimiento), un libro que radicaliza la crítica a la actitud cientificista

que olvida la sobredeterminación ideológica y socio-política subyacente a la lógica de la investigación científica. Logré terminar ese mamotreto kilométrico de Teoría de la acción comunicativa, su obra cumbre, donde efectúa una poderosa relectura de la sociedad en su conjunto, quizá, junto con Niklas Luhmann, se trata de una vigorosa mirada social global del sistema-mundo-capitalista desde su horizonte emancipatorio; después de Weber y de Parsons, nadie se había planteado una visión global de ese talante. Posteriormente leí El Discurso filosófico de la modernidad, (Madrid, Taurus, 1989) me encantó la entrada que constituye una elucidación de la época moderna desde Baudelaire, Benjamin, y claro está, Hegel. Replantea el contenido normativo de la modernidad como apuesta y propuesta emancipatoria. Empero resultan irritantes sus lecturas reduccionistas sobre “los críticos de la razón moderna” donde mete en un mismo saco a Nietzsche, Bataille, Lyotard, Foucault, Heidegger, e incluso sus maestros Adorno y Horkheimer. Con una longevidad y lucidez ejemplares, siempre polémico en la discusión, no ha dejado de ser luminaria en los últimos congresos de filosofía en la última parte del siglo XX y la primera década del XXI. Quizá el maestro Manuel de León tenía razón cuando decía –con sonrisa maliciosa– que Habermas no era ningún tonto y sus planteamientos filosóficos anticlimáticos –como la Emulsión de Sott– tal vez no sean tan atractivos ni sólidos pero han contribuido a (re)animar la conversación intelectual –lo cual no es poca cosa.


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Noche de fuego, de Tatiana Huezo Por Adolfo Nuñez J.

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na (Ana Cristina Ordóñez), de 8 años, vive junto a su madre Rita (Mayra Batalla) en un pequeño poblado en la Sierra de Guerrero. Un lugar donde la mayoría de los hombres han viajado a Estados Unidos en busca de un mejor sustento para sus familias. El resto de los habitantes de ese lugar trabajan en la extracción de opio de la amapola, que posteriormente será manufacturado como heroína para también ser enviado al país vecino. Las personas tratan de seguir con sus vidas de la manera más digna posible, al mismo tiempo que son conscientes de la violencia que impera en la región. Todos saben que tanto el narco como los soldados (en ese lugar no hay distinción) se llevan a las mujeres, las secuestran de sus hogares y nunca nadie las vuelve a ver. Por esta razón, Ana, junto a sus amigas, tienen el cabello corto como si fueran varones. Ellas consideran que así tal vez puedan disminuir las probabilidades de ser raptadas. Esto seguirá así durante

algunos años, hasta que Ana, ya entrada en la adolescencia (Mayra Membreño) se hará cada vez más consciente de la dolorosa realidad en la que se encuentra. A pesar de esto, tratará de crecer y de tener las experiencias normales propias

de cualquier adolescente en compañía de sus amigas. En sus trabajos previos como documentalista, Tatiana Huezo ha explorado con profundo humanismo las heridas de un pasado dañado por la violencia, y que no han sido capaces de sanar en el presente. Esto se deja ver en El lugar más pequeño (2012), su estupenda ópera prima, pero se vuelve todavía más claro en Tempestad (2016), extraordinario documental que captura las devastadoras imágenes de un país carcomido por la violencia, el temor y la impotencia. Con Noche de fuego (2021), su primera película de ficción (adaptada de la novela Prayers for the stolen, de Jennifer Clement), la realizadora examina estas mismas problemáticas, que dentro de la sociedad mexicana se han vuelto cada vez más cotidianas. Esto lo hace desde la mirada de la infancia y su posterior crecimiento emocional. Fiel a su estilo personal, la directora enfatiza en la dolorosa poesía de cada imagen, en los planos de detalles mínimos y cotidianos, así como en el inmersivo diseño sonoro que está presente en

cada secuencia. Con ritmo constante y seguro, se va hilvanando la estructura de un relato donde cada escena, por sencilla que parezca, está llena de significado. Además, Huezo representa el estado emocional de sus protagonistas en cada espacio donde se encuentran y en los elementos de la naturaleza. Esto se muestra a lo largo de la historia, y como lo indica su título, llega a un punto climático en el incendiario tercer acto de la cinta. En este punto, la película encuentra una clara relación con La paloma y el lobo (2019) y Sin señas particulares (2020), dos de las mejores películas mexicanas de los últimos tiempos, y en donde también se utiliza el elemento del fuego para representar la impotencia de sus protagonistas, así como el deseo de incinerar su tormentoso presente. Noche de fuego se trata pues, de un doloroso retrato de la indefensión que experimentan muchas personas en México, día con día. Con todo, es una película donde la esperanza no se extingue y cuyo principal pilar es la sororidad entre sus protagonistas, incluso ante la ausencia de los seres amados.

Desayuno en Tiffany’s, mon ku Douce France / Dulce Francia, un documental de la extensión del cemento en el campo Por Carlos Belmonte Grey t

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e dice el hermano mayor al menor: “Y tú, ¿qué te ves haciendo, trabajando en el centro comercial o de agricultor?”, “Pues no, no…”, le contesta, “Ves, no tienes argumentos”, “Sí, sí tengo…”, “No, no tienes, el centro comercial es importante para la región, va a crear empleos”. Esto es un fragmento de un diálogo del documental Douce France (Dulce Francia) de Geoffrey Couanon. Un documental de 90 minutos que problematiza nuestras percepciones laborales y la quemada idea de progreso y modernidad. La ecuación del filme es la siguiente: Más cemento, más centros comerciales, más espacios de ocio (pista de hielo y de patinar, tiendas de marcas y cadenas de comidas) – menos tierras agrícolas o no explotadas = A más trabajo, más valor de inmobiliario, mejor nivel de vida. A partir de aquí, de esta percepción, se monta la crítica y el debate del documental.

Couanon se fue al norte de las afueras de París (la banlieu / el suburbio), al triángulo de Gonesse, muy cerca del Aeropuerto Internacional Charles de Gaulle (el principal de Francia). A la ciudad “dormitorio” (llamada así porque está principalmente compuesta por grandes edificios de

gente que trabaja fuera del pueblo y solo regresa por la noche) Villepinte en SeineSaint-Denis; una de las zonas más marginadas de la región metropolitana de París (Ile de France). Ahí, se concentra una de las mayores cantidades de centros comerciales de Francia y se tenía el proyecto de construir uno más, El Europa City. A primera vista, construir un centro comercial es una buena idea en una zona tan poblada y con problemas de desempleo; construirlo ahí donde hay tierras agrícolas que parecen no servir para gran cosa porque, dice el joven: “No tenemos la impresión de consumir verduras y frutas de las tierras agrícolas. Hay que hacer sentir a la gente que de ahí comemos”. Couanon se metió a una clase de preparatorio para seguir a unos chicos mediante una encuesta en la que se pregunta a la comunidad sobre la construcción o no del centro comercial. En un ejercicio de información y democracia ciudadana que implicó mostrar, tanto al espectador como a los jóvenes, los impactos medioambientales de extender la mancha de cemento

y luego las implicaciones económicas y políticas. Para el asunto del medio ambiente, el director muestra la tremenda aceleración en la mancha de concreto por tierras agrícolas y el déficit para la soberanía alimentaria, cómo esos terrenos sí tienen agricultores y personas no herederas de agricultores que ven la agricultura como un verdadero trabajo a tiempo completo. Para lo político y económico muestra cómo ese supuesto paraíso de trabajo y plus valor inmobiliario en realidad solo creará más trabajos precarios para la población, que al final de cuentas se verá desplazada porque no son ellos los que podrán hacer frente al alza inmobiliaria. Algo que ya ha pasado en el París intramuros. Un documental, que no sería nada malo darle circulación en un México plagado de centritos comerciales en colonias cada vez más sin alma; en ciudades que se extienden sin ton ni son y con colonias apenas habitadas y locales comerciales abandonados.

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Ser estudiante en tiempos de pandemia y el rol de las redes sociales Por Sindy Espinosa Medina

Educación

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s difícil no iniciar este escrito con un sincero agradecimiento a la República Popular China, por sus grandes esfuerzos de compartir todo lo que produce con el resto del mundo. La pandemia provocada por el Covid-19 ha sido lo más made in china que se ha consumido en el mundo entero últimamente; después está, obviamente, la comida china, con la diferencia de que el virus es gratis, pero reconozcamos que gracias a este evento, hemos podido, como individuos y como sociedad, conocernos mejor. Me viene el recuerdo no muy lejano de los supermercados llenos de gente peleando por el papel higiénico que escaseó antes de que el gobierno mexicano declarara el estado de pandemia, por ahí a mediados de febrero de 2020. Efectivamente, afloraba lo mejor de nuestra condición humana. Como de película. Parecía el fin del mundo, pero, para los estudiantes de licenciatura a posgrado, nos parecía la mejor oportunidad de redimirnos en nuestro camino hacia la sabiduría. Tendríamos el tiempo disponible para retomar viejas lecturas, para esbozar unos cuantos ensayos y tenerlos de respaldo “para lo que se ofrezca”. Incluso la que suscribe creyó que podría avanzar en su tesis, pues más que nada siempre he estado inspirada por el filósofo de Rotterdam, con sus sabias palabras: “No hay cosa que mejor y más totalmente ocupe el espíritu que los estudios”, y su estimada amiga, aquí presente, quería sinceramente seguir su máxima con más ahínco que nunca. Me parece extremadamente divertido el funcionamiento cerebral de los adultos jóvenes, porque generalmente mantenemos altas expectativas de nosotros mismos, sobre todo si hablamos de estudiantes de filosofía. Sin embargo nuestro comportamiento real es un tanto más banal, acostumbrados año con año, con la democratización de las herramientas virtuales, a satisfacer a nuestros demonios de lo inmediato: diversión, información, compras, comunicación, sexo. Todo lo anteriormente dicho y anhelado sobre el trabajo académico parecía querer desaparecer en las nuevas condiciones. El escritorio o la mesa de trabajo solo se visitaron cuando “hubo tiempo” o cuando “se pudo”, pero en retrospectiva “a la vista el inminente desenlace de esta plaga” honestamente se pudo haber hecho más. Conforme la pandemia se volvía un largo camino de aislamiento, apenas tenía unas cuantas líneas escritas en Word, unos cuantos apuntes por aquí y por allá, de los pocos libros que lograron ser leídos, o en su defecto, apenas abiertos, después de conseguir dejar la botella de whisky y descansar un poco. Pero también es verdad que la diversión de streaming era demasiado tentadora. Las postrimerías del año 2020 demos-

/// Pepe Le Pew. Tomada del Twitter de @BARTCOMEDY.

traron lo peor del ser humano, la situación política en los Estados Unidos llenó de encabezados las noticias todos los días. México no se quedó atrás con el aumento de la violencia en la calle y en el hogar. La pandemia no detuvo a los cientos de afectados que debían salir a las calles a protestar; el Covid-19 se veía relegado y superado una vez más por el hombre mismo, mas no en forma positiva, al contrario, los que no morían por esta enfermedad, morían a manos del hombre mismo. Ciertamente cruzamos por el infierno de Dante. Dice Erasmo en su Homo, bulla, que es tan sencillo que el hombre encuentre su final, con el simple hecho de tragar mal un alimento, muere por asfixia; o por tener la mala suerte de una fuerte lluvia que derrumbe el techo sobre su cabeza. Empero, este es el mismo animal capaz de maquinar tantos tumultos y para cuya ambición es estrecho el universo mundo. La pandemia no detuvo, ni ha detenido las muertes del crimen organizado, asesinatos por odio de todo género, ni la paranoia de lo incomprendido por el común de la población. El hipotético remedio de nuestros males causó furor en los medios, sobre todo en aquellos que creyeron en su momento que seríamos controlados por medio de la vacuna y que esta era el medio para la instauración de un nuevo orden mundial. Otros más trataron, en la medida de lo posible, racionalizar las

circunstancias y lo que realmente sucedía. Las redes sociales jugaron un papel predominante como medio de desinformación, donde se horneaban las conspiraciones y donde también relucieron algunos movimientos sociales como black lives matters, pro-vida, pro-aborto, ideología de género; temas todos que crearon debates importantes y que siguen en el pervivir político y social. Como estudiante se tiene la obligación de no ser indiferente al entorno. Sin embargo, hay algo más que se gestó en el mundo cibernético y que afecta la realidad en la que vivimos: la censura o lo que llamamos “la cultura de la cancelación”; lo considero importante porque consiste en que un grupo de personas, por lo general anónimas, conectadas a la Internet, deciden lo que es correcto decir y lo que no lo es. Dado que todo el mundo expresa incluso sus más efímeros pensamientos de manera pública en un muro virtual, considero peligrosa esta dinámica prohibicionista que no está regida más que por lo que, de manera arbitraria, algunos consideren inmoral. Por un lado, se popularizan los videos musicales donde se cosifica el cuerpo femenino; pero, por otro, se cancela a un zorrillo ficticio por besar a otro personaje ficticio sin su consentimiento. Parece ser que la virtud del género humano estará determinada en un futuro muy cercano por aquellos que dominan

el mundo virtual, y por los que se dejan llevar irreflexiva, supersticiosamente por él. La diversión de estas generaciones parece estar representada y contenida groso modo en la red social tik tok, una atmósfera que a propósito de todo el tema, y para más inri, es de origen chino. Tuvo su auge durante esta contingencia y allí surgieron grandes cuestiones, la principal y que compete a este artículo, la manera en que gastamos nuestro tiempo, la voluptuosidad está tomando nuevas proporciones que se esquematizan conforme lo vamos permitiendo y según se simplifique la vida. Se pierde una a una la posibilidad de crear conocimiento o de edificarnos como personas y nos conformamos con la diversión, porque la realidad es lo suficientemente caótica como para quedarnos en ella. Una justificación que sin duda es perjudicial, pero la realidad es que estamos acostumbrándonos a las soluciones inmediatas, la comida a la puerta de la casa “lo cual desde luego agradezco”, la economía por Internet, la información esquemática, nuestras satisfacciones lúdicas. Formar parte de esta historia, con la que efectivamente se marca un antes y un después del eventual desarrollo de una sociedad determinada “como colectivo, no como un ser individual” me parece por demás interesante. Desde mi experiencia vivida, no hay puntos medios, no se puede estar a favor de dos posturas contrapuestas.


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27 DE SEPTIEMBRE DE 2018

Al filo del aguamiel: Ramón López Velarde y los zacatecanos

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sta es la historia del agua dulce, aguado, mudo, que llamamos aguamiel. Tiene color áureo claro como el oro, pero se transforma en albo cuando camina el sonoro sol. El hombre náhuatl disfrutó del fermento llamado pulque y nosotros lo preferimos pasado también. Si el ardiente fuego lo quema con su flama, lo transforma en suprema bruna miel. Aunque en otras partes no se beba la médula del maguey, en Zacatecas se prueba como si fuera nueva breva. Por lo tanto, esta no es una historia cualquiera, sino la de “el poeta nacional” y de la gente nacida en el soberano Zacatecas que degustó y degusta del elíxir emanado del suave grave agave, el aguamiel. Ramón López Velarde estaba orgulloso de ser zacatecano. Ahí admiraba los campos de maíz con desliz, a las codornices volando como emperatrices y a la vendedora de chía proveyendo semillas con alevosía. En ese estado aprendió que “El Niño Dios (nos) escrituró un establo / y los veneros de petróleo el diablo”. Por eso, cuando visitaba Jerez, su pueblo natal, solía ir a misa matutina al Santuario de Nuestra Señora de la Soledad y a la Parroquia de la Inmaculada Concepción. Posteriormente, pasaba horas contemplando a las muchachas en los atrios de las iglesias, en el jardín principal, en el Edifico de la Torre y en el Jardín Grande. En cada una de ellas, buscaba a Fuensanta. Obviamente, para no colgarse del calor que le hacía huir del amor, sobrellevaba las mañanas soleadas bebiendo aguamiel. Ese líquido sagrado del maguey encendía su tibio corazón para seguir buscando una mística boca. La estrategia del poeta, era pues, ablandar el calor con sorbos nacidos en los cogollos que no encontraba en los perifollos. Aprovechaba también la cercanía de Jerez con la ciudad de Zacatecas. De cuando en cuando iba a misa a la actual Catedral Basílica de la capital del estado. En la ciudad practicaba el mismo rito: oír misa, beber aguamiel, buscar

a Fuensanta y desplegar su pasión por la poesía para alejarse de la apostasía. Al igual que Jerez, Zacatecas lo envolvía en la lujuria por la escritura. Su grafomanía se acrecentaba al contemplar el estilo churrigueresco de la catedral que está labrada con cantera rosada. Dicen por ahí, que los repiques de las campanas a medio día, hacían vibrar tenuemente las esculturas, nichos y torres de la fachada principal, pero sobre todo estremecían el ser intelectual del poeta. Un día, a la salida de misa, divisó a su amada. Estaba sentada en la escalinata del Teatro Fernando Calderón. Frente de ella, un hombre con un burro le ofrecía un jarro de aguamiel que ella gustosa bebió. López Velarde caminó hacia ella e imaginaba el reflejo de la Plazuela Goitia en los “ojos inusitados de sulfato de cobre”. De súbito, ella caminó hacia los portales, pero él no pudo alcanzarla porque unos perros noctívagos lo rodearon con algarabía. Al sentir la partida de la muchacha, el poeta inhaló y exhaló un suspiro y pronunció... Fuensanta. Más tarde regresó a Jerez y escribió sin distracción: “Humilde te

ha rezado mi tristeza / como en los pobres templos parroquiales / el campesino ante la Virgen reza”. Esa noche, su mal crónico y su amor enfermo sucumbió al imaginar el dulce agave que su amada disfrutó. Así pues, el aguamiel es una bebida que consumió “el poeta nacional” en Jerez y en Zacatecas, tal como se consumió en los tiempos prehispánicos en Teotihuacán, Tulancingo y Tula. Obviamente, los chichimecas, huachichiles y zacatecos también la consumieron y heredaron la tradición hasta nuestros días en el actual estado de Zacatecas. Por eso, el poeta y su amada bebieron aguamiel que vendían los tlachiqueros-aguamieleros en burros cargados de jarros de barro. Afortunadamente, hoy en día todavía es común encontrar aguamieleros con burros deambulando en el centro histórico de la ciudad de Zacatecas con el propósito de vender el preciado bálsamo dorado. Para algunos, el aguamiel es solamente la savia extraída del cogollo del maguey y que tiene un sabor dulce. Para nosotros, los zacatecanos, es un néctar que nos regala la madre tierra y con el cual refrendamos el

orgullo de nuestro pasado y costumbres ancestrales. Por eso, conservamos la tradición de salir al centro histórico de la ciudad para buscar los burros que cargan la bebida, en el Jardín Independencia, en el Jardín de la Madre, en la Fuente de los Faroles y en los Arcos. Deseamos probar la esencia dada por los dioses prehispánicos. Sabemos que el aguamiel nos permite probar el sabor a tierra-hiervadulce mientras disfrutamos de la armonía urbana conformada por calles estrechas, edificios de cantera rosada, fachadas barrocas y plazas coloniales. Por lo tanto, la persona que lo bebe, en la ciudad de Zacatecas, experimenta un momento mestizo único porque sus papilas gustativas son receptoras de un néctar indígena mientras que sus pupilas dilatadas contemplan ornamentos europeos en la ciudad. Más allá de la capital del estado, el aguamiel es popular en todos los pueblos zacatecanos. Sus habitantes siguen consumiéndolo cotidianamente ya sea crudo (aguamiel), hervido (miel de maguey) y/o fermentado (pulque). Por ejemplo, en el municipio de Juan Aldama

todavía hay lugareños que plantan magueyes para consumo privado o para la venta ocasional. Entre ellos se distingue la familia Casio, en el barrio los Casio, porque produce anualmente miel de maguey a través de la cocción del aguamiel. La demanda del producto es mayúscula para la familia porque la gente del pueblo acostumbra comer la miel de maguey con torrejas durante la Semana Santa y la Pascua (las torrejas también son conocidas como torrijas, tostadas francesas, caballeros pobres). Por ende, la miel de maguey tiene una gran relevancia en la gastronomía mestiza juanaldamense y zacatecana. Es decir, en el estado, nadie come una torreja espolvoreada de azúcar y canela como en Europa. Nadie come una torreja con azúcar glas o miel maple como en Estado Unidos. Nosotros, los zacatecanos, la comemos exclusivamente con la miel negra de maguey, y si no es así no es torreja tradicional. En suma, el aguamiel es importante para los zacatecanos y también lo fue para López Velarde, por eso lo incorporó en el poema “Suave Patria” como emblema nacional: “y a tus dos trenzas de tabaco sabe / ofrendar aguamiel toda mi briosa / raza de bailadores de jarabe”. En consecuencia, el aguamiel es parte de las riquezas, virtudes y bendiciones de la nación mexicana, de allí la mención del poeta. Por otra parte, los zacatecanos también celebramos ese bien que nos ha dado la tierra. Inclusive lo loamos en nuestras leyendas. Dado que en la capital de estado hay un gran número de leyendas populares, en este siglo nació una nueva: Las mujeres solteras que beban un baso de aguamiel cerca de la escultura de López Velarde, que está en Plaza de Armas, encontrarán el amor verdadero para vindicar los amores frustrados del poeta con Josefa de los Ríos (Fuensanta). * Luvia Estrella Morales Rodríguez (USA) también conocida como Luvia Estrella Rodríguez Mendieta (México) es doctora en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Oklahoma y licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Zacatecas.

Tradiciones

Por Luvia Estrella Morales Rodríguez t


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