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La Gualdra 493

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SUPLEMENTO CULTURAL

NO. 493 /// 6 DE SEPTIEMBRE DE 2021 /// AÑO 11

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

Daniel Centeno

“Mis cuentos proponen un vínculo entre nosotros y la muerte. Una intimidad. Y ya estando ahí, en el drama o el absurdo humano que la muerte representa como el inicio de un capítulo en la vida de alguien, tratar de mirar desde la ternura, porque ya la muerte es suficientemente dura como para negarnos entre nosotros esa gentileza”. Daniel Centeno

[Una entrevista con él, por Beatriz Pérez Pereda, en páginas centrales]


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LA GUALDRA NO. 493 /// 6 DE SEPTIEMBRE DE 2021 /// AÑO 11

La Gualdra No. 493

Editorial El 7 de diciembre de 2019, a 5 días de que el maestro Manuel Felguérez cumpliera 91 años, se inauguró su exposición Trayectorias, en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM; esa sería su última muestra pública y con ella seguía celebrando sus 90 años de vida -desde hacía tiempo se había propuesto festejar así cada década cumplida, con una magna exposición-; en esta ocasión, la UNAM, la Máxima Casa de Estudios de México, recibió esculturas, pinturas y murales que daban cuenta de 70 años de creación ininterrumpida. Muy significativo resultó que fuera ahí, en la institución educativa de la cual fue parte en distintos momentos, al integrarse primero como alumno y años después como profesor investigador de la Escuela Nacional de Artes Plásticas -actualmente llamada Facultad de Artes y Diseño-. El día de la inauguración, Felguérez anunciaba también que donaría al MUAC 18 esculturas y su archivo; de alguna manera estaba planeando y organizando ya en dónde debería quedar no solo el acervo artístico reunido sino su patrimonio documental. En 2018, cuando tuve oportunidad de entrevistarlo en su museo, me decía que estaba consciente de que su final estaba cerca; lo afirmaba con naturalidad, sin drama de por medio, porque, aunque en ese momento estaba fuerte, lúcido y con energía, sabía que no viviría mucho tiempo más. Al maestro le quedaba claro que los documentos de su archivo eran parte de la memoria histórica de las artes plásticas de nuestro país, de ahí que se aseguró que quedaran en buen resguardo no solo para su preservación, sino para consultas futuras. Cuando falleció, en junio del 2020, tenía ya decidido cuáles piezas de esa última muestra habrían de quedar en el Museo de Arte Abstracto que lleva su nombre; tenía la idea de que la capilla del que fuera Seminario Conciliar a finales del siglo XIX y principios del XX, recibiera más obra de su autoría y planeaba que ahí, donde se encuentra su Martirio de los Mártires, fuera exhibida parte de las piezas de la muestra del MUAC. El mes de mayo pasado, llegó a este museo del que tanto se honra tener Zacatecas, lo dispuesto por el artista originario de Valparaíso, entre otras cosas, su biblioteca completa, que ahora formará parte de este recinto cultural. El maestro, recordemos, no fue solo pintor, grabador y escultor, incursionó como escenógrafo en teatro y cine, como escritor, profesor e investigador, de ahí que su colección bi-

bliográfica reúna no solo textos de artes plásticas, sino de otras disciplinas como arquitectura, historia y literatura, entre otros. Qué afortunados somos en su tierra de recibir más muestras de su generosidad. Seguramente corresponderá a la siguiente administración gubernamental darle continuidad a los planes que tanto el maestro como su esposa Meche hicieron para el museo. La semana pasada, el Senado de la República recibió una pintura que la señora Mercedes Oteyza de Felguérez donó para que fuera exhibida en la sala de juntas de la Junta de Coordinación Política; se trata de una pieza en gran formato, en la que prevalecen los tonos en dorado, y que será parte del “lugar donde construimos los acuerdos para el país”, como afirmó el senador Ricardo Monreal Ávila. Hace unos días también, recibí el libro Manuel Felguérez. El futuro será nuestro, en que figuran como editores Cuauhtémoc Medina, en colaboración con Pilar García y Ekaterina Álvarez; con textos de Lucia I. Alonso Espinosa, Gilberto Borja, Pilar García, Amanda de la Garza, Enrique Graue Wiechers, Ramiro Martínez Estrada, Cuauhtémoc Medina, Ángel Miquel, Daniel Montero, Iván Ruiz, Alejandro Tello Cristerna y el maestro Manuel Felguérez; la gestión e investigación iconográfica estuvieron a cargo de Pilar García y Vanessa López García; y la investigación es de Andrea de Caso. Se trata de un libro en cuya edición colaboran la UNAM -a través de Cultura UNAM, el MUAC, el Patronato MUAC y el Instituto de Investigaciones Estéticas-; el Museo Amparo; Editorial RM; y el Gobierno del Estado de Zacatecas, a través del Instituto Zacatecano de Cultura. Esta espléndida edición puede ser adquirida en su forma impresa, pero también puede ser consultada -e incluso descargada en formato PDF- en la página del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM1. Además del valioso registro fotográfico, los textos incluidos resultan imprescindibles para un mayor acercamiento a la vida y obra de Manuel Felguérez (destaca entre ellos la entrevista que le realizó Cuauhtémoc Medina en el año 2003). Dese la oportunidad de leerlo. Que disfrute su lectura.

Contenido Novela gráfica Los años de Salvador Allende Por Mauricio Flores

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Daniel Centeno o el cuento como una de las formas de aproximarnos a la muerte Por Beatriz Pérez Pereda

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El sastrecillo y el sombrerero de Georges Simenon Por Miguel Ángel de Ávila González Seguir corriendo Por Pilar Alba

Chilpancingo en llamas [A la orilla de la carretera (crónicas desde Chilpancingo), de Vicente Alfonso] Por Carlos Martín Briceño

Giorgio Agamben o la potencia del pensamiento ante la máquina del poder Por Sigifredo Esquivel Marin

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Plié Por Dante Bécquer

Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com 1 Manuel Felguérez et al., Manuel Felguérez. El futuro era nuestro, Publicaciones Digitales, consulta 5 de septiembre de 2021, http://www. ebooks.esteticas.unam.mx/items/show/65.

Directorio

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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Novela gráfica

Los años de Salvador Allende 6 Por Mauricio Flores*

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razo y pluma sirvieron a Carlos Reyes y Rodrigo Elgueta para entregarnos un resumen (novelado gráficamente) de lo acontecido en Chile hace ya 48 años en Los años de Allende, recientemente puesto en librerías por el Fondo de Cultura Económica. Peculiar forma de narrar, buen ejemplo de este género, la novela gráfica, por fortuna generalizado en los últimos años que se sirve de la inclusión de un personaje, John Nitsch, periodista norteamericano enviado a Santiago a la cobertura del ascenso del presidente Salvador Allende. Nitsch será testigo de cada uno de los pasajes que convergieron en quizá uno de los traumas sociales más fuertes de la región, la aniquilación de un régimen democrático y la instauración de una dictadura, y hasta de un encuentro amoroso con una de las protagonis-

un nuevo ciclo histórico. “Mi Chile es ahora un país nuevo”, dice uno de los personajes. “¿Habías visto antes algo parecido?”. Desde su labor como periodista, Nitsch consignará también la ola de atentados que, perpetrados por las fuerzas conservadoras del país andino y opositoras a Allende, desplegaron a lo largo de estos mil días. No escapan episodios como la obtención del Premio Nobel de Literatura del bardo chileno Pablo Neruda, “el hijo de obrero que estrecha la mano de un rey”, ni la prolongada visita a Santiago de líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro. Pensada para durar poco más de una semana, la estancia del cubano “se extendió por casi 25 días, lo que para muchos fue casi como apagar el fuego con bencina”. Principales aliados Varios cuadros refieren el liderazgo de Miguel Enríquez, líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, uno de los principales aliados del gobierno de Allende, quien sostenía que las únicas alternativas para esos momentos eran el socialismo o el fascismo.

“El MIR sostiene que a pesar que no concordamos con cada paso de la Unidad Popular, que a pesar de que tengamos diferencias con aspectos de su política, ello no significa que tengamos que ir a la ruptura definitiva. ¡Cómo quisieran El Mercurio, La Prensa, La Tribuna que la izquierda comenzara una lucha fratricida!”. Los años de Allende concluye su narración el 11 de septiembre de 1973 (y con la incógnita del futuro de Nitsch que no se revelará aquí al lector) cuando fuerzas del ejército irrumpen en el Palacio de la Moneda, defendido personalmente por el presidente Allende. “Si quieren mi renuncia, que tengan la valentía de venir a pedírmelo personalmente. No me van a sacar vivo de aquí. Vuelvan a sus instituciones, señores. Es una orden”. Los años de Allende fue ganadora de los premios al mejor cómic, mejor dibujante y mejor guionista del Festival Internacional del Cómic de Santiago 2016. Carlos Reyes, Rodrigo Elgueta, Los años de Allende. Novela gráfica, FCE, México, 2021, 128 pp. * @mauflos

Op. Cit.

Siempre nos queda la posibilidad de que mientras otros escriban la historia nosotros hagamos la historieta. Juan Sasturain

tas de esas jornadas históricas. Los años de Allende cuenta una historia conocida: pero lo hace mediante un mecanismo novedoso, ad hoc para las nuevas generaciones, no del todo adscritas a la lectura de ensayos y textos historiográficos. Guionista (Reyes, 1967) y dibujante (Elgueta, 1971), ambos chilenos, consiguen en esta novela gráfica trasladar al lector a esos mil vertiginosos días de la experiencia libertaria chilena. Una historia, resumiría Allende, “que ustedes han realizado derrotando la soberbia del dinero, la presión y la amenaza, la información deformada, la campaña del terror, de la insidia y la maldad”. Trazo a trazo, cuadro a cuadro, el lector arma el rompecabezas “de la experiencia chilena” de llegar a un estado mejor de cosas. Un régimen de justicia, igualdad social y democracia. “Si la victoria no era fácil”, citan los autores a Allende, “difícil será consolidar nuestro triunfo y construir la nueva sociedad”. Revelan también Los años de Allende episodios de esa experiencia histórica ahora olvidados, entre más, el entusiasmo de grandes sectores de la sociedad chilena por el inicio de


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Daniel Centeno o el cuento como una de las formas de aproximarnos a la muerte 6 Por Beatriz Pérez Pereda

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na narrativa que toma como inicio la muerte: “¿Qué finales son posibles de explorar cuando la muerte es el principio o el recorrido y no el fin?”, pregunta Daniel Centeno, escritor originario de Sinaloa reconocido con el XXXV Premio Nacional de Cuento Fantástico y de Ciencia Ficción, ha sido becario del FONCA y del PECDA, entre otros reconocimientos. Su libro más reciente, y que es el primero donde reúne algunos de sus cuentos, adelanta en el título sus obsesiones literarias, No hablaremos de muerte a los fantasmas, pero no solo la muerte cabe en sus temas preferidos, sino también la mirada atenta, emotiva, con que acompaña a sus personajes, son los signos distintivos de este cuentista. Beatriz Pérez Pereda: Daniel, ¿cómo defines tu postura frente a la escritura, frente al oficio de escribir, tienes algo así como una poética o una declaración de principios como escritor? Daniel Centeno: En su cuento Happy endings, Margaret Atwood propone que todos los finales se parecen. Son los inicios los que resultan divertidos. Los finales implican a la muerte (a menos que sean falsos), y es ahí donde quisiera detenerme. De todas las formas de ficción, los cuentos son los que proveen con mayor riqueza, en el menor tiempo posible, la capacidad de enfrentarnos una y otra vez a un final. Y si Atwood tiene razón y todos los finales acaban en la muerte, ¿no serían los cuentos las distintas formas de aproximarnos a ella? Bajo esta sospecha, diría que mi poética consiste en convertir la muerte en un punto de partida; es divertirme con eso que Atwood no encuentra divertido; porque si la muerte está ahí, como una estatua inamovible, ¿no podemos pintarla de colores, cambiarla de lugar o hacerla pedazos, contar nuevas historias de cómo llegó ahí y qué sucederá después de su aparición? ¿Qué finales son posibles de explorar cuando la muerte es el principio o el recorrido y no el fin? A ese punto de partida, que es el que ha acogido todos los cuentos que he hecho hasta ahora, le llamo death fiction. La nombro en inglés porque la mayoría de mis referentes son del mundo anglosajón, por un lado, y es con sus tradiciones con las que más dialogo; además, considero que poner por delante a la muerte (death antes que fiction) explica cómo suele ser, o como ha sido hasta ahora, mi acercamiento con el

cuento. Mis cuentos proponen un vínculo entre nosotros y la muerte. Una intimidad. Y ya estando ahí, en el drama o el absurdo humano que la muerte representa como el inicio de un capítulo en la vida de alguien, tratar de mirar desde la ternura, porque ya la muerte es suficientemente dura como para negarnos entre nosotros esa gentileza. BPP: Acaba de salir tu primer libro de cuentos No hablaremos de muerte a los fantasmas, publicado por Casa Futura Ediciones, ¿cuéntanos un poco qué historias hay en este libro, cómo fue el proceso creativo, de edición..? DC: Aunque es mi primer libro, No hablaremos de muerte a los fantasmas es en realidad mi cuarto manuscrito de cuentos. Eso significa que es el resultado de búsquedas previas e insistentes. En mis otros proyectos exploré el suicidio, el fin de la muerte, los animales advirtiéndonos de lo que perdíamos… me pareció natural que el siguiente paso fuera escribir sobre fantasmas (del mismo modo en que, cuando terminé de escribir con ellos, me lo pareció contar historias de robots, ya sin humanos). Alguna vez leí que las palabras eran como fichas con las que uno le apuesta al lenguaje, cargándolas de significado hasta que otros, de tanto usarlas, se lo quitan: alguien decide apostarle todo a “la Luna”, le dedica su vida a ello, a descubrir en ella cosas insospechadas, y luego otros llegan y usan esos descubrimientos hasta

que la ficha se queda sin maravilla. A eso le llaman lugar común, y las historias de fantasmas caen ahí con demasiada frecuencia. Llevo apostándole toda mi narrativa a la muerte, llegar a los fantasmas era inevitable. Hace casi dos años, cuando comencé a darle vueltas a la idea de “los fantasmas” como una ficha más en el lenguaje, nuestra forma de aproximarnos a la vida y a la muerte, y lo que sigue a ella, me di cuenta de que la mayoría de las historias de fantasmas que había visto, oído o leído, tenían en común una serie de intransigencias: los fantasmas repiten patrones, embrujan casas, pueden mover cosas aunque no puedan sentirlas, y otras ya sabidas. Los fantasmas casi siempre significan lo perdido, aquel ciclo que debe cerrarse, la nostalgia por el pasado, la culpa… y si bien todos esos significados conviven alegremente entre sí, configurando lo que entendemos por fantasma, me pregunté si acaso no se podían añadir otros significados a esos. Si no podía yo, regresando al ejemplo, apostarle todo a la ficha de los fantasmas, y tratar de cargarla de significados otra vez para que, al leer una historia en la que aparecieran, fuera posible recuperar la belleza de un hallazgo. ¿Los fantasmas están asociados al frío? Yo los hice emitir calor, quemar incluso, unirse en cultos al fuego. ¿Los fantasmas embrujan casas? Hice que los fantasmas fueran al espacio, a otras dimensiones, que viajaran en el tiempo. ¿Y qué tal lo que hacen, acaso los fantasmas

suelen hacer algo más que aterrorizar y quejarse? ¡Démosles propósitos!: buscar su propia extinción, usar magia y demandar a los humanos, mantener vivos a sus clones… A lo mejor, al voltear a ver un libro de fantasmas, lo primero que un posible lector ocasional piensa es que se encontrará con las historias de siempre, la ficha gastada de tanto uso, pero ¿y si los fantasmas pudieran sorprenderlos otra vez? Me propuse hacer eso con este libro, entre otras cosas. Si lo logré o no aún no lo sé. Solo sé que así surgieron los 24 cuentos (25, en la edición digital) de No hablaremos de muerte a los fantasmas. BPP: Desde tu perspectiva, ¿cómo es escribir ciencia ficción o ficción especulativa en México? DC: Hace poco, por curiosidad, hice un ejercicio que todos pueden hacer y seguramente obtendrán el mismo resultado: coloqué varios libros de cuento mexicano junto a varios de cuento anglosajón. Lo que vi me abrumó (aunque ya lo sabía). Los libros de cuento anglosajón son mucho más extensos que los libros de cuento mexicano, y eso en parte se debe a que el cuento es un género poco publicado en México, o si se le publica, casi siempre es a través de un concurso que pone como límite 120 cuartillas. Con las revistas pasa algo similar: mientras que la extensión de un texto anglosajón puede ir desde las 100 palabras o menos hasta las 25,000, aquí en México lo casual es encontrarnos con convocatorias de 1,000 palabras, con


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excepciones de hasta 4,000. Parece que me salgo del tema, pero quería poner en contexto la dificultad que supone la publicación de cuento en México, porque a menos que ya tengas pautada de antemano la publicación, será difícil escapar de libros con cuentos breves y que no rebasen una determinada cantidad de cuartillas. Lo que en parte condiciona el modo en que se escribe cuento en el país, y también, me atrevo a decir, los géneros que se escriben. Un escritor que ha sido jurado de muchos premios me contó una vez que de todos los que había precedido solo uno lo ganó una obra de corte especulativo. El resto: realismo. En México no es que sea difícil escribir ficción especulativa, lo difícil hallar en dónde publicarla, lo que hace que dedicarse a escribir cuento en código de especulación sea una tarea doblemente ardua: por lo que supone el cuento en sí como género y sus limitantes de extensión, y porque casi siempre el realismo impera. Esto ya se ha dicho muchas veces: especular no es un acto de evasión tanto como de resistencia. En este caso, de la imaginación. Por eso me alegré cuando supe del lanzamiento de Casa Futura Ediciones, donde acabaría publicándose mi libro. Saber que se abría un espacio para la imaginación fue un alivio. BPP: Eres muy activo en redes sociales,

¿cuál ha sido el papel de estas plataformas en tu vida de escritor? ¿Cómo es la relación con tus lectores? DC: Estoy siempre agradecido con los lectores, que también son muy activos: comparten mi trabajo, lo comentan, me hacen saber cómo se sintieron. Hablando de las redes en sí, Twitter me dio la alegría de la publicación de mi libro. Escribí que autopublicaría toda mi obra y entonces recibí la propuesta para leer mi libro de fantasmas, con la intención de publicarlo de forma tradicional. Hace poco conseguí, también en Twitter, la oportunidad de que mi libro formara parte del club de lectura México Lector, como su libro del mes de junio. Y, sin ir más lejos, gracias a Twitter fue posible esta entrevista, pues ahí te conocí. BPP: Háblanos un poco de tu biblioteca personal, qué hay, qué estás leyendo, a qué autores vuelves siempre, etc. DC: Tengo todos los libros de cuento de Raymond Carver, que es mi escritor favorito de todos los tiempos y la razón de que sea tan exigente con todo lo que leo, pues me inicié en el cuento leyendo los suyos. Tengo varios de Alice Munro también, cuyo cuento Dimensiones me hizo enamorarme del género. Últimamente estoy engrosando mi colección de Fullmetal Alchemist, el manga, en una edición preciosa en pasta dura. Hay mucho cuento en mi librero, aunque hay más novela. Sin querer, coincido con Guiller-

mo del Toro: en una conferencia, él dijo que si por ejemplo quieres hacer una película de monstruos, veas de romance, y así estarás en posición de aportar algo nuevo al terror. Mi librero está lleno de novelas realistas, supongo que porque la larga extensión y el realismo me ayudan a aportar algo al cuento breve especulativo.

Gen fantasma, fragmento. Recuerdo a Dany, luego de la muerte de Nadia, llenando el árbol con figuras de origami. Me pidió cargarla en mis hombros para alcanzar las ramas y colgar ahí sus grullas y sus toros y sus jirafas. Ella les había preguntado a sus abuelos maternos si volvería a ver a su madre y ellos le dijeron que era muy chica para entender esas cosas. Yo, en cambio, me senté a su lado en la cama y le expliqué: su madre no sería un fantasma. Dany, sin entender, me preguntó si ella había tenido la culpa. ¿Es porque le quité algo a mami cuando me tuvo? Le contesté que no: Tú no le quitaste nada a mami. Mami estaba completita. Mami se fue sin que le faltara nada. Aun así, Dany se había levantado una mañana, semanas después de perder a su madre, y dijo

que al fin había terminado de hacer lo que necesitaba. Entonces colgamos los animales, que había puesto sobre la mesita de su cuarto, unos juntos a otros, como en un pequeño zoológico donde las criaturas se repetían.

Daniel Centeno (Los Mochis, Sinaloa, 1991), es escritor, ganador del XXXV Premio Nacional de Cuento Fantástico y de Ciencia Ficción y mención honorífica en el XVI Concurso Nacional de Cuento Juan José Arreola. Autor de No hablaremos de muerte a los fantasmas (Casa Futura Ediciones, 2021), ha publicado en las revistas literarias Luvina, La Cigarra, Visor, Tierra Adentro, Opción (ITAM), Axxón, Punto en Línea, Rojo Siena y Penumbria. Algunos de sus textos aparecen en la Antología de letras, dramaturgia, guion cinematográfico y lenguas indígenas Jóvenes Creadores 2017- 2018 y la Antología I & II Certamen Literario Internacional 2015. Fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) 2017-2018 en la categoría de Cuento, y del PECDA Jalisco en 2020-2021, también en la categoría de cuento.


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Río de Palabras

Libros

El sastrecillo y el sombrerero de Georges Simenon 6 Por Miguel Ángel de

Ávila González

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ste relato transcurre en un café de un tranquilo vecindario que comienza a vivir atemorizado a causa de las sucesivas muertes de mujeres que han acontecido en las últimas semanas. Un respetable comerciante de La Rochelle, quien es dueño de una sombrerería, acude cada día al Café des Colonnes para jugar una partida de bridge y beber dos copas de vino blanco. Es estimado por todos. Nada parece indicar que en realidad es un asesino en serie que ha matado a su mujer. Monsieur Labbé esconde el cadáver de su esposa en el sótano de la casa mientras les dice a todos los vecinos que ella se ha quedado paralítica y no puede salir de su habitación. Finge ser un solícito marido dispuesto a cerrar antes de hora la sombrerería para atender las necesidades de su cónyuge lisiada. ¿Cómo un hombre respetable y aparentemente normal, apreciado por sus vecinos, termina revelándose como un asesino en serie? ¿Qué empuja a una persona estimada por todos a asesinar a su esposa y enterrarla en el sótano de su casa sin decirle a nadie lo que ha sucedido? Para todos la señora Labbé sigue viva, está paralítica, por ello no sale de su habitación. Todos los días el sombrerero le sube sus alimentos, mismos que se come o tira en el baño. Siempre que sale pronuncia una de sus frases rituales: “Voy a ver si Madame Labbé necesita algo”, mientras ordena a Valentín, su ayudante, que cierre la tienda. Pero a Labbé se le presenta un problema, su esposa tiene cinco amigas que la visitan una vez al año, entonces hay que aniquilarlas. En efecto, cinco mujeres han apa-

recido asesinadas en la ciudad, empero desde el tercer asesinato la ciudad entra en pánico y se ofrece una cuantiosa recompensa a quien proporcione datos que contribuyan a descubrir al asesino. Un periodista, de nombre Jeantet, mantiene con el anónimo asesino un macabro diálogo a través de las páginas de un diario local. Entretanto, un sastre empobrecido, procedente del cercano Oriente

y apellidado Kachudas, descubre casualmente un indicio sospechoso en la ropa de Labbé. Aterrorizado, decide guardar silencio a pesar de la tentadora recompensa que podría obtener si lo delatara, pero las muertes continúan. El sastre Kachudas es uno de los personajes fundamentales que funciona como contrapunto. Su taller se encuentra frente a la sombrerería y cada día persigue a León Labbé al cerrar el

Seguir corriendo 6 Por Pilar Alba

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etente, no tiene caso. Para qué seguir corriendo. Crees que haciéndolo huirás de esto. Donde quiera hay problemas, ruido, penas. Donde quiera hay muertes, sequía, desolación. Correr solo agotará tus fuerzas, debilitará tus huesos, agotará el agua de tu cuer-

po. Quedarás deshidratado, cansado y roto; voltearás y verás frente a ti una vez más esa amenaza de la que has estado huyendo. La verás frente a frente, te mostrará sus ojos llenos de furia, asestará contra ti su puño lleno de ira y llorarás, hasta que la poca agua de tu cuerpo se agote. Completamente reseco tu cuerpo se desmoronará y

se integrará una vez más a la tierra. Ya ves, por eso no tiene caso, para qué seguir corriendo. Es mejor esperar tranquilo a que la amenaza te encuentre sereno, sentado en el sofá de tu casa. Llegará te mirará, asestará contra ti su puño y aunque te desmoronarás y te integrarás a la tierra, le costará más trabajo.

comercio. Los comerciantes, que habían sido los primeros en sufrir las consecuencias del pánico, fueron también los primeros en organizar patrullas. Pero ¿acaso habían podido evitar estas patrullas la muerte de Madame GeoffroyLambert y la de Madame Léonide Proux, la comadrona de Fétilly? El final es digno de una estupenda novela. Los fantasmas del sombrerero logran que, como lectores, nos convirtamos en cómplices de alguien que vivió sometido por una mujer inaguantable, al menos así lo sentía él En ocasiones, el escenario y el contexto donde se sitúa la acción pueden llegar a contar más incluso que la propia historia. El ambiente se erige entonces como un personaje sobre el que los demás toman cobijo, se relacionan entre sí, se desarrollan y crecen. Georges Simenon toma el modelo de autores, como Truman Capote, que se empeñaron con ahínco durante gran parte de sus vidas, para adentrarse en la psicología de un asesino. No se trata de juzgar, sino de indagar en el interior del ser humano para descubrir sus motivos, ese fin en sí mismo que le lleva a actuar así. Nos encontramos ante una novela negra clásica. Hay intriga, suspenso y sorpresa, en un contexto sobrio y un ambiente en el que destacan los detalles sobre la acción principal. De lectura visual, Simenon muestra a los personajes entrando y saliendo de escena. Y como en las mejores novelas, el momento álgido llega al final, cuando lo narrado provoca ironía y tranquilidad. *** Georges Simenon, El sastrecillo y el sombrerero, Relatos policiacos de intriga núm. 3, publicación mensual, Editora de periódicos LA PRENSA, México, 1977.


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Chilpancingo en llamas 6 Por Carlos Martín

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oca gente ha de querer vivir en Chilpancingo, la “peor ciudad para habitar en México”, según encuestas realizadas en los últimos años. Pero Vicente Alfonso, en el 2016, debió trasladarse allí con su familia durante un tiempo por causa del trabajo de su esposa. A partir de esta circunstancia comenzó a escribir (lo ha dicho en una entrevista) “una colección de asombros, de dudas, de alguien que llega y descubre algo que daba por visto nada más porque había pasado por ahí”, que al cabo le serviría para fraguar el libro A la orilla de la carretera (crónicas desde Chilpancingo), el cual le valió obtener el Premio Nacional de Crónica Literaria Carlos Montemayor 2018. Desde las primeras páginas de este volumen publicado recientemente por la Universidad Autónoma de Nuevo León, uno entiende que se trata de un conjunto de textos donde el autor hace partícipe a los lectores de su confección, acercándoles asuntos que a diario llaman fuertemente su atención. De allí que la crónica con la que abre, ¡La basura, jefa!, se refiera a un problema que afectó directamente a su familia: el pésimo servicio de recolección de desperdicios en la capital de Guerrero. Este relato, que ejemplifica muy bien la descomposición de las cosas en esta capital, le sirve como preámbulo para entrar de lleno a temas más duros, como la violencia de género y las desapariciones forzadas, pues como bien apunta al final del texto “a veces algunas de esas bolsas no contienen basura y son levantadas por agentes del Ministerio Público y del Servicio Médico Forense”. A partir de ese capítulo, siguiendo las huellas de Carlos Montemayor, quien también visitó la zona treinta años atrás con el fin de escribir su Guerra en el paraíso, Vicente Alfonso se enfrasca en una investigación periodística que abarca varios temas relacionados entre sí. Desde el recuento de las muertes y desapariciones de estudiantes atribuidas al crimen organizado hasta terminar con un intento de valorar los pros y contras de la existencia de los grupos de autodefensa y policías comunitarias, pasando por la persistente búsqueda del informante militar que proporcionó a Montemayor los datos principales para su polémica novela. Una de las cosas que más se agradecen en este libro es que el autor, para atemperar la crudeza de los acontecimientos, intercala, de pronto, anécdotas o recuerdos relacionadas con las letras. Por ejemplo: al relato ¿Dónde están?, que

/// Vicente Alfonso, autor de “A la orilla de la carretera (crónicas desde Chilpanchingo)”. Foto de su FB.

se refiere a la desaparición del músico Rosendo Radilla Pacheco (emblemática víctima de las desapariciones forzadas de la “guerra sucia”, cuyo caso llegó hasta la CIDH) le sigue Por los caminos del sur, donde el cronista evoca que fue en estas rutas, mientras manejaba un Opel blanco por la México–Acapulco, cuando García Márquez supo cómo debía de escribir Cien años de soledad, la más celebrada de sus novelas. Este tipo de alternancias temáticas mantiene viva la curiosidad sin que el ánimo para continuar decaiga. Además, para darle una directriz certera a su trabajo, Vicente Alfonso se apoya en la experiencia de otros y entrevista a personajes clave quienes aportan datos sustanciales a su investigación. Un encuentro lleva a otro. Se cita con Juan Villoro quien le da la idea de “acomodar sus pasos sobre las huellas de Montemayor”; conversa con Salvador Martínez Della Rocca, una de las voces incluidas en La noche de Tlatelolco (Elena Poniatowska, 1971) y amigo íntimo de Carlos Montemayor; bebe café con la periodista Laura Castellanos, autora de México armado (ERA, 2007) y de numerosos reportajes sobre movimientos armados en nuestro país, quien le sugiere entrevistar al exgobernador y exguerrillero (formó parte del grupo de Lucio Cabañas) Rogelio Ortega Martínez. Finalmente será este, en un encuentro al que accede después de mucha insistencia, quien concluye con una reflexión lapidaria cuando el cronista le pregunta si hay alguna manera de lidiar con los poderes fácticos en Guerrero: “Los señores del narco están allí porque es un gran negocio. Hay un producto prohibido que tiene gran demanda y unos campesinos en la pobreza absoluta para quienes cosechar diez kilos de goma es más rentable que cosechar diez toneladas de maíz. Esa es una parte que hay que entender y explicar. Si no se entiende y no la sabemos explicar, el campesino que siembra es un delincuente”. Algunos pasajes personales del cronista contribuyen a dar mayor fuerza al libro. Así como el que narra el autor cuando asesinan a un hombre a las puertas del kínder de su hija, a vista y paciencia de maestros y párvulos, o el otro que vive cuando sube con un guía a la sierra de Atoyac, corazón del cultivo de la amapola, y escucha a lo lejos tres balazos que bien pudieron haber sido destinados a él. A la orilla de la carretera (Crónicas desde Chilpancingo) es una lectura de palpitante actualidad en estos días violentos porque nos recuerda que, a más de medio siglo del surgimiento del Partido de los Pobres en Guerrero, sus demandas de justicia siguen sin ser atendidas.

Libros

[A la orilla de la carretera (crónicas desde Chilpancingo), de Vicente Alfonso]


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Giorgio Agamben o la potencia del pensamiento ante la máquina del poder

La Danza del Salmón

6 Por Sigifredo Esquivel

Marin

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iscípulo de Martin Heidegger y traductor de Walter Benjamin al italiano (lo cual es más que evidente) es un pensador clave del mundo actual. Y aunque mi amigo y admirado maestro, Raymundo Mier haya dicho, en innumerables ocasiones, que no es sino un profesor que aporta con corrección sus lecciones y apostilla lecturas, y que está muy lejos de Foucault, Deleuze, Derrida y Lyotard, quizá tenga en parte razón, empero, las obras de Agamben nos permiten una doble lectura del pensamiento actual. Renueva la tradición y problematiza el presente desde su apertura transformadora. Ha repensado las categorías de biopolítica de Foucault y dispositivo de Deleuze bajo una lectura poderosa y renovadora de los clásicos, y en particular de Aristóteles. Destaca la noción de potencia como apertura intempestiva siempre presente. La experiencia de la potencia como algo absolutamente fundamental, potencia que conlleva de manera esencial la impotencia; sin privación de la potencia no se puede entender, las nociones de acto y potencia, y por ende, la metafísica en su conjunto, de ahí que la pasividad de la potencia, su latencia siempre virtual e inactual está más allá de la dupla acto-potencia, y por ende, más allá de toda realización como horizonte no realizado; está ahí como reserva inagotable, pasividad y receptividad puras, como conservación y perfeccionamiento, acrecentamiento: potencia que “dándose a sí misma, se salva y acrecienta en el acto. Ella nos obliga a repensar completamente no solo la relación

Río de Palabras

6 Por Dante Bécquer

V

a caminando, con paso apresurado, la mente está en blanco justo después de descender del camión. Ha puesto en su mochila lo necesario: un pantalón deportivo negro, calcetas limpias y una playera blanca en “V”; una botella de agua en la mano y todas las ganas del mundo por aprender lo que siempre le fascinó. Está por entrar a la escuela, ve que entran y salen varias niñas “enchongadas”, y empieza la confusión en su cabeza: “¿A qué vine? ¿Será correcto lo que hago? ¿Cómo lo voy a explicar en mi casa, con mis amigos, en la primaria?”, “seguro se burlarán”, se decía, justo al pasar la puerta. “Será mejor regresar y jugar al caico con los de la calle”, murmuraba entre dientes. “¿Vas a pasar?”, escuchó la voz fuerte de una mamá apresurada por recoger a su hija, mientras él seguía indeciso en la puerta, y ella le miraba enojada con cara de entra o hazte a un lado. “¡Sí, ya voy!”, co-

entre la potencia y el acto, entre lo posible y lo real, sino también a considerar de modo nuevo el estatuto de creación y de obra, y en la política, el problema de conservación del poder constituyente en el poder constituido. Pero es toda la comprensión del viviente lo que debe cuestionarse” (La potencia del pen-

samiento, Anagrama, 2008, 299). Perdón por esta cita extensa, creo que aquí se encierra gran parte del núcleo de sus ideas, sus propuestas y apuestas políticas, vitales e intelectuales. Homo Sacer (Editorial Pre-textos, 2004) es uno de sus mayores trabajos. Problematiza la noción de vida desnu-

da sin más y sin metáfora alguna, la vida del ser humano contemporáneo como un ser al borde de la destrucción y la barbarie; sobreviviente extremo que nos ayuda a entender el complejo panorama de exilio y migraciones forzadas, así como las nuevas formas de control planetario de las políticas sanitarias orquestadas por la Pandemia del Covid-19. En todo momento, Agamben elucida aquello que despliega lo contemporáneo. Lo distingue de lo actual y de la moda, ser contemporáneo exige situarse en el umbral del presente de cara al porvenir como horizonte abierto. Ser contemporáneo –nos recuerda (en La desnudez, Adriana Hidalgo, 2011, 28)– no solo es percibir la oscuridad del presente, esclarecer su juego de claroscuros y penumbras, sino aferrarse a una luz que no llega a su destino, pero que nos permite dividir y encetar el tiempo en temporalidad que se bifurcan y nos sitúa justo en la bisagra de estar en “condiciones de transformarlo y ponerlo en relación con otros tiempos”, de leer en el tiempo presente, de manera inédita, la historia que se actualiza ahora. De manera personal, considero que su mayor aportación reside en la noción de La comunidad que viene (Pre-textos, 2006) como apertura de lo imposible, recuperando la noción marginal del Cualsea, Don Nadie –en castellano, con toda la carga semántica de singularidad e indiferencia e incluso insignificancia imperceptibles que se alberga en lo común como potencia inefable. Quizá Mier tenga razón, y Agamben sea un pensador menor, pero, después de Heidegger: ¿quién es ahora un gran pensador? ¿Y por qué desdeñar esos pensadores menores que nos ayudan a entender y atender las vicisitudes del presente?

Plié

mentó inseguro, pero dando el paso hacia adelante para dejar pasar a la señora. “No importa lo que digan, solo será una clase”, se decía para entrar con más valor. Ya sin saber cómo, ingresó en el vestidor. “El tuyo es en el baño”, se escuchó una voz chillona de la chica asistente. “Muy bien”, contestó. Era de suponerse, pues él no era común ahí. Pronto comenzó a cambiarse, aún con dudas. “¿Y si no les gusto?, ¿si me miran feo... o raro?, ¿qué les diré?”. Dio un respiro, salió del baño y se formó en clase hasta el fondo. Los cuchicheos en el calentamiento comenzaron… “Buenas tardes niñas”, se oye la voz de la maestra... “¡Perdón! Y niño. Como sabrás, no estamos acostumbradas”. Desde las buenas tardes, todas ya estaban formadas a un costado de las barras,

de frente a la maestra, muy derechitas. Él hasta el fondo, de espalda encorvada por tanto jugar canicas. “¡Pásate al frente, muchacho!”, se escucha nuevamente la voz de la maestra siempre con voz de autoridad. Camina por en medio de la clase sintiendo las miradas, unas de desconcierto, otras de curiosidad. “Ponte atrás de Lupita para que veas qué hace y te guíes”, vuelve a comentar pero sin bajar la voz de mando. “Ahí, muchacho, eres el segundo en fila”, proseguía mientras colocaba el “play” del CD. Su corazón retumbaba hasta los oídos, creía que todas escuchaban sus latidos, estaba a un paso de correr, sudando frío, no sabía si gritar, llorar, reír, eran muchos sentimientos al mismo tiempo. De pronto, escucha el piano y una cierta paz empieza a llegar.

Con voz natural, la maestra dice: “Primera”. “Madre de Jesús -piensa- ¿acaso es con velocidades esto?”. “¡Sigue a la de en frente!”, le grita la maestra de manera enérgica, pero tranquila. Él vio, respiró y al escuchar “Plié” lo entendió todo.


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La Gualdra 493 by La Jornada Zacatecas - Issuu