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La Gualdra 293

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SUPLEMENTO CULTURAL

NO. 293 /// 15 DE MAYO DE 2017 /// AÑO 6

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

Rulfo 100 Años. Foto de Federico Martínez

“Así nos han dado esta tierra. Y en este comal acalorado quieren que sembremos semillas de algo, para ver si algo retoña y se levanta. Pero nada se levantará de aquí. Ni zopilotes. Uno los ve allá cada y cuando, muy arriba, volando a la carrera; tratando de salir lo más pronto posible de este blanco terregal endurecido, donde nada se mueve y por donde uno camina como reculando. Melitón dice: -Ésta es la tierra que nos han dado”. Juan Rulfo, “Nos han dado la tierra”, en El llano en llamas

[Número especial: Rulfo 100 Años]


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LA GUALDRA NO. 293 /// 15 DE MAYO DE 2017 /// AÑO 6

La Gualdra No. 293

Editorial A 100 años del nacimiento del escritor mexicano Juan Rulfo, hay quienes se siguen preguntando por qué no escribió más; como si la calidad de la literatura, de la pintura, del arte en sí, pudiera medirse por la cantidad de obras publicadas o exhibidas. Después de leerlo varias veces –lo he leído sin pudor y sin reparo-, de degustar cada uno de los cuentos del Llano en llamas, de volver a recrear la historia de Pedro Páramo –y encontrarme a veces sí y a veces no en el refugio de sus muertos-, después de ver en repetidas ocasiones la historia del Gallo de oro, creo que Rulfo decidió no escribir más no porque no tuviera qué decir, sino porque había dicho lo que había querido, de la forma que lo había pensado, y se encontraba satisfecho. Qué difícil debe ser para un artista sentirse satisfecho, pero tengo la sensación de que así fue. Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno nació un 16 de mayo de 1917 en Sayula, Jalisco, justo en la época en que de la Revolución se iba haciendo apenas un recuento de los daños; en la misma época en la que Francisco Goitia pintaba uno de sus primeros ahorcados. Juan tenía 36 años cuando El llano en llamas fue publicado por primera vez y 38 cuando salió al mercado Pedro Páramo; años atrás había iniciado con su labor fotográfica. Rulfo tuvo siempre una conexión inescrutable con la imagen, sólida, una especie de matrimonio que lo atormentó hasta sus últimos días; y digo esto porque cuando uno ve sus fotos imagina el sufrimiento del autor por capturar el paisaje en el momento preciso, cuando la luz devela ese detalle efímero y cruel. Sí, primero fueron sus fotos, pero él siguió capturando imágenes para recrearlas también con palabras. Suyo es el sufrimiento de ver perecer en un instante lo que más se ama por efecto de la luz. Y ese sufrimiento también conlleva algo de placer, lo sublime es así. A Rulfo lo puede leer cualquier persona que ha pisado la tierra resquebrajada por la sequía, que ha visto polvaredas inmensas en un campo con sed y volverá a sentir la resequedad en los ojos, las plantas de los pies ardientes, la lengua seca. Lo puede leer quien ha padecido la pobreza o quien la ha visto de lejos como si no fuera de este mundo la aflicción de los otros; puede, incluso, leerlo quien ha sentido la pesadumbre de la traición y la injusticia,

y seguramente volverá a comprobar que la sangre hierve más pronto que el agua del jarro sobre las brasas. Pero habrá quien también lo lea sin haber tenido de cerca una situación como las anteriormente descritas y aun así sentirá que es suya la historia; porque Rulfo habla de la vida y de la muerte, con todo el realismo y la fantasía que éstos conllevan: nadie saldrá vivo de aquí. Léalo si aún no lo ha hecho, no creo exagerar cuando digo que padecerá su literatura hasta amarla inexorablemente. Juan Rulfo vivió en la Ciudad de México en el edificio Nazas 45, en la misma época que vivió ahí el pintor zacatecano Pedro Coronel; ambos compartían también su gusto por el arte y entre otras cosas, por el alcohol. Fernando Barrientos del Monte, autor de Juan Rulfo: el regreso al paraíso, cuenta que en ocasiones Clara, su esposa, lo encerraba en casa para que dejara de beber, pero “Rulfo, en lugar de tranquilizarse pegaba con su zapato a la pared, y el pintor Pedro Coronel, su vecino también, salía a la banqueta y Rulfo le descolgaba con un cordel dinero para que le comprara una botella de tequila o ron”,1 su amigo le buscaba la botella y se la regresaba también mediante el cordel. Lejos de pretender demeritar al escritor, cuento esta anécdota para mostrar que a ambos les unía una gran amistad; tan así fue que en dos ocasiones Rulfo escribió para las exposiciones del pintor zacatecano: en 1954 hizo el texto de presentación para la primera exposición individual de Coronel en la Galería Proteo y 10 años después para la exposición que tuvo en la Galería de Arte Mexicano. Rulfo visitó Zacatecas. Rulfo sigue aquí y en todos los rincones del país. Es éste número gualdreño un sencillo homenaje al escritor, al ser humano que escribió muy poco pero lo suficiente para ser recordado como uno de los escritores más representativos de la literatura mexicana. Mi agradecimiento a todos los autores que participan en este número especial. Que disfrute su lectura.

Contenido Todas las rocas se desmoronan con el viento Por Francisco Javier González Quiñones

Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com 1

Barrientos del Monte, Fernando, Juan Rulfo: el regreso

Engracia Por Humberto Mayorga Por siempre Rulfo Por Edgardo Herrera

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Aquel señor llamado Juan Por Mauricio Flores

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¿No oyes cómo rechina la tierra? Por Alberto Huerta Fotos de César Ramos y Federico Martínez

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Las llamas que nunca han de extinguirse Por Carlos Flores La muerte y la soledad Por Emiliano Campech Correa El Gallo de Oro y el cine Por Adolfo Nuñez J. Desayuno en Tiffany’s, mon ku Pedro Páramo, de Carlos Velo Por Carlos Belmonte Grey

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Comala Por José Agustín Solórzano

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Juan Por Pilar Alba

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al paraíso, Colección Jalisco, Serie biografías, Jalisco, Edi-

Directorio

torial Universitaria, 2007.

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita y Enrique Martínez Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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6 Por Francisco Javier González Quiñones

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Mejor será no regresar al pueblo, al edén subvertido que se calla en la mutilación de la metralla. (El retorno maléfico. Ramón López Velarde)

sí como la aurora languidece en el crepúsculo y sucumbe en el ocaso de la noche, las piedras se fracturan y se desvanecen con el soplo del viento. Así también se va la vida, en cíclicos días que la memoria no quiere dejar ir, porque se nutren de los momentos, incluso de los instantes, que los conforman. En los recuerdos la memoria engendra la nostalgia y la imaginación juguetea con ambas. Vivimos atados a los linderos de nuestras realidades y confundidos por los espejos de las ilusiones. Todos, en alguna etapa de la vida, hemos sido inquietados con flashazos internos que nos revelan la extraña sensación de estar viviendo momentos que con anterioridad ya habíamos vivido, esa misteriosa sensación, llamada déjà vu, resucita instantes muertos y les da fugaz vida. Sobre la relatividad de la muerte, desde hace mucho los científicos hablan de la posibilidad de viajar en el tiempo y revivir el pasado, en fechas más recientes teorizan sobre nuestra realidad, equiparándola a un holograma cuántico. Será acaso que la vida es una ilusión proyectada en el plano espacio tiempo. Este plano conceptual es el andamiaje de la novela Pedro Páramo, esa obra literaria es una realidad fragmentada por la fractura del espacio y el tiempo en el que se desenvuelven sus personajes. Con su magistral novela, Juan Rulfo, como un verdadero demiurgo, da vida a los muertos y los nutre de los recuerdos de la desolada Comala, el paraíso terrenal de Pedro Páramo y el infierno de muchos que les tocó la suerte de ser parte de la vida de ese cacique. Detrás de esta novela, hay años de lecturas, viajes, reflexiones, paisajes, escritura y búsqueda de una forma de narrar la historia que antes de ser escrita ya vegetaba en la cabeza de su autor. En su afán de escribir esa novela, Juan Rulfo tuvo que desandar parte del camino andado y también tuvo el valor, pero sobre todo la honestidad, para deshacerse del lastre

/// Iván Muñoz AKA Ivanko Moses-Lee. No están ustedes muertos (Pedro Páramo). Fotografía digital

de su primer intento de novela, calificada por el propio Rulfo tan mala, por retórica y alambicada, que prefirió destruirla. Más adelante, liberado del lastre del ego del principiante y del abuso de los adjetivos, comprendió que el sustantivo es la sustancia de la narración. Con esa convicción emprendió la escritura de los cuentos de El Llano en llamas, ese ejercicio narrativo le permitió encontrar la estructura, que necesitaba para escribir su novela. La clave se la dio Luvina, “un cuento de atmósfera enrarecida, semifantástica, perfecto umbral al mundo fantasmagórico de Pedro Páramo”. Luvina es el cuento angular de la estructura que más tarde da la pauta para construir los cimientos de la novela Pedro Páramo, también es el texto que le permitió a Rulfo entender

que los fantasmas de su novela deberían hablar por sí mismos, no guiados ni manipulados por un escritor ventrílocuo. Pedro Páramo es una novela que aparentemente no tiene estructura, pero en realidad es su estructura lo que la sostiene y la hace tan singular. Para Joaquín Soler Serrano, el excelente entrevistador español, es una obra que “tiene un planteamiento muy maquiavélico. Despliega una técnica muy complicada para contar desde todos los planos posibles las historias que forman la historia de Pedro Páramo”. Esa multiplicidad de planos e historias, aunado a la lógica irracional que caracteriza la línea de la novela dificulta su lectura. Pero, aun así, gracias a la precisión y economía de su lenguaje, es posible disfrutarla. Es

un lenguaje plasmado en una poesía que más que describir paisajes, emular expresiones y reproducir sonidos, transfigura la sorpresa del lector en una empatía con la que se sumerge en el dolor y la esperanza de los personajes rulfianos, a pesar de la violencia, el rencor, la envidia y la maldad que palpita detrás de la aparente serenidad de esos personajes. Los amaneceres, atardeceres y anocheceres en Comala, son sólo fragmentos del tiempo trastocado por los impulsos de vida y muerte, de semilla y fruto, de lluvia y sequía, de alegría y tristeza. Efluvios de las palpitaciones y acordes de la efímera vida en un paraíso terrenal convertido en un páramo poblado de fantasmas. Una precaria vida de pedregosos entresueños desvanecidos por el viento.

Rulfo 100 años

Todas las rocas se desmoronan con el viento


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Engracia Rulfo 100 años

6 Por Humberto Mayorga […] ella no se imaginaba a la muerte sino de un modo tranquilo: tal como un río que va creciendo paso a paso, y va empujando las aguas viejas y las cubre lentamente; más sin precipitarse como lo haría un arroyo nuevo. “La vida es muy seria en sus cosas”, Juan Rulfo, toda la obra

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unca se oyeron ladrar los perros, pobrecillo del difunto, a lo mejor sí se lo merecía. Cuando su padre lo mató, el pueblo estaba apaciguado prendiendo las veladoras a sus santitos. Apenas se oían algunos grillos y las ranas que cantaban cercas del río. Los ruidos de la cascabel ya se habían largado a dar lata por otra parte. Eran las siete de la tarde, las nubes se acomodaron entre los cerros que antes daban árboles grandes y verdosos. Ya no hay nada de eso. Mariano estaba sentado abajo de un pino, su sombrero de palma le hacía una sombra que no lo dejaba verse. Algunos campesinos se recogían a sus casas después de haber hechos los surcos. Ni cuenta se dieron del bulto. Su padre siempre fue buen cristiano, trabajador, buen esposo, al menos eso nos hizo pensar. Todos los domingos se confesaba. Diario cargaba con su rifle y el machete, regresaba montado en su mula con un tercio de leña. Trajinaba en su barbecho acariciando la milpa y quitando la yerba mala. Buena gente. Engracia era la chiquilla más bonita del pueblo. Se encargaba de llevarles

/// Federico Martínez

qué comer a los dos. Nacidos en la ladera, nunca les faltaron las gordas tiznadas por los brasas ni el agua bien fresquecita que antes manaba del cerro. Estaba rechula la condenada, los chapetes colorados ya eran codiciados por los hombres de la región. La baba se le iba al suelo nomás de pensarla cerquitas de su cuerpo. Lenguas de doble filo dicen que fue su culpa. Le gustaba contonearse enfrente de quien se le quedara viendo. Asomaba sus pechos firmes bañados de agua tibiada por el sol. Eso nomás

cuando salía de bañarse a escondidas de los mirones. El caso es que la hallaron cercas del río con la boca abierta y los brazos extendidos como formando una cruz. La amancillaron a la mala. El viejo la divisó a lo lejos, tirada, hecha trizas. Estaba seguro de quién había sido el fulano que la dejo así, toda arañada y con la sonrisa torcida. Conoció los pasos del tipo. Lo siguió hasta dar con él. El árbol que antes les sirvió de columpio le daba sombra mientras descansaba con desparpajo. Fue el difunto Mariano. Los que

Por siempre Rulfo 6 Por Edgardo Herrera*

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uan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, el celebrado Juan Rulfo, ha obtenido la trascendencia por intermedio de dos obras. Cuando se tiene algo que decir y la manera apropiada de decirlo, no es necesario ser muy prolífico para lograrlo. Sólo con Pedro Páramo era suficiente para pasar a la posteridad. Al leer a Rulfo, uno se pregunta cuál de los asombros encontrados es el dominante. ¿Podría ser esa manera suya de convertir lo fantástico en verosímil, el uso preciso del lenguaje coloquial, o esa natural forma de convertir sus descripciones en poesía? Es complicado otorgar un dominio de estas características sobre las otras, pero juntas producen un efecto maravilloso; es algo que sólo la abstracción de un lector puede percibir, una electricidad que recorre tu cuerpo y que se evidencia en los vellos erizados de tus brazos. Y uno, en plena efervescencia de la edad, con esos enormes deseos de escribir y de lograr algún día producir esas

/// César Ramos. Me dijeron que acá vivía mi padre

mismas sensaciones en los lectores, se dice en alguna pausa de la lectura: Dios, yo quiero hacer esto. Luego, cuando al final te enamoras de un género como el cuento, y vas y vienes como una esponja en la inventiva de los maestros, siempre regresas a esos cuentos entrañables de El llano en llamas. Es algo curioso, la literatura no se reduce a un contexto espe-

cífico, no sólo puedes reconocerte en la literatura de tu país, es el mundo el que late en las páginas de un buen libro. Pero hay otros ingredientes que logran que prefieras a unos libros y a unos autores sobre los otros; a lo largo de los años he llegado a la conclusión que se trata de un simple asunto de empatía, de perfecta comunicación. Como cuando te acercas a un viejo narrador de

bien lo saben, dicen que nomás retumbó entre los cerros su aullido. Ni una lagartija hubiera corrido en su auxilio. Pobre desgraciado. El Don llegó al pasito, al pasito, con la habilidad de la serpiente atrás de su presa. Le dio de piedrazos hasta que de un machetazo lo despescuezó. Puros cachitos quedaron pa’ los animales que cuidaban de las labores en el campo. Se la pasaban ladrando, ese día no. Pobre de la Engracia, ella quería bien a su hermano.

historias y te atrapa de manera inmediata, es el encuentro sublime, cuando la historia relatada encuentra por fin alguien que termina de construirla. Creo que en mi caso, como alguien que mira desde afuera, puedo decir que conozco mucho más de México gracias a Rulfo, que a la época de oro del cine mexicano o a los grandes intérpretes de su música popular. No podría dejar de mencionar el tema social. ¿Cómo utilizar el arte, la literatura, como vehículo de la denuncia y la protesta? Plantear los problemas sociales de manera artística sin caer en el panfleto o la simple posición política. En muchos cuentos de El llano en llamas se toma el asunto social de una manera extraordinaria. Lo que nos duele de nuestra tierra y que se decide poner en la hoja, como un simple agregado que de manera tangencial, pareciera rozar a los personajes. En Colombia tenemos un caso parecido con la novela La casa grande, del escritor Álvaro Cepeda Samudio. Es simple, todo aquél que llegue en determinado momento a la frase: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Paramo”, está condenado física e inexorablemente a un encuentro maravilloso. *Colombia.


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Aquel señor llamado Juan 6 Por Mauricio Flores*

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ace días que vuelvo con insistencia a los libros de Emmanuel Carballo (1929-2014). Al menos a dos de sus títulos, Diario público 1966-1968 y Párrafos para un libro que no publicaré nunca, apenas circulado este último por el editor semanas antes de la muerte del también autor de Protagonistas de la literatura mexicana y Protagonistas de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Obras de referencia obligada, cada una de ellas, como ineludible resulta ahora evocar la tarea del mismo Carballo en la lectura de la literatura mexicana y en la promoción de espacios periodísticos para su divulgación. Fue Carballo el primer lector de muchos de nuestros escritores, aun antes de conocerse públicamente y, en muchos casos, su propio editor. Como, pienso ahora en oportunidad del centenario del nacimiento de Juan Rulfo (1917-1986), fue también uno de los que mejor lo leyó y quien nos sigue invitando a leerlo. Esto sin desconocer la exigua pero prodigiosa obra del autor de El llano en llamas, Pedro Páramo y El gallo de oro, que desde su aparición a mediados de los cincuenta cautiva a todos. Al margen de las recientes polémicas en torno a la difusión de la obra del escritor jalisciense y cuando cotidianamente se convierte en noticia, también del lado la impresión más personal acerca de su obra (todavía recuerdo el Pedro Páramo que me tocó leer, en la serie Letras Mexicanas del Fondo de Cultura Económica) y de la vastísima bibliografía rulfiana acumulada, vuelvo a Carballo. Que sea él quien nos lleve a Rulfo. * Designio. “A lo largo de su vida como escritor Juan Rulfo estuvo más próximo a las mieles que a las hieles del quehacer literario. Gozó y padeció los honores rendidos al creador de asombrosos y modificantes textos literarios…”. Soledad. “Más que escritor se le consideró un fenómeno mítico: el hombre huraño, solitario, al margen de grupos y capillas, quien contra su voluntad (o a pesar de ella) escribió dos libros excepcionales y, se dijo, estuvo a punto de crear una tercera obra maestra, proyecto que se fue desbaratando conforme transcurrían los años y el escritor jalisciense continuaba hundido en un mutismo obstinado…”. Eficacia. “No recuerdo, entre las de nuestros escritores del siglo XX, una carrera literaria más fulminante ni mejor cimentada que la suya: por encima, incluso de las de Octavio Paz y

Carlos Fuentes, hábiles promotores de sus abundantes y excelentes libros. La fingida o verdadera humildad de Rulfo resultó a la larga más productiva que la jactancia de Paz y Fuentes, hecha con las mejores armas (ofensivas y defensivas) con que están dotados los escritores y artistas que luchan por el poder literario abierta y francamente…”. Luto. “No recuerdo, tampoco, un duelo parecido al que produjo su muerte no sólo entre los escritores sino también entre los lectores e, incluso, entre el público cautivo de la televisión y la radio. No ocurrió así, pongo tres ejemplos, cuando murieron Alfonso Reyes, José Vasconcelos y Martín Luis Guzmán. Y no se puede sostener que Rulfo haya sido más grande y trascendente que los tres ateneístas: fue, simplemente, escritor de un momento distinto (el de la aldea global de McLuhan) de aquél en que vivieron y murieron nuestros tres grandes abuelos…”. Autocrítica. “Taciturno, de pocas palabras, inmerso en un mundo recurrente

y contradicción, el de su infancia y madurez, implacable crítico de sí mismo, Rulfo fue un enigma en movimiento, un narrador terriblemente elemental y angustiosamente complicado…”. País. “El México de Rulfo, a ratos, es alegre y vibrante como la infancia y triste y poco dado a la esperanza, casi siempre, como la madurez. Cuando el autor lo mira con ojos de niño es verde, jugoso y lleno de vida, y gris, reseco y presidido por la muerte cuando lo contempla con los ojos desencantados del adulto…”. Sufrimiento. “Sus textos están escritos desde el punto de vista del hombre maduro, quien cuando no puede soportar más horrores y calamidades de la realidad cede por un momento la palabra a los recuerdos tiernos y emocionados del niño. Se pasa así del infierno atroz y sin salida a un purgatorio poco menos calamitoso pero que no tendrá fin. Sus criaturas, verdaderas almas en pena, nacieron y vivieron para sufrir, y seguirán sufriendo toda

Humildad y soberbia Juan José Arreola, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Juan Rulfo y Alfonso Reyes… son los nombres más citados en Diario público 1966-1968: un apretado volumen de los escritos que Carballo publicó en esa etapa de su vida; muestras de ese júbilo con el que vivió siempre la literatura mexicana. Interesado en saber la posible relación entre Reyes y Rulfo, Carballo se fue a la capilla Alfonsina de la Condesa (c. 1968) a escudriñar su imponente biblioteca. Aquí lo que descubrió: “En la Alfonsina existen ejemplares de El llano en llamas y Pedro Páramo, pero ninguno de los dos está dedicado. Los escritores de la edad de Rulfo, e incluso mayores como Paz y caso todos los poetas de la generación de los Contemporáneos buscaron afanosamente la amistad de Reyes y le enviaban puntualmente cada uno de sus libros. Rulfo no lo hizo, imagino, por dos razones: por humildad y soberbia. Una y otra se complementan. Juan jugó con maestría a la modestia (y en cierto sentido, en lo que tenía de provinciano, era modesto) y escondió con impecable destreza su orgullo cósmico”.

* Emmanuel Carballo, Diario Público 1966-1968, Conaculta, México, 2005, 566 pp. * mauflos@gmail.com

Rulfo 100 años

la vida…”. Muerte. “Rulfo tuvo la suerte de morir en el momento en que su obra obtenía el beneplácito de los lectores y la crítica. Hoy […] sus libros no se han marchitado: están más vivos que en los años cincuenta, década en que aparecieron. Así como supo enmudecer a tiempo, también supo morir en el momento oportuno…”. Final: sólo en voz de Carballo he escuchado referirse a Rulfo de la manera más natural y sincera posibles. No el maestro, el don, el diminutivo, el título o cualquier otro apelativo para vanagloriar al otro, eficaz manera de hacerlo a sí mismo. Juan…, simplemente Juan… Aquel señor llamado Juan. *


Rulfo 100 años

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¿No oyes cómo rechina la tierra? 6 Por Alberto Huerta Donde se ventila la vida como si fuera un murmullo, como si fuera un puro murmullo de la vida… Juan Rulfo Para Pilar, Aida, Alba Amaranta, Rocío, Lilia, Patricia, Edin,

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Bernardo, Joseángel, Alma Rosa y Laura

icen por ai que todos somos hijos de Pedro Páramo. Y sí, todos somos hijos de Pedro Páramo. Para decirlo con mayor precisión: todos somos hijos de Juan Rulfo. De Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno. Vecino de Apulco, allá por Sayula, Jalisco. Quien nació un 16 de mayo

de 1917 y que cumpliría, si viviera, un siglo, cien años. Un centenario. En esta república de las letras, este hombre con aire tímido y de mirada triste, influyó de manera significativa en nuestra manera de escribir narrativa. En nuestra forma de concebir cuentos y novelas. Y no sólo de los escritores nacionales, sino de manera más universal. Antes de analizarlo y estudiarlo sesudamente, a Rulfo se lee con

/// Fotografías de César Ramos.

infinito placer. Una y otra vez. Lo leemos llenos de gozo. Yo, en lo personal, sin que me asalte la necesidad imperiosa de analizarlo, lo leo cuando menos una vez al año. Siempre encuentro cosas nuevas. Siempre me vuelvo a asombrar y escucho, al finalizar la lectura, cómo don Pedro se va desmoronando en un montón de guijarros que se van a confundir con la árida tierra.


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/// Fotografías de Federico Martínez


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Rulfo 100 años

Las llamas que nunca han de extinguirse 6 Por Carlos Flores

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quel libro que uno leyó en sus años mozos ya no es el mismo que uno lee ya entrados los cuarenta y los incipientes achaques. El lector cambia, la obra, no. El texto sigue teniendo exactamente las mismas palabras, pero uno ya no tiene ni siquiera las mismas células, aunque sí la información. Cuando leí por segunda vez El llano en llamas de Juan Rulfo me encontré con algunos cuentos que parecían ya desconocidos, perdidos en mi memoria, y otros, por motivos escolares, que siempre estuvieron ahí. Mi lectura trajo consigo ya no la sorpresa del lector joven, sino un México, que aunque siendo citadino, he podido reconocer: el campo, el inclemente clima y entorno, la idiosincrasia, la religión, las mañas, el temor, la tristeza, la pobreza…, 17 cuentos que hablan sobre algo que nos es común a cuando hemos conocido el campo y la miseria. En “Nos han dado la tierra” se deja ver la burla del gobierno sobre los pobres, nos recuerda las migajas que avientan los programas institucionales para ayudar al campo: espejismos sin valor que no menguan la pobreza, recursos estatales que se convierten en casas y autos lujosos, mientras que en el campo el hambre y la

6 Por Emiliano Campech Correa

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edro Páramo es de las obras más representativas de la literatura mexicana y mundial. En esta novela podemos observar dos características: la soledad y la muerte. Además siempre hay silencios que no podemos percibir a simple vista. La trama se desarrolla en recuerdos dentro de otros recuerdos, lo que en ocasiones dificulta la comprensión. La soledad es una de las peores cosas que pueden existir. Ésta afecta en muchos sentidos, en especial psicológicos. Se dice que cuando una persona se encuentra sola por mucho tiempo, se vuelve fría, empieza a perder la cordura, se aparta de la realidad, su estado de ánimo baja, se siente cansada y es igual de dañina que el cigarro. Lo que la estaría acercando más a la muerte. Esto se refleja un poco en la relación soledad-muerte que existe en la novela. En el caso de Pedro Páramo, la soledad se muestra de cada uno de los personajes de la trama. En Pedro Páramo empieza cuando muere Susana, el amor de su vida. En esas escenas de tristeza, don Pedro dice unas frases muy sentidas pero al mismo tiempo bellas. Una sería: “¿Qué haré ahora con mis labios sin su boca para llenarlos? ¿Qué haré de mis adoloridos labios?”.1 Otros personajes que se relacionan con la

/// Juan Rulfo (foto de Muladarnews)

miseria se confunden con el paisaje. La “Cuesta de las comadres” es un relato de la celebración del mexicano, casi siempre convertida en tragedia por los efectos del alcohol. En nuestro país la nota roja se alimenta del embrutecimiento y la muerte. Son pocas las celebraciones de quince años, las bodas o fiestas masivas que no terminen en tragedia.

Suelo dejar a mis alumnos que escriban su acontecer en un cuaderno, y alguna vez en las páginas de una de mis alumnas descubrí que ella estaba estudiando porque un tío le pagó la escuela, por lo que vino a Zacatecas a hacer la preparatoria; aunque ella pensaba que iba terminar de meretriz en su pueblo. No acertaba yo si sería por gusto o no. Creo que “Es que somos muy

pobres” me dio la respuesta. Pero el cuento que más me impactó fue “El día del derrumbe”, pues muestra un pueblo que ha convertido al gobernante en una especie de semi dios. Luego de un terremoto que acabó con un pueblo, la gente, sumida en la tristeza y la miseria, se animó abruptamente luego que el gobernador pisó el pueblo: “llegó el gobernador; venía a ver qué ayuda podía prestar con su presencia. Todos ustedes sabe que nomás con que se presente el gobernador, con tal de que la gente lo mire, todo se queda arreglado”.1 Me impacta porque eso sucede: cuando era periodista fui con el ejército a un municipio allá por el Pico de Teyra; el comando llevaba ayuda para combatir la pobreza y el frío. Irónicamente, cuando llegamos, el pueblo gastó una pequeña fortuna en atender a los soldados de alto rango y los periodistas que íbamos a cubrir la nota. El México de Rulfo sigue vigente, pues El llano en llamas es una obra universal que retrata una cultura que, sin importar el paso del tiempo, vive a la sombra de un mal gobierno, que la única forma clara que tiene de ejercer su poder es mediante la explotación y un patético paternalismo. 1

Rulfo, Juan, El llano en llamas, FCE/SEP, México, 1983, p. 152.

La muerte y la soledad

/// La muerte y la soledad. Foto de Federico Martínez

soledad son Juan Preciado, en su caso, él pierde a su madre; Susana, cuando muere su madre y al llegar se encuentra una ciudad desértica y abandonada. Comala también representa la soledad debido a que está deshabitada, tomando en cuenta que el poblado ya es fantasma. Ahora hablaremos un poco de la

muerte. Sin duda alguno, es el mayor miedo que puede existir por todo lo que representa. Rulfo hace una relación de la muerte y lo religioso. La primera pista que nos da de que todos están muerto es al inicio de la historia, más específico, cuando Juan Preciado va llegando a Comala y dice que escuchó una voz que le preguntaba

a donde se dirigía. En esa misma escena leemos que nunca le vio la cara. Al llegar al pueblo sigue escuchando los murmullos de los espíritus no perdonados. En México se cree que aquellas muertes que tienen pecados regresan a la tierra para que las perdonen para alcanzar el cielo. El padre Rentería es corrupto y los que no tienen dinero no serán perdonados, es por eso que en el pueblo habitan todavía muchos fantasmas. Otro aspecto religioso está en el recuerdo donde llevan el ataúd de Miguel Páramo: todos los nombres de las personas que cargan el ataúd son nombres bíblicos y el poblado se puede considerar como el infierno, teniendo en cuenta que cuando llega Juan Preciado a Comala hacía un calor infernal, la tierra era infértil por el clima. Además la muerte no sólo se presenta de una forma espiritual y física, sino también anímica: varios de los personajes tienen ilusiones que se van perdiendo a lo largo del tiempo de la historia: “Esperé treinta años a que regresaras, Susana”.2 1

Rulfo, Juan: Pedro Páramo, México, FCE, 1986, p. 97. 2

Op. cit., p. 124.


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El Gallo de Oro y el cine 6 Por Adolfo Nuñez J.

los elementos característicos del imaginario del autor. La cinta sólo se llegó a sostener por la capacidad de sus intérpretes, entre los que destacaba Ignacio López Tarso y Lucha Villa, más en el aspecto narrativo no existía esa opresiva grisácea tan característica de Rulfo, todo es más accesible y convencional para el espectador, convirtiéndose en una típica historia de amor y peleas de gallos. La segunda adaptación del El gallo de oro es la que en 1986 realizó el director mexicano Arturo Ripstein con el nombre de El

imperio de la fortuna, un filme mucho más logrado, que logra recoger todo el cinismo que encarnaba la obra original, y que resultaba en el producto más fiel al estilo del autor. La cinta fue mejor recibida ya que adaptaba de mejor manera los elementos más sustanciales de la novela (que había sido publicada seis años antes) con aspectos más modernos y contemporáneos, tales como la lucha libre, la corrupción y las estructuras de poder. El año en el que fuera presentada esta película coincidió con la muerte del escritor,

Desayuno en Tiffany’s, mon ku

Pedro Páramo, de Carlos Velo

6 Por Carlos Belmonte Grey

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ste año se cumplen 100 años del nacimiento de Juan Rulfo y 50 de la primera versión fílmica de Pedro Páramo dirigida por Carlos Velo. Si la segunda versión de Pedro Páramo (1976), realizada por José Bolaños, estuvo estelarizada por los ya entonces primeros actores Manuel Ojeda y Blanca Guerra, y está actualmente bajo los cuidados promocionales del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), la primera versión, ésa del gallego exiliado por la guerra civil española Carlos Velo, estuvo concebida por la potencia del histórico productor independiente Manuel Ponce Barbachano. Velo animó a Barbachano -o los dos mutuamente- a realizar la adaptación de la compleja obra de Rulfo porque los dos venían de realizar, conjuntamente, trabajos igualmente complejos: Velo, que había dirigido hasta la fecha sólo documentales y colaborado con Luis Buñuel en la realización de Un perro andaluz (1929), se había unido a Barbachano desde el guion y argumento de Raíces (Benito

Alazraki, 1954) y en seguida habían hecho Nazarín (Luis Buñuel, 1959); mientras que Barbachano, por su lado, tres años antes de lanzarse a la adaptación de Páramo se ocupó de filmar la obra conjunta de Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Roberto Gavaldón, El gallo de oro (Roberto Gavaldón, 1964).

Para Pedro Páramo, Barbachano mantuvo el equipo: la obra era la de Rulfo, mas no tomada como un simple argumento, sino verdaderamente como el escenario a poner en imágenes, de ahí que Carlos Fuentes, Velo y el propio Barbachano, tuvieran la misión de encontrar el ritmo y estrategias que hicieran coherente en película lo que las letras habían

el cual a pesar de haber colaborado a través de diversos medios en el ámbito cinematográfico, jamás se sintió del todo conforme con ninguno de ellos. Como resultado, la relación entre Juan Rulfo y la adaptación de su segunda novela en el cine también es un reflejo de su claro de su personalidad, así como del pesimismo que siempre manejó en su obra, y que en el ámbito cinematográfico también estuvo presente a través de los años. Un pesimismo que sin duda es esencial cuando se habla de Rulfo.

anunciado como la llegada del realismo mágico latinoamericano. Esta fidelidad ansiada se encuentra desde la primera secuencia, con la llegada de Juan a Cómala y el encuentro con los personajes en medio de un campo polvoroso y desértico. Para interpretar a la familia Páramo se contrataron a los galanes John Gavin (Psycho, Alfred Hitchcock¸1960), en el rol de Pedro, y Jorge Rivero (El mexicano, René Cardona, 1966); el capataz de la familia recayó en Ignacio López Tarso quien venía de hacer el Gallo de oro; el amor imposible de Páramo fue la sensual Pilar Pellicer y el padre de ésta Narciso Busquets; el chamán Alfonso Arau; y su familia, la de Pedro, fueron Julissa y Carlos Fernández. Por si esto fuera poco, la fotografía estuvo bajo la responsabilidad de Gabriel Figueroa y el diseño del cartel y títulos de Vicente Rojo. Sin embargo, la película quedó fría y no consiguió -al menos eso opinaron los críticos de la época e incluso los propios actores- transmitir el ambiente mágico de Rulfo. Parece que Velo, al ser ésta su primera experiencia en la ficción y en largometraje, se volvió inseguro a pesar de haberse preocupado por reunir un fondo documental de Rulfo y del contexto de la época. No logró guiar a sus actores y el principal, el estadounidense, no pudo domar su fuerte acento. El asunto quedó en un monstruo industrial que tenía las mejores intenciones en la fidelidad y respeto a la obra de Rulfo. A pesar de todo, la película fue nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1967. Yo pienso que actualmente los espectadores no la veríamos ni tan fría ni tan irrespetuosa.

Rulfo 100 años

E

s bien sabido que en la delgada línea entre la adaptación cinematográfica de una ficción literaria previamente publicada y los elementos significativos de esta existen muchos huecos incapaces de llenar y que afectan directamente en el resultado final. Como tal, son muchos los casos de escritores no conformes con el trato que las historias de su autoría reciben en esa transición de texto a imágenes en movimiento. En el año de 1964 se estrenaba la película El gallo de Oro, dirigida por Roberto Gavaldón, resultado de un primer borrador que el escritor Juan Rulfo inició, y que fue finalizado nada menos que por Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y el mismo Gavaldón, para poder empezar a trabajarlo como base de la cinta. Más de veinte años después, Juan Rulfo accedería a publicar dicho argumento como una novela corta, bajo el mismo nombre de la película. El que dicha publicación fuera tan tardía fue resultado del descontento de Rulfo por la cinta de Gavaldón, la cual, lejos de ser un clásico del cine de oro mexicano, en retrospectiva dejó mucho que desear en comparación con la novela, que si bien es más breve y sencilla que Pedro Páramo, mantiene todos


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LA GUALDRA NO. 293

Festival Cultural de la Diversidad Sexual Zacatecas 2017 Del 11 al 16 de mayo - Exposición del 7º Concurso Nacional de Fotografía “A la vuelta de la esquina” Lugar: Fototeca del Estado de Zacatecas “Pedro Valtierra” - Exposición Colectiva “Todas las familias, todos los derechos” Lugar: Bóveda del Centro Cultural Ciudadela del Arte LUNES 15 18:00 horas Presentación de la editorial independiente LA DÉCIMA LETRA Coordina: Luis Martín Ulloa Bóveda Centro Cultural Ciudadela del Arte 19:00 horas Presentación de poemario “Inversa memoria” De César Cañedo Bóveda Centro Cultural Ciudadela del Arte

PROGRAMA DE MAYO 2017

La proyección de películas se realiza de manera gratuita con fines culturales y educativos. Excepto estrenos. Entrada general $30.00 Estudiantes con credencial, personas con discapacidad y personas 3ª edad $20.00.

Jueves 18, 20:00 hrs. ESTRENO DESPEGANDO A LA VIDA Dir. Rúnar Rúnarsson Islandia-DinamarcaCroacia/ 2015/ 99 min Clasificación C

Miércoles 17, 18:00 hrs. ESTRENO MIMOSAS Dir. Oliver Laxe España / 2016/ 96 min. Clasificación B

Viernes 19, 18:00 hrs. ESTRENO FANTASMAS DEL PASADO Dir. Olivier Assayas Francia/ 2016/ 105 min. Clasificación B

Miércoles 17, 20:00 hrs. ESTRENO LADRONAS DE ALMAS Dir. Juan Antonio de la Riva México/ 2015/ 90 min. Clasificación C

Viernes 19, 19:00 hrs. ESTRENO LADRONAS DE ALMAS Dir. Juan Antonio de la Riva México/ 2015/ 90 min. Clasificación C

Jueves 18, 18:00 hrs. ESTRENO SAINT AMOUR: UNA CATA DE VIDA Dir. Gustave Kervern, Benoît Delépine Francia/ 2016/ 101 min. Clasificación B-15

Viernes 19, 20:00 hrs. ESTRENO NO SOY TU NEGRO Dir. Raoul Peck EUA/ 2016/ 93 min. Clasificación B Sábado 20, 18:00 hrs. ESTRENO

FANTASMAS DEL PASADO Dir. Olivier Assayas Francia/ 2016/ 105 min. Clasificación B Sábado 20, 20:00 hrs. ESTRENO NO SOY TU NEGRO Dir. Raoul Peck EUA/ 2016/ 93 min. Clasificación B Domingo 21, 12:00 hrs. Matiné Entrada libre POR MIS BIGOTES Dir. Manuel Caramés México/ 2015/ 100 min. Domingo 21, 18:00 hrs. ESTRENO NO SOY TU NEGRO Dir. Raoul Peck EUA/ 2016/ 93 min. Clasificación B Domingo 21, 20:00 hrs. ESTRENO FANTASMAS DEL PASADO Dir. Olivier Assayas Francia/ 2016/ 105 min. Clasificación B

20:00 horas Teatro “Orégano. #lafamiliafracaso” De Sergio Lobo Dirección: Francisco Granados Producción: Aldo & Alan Diseño Escénico Teatro Fernando Calderón MARTES 16 18:00 horas Conferencia: “O we happy few” Imparte: José Luis Justes Amador Universidad de Cambridge Bóveda Centro Cultural Ciudadela del Arte 19:00 horas Ceremonia de Premiación 2º Premio Nacional de Narrativa y Poesía LGBTTTI Bóveda Centro Cultural Ciudadela del Arte 20:00 horas CLAUSURA Espectáculo multidisciplinario “Tierra misteriosa” ASTRID HADAD Teatro Fernando Calderón


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15 DE MAYO DE 2017

6 Por José Agustín Solórzano

Comala Rulfo 100 años

* la piedra: fauna silvestre crecida a golpes de silencio el agua: fría sombra herida que nos zurce vine a Comala a remendar la memoria a recordar aguas y piedras rostros iluminados por el polvo fuegos oscurecidos por la lágrima * Comala: región imaginaria que recuerda a los fantasmas. A las sombras y a los espejismos hay que alimentarlos de tierra. Porque la muerte crece como árbol afuera de nuestra casa: en ella se columpiarán los hijos que nos esperan tras la ventana y lloran. Ya vendrán a buscar a su padre con la vida, como un charco de mezcal cabalgándoles el hombro. * Comala es una puerta. Tras ella un libro: matadero de árboles y humareda de recuerdos. Crece el viento como una enredadera por la que trepa el polvo que somos para alcanzar lo que fuimos. el cielo ensucia con su aleteo la cúpula de mi santuario Pedro se monta sobre Dolores y ella escucha el latido de una roca La piedra que es el aire cae encima de mis aguas endurecidas * El libro es una puerta. Un sonido como de golpe. Como de quiebre. Como de hoja seca gruñendo bajo la planta de un pie que huye. El libro es un árbol: una ciudad de hojas que caen. El agua es una puerta: un sonido como de quiebre. Como de piel que embravecida muerde con sus aguas otros sudores y con ellos crea un río. Un hombre es un río y todos los ríos buscan a su padre. * Pedro, acá te buscan ¿quién ha tocado la puerta de mi entierro? La vida es un pájaro que vuelve ¿quién robó mis semillas y se hizo mi carne? No soy tu carne, soy tus aguas tus aguas rendidas y cansadas te buscan ¿vienes a enlodar mi tumba, a convertir en pantano mi cadáver? La vida es un cielo que regresa

/// César Ramos. Niño Anacleto.

iluminada alegría. *

Pedro, acá te buscan la vida es un regresar venir de vuelta recordar y remendar dos cosas que bien sabía hacer Dolores pero no hay hilos ni recuerdos que cierren la herida de la noche la vida: un desgarre inzurcible inservible insufrible * Comala: algún lugar que se esconde entre papeles y recuerdos. En sus calles habla el aire con su lengua seca. Aves de luz defecan sobre los tejados. El silencio vuela y las puertas cerradas son invitaciones a la soledad. Nadie espera a nadie, pero alguien ha venido a buscarnos. Nosotros encendemos la veladora del llanto y lo esperamos. Con los ojos incendiados lo vemos recorrer a ciegas su propio cuerpo, mientras las aves siguen cagándolo con

crecí, sombra de mi padre sangre, nomás, agua enrojecida fui niño y luego hombre siempre sangre, nomás agua crecida a pesar del fuego vine luego, hombre y niño como vienen todos agarrado de la mano de sus muertos aterrado siempre sangre alborotada agua a borbotones era el miedo el coraje el semen que me hizo carne sangre nomás

endurecida sangre con la que habrían de matarme lapidado * En Comala hay mujeres con la boca llena de pájaros. Pero esta tierra no es buena para sembrar voces. No se dan. No crecen más que aguas boca abajo, lenguas entumecidas y secas. Por eso a ellas hay que amputarles las plumas de la boca, extirparles los pájaros antes de que sea imposible desfiebrarlas. Y aun así algunas se niegan. Por el día aplacan a las aves, las duermen con suaves mordisquillos, las arrullan entre sus muelas. Las atarantan y las esconden de los otros. Pero más tarde, ya sin la caricia de los dientes, cuando la quijada se afloja y el fuego negro de la noche escurre, como baba bajo la ventana, los pájaros cantan y las mujeres no los detienen, se acaloran nomás y cantan también ellas, con su lenguaje pájaro. Mala enfermedad es ésa. En Comala nada sobrevive al canto: todo se desmorona o se hace agua. Las mujeres que cantan terminan siempre con la cama hecha charco y con los pájaros entumecidos en los dedos de sus manos. Insoportable, el amor. Hace calor y llueve. Una cosa así sólo puede venir del infierno.


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LA GUALDRA NO. 293 /// 15 DE MAYO DE 2017

6 Por Pilar Alba

Rulfo 100 años

A

hí viene Juan, va llegando a la plaza. En las campanas del pueblo se escucha la última llamada para el rosario de aurora. Las mujeres entran de prisa antes de que se empiece la primera ave maría. Juan se sienta en la plaza, en los escalones del quiosco. Trae una cámara fotográfica, con ella se roba el alma de las mujeres que cruzan

Juan

el atrio. Con ella retrata a la China que va regresando de la cantina para descansar. Con ella atrapa a la coja, la perra del pueblo que hurga entre los restos de la basura que la gente

/// Juan Rulfo (1917-1986 ). Así lo recordamos en La Gualdra, a 100 años de su nacimiento.

dejó el domingo en la plaza. Trae también una pluma, trae también una libreta en ella apunta un montón de cosas; está ahí hasta que don Luis abre la tienda. Entonces Juan se va

a tomar un refresco con un pan de los que acaba de entregar Nicolasa. Es un hombre muy serio, no dirige más que el saludo. Da una vuelta por el pueblo hasta que abren la refaccionaria. Ahí descarga su mercancía. Intercambia palabras con Chente, el mecánico. Enciende la camioneta. Toma una última fotografía de la plaza, para perpetuar el recuerdo, para convertirlo en historia. Ya se va Juan.


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