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La Gualdra 209

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SUPLEMENTO CULTURAL

No. 209 - 17 DE AGOSTO DE 2015 - AÑO 5

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

Manuel Iris. Fotografía de Teresa Meyer.

El poeta yucateco Manuel Iris (1983) estuvo en Zacatecas en fechas recientes para presentar su más reciente libro de poesía, Los disfraces del fuego, editado por Atrasalante, una editorial independiente -comandada por el poeta y editor Iván Trejo- que se ha especializado en publicar poesía.

[Una entrevista con Manuel iris en páginas centrales]


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La Gualdra No. 209

LA GUALDRA NO. 209 / 17 DE AGOSTO DE 2015 / AÑO 5

La semana pasada nos llegó la información de dos diplomados que con el respaldo de la Unidad Académica de Docencia Superior, de la Universidad Autónoma de Zacatecas y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el Instituto Zacatecano de Cultura llevará a cabo como parte de su programa de formación permanente: uno en Poesía y Microtextos y otro en Ensayo y Crítica Literaria; ambos dieron inicio el 12 y 13 de agosto respectivamente, pero si usted está interesado, aún es momento de que se inscriba. El Diplomado en Ensayo y Crítica Literaria busca dotar a los interesados en los conocimientos básicos sobre escritura creativa, ensayo y pensamiento crítico y es impartido y coordinado por el ensayista y catedrático Sigifredo Esquivel Marín (Pinos, Zacatecas, 1973). Sigifredo es instructor de Hata-Yoga, ensayista y profesor-investigador en la Universidad Autónoma de Zacatecas. Perfil PROMEP y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI). Es Doctor en Artes y Humanidades y autor de Pensar desde el cuerpo. Tres filósofos poetas: Spinoza, Nietzsche y Pessoa, Tijuana, CONACULTACECUT, 2006; Imágenes de la imaginación, México, FML-Tierra Adentro, 2006; Ensayar, crear, viajar. Sobre la tentativa como forma de arte, Ediciones de Medianoche, 2008; y Escrituras profanas de textos sagrados, Zacatecas, Ediciones Passim, 2013. Ha participado en más de veinte libros colectivos y antologías en México y España. Becario del FECAZ y de la Fundación para las Letras Mexicanas. Premio Regional de ensayo 2004 (Región Centro-Occidente); Premio Nacional de Ensayo Abigael Bohórquez 2005; Premio de Ensayo Universitario (Biblioteca del 175 aniversario de la UAZ, 2008). Premio Nacional de Ensayo Político José Revueltas 2014. Es además Miembro Fundador de la Academia de Teoría y Filosofía de la Educación. El objetivo de este diplomado es lograr que los alumnos sean capaces de desarrollar ejercicios teórico-prácticos de escritura creativa, ensayo y crítica, como prácticas culturales y, a la vez, singulares; está dirigido a todas las personas interesadas en pensar, escribir e intervenir en y desde los principales temas y problemas de sociedad contemporánea y sus diversas manifestaciones culturales. Dio inicio el día 13 y se llevará a cabo todos los jueves hasta el día 3 de diciembre, de 17:00 a

20:00 horas. El Diplomado en Poesía y Microtextos estará a cargo del poeta zacatecano Javier Acosta; su objetivo principal es el detonar la creatividad y el sentido crítico del arte poético, así como detectar elementos clásicos y de vanguardia para aproximar al alumno a las experiencias no occidentales del decir poético. Javier Acosta es Miembro Artístico del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente se desempeña como profesor de Hermenéutica y Escritura Creativa en la Universidad Autónoma de Zacatecas. También ha coordinado el Taller de Poesía del Instituto Zacatecano de Cultura. Fue codirector de la revista Reitia, y ha colaborado en diversas revistas y suplementos culturales. Su obra ha sido recogida en diversas antologías nacionales y extranjeras. Parte de su poesía ha sido traducida al valenciano, al portugués y al inglés. En el año 2000 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Luis G. Ledesma y en 2006 el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde; en 2010 mereció el premio Nacional de Poesía Aguascalientes. Ha sido jurado en varios certámenes nacionales e internacionales, entre ellos, el premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes. El diplomado dio inicio el pasado 12 de agosto y se llevará a cabo todos los miércoles de 17:00 a 20:00 horas, hasta el 2 de diciembre del año en curso. Ambos diplomados se impartirán en la Sala Hermanos de Santiago del Centro Cultural Ciudadela del Arte, en el centro histórico de Zacatecas. Para informes e inscripciones, los interesados deberán comunicarse al Tel. 9221113 a la Subdirección de Enseñanza e Investigación del IZC. Me llena de entusiasmo que este tipo de actividades se lleve a cabo en Zacatecas, por eso le recomiendo ampliamente que se inscriba. A Sigifredo y a Javier, ambos amigos y colaboradores de La Gualdra, les deseo mucho éxito. El Festival de Jazz y Blues continúa esta semana en el Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez y está por empezar también la Feria del Libro; serán días de muchas actividades interesantes. Nos leemos la siguiente semana. Que disfrute su lectura. Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

Hierro y niebla Por Gabriel Luévano Gurrola

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Shakespeare y Cervantes: el enigma Por Rebeca Mejía López Sacramental Por Gerardo del Río y Gabriela Omayra López Galván Del papel al dispositivo electrónico Por Carlos Flores De aquéllos sea la gloria Por Roberto Galaviz El Picaporte Es “itinerario”, no “intinerario” Por Simitrio Quezada Manuel Iris Los disfraces del fuego Por Jánea Estrada Lazarín

Los otros tesoros de Vetagrande Por Eduardo Campech Miranda

Desayuno en Tiffany’s, mon ku La Isla Mínima Por Évelyne Coutel Castillo de sal si puedes Por Ester Cárdenas

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Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2015

Dentadura postiza Por Pilar Alba Lo hago por tu bien Por Alberto Huerta Récord mundial Por Edgar Khonde

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita y Enrique Martínez Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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Hierro y niebla Por Gabriel Luévano Gurrola

tivo de todo, rasgos físicos, características del terreno, historia de las tribus, costumbres religiosas, formas del juego y el placer y la muerte, estrategias bélicas. Una puede ser la vena épica, el desarrollo de los sentimientos colectivos, la destrucción y construcción de ambiciones y heroísmos. Otra, más clara y fresca, la amorosa, que nos cuenta el difícil idilio entre Salambó, hija fanática de Amílcar, el protector de Cartago (dueño del elefante sin trompa) y el libio Matho, líder bárbaro. De principio a fin, su relación permea, descascarando la pátina gruesa de la prosa cargada, todos los capítulos, las campañas, las batallas y derrotas. Es el soplo que aligera el hermetismo que vuelve complicado el ejercicio de la lectura. Es donde la parte literaria va a desplegar, al lado de las soberbias destrezas que en el campo de batalla hará Flaubert, sus mejores mieles, su mejor poesía. Es la bruma encendida, huidiza y densa, el concreto con el que las capas de hierro del contenido histórico

y unívoco, se unen. El resultado es un dechado de ese género que es la unión de disciplinas. Un artefacto de hierro y niebla, de memoria e imaginación imbricados, que rueda produciendo en su eje una serie de imágenes de lo que son los otros tiempos y las otras gentes, acaso meros recuerdos de lo que ineluctablemente somos nosotros. El museo está vivo, y quien entre a él saldrá exacerbado, la sangre bulléndole. De todas esas imágenes, mi memoria, al hacer el balance, descuella aquéllas donde el pueblo cartaginés se muestra como un animal, otra bestia herida cuya fuerza no le confiere el poder que lo blindaría ante el enemigo. Ya sea cuando admira el acueducto que destrozaron los bárbaros y por donde se precipita el agua que ya no llegará a ellos, luego sumidos en una sed atroz, o mientras mira el velo sagrado de la diosa Tánit, transportado fuera de la ciudad por quien la ha sustraído del templo, Matho, el pueblo es un ser pasivo, una concentración

de energía congelada. Esas imágenes son tan desesperantes como las comentadas al inicio. Encarnan lo previo y lo que adelanta a la catástrofe. La impotencia de unos individuos que en sí mismo valen poco ante la aplanadora del artefacto que los aplasta, y que juntos, al formar al pueblo, se hacen de un refugio abstracto, informe, que los cuida y a la vez detiene, aislándolos, sin poder pensar, abandonados al vértigo, con temor a perder la soledad y el miedo que se comparten. Mar que no se desborda hasta que la niebla los absorbe y el hierro los impele, esa masa parece mirarnos a nosotros de igual forma que al acueducto volatilizado y entregarnos un acertijo: de la superstición, la muerte fácil e inútil, el alimento del tiempo ¿somos nosotros los que heredamos la sombra, somos su resultado? El suntuoso despliegue de detalles, la posibilidad, siempre abierta (y por lo tanto incierta) de que el conocimiento de la historia produzca una visión que se cuele y dialogue con el presente, ya sea recorriendo los años en que se ha venido repitiendo como en un desfile de espejos hasta el presente, o arrastrando este último hasta que nuestro vaso de agua sepa a vino y los gritos de la calle sean otra forma, más añeja y pugnaz (o quizá la misma) de la violencia, hacen que la obra supere su inicial y peligrosa condición de museo de los horrores para insuflar de sangre y nervio la cauda de datos, forzosamente increíbles, y que el autor con saberes previos en el teme pueda adentrarse a su lectura como si revisara la versión perdida y recuperada de un hecho que dudaba, como un sueño recién evaporado al despertar, en su cabeza. Toda versión de la realidad es nueva, si viene acompañada de la pluma de artistas como Flaubert. Si viene coronada por el espejismo y la superstición que nos hacen dueños del pasado y que regularmente acaban en sorpresa o incluso delirio. Todo lo anterior va más allá del destino (ahora sabemos que esta palabra pueda usarse) de la ostentosa ciudad que vio un día sus paredes amenazadas, tras las cuales se libró uno de los episodios más atroces de su decadencia, cuyo total desenlace, años después de lo que cierra el punto final, tentativo, algo falaz y también artificioso, de la Salambó del autor francés, era previsible. Cartago, fundada por los fenicios, sería reducida a cenizas, en el siglo VII de nuestra era, por los árabes.

Libros

El pasaje de un desierto pespunteado por una hilera de leones crucificados, un elefante con la trompa amputada que se encoje y lucha por acariciar a su dueño con el muñón en su cara deforme, maltrecha como el ostentoso suffète Hannon, presa de una enfermedad carnívora que le ha comido el cuerpo hasta dejar a la vista sus interioridades, cientos de niños sacrificados, arrojados a la boca calcinante de un recalentado ídolo de bronce, como regalo a la divinidad para que los socorra en la guerra que se está perdiendo... ¿Cuál es la relación íntima entre estas visiones a caballo entre el delirio esperpéntico y el más sobrecogedor deseo de fidelidad histórica? Todas se siguen tan parecidas a frescos que ilustran y se incrustan en los ojos del que lee los pasajes de la novela Salambó (1862), de Gustave Flaubert, con la distancia y entrega con que se ven las pinturas de un museo. Exposición obsesiva y muestra de músculo artístico, y por eso, demasiado artificiosa a momentos, la novela del autor francés, se recuerda como una desviación extraña, un capricho del hartazgo y un deseo de tomar el camino más espinoso y largo rumbo a la casa de la creación. Flaubert escribió la novela tras el escándalo de Madame Bovary, buscando alejarse de los temas que había tratado insuperablemente: los de la estulticia y frivolidad de su tiempo. De lo grotesco de su entorno, torna a lo grotesco del pasado, veta inagotable. Salambó narra la lucha entre cartagineses y mercenarios bárbaros en el siglo III antes de Cristo. El imperio de Cartago, ciudad acaudalada y fervientemente nacionalista, ha sido expulsado de Sicilia por los romanos en las llamadas guerras púnicas, y es incapaz, por la merma de su riqueza y por la codicia de sus gobernantes, de pagar las soldadas a las compañías de bárbaros, griegos, galos, africanos, que lucharon en su apoyo, en alquiler. Se da entonces una serie de combates, guerrillas asoladoras, que irán creciendo hasta el encontronazo final, donde nadie, en ningún bando, estará seguro. Este museo siniestro de pasadizos y galería abigarradas, “error” de Flaubert (en todo caso magnífico, mal leído e injustamente despreciado), tiene una serie de venas que ayudan al lector, como hilo de Ariadna en el laberinto, a encontrar la ruta con la cual se guiará a través de cada capítulo, exhaustivamente detallado, descrip-


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Shakespeare y Cervantes: el enigma

Río de Palabras

Literatura

Por Rebeca Mejía López* Si hay dos figuras literarias que hoy en día siguen suscitando debates acerca de su identidad son, sin duda, William Shakespeare y Miguel de Cervantes. Ambos autores han sido sometidos a las más descabelladas teorías, desde especular que Shakespeare fue Francisco Bacon hasta decir que él y Cervantes murieron el mismo día. Carlos Fuentes incluso se atrevió a afirmar, en un ensayo bastante argumentado, que Shakespeare y Cervantes eran la misma persona. Por supuesto hay quienes discuten que siquiera se hayan leído mucho menos conocido, comenzando por la distancia geográfica hasta los géneros tan distintos manejados por ambos autores, uno dramaturgo por excelencia y otro dedicado al género novelístico. Sin embargo, al leer el capítulo XLIX, de la segunda parte de El Quijote, “De lo que sucedió a Sancho Panza rondando la ínsula”, no pude menos de sorprenderme al pensar: “Esto es Shakespeare”. Resulta que una doncella es cuestionada por Sancho Panza al verla pasear a altas horas de la noche por la ínsula, a lo que ella responde que su padre la tuvo encerrada durante diez años, sin siquiera poder salir a misa. Ante su deseo de ver el mundo, le pidió a su hermano que “me vistiese en hábitos de hombre con uno de sus vestidos y que me sacase una noche a ver todo el pueblo, cuando nuestro padre durmiese; él, importunado de mis ruegos, condescendió con mi deseo y, poniéndome este vestido y él vistiéndose de otro mío, que le estaba como nacido, porque él no tiene pelo de barba y no parece sino una doncella

hermosísima”. Así, los hermanos habían rodeado el pueblo y, al momento de querer volver a casa, vieron un gran tropel de gente y el varón le dijo a su hermana: “Hermana, ésta debe de ser la ronda: aligera los pie y por añas en ellos, y vente tras mí corriendo, porque no nos conozcan, que nos será mal contado”. Sin embargo, a la hermana le fue imposible seguirle el paso, fue alcanzada por el ministro de justicia y llevada con Sancho Panza. Lo anterior me resultó extrañamente shakespeariano porque el argumento resulta muy parecido a Noche de Reyes, comedia que se cree fue escrita entre 1559 y 1601. La obra es sobre Sebastián y Viola quienes son hermanos gemelos, ellos terminan haciéndose pasar el uno por el otro, luego de un naufragio causando todo tipo de situaciones extraordinarias y graciosas, el autor presenta el problema de la identidad. Ahora bien, estimado lector, usted podría opinar que la coincidencia es mínima. Yo sólo le comparto mi primera reacción. Recordemos que la segunda parte de El Quijote fue publicada en 1615, esto da un margen de tiempo para que Cervantes hubiera podido leer a Shakespeare. Los expertos insisten en decir que ni se conocieron ni se leyeron, pero yo insisto en fantasear con Cervantes y Shakespeare conversando.

Paul Gustave Doré.

*Comentarios: Twitter: @RbkMej

Sacramental* Por Gerardo del Río y Gabriela Omayra López Galván Cual apóstol supe que tu carne saciaba mi instinto primigenio de felino, deja que tu cuerpo sea mi comunión. Como un animal herido sé que tú eres lo único que reduce las penas de mi corazón. El aliento cálido, no resiente distancias, es la ceniza donde renace el fénix. La escoria que inflama el corazón y el pulso nocturno. Como fórmula cabalística, mi corazón en gajos, ya no resiste, mas que el paso

del tiempo, sólo tiempo como arenas.

su tiempo.

Médanos que no son murallas, un libro siempre reescrito, y esos astros que saben de nuestro paso en sabanas y sábanas, que guardan nuestros anhelos, y en ellos el verbo hecho carne, un pulsar celeste es la misteriosa expresión de nuestras almas.

Usted y yo somos línea de luz que esplende en la oscuridad, fosforescencia de luciérnaga, brasa de una hoguera familiar donde se renuevan las historias; somos el pan tierno en el horno, la gota que destila la clepsidra y que no merma la sed de esta tierra árida, un paisaje de yucas y ocotillos, petroglifo que espera la mirada que lo descifre, la visión de una estrella moribunda en la bóveda celeste que aún destella y es trazo de luz que funde entre nosotros distancia y tiempo. Doy voz al gran

El rescoldo después del temblor es lo que queda, nada más, los destinos se han bifurcado. Las palabras evocan eso que pasa en otras latitudes, lo que es en otros lugares o lo que nunca fue en

Quevedo que ya sabía de ti y de mí y por eso escribió lo siguiente: “Alma, a quien todo un dios prisión ha sido, venas, que humor a tanto fuego han dado, médulas, que han gloriosamente ardido, Su cuerpo dejará, no su cuidado serán ceniza, mas tendrán sentido polvo serán, mas polvo enamorado”. *Poema a cuatro manos.


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Del papel al dispositivo electrónico Por Carlos Flores papel, un excelente tamaño de letra y un tamaño manejable y, por supuesto, con un trago al lado, ya sea café, té o whiskey (bourbon o scotch). Tener los pasillos del hogar con libreros repletos. Tener el tiempo y la paciencia para acomodar libros en ellos. Darse el placer de recorrerlos y ver lo que se posee. Sentarse en el sillón favorito a leer. Lo malo es que no se puede obtener todo lo que se desea. Llevo años buscando un par de ejemplares de Cuentos fantásticos del siglo XIX de Italo Calvino y no los encuentro, menos voy a encontrar la obra completa de Kundera o Chandler. Por otro lado, tener un dispositivo electrónico como un lector kindle o un lector de ebooks me permite traer conmigo una biblioteca completa, acceder a la edición de un libro en el momento que lo quiera con tan solo un movimiento electrónico. El dispositivo, una vez que se usa (o se acostumbra uno a usarlo) se vuelve

agradable. Tiene buen tamaño y permite controlar el brillo y el tamaño o tipo de letra. Se puede tener un diccionario integrado. Puedo convertir mis propios textos, como un trabajo académico o una composición literaria en formato electrónico y revisarlos donde quiera que me encuentre. Es ideal para esperar en una fila, ya sea en el banco, el servicio médico mexicano o las burocráticas oficinas de gobierno. También se puede leer en el sillón favorito. Pero sin duda, lo mejor es que se pueden obtener obras que son imposibles de obtener en las librerías del monopolio, y a veces ni siquiera en el Callejón del Santero o en la calle Donceles. Además, se salvan árboles.

No puedo ni quiero decidirme. Por la misma razón que sigo comprando vinilos, y por la misma razón que sigo escuchando cintas en mi auto aunque digitalice todos mis discos y escuché música en formato mp3. Voy a seguir comprando libros, para que me los firme el autor y tratar de emular al maestro Alejandro al tapizar mis paredes con ellos, para embriagarme con el olor del libro nuevo, para pasearme y codearme con los intelectuales en las ferias del libro, para seguir editando y publicando. Pero también voy a integrar en mi pasión por la lectura y el consumo inteligente los libros en formato mobi e epub. P.D. Con un dispositivo a color se pueden leer cómics.

Libros

Me resistí por mucho tiempo. Creo que aún me resisto. Pero paulatinamente he caído en sus garras. Antes de resistirme adoraba su otra presentación (y lo sigo haciendo): el bulto de papel en que venía impreso, el olor, la textura de sus hojas; cuando era nuevo, el olor a tinta del que seguía impregnado. Creí que no podría cambiarlo. Es más creo que no lo he cambiado. Digo, no es como conocer el formato mp3 y deshacerte de todas tus cintas (aún me arrepiento de haberlo hecho, pues la fidelidad de las cintas tenía otra textura auditiva) o cuando el cedé dejó atrás a los vinilos (me arrepiento más, pues este último se escuchaba mucho mejor). No quiero cometer el mismo error, creo que el formato impreso y el digital pueden convivir. Mi razón es más que obvia. No se puede uno despojar del libro como objeto, pues no hay nada mejor que leer en una buena edición, con buen

De aquéllos sea la gloria Por Roberto Galaviz

en algunos casos, por efímeros e inclasificables son los mejores

El Picaporte

no viven del eco del aplauso de las tradiciones, ni en la barroca e intelectual memoria de los académicos

Es “itinerario”, no “intinerario”

son artistas y genios auténticos que no requieren teorías para ser explicados, amados y vanagloriados algunos de ellos quizá no sepan escribir siquiera no se hayan graduado acaso ni hayan debatido profundos y bizantinos temas con desocupados vespertinos su poesía y su obra es ordinaria como la vida misma: rompen corazones sin dejar cicatrices hacen goles en campos llenos de piedras, besan a sus hijos cuando ya duermen y poco antes de amanecer, beben con extraños en conocidas tristezas, es decir, viven en el mundo real, no en uno de ideas

Por Simitrio Quezada Ante la duda, recúrrase a la etimología. Suelo decirlo porque en efecto la lengua original de cada palabra es garantía para deducir la correcta escritura. Como ejemplo de esto tenemos la palabra “itinerario” y su variante “itinerante”. Se escribe “itinerario” y no “intinerario” porque la palabra

no hay método científico ni bibliografía, o vetusta cátedra que los contenga

latina original es “iter”, camino. Quizá la confusión llega porque hay quien cree que la palabra primigenia es “inter”. Así que tampoco existe algo “intinerante”: es “itinerante”. *Lo invito a que envíe comentarios y demás inquietudes a: siquezada@hotmail.com César Ramos. Síntesis No. 2. Litografía.

de ellos sea la gloria.

Río de Palabras

Hay poetas -que por fortunano son reconocidos ni insertados en una corriente o movimiento artístico


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Literatura

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Manuel Iris

Fotografía: Teresa Meyer.

Los disfraces del fuego Por Jánea Estrada Lazarín Manuel Iris (1983) es un poeta yucateco que actualmente vive en Cincinnati y estuvo en Zacatecas en fechas recientes para presentar su más reciente libro de poesía, editado por Atrasalante, una editorial independiente comandada por el poeta y editor Iván Trejo, que se ha especializado en publicar poesía. El libro fue presentado en la Librería Andrea por otra joven poeta, Verónica González Arredondo. Nos encontramos con él en un café del centro e iniciamos la conversación hablando Rafael Coronel; esa tarde había ido -previo a nuestra cita- a visitar el museo que lleva el nombre del pintor zacatecano y regresaba de ahí muy entusiasmado.

Manuel Iris: Estoy obsesionado con Rafael Coronel; hace dos años hubo una muestra y entré por casualidad. Al entrar me topé con una pintura impresionante, seguí la exposición y me quedé impactado con su trabajo. Me puse a investigar sobre él, compré el libro Retro-futura, me gustó mucho su obra; de hecho quiero hacer un libro de poemas a partir de ciertas pinturas de Coronel. Su trabajo… sobre todo lo último, me encanta porque veo que parte de la realidad pero no es la realidad; tiene sus propios símbolos y signos con significados que no conocemos, tal vez él tampoco, pero lo que estamos viendo es algo que no tiene nada que ver con este mundo, es un mundo aparte, y eso me fascina… además me gusta que

sea figurativo. Jánea Estrada: Hablemos ahora de ti, de tu vida… Manuel Iris: Crecí en Mérida, en casa de mis abuelos. Nos movíamos con frecuencia de casa debido al trabajo de mi abuelo, al que cambiaban constantemente; por eso estuve como en 5 primarias, luego hice ahí, en Mérida, la secundaria, la preparatoria y la universidad y luego me dieron la beca para ir a estudiar a la Universidad Estatal de Nuevo México; estudié sin descanso, terminé la maestría e inmediatamente hice el doctorado que acabo de terminar hace dos años, siempre estudié literatura con especialidad en poesía, que es lo que

me gusta en la vida. Luego me di cuenta que mis amigos que se metían de lleno a la academia tenían que robarle tiempo al tiempo para escribir y yo no quise eso, lo mío es escribir. JE: ¿Cuándo iniciaste a escribir? MI: Comencé a escribir al final de la preparatoria. Tuve la suerte de encontrarme con maestros muy lindos que me dijeron que yo podía ser escritor: en la prepa Jesús Aranda y Rafael Pinto; trabajábamos en un grupo que se llamaba Palabras De Mentes, en el que escribíamos, nos corregíamos entre nosotros, tallereábamos mucho. En la facultad, un novelista yucateco, Joaquín Bestard, tenía un taller literario abierto en el edificio central de


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JE: ¿Y tú cómo eras? ¿Por qué te sentías diferente? MI: Mi familia me quería mucho, las muchachas me hacían caso, me gustaba bailar salsa, leía en un cuarto con sol, siempre he usado guayabera –siempre me he vestido de viejito-. Me enamoraba cada media hora. A mí me daba vergüenza con ellos. Pero nunca me puse a escribir de cosas tristes sólo porque eso era lo que tenía que hacer; ni me vestí de otra manera porque lo tenía que hacer… me visto así porque mi abuelo siempre se ha vestido de guayabera sobre todo en ocasiones importantes; él es un tipo amoroso, muy chistoso, pero muy propio, elegante. Crecí escuchando boleros, la música de ellos. JE: ¿Qué tipo de música? MI: Benny Moré, Buena Vista Social Club, la trova yucateca. De hecho en algún momento yo canté en un grupo de trova yucateca, “Tu sol entero”, se llamaba; me gusta la cantada y hasta guitarra clásica estudié… JE: Canta, bailas, escribes… MI: [Ríe] Pues es que me encanta estar feliz. Cocino hasta cochinita en Cincinnati. Yo creo que la tristeza existe, pero no la voy a buscar… JE: Hablemos de tus libros… MI: Mi primer libro lo escribí muy joven, a los 21 años. Era un libro de poesía para niños. Se agotó la primera edición, se hizo la segunda que además salió con CD; se llamó Versos robados y otros juegos; este libro surgió porque me parecía que mi hermanito, quien estaba iniciando hablar en ese momento, decía cosas poéticas; el libro terminó siendo muy exitoso porque eran poemas muy cantables, en octosílabos… me divertía mucho en las presentaciones, yo estaba celebrando esa maravillosa poesía del lenguaje, pero en el fondo pensaba que nadie me tomaría en serio después. Tardé 7 años en publicar mi segundo libro, El cuaderno de

JE: El poeta, la poesía, el silencio… MI: Creo en la poesía como una forma de comunicarnos con nosotros mismos y con la trascendencia y eso no se hace con ruido; yo creo sobre todo en la poesía como una forma de oración. Los poetas generamos silencios, eso somos. Como a mí me interesa verlo, el poeta es un generador de pausas, un promotor de lentitudes. Creo que es necesario tomar espacio, tiempo… y silenciarnos por dentro para poder escuchar verdaderamente lo que somos.

los sueños, que salió en el 2010, se ganó el Premio de Poesía Mérida y lo publicó Tierra Adentro; ése fue el libro con el que me di a conocer porque se distribuyó en todo México, tuvo muy buena cobertura con la prensa y fue muy bien aceptado. El cuaderno de los sueños es un libro completamente distinto al primero, en el que mezclo fragmentos de prosa con poesía, en él se manejan todas mis obsesiones: la belleza como un modo de lo trascendental, el amor… Luego salió en 2014 un libro que no se consigue en México, editado en Brasil: un poeta brasileño llamado Floriano Martins me invitó a hacer un libro con él sobre jazz, Overnight Medley. Y este año, hace unos meses salió Los disfraces del fuego, con el que gané el Premio Rodolfo Figueroa en Chiapas en enero de 2015, una edición en coedición con el CONECULTA Chiapas y la editorial de Iván Trejo, Atrasalante. JE: Es un trabajo muy interesante el que está haciendo Iván Trejo, porque además de lo bonitos que están sus libros, porque coincidirás conmigo en el que el diseño

editorial es hermoso, la labor de difusión que hace es impresionante. MI: Yo creo que es un trabajo muy hermoso. Y sobre todo porque hace su trabajo con poetas… Yo estoy muy agradecido con Iván y con Ana Delia García, que es la otra socia, por la oportunidad de hacer esto. Hemos recorrido en estas semanas prácticamente todo el país, de Tijuana a Yucatán, promocionando el libro. JE: Hablemos de Los disfraces del fuego… MI: Los disfraces del fuego es un libro que significa para mí un nuevo momento de mi poesía, aunque publico poco, cambio de voz. Está dividido en tres secciones grandes. La primera sección habla del silencio, la última de la muerte; como un asunto cíclico, la muerte y el silencio terminan por equivalerse. Y en medio de eso está la vida: los disfraces del fuego. La idea de esta obra no es nueva, yo tengo la idea de que todo lo que vivimos, lo que hacemos, lo que experimentamos, es la repetición de un arquetipo primigenio, de modo que cada uno de nosotros es parte de un mismo fuego primario y que cada

JE: Ya para terminar y a propósito de la contemplación en el sentido de que se observa al objeto para comprender(se), ¿cómo contemplas a tu país a la distancia? MI: Estar lejos me da libertad en cierto sentido. Veo que últimamente las cosas están desastrosas y es muy triste ver que se cae a pedazos. Pero lo único que puede hacer uno es hacer lo que se sabe hacer bien. Yo creo que uno también escribe poesía para saldar cuentas con la realidad; creo que si la realidad es bella uno contesta con belleza porque es lo mínimo que uno puede hacer. Y si la realidad es terrible… hay que contestar con belleza porque es lo mínimo que uno puede hacer. La poesía es una manera de contestar; porque propiciar el entendimiento de los otros también es una forma de cambio. Iris se encuentra en un muy buen momento de su vida; recién contrajo matrimonio y se dedica además de escribir, a impartir clases en Cincinnati. Disfruta y ama la vida, la buena música… enamorado de los boleros tiene una voz con la que bien hubiera podido también dedicarse profesionalmente a cantar, pero eligió la poesía o la poesía pudo haberlo elegido a él; lo cierto es que es un extraordinario poeta, un poeta que busca “mínimamente ser feliz”, como nos lo dijo esa tarde de julio. Su libro puede encontrarlo en Librería Andrea.

Literatura

uno de nosotros, cada una de las cosas que vemos y vivimos es un disfraz del fuego. Estos disfraces son la vida; antes de eso está el silencio –la pre-vida- y luego estará la muerte que es otra especie de silencio. La muerte es un regreso a un lugar que estuvo antes de estos disfraces. Me dice una amiga, Beatriz Pérez Pereda, que esto es lo primero que yo no escribo con la piel, porque yo he sido siempre un poeta muy de lo sensual… y en este libro no es que yo no lo aborde, sino que tomo la piel como trampolín hacia la trascendencia; éste es un libro más lleno de silencios, más aforístico, un libro en el que hablo menos porque me interesa crear silencio interior… Mientras que mis otros libros están basados en la observación, Los disfraces del fuego rota hacia la contemplación…

la universidad al que asistí poco más de dos años; fue un taller que me ayudó mucho porque el Mtro. Bestard nos ayudaba a que encontráramos nuestra propia voz. Ése era el tipo de taller que me gustaba, los demás eran demasiado oscuros para mí; yo era un adolescente candoroso y el hablar por ejemplo siempre de cosas tristes, “profundas”, como que no se me daba. En el taller de Bestard yo me sentía muy cómodo porque siempre fue muy amable conmigo; en aquel entonces los escritores con quienes convivía eran mucho más interesantes que yo, tenían cosas que contar, era lo que sentía yo… se les había muerto el papá, habían tenido un amor terrible, tenían algún vicio, se vestían de negro…


Promoción de la Lectura

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LA GUALDRA NO. 209

Los otros tesoros de Vetagrande Por Eduardo Campech Miranda Los relatos orales son uno de los elementos que otorgan identidad a un pueblo. Sin duda La llorona es una historia que forma parte del imaginario colectivo, de las voces que nos habitan. Voz que compartimos con la mayoría de los países latinoamericanos. Si uno busca en internet leyendas de Vetagrande, encontrará que la leyenda de La piedra negra será el relato con más presencia en la red, de ahí uno de los valores de este texto: el rescate y la difusión de la tradición oral de Vetagrande. Quiero ahondar un poco, sólo un poco en torno al autor. Conocí a Raymundo de Lira Quiroz hacia 1993 o 1994. Entonces yo era un joven imberbe. Más de veinte años después sigo imberbe, pero ya no joven. Coincidimos en una agrupación denominada Escritores y Artistas Unidos e Independientes de Zacatecas. De toda esa larga frase sólo había una verdad: vivíamos en Zacatecas. En 1994 esa asociación publicó su segunda antología literaria: Por las anchas venas de la noche. Ahí participamos Raymundo y yo. De hecho, me pidió que prologara su sección. Petición que me llenaba de orgullo a mis veintidós años. Por tal motivo conocí mucha de su obra hasta aquel momento. Un par de años después me presentó a su segundo hijo: Relatos de Vetagrande. El título

le viene bien, porque emulando a los hermanos Grimm, de Lira Quiroz recopiló algunas historias en voz de los propios habitantes de la Veta, entre los que sobresalen Juan Antonio Gutiérrez Luna, José Refugio Zapata, los hermanos Valdés. Incluso me atrevería a afirmar que hay relatos transcritos tal como salieron de la boca de los informantes, tal es el caso de “El caballo y el jinete”, donde poco antes de concluir la breve historia nos enteramos que los personajes estaban recién casados. Entre las historias que se incluyen hay aquéllas en que los propios protagonistas son quienes las transmiten. Coincidiendo, un par de ellos, en que no lo contaron en su momento debido a la prohibición del sacerdote en turno, bajo el argumento de que “nadie les creería”. Otras más, tienen un tinte didáctico moralista: las apariciones demoniacas, fantasmales, los sustos gratuitos son producto de andar a altas horas de la noche, bajo los influjos del alcohol, persiguiendo espíritus femeninos que se “cotoneaban seductoramente” o acudiendo al “abastos” (así se le conocía a una casa de mala muerte, pero de vida plena). Sauceda de la Borda y sus alrededores son el marco de estos relatos. El autor describe a detalle la topografía del lugar:

Siguiendo el mismo camino se divisan frondosos pirules, mogotes de nopales cardones y pachones, en donde los pastores hacen majadas y pastan ovejas en las faldas y las cimas de los cerros poblados de chaparros prietos. Los temas van de los fenómenos sobrenaturales, fantasmas, Satanás, tesoros, bandoleros, castigos divinos. En fin, todos aquellos elementos propios de la literatura fantástica. Por el ámbito de la cronología, las historias van de 1700 hasta el cercano 1995. Cabe resaltar que las historias más antiguas fueron propiciadas por Gutiérrez Luna. La noche es cómplice, ya lo dijimos, para dar cobijo a las experiencias terroríficas para los protagonistas: así alguien es elevado por el diablo (y aclaro, no hay nada que haga suponer que le estaba quemando las patas a Satán); a una mujer se le aparece el ángel caído en el velorio de su madre, otros terminan lívidos por seguir su libido. Cuevas encantadas, tiros de mina, cerros, iglesias, el campo, arroyos, senderos y potreros son los espacios de los hechos. Si como mencioné al principio las leyendas conforman la identidad, podemos encontrar en este libro, al menos, un par de ellas que son parte de la tradición oral mexicana: “La Llorona” y “Mujer con cara de caballo”, mismas que

tienen su origen en el México posterior a la Conquista. Asimismo, hay imágenes muy compenetradas en el imaginario colectivo y en la tradición literaria mestiza, tal es el caso del Diablo vestido elegantemente de charro negro. O el nacimiento de un hijo (o hija) con algún defecto como castigo divino. En Cien Años de Soledad, García Márquez nos recuerda que los primeros hijos de Úrsula Iguarán y José Arcadio Buendía nacían con cola de cerdo; aquí, en “El tesoro de Ramán”, se nace con cola de rana. Una de las historias que más impacto tienen entre las personas que he prestado el libro es la de “María Magdalena, la rana y el Papa”. No sé si sea por la esperanza de tener un zacatecano en la cúpula del clero católico; no sé si sea el gusto por los personajes que se arrepienten; no sé si porque se vieron en una situación como la de María Magdalena. Lo cierto es que cuando concluyen su lectura, invariablemente preguntan si fue verdad. Lo es si tú quieres, es mi respuesta. Hay dos relatos más que llaman mi atención. Ambos tienen que ver con tesoros: uno es “Miguel chiquito” (en el nombre lleva la ambición) y “El tesoro de Ramán”. Este último, a mi juicio, el relato más elaborado y con tintes de leyenda. Ojalá y quien lea estos textos haga no una, sino varias lecturas, y alguna de ellas sea un día cualquiera, recorriendo los lugares que resguardan estas historias. Y ojalá alguien pueda rescatar más de ellas, de ese otro tesoro oculto en Vetagrande.


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17 de AGOSTO DE 2015

Desayuno en Tiffany’s, mon ku La Isla Mínima Por Évelyne Coutel

Cine

Situado a medio camino entre lo local y lo universal, este thriller que se inserta en la prestigiosa genealogía del film noir, de las “películas de detectives” o del “cine criminal” se ambienta en la España postfranquista de los años 80, en un pequeño pueblo andaluz de las marismas del Guadalquivir donde dos chicas han sido asesinadas. La investigación corre a cargo de dos policías madrileños de ideología opuesta que unen su fuerza en una carrera frenética por encontrar al asesino en serie. Si las cintas que Alberto Rodríguez rodó entre 2002 y 2012 (El traje, Siete vírgenes, After, Grupo 7) ya habían entusiasmo al público y a la crítica, La Isla Mínima parece marcar un hito especial en la producción del cineasta andaluz. La cinta se llevó nada menos que diez galardones en la XXIX edición de los Premios Goya, incluido el de la mejor película. La interpretación no quedó al margen de los galardones: tratándose del dúo de policías, el actor Javier Gutiérrez (conocido del público español por sus variados papeles en series televisivas) recibió el Goya al mejor actor protagonista y su partner Raúl Arévalo fue nominado a este mismo premio. Entre los ingredientes fundamentales que conforman este thriller rural y castizo hay que destacar el espacio salvaje y hostil de las marismas que en varias ocasiones se ofrece a la vista a través de planos cenitales que a uno le pueden dar vértigo al observar este laberíntico cañamazo por el cual los dos policías

tendrán que moverse hábilmente para resolver el enigma. En suma se puede decir que el tratamiento del espacio constituye el vector del suspense y de la intensidad que mantienen en vilo al público fotograma tras fotograma. A nivel sociopolítico, la cinta desmiente la visión paradisíaca de la llamada “transición democrática” que no fue ni mucho menos un periodo de júbilo para todos. El trasfondo histórico, que en cada momento se perfila en la trama, indica que pese al cambio de régimen y a la transición hacia la democracia la sociedad de los años 80 seguía marcada por los avatares del franquismo o tardo-franquismo y por la pervivencia de prejuicios anticuados, dejando claro que la evolución de las mentalidades es un proceso lento que nunca coincide con los cambios políticos oficiales. Entre otras cosas se destacan el desprecio

a las mujeres y la clasificación maniquea de la feminidad en dos polos, el de las chicas buenas y el de las chicas malas. Obviamente las dos chicas asesinadas pertenecían al segundo: tenían “fama de fáciles” y al igual que otras compañeras suyas sólo soñaban con salir de ese pueblo agobiante. La suerte aciaga de las dos adolescentes (torturadas y mutiladas antes de ser asesinadas) recuerda en filigrana las atrocidades pasadas; asimismo, los métodos brutales de uno de los inspectores son un eco directo a la barbarie dictatorial. Más generalmente, el escenario cenagoso y engañoso de las marismas puede leerse metafóricamente como la representación de un turbio período de brumas y penumbras, lleno de oposiciones y desacuerdos que hoy en día no han dejado de dividir a la sociedad española.

Castillo de sal si puedes Por Ester Cárdenas Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de un sentido único. Agatha Christie El próximo quince de septiembre en el condado de Devon se celebrará el 125 aniversario del nacimiento de la gran escritora inglesa Agatha Christie, quien hizo del crimen un arte y del veneno el arma favorita de sus personajes. El libro de Guinness de los Récords le acredita más de dos mil millones de libros vendidos en más de cien idiomas. Hace cuarenta y tantos años la Alameda García de la Cadena era un lugar verdaderamente encantador, en cuyas jardineras resaltaba un pasto sumamente

cuidado rodeadas de pensamientos de muy diversos colores, cierto, no había álamos, tampoco presidentes municipales ni gobernadores de voracidad superlativa que en los últimos años se han encargado de destruir esa especie de jardín mágico. En el sitio en el que muchos años después colocaron una heladería, estaba una especie de quiosco con pequeños locales comerciales, en uno de ellos vendían libros y revistas, fue justamente ahí donde con mi “domingo” compraba cada ocho días un libro de Agatha, las portadas eran coloridas y atrayentes y qué decir del contenido. En el juego intelectual entre autor y lector –que está implícito en toda novela policiaca verdadera- Agatha Christie siempre supo ganar la partida, aunque

para ello tuvo que recurrir a veces a la carta oculta en la manga. Un buen ejemplo de esto es El asesinato de Roger Ackroyd, que nos relata el asesinato de un médico en un pequeño pueblo inglés, hecho que produce la interrupción de las vacaciones del célebre detective Hércules Poirot. Las pistas se nos dan de tal forma

que todo aquél que lo lea en forma cuidadosa e inquisitiva puede llegar a conocer quién es el asesino. En esta novela la autora juega con el prejuicio del lector que se niega a las evidencias por lo inusual del hecho y al dar una connotación doble al secreto del asesino; Agatha engaña al lector y destruye todas las posibles sospechas que podía haber acumulado. Cualesquier novela de Agatha vale la pena, mis favoritas al día de hoy son: Asesinato en el Orient Express y Muerte en el Nilo. Y como asegura Gerda Critow, en las novelas de Agatha “Los asesinos son gente corriente, como tú y como yo, a la que un día se le cruzan los cables por celos, por venganza o por cualquier otra razón mundana. A diferencia de los thrillers de hoy en día, a los que asistimos como lejanos espectadores, aquí formamos casi parte de la trama. Nos identificamos con los personajes, los reconocemos como miembros de nuestra propia familia y nos vemos al final en la tesitura de preguntarnos. ¿Quién lo hizo?”.


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LA GUALDRA NO. 209 Edad $50.00

Edad $50.00

JUEVES 20 y 27 19:00 horas Tradicional Concierto Banda Sinfónica del Estado de Zacatecas Dir. Salvador García y Ortega Plazuela Goitia

SÁBADOS 22 19:00 horas Sábados en la Cultura Música La Mecha – Chile Escalinatas del Antiguo Templo de San Agustín y Plazuela Miguel Auza

VIERNES 28 20:00 horas ¡Vive la Ciudad! Afro Brothers – Guadalajara, Jal. Plazuela Miguel Auza

VIERNES 21 19:00 horas Ópera La Flauta Mágica de W. A. Mozart Compañía de Ópera de Zacatecas Camerata de la Ciudad de Zacatecas Dirección General: Patricia Ahumada Director Concertador: Alfonso Vázquez Director Artístico: José Manuel Delgadillo Dirección Escénica Noé Germán y Patricia Ahumada Teatro Ramón López Velarde Admisión: $100.00 – Estudiantes, Docentes y Tercera

DOMINGO 23 19:00 horas Ópera La Flauta Mágica de W. A. Mozart Compañía de Ópera de Zacatecas Camerata de la Ciudad de Zacatecas Dirección General: Patricia Ahumada Director Concertador: Alfonso Vázquez Director Artístico: José Manuel Delgadillo Dirección Escénica Noé Germán y Patricia Ahumada Teatro Ramón López Velarde Admisión: $100.00 – Estudiantes, Docentes y Tercera

SÁBADOS 29 19:00 horas Sábados en la Cultura Música, Danza y Teatro Escalinatas del Antiguo Templo de San Agustín y Plazuela Miguel Auza 8º Festival Internacional de Blues & Jazz, Zacatecas Del 13 al 29 de agosto de 2015 Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez

Jazz MAD TRÍO México Viernes 21, 19:00 Hrs. QU-JAZZ Zacatecas Viernes 21, 20:00 Hrs. Jazz–fusión LA TIERRA Zacatecas Viernes 21, 21:00 Hrs. Jazz MATÍAS CARBAJAL ENSAMBLE México Sábado 22, 20:00 Hrs. Jazz–fusión CAXCÁN LATINO & ORFEO Zacatecas

Segunda semana Jueves 20, 20:00 Hrs. Jazz SANTUR Zacatecas

Sábado 22, 21:00 Hrs. Blues ESTACIÓN MONROVIA México

Jueves 20, 21:00 Hrs.

MUSEOS Y GALERÍAS

ANTIGUO TEMPLO DE SAN AGUSTÍN Colectiva Nueva Figuración Generación II de Diego Narváez, Cassandra de Santiago Delfín, Mónica Zamudio y Benjamín Valdés Curaduría: Lelia Driben Permanencia: 30 de agosto MUSEO DE ARTE ABSTRACTO MANUEL FELGUÉREZ Un impulso creativo de Fernando García Ponce Sala de Exposiciones Temporales I Permanencia: 30 de agosto

Venas de Acero de Águeda Lozano Sala de Exposiciones Temporales II Permanencia: 30 de agosto MUSEO FRANCISCO GOITIA Vieja a ninguna parte de Nino Magaña Permanencia: 30 de agosto MUSEO ZACATECANO Apuntes sobre mi vida de Humberto Carrasco Permanencia: 30 de septiembre FOTOTECA DEL ESTADO

PEDRO VALTIERRA Eliezer Name Zapata. 35 años de luz y sombras Permanencia: 26 de agosto Memoria Óptica Colectiva Expositores: Alejandro Cuevas, Arturo Hernández, Edgar Chávez, Francisco J. Segovia, Irais Hernández, Isaac Araiza, Isis Vargas, Juan C. Basabe, Mariano Aparicio, Miguel Á. Cid, Mónica M. Castañeda, Mónica Trueba, Omar E. Neri, Rolando Cantú, Rosa Ma. Ibarra, Said Reyes Permanencia: 6 de septiembre.


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LA GUALDRA NO. 209 / 17 de AGOSTO DE 2015

Dentadura postiza

Río de Palabras

Por Pilar Alba Nada me resultaba más cómico que ver a mi abuela masticar con su dentadura postiza. A algunos tal vez les parecerá asqueroso. A mí por el contrario, ver ir y venir los dientes tratando de triturar la comida, de reducirla a pequeños trozos para que resultara ingerible; me parecía de lo más entretenido. Cuando mi madre me hablaba para que le llevara la comida a mi abuela, no me importaba dejar el juego, la televisión, mucho menos la tarea. Iba corriendo a buscar el plato, la cuchara, el pan o las tortillas; según el menú de ese día. Vete mijito yo te grito cuando termine para que vengas por el plato. Me decía con su voz extraña, mientras yo servicial le respondía que no, que me quedaría ahí para que no comiera sola. Y entonces me preparaba para ver el espectáculo de la molienda. A veces cuando la carne estaba

dura, o la verdura mal cocida, los dientes se le salían por completo, y yo evitando la carcajada para que no me agarrara a bastonazos, rápidamente recogía la dentadura, la enjuagaba y se la devolvía a la abuela, quien muy quitada de la pena otra vez se la ponía. Cuando las personas llegan a viejas ya no les da vergüenza nada, bueno eso creía yo en ese tiempo. Cuando acababa de comer antes de que me llevara los platos siempre me acariciaba la cabeza y me decía: Que Dios te pague. A mí de repente me entraba algo así como el remordimiento, porque yo no lo hacía por caridad o para ser buena persona; me gustaba verla masticando, esperaba algún día robarle la dentadura, o que de perdido me la heredara… lo malo cuando murió es que la enterraron con ella.

Lo hago por tu bien Por Alberto Huerta Para Olaya Sampedro Ni lo intentes. Ni se te ocurra intentarlo siguiera. Y así, así, óyelo bien, mejor no continuamos. Sabes muy bien, pero muy bien, que lo hago por tu bien. Pero a ti te importa muy poco. No tienes la menor consideración conmigo. Un detalle, un pequeño detalle de tu parte. ¡Deja de comer chocolates! ¿Nadie te ha dicho que son increíblemente adictivos? ¿Quieres una adicción más a tu larga lista? ¿Qué vas a hacer? ¿Quién te dijo que podrías levantarte de la mesa? Así, no, de esa manera no. ¿No te das cuenta que lo hago por tu bien? ¿Cómo quieres que te lo diga? Pero todo te entra por una oreja y te sale por la otra. No controlas tu ingesta de triglicéridos, glucosa, y debes de traer tus niveles de colesterol por las nubes. No pongas esa cara de víctima. No te queda. No te queda. Y lo sabes bien. Pero lo haces adrede. No aprendiste nunca cómo comportarte en sociedad. Todo mundo se ríe de ti. Y tú, tú, en tu ceguera, no te das cuenta. Me avergüenzas. ¿Con qué cara voy a mirar a nuestras amistades? ¿A ver… con qué cara? A veces me dan ganas de propinarte un par de cachetadas guajoloteras.

¡Baboso! Piensa, idiota, recapacita, menso, y te darás cuenta de que todo lo hago por tu bien. Sí, por tu bienestar. Aunque lo dudes. ¡Estúpido! Lo bueno fue que nunca… ¡Óyelo bien!... tuvimos hijos. Por algo Dios, en su magnificencia, no nos los envió. ¡Por algo! De haberlos tenido, imagínate el futuro que les esperaría. ¡Dios bendito! Sólo de pensarlo se me enchina la piel. ¡Deja de estar jugando con el migajón del bolillo! ¡Cochino! Disfrutas revolcándote en la suciedad. ¡Fúchila! ¡Cerdo! Es la última vez que te lo digo… ¿Entiendes? ¡La última! Porque la próxima te voy a dejar roja la cara con las cachetadas que te voy a acomodar. ¿Entendiste? ¿Tú mamá no ingirió ácido fólico cuando estaba embarazada de ti? Lo más seguro es que no. ¡Pobrecito! ¡Pobrecito! No, así no, ya te lo dije. Así no. Ya no te voy a escuchar. Habla todo lo que quieras. No te voy a contestar. A palabras necias… oídos sordos. ¿Cuántas veces tengo que repetirlo? Todo lo hago por tu bien. ¡No te oigo! ¡No te oigo! ¡Hipócrita! ¿Calladito te ves más bonito? Cínico. Eres un maldito y despreciable cínico, pero Dios te está viendo y el castigo que te enviará será ejemplar. ¡Acuérdate bien… hay un Dios!

Récord mundial Por Edgar Khonde Le digo que sea como sea tenemos el récord mundial en querernos. Ella sonríe. De por sí, es decir, hasta cuando no quiere. Luego se acaba de un trago el café, deja la taza en la mesa y afirma que hemos hecho trampa. —A lo mejor, ya nos queríamos desde antes —dice—, tienes que reconocer que desde la primera vez que nos vimos, supimos que estaríamos juntos para siempre y eso es partir con ventaja —agrega, con su grande sonrisa. “El destino”, dice que estábamos predestinados. Y me acuerdo. Ella volteó desde la banca de adelante, yo estaba precisamente arrobado en su cabello. Me miró tan fuerte que tuve que asirme con todas mis fuerzas a la gravedad del universo, e hizo uno de esos gestos

tan suyos como cuando dice “¿En serio?”. Yo había dicho algo en clase, una idiotez, que el lenguaje era cosa de acertar con los sonidos, o eso que todavía digo: el lenguaje es fe ciega en que cuando uno dice una cosa de verdad la dice. Me retracté, tartamudeé. Regresó su vista al frente y apenas terminó la hora, salí detrás de ella. A mí me gusta pensar en la casualidad, en el azar, es decir: en mi suerte. Aira dice que el azar, la casualidad, el destino, son otros nombres de la realidad, de nuestra realidad. “Tenemos el récord mundial en querernos”, le digo. Me da un largo beso, largo como las vías del ferrocarril. Luego se levanta. Dice que tiene una junta importante, que nos vemos otro día. Me vuelve a dejar enamorado, como siempre.

Autorretrato, 1952. Roma. Colección particular. Su autor, Juan Soriano (1920-2006), nació un 18 de agosto, así lo recordamos en La Gualdra.


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