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SUPLEMENTO CULTURAL

NÚMERO 16 - 19 DE SEPTIEMBRE DE 2011 - AÑO 1

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN


La semana pasada conmemoramos el 201 aniversario de la proclamación de nuestra independencia. Esta semana, celebramos el Día Internacional de la Paz. Bajo el lema “Paz y democracia: haz que tu voz se oiga”, por trigésima ocasión celebraremos este 21 de septiembre un día que ha pasado desapercibido para la gran mayoría de nosotros. Fue en el año 2001, cuando la Asamblea General de la ONU en su Quincuagésimo quinto período de sesiones, emitió una resolución que retomaba otra anterior - 36/67, de 30 de noviembre de 1981- en la que se menciona lo siguiente: “Deseando señalar a la atención los objetivos del Día Internacional de la Paz y, por ende, fijar una fecha para su observancia cada año que se distinga del día de apertura del período ordinario de sesiones de la Asamblea General, 1. Decide que, con efecto a partir del quincuagésimo séptimo período de sesiones de la Asamblea General, se observe el Día Internacional de la Paz el 21 de septiembre de cada año, fecha que se señalará a la atención de todos los pueblos para la celebración y observancia de la paz; 2. Declara que el Día Internacional de la Paz se observará en adelante como un día de cesación del fuego y de no violencia a nivel mundial, a fin de que todas las naciones y pueblos se sientan motivados para cumplir una cesación de hostilidades durante todo ese Día; 3. Invita a todos los Estados Miembros, a las organizaciones del sistema de las Naciones Unidas, a las organizaciones regionales y no gub ernamentales y a los particulares, a conmemorar de manera adecuada el Día Internacional de la Paz realizando, entre otras cosas, actividades educativas y de sensibilización de la opinión pública, y a colaborar con las Naciones Unidas en el establecimiento de una cesación del fuego a nivel mundial. 111a. sesión plenaria. 7 de septiembre de 2001”. ¿Cuántos de nosotros conocemos a cabalidad las disposiciones de la ONU? ¿Cuántos estaremos dispuestos a fomentar una cultura de la paz? Esta paz que tanto necesitamos y que vemos a la distancia como si nunca hubiera existido, como si no nos perteneciera. En la Gualdra pasada, ya varios ciudadanos mexica-

nos, expresaron su profunda consternación por lo que sucede en nuestra patria, vimos cómo lo coincidente es el miedo, la desesperanza y el amor a nuestra tierra. Lo desafortunado ha sido hasta ahora que en una postura egoísta, hemos delegado la responsabilidad casi total a las instituciones gubernamentales para que sean éstas quienes solucionen nuestra situación. Sucede casi lo mismo en las escuelas, en la que los padres dejan a los profesores que sean ellos quienes eduquen y formen a sus hijos, cuando la responsabilidad debe ser compartida. Lo sociedad civil debe empoderarse, debe encontrar la manera de incidir en las decisiones que nos afectan a todos. Los seres humanos tenemos la gran virtud de unirnos para trabajar en pro de un proyecto en común cuando es necesario. Tenemos además la capacidad de dialogar, de analizar los diferentes discursos para extraer de ellos lo conveniente y lo que no lo es. Celebremos este Día Internacional de la Patria con acciones primero al interior de nuestra casa. Promovamos el cese al fuego, a la violencia en nuestras calles. Luchemos por que este país sea más justo, digámosle no a la discriminación, a la violencia, a la desigualdad entre los géneros; contribuyamos con nuestras acciones cotidianas a fomentar una educación cívica que nos rescate de este caos que estamos viviendo. El 16 de septiembre presencié el desfile militar y vi cómo la gente al paso de los soldados les aplaudía y los vitoreaba. Qué bien que haya gente honesta y buena dispuesta a dar la vida por la paz. Qué triste que nos crucemos de brazos a contemplar pasivamente cómo estos hombres y mujeres hacen su trabajo, mientras nosotros no hacemos lo que nos corresponde como ciudadanos. El amor no se demuestra con palabras. Se demuestra con acciones. Las acciones para la paz entonces deberán estar encaminadas a dialogar, a negociar, a sensibilizar, a construir. No es difícil.

Jánea Estrada Lazarín / lagualdra@hotmail.com

Gritarle al cielo nuestra patria en pedazos Por Gabriel Luévano

Cartas a la Patria por: Héctor Lazarín Mateo Estrada Gaviria Ronaldo Monreal Vicente Soriano Tlachi La narrativa de la violencia v.s. el discurso de la paz Por Cristina Ávila-Zesatti

Agenda Cultural Septiembre 2011

Sobre (y bajo) el orden del crimen Por Nelson Guzmán

Castillo de sal si puedes Por Andrea Sampedro Las manipuladas comparaciones Por Eduardo Campech Miranda

Carmen Lira Saade / Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas / Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín / Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Sandra Andrade Trinidad / Diseño

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibída la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

3 4 5 6 7 8 Juan Carlos Villegas / Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


Por Gabriel Luévano

Fotografía Rulex Karamazov / www.flickr.com/photos/rulex_karamazov/

Hace un año pasé un coraje de aquéllos, en los que te das cuenta que la patria te ha hecho distinto, intencionalmente, con el único propósito de engrandecer a la mayoría, y por lo tanto, a ella misma. Así funcionan las cosas. En septiembre no hay memoria en el pueblo de México; los gritos, las aclamaciones, los colores chillones tergiversan hasta sus últimas consecuencias, la noción del triunfo, que a todas luces, nunca ha sido otra cosa que una quimera, perpetuada en las imágenes insurgentes. Digo que hace un año asistí a una comida en casa de singulares y alegres anfitriones. Una “Comida Mexicana”. No soy demasiado asiduo a las reuniones de ese tipo, pero “no seas amargado” me dije. Y ese día llegue de los primeros, con mi habitual indumentaria, distraído y con el indubitable deseo de regalar sonrisas descaradas, por el simple placer de hacerlo. Sin embargo, habían pasado por alto indicarme un pequeñísimo e indolente detalle. Debía asistir caracterizado. ¿Perdón? Sí Gabriel, debe venir de “mexicano”. Quise ser cortés, decirle: “me conocen, yo no puedo venir como me piden”. Pero ni tiempo tuve cuando ya me querían meter un sayal por la cabeza. Naturalmente me resistí. Pensé en irme, farfullando barbajanerías, pero dos razones me contuvieron. La primera, daban pozole, una de las pocas cosas que dan sentido a la vida, la segunda, no la diré, pues no tiene la menor importancia

(como la tenía para mí en ese entonces) en esta historia. “Aunque sea déjese pintar unos bigotes, no sea sangrón”. Accedí. Entré y comí a la manera de los goliardos de la Edad Media, sin llenadera. No obstante, lo que vieron mis ojos ese día me dejó verdaderamente perplejo. Las mujeres, desfachatadas y gritonas, ataviadas con vestidos variopintos, trenzas postizas, carrilleras, comenzaron a protagonizar lúbricos bailes con música disco. Los hombres, de bigotes como yo, sentados en cofradía ridícula, hablaban de dinero. Los muchachitos, vestidos como para bailable de primaria, porfiaban por que les dejaran poner a Lady Gaga en la rocola. El infierno, créanme. Pero lo que más me llamó la atención, era un grupo de ancianas, verdaderas carantoñas, escuálidas y pintadas en exceso, que me veían y de vez en cuando se acercaban diciéndome: ¡Qué guapo¡ ¡Usted sí que parece un hacendado¡ Ése fue el colmo. La comida no valía eso. Hacendado yo, que no he poseído nada más que libros, uno que otro beso y cientos de instantes huecos. Me despedí, casi llorando de rabia ante las risas de las mujeres, pero no sin decirle un pequeño cumplido a una de las ancianas. “Y usted, querida, es la imagen misma de lo único que los mexicanos hemos conocido en estos doscientos años”. Me miraba expectante, prediciendo una galantería. “La muerte”, dije yo, y salí a paso redoblado.

No dudo que a todos nos guste el jolgorio. La palabra en sí es curiosamente agradable. Pero eso no significa, que en los velorios podemos llegar como en la canción de Chava Flores, convirtiendo en fiesta el sufrimiento ajeno. Vivimos, nadie me dejará mentir, un velorio que no termina. Un velorio enorme, voraz, que de nuevo, los gritos hipócritas del quince de septiembre se encargarán de contradecir. Lo han dicho todos y me uno a la consigna: No hay nada que festejar. Ni los miles de muertos, ni el abuso, ni la mediocridad. La conmemoración, bueno, eso es otra cosa, pero igual, puede efectuarse de otra manera. “Debe venir de mexicano”, me dijeron. Y yo me pregunto, si ellos saben que este país ha sido cuna de personajes que han revolucionado los campos de las artes, la ciencia y la cultura. Ellos también mexicanos, por lo que hicieron y no por cómo iban vestidos. Y algo importantísimo, nunca fueron seres ajenos a la necesidad de sentirse humanos, libres e íntegros. Uno de ellos, del que hago recuerdo hoy, no fue ajeno tampoco, al humor. Jorge Ibargüengoitia (1928-1983), que representa un camino distinto, literario, de abordar la conciencia y el saber histórico. Este escritor, nacido en Guanajuato, en un estilo paródico y con una destreza poco vista, recrea los capítulos más importantes de la historia de México. En novelas como

Los pasos de López (1982) o Los relámpagos de agosto (1964), Ibargüengoitia destroza la cara alegre de la Independencia y Revolución respectivamente. El humor, oscuro y mordaz, con el que el guanajuatense dota sus obras, causan un delectable desconcierto en el lector, ya que nos muestra una visión alterna para el recuento de los acontecimientos históricos. Gran parte de las carcajadas que recuerdo haber tenido al leer, provienen de la lectura de esas novelas donde personajes como Matías Chandón o el cura Periñón, fungen como parodias de los denominados “padres de la patria”, Hidalgo y Allende. Los fatales errores que cometieron los insurgentes, el hecho de no tomar la Ciudad de México cuando se podía por ejemplo, son narrados en franca intención de derrumbar lo más dañino de los mitos populares. Otras obras de Ibargüengoitia son también fascinantes: Las muertas (1977), basado en la brutal historia de las Poquianchis, Maten al león (1962), una divertida historia sobre los intentos de asesinar a un dictador o Estas ruinas que ves (1975), una deliciosa sátira provinciana. La posibilidad de pasar un buen rato, con literatura de excelsa calidad, está en manos del lector. Ibargüengoitia es una opción para aquéllos que están cansados de los discursos enfermamente encomiásticos, que año tras año venimos escuchando. Creo que hay otras maneras para sentirnos orgullosos de lo que ha dado este país, recordando por ejemplo la labor de personajes como Zapata y Juárez, sin caer en el júbilo exacerbado, o lo que dejaron en vida eruditos como Alfonso Reyes y Juan José Arreola. Asimismo, en la lectura de próceres de nuestras letras como Sor Juana, Rulfo, Luis Guzmán, que como el mismo Ibargüengoitia, no se callaron frente a la ignominia. La crítica y la lectura son un camino para emancipar verdaderamente nuestros pasos, para no ser parte del mismo juego que parece ensalzar hasta las cumbres del festejo, la violencia que hoy nos despedaza. El otro camino, lo hemos ido recorriendo durante años, y nos lleva, anualmente, a gritar al son del olvido, nombres cascados por el tiempo, viendo los juegos artificiales que opacan los otros gritos, los de aquéllos que nos ven desde abajo, extendiéndonos sus manos, queriendo los salvemos de ese insalvable olvido, el de la muerte.


Héctor Lazarín //Pabellón de Arteaga, Aguascalientes //58 años // profesor (Patria, Patria, tus hijos te juran) Entrañable Patria mía: En estos momentos de incertidumbre, histeria colectiva, desencanto y desaliento, ya no es necesario jurar “exhalar en tus aras su aliento”; en todo lugar y a cada momento, tus hijos emiten su último suspiro tocados por las balas del crimen, asesinados por la miseria y el hambre, que los han conducido a formar parte de la banda de guerra que, “el clarín con su bélico acento, los convoca a lidiar con valor”; este clarín de guerra que ha surgido de este gobierno nacional prepotente y soberbio. Ya no eres la “Suave Patria, alazana y pajarera” que orgullosamente describiera el vate jerezano, ya no se percibe en tu suelo “el santo olor de la panadería” como parte de lo cotidiano. Pero ahora,

Patria mía, venerada, es el momento de recordar: “Creo en ti, como en el vértice de un juramento”; “¡Ay, fiesta bonita!, que hasta el alma grita, con todas sus fuerzas: ¡viva Aguascalientes!”; “Yo soy de San Luis Potosí, donde el águila paró y su estampa dibujó, en el lienzo nacional”; “Vamos a Tabasco, que Tabasco es un edén”; “Que tienen todos ustedes un orgullo: el gran orgullo de ser de Mazatlán”; “Qué lindo es Tepic y todo Nayarit, Tacuara la orgullosa donde crecí feliz...” Y así hasta terminar el recorrido por todo el territorio nacional, vasto en tradiciones, costumbres, artesanías, bailes, gastronomía, bellos paisajes, pueblos autóctonos, flora y fauna únicos en el mundo. ¡México, creo en ti!

Ronaldo Monreal // D. F. // 39 años // actor, director y profesor de teatro Amiga Patria: Te he nombrado desde niño, en la escuela dijeron que te honré al desfilar un lunes cargando a tu hermana la bandera, al paso del tiempo aprendí que estás en todos lados (sí, como Dios) y he crecido reconociéndote en muchas partes del suelo que piso diario y de mi vida... Te llamo “amiga” por confianzudo, porque eso he aprendido, entre otras cosas, de ti, para ti, por ti. Ahora te menoscaban los que se creen dueños del país que pariste y sólo te recuerdan

Sergio Mayorga

en “días festivos” para justificar seguirte mancillando. Sé que andas escondida porque no te gusta lo que ves, que se repite la historia, que esperas que hagamos algo y nosotros te esperamos... Creo que nos estamos esperando mutuamente para componer estas cosas, te lo digo clarito: Tú dices cuando... danos señas para desde nuestras trincheras luchar contigo por ti para ti de ti... Sé que sabes que no creo en Dios, pero en ti sí. Un hijo más de Tonantzin.

Vicente Soriano Tlachi // profesor universitario nacido en Cholula, Puebla //Testigo de Jehová Patria: Fue en la graduación de primaria cuando dejé de saludar a la bandera. Recuerdo que mis compañeros dijeron que estaba loco. Me infundieron temor con sus groserías, pero permanecí todo el tiempo en posición de firmes. Terminada la ceremonia, fui presa de su curiosidad, entonces les diría que era estudiante de la Biblia y solamente era a Jehová Dios a quien debía rendirle servicio sagrado. Entonces, no tenía tantos argumentos como hasta ahora, ya con una maestría a cuestas. A veces creo que por eso viví malas experiencias durante la secundaria: maestros que intentaban en vano alzar mi brazo derecho para hacer el saludo, compañeros que me propinaban patadas y baquetazos (en las nalgas y brazos) por no saludar a la bandera. Mi salvación llegaría cuando gané un primer lugar de Historia a nivel regional, pues el director vio la posibilidad de ir tras el premio estatal y nacional, por lo que permi-

tió que se me dejará en el salón esa media hora, bajo el pretexto esgrimido de preparar los ases. Ya durante la preparatoria y la licenciatura no tuve problemas, ni siquiera cuando saqué la cartilla. Ahora con 36 años encima, sé que el principal símbolo de fe y objeto central de adoración del nacionalismo es la bandera, y se han diseñado curiosas formas litúrgicas para ‘saludar’ a la bandera, para ‘saludar con’ la bandera, para ‘bajar’ la bandera y para ‘enarbolar’ la bandera. Los hombres se descubren la cabeza cuando pasa; y en alabanza a la bandera los poetas escriben odas y los niños cantan himnos. Pero yo, que desde hace años no le saludo, la contemplo desde donde esté con el respeto que se merece. No moriría por ella, ¡no!, mas sería capaz de dar mi vida por los indígenas, por los marginados y todos aquéllos que claman por justicia.

diario de mateo // Mateo Estrada Gaviria Hola, Patria: Gracias por agregarme en tu grupo de facebook. Ah, Patria, qué gusto el reencuentro. No es momento de recordar la última vez que nos distanciamos, no tiene caso. Porque ahora tengo en mente la primera vez que nos tratamos. Fue en la primaria “Miguel Hidalgo”, en el viejo edificio de la avenida Juárez, en la colonia Madero. Era el segundo lunes de septiembre. Hicimos equipo para redactar la biografía de los hijos de México, de los que no tienen calle, como Agustín de Iturbide, Antonio López de Santa Anna, Teodosio Lares, Joaquín Belloc y Plutarco Elías Calles. Compramos estampitas, como las que obsequian en las papitas. Trascribimos los supuestos comunes. Luego, cada lunes nos encontramos en el patio terroso de la escuela, junto al asta de la bandera añosa. Ahora recuerdo que un chiquillo, del que nunca supe su nombre (el que se parecía a Osvaldo Benavides), fue el primero que me habló de ti. “Patria es rica como Slim y pobre como niño de la colonia Bocanegra; vieja como los chichimecas, cabezona como los olmecas, culta como los mayas, morenita como la Malinche, deportista como Christian Mijares; guapa como Ximena Navarrete… Patria… Patria…” En noviembre de ese año desfilamos por el pueblo. Me tocó ir en el carro alegórico que tenía tu nombre. A ti te vistieron con un vestido blanco y una capa roja. En la cabeza traías una diadema de princesa Walt Disney. Yo fui ataviado de indígena (obvio, soy moreno, delgado y de

aspecto inocente como FO). Aunque me parecía más a un niño que iba a la ceremonia de su primera comunión. Por cierto, ambos usamos la misma ropa el doce de diciembre, cuando peregrinamos de la logia Fortaleza de Guerrero al santuario de la virgen de Guadalupe. Cómo agradezco, todavía lo hago, que me incluyeran en esa ocasión, porque en esa época yo era presbiteriano (siempre he sido minoría). Javier fue el segundo que me hablo de ti. Lo hizo a la hora del recreo, cuando compartíamos un durito de harina con harta salsa valentina. Era el día de la bandera. En esa ceremonia usamos la más pinche combinación de un uniforme escolar: el pantalón era verde soldado, de poliéster; la camisa era blanca de manga corta; ¡y el suéter de color rojo! Lo usé porque declamaría un fragmento de la Sueva Patria. Hay ocasiones, cuando entra a un templo, que recito partes del poema, lo que me suena a letanía de rosario: “Trueno de nuestras nubes, que nos baña/ de locura, enloquece a la montaña, / requiebra a la mujer, sana al lunático, / incorpora a los muertos, pide el Viático, / y al fin derrumba las madererías/ de Dios, sobre las tierras labrantías. / Trueno del temporal: oigo en tus quejas/ crujir los esqueletos en parejas…” Patria, yo no tengo, de verdad no tengo reclamos ni deudas contigo. Finalmente soy un lector de prensa extranjera, un televidente del 8º mandamiento, un chelero sabatino con box… ha, soy un ciudadano. * (Desde la casa azul, en el Lete)


Por Cristina Ávila-Zesatti*

Hace aproximadamente un mes, recibí una invitación para participar en un taller de crónica periodística. El título del curso, sin embargo, me dejó sumamente impresionada, pues lo que allí se pretendía enseñar a los asistentes, era nada más y nada menos que “Las narrativas de la Narco-cultura”. Como reacción inmediata, no pude sino preguntarme: ¿es el narco una cultura? Y tristemente, he de reconocer que sí, que ciertamente lo es, y peor aún: que en México estamos totalmente inmersos en ella, así como estamos también invadidos por una perniciosa ‘cultura de la violencia’. Y esto no es necesariamente lo peor. Lo peor es que lejos de combatir esa negativa invasión cultural, la mayoría de nosotros parece invitarla a formar parte fundamental de nuestra vida. Pero no nos equivoquemos. La ‘cultura de la violencia’ en México no es nueva, bien al contrario, es y ha sido históricamente aceptada, tolerada e incluso, fomentada. Si aceptamos que la cultura “es el conjunto de rasgos distintivos, espirituales, materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad”, entonces, por más que nos duela, hemos de reconocer que el nuestro, es un país violento, y lo es en muchos sentidos y desde hace mucho tiempo.

La cultura no sólo se refiere a las artes. La cultura se refiere también a los modos de vivir y relacionarse, a la economía, a la música, la publicidad, a los medios de comunicación y los sistemas de valores que nos rodean… ¿No era hasta hace poco el macho mexicano con pistola y tequila, nuestro arquetipo nacional, exaltado en canciones y películas? ¿No es hasta la fecha, la mujer convertida en objeto sexual, lo que más vende en anuncios y concursos? ¿No son nuestra pobreza, nuestra injusticia y nuestras crisis, distintivos históricos del país? La violencia que enfrentamos actualmente en México es pues, muy probablemente, el resultado de nuestra cultura: la infección visible y dolorosa de viejas heridas que nos hemos infligido a nosotros mismos, y que hemos ignorado hasta el día de hoy, cuando nos asustan porque las vemos y las sentimos sangrar. Las narrativas de la narco-cultura son las narrativas de la violencia. Personalmente no creo que sea necesario aprenderlas. Nuestros medios informativos ya se encargan del tema. Basta con ver cómo Televisa o Televisión Azteca ‘postproducen y musicalizan’ la tragedia, o cómo los diarios y revistas se inclinan por titulares ‘pegadores’ para (mal) describir la realidad que nos rodea

Describir la violencia sin embargo, no es entenderla. Y cualquier problema para resolverse, precisa primero ser comprendido. Para esto sí que hacen falta nuevas narrativas, nuevas expresiones. Nuevos enfoques que nos encaminen realmente a terminar con la cultura de la violencia, porque es imposible desterrar el miedo sin nuevas fórmulas para enfrentarlo. Esto es precisamente lo que pretende la llamada ‘Cultura de Paz’, un término oficialmente adoptado por Naciones Unidas a partir de 1999, y que concibe “una serie de valores, actitudes y comportamientos que rechazan todo tipo de manifestación violenta”. Su principal promotor es el ex Secretario General de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, un hombre de ciencia convencido de que la paz, y no la violencia, es el distintivo y principal aspiración de todo ser humano. ¿Es posible la paz para México? Aún inmersos como estamos en nuestra particular cultura al estilo mexicano, ésta es sin duda la pregunta que todos nos hacemos, no una, sino varias veces al día. La respuesta a la cuestión es afirmativa, pero también condicional, pues antes los mexicanos deberíamos comprender a cabalidad una de las más certeras definiciones de este anhelado concepto: “La paz es en realidad mucho

más que la ausencia de guerra […] es la ausencia de las condiciones y factores que permiten la guerra, la inician, la incitan y la mantienen”. Ciertamente, las políticas gubernamentales tienen su gran parte de responsabilidad. Y no solamente las políticas actuales, sino de mucho, mucho tiempo atrás. Otra parte recae en los medios de comunicación, en las escuelas y los profesores y por supuesto, en nuestra responsabilidad como ciudadanos. Todos hemos fomentado y a veces hasta disfrutado de las expresiones culturales violentas. Por eso, si queremos, verdadera y genuinamente dejar atrás el miedo y el dolor, es preciso que hagamos nuestro el lema del ‘Manifiesto 2000’, el año que inauguró el Decenio por una Cultura de Paz, donde se afirma que “la paz está en nuestras manos”. México atraviesa sin duda por una interesante encrucijada, un momento histórico que exige de todos nosotros –y no sólo de los gobernantes- un nuevo discurso cultural, una nueva sintaxis social y una renuncia a cualquier tipo de violencia. Es preciso pues, imponer en nuestros actos y palabras un discurso cotidiano de paz, y no acostumbrarse jamás a la terriblemente común narrativa de guerra.

* Es periodista especializada en temas internacionales y en el llamado ‘Periodismo de Paz’. Fundadora y editora general del medio digital Corresponsal de Paz (www.corresponsaldepaz.org) J. Kalvellido

1 Federico Mayor Zaragoza fue por cierto quien en 1993 otorgó a Zacatecas el nombramiento como ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad.


INSTITUTO ZACATECANO DE CULTURA

JUEVES 22 y 29

DOMINGO 25

Tradicional Concierto Banda Sinfónica del Estado Dir. Salvador García y Ortega Plazuela Goitia 19:00 horas

VERBENA CULTURAL DE OTOÑO Música y Danza Flamenco Andante Cabal y Fuego - San Luis Potosí Dir. Jorge Martínez Tassarba - Zacatecas Dir. Gerardo Valle Plazuela Goitia 19:00 horas

SÁBADO 24 Restauración Virtual del Antiguo Templo de San Agustín 21:00 horas

DOMINGO 25 Tradicional Concierto Orquesta Típica de Zacatecas Dir. Florentino Raygoza Casa Municipal de C ultura Entrada libre / 18:00 horas Coordina: Casa Municipal de Cultura

MIÉRCOLES 28 Bellas Artes a todas partes Lectura en voz alta: “Leo… luego existo” GUILLERMO MURRAY - Actor Casa Municipal de Cultura de Zacatecas Entrada libre / 19:00 horas Coordinan: Instituto Nacional de Bellas Artes, Casa Municipal de Cultura de Zacatecas e Instituto Zacatecano de Cultura “Ramón López

Talleres de Danza Ballet Clásico – Blanca Alatorre Danza Contemporánea – Mauro Cháirez Danza Flamenca – Ángeles Valle Danza Jazz – Susana Alemán De lunes a viernes De 16:00 a 21:00 horas De septiembre 2011 a junio 2012

MUSEO DE ARTE ABSTRACTO “MANUEL FELGUÉREZ”

Taller de pintura abstracta y contemporánea Niños de 7 a 12 años Todos los sábados de 10:00 a 12:00 horas Del 3 de septiembre al 15 de octubre

JUEVES 22

Exposición de pintura Frisas Pinturas Objetos De Oscar Gutman Sala de Exposiciones Temporales I Visitas guiadas Grupos escolares Lunes, miércoles, jueves y viernes de 10h00 a 12h00 horas, previa cita 924 37 05 Visitas guiadas para familias. Domingos de 10h00 a 13h00 horas, previa cita 924 37 05, según disponibilidad, entrada gratuita para los zacatecanos.

FOTOTECA DE ZACATECAS PEDRO VALTIERRA La Huella, una imagen legítima De Ma. de Lourdes Corzo Valdez. Permanencia: 25 de septiembre Alquimistas. Colectiva Permanencia: 9 de octubre

GALERIA ARROYO DE LA PLATA Exposición colectiva y venta permanente Manuel Felguérez, Pedro Coronel, Rafael Coronel, Emilio Carrasco, Juan Manuel de la Rosa, Luís Felipe de la Torre, Francisco de Santiago, Ismael Guardado, Jesús Reyes Cordero, Tarsicio Pereyra, Luís Enrique Gutiérrez, Javier Cortez, Ángeles Perelló, Pedro Valtierra, Armando Ezequiel Haro, Eduardo Román Quezada, Juan Carlos Villegas, Enrique Barajas Pro.

IRMA VALERIO GALERÍAS Exposición colectiva y venta permanente: Manuel Felguérez, Pedro Coronel, Rafael Coronel, Francisco de Santiago, Mario Martín del Campo, Jazzamoart, Sergio Garval, Luis Filcer, Benjamín Domínguez, José Luis Bustamante, Ismael Guardado, Georgina Gómez, Gabriela Suárez del Real, Emilio Carrasco, Rito Sampedro, Rita Gallé, Carmen Alarcón, Enrique Barajas Pro, José Esteban Martínez, Jorge Vallejo.

MUSEOGRABADO Exposición y venta de obra gráfica: Francisco Toledo, Vicente Rojo, Manuel Felguérez, Alberto Castro Leñero. Museo de Arte Abstracto “Manuel Felguérez” De lunes a sábado de 10h00 a 17h00 Tel: 492.103.04.07 www.museograbado.com

MUNO Exhibición y venta de obra gráfica: Bem Dierckx, Marcelo Balzaretti, Plinio Ávila, Ernesto Morales, Adam Leech. Objetos de diseñadores mexicanos Tacuba 128, centro histórico De lunes a sábado de 12h00 a 21h00 horas Tel. 492.126.56.32 www.muno.com.mx

Talleres de Música Guitarra y Trompeta - Antonio Ramírez Zacarías. De 8:00 a 10:00 horas De agosto 2011 a junio 2012

Talleres de Literatura Ensayo - Mtro. Sigifredo Esquivel Marín Sábados de 17:00 a 20:00 horas Poesía - Mtro. Javier Acosta Escareño Sábados de 11:00 14:00 horas Segunda Parte del Seminario de Poesía Dr. Veremundo Carrillo Trujillo Del 19 de septiembre a noviembre De 17:00 a 20:00 horas Cuota de recuperación $300.00

MUSEO ZACATECANO

Taller de Literatura Crítica de Arte - Mtra. Sonia Viramontes Viernes de 10:00 a 13:00 horas Seminario en Filosofía Pensar sobre: El mito, la religión, Dios la muerte, el ser mortal. Modalidad Virtual Mtro. Guillermo Rivera Arteaga Septiembre, Octubre y Noviembre de 2011.Inscripciones: memolic007@hotmail.com. (Nota importante: al momento de la inscripción se informará el lugar donde se llevará a cabo).

Inauguración Exposición de Pintura Amor a la Tierra: Imágenes de la Revolución Mexicana. De Jeannie Williams Museo Toma de Zacatecas. 18:00 horas

MUSEO DE ARTE ABSTRACTO MANUEL FELGUÉREZ

CENTRO CULTURAL CIUDADELA DEL ARTE

Inauguración Exposición de Pintura Contranatura. De Manolo Marín Casa Municipal de Cultura de Zacatecas 20:00 horas

VIERNES 23

Taller – Exposición de Patchcraft Quality. Colectiva Casa Municipal de Cultura de Zacatecas 10:00 horas Inauguración Galería Verde Matiz Inauguración Exposición Multidisciplinaria. Péndulos Múltiples Colectiva Calle Aquiles Serdán 118 Centro Histórico. 20:00 horas Inauguración Exposición de Pintura Signo y Espíritu De José Luis Bustamante Museo Pedro Coronel 20:00 horas Inauguración Instalación Momentum Grupo Negro Antiguo Templo de San Agustín 20:00 horas

VIERNES 30

Inauguración Exposición Multidisciplinaria. El Arte del Souvenir Colectiva – Los Fresnillenses Casa Municipal de Cultura de Zacatecas 18:30 horas Inauguración Exposición Interdisciplinaria Yoruba Soy, Congo Carabalí De Renny Castillo Sala Alejandro Nava Centro Cultural Ciudadela del Arte. 19:30 horas Inauguración Galería Mitos Art Gallery Inauguración Exposición de Pintura De Rafael Ordoñez y Emilio Carrasco Av. Juárez Plaza Comercial Interior 1 Centro Histórico. 20:00 horas

En exhibición:

Cálculo Pictórico De Jorge Luna Museo Francisco Goitia 20:00 horas Permanencia: Hasta noviembre Impropiaciones De Abraham Mascorro Rayón Espacio Multidisciplinario 20:00 horas


Por Nelson Guzmán* La corte está hondamente corrompida; Lujosos ropajes y riquezas sin cuento, a esos hay que llamarlos gobernantes de bandoleros. Lao Tse Se sabe que en algunas islas de polinesia, durante el periodo que sucedía a la muerte de un rey, cuando su cuerpo era objeto de la descomposición, la sociedad experimentaba una suerte de contagio de la violencia que había tomado posesión del hombre que encarnaba la autoridad y que mientras vivía, sustentaba el signo del equilibrio y del orden. La descomposición que atribulaba al rey (pensemos que la línea entre la vida y la muerte no era como la nuestra y por tanto que la muerte era algo así como una terrible enfermedad que afectaba a un vivo) se extendía al conjunto de la sociedad que él representaba y tras su deceso los mayores desórdenes acontecían en ella: los jóvenes violaban, mataban y robaban desencadenando los mayores actos de transgresión concebibles, hasta el momento en que la descomposición cesaba y los huesos del rey emblanquecían para dejar al descubierto una apacible osamenta inofensiva. Poco después de que el movimiento ilustrado se desarrollara en Francia, en pleno siglo de la luces, la revolución instauró, tras la decapitación de Luis XVI, lo que uno de los hombres liberados de la Bastilla — el admirable y terrible Donatien de Sade— llamó el orden del crimen, que ahora conocemos como el terror y que según Pierre Klossowski es la ley que rige nuestros días. Rasgo notable que el siglo de las luces, cumbre ideológica de la arrogancia europea, tuviera una conducta semejante a la de los polinesios que consideraría primitivos. Hace unos años, todo el mundo fue testigo de una situación similar cuando el nueve de abril de 2003 las tropas estadounidenses tomaron por asalto las calles de Bagdad y tras el inmediato colapso del aparato estatal iraquí, reinó el desorden y la anarquía entre la población durante las siguientes semanas. Todo esto nos ilustra algo: lejos de que ángeles habiten el corazón de los hombres, nuestras conductas sólo se contienen cuando alguna quimera nos hace confiar en el orden de la sociedad. Liberados de ella, los humanos dan

muestras de sus más arraigadas tendencias: la violencia y el crimen. Lo anterior nos permite entender que, lejos de ser actos inhumanos o incomprensibles, los acontecimientos que en años recientes vienen azotando a nuestro país, son perfectamente comprensibles si observamos el trasfondo del sistema de poderes que encarna el estado mexicano y que bien podemos concebir ya como una farsa. De acuerdo con Max Weber, toda autoridad puede constituirse como tal sólo si en ella la coerción o la legitimación se imponen a la sociedad que rige. Sea una autoridad tradicional (fundada en sus mitos), carismática (que se sustenta en la seducción del gobernante al pueblo) o racional (que toma como principio la racionalidad del aparato estatal), todas tienen que legitimarse en función de la ideología que las sustenta. En ese sentido, un sistema político democrático está, a diferencia de los anteriores que se sostenían ya en la autoridad tradicional (como polinesia y Francia) o en la carismática (Irak), sustentado en un supuesto orden racional que toma como eje la distribución representativa del poder y la eficacia de la administración. El atentado sufrido en la ciudad de Monterrey el 25 de agosto pone al descubierto algo que tiene en realidad años mostrando sus síntomas. El crimen que impera en nuestra sociedad es cada vez más el reflejo de la ilegitimidad del estado mexicano, cuyo tono fundamental en los distintos niveles de gobierno es la instauración de un estado de crimen, en el que el fraude, la corrupción y los intereses particulares de muchos gobernantes penetran todas las facciones políticas. Visto desde esta perspectiva, resulta paradójica la rabia (real o simulada) que Felipe Calderón mostró hacia estos acontecimientos en el mensaje difundido tras ellos, pues no se trata sólo de la impotencia o de la falta de eficacia de las instituciones, sino de la falta de legitimidad misma, a la que él como un ejecutivo federal, cuya elección fue todo menos transparen-

Fotografía Rulex Karamazov / www.flickr.com/photos/rulex_karamazov/

te, ha contribuido y por consiguiente todo el enojo que ostentaba debía, si quisiera ser consecuente, también dirigirlo contra sí mismo Un riesgo notable es que por parte de la población se percibe el clamor de una autoridad que pueda legitimarse frente al estado de criminalidad que priva; el peligro estriba en que esa demanda pueda llegar a tener como sustento la instauración del orden de la fuerza (incluso no faltarán ya las voces de mentalidad colonialista que suponen que los mexicanos no somos los más adecuados para gobernarnos) que acabe finalmente con esta situación. No debemos olvidar: el crimen organizado es más la consecuencia que la causa de la falta de legitimidad del estado mexicano. Es lo que el clamor popular dicta cuando atribuye como responsables de acontecimientos como el ocurrido en el Casino Royale a quienes dirigen el país.

Esa responsabilidad no es una metáfora. Si en las sociedades que hemos referido al inicio de este artículo, la muerte del rey era el signo de la licencia del crimen, en una sociedad como la nuestra, el crimen imperante es el signo de una muerte invisible, el de la racionalidad de nuestras instituciones. De ahora en adelante, cada acto de corrupción (del estado o de la sociedad civil) debe tomarse como participando del mismo orden que los crímenes que tanto nos aterran. Lo peor de todo es que evitar la corrupción puede significar ya estar fuera del orden. Porque finalmente aún no nos es factible saber si el estado actual de cosas deberá esperar a que suceda con nuestro orden político como sucedía con la muerte de los reyes polinesios: que termine de descomponerse y muestre al fin su osamenta desnuda. * Ensayista y profesor universitario. nelsongr7@hotmail.com


Por Andrea Sampedro El próximo domingo se cumplirán 39 años de la muerte de Alejandra Pizarnik, escritora argentina; se suicidó cuando tenía sólo 36 años. De ella nos queda (entre otras cosas) un maravilloso legado de poesía. Hay un libro de Alejandra Pizarnik que se llama Árbol de Diana, es un librito de cuarenta y dos páginas que contiene treinta y ocho poemas cortos y un prólogo escrito por Octavio Paz. Desde el título podemos ver a qué nos enfrentamos: Árbol de Diana, no es un árbol cualquiera, es el árbol de la diosa de la caza, -la siempre virgen- Artemis para los griegos y Diana en la mitología romana, una de las diosas principales en la cultura helénica. Octavio Paz dice en el prólogo “El árbol de Diana es uno de los atributos masculinos de la deidad femenina. Algunos ven en esto una confirmación suplementaria del

origen hermafrodita de la materia gris y, acaso, de todas las materias”. Así empezamos a leer los poemas, que podrían formar uno solo, pero están separados, son diferentes entre sí y al mismo tiempo iguales, es una Alejandra enamorada, una desenamorada, una con esperanza, otra desesperanzada, una que es mujer, una que es hombre, así vemos a una Alejandra que es ella pero a la vez es muchas y todas son una sola. De esta manera mientras leemos, Alejandra se va convirtiendo ante nuestros ojos en Diana, la cazadora, la amazona, la virgen, la niña, el hombre. Es necesario leer cualquier cosa que haya escrito Alejandra Pizarnik, para comprender lo que estoy diciendo, es imposible leer algo de su autoría y quedar impasible, porque descubrimos que cambiamos, que todo cambia, que nada permanece.

El fin es que un poema haga que se nos pongan los vellos de punta, el querer leer con una linterna debajo de las sábanas, el comprender y no juzgar, el saber que las dualidades existen y que puedes ser hombre y mujer, adulto y niño si así lo deseas.

Por esto les recomiendo, tomando como pretexto el aniversario de su muerte, lean todos a Alejandra Pizarnik, siempre con responsabilidad y desenfado. Les dejo para que empiecen uno de sus poemas que encontramos en el libro mencionado:

Por Eduardo Campech Miranda* Para Alfredo Valadez, con mi reconocimiento Desde hace algunos meses vengo escuchando propuestas para legislar la lectura, desde hacerla obligatoria hasta leyes estatales, a imagen y semejanza de la federal. Y entre las argumentaciones llama mi atención un dato que manejan contundentemente: el porcentaje de población lectora de naciones como Japón, principalmente, y algunos países nórdicos. A mi juicio es una analogía tramposa y amañada (a pesar de respaldar una iniciativa a favor de la lectura). Y lo es, sencillamente, porque el indicador de lectura se presenta como un dato aislado, sin relación alguna con las condiciones socioeconómicas, políticas, culturales, educativas, y hasta de seguridad pública de los países citados. Como si la formación de lectores dependiera sólo de una ley, de un buen propósito de políticas públicas; dejando de lado otros aspectos igualmente trascendentes. También la considero así porque casualmente esos personajes que hablan a favor de la lectura (como dice Juan Domingo Argüelles: “queriendo que leamos

como finlandeses, pero viviendo y comiendo como mexicanos”), no apelan a la comparación de prácticas primermundistas, como la renuncia por ineptitud, la cárcel por corrupción, entre otras situaciones. El lamentable suceso del casino regiomontano es sólo el botón de muestra (también está la Guardería ABC, y muchos casos más). Los responsables administrativa, gubernamental o institucionalmente se aferran al cargo que ostentan de forma desesperada y cínica. Y ahí no valen las comparaciones con otros lares, ahí impera la política a la mexicana. No estoy en contra de propuestas a favor de la lectura. Siempre (o casi siempre) serán bienvenidas las propuestas que mejoren la calidad de vida de la ciudadanía (y lamento decir que la lectura por sí misma y como práctica aislada quizá no pueda hacerlo), que abran espacios de desarrollo personal, social y humano. Lo que molesta, lo que irrita, lo que ofende, como promotor de lectura, como bibliotecario público y, primordialmente, como ciudadano

Fotografía Rulex Karamazov / www.flickr.com/photos/rulex_karamazov/

mexicano es que se enarbole la bandera de la lectura con fines que poco tienen que ver con ella. Si en su carácter de legisladores, de servidores públicos piensan que con argumentos y propuestas, como las mencionadas, han cumplido con el país y con su responsabilidad cívica y social, deben reconsiderar su postura y sentir vergüenza a flor de piel por ocupar cargos que están muy lejos de sus posibilidades y límites personales, profesionales, éticos (cuando sea el caso). De respaldar a individuos cuya filosofía se resume en la frase “Vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error”. La ausencia de compromiso queda latente en un antepro-

yecto de ley estatal de alguna entidad federativa mexicana. Dicho documento plantea unas especies de brigadas de promotores de lectura. ¿Quiénes las conformarían? Palabras más, palabras menos, la respuesta es: quien quiera hacerlo, pero principalmente, estudiantes, amas de casa, desempleados. Además de promotores de lectura, bibliotecarios públicos, mediadores de Salas de Lectura. Lamentablemente, en ninguna línea hace alusión a la profesionalización del promotor de lectura (o mediador, como se quiera llamar). Eso no importa, lo primordial es que quieran hacerlo. Lo demás, es lo de menos… * ecampech@yahoo.com.mx


La Gualdra No 16, lunes 19 de septiembre de 2011