SUPLEMENTO CULTURAL
No. 277 /// 23 DE ENERO DE 2017 /// AÑO 6
DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN
Edvard Munch. El grito. Óleo, temple y pastel sobre cartón. 91 x 74 cm. 1893. Galería Nacional de Oslo.
Un día como hoy, pero de 1944, falleció el pintor expresionista Edvard Munch, nacido en Noruega en 1863. El grito es una de sus obras más representativas; presentamos aquí una de las cuatro versiones que el artista realizó del mismo cuadro. Tras haber sido robado en 1994 y recuperado ese mismo año, actualmente se exhibe en la Galería Nacional de Oslo.
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LA GUALDRA NO. 277 /// 23 DE ENERO DE 2017 /// AÑO 6
La Gualdra No. 277
Editorial
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ace apenas 6 años, durante el Festival de Cannes, la directora escocesa Lynne Ramsay estrenaba su película Tenemos que hablar de Kevin, una obra cinematográfica con un tema escalofriante: la historia de Kevin, el adolescente que un día cualquiera, sin ningún motivo aparente, llegó a su secundaria y mató a varios de sus compañeros con un arco. El filme está basado en la novela del mismo nombre escrita por Lionel Shriver; la crítica elogió esta obra a tal punto que incluso adjetivos como “deliciosa”, “maravillosa” fueron utilizados por la prensa para referirse a la adaptación de la historia y al resultado final. Un día cualquiera también vi la película. Al finalizar quedé poco más que turbada, acongojada. Kevin fue un niño, de acuerdo a la película, que creció en un ambiente aparentemente sano y normal, cuyos padres tenían una relación buena, no tuvo carencias económicas ni falta de cariño, no vivió en un ambiente violento. Kevin era un niño normal, que sin embargo, terminó atentando contra varias personas. Igual que Federico, en Monterrey, de quien no daré más detalles porque el 18 de enero usted seguramente se enteró de lo mismo que nos enteramos todos, o lo que nos permitieron conocer a través de las noticias. Ahí está el hecho, ahí queda en la memoria. Soy profesora. Mi relación profesional con los estudiantes ha sido una constante desde hace 21 años. He conocido muchos jóvenes y he visto a través del tiempo cómo su comportamiento ha cambiado, las formas que utilizan para comunicarse son distintas, pero siguen siendo finalmente seres humanos en la búsqueda constante de distintos tipos de conocimiento; por eso están en la escuela, son, en este país, hombres y mujeres afortunados porque tienen la oportunidad de estudiar. A muchos les he perdido la pista, sé también que muchos de ellos se han graduado, son profesionistas exitosos; algunos incluso se han involucrado de manera más directa en las cuestiones políticas y no dudo que en un futuro ellos estarán ocupando cargos públicos. Mientras eso sucede, me concentro ahora en los estudiantes que tengo en mis grupos de clase. Hace poco vi el documental ¿Qué invadimos ahora?, de Michael Moore, en el que entrevista a los profesores de una escuela de Finlandia para preguntarles
Contenido en qué consiste que su sistema educativo sea uno de los más exitosos del mundo; uno de ellos dice no comprender por qué los programas académicos de educación básica de los Estados Unidos han restado importancia a la enseñanza de las artes y afirma que el objetivo de los profesores en su país es brindar las herramientas necesarias para que los jóvenes sean felices. Él enseña matemáticas y está convencido de que ayudar a los jóvenes a que encuentren el camino de la felicidad es lo más importante para cada uno de los profesores finlandeses. ¿Cuál es nuestro objetivo en México? ¿Cuál si los profesores de educación básica están hoy por hoy más preocupados por pasar las evaluaciones implementadas por la reforma educativa para conservar su trabajo? ¿Cuál es el objetivo si todos estamos más preocupados por los recortes en los presupuestos para la educación y la cultura, por el gasolinazo, por el aumento de precios en la canasta básica? Me pregunto eso mientras planeo mi clase del martes. Llegaré a decirles a mis alumnos que se puede vivir en un lugar mejor, que el arte sí puede cambiar el mundo en el que vivimos… Ellos hablarán de la obra de los artistas zacatecanos que vieron en San Agustín, describirán el entorno en el que la colección de arte se exhibe, todo como parte de un ejercicio que pretende ayudarlos a comunicarse mejor a través de la palabra. Yo espero solamente que cada uno de ellos tenga, para empezar, la certeza de que el arte puede ser una vía diferente para expresar ideas, emociones, inquietudes, desasosiegos, alegrías, esperanza. Más adelante también leerán poesía y hablarán ante sus compañeros de ella. Ojalá que cuando les toque tomar decisiones en su vida profesional recuerden que hay otras opciones para enfrentar la realidad. Que sea a través de la palabra, del arte, del amor a la vida, de la solidaridad, que ellos puedan expresar sus ideas y ser útiles para que esta sociedad cambie. No sé si con esto ellos encuentren la forma de hallar la felicidad, pero creo que debemos intentarlo, porque la violencia, definitivamente, no es el camino. La Gualdra sigue. Que disfrute su lectura.
“Para escribir se sufre en serio” Apuntes sobre Juan Nepomuceno Pérez Vizcaíno Por Simitrio Quezada
¿Que para qué sirve el arte? Por Fernando Trejo
El asombro frente al mundo Por Mauricio Flores
Marcha del 22 de enero Foto-galería de Andrés Sánchez
Desayuno en Tiffany’s, mon ku Théo et Hugo en los Martes de documental Por Carlos Belmonte Grey Problemas con la lectura Por Eduardo Campech Miranda
El peligro de estar en la escuela Por Carlos Flores Tres postales Por Gerardo del Río
Notas al margen ¿Tenemos que hablar de Federico? Por José Agustín Solórzano
Destino Por Pilar Alba
Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com
Directorio
Yo fui Por Alberto Huerta
Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx
Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita y Enrique Martínez Diseño Editorial
La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.
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12 Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com
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“Para escribir se sufre en serio” Apuntes sobre Juan Nepomuceno Pérez Vizcaíno 6 Por Simitrio Quezada
Rulfo 100 años
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El mejor narrador que ha tenido México se llamó Juan Pérez: Juan Nepomuceno Pérez Vizcaíno. El apellido Rulfo era el de la abuela paterna. Juan fue un hombre solitario, callado, incluso hosco. Según declaraciones suyas publicadas en 1985, un año antes de su muerte, comenzó a leer a William Faulkner tiempo después de haber publicado “Pedro Páramo”. Con todo, tuvo que soportar la recurrente crítica de que su obra era faulkneriana. 2. Juan Pérez-Rulfo Vizcaíno nació en 1917. A sus cuatro años fue consciente de la muerte de su abuelo paterno. Dos años después su padre fue asaltado y asesinado por bandoleros. Cuando el futuro escritor cumplió diez años fue testigo de la muerte de su madre. Poco después fueron asesinados otros dos Pérez Rulfo, hermanos menores de su padre. Con tres hijos asesinados ya, el anciano Pérez murió deprimido: el nieto Juan llegó a presumir que el mayor motivo de esa depresión fue que el padre de éste era el hijo más amado del abuelo. Hacia 1930, cuando Juan terminaba su niñez, llegó a éste la noticia de otro tío muerto, en este caso por naufragio. Para entonces, según sus biógrafos, ya había entrado Rulfo a conocer la biblioteca abandonada por un cura “juido” ante la amenaza de la represión a los cristeros. 3. Los grandes acompañantes del Juan Rulfo de trece años fueron la imponente presencia de la muerte y la soledad. Ante eso comenzó a hablar con-
sigo y a contarse historias. En su tierra el adolescente conoció a una “muchachita” (así la llamaba él), pero nunca se atrevió a hablarle. De ese modo perdió no el amor, sino la prístina posibilidad del amor, y ello generó en el interior del jalisciense una semilla de la mujer idealizada. A esa semilla llamó él después en sus páginas Susana San Juan. 4. Juan Pérez, el hijo de Pérez Rulfo, trasladó su residencia a México, con un tío que le quedaba vivo, y tiempo después trasladó sus monólogos a cartas de amor. Son las cartas a Clara Aparicio que hace dos décadas decidió ella publicar. Clara en Guadalajara y Juan en México. Clara, adolescente que vive en casa, y Juan, fotógrafo y escribidor que busca trabajo y después pide la mano de esa muchacha que él tanto quiere. La vena poética en las misivas románticas es notable: tanto que en momentos parece afectar el tono mesurado que se le da de mejor modo en sus cuentos y novelas (considerando junto a “Pedro Páramo” a “El Gallo de oro”). 5. “Para escribir se sufre en serio” declaró Rulfo nueve meses antes de morir, en marzo de 1985. Para entonces asentó que sus primeras lecturas, las formadoras, fueron a Korolenko, cuentos de Andreiev, Hansum, Selma Lagerlöf e Ibsen. Desdeñaba que Lacan y la semiótica llevaran a la novela a la “antinovela”, “a la escritura por la escritura misma”. Por eso el gran trabajo de Juan Pérez y heredero de Rulfo consistió en simplificar, aborrecer en extremo las aborrecibles acotaciones del señor narrador que mete la cuchara cuando el lector está emocionado con los personajes. Rulfo detestó las imposturas de novelistas que de eso
pasaban a ensayistas dentro de la novela y, lo peor, “rellenistas”. 6. Rulfo macheteó su narrativa porque quiso despojarla de comentarios del narrador y de detalles insignificantes de la vida de los personajes. Por eso despojó a su gran novela de secuencias. Las secuencias de la vida real, con más hechos rutinarios que interesantes, no necesariamente deben injertarse tal cual en la ficción. Por eso “Pedro Páramo” se relata desde un panteón. Por eso todos los tiempos son ese tiempo. Por eso todos los espacios son ese espacio. 7. Así como el niño enlutado Juan Nepomuceno Pérez Vizcaíno nos entregó después de años la voz escrita del maduro Juan Rulfo, así también quitó la cáscara y cañuto y fibras de la novela y nos entregó después de años sólo la pulpa. La fuerza de la novela está en la cascada que no se toma pausas, que nos entrega acción tras acción, frase contenida tras frase contenida y, sobre todo, toda la vida que está encerrada en tanta muerte. 8. Por eso, nueve meses antes de morir, confesó el magno: “Cuando escribí Pedro Páramo sólo pensé en salir de una gran ansiedad”. 9. Benditos sean, como Juan, los ansiosos. Los que han quedado marcados por tanto beso de la muerte y por eso se preparan y se ponen a escribir. *siquezada@hotmail.com
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Arte
¿Que para qué sirve el arte?
6 Por Fernando Trejo*
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e niño recibí la carta de Jartum. De adolescente conocí a Yucatán a Go-Go en convivencia y hasta nadé con ellos en el hotel Safari, gracias a la gestión de Ray. Ya de joven escuché Radiombligo. Mi hijo se emociona cuando escucha “El coccodrillo come fa”, o cuando alguna vez Zopilote le mandó un saludo al aire antes de entrar a su día de clases. Mi hijo conoció en el vestíbulo del Teatro de la Ciudad, las pinturas que Ray, tan atrevido y creativo realiza de un lápiz, una mesa, una lámpara de gas. Es triste lo que sucede en el país. Es triste que nos quedemos callados. Es triste que los niños prioricen los juegos con armas -virtuales o de agua- que acercarse a las posibilidades inmensas que otorga un libro de Maurice Sendak, de Anthony Browne, conocer a Max, a Willy. De escuchar Radiombligo, por ejemplo. De asistir a conciertos, de ver El viaje de Chihiro, o Kiki, o Mi vecino Totoro del gran Hayao Miyazaki. Comprendo que la vida es un instante. Que nos la pasamos buscando proveer. “Dios proveerá” decían las antiguas abuelas. Recuerdo que un ex jefe me dijo que hasta los 60 años, un hombre podía voltear a ver su vida y decir “Ah, vaya, que por fin puedo disfrutar a mi familia”. Claro, porque se ha jubilado, porque obtiene una pensión, porque tiene todo el tiempo del mundo. Sin embargo, sus hijos han crecido, quizá disfrute a los nietos. Pero la sociedad, toda, se está perdiendo en la “inmediatez” de las cosas. Hoy todo está al alcance de un click. Disparar o no, es asunto de un click.
Y qué tristeza, amigos, amigas, familia, que los que iniciábamos a vernos otro ombligo en la sombra del niño que fuimos (que todavía somos), tengamos que sufrir porque a los grandes genios que crean ese cosmos desde el cerro del rebote, tengan que sufrir también, (como dijera Garrik “reír llorando”), al hacer algo que tanto aman, para que niños y padres comprendan que una hora en la mañana no es suficiente para entender que los oídos se enamoran de la vida y salgan a vivir, gracias a Radiombligo de los Conejos. ¿Que para qué sirve el arte? Para enamorarnos, para vivir, para entender que la vida es diferente si te enamoras de un personaje, si te emociona ser como Willy el mago, si te entusiasma plasmar en una servilleta un corazón deforme con un palillo remojado en café, si te recuerda al niño que fuiste una canción de Chico Che (como es mi caso). ¿Que para qué sirve el arte? Ya lo decía Keating, el profe de literatura de La sociedad de los poetas muertos, al referirse a la poesía: “No leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana. Y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, los negocios y la ingeniería son carreras nobles y necesarias para la vida. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor… son las cosas que nos mantienen vivos”. ¿Que para qué sirve el arte? Para sensibilizarnos ante situaciones que nos rebasan, para ser críticos, para ser creativos, para darnos a entender, para comunicarnos, para atrevernos a decir
cosas que no decimos nunca, para abrazarnos, para constituirnos como seres nobles y humanos, para comprendernos, para ser libres, para amar, para perdonar, para volar fuera de los límites que nos permite lo terrenal, para comprender que volar no es tan solo una metáfora. Ya lo decía Antonio Flores: “Puedo correr sobre las olas del mar. Puedo viajar sin moverme del sofá”. Y eso nos permite el arte. Y el arte se aprende jugando, el arte es un juego, y el juego es Radiombligo, y el arte entonces lo aprenden los niños y los padres que escuchamos Radiombligo. Los niños son los artistas que nos enseñan a ser niños a los que somos grandes. Y cómo? jugando, creyendo, escuchando, pensando que somos infinitos océanos, gigantes dinosaurios, inmensas tormentas, garras devoradoras de dulces, labios trituradores de besos, y también seres ínfimos como una partícula de silencio invisible, o la uña mal oliente de un zombie. Porque ya lo decía Picasso: “Todos los niños nacen artistas. El problema es cómo seguir siendo artistas al crecer”. Mi abrazo solidario a todos los niños que somos los padres de pequeños artistas. Escuchemos Radiombligo a pesar de la adversidad del sistema que prefiere enmudecer que mirarnos a la cara. Mi abrazo a Zopilote y a Gaviota y a todo el equipo, porque por ustedes, los miles de pequeños artistas que nacieron escuchándolos, la única arma que conocerán, será la que esté, como escribiera Gabriel Celaya, cargada de futuro. *Desde Chapu, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México.
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Pablo Espinosa
6 Por Mauricio Flores*
“Siempre el asombro” puesto que el contenido es siempre el mismo —solo cambian las circunstancias, ya que como dejó dicho Kapuscinski, “el mejor reportero del mundo”, el oficio consiste en “dar testimonio, persistir en su condición de observador profesional de la existencia”.
“
Revisa las secciones: creo que Pablo escribió algo sobre eso”, me comentó Manuel Blanco (1943-1998) una tarde de finales del 86. Acababa de incorporarme (yo) al pequeño grupo que hacía la sección de Cultura del extinto El Nacional. Medio gubernamental, es cierto, pero que a fuerza de necedades e ilusiones de (él) Manuel, incluía a diario sendas páginas dedicadas al seguimiento del acontecer artístico y cultural del país, el mundo y la ciudad de una manera fresca, incluyente y hasta crítica. “Revisar las secciones” consistía en desempolvar una montaña de periódicos arrinconados en lo más oscuro de la oficina para, con ello y algo de suerte, encontrar la nota recordada que (Espinosa) Pablo había publicado meses atrás, en su paso como reportero del diario ubicado en Ignacio Mariscal 25. Fueron las primeras veces que supe de Pablo Espinosa (Veracruz, 1956), puesto que la recomendación se repetía: “revisa las secciones…”. Después, al mirar otras secciones en los muchos años siguientes, seguí sabiendo de él. Como también, cuando a iniciativa del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes nació en 1994 la colección Periodismo Cultural. Sus primeros títulos: Ciudad en el alba, de Manuel, y No por mucho redactar se amanece más temprano, de Pablo. Los únicos títulos del heterogéneo serial que se han reimpreso (incluso el primero es material de estudio en escuelas de periodismo). Se ahora de él por Sala de Redacción, un volumen misceláneo de textos periodísticos inserto en la colección referida. A diferencia del primer título (crónica), éste se basa fundamentalmente en reportajes, ensayos, reseñas y entrevistas, y hasta en la mixtura de los mismos, publicados anteriormente en La Jornada y otras revistas. Pero que, aclara el propio Espinosa, fueron reescritos y cernidos. 58 textos antes pergeñados en distintas salas de redacción, es decir, en “la laptop, en el celular, en la Sala Nezahualcóyotl, en Bellas Artes, en Berlín, París, Estocolmo, Guanajuato, en mi hogar y en La Jornada, mi casa durante más de tres décadas”. Con lo que Espinosa reivindica la utilidad vigente de ese espacio llamado sala de redacción y del mismo impreso, pese a la
ubicuidad de ambos, soporte de lo verdaderamente importante: “el asombro frente al mundo, la observación, asimilación y compartición de la magia de los acontecimientos, la reflexión sobre la manera como cada persona escucha la música de manera diferente”. “Los significados —subraya Espinosa en la apertura del libro—, consecuencias y efectos en nuestras vidas por la práctica de escuchar música, ser espectador en un teatro, en un evento de danza, frente a un libro”. Hacer aquí una lista de los protagonistas de este nuevo libro de Espinosa sería tal vez tedioso. Valga decir que reaparecen (como en No por mucho…) Dylan, Lennon Marceau, Mozart, la Santísima Santanera…, “la poesía y el asombro”.
Invitación abierta “Si (usted) está convencido de que Bob Dylan debe recibir el Nobel de Literatura, únase al editor de la sección cultural de La Jornada, Pablo Espinosa”, escribe (supongo que tres meses atrás) Elena Poniatowska en el prólogo de este nuevo libro. “Si usted es de los que escuchan a Bach y a María Callas religiosamente, tómese un café con Pablo Espinosa (…). Si (usted) quiere aprender más de la música clásica de Veracruz, toque a la puerta del veracruzano Pablo Espinosa. Si el soul y el rock de James Brown lo vuelven loco o si prefiere el sitar de Anoushka Shankar, su mejor amigo es Pablo Espinosa. Si (usted) gusta bailar “La Boa” al ritmo de la Sonora Santanera, invite a Pablo Espinosa”, añade en una invitación abierta no sólo a adentrarnos en los textos del autor sino en volver a la música. Esa música que acompaña a Pablo desde siempre, antes incluso de su paso por sus primeras salas de redacción, donde habrán quedado cientos de sus colaboraciones impresas. Bien que ahora se recuperen éstas. Saramago recibe el Nobel…, Marceau entra a escena…, de nueva cuenta Quignard…, la Santanera en la Nezahualcóyotl… “En medio del delirio, el público no cesa de bailar, reír, gozar. Nada de los dramas de Mahler, nada de las tragedias ni el angst del Sturm und Drang. Que llore Schubert, que entristezca más Felix Mendelssohn. Aquí se trata de la pura gozadera”.
Escritura sensorial y apasionada Literatura y musicología —ante todo, musicología— son las tintas que cargan la pluma de este crítico y creador que en su Sala de Redacción pone sobre la gran mesa de la literatura sus crónicas para que disfrutemos las que más nos atraigan, las que nos lleguen al corazón (antesala de la música, lo llama él), a la vista y estimulen nuestro olfato, porque su escritura es tan sensorial como apasionada. Sin duda, el lector que se adentre en la obra de Pablo Espinosa y se disponga a recibir su voz sonora amplificada en esta Sala de Redacción no será el mismo no volverá a escuchar Las cuatro estaciones de Vivaldi con los mismos oídos. Le será fácil recordar que la música es un prodigio y que, como lo dijo Confucio, “la fuerza moral es la columna vertebral de la cultura humana y la música es la flor de la fuerza moral”. Elena Poniatowska (fragmento, Prólogo). Pablo Espinosa, Sala de Redacción, Prólogo de Elena Poniatowska, Secretaría de Cultura, México, 2016, 330 pp. * mauflos@gmail.com
Libros
El asombro frente al mundo
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Marcha del 22 de enero Marcha
Foto-galería de Andrés Sánchez
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a mañana del domingo 22 de enero los zacatecanos volvieron a tomar las calles de la ciudad. De varios puntos salieron grupos de personas a manifestarse en contra del gasolinazo, del incremento en los impuestos, de la inseguridad, de la falta de apoyo gubernamental para el sector educativo. La marcha fue pacífica, hombres y mujeres caminaron por las calles de Zacatecas y exigieron su derecho a vivir en condiciones de justicia para todos. Nosotros también salimos a marchar, porque creemos además en el derecho que tiene la sociedad a estar informada.
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Desayuno en Tiffany’s, mon ku Théo et Hugo en los Martes de documental
Promoción de la lectura
Cine
6 Por Carlos Belmonte Grey
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ste 17 de enero tuve la oportunidad de participar en el cine-club de la Jornada Zacatecas, Los martes de documental programado por Benny Contreras. La ocasión se presentó porque le propuse a la gente del periódico la proyección de la película Théo et Hugo dans le même bateau dirigida por el dúo francés Olivier Ducastel y Jacques Martineau y actuada por los jóvenes Geoffrey Couët y François Nambot. El 16 de mayo del 2016, mi compañera de esta columna, Evelyne Coutel, publicó: “La primera secuencia de la película -que dura como veinte minutos- confirma de entrada las esperas al transcurrir en un burdel parisino, o sea en un lugar que, lejos de connotar la pasión y la sensualidad, se suele vincular más bien a la perversión. Sorprendentemente es en esa galería subterránea y en medio de unos cuerpos masculinos desnudos y anónimos donde se produce el encuentro, o más bien la fusión, entre Theo y Hugo. La originalidad de la situación se basa en la dosis de romanticismo que los directores han sido capaces de inyectar en una escena básicamente orgiástica que luego dejará paso a una sensibilización con respecto al tema de la seropositividad”. Y yo agregaría: la escena dará paso, también, al amor, al compromiso político y a la dinámica de la vida de una capital. Sin olvidar de mencionar el recurso cinematográfico de disfrazar el tiempo de la ficción en secuencias que respetan el tiempo real,
en un claro guiño a la nouvelle vague, en especial con los directores Jacques Rivette y Agnès Varda. Estos directores franceses, podemos mencionar el Cléo de 5 à 7, de Varda, y La belle noiseuse, de Rivette, trataron de respetar el tiempo real en sus guiones creando, por tanto, planos-secuencias larguísimos o con pequeños cortes que disfrazaban las elipsis de la narración. Pero la propuesta de proyectarla no se debió simplemente a razones cinematográficas sino también de debate en torno a ella. La película la pude ver en algún momento durante el mes de noviembre, en el marco de la preselección de los premios de la Academia Lumière de la Prensa Extranjera de Francia, de la cual formo parte. En una reunión comenté que se podría agregar el premio a la mejor película LGTB, sin embargo, no tuve mucho eco y la película no pasó a la selección final, es verdad que hay excelentes filmes en Competición (se premia sólo cine francés o francófono). Por eso quise mostrar esta cinta en Zacatecas y ver reacciones. Algunos amigos cercanos me dijeron que la ciudad aún no estaba preparada para este tipo de cine, con temática homosexual y explícito. En las entrevistas que di para promover la proyección volvió esa misma inquietud. La respuesta mía fue más o menos la misma, en algún momento se tiene que mostrar este cine, desvincular las ideas de pecado, de tolerancia, de marginados y otros etcéteras, y normalizar y volver públicos las variantes de relaciones amorosas y sexuales. No hubo mucha gente en la proyección -acaso unas 20 personas-, empezamos con retraso y tu-
vimos problemas de sonido, pero tengo optimismo en que algún eco quedó y que la próxima vez que se proyecte alguna cosa por el estilo podremos tratar otros asuntos más allá de la simple homosexualidad.
Problemas con la lectura 6 Por Eduardo Campech Miranda
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s lugar común, y hasta tema de mofa, que el ir a consulta médica a los servicios de salud pública implica volver con diclofenaco o paracetamol en la bolsa. De pronto todos los padecimientos pueden ser tratados o combatidos por estos dos medicamentos. Algo similar, aunque en sentido contrario, sucede con la lectura. El hecho de que esta práctica no sea llevada a cabo por un gran sector de la población mexicana trae consigo infinidad de consecuencias, las cuales se reflejan, primordialmente, en el ámbito escolar. Los indicadores de evaluaciones estandarizadas escandalizan a la sociedad cada que se dan a conocer. Resulta recurrente que a las bibliotecas públicas y salas de lectura acudan madres, y padres, de familia desesperados porque
sus hijos tienen “problemas de lectura”. ¿Cuáles son esos problemas?, obedecen a causas cognitivas, pedagógica, familiares, emocionales, sociales, culturales, económicas? Recapitulando algunos casos que he tenido oportunidad de conocer, identifico –al menos- cuatro grandes categorías de este tipo de problemas. Pero también que todos se quieren solucionar con una misma receta abstracta y paradójica: leer. Como lo mencioné en alguna colaboración en este mismo espacio, los padres y madres de familia que referí líneas arriba tienen en común que tampoco leen. Pero vayamos a la escuela, porque se supone que ahí es donde se identifican y expresan con mayor frecuencia los “problemas”. La primera categoría tiene que ver con el acto de decodificar, de asignar un sonido a una grafía. Muchos de nosotros aprendimos a hacerlo con el método silábico. Años después se des-
cubriría que dicha metodología no abonaba a la comprensión lectora. Es decir, si al leer construimos imágenes mentales en función de la palabra, ¿cuáles imágenes construimos con una sílaba? Piense en la palabra “perro”. En su mente hay la imagen de un can (no de un elefante), ¿cuál imagen crea con “pe”?, ¿y con “rro”? Una segunda categoría estaría dada por esa incapacidad de construir las imágenes
mencionadas. Aquí tienen gran peso los conocimientos escolares y del mundo, además de la historia de vida. Alguien puede decodificar a la perfección la siguiente microficción: “Penélope nictálope de noche tejo redes para atrapar un cíclope”. He realizado este ejercicio en múltiples ocasiones y los resultados son muy similares al preguntar ¿qué vieron?: Una araña; a Penélope tejiendo; una mujer que pesca. Sin duda la dificultad estriba en la palabra “nictálope”. Si no vamos a un diccionario o preguntamos a alguien, es muy complicado crear esa imagen. Lo mismo sucede con otras palabras, para algunos más familiares. Un tercer grupo está dado por el desconocimiento de la utilidad de los elementos paratextuales, de técnica de exploración del texto, de la incapacidad de realizar una lectura crítica (porque no fueron enseñados). Finalmente, un último grupo está conformado por todas aquellas circunstancias del lector. Estas últimas inciden en el proceso lector, pero también habría que enseñar cómo la lectura puede ser un paliativo, un apoyo, una catapulta en momentos de adversidad.
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studia para que seas alguien decían los abuelos y algunos padres de la generación X aún lo repetían como una letanía para los niños que odiábamos la escuela. Tres puntos importantes habría que rescatar: el estudio como potenciador de un futuro favorable, la escuela como algo odioso y el contexto nacional de la educación. Para los abuelos la escuela funcionaba, pues cuando esas generaciones salían al mundo después de haber concluido los estudios había plazas de trabajo: muy pocos médicos, pocos ingenieros, pocos docentes, poco de todo. En la actualidad eso no funciona, ahora se impone el modelo empresarial: qué me ofreces, eso es lo que eres. La escuela era un lugar horrible, donde había que portarse bien aun
cuando los profesores nos estiraban las patillas, nos golpeaban con el metro y nos daban unas clases sin motivación ni espíritu; la ventaja es que no había nada bueno en televisión y no existían las redes sociales, por lo que al menos aprendíamos a relacionarnos con los demás. Por desgracia, en este país la educación nunca ha sido una inversión para los gobiernos, pues consideran que mantener a la población en estatus de borregada es más lucrativo, por lo que los estudiantes no tiene éxito por el sólo hecho de ir a la escuela. El mundo, antes de lo globalización se caracterizaba por que existían culturas distintas, por lo que no era lo mismo ser mexicano que norteamericano o japonés. Hoy en día, la única diferencia es el nivel de vida y los rasgos físicos. Pareciera, en principio, algo bueno, el heredar el estilo de vida de primer mundo, poder acceder a la
misma información, los mismos objetos y los mismos productos; sin embargo, también se heredan los aspectos negativos. Era ya algo común ver cómo en países de primer mundo como España y Norteamérica, algún joven estudiante, harto ya de la relación con sus compañeros y profesores debido a la agresión, la indiferencia y la estupidez racial, un día decidiese llegar con un arma a la escuela y disparar sobre aquéllos que lo hicieron sentir miserable y terminar con un disparo en la cabeza. Lo veíamos como algo lejano, algo que jamás pasaría en México. Pero el 18 de enero del 2017, un joven regiomontano llegó a clase, disparó contra sus compañeros y su maestra y después se quitó la vida: al siguiente día los medios culpaban al internet y su influencia. La verdad no es sólo eso, aunque sea parte importante, es consecuencia del estilo moderno de vida, del sistema educativo que no ve al estudiante como un ser humano, pues el mismo modelo en competencias se empeña en verlo como un objeto de producción, mientras
que el mundo le ofrece todo y la realidad le niega todo. Es decir, pareciera que los jóvenes del milenio tienen un potencial enorme, pues el mundo está virtualmente a sus pies, en la red tienen acceso a todo. Desde el sillón de su casa pueden acceder a libros, música, series y amistades y mil cosas más. Pero en realidad no hay convivencia social. La gente se convierte en algo inexistente, existe al mismo nivel de las creaciones digitales, se despersonaliza, las relaciones sociales son casi nulas. Y el joven, en su mundo virtual está más solo que nunca. En casa le compran un celular para que no de problemas, en la escuela el contenido de la clase no es atractivo como el contenido del celular y en la vida real esos sueños digitales son casi imposibles de cumplir. El resultado: baja autoestima, frustración, soledad y extrañeza: la misma condición de los jóvenes del primer mundo. Añadan un entorno familiar negativo, problemas económicos, abandono, bullying y tenemos un potencial asesino/suicida escolar.
Educación
6 Por Carlos Flores
Tres postales
A)
En mi camino cotidiano, veo las diversas facetas que adquieren la ciudad y sus habitantes. Una fuente cuya única función es el ornato escenográfico, sin agua y algunos árboles raquíticos que ofrecen refugio a gorriones y sombra a una aburrida testigo de Jehová, que regala El Despertad y El Atalaya, de las cuales se desbordan sentencias bíblicas que tratan de calzarse teorías científicas, completan el cuadro dos bebeleches (rayuelas o aviones) trazados por manos infantiles que aún guardan los ecos y las huellas del juego. No conmueve el verbo primordial la indiferencia y la prisa de los peatones. Postal desoladora de estos tiempos que corren. B) Postal para turistas. Son las cuatro de la tarde, hora del retorno. Este sol de invierno es inclemente como capataz de maquiladora, sin embargo los dedos del viento son helados, un oxímoron cli-
matológico. Más allá de la plazuela de García, veo la ropa que llena los tendederos asoleándose cual gato, el viento hace bailar camisas y pantalones en invisible danzón, por un instante la casa es un velero que quiere alejarse del mar rutinario. C) Postal doméstica. Llego a casa, al abrir la puerta me recibe con un abrazo el aroma a sopa de fideo y verduras. El estómago gruñe, es un viejo león de circo, de ésos que exterminó el Verde ecologista como medida del trato digno a vida animal. Veo a mi mujer, afanada en quehaceres culinarios, le pregunto qué tal le fue en su labor docente, la comisura de sus labios me incita al extravío extático, el aroma de sopa de fideo se ha diluido, quiero saciar hambre y sed, en la exuberancia de su cuerpo, hacer un tour gastronómico en los lindes de su piel, saciarme de sabores terrenos y marinos, amarla como el primer día después de que el ángel consumara la expulsión de Eva y Adán del paraíso.
Río de palabras
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LA GUALDRA NO. 277
PROGRAMA 61 MUESTRA INTERNACIONAL DE CINE (de la Cineteca Nacional), del 19 al 30 de enero, 2017 Lugar: Sala Mauricio Magdaleno, Cineteca Zacatecas. Entrada general $30.00 Estudiantes con credencial, personas con discapacidad y personas 3ª edad $20.00 Lunes 23 17:00, 19:00 y 21:00 hrs. TEMPESTAD México/ 2016/ 105 min. Dir. Tatiana Huezo. Una mujer es recluida en una cárcel controlada por el crimen organizado mientras que otra busca a su hija desaparecida. A través de imágenes que nos sumergen en un viaje del norte al sur de México, los dos testimonios se entrelazan y conducen al centro de una tormenta: un país en donde la vio-
lencia ha tomado el control frente a la impotencia de sus habitantes y la indiferencia o complicidad del Estado. Este documental, segundo largometraje de Tatiana Huezo, muestra la claridad de dos mujeres, que en un pequeño y revelador acto de resistencia, se niegan a conformarse con la realidad circundante Martes 24 18:00 y 20:20 hrs. GRADUACIÓN Rumania-Francia-Bélgica/ 2016/ 128 min. Dir. Cristian Mungiu Romeo, un médico con un matrimonio fallido, es padre de una estudiante que debe realizar sus exámenes finales
con la promesa de obtener una beca universitaria en Inglaterra si consigue buenas notas. En la víspera de las pruebas, la chica sufre un intento de violación, lo que frustra las expectativas de Romeo, quien tratará de hacer lo necesario para que su hija pueda estudiar en el extranjero. Miércoles 25 17:00, 18:45 y 20:30 hrs. MISS HOKUSAI Japón/ 2015/ 93 min. Dir. Keiichi Hara Edo (actualmente Tokio), 1814. Tetsuzo, más conocido en Occidente como Hokusai, fue un artista célebre en todo Japón por sus sorprendentes obras, desde un Dharma gigante plasmado
en una hoja de papel de 180 metros cuadrados hasta un par de gorriones pintados en un minúsculo grano de arroz. Lo que mucha gente desconoce es que la tercera de sus cuatro hijas, O-Ei, una joven terca e independiente, realizó anónimamente muchas de las obras que hoy en día se le atribuyen a su padre. Jueves 26 17:00, 18:30 y 20:00 hrs. FÁTIMA Francia/ 2015/ 79 min. Dir. Philippe Faucon Fátima es una mujer musulmana inmigrante en Francia, madre de dos hijas, que tiene que enfrentar un divorcio después de sufrir un matrimonio por conveniencia con un hombre mayor que ella, y el rechazo de una de sus hijas, quien reprocha a su madre que trabaje como sirvienta. Inspirada en el texto Rezar a la luna de Fatima Elayoubi, ahora famosa por su obra literaria, en Fátima, comedia dramática naturalista, el director Philippe Faucon incluye el tema que su cinematografía aborda en forma constante: detrás de la “fraternité” que reza el lema nacional francés se oculta la desigualdad, el rechazo, el racismo y la falta de integración cultural. Viernes 27 18:00 y 20:30 hrs. AQUARIUS Brasil-Francia/ 2016/ 145 min. Dir. Kleber Mendonça Filho Clara, una periodista retirada que ronda los sesenta años de edad, vive en un apartamento del edificio Aquarius, una construcción clásica situada en una avenida costera de la ciudad de Recife en Brasil. Su integridad peligra cuando tenga que enfrentarse contra una empresa constructora que intenta demoler el inmueble para dar paso a un nuevo plan inmobiliario. El tercer largometraje de Kleber Mendonça Filho plasma un micromundo en el cual la actriz Sônia Braga entrega una poderosa interpretación al encarnar a una mujer en medio de una disyuntiva: defender sus principios morales e intelectuales frente a la agresiva modernidad de un sector que pretende privatizar los bienes materiales. Sábado 28 17:00, 18:30 y 20:00 hrs. LA LARGA NOCHE DE FRANCISCO SANCTIS
Argentina/ 2016/ 78 min. Dir. Andrea Testa y Francisco Márquez En la Buenos Aires de 1977, durante la dictadura argentina, un hombre de familia recibe información sobre el paradero de dos personas buscadas por los militares. Ahora tiene la posibilidad de salvarlas aunque con ello arriesgue su propia vida. La primera película de los directores Francisco Márquez y Andrea Testa está basada en una novela homónima de Humberto Constantin. Domingo 29 17:00, 18:45 y 20:30 hrs. NO ES MÁS QUE EL FIN DEL MUNDO Canadá-Francia/ 2016/ 95 min. Dir. Xavier Dolan Tras doce años de ausencia, Louis, un escritor homosexual, regresa a su ciudad natal para anunciar su inminente muerte a la familia. El rencuentro con los suyos detona conflictos alimentados por la soledad, las dudas y por sentimientos encontrados que delatan las rabias y frustraciones de cada miembro del clan. Basado en la pieza teatral homónima de Jean-Luc Lagarce, el sexto largometraje del joven quebequense Xavier Dolan reúne a un destacado elenco integrado por Vincent Cassel y Marion Cotillard, para plasmar un ácido retrato de una familia fragmentada, definida por personajes que develan facetas como la rebeldía, la pasividad, la histeria y los arrebatos violentos del ser humano. Lunes 30 16:00 y 19:15 hrs. UN VIAJE A TRAVÉS DEL CINE FRANCÉS Dir. Bertrand Tavernier Francia/ 2016/ 190 min. En la línea de documentales como Un viaje personal con Martin Scorsese a través del cine americano (1995), el realizador francés Bertrand Tavernier nos presenta una aguda y personal aproximación al cine francés a través de las películas, directores, compositores y diálogos que para él se definen como joyas del cine de su país. Los trabajos de Jean Renoir, Claude Sautet, Jean Vigo y Jacques Becker, o de los precursores de la Nueva Ola Francesa como François Truffaut, Jean-Luc Godard y Louis Malle entre otros cineastas famosos, son recopilados con gratitud y afecto en este proyecto en el cual Tavernier inserta una especie de autobiografía fílmica donde revela su amor por el cine.
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23 de ENERO DE 2017
Notas al margen
¿Tenemos que hablar de Federico? Notas al margen
6 Por José Agustín Solórzano
H
oy me desperté con la terrible noticia de que Federico, un adolescente de apenas 12 años, había disparado a varios de sus compañeros y a su maestra en una escuela de Monterrey. Horrible, haya sido en este país, donde jamás había pasado algo semejante, o en Estados Unidos, un lugar “cinematográfico” donde estos casos no sólo son más comunes sino que se han vuelto motivo de películas, libros y series. La noticia no asusta, no conmueve por el lugar donde sucede, sino por otras muchas razones que deberían resumirse en una: la violencia es inmune a la educación. Obviamente, para el medio día del 18 de enero, día del suceso (y mientras escribo esto), las redes sociales ya estaban llenas con información al respecto. También, claro, atestadas de comentarios y “estados” que iban desde la llana condolencia hasta la crítica a ese sistema invisible y monstruoso que obligó al menor a realizar tan despreciable acción. La dicotomía que nace con un hecho así: una balacera en el interior de una institución educativa, a manos de uno de los alumnos, es sin duda una crítica -por sí misma- a la sociedad en la que vivimos. La violencia entra a las aulas y pisotea los valores que se supone se están fomentando ahí dentro. Destruye no sólo el presente, sino el futuro, y se carcajea frente a la sociedad que no para de levantarse el cuello como progresista y humanitaria. Nos dice una y otra vez que no existen ideales que puedan contra la violencia. Sí, lo que sucedió con Federico es terrible, triste, significativo. Pero no se trata sólo de compartir las notas “periodísticas” en las redes sociales y decir que México está podrido, que todo es culpa de un sistema enfermo –lo que es cierto-. También deberíamos tomarnos unas horas al día para reflexionar, para dialogar con nuestros seres queridos (familia, amigos) acerca de la violencia y de lo que todos hacemos para que un país podrido como éste se siga pudriendo todos los días. ¿Por qué un niño de 12 años tenía acceso a una pistola?, ¿por qué si subió una foto con el arma a sus redes sociales sus padres no lo sabían, y por qué nadie hizo nada? ¿Por qué los medios dicen que “tenía problemas sicológicos” como si eso fuera una justificación? Como siempre, y aunque parezca un comentario inhumano para las buenas conciencias, lo importante no es tanto el acto -lo sucedido-, sino lo que el acto significa -lo que a partir del acto puede suceder. Ahora apenas comienza a circular el rumor de que un par de compañeros de Federico sabían lo que éste iba a hacer; en el video puede apreciarse cómo uno de ellos parece hacerle, con la mano simulando una pistola, una seña que lo invitaría a disparar. Se habla de un grupo virtual donde varios jóvenes se impulsan a sí mismos a cometer actos violentos contra ellos mismos y contra los demás. Si suponemos que estos rumores son ciertos –nada descabellado-, entonces también tendríamos que empezar a pensar sobre qué es lo que nos lleva a construir una Sociedad del Miedo, ¿por qué nuestros jóvenes temen tanto a sus coetáneos, y por qué, también, le temen tanto a vivir? Pareciera que para ellos la vida es ya una forma caduca, una estructura que no sabe –o no puede- contenerlos, y de la cual prefieren
/// Caravaggio. Medusa. Óleo sobre tela. 60 x 55 cm. 1597. Galería Uffizi, Florencia, Italia.
no formar parte. Quien desprecia una vida se desprecia a sí mismo. Por eso es importante hablar del miedo, hablar de la violencia, porque sólo así podemos reconocerlos. El miedo lleva al odio y el odio a la violencia. Vivimos en una sociedad aterrada y por tanto terriblemente violenta. En las redes sociales la mayoría no entramos a compartir buenos deseos y sentimientos empáticos; más bien las usamos como la ventana del odio. Pensamos siempre en qué publicar para molestar a los demás. Somos incendiarios y amamos el caos, pero cuando pasa algo como lo que hoy pasó nos alarmamos y preguntamos ¿qué estamos haciendo mal? Y es que no está mal confrontar al otro; incomodar es también una forma de impulsar el diálogo crítico; pero cuando la confrontación sólo tiene como finalidad dañar al otro; perjudicarlo sólo para disfrutar cómo sufre, entonces no estamos promoviendo más que el desprecio a nuestros semejantes. Este niño con “problemas sicológicos” es un reflejo de cada uno de nosotros; cuando él empuña una pistola todos estamos fallando como sociedad, y cuando él dispara todos morimos un poco. El país está podrido porque está lleno de gusanos. La indiferencia es también una forma de violencia. Si
nos alarmamos por sucesos como éste pero nos mantenemos impávidos ante otras formas más “pequeñas” de la agresión, estamos poniéndonos una venda de autosatisfacción sobre los ojos. No creo que las cosas puedan cambiar sólo por hablar de la violencia, pero al menos podemos, al hablar del miedo, empezar a conjurarlo. Si escuchamos los disparos del chico de 12 años como voces de auxilio de este mundo, tal vez podamos empezar a entender que no hay mucha diferencia entre lo que Federico hizo y los feminicidios que se cometen a diario, o entre las “insignificantes” agresiones a nuestros animales domésticos; entre el suceso que hoy nos indigna y las ofensas y los ataques gratuitos que nos regalamos cotidianamente en estas redes virtuales. La violencia es una misma y la ejercemos todos. Pensémoslo antes de compartir tonterías llenas de prejuicios, antes de opinar con el lenguaje del odio y el resentimiento, antes de sentarnos cómodamente a leer el periódico con la consciencia limpia; pensémoslo antes de juzgar y de señalar al otro, porque nos estamos clavando el dedo a nosotros mismos. Tenemos que hablar de Federico, porque hablar de él es hablar del monstruo del miedo que, a diario, toma un arma y nos dispara.
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LA GUALDRA NO. 277 /// 23 de ENERO DE 2017
Río de palabras
Yo fui /// Melancolía. Óleo sobre tela. 1891. Oslo, National Gallery. Su autor, el artista noruego Edvard Munch, falleció un día como hoy, 23 de enero, pero de 1944. Así lo recordamos en La Gualdra.
6 Por Alberto Huerta
Y
o fui un constructor de barcos, helicópteros y aeroplanos de papel. De cientos de Matapiojos. ¿Qué más hice? Saleros. ¿Eran saleros? ¿Botaneros? Fabriqué un mundo de papel. ¿Cuántos barcos hice? ¿Navegaron? ¿Llegaron a navegar en los días lluviosos? O navegaron en un aguamanil en el larguísimo patio de la casa, bajo la sombra de la jacaranda y de la palma. El patio olía a barro mojado. Los aviones nunca fallaron, planearon, hicieron cabriolas en el aire, y se estrellaron o aterrizaron suavemente en los ladrillos rojos del patio. Y los días eran larguísimos, pausados. Oíamos la radio. Regábamos las plantas. Había muchas macetas con helechos, hortensias con delicadas flores pequeñas, rosas o azules. Y una planta que era como una telaraña y que daba unas bolitas
verdes que al paso del tiempo se ennegrecían. En la cocina había pocillos, hervidores, sartenes, platos y cucharas y cucharones de peltre. Cazuelas. Jarros de barro. Molcajetes. Metates, y hornillas de carbón. Una estufa de hierro forjado de leña. Ahí hice mi primera sopa de estrellitas y papas cocidas y fritas. Chuletas de cordero. Y durante muchas navidades buñuelos de viento. También en la noche de fin de año, mientras en la calle tronaban los cohetes, las cebollitas y las brujas… los buscapiés chifladores. Y también hice muchas figuras de plastilina y leía libros de aventuras apoyado en la ventana de la sala. Recostado en su cama leí a Emilio Salgari y a Julio Verne. Y a través de la ventana la calle, los árboles del jardín en un mundo de dudas y preguntas. Soñando que volaba. Que embarcado le daba la vuelta al mundo. ¡Ufff! Hice hasta pajaritas de papel, que no volaron ni cantaron ni comieron alpiste y rebanadas de plátano.
Destino 6 Por Pilar Alba
V
enimos desde Oregón a la feria del pueblo, a la fiesta de nuestro santito. Venimos después de tiempo, luego de tanto jale, de matarnos como mulas. Venimos a festejar, a celebrar, a gastarnos nuestro dinero; a cotorrear con los cuates, con nuestros compas, con aquéllos que no se fueron; con los que prefirieron quedarse aquí a vivir jodidos y amolados. Venimos a ver las tumbas de nuestros viejos, a llevarles flores, una hora de música con la tambora. Venimos a pasear al jardín que sigue igualito después de tanto tiempo. Venimos por fin, ya hace casi veinte años que nos fuimos; estábamos chiquillos, nos pasaron por el cerro, al más chiquillo de nosotros sí lo pasaron por la línea, le dieron una pastilla para que se
fuera dormido; lo malo que por eso quedó fallito de su mente, pero allá hay muchas ayudas, ya pasó la aplicación y recibe su asistencia del gobierno, tiene hasta su trabajo, por eso venimos. Venimos a olvidarnos de tantas tristezas, a comer todo lo que recordábamos, hasta se nos hacía agua la boca del puro antojo; aunque ahora nos arda la panza, dicen los primos de aquí que ya no estamos acostumbrados, que ya se nos olvidó todo. Pero por eso venimos a pisar la tierra, a encontrar las raíces, a pasar la fiesta, a divertirnos, a quedarnos rendidos de borrachos, a pasear en el caballo, a enseñarles a nuestros hijos. Venimos también a enfrentarnos con los enemigos de siempre, los del lado del arroyo; para agarrarnos a balazos, para morir por el honor…para encontrarnos con nuestro destino. A eso venimos.