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La Gualdra 524

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SUPLEMENTO CULTURAL

NO. 524 /// 25 DE ABRIL DE 2022 /// AÑO 11

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

Antonio Vásquez. Foto de Clyo Mendoza.

“Ninguna revolución, ninguna ideología, podrá traer la paz. Los efectos que provoca este conocimiento en la psique es lo que lleva a la alteridad, a la solidaridad con la otredad que también está atrapada en esta (como la llamaba Philip K. Dick) prisión de hierro negro”. Antonio Vásquez nació en Tucson, Arizona, el 13 de junio de 1988; reside en la ciudad de Oaxaca. Obtuvo el Premio Bellas Artes Juan Rulfo para Primera Novela 2017 por Ausencio; y el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 2021, por Señales distantes.

[Una entrevista con él, realizada por Beatriz Pérez Pereda, en páginas centrales]


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Editorial La clave está en las infancias. Nadie podrá salvarnos salvo ellos, los niños y las niñas de ahora que en un futuro tendrán en sus manos los destinos de este país. No quiero caer en el lugar común de afirmar solamente que “el futuro es de ellos” porque eso es más que evidente; lo que deseo es proponer que nosotros, los adultos, propiciemos que nuevas políticas públicas sean diseñadas e implementadas para que los y las menores de edad tengan una educación diferente, nuevas perspectivas de vida, una nueva y diferente orientación -más efectiva- a todo lo que tenga que ver con la erradicación de las violencias y, por supuesto, estrategias diferentes para construir escenarios de paz que nos dejen vivir, así: que nos dejen vivir. El caso de Debanhi Escobar -tal vez por la atención mediática que se le ha dado y por la movilización realizada por su familia primordialmente en las redes sociales-, nuevamente cimbró a una sociedad que ha tendido a normalizar -tristemente- casos como el de esta joven, quien, como cientos de mujeres en México, apareció muerta después de días de no ser localizada. Lo hemos normalizado, así como el hecho de tener noticias todos los días sobre asesinatos, secuestros, extorsiones, desapariciones, índices delictivos al alta, y una la subsecuente discusión -entre aquellos que aún les interesa- que tienden a politizarlo todo, y, por ende, a polarizar sin proponer, y eso va para todos independientemente del partido político al que pertenezcan. De manera reduccionista, esta generación de “opinadores profesionales” -en opinar solamente, no necesariamente en el tema- vierte su dosis de odio condenando a diestra y siniestra lo que se ponga en frente: a las mujeres por salir solas, a los padres por dejarlas salir, a ellas por tomar o vestirse de tal o cual forma, a las amigas que dejan solas a sus amigas, a los políticos porque no hacen nada -o porque hacen también-, al clima, al destino, a la sequía... hasta caer en el absurdo. A muy pocas personas he leído o escuchado que estén enfocados por lo menos a preguntarse qué es lo que podemos hacer, en qué puede contribuir la ciudadanía más allá de exigir a las autoridades que haya seguridad y que se haga justicia. Y mientras los adultos opi-

namos, los niños y las niñas escuchan, asimilan y establecen diferencias -de acuerdo con sus capacidades y desarrollo cognitivo- entre todo lo que consideran que es bueno y lo que es malo; porque también es un hecho que mientras no hay una buena guía, existe el peligro de caer, inocentemente incluso, en un maniqueísmo que no beneficia a nadie. Hace poco, en una reunión le preguntaba a un adolescente que me dijera a dónde le gustaría viajar, a qué lugar más que a ninguna parte... me sorprendió su respuesta, sin titubear me dijo que a Medellín, Colombia, para estar en el “mismo lugar en el que estuvo Pablo Emilio Escobar”; luego me contó que había visto la serie sobre su vida y que le parecía “un tipo admirable por todo el poder que había logrado tener”. Me dejó sin palabras no solo la respuesta, sino la actitud de su madre, quien con cierto orgullo agregó: “Así es desde chiquito, le gusta todo lo que tenga que ver con el poder”, y volvió a chatear en el celular que no suele dejar ni para comer. Otro ejemplo: recientemente me enteré de que la hija de una amiga tiene novio; tanto la hija de mi amiga como su novio están en secundaria. Ella me contó que está muy enamorada y a mí se me hizo fácil pedirle que me enseñara una foto para conocerlo; me mostró una serie de imágenes en un video de Instagram que no pude ver porque la música de fondo me distrajo por completo: era una canción que hablaba de trocas, de morras, de fuerza, de “topones”, de hombres “valientes” dispuestos a todo por conseguir lo que quieren. Me quedé muda, y mientras veía la emoción de esta niña de 14 años mientras me mostraba la imagen de su novio “bien macho” a quien le gustan estas canciones, pensaba en lo mucho que nos queda por hacer. Yo propongo un plan de sensibilización artística, por lo pronto, para niños y niñas que estén en primaria; hagamos un proyecto piloto aquí, en la ciudad de Zacatecas. Necesito aliados y voluntarios que se sumen a este plan, que tengan esperanza en que esta situación de violencia se puede cambiar. ¿Quién se une? Espero sus comentarios. Que disfrute su lectura.

Contenido Mapocho Esa rabia antigua que se lee Por Mauricio Flores

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Antonio Vásquez: La frontera entre el mundo espiritual y el mundo de la carne, es ese limbo que explora la literatura fantástica Por Beatriz Pérez Pereda

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Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia Por Miguel Ángel de Ávila González

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Red rocket, de Sean Baker Por Adolfo Nuñez J. Desayuno en Tiffany’s, mon ku Malintzin 17, de Eugenio Polgovsky y Mara Polgovsky [Un documental íntimo en Visions du reel] Por Carlos Belmonte Grey Necesidades humanas básicas y cultura de paz Por Imelda Ortiz Medina Esto es un bodegón de luz y ruido Por Ana Chig

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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

Directorio

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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Mapocho Esa rabia antigua que se lee un discurso, un desmadre colosal que por fin eche abajo todos los diques de contención. Intuyo que en esa rabia está la clave para que un día no nos despertemos sintiendo que nos han vivido, que nos han tramado la Historia”. Narrativa necesaria.

D

os hermanos, la Rucia y el Indio, vuelven después de muchos años a la ciudad de su infancia. Algo recuerdan de aquellos tiempos. Pero resulta que ese algo, contradicho de los días de juego y golosina, tiene que ver con el dolor. Mucho dolor. Justo en la etapa de “cuando el barrio se llenó de milicos”. Así es. Habrá vaticinado el lector, la lectora. Mapocho, la primera novela publicada por la chilena Nona Fernández (1971) hace una década y ahora incluida en el catálogo del Fondo de Cultura Económica, es una narrativa que gira en torno a un periodo de la historia contemporánea. El devenir del golpe de Estado que en septiembre de 1973 derrocó al presidente de Chile, “al sur de todo”, Salvador Allende. Infortunio que, al margen de su explicación socio-económica, en Mapocho se extiende hacia sitios de la propia condición humana. Un retrato nítido y encarnado de las intimidades de sus personajes. Reto mayor este de inmiscuirnos en la humanidad de hombres y mujeres, que encontró en la circularidad narrativa un mecanismo ideal para transmitirse y alcanzar la siempre buscada verosimilitud. Como en un carrusel, una referente gráfica se nos regala en la portada del libro, donde trama y personajes van en busca, junto al lector, la lectora, del imaginado punto cero. Hay también sueños y recuerdos en Mapocho. Las sombras “de una mujer que decidió transformase en madre…”. Las sombras de un padre que practica trucos de magia hasta que desaparece así, chst, como por magia… Las sombras de una estación que duerme, puesto que “ya no hay trenes, campanadas, ni siquiera algún riel suelto que haya quedado como recuerdo…”. Las sombras de un exilio disfrazado de “vacaciones forzadas…”. Las sombras de Lautaro y Valdivia, insertos en el pasaje histórico, que cobran vida tras el fárrago guerrero. La sangre en plaza de armas… La sombra de O´Higgins, luchador por la independencia de Chile y “contra la misma corona para la que servía su padre distante…”.

Las sombras de las vírgenes protectoras, “no todas las vírgenes son iguales”, Concepción (símbolo de la ciudad), Carmen (patrona de Chile), Lourdes (la otra estrella santiaguina) y una más, muy especial, que siempre le dará la espalda a la Rucia y el Indio y los habitantes del perdido barrio santiaguino… Las sombras de los futbolistas, presos en su propia cancha por los guardias militares, luego tirados sus cadáveres al Mapocho, que ante el horror deciden cantar su himno deportivo… Sin perder el valor “No importaba que los guardias nos amenazaran con sacarnos la cresta. Todos los presos cantando, haciéndose barra para no perder el valor. Dicen que vinieron los disparos al techo, los palos a diestra y siniestra. Dicen que nos echaron hasta los perros, que nadie se salvó de un mordisco. La gran cagada. Graderías hechas mierda, arcos destrozados. Todo, cualquier cosa

podía ser un arma para defenderse. Rompimos hasta los focos, no dejamos nada en pie. Dimos la pelea y nos sacaron la mierda. Pero nunca dejamos de cantar. Nunca”. Todo siempre en la ciudad de Santiago de Chile y en torno a su río Mapocho (el mismo donde “mueren los gatos y en el medio del agua tiran los sacos, pero en las poblaciones con la tormenta, hombres, perros y gatos es la misma fiesta”, cantó antes Víctor Jara). Ahora reeditada, Mapocho respeta “esa rabia antigua que se lee y espero nunca se pierda. Hoy la leo a la distancia y la vuelvo a lanzar al río con la esperanza de que viaje el futuro”, dice Nona Fernández, ganadora de importantes premios literarios y también autora de Space Invaders (FCE), Chilean Electric, La dimensión desconocida, Voyager y Preguntas frecuentes. Novela que, añade la autora, bien pueda servir para hacer una fotografía, un libro, un poema, una pancarta,

TEXTUAL • Es mentira que los muertos no sienten. • Lo primero fue una palabra. La boca del dios pronunció un monosílabo. Luz. Su lengua se arrimó a su paladar, sus labios se apretaron dejando un pequeño espacio para emitir el sonido divino y la palabra luz se hizo. A partir de ella las tinieblas se disiparon. • Lo primero fue el verbo, el mundo se estableció gracias a una palabra. Hágase, dijo el dios y de inmediato lo que él pronunció apareció hecho. La magia de la creación se resume en una palabra. • Dicen que los muertos todavía gimen. Dicen que nunca dejarán de hacerlo. Flotarán en el río y aullarán tan fuerte como puedan. Dicen que por culpa de los muertos el diablo jamás entrará en el cielo. Dicen. Eso dicen. • La muerte es mentira, pero si hay una remota posibilidad de que no lo sea, hay que arriesgarse a encontrarla. Un solo paso. Un paso adelante. • Las cosas que valen la pena ocurren así. Sin que uno lo espere. Rápidas, torpes casuales. • Gaucho es el que no tiene padres. El que es echado al mundo a la buena de Dios. Ese que no es deseadlo ni querido, al que prefieren olvidar en un rincón. El que no tiene casa, el que vaga de un lugar a otro, ese que no sabe dónde echar raíces porque nunca las tuvo. Nona Fernández, Mapocho, FCE, México, 2022, 232 pp.

* @mauflos

Op. Cit.

6 Por Mauricio Flores*


Narrativa

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Antonio Vásquez: La frontera entre el mundo espiritual y el mundo de la carne, es ese limbo que explora la literatura fantástica 6 Por Beatriz Pérez Pereda

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na narrativa desde el extrañamiento, desde una realidad alterada donde el dolor es una de las formas de la trascendencia son algunas de las aristas de Señales distantes, libro con el que Antonio Vásquez obtuvo el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 2021, un conjunto de cuentos donde lo fantástico instala su reino y dialoga con la tradición de autores como Amparo Dávila, Francisco Tario, Vicente Melo, entre otros, sumándose al impulso y reconocimiento que la literatura fantástica y la ficción especulativa están teniendo en el mundo editorial contemporáneo, un reconocimiento tardío pero justo, de una de las vetas más ricas de la literatura universal. Beatriz Pérez Pereda: Antonio, Señales distantes (Almadía, 2020) es tu primer libro de cuentos publicado y obtuvo el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 2021; después de publicado y premiado, a la distancia, cuál es tu mirada sobre tu libro y sus premisas de escritura... Antonio Vásquez: Últimamente una extraña insensibilidad o entumecimiento ha ido apoderándose de mí. En otras etapas de mi vida me era difícil separarme de todo aquello que me era muy querido, y aunque hubiera una pérdida, siempre quedaba una huella. Ahora hasta un libro que escribí me resulta ajeno; un libro, cuya escritura se supone que es una de las experiencias más íntimas que uno puede tener. No entiendo mi desapego, si solo se trata de la distancia, pero en honor a quien alguna vez fui, debo tratar de volver a colocarme en el lugar del escritor que hizo Señales distantes. Con este libro quise explorar el género del cuento. Usualmente se ve al cuento como un proceso de formación para llegar a la novela. Yo quise hacer lo contrario; después de haber escrito una novela salté al cuento. Los temas tratados partían de lo que había explorado en Ausencio: las relaciones de pareja, el peso de la familia, la muerte, los estados alterados de la consciencia y el abandono. Y luego fui añadiendo otros: la alquimia, el gnosticismo, el tiempo como un eterno retorno en espiral. Si en Ausencio quise retratar el fin del mundo de un individuo, en Señales distantes intenté escribir el origen y fin de un universo. BPP: Cuáles fueron los motivos para elegir el título del cuento Señales distantes (y no el de alguno de los nueve restantes) para nombrar todo el libro. AV: Curiosamente fue al revés: primero le

/// Antonio Vásquez. Foto de Clyo Mendoza.

puse título al libro y después decidí hacer un cuento a partir de él. Señales distantes resultó ser el título idóneo porque en todos los cuentos algo que está afuera de nuestra realidad logra comunicarse con cada uno de los narradores. Son señales distantes, como una intuición, una voz o una premonición, que tratan de revelarnos una verdad acerca de nuestra condición humana. BPP: Amparo Dávila, Francisco Tario, Inés Arredondo, Vicente Melo, son algunas de las influencias que has mencionado para este libro, autores que estuvieron apartados del canon nacional pero que ahora son leídos con mayor atención, ¿a qué crees se deba este “boom” del cuento fantástico en la actualidad? AV: Creo que a lo largo de nuestra historia hemos fluctuado entre una mayor atención hacia lo exterior y luego a lo interior, entre lo racional y lo irracional. Hoy en día la humanidad ha quedado agotada de vivir en un mundo desacralizado. Sospechamos que hay algo más que la materia, y la literatura fantástica responde a esta intuición. La realidad no es como la pintan, debemos reconquistarla a través de nuestro territorio que es el limbo: la frontera entre el mundo espiritual y el mundo de la carne. Ese limbo es lo que explora la literatura fantástica.

BPP: Me llama mucho la atención la relación que tiene la palabra “dolor” en este conjunto de cuentos, el dolor no como solo sufrimiento que es la vertiente común, sino como una vía para el descubrimiento, para adentrarse en la alteridad, háblanos un poco sobre esto... AV: Creo que la primera vez que me topé con una noción semejante fue en la prepa, cuando vimos el concepto de situación límite de Karl Jaspers. Básicamente lo que decía este psiquiatra era que una situación extrema (como la muerte o la enfermedad) nos hace percatarnos de nuestros límites, y esto a la vez puede alentarnos hacia la trascendencia. Jaspers veía en el fracaso el catalizador genuino para el cambio y la afirmación de la vida. Después descubrí el budismo y vi algo semejante en la historia del Siddhartha; cómo el hecho de ver los dolores que aquejaban al mundo afuera de su palacio lo llevó hacia el camino de la iluminación. Esto también se repite en el gnosticismo, que ha sido fundamental en mi vida. Para los gnósticos, la salvación no se alcanza por medio de la fe, sino a través del conocimiento. Y la gran revelación para el gnosticismo es que el dolor es inherente a este mundo, pues este fue creado por un dios imperfecto. Ninguna revolución, ninguna ideología, podrá traer la paz. Los efectos que provoca este conocimiento en la psique es lo que lleva a la alteridad, a la solidaridad con la otredad que también está

atrapada en esta (como la llamaba Philip K. Dick) prisión de hierro negro. BPP: Tienes dos libros publicados, la novela Ausencio (Almadía, 2018), que obtuvo el Premio Bellas Artes Juan Rulfo para Primera Novela 2017, es decir, libro publicado: libro premiado, ¿qué significan para ti los premios literarios, cómo vives el proceso de las convocatorias? AV: Para mí los premios literarios han sido de suma importancia. Mi primer libro lo logré publicar gracias a ese premio, y este último, que la verdad no ha sido muy leído, al menos recibe un reconocimiento que lo redime. Fue gracias a un maestro que comencé a interesarme por los premios literarios. Al no provenir de un círculo con contactos en el mundo literario, no sabía cómo publicar una obra. Después de mandar mis manuscritos a diversas editoriales sin recibir ningún dictamen favorable, mi maestro me recomendó que probara con los premios literarios, que según él era la mejor apuesta para un escritor inédito. Desde entonces la participación en concursos se volvió en un ritual para mí. Siempre estoy al pendiente de las convocatorias, y seguiré mandando obra hasta que escriba mi último libro. BPP: Qué sigue para Antonio después de Ausencio y Señales distantes, tus intereses siguen


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Antonio Vásquez nació en Tucson, Arizona, el 13 de junio de 1988; resi-

de en la ciudad de Oaxaca. Narrador. Estudió el Diplomado en Formación Literaria en la Escuela Mexicana de Escritores. Su obra ha sido incluida en las antologías Cartografía de la literatura oaxaqueña actual II (Almadía, 2012) y Después del viento, trece homenajes a Jesús Gardea (Aldea Global, 2015). Premio Bellas Artes Juan Rulfo para Primera Novela 2017 por Ausencio; y el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 2021, por Señales distantes.

Fragmento de Señales distantes De camino a la cabecera, bajo el polvo alborotado que escondía a las estrellas y a la luna, sentí que me estaba acercando a ti. Ojalá, murmuré, ojalá. Entre los rumores de mis demás acompañantes intenté rezar, pero las cosas que decían fueron envolviéndome hasta que olvidé a quién estaba invocando. Es el viento, aseguraban unos, un viento malo que viene del cerro herido, es nuestra culpa, por haber dejado que lo minaran, que se llevaran sus piedras. No, decían otros, es la tierra, se está abriendo de tanto temblor, de seguro nuestras hijas cayeron en sus grietas. Una anciana miró el firmamento: No, dijo con una voz más seca que la terracería, es la noche y los hombres que se esconden tras

ella. Llegamos al pueblo al otro día. Los del municipio no quisieron recibirnos, alegaron que ellos no tenían nada que ver con el asunto. Estuvimos parados un buen rato sin saber qué hacer. Pues ni modos, dijimos, y nos pusimos a recorrer las calles, retratos en mano, haciendo las mismas preguntas que la señora Angélica y yo habíamos hecho el día anterior, repitiéndolas hasta el cansancio, y hasta el cansancio oyendo la misma respuesta: No, no las hemos visto. Una de las personas con las que nos habíamos topado nos dijo que fuéramos a la parroquia, que ahí de seguro nos echaría la mano el padre Simón que era muy bueno. Y lo fue, él y su acólito, un muchacho enfermito con la piel escamada, como de lodo seco. El padre mandó a un grupo de monjas a prepararnos tortas, juntó cobijas y un poco de dinero que nos donó. Aquí no encontrarán nada, tienen que ir a la ciudad, hablar con el gobierno, eso fue lo que nos explicó. Si quieren pueden pasar la noche en la parroquia. Y eso hicimos. Antes de dormir, nosotras le pedimos su bendición, y el padre Simón nos la dio, aunque dijo algunas cosas bien raras. La única que recuerdo es esta: Cuando Dios al fin cierre su ojo, todos desapareceremos.

Nosotros al otro día nos marchamos del pueblo, sin dejar más rastro que algunos retratos pegados en muros y postes de luz. Ya no teníamos nada que hacer allí, así que nos fuimos a nuestra siguiente parada, y luego a la siguiente. Los caminos que tomábamos eran todos iguales; desiertos, escoltados por matorrales y el bullicio de un viento recio que removía nuestros cabellos, nuestras esperanzas. Yo no pierdo la fe de hallarte, Susana, a pesar del cansancio, a pesar de que cada plaza de los pueblos y ciudades a las que llegamos son la misma: con jardineras y un kiosco al centro donde nos juntamos para hacer nuestros mítines. Conforme fueron pasando las semanas, los años, fui perdiendo la noción del rumbo que tomábamos; ya no sé si viajamos al sur, al norte o al centro. Estamos dando vueltas y vueltas, y esos giros que hacemos forman tolvaneras donde se pierden las señales que me mandas. De pronto me topo con una niña en la calle que trae el mismo peinado que nos hacía mamá a esa edad: Es por aquí, me digo. Otras veces oigo una canción que nos gustaba mucho: Tiene que ser de este lado, aseguro. Y así trajino por lugares desconocidos que me resultan familiares, porque siempre hallo algo que me recuerda a ti.

Narrativa

en la narrativa, quieres incursionar en otros géneros, cuéntanos: AV: Me considero un narrador antes que cualquier otra cosa. Pero a la vez mi proyecto narrativo consiste en la escritura de cinco obras. Ya voy prácticamente a la mitad. Solo me quedan otros dos libros por escribir y no me siento apresurado por realizarlos. Realmente nunca he tenido prisa por la escritura ni por la publicación posterior, salvo en mi proyecto actual, cuya conclusión tampoco he apresurado. Es una novela de ciencia ficción en la que he estado trabajando desde hace cinco años. Mi inquietud por verla ya publicada radica en que en los últimos dos años muchos de sus temas se han visto reflejados (por no decir espoileados) en la realidad inmediata. En cuanto a géneros, me siento en casa escribiendo ficción especulativa. Me gusta ese término de ficción especulativa; engloba las especulaciones que se hace en la literatura fantástica sobre lo que hay del otro lado de este plano de la realidad, y las especulaciones que realiza la ciencia ficción acerca del futuro y de otras especies de vidas post-humanas posibles. Cuando al fin acabe mi proyecto narrativo, quisiera seguir escribiendo. Quizás experimente con el ensayo y el guion. Algún día incluso pueda que colabore con una inteligencia artificial en un proyecto creativo. Esperemos que sí.


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Libros

Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia 6 Por Miguel Ángel de Ávila

González

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a historia de la novela se ubica en el México de fines de los años 20. La administración del presidente Vidal Sánchez —el gran villano del libro y en quien podemos reconocer a Plutarco Elías Calles— llega a su fin y el narrador, protagonista de la novela, el general José Guadalupe Arroyo, saborea ya las mieles del poder al haber sido nombrado secretario particular del presidente electo, el general Marcos González. “[...] festejé el nombramiento, aunque no con los desórdenes que después se me atribuyeron. Eso sí, la champaña ha sido siempre una de mis debilidades y no faltó en esa ocasión; pero si el diputado Solís balaceó al coronel Medina fue por una cuestión de celos a la que yo soy ajeno, y si la señorita Eulalia Arozamena saltó por la ventana desnuda, no fue porque yo la empujara, que más bien estaba tratando de detenerla. De cualquier manera, ni el coronel Medina, ni la señorita Arozamena perdieron la vida, así que la cosa se reduce a un chisme sin importancia de los que he sido objeto y víctima toda mi vida, debido a la envidia que causan mis modales distinguidos y mi refinada educación”.

/// Jorge Ibargüengoitia (Guanajuato, Guanajuato, México, 22 de enero de 1928 - Mejorada del Campo, Madrid, 27 de noviembre de 1983)

Artajo, las declaraciones que hizo al Heraldo de Nuevo León el malagradecido de Germán Trenza y, sobre todo, la nefasta leyenda que acerca de la Revolución del 29 tejió, con lo que se dice ahora muy mala leche, el desgraciado de Vidal Sánchez”.

Sin embargo, el súbito deceso de Marcos González, provocado por una apoplejía, deja a Arroyo y sus camaradas desorientados y descobijados, obligados a enfrentarse al maquiavélico y desconfiado Vidal Sánchez, al parecer decidido a todo con tal de mantenerse en el poder.

El autor bosqueja la personalidad mundana y cínica del general Arroyo, quien sabe exactamente cuáles son sus ‘virtudes’, expone el ambiente superficial y fútil en el que se mueve, y de los ‘valores’ sobreentendidos que se manejan en ese círculo político. Es una parodia de los libros de generales revolucionarios como Ocho mil kilómetros en campaña, de Álvaro Obregón, y una crítica burlona a los generales de la rebelión escobarista y también a los hombres que terminaron la Revolución y fundaron el PNR. Mediante el recurso paródico, el autor logra una sátira diversa: hacia la ignorancia y deshonestidad de algunos revolucionarios, hacia el discurso apologético con el que estos quisieron maquillar sus inexactitudes, y hacia el discurso oficial con el que el régimen que se instauró al institucionalizarse la Revolución que buscaba legitimarse. Esta novela es una diatriba, como pocas, a la última etapa de la Revolución Mexicana. Ninguna historia sobre ese periodo de nuestro pasado ha logrado lo que alcanzó el autor: a partir de la ironía dar a conocer las miserias de nuestro pasado, acercarnos con los recursos de la farsa a los usos y costumbres del poder en nuestro país en ese periodo.

“Mientras Camila le rizaba los bigotes, me explicó a grandes rasgos la situación: el fallecimiento de González dejaba a la nación sumida en el caos; la única figura política de importancia en ese momento era Vidal Sánchez, el presidente en funciones quien, por consiguiente, no podía reelegirse; así que urgía encontrar entre nosotros, alguien que pudiera ocupar el puesto, garantizando el respeto a los postulados sacrosantos de la Revolución y a las exigencias legítimas de los diferentes partidos políticos”. A pesar de su notoria incompetencia para organizar una conspiración digna de ese nombre, la camarilla de Arroyo termina por sublevarse y dirigir una de las campañas militares más desastrosas de la historia mexicana, una campaña en la que todo sale mal. El autor nos narra los sucesos de los que fue víctima el general Arroyo, mientras actuaba “con toda la rectitud que le era posible, sufriendo calumnias por actuar correctamente y va-

rias rencillas con enemigos políticos, siempre encabezadas por sus opositores”. “[…] deshacer algunos malentendi-

dos, confundir a algunos calumniadores y poner los puntos sobre las íes sobre lo que piensan de mí los que hayan leído las Memorias del Gordo

*** Jorge Ibargüengoitia, Los relámpagos de agosto, Editorial Joaquín Mortiz, vigésima tercera reimpresión, México, 2004.


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Red rocket, de Sean Baker A 6 Por Adolfo Nuñez J.

6 Por Carlos Belmonte Grey

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eneralmente el documental tiene dos líneas temáticas y de creación: el ensayo político y activista, y la autobiografía. Cierto que hay otras líneas como la experimental, la de ruptura narrativa, la sensorial y la poética de la cotidianidad; esta que parece no tener una historia particular porque es tan anodina, tan cotidiana o tan poco trascendente que al igual que en nuestra vida diaria no ponemos atención en los detalles. El documental póstumo del director mexicano Eugenio Polgovsky y su hermana Mara Polgovsky trata de esto último: de cómo él empezó a filmar el nido de un pajarito sobre unos cables frente a la ventana de su casa en la calle Malintzin 17, en el barrio de Coyoacán. Eugenio se puso a filmar acompañado de su hija de 5 años. Todo desde su ventana: • En la mañana pasan los carros bajo la calle y el pajarito no se mueve para cuidar su nido y sus huevecillos. • Por la tarde pasa el carrito de los elotes o camotes con su chiflido, y el pajarito no se mueve. • Por la noche los carros con sus faros, y el pajarito apenas levanta el cuello. • La hija de Eugenio le habla: “pajarito, pajarito”, y en la cornisa de la ventana le pone un plato de semilla y agua para que coma. • Al día siguiente, pasan una persona con perros, y el pajarito sigue ahí; gente caminando, y el pajarito ahí con su nido en los cables; una ardilla por entre los cables, como si viera al pajarito; las azoteas con

Dicha dicotomía se encuentra presente en Tangerine (2015), la revolucionaria cinta de Baker que, además de ser un valioso retrato de la comunidad trans, cuenta con la característica virtuosa de haber sido filmada en su totalidad con un iPhone. Otra película del realizador con características similares es The Florida Project (2017), sobre una familia en precariedad que habita un motel de bajos recursos ubicado en la periferia de Disney World. En un contexto distinto, pero con el mismo nivel de realismo, el cineasta propone algo similar en Red rocket (2021), su obra fílmica más reciente. El Mikey que interpreta de manera mag-

nífica Simon Rex es el clásico self-made man, ese personaje que con su carisma y simpatía puede vender lo que sea, incluso cuando sus actitudes y sus decisiones no son las mejores y que, en el peor de los casos, resultan totalmente despreciables. Baker logra dominar esa línea entre el amor y el odio por personajes como Mikey, cada vez menos comunes en el cine moderno y que son una representación, sin filtros ni adornos, de lo peor que la humanidad tiene para ofrecer. Para reforzar dichas temáticas, el director ubica la acción durante las elecciones presidenciales de 2016, dando una especial pre-

sencia a la campaña de Donald Trump, cuya imagen narcisista, de autopromoción y de desentendimiento absoluto hace un paralelo con la del propio protagonista. De una naturaleza desafiante e incómoda, Red rocket es, por un lado, un retrato mordaz sobre las contradicciones del sueño americano y los ideales distorsionados de esa supuesta “tierra de oportunidades”. Por otra parte, es un recordatorio de que el cine, lejos de tener la obligación de aleccionar a la audiencia, puede volverse un medio fascinante para representar a una sociedad y al sistema que la conforma en su forma más compleja, detestable y absurda.

Desayuno en Tiffany’s, mon ku

Malintzin 17, de Eugenio Polgovsky y Mara Polgovsky [Un documental íntimo en Visions du reel] sus tinacos de agua, unos de Rotoplas y otros del viejo asbesto, y el pajarito sigue ahí; la hija de Eugenio juega con un viejo cajón de madera a los pajaritos, y el pajarito en el cable sigue ahí, aunque ahora se asoma otra cabecilla; se pone el sol, sale el sol, y el los pajaritos ahí. Por fin, una buena mañana el nido está solo, ya sin los pajaritos. Eugenio le dice a su hija que no le mueva la cámara porque sigue filmando. Fin de la historia. El documental es solo obra de texturas y de sensaciones. Una hora de ver y oír naturaleza y ciudad; a la gente y a una familia. Se convierte en una obra que hace sentir no solo por lo que hay dentro de ella sino porque sabemos que un año más tarde, en el 2017, Eugenio fallecería; fue su hermana Mara quien encontró estas grabaciones y después montó Malintzin 17, una obra íntima. Un documental que pudimos ver en el festival Visions du réel de Nyon y que ojalá pueda verse pronto en México.

Cine

l ritmo de una canción de NSYNC, el filme arranca con la imagen de un hombre sentado en un autobús, lleno de moretones y sin ninguna pertenencia consigo. Mikey Saber (Simon Rex), una autodenominada estrella porno cercana a los 50 años regresa, después de muchos años en Hollywood, a su natal Texas. Sin previo aviso, Mikey toca la puerta de Lexi (Bree Elrod), su exmujer, que vive en compañía de su madre Lil (Brenda Deiss) y convence a ambas de permitirle quedarse en su casa por un par de días. En sus intentos de progresar y reconstruir su vida, este singular protagonista cruzará caminos con Strawberry (Suzanna Son), una chica pelirroja de 17 años que atiende un local de donas y con la que iniciará una peculiar relación. En las películas de Sean Baker existe una interesante y contradictoria dualidad, marcada por la actitud optimista de sus personajes y por los contextos desoladores que habitan. Con una vena de cine independiente, el realizador tiene un especial interés en retratar, de la manera más realista y cruda posible, el lado más desangelado y antiestético de Estados Unidos. Con todo, no importa qué tan agobiantes sean los escenarios en los que se encuentran sus protagonistas, estos siempre encuentran motivos para avanzar y levantarse todos los días, a menudo engañando a otras personas o a sí mismos.


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Río de Palabras

Humanidades

Necesidades humanas básicas y cultura de paz 6 Por Imelda Ortiz Medina*

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oy en día se habla mucho de cultura de paz, pero poco se menciona sobre los conflictos que generan violencia y nos alejan de la paz. Según el Índice de Pobreza Multidimensional 2018, elaborado Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), a nivel mundial existen alrededor de 1,300 millones de personas que sufren la pobreza en diferentes formas más allá del dinero. Es decir que carecen de servicios básicos: no tienen acceso a una educación, sufren malnutrición, no disponen de agua potable o viven en una vivienda insalubre, etc. Más del 80% se concentran en dos zonas: África Subsahariana y el sur de Asia, de estos, se calcula que unos 560 millones de personas viven en situación de pobreza extrema, lo que supone más del 40% de la población total de ese continente. Según datos del Banco Mundial en 2018, de cada cinco personas por debajo de la línea internacional de pobreza, cuatro vivían en zonas rurales; la mitad de los pobres son niños; las mujeres representan la mayoría de los pobres en gran parte de las regiones y en algunos grupos de edad. De la población mundial pobre de 15 años o más, alrededor del 70% no tiene ninguna formación académica o solo una instrucción básica. En México más de 50 millones tienen pobreza multidimensional, es decir carecen de acceso a servicios público, de salud, educación, vivienda digna (piso, drenaje, agua entubada, electricidad), alimentación, etc. Por tanto, es fundamental que los gobier-

6 Por Ana Chig “Si supiera qué es la poesía no tendría necesidad de escribir. Es algo que busco a tientas en la oscuridad”. Anne Carson Esto es un bodegón de luz y ruido. Hay sombras que se adentran al bullicio, aves amenazantes picoteando vidrios de ventanas. El centro y sus tibias medusas de asfalto, cardúmenes de empleados desplazándose entre calles recogiendo restos humanos, a prisa, con la imperfección pública a cues-

nos diseñen políticas públicas focalizadas que atiendan específicamente estas necesidades. Cubrir las necesidades humanas básicas, es una tarea primordial, sin ellas, estamos condenado a la sociedad a una violencia estructural, la cual según Galtung1 refuerza el aparato económico político y es construida históricamente, no somos conscientes de que existe y la vivimos día a día. Esta es asociada a “la explotación, o como un refuerzo del aparato de dominación del sistema político y económico de la estructura”. Para resolver las necesidades bási-

cas que Galtung considera como parte de la violencia estructural que se vive en el mundo, es menester construir una paz positiva, lo cual, según el autor, es un proceso, cuyo objetivo central es satisfacer las necesidades básicas del hombre y crear las condiciones óptimas que desarrollen las potencialidades humanas. Por su parte, para Calderón,2 la paz por medios pacíficos debe ser afrontada con un profundo respeto al hombre y sus necesidades básicas (bienestar, libertad, identidad y sobrevivencia), teniendo como punto de partida al ser humano. Lo anterior nos lleva a replantear

nuevas alternativas de crecimiento y desarrollo económico. *Universidad Autónoma de Zacatecas. Unidad Académica de Estudios de las Humanidades. 1 Galtung, Johan (s.f). La violencia: cultural, estructural y directa. Disponible en: Dialnet-LaViolencia-5832797.pdf 2 Calderón Concha, P. Teoría de conflicto de Johan Galtung, 2009. Revista de Paz y Conflictos, núm. 2, pp. 60-81 Universidad de Granada, Granada, España. Disponible en: https://www.redalyc.org/ pdf/2050/205016389005.pdf

Esto es un bodegón de luz y ruido tas, maquillando baches de negligente blandura. La mañana, como todas, vuelve a uno, no hay grilletes en el tiempo. Un minúsculo punto negro sobre el mármol me perturba, ahí está, definiendo su universo rectangular, absoluto, dominante,

le observo atenta; nada sabe, no presiente, soy una diosa de oscuridad a mitad de la nada, bastaría levantarme y colocar mi pie en su inquietante frontera de luz… De Callas a Evans, transcurrió la música, se fragmentó la atmósfera,

vuelvo a la pieza, el café de fondo es tibio; me entusiasma haber leído a Anne Carson; un libro suyo en el tianguis y en la librería de viejo, caminar, identificar a Audubon abatiendo pájaros en las esquinas, habitar sus versos, sus ideas, «la fotografía es una forma de muerte».


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La Gualdra 524 by La Jornada Zacatecas - Issuu