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La Gualdra 523

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SUPLEMENTO CULTURAL

NO. 523 /// 18 DE ABRIL DE 2022 /// AÑO 11

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

Ismael Guardado. Paraíso. 1996. De la exposición Mitos y presagios, gráfica de Ismael Guardado, 2022.

El artista plástico Ismael Guardado nació en Ojocaliente, Zacatecas, el 13 de septiembre de 1942. Este año cumplirá 80 años. En el marco de las actividades programadas para celebrar medio siglo de haberse fundado el Museo José Guadalupe Posada, el pasado 7 de abril se inauguró la exposición Mitos y presagios, gráfica de Ismael Guardado, conformada por piezas en papel que en su mayoría realizó durante los dos años anteriores durante el confinamiento obligado por la pandemia. La exposición estará en exhibición hasta agosto de este año. En páginas centrales, una foto-galería de esta muestra.


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LA GUALDRA NO. 523 /// 18 DE ABRIL DE 2022 /// AÑO 11

La Gualdra No. 523

Editorial

U

na de las más gratas experiencias vividas en el Festival Zacatecas 2022 que recién terminó fue el constatar la calidad de los músicos zacatecanos que participaron en esta edición. No dejo de pensar en el concepto de tradición entendido como la transmisión de conocimientos, costumbres y prácticas culturales que se pasan de generación en generación en un lapso considerable, y en nuestro Estado, las artes plásticas y la música, primordialmente, pueden ser consideradas como dos de las tradiciones a las que podemos seguirles su huella en la historia y, además, verificar cómo se han ido modificando e incorporando sus prácticas a las nuevas realidades. Para muestra, y con relación a la música, basta recordar que, a principios del siglo XX, por ejemplo, la gente de todos los sectores sociales solía tener como diversión cotidiana la asistencia a bailes que se organizaban -además de los del Teatro Fernando Calderón- en las plazuelas públicas y en domicilios particulares. La temporada de bailes duraba prácticamente todo el año; de ello nos percatamos a través de los permisos -encontrados en el Archivo Histórico del Municipio de Zacatecas- que se otorgaban a diferentes personas para realizarlos; solo para ilustrar lo mencionado: en aquel entonces, solo en un mes (febrero) se otorgaron ciento cuarenta permisos para realizar bailes y tener música en las casas y las cantinas (solo el domingo 1 de febrero de 1903 se llevaron a cabo doce bailes, hubo una pastorela en la calle del Vergel Nuevo y se quemó pólvora en Mexicapan). Ese día se organizaron bailes en la Plazuela de los Muleros, Plazuela del Refugio, Calle de los Perros 311, Calle de las Flores 89, calle del Barrio Nuevo 105, calle San Rafael 45, Barrio de la Pinta, Puente de Zamora, Hacienda Cinco Señores, Barrio del Gusano 11, calle García de las Cuevas y calle Buenavista; en estos lugares se promovían las sociabilidades, encontrándose distribuidos a lo largo de lo que era la ciudad en aquel entonces; quizá por las características físicas del espacio eran tomados como escenarios idóneos, puesto que ahí se podía bailar y congregarse un mayor número de personas. Las calles no estaban electrificadas y tenía que contratarse el servicio de iluminación; además, tendrían que haberse contratado el mismo número de grupos musicales para que amenizaran esas tertulias, lo que nos habla de esa vocación musical que ha tenido Zacatecas desde tiempo atrás.1 Hablo de esta vocación musical, también considerada como tradición, que hoy está sustentada en el hecho de que en varios mu-

nicipios existen bandas de música —la más importante de ellas por su antigüedad es la Banda de Música del Estado, ahora llamada Internacional Banda Sinfónica del Estado de Zacatecas, que ha experimentado una variación constante en su nombre—, pero además hay una Orquesta Típica declarada en el 2018 como Patrimonio Inmaterial del Estado, una Orquesta Filarmónica y una Escuela de Música en la Universidad Autónoma de Zacatecas, reconocida en el ámbito académico nacional por la calidad en sus programas y por la trayectoria de sus profesores y alumnos egresados. A ellos quiero referirme, a los egresados de la Escuela de Música de la UAZ, quienes han tenido en esta edición del Festival Cultural Zacatecas 2022, una participación extraordinaria; debo mencionar aquí a quienes tuve oportunidad de ver y escuchar durante estos días: a la Camerata de la Ciudad de Zacatecas, al Octeto Zacatecas, a César Encina, a Elías Manzo, al grupo Halket Jazz, a Vocumeri Jazz, Luis Humberto Ramos, Antonio Manzo, solo por mencionar a algunos de ellos y que han sido alumnos y/o profesores en esa escuela que merece todo nuestro reconocimiento. ¡Bravo! En serio que me llena de alegría poder compartir con ustedes la emoción que me ha dado escucharlos y comprobar que los esfuerzos por capacitar y formar académicamente a quienes han decidido ser músicos profesionales han valido la pena. Merecen una gran felicitación la Universidad Autónoma de Zacatecas y todas las personas quienes han contribuido a que la calidad de este centro educativo orientado a la enseñanza de la música no solo sea constante, sino que crezca cada día. Este año concretamente nos tocó comprobar que las nuevas generaciones de músicos en Zacatecas están haciendo las cosas muy bien y se encuentran a pocos pasos de superar incluso a sus maestros –quienes deben sentirse muy orgullosos de ser parte fundamental de esta historia y de esta tradición que se alimenta y nutre todos los días-. Que disfrute su lectura.

Contenido

A la memoria de Francesca Gargallo (1956-2022) Por Ana Chig

Mitos y presagios de Ismael Guardado en el Museo José Guadalupe Posada Por Jánea Estrada Lazarín

Asesinato, el doble crimen de los Flores Muñoz, de Vicente Leñero Por Miguel Ángel de Ávila González

The Northman, de Robert Eggers Por Adolfo Nuñez J. Sara María Terrazas Exposición Retrospectiva “Del viento a las raíces” en el Museo Francisco Goitia Por Anne Leyniers

Maestra Por Mariana Flores

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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

Para conocer más datos, ver: Una bizarra melancolía. La Tradición plástica en Zacatecas, Secretaría de Cultura / Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde, 2020; de esta servidora, en donde hablamos con mayor detalle de la tradición musical, literaria y plástica en nuestro Estado. 1

Directorio

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita y Enrique Martínez Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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A la memoria de Francesca Gargallo (1956-2022) Poesía

t Por Ana Chig

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edico esta lectura en memoria de Francesca Gargallo, poeta, escritora de ideología feminista, activista y editora italiana radicada en México, de quien les comparto un fragmento de su conferencia: La amistad entre mujeres es una actitud revolucionaria. “La amistad entre mujeres es una práctica de protección que nace con el juego y las reglas que se van fijando para poder jugar libremente. Produce complicidad y fortalecimiento mutuo; su carga es revolucionaria porque el sistema ha intentado prohibirla o, por lo menos hacerla lo más difícil posible. La amistad invalida los dispositivos de control social y el patriarcado desea el control total de las conductas femeninas. Cuando las mujeres pactan entre sí defenderse unas a otras en las sociedades capitalistas liberales de hombres que las encuadran en un deber ser que no les corresponde, apelan a su libertad de ser. Y al defenderse entre mujeres evidencian una falla en el funcionamiento del estado. A la vez, subrayan su capacidad de escogerse en el camino de la construcción del propio accionar en el mundo. Más acá o más allá de la supuesta sororidad como pacto de género, la amistad entre mujeres es una práctica de libertad que confronta nuestras ideas y sostiene nuestra autoestima”.1 A su memoria. El mediodía eleva un ancla de solares baldíos El mediodía eleva un ancla de solares baldíos, una trasparencia oleosa y el rastro de cierto recuerdo que se siembra como a “tierra venida” de la infancia. Hubo flores de alazor a orilla del camino que reveló mi padre, sus ramas densas y espinosas alejaban a los pájaros, cardenales, mirlos y gorriones sobrevolaban el cártamo del día en desaliento, otros, desde viejos álamos, contemplaban las minutas de algodón y sus semillas desprendidas por el aire, la longitud del silencio en esos días me estremecía, julio esparcía desolación en los campos de falsos azafranes los lomos de los surcos como una provincia desconocida y lejana ceñían mis sueños de confusas palabras, de horas agolpadas que hoy entiendo, resultarán por siempre indescifrables. En el cargante transcurrir de los segundos Pienso que si pudiera ver mi cara sabría quién soy en esta tarde rara. J. L. Borges

Un cúmulo indefinido exteriorizó una sensación presentida. Cierta luz en retroceso desvaneció rostros y voces en mi abadía, advertí la nulidad del cuerpo dilatado sobre la cama, el abandono de todo objeto vinculado a la existencia. En el cargante transcurrir de los segundos como un mar inmutable que ola tras ola desgasta el filamento de la piedra, así se esparció la blancura espesa, simiente del silencio. Medrosa y disminuida, deambulo calles comunes del día. Formas de nubes suponen la pared acantilada del desconcierto. La gente me rehúye, ¿o soy yo quien declina su ociosa presencia?

/// Francesca Gargallo, escritora, en La Casona, Colonia Santa María La Ribera, CDMX. Foto de Gabriela Huerta Tamayo.

Ahí está el hospital, embarnecido también por ese castrante sigilo. ¿Quién ha muerto en el instante ulterior a mi pensamiento, qué dolor, qué nombre no pudo pronunciarse, qué aliento sucede de los cuerpos en vigilia, qué seres habitan las ventosas islas, mecánicas y frías? Estos son los hierros de la guerra y los despojos –dijo Borges. La humanidad sumida en incertidumbre, miedo, humillación. Somos aprendices de formas que vulneran, la distancia del otro, el aislamiento. Nuevos códigos en la mirada como ver a un enemigo a través de los setos. Apenas un libro y tres monedas en el bolsillo, ¿y si esto fuera acaso el mismo sueño?

días de variables e incógnitas que se multiplican a sí mismos. Ayer un hombre pretendió saltar desde el puente –la hora fue luminosa, el cielo, calado de profundos vacíos– reconocí el instante, la forma de su cuerpo ovillado, el miedo circular en las enormes tuercas de la estructura –. El gesto compasivo de un mediador, las sirenas en torno, el caos vial. Ayer vi a un hombre, y quise llorar por sus motivos, por los míos, por las palabras mal dichas, por la soledad hiriente en sus designios, por esta humanidad errante que nos concentra y ciega, por el ruido que carcome las noches, por el minúsculo sueño que rescata y dosifica la agonía.

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Hay días que mueren en uno, sobrepasan el cuerpo, días que se diluyen en la sangre, anclan su pulso imperceptible,

Ver texto completo en: https://francescagargallo.wordpress. com/2021/05/28/la-amistad-entre-mujeres-es-una-actitudrevolucionaria/


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Mitos y presagios de Ismael Guardado en el Museo José Guadalupe Posada Por Jánea Estrada Lazarín

Exposiciones

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smael Guardado inauguró su exposición Mitos y presagios en el Museo José Guadalupe Posada el 7 de abril en la ciudad de Aguascalientes. Se trata de una serie de obras en papel elaborada en su mayoría durante los años 2020 y 2021, un periodo de confinamiento obligado por la pandemia del Covid-19; y en la que también encontramos piezas de fechas anteriores que complementan, nutren y parecen amalgamar el paso de los años en un discurso visual potente, el suyo, el de quien este 2022 cumplirá 8 décadas de vida. Nacido en Ojocaliente, Zacatecas, Ismael es uno de nuestros artistas viajeros, migrantes, que no ha dejado de crear, de aprender y experimentar desde que decidió dedicarse al arte, cuando era apenas un adolescente y viajó a la Ciudad de México para inscribirse en la Academia Nacional de San Carlos; han pasado 60 años desde entonces, y, sin embargo, el artista asegura que no ha dejado de aprender cosas nuevas. En una entrevista que le realizaron recientemente en la sede de su exposición, Ismael acompaña al espectador por el espacio en donde las piezas de gran formato se exhiben.1 Por lo pronto, y en espera de conversar con él nosotros también, les compartimos esta foto galería para invitarlos a que disfruten de algunas de sus piezas. Mitos y presagios estará en el Museo José Guadalupe Posada, en el Barrio del Encino, hasta el mes de agosto.

Ver entrevista en: https://www.facebook.com/MuseoGuadalupePosada/videos/369853111740375 1


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Exposiciones


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Libros

Asesinato, el doble crimen de los Flores Muñoz, de Vicente Leñero Por Miguel Ángel de Ávila González t

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l libro relata un México, un hecho real que conmocionó a la sociedad mexicana de finales de la década de los setenta, no únicamente por la brutalidad de la acción, sino por la importancia de los personajes: el asesinato del político Gilberto Flores Muñoz -quien estuvo a punto de alcanzar la presidencia de la República como sucesor de Adolfo Ruiz Cortines- y su esposa, la escritora María Asunción Izquierdo. Este crimen aparentemente se resolvió con el encarcelamiento del Gilberto Flores Alavez, nieto de la pareja. El autor relata la historia del caso, escrita con absoluto rigor documental, producto de una investigación exhaustiva que no solo busca esclarecer un asesinato, sino también sus múltiples implicaciones. Leñero no quiso tomarse libertad alguna para imaginar, inventar o deducir hechos; tampoco utilizó materiales provenientes de entrevistas o investigaciones personales que no se encontraran avalados por una constancia escrita. Días antes del crimen Flores Alavez había mencionado a algunos amigos cercanos de su propósito de asesinar a sus abuelos; compró dos machetes y los llevó a la casa de ellos, con quienes pasaba la noche pues su papá, alto funcionario del IMSS, se hallaba en Xalapa, asistiendo a una convención de médicos. En la mañana del día 6 de octubre de 1978 amanecieron muertos a machetazos Flores Muñoz e Izquierdo. Uno de los dos machetes, comprado por Flores Alavez, estaba aún clavado en el cuerpo de la abuela y surgieron testigos fidedignos tanto de las intenciones expresadas por el nieto, como de la compra de las dos armas y de su introducción a la casa durante la noche del día 5. El juicio se llevó a cabo y tuvo una resolución final en febrero de 2011, aunque Flores Alavez recuperó su libertad física en 1991, siempre apoyado determinantemente por su padre Gilberto Flores Izquierdo, sin embargo, la duda persiste. Surgen de inmediato las analogías entre la obra Asesinato..., de Vicente Leñero; y A sangre fría, de Truman Capote. Ambas abordan crímenes semejantes. Capote narra el asesinato del matrimonio Clutter y sus hijos a manos de dos asaltantes ocasionales en su propia casa. A sangre fría asume lo que podríamos llamar factura novelesca; Asesinato..., en cambio, se reviste de reportaje. Existe la certeza de que con la existencia de A sangre fría de Capote, Vicente Leñero tenía un modelo a seguir. Sin embargo, Asesinato... encierra en su interior una propuesta de novela.

/// Vicente Leñero. Foto tomada del FB de Radio UAEM.

implicado un trabajo de lectura e interpretación de diversos textos existentes. Asesinato... asume una mirada perspicaz que penetra en lo más recóndito de los sentimientos reales y que confrontando las distintas visiones y versiones que sobre ellos se dieron, descubre y pone de manifiesto un algo más allá que parece trascender lo real y entrar en el campo de lo posible. Si bien no tenemos la plena seguridad de la inocencia de Gilberto, tampoco estamos seguros de su culpabilidad. Pero si no fue culpable entonces fue víctima de una confabulación tan sagazmente urdida que se antoja más bien propia de un hecho de ficción que de un hecho real. En Asesinato..., de Vicente Leñero, el lector tiene la oportunidad de hacer sus conjeturas y aún así se quedará con dudas, porque la verdad pierde su característica unitaria, absoluta, determinar quién es el culpable es el objetivo principal del género policial. A Leñero le interesa todo aquello que puede hacer pensar al lector, por eso no hay un final cerrado. El autor pretende dar no una novela dada sino que propicia un espacio virtual de donde puede surgir, sin lugar a dudas, la verdadera novela del lector. Vicente Leñero no es un simple compilador, transcriptor o reelaborador de materiales, sino el constructor de un nuevo texto que es la obra en su conjunto. Como

artífice de la misma no ha usado indiscriminadamente todos los materiales recabados en su investigación previa. Ha hecho uso de un proceso anterior de selección que ha

*** Vicente Leñero, Asesinato, el doble crimen de los Flores Muñoz, Editorial Plaza y Janes, Primera edición, México, 1985.


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The Northman, de Robert Eggers t

Por Adolfo Nuñez J.

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Por Anne Leyniers*

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su madre (Nicole Kidman) a manos de su tío (Claes Bang). Para lograr su objetivo, el protagonista recibirá ayuda de una bruja (Anya Taylor-Joy) con la que establecerá una profunda relación. En lugar de elaborar en los dilemas existenciales que plantea su argumento, Eggers se centra, como suele hacerlo, en la riqueza temática del folklore y la mitología

Sara María Terrazas Exposición Retrospectiva “Del viento a las raíces” en el Museo Francisco Goitia

/// Sara Terrazas. En la lluvia del sueño (Mural).

obras dejan también traslucir un cierto misticismo. La percepción visual está exacerbada gracias a su gran meticulosidad, su cadencia precisa y por el tamaño diminuto de las partes que, con una extrema paciencia -asiduidad de tejedora, tal una Penélope actual- está haciendo y deshaciendo, “hilando y deshilando el día”, construyendo, deconstruyendo y reconstruyendo la obra, estructurando y desestructurando constantemente su mente para proyectarla en sus creaciones gracias a las artes que imagina, inventa, domina, con suma técnica y armoniosa estética.

/// Sara María Terrazas.

Imprime su ritmo al mural “En la lluvia del sueño”. Aquí una faja con una narración compuesta de cuadritos orientados y decorados, como si fueran glifos, pictogramas o letras de un alfabeto inventado, corre entre borduras. Plinto y friso llevan también unos relatos paralelos, con unos temas diferentes, aunque relacionados con el tema central, son como unos ecos con vida propia, un coro acompañando a la orquesta y enmarcando la aventura principal. Esta extensa serie es representativa de su universo ordenado geométricamente con cuadrículas y signos. En ocasiones, parece

diseñar los planos de unos asentamientos arcaicos, unas aldeas nativas, con la casa grande del jefe y las diferentes áreas de actividades alrededor de pirámides vistas desde el cielo. Arquitecturas imaginarias, mapas estilizados que nos llevan a fantasear historias, a hilar cuentos que estimulan nuestra sensibilidad y memoria atávica. Los coloridos son naturales, tonalidades de tierras, de maderas y de piedras, paletas de beiges, ocres y pardos, también fríos grises metálicos o unos dulces purpuras complementados con unos serenos verdes. Su trabajo, fino y perseverante, ensambla, explora, adquiere su espacialidad para ofrecernos una semiótica muy personal, su lenguaje artístico. Sara Terrazas construye su obra metódicamente. Mezcla, intelectualizando lo intuitivo y lo sensitivo. Sus creaciones son tributarias de las exigencias de las materias y de las técnicas utilizadas. Su legado elegante y sensible texturiza el entorno, teje sus ideas y materializa sus sentimientos. Exhibe su imaginación organizada y comparte, con su arte, una estetización de su captación del entorno. * Universidad Autónoma de Zacatecas. Unidad Académica de Estudios de las Humanidades.

Arte

ara Terrazas, artista textil y escultora, construye, reúne, utilizando técnicas mixtas y materiales diversos. Sus creaciones son estructuras abstractas habitadas por elementos. Organiza microcosmos con componentes que dialogan entre sí e interactúan con el espectador. Como si inventara una preescritura, parece aproximarse a un pensamiento originario, de inspiración etnográfica, extraído de circunvoluciones ancestrales, con método arqueológico. Ella trabaja con mucha precisión y minuciosidad. En ocasiones, sus representaciones aluden a la presencia de unos seres, como en “Deportados” o “Los danzantes”. Aquellos grupos escultóricos de entes verticales hacen pensar en ofrendas, con un entretejido de partículas naturales, vegetales, líticas y otras materias recolectadas en el camino. Un sentimiento de soledad, un efluvio de melancolía, un aire de tristeza, emanan de algunos títulos de Sara tales como “Un día en una sola gota” o “Manantial de gotas encerradas”... Son representaciones poéticas de su universo interior que plasma en sus elaboraciones, al exteriorizar su percepción del mundo. Sus

(2019), sus obras anteriores, se mantienen intactas. Adaptado del mito primigenio que inspiró Hamlet, de William Shakespeare, el filme narra la historia de Hamlet (Alexander Skarsgård), un príncipe vikingo con un profundo deseo de venganza luego de atestiguar, cuando era niño, el asesinato de su padre (Ethan Hawke) y el secuestro de

Cine

E

n la industria cinematográfica actual, es cada vez menos común encontrar producciones de presupuestos elevados que eviten la condescendencia con el público. Muchos de los grandes estudios apuestan por proyectos sin ningún tipo de riesgo, que aseguran una buena recepción en taquilla y la posibilidad de una franquicia rentable a futuro. Con todo esto, a menudo hay excepciones en las que los cineastas logran plasmar su sello característico y visión personal, cuando sus cintas están destinadas a un público amplio. Dicha dualidad se encuentra presente en The Northman (2022), la más reciente película del realizador Robert Eggers. Por un lado, es notable la enorme escala y ambición dentro de los aspectos técnicos de la cinta, como la fotografía, el diseño sonoro y de producción; elementos que de manera virtuosa y, por momentos apabullante, logran retratar a gran detalle el mundo que habitan sus protagonistas. Por otra parte, se vuelve valioso corroborar que las obsesiones particulares de Eggers, plasmadas en The witch (2016) y The lighthouse

que, en este caso, corresponde a la civilización vikinga. Una vez más, los personajes que conforman el relato de Eggers están completamente definidos por su ideología, sus tradiciones y sus creencias. Aunado a esto, al igual que en las películas anteriores del cineasta, en la percepción de los protagonistas no hay una distinción entre lo real y lo fantástico, ambos coexisten como uno solo. El realizador apuesta por un acercamiento a dicha cultura sin filtros ni glorificaciones, donde la violencia desmedida tiene una especial y muy gráfica presencia. La propuesta de Eggers le acaba dando un interesante giro a la estructura clásica del viaje del héroe, donde el destino inamovible del protagonista está designado por un deseo de retribución sin sentido y que está relacionado con la masculinidad tóxica tan característica en este tipo de relatos. En ese sentido, el filme de Eggers es una anomalía en el cine moderno, no solo por tratarse de un proyecto donde cohabitan los intereses comerciales del estudio con su visión particular, también porque el realizador utiliza los elementos más comunes dentro de la narrativa de aventuras y los renueva de manera creativa, audaz e ingeniosa.


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Río de palabras

Maestra

/// Aula. Foto de Mariana Flores.

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Por Mariana Flores*

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ada día, apenas comienza a ocultarse el sol, Inés sale de su nuevo hogar y recorre un fantasma de ciudad. Rostro cubierto, guantes en las manos, manda su ubicación a Clara y a Minerva y se acomoda sus ropas gruesas, pero ceñidas, para ser invisible y también ágil de ser necesario. Mientras camina va pensando de qué hablará en la sesión de hoy, ¿qué es importante mencionar del mundo pasado para construir uno nuevo? Tal vez lo que era el internet, o cómo era una dieta carnívora, quizá la fotosíntesis y cómo las abejas hacían miel… ¿dónde empezar a contar la historia? Cada día debía descender algunos metros bajo tierra para instruir a sus alumnas de cómo reconstruir el mundo. —Maestra Inés, es que hoy no dormí bien. —Ok, ¿te sientes mal? —No. Es que sentí que alguien me veía… La joven se apretaba las manos con angustia y mira a sus compañeras. —A mí también me pasa lo mismo, varias aquí lo hemos sentido y quisiéramos preguntarle si podemos hablar de eso… Inés siempre iba preparada para cualquier pregunta, o eso creía, esa precisamente había llegado demasiado rápido y muy

posiblemente estaba evadiendo llegar a ese punto, ¿cómo explicarlo? Apenas ella se estaba recuperando, lo estaba asimilando… Melisa… —Hagamos un receso de 15 minutos y volvemos para platicar del tema, ¿les parece bien? —Sí, maestra… Se sentó en la escalera metálica, inhaló el olor de tierra y tubos subterráneos. Empezó a ensayar su discurso. —Cuando sienten que alguien las observa, sobre todo durante las noches, seguramente se trata de alguna persona que conocieron, que tiene alguna conexión con ustedes… esto ocurre porque cuando muchas de ustedes eran probablemente bebés o algunas no nacían, llegaron los minotauros, mitad humanos y mitad máquinas… —¿Los que ponen a volar cámaras en el cielo?, ¿son malos? —Sí, son quienes nos vigilan todo el tiempo, estamos una especie de tregua con ellos, pero no les gusta que existamos quienes no somos minotauros, pues les gustaría que todas las personas fueran mitad máquinas. No siempre fueron así, antes eran personas como nosotras y lo que hacían es que hacían funcionar robots y máquinas. Un día, por accidente, se dieron cuenta que podían combinar lo mejor de ambos mundos. Entonces empezaron a atrapar personas, a esta etapa se le llama

reconfiguración, pues decían que nos iban a reconfigurar para que este mundo fuera mejor. Así no habría enfermedades, guerras ni desigualdad. Durante la reconfiguración comenzaron a experimentar y atrapaban a las personas y a sus emociones y sentimientos en grandes computadoras. Así diseñaban robots. Estos primeros robots, eran conocidos como autómatas, pero algo no salió bien. Al juntar tantas emociones y sentimientos en los servidores, estos empezaron a colapsar y los autómatas comenzaron a enloquecer. Inés suspiró. —¿Y qué hacían con los cuerpos de las personas?, ¿cómo les sacaban las emociones? —preguntó una niña con los ojos llenos de lágrimas. —Pues las metían en unas peceras gigantes que las mantenían con vida, pero inconscientes. Ahí les vaciaban las emociones. Cuando los autómatas enloquecieron, escaparon y se dispersaron por todos los cuadrantes. Algunos tenían forma de gato, otros parecían conejos… otros eran con formas más humanas. Desde entonces, estos seres robóticos, supieron esconderse. Pero en las noches salen y buscan a sus seres queridos, o lo que quede de ellos. Aún no entendemos bien cómo funciona, pero la combinación de circuitos y de emociones hace que encuentren a las personas que quieren o que conocieron algún

día. Su presencia es muy fuerte y por eso sentimos cuando nos observan. Ellos están bien si solo nos ven y nos sienten, así que no se asusten, tampoco los sigan porque pueden asustarse o los pueden atrapar. Solo siéntanlos… —Maestra, ¿y los autómatas están sufriendo? —Dejan de sufrir cuando encuentran a quien buscan. —Maestra, ¿y cuánto duran los autómatas? —Cuando llegan con la persona que quieren, y esta los mira por primera vez, se apagan… Un silencio sepulcral invadió el aula. —¿Entonces qué debemos hacer? Si los vemos se apagan, pero nos están buscando, y seguro están tristes de no vernos… —Eso es algo que ustedes tienen que decidir, cualquier decisión que tomen es adecuada, si les da paz… piensen que lo único que estos seres quieren es volver a conectar con quienes quisieron, con quienes conocieron… La clase terminó, las niñas y jóvenes fueron saliendo poco a poco. Una más grande abraza a una niña, la más pequeña: —Ya no llores, no estés triste, van a estar bien… La joven la abraza. —Pero no estoy triste —le responde—. No estoy triste porque todavía puedo sentir, por eso lloro. *@LaMayaFlores


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