SUPLEMENTO CULTURAL
NO. 522 /// 11 DE ABRIL DE 2022 /// AÑO 11
DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN
Camerata de la Ciudad de Zacatecas.
La Camerata de la Ciudad de Zacatecas se presentará en el Festival Cultural Zacatecas 2022, el miércoles 13 de abril, a las 20:00 Hrs., con el programa Una noche sobre velas; una experiencia audiovisual que involucra a la música de concierto, con una ambientación única, en la nave del exconvento de San Francisco, hoy Museo Rafael Coronel. En el programa resalta el virtuoso Concierto para violoncello en Do mayor de Joseph Haydn, interpretado por la violoncellista Yalissa Cruz; y la Serenata para cuerdas del compositor inglés Edward Elgar, tocando bajo la batuta del maestro Allen Vladimir Gómez, director invitado. [Una noche sobre velas. La Camerata de la Ciudad de Zacatecas, en páginas centrales]
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LA GUALDRA NO. 522 /// 11 DE ABRIL DE 2022 /// AÑO 11
La Gualdra No. 522
Editorial Breve crónica de una exposición
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ace poco más de cuatro años, conversando con Martín Coronel -hijo de Pedro Coronelhablábamos del error que se había dado con respecto a la fecha de nacimiento de su padre, que durante mucho tiempo fue considerada entre los años de 1922 y 1923 -distintas fuentes lo manejaron indistintamente-. Él aseguraba que había un error, que había que buscar la fecha precisa; y tenía razón, ese mismo año, indagando en los libros parroquiales, encontré la fecha correcta y un dato más, su segundo nombre: Pedro Encarnación Coronel Arroyo nació el 25 de marzo de 1921. “Todo coincide -me decía Martín- porque mi abuelo acordó con él que hasta que cumpliera los 18 años podría dejarlo partir a la CDMX a estudiar arte, y fue en 1929 cuando salió de Zacatecas”, ese acuerdo se dio después de varios intentos por escapar en el tren, Pedro se subía de polizón, pero siempre había alguien que le avisaba a su padre, este se comunicaba a la estación de San Luis Potosí para que lo bajaran y lo regresaran... así era Pedro, rebelde, intuitivo, tenaz. Todo eso quedó consignado en mi libro Una bizarra melancolía... Desde 2018 entonces, a Martín se le metió la idea de festejar ese primer centenario de su padre con una magna exposición que reuniera la mayor cantidad de piezas posible; además de las que conserva su familia comenzó la gestión para lograr que algunos recintos culturales y coleccionistas particulares se sumaran al proyecto, dado que se requería su autorización para poder exhibir esas piezas en el Palacio de Bellas Artes; para Martín era muy importante que la exposición se hiciera ahí porque Pedro Coronel lo consideraba una segunda casa; fue en ese lugar en el que se exhibiría primero, también, su colección El Universo de Pedro Coronel, y posteriormente llegaría a Zacatecas para quedarse aquí de manera permanente en el museo que hoy lleva su nombre. Para 2019 ya había hecho también las gestiones iniciales ante las autoridades del INBAL y del Instituto Zacatecano de Cultura porque para hacer lo que se proponía, se requería de una serie de trámites que deberían hacerse de manera institucional, sobre todo lo relacionado con permisos de préstamos, contratos de seguro, de traslado y un largo etcé-
tera... pero en 2020 llegó la pandemia por el Covid-19 y todo se paró de alguna forma; sin embargo, no desistió. Martín aprovechó el tiempo no solo para ubicar más piezas propiedad de coleccionistas particulares, sino para contactarse también con el que sería el curador de la exposición -Iñaki Herranz-, y con todo un equipo de personas para que, entre otras cosas, se fuera avanzando en la publicación de un catálogo. Llegó el 2021, la pandemia no cedía y, además, hubo elecciones en varios estados del país, lo que dificultó todavía más los trámites burocráticos. Llegó el 25 de marzo y en Zacatecas celebramos el Centenario de Pedro Coronel más desde casa, con transmisiones en línea, programas de TV dedicados al artista, pero todavía en confinamiento; se veía cada vez más complicado que la exposición pudiera llevarse a cabo, pero en octubre de ese año, finalmente Martín tenía la fecha de inauguración en la CDMX: sería el 3 de diciembre. El catálogo se publicó ya este año y es un ejemplar que debe coleccionarse. Hace poco más de un mes, Martín Coronel, igual de rebelde, intuitivo y tenaz que su padre, me confirmó que la exposición también se inauguraría en Zacatecas el 9 de abril en el marco del Festival Cultural Zacatecas 2022. Lo logró. Y con ese logro muy personal, el hijo de uno de los artistas más extraordinarios que ha dado Zacatecas, nos dio el regalo de poder ver en el ex templo de San Agustín la muestra Pedro Coronel. 100 años, una ruta infinita, que reúne piezas que por ser parte de colecciones particulares difícilmente podremos volver a ver. La exposición exhibe obras de su época temprana hasta las últimas que realizó en 1985, poco antes de su fallecimiento. El domingo, ese primer día que tuvimos la oportunidad de ver por vez primera la exposición, los asistentes estábamos felices, sobre todo aquellos que admiramos la obra de don Pedro Encarnación; me queda la certeza de que muchos habremos de regresar a ver con más detenimiento lo que ahí se muestra, no solo por su belleza, sino porque las piezas son un tratado no solo del dominio colorista que tenía el zacatecano, sino de composición, técnicas y profundidad. No se la pierda. Gracias, Martín. Que disfrute su lectura.
Directorio
Contenido
100 Saramago 100 Por Mauricio Flores
Una noche sobre velas La Camerata de la Ciudad de Zacatecas en el Festival Cultural Zacatecas 2022
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Del verso a la biografía: Qué bellos los ojos de este idiota, de Luis Aguilar Por Julio César Toledo
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Drive my car, de Ryusuke Hamaguchi Por Adolfo Nuñez J. El Arcano Por Jael Alvarado Jáquez
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Desayuno en Tiffany’s, mon ku Les Olympiades, de Jacques Audiard. ¿Existe el amor hipermoderno? Por Sergi Ramos
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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com
Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx
Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita y Enrique Martínez Diseño Editorial
La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.
Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com
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100 Saramago 100 t Por Mauricio Flores*
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e cumplen cien años del nacimiento del escritor portugués José Saramago, y con ello la mejor oportunidad para revisitar su extraordinaria herencia. Obra extensa en el género novelístico, justa en cuento, esclarecedora en lo ensayístico y franca en poesía. Toda actual, oportuna y necesaria al lector de un mundo injusto y esperanzador. De ahí que sus editores en español (Alfaguara) se hayan volcado a la reedición de los títulos más significativos de este autor nacido en Azinhaga, y que al atenernos a su estadística personal y creativa, podríamos asegurar que conocimos tarde. Fue hasta 1985 que se tradujo al español El año de la muerte de Ricardo Reis. Desde entonces (poco después Saramago estaría casi de incógnito en algún encuentro poético por estos rumbos) no hubo de pasar demasiado tiempo para despertar el interés lector hispanoamericano. El viaje del elefante, Memorial del convento, El Evangelio según Jesucristo, Todos los nombres, La caverna, Claraboya… y un largo etecé donde la amalgama de historia, imaginación y el pulso de personajes nos conducen una y muchas veces a la reflexión en torno a la humanidad. “Dicen que mis mejores personajes son mujeres y creo que tienen razón”, escribió Saramago, “propuestas que yo mismo querría seguir”, y con él nosotros los lectores, las lectoras. ¿En qué libro de Saramago habremos de guarecernos? ¿Cuál sugerir? Apenas esta semana se supo de una “nueva obra” del autor, especie de mapa crítico armado a partir de cientos de imágenes, alternativamente una más de sus biografías, acompañada de textos saramagianos, y firmado por Alejandro García Schnetzder y Ricardo Viel: Saramago. Sus nombres. También ahora se reedita Las intermitencias de la muerte, novela aparecida originalmente hace más de tres lustros, As intermitencias da norte, y que al lado de Ensayo sobre la ceguera (1995), son un buen acompañamiento a los tiempos pandémicos. En Las intermitencias…, ese múltiple universo inventado por
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Saramago vuelve a quebrarse. Y es que lo acontecido, de buenas a primeras, tiene que ver con la desaparición de la muerte, así, simple y llanamente. ¿Puede existir un mundo así? Interrogante sin respuesta. Aún más en los días de la disputa por la sobrevivencia. A reflexiones como estas nos lleva la ficción de … Podrán las instituciones, sacrosantas catedrales de nuestra civilización, sobreponerse a la inexistencia de la muerte, pregunta la voz narrativa. Y es que sin muerte, “óigame bien, señor primer ministro, sin muerte no hay resurrección, y sin resurrección no hay iglesia”. Uno a uno irán poniéndose en
entredicho nuestros presupuestos culturales. ¿Qué harán las empresas del negocio funerarios? “¿Qué será de nosotros?”. ¿Qué será de las compañías de seguros? ¿Qué será de los filósofos?, si “filosofar es aprender a morir”. ¿Hasta cuándo durará la tregua de la muerte? Estas algunas de las preguntas que se plantean en Las intermitencias…, una ficción en donde la voz de la muerte será cardinal, y la que al hablar con su eterna acompañante, la guadaña, se proyecta “muy guapa”. “Y era verdad, la muerte estaba muy guapa y era joven, tendría treinta y seis años o treinta y siete
años como habían calculado los antropólogos”. Premio Nobel de Literatura, Saramago inició su oficio como narrador a una edad tardía, se dice. Palabras para todo… Fallecido casi a los noventa años, dejó una obra que sigue leyéndose asiduamente, y que una perspicaz atención podrá relacionar con los acontecimientos del mundo actual. “Afortunadamente hay palabras para todo”, escribió en su blog, por ahí de 2008. “Afortunadamente”, insistió, “existen algunas que no se olvidarán de recomendar quienes que quien da debe dar con las dos manos, para que ninguna de ellas se quede lo que a otros les pertenecería”.
Basta que Lisboa sea lo que simplemente debe ser: culta, moderna, limpia, organizada —sin perder su alma—. Y si todas estas bondades acaban haciendo de ella una reina, pues que lo sea. En la república que somos serán bienvenidas reinas así. Intento ser, a mi manera, un estoico práctico, pero la indiferencia como condición de la felicidad nunca ha tenido lugar en mi vida, y si es cierto que busco obstinadamente el sosiego del espíritu, cierto es también que no me he liberado ni pretendo liberarme de las pasiones. Trato de habituarme sin excesivo dramatismo a la idea de que el cuerpo no es solo finible, sino en cierto modo es ya, en cada momento, finito. ¿Qué importancia puede tener eso, si cada gesto, cada palabra, cada emoción son capaces de negar, también en cada momento, esa finitud? Verdaderamente me siento vivo, vivísimo, cuando, por una razón u otra, tengo que hablar de la muerte. José Saramago, El cuaderno (septiembre, 2008 / marzo, 2009). José Saramago, Las intermitencias de la muerte, Alfaguara, México, 2022, 270 pp. * @mauflos
Op. Cit.
“Así como la bondad no tiene por qué avergonzarse de ser bondad, tampoco la justicia debe de olvidarse de que es, por encima de todo, restitución de derechos. Todos ellos, empezando por el derecho elemental de vivir dignamente”. “Si a mí me mandaran colocar por orden de precedencia la caridad, la justicia y la bondad, el primer lugar se lo daría a la bondad, el segundo a la justicia y el tercero a la caridad. Porque la bondad, por sí sola, ya dispensa la justicia y la caridad, la justicia justa ya contiene en sí caridad suficiente. La caridad es lo que resta cuando no hay ni bondad ni justicia”. Bondad, una palabra de esas en desuso, siempre inserta en la obra de Saramago.
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Una noche sobre velas
Música
La Camerata de la Ciudad de Zacatecas en el Festival Cultural Zacatecas 2022
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a Camerata de la Ciudad de Zacatecas se presentará en el Festival Cultural Zacatecas 2022, el miércoles 13 de abril, a las 20:00 Hrs., con el programa Una noche sobre velas; una experiencia audiovisual que involucra a la música de concierto con una ambientación única en uno de los lugares más emblemáticos de nuestra ciudad: la nave del ex-convento de San Francisco, hoy Museo Rafael Coronel. En este concierto, el público podrá disfrutar de una presentación con asientos estratégicamente distribuidos por toda la sala, socialmente distanciados e iluminados por la luz de velas, lo que brindará al espectador una forma innovadora y segura de poder disfrutar del espectáculo. En el programa, integrado por obras maestras escritas para orquesta de cuerda, resalta el virtuoso Concierto para violoncello en Do mayor de Joseph Haydn, interpretado por la violoncellista Yalissa Cruz y la Serenata para cuerdas del compositor inglés Edward Elgar, tocando bajo la batuta del maestro Allen Vladimir Gómez, director invitado. El concierto representa una oportunidad para el oyente de poder disfrutar de un concierto- experiencia donde podrá contemplar un concierto sobre la cálida luz de las velas. La Camerata de la Ciudad de Zacatecas Con siete años de trayectoria, la Camerata de la Ciudad de Zacatecas (CCZ) se ha consolidado como un referente para la cultura musical en la entidad. A través de la presentación de conciertos difunde el repertorio universal, nacional e iberoamericano para orquesta de cuerdas, logrando formar a un público cautivo que mes con mes atiende a sus presentaciones en la capital, zona conurbada y municipios del estado de Zacatecas. Con la visión de extender sus actividades artísticas a nivel nacional, la agrupación se integra por quince jóvenes músicos de alto nivel profesional y excelencia artística, cuyo respaldo académico e institucional garantiza su calidad interpretativa, constante superación y una sólida formación como intérpretes de música orquestal, de cámara y del repertorio solista, incentivando el desarrollo individual de sus integrantes al incluirlos como solistas de manera regular en su programación.
/// Allen Vladimir Gómez. Director invitado.
La CCZ está integrada por: Violines I: Fabián Rivas de Santiago (concertino), Homero González Padilla, Salvador Hernández Martínez
/// Camerata de la CIudad de Zacatecas.
y Fernando Kalef Robledo Ramírez. Violines II: Rubén Chávez Ramírez, Eliseo Neftalí Macías Rivas, Luis Carrillo del Real y Patricia de la So-
ledad Díaz Hernández. Violas: Jorge Alberto González Mora, Grigori Santiago Ilich Tchaikovsky Pérez Padilla y Sergio Eduardo Correa Martínez.
Violonchelos: Cintia Marlene Navarro Hernández y Carlos Daniel Castro Luna. Contrabajos: Quetzel Tláloc Rosales del Real. Secretario Administrativo: Francisco Javier Ramírez Celedón. En su fructífera trayectoria la CCZ ha participado en los festivales de proyección nacional e internacional más importantes del estado de Zacatecas, como el Festival Cultural, Jornadas Musicales “Candelario Huízar”, Festival Barroco del Museo de Guadalupe y Festival “Manuel M. Ponce”, recibiendo excelentes comentarios por parte de la crítica, instituciones y solistas con los que ha compartido escenario, entre los que destacan Jorge Risi (violín); Luis Humberto Ramos (clarinete); Erika Dobociewicz (violín); Cuauhtémoc Rivera (violín); el violinista del cuarteto de cuerdas Penderecki, Jeremy Bell; y el Cuarteto de cuerdas José White, entre otros. Además de realizar conciertos de formato tradicional, a lo largo de las temporadas la Camerata ha incursionado en diversos estilos y repertorios; presentando programas didácticos para atraer a diversos públicos hacia la música de concierto, como la presentación de Los Juegos Sinfoniquísimos al lado de los músicos y humoristas Ernesto Acher y Alejandro García Virulo; óperas como La serva padrona de G.B. Pergolesi y La flauta mágica de W.A. Mozart; el estreno de las piezas Akousmonium para orquesta
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Música
de cuerdas y medios electrónicos del compositor zacatecano Raúl Villa Montes. En diciembre de 2017 presentó y estrenó en México el concierto Homenaje a Piazzolla, con los arreglos y dirección artística del maestro argentino Ernesto Acher (ex integrante de Les Luthiers). Como representante de la cultura musical zacatecana, participó en 2017 en el Museo Regional de Historia de Aguascalientes, en el marco de la conmemoración por los treinta años del INAH en ese Estado. Esta agrupación enfoca sus actividades a diversos tipos de público, llevando la música de concierto a zonas que pocas veces tienen acceso a ella, incluyendo en su programación a los municipios de todos los rincones del estado. Sus presentaciones fuera de los tradicionales recintos de concierto, integran a la música con la riqueza arquitectónica y los acervos artísticos del estado de Zacatecas para lograr una experiencia estética más completa, así como para promocionar y difundir el patrimonio material e inmaterial de nuestro Estado en diversas latitudes.
/// Camerata de la Ciudad de Zacatecas
Solista Yalissa Cruz Espino. Violoncellista Nació en Xalapa, Veracruz el 18 de marzo de 1979. Inicia sus estudios musicales y de violoncello a la edad de 7 años bajo la guía de su tía Alba Luz Cruz, en el Centro de Iniciación Musical Infantil de la Universidad Veracruzana. Entre sus maestros se encuentran los violoncellistas José Arias, Ana Maklakiewicz, Nicolás Capilla y Orlando Espinoza. En primavera de 1996 ganó el Tercer lugar en el I Concurso Binacional México-E.U., en la ciudad de Escondido California. Ha participado en varios festivales importantes dentro y fuera del país, en donde ha tomado clases magistrales con reconocidos músicos, nacionales e internacionales, tales como Carlos Prieto, Yo- Yo Ma, Wolfgang Laufer, Antonio Meneses, Ophélie Gaillard, Sadao Harada, Álvaro Bitrán, Elias Arizcuren, Didie Poskan, William Molina, Pedro Corostola, Jesús Castro Balbi y Juan Hermida.
/// Yalissa Cruz Espino. Solista.
Director invitado
Programa artístico Pequeño adagio para orquesta de cuerdas A.P.X. - Javier González. Concierto para violoncello y orquesta de cuerdas No.1 en Do mayor, Hob.VIII:1 - F.J. Haydn. Solista: Yalissa Cruz. Serenata para orquesta de cuerdas en Mi menor, Op. 20 - E. Elgar.
Allen Vladimir Gómez Gómez ha sido director y productor en numerosas óperas, operetas, musicales, zarzuelas y oratorios. Ha sido director asistente de la Orquesta de Ópera de Bellas Artes, así como director huésped del Coro de la Ópera de Bellas Artes, además de ser invitado regular para dirigir diversas orquestas de México. Ha dirigido la Orquesta Sinaloa de las Artes, la Orquesta Filarmónica de Jalisco, la Camerata de Coahuila, la Orquesta del Conservatorio Nacional de Música, Orquesta de la Universidad de Guadalajara, entre otras. Se ha presentado en festivales diversos países de América y Europa, dirigiendo y cantando música mexicana. Es fundador y director titular de la Orquesta de Cámara de Zapopan, así como de la Orquesta Sinfónica de Zapopan.
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Del verso a la biografía:
Libros
Qué bellos los ojos de este idiota, de Luis Aguilar t
Por Julio César Toledo
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esde sus primeros versos, este libro tiene la firme vocación de provocar. No es extraño, si uno sabe quién lo escribió. La insensata sinceridad de estas páginas, colocan a Qué bellos los ojos de este idiota, en un lugar aparte de la poesía mexicana reciente. Sí, algo de insensato hay ahí, que en aras del juego y la honestidad se aparta quizá de toda posibilidad de pertenencia; a Luis Aguilar no le interesan esas cosas, él se sabe poeta (sus libros lo atestiguan) y en ello se regodea. Es un libro que debe leerse, y sin embargo, yo no estoy de acuerdo con él en su totalidad. Me parece que la ortodoxia que sugiere: todo verso es la biografía… deja de lado una larga tradición de poder escribir desde la distancia, pero no desde la salvedad de lo toriles, sino en el ruedo de la metáfora. Quiero decir que, recuperar la metáfora como medio u como fin, le hace falta también a la poesía de nuestro tiempo, que mucho tiene que sacudirse de los discursos de muertos, cercenadas, y correcciones políticas y falsas inclusiones. Digo metáfora, mas nunca olvido. No estoy excluyendo las urgencias de las que abreva toda intención poética, no, pero exijamos, por favor, lectores, que el lenguaje se trabaje con inteligencia. Allí sí que este libro prende su mejor proposición: adiós a las posturas complacientes. Nada de facilidad en los ritmos del poema. Y es que gusta (y supongo que a algunes les asusta) que un verso no agarre con tanta verdad, con impecable tratamiento, en descampado. En la soledad de la descripción vacía a la que tanto libro olvidable no ha condenado. Qué bellos los ojos de este idiota, de Luis Aguilar, editado por Vaso Roto, abre una discusión necesaria en este país alrededor de la poesía. Una discusión en serio y pendiente. Donde no privilegiemos ni género, ni edad, ni condición extraliteraria alguna. Una discusión acalorada, subida de tono, en la cual el verso (la suma de los versos que hace poema) sea el único material de la contienda. Se agradece ese sentido de honestidad que abusa de lo literal. Se agradece ese dominio de la técnica poética, sin exceder los límites de una retórica vacía al servicio de una idea, ni viceversa. El libro pone en el centro al yo (que es el autor), y en ello devela el mecanismo quizá más antiguo de toda representación, incluida la literatura, es espectáculo como centro de la expectación voyeur. El regalo de la ventana abierta al interior de una habitación desconocida, que por la magia de la sugerencia intimista, termina siendo nuestra propia habitación. Eso lo supo Aguilar al escribir los versos que hoy nos atañen. Y para que esa magia esté completa, hay que leerlo. Quizá no es un libro para primero lectores, exige una presencia por parte de lector que no es fácil capotear a la primera; es un libro
que está hecho en la cúspide creativa de una carrera madura, pero que no quita el dedo lúdico del renglón, del renglón de sí mismo. Como si de un acto masturbatorio se tratara. Por ello, también, debo decir que es puro placer, sin falsas pretensiones, ni miramientos. Esta no es poesía de la que pretende marcar distancia; la que finge desde una esquina, a escondidas, que no va a involucrarse; la que sueña con que no se perciba la autobiografía entre sus versos. No hay libro, si lo es, que nazca huérfano. Desde el lirismo de la poesía de la experiencia y sin miedo al Yo, Luis Aguilar reflexiona ahora —en un giro peculiar de sus temáticas y obsesiones escriturales— sobre la
moda de la poesía reclamada por la competencia de los proyectos, las subvenciones y la corrección política, reclamando abrir los linderos que ahogan una poética congestionada en los libros monotemáticos y, arriesgado como suele, lo hace desde un libro monotemático: crítico, autocrítico y por momentos delirante. En plena madurez creadora, el poeta cuestiona si no ha de descubrirse que el fuego quema porque la llaga arde; si una lectura es suficiente para escribir sobre la enfermedad, el amor o el miedo. Contra el sujeto poético Aguilar arremete desde su acidez habitual: «Antes de que me arañara por la primera vez,
ya había tatuado yo en la piel de este yo mío, no sé, la garra infecta de una hiena, algún guepardo, un tigre, un andar de manojos de zarza por su cuerpo». Y desde un yo sarcástico que simula esconderse a lo largo de estas páginas (pero visible), el poeta deja asentado que, por más vueltas que den a la escritura, hay algo inocultable: esa mirada del otro que nos descubre agazapados, –predador y presa– a través de nuestra propia experiencia de vida.
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Drive my car, de Ryusuke Hamaguchi Por Adolfo Nuñez J.
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usuke (Hidetoshi Nishijima), un prestigioso actor y director de teatro, viaja a Hiroshima para montar su adaptación de Tío Vania, de Antón Chéjov. Lo novedoso de su versión es que elige a actores de distintas nacionalidades y hace que cada uno hable en su idioma, utilizando subtítulos en el fondo del escenario. Para ensayar su papel como Vania todos los días, Yusuke escucha en su auto la voz grabada de su esposa Oto (Reika Kirishima), quien falleció dos años atrás víctima de un derrame. Tiempo después, la compañía de teatro para la que trabaja le asigna a una persona para llevarlo de un destino a otro, sin que él tenga que conducir su auto. La elegida para este trabajo es Misaki (Toko Miura), una conductora joven, reservada y muy profesional. Al pasar el tiempo, Yusuke volverá a recitar sus diálogos en el vehículo, mientras la chica conduce. Entre ambos personajes se desarrollará una interesante relación, en la que, al correr de los días, irán compartiendo historias y encontrando similitudes en sus pasados.
Por Jael Alvarado Jáquez t
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y sobrecogedor, que se desenvuelve a ritmo pausado pero preciso. La cinta va detallando las situaciones y emociones que experimentan Yusuke y Misaki, dos seres con un pasado trágico que no han logrado dejar atrás y que, como almas en pena, se encuentran deambulando sin objetivos ni un rumbo definido. En ese sentido,
El Arcano
una noche en su cuarto, acostado y dispuesto a dormir, cuando detrás del ropero emergió un hombre “hecho de penumbra”. El niño Ramón lloraba y pedía auxilio a los adultos de la casa, pero cuando estos acudían, el hombre de sombra se escondía. Tomando este episodio y otros de la corta vida del poeta, se fue construyendo este cuento en el que el hombre detrás del ropero es una especie de mensajero que llevará al niño Ramón a un viaje por el tiempo y por los territorios que habitará, territorios físicos y sentimentales.
Este relato, que nació para ser contado a través de sonidos, se vio de pronto en la posibilidad de convertirse en un libro aderezado con ilustraciones. El reto fue construir un universo visual que no fueran accesorio, sino que estuvieran trenzado íntimamente con el cuento. El Arcano se volvió pues, una travesía cromática, en el que las páginas van cambiando de color a medida que van cambiando las emociones de quien está narrando. Parten de la oscuridad total y se van volviendo lumi-
nosas, vivas, hasta regresar a la noche azul y luego de vuelta a la oscuridad. La estética general del libro está construida a partir de recortes de revistas, libros, cartas y postales de principios del siglo XX, que despliegan una serie de paisajes oníricos. Como los sueños mismos, son espacios fantásticos conformados por retazos de realidad: las calles por donde caminó el poeta, las plantas y animales que observaba, los personajes con los que convivía. La búsqueda de las imágenes que
conforman este libro ha sido un viaje fascinante a la estética de la Belle Epoque, a través de sus colores, texturas y gestos; a las láminas de botánica y zoología. Disfruté mucho ir construyendo ese mundo que partía de una mesa llena de cosas que se iba acomodando a mi gusto. Esta forma de trabajo permitió que las ilustraciones se convirtieran eventualmente en un proyecto paralelo: una serie de cápsulas animadas sobre la vida del poeta que asemejan a un teatro de títeres. Este homenaje al niño López Velarde también es un homenaje al niño que todos fuimos, al que en algún momento de la inmensa noche se ha despertado sintiéndose profundamente solo y sintiéndose el núcleo, de su propio universo. Es un texto que juega con distintos planos de realidad: suma la biografía más o menos rigurosa de López Velarde, con un relato fantástico y con los temores que habitan el corazón de cada niño y niña: la soledad, la incertidumbre, el enfrentamiento con el mundo adulto, la necesidad de ser escuchados y el misterio que representa el paso del tiempo. El Arcano, libro de Jael Alvarado Jáquez, se presentó el domingo 10 de abril en el Festival Cultural Zacatecas 2022.
Libros
l Arcano es un libro que comenzó siendo, como muchas cosas que hago, un guion para un programa de radio que buscaba narrar la biografía de Ramón López Velarde de una manera distinta. Como creadora de productos audiovisuales para infancias, al hablar de personajes, ficticios o históricos, me gusta remitirme a sus vivencias de la niñez de estos, pues siento que eso ayuda a mi público a conectar con ellos a través de un juego de identificación; porque todos los niños, más o menos, tienen similares aficiones, similares temores y similares inquietudes: el gusto por lo dulce, por el circo, por el cine, por las cosas que se mueven, por las cosas que brillan. Por otro lado, están los temores: el temor a la oscuridad, el temor a ser abandonado, el temor a no ser querido por sus padres. Y me pareció que tomar este relato, escrito por un Ramón López Velarde adulto, acerca de un episodio tenebroso de su infancia, era un punto de partida magnífico para narrar su historia. El relato es cortísimo, apenas un párrafo y aparece en un artículo titulado Espantos, en él López Velarde cuenta que siendo un niño, estaba
Esta es la premisa de Drive my car (2021), la extraordinaria película del japonés Ryusuke Hamaguchi (Asako I & II, 2018), adaptada de un relato corto de Haruki Murakami y ganadora del premio a mejor guion en la edición más reciente del Festival de Cine de Cannes. A lo largo de tres horas de duración, el realizador construye un relato fascinante
Hamaguchi apuesta por un magnífico ejercicio intertextual, en donde, muchos de los diálogos y escenas de la obra de Chéjov son un paralelo de aquello que experimentan de manera interna sus protagonistas. A su vez, el realizador se centra en breves subtramas de personajes secundarios que, además de ser sumamente entrañables, también le otorgan más dimensión al intertexto de la cinta. Hamaguchi también le dedica una especial atención al espacio donde se desarrolla la narración. La ciudad de Hiroshima es mostrada como una urbe industrializada, así como el remanente de una terrible tragedia. De tal modo, se hace un interesante contraste que termina fundiendo el dolor individual con el colectivo. Drive my car es una maravillosa exploración sobre el amor, el duelo y la pérdida que, sin manipulaciones ni sentimentalismos, logra conmover de manera profunda. Es un desafiante y trascendental relato centrado en cómo el arte es capaz de compensar las enormes decepciones de la vida, al mismo tiempo que puede volver de espacios tan diversos como un escenario o el interior de un automóvil, lugares de una intensa conexión humana.
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Les Olympiades, de Jacques Audiard. ¿Existe el amor hipermoderno? Por Sergi Ramos t
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es Olympiades (París, Distrito 13), título original de la última película del director francés Jacques Audiard, remite al nombre de un barrio del distrito 13 de París (“Las Olimpiadas”). Obra cumbre, en la capital francesa, del progreso urbanístico tal y como se concebía en los años 1970 (ingentes edificios de viviendas marcadas por el funcionalismo y la simetría, como si se tratara de colmenas gigantes), sus líneas geométricas sirven de decorado casi abstracto para la apertura de la película, haciéndonos pasar del paisaje del skyline al interior de uno de los apartamentos, atravesando una de las múltiples ventanas iluminadas en la noche. En su interior, Emilie, una joven tumbada en un sofá, canta desnuda una canción en el karaoke de su salón, junto a Camille su nuevo amante (y compañero de piso): “¿Eres buena vendedora?”, “Soy irresistible”, afirma acercándose a él con languidez. Flashback. Una colaboración autoral Al frente del proyecto, un dream team del cine de autor francés. El director, Jacques Audiard, autor de reflexiones sobre la violencia tan destacadas como Un profeta (2009) o Dheepan (Palma de Oro en Cannes 2015), y cronista ocasional del mundo de la pareja (De rouille et d’os, 2012). Audiard colabora aquí con la realizadora Céline Sciamma, en funciones de guionista, cuya filmografía suele tratar los despertares sexuales que borran las fronteras de género, como en La jeune fille en feu (premio al mejor guion en Cannes 2019). En medio, Adrian Tomine, un autor estadounidense de novelas gráficas tan destacado como poco prolífico, perteneciente a
la generación de Daniel Clowes o Chris Ware, hábil compositor de melancólicos y fragmentarios retratos que esbozan las neurosis de una parte de la sociedad estadounidense, como los reunidos en Killing and dying (2015) que sirven de base argumental para la película. Retrato de la generación 2.0 La trama se centra en tres jóvenes que andan cerca de los treinta, botón de muestra de la generación 2.0, usuarios de una tecnología cuya omnipresencia la película pretende reflejar (smartphones, aplicaciones de citas, sexo online, ciberacoso), y que mediatiza a menudo sus relaciones amorosas. El inicio de la película enlaza tres temas: el trabajo, el amor y la integración (cuestión siempre recurrente y espinosa en Francia) con Las Olimpiadas como decorado. La película quita rápidamente hierro al asunto de la integración y del trabajo. El barrio de Las Olimpiadas se convirtió en los 70 en la puerta de acceso a la
propiedad para un gran número de inmigrantes venidos de todos los continentes, en particular los asiáticos, cuyos comercios dan todavía hoy su aspecto característico al barrio. El guion se divierte tomando a contrapelo los estereotipos culturales franceses: Camille, de ascendencia africana, es profesor de literatura francesa, y Emilie, de padres taiwaneses, ha pasado por Sciences Po, una de las más prestigiosas y elitistas formaciones universitarias. Nora, en cambio, la francesa blanca de Burdeos, iba para deportista de élite (retomando irónicamente un tópico sobre la única vía de progresión social que tienen los emigrantes africanos de cualquier generación) hasta que una grave lesión la llevó a trabajar en la inmobiliaria de su tío. Al desmontar los estereotipos, la película borra desde su inicio cualquier posible conflicto cultural, considerando que el modelo de integración a la francesa ha tenido éxito. La herencia familiar, transmitida por las generaciones
anteriores, se desvincula del origen étnico, aunque bajo otras formas siga siendo un lastre con el que los personajes deben enfrentarse para poderse emancipar. De modo parecido, los personajes aceptan con resignación (o con deliberada consciencia) la modernidad líquida (dirán algunos) o precariedad laboral (dirán los otros), y en general la dificultad para alcanzar una progresión social, hasta el punto que cualquier empleo acaba volviéndose intercambiable, de profesor de literatura a vendedor inmobiliario. Ahí pues, no radica el meollo de la historia. Del amor hipermoderno Les Olympiades se presenta ante todo como un estado de la cuestión sobre las relaciones amorosas en tiempos de la hipermodernidad, por lo menos en apariencia. Las pantallas facilitan, aceleran o multiplican los encuentros, las identidades fluyen. Al inicio de la película, con Emilie y Camille, triunfan la espontaneidad, la inconstancia y la promiscuidad.
Sin embargo, cuando Nora entra en escena, cambian las coordenadas. Ocurre que en el amor, como en el barrio de Las Olimpiadas, pervive la estructura desgastada del hormigón, y los personajes siguen viajando por la vieja línea 6 del metro, con sus destartalados vagones. Bajo la capa tecnológica, los cuerpos son los que siguen vibrando o cerrándose con las caricias amorosas, los sentimientos se imponen a la razón. La trama se pliega a la geometría intemporal del deseo, aquí las vicisitudes del triángulo (que acaba convirtiéndose en cuadrado). Este retorno hacia unas coordenadas ya conocidas, que se inscriben en unas referencias culturales que van del teatro de Marivaux a la Nouvelle vague, se orquesta bajo la mirada benevolente del cineasta, un soplo de aire fresco que, al contrario de lo que ocurre con las historias inacabadas de Tomine, aspira a una cierta ligereza. Y en este tiempo de mascarillas, ¿quién puede resistirse?