SUPLEMENTO CULTURAL
NO. 520 /// 28 DE MARZO DE 2022 /// AÑO 11
DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN
Sara María Terrazas. Serie Reconstruyendo el alma VII. De la exposición Del viento a las raíces, retrospectiva, en el Museo Francisco Goitia.
“Formulo composiciones sencillas para encontrar un equilibrio. Buscando de forma permanente comunicación con el espectador y conectar con su espíritu. Así de manera voluntaria e involuntaria, en mi actuar y en especial en mi creación reflejo lo que soy, lo que percibo y lo que pienso. Para seleccionar los títulos de mis trabajos me gusta leer poesía. Es mi aliada. Me ayuda a entablar una comunicación estrecha con el alma del textil porque al final de cuentas ambas se alimentan del mismo espíritu. Si todo ello se refleja y se proyecta en las obras, la misión estará cumplida”. Sara María Terrazas Más de la exposición Sara María Terrazas: Del viento a las raíces, retrospectiva, en esta edición.
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LA GUALDRA NO. 520 /// 28 DE MARZO DE 2022 /// AÑO 11
La Gualdra No. 520
Editorial
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l Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde dio a conocer la semana pasada el programa del Festival Cultural Zacatecas 2022; después de dos años de pandemia por el Covid-19 vuelven las actividades presenciales en todos los foros que fueron seleccionados para que conciertos, obras de teatro, espectáculos de danza y narración oral, así como de índole académico y de promoción gastronómica zacatecana puedan llevarse a cabo del 8 al 17 de abril de este año. Dadas las condiciones económicas por las que atraviesa el país y especialmente nuestro Estado, la duración del festival y el número de lo programado fueron reducidos; sin embargo, y a cambio de esto, se cuidó especialmente la calidad de lo ofertado. Me da mucho gusto que la participación de los artistas zacatecanos ocupe la mayor parte de la programación y que lo seleccionado se haya hecho con un especial interés por incluir lo mejor y lo que más nos llena de orgullo; en lo que concierne a la participación de grupos y artistas foráneos también debemos señalar que estos fueron meticulosamente elegidos para formar parte del programa. Si bien hay grupos y artistas que no son del todo conocidos, investigando un poco nos daremos cuenta de que, de acuerdo con los intereses y preferencias de cada uno, hay opciones diferentes que nos brindarán la oportunidad de conocer a un grupo nutrido de artistas realmente extraordinarios y que no habíamos tenido la posibilidad de ver en Zacatecas. En el ejercicio de programar un festival como este, y en el contexto de austeridad por el que estamos pasando, el gran acierto es, desde mi punto de vista, el privilegiar la calidad de lo que habrá de presentarse. En ocasiones anteriores en este espacio editorial, sobre todo en casos particulares de sexenios pasados, hablamos de que solía con frecuencia confundirse lo “grandote” con lo “grandioso”, sobre todo cuando veíamos que en el afán de incluir cada vez más y más grupos, llegaban a presentarse artistas que tenían más relación con una feria que con un festival cultural... y entonces llegaba muchísima gente a los conciertos, sobre todo a los de Plaza de Armas, y lo que ahí sucedía era calificado por las autoridades como “todo
un éxito”, porque este se medía en la cantidad de personas que llegaban al centro histórico, muchas veces en detrimento de este (cómo no recordar la imagen de aquella ocasión en que los asistentes a uno de esos conciertos se treparon -no sé cómo- a catedral, dañando varias piezas de cantera, por ejemplo). El éxito de lo programado en el festival y fuera de este debe medirse con otros parámetros y de eso tendremos que hablar también cuando el FCZ llegue a su fin, porque hay mucho por analizar. El IZC no fue creado para organizar un festival, sus funciones van mucho más allá de esto y Dulce Muñoz lo sabe; he visto en ella no solo la preocupación por la escasez de recursos económicos, sino el empeño en ver cómo sí hacer las cosas incluso en situaciones de precariedad, bien por eso; creo que se ha logrado además una especie de espíritu de empatía alrededor de lo que tiene que ver con lo cultural, lo artístico, lo patrimonial, y eso no es un hecho fortuito; a estas alturas algo nos ha quedado de experiencia a muchos quienes hemos estado involucrados en este tipo de labores durante años, pero también es un hecho que cada vez más nuevas generaciones de artistas y gestores están contribuyendo -desde lo institucional y lo independiente- a que la creación, difusión y promoción de la cultura y las artes crezca, insisto, no solo en cantidad sino en calidad. ¿Que nos falta mucho por lograr? Por supuesto, pero también hay que reconocer que vamos avanzando, cada vez dependemos menos de lo oficial, de lo que trataba de imponérsenos sistemáticamente y eso es un gran acierto. Falta, por ejemplo, clarificar cómo la iniciativa privada puede contribuir a este tipo de proyectos en el Estado, y, sobre todo, motivar su participación con incentivos fiscales tal y como sucede actualmente con programas como EFIARTES a nivel federal. Por lo pronto, les invito a que revisen el programa del Festival Cultural Zacatecas 2022 y que seleccionen las actividades a las que desean asistir. La próxima semana comenzaremos con nuestra serie de recomendaciones. Que disfrute su lectura.
Directorio
Contenido Jaime Alfonso Sandoval Un pozo maldito que se alimenta de lágrimas Por Mauricio Flores
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Puentes entre el cine y las emociones. Una deuda a saldar en los estudios cinematográficos Por Álvaro A. Fernández
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Exposición Sara María Terrazas: Del viento a las raíces, retrospectiva Por Sara María Terrazas
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Una bizarra melancolía. La tradición plástica en Zacatecas, de Jánea Estrada Lazarín Por Miguel Ángel de Ávila González
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La ciudad que somos Por Salvador Camacho Sandoval
Red, de Domee Shi: un paso hacia adelante para Pixar Por Adolfo Nuñez J. Apuesta Por Pilar Alba
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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com
Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx
Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita y Enrique Martínez Diseño Editorial
La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.
Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com
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Jaime Alfonso Sandoval Un pozo maldito que se alimenta de lágrimas Permítame contarle una historia de fantasmas. J. A. S.
estilo preciso que despliega Tiempos canallas, sin olvidar que “toda narración de horror requiere un escenario sugerente donde se irá montando la historia”. En la misma Colonia Roma.
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na ciudad es el mundo. Un vecindario también. En la nueva novela de Jaime Alfonso Sandoval (1962), Tiempos canallas, mundo, ciudad y vecindario se funden y convierten en el escenario ideal para contarnos una historia de fantasmas, espectros, fulgores, despojos y viajes en el tiempo de la que lectores y lectoras saldrán (entrarán) de verdad satisfechos. No en balde los años transcurridos en la carrera novelística de Sandoval. Se recuerda aún El club de la salamandra, su primera entrega, a finales de los 90, con la que obtuvo un prestigioso reconocimiento, ya con muchas reediciones. A la que le siguieron una treintena de títulos, sí, ¡una treintena!, donde una nueva mixtura, la de suspenso y letras para juventudes, lo señalan como una de las mejores ofertas literarias mexicanas de los años recientes. Tanto que sus libros tienen varias traducciones y pueden leerse en diferentes regiones hispanoamericanas, sin limitarse a sí mismos con lenguajes localistas y arquetípicos. El mejor ejemplo esta nueva Tiempos canallas que incorpora en su trama personajes mexicanos y españoles, poseedores de una específica forma de hablar, quienes convivirán en una nueva realidad, la oscura realidad contenida en el viejo Edificio Begur, de la Ciudad de México. Pudiera ser una taxativa, literatura juvenil, dicho que quienes se acerquen a Tiempos canallas deberán ignorar. Ya que puestos a relacionar, la nueva novela de Sandoval es igualmente una de suspenso, de ciudad. De esta gran ciudad, CDMX, le dicen ahora, antes conocida como DF, “nuevo país de espanto y maravilla”. Urbe donde confluyen los vivos y los muertos que Sandoval se inventó para presentárnoslos en los meses posteriores a 1985. Fecha, recordaremos todos y todas, signada por el terremoto de septiembre y ese caos generalizado que le siguió. Cuenta Tiempos canallas que un muy joven Diego llega de Madrid a
TEXTUAL
vivir al DF, luego de la prematura muerte de su madre, otra de las tantas víctimas de los excesos del llamado destape español. Diego habitará al lado de su padre, un temprano cuarentón galán de todas, una de las ruinosas, al tempo señoriales, viviendas de Edificio Begur, “barco que avanza a la muerte”. Ahí conocerá a Requena y Conde, un gordito el primero, una poco femenina la segunda, con quienes también transeúntes del complicado tiempo en el que se deja atrás toda inocencia, experimentará una cuerda de verdaderos sucesos. Siempre encriptados en los la-
berintos del Begur, “una chingada trampa, un pozo maldito que se alimenta de lágrimas”. Ahí, en ese rancio edificio de la colonia Roma, “tremendamente bella a pesar de su aspecto herido por los terremotos”, los tres jóvenes descubrirán las diferentes caras de la realidad y el tiempo, tan abiertos a distintas posibilidades, confluyentes en esa otra verdad llamada literatura. Que de tan convincente los lleva (nos lleva) a las dolorosas secuelas dejadas por la Guerra Civil Española, sus exiliados en México, y hasta la indeseada presencia de un nazi en plena huida, “uno de los seres más perversos y enfermos
que han habitado esta ciudad”. En el recuerdo Las imágenes se imponen (como en Las batallas en el desierto, de Pacheco, El desfile del amor, de Pitol, El vampiro de la colonia Roma, de Zapata, y algunas más). “Caminamos sobre la bonita y arbolada avenida Álvaro Obregón y luego por la calle de Orizaba, donde dimos con una heladería llamada La Bella Italia, decorada en rojo y blanco y parecía detenida en los años cincuenta”. Vivos, muertos; realidades alternas; diferentes tiempos, todo en 25 cartas y un mensaje cuya destinataria es una desconocida Estimada A,
• Toda narración de horror requiere de un escenario sugerente donde se irá montando la historia. • El secreto son las dosis. • Pasión: eso que nubla todo. • Algo increíble que tiene el ser humano: la necesidad de creer. • Las paradojas sirven para eso, para mostrar que, cuando el destino está marcado, es inevitable. • El adversario tradicional de los relatos de terror se caracteriza por no dejarse ver del todo. Normalmente se oculta bajo otras formas menores y varias máscaras. Hay que ir desmontando cada una hasta llegar el verdadero y aterrador núcleo. • En el fondo todas las historias de origen son historias de fantasmas, de gente que se ha ido, aunque no del todo, nosotros somos su legado. • Siempre un relato de horror en el fondo, es solo una lucha territorial. Se pelea por un espacio, por un cuerpo, por un alma. • Hay un fenómeno óptico en el que el cerebro encuentra patrones familiares, principalmente rostros. Se dice que esto (la pareidolia) es totalmente explicable, pero también se dice que al abrir la percepción se pueden vislumbrar ciertas cosas que están ahí, en espera de quien las quiera ver. • Retroparadoja: intentar que alguien del pasado nos cambie el futuro. • Una iglesia es el ejemplo perfecto de una construcción hermética. • Los vivos somos el fulgor de nuestros ancestros. Somos el fruto que viene después de los tiempos duros. *** Jaime Alfonso Sandoval, Tiempos canallas, Gran Travesía, México, 2022, 560 pp. * @mauflos
Op. Cit.
t Por Mauricio Flores*
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FCZ 2022
Puentes entre el cine y las emociones. Una deuda a saldar en los estudios cinematográficos
/// Álvaro A. Fernández
t Por Álvaro A.
Fernández
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os motivos por los que vemos una película pueden ser diversos. La elegimos por el tema, por el género, por la fama de las actrices, por el reconocimiento de los directores, por el impacto publicitario y mediático de un blockbuster, o por otras causas, pero invariablemente por las emociones que nos generan. Se ha dicho que las emociones son tan importantes como el conocimiento. Que incluso la aparente división entre la razón y la emoción no existe del todo, y que las ideas y la cognición se relacionan con las emociones. Que estas nos ayudan tanto como la información y el saber, a desplazarnos en la vida cotidiana y a relacionarnos en la práctica social. El cine y el espectador crean un espacio donde se producen a la vez que se consumen determinadas emociones, que posiblemente nos gusta experimentar en la vida real o, bien, que no las vivimos tanto por lo que decidimos producirlas y consumirlas “artificialmente”. Así sentimos el horror por el monstruo que acecha o el júbilo con el encuentro de la pareja del melodrama. La pregunta aquí es ¿qué queremos sentir cuando nos acercamos a un filme, ¿qué y cómo hacemos para sentir ciertas emociones? Si el cine ha contribuido a la educación sentimental de las audiencias, a reiterar emociones que funcionan en la práctica social, entonces ¿por qué se ha prestado tan poca atención a las emociones en el cine? Por otro lado, ¿cómo se podría estudiar una dimensión tan perso-
/// Carlos Belmonte Grey
nal, abstracta y subjetiva?, es decir, ¿desde qué ángulos, enfoques, teorías, métodos y preguntas de investigación se podría abordar la curiosidad sobre este aspecto tan elemental para la condición humana? Para atender estas preguntas, en el libro El paraíso de las emociones. Teoría, producción y contextos de la experiencia fílmica, publicado este 2022 por la editorial Tiran Lo Blanch en España y coordinado por Carlos Belmonte y yo; diez y siete cineastas y académicos de Bélgica, España, Estados Unidos, Francia, Guatemala y México, reflexionan desde sus propias trincheras: las de la teoría, el análisis y la creación cinematográfica. En el compendio, dividido en cinco grandes apartados, cuatro ensayos y trece capítulos escritos en español y en inglés, los autores dialogan, se complementan y ofrecen una muestra muy rica de la manera cómo el “giro emocional” puede ir nutriendo y renovando los estudios
cinematográficos y audiovisuales. En el primer apartado titulado “Perspectivas teóricas” destaca, por mencionar alguno, el capítulo de Carl Plantinga cuyo trabajo es de forzosa referencia para el estudio de las emociones en el mundo de habla inglesa, y en este caso propone ocho tesis desde el enfoque cognitivo que ayudan a comprender el fenómeno desde principios generales; en el segundo y tercer apartado “Perspectivas genéricas I: híbridos” y “Perspectivas genéricas II: identidades y nacionalismo”, respectivamente, podríamos citar a colaboradoras como Marta Álvarez sobre el extraño caso del documental melodramático, o a Vicente Benet sobre la relación entre la canción, la emoción y la identidad nacional; en el apartado cuatro contamos con estudios de temas actuales como el de las plataformas, escrito por Brigitte Gauthier que muestra cómo la oferta de Netflix gestiona las
emociones y las preferencias del espectador. Y así, otras propuestas en los distintos apartados enriquecen las preguntas y las respuestas. Para potencializar los acercamientos, los coordinadores del compendio, nos dimos a la tarea de buscar vínculos entre los trabajos académicos y los ensayos confesionales de creadores artísticos, por ello, el libro finaliza con “Perspectivas creativas” compuesto por tres directores y una guionista de México, Guatemala y Francia. Son creadores y creadoras premiadas por festivales internacionales y con reconocimiento en la cultura del cine como Carlos Reygadas, César Díaz, Paz Alicia Garciadiego y Christophe Cognet, que cuentan con tonos muy diferentes cómo intentan crear emociones y afectividades. Algunos buscan mover corazones o consciencias, otros buscan transmitir ideas, pero todos terminan por provocar algo en los espectadores, aquellos que al final
de todo son quienes reciben y dialogan con las películas para dar vida y hacer suyas las emociones. Quizá estas reflexiones sugieran respuestas a preguntas planteadas por el ala académica desde el inicio del libro, quizá solo generen otras preguntas a los autores y lectores del libro. Resta decir que este trabajo es fruto de una serie de actividades que realiza una red de investigadores universitarios cuyos ejes centrales son el análisis del cine popular y las emociones cinematográficas. En este caso se trata de una propuesta que contribuye a objetivar, a marcar rutas y coordenadas sobre el vasto y volátil mundo de lo intangible del arte cinematográfico y de su experiencia estética. Al lector interesado le comentamos que los libros, tanto en papel como en formato electrónico, se pueden adquirir a través de la página de la editorial Tirant Lo Blanch.
El libro El paraíso de las emociones. Teoría, producción y contextos de la experiencia fílmica se presentará el sábado 9 de abril, a las 12:30 Hrs., en la Sala Mauricio Magdaleno en la Cineteca Zacatecas. Carlos Belmonte –con intervenciones de Álvaro A. Fernández- impartirá el curso “El cine latinoamericano y la historia. Análisis de propuestas de cine político y revolución (México, Bolivia, Argentina, Cuba y Venezuela)”, del 7 al 9 de abril; dirigido a personas mayores de 15 años. Taller sin costo. Interesados mandar un correo electrónico (a más tardar el viernes 1º de abril, 2022) con un archivo que incluya CV, teléfono y correo electrónico a la siguiente dirección: micinetecazacatecas@gmail.com. Mayores informes al teléfono de la Cineteca Zacatecas (01492) 92 5 51 85.
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Exposición Sara María Terrazas: Del viento a las raíces, retrospectiva t Por Sara María Terrazas
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ara mí, el arte posee un significado importante; constituye el lenguaje que responde a una necesidad interior de expresión, de comunicación con el mundo, con la vida y con las personas. En estos años de trayectoria artística, la particularidad que considero singulariza mi esfuerzo tiene como base el arte textil, y se encuentra en la variedad de materiales mayormente orgánicos de los cuales me valgo y que me han proporcionado una gama infinita de posibilidades de expresión. Mi paleta de colores se caracteriza por la sobriedad, la temperancia, la moderación. Utilizo monocromías, secuencias, repeticiones, desdoblamientos, simetrías. Mi obra se apega férreamente a la naturaleza y permanece conectada con la tierra. Disfruto a plenitud todas y cada una de las etapas y los momentos del proceso de realización de cada pieza, desde su inicio, hasta su conclusión. Igual me complace el surgimiento de la idea desde su concepción, como de la maduración, la abstracción, la exploración o la experimentación con los materiales elegidos o por elegir. En ocasiones inicio una pieza teniendo como base un tema establecido y en otras circunstancias la forma predomina y posterior a ello surge el tema. Algunas veces el material, el color o la técnica son los que van sugiriendo la prefiguración de la obra y del tema y ese momento se constituye como el punto de partida. Cada pieza tiene vida propia, plantea retos distintos y evoluciona a su manera, estableciendo un diálogo entre imaginación, materiales, técnica, idea y finalmente el tacto y la vista, así salta la “chispa” pues como lo afirmó Octavio Paz: “El arte no es un concepto, es cosa de los sentidos”. Crear significa para mí otorgar una forma concreta y tangible a las emociones, a los sentimientos, a las ideas. Significa también hilvanar (literalmente) vivencias, sueños, recuerdos con emotividad y reflexión. Formulo composiciones sencillas para encontrar un equilibrio. Buscando de forma permanente comunicación con el espectador y conectar con su espíritu. Así de manera voluntaria e involuntaria, en mi actuar y en especial en mi creación reflejo lo que soy, lo que percibo y lo que pienso. Para seleccionar los títulos de mis trabajos me gusta leer poesía. Es mi aliada. Me ayuda a entablar una comunicación estrecha con el alma del textil porque al final de cuentas ambas se alimentan del mismo espíritu. Si todo ello se refleja y se proyecta en las obras, la misión estará cumplida. En la mayor parte de la obra creativa
/// Elegía de la pena que pasa. Instalación. Técnica mixta. 5 piezas de 50 x 250 cm. Amate, espinas, yute, mimbre. 2004. /// Serie Reconstruyendo el alma I. Técnica mixta. 78 x 58 cm. Papel, metal, algodón. 2022. /// Un día en una sola gota. Técnica mixta. 78 x 58 cm. Latas reciclada, papel, metal, algodón. 2021.
desarrollada en los anteriores treinta años expreso el apego a los lugares de mi niñez, el arraigo a la tierra que me ha acogido y he ido edificando un modesto símbolo de mi deseo de que los seres humanos protejamos al mundo y cuidemos sus ecosistemas. Nací, y viví en la aridez y en los paisajes yermos del norte. Esto es una gran parte de lo que soy…. Esto es lo que hago.
La exposición retrospectiva Sara María Terrazas: Del viento a las raíces se inaugurará este jueves 31 de marzo a las 20:00 Hrs., en el Museo Francisco Goitia.
/// Catedral. Técnica mixta. 148 x 75 cm. Algodón, poliéster. 1991.
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/// Deportados. Obra seleccionada para exposición Bordeline, Centro Cultural AntonioRatti, Como, Italia. Técnica mixta. 19 x 5 x 19 cm. Algodón, metal, madera, arena, gesso. 2017.
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Una bizarra melancolía. La tradición plástica en Zacatecas, de Jánea Estrada Lazarín Por Miguel Ángel de Ávila González
Libros
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l libro es una detallada descripción de la tradición plástica en Zacatecas: escenarios, protagonistas, legados y testimonios convergen en estas páginas que, la autora ha escrito con el rigor y la pasión que caracterizan a todos sus textos a los cuales hemos tenido acceso semanalmente por un periodo mayor a diez años ininterrumpidos: crónicas, entrevistas, críticas y opiniones sobre el acontecer cultural en nuestra entidad. Los textos que componen la obra son piezas esenciales en el mosaico de la historia del arte zacatecano: una puerta abierta al diálogo y la crítica. Su pasión por documentar la ha convertido en espectadora y testigo ejemplar de la actividad plástica en nuestra entidad. Gonzalo Lizardo en las páginas iniciales dice que en “Una bizarra (y colorida) melancolía [...] Jánea Estrada nos ofrece en este libro... la historia de las artes plásticas zacatecanas, entendida no como simple recuento de obras creadas en la entidad o por artistas que ahí nacieron, sino como un proceso específico que inició a finales del Porfiriato, que sigue activo en nuestros días y que ha involucrado a múltiples actores sociales, creadores, mecenas, críticos y público, discípulos y mentores”. El contenido concierne fundamentalmente a Zacatecas. No obstante, toca en forma magistral cuestiones que corresponden a movimientos artísticos del momento en otras latitudes: simbolismo, muralismo, surrealismo, ruptura... Algunas veces se trata de influencias y en otras de convergencias. Una mirada retrospectiva al arte zacatecano de finales del siglo XIX y siglo XX y lo que va del XXI comprende desde Julio Ruelas hasta Mónica Romo, pasando por Manuel Pastrana, Francisco Goitia, Severo Amador, Pedro Coronel, Rafael Coronel, Manuel Felguérez, Ismael Guardado, Alejandro Nava, Alfonso López Monreal. Es exhaustivo, no hay omisiones: Antonio Pintor, Genaro Pérez, el profesor Cutberto Galván, Severiano González, maestro de canto gregoriano. La autora, directora de La Gualdra, suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, doctora en historia con orientación en artes plásticas, detalla algunos avatares que vivió y las fuentes que consultó
para concretizar esta investigación. Los textos elaborados fueron revisados por Mariana Terán, Salvador Camacho y Gonzalo Lizardo, quien sugirió el nombre del libro: Una bizarra melancolía, propuesta que la autora consideró muy afortunada: “... porque en la melancolía encontramos también uno de los rasgos distintivos de la obra de los artistas zacatecanos”. La autora hace patente en este tratado su afinidad con ciertos temas, en los cuales es indudable-
mente especialista, además de que dan cuenta de su enorme versatilidad y su vasta cultura, no solo visual, sino como historiadora. Cada uno de sus capítulos son como una breve clase de historia con decenas de datos, todos ellos verídicos, interesantes e importantes, unos son conocidos y otros todavía poco explorados, en todo caso apoyados con una excelente bibliografía. Incluye, además, lo relacionado con la fundación de talleres de ar-
tes plásticas y de los dos primeros museos de arte en Zacatecas, otros movimientos relacionados con la literatura y el cine para tratar de explicar cómo el nuevo orden cultural fue dando paso a que los artistas se consideraran como tales y cómo es que se fue tejiendo una serie de complicidades alrededor de este. Se percibe en la autora un genuino deseo de comprender, analizar, discernir y una honestidad intelectual a toda prueba. La obra
está escrita en forma sencilla y accesible, puede servir para divulgación; también para efectos didácticos. Está dirigida a lectores especializados, así como a personas no involucradas directamente en el campo. *** Jánea Estrada Lazarín, Una bizarra melancolía. La tradición plástica en Zacatecas, editado por la Secretaría de Cultura a través del Instituto Zacatecano de la Cultura Ramón López Velarde, Zacatecas, 2020.
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La ciudad que somos Por Salvador Camacho Sandoval t
Libros
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ste libro es una reedición. Inicialmente se publicó en 2005 y desde entonces han ocurrido muchas cosas en el mundo, en México. En este lapso, la ciudad de Aguascalientes cambió y yo con ella: se incorporó a la globalización de las cadenas de producción y de comercio a nivel internacional. En 20 años el número de habitantes creció en la misma cantidad que en los cuatrocientos años anteriores. Sus habitantes saben de las ventajas de esa transformación, pero también les preocupa mucho que estén padeciendo un deterioro notable del medio ambiente, que ni gobiernos ni la sociedad se han preocupado y ocupado lo suficiente para mejorar. En 1986 el historiador Jean Meyer advirtió que en Aguascalientes podía vivir, a su escala, los males de la Ciudad de México y Guadalajara. Y precisó en un escrito reunido en este libro: “El crecimiento en sí no es malo, pero hay que controlarlo, canalizarlo… La ciudad debe idear, proyectar, dirigir el crecimiento en todo el estado (no solo en la ciudad) y un poco más allá”. Meyer escribió en 2004 que lo que había señalado en 1986 “resultó ser una profecía cumplida”. ¿Qué dirá ahora de la ciudad de 2022? En estos últimos dos años, la pandemia se convirtió en otro factor radical de cambio, porque ha trastocado muchos aspectos de la vida en sociedad y su impacto ha sido planetario, por lo que nos ha puesto a pensar sobre limitaciones y prioridades en todas las esferas de la vida social, familiar y personal. En Aguascalientes, como en Zacatecas y otras ciudades de México, la pandemia evidenció la desigualdad social con mayor claridad. También provocó dificultades grandes para ofrecer adecuadamente escolaridad virtual entre niños, adolescentes y jóvenes pobres de zonas marginadas. En este libro se da la voz a quienes han vivido por década en la ciudad, también a los jóvenes. De igual manera, invité a quienes llegaron a ella a trabajar o a estudiar y se quedaron. Como escribió Mariana Terán Fuentes en el prólogo, el libro es una polifonía de voces, un conjunto de expresiones diversas que hay que conocer. Nos encontramos con testimonios de quien vivió su infancia en una vecindad, el que llegó de la Ciudad de México con deseos de regresar y nunca volvió, la carta de la abuela que describió a sus nietos la ciudad de los años treinta del siglo pasado, el nostálgico de esa ciudad ferrocarrilera que recorrió caminos, la que se enamoró de la Alameda y su historia, el médico que se perdió en un viejo cementerio, la solidaria que nos asoma a la ciudad gay, el poeta que enfrenta la mojigatería recordando la polémica
del mural del palacio de gobierno, otro que recorre bares típicos y visita la zona roja, el actor que recuerda las puestas en escena de los Teatristas de Aguascalientes, el historiador que nos comparte las hazañas de un bandolero del siglo XIX, el hijo de una familia hacedora de dulces típicos que ya poco se consumen, el hombre mayor que cuestiona el rumbo de la Feria de San Marcos, el joven que narra sus encuentros amorosos en su barrio, el amigo que dejó el seminario diocesano y rememora su paso por él, el que denuncia la represión a jóvenes en una fiesta rave de invierno; en fin, en este libro hay un recorrido por la ciudad, en la que 80 personas comparten sus vivencias, opiniones y sentimientos. Todos ellos, “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.
Todo esto es nuevo, es el presente, pero también es el ahora que nos obliga a imaginar un mejor futuro. En mi caso, en esta ciudad, el futuro que imagino y que deseo para las nuevas generaciones -de las que forman parte mis hijos y mi nieta-, es la de una ciudad que valora a las personas, su bienestar integral, sus emociones. Una ciudad libre de violencia, con excelentes servicios de educación y salud, con empleos dignos y sin pobreza ni marginación; una ciudad inclusiva, segura para las mujeres (que puedan caminar por ella a cualquier hora y en cualquier lugar); una ciudad amable con los ancianos, con los enfermos, con los discapacitados, con los niños; una ciudad verde, llena de parques y sin contaminación, con menos carros y atenta a los ciclistas y al peatón; una ciudad limpia
y que recicla; una ciudad con huertos urbanos y generosa con los animales; una ciudad con habitantes que sepan pensar globalmente y actuar localmente; una ciudad con una riqueza cultural que nos haga mejores personas y nos amplíe la perspectiva del mundo y de la vida. Y en esta visión, la alegría de habitar cabe perfectamente como uno de los propósitos centrales en esta utopía, la cual, por fortuna, comparto con muchos de los que en este libro participan y, seguro estoy, con muchos de sus lectores. *** Camacho, Salvador (Coord.) (2021). La vuelta a la ciudad de Aguascalientes en 80 textos. México: Universidad Autónoma de Aguascalientes / Gobierno del Estado de Aguascalientes.
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Río de palabras
Cine
Red, de Domee Shi: un paso hacia adelante para Pixar t
Por Adolfo Nuñez J.
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ixar es un estudio que siempre ha apostado por la búsqueda de innovación dentro de sus historias, siendo responsables de algunos de los mayores clásicos en el cine de animación. A lo largo de su historia, existe un proceso de evolución interesante que, a grandes rasgos, se puede dividir en cuatro etapas. En la primera están los intentos del estudio de evocar la realidad por medio de personajes humanizados, en cintas como Toy story (1995), Bichos (1998), Monsters Inc. (2001) y Buscando a Nemo (2003). En la segunda, se trata de replicar la realidad con humanos caricaturizados que, a su vez, conviven con personajes fantásticos. Esto se muestra en ejemplos como Los Increíbles (2004), Ratatouille (2007), Wall-E (2008) y Up (2009). En la tercera etapa, tal vez su más ambiciosa y compleja, se deconstruye por completo a la realidad, al darle forma corporal a conceptos abstractos, como ocurre en los casos de Intensamente (2015), Coco (2017) y Soul (2020). Se podría decir que, actualmente, el estudio está entrando en una nueva etapa que inicia a partir de Luca (2021) y continúa en Red (2022), su más reciente producción, dirigida por la debutante Domee Shi. En los dos casos hay un enfoque interesante en torno a la infancia, los miedos y dificultades de crecer. De igual manera, son filmes que enfatizan en la importancia de las relaciones afectivas, ya sean genéticas o elegidas, al momento de definir una identidad. Asimismo, en ambas cintas también se evoca, por momentos, al cine de Hayao Miyazaki. Red narra la historia de Mei (Rosalie Chiang), una adolescente asiática de 13 años que vive en el barrio chino de Toronto, y que tiene todos los temores, inseguridades, sueños e ilusiones pro-
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pios de alguien de su edad. Ella tiene un grupo de amigas con gustos en común y en el que encuentra un apoyo
Apuesta
Por Pilar Alba
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s que las apuestas no son buenas, piensa Ernesto mientras revisa si en el bolsillo trasero de su pantalón le quedan al menos un par de monedas para regresar en el camión. Fue mucha emoción durante la noche, las primeras horas pura vida, multiplicó su raya al triple. Pensó por un momento en retirarse y comprar con lo que había ganado unos
genuino y sincero. Al mismo tiempo, Mei debe lidiar con la presión de su sobreprotectora madre Ming (Sandra Oh).
Luego de experimentar ciertos cambios dentro de su persona, un día Mei despierta transformada en un panda rojo gigante, situación que le acarreará todo tipo de incomodidades y problemas, pero que también le significará un medio para aprender a conocerse mejor. Partiendo de dicho argumento, el eje central de la cinta es la maternidad, vista desde ciertos patrones generacionales que son puestos en tela de juicio dentro de la película. Al mismo tiempo, se trata de un ingenioso relato que aborda los cambios del cuerpo en el inicio de la adolescencia. La cinta toca temas que se pueden considerar complejos, pero los representa de manera sencilla, original y sumamente conmovedora. Esta nueva faceta del estudio le supone un paso hacia adelante en términos creativos, en cuanto a técnicas de una animación cada vez más detallada, y en la búsqueda de representar historias sobre diferentes realidades que se logran percibir genuinas, honestas y necesarias.
tenis para Tito que ya andaban en las últimas. Ya hasta sé de qué sabor son los chicles que piso, pá. Y lo veía reírse con esa risa que tanto se parece a la de su madre. Con la segunda ronda pensó en llegar con una buena despensa, para que Marta no tuviera que ir a pedir fiado con
doña Ofe, o tener que andar con las vecinas pidiendo una tacita de aceite para guisar al menos unos frijolitos. Pensó en la tercera ronda, con lo ganado, sacar a pasear a sus hijos el domingo, llevarlos a comprar pizzas de dos por uno y comerlas en el parque. A la cuarta
ronda ya estaba pensando en comprarles bicicletas a Tito y Martita. Lo malo fue cuando ganó la quinta ronda, pensó en el triunfo que podría lograr si se animaba a apostar otra vez: Hasta una camionetita de medio uso puedo comprarme… pero sus sueños se esfumaron
cuando en la sexta ronda no llegó el triunfo. Se le secó la boca, se le nubló la vista al pensar que tendría que regresar con la cara abajo y la mirada derrotada. En su pantalón encuentra justo una moneda que es la mitad de su pasaje. Ve en la esquina a un compa; ¿un volado?, le pregunta, mientras avienta la moneda al aire. Es que las apuestas las arregla el diablo; piensa mientras emprende a pie, el camino de regreso a casa.