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La Gualdra 517

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SUPLEMENTO CULTURAL

NO. 517 /// 7 DE MARZO DE 2022 /// AÑO 11

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

Imagen de portada: Juan Carlos Villegas. Colección Montes de Oca.

Nuestras palabras tienen la fuerza de la memoria de quienes nos antecedieron en esta lucha por alcanzar la igualdad de oportunidades y de libertad, tienen la fuerza de la abuela que con la misma mano partía la leña y nos bendecía. ¿Qué sería de nosotras sin la memoria de ellas? Que sean nuestras palabras quienes nos acompañen este 8 de marzo en las calles, que sean la prudencia y la fuerza unidas las que brillen para promover que las violencias paren. Que sean nuestras acciones las que guíen a las nuevas generaciones por los caminos que sí deben transitarse. Que haya congruencia, respeto, paz... no solo el 8 de marzo, siempre. #8M


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LA GUALDRA NO. 517 /// 7 DE MARZO DE 2022 /// AÑO 11

Editorial Casi es primavera... la jacaranda que está frente a mi casa está a punto de quedarse sin una sola hoja, me he dado cuenta también que penden de sus ramas pelonas un montón de semillas encapsuladas en una especie de botones que están a punto de caer. Las estaciones ya no son como eran antes -pienso-, se supone que las hojas se desprenden en otoño y que por estas fechas de marzo los nuevos brotes de hierba comienzan a aparecer; este invierno no fue invierno, hizo calor en diciembre, los campos están secos. No solo el clima se está volviendo loco. El viento fuerte de estos primeros meses del año, al parecer, ha esparcido una suerte de demencia inusitada y generalizada. Sí, parece cuento de terror. No solo en Ucrania hay guerra. ¿Qué hay de la razón y la memoria? Los vientos despiadados, aquellos de los que los escritores de antaño han dado cuenta, aquellos que en las historias aparecen de tanto en tanto arrasando comunidades enteras, descontrolando voluntades, transformando fuerzas, desatando catástrofes, reviviendo fantasmas, están aquí para cambiarlo todo y para mal. No recuerdo un inicio de año como este. Sé que todos son distintos, pero la carga de violencia que ha traído este 2022 no tiene comparación con nada. No es necesario mencionar ni mucho menos detallar los últimos tristes acontecimientos porque serán recuerdo vivo durante mucho tiempo, que baste dejar constancia por ahora de la tristeza que embarga a muchas familias mexicanas porque la locura parece haberlo trastocado todo. No hay razón, no hay memoria, estamos construyendo una historia terriblemente vergonzante para las nuevas generaciones; y en menor o menor medida, por acción y por omisión, todos somos responsables. Ofrezco una disculpa porque no se me ocurre, en estos momentos de desesperanza, algo que podamos hacer, que no hayamos hecho, para que las cosas mejoren, para que las violencias paren. Este martes es 8 de marzo y los colectivos de mujeres volverán a salir a las calles para exigir eso justamente, que desaparezcan las actitudes, los pensamientos y las acciones machistas; que no exista más desigualdad ni inequidad entre géneros; que las mujeres podamos ejercer nuestro derecho a vivir en paz, en

un estado libre de maltratos e injusticias. Y junto con ellas -las que integran colectivos feministas- saldrán también otras mujeres, las vecinas, las niñas, las estudiantes, las mamás, las abuelitas, las profesionistas, las mujeres que sin ser parte de una agrupación reconocen que solo la unión reunirá la fuerza suficiente para poder ir modificando para bien las conductas, los pensamientos y las acciones. Creo firmemente, aún en medio de este caos de violencia que vivimos, que las mujeres tenemos la oportunidad de construir una historia diferente en la que la promoción de la cultura de la paz sea nuestra bandera; y promover la paz no se circunscribe solo a que la guerra termine. En la construcción de nuevas narrativas, de nuevos puentes para entablar diálogos y espacios seguros para todos y todas, tenemos algunas ventajas, quizá la principal sea la de la cercanía que podemos entretejer entre todas para promover el respeto mutuo, la ayuda comunitaria, la armonía. Nosotras conocemos muy bien, por ejemplo, el poder de las palabras; sabemos que la fuerza destructora de una palabra mal dicha o empleada con saña puede marcar y dañar, pero somos conscientes también del poder inconmensurable de la palabra sanadora, fortificante, esperanzadora. Nuestras palabras tienen la fuerza de la memoria de quienes nos antecedieron en esta lucha por alcanzar la igualdad de oportunidades y de libertad, tienen la fuerza de la abuela que con la misma mano partía la leña y nos bendecía. ¿Qué sería de nosotras sin la memoria de ellas? Que sean nuestras palabras quienes nos acompañen este 8 de marzo en las calles, que sean la prudencia y la fuerza unidas las que brillen para promover que las violencias paren. Que sean nuestras acciones las que guíen a las nuevas generaciones por los caminos que sí deben transitarse. Que haya congruencia, respeto, paz... no solo el 8 de marzo, siempre. Si es cierto eso de que en medio de los conflictos surgen las mejores propuestas para cambiar, entonces pongamos atención, quizá aún podamos mejorarlo todo. Las jacarandas volverán a florecer también. Que disfrute su lectura.

Contenido Licorice Pizza, de Paul Thomas Anderson Por Adolfo Nuñez J. Madame Bovary, de Gustave Flaubert Por Miguel Ángel de Ávila González Resistencia en la periferia Por Colectivo Feminista Colotlán, Jalisco Cartas a una joven feminista, la verdad sobre aquello que vivimos Por Fanny Gaona

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Esa alma de mujer Por Sofía Valeria Esparza La incesante lucha por ser mujer y no morir en el intento Por Itzel Lazarín

Poemas de Guadalupe Aguayo

Mensajera Por Mariana Flores Angustia Por Pilar Alba

Las cineastas mexicanas: comunidad, imaginarios y miradas Márgara Millán y Ana Nahmad

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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

Directorio

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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Licorice Pizza, de Paul Thomas Anderson 6 Por Adolfo Nuñez J.

6 Por Miguel Ángel de Ávila

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Entre ambos se desenvuelve una historia de amor extraña, por momentos ridícula y, como suele pasar en gran parte de la obra de Anderson, de di-

Madame Bovary, de Gustave Flaubert vida perfecta, que contrajo matrimonio con un médico pensando que esa era la forma de escapar del medio rural donde vivía; al poco tiempo se dio cuenta que había cometido un grave error y que su vida jamás sería como ella la imaginaba. Es una historia que se enmarca dentro del género literario denominado realismo, corriente que demuestra de forma objetiva la realidad del ser humano y su forma de actuar ante las diversas circunstancias de la vida. El narrador es omnisciente. La obra detalla el universo interior de Madame Bovary, que moviliza las acciones que construyen la historia y empujan a los personajes a desenlaces insospechados. Rompe con la forma tradicional de representar la personalidad femenina: Madame Bovary no será una esposa y madre abnegada; por el contrario, se manifiesta como una mujer impulsada por sus pasiones sin detenerse a pensar en las consecuencias. Da la espalda al estereotipo de la mujer dócil e inofensiva, complaciente y cumplidora de su deber. Deja ver una persona compleja, un ser

con deseo y voluntad que también se puede corromper. Se puede apreciar a una mujer que anhela la libertad y que siente que hasta la posibilidad de soñar le ha sido arrebatada. Emma es una mujer adúltera, erotizada; además, la seducción que ejerce en ella el espejismo del prestigio y del poder, la aspiración desubicada

de una realidad económica que no es la suya, el hambre de mundo. Es una mujer para la cual el goce no es completo si no se materializa: proyecta el placer del cuerpo en las cosas y, a su vez, las cosas acrecientan y prolongan el placer del cuerpo. Charles ignora flagrantemente las finanzas de la familia. Le ha cedido todo el poder administrativo a Emma, poniéndose a sí mismo en la posición que debió haber ocupado su mujer. Las numerosas deudas llevaron a Madame Bovary al suicidio, lo cual ocasionó también la muerte de su esposo, quien enfermó y murió luego de verse en una grave situación económica por las obligaciones de su difunta esposa. La niña Berthe Bovary quedó huérfana y al cuidado de un familiar lejano. Comenzó a trabajar como obrera en una fábrica de hilados y tejidos. Así concluye la novela. *** Gustave Flaubert, Madame Bovary, Traducción de Carmen Martín Gaite, cedida por Bruguera, Editorial Origen/OMGSA, México, 1983.

Libros

adame Bovary es una novela que inicia hablando sobre Carlos Bovary, un joven médico que contrajo matrimonio con una viuda. Al morir su esposa vuelve a casarse con Emma, mujer a la que amaba sin ser correspondido. Ella tenía un extraordinario encanto físico, una gracia excepcional y una vivacidad de colibrí; inteligente, sensible y relativamente culta, una mujer con muchas ambiciones. Tuvo una hija con Carlos: Berthe, a la cual desdeñaba y consideraba como un estorbo; delegó su crianza en una nodriza. Dedicó su vida a gastar dinero y adquirir deudas. Tuvo dos amantes: Rodolphe, quien encuentra en ella una ternura soñadora e infantil en contraste con las rameras con las que se había relacionado; y León, hombre ambicioso y mediocre que se siente halagado por tener a toda una dama por amante. Con estos estaba dispuesta a fugarse dejándolo todo; sin embargo, la abandonaron. Madame Bovary es una de las mejores obras de literatura francesa de todos los tiempos, narra la trágica vida de Emma, una mujer que idealizó una

La diferencia de edad no es un impedimento para que, desde el momento en el que se conocen, exista un magnetismo inevitable entre los dos.

Cine

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a nueva película de Paul Thomas Anderson se siente como la suma de todos los elementos que vuelven a su cine tan memorable. Tiene toda la jovialidad y energía de sus primeras películas, como Boogie nights (1997), Magnolia (1999) y Punch-drunk love (2002), pero filmada con la elegancia y madurez de cintas como There will be blood (2007), The master (2012) y Phantom thread (2017). Aunque la filmografía de Anderson ha sido muy elogiada por la crítica, no es un realizador extremadamente popular con las grandes audiencias, pues su cine suele evitar condescendencias y obviedades en sus argumentos. El cineasta tiene un interés particular por personajes a la deriva, repletos de defectos y de actitudes cuestionables. Anderson nunca los juzga, simplemente los deja ser dentro de sus universos de ficción, y siempre resultan entrañables. En Licorice Pizza (2021) no es la excepción. A medio camino entre el comingof-age y la comedia romántica, la cinta, que toma acción en el Valle de San Fernando, California, en la década de los 70, se centra en los encuentros y desencuentros entre Gary (Cooper Hoffman) de 15, y Alana (Alana Haim), de 25 años. Él es un actor joven con dotes de empresario y con un enorme optimismo por el futuro. Ella trabaja en empleos temporales mientras trata de definir el rumbo de su vida sin muchas expectativas.

námicas dañinas. El director se centra en esta atípica relación para componer un retrato detallado de personajes sin rumbo ni objetivo, pero embriagados en la ilusión de la juventud, dentro de una época que ya no es y que probablemente nunca fue. Con todo, Anderson evita los lugares comunes del cine de nostalgia y logra que su relato se perciba más como un cúmulo de momentos y memorias significativas. Dicha propuesta toma forma gracias a las maravillosas interpretaciones de los dos protagonistas que en ambos casos corren a cargo de actores primerizos. Tanto Cooper Hoffman, hijo del fallecido Phillip Seymour (quien actuó en cinco películas de Anderson), como Alana Haim, integrante de la banda que lleva su apellido (de quien Anderson ha dirigido varios videoclips) logran encarnar con enorme habilidad las complejidades y fallas de Gary y Alana, respectivamente. Al final, el director antepone su visión personal por encima de la complacencia, con un relato que reafirma su lugar como uno de los narradores más creativos y consecuentes dentro de una industria que se ha vuelto indulgente. Una vez más, Paul Thomas Anderson invita, a quien así lo decida, a reconocerse en su cine, como espectadores y como individuos con imperfecciones. Al ver una cinta como Licorice Pizza, esto puede resultar tan reconfortante y conmovedor, como trágico y doloroso.


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Resistencia en la periferia 6 Por Colectivo Feminista

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Colotlán, Jalisco

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nseguridad, injusticias, acoso callejero, laboral, educativo y cientos de feminicidios en México y en nuestro entorno inmediato, son solo algunos de los motivos que nos impulsaron a crear el Colectivo Feminista en Colotlán, Jalisco. Un espacio pensado por y para mujeres, resiliendo desde la periferia. Nació hace dos años con nuestra primera marcha de lucha, el día ocho de marzo del 2020, salimos a las calles a gritar lo que hemos callado por años. Este colectivo está formado aproximadamente por 60 mujeres de diferentes edades, profesiones, ocupaciones y diversas posturas feministas, pero, que compartimos el objetivo común de ser libres. Somos un colectivo apolítico, sin fines lucro, sin líderes y no estamos incorporadas a ninguna institución gubernamental o educativa, ya que nuestro propósito es establecer lazos de amistad que cimenten las bases de la sororidad. Nuestro grupo tiene la finalidad de tejer redes de apoyo entre las mujeres que residimos en el municipio de Colotlán, creando un espacio donde sentirnos seguras, informarnos y aprender sobre diferentes temas que nos competen, tales como aborto legal, violencia de género, educación sexual, etc. Colotlán es un pequeño pueblo, ubicado entre el norte de Jalisco y sur de Zacatecas, con aproximadamente 19 mil habitantes, en su mayoría católicos, donde parece ser que muchas de sus costumbres se enraizan en los ciudadanos y fungen como la principal razón desencadenadora del machismo en sus diferentes versiones, las cuales parecen latentes en el imaginario de los colotlenses. Dichas estructuras tradicionalistas impiden romper con los esquemas sexistas y misóginos ya establecidos y regidos (persistentemente) por el “¿qué dirán?”: dificultad que invade a hombres y mujeres sin dar lugar a las preguntas de introspección que nos hacen reflexionar para poder romper con esos esquemas. Colotlán, es un pueblo que parece crecer en población, economía y turismo, pero que se sigue enfrentado a dinámicas donde se marcan los roles de género, donde existe un código no escrito de vestimenta para las mujeres; donde nues-

tros funcionarios públicos no están capacitados para informar y hacer valer los derechos a nuestros ciudadanos transexuales, no binarios, homosexuales, lesbianas, bisexuales y transgénero. Un lugar donde aún existen desigualdades laborales entre hombres y mujeres, donde los puestos políticos son ocupados en su mayoría por hombres y donde se habla de la mujer desde la postura del hombre. Desde este lugar decidimos resilir porque vivimos a diario, y desde la infancia, infinidad de acosos y situaciones donde somos culpabilizadas por querer educarnos, por vivir nuestra sexualidad, por aprender, por amar nuestro cuerpo tal y como es. Elegimos resistir y aceptar nuestro proceso de deconstrucción, y aunque por el momento la respuesta sea pequeña en menor cantidad por los habitantes del pueblo, no significa que este no sea un paso importante para formar redes más sólidas entre nosotras, para cambiar las reglas, para concientizar a la población, para mejorar las condiciones de las mujeres, y, sobre todo, para ser más libres.


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Cartas a una joven feminista, la verdad sobre aquello que vivimos 6 Por Fanny Gaona

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on dieciséis las misivas que escribe la multipremiada poeta Alma Karla Sandoval. En esas páginas va registrando la correspondencia entre dos mujeres que tiene lugar en Cuernavaca durante nueve días de diciembre de 2017 y tres días de enero del 2018. La segunda parte en Jojutla, Morelos, durante tres días de febrero de 2019 y en Barcelona un día de abril del mismo año. Las cartas están escritas en primera persona del singular, una escritora (la remitente), a una joven estudiante (la destinataria). De esa forma se cumple con el modelo de la teoría de la comunicación de Roman Jakobson. Loable es la técnica de este libro, verosímil desde el comienzo, pues acierta en cuanto al género que apuntala el discurso en cada uno de los temas abordados como el acoso sexual, el cuerpo, la autodefensa, la sororidad, la violencia simbólica. No en balde escribe: “Tienes razón, no se escriben buenas cartas sin un tono intimista”. Recordemos el

6 Por Sofía Valeria

Esparza

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lma que fortalece a la mujer. Alma que convierte sus sentimientos en una montaña por escalar, y lo hace, porque encuentra la manera de lograrlo, tiene las corazonadas perfectas que la llevan a los lugares soñados. Que sangra, y deja la huella de cada sitio que la ve volar con libertad. Que reina su universo, tan grande que nunca deja de explorar, con cada sueño nace un nuevo paraje que con delicadeza cuida día con día.

Esa alma de mujer Esa mente tan poderosa que crea lo inimaginable, en sus ojos vemos la galaxia que, aunque parezca lejana, con solo tomar su mano podemos llegar a ella. Esa alma que eres tú, esa alma que soy yo. Que lucha, que llora, que festeja, que teme. Que muere cada que da vida, pero renace, porque el mundo la necesita, porque el mundo necesita esa luz que ilumina un mar

de temores. Alma que transita por la calle con ese carácter que la vida le ha obligado a llevar, ella brilla, crece, se fortalece y deja raíces. Esa alma que eres tú, esa alma que soy yo. Esa alma que no parará de soñar. Que sangra para recordar que está aquí y ahora, que pide un deseo en cada estrella fugaz y que ese deseo es que nunca dejen de existir, porque admira el cielo cada noche,

tiva para las mujeres, pero también para los hombres y todos los demás. Es revolución, cambio impostergable”. Asimismo, la poeta nos invita a nuestra deconstrucción sin excluir porque la otredad no le es indiferente. Otro rasgo de Cartas a una joven feminista es la forma en cómo se presentan referentes literarios, psicológicos, antropológicos, históricos explícitos e implícitos, lo cual evidencia la calidad artística del marco epistolar: “También adoro las preguntas, porque son grandes instrumentos para la reflexión, pueden ser las llaves ensangrentadas del cuento de Barba Azul”. ¿Cuánta verdad encontramos en estas palabras? Vale la pena leer detenidamente esta obra cuyas páginas van trazando la cartografía existencial de la escritora y, por lo tanto, resulta un reflejo de lo que revela Virginia Woolf: “Feminista es cualquier mujer que cuenta la verdad sobre su vida”. Una autora como Alma Karla Sandoval teje un hechizo invencible con su correspondencia y también empodera, renueva, salva.

sin darse cuenta que, al mirar a su alrededor, en cada alma se encuentra una de ellas. Alma que es una estrella que nunca dejará de existir, porque su sangre quedará en cada lugar, en cada universo que crea y que existirá por la eternidad. Que ama a la voz que hoy está leyendo esto, a los ojos que ven la magia con la que se mezclan los colores en cada pintura, a las manos que escriben en cada noche, al olfato que adora los libros nuevos, y a los pies que corren contra el viento. Esa alma que eres tú, esa alma que soy yo. Esa alma de mujer que no dejará de ser.

La incesante lucha por ser mujer y no morir en el intento 6 Por Itzel Lazarín

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Debemos preferir el infierno real al paraíso imaginario. Simone Weil

he Marvelous Mrs. Maisel es una serie ambientada a finales de los sesenta, trata de una mujer cuya vida se desmorona cuando su marido la abandona, pero eso no es lo importante. Lo interesante es que a lo largo de la historia suceden cosas supuestamente superadas, ¿cuáles? Pues hay un episodio en el que Midge, la protagonista, platica con su padre sobre la candidatura de John F. Kennedy y este le dice algo más o menos así: “Tú no deberías leer el periódico, por eso trae anuncios de zapatos, para que las mujeres se entretengan”.

¿Será en verdad una serie ambientada en los años sesenta o el reflejo de una sociedad que aún no ha superado nada? No sé, a veces, es complicado saber qué está superado. Además, en tiempos actuales se suelen presumir con bombo y platillo los logros de las mujeres, cuando eso corresponde solamente a una parte pequeña, muy pequeña de la población femenina y están basados en cánones que no aplican para todas. Si volvemos a esa conversación entre Midge y su padre, nos daremos cuenta que las mujeres son “bienvenidas”, pero no escuchadas, pues todavía hay quien se atreve a decir: “¿Qué más quieren? Si ya tienen el voto, ya van a la escuela, ¿por qué las mujeres se empeñan en seguir luchando? ¿Por qué se atreven a seguir pidiendo si ya lo tienen todo? ¡Hasta leyes que garantizan la paridad!”.

Osadas —¡y hasta descaradas!— que siguen “peleando” por infinidad de cosas, entre ellas remuneraciones equitativas, reconocimiento en el ámbito académico, desarrollo profesional, acceso a mejores oportunidades laborales para alcanzar la autonomía económica, derecho a decidir sobre su propio cuerpo y un largo etcétera. En pleno siglo XXI, tan lejos de esa época en la que Midge desafió a su padre al opinar sobre política, nos encontramos entre los vaivenes de ser esas mujeres piadosas, abnegadas que pueden con todo y, encima, se atreven a ser exitosas bajo las reglas definidas no solo por un sistema desfavorable, sino delineadas e interferidas por todos esos elementos como la clase, la raza, el género que componen a la matriz de opresión.

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concepto de carta de Cicerón: conloquia amicorum absentium, es decir, conversación entre ausentes. Desde la primera hasta la última línea, la representación de la mujer es encomiable porque quien escribe se asume feminista, alguien que no se calla confrontando la opresión del patriarcado y así lo evidencia, lo cuestiona. Se trata de una voz intensa, inteligente, valiente, con una lectura muy original sobre su entorno. Respecto al feminismo, asume: “No se trata de un gran poder, de una magia sobrenatural. Pero sí de una actitud, de una postura más sensible ante la vida, que nos permite leer el mundo con mayor profundidad”. Otra definición la encontramos en la segunda carta: “Persiste porque se trata de un sistema de pensamiento incluyente y quehacer denunciatorio”. No conforme, enfatiza: “El feminismo es cualquier basta a una sola pluma que quieren arrancarte, a cualquier sueño que insisten en truncar, a cualquier maltrato, por diminuto que sea. Es una aventura colec-


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Poesía

Poemas de Guadalupe Aguayo* Naturaleza muerta En la sentencia, en la enfermedad la tortura, la ira, la perversión del hombre… El dolor resuena en el tórax en cada rincón del mundo. La enfermedad nos persigue, nos lacera. En cada tarde a l u m b r a m i e n t o s… aullidos innumerables, indecibles cuerpos rotos tomados como muñecos de trapo. El tiempo remoto, una próxima esquina de leyes y materia para un día; no hay carbón que dibuje un cuerpo roto… ¡Déjenme invocar el milagro de alcanzar la edad de la muerte, del silencio, de la nada! No terminaré y no terminaré porque ardemos con la boca abatida cara al sol, cara a Dios o al infierno.

Eterno retorno El universo, sosegada meditación. Al interior de la tierra, niñas muertas saltan a dos sogas z i g z a g u e a n como púgiles que atacan con cautela, fustigan rápido con su latido de infante. Pulsión extraña, polifonía de tiempo. El pasado, un abismo que engulle todo. No hay c a s i en las cosas de la muerte decir adiós –una arquitectura mortífera–.

Pertenencia mutua A mi madre Las dos juntas miraban emigrar a las golondrinas. Las dos con languideces de flores funerarias. El cabello escaso, en la gris congoja del tiempo, revuelve sus frentes arrugadas. Con tortura expiatoria saborean su emoción profunda, la dicha melancólica de las almas entrañables. Tras ellas, en el abismo del suntuoso retiro, las sombras, abren su lecho perfumado.

Homenaje No me hagas sacarme los ojos, mostrarte cómo palpita la enorme y formidable máquina Éttant donnés de Marcel Duchamp. Imagina un paisaje boscoso, una mujer desnuda tendida boca arriba y la cara oculta. Las piernas abiertas de par en par y una lámpara de gas en la mano sin tener idea hacia dónde alumbrar. Pero lo único que ves es esta cascada negra que gira, enorme ráfaga, grandeza animal, el cuerpo a punto de encenderse, por la gracia Voyeur de un ligero e s t r e m e c i m i e n t o.

Acto primero I En presencia de la luz, y no obstante sin ella, sobre el umbral del día y el espacio libre, me asiste mi silencio, mi privación me colma. II Como el puño crispado que contiene en potencia la pluralidad de los actos, así me veo y me siento. El compendio de mis palabras convoca diferencias. III Dejar ser parte de lo alumbrado por el sol, ímpetu inefable, como esa fuerza desatada por el aire antes de la tormenta. Ostentar ese mismo grado de existencia, visible y posible que la unge con imágenes solares y la importuna con miles de señales convulsas.

IV En ese estado de desposesión, en ese fugaz instante, ¡Haz lo que desees! Para acecharte como una presa que ha de nacer de mí, y así, alumbres mis desiertos, semejantes a espejos áridos de los cuales brotarán fuentes, flores y en atenta sustancia, perfilar, dejar encontrarse.

* Mexicana. Psicoanalista, ensayista y poeta. Especialista en Cine Documental, Literatura Hispanoamericana y Maestra en Historia y Crítica del Arte Contemporáneo. Ha colaborado en diversos catálogos y revistas dirigidas a la Cultura, la Filosofía y el Psicoanálisis, y en otras más en torno a la Poesía, Arte, Diseño y Arquitectura. Ha participado en diversos Festivales Internacionales de poesía, así como en la Antología Cervantes desde el parnaso (2021), así como en los libros: Miradas: La Contemporaneidad del Arte en Guadalajara (2014), Un Oponente formidable: Crítica de arte hoy en Guadalajara (2017) y los poemarios Horizonte Impar (2018) y Hermetismo Cristalino I y II (2021).


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Mensajera 6 Por Mariana Flores*

Río de Palabras

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na voz robótica salía del viejo cachivache que uso para hacerme compañía mientras trato de lograr una mezcla para pintar la pared llena de hollín. Debo lograr un color rosa o ¿morado? La duda. “En el cuadrante L-7567 e igualmente en el K-4567 se han reportado incidencias y variaciones gravitacionales, aquí el testimonio de una persona que fue, así lo asegura, teletransportada…”. La señal se pierde. Intermitencias. Me frustra no poder alcanzar el color. Necesito ver la flor otra vez, pero para eso tendría que salir, buscarla y volver a bajar por el alcantarillado, y esquivar vigías y minotauros. Inhalo y exhalo, tratando de recordar su textura y su color. Cierro los ojos. Mi abuela me llevaba todas las tardes al parque, cuando terminaba mis tareas. Tendría como nueve años. Una de las cosas que más intrigaban y gustaban de ir era la resbaladilla. Subir, y al llegar a lo más alto, podía ver todo alrededor y conforme me iba deslizando, en espiral, la perspectiva cambiaba. Tenía un juego mental que era adivinar qué vería bajar, qué cosas nuevas encontraría. Al deslizarme, la vi. Una mujer que parecía ninja, envuelta en una túnica negra y con el rostro cubierto. Miraba al cielo, a través de los árboles de jacarandas, más allá del cielo. La veía a ella y a otras mujeres parecidas. Y cuando me ponía de pie para volver a subir las escaleras, las perdía. Solo podía verlas mientras me deslizaba. Espiral. Una tarde, la que miraba al cielo, me miró. Angustiada y llorando, sacó una bolsita de tela, ahí había una flor lila. Jacaranda. Me la dio, “guárdala, grábala en tu mente, mírala detenidamente”. No lo había entendido, hasta hace poco. Hoy vivimos bajo tierra pintando rastros del mundo que existió para tener un punto de partida. Lo que alguna vez fue, plasmado en paredes llenas de fango y hollín. Perdí esa flor. Años más tarde, cada primavera las recogía

/// Resbaladilla. Foto de Mariana Flores.

del piso. Las coleccionaba ¿por qué no puedo recordar su color? Voy por la flor, no puedo más. El exterior. La falta de costumbre siempre duele, sobre todo en los ojos. Miro al cielo y me cubro el rostro. Corro. Llego a mi covacha, saco la flor, conservada en un complejo sistema. La pongo en un pedazo de tela y la guardo cerca de mi pecho. Debo pintarla. Atestiguar lo que era tener flores en primavera ¡es lila suave!

Angustia 6 Por Pilar Alba

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s esta angustia que me mata, que me habla al oído cuando estoy en silencio, cuando me desocupo de las actividades diarias, de la presión de los gastos, del trabajo y sus incidencias. Es la angustia que por las noches tengo que acallar con un par de pastillas, con respiraciones o con el ruido monótono de la televisión. Es la angustia que me persigue cuando veo el teléfono y repaso los estados de la gente, donde veo las publicaciones de tantas y tantos que como yo no nos detenemos en seguir enviando. Es la angustia que cuando salgo a tomar el camión me hace abrir los ojos para ver si por ahí puedo encontrar ese rostro conocido o ese olor que

no se me sale de la nariz. Es la angustia que me roba a veces el aliento cuando recibo un mensaje y pienso que es el que durante tanto y tanto tiempo he estado esperando, con la noticia favorable que me recupere la calma o con el contenido funesto que me haga aceptar mi derrota. Es la angustia que me habla al oído, que me mata diciendo: “Un día más y aún no la has encontrado”. La mujer interrumpe su monólogo, se recuesta en la cama, por fin las pastillas han cumplido su misión, se queda profundamente dormida. Abraza la fotografía de su hija, no consigue despertarse cuando suena el teléfono: parece que por fin la han encontrado. Aún no sé sabe cómo... la angustia continúa.

Una sirena ensordecedora. Vigías minotauro. Me rodean. Mitad humanos mitad engranes y aceite. Estoy a unos metros de la alcantarilla. No me pueden seguir, sería el fin. Sé cómo terminará, me convertirán en minotauro. Mi única angustia es la flor, posiblemente de las últimas que queden en el mundo. Me escabullo por la maleza, siento una mirada. Una niña me mira asombrada, está ¿flotando? Flota. Demasiada confusión. Un pinchazo

en la espina dorsal me hace saber que es el final. Corro hacia la pequeña. Silencio. Saco la flor de mi pecho. Me han colocado un grillete en el tobillo, en segundos me llevarán. Me acerco a ella, “guárdala, grábala en tu mente, mírala detenidamente…”. Todo es negro. El cielo desapareció. *@LaMayaFlores es profesora, escritora y guionista educativa.


Cine

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LA GUALDRA NO. 517 // 7 DE MARZO DE 2022

Las cineastas mexicanas: comunidad, imaginarios y miradas 6 Márgara Millán y Ana

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o es nuevo afirmar que aún es marginal la presencia de mujeres en el cine mexicano. Si revisamos las cifras presentadas en el Anuario estadístico de cine mexicano 2020, presentado el año pasado, podremos corroborar que la participación es de un 33% en la realización de documental, 16% en la dirección de cine de ficción y solo un 5% en la animación. Las cifras son contundentes y revelan la sistemática exclusión de las mujeres de los ámbitos de producción cinematográfica. El cine y la producción audiovisual contemporánea siguen siendo un territorio dominado por la mirada masculina y eso nos priva como sociedad de la posibilidad de mirar y entender el mundo desde la mirada femenina. Aún más, podríamos decir que muchos de los estereotipos e imaginarios sobre las mujeres, sus roles en la sociedad y la violencia de las representaciones contemporáneas se deben a esta ausencia. Sin embargo, frente a las exclusiones sistemáticas, las mujeres siempre han estado presentes en el cine de nuestro país desde los orígenes. Tenemos el ejemplo de las hermanas Ehlers, de Cándida Beltrán Rendón, Elena Sánchez Valenzuela, Adela Sequeyro, Matilde Landeta, Marcela Fernández Violante entre otras muchas mujeres que forjaron diversas miradas del cine nacional. Sus nombres aún están en el olvido, al igual que la mayoría de sus producciones. La profesionalización de la enseñanza y capacitación cinematográfica fue un proceso fundamental para el ingreso extendido de mujeres a los diversos ámbitos de realización de cine. La creación de las primeras escuelas de cine en México permitió que las mujeres accedieran de forma amplia a diversos espacios de creación, dentro de los que también se fundó y cultivó la crítica feminista a las formas hegemónicas de producción y de representación cinemática sobre las mujeres. Tal es el caso del Colectivo Cine Mujer, espacio pionero en la crítica al machismo y la disputa por el manejo de la técnica cinematográfica por parte de las mujeres. En este momento estamos frente a una nueva generación; hay muchas mujeres haciendo cine en México y eso representa un salto cualitativo. Las cineastas contemporáneas se nutren de la generación de cineastas de los años ochenta y noventa, entre las que se encuentran Busi Cortés, Maryse Sistach, María Novaro, Dana Rotberg, Guita Schyfter, Bertha Navarro, Alejandra Islas, Maricarmen de Lara, Maru Tamés, Sarah Minter, Ángeles Necoechea, Lourdes Portillo, Jimena Cuevas, Teófila Palafox, Sonia Fritz, entre muchas otras. Es sumamente importante y novedosa la producción cinematográfica en femenino

/// Las hermanas Elhers, cineastas y productoras mexicanas.

realizada en el presente. Entre los elementos cualitativos destaca la irrupción del cine documental, donde se puede ver el interés de las mujeres por narrar historias de la vida cotidiana, en un contexto herido que no se puede seguir aceptando, donde la violencia generalizada -específicamente contra las mujeres- ha predominado en las narraciones de muchas cineastas mexicanas. El caso emblemático es el de Tatiana Huezo con obras como El lugar más pequeño (2011) o Tempestad (2016), también están las producciones de Lucía Gajá (Batallas íntimas, 2016), Daniela Rea (No sucumbió la eternidad, 2017), Luciana Kaplan (La vocera, 2020), entre muchas otras. Contemporáneamente a la irrupción del cine documental de las mujeres mexicanas está la intervención nueva y refrescante del cine, la imagen y la narrativa realizada por mujeres comunitarias. Mujeres que provienen de pueblos y colectividades, que hablan una lengua distinta al español y que preservan y cuestionan al mis-

mo tiempo su cultura. Se trata de una generación de mujeres que no han perdido su lengua de origen y que se preguntan sobre las cuestiones comunitarias y al tiempo sobre problemas generales de esta nación llamada México. Estas trayectorias se despliegan en la obra de Ángeles Cruz (Arcángel, 2017 o Nudo mixteco, 2022), Itandehui Jansen (Kii Nche Ndutsa, El caracol y el tiempo, 2020), María Sojob (Tote, Abuelo, 2010) o Luna Marán (Tío Yim, 2019), por mencionar algunas. Estas mujeres están marcando la irrupción de la heteroglosia, ¡al fin!, en un país donde la diversidad lingüística es tan importante como invisibilizada y desmaterializada. Desde la ficción o el documental, entendidos como territorios complementarios del cine, las cineastas contemporáneas relatan, retratan, corporeizar y muchas veces intentan sanar las violencias -no solo la violencia patriarcal. Es una búsqueda que mueve la mirada. Pensemos en documentales como Negra (Medhin Tewolde, 2020) o Tiem-

po suspendido (Natalia Bruschtein, 2015) y en ficciones como Noche de fuego (Tatiana Huezo, 2021), Sin señas particulares (Fernanda Valadez, 2020) o Nudo mixteco (Ángeles Cruz, 2022). Los esfuerzos mayúsculos de generaciones anteriores para poder hacer cine dentro del aparato industrial, a pesar de la verticalidad y masculinización, la lucha por establecer las escuelas de cine, y la impronta que tuvieron estas en la incorporación de más y más mujeres en la producción cinematográfica, florece hoy con la proliferación de proyectos, colectivas y cooperativas de producción, de apoyo sororal entre mujeres, que van favoreciendo diálogos, puentes, y tensiones, así como una poderosa crítica al machismo instalado dentro del ámbito cinematográfico, al mismo tiempo que al racismo y la violencia que atraviesa hoy a la sociedad mexicana. ¡Enhorabuena! 1

Profesoras de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM.


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