SUPLEMENTO CULTURAL
NO. 508 /// 20 DE DICIEMBRE DE 2021 /// AÑO 11
DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN
Que en el 2022 la paz sea con ustedes, con nosotros, con todos...
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LA GUALDRA NO. 508 /// 20 DE DICIEMBRE DE 2021 /// AÑO 11
La Gualdra No. 508
Editorial
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amón López Velarde no conoció el mar… este 2021 que está por terminar conmemoramos el centenario de su fallecimiento, ocurrido un mes de junio, justo 4 días después después de que cumpliera 33 años. No sé por qué no habrá ido nunca; me gusta imaginar, sin embargo que cuando pensaba cómo sería el mar se llenaba de paz, como yo ahora que, cuando pienso en la paz me da por pensar en el ruido de las olas; concentrarme en ese estruendo del agua chocando contra las rocas me llena por momentos de tranquilidad. Aunque sea momentáneamente. Cuando finalizaba el año pasado, haciendo el recuento de los daños ocasionados por la pandemia, recordaba aquí mismo a quienes habían partido y exclamaba algo así como ¡qué año!, pero este no ha sido muy amable que digamos tampoco. Perdimos a menos amigos que el año anterior a causa del Covid, es cierto; pero los decesos se incrementaron por otras razones. Recuerdo aquí, con especial nostalgia a Juan Manuel de la Rosa, por ejemplo, quien recurría a la poesía para viajar y crear, como lo hacía también Pedro Coronel, a quien conmemoramos por el centenario de su nacimiento este 2021 y cuya exposición en la CDMX debemos visitar. Escribo esto después de leer en las noticias que una escultura grande del Santo Niño de Atocha será colocada en el mineral vecino, “para que proteja a los fresnillenses”, “para que nos proteja a todos”, “para que se incremente el número de visitantes”, y que “medirá 6 metros”, han dicho también… veo una de las primeras fotos: el proceso de instalación de la escultura en el lugar desde donde el Santo Niño verá a los peregrinos llegar a Plateros pidiendo por amor, salud y paz… asombrosamente tiene la cara y parte del torso enredados con hules, salven al niño, por Dios; sé que seguramente quienes publicaron la imagen no previeron el impacto que esta pudo ocasionar, o quizá pasó desapercibida y la perturbación solo me sobrevino a mí. La imaginación suele jugar malas bromas, pero es que de tanto ver y escuchar empezamos a normalizar; López Velarde le decía a Fuensanta: “¿tú conoces el mar?/ Dicen que es menos grande y menos hondo que el pesar. / Yo no sé ni por qué quiero llorar: / será tal vez por el pesar que escondo,
/ tal vez por mi infinita sed de amar”, con este pesar -a veces escondido- de saber que cada día se alejan más esos días de paz también me dan ganas, por momentos, de llorar. Vuelvo, sin embargo, a reafirmar, que estamos aquí para hacer lo que a cada uno le corresponde, con responsabilidad y sentido de comunidad. Desde aquí promovemos el arte y la cultura, La Gualdra, en ese sentido, tiene la encomienda de llevar antes ustedes la posibilidad de ver y leer, de reflexionar, de aportar. Seguimos hablando de arte, de belleza, y de las múltiples posibilidades de encontrar la poesía en este mundo. El arte también es paz. Leí este 2021 más libros de los que imaginaba pudiera leer en tan poco tiempo, debido a mi participación como jurado en dos certámenes nacionales: el de los Juegos Florales Ramón López Velarde y el Premio Nacional de Crónica Literaria Carlos Montemayor. Me quedo con la inmensa dicha de haber conocido el trabajo de cientos de escritores que en toda la República están produciendo textos increíbles de tan bien hechos, y con la enorme satisfacción de que hayan resultado ganadores tres autores encomiables: Aarón Rueda en poesía y Fernando Yacamán en narrativa, en los Juegos Florales; Violeta Santiago, en el de Crónica. Tres grandes libros que espero sean publicados el siguiente año. El primero habla de la muerte de la abuela del autor, el segundo es de literatura queer, y el tercero sobre la labor incesante de un grupo de activistas que buscan a sus familiares desaparecidos. A propósito del libro de Yacamán, la semana pasada se aprobó en Zacatecas la posibilidad de que unan sus vidas en matrimonio personas del mismo sexo: ¡Bravo! Que sea la igualdad de derechos humanos lo que siga ganando terreno en nuestra tierra, que las desigualdades e inequidades desaparezcan en todos los ámbitos, que el arte siga promoviéndose pese al recorte de presupuestos para cultura, que las iniciativas independientes de fortalezcan, que la salud nos acompañe el siguiente año para poder seguir haciendo lo que más nos gusta y, sobre todo, que Dios reparta suerte -y paz- el 2022. Nos leemos el siguiente año. Que disfrute su lectura.
Directorio
Contenido Momo Por Armando Salgado La paz Por Carlos Alberto Torreblanca Padilla
Emilio Carrasco (1957-2020) PRESENCIA Exposición en el Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez
Construcción de la felicidad Por Bernardo Araujo Paréntesis Por Mariana Flores
El cine que nos une Por Adolfo Nuñez J. Desayuno en Tiffany’s, mon ku El cine narco y LGBT para reflexionar Por Carlos Belmonte Grey
Las horas de la paz Por Ángel Solano Disfrutar el trayecto Por Jorge Ortega Tus ojos Por Pilar Alba
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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com
Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx
Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita y Enrique Martínez Diseño Editorial
La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.
Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com
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20 DE DICIEMBRE DE 2021
Momo t Por Armando
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n julio de este año tuve un episodio de ansiedad. Se sumó a la angustia por no saber que padecía una disfunción de la articulación temporomandibular, que me llevó a dos tratamientos: uno viral y otro que incluyó antibiótico; una visita al dentista que a su vez me dejó de tarea una radiografía panorámica maxilar y la conclusión de que era estrés. Lo anterior se envolvió con una salmonella que revivió por las bajas defensas que la preocupación excesiva ocasiona. A las pocas semanas tuve Covid. Después de recuperarme del Covid Momo se me cruzó justo en una pendiente cuando íbamos a la caminata vespertina y fue el freno final para permanecer quieto 15 días, en lo que cicatrizó la marca de sangre que el piso me obsequió en la espini-
cuando vamos de un lado a otro reconociendo los tonos verdes que el bosque comparte. Momo es la medida de los muchos perros que he tenido. Hace poco soñé a Niebla: estaba en la puerta de la casa del centro, en Uruapan, la vi recibirme, blanca, negra, alegre y saltarina, la vi tan limpia que mi sueño se llenó de paz. La abracé. Pienso en El Manchas, dicen que se lo llevaron a una huerta de aguacate. La última vez que lo vi se sentó a mi lado y me miró toda la noche mientras yo dormía, creo que no pegó sueño en sus párpados porque me desperté un par de ocasiones y lo veía atento, vigilando mi cansancio, consciente de nuestra despedida. Mis perros y la calma. El amor y el sosiego. La familia y la templanza. La salud y la armonía. Pienso en el 2022, será un buen año. Por cierto, el nombre de Momo, por sí solo me produce paz.
La paz Por Carlos Alberto Torreblanca Padilla t
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urante un recorrido por una comunidad wixárika en la Sierra Madre Occidental, en compañía de mis compañeros de campo, comenzamos a caminar por la plaza que estaba rodeada de tukis -es decir, templos-; de pronto, sentimos la mirada de las personas sobre nosotros, que, confundidos, nos detuvimos inmediatamente. El marakame se acercó para comentarnos que habíamos roto el orden sagrado del lugar, por lo que deberíamos regresar sobre nuestras mismas pisadas para evitar más caos y se restableciera la paz. Fue a través de esta experiencia etnográfica cuando tomaron sentido aquellas lecturas de mi clase de antropología sobre el orden y equilibro entre los grupos originarios. Habíamos trasgredido la paz en la comunidad wixárika sin saberlo, por desconocimiento de la cosmovisión de aquellas personas. En la antigua concepción mesoamericana existía el principio de la dualidad y complementos, calor y frío, agua y fuego, noche y día, mujer y hombre, entre varios conceptos; el equilibrio de ellos mantenía la armonía. Para los nahuas del centro
/// Dechado de la comunidad wixárika. Colección de arte huichol del Museo Zacatecano.
de México el hombre tenía dos espacios: uno, el propio, donde vive en sociedad; el otro espacio es el ajeno, al que ingresa por necesidad, pero se encuentra solo frente a la naturaleza y lo sobrenatural. De acuerdo con lo anterior, había salido de mi espacio social e ingresado al ajeno en aquella comunidad, y eso me lleva a reflexionar sobre cuántas veces ha ocu-
rrido esta situación aun en nuestro espacio social. ¿Cómo mantenemos la paz? ¿Cómo se entiende la paz entre las culturas o las personas? La paz es temporal, son momentos y sensaciones, es un periodo donde no hay tensiones. La plaza de aquella comunidad indígena era una materialización de su orden divino, como lo es el templo para los ca-
tólicos o la mezquita para los islámicos; en el ashram los hindúes aprenden a buscar la paz. La paz es un tiempo donde no hay guerra, es un lapso pactado o pagado, por lo cual no es raro que etimológicamente las palabras pacto y pago deriven de paz. La ciudad de San Luis de la Paz en Guanajuato lleva este nombre debido a que ahí se firmaron los tratados de paz entre los chichimecas y los españoles en el siglo XVI. Entre los grupos originarios del suroeste norteamericano establecían periodos de paz fumando una pipa. En cuanto a su acepción de tranquilidad se dice que después de navegar por aguas inestables en 1520, Fernando Magallanes llegó a pacíficas aguas por lo que ahora llevan el nombre de Océano Pacífico. Situación similar sucedió con La Paz Baja California Sur cuando arribaron los primeros españoles. En las reinvenciones de los comportamientos humanos la paz como término continuó, pero está ausente en la sociedad, a pesar de la señalética de circulaciones en un estacionamiento público, no se respeta el orden. Deseamos que esa paloma blanca vuelva a anidar en nuestro árbol, que la paz no sea solo una noche de diciembre y que el ejemplo de aquella pareja de peregrinos continúe.
Río de palabras
lla y parte de la rodilla derecha. Si no era por la buena tuve que encontrar cierto reposo a la fuerza. Ahora que se va el 2021 pienso en la paz interior que tanto mencionamos pero que alejamos con nuestras prácticas llenas de presión e inyectadas de velocidad infinita, porque somos educados para no parar, para responder mensajes en la noche, para revisar las redes sociales a cada minuto, para cumplir al pie de la letra las normas que construimos desde la perfección y la puntualidad. Pienso en las cosas que me dan paz: estar con mi familia y relatar momentos agradables y los que a la distancia se vuelven gratos, aunque fueron piedra en el zapato cierta vez; viajar con la mujer que amo, Gorety, viajar hacia dentro de nosotros y hacia el futuro, pero sobre todo cruzar el presente tomados de la mano mientras el mundo rueda; Momo, peludo y calientito, nos relaja
Salgado
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Emilio Carrasco (1957-2020) PRESENCIA
Artes plásticas
Exposición en el Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez
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milio Carrasco Gutiérrez fue un artista plástico reconocido internacionalmente por su fructífera trayectoria. Trabajó en diversas disciplinas como pintura, escultura, cerámica y grabado. Fue también coleccionista y maestro de dibujo durante más de 40 años. Nació en la Ciudad de México el 4 de octubre de 1957. De 1976 a 1977 estudió dibujo en el taller del profesor Carlos Orozco Romero, y pintura con el profesor Gilberto Aceves Navarro, en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM. De 1978 a 1982 realizó estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, España, donde además obtuvo el título de profesor de dibujo y formó parte del Círculo de Bellas Artes de esa nación; más adelante obtendría la especialidad en museografía por el INBA en nuestro país. En 1982 participó en el mural “Apoteosis de las Musas Románticas” (en homenaje a Tolosa), del maestro Gilberto Aceves Navarro, ubicado en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la Ciudad de México, ese mismo año realizó el programa “Islas Marías” por encargo del INBA, y a la vez comienza a coordinar el Taller de Artes Plásticas de la UAZ, durante un período que se extendería hasta 1985. Impartió numerosos cursos de pintura, grabado y dibujo en el Museo Francisco Goitia de la ciudad de Zacatecas. Fue creador del proyecto “Bosque de la Utopía” con nueve bienales internacionales de ex libris. Fue docente en la Universidad Autónoma de Zacatecas durante 23 años, ejerciendo también como promotor cultural. Por más de 40 años participó en diversas exposiciones internacionales de MailArt y Bienales de ex libris. Ha presentado múltiples exposiciones individuales y colectivas en museos y galerías de gran importancia, a lo largo y ancho de la República Mexicana y en países como Estados Unidos, Turquía, Australia, Colombia, Panamá, Italia, Polonia, Rumania, Lituania, Venezuela, Bélgica, Inglaterra y China. A lo largo de su trayectoria se hizo también acreedor a diversos apoyos, reconocimientos y premios, entre los cuales podemos destacar los siguientes: Beca en Segovia por el Ministerio de Cultura de España en 1980; Primer lugar en el Segundo Concurso Estatal de Artes Plásticas en la ciudad de Zacatecas en 1988; Premio de la Academia de Artes de Luxemburgo en 1992; y Primer premio en la modalidad de ex libris, en Shanxi, China en 2019, entre muchos más.
/// Crucifixión. 1980.
Con la exposición “Emilio Carrasco 1957- 2020, Presencia”, inaugurada el 16 de diciembre, el Gobierno del Estado de Zacatecas, a través del Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde y el Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez, rinden homenaje a Emilio Carrasco, a un año de su fallecimiento. La exhibición reúne más de cuatro décadas (1976-2020) de su labor creativa; en ella se podrán conocer y disfrutar sus diferentes facetas como escultor, pintor y grabador, así como los lenguajes y períodos que marcaron y caracterizaron su trayectoria: su estancia en España, su etapa matérica, su transición de la figuración a la abstracción, su litografía inédita, su extensa labor como promotor de ex libris y hasta sus obras más recientes. No se pierda la oportunidad de visitarla durante estas vacaciones decembrinas.
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20 DE DICIEMBRE DE 2021 “En Emilio Carrasco existe una búsqueda de renovación: arriesga. La pintura es –para él– algo lúdico: un juego muy serio, una metáfora de la existencia, una gran metáfora de su Estar en el mundo”. José de Jesús Sampedro
Francisco de Santiago Silva /// Paisaje 10.
“Hay en estos cuadros la pasión de la búsqueda de un lenguaje, de una técnica; el claro amor por la materia, campo de los signos echan raíces, gestan silencios. La materia conjuga las visiones obtenidas desde su infancia en esta parte luminosa de México”. Gilberto Aceves Navarro
/// Paisaje 11. 1980.
“Al observar detenidamente las obras de Emilio Carrasco, reparamos en que su materialidad es resultado de una descontextualización de fragmentos de la realidad externa: del sistema de signos alfabéticos y de las texturas y el color que pudieran existir en alguna pared que lleve las huellas o signos del tiempo. En otras palabras, toma signos de dos sistemas diferentes, las combina y obtiene la unidad de un tercero: del pictórico”. Juan Acha
/// De la serie del Greco. Sin título. 1985.
Artes plásticas
“Siempre he considerado que encasillar al artista en determinado estilo es intrascendente; porque lo que importa es el valor conceptual de la obra, que en el caso de Emilio Carrasco, está sustentado en la calidad del oficio, que solo da el tiempo y la dignidad profesional”.
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Río de palabras
Construcción de la felicidad t
Por Bernardo Araujo
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n la fila del consultorio social la joven madre mece al niño, envuelto en un llanto inconsolable, acusador. Ella desprende las cobijas aminorando el bulto que rodeaba al pequeño, le ofrece una sonaja desgastada, luego pretende distraerlo haciendo una mueca extravagante. Levanta al hombrecillo suspendiéndolo por lo alto de la sala, simula una caída espontánea que arranca la carcajada del infante y culmina con un aterrizaje de avioncito sobre los brazos desnudos de la joven. Al frente hay una anciana que intenta sonreír, pero no puede, pareciera que sus músculos faciales han olvidado cómo hacerlo, da la impresión de haber padecido algún dolor interno, en el momento que un atisbo de sonrisa le asomara en el rostro, inconmovible. Alrededor, otras mujeres se miran gentilmente y abrazan a sus hijos (poco mayores que el pequeño), o les reprenden con reserva su mal comportamiento. Mujeres de mediana edad, adiestradas por la costumbre en la crianza de más de cuatro chamacos juguetones, mal vestidos, sonrientes y joviales al grado de la impertinencia. Una de ellas ofrece su asiento a la joven madre, que ha comenzado a sudar a causa de los múltiples intentos por distraer al pequeño. Es una linda chica, tiene la edad en que nada hace falta para enfatizar su exquisitez. Ella es amable con los otros niños, les ofrece fragmentos del pan que sea, quizás,
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/// Virgen de la leche. Anónimo novohispano. Siglo XVII. Museo Amparo. México.
Por Mariana Flores*
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n sobresalto me despertó, cuando caes al vacío mientras duermes. Oscuridad, ¿dónde estoy? Mis piernas se tensan para salir corriendo. Ahora no, Clara. Inhalo, exhalo y voy a mi lugar feliz: comprar el pan con Leonor, el olor a naranja y el atardecer. Hace ocho semanas llegué a este lugar, las pesadillas se difuminan, luego vuelven con fuerza. Por primera vez en mucho tiempo siento una tregua. Quiero salir, pero no quiero correr. Inés y Mine no están, fueron por víveres y material para terminar el cacharro que nos hará invisibles… Dejaron restos de la fogata. Increíble magia. Cuando logramos hacerla fue como descubrir otra vez el fuego, y el hogar. Las ramas crujen, las hojas secas se doblan, bailan, ¿recuerdan cuándo fue la última vez que sintieron paz?, esa bomba lanzó Inés ayer, esa pregunta muy a tono con las vísperas. Hoy sería Navidad, aproximadamente. Lo sabemos porque la noche que me encontraron, traía mis estudios de la resonancia, fechados. Tardamos doce horas en sacar cuentas. Ubicarnos. Para contestar la pregunta, Mine recordó ir a recolectar caracoles con su hermano,
todo su desayuno. Los chamacos la observan con gratitud y juguetean con el pequeño, que por momentos pareciera tranquilizarse. Es medio día y la sala a esta hora se encuentra atiborrada de posibles pacientes: un policía que se repone de una herida de bala, una mujer anémica que teje y teje sin parar, otra que cuenta avemarías en un rosario interminable, la niña asmática que sueña con un helado de sandía, el obrero que ha sufrido una fractura y todavía lo ignora… La joven madre ríe y se ruboriza cuando el pequeño manotea dentro de su escote y vuelve a romper el llanto. Hace un calor pestilente en la sala de espera. Ella levanta su escote para ofrecer al niño un seno henchido, palpitante. Este cierra los ojos y succiona impetuoso, oprime el pecho contra sí. La madre se duele un poco. Una luz generosa inunda el sitio. De pronto, hay silencio. La joven se ilumina, irradia a todos los posibles pacientes, que han olvidado el reducido número de consultas a que tienen derecho cada día… Minutos después el bebé eructa, agradecido. La joven madre cubre el seno apenas redondeado. Vuelve a sonrojarse al advertir las manchas húmedas sobre su blusa. Cubre al pequeño que bosteza profundo. Se abre una puerta al fondo. La enfermera anuncia sobre la inasistencia del médico, pide que se retiren. Una luz generosa inunda el sitio.
Paréntesis cuando eran niños. Para Inés era el olor a pan tostado, a café y un cielo de jacarandas a lado de su Melisa. Yo no sé. Creo que ir al pan con Leonor, esa pregunta es rara para quienes crecimos en orfandad, por eso la extraño, compartíamos la ausencia de expectativas y eso nos daba serenidad. Veo el fuego arder, estoy reconstruyendo mi calma. Estar en paz es tener certezas, nos las quitaron todas cuando nos robaron el cielo, cuando todo se oscureció, cuando se llevaron a nuestra gente. Leonor fue de las primeras, ahora lo entiendo. La tregua me la da estar con dos mujeres que también perdieron y ahora reconstruyen. Para mí es raro pensar en certezas, esos estudios de mi cerebro dicen que tengo una especie de micro epilepsia. Eso es lo que me hace salir corriendo de la nada, sin aviso, sin control. Ahora estoy obsesionada con la tregua y la calma que siento… ¿son los vínculos?, ¿el fuego?, o es que ya no tengo mucho que perder... un paréntesis.
—No creo, estaba el candado… —Aquí estoy, hoy no salí a correr — le guiñé el ojo a Mine. —Mensa, ya me hacía corriendo kilómetros para alcanzarte. Te conseguí pancito de algo que podrías imaginar que es naranja… —¡Sí huele! —. Olía a un poco de certeza. —Yo rescaté una especie de té que bien podríamos imaginar que es café recién molido —. Por un segundo parecía que lo teníamos todo. Paz. El fuego ardía con fuerza. Vivo. Las tres guardamos silencio, bebimos y compartimos el pan. Así debió empezar la humanidad, pensé, alrededor del calor de una fogata, compartiendo calma, que está en lo más mínimo, en los pocos centímetros que no nos pueden quitar. Nos tenemos, me tienen, las tengo. Son mi paréntesis, ya no corro. Las certezas tienen rostro.
/// Maya Flores. Café.
—¡Clara!, ¿dónde te metiste? —. Minerva entró corriendo, por toda la casa. —¿Se fue? —. Susurró Inés con los ojos llorosos.
* Ninjas, Fantasma, Reconfiguración y Resonancia son cuentos publicados por la autora en este mismo suplemento y pueden leerse como antecedente de este, o no. **Profesora, guionista e investigadora @LaMayaFlores
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El cine que nos une t
Por Adolfo Nuñez J.
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l año pasado fue uno que nos marcó a todos, y que para bien o para mal, nunca olvidaremos. En tiempos tan inciertos como los actuales, es importante reflexionar al respecto, sobre el lugar en el que nos encontramos y hacia dónde queremos avanzar en el futuro. Como reflejo de estas cuestiones, también se encuentra el séptimo arte. Mientras que en el 2020 la situación de la industria fílmica era incierta, este año se fue volviendo, con las precauciones necesarias, a esa antigua normalidad. El cine es un acto creado por y para las personas, y en ese sentido, considero que su valor se vuelve todavía más notorio en los tiempos que vivimos. Ya sea para volverse un escape de la realidad, o para señalar las complejidades de la misma, las películas son un refugio al que siempre podremos acceder cuando las cosas se pongan difíciles. Por otra lado, me parece que es vital, ahora más que nunca, hacer a un lado el cine condescendiente, ese de consumo rápido y que rara vez otorga alguna reflexión o reto en el espectador. Parte de avanzar también incluye tener presente aquello que se podría considerar incómodo. En tiempos de juicios rápidos y lecturas
Desayuno en Tiffany’s, mon ku
El cine narco y LGBT para reflexionar Por Carlos Belmonte Grey t
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s de larga tradición la idea de que el cine produce tipos de gente y funciona de herramienta pedagógica y arma ideológica. Sin embargo, el cine lo que produce son solo emociones y muestra historias de personas, animales o cosas. Pero de ahí a producir oficios como se le achaca al cine narco con expresiones como “el cine narco crea narcos, por eso se debe
prohibir”, es tanto como decir “el cine de ficheras crea prostitutas y cinturitas”, o “el cine de ciencia ficción, el Superman y Spiderman producen humanos voladores”. Ir al cine a ver una película o verla en la tele de la casa o en la computadora, nos lleva a envolvernos en un ambiente de trucos y efectos que nos producen emociones y sensaciones pero cuando se termina y salimos a la calle a trabajar, a comer, al bar, al parque, nos damos un baño de realidad que nos devuelve al contexto de nuestras
vidas. Entonces no, el cine no produce gente. Lo que el cine crea son actos de reflexión. Las historias que vemos nos muestran personajes con actitudes que, dependiendo el trazado del personaje, nos hacen sentir empatías, simpatías o antipatías. Entonces el cine narco no produce narcos pero sí nos emociona. Ahora, este es un género cinematográfico. Qué pasa con el cine que incorpora personajes homosexuales y LGBT’s (por sintetizar),
bien que existe el género de cine gay, aquí se trata más bien de normalizar las preferencias sexuales y de género de la gente, que en principio no afectan en nada a los demás. Decimos en principio, porque hay algunos que la vista de los demás les incomoda. Quizás un poco de tolerancia no haría mal. Pero lo mejor sería no tener que tolerar, vamos, ni siquiera notar como diferencias, simplemente asumir como normalidad. Zacatecas sufre ambas cosas: violencia por el narcotráfico y violencia por las preferencias sexuales de las personas. El cine no puede solucionar ningún de esos problemas: el narco es un género cultural contado en primer grado para el espectador, que luego se da cuenta de la violencia real, aquí él se da cuenta de la ficción; para la segundo, aún el cine tiene mucha tarea, su historial ha dibujado estereotipos de la homosexualidad que nada ayudan a la normalización. La aprobación del matrimonio para todos es la parte oficial de la normalidad, ahora es el turno a las expresiones culturales de crear las emociones de esta normalidad.
Cine
parciales, celebro que siga habiendo cineastas que se acerquen a temas difíciles, y que los aborden con toda su complejidad, de manera original e impredecible. También celebro que existan espectadores receptivos a ese tipo de propuestas y que estén dispuestos a salir de sus zonas seguras de consumo. El cine, como el resto de las artes, es el reflejo de una realidad que existe. Creo que las películas son una herramienta muy poderosa, un medio que sirve para reflexionar sobre aquello que está mal, para avanzar hacia un futuro donde las cosas sean mejores y para unirnos como personas. Películas con dichas características incluyen títulos como: The power of the dog, de Jane Campion, que con su enorme sutileza logra cuestionar ideas relacionadas con la masculinidad establecidas por el país vecino. Flee, de Jonas Poher Rasmussen, poderoso documental cuyo testimonio profundiza en temas como el trauma y la reconstrucción de una identidad. Titane, de Julia Ducournau, que habla sobre aprisionamientos del cuerpo humano y la búsqueda de afecto en los rincones más imprevisibles. The Green Knight, de David Lowery, que subvierte la épica de fantasía medieval y el viaje del héroe. Estas, por mencionar algunas, son ejemplos de las grandes películas que nos deja este año que llega a su fin.
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LA GUALDRA NO. 508 /// 20 DE DICIEMBRE DE 2021
Las horas de la paz A la memoria de Graciela Solano Corona (1958-2021) t
Por Ángel Solano
Te vestí con el saco verde de lana que tanto te gustaba y con la blusa que te obsequié en uno de tus cumpleaños. Te cargué y acomodé tu cuerpo, ahora ligero, en la caja que escogí y compré para ti. Te vi pequeña y despreocupada. Me vi vacío y roto. Reconocí en mis pensamientos los textos de Amado Nervo, “Vida nada me debes, vida estamos en paz”. Ayer aprendí los colores. Cuando me llevabas a los mercados y tomaba una manzana; le daba el nombre de rojo. Una cebolla que para mí se llamaba blanco, o un plátano que por muchos años denominé amarillo. Ayer era pequeño y tú enorme. Hoy sigo siendo pequeño y tú inmensa.
Río de palabras
Te fuiste al amanecer del once de noviembre, unas cuantas horas después del aniversario luctuoso del poeta Rimbaud. Te abracé; aún sentía la tibieza de tu cuerpo que se fue apagando, lentamente, entre la luz de la mañana. Te puse música; escuchamos a John Lennon y George Harrison. Prendí el palo santo, que mi amiga Georgina me había regalado. Abrí la ventana y entonces… me ceñí al sol. Vi tus huesos y tu piel cortados, vi tus manos y pies deformes, vi tu dolor y lo hice mío, vi tu amor y fuimos unidad. Me vi en ti, y comprendí que la paz, es un instante de serenidad en medio del caos.
Disfrutar el trayecto t
Por Jorge Ortega
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ado el riesgo latente de las circunstancias en el segundo año de la pandemia del Covid-19 y las ineludibles asperezas de la vida diaria, difícil es pensar hoy en día en la paz como un estado de absoluta serenidad o placidez. Menos ahora que, por si acaso fuera poco la amenaza silenciosa del coronavirus, la violencia criminal está ya desatada por todo México y tanto la clase política como la sociedad civil en su conjunto nos ofrecen el más acabado ejemplo de polaridad ideológica. Ante tamaño escenario, no queda entonces más que asumir la paz en un constante marco de contingencia, viendo en la incertidumbre, la impunidad, la inflación económica y la inseguridad su más digno contrapunto. Es preciso reconocer así que la paz no puede
ser más una aspiración ni un punto de llegada, sino un modo de ser optimista en el caos, o bien, realista frente a la tentación del optimismo. Se trata, pues, de buscar la paz, no de esperarla, de aprovecharla como viene, marcada de angustias, no de idealizarla como una cosa inalcanzable. Por lo demás, no hay condiciones ni tiempo para las utopías. El paraíso está aquí, entre la penuria y el dolor, el quebranto y la desesperanza. Sí, anida en los remansos de concordia, alegría y quietud que nos brindan la amistad, el amor, la soledad, y desde luego las recompensas del arte, la imaginación y el diálogo cordial. Por esos felices momentos de excepción, sigue valiendo la pena vivir la vida y alzar la copa una vez por año para festejar esos instantes selectos de un 2021 y hacer votos para que ocurran los de 2022. Porque la paz no está al final del camino sino a lo
/// Juan Carlos
Villegas. Alce negro y su caballo blanco. Acriělico, craquelado con caseiěna y oěleo sobre tela. 2021.
largo del camino, en los inadvertidos recodos del paisaje de los acontecimientos. Basta aguzar la vista e ir tras la liebre del júbilo y la risa, el sosiego y
la camaradería, gozando los claros del bosque como las cataratas de un sol, una luz reconfortante. En tres palabras: Disfrutar el trayecto.
Tus ojos t
Por Pilar Alba
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ensé encontrar la paz alejándome de la ciudad, de este ruido y bullicio que cotidianamente destruye mis nervios con el estruendo de las explosiones subterráneas en las minas, la alarma del carro de la vecina que suena a la menor provocación. De la música de banda que suena a volumen excesivo en el departamento de los estudiantes, del cual solo descansamos los fines de semana. De los gritos de madrugada, de las peleas de los del once que llegan de la fábrica y en lugar de descansar se ponen a reprochar los gastos y el desequilibrio en su economía. Salí caminando,
me dirigí al cerro. Caminé y caminé pero seguía escuchando gritos, ruidos y reproches. Todo ese ruido, todas esas imágenes, esa incertidumbre, venían en mis pensamientos. Subí a lo más alto, no pude hacer nada más que gritar, fuerte, tan fuerte que rompí la paz de aquel lugar. Descansé, creí encontrar calma por un momento, pero inmediatamente volvieron los pensamientos. Regresé derrotado. En cuanto entré a la ciudad volvió el ruido, el movimiento. Vine a la casa. Aquí estabas tú esperándome. Abriste la puerta, me diste un abrazo y entonces todo fue para mí claro. La verdadera paz, como siempre, la encuentro en tus ojos.