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La Gualdra 507

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SUPLEMENTO CULTURAL

NO. 507 /// 13 DE DICIEMBRE DE 2021 /// AÑO 11

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

Juan Carlos Villegas. Capullo y Geranio [detalle]. De la serie Horizonte de sucesos. Acrílico, craquelado y óleo sobre tela. 32 x 60 cm. 2021.

“En Horizonte de sucesos, Juan Carlos Villegas remite una colección de postales desde el último rincón de lo visible, una pintura poética y profética, fechada desde un no-lugar y desde un no-tiempo. Un misterio solo revelado al ojo; vedado a la palabra. Horizonte de sucesos es una puesta en abismo de la mirada, rasgo que define no solo esta colección, sino buena parte de la obra de Villegas, alquimista de contrapuestas dualidades: figuración y abstracción, resueltas aquí y ahora, con temple e ironía, siempre con magisterio hipnótico”. Javier Acosta

[Más de la exposición Horizonte de sucesos, de Juan Carlos Villegas, en páginas centrales]


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LA GUALDRA NO. 507 /// 13 DE DICIEMBRE DE 2021 /// AÑO 11

La Gualdra No. 507

Editorial

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ncuentro en el placer de ver una de mis emociones más gratas, sobre todo cuando se trata de belleza y no me refiero con esto solo a lo bonito. Los últimos 19 meses que hemos vivido con pandemia, y tal vez por esa inminente cercanía que hemos tenido con el peligro de contagiarnos, con la muerte, generó un sentimiento de vulnerabilidad y la apropiación de una certeza que no me atrevía siquiera a pensar: no somos eternos. Duele incluso imaginarlo. Por eso he tratado de practicar, casi a manera de afición, encontrarles sentido a las cosas más sencillas, a tratar de disfrutarlas como no hacía antes, cuando pensaba -inconscientemente- que la muerte solo les toca a los otros, a los lejanos. No hace falta estar enfermos para empezar a ver las cosas de otra manera, he pensado en esto cuando recuerdo, por ejemplo, a amigos que ya no están y que en su proceso de enfermedad me lo llegaron a comentar: el roce de las sábanas al dormir, el olor del café por las mañanas, el agua tibia durante el baño, el sol que entra por la ventana, tu perro meneando la cola, el olor de un libro nuevo, adquieren un valor diferente cuando sabemos que algún día dejaremos de disfrutarlos. Hace apenas unos días conversé con un querido amigo sobre esto; lo encontré por casualidad en la calle cuando ambos regresábamos de caminar. Él estuvo enfermo durante todo este año y me alegró verlo después de tantos meses durante los cuales solo a través de llamadas, o de correos electrónicos, habíamos brevemente conversado. Me recordó una canción de los Rolling Stones de 1964, “Time is on my side”, al contarme que en la década en que salió, toda su generación, en aquel entonces muy joven, pensaba cándidamente que “el tiempo estaría siempre de su lado”... pero no. En el camino hemos ido dejando pesadas piedras construyendo una especie de potrero a los lados, impidiéndonos el paso y la visibilidad de lo que hay en los extremos, esos pequeños muros pétreos son los recuerdos y en muchas ocasiones nos impiden ver más allá. Durante estos meses hubo ocasiones en que no pude caminar por mis queridas calles del centro como solía hacerlo, por diversas razones, pero siempre tuve la visión de los cerros desde mi ventana, o las historias que, a su regreso, después de pasear a los perros, Juan Carlos Villegas me compartió durante este tiempo de encierro involuntario, pero necesario. “Vimos un caballo”, “Hoy me encontré a

un personaje en la Alameda”, “Nos topamos con un hombre en el Grillo hablando solo”, “La gente se está pintando el pelo de verde”, “Minerva es eterna”, “Ve esta foto de la inundación, hay vírgenes y santos, peluches y trebejos acumulados”, “¿Ya viste la luna?”. Empezó durante meses a entelar bastidores, y tuve la fortuna de ver cómo luego fondeaba las telas con diversos colores, a veces con el pincel, otras soplando en la superficie o metiendo los dedos de las manos. El tiempo sí estuvo de su lado, porque después comenzó a craquelarlos; capa tras capa de caseína una suerte de arrugas y grietas fue surcando las telas. Pensé que los dejaría así, ya eran paisajes -según yocompletos. Pero no. De esos potreros en el camino construidos de recuerdos durante la pandemia, empezó a quitar las “piedras” y las convirtió en personajes que fue agregando uno a uno, y ahí están, en esta nueva serie llamada Horizonte de sucesos, que se expondrá en Pájaro Rojo Galería, en Puerto Vallarta, esta tercera semana de diciembre. El resultado podrá verse no solo en la exposición, sino en el catálogo que puede descargarse escaneando el código QR que está en esta edición gualdreña. Estos personajes que son a veces reales, otras no tanto, sí registran, sin embargo, el tiempo vivido, el enclaustramiento, y una aparente soledad vivida. Digo aparente porque de alguna manera, los protagonistas de sus piezas parecieran encontrar en su “tona” o “espíritu protector” el acompañamiento necesario para transitar. Yo me quedo con eso, el tiempo está de nuestro lado mientras tengamos la posibilidad de seguir viendo, sintiendo, lo demás será energía, singularidad. Y de aquí a que caigamos en nuestro propio horizonte de sucesos, sigamos disfrutando la belleza en este mar de incertidumbres, y cantando, de ser posible, la de los Rolling Stones: Time is on my side, yes it is time is on my side, yes it is now you always say that you want to be free but you’ll come running back (said you would baby) you’ll come running back (I said so many times before) you’ll come running back to me.

Contenido Universidad pública: crisis y renovación Por Elena Anatolievna Zhizhko y Gali Aleksandra Beltrán

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Besar al detective, de Élmer Mendoza Por Miguel Ángel de Ávila González

Horizonte de sucesos de Juan Carlos Villegas Por Javier Acosta

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Horizonte de sucesos Por Juan Carlos Villegas

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Sora: el camino de regreso Por Juan Carlos Pinto Márquez

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Desayuno en Tiffany’s, mon ku Carmen Salinas y el estigma de la Corcholata Por Carlos Belmonte Grey

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The Green Knight, de David Lowery Por Adolfo Nuñez J.

Que disfrute su lectura. Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

Directorio

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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13 DE DICIEMBRE DE 2021

6 Por Elena Anatolievna

Zhizhko y Gali Aleksandra Beltrán*

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n el siglo XXI, la educación superior dejó de concebirse como un servicio público sino que se visualiza como una mercancía de alto valor, sometida a la regulación de relaciones oferta-demanda. Asimismo, las políticas educativas obedecen a las necesidades de la economía de libre mercado (Ortiz Morales, 2018, p. 159). En general, el desarrollo y funcionamiento de la Universidad se determinan por los factores y condiciones de la existencia de la sociedad en un momento dado: económicos, políticos, sociales, culturales. Así, la Universidad hoy refleja la nueva era científica de las probabilidades, la crisis por las incertidumbres (Tunnermann, 2001, p. 261); la desestructuración de las estructuras (De Alba, 2003, p. 50), con otras palabras, la destrucción, el individualismo, la incertidumbre, una crítica a ultranza y, como consecuencia, renovación, cambio, re-estructuración, surgimiento de nuevas ideas, nuevos paradigmas educativos. Ciertamente, la Universidad se encuentra en conflicto, su crisis se evidencia de manera constante. La situación caótica se manifiesta en las condiciones de trabajo lamentables de

/// Detalle de El jardín de las delicias, del Bosco. 1500-1505. Museo del Prado, Madrid.

los docentes y estudiantes: planes de estudios que se superponen, falta de espacio y materiales, burocratismo, medios económicos insuficientes, divergencias entre los requerimientos institucionales y las necesidades del individuo y la sociedad, aunados a esto los problemas de la pandemia de COVID. El poderoso motor que echa andar esta monstruosa máquina de “fabricación” de los “nuevos ciudadanos”, de hombres “corrientes” que capacite a los individuos de prisa para “ganar dinero” (Savater, 1997, pp. 221), es el capita-

lismo de vigilancia. Su principal soporte es el Internet que sirve como catalizador de cualquier información, a menudo negativa, agresiva, vulgar, asimismo aumentando la agresividad del hombre. Estas agresividad y vulgaridad llegan a tal grado que ni graves sacudidas de la vida, ni cataclismos naturales o sociales, ni pandemias (hablando de COVID), no logran que el hombre aprenda la lección, cambie su actitud (Vodolazkin, 2021, p. 32). Para poder hablar de transformaciones y el rescate de la Universidad Pública, es importante

comprender su complejidad situándola ante las ideas de globalización, desarrollo postindustrial, capitalismo vigilante, posmodernidad. La educación solo tendrá significación, impacto y valor cuando esté asumida de manera crítica, como acto pedagógico-político-socialepistémico-ético. Se trata de repensar sus estructuras que racializan, inferiorizan y deshumanizan y trazar pistas para una praxis distinta (Walsh, 2010, p. 18); instaurar la pedagogía decolonial que procure intervenir en la “refundación de la sociedad” (Freire, 2012). De tal suerte, parece que el contexto del mundo actual se presenta como una espada de dos filos para la Universidad. Por una parte, muestra su carácter dañino al extenuar las instituciones públicas y sociales del Estado, y el Estado está perdiendo su habilidad de controlar la actividad económica y las inquietudes políticas. Asimismo, abre nuevas posibilidades de reivindicación (con las TIC) para que los ciudadanos puedan construir redes de solidaridad y confianza que sobrepasen los límites y divisiones de sus propios países, se convengan a formar nuevas formas del tejido social con el Otro, para resolver sus problemas comunes.

Educación

Universidad pública: crisis y renovación

* Universidad Autónoma de Zacatecas. Unidad Académica de Estudios de las Humanidades.

Besar al detective, de Élmer Mendoza

de Ávila González

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n esta novela, Edgar el Zurdo Mendieta, de la policía ministerial de Culiacán, investiga un par de crímenes extraños: el primero la muerte de un adivinador trashumante que ha sido asesinado con mucha saña; el segundo, el de un vulgar ladronzuelo. Como el Zurdo no ha encontrado ninguna pista convincente acude al hospital en donde se encuentra Samantha Valdés, la jefa del cártel del Pacífico, para que uno de sus secuaces le dé algún indicio que le permita resolver los casos que le han sido encomendados. Este favor se lo cobran caro; solo por preguntar queda obligado a sacarla del hospital, lo que ocasiona otra balacera. Samantha había sido traicionada por uno de sus subalternos —el Tizón, que obedece las órdenes del Señor Secretario—, cayó en una emboscada y salió mal herida con un balazo en un pulmón. Gracias los buenos oficios de un médico, la lideresa burla la muerte y convalece

en el hospital que es tomado por el ejército y la policía federal. Mientras Samantha se recupera, sus guaruras convenientemente disfrazados de enfermeros y afanadores, entran y salen como si nada. Los métodos del Zurdo no son ortodoxos, ni es un policía ministerial honesto, por sus nexos con los sicarios, sus procedimientos no se rigen siempre por la legalidad, lo que queda muy bien reflejado en la forma de investigar. Los buenos no siempre son buenos, ni los malos siempre malos, y en esta novela mucho menos. Los que un día están del lado del bien, al día siguiente, si no están muertos, pueden estar del lado del mal, y viceversa. El Zurdo Mendieta es un claro ejemplo de esto, está a medio camino entre ambos bandos. Enamorado de Samantha, lo mismo que de Edith, la amiga de la agente Gris Toledo y de Susana -su exmujer, madre de su hijo Jason- el detective se muestra no muy bien dotado en las artes de la inteligencia emocional. Destituido como policía ministerial, pero no encarcelado, el Zurdo anda a salto de mata hasta que se en-

tera que su hijo Jason, radicado en Los Ángeles, ha sido secuestrado. Cuando el Zurdo cruza la frontera para localizar a su hijo, salen más personajes, interviene el FBI y nadie sabe quién maneja los hilos de la madeja. Estamos acostumbrados a las historias más extravagantes y nos hemos vuelto expertos en aceptar lo que nos platiquen porque los sucesos cotidianos nos han preparado para lo que sea: túneles que se construyen bajo los penales de alta seguridad, actores y actrices que sostienen encuentros con capos para entrevistas y escribir el guion para su filme autobiográfico. La trama principal de la novela es el asfixiante, el violento y caótico mundo del narcotráfico y la lucha policial contra esa lacra social, un negocio que mueve miles de millones de dólares que pasan de manos a otras con facilidad. El destino final de la droga es el mercado de Estados Unidos. También estamos dispuestos a creer que la droga camina sola hasta el consumidor final. Las novelas del narco son el resultado de la cultura de los testigos que prefirieron el anoni-

Libros

6 Por Miguel Ángel

mato de las fuentes no reveladas, de los trascendidos, de los rumores, de las palabras tras bambalinas. Y, desde luego de la impunidad. La trama de Besar al detective deja claro que cuando de esto se trata nadie sabe quién está detrás de la trama, nadie sabe quién mueve la cuna, o dicho de otra forma: las carambolas golpean en todas direcciones. *** Élmer Mendoza, Besar al detective, Random Hause, México, 2018.


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Artes Plásticas

Horizonte de sucesos de Juan Carlos Villegas 6 Por Javier Acosta

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oros (límite), kiklos (rueda, círculo): el horizonte es lo que se mira en el límite. En ese límite que sin saberlo te rodea; en esta lejanía que te roza la piel. Por eso estás aquí, para mirar el límite del ver: das un paso adelante, te aproximas al cuadro, te adentras en/por la fractura de lo real. Miras estos paisajes, miras el límite del ver. Aquí, donde la profundidad es confrontada por la más craquelada superficie. Un horizonte de sucesos es la frontera del espacio-tiempo. La colindancia está forjada por una abrupta serenidad, por un desfiladero de lo visible. Si la realidad está compuesta por espacio-tiempo, en su límite, el tiempo es un lugar y el lugar un instante. ¿Es un dónde o un cuándo? No sé, pero los altos muros de lo real están ahí, a plomo, en su (todavía) inmóvil caída. Breve historia de la pintura: se comienza por pintar cosas, luego se pinta la distancia, después se pinta el ver. Por eso estás aquí, miras las cosas, miras la distancia, miras el límite del ver. Un animal te sigue, te lleva o lo transportas, va contigo: un cetáceo boreal, un guajolote, un cuervo, un caballo, un sencillo pollino. Vienes aquí, vestido para la ocasión (kairós) del ver. Es ropaje o adorno. Tú la elegiste, para contradecir con ropas de domingo, el día de hoy, sin santoral, sin fecha. ¿Cuánto tiempo has llevado tu disfraz? ¿Cuánto tiempo has evadido la mirada del abismo? Si pudieras un poco más, pegar el ojo a la pared, mirar por esa grieta, que deja ver la luz que es pura oscuridad, la oscuridad que es pura luz. Quizá palpar la grieta que todo lo recubre. ¿Qué sostiene el telón, es el barniz del tiempo, el esmalte precario de la vista? Mira esos personajes dispuestos al borde de la profundidad, a la orilla del plano vertical. Como si a través de sus ojos pudieras ver la impenetrable y última versión de la mirada. Mira esos animales, impasibles. En Horizonte de sucesos, Juan Carlos Villegas remite una colección de postales desde el último rincón de lo visible, una pintura poética y profética, fechada desde un no-lugar y desde un no-tiempo. Un misterio solo revelado al ojo; vedado a la palabra. Horizonte de sucesos es una puesta en abismo de la mirada, rasgo que define no solo esta colección, sino buena parte de la obra de Villegas, alquimista de contrapuestas dualidades: figuración y abstracción, resueltas aquí y ahora, con temple e ironía, siempre con magisterio hipnótico.

/// Juan Carlos Villegas. Arcadia. Acrílico, craquelado y óleo sobre tela. 32 x 60 cm. 2021.

/// Juan Carlos Villegas. Estrellita binaria. Acrílico, craquelado y óleo sobre tela. 32 x 60 cm. 2021.

[Fotografía: Julián Hugo Guajardo Esparza]

La exposición Horizonte de sucesos, de Juan Carlos Villegas, se inaugura el 15 de diciembre a las 19:00 Hrs., en Pájaro Rojo Galería, en Puerto Vallarta Jalisco.

Ver el catálogo completo aquí:

/// Juan Carlos Villegas. Horizonte de sucesos. Detalle. Acrílico, craquelado y óleo sobre tela. 32 x 60 cm. 2021.


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13 DE DICIEMBRE DE 2021

Horizonte de sucesos

6 Por Juan Carlos Villegas

Para Jánea, por las ideas y el acompañamiento en el desarrollo de esta serie

/// Juan Carlos Villegas.

/// Juan Carlos Villegas. Mar de la entropía. Acrílico, craquelado y óleo sobre tela. 32 x 60 cm. 2021.

/// Juan Carlos Villegas. Paloma y Corazón. Detalle. Acrílico, craquelado y óleo sobre tela. 32 x 60 cm. 2021.

/// Juan Carlos Villegas. Jesús argonauta. Detalle. Acrílico, craquelado y óleo sobre tela. 32 x 60 cm. 2021.

/// Juan Carlos Villegas. Laniakea. Detalle. Acrílico, craquelado y óleo sobre tela. 32 x 60 cm. 2021.

Artes Plásticas

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inté estos 18 lienzos a lo largo de toda la pandemia reflexionado acerca del ser humano visto desde su situación de soledad y aislamiento; a pesar de que por naturaleza somos gregarios no podemos escapar de nuestra condición solitaria, nuestra unicidad; de alguna manera la pandemia ha potenciado una asimilación más consciente de que llegamos solos a este mundo y así partiremos: no podemos escapar a nuestro sino por más acompañados que transitemos nuestras vidas. Mientras pintaba esta serie me acompañé también de reflexiones y lecturas relacionadas con nuestra realidad física; eso me llevó a asomarme al mundo de la astrofísica y la física cuántica, temas de sumo interés para mí pese a la dificultad y misterio que

entrañan para su comprensión; me atrae tanto lo infinitamente pequeño como lo inconmensurable del universo... el tema de la singularidad, los agujeros negros, su energía y los límites de la realidad tal y como la conocemos; todo esto se fue ligando con la iconografía en mis cuadros como metáfora de situaciones extremas de la vida y su entorno. Me he servido también de los fondos craquelados cuya técnica he trabajado a lo largo de los últimos años; estas superficies funcionan lo mismo para representar lo infinitamente lejano como para lo inquietantemente cercano, pretendo que tal ambigüedad refuerce esas sensaciones que busco provocar en el espectador a través de esa especie de geometría extraña. Los personajes inmersos en esos paisajes solitarios viven en esa realidad tan efímera -y/o tan perenne- de la que no pueden escapar; como todos, están irremediablemente encaminados a su fin, su muerte, a su caída en el horizonte de sucesos.


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LA GUALDRA NO. 507

Sora: el camino de regreso 6 Por Juan Carlos Pinto

Fotografía

Márquez

A

lzar la mirada es la materialización del deseo primigenio de elevar la conciencia. Escudriñar el cielo en busca de signos y significados es una tarea tan antigua como la propia humanidad. Recinto de las divinidades y campo fértil para las hierofanías, el cielo es inevitable y omnipresente; siempre por encima de nosotros, a veces inalcanzable, es cuna de todo regocijo, esperanza y temor milenarios. Todo empezó como una nota informativa mal colocada en la parte más somnolienta del noticiero nocturno, luego se convirtió en un goteo de temor que salpicaba cada vez más frecuentemente nuestras pantallas y, sin darnos cuenta, se convirtió en un torrente de miedo que finalmente se desbordó… y quedamos anegados. La inundación se extendió y este mundo se llenó de islas. El tiempo pasaba y los mares parecían hacerse más anchos y profundos, el número de muertos crecía y las fronteras —entre países y personas— se cerraron. Así, varado, construí un puente con mi cámara y la apunté al cielo en busca de un camino de regreso. Entregado a esa tarea que en un principio fue casi instintiva, las fotografías del cielo se fueron acumulando. A veces empeñado en un silencio azul, a veces elocuente de nubes y matices imposibles, el cielo de Japón me fue hablando sin responder a mi pregunta sobre el camino de regreso. Al final, el tiempo me respondió y después de dos años y un mes toma forma este proyecto, el que siento más íntimo hasta la fecha. Esta exploración de un tema tan vasto se guía por dos ejes que emanan de los significados del carácter japonés para cielo: sora. Sora, en el sentido más literal de la palabra, puede significar cielo, y en cada fotografía la presencia del cielo, evidente o metafórica, es el escenario gráfico de esta colección. Sora puede referir también la idea de vacío o vacante: esta acepción no solo se refiere a un estado físico necesario para que los fenómenos estelares —propios y extraños— se manifiesten; hace alusión, además, a un vacío contemplativo, relacionado con el término budista shuniata mediante el cual es posible acceder al estado de conciencia que permite comprender de la realidad. Shuniata está íntimamente relacionado con el Mono no Aware, concepto de la estética japonesa que denota la belleza que radica en la impermanencia de las cosas. Así, la presencia efímera que se concreta en halos apocalípticos, rayos tímidos, nubes infantiles, cuervos navegantes, palomas inquisidoras, humanos y aviones que vuelven con la nostalgia compone, evidencia y resignifica el vacío que les antecedió. Sora… es la invitación a repetir un viaje íntimo en el que cada imagen es una señal que fue marcando una vía hasta entonces desconocida. La distancia, el anhelo, la conciencia de la impermanencia del mundo y la propia son los componentes de este camino que implicó, a final de cuentas, un viaje de regreso a mí mismo. Creo. Tomar una fotografía es establecer

una conversación con el mundo más allá de su aspecto físico, pues hacerlo implica sondear la esencia del sujeto revelada por el choque armonioso entre un instante y el poder transformador de la luz. En cada imagen que trasciende el momento efímero en que se presiona el obturador, se mezclan el río del tiempo que condujo hasta ese punto, las experiencias y los deseos, lo reído y lo llorado, lo olvidado, lo recordado, todo lo que aconteció y aquello que se quedó en la dimensión de lo que pudo haber sido y no fue; así, nuestra expectación del futuro puede antojarse brillante y benévola o terrible y feroz al tiempo que nuestra propia proyección nos hace señales desde allá donde los deseos y los miedos hacen su ronda.


13 DE DICIEMBRE DE 2021

Sora, el camino de regreso es una colección producida en Medea / Fine Art Printing al cuidado de su autor, quien también se hizo cargo de la curaduría junto con Magdalena Okhuysen y Zoyla Fernández. La obra estará expuesta en Alicia Foto&Café durante el primer semestre de 2022; se inaugura el 16 de diciembre a las 19:00 Hrs.

Fotografía

Por lo mismo, cuando el sujeto fotografiado desvela su lenguaje y responde a nuestra invitación, es preciso guardar silencio y escuchar, más que con los ojos, quizá con el alma, a veces con la mente y siempre con el corazón para percibir cómo esas voces anudadas ofrecen la transformación del instante y su simultánea saturación de posibilidades; y, de estas, elegimos una para expulsarla del tiempo, para presentarla al mundo en busca de espectadores que quieran entretejer su voz y participar de una imagen que late por primera vez.

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LA GUALDRA NO. 507 // 13 DE DICIEMBRE DE 2021

Cine

Desayuno en Tiffany’s, mon ku

Carmen Salinas y el estigma de la Corcholata 6 Por Carlos Belmonte Grey

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staba empezando a escribir sobre las nominaciones de los premios Lumières de la Prensa en Francia, cuando me enteré de la muerte de Carmen Salinas. Fue una actriz que se dedicó a una industria y un cine a las antípodas del tipo de cine que generalmente aquí se comenta y justamente del que abrevan los críticos culturales: el cine comercial y popular frente al cine llamado intelectual o de autor. La Corcholata es el personaje que funcionó como calificativo por la prensa para identificar

a Salinas. Salido de la película Bellas de noche (Miguel Delgado, 1975), este fue el arranque -como primera actriz- de su fructífera carrera en el género del cine ficheril y sexy-cómico. Este personaje, lo mismo que sucedió con varios actores, quedó metido en conversaciones cotidianas del espectador siempre en tono burlesco y peyorativo. Un personaje y otros del estilo que llevaron a la actriz Carmen Salinas a ser continuamente denostada, insultada y pocas veces tomada con respeto por los sesudos comentarios de comentadores culturales y creadores artísticos. El cine popular, populachero y de público

masivo del que ella se hizo conocida y una de las principales actrices ha cargado igualmente estos peyorativos estigmas. Este estigma populachero lo llevó a cuestas cuando en 2015 fue diputada por el Partido Revolucionario Institucional. Las críticas le llovieron porque nadie la consideraba ni estudiada ni preparada para puestos políticos de envergadura y era tachada más como un mero movimiento populista del PRI. Como si la actuación profesional no requiriera formación y los actores fueran en realidad personajes de sus películas, o por el otro lado, como si los políticos fueran excelsos intelectuales y universitarios.

Salinas sufrió la extensión de sus personajes a la identidad personal. Como sucedía con los actores hollywoodenses desde la década de 1930 en que el público quería verlos en su vida personal dotados de la misma envergadura que en el fantástico mundo del cine. Solo que Salinas no estaba envuelta por la parafernalia del glamour. Justo me preparaba para una serie de entrevistas con actores del cine de los años 1970 y 1980, entre cuyos actores tenía en cabeza de lista evidentemente Salinas, ahora esa lista la tengo que actualizar y debo darme prisa en hacerlas.

The Green Knight, de David Lowery 6 Por Adolfo Nuñez J.

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l día de Navidad lo celebra el Rey Arturo (Sean Harris) en compañía de su esposa Ginebra (Kate Dickie) y de sus caballeros de la mesa redonda. También los acompaña Gawain (Dev Patel), el joven sobrino de Arturo, quien ese día ha sido invitado a sentarse a un lado del rey. Sin previo aviso, irrumpe en el festejo un gigantesco caballero (Ralph Ineson), cuya piel y armadura son color verde. Este extraño ser también porta una enorme hacha, con la que plantea un desafío a todos los presentes, que consiste en otorgar dicha arma a quien le aseste un golpe con su espada. La condición es que, aquel que decida aceptar el desafío, deberá viajar un año después a la guarida del caballero, para recibir el mismo golpe. Con el afán de demostrar su valentía, Gawain acepta el reto y, sin comprender del

todo su lógica, decapita al enorme ser color verde. Este se levanta, ante la mirada atónita de los presentes, toma su cabeza entre sus manos y, antes de retirarse, le recuerda al joven sobrino del rey que el desafío sigue en pie. En un año que pasa con demasiada rapidez, llega la siguiente Navidad. En su viaje de ida, Gawain tendrá que encontrar la valentía suficiente para cumplir con su parte del reto, así este le asegure la muerte a manos del caballero verde. Adaptada del poema del mismo nombre, The Green Knight (2021), la más reciente película de David Lowery, se enfoca en esa travesía hacia lo desconocido. El director parte del arquetípico viaje del héroe dentro de la épica de fantasía, subvirtiendo las reglas de dicha estructura de manera inventiva y evitando sus lugares comunes. Al mismo tiempo, el cineasta cuestiona conceptos como la valentía, el heroísmo y el

honor. Esto lo hace a través de un protagonista que no tiene entendimiento de lo que dichas ideas significan en realidad pero que, al mismo tiempo, comprende que son esenciales dentro de la jerarquía social de la que forma parte. El Gawain encarnado por Patel es un hombre vulnerable, cobarde, de hazañas cuestionables y cuya altura moral, tan propia de un caballero, rara vez es demostrada. De ese modo, el filme de Lowery pone en duda algunas nociones que se tienen respecto a la masculinidad heroica tan característica de la narrativa medieval. A su vez, el viaje de Gawain se detiene en cuestiones relacionadas con la finitud humana y el vacío existencial que esta implica. En ese sentido, el relato encuentra paralelismos en su temática con A ghost story (2017), la obra más destacada en la filmografía del realizador, que también se centra en el enigma de

la muerte y el temor hacia la incapacidad de trascender. En tiempos tan inciertos como los actuales, The Green Knight es una inquietante, pero también reconfortante propuesta sobre el fin de los tiempos y la inevitabilidad que, al igual que la naturaleza, lo consume todo. Con una imaginación desbordante y un trabajo visual portentoso, el realizador David Lowery confronta esa cruzada que cada persona emprende en su vida y que concluye siempre, sin ninguna excepción, en el mismo destino.


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