SUPLEMENTO CULTURAL
NO. 505 /// 29 DE NOVIEMBRE DE 2021 /// AÑO 11
DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN
Carlos Cociña. Guadalajara 2018. Foto de José Antonio Gaar.
Con sus 70 años, Carlos Cociña es el más joven de todos los poetas chilenos; así lo describe la crítica chilena, entre otras cosas porque el poeta ha logrado influir en una enorme tribu de lectores y escritores jóvenes de Latinoamérica, en parte por haber sostenido durante 40 años una poesía que no ha dejado de ser una experiencia peculiar con los materiales del lenguaje. Carlos Cociña es contemporáneo en la raíz, su preocupación por la experiencia humana es fundamental en tiempos donde el mercado domina muchos espacios.
[Octavio Gallardo entrevista a Carlos Cociña, en páginas centrales]
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LA GUALDRA NO. 505 /// 29 DE NOVIEMBRE DE 2021 /// AÑO 11
La Gualdra No. 505
Editorial
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odas íbamos a ser reinas, es el nombre del documental estrenado el 25 de noviembre a través de la Red de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y Culturales de México. La dirección, la fotografía y el montaje son de Yain Joel Rodríguez Alvarado; la producción y el guion estuvieron a cargo de Aurelio Carrillo; la fotografía aérea fue realizada por Emilio Reynoso; y el sonido directo, por César Rodríguez. Se trata de una producción independiente hecha en Zacatecas y muy bien hecha, además. “Una mujer es asesinada cada dos horas en América Latina por el hecho de ser mujer”, así inicia el documental producido por Astronauta Films; la entrada nos avisa de lo que tratará esta historia de 30 minutos en los que se concentran años de concebir a la mujer como “un ser humano de segunda”, como bien lo dice una de sus protagonistas. La siguiente escena es nocturna: una bandera de México ondea mientras una voz en off recuerda el caso de Claudia, de 25 años, un feminicidio paradigmático por la saña con la que se llevó a cabo: tenía 8 meses de embarazo cuando murió a manos de su propio hermano; los detalles son escabrosos, incomprensibles. ¿Recuerda el corrido de “La Martina”? Un hombre “ofendido” lleva a la hija de regreso a casa de sus padres: “Suegros, aquí está Martina, que una traición me jugó”. El padre contesta: “Llévatela tú, mi yerno, la Iglesia te la entregó, y si ella te ha traicionado, la culpa no tengo yo”. El yerno la mata ante la mirada de sus padres. Esta normalización de la violencia es parte de una “educación sentimental” generalizada, y el corrido lo seguimos cantando. Asumir implícitamente que los hombres tienen el poder absoluto sobre las mujeres, como fenómeno cultural sigue dándose, y no solo por este tipo de canciones sino por otro tipos de prácticas cotidianas. En el documental se cuentan historias como la de una mujer que narra cómo murieron su madre y su hermano a manos de la pareja de su madre; también el de otra mujer que habla de su relación con un hombre maltratador, ella afirma que establecer una relación con él fue “consecuencia de toda esa educación que había tenido durante años... de lo que yo veía con las mujeres de mi familia... era común que todas dijeran que el amor era aguantar, era sufrir, para todas era muy normal padecer una relación con un hombre”. El testimonio de una mujer integrante
de la comunidad wirrárika es también demoledor, ella recuerda cómo a los 12 años estaba a cargo de sus hermanos, cuando el maíz para alimentarlos terminó y salió a buscarlo en el camino la encontró un hombre que ofreció llevarla a donde iba, pero la llevó a otro sitio “Yo tenía 12, él tenía 40... él abre la puerta... empieza a platicar que había fallecido su esposa, que si no quería ser su esposa, yo le digo que no, empecé a llorar”. No supo que lo que pasó había sido una violación, porque ni siquiera le quitó la ropa, ella pensó que “era normal”; los detalles de su entorno familiar, devastadores, hacen que imaginemos el por qué en ese momento ella pensara que lo que le pasaba era el pago “por ser mujer”. A esta historia le siguen más, igual de dolorosas. La ciudad como personaje cubre estos testimonios de terror sobre hechos que continúan diariamente y que estas mujeres nos comparten con valentía, aún y cuando el dolor, la tristeza y el coraje hacen que paren por momentos “Siempre quiero creer que ya no duele”, dice una de ellas casi para finalizar, mientras enjuga sus lágrimas. “Para hacer un cambio hay que hacernos notar”, dice alguien más, mientras escenas de las marchas recientes en contra de la violencia contra las mujeres aparecen de fondo, porque esto “Sigue ocurriendo, y cada vez con más saña”. Todas íbamos a ser reinas es un trabajo pertinente y bien realizado y más allá del buen recibimiento que en festivales auguro tendrá, se convierte desde ya en un referente de la memoria. Hay que seguir visibilizando lo que sucede, para prevenir las violencias, para combatirlas. Comparto con ustedes la letra de la canción final, autoría de Frida Rodríguez -cuyo máster fue hecho por Eugenio Enciso-: “Tendrá que llegar el día que dejen de culpar a aquellas que se atrevieron a soñar: la que sale a bailar, la que sale a luchar, todas las que salieron a trabajar. Nuestras voces uniremos, esto no lo merecemos, con la gente indiferente terminemos. Las que no están aquí, las que estamos buscando, a ustedes, a todas las seguimos nombrando, en el viento, en los libros, en los cantos y versos, y en todos nuestros logros por cumplir, y por sus sueños robados haremos sonar su ausencia, y a las que siguen aquí: yo sí les creo”. Yo también. Que disfrute su lectura.
Contenido Per aspera ad astra [Comentario al libro Clarice Lispector. Rostros, voces y gestos literarios] Por Javier Acosta
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El poema no es indispensable, pero sí necesario para mostrar la inutilidad de las certezas, y la magnífica fragilidad de estar [Entrevista al poeta chileno Carlos Cociña] Por Octavio Gallardo
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Ruptura de ruido, Requiem, de Eclipse Román Por Armando Salgado
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Desayuno en Tiffany’s, mon ku L’homme de la cave (El hombre de la cava): el negacionismo vivo Por Carlos Belmonte Grey
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The power of the dog, de Jane Campion Por Adolfo Nuñez J. Judeodescendientes en la Nueva Galicia durante el siglo XVI. Los Temiño de Bañuelos Por Thomas Hillerkuss
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Finales perdidas que se ganaron Por Edgar A. G. Encina
Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com
Directorio
Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx
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La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.
Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com
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Per aspera ad astra 6 Por Javier Acosta
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scribir es una maldición de salva”, dice Clarice Lispector. No solo el deseo de escribir, también el de leer: la maldición que salva. El misterio consiste en que quien no lee o quien no escribe, quien no abriga ese deseo, no percibe el ambivalente halo de maldición y salvación que envuelve a la literatura. Quien haya leído obras como la de Lispector lo sabe; quien haya sentido el enigma de su escritura lo constata. Se trata de una escritura que fascina por su rotundidad y precisión en la misma manera que exige al lector internarse en alturas y profundidades insospechadas. Per aspera ad astra, decían los antiguos. Las alturas son escarpadas. Esta expresión nos avisa de los muchos rigores de la belleza, de las inclementes leyes que rigen la experiencia literaria, cuando nos es dado encontrarla. Dura lex, sed lex, “la ley es dura, pero es la ley”, aprendí en los pizarrones de la facultad de Derecho. La belleza es dura, pero es la belleza, se puede aprender de ciertos libros y de ciertos renglones, también de aquello que Lispector llama, con sencillez y nervio, la entrelínea de la escritura. Clarice Lispector. Rostros, voces y gestos literarios, volumen coordinado por Elsa Leticia García Argüelles, aborda a una figura estelar de la literatura brasileña del siglo XX, cuya presencia crece tanto entre el común de sus lectores, como entre la crítica. Se trata de un astro en fase creciente, que se desplaza hacia el centro del canon de la literatura latinoamericana. Como señala su coordinadora, el libro surge con motivo de la celebración del coloquio internacional “Clarice Lispector. Autoría, representaciones y recepción de su obra (archivos de la fundación Casa de Rui Barbosa)”, organizado a iniciativa de la misma doctora Argüelles en el año de 2018, bajo los auspicios de la UAZ y el IZC. El volumen reúne trece ensayos sobre la obra de la escritora brasileña desde distintas perspectivas críticas; pero desde una misma pasión por sus letras. De ahí que no sea un libro al uso de los estudios académicos o academicistas, sino que podemos encontrar una perspectiva celebratoria, que acompaña bien la interpretación, el análisis y la crítica de los colaboradores. El libro se divide en cuatro secciones, la primera destinada a la crítica genética en Brasil, concretamente a los archivos de la casa de Rui Barbosa; el segundo a la recepción y a la crítica en México a partir de los manuscritos de Lispector; otro a la representación femenina y al cuerpo en la narrativa lispectoriana; por último, una sección que ofrece aproximaciones a “otros rostros” de la autora. Mención especial merece la afilada elegancia del prefacio, escrito por Claire Varin. Va un fragmento: (Clarice Lispector) “participaba principalmente del misterio que nos atraviesa a todos, que en el exis-
tir toma la forma de los objetos más simples —una mesa—; más evidentes —un huevo—; de los animales más descuidados —las gallinas, que de pequeña sabía imitar—; los más odiados —las cucarachas.” (p. 15) Dentro de sus variadas perspectivas, una parte sustancial de la contribución del libro —sus dos primeras secciones— tienen que ver con la crítica genética, es decir, con el cuidado y el estudio de los archivos personales la escritora. En su ensayo sobre el manuscrito de Agua viva, la doctora García Argüelles establece el objeto y sentido de los estudios genéticos: “La crítica genética surge como una rama de la crítica literaria y los estudios de la recepción, línea de investigación que tiene como fuente de trabajo los manuscritos ‘privados’ del escritor, mientras que el libro pertenece al ámbito de lo público en términos editoriales y de recepción”. (p. 138) Los manuscritos de Lispector se encuentran resguardados por la ya mencionada Casa de Rui Barbosa, institución brasileña ejemplar, cuya misión conservación y estudio es llevada
a cabo por una de sus instancias, el ArchivoMuseo de Literatura Brasileña fundado en 1972, según nos informa ampliamente Luis Felipe Dias Trotta en el ensayo que aborda la “trayectoria, prácticas y desafíos” de dicha institución. Los colaboradores de este libro que cultivan la crítica genética incluyen varias imágenes de los manuscritos de Lispector, que analizan con perspectiva crítica y hermenéutica. El estudio incluye también la correspondencia (como es el caso del estudio de Cesar Lima “Las cartas errantes de Clarice Lispector”), mostrando el camino íntimo y social de la escritora, ante la recepción crítica de su obra, así como el trato con las editoriales, comentado por la misma escritora en conversación con sus colegas. Por otro lado, el estudio del archivo personal de la autora permite tomar en cuenta la serie de posibilidades y las decisiones que debió tomar, lo que arroja una visión ampliada sobre la persona y la obra. Me detengo un momento en el ensayo de Eliane Vasconcellos que subraya la importancia del archivo del libro, es decir, de la
suma de posibilidades que, como una nube de virtualidades, lo envuelve y le sigue dando vida al libro que, por ser publicado, de alguna manera está muerto. Tomo una cita de la autora. Le paso el traductor de Google, por aquello de los falsos amigos: “Para Clarice, el libro publicado es un libro muerto (Lispector, 1991). Y la misma autora, en 1975, declara: ‘Ahora he aprendido a no romper nada. Mi empleada, por ejemplo, tiene la orden de dejar cualquier pedacito de papel con alguna cosa escrita así como está’ y completa ‘Ay, Dios mío, rompí tanto’”. (P. 35) Eliane aclara, de manera breve y puntual, el valor del estudio del archivo de Lispector: “Así, por la ausencia de cierto tipo de material o por la presencia de otro, se puede establecer el programa de escritura de Clarice Lispector, su inquietud, conciencia reflexiva”. En su aproximación a los manuscritos de la autora, Elsa Leticia García deja ver que la atención al archivo personal es un asunto particularmente interesante en el caso de Lispector, ya que la escritora documenta las numerosas opciones que consideró en la preparación de sus obras, por ejemplo para decidir el título de sus libros, también en la selección de los epígrafes para el patrocinio comprensivo de su obra y del proceso creativo en su conjunto. La consideración es pertinente, ya que Lispector es, entre otras cosas, una concentrada pensadora de la escritura y de la subjetividad autorial: inquietante y profunda pensadora de la escritura, de esa maldición y salvación que entraña. Cito un concentrado pasaje de Leticia García sobre el carácter clarividente y desgarrado de Lispector (156): “Su inteligencia acompaña su soledad; su escritura se ciñe al silencio. Sus formas para convertir la ‘fealdad’ o el ‘error’ en algo creativo y bello, y su estética se solidarizan con palabras como misterio, extrañamiento, transfiguración, transmutación, soplo, pulsación, y contemplación de la palabra que se transforma en luz en medio de la sombra”. No puedo sino acudir a las viejas soldaduras de la memoria, que trae para mí los versos seminales del Anthem de L. Cohen, otro escritor judío y visionario: “there is a crack, a crack in everything/ that’s how the light gets in”. ¿Qué se debe rajar, en el caso de Lispector? Leemos en La pasión según G.H.: “Lo indivisible solo me podrá ser dado a través del fracaso de mi lenguaje”. Los ensayos que se recogen en este libro se ocupan del doble significado de la entrelínea lispectoriana. El primero es el misterio de la escritura, es decir su posibilidad de remitir a lo “no-palabra”. El segundo significado es el régimen de la multiplicidad potencial, la virtualidad de sentidos que implica el proceso creativo. *** García Argüelles, Elsa Leticia, Clarice Lispector. Rostros, voces y gestos literarios. Universidad Autónoma de Zacatecas / Embajada de Brasil. México, 2021.
Libros
[Comentario al libro Clarice Lispector. Rostros, voces y gestos literarios]
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Poesía
El poema no es indispensable, pero sí necesario para mostrar la inutilidad de las certezas, y la magnífica fragilidad de estar [Entrevista al poeta chileno Carlos Cociña] 6 Por Octavio Gallardo
gran cambio cuando se comienza a utilizar la imprenta de tipos móviles traspasada desde oriente. Ese cambio del siglo XV se mantiene hegemónico hasta el siglo XX, cuando aparece la computación. Ahí, el soporte de la escritura y las imágenes es otro. Ante eso, estimé, en tanto el soporte condiciona la recepción de lo escrito, que había que abordar dicha condición, tratando de utilizar las herramientas y condiciones que el medio propiciaba. Por ello elaboré una página web, en 2003, desarrollando libros específicamente para ese medio, y no como remedo de los otros. En la actualidad se han ampliado exponencialmente sus posibilidades, y posiblemente se llegará a que se pueda incorporar, además del sonido y lo visual, la textura y los olores. Sin embargo, la literatura, oral o escrita se mantendrá en todos estos medios, conviviendo y siendo cada uno de ellos un elemento esencial de la forma de recepción de los textos.
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on sus 70 años, Carlos Cociña es el más joven de todos los poetas chilenos; así lo describe la crítica chilena, entre otras cosas porque el poeta ha logrado influir en una enorme tribu de lectores y escritores jóvenes de Latinoamérica, en parte por haber sostenido durante 40 años una poesía que no ha dejado de ser una experiencia peculiar con los materiales del lenguaje. Carlos Cociña es contemporáneo en la raíz, su preocupación por la experiencia humana es fundamental en tiempos donde el mercado domina muchos espacios; él dice: “El poema no tiene efectos en el área de lo utilitario, no es práctico en el sentido del valor de cambio, pero sí de uso. Su lectura, o escucha, altera el código que lo sostiene y el de quien opera con él”. Cociña ha robado o extraído de diversos registros como la ciencia y la arquitectura, los recursos para hacer una poesía que suspende lo lírico, y donde nada se repite. Para señalar un ejemplo, el poeta, ha sido citado en diversas ocasiones en el mundo como uno de los primeros escritores en ejecutar un ejercicio marcado por las posibilidades de la web y el azar, donde dos de sus libros pueden ser leídos en internet, en la página poesíacero.cl solo en la medida en que uno pulsa y se abre aleatoriamente un poema. Pronto se presentará La casa devastada editada por Mangos de Hacha y ya ha sido estrenado el libro Derecho al olvido basado en su obra Pensamiento inédito y disponible bajo demanda en librerías de México. Desde su primer libro Aguas servidas Carlos Cociña ha ampliado la experimentación lírica y ha dotado a la poesía de una impronta que reconoce en el lenguaje de los otros su propio y particular referente, y que produce, al final, una rara pero admirable belleza. Octavio Gallardo: ¿Cuáles son los materiales con que se construye -construyes- un poema? Carlos Cociña: Palabras que pretenden acercarse a lo innombrable. Tratar de construir, de vislumbrar el sentir, no tener palabras para aquello que sucede. OG: ¿Crees que escribir poesía es una forma de habitar el mundo y en qué medida te resulta necesaria? CC: Es una forma de habitar y construir mundo, aportando un objeto, sin utilidad práctica, que se inserta en la reali-
/// Carlos Cociña. Guadalajara 2018. Foto de José Antonio Gaar.
dad, y se concatena con ella. El poema no es indispensable, pero sí necesario para mostrar la inutilidad de las certezas, y la magnífica fragilidad de estar. OG: Tu primer libro, Aguas servidas, nace con la dictadura militar de Pinochet como contexto, ¿en qué medida te relacionaste escrituralmente con ese proceso? CC: Cierta incomodidad comienza a gestarse antes, que se radicaliza con el golpe de estado, una guillotina que cercena la vida en los cuerpos, la comunidad y los proyectos. La radical utilización de infundir miedo y control impregna todo el devenir. Ante esto, cualquier acción que implique cierto grado de libertad, se transforma en un gesto de resistencia y posibilidad de liberación. Utilizar las palabras y la escritura ajenas a la opresión, es una
forma de afirmar presencia, apuntando a aquello que no se debe ver, sentir o mencionar. OG: Ha llamado la atención la experiencia que hiciste en la web, siendo uno de los pioneros en publicar poemas en ese código ¿cómo se dio, o apareció, esa posibilidad y experiencia y cómo la ves hoy? CC: El soporte de la voz es el cuerpo, donde las cuerdas vibran y resuenan. La escritura, desde las primeras líneas y gestos visuales usan como soporte la arena, las piedras, la piel, cuero, corteza de árbol, amate, delgadas capas de fibra vegetal, papiro, telas, lino y papel, pasta de madera. Estos últimos materiales se manipularon como rollos y también cortados y cosidos. El libro, como lo conocemos, tiene sus antecedentes en la Edad Media Europea, y un
OG: En el libro La casa devastada que será próximamente publicado en México por el sello Mangos de Hacha, te preguntas por asuntos de la índole, ¿por qué migramos?, o ¿por qué, al mismo tiempo, desarrollamos asentamientos y urbes? ¿Por qué te parecen críticos esos temas, y por qué los desarrollaste con lenguajes cercanos al urbanismo y la arquitectura? CC: El movimiento es esencial a la vida, aunque pueda ser relativo. Aun así, se mueve. Desde las formas más básicas que conocemos, siempre ocurren desplazamientos, e incluso algunas partículas parece pueden estar en dos lugares a la vez. Una semilla puede estar cientos de años al parecer inactiva, pero cuando se dan ciertas condiciones se mueve al transformarse y emerger su potencia. Los seres vivos se desplazan en diferentes sentidos y los animales también, por lo mismo los humanos constantemente están en migración, en espacios reducidos o inmensos, transformando la desesperanza en proyecto de algo mejor. Cuando encuentran las condiciones construyen espacios que los beneficien. Sin embargo, cuando se asientan y desconocen lo transitorio, extienden sus construcciones destruyendo el espacio que los acoge, creyendo que les pertenece, cuando solo son parte de él. OG: Has sido denominado como uno de los poetas más vitales del último tiem-
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vos, como las náuseas que nos produce el ruido de un árbol al caer, y no nos damos cuenta del sonido de un bosque entero que crece. Versión 08 Plantar árboles. La mayoría te sobrevivirá. A algunos podrás subir, mientras puedas. Extenderán sus raíces, mientras caminas, casi siempre, alrededor de ellos. Como sean sus hojas, cambiará el horizonte y la luz desde donde mires. Casi no tendrás que cuidarlos, solo dejarlos libres, inmóviles en la tierra y aleteantes en el aire. Les impondrás un idioma que olvidarás, y tendrán preguntas en lo que crees certezas. Versión 31 Un ramillete de neuronas genera la percepción de lo que vemos. Las cosas y los objetos no son una imagen que se proyecta en la cabeza, son una detonación de neuronas. Las cosas y los objetos están por ahí, sin destellos. [De La casa devastada]
OG: En el libro Derecho al olvido, que realicé como editor a partir de fragmentos inéditos de tu trabajo, aparecen, emergen, ensayos de pensamiento en pequeño formato que te sorprendieron en el resultado final. ¿Crees que la poesía es una herramienta para pensar o definir? CC: Pensar es distinto de sentir, y la forma como percibimos la tratamos de estructurar en un código, en un modelo que podamos abarcar y eventualmente comunicar. En el poema es la lengua, que es una forma de estructurar el pensamiento, para tratar de acoger y expandir lo inasible. Claramente es una forma de pensar que pone en movimiento lo que se trató de retener.
2 El poema no tiene efectos en el área de lo utilitario, no es práctico en el sentido del valor de cambio, pero sí de uso. Su lectura, o escucha, altera el código que lo sostiene y el de quien opera con él. Puede haber no entendimiento, no comprensión, pero sí produce eso mismo, en quien lo despliega a partir de lo leído o escuchado. Su inutilidad está en la influencia que puede ejercer en las formas de percepción, en cómo se percibe, desde antes de lo que el mismo está construido, desde antes de las palabras.
OG: ¿Dónde, en qué lugar y en qué soportes encontramos la poesía hoy? CC: Los poemas que conozco, no puedo hablar de la poesía en general, están en diferentes soportes, los que dije anteriormente, pero aparecerán otros, sin eliminar los que conocemos, pues la materia, el movimiento y la inestabilidad construyen la forma como percibimos y entendemos aquello que hacemos suceder o nos sucede.
51 La mejor versión de mi trabajo no es de mi propiedad. La obra nunca es individual. Cualquier obra es más expansiva cuando es trabajada por varios, sean estos lectores u oyentes u otras formas de interpretación. Quienes hacen la obra son aquellos que la recepcionan, transformándola. Entonces, ocurre lo mismo en lo digital; se potencia la necesidad indispensable de que aquello que está, aparezca y, para que aparezca, tiene que ser recepcionado y transformado. La materia no desaparece, se transforma. La sorpresa de lo cotidiano.
Versa 04.1 Aquello que no se puede calcular u ordenar, no desaparece, se revela por sus efectos. Versa 04.2 La omnipresente necesidad de urgencia e insistencia actúa como una potente droga; induce a la atracción por la carencia de normas, donde las sensaciones pueden reconstruirse e intensificarse desde un trastorno del lenguaje que impide llamar a las cosas por su nombre. Versa 04.3 Usando un algoritmo matemático se pueden provocar fuertes síntomas neurovegetati-
/// Carlos Cociña.
[De Derecho al olvido. Secciones: Derecho al poema y Derecho al hipertexto]
Poesía
po ¿compartes esa definición, y qué se necesita para para que el poema se mantenga joven en el tiempo? CC: Escuchar, observar, tocar, oler y hacer es una constante que se puede hacer consciente, no dar nada por hecho, sino en proceso. Más evidente se hace en el caso de la escritura, el canto, la elaboración de formas y el movimiento. Sin embargo, todo acto, además de quien lo hace, es percibido por otro, incluso otro en sí mismo, y para quien percibe, adquiere dimensiones y características diferentes de quien lo ejecuta, pues lo descubre desde su propia historia, de su comunidad, de sus pares, aun los que no conoce, pero con quienes comparte algunos modelos y paradigmas. Un poema emerge desde la percepción de quien accede a él, por lo tanto, será el ejecutor del mismo, y este existirá en esa ejecución. Quien en principio lo estructura es solo un referente. La necesidad de identificarlo es un dato más del colectivo que lo construye.
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Libros
Ruptura de ruido, Requiem, de Eclipse Román 6 Por Armando Salgado
samiento helénico, acadio, entre otras, limadas al mundo redentor —y en extinción— de esta contemporaneidad ladina. Los versos del segundo poema de largo aliento titulado “Catábasis”, bien son la soga que nos ayudará a salir de este descenso hilarante plasmado por Eclipse Román, o serán la cuerda alrededor del cuello de la humanidad que sostenga el dolor, el peso del olvido, la descendencia impura que cuelga del árbol torcido de nuestros días. Lo relata de nuevo la joven autora de Requiem:
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. El volcán Anak Krakatau, de Indonesia José Manuel Recillas compara a Eclipse Román con el volcán Anak Krakatau que hizo erupción en 2020, por la manera de “emerger de forma imprevista y dejando al espectador convulsionado”. Dice Hugo Hiriart que: “la esencia […] de una cultura está en el idioma que en ella se habla y escribe”. El idioma que usa José Manuel Recillas, es la lengua de los relatos, y la mejor manera de aprender relatos es escribir relatos. Eclipse Román ya es parte del relato de la poesía michoacana contemporánea. Su libro Requiem domina la esencia de la cultura occidental y del mismo modo que Hiriart lo expresa, Eclipse “para aprender poesía” escribió poesía. Quizá no contempló en sueños la manera en la que surgió el volcán Anak Krakatau, porque su vigilia estuvo atenta en el fluir del magma calcinante de su Requiem (Ediciones Carena, España-México, 2021). Eclipse ignoró el ruido “magmático de la tierra” en Indonesia porque simplemente estaba ausente de ese ruido, en el intento de acomodar sus propios ruidos, lo explica de mejor manera Roland Barthes: “[…] saber que la escritura no compensa nada, no sublima nada, que es precisamente ahí donde no estás: tal es el comienzo de la escritura”. De esta forma Eclipse comenzó a escribir el relato sobre ella misma al ignorar el volcán Anak Krakatau, de Indonesia, aunque ambos eventos emergieron “de forma imprevista”. 2. De las antiguas mitologías hasta Fahrenheit 451, de Ray Bradbury El primer apartado del libro Requiem, de Eclipse Román, es una autopista de gran velocidad donde los versos angostos construyen una caída precisa, palabra por palabra, con la intención de establecer un límite dentro del propio tono que cimienta el poema de largo aliento titulado: “Macbeth”. Azar de poema, retícula fina, ritmo milimétrico. Externa Hugo Hiriart citando a Antonio Machado: “que todo verso tiene medida, cierta musicalidad, patente, ya en metro tradicional o ya escondida, en metro no tradicional, pero medida al fin”. Eclipse modula estas posibilidades que otorga el poema, restablece las medidas que desea para su propio tono, un trazo de resonancia áurea. Lo delimita al igual que las antiguas líneas de tinta sobre papel albanene para diseñar las primeras súper autopistas, con el mismo temple de los pigmentos naturales de las imágenes rupestres sobre las rocas graníticas. En este contrapunto el verso clásico y el verso libre, reúnen lo mejor de sí para medir en nosotros la posibilidad de un diálogo horizontal a través de la escritura de poemas, al reformular el relato continuo de la poesía. Como buena lectora de textos clásicos, Eclipse escribe el primer poema de este libro con el mismo temple adivinatorio de las profecías en torno al Rey Macbeth, lo que deja en manifiesto la condición humana de este poemario, al igual que
[…] Padre, Padre, en la terrible Oscuridad de tu perenne Olvido, ¿por qué arrojándonos nos has abandonado?” Ecos perduran por sobre ruinas de Lo Habido: “¡Ay de ti, perdida y culpable raza!, que al hermano en espíritu ignoraste cuando a la vera expirante le hallaras del camino, que enloqueciéndolo, ¿en su lugar quién no lo hiciera?, por los años arado rostro escarmentaste. ¡Ay de ti, herética Babilonia, que el nombre has olvidado de tu Creador!
la anticipada expertise de Shakespeare al representar a la humanidad en una de sus tragedias más famosas: —sucede que la poesía puede relatar en una sola gota, en un solo verso, lo más miserable del mundo—. Eclipse Román relata lo siguiente: “[…] toda angustia o miseria, apenas llegada vuelta por contracción mínima aire que envolvente entre trazados surcos imparte sin corpóreo esfuerzo al organismo la acción primera de que es dotado; así se yergue la faz que tensa en avance mantiene el vilo sobre el suelo que contempla sobre sí atraído por corto plazo ajeno peso, previo al desgarre que pendiente
toma en instante solo aliento sin seguir el cambio que al mudar de suelo el rostro encuentra, aun que misma en materia el ser no iguala […]” En el segundo apartado de Requiem, la autora continúa con el pulso constructor y dispersa en tono integral el imaginario mitológico que la cultiva, incita relatos y los mezcla con el carbono de los humanos para provocar el fuego, y con las cenizas que sobran del incendio, hacer del poema su vasija de memoria. A su vez, los versos largos, los cortes que diseccionan el carnero de forma, otra vez milimétrica, exigen una lectura atenta de los relatos que conforman la química sanguínea de las culturas de occidente. Aparece el Leteo, el Leviatán, Faetón quien condujo el carro del sol por un día, la región de las sombras gobernada por Érebo, el Abraham bíblico, la región sumeria de Apsû, reminiscencias del génesis, entre otras múltiples piezas de pen-
Lo versos largos en “Catábasis” establecen una relación indirecta, imaginada por mí, con un fragmento de la novela distópica Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, donde el personaje Montag maneja su vehículo y por la ventana observa el movimiento de la publicidad que se expande como una tira animada. En el caso de Requiem, Eclipse dilata un mosaico de situaciones límite, parecidas a la obra de El Bosco, o a la película Mother, del director Darren Aronofsky, donde al igual que en Requiem existe una alegoría bíblica e intercultural donde sobresalen elementos grecolatinos en una yuxtaposición fílmica y poética a la par. La poesía es el vehículo de Montag, el poema es la ventana donde se visualiza un caleidoscopio de referencias multitudinarias de su versión futurista de mundo; en la misma dirección, Eclipse Román conduce Requiem, desde las páginas de este poemario apreciamos la basta intertextualidad clásica, los descensos y ascensos polifónicos entre culturas, la condición humana, los límites de dicha condición, que nos precipitan como lectores al leer de un solo tajo los dos poemas extensos que conforman esta obra sinuosa y armónica a la vez. 3. Ha zarpado el libro Sean las vetas literarias de Eclipse Román el flujo continuo que abreve el múltiple magma para definir su propia temperatura por la que habrá de emerger como el volcán Anak Krakatau que hizo erupción en 2020. Buen itinerario para su trayecto que brota con fuerza. *** Román, Eclipse. (2021). Requiem. Ediciones Carena. Roland Barthes (2011). Fragmentos de un discurso amoroso. Siglo XXI. Hugo Hiriart (2003). Cómo leer y escribir poesía. Ensayo TusQuets.
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Desayuno en Tiffany’s, mon ku
L’homme de la cave (El hombre de la cava): el negacionismo vivo Grey
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l director francés Philippe Le Guay vuelve a interesarse por los meandros de los edificios parisinos, por su jerarquía social en vertical. Con su filme Las mujeres del sexto piso (2010) se interesó por las mujeres españolas ocupadas de la limpieza de los edificios burgueses planteando desde la comicidad la importancia de esta migración. Ahora con L’homme de la cave (El hombre de la cava) se va a lo más bajo de los edificios, al lugar donde se esconden y resguardan las ratas de
París, aunque se va a referir a un tipo de hombre: al negacionista histórico. La imagen de las ratas en el subsuelo es repetida por el propio François Cluzet en su rol de profesor de historia de orientación negacionista. El negacionismo, hay que precisar, es una corriente de la historia que se ha esforzado en poner en cuestionamiento la Shoah de la Segunda Guerra Mundial, negando el exterminio de los judíos, la existencia de los campos de concentración y las cámaras de gas. Se fundamentan en investigaciones que encuentran datos contrarios a la “supuesta masacre” y que son finalmente vinculados con los grupos de extrema derecha.
Cluzet interpreta a este profesor expulsado de su secundaria justamente por profesar públicamente el negacionismo. Berenice Bejo y Jérémie Renier son la pareja que vive en uno de esos grandes departamentos parisinos, él arquitecto y ella química, deciden vender la cava de su departamento para pagar algunas reparaciones. Le entregan las llaves sin saber que él la pretende utilizar de vivienda y mucho menos sin sospechar su filiación histórica. La cinta de Le Guay entonces se plantea como un drama intelectual en el que la argumentación histórica desestabiliza las certitudes históricas de la pareja y, por tanto, del especta-
dor. Hace pasar a las víctimas de ambos lados, tanto de los librepensadores censurados, como de los judíos de memoria viva. Sin embargo, la historia se va cada vez más decantando hacia el lado del suspenso y el misterio de la cava, dejando relegado a segundo término el debate histórico. El desenlace terminará por mostrar la rabia de una memoria que aún está ardiente en la gente por una guerra todavía muy reciente. Quemar a las ratas en su madriguera o abrirnos al debate, sabiendo que una vez la palabra existe se está volviendo realidad en las nuevas agrupaciones políticas.
The power of the dog, de Jane Campion 6 Por Adolfo Nuñez J.
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a acción transcurre en un rancho de Montana, durante el año 1925. El líder de este lugar es Phil Burbank (Benedict Cumberbatch), un vaquero con un carácter dominante, agresivo y poco amigable, con cuyo carisma atrapa a todos los que lo conocen. El segundo al mando es su hermano George (Jesse Plemons), un hombre amable, atento y respetuoso, todo lo opuesto a Phil. Ambos hermanos mantienen una extensa propiedad, acompañados por un grupo de rancheros que hacen todo lo que les ordena Phil. Todo esto cambia cuando George se enamora de Rose (Kirsten Dunst), una viuda sensible y afectuosa con quien decide casarse tiempo después. Como consecuencia de esto, Rose se muda
al rancho de ambos hombres, en compañía de Peter (Kodi Smit-McPhee) su hijo adolescente fruto de su matrimonio anterior. De ahí en adelante, Phil le hará la vida imposible a Rose, al burlarse de ella y humillarla en cada oportunidad que tenga. De manera paulatina, el vaquero entabla una peculiar amistad con Peter, un chico bastante extraño y misterioso. Dicha relación hará resurgir algunos traumas del pasado de Phil y que están relacionados con un secreto que ha ocultado durante gran parte de su vida. Esta es la premisa de The power of the dog (2021), película dirigida por la legendaria Jane Campion (The piano, 1993), quien después de doce años de ausencia, vuelve al mundo del cine con un relato repleto de incertidumbre, tensión y personajes indescifrables. Dividida en varios capítulos, la cinta se va
desarrollando con ritmo pausado pero preciso, siempre enfatizando en la ambigüedad y mesura que caracteriza al estilo de la directora. A medio camino entre el western, el drama clásico y el thriller psicológico, la realizadora va montando una serie de secuencias que profundizan en las complejas relaciones de sus personajes y en sus dinámicas. Conforme avanza el relato va creciendo una sensación de suspenso y confusión, como si se tratara de una bomba que va a estallar en el momento más inesperado. Estos cambios continuos dentro de la narración se relacionan con la represión emocional de cada personaje y, en ese sentido, las pulsiones sexuales acaban teniendo un peso fundamental dentro de la historia. La inquietante música compuesta por Jonny Greenwood es un elemento más que acrecenta dicha atmósfera tan incómoda, y por momen-
tos, perturbadora. The power of the dog, cuestiona y revisa algunas nociones que se tienen respecto a ciertas imágenes de masculinidad establecidas por el país vecino, señalando la vulnerabilidad y las contradicciones que se encuentran dentro de las mismas. Se trata de un trabajo fílmico excepcional de Campion, quien, con completo control de los elementos de su obra, juega con las expectativas y percepciones de la audiencia en todo momento, siempre de la manera más impredecible.
Cine
6 Por Carlos Belmonte
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LA GUALDRA NO. 505 // 29 DE NOVIEMBRE DE 2021
Judeodescendientes en la Nueva Galicia durante el siglo XVI. Los Temiño de Bañuelos
Historia
6 Por Thomas Hillerkuss*
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na de las familias más prominentes y ricas del siglo XVI neogallego fue la de los Temiño de Bañuelos. Especialmente hay que recordar el papel que tuvo Baltasar Temiño de Bañuelos para la consolidación de Zacatecas como centro minero y en su papel para que le otorgaran título de ciudad con escudo de armas, además de las importantes erogaciones de dineros que hizo durante la Guerra Chichimeca. Pero hay un aspecto poco conocido de esta familia, sus antepasados y parientes políticos convertidos de la ley de Moisés a la religión católica y aquellos que fueron juzgados y reconciliados por la Inquisición, lo que legalmente era un impedimento para radicar en América. Por parte de su padre, Baltasar y sus hermanos eran hijosdalgo, por lo que “la impureza de sangre” había traído su madre, doña Francisca de Alcocer, cuya propia madre fue reconciliada en 1499 en Sevilla, siendo hija de los conversos Pedro de Toledo y Beatriz Fernández y nieta del jurado sevillano Diego de Alcocer. En su caso hay que destacar que su hermano, el Dr. Pedro González de Alcocer, no tuvo que enfrentarse
/// Escudo de Zacatecas. Pendón original otorgado por Felipe II.
/// Expulsión de los judíos de España (año 1492), según Emilio Sala (1889).
a impedimento alguno para desempeñarse como canónigo de la Catedral local, y eso durante los años de las persecuciones más violentos en contra todos que no eran cristianos viejos desde generaciones atrás. Al parecer muchos de esta familia hicieron capitulaciones, mediante las cuales se les certificaba su origen limpio después de pagar diferentes cantidades de dineros a las arcas del rey Fernando el Católico.
En México mismo, doña Isabel Cornejo, sobrina de Baltasar, se ligó en matrimonio con la familia Orozco, oidores y presidentes de las audiencias reales de México y Guadalajara, también de origen converso; doña María de Bañuelos, hermana de Baltasar, en primer matrimonio se casó con Pedro Pacho, poblador y en 1541 pacificador, cuyo padre y abuelo paterno fueron reconciliados por judaizantes en 1491 en Fregenal de la Sierra, Extremadura,
su villa natal. Y la propia hija de doña María, doña Mariana Temiño de Velasco fue mujer del capitán don Lorenzo de Padilla, patriarca de esta estirpe en los Altos de Jalisco, cuyos abuelos maternos se convirtieron en las islas Canarias a finales del siglo XV. Finalmente, una nieta del segundo matrimonio de doña María de Bañuelos, se enlazó con la familia Orozco, arriba mencionada, al casarse con el licenciado Francisco Tello de Orozco. Doña Ana Bañuelos y Mendoza, ella hija de Baltasar, fue mujer del célebre maese de campo Vicente de Zaldívar y Mendoza, otro por cuyas venas corría sangre de judíos por el lado materno, donde hay que mencionar a su abuela materna doña Catalina de Salazar, mujer de Cristóbal de Oñate, y el abuelo paterno de esta, el Dr. Juan Fernández de Guadalupe, quien gracias a su conversión pudo entrar como médico particular al servicio de los Reyes Católicos. Estos pocos ejemplos deben ser prueba suficiente que estos monarcas no eran tan católicos y ellos y sus sucesores supieron poner las conveniencias prácticas encima de sus convicciones religiosas. * Universidad Autónoma de Zacatecas. Doctorado en Estudios Novohispanos.
Libros
Finales perdidas que se ganaron Del cariño y los anecdotarios en Las fiestas del libro finalista a Libro del año 2021 en la categoría No ficción por la CANIEM 6 Por Edgar A. G. Encina
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l viernes 23 de octubre la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana hizo públicas las distinciones para el Libro del año 2021 en las categorías de ficción, no ficción e infantil o juvenil. La fecha fue el antecedente para la entrega de premios, el 11 de noviembre, en ceremonia pública donde se reconoció la más alta de las calidades librescas del país. Fue, en lo particular, el final de una aventura que ahora no alcanzo a distinguir entre lo excitante e implosiva de la experiencia, iniciada al mediodía del viernes 15 de octubre. El día citado un correo electrónico de la Comisión de Premios y Reconocimientos de la CANIEM apareció en la bandeja: Estimados señores, Con el gusto de saludarlos, nos dirigimos a ustedes para informarles que en la sesión de Consejo Directivo sostenida el día de ayer para elegir a los finalistas del certamen Distinciones CANIEM 2021, la obra Las fiestas del libro, resultó elegida para la etapa final
de Libro del Año 2021, en la categoría de No Ficción. Por tal motivo pedimos su apoyo para que nos envíen una síntesis de 280 caracteres, para publicarla en la lista de finalistas en nuestras redes sociales y el público emita su voto. (las negrillas son originales)
Luego otra comunicación el martes 19 del mismo mes en el que se invitaba a votar al público. Las fiestas del libro juegan para enamorar. Competía con otros cinco títulos editados por instituciones nacionales de gran prestigio como UNAM, la U. Veracruzana, el Colegio de México o la UANL, y con la potencia y respaldo de sellos editoriales comerciales nacionales. No era poca cosa, pero sí era tema de igualdades. Antes erigirse ufano finalista nacional fue reconocido con el programa Ediciones, publicado en diciembre de 2020 por el Instituto Zacatecano de Cultura «Ramón López Velarde» y editado por Taberna Libraria Editores. En par de temporadas pasó de jugar en la liga de acenso a la liguilla en la primera división. ¡Partidazos que se está
mandando! Escribí Las fiestas mientras me recuperaba de una operación, rodeado por los brazos de un fantasma. Lo corregí los fines de semana, en vacaciones y cuando el tiempo laboral daba respiros. Luego vinieron las lecturas de maestros y amigos, como Alejandro García Ortega, Marco Antonio Flores Zavala, Juan José Macías y Salvador Lira Saucedo. Al final, el más escrupuloso de los dictámenes lo obtuve de Santi G. Montes, Iraís Castillo, Elva Martínez Rivera, José Juan Espinosa, Cynthia García Bañuelos, Denisse Lucio, Samuel Rodríguez, César Encina, Iván Martínez Ponce, Claudia L. González y un reducido puño de amigos más. En su primer final se disfrazó con el pseudónimo de Pablo Pedro Ceniza, en intertextualidad a los hermanos libreros anticuarios españoles de los que nos cuenta Pérez Reverte en El club Dumas. En la segunda temporada fue sin máscaras ni capucha, con el 7 en la playera dispuesto a darlo todo. Siuuuu. Hoy, que lo veo de reojo, junto a la mesilla de pendientes y lecturas oficiosas en el estudio, su «invisible potencia», diría
Amado Nervo, me alimenta y provee de una alegría que me vivifica. Sigo flipando, a pesar de que no ganara esta final. Está allí, esbelto, ataviado en combinación blanco-negro que lo hace ver tan elegante. Con el pecho erguido se hace espacio entre sus iguales y se planta, seguro de su contenido y la propuesta literaria. Inequívoco de sí mismo se acomoda en el librero, expandiéndose. Las fiestas del libro es un fragmento de mi historia personal con el libro y sus universos; de los gozos, las desavenencias y los paradigmas con los que dialogo en solitario; un delirante que habla solo y manotea y esgrime enormes peroratas, grandes pensamientos y luego vuelve a la rasposa eutimia Gracias a la vida y a ti, mis fiestas…, ya me has dado tanto.