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La Gualdra 503

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SUPLEMENTO CULTURAL

NO. 503 /// 16 DE NOVIEMBRE DE 2021 /// AÑO 11

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

Ileana Garma. Nesting again I. Óleo sobre lienzo. 20 x 20 cm. 2021.

“Era todo o nada. Muchos años después volví a las clases de canto, me clasificaron como contralto, una voz grave, cuando mi deseo era ser soprano. Canté otra vez en un coro y finalmente me di por vencida. En medio de todo esto comencé a pintar, pinté paisajes para mi familia, pinté árboles y animales y después, aburrida y derrotada, comencé a escribir. Es de esta insatisfacción de la que surge toda mi escritura, de la certeza de que una hace lo que puede con lo que tiene, de la certeza de que es el cuerpo quien gobierna”. Ileana Garma (Yucatán, 1985).

[“La voz subversiva de Ileana Garma”, por Armando Salgado, en páginas centrales]


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LA GUALDRA NO. 503 /// 16 DE NOVIEMBRE DE 2021 /// AÑO 11

La Gualdra No. 503

Editorial Fresnillo, Zacatecas, está en el centro de las noticias en nuestro Estado desde hace varios meses, primero por cuestiones políticas; segundo, porque los medios nacionales desafortunadamente lo sitúan como uno de los municipios más violentos del país. Ubicar en primero, segundo o tercer lugar a una ciudad en cuanto a sus índices de violencia tiene fines estadísticos e informativos, pero no contribuye a que las violencias terminen, mucho menos a describir en su totalidad a ese espacio del que se habla como si de un infierno se tratara. No es mi intención minimizar la situación, se vive actualmente un clima de inseguridad grave, pero tampoco es que estas ciudades mencionadas en las estadísticas sean solo eso, cosas malas, notas rojas, muertos por doquier, oscuridad plena. No, hablando de Fresnillo, en su defensa, hay que decir que tiene la virtud de tener gente trabajadora, cabal y buena, que apuesta todos los días -como en otros lados del Estado y del país- por contribuir a que el espacio en el que vive tenga condiciones mejores para su comunidad. Ejemplos de lo anteriormente mencionado hay muchos, pero hablaré solo de un proyecto en esta ocasión porque lo acabo de conocer. Se trata de El Tunal Centro Cultural, ubicado en una de las calles principales de Fresnillo, en la García Salinas No. 412. Recibí una invitación por parte del Colectivo 450 Fresnillo para presentar ahí mi libro Una bizarra melancolía. La tradición plástica en Zacatecas; no voy a mentir, una cierta inquietud nos embargaba al pensar que teníamos que regresar por carretera cuando la noche había caído; tampoco sabía si la gente acudiría a la presentación, imaginaba que por haber sido programada a las 7 de la noche, optaría por quedarse en casa. Pensé por algún momento, dejándome contagiar por la sensación colectiva de miedo, que el espacio estaría vacío... pero no fue así. Llegamos poco antes de las 7, bajamos una caja de libros, que con los auspicios de la Secretaría de Cultura a través del Instituto Zacatecano de Cultura, fueron editados en su programa de Ediciones 2019 apenas el año pasado. Se trataba de la primera presentación presencial, pues debido a la pandemia solo se había llevado a cabo una en línea, en junio del 2020. El Tunal Centro Cultural está ubicado en una casa grande que ha sido adaptada para albergar una cafetería a la entrada del edificio; una galería, que exhibe para su venta la producción de artistas locales en el espacio principal; y lo mejor de todo: un taller de

artes plásticas en la parte posterior de la casa, en la que trabajan varios adultos durante la semana, y en la que Rolando Ortiz imparte clases para niños los sábados. Cuando llegamos el taller estaba abierto y había cerca de 20 alumnos trabajando en mesas y caballetes bajo la supervisión de su maestro, Rogelio Aguilar Bosé. Me sorprendió la cantidad, es cierto, pero me fascinó más la actitud de sus integrantes, quienes laboraban concentrados, sonriendo de vez en cuando, conversando con sus compañeros de al lado. Un grupo de fresnillenses dedicado a la creación artística, un grupo que, sin ignorar lo que pasa afuera, produce, hace arte y contribuye de alguna manera a generar un clima de paz. El espacio estuvo lleno durante la presentación para escuchar a los comentaristas, Carlos Alberto Torreblanca Padilla y Raúl García Rodríguez -a quienes agradezco acompañarme- y para conversar conmigo sobre la importancia de Fresnillo y sus artistas en la construcción de un nuevo orden cultural en Zacatecas. Hablamos, por supuesto, de personajes como Francisco Goitia, Manuel M. Ponce, Mateo Gallegos, Roberto Silva, Clemente Márquez, Luis Humberto Ramos, Pedro Valtierra y hasta de Los Temerarios, porque sí, porque Fresnillo es cuna de grandes artistas también, y de promotores culturales como Ana Acevedo y Rubén Rivera, propietarios del Tunal, en donde también pasan cosas buenas todos los días. Platicando con ellos, me dijeron estar muy contentos con este centro cultural en donde hay exposiciones, presentaciones de libros, conferencias, talleres, cine, venta de arte y buen café, porque está funcionando, porque es un espacio vivo, y porque, como me lo comentó Rubén, desde su trinchera “esto es lo que podemos hacer para vivir en un lugar mejor... nosotros no podemos combatir la violencia, ese no es nuestro papel, pero sí podemos impulsar un espacio como este, en el que la belleza y las artes sean los protagonistas y donde todos son bienvenidos”. Aquí un buen ejemplo de lo que se puede hacer. Regresamos a casa por la noche, el camino fue seguro. Repartimos más de 50 libros y quedamos en regresar otro día para probar las gorditas de la 2 de abril y el pan de “El caramelo”, porque además, en Fresnillo también se come muy bien, pero de eso platicamos después. Gracias, Fresnillo. Que disfrute su lectura.

Contenido Hacia Clarice Lispector Por Mauricio Flores

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La voz subversiva de Ileana Garma Por Armando Salgado

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Resonancia Por Mariana Flores

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A Lupita le gustaba planchar, de Laura Esquivel Por Miguel Ángel de Ávila González

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Pendejos Por Pilar Alba Una película de policías, de Alonso Ruizpalacios Por Adolfo Nuñez J. Tolstoi (Im)posibilidad de una cultura para la paz Por Álvaro Luis López Limón

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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

Directorio

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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6 Por Mauricio Flores* Quiero ser anónima e íntima. Quiero hablar sin hablar, de ser posible. C. L.

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aber roto con lo escrito en su país y con la usanza de las lenguas latinas, hacen de la obra de Clarice Lispector (1920-1977) un imperativo de estudio y lectura. Hecho que viene concretándose con buenos ritmos y en ambos casos, y que comprobarán los interesados tras asomarse a cualquier mesa de novedades en librerías. En ellas se encontrarán, entre más, con Todas las crónicas. Clarice Lispector; Clarice Lispector para niñas y niños y Clarice Lispector, Rostros, voces y gestos literarios, una oferta fundamental para el encuentro con el universo creativo de esta singular narradora. Nacida en Ucrania y nacionalizada brasileña en su juventud, Lispector es autora de un corpus sustentado en novelas (Cerca del corazón salvaje, Agua viva, La hora de la estrella, La ciudad sitiada, La pasión según G. H.), crónicas diversas y un ramillete de textos para infantes. Diversidad donde se plasma “la percepción y el impulso” que la llevaron al oficio creativo, hacer que de acuerdo a Elsa Leticia García Argüelles, editora del señalado Rostros, voces y gestos literarios, lo extendió

“con el cuerpo y a pesar de él. Su ironía sobre la vida y el dolor que le imponía, con una inmensa felicidad interior, no exenta de inteligencia que rebasaba su pensamiento”. Lispector, detalla García Argüelles, “existe al nombrar el mundo que percibe desde la introspección”, para resumir así creación y creadora (invitación al nuevo lector): “Desinteresada por los géneros, escribe excelentes cuentos y novelas enigmáticas que entran y salen de la clasificación tradicional. Escribe con el alma; en el camino cruza con otros discursos que se conectan con el cuerpo, sus límites, sus voces, sus figuras y silencios. La literatura de Lispector ha sido etiquetada, canonizada, privilegiada por propios y extraños, con una especie de culto por su vida, por ser extranjera, por ser madre, por ser la esposa de un diplomático a ser una hechicera de la palabra”. Conformado por trece ensayos distribuidos en cuatro apartados, en su mayoría producto de investigaciones realizadas en la Universidad Autónoma de Zacatecas, Rostros, voces y gestos literarios resulta una “crónica de viaje” hacia la obra y personalidad de Lispector, integradas estaciones en Brasil, México, receptores de la obra, y en tópicos como la representación femenina, el cuerpo, la experiencia libresca, la música, los mundos infantiles. Sus autores son Claire Varin,

Eliane Vasconcellos, Luís Felipe Dias Trotta, Cesar Garcia Lima, Emiliano Mastache, Martha Patricia Reveles Arenas, Dora Ma. de la Torre Lozano, Luciana Namorato, Flor Nazareth Rodríguez Ávila, Etna Macías Zamarripa, Paola Elizabeth de la Torre García y Guadalupe Flores Grajales. Esta última, Flores Grajales, dispone al lector una reveladora proximidad a quizá uno de los temas menos distinguidos de la autora estudiada, “la necesidad” de escribir para niñas y niños y, con ello, la oportunidad del descubrimiento de “la pureza e ingenuidad” de ese público, identificado poco “antes de apagar la luz”. Fuerte crítica social Identificada la producción narrativa infantil, la autora de este ensayo pondera la revelación de realidades cotidianas y el establecimiento de un coloquio directo con lector, sin importar la edad que pueda tener, todo a un tiempo. “Sus relatos resultan divertidos y amenos, aderezados con una fuerte carga de crítica social, donde los personajes interactúan en medio de aventuras que se desarrollan en espacios fácilmente identificados por el lector, ya sea en la ciudad o en el ambiente rural”. Clarice Lispector, condensa Flores Grajales, fue una mujer de “diversas inclinaciones artísticas, dedicada de cuerpo entero a la creación,

esto tanto en su narrativa como en sus crónicas y cuentos; es, quizá, un ícono de persistencia y (d)el oficio literario. Al igual que María Luisa Puga para México, es una mujer que nació para escribir. Su escritura es la forma en que ella nos ha podido expresar la manera de amar a sus hijos, a Brasil y al resto del mundo”.

Clarice Lispector. Rostros, voces y gestos literarios, se presentará en las actividades de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara con la moderación de Elsa Leticia García Argüelles y los comentarios de Emiliano Mastache, Martha Patricia Reveles, Diogo Mendes de Almeida. La cita es el lunes 29 de noviembre de 18:00 a 18:50 horas en el Salón C, Área Internacional, Expo Guadalajara. Organizan: Universidad Autónoma de Zacatecas y Embajada de Brasil en México.

** Clarice Lispector, Rostros, voces y gestos literarios, Elsa Leticia García Argüelles, coordinadora, UAZ, México, 2021, 294 pp. * @mauflos

Op. Cit.

Hacia Clarice Lispector


Literatura y Artes Plásticas

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La voz subversiva de Ileana Garma

6 Por Armando Salgado

tro de la región. Como este pueblo existen muchos otros dentro del estado. Pensando con un poco de romanticismo, este espacio donde nada, o casi nada, ocurre, me ayuda a concentrarme en mi trabajo, escribir y pintar sin mayores distracciones que las de la vida cotidiana y familiar, sin mayores pretensiones que las de la posibilidad de escribir lo quiero escribir y hacer lo propio con la pintura. Siempre he pensado que la diferencia entre narrativa y poesía es que la narrativa se puede escribir en cafés y la poesía solo se puede escribir en casa, en un espacio privado, íntimo.

I

leana Garma (Yucatán, 1985) es Licenciada en Artes Visuales por la Escuela Superior de Artes de Yucatán. Estudió Creación Literaria en la Escuela de Escritores SOGEM y es diplomada en Literatura, protocolo y periodismo por la editorial Santillana. Ha publicado los libros 29, Días de fiesta y otros cuentos, Ternura, 7 Obra poética, e Itinerario del agonizante. Ha sido becaria del FONCA en la especialidad de poesía y del PECDA en la especialidad de pintura. Su trabajo visual ha sido expuesto de manera colectiva en diversos espacios. Ha expuesto de manera individual: Tiempo atrás siempre estoy callada, Nesting y Sueño que mi madre siembra botones negros. Actualmente es becaria del FONCA en el área de Letras y desarrolla Proyecto Uniformis, tanto en poesía como en pintura.1 En esta ocasión Ileana Garma explora los lindes entre la poesía, la pintura y la maternidad, lo que posibilita múltiples lecturas de nuestro entorno en esta realidad híbrida. Su obra pictórica y poética despliega un abánico de personas, paisajes y sensaciones en torno al ritmo de la crianza, la cotidianidad y la relación familia-mundo, donde el poema y la pintura son extensiones de un cuerpo colectivo. Armando Salgado: ¿Cuál es el panorama actual del arte y las letras en la península?, ¿consideras que Yucatán ha sido el lugar ideal para hacer literatura y pintar? Ileana Grama: Siempre he sentido a Yucatán como un rincón solitario en la que las cosas crecen con extrema lentitud. Edificios y personas no somos muy altos. Acostumbrados a vivir en el incendio de los días, nos gusta la sombra. Sin embargo, debo decir que la península en la que crecí no tiene nada que ver con la plancha de concreto que cada día se acerca a las zonas de manglares y ciénagas. Si el calentamiento global es invisible para muchos, no lo es para los yucatecos, que día a día lidian con temperaturas más altas y lluvias que inundan ciudades. Hablo de la lluvia y del calor, porque toda poesía peninsular está impregnada de ella. Las constructoras intentan fabricar ciudades blancas e impolutas en medio de las condiciones salvajes de esta región, donde todo está destinado a enmohecerse. Yucatán ha cambiado de rostro en esta vorágine urbanística que la engulle para abrir sus puertas al mundo. Los poetas que escribimos hoy, hemos sido testigos de esto, porque vivimos aquí o porque regresamos a nuestra tierra, de tanto en tanto. En el panorama literario de hoy tenemos a Carlos Martín Briceño, miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte y a Marco Antonio Rodríguez Murillo, Premio de Literatura Ciudad y Naturaleza José Emilio Pacheco 2020, así como a escritores tan

/// Ileana Garma. Nesting again IV. Óleo sobre lienzo. 20 x 20 cm. 2021.

/// Ileana Garma. Nesting V. Óleo sobre lienzo. 40 x 40 cm. 2021.

diversos como Manuel Iris, Nadia Escalante, Ivi May, Irma Torregrosa o Daniel Medina, en todos los ámbitos existen artistas yucatecos que trabajan y que obtienen reconocimiento fuera de la península y fuera del país. Si en este momento viviera en Mérida, te diría que Yucatán rebosa de buenos artistas, bue-

nos maestros y que tiene una vida cultural de calidad, pero sucede que observo esto a dos horas de distancia, pues vivo en una pequeña ciudad que tiene la casa de la cultura cerrada, un teatro al que los artistas locales no pueden acceder y muy pocas posibilidades de obtener una formación artística den-

AS: ¿Qué fue primero, el poema dentro del huevo o la gallina picoteando el bastidor?, ¿cómo llegaste a la poesía y a las artes visuales?, ¿una complementa a la otra, o son campos independientes?, ¿qué pintoras o pintores suelen estar cerca de ti cuando escribes? IG: Ni la pintura ni la poesía, fue la música. Desde muy pequeña, siempre estaba intentando cantar ópera, me paraba frente a los espejos y gesticulaba mientras la música sonaba a mi alrededor. Ya había tomado clases de solfeo y estaba en un coro, después de que ganáramos un concurso de villancicos, en 1997, cuando toda la ciudad se preparaba para recibir a Pavarotti, que iba a presentarse en Chichén Itzá; mi madre se animó a llevarme a las pruebas para formar parte del grupo de niños que cantarían en la zona maya. Jamás olvidaré aquella prueba; un grupo de maestros sentados frente a mí, un salón vacío. Me pidieron algo muy simple, canta las mañanitas. Recuerdo mi propia voz rebotando en las paredes y el sentimiento de frustración de saber que todo estaba saliendo mal. Fueron muchos niños los que aquel día hicieron las audiciones y a la mayoría los despachaban sin más. A mi madre, sin embargo, la llevaron aparte y hablaron con ella. Camino a casa me explicó que no podría ser parte del coro que cantaría con Pavarotti, pero que no me preocupara, pues podría estudiar canto si lo deseaba, pues había sido admitida en la escuela estatal de música. Yo no quise. Era todo o nada. Muchos años después volví a las clases de canto, me clasificaron como contralto, una voz grave, cuando mi deseo era ser soprano. Canté otra vez en un coro y finalmente me di por vencida. En medio de todo esto comencé a pintar, pinté paisajes para mi familia, pinté árboles y animales y después, aburrida y derrotada, comencé a escribir. Es de esta insatisfacción de la que surge toda mi escritura, de la certeza de que una hace lo que puede con lo que tiene, de la certeza de que es el cuerpo quien gobierna. Algunas veces necesito escribir, otras veces necesito pintar. Siguiendo la línea de Ilya Kabakov, mi trabajo pictórico y literario formarían una instalación total,


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pero este espacio está solo en mi mente, el espacio en donde las imágenes aparecen y las palabras resuenan. Mientras tanto sigo escribiendo libros y pintando retratos, esperando que algún día confluyan en un único sitio. Las pintoras que alimentan, tanto mi trabajo literario como pictórico son Marlene Dumas, Chantal Joffe, Alice Neel y María Lassnig, por decir algunas.

AS: No diré mucho: solo esto: ven conmigo (Verso destierro, 2011) habla de las texturas de la vida, sus desequilibrios como el amor y el paso del tiempo, además perfila los pliegues

/// Ileana Garma. Proyecto Uniformis I. Óleo sobre lienzo. 100 x 80 cm. 2021.

de Ternura (UNAM, 2013; Premio de Poesía Caza de Letras 2012) donde termina de consolidarse una escritura sensible e inteligente en poemas que dialogan con asuntos personales como si se tratara de una constelación familiar; ¿a 10 años de ambos, qué opinas de ellos?, ¿tienen vigencia o te sientes distante de la autora que los concibió? IG: Las temáticas quizá no se repitan en mi

/// Ileana Garma. Proyecto Uniformis II. Óleo sobre lienzo. 90 x 60 cm. 2021.

escritura presente o futura, pero sé que en esos libros está una voz que comenzó a formarse y que ahora está aquí, en el libro que escribo y los libros que quizá escriba en un futuro. No me gusta opinar sobre mi propio trabajo, pero sí me gustaría invitar a los jóvenes que se acercan al mundo de la poesía, a que lean estos libros y opinen, pues cuando un escritor publica, los libros dejan de ser suyos.

/// Ileana Garma. Proyecto Uniformis IV. Óleo sobre lienzo. 70 x 40 cm. 2021.

AS: ¿Qué hace Ileana Garma para estar bien consigo misma?, ¿qué nuevos proyectos emprende? IG: Escribo para estar bien conmigo. Pinto para estar bien conmigo. Leo largas novelas, dibujo, leo libros de poesía, tomo fotografías de nuestra desarreglada cotidianidad, mientras los días aquí se repiten, casi idénticos. Leo en voz alta para mis hijos y prefiero salir lo menos posible, por la pandemia, por el polvo que todo lo rodea, por los otros virus silenciosos y porque me gusta estar en casa. En mi caso un solo proyecto puede llevarme años, e incluso cuando entra de pronto otro proyecto, dos proyectos pueden convivir de manera paralela, durante mucho tiempo y así es como estoy ahora, entre Nesting y el Proyecto Uniformis. Nesting es un proyecto a largo plazo sobre la maternidad. “Toda maternidad es una maternidad subversiva”, dice la activista María Llopis, “ya que ninguna se ajusta a la maternidad de manual que nos intentan vender”. Desde este punto de partida, tanto en letras como en mi trabajo pictórico, plasmo la maternidad desde el encierro que me toca vivir, así como las dinámicas corporales que se instalan con su propio ritmo, el ritmo de la crianza. Mientras esto pasa, trabajo en el Proyecto Uniformis, el cual tuvo su primera muestra en Valladolid, Yucatán. Y aunque me ha llevado año y medio de pandemia, este proyecto apenas comienza a perfilarse, en sus muchas variantes y series que exploraré. 1 Sus páginas personales son: https://www. instagram.com/ileanagarma/ y https://ileanidades.wixsite.com/artvl

Literatura y Artes Plásticas

AS: Cuando haces poesía, ¿cómo sabes si un poema está listo?, ¿qué técnicas utilizas para enriquecer tu escritura?, ¿te gusta diversificar tu estética o prefieres apegarte a la tradición y seguir un solo camino?, ¿qué dilemas sueles tener a la hora de escribir poemas? IG: No hay nada escrito sobre la manera en la que debe escribirse un poema, al menos no para mí, soy incapaz de encontrar una fórmula. Algunas veces el poema queda listo justo en el momento de escribirlo, otras veces deberé regresar a él, otras veces todo deberá reducirse a papeles en el cesto de basura. Tengo, es cierto, ciertas reglas que aplico a mi trabajo diario, es decir, cuando trabajo en la escritura de un libro me gusta concentrarme en él, pero cuando termino no puedo seguir escribiendo, a veces durante meses, debo intentar hacer otras cosas, leer mucho y pintar. En estos lapsos he intentado incluso escribir otros géneros, pero lo cierto es que no me siento cómoda en otro lugar de la palabra, que no sea la poesía. Siempre regreso a ella. Me siento muy cómoda escribiendo prosa poética, entonces, constantemente me tengo que obligar a probar nuevas poéticas y accidentarme o perderme, tanto como sea necesario. En principal dilema en la escritura es que no sé si quiero seguir haciéndolo. Por lo pronto aquí estoy, pero no sé mañana.

AS: De cara a la pandemia, ¿cómo te ha ido de forma personal?, ¿después de año y medio, qué acciones consideras fundamentales emprender para equilibrar nuestro entorno inmediato?, ¿crees que todo vuelva a ser como antes?, ¿la cultura y el arte sí aportan un grano de equilibrio a todo esto? IG: Durante este año y medio he estado trabajando en el Proyecto Uniformis, apoyado por el Fonca, y al sumergirme en la exploración de estas circunstancias biopolíticas tan violentas que estamos viviendo, he encontrado nuevas perspectivas en el análisis del cuerpo uniformado. No creo que las cosas vayan a mejorar de la noche a la mañana y considero que muchas de las cosas que se están dejando de lado, son las que nos resultarán problemáticas en el futuro. Hablo del aislamiento, hablo de la fuerza de trabajo “cyborg” que se arraiga con mayor fuerza y de cómo nuestras dinámicas de comunicación pueden conducir a estados de depresión o derivar en una neurodiversidad a la que no nos habíamos enfrentado hasta ahora. El arte es más necesario que nunca, por lo menos así lo percibo en las dinámicas más inmediatas, las dinámicas familiares; leer con mis hijos, pintar con ellos, escribir con ellos, se ha convertido en la terapia familiar que nos aleja del aislamiento tecnológico en el que no quiero caer. Poco a poco regresaremos a los ejercicios comunitarios de la cultura, el teatro, el cine y los eventos masivos, pero mientras tanto nos quedan los libros, la lectura en voz alta, el acto de dibujar y por supuesto, la danza, el canto y todo aquello que nos despierte a la realidad, al presente, a la fugacidad de la vida.


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Río de Palabras

LA GUALDRA NO. 503

Resonancia

6 Por Mariana Flores*

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se cielo grueso y gris, al mismo tiempo extraño y tan familiar. El Sol no volvió a salir. En pocas semanas, ¿o meses?, me acostumbré a buscar flores de jacaranda con los ojos clavados en el piso. En mis bolsillos aún guardaba algunas, ya secas. Era lo único que me quedaba de ella. Recordar sus ojos apagarse era un trancazo en la nunca. —¿Estás bien?, se escuchó fuerte el golpe. Me preguntó mientras trotaba hacia mí. —Todo bien —suspiré mientras pateaba el trozo de metal inservible que había caído del cielo. —Se están cayendo cada vez más seguido. Algo pasa con… Me llamo Minerva —se interrumpió a sí misma—, pero me dicen Mine. —Inés —la saludé con la mano en el pecho, seguí mirando el dron inservible. —¿Por qué corrías? —Para no ser vista, para no enloquecer — me dijo, mientras miraba al cielo cautelosa— ¿Y tú? —Busco jacarandas y a veces sigo conejos blancos —sonreí débilmente, con un nudo en la garganta. En realidad, no sé lo que busco, todo el tiempo estoy flotando o si no, cierro los ojos y veo los ojos rojos de ella. — ¿Y corres todos los días? —pregunté mirando preocupada mi alrededor. —Sí, aunque siempre cambio el recorrido,

no quiero que registren mis atajos y pasadizos que he ido armando. —Como una ninja. La Mine me miró y sonrió por algún recuerdo no tan viejo. Ninjas, en eso nos habíamos convertido, exiliadas de nuestros seres queridos, de todo lo que conocíamos, de nosotras mismas. Los destellos rojos de sus ojos apagándose junto conmigo. Sus ojos. —¿Inés? —La Mine me miraba extrañada, ya no recordaba del todo cómo interactuar con las personas y me perdía a solas—. Tengo pan de verdad —me dijo—, y un poco de algo que creo se parece a la leche. Vivo a unos metros de aquí, pasando el acueducto, ¿vamos? Caminar. Era raro pero reconfortante sentir otra presencia al lado. Una presencia que no fueran engranajes, tornillos o bicicletas. La casa de Mine olía a aceite y grasa de motor. Pero también a café y, efectivamente, a pan. Olía a hogar. Melisa. Mis ojos se anegaron. Llanto. Me pasa cada vez más seguido, solo llega. —Tranquila, siéntate aquí. La Mine jaló un banco desvencijado, lo limpió un poco con la mano y me dio un vaso con una bebida caliente y opaca. Me sonrió. —Mira, es casi-leche. Una locomotora oxidada silenció mi llanto, igualmente desgastado. Minerva miró hacia la rendija, más allá, como siguiendo el sonido. Clavé los ojos en el piso. Me preguntó aquello que ya se volvía un lugar común reciente-

mente: — ¿Cuál era su nombre? — Melisa. — ¿Se fue en la reconfiguración? — Sí. Una tarde mientras caminábamos por un bosque, lleno de jacarandas. De pronto el cielo se oscureció, se la llevaron. Estuve tres días perdida en ese bosque hasta que puede regresar a casa. No pude salvarle. —¿La encontraste? —En forma de conejo. Ella me encontró a mí. Una noche, llegó a buscarme, la seguí. —He escuchado historias así, aún ya reconfiguradas, ellas siguen buscando sus hogares, su gente. Al principio de todo esto recuerdo ver este parque lleno de autómatas. Giraban y giraban sobre sí mismos. Un corto circuito, como si lloraran. Es increíble. Parece que la nostalgia no desapareciera, queda ahí contenida entre engranes y resortes—. Los ojos de Mine se ensombrecieron. —Luego de que me encontró, me mostró un lugar subterráneo. Era como si quisiera que viera a las personas que ahí vivían, intentando reconstruir todo. Luego... se apagó. Y solo me queda esto de ella. Saqué la mano de mi bolsillo y le mostré las flores secas. —Es tremendo lo que viviste, Inés ¿tienes dónde quedarte? —No. —Aquí es seguro. Hay señal encriptada, los

drones casi no vienen. El tren se escucha por el eco del acueducto —. Suspiró como para agarrar valor y hablar— Yo perdí a mi abuela y a mi hermano, ella alcanzó a morir en su cama. A él lo llamaron a las brigadas y murió en las peceras. Era enfermero militar. —Cuando pensábamos que solo era un problema viral—. Suspiré. —Lo siento mucho. —Aún lo sueño, siento que en las noches viene, que está escondido por ahí y que me mira. —Mmmh, quizá sí lo haga, Mine, así es como me encontró ella ¿has buscado… Un grito sordo me interrumpió. Iba a contarle de mis sueños con Melisa, que así la encontré, que ella me miraba desde un árbol todas las noches. Era un grito agudo y profundo. Dolor. Corrimos al exterior. Una joven gritaba, aullaba. —¡Estoy soñando! ¿Dónde estoy? Me trajo aquí pero no la encuentro. —¡Inés, agárrala! Le sostuve la cabeza. Estaba como poseída de dolor. Un fantasma, llevaba un dije en forma de luna, tenía un nombre. Leonor. [Continuará…] * Ninjas, Fantasma y Reconfiguración son tres cuentos publicados por la autora en este mismo suplemento y pueden leerse como antecedente de Resonancia, o no. @LaMayaFlores


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A Lupita le gustaba planchar, de Laura Esquivel rado por horas la atención pública. A pesar de que había salido en todos los noticieros como la testigo principal de un asesinato, que no era tal. A pesar de que su palabra era la que podía llevar a la policía a la captura del culpable que no aparecía. La historia, traza una fascinante parábola moral de nuestro país, en donde, en algún punto, todos tenemos algo de Lupita y buscamos algo que nos salve del desamor. Tiene una profunda mirada espiritual y un refrescante humor negro. Logra reflexionar y reírse de este mundo que ha perdido el rumbo, y solo el verdadero amor nos puede salvar. Se pueden reflejar a través de los sucesos de la historia, cosas que pasan en la vida real y que así como Lupita, lo vive cada adicto o alcohólico, muchos mexicanos están presentes en estas historias llenas de dolor, y al igual que ella, buscan la manera de evadir estos recuerdos, estas situaciones y su propio presente con estos recursos. Esta historia es publicada después de una época de un desconcertante aumento de la violencia que comenzó en 2006. Una violencia acompañada de muchos fenómenos de crueldad, conducido con un aumento de las actividades de los grupos criminales relacionados con el tráfico de drogas y actividades ilícitas. La corrupción ha estado instituida en muchos ámbitos sociales. Ni los policías de élite ni los altos funcionarios han estado exentos e esta práctica. Tan es así que diariamente se muestra en la prensa el acumulado en riquezas de los políticos y sus familias. Es una historia breve, rigurosa, bien desarrollada. El lector ingresa a una violenta realidad, a la verdad y a la sorpresa. Tiene una profunda mirada espiritual y un refrescante humor negro. Logra burlarse de este mundo que ha perdido el rumbo.

González

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sta novela se basa en el relato de una policía de crucero poco agraciada físicamente, muy simpática, con problemas de alcoholismo, que ha sufrido abusos, ha sido segregada, soslayada, que ha padecido la violencia, incluso ha estado en la cárcel y sobrevive en un medio donde reinan las apariencias, el dinero y el poder. En su búsqueda del amor, de la aceptación y tratando de superar sus complejos Lupita termina involucrada en el asesinato de un delegado político, en el cual ella confiaba y apoyaba. Esta historia da un giro radical, pues por ser testigo del asesinato y al no estar en un estado saludable, entra en conflicto y su vida entonces se pone en peligro y debe desentrañar el misterioso crimen, al que rodean oscuros intereses políticos, redes de corrupción y venta de drogas. “Lupita se vio a sí misma cruzando la calle ubicada frente al Jardín Cuitláhuac en dirección al automóvil del delegado. Inocencio, el chofer del licenciado Larreaga, le estaba abriendo la puerta. El licenciado venía hablando por teléfono. Lupita se cruzó con un hombre que levantó el brazo para saludar al delegado. El delegado se llevó la mano al cuello que comenzó a sangrar abundantemente. Lupita no recordaba haber escuchado ningún balazo”. Por más que Lupita se empeñaba en entender lo que había sucedido más dudas le surgían. Mientras más esfuerzo ponía en olvidar la mirada de sorpresa que había puesto el licenciado Larreaga antes de recibir la herida que le arrebataría la vida, con más fuerza la revivía y el recuerdo le provocaba náusea, temblor, angustia, molestia, rabia, indignación... miedo. Un miedo enorme. Lupita conocía el miedo. Lo había experimentado miles de veces. Lo olía, lo percibía, lo adivinaba ya fuera en ella o en los otros. Cual perro callejero lo detectaba a metros de distancia. Por la forma de caminar, sabía quién temía

ser violada o robada. Quién temía ser discriminado. Quién le temía a la vejez. Quién a la pobreza. Quién al secuestro. Pero no había nada más

*** Laura Esquivel, A Lupita le gustaba planchar, Debolsillo, tercera reimpresión, México, 2018.

nuestro de donde todos han estado huyendo. Seguimos creyendo que nos salvará algo oculto, que llegaremos a la felicidad, segui-

mos soñando que podemos ser eternos… ven cómo les digo que sí estamos bien, pero bien pendejos.

Pendejos 6 Por Pilar Alba

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omos bien pendejos, queremos encontrar la felicidad en todas partes. Buscamos tener finales felices como en las telenovelas o extraordinarios como en las películas y series de las plataformas. Y nos pasamos horas, días y años viviendo en la vida de otros que ni siquiera existen. Tratamos de buscar objetos que nos hagan parecidos a ellos e intentamos los mismos peinados, los mismos vestidos, lo mismo, lo mismo. Nos convertimos en seres uniformes que van por la vida buscando las mismas cosas y haciendo los mismos tontos sacri-

ficios. Sí, la verdad somos bien pendejos. No nos damos cuenta de lo que pasa alrededor, donde no hay finales felices, donde lo extraordinario se nos volvió cotidiano. Nos asusta ver la violencia en la pantalla y no la que se da a tres cuadras. El estruendo de los balazos en sonido estéreo nos parece más fuerte y temeroso que el sordo y opaco de las armas reales que matan en su propia casa a nuestros vecinos. Nos provoca más miedo el ser sobrenatural que acecha a unos jóvenes en la serie que la situación de inestabilidad económica, que la pérdida del valor de la vida. Nos da más tristeza la imagen de los pueblos lejanos en las noticias que la del

Río de Palabras

transparente para ella que el miedo a no ser amado. A pasar desapercibido. A ser ignorado. Ese precisamente era su miedo mayor y ahora lo sentía en carne viva a pesar de haber acapa-

Libros

6 Por Miguel Ángel de Ávila


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LA GUALDRA NO. 503 // 16 DE NOVIEMBRE DE 2021

Cine

Una película de policías, de Alonso Ruizpalacios 6 Por Adolfo Nuñez J.

H

ay un momento, tanto en Güeros (2014), como en Museo (2018), las dos primeras películas de Alonso Ruizpalacios, en donde la cuarta pared se rompe, y los personajes que conforman ambos relatos se vuelven conscientes del plano de ficción en el que se encuentran. De manera deliberada, Ruizpalacios juega con este artificio en pequeños y calculados instantes, como un recordatorio, tanto para el espectador como para los personajes, de que las historias que se están contando no se tratan de algo real, sino que son una simulación filmada de la realidad. Este quiebre entre la realidad y la ficción también está presente dentro de Una película de policías (2021), la más reciente producción del realizador mexicano. Lo interesante aquí es el modo impredecible en el que el director experimenta con ambos niveles dentro de la narración y el montaje. Así, desde una crónica sobre la policía de la Ciudad de México, hasta una cinta de ficción, pasando por un falso documental, el filme de Ruizpalacios puede entrar en cualquiera de estas categorías de manera simultánea. La película narra la historia de Teresa (Mónica del Carmen) y Montoya (Raúl Briones) dos policías que, además de ser compañeros de trabajo, son pareja. El resto de sus colegas de oficio

los conocen como “la patrulla del amor”. Los dos protagonistas cuentan, en ocasiones con un particular sentido del humor, anécdotas sobre su labor como defensores de la ley, partiendo desde sus inicios, que en ambos casos se desarrollaron dentro del ámbito familiar. Teresa decidió ser policía igual que su papá, mientras que Montoya eligió dicho oficio porque a eso se dedicaba su hermano mayor. Asimismo, ambos detallan las dificultades dentro de su trabajo, señalando el prejuicio que

se le tiene a quienes portan el uniforme azul, pero con plena consciencia de la corrupción y abuso de poder que este implica en ocasiones. De manera paulatina, la cinta también registra la experiencia de Mónica del Carmen y Raúl Briones, ambos actores profesionales, en sus intentos de ponerse bajo la piel de los policías que interpretan. Con el afán de comprender sus profundas complejidades y contradicciones, ambos actores asisten a academias con instalaciones precarias y reciben el entrenamiento es-

Tolstoi (Im)posibilidad de una cultura para la paz 6 Por Álvaro Luis López

Cultura para la paz

Limón*

“Algo horrible, nuevo y tan importante como jamás le había sucedido, se estaba realizando dentro de su ser. Y él era el único que lo sabía; los que lo rodeaban no lo comprendían o no querían comprenderlo, y pensaban que todo seguía igual que siempre”. León Tolstoi

E

l enfermo –descrito en La Muerte de Iván Ilich– estaba cada vez más irritable, le parecía imposible engañarse sobre la gravedad de sus males. Para el enfermo – como en el caso de nosotros– es absurdo seguir ocultando el malestar siniestro que la guerra y sus formas de violencia provocan en la conciencia colectiva y en nuestras vidas. El propósito de explorar el pensamiento de León Tolstoi nos conduce a expresar un par de elementos: primero, consideramos que las aportaciones más originales del pensamiento ruso residen no solamente en la filosofía de corte académico, también

anidan en su literatura, consideramos que sería inadmisible no conocer a Pushkin, Gogol, Dostoievski, Tolstoi y Chejov; segundo, el auge y punto culmen en la novela Rusa del Siglo XIX son Tolstoi y Dostoievski. Apoyándonos en Georges Steiner decimos que: “Este florecimiento […] representa uno de los tres momentos de triunfo en la historia de la literatura occidental; los otros dos corresponden a los tiempos de la tragedia griega y Platón, y a la época de Shakespeare. En los tres, el pensamiento occidental saltó

hacia delante desde las tinieblas mediante la intuición poética; en ellos se reunió mucha de la luz que poseemos sobre la naturaleza del hombre”. Hoy afirmamos que León Tolstoi analiza con precisión la naturaleza humana y apuesta por la construcción de un nuevo modelo de ciudadano, que hunda las raíces de su crecimiento en el amor social, la solidaridad, la redistribución social de la riqueza, la igualdad para todos los seres humanos, la vida en comunidad y la educación; ¿es

tándar (de solo seis meses) para los aspirantes a policías. La película de Ruizpalacios termina siendo un experimento original, afectivo y urgente sobre víctimas y victimarios de una corrupción que parece no tener fin. Sin caer en lugares comunes ni en la pornomiseria, Una película de policías es un acercamiento humanista sobre la degradación y el desamparo de un sistema que no protege a nadie, ni siquiera a aquellos que se esfuerzan en sostenerlo todos los días.

posible pensar en una cultura para la paz? A partir de Guerra y Paz (1869) Tolstoi explora la naturaleza humana en situaciones de guerra y las condiciones de vida deplorables, así como la ausencia de paz durante las batallas de Napoleón en su desmedido afán por extender su imperio; muestra el ego y las vicisitudes de familias aristocráticas envueltas entre en la vorágine de las guerras napoleónicas, los contrastes sociales de bailes y celebraciones, frente a un gran número de vidas de trabajo y sacrificio. En su búsqueda por encontrar el sentido de la historia, la naturaleza del poder y la paz, edifica un tratado sobre la guerra, la acción humana, el carácter trágico de la historia y la vanidad de las guerras. Tolstoi va construyendo –a lo largo de su obra– un dispositivo que le asigna sentido a sus acciones, la educación. Para él como para nosotros, con la educación pueden transformarse conciencias y construirse los cimientos de una cultura para la paz, transformar las estructuras sociales y los vínculos entre los individuos y sus formas de vida. *** Tolstoi, León. Obras selectas. Tomo III, Aguilar, México 1991. Steiner, Georges. Tolstoi o Dostoievski. Siruela, Madrid 2002. * UAEH / UAZ.


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