SUPLEMENTO CULTURAL
NO. 501 /// 1 DE NOVIEMBRE DE 2021 /// AÑO 11
DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN
Escena de “Panteón de fiesta”, de Mercedes Gómez Benet. Dir. Emmanuel Márquez.
La obra “Panteón de fiesta”, de Mercedes Gómez Benet, es un espectáculo con títeres y música original de Gerardo Tamez (Medalla Bellas Artes 2018). La dirección escénica está a cargo de Emmanuel Márquez. Este proyecto está apoyado por el estímulo fiscal EFIARTES 2020 y se presenta ahora como un concierto didáctico, dirigido a toda la familia con un enfoque lúdico; la música en vivo está a cargo del Ensamble Tierra Mestiza. “Panteón de fiesta” estará en Zacatecas este 5 de noviembre, a las 19:30 Hrs., en el Teatro Fernando Calderón, como parte de la programación del Festival de Día de Muertos “Fray Joaquín Bolaños”.
[Más de “Panteón de fiesta”, en páginas centrales]
2
LA GUALDRA NO. 501 /// 1 DE NOVIEMBRE DE 2021 /// AÑO 11
La Gualdra No. 501
Editorial Decía Octavio Paz, en El laberinto de la soledad, que el mexicano suele frecuentar la muerte “la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente”, probablemente sea nuestra relación con ella una de las más difíciles de comprender para otras culturas, pues es permanente una especie de amor-odio, de respeto-confrontación, y de miedo-desafío en nuestras prácticas cotidianas. Los mexicanos le tememos casi tanto como a la vida, y hacemos de ella una compañera constante, incluso, es parte de nuestra identidad. A propósito del Día de Muertos, vemos durante estos días, por ejemplo, la repetición, ad nauseam, de la imagen de La Catrina, caricatura originalmente concebida por José Guadalupe Posada como La calavera garbancera, y que al ser retomada por Diego Rivera en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, adoptaría el nombre con el que comunmente la conocemos. Es sorprendente la manera y los lugares en donde vemos actualmente la reproducción de esta imagen; creo que ni el mismo Posada hubiera imaginado en los lugares en los que su garbancera aparecería... hasta en los calzones, por ejemplo. El Día de Muertos llega este 2021 junto con la cifra oficial de casi 290 mil muertos a causa del Covid-19 y la pandemia no ha terminado; sin embargo, a partir de que un porcentaje alto de la población ha sido vacunada, hemos empezado a actuar como si la catástrofe hubiera sido superada. No son pocas personas a quienes he escuchado decir “De algo nos hemos de morir” para justificar el por qué no se han vacunado o por qué no usan correctamente el cubrebocas; cuando esto sucede pareciera que de fondo musical escucho al Charro Avitia cantar “No le temo a la muerte, más le temo a la vida, cómo cuesta morirse, cuando el alma anda herida”, la mismísima canción de Tomás Méndez. Cuesta mucho morirse, en serio. Mejor dicho,
cuesta mucho el funeral. Podemos cantar con desenfado “Si me han de matar mañana que me maten de una vez”, pero mejor no, porque con esta inseguridad ya no se sabe; o aquella de “En qué quedamos pelona, me llevas o no me llevas”, pero un poquito de empatía con los que se quedan no sale sobrando: mínimo cuesta 20 mil pesos el servicio funerario, que aumentará o disminuirá si se requiere cremación o no, si el féretro es de madera o de metal, si se requieren flores especiales o música durante la misa; y ya no digamos si queremos que nos acompañe hasta el cementerio un grupo musical que cante algo así como “Te vas ángel mío, ya vas a partir, dejando el alma herida y un corazón a sufrir”, o “Lo que pasó en este mundo, nomás el recuerdo queda, ya muerto voy a llevarme, nomás un puño de tierra”... porque ahí sí que se complica: habrá que desembolsar unos cuantos miles de pesos aún. Así que, o nos cuidamos un poquito más para vivir más tiempo, o de plano vamos dejando desde ya nuestro funeral pagado, con indicaciones precisas de lo que queremos y no. Por ejemplo, ¿quiere usted que la caja esté abierta para que lo vean por última vez? Asegúrese de que el embalsamador sea su amigo, de lo contrario lo dejará como una carantoña, mal maquillado, pues. No hay muertos bonitos, tampoco es cierto aquello de que hay quienes tienen al final una “expresión de paz”, los muertos son muertos y ya. Tampoco es verdad que el café de los velorios sepa bien, es espantoso, pareciera que las funerarias compiten con las pollerías para ver quién lo hace peor: las primeras el café o las segundas la salsa del pollo rostizado; así que mejor déjelo todo pagado. Cuesta mucho morirse, luego vienen más trámites, más gastos y los disgustos familiares hasta para decidir cada año a quién le tocará hacer el altar. Mejor sigamos celebrando la vida: cuidémonos. Y sí, “Hay que darle gusto al gusto”, pero, de preferencia, con responsabilidad. Que disfrute su lectura. Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com
Contenido Una estampa del desaparecido Panteón del Refugio de Zacatecas Por Victor Hugo Ramírez Lozano
3
Panteón de fiesta [concierto didáctico interdisciplinario en el Festival de Día de Muertos “Fray Joaquín Bolaños”]
4 5
López Velarde y Emilio Uranga: suave conjunción de existencias Por Mauricio Flores
6
El Museo Virtual de La Quemada Por Jorge Cuauhtémoc Martínez Huerta
7
Telegrama sobre la gula Por José Enciso Contreras
8
/// Ivanko Moses-Lee. No es serio este cementerio. Collage digital. 2021.
Directorio
Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx
Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita Diseño Editorial
La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.
Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com
3
1 DE NOVIEMBRE DE 2021
Una estampa del desaparecido Panteón del Refugio de Zacatecas Día de Muertos
6 Por Victor Hugo Ramírez
Lozano
E
l fantasma del cólera morbus había llegado a Zacatecas, en todo el país venía cobrado miles de víctimas; fue en 1833 cuando golpeó con fuerza en el estado, algunas publicaciones señalan que murieron entre 11,000 y 12,000 personas.1 Como consecuencia se prohibieron las inhumaciones en el interior de los templos y espacios atriales; para suplirlos se instauraron en nuestra ciudad los “campos santos” de Bracho (al norte) y de Nuestra Señora del Refugio (al sur); este último, en una de las lomas de la Isabelica,2 se bendijo el 1º de noviembre de 1834 durante el gobierno de Francisco García Salinas. La iniciativa se había tomado un año antes por varios vecinos, destacándose el señor J. Germán Rocha, quien había contribuido económicamente para su construcción. Este cementerio fue una novedad en el sentido que se construyó con apego a las normativas adoptadas en otras poblaciones de México para controlar la pandemia, que disponían entre otras cosas, que debía estar alejado de la zona urbana, en puntos donde los vientos dominantes no soplaran hacia la ciudad y también en donde no se contaminaran mantos acuíferos. También las características arquitectónicas y funcionales eran normadas, debía ser un espacio rectangular y proporcionado, perfectamente delimitado por muros altos, con al menos una capilla para celebrar las exequias y con áreas definidas para inhumaciones verticales, horizontales (gavetarios) y fosas comunes. Durante casi seis décadas estuvo en funcionamiento, cerró sus puertas en 1892. En este espacio se levantaron mausoleos y túmulos de gran calidad artística; existen inventarios que cuando los leemos por primera vez, se duda de tanta riqueza descrita, se enlistan esculturas de mármol, obeliscos de piedra con jaspes incrustados y herrerías exquisitas. Ante tal cantidad de arte, incluidas las alhajas de la capilla, resulta increíble que hoy no queden más que algunos restos de lápidas que pueden ser vistos como parte de la mampostería del edificio del PRI, cerca de la estación de ferrocarriles. El cementerio fue vendido a particulares por el gobernador Leobardo Reynoso en 1944. Movido por este atentado a la memoria histórica, el profesor Salvador Vidal consignó en su Estudio Histórico de la ciudad de Zacatecas (1955): “Es digno de censura para nuestras autoridades, el hecho que no
hayan evitado que este lugar se convirtiera en propiedades particulares, pues los cementerios, una vez clausurados, no se permite que se profanen los restos de los que allí descansan”. Gracias a una fotografía estereoscópica custodiada por el Archivo en Línea de California (OAC) y puesta a consulta por su área de Investigación de Publicaciones y Colecciones Especiales bajo el nombre del “Old cemetery of El Refuges” es que podemos admirar la riqueza de que nos hablan los testimonios antedichos. Vale la pena aclarar que su clasificación está solo como “México”. Debo confesar que mi imaginación se quedó corta. En esta imagen fechada aproximadamente en 1880, el tiempo, la memoria y el espacio, fueron capturados de una manera por demás sugerente, como puede apreciarse. En primer plano, cargado a la derecha, aparece un personaje de atuendo humilde, calzado con huaraches de “tres agujeros” y cuyo rostro se oculta a medias bajo el ala de su sombrero de piloncillo –por cierto, muy bien
confeccionado-. Su pose fue indudablemente indicada por el anónimo fotógrafo, cuyo espíritu romántico queda de manifiesto en toda la composición de la imagen: el hombre, sentado en una vieja lápida, cruzado de brazos y cabizbajo, refuerza la idea de aflicción, de tristeza por los seres queridos ya difuntos. Casi junto a sus pies, el fragmento de una pelvis a flor de tierra, lo invita a meditar sobre la muerte. Un sepulcro de mediana altura domina el segundo plano, su talla resulta por demás atractiva y denuncia la sensibilidad de los canteros zacatecanos: de una antorcha cuya flama ya se extinguió –como la vida-, surgen hojas de acanto que se desenvuelven armónicamente, dotando de dinamismo a este labrado enmarcado por un fino rosario. Se aprecian tres floreros ricamente cincelados, uno está por caer, sugiriendo al espectador la idea de olvido. Tras este túmulo se ocultan más lápidas cuya calidad y estética se adivinan semejantes; en lo que podríamos manejar como un tercer y cuarto plano, se aprecian construcciones de
mayor altura y complejidad arquitectónica. Llama la atención la cantidad de obeliscos (cinco) que aparecen en la toma, algunos más robustos y decorados que otros, pero al fin elementos icónicos de la cultura funeraria egipcia adoptada por la occidental. Un catafalco de elementos gotizantes destaca por su altura y diseño, se logran ver sus placas de mármol blanco y la barandilla de hierro fundido que lo delimita. En el último plano nuestro cerro de la Bufa deja ver su corona pétrea; gracias a este inconfundible telón de fondo, fue posible identificar el lugar de la toma: de Sur a Norte, el Panteón de Nuestra Señora del Refugio de Zacatecas. Actualmente, sobre lo que ocupó este cementerio se ubica el fraccionamiento “El Mirador” cuyos residentes suelen contarnos algunos reclamos sobrenaturales. Vidal, Salvador. “Estudio histórico de la ciudad de Zacatecas”, 1955. 2 Las lomas contiguas a la mina de “La Isabelica”, recibieron este nombre. 1
4
LA GUALDRA NO. 501
Día de Muertos
Panteón de fiesta [concierto didáctico interdisciplinario en el Festival de Día de Muertos “Fray Joaquín Bolaños”]
E
n 2003, la UNESCO declaró la festividad del Día de Muertos como patrimonio cultural de la humanidad. “Panteón de fiesta” de Mercedes Gómez fue comisionada por el Performing Arts Center de Los Ángeles y se estrenó en el Primer Festival Internacional de Teatro de Juguete en el Music Center de Los Ángeles en junio de 2008. Para su producción obtuvo una beca de la Fundación Jim Henson. La obra “Panteón de Fiesta” fue presentada en México, N.Y. y Los Ángeles en EUA, Francia, España, Polonia y Alemania por Facto Teatro y los músicos Ernesto Anaya y Mercedes Gómez. Durante 2019 se creó un equipo interdisciplinario para preparar con la obra un nuevo espectáculo con títeres y música original de Gerardo Tamez. La producción nueva está a cargo de la dirección escénica de Emmanuel Márquez, cuya experiencia en espectáculos con títeres permite acrecentar el proyecto y la presencia que este pueda tener en el público infantil y juvenil. Para la actual producción se ha convocado además a un grupo de actores jóvenes que añaden fuerza a la realización de este concierto didáctico diseñado para realzar la cultura mexicana, y en especial, para difundir su maravillosa música. Este espectáculo musical fue seleccionado para la nueva producción en 2020 por el Estímulo Fiscal EFIARTES. Se presenta ahora como un concierto didáctico, dirigido a toda la familia con un enfoque lúdico. Cuenta con música original de Gerardo Tamez interpretada en vivo por el ensamble Tierra Mestiza, cuya trayectoria de más de una década incluye obras mexicanas tradicionales y arreglos de música de cámara y popular; el grupo está dirigido por su fundador, guitarrista y compositor Gerardo Tamez, galardonado en 2018 con la Medalla Bellas Artes.
La dirección escénica corre a cargo de Emmanuel Márquez, quien agrega elementos como títeres y máscaras para mostrar las tradiciones populares mexicanas dentro de esta pieza interdisciplinaria. El Día de Muertos en México incluye una combinación de distintas costumbres y culturas. La tradición mexica explica cómo, quienes morían de muerte natural, llegaban al Mictlán, el cielo que les correspondía. Esta festividad se extiende por todo el territorio mexicano. Cada estado cuenta con características particulares que hacen de ella una rica mezcla, ideal para abordarse en escena. Por ello, esta nueva versión muestra la versatilidad estética y musical que pue-
de tener el día de muertos. CRÉDITOS Composición musical: Gerardo Tamez.* Músicos integrantes del Ensamble Tierra Mestiza: Director y guitarras: Gerardo Tamez. Flauta y percusiones: Carlos García. Violín: Teodoro Ángel Gálvez Mariscal. Arpa: Mercedes Gómez. Dramaturgia: Mercedes Gómez Benet. Director de escena: Emmanuel Márquez.* Productora y asistente de dirección: Andrea Cruz Meléndez. Diseño de escenografía, vestuario y títeres: Tenzing Ortega. Asistencia de producción: Alex Moreno
del Pilar. Elenco: Andrea Castañeda, Alex Moreno del Pilar, Luz Amelia Holguín Galindo y Blanca Viridiana Tovar Retana. * Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del FONCA.
SINOPSIS Procopio, el personaje principal, ha muerto. Ahora deberá atravesar siete pruebas para llegar al Mictlán, el lugar de los muertos. ¡Su principal problema es que no sabe que está muerto, se siente solo y le cuesta trabajo aceptar su nueva realidad!
5
1 DE NOVIEMBRE DE 2021
Día de Muertos
- Pobrecito Procopio, tan joven. - ¿Quién lo diría? ¡Tan sano que era! - No somos nada. - ¡Polvo somos, acuérdate! - ¿Cómo que se murió? ¡Si me debía!
Acompañado con música originalmente compuesta por Gerardo Tamez y basada en la tradición popular mexicana, Procopio comprenderá su propia muerte. Se dará cuenta de la importancia de la vida y ayudado y guiado por el sabio perro Xolo encontrará su camino al otro lado.
Durante su travesía, Procopio irá descubriendo el inframundo, aquí presentado en el contexto de la cultura popular actual. Se enfrentará a peligros tremendos, como la Terrible Lagartija, los Ocho Desiertos y las Montañas Chocadoras, entre otros.
“Panteón de fiesta” se presentará en Zacatecas este 5 de noviembre, a las 19:30 Hrs., en el Teatro Fernando Calderón, como parte de la programación del Festival de Día de Muertos “Fray Joaquín Bolaños”.
6
LA GUALDRA NO. 501
Op. Cit.
López Velarde y Emilio Uranga: suave conjunción de existencias 6 Por Mauricio Flores*
Uranga, caracterizado por una poesía “plácida y campirana”, un subrayado maderismo y hasta la sabida fama del sortilegio que producía entre las damas. “Lo cierto es que después de su muerte las mujeres estudiosas se le han amontonado, y casi no ha habido señora o señoritas literarias que no le dediquen sus explosiones amatorias”. “Pero hablando de la mujer”, termina Uranga, “se me ha olvidado la patria. En el origen de la patria, de la actual, de la nuestra, la mexicana, está Ramón López Velarde. Él la fundó poéticamente, que es, entre todas las partidas legales de nacimiento, la más noble, imperecedera y a la vez más exigente, como una oración cotidiana que repite su difícil fidelidad a una alianza sacralizada”.
D
emasiado se ha escrito sobre Ramón López Velarde, el poeta zacatecano insignia de unos y otros y que en su corta vida, intensos treinta y tres años radicados en diferentes geografías, escudriñó en el ardor las razones de su existencia. “Yo anhelo expulsar de mí cualquier palabra, cualquier sílaba que no nazca de la combustión de mis huesos”, escribió; algo que pareciera haberse cumplido cuando vemos que su obra atiza, una centuria después, diversas lecturas y disquisiciones. Poeta de “la patria”, “el intimismo” y “el deseo inalcanzable”, ¿cuántas veces habrá el lector escuchado tales distintivos?, López Velarde reaparece asiduamente en escena. En estos pandémicos días en oportunidad del centenario de su muerte, alcanzada lejos de su natal Jerez de aromas discretos, en una urbe apenas recuperada del sacudimiento revolucionario. Poeta que abriga muy dentro “las mismas quejas y [las] propias furias” de tantos hombres y mujeres, ahora en un nuevo milenio. ¿Qué decir de López Velarde? ¿Algo más que sumar? ¿Desde la erudición, la academia, la historia, la biografía? En la búsqueda de las correspondientes respuestas es que se inscribe La exquisita dolencia. Ensayos sobre Ramón López Velarde, de Emilio Uranga, en limpia edición de José Manuel Cuéllar Moreno. Libro que en sus poco más de cien páginas reúne los textos que sobre el bardo publicó el filósofo “de medio siglo”, personaje de la cultura nacional poseedor de cierta “leyenda negra” tras de sí. La novedad editorial (Bonilla Artigas) es con ello un doble acierto que inscribe en el grueso de las relecturas de López Velarde una versión poco conocida, la de Uranga (1921-1988), al tiempo que anota los lazos que habrían “unido” a uno y otro. “Difícilmente encontraremos una lectura de López Velarde tan sostenida y con tantas capas como la de Uranga”, asegura Cuéllar Moreno. No le dedicó el filósofo “abundantes” páginas al poeta, pero sí “absorbió sus enseñanzas y las incorporó a su ADN”. Hay también en López Velarde y Uranga una “suave conjunción” que identifica Cuéllar Moreno. La de “sus existencias”, que van de 1888 a 1921 y de 1921 a 1988, respectivamente. Aritmética que “describe el arco perfecto de un siglo. Es el inicio y final de una dramática historia que tuvo como protagonistas a una ‘patria suave’ y a su amada imposible, ‘ojerosa y pintada’: la Revolución”. Acontecimiento histórico que Uranga hallará en la “novedad de la Patria” de “Minutero”. La patria surgida de la Revolución, escribe Uranga, es en López Velarde “no histórica, ni política, sino íntima”. El significado de la Revolución es otro. “No hay pensador capaz de pensar lo que López Velarde entiende por íntimo. Lejos, pues, estamos de haber comprendido lo que la revolución nos ha enseñado […] La tarea es vigilar y velar porque la esencia de lo que la revolución ha producido se convierta para nosotros en realidad cotidianamente vivida y ensayada
en situaciones cotidianas”. Mar de posibilidades La exquisita dolencia… se compone de nueve textos, incluido el capítulo cuatro de Análisis del ser del mexicano, la obra más conocida de Uranga y donde “se vuelca” a las letras lopezvelardianas como una tarea impuesta “por la obligación de volver al origen”. “Cuando un poeta habla de
nuestro carácter lo hace con esa resonancia prístina que presta o devuelve a sus insinuaciones todas sus dimensiones, que no las obtura o rebaja a sus significaciones corrientes y molientes, sino que las ‘agrava’ y hunde nuevamente en el mar de sus posibilidades”. Los restantes ocho apartados, procedentes de las páginas de diferentes periódicos, completan el perfil de López Velarde dibujado por
Excelente crítico En Emilio Uranga hay algunas páginas notables sobre López Velarde y aquella imagen del poeta jerezano sobre la viuda oscilante del trapecio, emblema para Uranga del ser del mexicano. Es sorprendente que este año que en que se ha celebrado el centenario del nacimiento del López Velarde ninguno de nuestros críticos haya recordado esas páginas penetrantes… Uranga fue un excelente crítico literario. Lástima que hayas escrito tan poco. Hubiera podido ser el gran crítico de nuestras letras: tenía gusto, cultura, penetración… es necesario recoger sus escritos. Son parte de la cultura contemporánea de México. Octavio Paz, 1988.
Emilio Uranga, La exquisita dolencia. Ensayos sobre Ramón López Velarde, Bonilla Artigas, México, 2021, 112 pp. * @mauflos
7
1 DE NOVIEMBRE DE 2021
6 Por Jorge Cuauhtémoc
Martínez Huerta1
E
l museo de sitio de La Quemada, creado en 1996, fue un proyecto innovador desde sus inicios, con un diseño arquitectónico basado en los antiguos edificios de esta ciudad prehispánica, logró una perfecta armonía con su entorno, además de una museografía igualmente innovadora en ese momento. Actualmente, después de 25 años y de una remodelación que ha cambiado el concepto del museo, se han integrado las nuevas tecnologías para apoyar los objetivos de educación y divulgación del patrimonio arqueológico de La Quemada, a través de un “museo virtual”, una plataforma web que permite no solo la visualización sino también la interacción con varias piezas arqueológicas del sitio, mediante réplicas virtuales de las mismas. Los museos virtuales si bien son un concepto o fenómeno que ya tiene más de una década de desarrollo y uso en diversos países, carece todavía de una definición de aprobación general (existen diversas acepciones) e incluso un término establecido con el que designarlo; se le denomina en ocasiones como museo en línea, museo digital, cibermuseo o museo en la red. Independientemente del nombre, la idea que subyace a este fenómeno es el de construir en internet una extensión digital del museo. Algunos lo han definido como un sitio web que presenta una colección de objetos digitales relacionados entre sí, que trasciende los métodos tradicionales de comunicación e interacción con los visitantes; no tiene una ubicación o espacio real, sus piezas e información relativas a ellas, por ser de naturaleza digital pueden diseminarse por todo el mundo (Schweibenz, 2004). Existen museos virtuales de diferentes tipos según el entorno de interacción que se utilice, los más comunes son los recorridos virtuales, realizados con fotografía panorámica de 360 grados; básicamente muestran los diferentes espacios y salas de un museo a través de fotografías envolventes que le permiten al espectador mirar hacia todas partes. Sin embargo, al ser solo fotografías planas no se puede tener interacción con las piezas, ni visualizarlas desde otros ángulos que no sea el mismo que el espectador vería en el museo real. Existe otro tipo de museo virtual, en donde se presentan las colecciones digitalizadas tridimensionalmente al visitante, es decir, exhibe copias virtuales en 3D de las piezas del museo. La principal diferencia con el tipo anteriormente descrito, estriba en la capacidad de manipulación a la réplica 3D del objeto, el visitante virtual
/// Diferentes vistas del modelo 3D de la escultura femenina de La Quemada; las esculturas plateadas son vistas del modelo sin color, lo que permite apreciar más detalles.
/// Representación del levantamiento fotográfico realizado a la escultura femenina de La Quemada; las cámaras azules representan todas las fotografías que se toman alrededor de un objeto para generar su modelo 3D.
/// Vista del Museo virtual de La Quemada en la plataforma web de Sketchfab.
puede mover, rotar y hacer acercamientos a las piezas, lo cual confiere una mayor sensación de realidad y cercanía con este. Si bien, en México existen museos virtuales de esta naturaleza, los ejemplos son escasos a comparación de otros países. Entre los más conocidos en el plano nacional tenemos varios pertenecientes al INAH: el Museo Nacional de Antropología, Museo Maya de Cancún, Museo de Arqueología Subacuática, Museo Virtual de Chichen-Itzá, y ahora integrándose a esta red de museos de colecciones 3D, el nuestro: el Museo Virtual de La Quemada. Para poder crear estos modelos 3D de objetos o piezas arqueológicas, se requiere de alguna técnica de digitalización 3D,
una herramienta que permite la producción de un modelo virtual y su visualización a través de una computadora; dicho modelo reproduce la morfología, la textura y el color de un objeto real. Existen varias técnicas como el escaneo 3D y la fotogrametría digital, para nuestro proyecto se optó por esta última. La fotogrametría digital cada vez más utilizada para el registro del patrimonio cultural, permite una reconstrucción tridimensional precisa de la geometría de un objeto, mediante la toma de una serie de fotografías digitales de alta resolución alrededor de la pieza que se desea virtualizar (Martínez Huerta, 2015: 174). Estamos aún en una etapa inicial de los museos virtuales, pero con el vertigi-
noso desarrollo de las tecnologías digitales y la nueva normalidad, sin duda estos museos se consolidarán y perfeccionarán, además de añadir nuevas funcionalidades más inmersivas en un futuro cercano. Los museos virtuales no son una competencia de los museos físicos, debe verse como una extensión de estos, una nueva herramienta que ayude a los museos en sus objetivos de educación y de divulgación del patrimonio cultural. Usted puede ver el museo de la Quemada en: https:// sketchfab.com/Museo_La_Quemada. 1 Arqueólogo. Responsable del Proyecto del “Laboratorio de investigación y documenta-
ción 3D del patrimonio cultural” del Centro INAH Zacatecas.
Ollin: Memoria en Movimiento
El Museo Virtual de La Quemada
8
Historia
LA GUALDRA NO. 501 // 1 DE NOVIEMBRE DE 2021
/// Fragmento de ‘La mesa de los pecados capitales’, del Bosco. 1505 - 1510. Óleo sobre tabla de madera de chopo, 119,5 x 139,5 cm. Museo del Prado.
Telegrama sobre la gula 6 Por José Enciso
Contreras
C
omenzando canónicamente por lo que dice la Santa Madre Academia de la Lengua Española, en buen castellano se entiende por Gula el “exceso en la comida o bebida, y apetito desordenado de comer y beber”. Desde donde se desprende claramente que otro tipo de excesos recibirá cada cual su propia denominación. Tengo para mí que cada persona está de alguna manera predispuesta para sus propios excesos. Políticos como Salgado Macedonio o Fernández Noroña son proclives a verdaderos excesos verbales. Otros más, zacatecanos — bastantes por cierto—, lo son en materia de peculado y otras felonías patrimoniales, eso sí, sin faltar farisaicamente cada domingo a misa. Pero lo de la gula es excederse en la comida y en la tomadera, señores. También se piensa que los pueblos o naciones destacan cada cual por ciertos excesos; los Estados Unidos suelen excederse prácticamente en todos los órdenes, especialmente en andar de bravucones y metiendo por el mundo su cuchara donde nadie los llama. Por cierto que la abundancia y variedad de la comida estadounidense desde el siglo pasado se basa en las cocinas de muchos países, tantos como las corrientes migratorias fueron ocupando su sitio en aquella sociedad. Palabras como cuisine, caserole o french fries, son bastante comunes en los menús de los gringos. Igual ocurre con la lasagna, la proverbial pizza o el spaguetti, la hamburguesa, el burrito, el taco, el chop suey, o la comida Tex Mex, que no es más que puro Mex. Se dice con toda razón que allá se impusieron las cocinas del
mundo porque no encontraron competencia endémica que presentara alguna resistencia. Los franceses, en cambio, tienen conocida debilidad por la comida, su comida. En el último cuarto del siglo pasado, cada francés gastaba 43% de su ingreso en comida y bebida, porcentaje que no debe ser muy diferente en la actualidad, dado que un buen ciudadano sigue teniendo como amigos muy queridos al carnicero, al panadero, el pastelero y el pescadero de su barrio, con los que muy a menudo suele conversar largo y tendido. Aparte de que era “medio jotillo” y todo lo que ustedes quieran, hasta el momento poco se sabe de las amplias y militantes inclinaciones de Leonardo da Vinci por la comida, y menos aún se sabe que también fue desde niño muy gordito, y ya de grande corpulento y fortachón. Sirvió en su juventud como cocinero en una taberna florentina llamada Los Tres Caracoles, de ahí que en su larga lista de inventos se encuentran una picadora de carne, máquinas de lavar platos y algunos cascanueces, todos útiles en la cocina, de la que sabía bastante, al grado que escribió sus notas que bien pueden tenerse como recetario, con el cual contribuyó a crear la comida renacentista de su tiempo. Allí aparecen platillos que hoy nos parecen algo raros como Muslo de colimbo y Patas de vaca hervidas. También las sopas eran muy apreciadas por Leo, como la de almendras, la de caballo, la de rana y la de cabezas de nabos, ente otras delicias culinarias. Por su parte, don Miguel de Cervantes, lo mismo conoció de cárceles y cortes, así como de bazofia tras las rejas y manjares cortesanos. Ha dejado en su Quijote numerosas referencias a la comida de su época. La novela no escatima referencias bastante detalladas
a platillos en boga antaño y hogaño: migas, gachas, caldos, asados de presas de caza, jamones, vinos, tiernos cochinillos y corderos, todos aderezados con abundancia de las entonces apreciadas especias. Ya en México, donde más que por una historia de la gula cabría apostar por una crónica de la hambruna y desnutrición seculares, tenemos varios epítetos que hemos enjaretado a los glotones, como el de guzgo, que tanto utilizaba mi abuela. También tenemos otros de más grave sonoridad, como el de languciento, aplicable al comelón por necesidad, avorazado, lambrijo y hambriento atracador de Oxxos. Me quedo pensando en el Cacique Gordo de Cempoala que topó Hernán Cortés a su llegada a Veracruz en 1519. ¿Por algo sería gordo, no? Uno de nuestros más célebres golosos fue también el único presidente de la república que murió soltero, que no célibe, porque igualmente cargó con la dudosa reputación de mujeriego nocturno, pero que muy ciertamente fumaba a destajo y su presidencial cocina gastaba nada menos que 15,000 pesos, no sabemos si al mes o al año, sí en cambio que era una buena lana en cualquier caso, y de eso lo acusaban sus enemigos porfiristas. Se trata del jalapeño licenciado don Sebastián Lerdo de Tejada, personaje regordete y chaparrito, leal a Juárez hasta en los malos tiempos, y enemigo desterrado de Porfirio Díaz. Era muy amigo de la buena mesa y solía ser bastante gastador en los restaurantes capitalinos de postín de sus tiempos, como el de Monsieur Porraz. Otros mexicanos ilustres en el mundo de las letras, de la talla de don Manuel Orozco y Berra, Antonio García Cubas y nada menos que don José Fernando Ramírez, de día
personas de guante blanco, por las noches se desbalagaban por las fondas del Callejón de Bilbao, en la Ciudad de México, para refinarse buenas dosis de asado, pulque, pescado blanco de Chapala y frijoles chinos con peneques y rábanos, con sus reglamentarias tortillas tiernas recién saliditas del comal. Por otra parte, resulta difícil estar de acuerdo en todo lo que ha dicho o escrito don José Fuentes Mares, especialmente en materia de historia, donde parece ensañarse con muchas de las más rescatables tradiciones liberales mexicanas del siglo XIX. Digamos en su descargo que no parece ser un conservador mocho y ramplón, oloroso a sacristía o veladora, sino todo un bon vivant de Chihuahua. Sobre la gula ha escrito varias líneas reivindicadoras que son incontestables para alguien que posea aunque sea dos gramos de sentido común y de civilización: “Opongo… serios reparos al catálogo tradicional de los siete pecados capitales ya que si bien parecen admisibles la avaricia, la lujuria, la soberbia, la ira, la envidia y hasta la pereza […], en cambio es arbitrario que se incluya a la gula en la nómina de tales pequeñeces. ¿Pecado la gula que convirtió al bípedo que solo comía carne a las brasas en el ser que hoy goza en Bruselas digamos, una carbonnade aux endives positivamente espiritual? En México, para no ir más lejos, hay que ver la diferencia entre un azteca que comía tlaxcaltecas a la plancha y un mexicano actual, capaz de disfrutar una salsa culta como el mole poblano, tan buena que sublima los encantos de un pernil de guajolote o vuelve comible un pedazo de cebú”. Basta de tanto antecedente. Que cada quien escoja mesa, platillos, dosis y a darle que es mole de olla. Provechito.