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La Gualdra 533

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SUPLEMENTO CULTURAL

NO. 533 /// 27 DE JUNIO DE 2022 /// AÑO 11

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

Stivaleit Guerrero. Nómada, poeta y narradora. 1990, Tabasco, México.

“Stivaleit Guerrero se define nómada por vocación, de igual forma la escritora transita de un género a otro, de la poesía al cuento breve, del cuento realista al fantástico y hasta el ensayo. Esa errancia, no solo geográfica sino de intereses e ideas, hace que Stivaleit pueda escribir sobre Lupita, una muchacha que vive el acoso y la precariedad que la industria del petróleo ha dejado en las ciudades del sur, pero también una fábula taxidermista en Noruega. La escritora nos dice que sus ideas son caóticas y barrocas, con un cierto dejo de culpa, sin embargo, yo creo son solo algunas de sus mayores virtudes creativas”.

[Una entrevista con Stivaleit Guerrero, realizada por Beatriz Pérez Pereda, en páginas centrales]


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LA GUALDRA NO. 533 /// 27 DE JUNIO DE 2022 /// AÑO 11

Editorial El maestro Manuel Felguérez Barra finalmente descansa en el museo que lleva su nombre. A unos días de que se cumplieran los primeros dos años de su fallecimiento a causa del Covid-19, y tras un primer intento porque sus cenizas llegaran a Zacatecas, el pasado sábado 25 de junio se realizó una ceremonia encabezada por quien fuera su compañera de vida durante varias décadas, la Sra. Meche Oteyza, quien estuvo acompañada por algunos integrantes de su familia -entre ellos su hija-, de autoridades gubernamentales y de amigos cercanos de ella y el maestro. Primero se celebró un acto de bendición en Catedral; luego, en el museo, una sobria lápida de mármol selló el espacio en el que la urna fue depositada, en el lugar en el que El retablo de los mártires nos recibe desde hace años y en donde desde el 8 de junio se exhibe parte de Legado, la exposición que incluye las últimas obras que realizó este querido artista zacatecano antes de morir y que, de acuerdo con su última voluntad, serán parte de la colección de este espacio inaugurado el 4 de septiembre de 1998. Fue una ceremonia sencilla, imagino que como él la hubiera deseado, con poca gente -la indispensable, la más cercana- para despedirlo; y fue, además de discreta, muy emotiva. Cuando la urna llegó a su museo, una valla de niños boy scout custodiaba la entrada y guiaba a los asistentes hasta la que fuera la capilla del edificio que originalmente albergaría el Seminario Conciliar y Tridentino de la Purísima en el siglo XIX; ahí, otros seis integrantes de Provincia Scout Zacatecas lo recibieron, impecablemente vestidos, saludando respetuosamente con los tres dedos de su mano derecha, y que representan para esta organización a Dios, la patria y la familia. Quizá esta primera guardia de honor realizada por ellos fue la que más emoción generó, por la solemnidad con el que los restos mortales del maestro Felguérez fueron recibidos; recordemos que el artista originario de Valparaíso, Zacatecas, tras vivir sus primeros años en la Hacienda de San Agustín del Vergel, partió con su familia a la Ciudad de México; fue ahí en donde sería scout de

los 8 a los 23 años. La Orquesta Comunitaria de Cuerdas de Zacatecas (integrada por Fabián Rivas, Salvador Hernández, Sergio Correa, Andrea Sullivan y Quetzel Rosales) interpretaron Cerca de ti, de Lowell Mason; y Aria de la suite para cuerdas No. 3, de J. S. Bach. Antes de que las cenizas fueran depositadas en el que será su lugar permanente, fueron realizadas otras guardias más: la integrada por su esposa Meche, su hija y su nieto, y Alfonso López Monreal; la siguiente fue conformada por David Monreal Ávila, Sara Hernández de Monreal, Lucina Jiménez López, María de Jesús Muñoz Reyes, Jorge Miranda Castro, y José Luis González Martínez, siempre acompañados de Meche, quien siempre solía estar con Manuel. Seguro recordará, estimado lector, que cuando Manuel Felguérez venía a Zacatecas -lo hacía frecuentementesiempre estaba acompañado de Meche. No había un solo acto, por más sencillo que fuera, en el que él no la hiciera partícipe. Eran, los dos, un gran equipo; y parafraseando a Benedetti, en la calle, codo a codo fueron mucho más que dos. Después de las guardias, Alfonso López Monreal le dedicó unas palabras a su amigo, a su colega, pidiendo al final a las autoridades dieran continuidad al trabajo realizado por el maestro; después de él, participaron la directora del INBAL, Lucina Jiménez y el gobernador del Estado, David Monreal. El evento protocolario fue breve, puntual. Después, la urna con las cenizas fue depositada con la ayuda de los trabajadores del museo mientras la Orquesta interpretaba el Pequeño adagio para cuerdas, de Javier González. La lápida. Un silencio denso. El cristal. Meche observando todo y Manuel, seguro, observando todo también. Se ha dicho que el maestro regresó a casa, yo pienso más bien que nunca terminó por irse y que su presencia seguirá aquí para recordarnos, como él mismo lo dijo en aquella entrevista realizada en 2018, que, ante las adversidades, ante la vida misma, los zacatecanos tenemos algo que nos hace fuertes y que nos dicta el camino a seguir: “Ahí está en nuestro escudo: el trabajo todo lo vence”.

Contenido Hablemos de teatro [Parte 2] Por Rossalina López

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Stivaleit Guerrero: la literatura nómada Por Beatriz Pérez Pereda

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Rayuela, de Julio Cortázar Por Miguel Ángel de Ávila González

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Borges o la fórmula de la escritura literaria-filosófica como enigma interminable Por Sigifredo Esquivel Marín

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The black phone, de Scott Derrickson Por Adolfo Nuñez J.

Madriguera Por Mariana Flores

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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

Directorio

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


Literatura

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Stivaleit Guerrero: la literatura nómada 6 Por Beatriz Pérez Pereda

S

tivaleit Guerrero se define nómada por vocación, de igual forma la escritora transita de un género a otro, de la poesía al cuento breve, del cuento realista al fantástico y hasta el ensayo. Esa errancia, no solo geográfica sino de intereses e ideas, hace que Stivaleit pueda escribir sobre Lupita, una muchacha que vive el acoso y la precariedad que la industria del petróleo ha dejado en las ciudades del sur, pero también una fábula taxidermista en Noruega. La escritora nos dice que sus ideas son caóticas y barrocas, con un cierto dejo de culpa, sin embargo, yo creo son solo algunas de sus mayores virtudes creativas. Beatriz Pérez Pereda: Tu primer libro publicado Taxisa, Libros del Marqués 2021 (parte de este libro obtuvo una mención honorífica en el Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2014), tuvo un proceso infrecuente en la literatura mexicana donde las prisas a veces lo definen todo. Cuéntanos del proceso y reescritura de este libro tuyo... Stivaleit Guerrero: Realmente la edición y publicación de Taxisa fueron muy rápidos, en un par de meses después de haberlo mandado a la editorial ya estaba listo para salir al público. Lo que tardó en realidad fue la creación y espera en el cajón. Lo escribí en Ciudad del Carmen cuando trabajaba allá [duré un año en esta ciudad] y cuando regresé a Querétaro, así como estaba el libro, medio arreglado según yo, lo mandé al Premio. Este premio está ligado a la editorial Tierra Adentro y se supone que íbamos a tratar de publicarlo, pero cambiaron al entonces director y ya no se hizo nada. El libro estuvo guardado y cuando por fin decidí publicarlo, comencé a hacer modificaciones. El libro original de hecho no tenía ni título. El título vino después con el cuento de Taxisa, que no estaba incluido en el original. BPP: Mientras leía tu libro Taxisa, me parecía que es un libro donde puede palparse tu infancia en el sureste del país, los vicios y virtudes del trópico, las situaciones que el petróleo ha originado, etc. Cómo ha sido para ti escribir sobre esto, sobre todo a la distancia, después de años de ya no vivir ahí. SG: He vivido en Tabasco, Veracruz, Campeche, Querétaro, Estados Unidos y Ciudad de México. Mi infancia fue muy feliz y escribo seguido al respecto, entonces la recuerdo con melancolía a veces y se nota en algunos cuentos, sobre todo los que toman lugar en Tabasco. Pero lo bonito es que cada ciudad la asocio con historias, entonces nunca se me terminan. A la distancia, el recordar es un ejercicio útil para mi proceso de escritura, pero no me limita porque es inspiración, no es una guía. Es decir que si no recuerdo detalles de una situación que pasó realmente, termino inventando y listo. BPP: Pero no todo es el sur, justo el cuento que

da título al libro es uno de los más interesantes de esta colección, cuéntanos un poco sobre el momento de escritura de este cuento. SG: Cuando llegué a la Ciudad de México entré a muchos talleres literarios, he pasado por un montón de escuelas: SOGEM, La Casa del Lago, el Instituto Villaurrutia, el Claustro de Sor Juana y la Escuela de Escritores Mexicanos. Allí he conocido mucha gente interesante que comparte la pasión de la literatura. De hecho, conocí a mis mejores amigos en la SOGEM [Luis Alonso, Carlos Hammurabi y Lester Fast] y con ellos he escrito textos que después han sido publicados. Lo que hacemos [o hacíamos, porque desde la pandemia ya no lo hemos hecho] es crear “retos” que nos obliguen a escribir, dar retroa-

limentación y comparar escritos. El cuento de Taxisa, por ejemplo, surgió de un reto que tenía como premisa elegir alguna ilustración de internet y utilizarla para una historia. Yo elegí una serie de fotografías de la revista National Geographic donde aparecían animales disecados. BPP: Te he escuchado decir que una de tus principales influencias literarias es Fernando del Paso, ¿qué encuentras en la escritura de del Paso que hace eco en ti? SG: Es curioso porque Fernando escribe de una manera mega rebuscada y pesada, pero siempre tiene sentido. Yo escribo lo más conciso que puedo, lo más ligero que me es posible porque quiero que cualquiera pueda leer mis escritos,

sin embargo, lo que sucede en mi cabeza se parece más a su estilo que al mío. Mis ideas son caóticas y barrocas, ya después las aterrizo con esfuerzo, pero creo que eso es lo que me gusta de él, que parece que me estoy leyendo yo antes de filtrarme. Además, no sé si es porque el señor fue dibujante, pero también me sucede mucho que cuando lo leo me imagino formas y colores en lo que escribe, a veces sin decirlo directamente. Es una maravilla imaginaria. BPP: Ahora está próximo a publicarse tu nuevo libro, ¿nos compartes un poco de este proyecto?, cuáles fueron las motivaciones para tu segundo libro de cuentos. SG: Este nuevo libro se llama Epicentro y es un


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Stivaleit Guerrero [nómada, poeta y narradora], 1990, Tabasco, México. Obtuvo mención honorífica en el Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2014; Primer Lugar del Concurso de Ensayo Ágora 2012 y Segundo Lugar en Poesía del XXVI Concurso de Creación literaria 2012, ambos del Tecnológico de Monterrey. Ha tomado cursos de literatura en la Escuela de Escritores de la SOGEM, la Casa del Lago de Juan José Arreola, el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, el Claustro de Sor Juana, la Universidad de Michigan y la Escuela de Escritores de México. Ha colaborado con revistas literarias digitales e impresas como Lee+ [Revista de la editorial Gandhi], Bitácora de Vuelos y Tierra Adentro. Ha sido incluida en la Antología de Poesía Española Y lo demás es silencio II de Chiado editorial, misma editorial donde en 2016 publicó su primer libro de poesía titulado My Jam. En 2019 publicó su primer libro de cuentos breves Taxisa, en Libros del Marqués. A inicios del 2022 fue incluida en la Antología del profesor Julián Castruita Morán, de La Casa del Lago: Con la inmortalidad del tiempo. Actualmente radica en la Ciudad de México. Puedes seguirla en sus redes: www.instagram.com/stiguerrero/ www.facebook.com/StiGuerreroEscritora

TAXISA [fragmento] ¡Señora Gertrudis! Limpió mal este cuarto: ¡sáqueme estas ideas de aquí! Pessoa —Dos semanas me tomó convencer al director —dijo Helge, en su fragmentado inglés— y tú, como si no tuvieras otra cosa que hacer, vienes a divertirte con ellos. —Si es arte para ti, también lo es para mí —respondió Martín—, ¿y qué no es el arte sino una manera de divertirse? ¿O al menos, de distracción? Nadie recurriría a ello si no fuera porque proporciona un sentido de satisfacción. Los animales escuchaban atentos. Había una tortuga reposando sobre su propia espalda, a la puerta del toilette;

un oso parado en el cuarto principal, con las garras a la altura de sus orejas, y había un ciervo, con todo y cuerno roto, conmemorando su belleza frente al espejo de la sala. Helge preparaba su cámara fotográfica. Había decidido por impulso plasmar la muerte con medio formato. A Martín le parecía que el trípode era un taxidermo también, pero al revés: tomaba vida sólo cuando retrataba la muerte. Era parte de un ecosistema que no podría sobrevivir sin él, sin sus tres patas. Martín entonces alababa en su interior el trabajo de su amigo noruego. Helge siempre había sido más habilidoso, prestaba atención a los detalles. Que cómo habían ido a parar al mismo cuarto, simplemente altas probabilidades de desdicha. Le tocaba con frecuencia darse cuenta

de que la balanza siempre se inclina hacia la adversidad. Pero amaba a su amigo, no con romanticismo, sino con admiración, con recelo y con impaciencia. Tenía ganas de ser él hasta en ese momento. Martín quería tener las manos de Helge para acariciar el pelo del oso muerto. Deseaba compartir, al menos, los ojos de Helge para admirar el pico del pájaro calvo, como Helge lo hacía. Porque a él mismo no le parecía arte. Veía la escena y quería sentir, tenía necesidad de escuchar algo proveniente de esa belleza muerta, palabras parecidas a las que Helge escuchaba. Pensaba, incluso, que quizá era cosa de nacionalismo. Sentía que traicionaba a su patria admirando la esplendidez de otro país. Cuando abandonó México, un semestre atrás, quiso sentir

melancolía por lo que dejaba, pero tampoco sucedió. Eso sí, sentía un fuerte deber de permanecer reacio a las injusticias del país. Por eso se iba, no por una beca negada, sino por el deseo de regresar —dos años después, al término del programa— y demostrar que no necesitaba del dinero sucio del gobierno para progresar. Economía estudiaba. Más en específico, se quemaba las pestañas por la maestría en factores socioeconómicos e influencia de la agricultura en la cooperativa y control social, o como en Noruega solían llamarle cariñosamente hvordan det påvirker planter og dyr i mennesket. —¿Crees que los performances sean arte? Yo no lo creo. —¿Por qué no? —preguntó Helge. En ese momento no lo sabía, pero se encontraba tomando las primeras muestras del trabajo que le daría un lugar en la revista más famosa del mundo natural. —La mayoría son bazofias. Si el artista no siente el gozo de lo que hace. Por ejemplo, aquella mujer que se sentó frente a miles de desconocidos durante horas para mirarlos a los ojos. Yo no podría sentir más que incomodidad. Ella misma terminó llorando con el último espectador. ¿Crees que se le pueda llamar así al participante? Era parte del acto, pero también cumplía con un papel externo. A mi parecer ella sola era el acto en sí. Y terminó llorando de infelicidad. El orangután borneo parecía anhelar los árboles frescos del patio. Había tomado, o le habían asignado, una muy cómoda posición. En verdad parecía ascendente del humano. Sus ojos brillaban, a diferencia de los otros animales. Al igual que los humanos, congelado del otro lado del mundo real, esperaba su turno para despertar.

Literatura

libro de cuentos fantásticos. Nació porque en algún momento tomé dos cursos de literatura fantástica casi seguidos: uno de la Universidad de Michigan [en línea] y otro con la escritora Susana Pagano en Querétaro [presencial] y naturalmente las historias me fueron saliendo de la pluma mientras hacía las tareas de los cursos y mientras leía cuentos del tema. Esto fue en el 2014. Desde entonces le he metido mucha mano al libro. Estoy muy contenta con el resultado y con Libros del Marqués que me han apoyado muchísimo en el proceso. No quiero adelantar mucho respecto al libro pero de los tres que llevo, es el que más me gusta; lo siento más maduro, se nota ya claramente mi estilo literario.


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Rayuela, de Julio Cortázar 6 Por Miguel Ángel de Ávila

Libros

González

“¿E

ncontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la Rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti...”, así comienza la reseña que J.J. Sampedro publicó en la revista trimestral Cambio número 5, (1975) y que tuvo la particularidad de introducir a la lectura de esta novela a los que conformamos la generación de los setenta de Zacatecas. Coincidimos en señalar que es la obra que más nos ha transformado. Es así que nos enamoramos de la Maga (Lucía), seguimos a Horacio Oliveira en sus vagabundeos por París y deseábamos que nuestro grupo adquiriera las mismas características de la pandilla del Club de la Serpiente; tener un amigo chino como Wong, tocar el trasero de Babs en la oscuridad, hablar en glíglico con la novia y tomar yerba mate. A mediados de los setenta proliferaron en Zacatecas toda clase de Oliveiras. No faltaban Magas ni Talitas ni gemelos divinos estilo Traveler. Entonces la guerra sucia estaba en su apogeo pero al menos se leía a los escritores latinoamericanos. La influencia de esta historia llegó a tal grado que se introdujo en algunos espacios donde las parejas ponían en práctica las descripciones que se hacen “el cíclope” y las prácticas eróticas como “yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua”. La Maga es una joven ingenua, que ve todas las cosas con una mirada de sorpresa. Ama a Horacio Oliveira, pero también tiene todo el cariño del mundo para su bebé Rocamadour (Carlos Francisco), quien se queda al cuidado de madame Irene mientras la Maga busca trabajo. Los del Club de la Serpiente se reúnen todas las noches para escuchar jazz cantar y hablar de filosofía. Tienen sesudas conversaciones sobre Artaud, Baudelaire, Faulkner, Goethe, San Agustín, Dylan Thomas. Todos están ahí: Miró, Mondrián, Paul Klee. Rembrandt, Picasso, Bessie Smith, Satie... La Maga no comprende el jazz, ni la filosofía, no sabe de cine, pero en cambio entiende todo aquello de lo que Horacio no tiene idea, como el afecto por Rocamadour, el amor y la ternura. La Maga hubiera podido enseñarle tantas cosas a Oliveira, pero él solo se escucha a sí mismo. De pronto la Maga desaparece sin dejar rastro. Entonces Oliveira se da cuenta del amor que siente por ella y la irresponsabilidad con la que se ha comportado. Se trata de una de las historias de amor más creativas y conmovedoras jamás escritas. Tengo la certeza de que

/// Julio Cortázar.

veira, las raras coincidencias que lo acercan o lo alejan de la Maga, la muerte Rocamadour, las crípticas conversaciones con los amigos, las numerosas referencias a libros y obras musicales con que se envuelve y enriquece el libro, constituyen lo básico del argumento de la novela. El principal problema que enfrenta Oliveira es que su mente es un desastre, tendría que reflexionar sobre su propio caso para comenzar a ordenarlo y procesarlo. Lo que adora Oliveira es el desmadre. Oliveira vuelve a Buenos Aires —al borde de la loculara— dejando atrás un par de amores: Pola que muere de cáncer en el seno; y la Maga, quien probablemente se arrojó al Sena. Rayuela se convirtió de inmediato en libro de cabecera. Formula preguntas sobre el amor, el arte contemporáneo, la ciudad, el tiempo, la realidad, pero nunca las responde. Hacer una buena pregunta suele ser más importante que contestarla, lo cual hace de Rayuela una novela de indagación y especulación, de aprendizaje en espera siempre de nuevos lectores. A través de esta novela y de los otros libros que Sampedro reseñó en la revista mencionada —Gracias por el fuego, Benedetti; El túnel, Sábato; El astillero, Juan Carlos Onetti...— aprendimos que la literatura es una forma de compromiso con la vida, de explorar el mundo, de mirarlo con los ojos de la imaginación. *** las formas novedosas de relación entre los jóvenes de la década de los setenta tiene que ver con la trama amorosa de

Rayuela, especialmente en lo que respecta a la autenticidad y libertad. Los avatares de la existencia de Oli-

Julio Cortázar, Rayuela, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1976.


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Borges o la fórmula de la escritura literariafilosófica como enigma interminable 6 Por Sigifredo Esquivel Marín

6 Por Adolfo Nuñez J.

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están dentro del linaje de la más elocuente tradición que va de Parménides y Platón hasta T. S. Elliot y Valery, pasando por el Tao y los poe-

tas gnósticos. Elipsis y enigma resultan figuras centrales de su obra, como la curvatura de senos entrevista en la blusa de una bella mujer,

The black phone, de Scott Derrickson

desapareciendo sin dejar rastro, los habitantes se refieren al responsable de dichos crímenes como el Raptor (Ethan Hawke). Como resultado de su personalidad pasiva y temerosa, Finney se vuelve la siguiente víctima de este secuestrador de niños. Mientras se encuentra encerrado en un sótano, el joven protagonista recibe llamadas de quienes parecen ser las víctimas anterio-

res del asesino a través de un teléfono negro colgado en la pared. Voces que no recuerdan sus nombres ni su pasado, y que tampoco saben en dónde se encuentran exactamente, pero que están dispuestos a ayudar a Finney a salir de ese lugar con vida. Tomando como inspiración el cuento homónimo escrito por Joe Hill, y las propias experiencias de infancia del director, el filme de Derrickson destaca por la brillante integración de diversos elementos que se desprenden del terror y que, lejos de sentirse forzados, logran enriquecer la narración. El cineasta presta especial atención al contexto social de aquel entonces, retratando a los años 70 como una época particularmente brutal y de una violencia que se filtraba incluso en la vida cotidiana de niños y adolescentes. En ese sentido, la cinta recuerda a novelas clásicas del terror como El resplandor (1977) y Eso (1986), ambas escritas por Stephen King (padre de Hill).

Todas estas historias tienen en común el elemento sobrenatural como una representación de la crueldad del mundo adulto frente a la pérdida de la inocencia infantil. A tal efecto, destaca la excepcional interpretación de Ethan Hawke como un psicópata que se va debatiendo entre una naturaleza por un lado inhumana y barbárica y, por el otro, frágil y vulnerable. La cinta también brilla por su calculada puesta en escena, de espacios cerrados y atmósferas opresivas, y que dan como resultado una muy efectiva tensión e incertidumbre que solo llega a su fin hasta que los créditos empiezan a correr. The black phone es la suma de los mejores elementos de su género, cada uno empleado con total control y virtuosismo. A su vez, se trata de una historia valiosa sobre el instinto de supervivencia y la búsqueda de una certeza, incluso dentro de los rincones más oscuros y atemorizantes.

Cine

a esencia de las historias de terror tiene que ver con la amenaza de algo perturbador y, en ocasiones, inexplicable. Muchas de las producciones cinematográficas del género orbitan alrededor de seres con dichas características, ya sea un asesino en serie, un ente sobrenatural o, en algunos casos, una mezcla de ambos. A primera vista, puede parecer que The black phone (2022), el más reciente trabajo del realizador Scott Derrickson (Sinister, 2012), no escapa de tales convenciones, pero, conforme avanza la cinta, se vuelve claro que se trata de un relato con intenciones diferentes a las que se ven usualmente en el género. La película, que toma lugar en Colorado durante 1978, narra la historia de Finney (Mason Thames), un tímido adolescente cuya actitud noble e inocente lo vuelve el blanco de los matones de su escuela, y que a menudo es defendido de estos por su hermana Gwen (Madeleine McGraw). En una ciudad donde los niños están

/// Jorge Luis Borges (1899-1986)

Literatura

A

unque quizá sea uno de los más grandes pensadores de Iberoamérica, Jorge Luis Borges no es un filósofo, en todo caso es un intelectual bastante atípico, tampoco es un escritor de grandes narraciones, sus fabulaciones están muy lejos de lo que se suele denominar boom latinoamericano. Sin embargo, nadie deja de admirar su inquisitivo genio creador. Los más grandes lo admiran: Paz, Savater, Steiner, Bloom, Cioran, Deleuze, Derrida, entre muchos otros. Salvando sus primeros escarceos literarios vanguardistas, me atrevería a decir que Borges es escritor de un mismo texto casi perfecto e interminable. En él casi se juega el todo por el todo, o bien por nada. Lo leemos con avidez e infinito placer, sus obras maestras son ya parte del repertorio de las letras universales. Habría una fórmula mágica infalible, sería secreta si no estuviera al alcance de todos, a saber, el estilo borgesiano inconfundible: de seducir, hacer pensar, barajar varias hipótesis existenciales y antropológicas, sin deci(di)r ninguna respuesta. Borges es la literatura como interrogación íntima e intensa. Sus ensayos-cuentos o fábulas ensayísticas aparecen apenas como el bosquejo de una narración que se antoja abreviada y requerida de un desarrollo más explícito. Habría que matizar que también hay personajes memorables que nos resultan absolutamente entrañables e inolvidables como Emma Zunz e Irineo Funes (El memorioso), en ambos casos tenemos presentes sus cuerpos y gestos, en el primero, una joven doncella dispuesta a la autoinmolación y, en el segundo, un cuerpo gaucho tullido, encorvado e inmóvil postrado en un lecho y direccionado todo como memoria absoluta y prodigiosa, respectivamente. Sus poemas intelectuales

así las narraciones de Borges apenas cuentan lo mínimo para que el lector pueda sacar el máximo provecho interpretativo. La literatura como enigma también se podría leer la literatura como goce. Para el argentino lo más importante de las letras es disfrutar de su (re) lectura; lectura y re-lectura se vuelven indiscernibles: que otros se jacten de las páginas escritas, yo de las leídas –sentenciaba. Quizá por eso, en su lectura interminable, el lector es cómplice y co-creador de su trabajo textual. Tales son algunos de los ingredientes de la fórmula infalible borgesiana. Imitarla es tan inútil como denostarla. Las citas recurrentes de Berkeley, Schopenhauer, Nietzsche, Heidegger y pensadores orientales únicamente tienen la función de dar cierto matiz y coloración a sus ideas en ciernes que no son sino hipótesis enfebrecidas. Es un escritor que gusta de bromas e ironías metafísicas, lo suyo es la delicadeza, no en balde en sus admirables Ejercicios de admiración, Cioran lo describe como el último delicado, símbolo de una humanidad abierta y tolerante en extinción. La fineza de su escritura contrasta con el vértigo del encuentro de sus ideas y elucubraciones que dejan al lector girando fuera de sí, fuera del mundo. Fineza y elegancia que se expresan en un estilo cada vez más natural y directo. Al final del trayecto resume su búsqueda en sus conferencias de Harvard de 1967-1968, publicadas bajo el emblemático título de Arte poética, donde comunica de manera didáctica y amena algunas claves estilísticas de su escritura: huir de la afectación retórica, renovar el lenguaje literario como develación del misterio del mundo y, sobre todo, escribir asumiendo que las palabras están imantadas de magia y hacerlo con la frescura matinal cotidiana. Tal vez ahí resida parte del admirable secreto de su escritura que hasta ahora no ha podido ser superada, ni siquiera igualada.


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Madriguera Río de Palabras

6 Por Mariana Flores*

C

Para Gorrais, regalo tardío de cumple…

lara está desorientada. Revisa el mapa una y otra vez. Ese es el lugar, pero no ve indicios. Es la coordenada 54YH, pero no ve a nadie. El piso está lleno de polvo, de cenizas. Clara piensa en la Reconfiguración y se entristece. Está a punto de tomar camino en otra dirección, cuando ve una leyenda en el mapa “como el conejo, saltaremos a la luna”. Clara mira el piso, nota que hay un montículo de polvo, como si hubiera un agujero debajo. Remueve con el pie, nota algo grabado en el cemento, remueve un poco más y más. La figura un conejo-robot saltando a la luna. Remueve toda la ceniza, es un grabado en el piso pero no ve nada que pueda funcionar como una puerta, palanca o botón. Faltan unos minutos para que el sol salga y con ello los vigilantes minotauros empezarásn sus rondines. —Como el conejo, saltaremos… Clara salta sobre la figura del conejo, tantas veces y tan potente como sus fuerzas se lo permiten. Está débil. Un salto más y el piso se abre. Comienza a deslizarse sobre una resbaladilla de metal oxidado que cruje. Cae en un montículo de cenizas. Con fuerzas

aprieta el mapa en su mano. Hay un puente colgante metálico, se ve endeble. Pero es el único camino posible. Camina despacio, con precaución. Rechinan, el puente y ella. A lo lejos escucha un bullicio, gente y música ¡gente y música! —No puede ser… Se le llenan los ojos de lágrimas, no puede recordar cuándo fue la última vez que escuchó música, seguro fue con Leonor, antes de que se la llevaran. A lo lejos comienza a distinguir luces de colores, el ruido es más intenso, huele a sudor. Huele a algo parecido al alcohol. Clara recuerda la última cerveza que se tomó, con Leonor, en la zotehuela de su departamento. Antes de que el mundo dejara de ser mundo. Se acerca temerosa. Se adentra a lo que parece ser una fiesta. Clara está atónita. El lugar es oscuro, las luces fluorescentes. Todas las personas visten como ninjas, para no ser detectadas. Mucha gente. Al fondo hay una especie de malla metálica y del otro lado dos automátas DJ´s. Clara está como hipnotizada, ve las manos robóticas apretar botones para cambiar el compás de la música. Las personas bailan cual poseídas, bajo la tierra. Clara aprieta el mapa entre sus manos y comienza a preguntar por Eva, las indicaciones que

le dan la llevan a un piso más abajo. Llega a una especie galerón lleno de libros. Huele a papel y humedad. Unos autómatas los secan y los cuelgan en cordones. —Pudimos rescatar algunos, pero tenerlos bajo tierra los humedece, estamos encontrando formas de conservarlos, han sido de gran apoyo para esto —dice Eva mientras señala a los dos autómatas. —Soy Clara… —le responde mientras le enseña tímidamente el mapa. —Lo sé, leí tu mensaje. Diste rápido con este lugar, no siempre lo logran en tan poco tiempo… cuéntame, ¿qué te trae por acá? —Me interesa el trabajo que están haciendo con el proyecto Madriguera… creo que les puedo ser de utilidad… —¿Perdiste a alguien durante la Reconfiguración? —Eva lo intuye. —Sí, pero no solo es por eso. —Mira, es importante entender que no hay garantía de nada, mucho menos de que recuperemos a nuestros seres queridos. Las madrigueras se piensan como una manera de recuperar nuestras memorias y documentar más detalladamente lo que era el mundo antes de esto… Aún estamos probando, no hemos logrado que nos lleven a los lugares concretos que necesitamos, pero nos estamos aproxi-

mando… —Lo sé, aún así es esperanzador, la vida arriba es difícil. Ya no tengo nada que perder. —Esto es algo que nunca hemos hecho como humanidad. Aún no sabemos los efectos de esto, a veces las madrigueras surgen en el pasado inmediato, es decir dos meses atrás, a veces llegamos a lugares que no conocemos y tenemos que regresar. Está el riesgo que generar un loop que nos atrape en este momento… Otra cosa, si no avanzamos, paramos el proyecto. —De acuerdo, cuenten conmigo —dice Clara con una convicción que hace mucho no sentía. —¿Hace cuánto que no estás en una fiesta? —No recuerdo… —Lo primero, es que reconectes con el goce, con tu cuerpo y con una comunidad, solo así podrás soportar los desfaces de los viajes. Ven, te voy a presentar a tus colegas y te voy a dar algo para que te relajes. Queremos recuperar memoria y perfeccionar las madrigueras, pero no hay proyecto sostenible si no hay goce o conexión —Eva extiende su mano robótica para que Clara la tome. Clara está de vuelta en la fiesta. Cierra los ojos, la música inunda su cuerpo. Después de mucho tiempo comienza a bailar, es como si flotara. Una breve sonrisa se cuela en su rostro. Casi está lista. [Continuará…] *@LaMayaFlores Escritora, socióloga y guionista.


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