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Semanal28082016

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■ Suplemento Cultural de La Jornada ■ Domingo 28 de agosto de 2016 ■ Núm. 1121 ■ Directora General: Carmen Lira Saade

Ciberespacio y realidad suplantada:

la angustia de la desconexión Peter P ál P elbart y Miguel a. adaMe

PokeMones en el Mundo virtual el laberinto de la Poesía : el haikú la filosofía coMo un derecho constitucional


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28 de agosto de 2016 • Número 1121 • Jornada Semanal

“Una suplantación de lo real por los signos de lo real”: así es como el filósofo francés Jean Baudrillard define el concepto de hiperrealidad, proceso acelerado por la dependencia cada vez más alta de los objetos tecnológicos que llevan a cabo una conexión cibernética concebida para imitar el contacto humano, sólo que de modo incompleto y plagada de riesgos como el ruido excesivo y, paradójicamente, la sensación de angustia que llegan

El rigor cinematográfico y Epitafio: fuentes históricas para un guión

a producir por un lado el riesgo de no estar conectado y por otro

Xabier F. Coronado

la verdadera realidad, es decir, la que no sólo existe en el ciberespacio. De realidades suplantadas, soledad en el mundo virtual y ciberangustias posmodernas habla en entrevista el filósofo húngaro Peter Pál Pelbart, lo mismo que el ensayista Miguel Ángel Adame. Completan el número artículos

CODIRIGIDO POR YULENE OLAIZOLA Y RUBÉN IMAZ, EL FILME SURGIÓ DE LA LECTURA DE LA VERDADERA HISTORIA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA, DE BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO Y LAS CARTAS DE RELACIÓN, DE HERNÁN CORTÉS, ENTRE OTRAS FUENTES HISTÓRICAS.

sobre la poesía, el necesario rigor …i tened mucha vigilancia en el buen tratamiento de los

de un guión cinematográfico, así como sobre la filosofía en tanto derecho constitucional. Comentarios y opiniones: jsemanal@jornada.com.mx

indios pues es razón i aquéllos lo merecen. Diego de Ordaz. Carta V: Madrid, 12 de octubre 1529.

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ace pocas semanas se estrenó Epitafio, película codirigida por Yulene Olaizola y Rubén Imaz, donde además de actuar he tenido la oportunidad de colaborar en el guión aportando investigación

documental sobre la vida del personaje que caracterizo: Diego de Ordaz. Epitafio rescata un evento poco conocido de la historia de México que fue determinante para la caída del imperio azteca: la subida de los conquistadores españoles al volcán Popocatépetl en 1519. Por otra parte, la película reivindica la figura de su personaje central, el capitán Diego de Ordaz (1480-1532), olvidado a pesar del indudable protagonismo que tuvo en varios episodios del llamado descubrimiento de América; entre otros, participar en la expedición que llegó hasta el corazón de Tenochtitlan. Ordaz fue el primer europeo que cruzó el paso entre los volcanes, hoy conocido como Paso de Cortés, contempló desde la distancia la ciudad gobernada por Moctezuma y escaló el volcán Popocatépetl, de más de 5 mil metros de altura. Las películas históricas deben sustentar su guión en documentos y relatos de la época pero, al tratarse de cine de ficción, a veces difieren de las fuentes documentales existentes. En este caso, tanto los hechos narrados como

Directora General: C armen L ira S aade , Director: H ugo g utiérrez V ega (†) , Jefe de Redacción: L uiS t oVar , Edición: F ranCiSCo t orreS C ó r d o Va , a L e y d a a g u i r r e r o d r í g u e z y r i C a r d o y á ñ e z . Coordinador de ar te y diseño: F r a n C i S C o g a r C í a n o r i e g a , Diseño de portada y dossier: Brenda m onCada, Diseño de Columnas: J uan g aBrieL P uga , Relaciones públicas: V eróniCa S iLVa ; Tel. 5604 5520. Retoque Digital: a Le Jandro P aVón , Publicidad: e Va V argaS y r uBén H inoJoSa , 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. Correo electrónico: jsemanal@jornada.com.mx, Página web: www.jornada.unam.mx

Portada: Control Ilustración de Pawel Kuczynski

La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, S.A. de CV; Av. Cuauhtémoc núm. 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Delegación Benito Juárez, México, DF, Tel. 9183 0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac núm. 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, México, DF, tel. 5355 6702, 5355 7794. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2003-081318015900-107, del 13 de agosto de 2003, otorgado por la Dirección General de Reserva de Derechos de Autor, INDAUTOR/SEP. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación, por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.


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Fotogramas de Epítafio de Yulene Olaizola y Rubén Imaz

el personaje mantienen estrecha relación con la base documental. El guión de Epitafio es resultado de un trabajo de investigación profundo: argumento y diálogos están extraídos de los libros y documentos analizados durante el proceso de búsqueda de información. La idea de realizar la película surge a raíz de la lectura de La verdadera historia de la conquista de la Nueva España (1568), escrita por Bernal Díaz del Castillo, relator omnisciente de este capítulo del genocidio. En el libro, los hechos que desarrolla el guión ocupan apenas dos párrafos de un texto de casi mil páginas: “Y todavía Diego de Ordaz con sus dos compañeros fue su camino hasta llegar arriba y los indios que iban en su compañía se le quedaron en lo bajo…” (Cap. LxxxViii). Posteriormente, los realizadores consultaron las Cartas de relación que Hernán Cortés envió al emperador Carlos i para justificar sus actividades en el “nuevo mundo”. La segunda carta, fechada el 30 de octubre de 1520, refiere la gesta de Ordaz, sin nom-

brarlo, como una anécdota al margen de lo que profusamente relata. Fruto de una investigación posterior, llevada a cabo una vez escrito el primitivo guión y definidos tanto personajes como actores, aparecieron otros textos que resultaron de suma importancia para concretar la dimensión del personaje principal de la película y los hechos relatados. Entre ellos fue fundamental El habla de Diego de Ordaz ( unam : 1985), de Juan m . Lope Blanch, excelente estudio lingüístico que transcribe nueve cartas manuscritas de Ordaz. Tanto el trabajo como las cartas aportaron datos sobre el personaje y su manera de escribir, así como hechos fidedignos y anécdotas que enriquecieron y precisaron el guión, sobre todo en su pretensión de que los diálogos reflejaran la manera de expresarse en la época en la que se desarrollan los acontecimientos que la película escenifica. Otro libro, Vida del Comendador Diego de Ordaz, descubridor del Orinoco, escrito por Casiano García (1952), fue esencial para conocer la biografía completa del personaje y su desempeño histórico tanto en México como en otras regiones durante la ocupación de América. El libro Historia General de los Hechos de los Castellanos en las Islas y Tierra Firme del Mar Océano, de Antonio de Herrera (1601), publica una grabado con la ascensión de Ordaz al volcán; y en la Historia General de España y América (Tomo Vii . Rialp: 1982), se dice que Cortés puso a Diego de Ordaz al mando de una expedición que iba a explorar el río Coatzacoalcos y la comarca de Oaxaca. Además, dedica un capítulo a su última aventura en el río Marañón (Orinoco). Por otra parte, el poeta Juan de Castellanos versifica las hazañas de Diego de Ordaz en

la Nueva España y Venezuela en una de sus Elegías de varones ilustres de Indias (1947). Finalmente, existe un texto inherente a la conquista de América denominado “Requerimiento”. Este escrito legal surgió ante la necesidad, por parte de la corona española, de dar respuesta al llamado “Sermón de Antonio de Montesinos” (1511), clérigo dominico residente en La Española, que cuestionaba la justicia de la invasión. Algunos teólogos y letrados pensaron que despojar a los indígenas de sus tierras, sin aviso previo ni derecho legal, ponía en cuestión la honorabilidad de los reyes de España. La solución a esta controversia fue el referido Requerimiento, un escrito redactado en 1513 por el jurista y consejero real Juan López de Palacios Rubios, que significaba la anuencia jurídica a la “guerra justa” contra los pobladores de América. El texto, que debía ser leído antes de entrar en combate, daba oportunidad a los nativos de someterse pacíficamente a la autoridad del rey y evitar enfrentamientos, manifestando explícitamente que si no aceptaban serían culpables de las muertes y daños que se produjesen durante la contienda. Los conquistadores estaban obligados a llevar el documento y cumplir con esa exigencia legal al comienzo de cualquier empresa de conquista: lo leían primero en castellano o en latín y después, mediante intérprete, era comunicado a los nativos que, la mayoría de las veces, observaban sin entender el alcance real del discurso previo al ataque de los invasores. Al finalizar la lectura del Requerimiento, un escribano levantaba acta para certificar que los indígenas habían sido advertidos. Sobre el Requerimiento dijo fray Bartolomé de las Casas: “Es una burla de la verdad y de la justicia y un gran insulto a nuestra fe cristiana y a la piedad y caridad de Jesucristo, y no tiene ninguna legalidad.” Un resumen del Requerimiento es el monólogo que mi personaje, el capitán Diego de Ordaz, declama en medio del humo del volcán al final de la cinta. Ese formalismo fue rasgo particular del espíritu español de la época, de forzoso cumplimiento ante cualquier hecho de trascendencia aunque ocurriera, como es el caso, en la soledad absoluta de la cima de una montaña. Epitafio es una película histórica de ficción que cuenta con una serie de características esenciales: entre ellas, un rodaje en alta montaña con tomas directas realizadas a 4 mil metros en el Popocatépetl y a más de 5 mil en el Pico de Orizaba (Citlaltépetl), pero de manera destacada un guión que mantiene el rigor histórico de los hechos que lleva a la pantalla

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CREACIÓN

El homenaje

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Javier Bustillos Zamorano

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reSentador: Señor presidente

de la República, señores secretarios y distinguidos invitados: a continuación daremos paso al último acto de esta conmemoración de los 210 años del natalicio de don Benito Juárez. Y quién mejor que el propio Benemérito de las Américas para cerrar con broche de oro. Sí, señoras y señores. La imagen que ustedes están viendo en este momento es la de nuestro prócer en una telepresencia holográfica tridimensional, lograda por técnicos mexicanos que nos lo muestran como si estuviera vivo y dando un discurso… ¿tenemos sonido? ¡Qué maravilla de la tecnología! Oigamos. Juárez: Mexicanos: después de tres años de una lucha desigual y sangrienta contra las legiones extranjeras que la traición condujo a nuestro país, estamos en pie y resueltos como el primer día, para seguir defendiendo nuestra independencia y libertad contra el despotismo. Hemos sido desgraciados, es verdad, la suerte nos ha sido adversa muchas veces; pero la causa de México, que es la causa del derecho y de la justicia, no ha sucumbido, no ha muerto, y no morirá, porque existen aún mexicanos esforzados en cuyos corazones late el fuego santo del patriotismo; y en cualquier punto de la República en que existan empuñando las armas y el pabellón nacional, allí, como aquí existirá viva y enérgica la protesta del derecho contra la fuerza. Compréndalo bien el hombre incauto que ha aceptado la triste misión de ser el instrumento para esclavizar a un pueblo libre y advierta que la traición, la falta de la fe prometida en los preliminares de la Soledad y las actas de reconocimiento y de adhesión dictadas por las bayonetas extranjeras que lo sostienen, son los únicos títulos con que pretende gobernar: que su trono vacilante no descansa sobre la voluntad libre de la nación, sino sobre la sangre y los cadáveres de millares de mexicanos que ha sacrificado sin razón… PreSentador : (Por un radio transmisor) suspendan la proyección, repito, suspendan la proyección. Juárez : …tal vez el usurpador no quiera pensar en su falsa posición, y en vez de acoger las verdades que encierran nuestras palabras, las rechace con una sonrisa de burla y de desprecio. No importa. La conciencia, que nunca olvida ni perdona, las hará valer y nos vengará. En el bullicio de la corte, en el silencio de la noche, en los festines y en la intimidad del hogar doméstico, a todas horas y en todas partes, lo perseguirá, lo importunará con el recuerdo de su crimen, que no lo dejará

Benito Juárez

gozar tranquilo de su presa, mientras llega la hora de la expiación y entonces para el tirano, para los traidores que lo sostienen y para todos los que hoy se burlan de nosotros y se gozan en las desgracias de la patria, vendrá el desengaño con el arrepentimiento; pero ya serán estériles, porque entonces la justicia nacional será inflexible y severa. Esa hora llegará, no lo dudéis, mexicanos, como llegó la de nuestros antiguos conquistadores en el año de 1821… PreSentador : (Al radio) ¡Quiten la imagen! ¡¿Me escuchan?! Juárez : Esperemos; pero esperemos obrando con la heroica resolución de Hidalgo y Zaragoza, con la actividad de Morelos y con la constancia y abnegación de Guerrero, conservando y aumentando el fuego sagrado que ha de producir el incendio que devore a los tiranos y a los traidores que profanan nuestra tierra. Mexicanos: los que tenéis la desgracia de vivir bajo el dominio de la usurpación, no os resignéis a soportar el yugo de oprobio que pesa sobre vosotros.… PreSentador : (A un asistente) Quita el sonido o corta la luz, ¡pero ya! Juárez : …la existencia del poder arbitrario es una

violación permanente del derecho y de la justicia que ni el tiempo ni las armas pueden justificar jamás, y que es preciso destruir para honor de México y de la humanidad. Esta es nuestra tarea: ayudadnos, si no queréis conservar el nombre de esclavos envilecidos de un tirano… PreSentador : (Al radio) ¡Quite el proyector! ¡No me interesa si es de la unam ! ¡Quite el maldito proyector! Juárez : …y vosotros, los que en estos momentos de común peligro lucháis contra nuestros opresores, seguid vuestra obra, trabajando con el heroísmo que hasta aquí, sin abatiros por las desgracias, sin arredraros por los peligros, sin desalentaros por lamentables defecciones de algunos de nuestros hermanos… PreSentador : (Al micrófono y situándose delante de la imagen): Señoras y señores, por un lamentable error técnico…por favor enciendan las luces de la sala… por favor señores técnicos, ¡enciendan las luces de la sala! Juárez : ¡Pueblos de México! ¡Tened fe en la posibilidad de restableceros! Un poco de energía, una ciega sumisión a la justicia, la proclamación y respeto de los verdaderos derechos, volverán a la República la paz, no el sosiego; el espíritu de adelanto, no la sujeción servil; el reinado de la ley, no la aristocracia ridícula de nuestros vanos y mentidos redentores… PreSentador : (Entre la imagen y el público) ¡Señoras y señores, damos por terminada la ceremonia! ¡Damos por terminada la ceremonia! Juárez : ¡Levantaos, pueblos de México! Un solo esfuerzo, y la antigua lucha entre la luz y las tinieblas se decide en favor nuestro. ¡Levantaos, y la explotación infame de los muchos para beneficio de unos cuantos quedará destruida! ¡Levantaos, y la libertad y su condición indispensable, el orden, se volverán entre nosotros una verdad tan fecunda como lo ha sido en todos los pueblos que marchan en su senda, y el hombre se volverá el querido hermano del hombre, y en la naturaleza bruta continuarán las creaciones del arte, y los pueblos todos de la tierra envidiarán, en vez de compadecer despreciativamente, nuestra suerte! PreSentador : ¡Seguridad! ¡Seguridad!

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*Basado en frases textuales de dos discursos de Benito Juárez: el del 1 de enero de 1865 en Chihuahua y el del 16 de marzo de 1858 en Guadalajara.


La filosofía como un derecho constitucional:

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¿por qué y para qué?

Gabriel Vargas Lozano*

DESDE PLATÓN HASTA LUIS VILLORO, PASANDO POR HEGEL Y RAWLS, LA FILOSOFÍA SIEMPRE HA EXPRESADO LO QUE DEBERÍA SER UNA SOCIEDAD JUSTA Y HA PROPUESTO SOLUCIONES PARA LOS CONFLICTOS SOCIALES, COMO LO HICIERON LOCKE, MARX Y J.S. MILL.

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muchos les sorprenderá que un importante grupo de profesores e investigadores de filosofía residentes en el otrora dF y en diversos estados de la República, haya propuesto a los constituyentes que incorporen explícitamente a la filosofía como parte de la educación de los habitantes, en la nueva Carta constitucional que regulará el estatus de Ciudad de México. La sorpresa podría traducirse en varios interrogantes: si la filosofía –dirían los sorprendidos– está integrada por sistemas complejos a los que sólo tendrían acceso los especialistas (como Aristóteles, Kant, Hegel, Wittgenstein o Heidegger), ¿qué sentido tiene incorporar su estudio nada menos que en la Constitución? Alguien podría agregar indignado: “¡Pero si la filosofía no sirve para nada! ¿Para qué incorporarla en nuestra Carta Magna?” Finalmente, un crítico más ilustrado podría decir: recuerden el adagio latino primum vivere deinde philosophare, que traducido en otros términos podría ser algo así como: nuestra ciudad tiene muchos problemas económicos, políticos y sociales como para que ustedes estén abogando por la filosofía. Esos posibles cuestionadores estarían expresando medias verdades. Veamos la primera objeción: en efecto, en la viña filosófica de la historia han florecido una gran variedad de filósofos: unos que son difíciles de comprender (Kant, Hegel, Heidegger, Wittgenstein) y otros que han escrito en forma accesible (Locke, Rousseau, Voltaire, Ortega y Gasset), pero incluso un mismo filósofo tiene obras muy abstractas, como Aristóteles la Metafísica, además de otras por medio de las cuales el filósofo griego proponía a los ciudadanos griegos un sistema político justo para la ciudad estado, como lo hizo en su Política y en su Ética a Nicómaco. Pero esto no es lo importante, no sólo porque siempre habrá quien, en forma solvente, haga accesibles dichas obras, sino porque, de acuerdo con las mejores formas de la pedagogía, de lo que se trata no es de conocer los sistemas filosóficos sino de aprender a filosofar, es decir, a pensar y reflexionar desde una óptica filosófica. De nada sirve saber quién fue Kant, Hegel o Spinoza. Lo que interesa es saber si sus reflexiones pueden integrarse a un pensamiento propio para conocernos a nosotros mismos y la situación en que nos encontramos. Además, aquellos que creen que la filosofía “no sirve para nada”, definitivamente no lo han pensado en forma suficiente. Mediante un ligero repaso por la filosofía se podría comprender que ha pro-

puesto tesis sobre lo que debería ser la sociedad justa (desde Platón hasta Luis Villoro, pasando por Hegel, Marx y Rawls); ha propuesto utopías (de Tomás Moro a Fourier); ha conformado ramas para el estudio del conocimiento (la epistemología); ha profundizado sobre las formas del pensamiento correcto e incorrecto (falacias); ha estudiado sobre las diversas formas de la experiencia estética; ha propuesto soluciones para los conflictos sociales (Locke, J.S. Mill o Karl Marx) y ha planteado problemas profundos para buscar una respuesta al sentido de la existencia. La filosofía ha estado presente antes, durante y después de los cambios en el conocimiento y en la sociedad. Por lo tanto, el problema no radica ni en la dificultad ni en que no sea útil su estudio, y en cuanto a que existen muchos problemas en nuestra sociedad antes que el tema filosófico, es una cuestión mal planteada. Un ejemplo: uno de los problemas más graves de nuestro país es el de la violencia en todos los órdenes de la vida (violencia intrafamiliar; en la escuela; de género; del crimen organizado...). Se trata de una problemática que convoca a múltiples disciplinas, pero la filosofía (apoyada en la ciencia) ha estudiado el fenómeno y ha llegado a importantes conclusiones (véanse los coloquios titulados Alrededor de la violencia, organizado por Adolfo Sánchez Vázquez y publicados por el FCe , o el coloquio organizado por Jorge Martínez que dio origen a otro libro publicado por Siglo xxi ). Estos conocimientos deberían ser enseñados a todas las personas –en las escuelas y fuera de ellas– para que se comprenda qué es la violencia, cuáles son sus formas de manifestación y cómo evitarla en lo posible. He ahí el punto crucial: el Estado mexicano debería incluir en sus leyes y en sus programas de educación, formas de reflexión filosófica que permitan que las personas tomen conciencia de sí mismas y de su entorno para que actúen en forma responsable. Es por eso que desde la década de los setenta del siglo pasado, un filósofo denominado Mathew Lipman propuso un método para enseñar la filosofía a los niños, que ha sido desarrollado por autores como Oscar Brenifier, Michel Tozzi y otros. La filosofía para niños tiene el propósito de enseñarles a reflexionar en forma lógica, a actuar en grupo para investigar sobre los temas que les preocupan, que son los de la sociedad entera: la desigualdad, el racismo, la discriminación, el acoso, la muerte, el amor, la autoridad, et-

Portada del libro La filosofía como un derecho constitucional: ¿por qué y para qué?

cétera. Se trata de formar niños con una mentalidad dialógica y fortalecida. Así como a los niños se les enseña inglés y computación, también se les puede enseñar a pensar por sí mismos y a expresar sus ideas y emociones. Desde Lipman hasta nuestros días se ha desarrollado una tendencia que busca practicar la filosofía en múltiples lugares, como son los cafés filosóficos, los hospitales, las cárceles y, en general, en la plaza pública. ¿Cuál es el objetivo? Coadyuvar a la conformación de un ciudadano consciente y democrático. La propuesta de que la filosofía sea considerada por los constituyentes de Ciudad de México tiene un sentido muy preciso y es absolutamente necesaria para buscar salidas a una sociedad sumida en el conflicto y la angustia de los ciudadanos, como la nuestra. Otro argumento: en nuestra sociedad no sólo hay contaminación producida por gases tóxicos, sino también se transmite mucha contaminación visual y auditiva en los medios masivos de comunicación. Es necesario que se escuchen otras voces procedentes de la razón científica y filosófica, pero no sólo por mor de su importancia en sí misma sino por la necesidad de que una sociedad pueda verse ante el espejo de la razón para reformar sus propias estructuras. Si esto no ocurre estaríamos frente a una sociedad autoritaria que sólo tendría la puerta abierta a la irracionalidad y la violencia

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*Profesor-investigador del Departamento de filosofía de la UAM-I

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Foto: Geralt en Pixabay

La realidad suplantada: HASTA ANTES DE LA RECIENTE IRRUPCIÓN DEL JUEGO VIRTUAL POKÉMON, LA PALABRA MÁS BUSCADA EN INTERNET ERA “PORNO”. ENTENDIDO POR MUCHOS COMO UN SUSTITUTO DE LA REALIDAD FÍSICA, EL CIBERESPACIO ES “EL ENGENDRO TECNOLÓGICO MÁS ESPECTACULAR, EXPONENCIAL Y DE VANGUARDIA QUE MODELA Y RETROALIMENTA” A LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA.

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ean Baudrillard señala que, en el ejercicio de la simulación, los referentes son liquidados y en su lugar se desarrolla “la resurrección artificial de los sistemas de signos”, pues éstos son dúctiles a toda el álgebra de sus combinatorias. Añade el pensador francés que “la simulación no corresponde a un territorio, a una referencia, a una sustancia, sino que es la generación por los modelos [o mapas] de algo real sin origen ni realidad: lo hiperreal [...]. No se trata ya de imitación ni de reiteración, incluso ni de parodia, sino de una suplantación de lo real por los signos de lo real”. En la dinámica de lo fijo y los flujos, de los lugares y los no-lugares, de las micro y macrorredes de los territorios de las ciudades, los urbanitas participamos en esa hiperrealidad que se extiende en lo glocal. La recorremos, la navegamos, la padecemos, la incorporamos, la tejemos con nuestros accesos, consumos y comunicaciones. Mediante artefactos en los hogares y en la vida cotidiana privada y pública, mediante mensajes multidireccionales, mediante informaciones en las que significantes y significados se entrecruzan para ensayar juegos de lenguaje, informaciones y datos fáciles de manipular: desmontar y montar, programar y reprogramar en softwares y hardwares que afectan nuestros cuerpos, nuestros sentidos (watware) y nuestros actos. Nos referimos al uso, al abuso y a la codependencia de la objetualidad electrónica en acción: electrodomésticos, radios, grabadoras, equipos de sonido y video, teléfonos (fijos y móviles), televisores, tablets, videojuegos, proyectores, cajeros, todo tipo de computadoras y sus accesorios, la virtualidad, las redes cibernéticas, etcétera. Todos pueden ser considerados como formas, manifestaciones y conductos de la hiperrealidad, partes de un simulacro gigantesco, reticular y cada vez más ubicuo: individuos, hogares, instituciones, redes, entornos cibers y ciborgs.

HOMO CIBERNAUTUS Precisamente los programas informáticos (encapsulados en microprocesadores) sirven y se consolidan cada vez en mayor medida como los instrumentos que viabilizan los accesos, los exploradores, los buscadores, los navegadores para las diferentes intertextualizacio-

Pokemon nes, conectividades e identidades náuticas –efímeras y expansivas– que ejercemos y adoptamos en nuestra condición de urbanícolas cibernautas. Los aparatos que funcionan con algoritmos, sistemas operativos y chips “inteligentes”, con los cuales establecemos dichas interacciones y manipulaciones, se están convirtiendo en fuente y parte de un gran y poderoso simulacro tecnocibernético, y por lo tanto, ciberespacial, que sutil y al mismo tiempo ásperamente nos integra y subsume al sistema capitalista global-local. Es en las venas de dicho sistema donde se hace circular la falacia empírica de que se es libre y creativo mediante el acto nimio de accionar teclas, efectuar operaciones infoelectrónicas, unir datos, usar información, atender textos, acceder a pantallas, establecer contactos, pasear por centros, consumir mercancías novedosas, presentarse en las ciberredes... en una palabra, cibernavegar. Se constituye día a día y se consolida el entramado sociocultural de eso que –de manera certera– Guy Debord definió “la sociedad del espectáculo”, ahora más bien “ciberespectáculo”, como el fenómeno más intercomunicador e integrador, basado en el control y la comunicación, con base en dispositivos autorregulables y autoadaptables, para transformar y modelar todos los ámbitos de la vida sociocultural postmoderna e hipermoderna. El engendro tecnológico más espectacular, exponencial y de vanguardia que da sentido y dirección, que modela y retroalimenta cibersocioculturalmente a la macrotelaraña del capital glocal en este siglo xxi , es el denominado ciberespacio, que tiene su Red de redes central denominada internet (1 y 2), así como ésta tiene sus webs (1.0 , 2.0 y otras).

AUTOMATISMOS Y CIBERDISTRACCIONES Sin embargo, en la interconectividad y la información excesivas –la vastedad del exceso en el hipermundo– uno se pierde, desaparece y no se encuentra auténticamente a sí mismo ni tampoco al Otro, no se generan verdaderos encuentros y conexiones profundas entre las personas, sino vínculos líquidos, superficiales y efímeros. Los automatismos generalizados producen trastornos y desórdenes múltiples (depresiones, neurosis, angustias, obsesiones, miedos, etcétera) e inclu-

so aburrimiento (uno donde la percepción queda dispersa) y convierten a las personas –como dice el filósofo Byung-Chul-Han– en multi task human beings o humanos multitareas. Debido al exceso de estímulos, informaciones, impulsos, acciones y quehaceres, y debido a esta distribución de la atención en muchas actividades, no se puede uno centrar en sí mismo, se convierte en amo y esclavo de uno mismo (se autoexplota), y va siempre “hacia el afuera” y no “hacia el adentro”, ni auténticamente hacia los otros con dedicación y concentración; lo que prevalece son las ciberdistracciones y las virtualidades que sofistican esas dinámicas, y se buscan las evasiones adictivas: alcohol, tabaco, drogas, pornografía, televisión, consumismo, internet, el último grito en videojuegos, etcétera.

POKEMANÍA INDUCIDA Como ha expresado Augusto Zamora: “¿Para qué preocuparse del desempleo, las desigualdades, la violencia social, si lo más importante del mundo es caminar como zombis cazando muñecos virtuales? En sociedades privadas de valores, vaciadas de contenido, juegos como el Pokémon Go llenan los espacios ociosos, desolados, del cerebro, así como el espíritu de millones de seres. Incitados a olvidar la realidad, privados de metas e ideales, los videojuegos se erigen en depositarios de la dejadez humana, en trampas donde dilapidar el tiempo finito de vida.” La novedosa app “gratuita” del videojuego Pokémon Go, distribuida por la compañía Nintendo, se ha viralizado a escala global desde que fue lanzada al mercado, el 6 y 7 de julio, primero en Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos, y después en Alemania, Reino Unido, Canadá, España y otros más. Hasta el 31 de julio el juego había llegado a treinta y cinco países, y en agosto y septiembre lo habrá hecho en países latinoamericanos como Argentina, Brasil, Chile y México. En los primeros días de su lanzamiento oficial, la palabra “pokémon” superó en búsquedas en Google a la palabra “porno”. Además,


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Miguel Ángel Adame Cerón

es en el ciberespacio

Foto: Stux en Pixabay

las acciones de Nintendo en la primera semana se dispararon en más de cincuenta y ocho por ciento en la bolsa de Tokio, incrementando su valor en cerca de 20 mil millones de dólares. El nivel de descargas también generó caídas temporales del sistema, pero la epidemia se hizo pandemia, pues en los países en donde no se había oficializado su llegada, como México, los ansiosos y febriles aspirantes a cibercazadores idearon maneras ilegales de descargar el videojuego, aun a costa de poner en riesgos sus gadgets. Dichas descargas se contaron por millones. Un estudioso declaró que “las apps de la realidad aumentada mezclan lo palpable con lo virtual, pero en vez de que la gente cambie sus circunstancias, éstas se alteran y la realidad virtual parece ciencia ficción”. Pero dichas circunstancias, ¿se alteran o son alteradas? Y si son alteradas, ¿quiénes son los responsables? Innegablemente son las empresas y los actores del po-

der político y económico que conciben las estrategias de dominio usando las high technologies. Son ellos quienes controlan los programas y diseñan las operaciones para la diversión efectivizada como obnubilación emotiva de la conciencia, que da a los sujetos inmersos la sensación de activar sus habilidades perceptivas y convertirse en competentes jugadores dispuestos a cumplir propósitos, cazando pokemones como un modo de entretenimiento, de placer ficcional, y para estimular un divertimento virtual que resulta en nuevas adicciones e incluso en patologías cibernetizadas. Se trata, en efecto, de una trampa de la realidad virtual perfeccionada por el cibersimulacro, porque además de este engaño virtual se encierra uno comercial, pues para ir “subiendo” de nivel e ir desbloqueando mayor contenido del juego es necesario comprar con dinero real, con las pokemonedas, y visitar su tienda vir-

tual: toda una estratagema de negocio, enganche e idiotización dirigida a millones de niños y jóvenes. Ya hay establecimientos comerciales que negocian para que sus espacios se establezcan como stops donde les lleguen las multitudes y el consumismo sea redondo. Con el Pokémon Go aparentemente se va más allá ca de las pantallas inmediatas y las casas, se sale de cacería guiados por geolocalizadores ( gPS ) activados y los mapas de aproximación del videojuego (calles, avenidas, sitios) y se puede interactuar con otras per personas combinando realidades virtuales y palpables, resultando de todo ello una realidad aumentada (yux (yuxtapuesta, combinada) llena de épicas batallas contra otros usuarios o contra entrenadores, que se llevan a cabo en gimnasios virtuales que se encuentran en el mundo real. Los administradores y directores de mercadotecnia del grupo Pokemon Company hablan de las“virtudes”del juego: la “sana convivencia”, “la incentivación del ejercicio”, “la actividad lúdica que ha hecho que la gente salga a jugar de nuevo”, etcétera. Pero los paisajes y lugares fijos de las pokeparadas de la realidad per se realmente no se disfrutan: sólo se convierten en escenarios de la realidad digital y no son sino un simple medio de soporte; la realidad palpable es un apéndice de la aumentada, pues ésta tiene un plano doble: lo que se tiene enfrente (la pantalla) y el trasfondo (los parajes), pero de lo que se trata es de ocuparse de lo primero; “el trasfondo está descuidado (es un pretexto), simplemente no está”. Así, lo que los videojugadores perciben como diversión, lo que sorprende y emociona, es dirigido y controlado por las coordenadas de la operatividad del Pokémon Go; pero éstas, incluso, se convierten en peligrosas, pues los “monstruos de bolsillo” aparecen en pokestops y pokegimnasios, es decir, en avenidas, parques, museos, cementerios, iglesias, oficinas gubernamentales, aeropuertos internacionales, e incluso áreas policiales y militares. De este modo, los alocados jugadores tienen que lanzar pokeballs para atrapar a los “monstruos” cuando los avisos aparecen en sus aparatos móviles, causando desde “descuidos” hasta accidentes e interferencias. Ya varias entidades, funcionarios y expertos en seguridad han alertado para que desde los gobiernos se pida a la empresa japonesa que se eliminen del sistema o se prohíban esas zonas. Dicha compañía ha tenido que responder señalando que estará actualizando el juego de realidad aumentada para que “se mantenga lo divertido del juego para los jugadores, pero al mismo tiempo se sea cuidadoso con el mundo real”. En el mundo hay alrededor de 2 mil millones de smartphones, de los cuales se estima que en México hay unos 60 millones. Asimismo, se calcula que un promedio entre el treinta y el cuarenta por ciento de los usuarios son jóvenes, es decir, personas menores de treinta y cinco años de edad. Por consiguiente, se espera que las descargas lleguen a ser attack masivas, de modo que muy pronto nos encontraremos rodeados de millones de zombies maníacos cazando miles de pokemones en parajes citadinos, aumentando el simulacro de la hiperrealidad

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VOZ INTERROGADA

28 de agosto de 2016 • Número 1121 • Jornada Semanal

La angustia de entrevista con

Peter Pál Pelbart Luciana Veras * FORMADO COMO FILÓSOFO EN LA SORBONA Y EN LA UNIVERSIDAD DE SÃO PAULO, PELBART ES COFUNDADOR Y DIRECTOR DE LA EDITORIAL N-1,QUE PUBLICA LIBROS-OBJETO.

El filósofo y profesor húngaro Peter Pál Pelbart (1956) es una referencia en los estudios sobre Gilles Deleuze y director de la Compañía Teatral Ueinzz, en la que trabaja con pacientes y exusuarios de un hospital psiquiátrico de São Paulo. Es además cofundador de la editorial N-1, que publica en Finlandia y Brasil y se dedica a la producción de libros-objeto en un área transdisciplinar entre la filosofía, la estética, la política, la clínica y la antropología. En español circula su

Imagen tomada del twitter de @lagarder81

libro Filosofía de la deserción, publicado por la editorial anarquista Tinta Limón. Sus temas de investigación giran en torno a la locura, el tiempo, la disidencia, la manipulación del concepto de lo común y la biopolítica. Otros de sus libros son Da clausura do fora ao fora da clausura: Loucura e desrazão, sobre la relación entre filosofía y locura; Vida capital, sobre política y subjetividad, y O avesso do niilismo, en el que “hace una cartografía de las zonas de agotamiento en el mundo contemporáneo y propone una política orientada por el deseo”. Su más reciente libro, publicado en julio de este año, es Carta aberta aos secundaristas, en el que celebra la ocupación estudiantil de más de doscientas escuelas paulistas en protesta por el plan de reorganización de la red pública escolar impulsado por el gobierno de Geraldo Alckmin. En esta conversación con la periodista Luciana Veras, publicada por la revista brasileña Continente, Pál Pelbart reflexiona sobre algunos de los efectos de la conexión digital en nuestro modo de relacionarnos hoy en día (como el control, el aturdimiento y la homogeneidad) y las estrategias de desconexión que buscan “la heterogeneidad en el arte de la compañía”. A juicio de este filósofo formado en La Sorbona y la Universidad de São Paulo, vivimos un exceso de gregarismo que hace indispensable revalorar la soledad y el silencio, aunque no necesariamente para escucharnos a nosotros mismos, sino como condición para escuchar a los otros y “lograr conexiones que el propio gregarismo impide”.

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Qué es lo que no logramos oír con el ruido de tanta modernidad? –Diría que hoy se vive una especie de saturación en todos los sentidos: de imágenes, palabras, sonidos, estímulos, excitación… Hay una especie de movilización de todos los sentidos, y de tiempo completo. Este “turbocapitalismo” necesita de ello: movilizar el cuerpo, los sentidos, capturar la sensación, rellenar al máximo los espacios mentales, y todo eso, de algún modo, tiene el mando. No es gratuito, es un cierto modo de control, de enchufe, de monitoreo y direccionamiento. Tal vez lo más difícil, prácticamente imposible, sea desenchufarse. Hoy todo está hecho para la conexión absoluta y lo más saturada posible.

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–Ese modelo de conexión acaba redefiniendo la convivencia de las personas… –Genera un automatismo de la respuesta. Por el modo en que somos llevados a responder inmediatamente un email o una comunicación cualquiera, pareciera haber una inmediatez necesaria en esa intersubjetividad. Cuando alguien se desconecta y se queda en silencio, no responde a las expectativas, genera incomodidad, extrañamiento, desasosiego, perturbación. Y esto se da no sólo en la comunicación, sino en todos los dominios. Esa polución es un nuevo modo de control. Plantea una cierta política, una cierta economía, una nueva modalidad de producción subjetiva. Claro que, si lo vemos con más detalle, no podemos tomarlo como una totalidad dada, porque por todos lados suceden también otras cosas: escapes, inconexiones, pequeñas estrategias para crear.

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la desconexión: la soledad en el mundo virtual –Existen, por tanto, la necesidad y las tentativas de escapar de todo eso. –Deleuze decía que estamos atravesados a tal punto por palabras inútiles que es necesario crear vacuolas de silencio para poder tener algo que decir. Esa manera de crear silencios para que puedan surgir cosas no previstas, no formateadas previamente, es lo que algunos artistas, aunque también algunos experimentos colectivos, intentan sustentar hoy: producir otro ritmo, otra respiración, otros vacíos, otros silencios para que algo pueda tener sentido nuevamente. Lo que sucede en esa saturación, en ese bombardeo generalizado, es que todo y nada son lo mismo. Se pierde así la capacidad de producción de sentido. Con ese tsunami de informaciones, nadie es capaz de aprehender, elaborar, digerir, seleccionar, o incluso rechazar. –¿Cómo encontrar el silencio en medio del torbellino, la bandada de personas hablando todo el tiempo, con las llamadas, mensajes o posts en redes sociales? –Por medio de dispositivos diferentes que están siendo inventados. Doy un ejemplo personal. No tengo celular, nunca tuve, me horrorizaría tener uno. Y me molesta mucho percibir las situaciones en que el celular se aprovecha del espacio o interfiere en mi vida. No es que esté en contra del celular; yo trabajo mucho tiempo en casa, pero sé que quien sale de mañana y sólo regresa de noche necesita esa conexión. No condeno la tecnología en sí, sino el lugar que ha tomado esa interconectividad non stop e invasiva. Pero no tengo fórmula alguna al respecto. Lo que veo es que se alcanzó un umbral de lo intolerable en relación con todo eso. Sospecho que hay una reacción en personas que van abandonando cosas que hasta ayer parecían imprescindibles. De pronto, dejan el auto y comienzan a andar en bicicleta o a pie. Ese fuerte rechazo de la tecnología, de algún modo, es una especie de situación un Foto: MonikaP

tanto apocalíptica; todo parece desechable, todo puede ser resignificado. Hoy día, en cierto sentido, es necesario producir silencio, crear esos silencios que no están dados. –“El problema no es que nos dejen solos, sino que no nos dejan suficientemente solos”: es una frase de Deleuze que retomas en un texto. ¿Ante ese ruido generalizado, perdemos la capacidad de oírnos a nosotros mismos en soledad, de abrir espacio a la reclusión? –El silencio no es necesariamente para oírse a sí mismo. Es una condición para escuchar a los otros, las otras voces de la Historia, las diversas tribus que nos rodean. Creo que hoy hay un exceso de gregarismo. Las ganas de estar juntos todo el tiempo, con todo mundo, no da condición alguna para oír nada. La soledad no es esa soledad romántica, para oír una voz interna; es más una soledad poblada. La soledad puede ser atravesada por varias voces. Para mí, la enseñanza de Nietzsche con respecto al gregarismo es totalmente válida. Él dice que el espíritu del rebaño es siempre el de la homogeneidad, el consenso, lo servil. Por lo tanto, un cierto desarraigo de ese gregarismo es una condición para otra cosa, para cierta singularidad, un disenso, una diferencia. No se trata del elogio de la soledad en cuanto tal, como aspecto de insularidad. Es justamente lo contrario: es necesaria una soledad para alcanzar otras conexiones que el propio gregarismo impide. –Ese comportamiento de rebaño, de manada, se evidencia en las conexiones robustecidas por el capitalismo, como ya lo señalaste en un texto: “Este capitalismo produce toneladas de una nueva y diferente soledad y una nueva angustia, la angustia de la desconexión; el capitalismo contemporáneo produce no sólo esta nueva angustia de ser desconectado de la red digital, sino también la angustia de

ser desconectado de las redes de vida cuyo acceso está mediado cada vez más por peajes comerciales impagables para una gran mayoría.” ¿No sería esa la gran imposibilidad del silencio? –Este es un campo de enfrentamiento. Tomemos a un autor como Franco Bifo Berardi, un filósofo y autonomista italiano que, en las décadas de los sesenta y setenta, escribía mucho sobre la noción de “neuromagma”. Él defiende que las personas ya no discuten, argumentan ni deciden, y en cambio son invadidas por ondas que llama “neuromagma”, corrientes psicoquímicas de miedo, pánico, entusiasmo por esto o aquello. En un pasado ya muy remoto, era el sujeto racional quien individualmente decidía qué hacer. Hoy, ese mismo sujeto está sometido a esas ondas que exigen otra actitud. La idea no es retornar nostálgicamente a aquel individuo autónomo que fue, vaya uno a saber por cuánto tiempo, nuestro ideal humanista, sino asumir algo de este caos contemporáneo y hacer algo en él, como producir desvíos. Una cosa sería relacionarse con el presente de manera atrincherada: “todo es horroroso, voy a encapsularme aquí en una resistencia completamente radical y quedarme al margen”. Esa sería una manera antigua de pensar la propia resistencia. Es posible producir otras redes en medio de todos esos influjos, producir otros movimientos, individuales y colectivos. A pesar de que me gusta mucho la imagen de una soledad poblada, no necesariamente hay que tomarla como algo literal. Es posible estar en grupos, en colectivos, donde se inventen otros modos de “espacio-tiempo”, otros ritmos y maneras, incluso, de poder efectuar intercambios sin que alguien hable o necesite responder inmediatamente. –¿Esa producción de desvíos como forma de resistencia es la que de alguna forma orienta tu experiencia con los miembros de la Compañía Teatral Ueinzz? –La gente que frecuenta Ueinzz ya tiene eso casi incorporado. Ellos no necesitan hablar y oír todo el tiempo. No necesitan intercambiar. Cada uno está en su planeta: si es necesario, vas a Venus, vuelves a mitad de camino y todo perfecto. Tampoco necesita estar todo mundo atento, no existe ese tipo de grupalismo. Buscamos lo contrario, la heterogeneidad en el arte de acompañar. Ahora, incluso en una actividad lírica como el teatro o en una clase, es posible sustentar hiatos y percibir cómo esas interrupciones pueden tener un efecto perturbador, en el sentido más interesante de las palabras. Las cosas pueden estar sueltas también sin que eso represente una catástrofe. –En vista de lo discutido, ¿cuál sería el mayor desafío individual y colectivo? –Inventar dispositivos de interrupción. Me viene a la cabeza la imagen de los frenos de emergencia de un tren. A veces, con ese enfrenón, puede haber descarrilamientos. Pero éstos, muchas veces, son y serán necesarios

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*Periodista brasileña.

Traducción del porTugués de iván garcía

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LEER Anotaciones para una teoría del fracaso, Gabriel Bernal Granados, Fondo de Cultura Económica, México, 2016.

DE TEORÍAS Y DERROTEROS EVODIO ESCALANTE

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i acaso es cierto que obsesión es carácter, entonces estas Anotaciones para una teoría del fracaso, de Gabriel Bernal Granados, pintan de cuerpo entero su carácter: el de un ensayista que a partir de una mirada fija y sin concesiones nos descubre facetas inesperadas de un mundo que hasta entonces pensábamos familiar. Alguna vez creí resumir la naturaleza del ensayo diciendo que éste no era otra cosa sino el concepto más el punto de vista, un punto de vista de extrema movilidad. El punto de vista que ha escogido Bernal Granados es el del fracaso. Grandes escritores del siglo x i x (Baudelaire, Mallarmé, Melville, Rimbaud) y una gama todavía mayor de pintores (Degas, Eakins, Cézanne, Van Gogh, Stanley Spencer, Lucien Freud) le proporcionan material para una exploración a la vez implacable y gozosa. Consciente de lo mucho que le debe nuestro vocabulario a las experiencias de los marineros de todos los tiempos, el escritor nos recuerda que derrotero y derrota en el fondo significan lo mismo. Ya sólo este hallazgo, que algo tiene de escalofriante, aporta las bases del concepto que le sirve de guía: el fracaso. El gran arte está necesariamente asociado al fracaso: esta podría ser la tesis central del libro. En su disertación acerca de “Un golpe de dados”, de Mallarmé, sobre el que tanto se ha escrito, Bernal Granados nos revela una preciosa clave de lectura: el poema habla (y esta es una cita textual) desde el fondo de un naufragio. Es la conciencia de este naufragio el que lo convierte en un poema crítico, no sólo en el sentido banal de la palabra, en que podría oponerse al triunfalismo de una sociedad burguesa, sino atendiendo a su propia articulación como poema “que se cuestiona a sí mismo al tiempo que se desenrolla entre los compases tipográficamente marcados de la página en blanco”. Como Tablada, como Villaurrutia, como Paz, y debo añadirlo, también como su admirado Salvador Elizondo, Gabriel Bernal Granados es un experto en asuntos plásticos. El crítico literario y el crítico de arte no sólo conviven sino que se refuerzan el uno al otro. Al escudriñar los rostros de Mallarmé, el poeta que hizo honor a la nada, el autor no puede dejar de evocar el famoso retrato que le hizo Manet para indicarnos las afinidades que se daban entre estos artistas, verdaderos maestros de la discreción y la reticencia. De aquí a Cézanne hay sólo una página de distancia. Cézanne, quien había sido rechazado en la Escuela de Bellas Artes por sus (supuestas) exageraciones coloristas, decide retratar sobre la misma silla en que había pintado antes a su

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padre, a su amigo el también pintor Achille Emperaire, un personaje insignificante y de algún modo evocador del fracaso. ¿Fracaso? No necesariamente. Como puntualiza Bernal Granados: “Achille representa la supremacía de esa nueva sensibilidad sobre la voluntad de poder de quienes dictaban, en aquella época, las razones del gusto. Sus ojos son los ojos nuevos del pintor que mira y prepara, con su mirada, el advenimiento de una nueva clase de público.” De aquí podemos seguirnos con Degas… con Caspar David Friedrich; o saltar de Friedrich al Moby Dick de Melville y su ballena blanca… Para seguirnos con Eakins y sus sombríos retratos de una arena de box donde aparentemente no pasa nada. Mirones somos todos, esta parecería ser la consigna con la que el autor explora los cuadros de sus convocados. Al lado del fracaso, los vericuetos de una economía pulsional que acaba por imponerse. En Van Gogh, en efecto, el autor no sólo refiere la consabida historia de su escasa fortuna como pintor, sino que pone en escena el deseo de catástrofe que se trasmina desde los intersticios. Afirma el mismo Van Gogh: “En mi cuadro Café nocturno he tratado de expresar que el café es un sitio donde uno puede arruinarse, volverse loco, cometer crímenes.” Dada esta premisa, Bernal Granados señala que la obra es en realidad un ensayo acerca de la libido, y que la creatividad del artista “era inversamente proporcional a su capacidad de reprimir sus instintos.” A partir de este punto, Bernal Granados despliega una suerte de crescendo trepidatorio que lo lleva a analizar las obras de Egon Schiele, de Stanley Spencer y de Lucien Freud. Las formas egóticas de la perversión, en Schiele, el terrible fracaso amoroso de Spencer que se retrata a sí mismo como oficinista despistado que no sabe qué hacer al lado del espléndido desnudo de su mujer que yace recostada (en el Autorretrato con Patricia Preece), y la obsesión por la carnalidad de la carne –si se permite la expresión– que recorre las pinturas de Freud, permiten el despliegue de sus agudas anotaciones de ensayista con conciencia de sí. Quiero decir: de ensayista que conoce los alcances del término “percepción” y que apoya en ello su fuerza discursiva. Según Gabriel Bernal Granados, “en la palabra percepción asoma también la palabra peripecia.” La afirmación, lo confieso, me desconcertó en un primer momento y hasta me pareció un poco extravagante. ¿Qué vínculo etimológico puede haber entre estos términos? Luego recapacité y tuve que reconocer que al menos desde El matrimonio del cielo y el infierno, de Blake, la percepción es el terreno de una interminable peripecia en la que –lo sepamos o no– estamos embarcados. El asunto da vueltas y los papeles se trastocan. Sin esta aguda noción de lo que una verdadera percepción implica, las Anotaciones para una teoría del fracaso, creo yo, carecerían de las tonalidades inquietantes que he tratado de subrayar. Frente a una cierta ofuscación ideológica que todo quiere reducirlo a un combate entre las “derechas” y las “izquierdas”, entre los “buenos” y los “malos”, lo que nos enseña este libro es que la noción de fracaso implica casi siempre una esmerada articulación de la disidencia, no en términos políticos, sino artísticos, que es de lo que se trata •

México armado 1943-1981, Laura Castellanos, Era, México, 2016.

EL PAÍS INVISIBLE ANTONIO SORIA

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a primera edición de este libro data de 2007, y entonces como ahora se trata de un material indispensable para entender que el estado actual de las cosas en nuestro país –hoy atravesado por una violencia que solamente el interés particular de ciertos hablantes quiere ver proveniente de un solo lado de la realidad– siempre ha sido cuestionado y combatido más allá del discurso, y que a lo largo de al menos las últimas seis décadas han sido numerosos, quizá innumerables, los movimientos político-sociales que han visto el camino de las armas como el único viable para, precisamente, modificar dicho estado de las cosas. Dedicado “a todas las generaciones post ‘68”, y con epílogo y cronología a cargo de Alejandro Jiménez Martín del Campo, los capítulos de este México armado hablan por sí mismos; he aquí sus títulos: “Jaramillo, el heredero”, a propósito del luchador social Rubén Jaramillo, el Plan de Cerro Prieto, los movimientos agraristas que tuvieron lugar a mediados del siglo xx y en años subsecuentes, así como la represión brutal por éstos recibida; “El Che en Chihuahua”, en donde se habla entre otros acontecimientos y movimientos del frustrado asalto al cuartel Madera, que terminó en masacre, del Movimiento Revolucionario del Pueblo, del Movimiento 23 de Septiembre, la Organización Nacional Revolucionaria y el Grupo Guerrillero del Pueblo Arturo Gámiz; “Arde Guerrero”, y en él la Asociación Cívica Guerrerense, el Partido de los Pobres, Lucio Cabañas, la matanza de Atoyac y el impres e n t a b l e e x g o b e r n a d o r R u b é n F i g u e ro a ; “Guerrilla urbana: lo que no salió en los periódicos”, donde se abordan, entre otros asuntos, la célebre pedrada que un Luis Echeverría incrédulo recibiera cuando su temeridad ensoberbecida le hizo creer que podía ir a Ciudad Universitaria así nomás, el Movimiento de Acción Revolucionaria, el Frente Urbano Zapatista, el Frente Estudiantil Revolucionario, la Liga Comunista 23 de Septiembre, las Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo, los secuestros de Nicolás Garza Sada, Aranguren, Williams y Zuno Hernández, el asalto al cielo –extraordinariamente narrado en el libro homónimo de Agustín Ramos–, los cristianos radicales, el sangriento 2 de octubre y el no menos sangriento Jueves de Corpus, la Liga de Comunistas Armados…; “Guerra sucia, guerra a muerte”, donde las Fuerzas de Liberación Nacional, la Unión del Pueblo, la Brigada Blanca, más un etcétera largo. La mencionada cronología de movimientos armados se complementa con un listado de grupos, un cronograma, un apartado de mapas y un índice onomástico. Tradicionalmente satanizados, los movimientos y las organizaciones políticas más allá de los partidos oficialmente reconocidos –que es lo

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LEER

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mismo que decir “aceptados”-- hablan con claridad y fuerza de un país invisible o, mejor dicho, de uno al que siempre ha querido condenarse a la invisibilidad, como si acallando la historia ésta pudiera ser distinta de cómo ha sido, y con el propósito absolutamente absurdo de pretender que aquí no pasa nada, que la disidencia, si acaso así puede ser nombrada, proviene única y exclusivamente de organizaciones políticas y sociales “modernas”, “serias”, y que cualquier otro cauce de acción es impracticable o, colmo de colmos del entronizamiento de las versiones oficiales de la realidad, nunca se ha practicado. Empero, como lo demuestran la memoria colectiva y este México armado, nada más lejano a la realidad: a lo largo de las cuatro décadas profusamente registradas en el volumen y, cabe señalar, también antes y después, tanto en la capital del país como en extensos territorios de éste, grupos más o menos numerosos, más o menos organizados, más o menos politizados, más o menos duraderos y, eso sí, indefectiblemente reprimidos y satanizados de ciudadanos mexicanos, han visto en algún momento de sus trayectorias el empuñar un arma como la ruta única o la más idónea para alcanzar sus reivindicaciones. En este sentido, es enorme la importancia del trabajo de investigación, recopilación y organización de información tan ingente, profusa y proveniente de fuentes muy numerosas y dispersas que llevó a cabo Laura Castellanos, y no lo es menos la correspondiente labor epilogal de Alejandro Jiménez Martínez del Campo. No es menor el hecho: ni Castellanos ni Jiménez caen, bajo ninguna circunstancia, en hagiografías, apologías o encomios; la materia en la cual trabajaron lo impedía, bajo el riesgo de convertir al volumen en un panfleto, condición de la cual se halla tan alejado como es posible. De lo que se trata, evidentemente, es de aportar lo mismo a historiadores y otros estudiosos, pero también al lector común, datos fidedignos que son indispensables para el trazado de nuestra historia reciente, la de un país que no podrá mirarse de cuerpo entero mientras no mire este otro flanco de su realidad •

La Jornada Semanal

@JornadaSemanal

visita nuestro PDF interactivo en: http://www.jornada.unam.mx/

Predrag. Ángel del exterminio, Daniel Salinas Basave, Edit. Artificios, México, 2016.

YUGOSLAVIA Y LA SANGRE RICARDO GUZMÁN WOLFFER

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a historia de Predrag Jerkovic se sitúa en Belgrado, en un período de cruentos enfrentamientos políticos y raciales. Desde los campos de futbol hasta los comandos paramilitares, Predrag inicia como un ocioso aficionado que desahoga su frustración y soledad con los seguidores de equipos contrarios y lentamente es coptado por los paramilitares para cambiarle la perspectiva de vida: de vivir en espera del siguiente partido del equipo Estrella Roja, aguantando con bebidas de mala calidad y engatusando prostitutas, alcanza un lugar destacado en el grupo paramilitar, donde inicia como un atacante encubierto de los otros equipos y termina matando, robando y violando mujeres en nombre de una pureza étnica y una independencia política que realmente no comprende, pero que abraza con todas sus fuerzas por ser la única opción que la vida le ofrece. Una idea, para él incomprensible, por la cual luchar, y una ak -47 para hacerlo; compensarse con dinero robado, alcohol, prostitutas, la posibilidad de abusar impunemente de las mujeres, ¿qué más podría pedirle a la vida este hombre de tan pocas luces y menos escrúpulos? Las masas y su psicología propia: la frustración social y sus chivos expiatorios, pero, al final, el negocio de unos cuan tos y la política como pretexto para la rapiña. Las muchas formas en que la guerra y la sangre se presentan, a ratos con avisos claros para algunos; para otros, como una avalancha que acaba con todo, incluida la dignidad de los atacantes. También, la historia de la rabia del paramilitar salvaje, exacerbada en tiempos de paz, sin la posibilidad de destrozar cuanto toca y cómo, a nivel de piso, los tribunales de La Haya y sus procedimientos no significan nada. Más allá de la verdadera correspondencia con personajes de la guerra balcánica, la novela de Salinas muestra personajes claramente delineados y expuestos al lector, junto con los apuntes de un narrador que a ratos usa un lenguaje pleno de fuerza, casi poético: las escenas de la guerra, a pesar de ser los mismos enfrentamientos que hemos visto, leído y escuchado durante décadas, suenan novedosos en la voz de este futbolista violador. No importa el mucho o poco conocimiento del hecho histórico, fácilmente nos suena familiar la existencia de esos hinchas futbolísticos que son incapaces de ver más allá de unos malos partidos de futbol, ante las míni-

mas posibilidades que la sociedad les ofrece para trabajar o estudiar, suponiendo que en algún momento les interesara. Con una suave conducc i ó n a rg u m e n t a l , S a l i n a s e v i d e n c i a q u e e l futbol tiene muchos ingredientes donde el deporte mismo parece ser lo último a considerar. Predrag. Ángel del exterminio es una novela corta en una manejable y elegante edición que evidencia las dotes literarias de Salinas, en virtud de las cuales ha ganado los premios literarios Gilberto Owen, Malcolm Lowry, José Revueltas y Sor Juana Inés de la Cruz. Una novela que evidencia la continuidad de un autor que no dejará de sorprender •

In memoriam

Ignacio Padilla (1968-2016) Narrador y ensayista prolífico, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, cervantista contumaz y entusiasta, merecedor de numerosos reconocimientos literarios y colaborador de este suplemento, pero sobre todo un hombre bueno y de generosidad enorme, nuestro apreciado Ignacio dejó el mundo súbita y prematuramente. El recuerdo de su sonrisa, que prodigaba con la misma facilidad que su palabra, se mantendrá y habrá de incrementarse con la lectura de su extensa obra. Hasta siempre, querido Nacho.

En nuestro próximo número

ELLAS TIENEN LA PALABRA:

s a r o d a r r a nuevas n mexicanas s a t s i y a s n ye

jsemanal@jornada.com.mx


ARTE Y PENSAMIENTO ........

28 de agosto de 2016 • Número 1121 • Jornada Semanal

Francisco Torres Córdova

Ricardo Venegas ricardovenegas_2000@yahoo.com

Felipe Garrido MENTIRAS TRANSPARENTES Sueños Para Salma y Jesús, porque lo escribí en su casa.

Un día, una princesa soñó que despertaba en un jacal, cubierta por cobijas que ella no tendría para el mulo que solía montar. A su llanto acudieron treinta dueñas, digna cada una de un palacio de granates, amatistas y madera de pirul, y la consolaron el tiempo que hizo falta. Días después volvió el sueño, y en adelante la amenazó cada vez que la niña se metía en la cama, y las dueñas que la guardaban estuvieron siempre a su lado. Una madrugada en que volvió a soñarse en la choza, la princesa contuvo el sollozo, fascinada por la rendija que entreabría en las cortinas un soplo de azahares y que dejaba ver los inabarcables naranjales. Bajó de la cama, se echó un tápalo y, apenas dio un paso, supo todo lo que en ese día tendría que hacer y que, tal vez, como tantas madrugadas, al abrir los ojos el día siguiente sabría que había vuelto a tener aquella pesadilla en que era una princesa que despertaba llorando, rodeada de dueñas, en aquel salón ahogado de maderas y tapices y perfumes •

Ricardo Yáñez DE PASO Jeannette De pronto –estamos en Skype– suelta como si nada:“Dejar que los otros se lean a sí mismos es el fin de la literatura.” Y yo me digo:“Es Jeannette, así es ella: capaz de desorientarse hasta encontrar el mejor punto de vista.” La conocí en Guadalupe, Nuevo León, donde me tocó inaugurar la Casa de Cultura con una charla/ conferencia sobre Garcilaso de la Vega. A estas alturas rememoramos con humor que la confundí con secretaria de la Casa cuando me preguntó cuáles serían mis honorarios si les diera (el plural, de ella –quien sin saberlo yo se encargó del asunto e invitó a un grupo de amigos al) taller. Inédita entonces, actualmente autora y traductora de no pocos títulos, es también editora (¿le suena, amigo/a lector/a Vaso Roto?) no aquí y en China, mas sí aquí y en España. Su catálogo es asombroso. Hemos trabajado juntos por años, pero “la eternidad es un instante”, según mis talleristas poblanos y tlaxcaltecas plasmaron en un platón de talavera. Este es otro platón, de agradecimiento •

bitácora bifronte

Los rituales de la poesía

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obre la poesía mexicana, el general Vicente Riva Palacio aseguraba que uno de los rasgos de nuestra idiosincrasia es la “melancolía crepuscular”. Esto fue retomado por Pedro Henríquez Ureña al referirse a la mexicanidad de Juan Ruiz de Alarcón. De lo anterior podemos concluir que el propio Henríquez Ureña tuvo que haber leído a Riva Palacio, ya que por lo general se atribuye erróneamente al dominicano el término “poesía crepuscular”, aunque hay que reconocer los méritos del estudioso de las culturas y sus raíces y, en este caso, de la poesía mexicana. Desde Nezahualcóyotl con el “Sólo un poco aquí” identificamos que melancolía y tristeza conforman una dupla inseparable en la lírica mexicana. Entre los alegatos de futuristas y melancólicos, Los rituales de la tristeza (Rojo Siena Editorial, 2013), de Adriana Tafoya, emerge bajo la estirpe del crepúsculo. La poesía mexicana atraviesa por uno de sus momentos más críticos, no sólo en el sentido introspectivo, sino en el de la auténtica crisis en la cual debe definirse qué se entiende por poesía mexicana actual. No todo lo que se premia perdura ni todo libro sin premio es olvidable. Los grupos literarios del país, que operan como cárteles de la cultura, han dejado claro que no es precisamente la calidad lo que se estimula en México. En este contexto y entre los autores independientes encontramos la obra de Adriana Tafoya, que con este volumen escribió su propia temporada en el Infierno. Adriana se ha dedicado a invadir la blancura de la página, en donde “el golpe de dados jamás abolirá el azar”; en su poesía resuenan las partituras de la música urbana, de la ciudad que cobija los desvelos, de los desposeídos, de las figuras entrañables que se alejan para que aparezca el dolor, la tristeza y una teoría que urgentemente nos quiere explicar por qué el mundo es el mundo.“Porque Innegable es también/ que si no escribiéramos/ nosotros, los malos poetas (espuma de los mares)/ los grandes poetas no existirían”. El humor ácido, la ironía y el erotismo se congregan en un libro que también es una celebración del lenguaje: “tengo amantes/ me gusta el sonrojo de los hombres/ el rubor de sus mejillas/ el más amado es frágil/ de ojos tan negros/ tan apasionadamente fríos/ por el dorso/ le resbalan aguas tibias/ juntos/ con el cuerpo onírico/ en el tinte del vino/ esperamos el amanecer que nunca llega/ para abrir los ojos/ y besar de nuevo el sol”. Adriana Tafoya (Ciudad de México, 1974) es autora de Animales seniles (2005), Enroque de flanco indistinto (2006) –poemario sobre ajedrez– que le valió jugar contra Garry Kasparov en las simultáneas para celebridades en “La Gran fiesta Internacional del Ajedrez 2010”, Sangrías (Ediciones El Aduanero, 2008), El matamoscas de Lesbia y otros poemas maliciosos (Ediciones Pasto Verde, 2009 / segunda edición Bitácora 2010/ tercera edición Cátedra Miguel Escobar 2014), entre otros. Su poesía ha sido traducida al náhuatl y al portugués •

ftorrescordova@gmail.com

monólogos compartidos

Nueva distancia a f. t. g.

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ierra los ojos en un lecho arrugado de insomnio. El cabello ralo crepita en la espiral de la oreja al girar la cabeza en la almohada y una a una suenan las cuerdas del tiempo que se niega a pasar. Así el corazón, distante en el pecho retumba en las sienes por dentro. Más allá, una gota desata su acento en la tarja de la vieja cocina y luego se calla. Relumbran pesadas las horas sus contornos azules, su péndulo frágil de humo y de luz. En el pasillo de pronto unos pasos y tras una mínima pausa que se encaja en el aire se alejan pero nunca se van. Pasos de una mujer, de un amigo que vuelve, de su muerto querido más vivo quizás, o del juego descalzo de un niño que fue en la memoria sonámbula a esa hora indecisa que troza relojes y espesa las sombras, no puede saber. Y nada otra vez, sólo la calle incesante que se acerca a la casa y apoya el oído en la puerta para ver si hay alguien adentro. Después, los perros, su espejismo lunar y sus ardientes hocicos en un horizonte quebrado de azoteas y patios. La ciudad zumba dormida, destella su lejano bullicio bajo el cielo nocturno y trae a su cama el suave rumor del planeta que viaja. Entonces, de nuevo el silencio que roza la sangre, el golpe del agua que traza la orilla de la luz en los ojos y el agua apagada que le hincha los pies, el viento que talla los muros, recodos, canales y goznes de huesos y entrañas, el silbido que sopla el viejo dolor y bajo el arco del cráneo, entre los labios delgados, derriba los puentes que fueron ideas y lo deja arrumbado detrás de los párpados. Él se pasa una mano por el rostro vidrioso, presiona su frente, se busca en el tacto, en las líneas difusas que cruzan sus palmas y palpa las fibras que teje impasible en su mente el vacío. Se dispersan sus años, no distingue del todo su nombre en sus letras que ya no se leen o si una voz amorosa lo llama y alcanza a sorprender su recuerdo. El insomnio que eriza el silencio no cede. Se tiende despacio en su cuerpo una nueva distancia, sólo una vez tangibles sus bordes, sin mapas, sin imán en la aguja, sin aguja en el agua, sin rosa, sin vientos. Ajena ya a sus rutinas y afanes, inútiles ya los trucos y trampas del cristal y el mercurio que tanto la asedian, la vida se asoma por fin a sí misma, se recarga en la quietud de las cosas y se queda con ellas. Entonces se incorpora en el lecho y alguien, uno vivo que fue y que será, le pone en la boca palabras en un orden que él nunca entendió y que ahora le llena la voz: “Viejo en su prisión de viejos huesos,/ me encontraste el corazón. Un punto,/ al amor se abrieron sus ventanas./ Me has dado, ciego, contemplarte;/ sordo, en el silencio oír tu risa;/ sin piernas ya, seguir tus pasos./ Desaparecida la memoria,/ relumbras, presente, como eterna;/ y recién nacido, por cantarte, / inventa el mudo las palabras.” (“Poema” Rubén Bonifaz Nuño, 2009.) •

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13 Jornada Semanal •

........ ARTE Y PENSAMIENTO

Número 1121 • 28 de agosto de 2016

Miguel Ángel Quemain quemainmx@gmail.com

Filomarino: disección al actor que baila, bailarín que actúa

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ISECCIONES SE LLAMA el workinprogress que presentó este mes Rossana Filomarino, apoyada en la corporalidad actoral, dancística, imaginativa y textual de José Alberto Gallardo, quien hizo pareja en el escenario con el músico, compositor y ejecutante Rodrigo Castillo, autor de un par de discos y colaborador de más de cuatro decenas de obras que ha musicalizado y puesto a vibrar con la imaginación sonora escénica que es parte de un sello de la casa (la casa Castillo/Filomarino) que lo ha obligado –gustosamente, supongo– a ver las producciones escénicas de por lo menos tres décadas. Sobre un escenario desnudo y unas luces sin matices, José Alberto Gallardo ejecuta la disección de un movimiento al que le confiere una dedicación desconstructiva que suele caracterizar la atención critica y académica que provoca el acontecer de la lengua. Abre sus pasos con citas textuales que bien pueden leerse como ejes interpretativos del movimiento, pero también como líneas conceptuales que ni trascriben ni le dan literalidad al transcurso de los pasajes.

LA OTRA ESCENA Es la decisión de un escritor, director, actor y proyecto de un bailarín que difícilmente podía pasar los castings de la docilidad dancística que merma todos los días las vocaciones y los talentos de quienes no responden a los cánones y quienes no tienen ya inscritos en su frente los chistes y las preguntas que los evaluadores proponen como prueba de docilidad. Dije “proyecto de bailarín” porque Gallardo algún día tuvo ese plan vital, quién sabe si ya estaría preñado de una intención estética, discursiva, pero lo que ahora propone es una radiografía enjundiosa de la creación bajo la mirada rigurosa, la mesura, la prudencia, diría, la batuta de Rossana Filomarino. Es una indagación que recorre, desde luego, su pasado corporal, su imaginación actual y lo que él cree que es su cuerpo y el cuerpo real con el que cuenta para hacer un esfuerzo espiritual y mental digno de un atleta emocional, que a menudo vemos en las hermosas formas del wu-shu, diseñadas a partir de un gran paisaje donde el ejecutante sabe que nada es definitivamente abajo, nada definitivamente arriba. Es casi como un ensayo y, al final, es un trabajo que se comparte y discute con un público de seguidores, alumnos y estudiosos, además del que poco a poco se instituye en este teatro (Un Teatro, Nuevo León 46, Roma Norte) con una vocación y una iniciativa que ojalá inspirara muchos espacios que hoy son monumentos funerarios. No se puede pensar este conjunto de expresiones y propuestas fuera de un orden histórico que moldea los caminos de un arte que se construye con la voluntad de muchas manos e imaginaciones que se confrontan, oponen, complementan y le colocan fecha de caducidad a expresiones que hace unos años eran la referencia sustancial de lo que entendíamos por danza contemporánea, coreografía, composición y todo el conjunto de elementos que vestía la escena de un modo específico.

No puedo dejar de ver ese cuerpo ahora bañado de luz, sombra y música, silencio y sonido puro, sin pensar en ese carnicero que abre la escena de Parte i: Agamenón y Electra. El mito de la justicia (concluyó su temporada en este mismo espacio), que forma parte de una trilogía por venir que propone una relectura de Esquilo, la Orestiada y las mitologías que guarda el mundo antiguo. Aunque no forma parte de esta aventura, veo esa dualidad danza/teatro que hoy se expresa de manera tan inquietante y creativa en Itzhel Razo, que lo acompañó y ahora acompaña a Germán Castillo en el montaje fascinante que hizo de Lear, o la senectud del poder, en El Milagro. Ese mundo habita y es habitado por este bailarín que intuye porque conoce y cree en el trabajo de Filomarino, y la coreógrafa ve en el bailarín el estado larvario de una mariposa extraña que finalmente se desprende de la tierra y la palabra para tomar el cielo por asalto. Quien siga este espacio se preguntará qué pasó con la reflexión sobre el trabajo bisagra (como lo califiqué) de Amada Domínguez, ahora en Costa Rica en un trabajo interpretativo, docente, de investigación e intercambio de saberes con una Compañía Nacional de Danza y un espacio teatral que difícilmente desde aquí imaginamos, dado el escaso intercambio artístico que mantenemos con Centroamérica. No se altera esa primera parte ni se desmembra: en una próxima entrega completaré el registro de esa travesía, que es la de una soledad artística siempre acompañada •

Rossana Filomarino

Alonso Arreola @LabAlonso

Luz entre cisnes y tucanes

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O HEMOS TENIDO ESPACIO suficiente para recomendar obras que artistas y colegas han acercado a nosotros en los últimos meses. Hoy, empero, nos lanzamos con tres discos valiosos que nuestra lectora, lector, debe escuchar para mejorar su impresión sobre la música mexicana contemporánea. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos. Luz de Riada, Cuentos & fábulas volumen 3 / Reflejo del cambiante magín de Ramsés Luna (notable saxofonista, exmiembro de Cabezas de Cera), y de su complicidad creativa con el penetrante guitarrista Gustavo Jacob, Luz de Riada entrega la parte final de su trilogía Cuentos & fábulas, iniciada en 2012. Tal como en su primera placa, escuchamos un conjunto de composiciones inéditas intervenidas por colegas dotados (en este caso: Todd Clouser, Arístides Martínez, Eduardo Reyes, Hugo Hernández y Manuel Jiménez), todas oscilando entre la formalidad y la improvisación en torno a estéticas globales. Son diez piezas encomiables que muestran la madurez conseguida tras los conciertos que, registrados en México y Sudamérica, nutrieron al segundo volumen del conjunto. Por otro lado, hay que decirlo, ahora el grupo aumenta sus cualidades auditivas (Edgar Arrellin Rosas como ingeniero), presenta un encomiable asentamiento rítmico y desarrolla con más serenidad sus motivos temáticos. Dicho de otra forma: aunque su personalidad se mantiene, el aura que le rodea crece con la acertada rotación de músicos interesados en una exploración marcada por el poder y la elegancia, incluso por un sentido del humor que se sacude la solemnidad inmanente al género progresivo. Nada le sobra. Nada le falta. Es un muy buen disco. Que nuestras líneas sirvan para seguir su sombra (www.luzderiada.com).

BEMOL SOSTENIDO Enrique Toussaint, En el camino blanco / Primero el sonido: este disco canta muy bien en el aire. La calidad de su grabación, su calidez, son muestra innegable de la claridad que el bajista mexicano Enrique Toussaint tiene no sólo como compositor e intérprete sino como coproductor. Luego el sentimiento: En el camino blanco es una placa conmovedora por origen y contenido. Trabajo dedicado a su desaparecido hermano –el conocido pianista y compositor Eugenio Toussaint– rinde tributo y memoria al tiempo que compartieron desde sus inicios musicales (una larga historia si pensamos en el grupo Sacbé, al lado de sus también hermanos Cecilia y Fernando, y si sumamos lo vivido en giras nacionales e internacionales con proyectos personales o con artistas como Paul Anka). Hablamos de dieciséis piezas de gran unidad discursiva en las que Enrique comparte autoría y arreglos con Eugenio (piano, orquestaciones), más un bonus track del gran guitarrista Billy McLaughlin. Un álbum en el que intervienen ejecutantes celebrados internacionalmente (Ivan Lins,

Eugenio Toussaint

Luis Conte y Jim Beard, entre muchos otros), registrado en numerosos estudios de México, Brasil y Estados Unidos, y que echa raíces en el amor filial, el vino, algunas ciudades y volcanes, además de siete nubes soñadas por tucanes. De Metheny a Pastorius, pasando por Zawinul y Jobim, las influencias de los Toussaint aparecen nítidas y en diálogo con su mexicanidad otorgándoles un lugar especial en la conexión de nuestra tierra con las grandes ligas del jazz. Bellas melodías, finas improvisaciones de bajo sin trastes, tersas orquestaciones, tímbricas variopintas y sabrosos entramados rítmicos surcan estas creaciones signadas por la paciencia y el detalle. Esperamos que Enrique vuelva pronto a su patria para escucharlo en directo y aplaudirle el colosal y curativo esfuerzo. Malcisne, Malcisne / Alter ego del contrabajista y compositor mexicano Carlos Maldonado (ahora avecindado en Canadá), Malcisne cuenta con la colaboración del cantante Juan Pablo Villa, el baterista Hernán Hecht, la chelista Natalia Pérez Turner, el guitarrista Fernando Vigueras, el violista Alexander Bruck y el contrabajista Juan j . García. Segundo en la trayectoria solista de Maldonado –también miembro de Los Dorados–, este trabajo posee una oscuridad peculiar. Apostando por tímbricas rayanas en el trip hop, sugiere un trabajo de postproducción y edición loable en el que lo mismo caben guiños a Los Doors y Radiohead que ofrecimientos tribales de rugosa estirpe. Álbum reflexivo, si parafraseamos los títulos de sus composiciones podríamos decir esto: el de Malcisne reúne ocho entrañas que marchan de la inocencia a la insolación y de la luz matinal a la presencia nocturna; que giran consistentemente sobre el despertar insatisfecho del artista que busca identidad entre dos países y múltiples intereses sonoros. Se trata de una obra que crece y adquiere color conforme avanza, sin duda lo mejor que le hemos escuchado a Maldonado. Enhorabuena. Búsquelo en www.malcisne.com •


ARTE Y PENSAMIENTO ........

28 de agosto de 2016 • Número 1121 • Jornada Semanal

Verónica Murguía

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Jorge Moch tumbaburros@yahoo.com @JorgeMoch

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NTIER, MIENTRAS RECORRÍA los pasillos de una megapapelería en busca de un estilógrafo, un niño me dejó una rodilla hecha pinole. El niño, a quien llamaré Lord Carrrito, venía empujando un carro de compras ad hoc –las tiendas los tienen para que los niños se vayan entrenado desde ahorita en las artes del consumismo– dando gritos de saraguato y persiguiendo a otro. Yo iba, como siempre, en la luna. Lord Carrito traía un millón de cuadernos de Pikachú, cajas de colores, crayolas, sacapuntas, resistoles y no veía nada que no fuera la espalda del perseguido. Así, me dio en las rodillas, me miró como si hubiera chocado con un estante y siguió su carrera.

La mamá venía detrás. Vestía unas plataformas alarmantes, mallones y camiseta pegada. Traía anillos y pulseras, así como una incongruente medalla de la virgen colgada con cadena dorada. Pestañas postizas, uñas postizas, pelo alaciado, labios púrpura y el teléfono apretado entre la oreja y el hombro. La miré y exclamé: –¡Señora! La mujer se detuvo. “Pérame” dijo en la bocina del teléfono y preguntó “¿Qué te pasa?” “Que los niños están corriendo por todas partes”, contesté. Los gritos de los mencionados se escuchaban en ese momento por el pasillo de los papeles, y la cara de los dependientes de la tienda, quienes se retorcían las manos y andaban a paso rápido, indicaban que no sólo yo estaba al tanto de la corretiza. –Pendeja –me dijo la mujer y pasó a mi lado rozándome el hombro. Percibí que se moría de ganas de tener una bronca, de tener algo que contar. ¿Por qué? Lo ignoro. Me dieron ganas de contestarle, pero no lo hice por una sola razón. Porque es inútil. No sólo es inútil, es dañino. Añade al ambiente de inquietud, cansancio y miedo. Me niego. No responder, para algunos, es “ser un dejado” o un cobarde, como si enzarzarse en un pleito lodoso fuese un acto de valor. Para otros, entre los que aspiro a estar, es una expresión de autonomía. Quiero ser libre para escoger mis batallas, que no serán en una papelería por un niño maleducado y con una madre zafia como ella sola. Pero me quedé pensando en el asunto, porque me erizó y porque en

esos días se supo en todo México la peripecia de Ari Santillán, agredido junto con un policía bancario por el célebre Lord Audi, Rafael Márquez Gasperín, a quien habría que aplicarle el (inexistente, pero anhelado) artículo 333, especial para mexicanos indeseables. O quizás ha llegado el momento en mi vida de decir, como han dicho individuos de la segunda y tercera edad ante el espectáculo de su sociedad desde la Roma de Cicerón hasta hoy: “¡Oh tiempos, oh costumbres!” Y no porque crea que antes no había lords y ladies, sino porque estoy segura de que ahora, a pesar de los ubicuos teléfonos, los modales más elementales, aquellos que aseguran nuestra convivencia, están en extinción. Lo que viene será, como pasó en China durante la Revolución cultural, horrendo. Tengo la sensación de que, con la aparición de los reality shows, el listón de lo que se considera conducta aceptable bajó hasta el inframundo. Cuando tuvimos el dudoso privilegio de mirar desconocidos mientras sostenían conversaciones inanes o tenían relaciones sexuales bajo las sábanas, algo se resquebrajó. Ante nosotros no sólo había personas con los mismos defectos que cualquiera, sino gente que, al menos en apariencia, tenía más problemas de lo usual para darse a entender, terminar una oración o comportarse con el mínimo decoro. No me parece que sea casualidad que una de las primeras ladies que se pavoneó, borracha y prepotente frente a una cámara de celular, sea Azalea, una de las huéspedes iniciales de la “casa de Big Brother”. No voy a hablar aquí de lo que pienso de ese programa, sino de lo que ha seguido después, y cuya culminación son, entre otras cosas, la fama de Kim Kardahsian y los esperpénticos ladies y lords que infestan las calles de este pobre país. Quiero hacer una defensa de los modales. Me adelanto a quienes suponen que los modales son enemigos de la democracia, racistas y clasistas. Los modales son el lubricante que nos permite no darnos bofetones por cualquier cosa. No son exclusivos de una clase social, ni de un género. Son indispensables para ir por la vida sin fregar a nadie. Son el mínimo indispensable. Son el por favor, las gracias y el detenerse en el alto. Sin ellos, la línea divisoria entre la turba y la multitud se desdibuja. Defendámoslos. Por favor •

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O ME PARECE QUE sea cosa menor lo que Carmen Aristegui y su equipo de investigaciones periodísticas han hecho público sobre el plagio cometido por el hoy presidente de la República cuando redactó (y obsequiarle el crédito de al menos alguna parte de la redacción es ya de suyo un gesto de inmensa generosidad, de nada) esa tesis de licenciatura profesional en Derecho, de la Universidad Panamericana, sobre el presidencialismo mexicano. Hay algunas correspondencias contemporáneas que nos obligan a lamentar el cinismo del mexiquense. Dos ejemplos. El ministro alemán de Defensa, Karl Theodor zu Guttenberg tuvo que renunciar –con todo y lamentaciones de Angela Merkel– a su cartera a mediados de 2011 porque se descubrió un plagio en su tesis doctoral.

Y en 2012, Pál Schmitt, quien fue electo presidente de Hungría en 2010, tuvo que renunciar cuando la revista hvg hizo pública una investigación que demostró que Schmitt había plagiado diversos párrafos de distintos autores al elaborar su tesis doctoral, Análisis del programa de los Juegos Olímpicos modernos,“galardonada en 1992 con la nota de summa cum laude”según la nota periodística que en su momento publicó el diario argentino Clarín . El hecho de que Enrique Peña Nieto haya plagiado una tercera parte de su tesis de licenciatura lo pinta de cuerpo entero como el yúnior mediocre que es. No sorprende, pero siempre vale la pena tener a mano la confirmación de algunas fuertes sospechas que siempre hemos albergado sobre la pinchurrienta calidad intelectual y la evidente pobreza ética del que hoy dice gobernar este país con los resultados que harto padecemos a diario. Peña –y su séquito– son todo un fenómeno repulsivo de corrupción, simulación, cinismo e impunidad con no pocas dosis de estupidez. Y creo que además todo el asunto encierra en el caso de Peña una veta de oligofrenia. Parece que Enrique Peña Nieto estuviera viviendo una realidad aparte en la que él es un gran protagonista. Como si fuera una especie de Frank Underwood, el personaje de House of cards, serie televisiva muy del gusto del presidente mexicano, que interpreta el actor estadunidense Kevin Spacey. Hay que recordar brevemente que la filia de Peña con la serie que protagoniza Spacey no es cosa nueva. Y hay que recordar también que es de una dimensión tal que ya nos costó varios millones de pesos que el presidente de este país, en otro de sus arrebatos, intentara disimular la invitación que le hizo a Spacey al Caribe mexicano para que le hablara de la serie y se

tomara una selfie con él. ¿Y de dónde cuernos saco ahora yo la conexión con Underwood? Del primer capítulo de la serie, emitido el 1 de febrero de 2013, a escasos dos meses de que Peña Nieto tomara posesión del cargo. Porque parece que per fila una de las más grandes obsesiones del régimen como algo que ni siquiera resulta en idea original… Hay una escena en ese primer capítulo de la serie que infiero que dejó entonces una impronta profunda en el vapuleado cerebrito neopresidencial. Y es una escena que cobra relevancia porque es en la que se propone, como una suerte de panacea social, de novedosa estrategia para tratar de aliviar ciertas coyunturas sociopolíticas particularmente adversas al régimen y para paliar agudas aristas en la opinión pública y aparentar que se hace algo bueno por la comunidad, nada menos que una “profunda reforma… educativa”. Sí. No me sorprendería en absoluto si se pudiera comprobar que una de las grandes ideas “de” Peña Nieto para adobarnos el sexenio tampoco es suya, sino una ocurrencia obtenida a partir de ideas ajenas. En una serie de ficción política estadunidense. Y ello explicaría al menos en buena parte por qué muchos mexicanos percibimos que la vida toda se ha vuelto un capítulo de telenovela gore. Con graves errores de estilo y percepción. Car men Ar istegui definió con asombrosa economía de adjetivos a Peña, en el breve video que subió a redes sociales hace una semana para anunciar el reportaje de marras, como “una criatura de la televisión”. Viendo el estado del país, el desastre social que nos ha dejado Peña, sus políticas todas bien podrían ser también eso, criaturas de la televisión. De una serie de horror. Producida, para más i n r i , en Televisa •

CABEZALCUBO

De plagiario a Frank Underwood

LAS RAYAS DE LA CEBRA

Lord Carrito


15 Jornada Semanal •

........ ARTE Y PENSAMIENTO

Número 1121 • 28 de agosto de 2016

Ricardo Guzmán Wolffer

Luis Tovar @luistovars

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L MÁS RECIENTE LIBRO de John Irving, Avenida de los misterios, lo reitera como una pluma a considerar en la narrativa estadunidense. Irving gusta de analizar, desde distintos ángulos, a la sociedad de su país. En Avenida... estamos ante peculiares personajes: el oaxaqueño Juan Diego y su hermana Lupe, niños pepenadores de los tiraderos de basura de la ciudad de Oaxaca en 1970: ella tiene problemas fonéticos, pero puede escuchar el pensamiento de sus interlocutores, él es de los pocos que la entienden. En un accidente causado por su padre putativo, el encargado del basurero, Juan Diego queda con un pie deforme y eso los llevará al orfanato de jesuitas y luego al circo, donde ella encontrará la muerte en las garras de un león al que también, al igual que a las leonas, le escucha el pensamiento, . Sin hermana que le dé sentido a vivir en Oaxaca, Juan Diego se va con una pareja de homosexuales, uno gringo y el otro un travesti oaxaqueño, a vivir a Estados Unidos. Ahí se hará ciudadano estadunidense y luego escritor. La novela narra su travesía al sudeste asiático para honrar la promesa que le hiciera a un prófugo de la guerra de Vietnam, muerto en las calles de Oaxaca, de visitar la tumba de los muertos en batalla. Aunque el escenario de la vida de Juan Diego y su hermana es cambiante (el nombre obedece a la Avenida de los Misterios que lleva a la Basílica de Guadalupe): pasa por Oaxaca, cd mx , y varias ciudades en camino al y del sudeste asiático, pero hay temas que son netamente estadunidenses: el sentimiento de la población sobre esa guerra de Vietnam, que padeció en su momento y que, remarca Irving, sigue siendo una llaga en la conciencia gringa, a grado tal que, implica la novela, querrían poder reivindicar las muertes de muchos compatriotas. Y si para ello fuera suficiente ir a buscar sus fantasmas y sus tumbas al lugar de la batalla, lo harían. La novela también trata sobre la migración y la homofobia gringa. Uno de los homosexuales se descubre sexualmente cuando está colaborando con los sacerdotes en el orfanato de Oaxaca. No sólo sufre por sentirse traidor a la fe que profesa como padre y por la que se flagela literalmente casi todos los días, sino por saber la dificultad que le espera en su país. Además del mal momento que sabe vivirán los viejos jesuitas. Luego sabremos que fue rechazado en Estados Unidos, donde murió de sida, y que esa homofobia marcó y dificultó la niñez de Juan Diego en aquel país; sin que por ello la vida en el basurero oaxaqueño tuviera menos problemas, ni su estancia en la ciudad de Oaxaca, donde incluso recurrió con su hermana a timar a algunos turistas para sobrevivir.

John Irving

Para contextualizar a los personajes, Irving desarrolla la visión de los “niños de la basura”, quienes lo mismo queman perros muertos que cadáveres humanos si eso libera sus almas. La pequeña Lupe establece el conflicto de la religiosidad criolla: la aparente incompatibilidad entre la Virgen de Guadalupe y la Virgen María. Para evidenciarlo suele cuestionar a los jesuitas que dirigen el orfanato y llega a echar las cenizas de uno de sus muertos a la imagen de María para volverla morena. Por otra parte, durante su paso por el circo, Lupe escucha a las leonas y al león, en clara extrapolación del dueño del circo, quien, como los leones, se aparea con todas las jóvenes apenas llegan a su primera menstruación. Lupe advierte que las peligrosas son las leonas, por el celo que le tienen al domador, al que las leonas suponen las ha suplantado en el corazón del león. Los personajes se enfrentan a momentos definitorios de la vida:“la sensación que uno tiene cuando sabe que todo ha cambiado, y que el momento presente presagia el resto de su vida”. Los buscadores del realismo mágico encontrarán destellos en la narración: los niños ven los ojos de la Virgen María cobrar vida; las mujeres de su último viaje parecen ser fantasmas, súcubos en prefacio a la muerte, pero también de la virginidad de Juan Diego, en tanto acepta que antes de sus encuentros con ellas en el avión, su vida sexual había sido casi inexistente. Para amarrar al personaje, Irving lo hace escritor en su madurez y lo confronta con otros escritores y con la crítica especializada. En un claro guiño autobiográfico, narra algunas peripecias de los famosos y sus seguidores, especialmente las mujeres. Irving cuenta con muchos reconocimientos en su país: la calidad de su amplias novelas explica cómo pueden coexistir el éxito comercial y la precisión literaria •

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A PASADO POR NUMEROSOS festivales cinematográficos, de los que salió con más de un reconocimiento, y para contender por el Premio Ariel tuvo una exhibición mínima, pero será el próximo viernes 2 de septiembre cuando se verifique el verdadero estreno comercial de La delgada línea amarilla (2015), primer largometraje de ficción de Celso García, producido por Bertha Navarro y Alejandro Springall, avezados ambos en la lid ardua de “levantar” películas. Próximo a cumplir cuarenta años de edad, García dirigió antes un cortometraje sobresaliente titulado La leche y el agua (2007), de cuyo guión también es autor, como lo es de su ópera prima en largo, amén de lo cual ha participado en la factura de otros filmes, ya como guionista –en el cortometraje Floppy (2008),

de Francisco Payó–, ya como parte del cast –en la célebre animación Hasta los huesos (2002), de René Castillo. Con esta experiencia en su haber, que se antoja poca, García consiguió lo que cineastas ostentadores de luengas trayectorias no han podido casi nunca o dejaron de poder en algún momento: contar una historia interesante y hacerlo de manera sólida, redonda y clara. A propósito de colaboradores y su mayor o menor grado de experiencia fílmica, para La delgada línea… García contó con un reparto no sólo irreprochable sino seguramente concitador de una que otra envidia: entre los protagonistas figuran Damián Alcázar, Joaquín Cosío, Gustavo Sánchez Parra y Silverio Palacios, es decir, cuatro de los actores mexicanos más solicitados por su capacidad histriónica –tanto como decir que no necesariamente porque suelan aparecer en televisión, o por ser estereotipadamente guapos, o porque se hayan puesto de moda y sean ajonjolís mediáticos de chismográficos moles–, a los que se suma un joven Américo Hollander previamente probado en La vida después (2013). Añádanse Fernando Becerril y Enoc Leaño en papeles secundarios, para un cast que, como se dijo antes, ya quisieran muchos.

Microuniverso en MoviMiento Si es verdad aquella vieja máxima según la cual a un buen cineasta se le reconoce como tal sobre todo por su capacidad para dirigir actores, así como por el olfato y el tino que tenga para el montaje fílmico, entonces Celso García tiene que ser considerado eso: un buen cineasta. Empero, ese par de talentos no bastan, o probadamente no son garantía –como se demuestra en las eventuales pifias de directores que gozan de reconocimiento unánime– para que una película determinada sea buena a su vez. Para fortuna de García y, con él, para bien de ese cine nacional vituperado por Másdeuno porque no incurre

en fórmulas dizque exitosas, dizque asequibles para públicos a los que se supone de ineficiente o nula ingesta intelectual; recetas preferentemente compuestas de truculencias argumentales y una lista larga de abusos y tics de orden formal, La delgada línea… se aparta de esos cartabones y apela a las que resultan ser sus dos principales cualidades: sencillez y, valga el involuntario juego de palabras, linealidad. Lo primero es apreciable particularmente en la configuración del punto de partida dramático, mientras lo segundo es, de hecho, la materia misma con la que se narra la historia: García establece como arranque la plausible conformación de un microuniverso compuesto por sus cinco protagonistas, cuyo destino inmediato es determinado por las circunstancias laborales a las que les toca entregarse; una unidad bien delimitada pero a la vez dinámica de espacio y de tiempo que hace posible, para cada uno, el ejercicio de la recapitulación personal y la pausa reflexiva, el ajuste de cuentas consigo mismo, la proyección de un futuro posiblemente distinto de ese presente que pareciera aislado del resto de la realidad y, para su particular suerte, definido por el avance: el que indica la línea divisoria del camino, la línea amarilla del título; ruta a seguir, señalamiento de un trayecto –claramente metafórico– que les ayudará a no perderse, sobre todo en términos emocionales. Vaya si andan lejos estos senderos fílmicos, para no ir muy lejos, de los refritos tecnologizados –como si el ya manido recurso de añadir digitalizaciones a mansalva hiciera buena una película– de los que en estos días copan las pantallas, tipo Ben Hur y Los cazafantasmas, hágame usted el resobado favor: burdo saqueo de las arcas histórico-cinematográficas lo primero, apelación a una nostalgia entre precipitada y más bien lela, en correspondencia con el trasunto de la bobada ésa puesta al día, se insiste, sólo en términos de hechura •

CINEXCUSAS

El camino y lo andado

GALERÍA

El oaxaqueño John Irving


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28 de agosto de 2016 • Número 1121 • Jornada Semanal

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os vasos comunicantes en la literatura –especialmente en la poesía– son extraños, multiformes y no pocas veces dibujan un laberinto, una intuición mítica que se resuelve en rizoma. Recientemente un festival de poesía llevado a cabo en la ciudad de Chilpancingo, Guerrero, El avispero, bajo el epígrafe de una cita de Octavio Paz: “Cuelga del muro/ oscuro sol en celo/ un avispero”; y con el lema, tomado de Tomás Segovia, “echar raíces es una manera de andarse por las ramas” y dedicado a la poesía colombiana, se dio un ejemplo claro de ese laberinto. Entre los invitados al festival estuvo Fernando Herrera Gómez, poeta colombiano, autor de Breviario de Santana (cuya edición mexicana se presentó en el marco del encuentro) y Bocetos mexicanos, y en su mochila de regalos llevaba varias sorpresas. Una de ellas deslumbrante, al menos para mí: el libro de haikú, En el corazón de la floresta, traducción del francés de una selección hecha por Roger Munier en francés de ese género lírico. Como se sabe, el haikú tiene en español a un padre fundador en Juan José Tablada, nuestro gran poeta postmodernista. Munier, extraordinario poeta francés, daba a su trabajo de traductor un alto valor y lo prodigaba a cuenta gotas: Rilke, Heidegger, poesía japonesa, Juarroz y –en un lugar muy importante– Octavio Paz. En Octavio Paz la presencia del Japón, de su literatura y del haikú es muy importante (véase el reciente y notable libro Japón en Octavio Paz a cargo de Aurelio Asiain) y una de sus traducciones, Sendas de Oku, es un libro tocado por la gracia que, más allá de su sentido traslaticio, es parte de la obra creativa del gran escritor mexicano. Como describe Aurelio Asiain en el libro mencionado, ese aire renovador venido del Oriente arraigó con inusitada felicidad en español, a veces explícitamente –como en Tablada y Paz–, otras de forma más secreta – Machado, Villaurrutia, Gorostiza– a lo largo del siglo xx . El libro de Munier goza de un enorme prestigio en francés como obra literaria, pues la calidad de las versiones es extraordinaria y cuenta además con un brillante prólogo del recientemente desparecido Yves Bonnefoy, pero es raro que alguien traduzca una traducción y Fernando Herrera se arriesgó a hacerlo, el resultado: En el corazón de la floresta. Un libro de poesía fascinante en que la misma idea de autoría se va a la vez perdiendo en las suce-

sivas traslaciones y reafirmando en el oficio de poeta de los traductores Munier y Herrera. Es una lástima –que no perjudica su condición maravillosa– que no se tradujeran en la versión española el texto de Boneffoy ni el prefacio de Munier. En En el corazón de la floresta la poesía está tocada por la gracia y más allá de las discusiones eruditas sobre la forma y el fondo del género en japonés y su arraigo en idiomas occidentales, los poemas son extraordinarios, de una levedad y transparencia que roza el milagro. Ordenados por una especie de atracción electiva y temática, los breves poemas se organizan como una variante musical que avanza sin sobresaltos en su desarrollo melódico.

El laberinto de la poesía: el haikú José María Espinasa

Asiain señala, contra la idea arraigada en un lector común, que el haikú es un eslabón de un desarrollo lírico. En En el corazón de la floresta se cumplen ambas cosas: la autonomía de cada texto en su búsqueda del instante y la ilación en el collar de los años y los siglos. Es curioso cómo un poeta tan inteligente e incluso filosófico como Munier y un escritor tan cuidadoso y labrado en su forma transcomo Herrera no impiden que fluya la trans parencia (que imagino) del original japonés hasta sus versiones primero en francés y luego en español. La sensación de que en el haikú encarna a la vez la inminencia de la iluminación –ese momento en que se oye la lluvia que está por llegar, que aún no está pero ya es– y la iluminación misma está extraordinariamente bien plasmado en este volumen. De la misma manera en que conviven el “organismo social” del panal y la individualidad de cada avispa en el poemaepígrafe de Paz. Cien años después de los primeros haikús de Tablada y a casi sesenta de Sendas de Oku en la versión de Paz y Eikichi Hayashiya, libro que ha tenido diversas y casi siempre muy bonitas ediciones, podríamos decir que el género es una flor que se ha aclimatado en español y dado poemas memorables como En el corazón de la floresta. El texto, publicado por Taller de edición Rocca, notable sello independiente colombiano, no se consigue en librerías mexicanas (como dije antes: lo trajo Herrera en sus alforjas, doy la página web para quien se interese en el libro y en la editorial, www.tallerdeedicion.com) y sólo el azar de los viajes me hizo conocer su publicación. Para subrayar la idea del laberinto o el rizoma: Fernando Herrera ganó en 2007 el Premio Nacional de Poesía en su país, en el jurado del premio estaba el escritor mexicano Marco Antonio Campos, quien a su vez hace veinte años publicó una traducción de Munier al español, creo que la primera en libro en nuestro idioma, no sé si la única, más allá de un Material de lectura y algunas plaquettes y poemas en revistas). El año pasado El Tucán de Virginia dio a la imprenta una antología hispanoamericana, Caminos del haikú, de la mano del poeta y librero Agustín Jiménez, destinada a volverse referencia sobre el haikú en nuestro idioma. En ella no hay mención (y debería, la edición es de 2012) a En el corazón de la floresta, libro que por su calidad debe figurar en las lecturas de los aficionados al género •


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