SEMANAL SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA DOMINGO 22 DE OCTUBRE DE 2023 NÚMERO 1494
PATRICIA HIGHSMITH,
EL SUSPENSO Y LA PASIÓN Francisco Barriga Puente
El flamenco y el silencio Juan Vadillo Corazonada y otros sueños mexicanos Rafael Aviña
LA JORNADA SEMANAL
Portada: Ilustración de Marga Peña
2 22 de octubre de 2023 // Número 1494
Oral* Francisco Torres Córdova
Con C. Z.
PATRICIA HIGHSMITH, EL SUSPENSO Y LA PASIÓN
Adentro aquí
Nacida hace un siglo y dos años, la vida de Patricia Highsmith es por lo menos tan interesante como sus obras de suspenso, género literario en el que la nacida en la ciudad estadunidense de Fort Worth, Texas, es una maestra no sólo indiscutible sino todavía inalcanzable. Extraños en un tren, su primera novela, lo mismo que la célebre “saga Ripley” –El talentoso Mr. Ripley, Ripley bajo tierra, El juego de Ripley y Ripley en peligro–, se cuentan entre lo más destacado tanto del thriller como de la literatura estadunidense de cualquier género, al mismo tiempo que Ripley, el personaje central, por derecho propio ocupa un sitio junto a seres de ficción inolvidables como Philip Marlowe, por sólo mencionar otro en el género. En cuanto a interés y singularidad, la vida de Highsmith no queda a la zaga: su intensa pasión, lo mismo intelectual que amorosa, marcó una trayectoria vital signada por la independencia de criterio y la libertad irrestricta. Eso motivó que, en muchas ocasiones, a Highsmith le tocara ya sea enfrentar a las buenas –pésimas– conciencias, o alejarse de la maledicencia. De todo esto versa el ensayo que ofrecemos hoy a nuestros lectores.
en que todo acude a su desastre
al otro lado lejos del ruido cotidiano
y se traiciona y se encandila en sus espejos
aquí en este nicho diminuto que hacemos con las bocas nos toma el roce tembloroso de las manos el tibio enlace de tobillos y sales en la nuca y humedades que nos dejan solos con nosotros
en la espiral que sueltan sus aromas poco a poco y más con cada aliento te tiendes y repliegas te tardas en la hora que nos toca las huellas y surcos y lisuras
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||| DIRECTORA GENERAL: Carmen Lira Saade DIRECTOR: Luis Tovar EDICIÓN: Francisco Torres Córdova COORDINADOR DE ARTE Y DISEÑO: Francisco García Noriega FORMACIÓN: Marga Peña MATERIALES DE VERSIÓN DIGITAL: Ana Karen Alvarado LABORATORIO DE FOTO: Adrián García Báez, Israel Benítez Delgadillo, Jesús Díaz y Ricardo Flores. PUBLICIDAD: Javier Loza Hernández 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. CORREO ELECTRÓNICO: jsemanal@jornada.com.mx PÁGINA WEB: http://semanal.jornada.com.mx/ TELÉFONO: 5591830300. ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||| La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, S.A. de CV; Av. Cuauhtémoc núm. 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Delegación Benito Juárez, México, DF, Tel. 9183 0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac núm. 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, México, DF, tel. 5355 6702, 5355 7794. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2003081318015900-107, del 13 de agosto de 2003, otorgado por la Dirección General de Reserva de Derechos de Autor, INDAUTOR/SEP. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación, por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.
de piel y pensamiento
te pierdes y me encuentras de ti te llenas y vacías nada sabes de ti y toda tú me sabes ahí donde se inicia tu mirada animal que nos rescata y pone las orillas en el centro.
*Este poema forma parte de la serie del mismo título, aún inédita.
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MARCO ANTONIO CAMPOS PREMIO UNIVERSIDAD NACIONAL 2023 Ese artículo celebra, como nosotros, el Premio Universidad Nacional 2023 otorgado a Marco Antonio Campos (Ciudad de México, 1949), poeta, traductor, ensayista, entrevistador, maestro y promotor cultural más que probado, y colaborador y amigo de estas páginas desde hace varios años.
I
O
ctubre trajo entre sus hojas el Premio Universidad Nacional 2023, en el campo de la “Creación artística y Extensión de la cultura”, para el escritor Marco Antonio Campos. El galardón es el reconocimiento máximo que otorga la Universidad Nacional Autónoma de México, institución que es el alma mater del poeta y a la que ha estado ligado desde 1965 cuando, al ser alumno de la Preparatoria 1, inició la trayectoria académica que hoy la UNAM le reconoce. “Un sueño anhelado”, dijo el poeta en una primera impresión tras la noticia del premio. Desde luego, es un reconocimiento más que merecido. Marco Antonio Campos ha construido una sólida carrera literaria desde 1968, año en el que decidió no ejercer la abogacía, aunque terminó la carrera de Leyes. El compromiso del poeta con la Universidad ha sido firme, la ha representado en el extranjero durante sus estadías como lector y profesor invitado en las universidades de Salzburgo, Viena, Brigham Young, Buenos Aires, Nacional
Nancy Hernández García ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
de La Plata y la Universidad Hebrea de Jerusalén. Asimismo, en la propia UNAM se ha desempeñado como director de Literatura de Difusión Cultural y como investigador del Instituto de Investigaciones Filológicas. El centro de su trabajo literario es la poesía, pero también ha visitado otros géneros: cuento, aforismo, novela, entrevista, ensayo, crónica y traducción. La producción escrita de Marco Antonio es muy vasta y su trabajo como promotor cultural también es encomiable: organiza el Encuentro de Poetas del Mundo Latino cada año, considerado el festival de poesía más importante de México. II EL CENTRO DE Estudios Literarios del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM es un lugar silencioso al que parece que “sólo los becarios van”, como me dijo una vez Federico Álvarez –en broma pesada–, pero de mi época de becaria recuerdo las tardes cuando Marco Antonio Campos llegaba al cubículo del Diccionario de Escritores Mexicanos. Sin la investidura del poeta y, más bien, con el saco de lector bien puesto, Marco Antonio Campos me regaló muchas conversaciones en las que, tal vez sin saberlo, me disipó dudas sobre la poesía, me aclaró anécdotas que en la repetición se han
▲ Marco Antonio Campos durante entrevista con La Jornada en 2017. Foto: Cristina Rodríguez/La Jornada deformado hasta ser otras, y me enseñó a leer los ensayos de Octavio Paz. Lo que más le agradezco es ser el puente entre el lector y la poesía. Gracias a él conocí personalmente y leí a Juan Gelman, Eduardo Lizalde, Efraín Bartolomé, Minerva Margarita Villarreal y Luis García Montero, entre muchos otros, que ahora son parte fundamental de mi biblioteca. Desde luego, la proximidad me ha permitido ser una lectora inmediata del poeta. Viernes en Jerusalén es el poema suyo que más disfruto y al que vuelvo cada tanto; Joven la muerte niega el amor joven, cuentos sobre poetas mexicanos del siglo XIX que murieron jóvenes son sus cuentos que más me conmueven. Por las tardes, en Filológicas, era frecuente verlo platicando muy a gusto –lo delataban las risas– con Fernando Curiel (“míralos, parecen niños traviesos”, me dijo alguna vez Gina, la eficiente secretaria del CEL). Permanecen en mi memoria como las estampas que Campos describe en sus crónicas de viajes. Por el cariño, la gratitud y el oficio compartido, celebro el Premio Universidad Nacional 2023 de Creación Artística y Extensión de la Cultura: ganó el impulso a la poesía y la literatura desde hace más de cuarenta años ●
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EL RÍO Y EL JAGUAR (I de I I) El jaguar y la luna
¿Q
ué nos marca, hermano mío manchado de volcánica lava? Miré al cielo y vi en la luna un jaguar rodeado de estrellas. Miré al piso y vi una huella que sólo podía ser suya. Grande, unos dos metros de ancho y largo. La roca gigante de Yokib’ (o Piedras Negras, del lado de Guatemala), la puerta grande del inframundo, pasó por aquí recientemente y plasmó su pezuña sigilosa. Su poder impone, y me atrevo a admitir que asusta. Si los pobladores de aquel entonces, un milenio atrás, lo divinizaron, algo le habrán visto mejor que nosotros. Esa pelambre de carbón y fuego repartida por todo el cuerpo, viva en una danza inaudita, fina, segura como gato en la azotea, inmenso gato grácil que domina la hostilidad de la selva. A su paso los seres terrestres callan, los reptiles se enroscan y aguardan, los roedores le temen más que al hombre. Sólo las aves permanecen impávidas. Me las entiendo con el canto alterado del momoto de garganta azul, “cut-cut-cut” para percusión y flauta. Los tsotsiles lo llaman vuk pik’, el siete cantos. Los tseltales, xkul. Con una tonada de otro color se impone entonces el clarín jilguero, o sian, el de nueve cantos, y
W Urna con personaje con máscara de jaguar,
Hermann Bellinghausen ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Comitán, Chiapas, clásico tardío (600-900 dC). INAH, Museo Regional de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Tomado de Mayas el lenguaje de la Belleza, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2015.
▲ Selva lacandona. Foto: cortesía del autor.
prefiere pasar el día en la espesura, no en el aire abierto sino entre ramas. El jaguar le pasa cerca pero sus atmósferas no se tocan. Ya quisiera ver así a los tucanes, pero esos son tan frívolos como cobardes y huyen, aunque al menos en color superan al felino rondante, sus tonalidades son un arcoíris firme, un muestrario cromático, una exageración especialmente atrevida de la naturaleza. Ay el jaguar que viene tragándose el aire con ese hocico negro, lo destazan sus colmillos blancos, lo único blanco en este universo sin bordes precisos que explota verdes manchados de los rojos florales y los troncos azules de los otros hongos, los de mano gruesa, los de larga vida que terminan convertidos en piedra. El jaguar todo lo merodea, el espacio le obedece y su mirada hipnotiza al conejo, al coatí, al tepezcuintle correlón. Sabe nadar y pescar, puede hacer frente a los cocodrilos en las riberas de los ríos del Usumacinta. Si un jaguar anda cerca, no hay saraguato que aúlle ni emita su engañoso rugido que finge estirpe de león. El jaguar encarna la verdad, es su portador, representa una suerte de justicia divina que explica los murales, los códices, las esculturas en roca, los relieves en las estelas, la graciosa alfarería de los reinos mayas desvanecidos hace mil años. Los sobrevive el jaguar, la verdad del futuro. Reina en los vestigios y en las densas florestas rodeadas de agua en la piedra. El jaguar gobierna día y noche, pero no impide que un carpintero inicie labores unos metros arriba y llene con su canto de madera el hueco
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que su cincel hace al caobo impertérrito. El jaguar no se está quieto, danzan sus manchas en el mapa de fuego que es su cuerpo. Acecha. Sólo acecha. No a otra cosa, vino a este mundo a acechar, a enseñarnos sigilo y a darle un uso geométrico a la fuerza. Los guerreros y los cazadores anhelan matar al jaguar, pero no es bueno para ellos, tendrán un final violento y por la espalda. El jaguar asesinado siempre encuentra una flecha para su venganza, un cuchillo, un veneno, una bala.
Civilización y jaguares CON UN CIERTO grado de atención distraída me he interesado en las representaciones y usos múltiples del jaguar en el llamado arte precolombino, y creo que nunca fue mejor y más real y cercanamente retratado que entre los mayas del período clásico (250-900 dC) que debieron vivir, en su tiempo de esplendor urbano, rodeados de jaguares, por decir lo menos. Los olmecas habían disputado vida y territorio con el felino en las selvas del golfo, pero nunca como entonces compartieron espacio, o se lo dividieron, dos especies animales tan distintas como el humano y esa enorme versión de gato elástico hermosamente moteado. Aun sus representaciones que sobreviven en la piedra son verídicas cuando retratan alguna metamorfosis mágica, como el jaguar iguana de Cotzumalguapa, el jaguar gigante cuya pezuña queda en Yokib’, los asomos en el Yaxchilán de las estelas, en los fastos murales de Bonampak, en el alma misma de Tikal, donde el rey Jasaw Chan K’awiil erigió la plaza, el templo y la tumba faraónica del Gran Jaguar tras vencer finalmente al señorío de la Serpiente de Calakmul, su eterno rival. Los mayas clásicos lo trasladaron al agua, mitad pez o serpiente. Así fue como aprendió a sorprender a los cocodrilos en su siesta y honró a los señores de Lakamhá. Ni el mono inteligente y humanoide dio para tanta y tan buena cosecha de quimeras: el jaguar serpiente, el que vuela, el que viste a los guerreros más temibles, el que deviene lo que devora y sueña siempre en conocer la carne de águila, pero la selva es tan espesa que las águilas la visitan sólo donde los jaguares no se atreven. En mi experiencia, el jaguar es más un ser sediento que hambriento. Como yo. Y por fortuna. Me he visto a salvo de su apetito y siempre, qué extraño, objeto de su curiosidad. Qué gato más gato es ése, tan fuerte, tan pesado no obstante su levedad en movimiento perpetuo. Ni el ocelote, ni el tigrillo, ni el jaguarundi, ni el lince, ni el puma; es el único felino de la selva que merece la estatua de piedra, el altorrelieve, la representación indeleble de sus dotes prestidigitadoras en escalinatas y monumentos que son lo que perdura de aquella edad única del Clásico, cuando una civilización humana vivió literalmente rodeada por esa bestia sagrada que daba nombre a las dinastías más heroicas. No quedan muebles, documentos ni juguetes, casi ni huesos. Los devoró la selva durante mil cien años y hasta más, aquí donde la podredumbre está en todo, es rápida y pronto se convierte en tierra o planta. ¿Qué le duran a la materia mil cien años de olvido y regeneración incesante? Pero además de unos cuantos reyes extinguidos con sus cortes, víctimas y verdugos, se fijan en la piedra como jeroglíficos nítidos de un no sé cuándo. Quedan utensilios y dioses líticos, máscaras de jade, ajorcas vacías, tumbas sin cadáver. Además de todo eso sobreviven las mil páginas de piedra del jaguar manifestado.
▲ Jaguar de barro mantequilla, elaborado y pintado a mano por artesanas de Amatenango del Valle, Chiapas. Foto: https://chiapasmagico.com.
Esa pelambre de carbón y fuego repartida por todo el cuerpo, viva en una danza inaudita, fina, segura como gato en la azotea, inmenso gato grácil que domina la hostilidad de la selva. A su paso los seres terrestres callan, los reptiles se enroscan y aguardan, los roedores le temen más que al hombre.
Más que una divinidad, era el otro ser vivo con el que se compartía el mundo. Donde el jaguar reinaba no vivían los hombres, y mucho menos las mujeres, presas míticas de la bestia y en ocasiones preñadas por ella con resultados funestos o maravillosos. A despecho de la idea que asocia a este felino con la sangre, su hedor y espanto, los verdaderos aromas que alumbran sus pasos y saltan con él a lo largo y hondo de la selva son frutales, de vainas, pulpas y zapotes que no tienen nombre pero aroman, y las flores y las hojas vibrantes que pisoteadas se subliman un instante perfumando la pezuña atroz del jaguar que ronda, embriagado por lo que inhala, lo que más acá de las maderas respira simultánea y densa la selva hipnotizada donde huele a sangre, donde la sangre duele y se disipa como gas noble en la atmósfera sitiada por una totalidad orgánica que no reposa, que vive y muere sin descanso. Aunque me fallan los detalles de la memoria y por eso los callo, sé que mis encuentros con la bestia olían a fruta y hoja triturada y podredumbre dulzona. Los olores por algún motivo se conservan y casi pueden tocarlo las fibras de mi conciencia. Tangible, verosímil, vívido. Quizás nunca estuvimos tan cerca como la última vez, pero el jaguar no podía alcanzarme, en caso de pretenderlo. Me salvaba nuevamente un río, aunque en esa ocasión no era un abismo ni frontera sino el camino.
Primera visita al río Tzendales DE TODOS LOS ríos que conozco sólo en uno, las dos veces que lo he navegado, supe que era un río virgen, intacto de la mano del hombre. La primera ocasión que lo remonté, cronológicamente a caballo entre los dos siglos, escuché de un lanchero el comentario este río si de algo puede estar contaminado es de excremento de jaguar. Con el tiempo llegué a creer que era un recuerdo inventado, o peor, que la frase era mía, pero no. Aquel lanchero, curiosamente chinanteco, siendo aquella la selva maya en sus entrañas mismas, eso dijo. Y también que nunca había visto un jaguar, pero que algún día. Era poblador de un asentamiento ribereño del Lacantún fundado por colonos que venían de la Chinantla oaxaqueña en los años setenta, cuando el gobierno abrió a la colonización el confín de la Lacandona y llegó gente de todo el país a ocupar la tierra. Él era nacido aquí. Cruzamos el Lacantún hasta la boca del deslucido río San Pedro, de aguas bajas e inconstantes. A la izquierda, con mayor caudal, el ancho Tzendales bien merecía un paseo. Íbamos en grupo familiar. Nadamos, pisamos alguna playa. Surcamos algunos rápidos hasta llegar a una caída de agua más salvaje. Hasta ahí el paseo pactado. Me prometí volver otro día. (Continuará.) ●
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CORAZONADA Y OTROS SUEÑOS MEXICANOS: EL CINE VERSÁTIL DE
José Manuel Cravioto (Ciudad de México, 1981), versátil y talentoso cineasta, es autor de varias cintas que lo han hecho destacar, como El más buscado/Mexican Gángster: La leyenda del charro misterioso (2013), Bound to Vengeance/ Reversal (2015) y Corazonada (La leyenda del Mexican Dream) (2022), que se comentan aquí junto con otras cintas esenciales en su filmografía.
Rafael Aviña ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
S
J.M. CRAVIOTO
i algo define al joven cineasta José Manuel Cravioto (Ciudad de México, 1981) es su impresionante versatilidad y constancia, además de su talento. No sólo eso: es de los pocos realizadores que apuestan sin temor alguno por el siempre menospreciado cine de géneros, creando efectivas obras comerciales. Algunas de ellas incluso pudieran insertarse en esos relatos sociales contemporáneos a los que todo joven director mexicano desea acceder en busca de “prestigio”. Responsable de cortos como Pelota cascabel (2004), La caja de Yamasaki (2006) y el ingenioso y divertido documental El charro del misterio (2005) sobre el ladrón de bancos Francisco Ríos Galeana, Cravioto consiguió captar con ironía y buen ritmo los años de gloria y caída de un grupo de notables campeones boxísticos yucatecos en Los últimos héroes de la península (2008), su ópera prima documental en su paso por el CUEC/ENAC. En esa cinta Cravioto desmiente que la cuna del boxeo en México sólo pertenece al barrio bravo de Tepito, sino que figuras de peso mosca y minimosca, como Miguel Canto, Guty Espadas, Freddy Castillo, Juan Herrera y Lupe Madera aportaron sus hazañas y triunfos en los años setenta y ochenta, cuando Yucatán se convirtió en tierra de campeones, al igual que en el rockumental Seguir siendo: Café Tacvba (2010 en codirección con Ernesto Contreras), confirmaba varias de sus virtudes: intuición, agilidad narra-
tiva y una soberbia edición, como lo muestra El más buscado/Mexican Gángster: La leyenda del charro misterioso (2013), su primer largo de ficción que cabalga entre la sátira negra y la acción desbordada, centrada en esa insólita figura criminal y folclórica y, sobre todo, en la “ilegalidad” de la justicia en México, así como la cacería del comandante, asaltabancos y cantante de boleros rancheros Alfredo Ríos Galeana; una suerte de Vicente Fernández de la nota roja, en una eficaz pieza de enorme ironía sobre el crimen como espectáculo. Protagonizada de manera espléndida por Tenoch Huerta como El charro misterioso y Marco Pérez como el Comandante Zárate que sigue sus huellas, acompañados de Paola Núñez como Sonia, la novia de Ríos Galeana y otros brillantes actores, como Noé Hernández, Gerardo Taracena, Rocío Verdejo y más, El más buscado muestra el ascenso y caída de uno de los personajes más atípicos y fascinantes de la criminalidad del México de fines de los setenta e inicios de los ochenta, justo cuando empezaba a delinearse la estructura del crimen organizado moderno y el narcotráfico que hoy nos ahoga. En Mexican Gángster resulta evidente el eficaz dominio narrativo y puesta en escena de J.M. Cravioto, capaz de transitar entre un relato con dispareja técnica animada: rotoscopía –dibujar digitalmente sobre cada fotograma ya filmado– (quizá su principal y única falla) sobre el trauma del ’68:
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Olimpia (2018), ambientada en el interior de Ciudad Universitaria cuando el ejército tomó las instalaciones en septiembre de ese 1968, pero antes haber realizado un inquietante, efectivo y violento torture porn serie B de revancha feminista filmado en Hollywood: Bound to Vengeance/Reversal (2015). Aquí, una joven (Tina Ivlev) es raptada por unos sujetos que la mantienen cautiva y sometida a toda clase de vejaciones. Logra escapar; no obstante, al descubrir que ella no es la única víctima, decide abandonar su calidad de presa para trastocarse en victimaria. Además de la realización de exitosas series de TV y plataformas digitales como Sr. Ávila, El Chapo, Diablero y Monarca, Cravioto estrenó en 2022 ¡dos películas! muy distintas y eficaces ambas, realizadas para públicos prácticamente opuestos. Por un lado, Malvada (2022), comedia de corte fantástico y Corazonada (La leyenda del Mexican Dream) (2022), entretenido drama y thriller social de consecuencias más bien amargas, sobre la planeación de una estafa millonaria. Malvada cuenta la historia de una pareja enamorada que parecen hechos el uno para el otro: Daniel (Giuseppe Gamba) y Fernanda (Gisselle Kuri); sin embargo, de manera inexplicable, el idilio perfecto termina y Daniel cambia por completo, al tiempo que se compromete con la muy atractiva, calculadora y vanidosa Laura (Michael Renaud), la antítesis de Fer, una joven espontánea, divertida, dulce, romántica. Laura está siempre a la moda, tanto en su arreglo personal como en decorado del departamento que comparte con Dany. Laura es sobre todo… malvada, ya que en apariencia se trata de una bruja, como lo advierte Maru (Anabel Ferreira), madre de Daniel y su empleada doméstica Josefina (Mercedes Hernández). Fernanda entra en depresión y sus hermanos Pato y Tato (Alex Fernández y Manuel Calderón), con quienes comparte departamento, intentan sacarla de su marasmo, más aún cuando se presentan Maru y Josefina para pedirle que le ayude a detener la boda entre Laura y su hijo, al que ha embrujado con una bebida energética-fashion que Laura promociona y cuya fiesta se llevará a cabo en una Hacienda… Por supuesto, se trata de una previsible comedia romántica; no obstante, la película destaca al combinar la trama con el subgénero sobrenatural entre el humor y el horror en plan hilarante. Cravioto incorpora aquí un atractivo uso del color y de la banda sonora, al tiempo que saca partido del reparto en general.
La ambición y sus trucos EN EL EXTREMO opuesto se encuentra el espléndido relato criminal y de suspenso Corazonada, escrito por el mismo Cravioto; una trama que se enfoca en explotar con eficacia los resortes del género y la temática que aborda. En 2012, mientras el realizador trabajaba en Mexican Gángster, tuvo lugar el fraude millonario del sorteo Melate, en el que participó un grupo de trabajadores de Pronósticos Deportivos y empleados de Just Marketing (encargados de grabar el sorteo en vivo), quienes conspiraron para repartirse 160 millones de pesos. Desde entonces, Cravioto empezó a escribir la trama inspirada en ese hecho real, que sucedió en directo ante todos los ilusos televidentes que veían la transmisión del concurso a la espera de volverse millonarios con su boleta y con la esperanza de la suerte, ésa en la que los mexicanos ponen toda su fe antes que nada.
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Corazonada recrea con minuciosidad, humor negro, suspenso, cinismo y buen ritmo, un acto fraudulento que consistió en simular que el sorteo era transmitido en vivo cuando en realidad había sido grabado previamente y en privado, engañando incluso a los oficiales de seguridad, como lo muestra la película de Cravioto.
No es secreto que una de las instituciones “para la asistencia pública” más corruptas es la Lotería Nacional. Sexenio tras sexenio, dicho organismo descentralizado ha llevado a cabo todo tipo de malversaciones. En el nuevo milenio, por ejemplo, su directora fue removida luego de ser acusada de desviar recursos hacia la fundación Vamos México de Martha Sahagún, esposa del entonces presidente Vicente Fox. En ese mismo sexenio, varios funcionarios de Pronósticos Deportivos fueron acusados de fraude por más de 50 millones de pesos y, sin embargo, fueron exonerados. Corazonada recrea con minuciosidad, humor negro, suspenso, cinismo y buen ritmo, un acto fraudulento que consistió en simular que el sorteo era transmitido en vivo cuando en realidad había sido grabado previamente y en privado, engañando incluso a los oficiales de seguridad, como lo muestra la película de Cravioto. De esta manera, y según lo vemos en la trama, se realizó una esmerada edición de video y se grabaron dos veces los resultados del premio; esto permitió que una edecán, cuatro funcionarios y dos empleados de la productora del sorteo ganaran unos 160 millones de pesos de manera ilegal. Transmitieron el video grabado frente a una despistada interventora de la Secretaría de Gobernación a la que le hicieron creer que el sorteo se llevaba a cabo en tiempo real, y ellos ya sabían cuáles eran los números ganadores, rellenando y comprando varias boletas en diferentes locales para después cobrarlos. En ese sentido, Corazonada es una suerte de heist movie que se hermana con títulos extranjeros como El golpe (George Roy Hill, 1973), Los impostores (Ridley Scott, 2003) o Al mejor postor (Giuseppe Tornatore, 2013) y sobre todo con la mexicana Lecciones para canallas, estrenada el mismo 2022, dirigida por Gustavo Moheno, otro realizador de gran eficacia y también fascinado con el cine de géneros. En el filme de Cravioto, buena parte de la historia sucede con los personajes encerrados en un foro de televisión y la mayoría de ellos tienen exceso de carencias, poco carisma y varias debilidades, como el funcionario y padre preocupado por su hijo con una enfermedad devastadora y carísima (Bruno Bichir), o aquel otro (Osvaldo Benavides) llamado Marco y al que por error le dicen Marcos, al tiempo que pierde el puesto que esperaba, en una trama donde todo sale mal y los errores y la voracidad complican el plan tramado. Con un eficaz reparto que incluye además a la guapa Renaud como la edecán, José Sefami, Kristyan Ferrer y Adrián Vázquez como cómplices, Corazonada deja de lado la farsa y la comedia satírica para apostar por la tragicomedia acre y amarga, con personajes precarios, mediocres e ilusos, víctimas de sus propios sueños fugaces, como aquel que interpretaba de manera notable Ignacio López Tarso en la espléndida Cayó de la gloria el diablo (1971) del poco valorado José Perro Estrada ●
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8 22 de octubre de 2023 // Número 1494
Este ensayo presenta y glosa la vida y la obra de la controvertida y brillante Patricia Highsmith (1921-1995), la gran narradora estadunidense del suspenso psicológico, autora de veintidós novelas, entre las más conocidas Extraños en un tren y A pleno sol (The Talented Mr Ripley), y 113 cuentos.
E
n el verano de 1920, Mrs. Mary Plangman –dibujante publicitaria de Fort Worth, Texas– descubrió que tenía un embarazo de cuatro meses y trató de provocarse un aborto ingiriendo aguarrás. Mrs. Plangham no logró espantar a la cigüeña con los tragos del solvente y, en la madrugada del 19 de enero de 1921, alumbró a una niña que fue bautizada con el nombre de Mary Patricia, la cual con el tiempo llegó a ser una gran escritora de novelas de suspenso y crímenes. No es que uno sea fanático de la eclíptica, pero algún sino astrológico debe estar marcado para esa fecha, porque Edgar Allan Poe también nació un 19 de enero. Cuesta trabajo creerlo, pero la verdad es que Mary y Jay Bernard Plangman –los padres de Mary Patricia– firmaron su divorcio el 10 de enero de 1921, ¡nueve días antes de que naciera su hija! Tres semanas después del parto, Mary Coates –ese era su apellido de soltera– se fue a trabajar a Chicago y dejó a su hija Patricia al cuidado de Willie Mae, su madre. Fue la abuela quien se encargó de criarla, educarla e incluso le enseñó a leer y escribir desde muy temprana edad. Tres años después, el 14 de junio de 1924, Mary Coates se volvió a casar, esta vez con Stanley Highsmith, quien también era dibujante publicitario. Posteriormente, en 1927, Stanley, Mary y Patricia –que para esas fechas ya tenía seis años de edad– se fueron a vivir juntos a Nueva York e inscribieron a la niña en la escuela primaria, con el nombre de Mary Patricia Highsmith.
Los descubrimientos: literatura, comunismo y sexualidad SE DICE QUE Patsy –su hipocorístico de la época– leyó motu proprio algunos cuentos de Sherlock Holmes en 1929. También se afirma que al año siguiente devoró The Human M∫ind, del doctor Karl Menninger, que es uno de los primeros libros de psiquiatría dirigido al gran público. Es sugestivo señalar que muchos de los casos de Menninger fueron extraídos de ¡Aunque usted no lo crea!, la serie escrita y dibujada para los periódicos por Ripley, que abordaba toda clase de acontecimientos extraños, curiosos y exóticos. El dato es interesante porque el apellido Ripley –tal vez de
Francisco Barriga Puente ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
PATRICIA HIGHSMIT manera inconsciente– se ligaría en el futuro con el personaje más famoso de Patricia Highsmith: el totalmente inmoral Tom Ripley. En 1933, Patsy empezó a estudiar la Junior High School en Texas, pero al año siguiente –para no perder la costumbre– la cambiaron a una escuela de Nueva York. Por esa época empezó a sospechar que era un niño en el cuerpo de una niña y le dio por leer a Edgar Allan Poe. En 1938, cuando ya tenía diecisiete años, Patricia ingresó al prestigiado Barnard College, afiliado a la Columbia University, para estudiar literatura inglesa. Como a toda buena universitaria, le indignó el hecho de que Estados Unidos –al igual que Hitler y Mussolini– estaban financiando al dictador español Francisco Franco. A partir de entonces empezó a coquetear con el comunismo. Ni tarda ni perezosa se puso a leer a Marx, Engels, Stalin y, en 1939, ingresó a la Young Comunist League [Liga de Jóvenes Comunistas]. En una de tantas, llevó a sus nada convencidos padres a celebrar el natalicio de Lenin en el Madison Square Garden. Sin embargo, tras dos años de activismo, empezó a sentirse incómoda con los tovarishchi y poco a poco dejó de cantar “La internacional”. Su militancia estudiantil le valió, años después, figurar en las listas negras del macartismo. A los diecinueve años se topó en un bar de Greenwich Village con Mary Sullivan, una vendedora de libros que se encargó de iniciarla sexualmente. A Mary le bastó una semana para incendiar la líbido de la joven Pat y acabar con su adolescencia casi monacal. Fue la primera de las muchísimas amantes que la escritora tuvo a lo largo de su vida. En 1943, Patricia Highsmith conoció a Chloe, una modelo de treinta años, alcohólica, que al principio se hizo del rogar pero finalmente sucumbió ante los embates amorosos de la escritora. A los pocos meses de haberse conocido, hartas de la vida neoyorquina, decidieron venir a México. Pat hizo ahorros, subarrendó su departamento, vendió su tocadiscos, se vacunó contra la tifoidea y, finalmente, partieron juntas en diciembre canturreando “south of the border, down Mexico way...”. Pasaron la navidad en Ciudad de México y el 7 de enero enero de 1944 Pat se fue a Taxco, sin Chloe. Ahí rentó una casa blanca, techada con tejas de barro. Por las mañanas dibujaba, en las tardes paseaba y al llegar la noche se ponía a escribir. La Highsmith permaneció en Taxco hasta que se le acabó el dinero. A principios de mayo emprendió el regreso a la urbe de hierro. En la Ciudad de los Palacios pernoctó en el destartalado Hotel Montecarlo, que al mismo tiempo le sirvió de esce-nario para su primera novela. Ahí se reencontró con Chloe, quien decidió quedarse en nuestro país para seguir bebiendo a sus anchas. Al llegar a Nueva York, la escritora reanudó su trabajo en la industria de las historietas.
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EL SUSPENSO Y LA PASIÓN TH, Extraños y talentosos CASI DOS AÑOS después, el 23 de junio de 1945, Patricia Highsmith empezó a escribir Extraños en un tren. A principios de marzo de 1948, sólo había avanzado un treinta por ciento, razón por la cual gestionó ser admitida en Yaddo, la célebre colonia de artistas y escritores ubicada en Saratoga Springs, Nueva York. La mesa directiva aprobó la petición, gracias a su muy bien escrita solicitud y a la entusiasta recomendación de Truman Capote, de manera que el 10 de mayo de 1948 Pat ingresó a la colonia de creadores y, dos plenilunios después, le puso punto final a la novela. Transcurrieron los meses. Extraños en un tren fue publicada el 15 de marzo de 1950. La novela arranca a tambor batiente. El arquitecto Guy Haines y el junior Charles Bruno se conocen en un tren que atraviesa las praderas centrales de Estados Unidos. Guy quiere divorciarse de Miriam para casarse con Anne. Bruno, por su parte, quiere deshacerse de su padre, tanto por razones edípicas como económicas. Es entonces cuando Bruno concibe un plan harto diabólico. Él se encargará de asesinar a Miriam y Guy, por su parte, deberá ultimar al padre odiado. Cuando le comunica la idea a Guy, éste la rechaza tajantemente y se olvida de la cuestión.
En 1938, cuando ya tenía diecisiete años, Patricia ingresó al prestigiado Barnard College, afiliado a la Columbia University, para estudiar literatura inglesa. Como a toda buena universitaria, le indignó el hecho de que Estados Unidos –al igual que Hitler y Mussolini– estaban financiando al dictador español Francisco Franco.
▲ Patricia Highsmith (centro) en sus años de estudiante universitaria en Barnard College.
El que no echa en saco roto el asunto es Bruno, quien ni tardo ni perezoso localiza a Miriam y la estrangula en un parque de diversiones. Mientras tanto, Guy se pasea por Ciudad de México con Anne, caminan por el Paseo de la Reforma con rumbo a Chapultepec, almuerzan en Sanborns, van a la ópera en el Palacio de Bellas Artes, hasta que una noche suena el teléfono en su habitación del Hotel Montecarlo. Desde el otro lado de la línea, su madre le da la noticia del asesinato de Miriam. No pasa mucho tiempo para que el psicópata Bruno empiece a exigirle que cumpla con la parte que le corresponde. De las exigencias pasa a las amenazas y al chantaje. La presión es de tal magnitud que el arquitecto ya no ve otra salida que matar al padre de Bruno. En el último tramo de la novela, la narración cobra gran intensidad y desenlaza evadiendo las obviedades de los finales felices, apostándole más bien al suspenso psicológico y a una cierta ambigüedad. Dos semanas después de que Extraños en un tren fue publicada, Alfred Hitchcock adquirió por una bicoca los derechos para filmar la novela. La película se estrenó en julio de 1951 y resultó ser todo un éxito, a pesar de los cambios introducidos en la trama. Hasta la fecha, la secuencia del carrusel sigue siendo considerada como una pequeña obra maestra. Posteriormente –entre marzo y septiembre de 1954– Patricia Highsmith escribió otro de sus grandes éxitos: A pleno sol (The Talented Mr Ripley). En esta novela aparece por primera vez Tom Ripley, un personaje cínico, audaz, desalmado, bon vivant, bisexual, estafador, falsificador, esquizoide y asesino. La historia se desarrolla a partir de que el millonario Herbert Greenleaf convence a Tom de que vaya a Mongibello –un ficticio pueblo costero al sur de Nápoles– para persuadir a su hijo Dickie de que deje la vida bohemia y vuelva a Nueva York. Tras cruzar el Atlántico, Ripley localiza a Dick y maquina un plan para sacarle beneficio económico a la situación, pero el proyecto empieza a tambalearse conforme la relación personal entre Ripley y Dick se va deteriorando. Es entonces que Tom, para salvar el plan, decide asesinar a Dick y deshacerse del cadáver. Todo marcha sobre ruedas hasta que Freddie Miles –un amigo del difunto Dick– se da cuenta de que Tom Ripley ha asumido la identidad del joven Greenleaf. El descubrimiento le cuesta la vida. El impostor lo ultima y se las ingenia para salirse con la suya. Tan es así, que el personaje vuelve a aparecer en otras cuatro novelas, durante los siguientes treinta y seis años. / PASA A LA PÁGINA 10
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VIENE DE LA PÁGINA 9 / PATRICIA HIGHSMITH...
Autoexilios y caracoles A DISGUSTO CON la situación social en Estados Unidos, y sobre todo molesta con su política exterior, en 1963 Patricia Highsmith decidió autoexiliarse en Europa. Primero radicó en Inglaterra. Estableció su residencia en Earl Soham, localidad ubicada sobre la costa de Suffolk. Cuatro años después se mudó a Francia y a fines de 1970 se instaló en una rústica casa de campo que compró en Moncourt. En ese mismo año se publicó Once (Eleven), un libro de cuentos prologado por Graham Greene. El primero se titula “El observador de caracoles”. Peter Knoppert, el protagonista, empieza descubriendo la actividad sexual de los gasterópodos hermafroditas, para luego emprender con entusiasmo su reproducción dentro de peceras. Pocos meses después, los caracoles ya se cuentan por millares, tal vez por cientos de miles. Su número crece exponencialmente hasta que, en una de tantas, Mr. Knoppert es avasallado por un ejército de caracoles. Sucede en el criadero. Los moluscos conchudos se salen de las peceras y le suben por todo el cuerpo, poco a poco, hasta que logran inmovilizarlo. Acto seguido, cuando grita para pedir ayuda, los gasterópodos se le meten por la boca y le alcanzan la garganta. A partir de ese momento, Knoppert ya no puede respirar y muere asfixiado. A propósito de los que llevan su casa al hombro y marcan sus huellas con hilos de plata, es bien sabido que la Highsmith mantenía en el jardín de su casa de Suffolk unos trescientos caracoles. El amor que les profesó a los panteoneros sólo era comparable por el que siempre tuvo por los gatos. Cuando ya había cumplido los cincuenta y ocho años de edad, Patricia conoció en Berlín a Tabea Blumenschein, una joven punk de veinticinco, estrella del cine lésbico, mejor conocida como Madame X. Llegando el mes de mayo de 1979, escritora y actriz se fueron de vacaciones a Lon-
Dos semanas después de que Extraños en un tren fue publicada, Alfred Hitchcock adquirió por una bicoca los derechos para filmar la novela. La película se estrenó en julio de 1951 y resultó ser todo un éxito, a pesar de los cambios introducidos en la trama. Hasta la fecha, la secuencia del carrusel sigue siendo considerada como una pequeña obra maestra.
dres. Formaban una pareja extraña. La escritora, con las facciones duras, sin maquillaje, medio peinada con la raya de lado, el cuello muy corto, las manos grandes, toscas y vestida con acentos masculinos. La joven Tabea, por su parte, maquillada con exageración, los ojos muy a la Irma Serrano, los pelos rubios cuidadosamente erizados, aretes de buen tamaño y siempre vestida estrafalariamente, unas veces disfrazada de hombre y otras de mujer. Más allá de la misma preferencia sexual, parecía que no tenían mucho en común. Por eso su romance fue fugaz. En una carta tan amable como despiadada, Tabea le informó a Pat que lo sentía mucho, pero sus affairs nunca duraban más de cuatro semanas. La ruptura devastó a la escritora, que se había vuelto loca por Madame X. El 26 de marzo de 1980, dos cobradores de impuestos franceses y un policía tomaron por asalto la casa de Moncourt –al viejo estilo nazi– para buscar evidencias de evasión fiscal. Requisaron toda la documentación que pudieron y le impusieron a la Highsmith una multa de 10 mil francos, aduciendo que ningún residente en Francia podía tener cuentas bancarias en el extranjero. Enfurecida, la escritora vendió su casa y se largó a Suiza. En 1981 se instaló en Aurigeno, donde compró una vetusta mansión de piedra, construida en dos plantas. La morada era fría, húmeda y obscura. No obstante, Patricia parecía estar contenta en esa pequeña aldea de habla italiana. Quizás lo suyo era estar en medio de la nada, escribiendo, bebiendo, fumando y disfrutando de la soledad.
Muerte en la Casa Highsmith M EN LA PRIMAVERA del ’86 le detectaron un E tu tumor canceroso en el pulmón derecho. Highsmith era adicta a la nicotina desde que tenía diecim séis años. Le extirparon la neoplasia y quedó con sé una cicatriz de 40 centímetros. Después de la opeu ración dejó de fumar. No más Gauloises bleus. ra Por esos años, sus posiciones antisionistas se radicalizaron. Las dedicatorias de sus últimos ra libros parecían más bien consignas de izquierda. li Por ejemplo, la correspondiente a la edición euroP pea de Gente que llama a la puerta, reza: “Para p la valentía del pueblo palestino y sus líderes, en la lucha por recobrar su suelo patrio.” En el mismo lu ttenor, la de Ripley bajo el agua manifiesta: “Para los muertos de la Intifada y para los kurdos, para todos aquellos que luchan contra la opresión en cualquier parte del mundo.” En abril de 1987, Patricia Highsmith compró un terreno en Tegna, a siete kilómetros de Lugano, y ahí empezó a construir una residencia con muros elevados y sin ventanas, que más bien parecía la fortaleza de una sociópata. En diciembre de 1988 se mudó a la llamada “Casa Highsmith”, donde su salud continuó deteriorándose. El principio del fin fue un resfriado, acompañado de hemorragias nasales. En un santiamén perdió quince kilos. Su médico le informó que padecía anemia aplásica y que el cáncer pulmonar se estaba reinstalando. Finalmente, el 4 de febrero de 1995, a las 6:30 de la mañana, Patricia Highsmith murió sin nadie que la acompañara, tal y como ella quería. La cremaron a la mañana siguiente. Sus cenizas fueron depositadas en el cementerio de Bellinzona, adyacente a la iglesia de Tegna. La gran maestra del suspenso psicológico le heredó toda su fortuna, calculada en tres millones de dólares, a Yaddo, la colonia de artistas y escritores donde Pat había terminado de escribir Extraños en un tren. A sus lectores nos dejó algo más valioso: veintidós novelas, ciento trece cuentos y un texto introductorio al arte de escribir intrigas vigorosas ●
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DE LA REALIDAD Y SUS HORRORES Los intrusos, Alma Rosa Mancilla Sánchez, Editorial UdeG, México, 2022.
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l Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola, convocado por la Universidad de Guadalajara, fue fallado en esta última ocasión a favor de la obra titulada Los intrusos, escrita por Alma Rosa Mancilla. Estos cuentos han corrido con buena fortuna de lectores, pues desde su lanzamiento, hace ya un año, no era fácil conseguir ejemplares impresos en las librerías aunque, por fortuna, es posible descargar la versión electrónica a través de internet. En este ejemplar se reúnen ocho cuentos. Los encabeza el que le da título y le siguen “Madriguera”, “Serán comida de fieras”, “Lamento”, “Flores”, “De lo que hay afuera y a veces adentro”, “Transmisión” y “La resurrección de Miguel”. El primer rasgo distintivo de esta recopilación –resalta desde el inicio y la autora logra sostenerlo a lo largo de todas las páginas– es su tono oscuro. Predominan en todas las historias los grises, los negros; colores terrosos y apagados que nos recuerdan las oscuras pinceladas de José Clemente Orozco o, quizá, los grabados de Goya titulados Los desastres de la guerra. En efecto, aquí todo es desolación, muerte, carroña, mugre, albañal. Palabras como putrefacto, maloliente, cadáver, pestilencia, son el cañamazo constructivo de estas historias necrofílicas.
Ramón Moreno Rodríguez ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
El segundo rasgo definitorio del estilo de Mancilla es la construcción de una especie de realismo mágico inverso. Si aceptamos, como en verdad lo hacemos, que la fantasía literaria que creó Gabriel García Márquez se basa en presentar los hechos sobrenaturales y prodigiosos como algo natural y bien acogido por todos y, a la inversa, hechos naturales como el hielo o los imanes plantean un indescriptible asombro a los habitantes de Macondo, podemos afirmar que las historias fantasmagóricas que en este libro conocemos son presentadas como hechos inquietantes e inexplicables, hasta que el cuento concluye sin dar solución lógica a los hechos. Lo fantástico se le impone a los personajes sin solución posible de retornar al raciocinio, a la cordura, a las leyes de la física y de la naturaleza como las conocemos. Así sucede en el cuento que le da título al volumen, en el que unos ángeles, más pajarracos decrépitos que seres divinos, se posesionan de la vivienda de la protagonista y ahí, como intrusos mal avenidos, poco a poco van destruyendo a la familia: primero fulminan a una chica que se había hecho amante de uno de ellos, después muere la madre y hasta el final, en que todos los habitantes de la casa, incluida la vivienda y todo lo que los rodea desaparece y se integra a ese polvo estelar que los buitres divinos levantan al alejarse. En efecto, los ángeles destructores, poseedores de alas azules e iridiscentes o filosas garras aparecen una y otra vez. Por ejemplo, eso sucede en la historia de Helena (“De lo que hay afuera y a veces adentro”), que asiste a la boda de su hija pero tiene la desdicha de ver en lo
▲ Foto: Facebook de la autora alto de una columna del templo a uno de aquellos pajarracos que la espía y no habrá de abandonarla hasta que la lleve a la tumba. Si las ocho historias de horror aquí reunidas las asociamos al gusto ya centenario que impusieron los románticos (Poe, Hoffmann, Shelley, Maupassant, etcétera) nos equivocamos, pues no hay una gratuidad social, ideológica o política. Quiero decir que aquellas historias del siglo XIX se caracterizan por centrar su interés en el misterio y se olvidan de la realidad que rodea a los personajes o a sus autores. En Mancilla no es así. Las historias están bien trabadas en el aquí y ahora de nuestra realidad mexicana. Por ejemplo, la marginación de los excluidos (en “Lamento” se cuenta la historia de una muchachita hospiciana que hace recordar a las muertas de Juárez), la discriminación de las mujeres (en “Madriguera” una jovencita es vejada para ser aceptada por un grupo de niños), los prejuicios contra los indígenas (en “Flores” una mujer hace una ceremonia con hierbas y magia pero es vista con desprecio por un marido racionalista), la pobreza de las clases obreras (en “La resurrección de Miguel”, un obrero vuelve a la vida en Ecatepec y su retorno sólo sirve para marginar más a la viuda y a los huérfanos) o las frustraciones de la clase media aspiracionista (en “Flores”, una odiosa suegra cuenta historias macabras desde su perspectiva de pequeñoburguesa venida a menos), son el caldo de cultivo de todas estas historias. El horror, la marginación, la suciedad, la necrofilia y el realismo mágico invertido son los elementos que le dan señas de identidad propias al estilo narrativo de Alma Rosa Mancilla ●
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Qué leer/ Ya te llegará. Correspondencia 1984-1997, Margo Glantz y Tamara Kamenszain, prólogo de Leonora Djament, Cynthia Edul, Florencia Garramuño, Mercedes Halfon y Malena Rey, Editorial Eterna Cadencia, Argentina, 2023. MARGO GLANTZ Y LA autora argentina Tamara Kamenszain se conocieron en 1979, cuando Kamenszain y Héctor Libertella se exiliaron en México. Pronto se hicieron amigas. Estas cartas entretejen las vidas de dos escritoras durante un intenso período: las postrimerías del siglo XX, marcado por las crisis políticas y económicas de Latinoamérica. Las cinco coautoras del prólogo escribieron: “[Las misivas] abarcan también un momento importante del desarrollo de la escritura de mujeres para el que los textos de Margo Glantz y Tamara Kamenszain resultan un importante estímulo, tanto con sus libros de poesía y prosa como con sus ensayos, porque ambas se destacaron por sus reflexiones sobre las literaturas de América Latina y, especialmente, sobre la literatura escrita por mujeres.” El intercambio epistolar entre Glantz y Kamenszain resulta un “mapa afectivo” e intelectual.
Mi año de descanso y relajación, Ottessa Moshfegh, traducción de Inmaculada C. Pérez Parra, Alfaguara, México, 2023. EN EL LIBRO de Ottessa Moshfegh seres apáticos pueblan Manhattan en 2000. La narradora de Mi año de descanso y relajación decide enclaustrarse durante un año en su piso en una de las zonas más exclusivas de Nueva York. Recibe una herencia descomunal y consume una excesiva cantidad de fármacos. Se dedica a
Kiosko dormir y a ver películas. Corta todos sus vínculos. “Esta novela trata sobre el odio a una misma, el feminismo, la sexualidad, la salud mental, la familia, la industria farmacéutica”, afirma Lena Dunham. Ottessa Moshfegh escribe: “veía películas y […] tomaba trazodona y zolpidem y Nembutal hasta que volvía a dormirme. Así perdía la noción del tiempo. Pasaban los días. Las semanas. Unos cuantos meses…”
La invención de los libros raros. Interés privado y memoria pública (1600-1840), David McKitterick, traducción de Márgara Averbach, Editorial Ampersand, Argentina, 2023. DAVID MCKITTERICK SE desempeñó, durante años, como bibliotecario del Trinity College y profesor de Bibliografía Histórica en Cambridge. Eduardo Lamarche explora la obra de McKitterick: recuerda que un libro raro, después de Gutenberg, genera el impulso de buscarlo de manera detectivesca. Asevera que el bibliotecario inglés exploró esa genealogía desde sus inicios hasta la aparición de las bibliotecas nacionales en el siglo XIX. Insiste en que el interés pasó de lo privado –las colecciones reales– a lo público. “El término ‘bibliofilia’ se reconoce por primera vez en 1734.” Para David McKitterick, los libros raros son casos de las herencias materiales.
que desean compartir con sus perros la experiencia dentro del museo, ya que hay muchos paseantes con sus mascotas. Se exhiben obras de Max Ernst, Pierre Huyghe, Haris Epaminonda, Mathias Goeritz, Danh Vö y Mario García Torres. Incluye un poema de Luis Felipe Fabre.
Finitud. Dramaturgia y dirección de Víctor Weinstock. Con Mario Zaragoza, Patricia Blanco y Gastón Yanes. Teatro Varsovia (Varsovia 9, Ciudad de México). Sábados a las 19:00 horas y domingos a las 18:00 horas. Del 11 al 19 de noviembre. OBRA SOBRE EL duelo, la culpa y la adversidad, en Finitud una pareja padece un desperfecto automovilístico en una carretera. Su hija duerme en el coche. Se orillan. Él revisa el motor y ella alerta a otros conductores. Un camión sin frenos choca con el carro. La pareja sale ilesa, pero la hija y el camionero fallecen. La tristeza invade a los personajes creados por Víctor Weinstock, que reflexiona sobre la desaparición ●
Dónde ir/ #ArteyPerros. Curaduría de Humberto Moro y Felipe González. Museo Tamayo (Reforma 51, Ciudad de México). Martes a domingo de 10:00 a 18:00 horas. Hasta el 5 de noviembre. #ARTEYPERROS ES LA segunda edición del programa homónimo que organiza el Museo Tamayo. La muestra está destinada a las personas
En nuestro próximo número
SEMANAL SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA
JON FOSSE,
PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2023
Arte y pensamiento
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Artes visuales / Germaine Gómez Haro germainegh@casalamm.com.mx
La Galería de las Colecciones Reales
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EL GRAN ACONTECIMIENTO este año en España ha sido la inauguración de la Galería de las Colecciones Reales, un nuevo museo en Madrid que reúne una vastísima e imponente selección de los acervos artísticos atesorados por la monarquía española a lo largo de cinco siglos y que, desde la Segunda República, pertenecen al Estado. La exhibición, dispuesta en 4 mil m², presenta una selección de 650 obras de un total de 170 mil inventariadas del acervo concebido en su origen para los espacios del poder real, incluyendo pinturas, esculturas, dibujos, estampas, artes decorativas, mobiliario, porcelana, vidrio, instrumentos musicales, armaduras, joyas bibliográficas, tapices, bordados, carruajes, fotografías... El guión museográfico lleva al visitante a recorrer la historia de España a través de sus bienes artísticos, desde el fin de la Edad Media –la dinastía de los Trastámara, Isabel y Juana de Castilla– haciendo énfasis en las dinastías de Austria y Borbón, los grandes mecenas del arte que conformaron una de las colecciones artísticas más soberbias de todos los tiempos. El edificio, diseñado ex profeso para albergar estos tesoros, es una obra de arte en sí. El proyecto arquitectónico de Emilio Tuñón y Luis Moreno Mansilla es de una elegancia sublime, tanto en su exterior como en su interior, logrando la perfecta integración del portentoso recinto del siglo XXI al conjunto palaciego de la Plaza de la Armería,
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próximo al Palacio Real, con una espectacular vista al Campo del Moro, que se disfruta a través de numerosos ventanales estratégicamente ubicados para inundar el recinto de luminosidad. El diseño museológico de las tres monumentales salas de exhibición de 103 metros de largo y 16 de ancho con alturas que varían entre los seis y los ocho metros fue todo un desafío. Destaca el impecable discurso museográfico que construye un recorrido cronológico por cinco siglos de mecenazgo y coleccionismo a través de las variopintas colecciones de artes aplicadas y mobiliario, acompañadas de deslumbrantes pinturas y esculturas de los grandes maestros, como Caravaggio, Pedro Pablo Rubens, José de Ribera, Juan de Flandes, Goya, Velázquez, Mengs, Lorenzo Bernini, entre los que se incluye la presencia poco común de dos reconocidas mujeres: la pintora Lavinia Fontana y la escultora Luisa Roldán. Durante los trabajos de construcción fueron descubiertos los restos arqueológicos de la muralla árabe del siglo IX, donde se ubicaba una de las puertas fundacionales de la ciudad, hoy a la vista del público en una sala dentro del recinto, hallazgo que resulta de máxima importancia para entender los orígenes de Madrid. Atrapó mi atención la presencia de piezas mexicanas de particular interés: los manuscritos originales de la Historia Universal de las cosas de la Nueva España,
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▲ 1. Vestíbulo. Foto: Patrimonio Nacional. 2. Vista de la exhibición. 3. Mitra, seda, mosaico de plumas, segundo tercio siglo XVI.
de fray Bernardino de Sahagún (siglo XVI); la Historia general y natural de las Indias, de Gonzalo Fernández de Oviedo (siglo XVI) y la Relación de Michoacán atribuido a Jerónimo de Alcalá (siglo XVI). Objetos preciosos como una arqueta de maque de Michoacán (ca. 1600), y la excepcional mitra del siglo XVI realizada en mosaico de plumas siguiendo la técnica de los amantecas mexicas. Como dato curioso se incluyeron ejemplos de búcaros de barro de Tonalá, cuya popularidad se asocia a la práctica de la bucarofagia: las damas consumían fragmentos de esta cerámica porque supuestamente tenían propiedades para mantener la palidez y fomentaban el adelgazamiento. El recorrido termina con la mención de los períodos históricos del siglo XX (República, Guerra Civil, Dictadura y Democracia) y cierra con un magnífico tapiz del célebre pintor andaluz Guillermo Pérez Villalta (1948), que hace una alegoría de la Constitución española de 1978 en un lenguaje simbólico plenamente contemporáneo. La Galería de las Colecciones Reales se perfila como el nuevo centro de peregrinación obligada para los amantes del arte y la historia ●
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Arte y pensamiento Biblioteca fantasma/ Evelina Gil
Erotismo y matemáticas ▲ Bombardeo israelí de Rafah, 17 octubre 2023. Foto: AP/Hatem Ali.
Tomar la palabra/ Agustín Ramos
Paz y amor, ¡la verdad! PARA QUE LOS niños israelíes puedan dormir en paz, es necesario que los niños palestinos también puedan dormir en paz. –Esta verdad la actualiza el presidente colombiano Gustavo Petro. Porque la verdad no se descubre, se descubre la mentira. Y aunque descubrir la mentira nos acerque a la verdad, no basta decir la verdad: hay que practicarla, completarla, actualizarla. La verdad se construye infinitamente. En las asambleas 77 y 78 de la ONU, Petro se manifestó contra la guerra y propuso dos cumbres mundiales, una para reformar el sistema financiero global, otra para favorecer la paz en Ucrania y Palestina. Hoy, esta iniciativa actualiza la verdad. Hoy, cuando los combatientes de la mentira –los amos de la guerra– toman la agresión del grupo Hamas como pretexto para exterminar a dos millones de palestinos en el gueto de Gaza. Hoy, cuando más que siempre el único remedio contra esta continuación del Holocausto es el diálogo y la aplicación de las leyes internacionales. Insistir en la verdad, alzarla en el presente para frenar la solución final del “problema palestino”, le costó al gobierno de Petro quedarse hablando solo y recibir una insolente “conversación de reprimenda” por parte del gobierno genocida de Israel. Al clausurar la Conferencia Latinoamericana y del Caribe sobre drogas, “Para la vida, la paz y el desarrollo”, el presidente de Colombia contradijo dos mentiras hegemónicas. Una, que el mercado puede regular cualquier consumo. Otra, que el Estado puede controlar al mercado, como lo intentó el socialismo soviético en su fallida experiencia histórica. “La política llamada ‘guerra contra las drogas’ ha fracasado”, dijo Petro. Subir el precio de las drogas no disminuye la demanda ni resuelve su consumo –siguió diciendo–, porque en el caso de las adicciones lo que rige el consumo no es el precio sino factores que no corresponden a la economía sino a otras ciencias.” Con sus palabras, Petro habló de sociedades aisladas, de ciudades-desiertas-vacías-del-corazón, de familias y comunidades rotas por quienes compiten en vez de colaborar, de gente que mide el éxito por su capacidad de consumo tal como lo mandan los mercachifles de la comunicación. La soledad, dijo, es el mayor factor de consumo de drogas. Las sociedades que consumen más drogas no están en México o Colombia sino en Bélgica y EU. ¿Qué reemplaza la falta de afecto y aplaca la soledad?, se preguntó. Porque para la guerra contra las drogas, impuesta por EU y acatada como en sus otras guerras por la ONU y la Unión Europea, no importa ni la demanda de drogas ni su disminución sino la oferta. “Las adicciones crecen –dijo Petro– por la falta de afecto en la sociedad. ¿Cuál es el antídoto contra el consumo de drogas? El amor.” Qué diferente el discurso del amor del discurso de la guerra –continuó-. Con este último se ha mentido y se ha forzado a aplicar una política de control y exterminio (las potencias hablan de nuestras drogas, de nuestras migraciones y nuestros adictos, no de nuestros muertos ni de la inseguridad planeada y potenciada afuera). Porque cada dólar invertido en recortar la demanda ayuda a crear amor en la familia, a construir hospitales y centros recreativos. En cambio, cada dólar dedicado a reducir la oferta eleva el precio, y con mayor precio los narcos tienen más dinero para comprar almas y armas. Por pensar y gobernar así, por oponerse a las políticas guerreras, hoy se propagan las mentiras de que Petro apoya el terrorismo, alienta la drogadicción y consiente a los narcotraficantes, cuando lo único que él busca es paz y amor, ¡la verdad! ●
CUÁNTOS NO HAN experimentado una rotunda impotencia ante las matemáticas como asignatura escolar? Arriesgo la hipótesis de que somos legión. Y sin embargo, las matemáticas se aplican en prácticamente todos los aspectos de la vida y cada quien tiene su muy particular forma de canalizarlas. Con todo y eso, he de reconocer, pegué un brinco hacia atrás cuando la narradora sonorense Cristina Rascón puso frente a mí su libro La desilusión óptima del amor (Universidad Veracruzana, 2023) señalando, con resplandeciente sonrisa, que se trataba de una colección de relatos relacionados con su faceta como economista, ergo: con las aterradoras matemáticas. Una cosa es quebrarse con los quebrados, me dije, otra embarcarse con relatos salpicados de fórmulas, numeritos entreverados con letritas y la intimidante raíz cuadrada con su coja patita pegando brinquitos por doquier. Pero este libro me ha permitido, entre otras cosas, refrendar la lección recibida años atrás: las matemáticas aplicadas no necesariamente requieren de una comprensión consciente: somos entes matemáticos, embrollos ambulantes regidos por un orden numérico y exacto que nos permite desenvolvernos, desarrollarnos... incluso enamorarnos. Los relatos que abren y cierran el volumen son, quizá, los que menos números manejan, pero sin obviar complejidad y extrañeza. El primero, contra toda lógica razonada que también es aritmética, es un entrañable relato de horror, humor macabro y erotismo, todo junto, titulado “Todo empezó cuando vi la cabeza parlante (o por qué no hemos encontrado un modelo de desarrollo económico sustentable para Latinoamérica)” que sigue a un estudiante mexicano de Economía en Viena que, en el Metro, se sienta frente a una chica que de su mochila deportiva extrae por los cabellos una cabeza parlante. Lo más aterrador es que él es el único a quien parece sorprenderle que la chica se dirija a una cabeza de varón como si hablara con una amada mascota. Es un relato harto perturbador desde su plantea-
▲ Foto: Facebook de la autora miento y deslumbrante en su resolución. Todo el libro presenta formas diversas de amor, desamor y erotismo relacionadas con las matemáticas aplicadas, es decir, la Economía. Alguno hay, de hecho, “Correlación matrimonial”, que es más números y fórmulas que texto, muy retador para con el funcional analfabeto numérico que descubrirá, alucinado, que entiende –o intuye– lo que trata de decirle su autora. Nos toparemos con la conversación entre unos examantes, economistas de profesión, que parecieran tratar de explicarse su relación a través de números, su lenguaje secreto; y un encuentro casual parisino entre una economista y un fotógrafo. La diferencia que los divide, ecuaciones mediante, es que ella tiene su vida perfectamente resuelta, mientras que él vive al día, sin certeza de dónde amanecerá mañana. “Dicen que así es la vida de los artistas –dice ella–. Por eso estudié economía en vez de artes visuales...¿Qué habría sido de mí como pintora? Sería como este fotógrafo, ave del paraíso [...] Sin independencia económica no hay independencia emocional.” Pero a veces, pareciera decir la misma joven, “si tu curva de indiferencia se cruza con la curva de restricciones y sin encajar sigue avanzando hacia el eje X, se cruza con el Y, más allá del Punto Cero.” Pero no es que Cristina Rascón escriba exclusivamente sobre lo que sabe, sino que, eso que sabe puede ser sumado, restado, multiplicado.… y sin duda arrojará algún intenso guarismo. Finalmente, la tersura de esta prosa se antepone al factor numérico, o eso parece (con las matemáticas nunca se sabe… bien) y nos permite descubrir que las matemáticas pueden resultar tremendamente divertidas, porque ese es otra virtud de este libro: nos confronta con lo que pudiéramos considerar tedioso y laberíntico y que, resulta, casa admirablemente con el ejercicio literario. Como la perfección al valor agregado de dos cuerpos desconocidos acoplándose como si se conocieran desde siempre ●
Arte y pensamiento
LA JORNADA SEMANAL 22 de octubre de 2023 // Número 1494
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Bemol sostenido / Alonso Arreola T : @LabAlonso / IG : @AlonsoArreolaEscribajista
Inteligencia Artificial y música: doble filo creativo PRESENTAMOS UN ESPECTÁCULO inmersivo con drones y música en la Blackbox de la Universidad ITESO de Guadalajara. Se llamó D.i.A.d.A. Lo creamos en torno a la dialéctica entre inteligencias humanas y artificiales, así como entre el mundo natural y la tecnología. El guión lo desarrollamos junto a la famosa inteligencia Chat GPT (Generative Pre-trained Transformer) de la compañía Open AI. Nuestra tesis, apoyada en la mayéutica socrática que busca el alumbramiento de la verdad a través de preguntas, propone que con el uso adecuado de estas herramientas podemos enriquecer notablemente algunos procesos creativos. ¿La columna que sigue a continuación es ejemplo de ello? No estamos seguros. Luego de afinar cuestionamientos ante versiones previas, GPT escribió la siguiente reflexión dominical para sustituir nuestra columna. A partir de este punto sólo hablará su voz, lectora, lector. Gracias por su tolerancia. “La convergencia de la Inteligencia Artificial (IA) y la música ha generado un diálogo fascinante entre la innovación tecnológica y la creatividad artística. Sin embargo, este matrimonio no está exento de controversia, ya que presenta tanto aspectos positivos como negativos. ”En el ámbito positivo, la IA ha demostrado una capacidad sorprendente para analizar y comprender patrones complejos. Esto ha permitido a los compositores utilizarla como herramienta para la generación y exploración de nuevas ideas. Los algoritmos de aprendizaje automático pueden identificar tendencias tonales y rítmicas, ofreciendo sugerencias creativas y ampliando la paleta de posibilidades para los artistas. ”Además, la IA ha democratizado la producción musical al hacerla más accesible y eficiente. Plataformas como Amper Music y AIVA ofrecen a los músicos la capacidad de generar música personalizada con facilidad y rapidez. Esto significa que una gama más amplia de artistas, incluso aquellos sin formación formal, pueden participar en la creación musical, diversificando así el paisaje sonoro y brindando una mayor variedad de voces y estilos. ”Por otro lado, hay aspectos negativos que deben ser considerados. Uno es el riesgo de homogeneización y pérdida de autenticidad. Al depender en gran medida de algoritmos y datos previos, existe el peligro de que la música generada por la IA pueda comenzar a sonar uniforme y carente de la singularidad emocional que proviene de la experiencia humana. ”Además, la IA plantea cuestiones éticas sobre la autoría y la originalidad en la música. ¿Quién es el verdadero compositor cuando una pieza ha sido generada por una máquina? ¿Cómo se abordan los derechos de autor y la compensación cuando la música es creada por algoritmos? Estas preguntas son vitales para la industria musical y requieren una reflexión profunda sobre cómo equilibrar la innovación tecnológica con la preservación de la integridad artística y la justicia económica. ”Adicionalmente, la dependencia excesiva de la IA en la creación musical puede llevar a una disminución en la habilidad y creatividad de los músicos humanos. Si los compositores comienzan a depender en gran medida de las sugerencias y generaciones automáticas de la IA, podrían correr el riesgo de perder la habilidad de innovar y explorar por sí mismos, lo que podría limitar la diversidad y profundidad del paisaje musical. ”En resumen, la relación entre la Inteligencia Artificial y la música es un fenómeno complejo que ofrece tanto oportunidades emocionantes como desafíos significativos. Es esencial abordar estos temas con sensibilidad y equilibrio, asegurando que la colaboración entre humanos y máquinas en el ámbito artístico sea una expresión auténtica y enriquecedora de la creatividad humana.” Y así guardó silencio GPT, porque le pedimos un número limitado de palabras. Hay muchas cosas que debatiremos con ella ahora mismo. Verbigracia: ¿qué es ser artista? Haga usted lo propio. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos ●
Cinexcusas/ Luis Tovar @luistovars
“La arena estaba de bote en bote...” ...Y COMO DICE la canción, también estaba “la gente loca de la emoción”, pero en el ring no podía verse al Santo, el Cavernario, Blue Demon y el Bulldog, sino a un luchador que había sido varios, como sucede con mucha frecuencia en el deporte de los costalazos: corría el año de 1988 y, con Rey Misterio como entrenador, a sus dieciocho años y del lado de los rudos, Mister Romano debutaba en los encordados. No transcurrieron siquiera doce meses para que ese primer avatar diera paso a Babe Sharon, y quizá menos todavía para que de su discreto mutis emergiera Rosa Salvaje. También breve debió ser el lapso entre la muerte de ese personaje, homónimo al telenovelesco en el que quizá se había inspirado, y el surgimiento definitivo de Cassandro. En realidad, a quien la gente loca de la emoción veía, interpelaba, increpaba, azuzaba y festejaba era a Saúl Armendáriz, nacido el 20 de mayo de 1970 en El Paso, Texas. Si fuera preciso remitirse a su debut luchístico, fuerza sería reducir las dimensiones de aquella multitud, debido a las más bien modestas de la arena: improvisada, posiblemente clandestina e instalada en un garaje de la frontera –lo mismo pudo ser en la ciudad nata de Saúl o en la vecina Juaritos–, ahí daba inicio la carrera de luchadores que tenían cuando menos dos rasgos en común: unas tremendas ganas de triunfar, condición que en su mente no era/ es otra cosa que hacerse famoso, y unas enormes probabilidades de no lograrlo, permanecer en el casi anonimato y un día retirarse, plenos de lesiones y pobreza. Así Mister Romano, Babe Sharon y Rosa Salvaje, pero para su fortuna no así Cassandro, que cifró su éxito en una transgresión: desde que era Babe dejó el bando de los rudos y se convirtió en Exótico, es decir, se vistió de Drag Queen, cosa que muchos otros ejecutan sin que importe su orientación sexual, pero que para Saúl/Cassandro no fue un mero y simple cambio de vestimenta sino toda una declaración de identidad y de principios: homosexual declarado, y ojo, en tiempos de homofobia rampante, fue el primero en romper la regla no escrita según la cual un Exótico estaba
impedido de ganarle al resto, técnicos o rudos, y no hablamos sólo de ganarles un encuentro en la arena improvisada y cutre sino, en el caso de Cassandro, de repetir esa osadía tantas veces como fuese necesario hasta ceñirse la faja de campeón, como llegó a serlo en peso welter para la NWA y en peso ligero para la UWA.
En esta esquina ESA ES LA historia real de Saúl Armendáriz, alias Cassandro, former Mister Romano/Babe Sharon/Rosa Salvaje, tal como se cuenta en el documental Cassandro, el Exótico (2018), que con toda seguridad fue abundantemente aprovechado por Roger Ross Williams, director, guionista y productor estadunidense, en la hechura del largo de ficción Cassandro (2023), que sin apartarse demasiado de las vías narrativas harto transitadas de cualquier biopic o película biográfica, consigue de manera más que aceptable cumplir el que pareciera su cometido principal: contar la historia de Saúl, desde luego, pero con esa trayectoria vital como pretexto, echar una mirada panorámica a tres ámbitos superpuestos: el primero, la forma de ser y vivir en la frontera Estados Unidos-México, concretamente las ciudades de El Paso y Ciudad Juárez, hermanadas de tantos modos; el segundo, la naturaleza y la atmósfera de la lucha libre, acá y allá mucho más que mera industria del entretenimiento sino –como bien se sabe y, por lo demás, sucede en el país entero– rasgo cultural e idiosincrásico que dice mucho de la sociedad que lo hace vigente; y tercero, la condición igualmente sociocultural que, tan próximo en el tiempo como los años noventa del siglo pasado, hacía del repudio a la comunidad LGBTIQ+, crasa o discreta, manifiesta o soterrada, uno de sus principales prejuicios. En el mundo real Cassandro y en el de ficción Cassandro, Saúl Armendáriz –interpretado de manera bastante aceptable por un Gael García Bernal que pareciera madurar histriónicamente–, le aplica la hurracarrana y la quebradora a la homofobia. Bien por eso ●
LA JORNADA SEMANAL
16 22 de octubre de 2023 // Número 1494
Juan Vadillo
El flamenco y el arte del silencio Si en las artes en general, incluso en la pintura y la escultura, la presencia del silencio es necesaria, en la música y la poesía es imprescindible. Este artículo busca y encuentra el sentido del silencio en el flamenco y en la tauromaquia, siguiendo las ideas de José Bergamín y Federico García Lorca, entre otros. También nos habla, mudamente, el silencio de la poesía. José Bergamín En aquel sitio el mismo silencio guardaba silencio a sí mismo. Don Quijote de la Mancha, segunda parte, LXIX
L
a fuerza de un castañetazo; la intensidad de un remate de guitarra y cajón; la herida que deja en el aire un rasgueo o el redoble de un zapateado tienen la virtud de remarcar el silencio, de hacerlo paradójicamente audible y, a su vez visible, luminoso. El flamenco es un arte del silencio, va en busca del silencio hasta que lo encuentra, y cuando lo encuentra, lo deja preñado con toda su esencia. Por eso no es lo mismo el silencio anterior a la música que el silencio que la música nos deja. José Bergamín parafraseando a Cervantes habla de un silencio mudo, “que se guarda silencio a sí mismo.” No se trata de un pleonasmo sino más bien de una paradoja: el silencio más profundo, el más silencioso es precisamente el silencio que más suena. Bergamín también habla de silencios callados, silencios puros, silencios de verdad. Entre todas las artes que también son capaces de expresar el silencio (como sucede con los lienzos mudos de Velázquez donde canta la luz silenciosamente), el arte flamenco es el que va a conseguir expresarlo con más fuerza, con más dolor, con más sinceridad. Cunado escuchamos el “ahí queda eso del toreo, como del baile y el cante flamencos,” eso que queda es lo más importante, el silencio después de la música, la muerte simbólica del toro, lo que es eterno porque ya pasó, porque aparentemente ya no existe. En Oriente la belleza es más intensa cuanto más efímera. En el flamenco no solamente es más intensa sino también más dolorosa, por eso se trata del arte que consigue expresar de la manera más auténtica la Pena andaluza: decir adiós para siempre, encontrar el amor y en ese mismo momento encontrar también la muerte (“soledad de mis pesares/ caballo que se desboca,/ al fin encuentra la mar/ y se lo tragan las olas”), morir simbólicamente con la llegada de la primavera (“¡de qué callada manera/ se me adentra usted sonriendo,/ como si fuera la primavera!/ Yo muriendo”). En la raíz de la Pena está el dolor de la belleza herida. Por eso el silencio del flamenco es un silencio herido, que consigue expresar la Pena con toda su intensidad. En este sentido Ber-
▲ Espectáculo de puro arte flamenco en Sevilla, 2018. Foto: Noeliv. Tomada de: https://commons.wikimedia. org/wiki/File:Espect%C3%A1culo_flamenco_en_Tablao_ Flamenco_El_Arenal.jpg
El flamenco es un arte del silencio, va en busca del silencio hasta que lo encuentra, y cuando lo encuentra, lo deja preñado con toda su esencia. Por eso no es lo mismo el silencio anterior a la música que el silencio que la música nos deja. gamín habla de un silencio que no sólo canta, sino que, “a veces, grita.”
El cante por lo bajini, al ras del silencio FREDERIC MOMPOU QUERÍA que su música apenas fuera la voz del silencio, que apenas rozara el silencio como un copo de nieve al deslizarse sobre el cristal de un espejo. Quería que sus acordes evocaran el antiguo sonido de las campanas del pueblo, la más íntima infancia, el recuerdo de su abuelo trabajando en la fábrica de campanas. Buscaba la resonancia que se pierde a lo lejos hasta romper el último eco. Por eso pensó en el tercer verso de una lira de San Juan para nombrar una de sus composiciones: “La música callada;” José Bergamín también escogió ese mismo nombre como título para uno de sus libros, La música callada del toreo, donde el poeta filósofo nos cuenta que, en silencio, él escuchaba flamenco al ver torear. Tanto la música de Mompou como la experiencia de Bergamín se acercan a la expresión artística del cante por lo bajini (en el flamenco, cantar bajito); sin embargo, para expresar la profundidad de este cante es necesario recurrir al cuarto verso de la misma lira de San Juan: “La soledad sonora”. El cantaor cuando canta por lo bajini canta sintiendo
que está solo, aunque haya público. No puede haber mayor sinceridad artística. Cantando bajito invita a los oyentes a la soledad y al silencio, les abre las puertas de su más íntima soledad. Cantando bajito el silencio se asoma y el duende inunda la taberna. En palabras de Bergamín, se trata de una “silenciosa invitación íntima, secreta.” Cuanto menos oyentes haya, habrá más intimidad, por eso a veces el cante se escucha mejor en la taberna que en el teatro. Cuando llega el alba en la taberna se canta bajito para sentir el silencio mudo que juega con el claroscuro de la primera luz, la voz al ras del silencio se siente más herida. Mágicamente el cantaor imita el sentimiento de los pájaros que cesan por un momento de trinar para escuchar su propio silencio. La voz al ras del silencio es como la más tímida luz que levemente dibuja el contorno de las sombras. De acuerdo con García Lorca la interjección “ole” viene de Alá, que en árabe significa Dios, es decir que Dios se acerca cuando pasa el toro y vuela la capa, porque por ahí también pasa la muerte, el silencio. En el flamenco el “ole” también se escucha después de un remate. Los breves silencios del zapateado también están expresando la muerte. El tocaor, con sus llamadas y falsetas, alegoriza el vuelo de la capa, esperando al cantaor de manera intuitiva; este último, por su parte, elige el momento en que va intentar embestir al guitarrista que consigue escapar con una nueva falseta. Y eso es lo que evoca el vuelo de la capa, juego de sombra y luz, belleza infinita de la muerte como retablo de la vida. Silencio infinito que guarda silencio a sí mismo. Un rasgueo, el final de un picado, un remate, un castañetazo, el último tacón de un zapateado son destellos interminables que se apagan como luciérnagas sobre el lienzo oscuro del silencio; de esa manera nos estremecen porque nos recuerdan que la muerte es el único destino. Todo surge del silencio y todo regresa al silencio ●