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Semanal 17/9/2023

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SEMANAL SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA DOMINGO 17 DE SEPTIEMBRE DE 2023 NÚMERO 1489

CON V DE VIDA: Una entrevista de Cintia Neve con Amanda Jara Textos de Manuel García, Gustavo Ogarrio, Xabier F. Coronado y Ricardo Yocelevsky

LA CANCIÓN Y LA MEMORIA


LA JORNADA SEMANAL

Portada: Francisco García Noriega

2 17 de septiembre de 2023 // Número 1489

CON V DE VIDA: VÍCTOR Y VIOLETA, LA CANCIÓN Y LA MEMORIA El próximo 4 de octubre será celebrado el Día de la Música y los Músicos Chilenos, y la fecha no podría ser más pertinente, pues corresponde al día en que nació, en 1917, la entrañable compositora, guitarrista, cantante y artista plástica Violeta Parra, con seguridad la principal referente de la música popular chilena y no sólo eso, sino el punto de partida de lo que, poco después de su trágica muerte, sería conocido cono la Nueva Canción Chilena. Violeta no alcanzó a vivir la experiencia del primer gobierno socialista democráticamente electo, el de la Unión Popular de Salvador Allende, como sí le sucedió al otro gigante del canto chileno, Víctor Jara, quien a su vez se convirtió en el símbolo trágico del crimen, la represión, la tortura y el horror indecible de la dictadura militar, al ser brutalmente asesinado por aquel régimen genocida. Desde aquellos tiempos y hasta la actualidad, Víctor y Violeta han representado –y no sólo para la sociedad chilena– la mejor respuesta colectiva al sinsentido de la barbarie: una vocación inquebrantable de belleza y alegría, gestos del alma que son la base de su canto y que, medio siglo después, resuenan con más vida que nunca.

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LA NUEVA CANCIÓN CHILENA: Canto bueno. Crónica de una canción, de Patricia Díaz-Inostroza y Carlos Necochea, libro en el que se basa este artículo, estudia la relación de la canción chilena antes, durante y después del golpe de Estado contra el gobierno del presidente Allende en 1973, el contexto histórico y político, contenidos y autores.

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Adiós a la folclorización

DIRECTORA GENERAL: Carmen Lira Saade DIRECTOR: Luis Tovar EDICIÓN: Francisco Torres Córdova COORDINADOR DE ARTE Y DISEÑO: Francisco García Noriega FORMACIÓN: Brenda Moncada Hernández MATERIALES DE VERSIÓN DIGITAL:Ana Karen Alvarado LABORATORIO DE FOTO: Adrián García Báez, Israel Benítez Delgadillo, Jesús Díaz y Ricardo Flores. PUBLICIDAD: Javier Loza Hernández 555688 7591, 555688 7913 y 555688 8195. CORREO ELECTRÓNICO: jsemanal@jornada.com.mx PÁGINA WEB: http://semanal.jornada.com.mx/ TELÉFONO: 5591830300. ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||| La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, S.A. de CV; Av. Cuauhtémoc núm. 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Delegación Benito Juárez, México, DF, Tel. 9183 0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac núm. 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, México, DF, tel. 5355 6702, 5355 7794. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2003081318015900-107, del 13 de agosto de 2003, otorgado por la Dirección General de Reserva de Derechos de Autor, INDAUTOR/SEP. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación, por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.

Necochea, y muestra que la cultura es un campo más en que se libran enfrentamientos entre clases sociales, proyectos políticos y visiones del mundo que buscan definir el futuro de un país. Además revela, en su trasfondo, características de la sociedad chilena en una evolución que nadie puede haber planeado o deseado. Las características de “un mundo que se fue” (como tituló sus memorias Manuel Balmaceda Valdés) se asoman en los relatos y, a través de ellos, en las características de los narradores y sus vidas y circunstancias que rodean los hechos de los que dan cuenta. La década de los sesenta del siglo XX es memorable, por lo menos, en todo el mundo occidental. Chile era políticamente interesante por los experimentos de cambio que significaron los gobiernos de Eduardo Frei Montalva (1964-1970) y Salvador Allende (1970-1973). Se puede establecer continuidades y discontinuidades entre ambos gobiernos y, obviamente, la diferencia de significación histórica entre ellos y los líderes que los encabezaron. La primera parte de este libro contiene la historia del movimiento que llegó a llamarse “La Nueva Canción Chilena”. Como todo fenómeno histórico sus límites y contornos son fluidos. Sin embargo, su núcleo y momentos culminantes son claros: La Peña de los Parra fue un centro indiscutido alrededor del cual aparecieron figuras que, sin ser parte permanente de éste, son lo más constante de aquella época y de aquel movimiento. Quilapayún e Inti Illimani permanecen como testimonio de una generación que fue parte de un sueño que puso a Chile en la imaginación de un mundo ansioso de cambio y, al mismo tiempo, crítico e insatisfecho con las alternativas presentes en el escenario bipolar que ofrecía el mundo de los sesenta.

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anto bueno. Crónica de una canción, de Patricia Díaz-Inostroza y Carlos Necochea, publicado en Chile este mismo año, es un libro que cuenta una historia: la de un movimiento cultural que muestra en su desarrollo una profunda conexión con los procesos sociales y políticos ocurridos en Chile en la segunda mitad del siglo pasado. Está construido a partir de las remembranzas de un testigo-actor central, Carlos

Ricardo Yocelevzky ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

Los orígenes y antecedentes de estos músicos se pierden en años anteriores, de aventuras y creaciones, de personalidades entre las cuales hay una figura indiscutida que protagoniza una resistencia solitaria a la imagen impuesta de un Chile folclorizado a través de personajes estereotipados, de sombreros cordobeses y mantas de Doñihue: Violeta Parra. Investigadora de las raíces, creadora y recreadora de una realidad mucho más rica y compleja que incorpora ritmos e instrumentos, maestra de investigadores y creadores que formarán parte de este movimiento. Ella y sus hijos, Isabel y Ángel, marcan un hito al regresar a Chile con experiencias de vida y conocimiento del mundo latinoamericano que encuentran en los Festivales Mundiales de la Juventud y permaneciendo en Europa por sus medios. Hay que decir que en esto es imprescindible reconocer el carácter político que imprimía la organización del Partido Comunista de Chile y su afiliación con las organizaciones internacionales promovidas por la Unión Soviética. En ese terreno se enfrentaban las dos superpotencias con estrategias diferentes: por una parte, se promovía el american way of life [estilo de vida estadunidense], con triunfos apabullantes como el predominio de Hollywood en el cine mun-


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FIN Y PRINCIPIO DEL SUEÑO dial mientras, al menos en América Latina, los comunistas buscaban promover un nacionalismo antiimperialista que incorporaba las expresiones artísticas de todo tipo. Además, el PC promovía y se beneficiaba de la afiliación o simple simpatía de personalidades de todo el campo de la cultura y las artes. No sobra decir que, hasta hoy, el Partido Comunista en Chile es el único en mostrar una “política cultural”, en un país en que los partidos políticos tienen un grado de enraizamiento social (que es parte de la explicación de todo lo ocurrido en aquellos años) que hoy hace que casi la única forma de organización colectiva que se le ocurre a los chilenos sea un partido político, sólo desafiada en las últimas décadas por las “barras” del futbol. Un movimiento social como el de la nueva canción no resistiría una identificación sectaria con un partido. El clima ideológico de los sesenta del siglo pasado estaba marcado por el “castrismo”, que en más de una ocasión significó diferencias con las líneas que emanaban de la Unión Soviética. Por otra parte, la incorporación al movimiento de la canción era natural en los jóvenes expuestos a la difusión radiofónica de música popular proveniente de, sobre todo, los países vecinos que se agregaba a la tradicional afición de los chilenos por la música de México (rancheras y corridos), los valses peruanos y el tango. Como lo registran los autores de este relato, una parte de todo esto comenzaba a ser recogido por la industria disquera que detectaba un mercado para las expresiones que, en Chile, emulaban a grupos y solistas, sobre todo argentinos, que incorporaban armonías más elaboradas para interpretar música de la tradición rural. Es revelador el triunfo de Los Cuatro Cuartos en el Festival de la Canción de Viña del Mar en 1965, con una canción compuesta por Kiko Álvarez, “Mano nortina”. El grupo representaba una renovación musical por los arreglos de voces, la canción no es una tonada típica del folclor oficial y habla de un Chile poco frecuentado por el cancionero, los trabajadores mineros, a pocos meses de asumir el gobierno de Eduardo Frei Montalva con la consigna “revolución en libertad”, propuesta alternativa a la Revolución Cubana de 1959, apoyada por Estados Unidos y su política hacia Latinoamérica, con fundamento en su necesidad de evitar una repetición de lo ocurrido en Cuba. Parecía haber algún grado de acuerdo en la sociedad acerca de la necesidad de cambio en el rumbo del país, a pesar del resentimiento causado por la intervención estadunidense en la campaña presidencial y la publicidad que sembraba el terror anticomunista. Aún la “Alianza para el Progreso”, programa oficial del gobierno de Estados Unidos para América Latina, reconocía lo insostenible de la situación social y promovía reformas que la Democracia Cristiana incorporó en su programa. Sin embargo, tal como ocurría con las concesiones ideológicas que hacía el gobierno de Kennedy, la acción reformista del gobierno pareció “demasiado poco demasiado tarde”. Los años del gobierno de Frei son los del desarrollo de “La nueva canción chilena”.

▲ Los Cuatro Cuartos, grupo musical chileno. Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/

“...aquellos que cantaron y entregaron su alegría”

El grupo representaba una renovación musical por los arreglos de voces, la canción no es una tonada típica del folclor oficial y habla de un Chile poco frecuentado por el cancionero, los trabajadores mineros, a pocos meses de asumir el gobierno de Eduardo Frei Montalva con la consigna “revolución en libertad”, propuesta alternativa a la Revolución Cubana de 1959.

MÁS QUE LA Peña de los Parra y Chile Ríe y Canta, es la proliferación de peñas en las escuelas universitarias y la omnipresencia de la guitarra en los hogares chilenos lo que cimienta un movimiento cultural que es parte de un fermento ideológico, que no lo niega y es reconocido por ello. La integración de la música en el ascenso político que condujo al triunfo del proyecto de vía chilena al socialismo está descrita y documentada en el cuerpo del libro. La descripción de los festejos de la asunción del mando de Salvador Allende y la incorporación de los jóvenes a los trabajos de verano y a las campañas políticas de 1973, hasta una terrible premonición de la inminencia del fin del sueño. El reconocimiento del aporte de este movimiento fue doblemente trágico: por una parte, Salvador Allende dijo en sus últimas palabras dirigirse “a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha”, y, por otra, los asesinos de esta historia se ensañaron con Víctor Jara, queriendo acallar en él a una generación. No lo lograron. Chile siguió cantando en la clandestinidad, en el exilio y encontró otra música, de resistencia en la derrota. Los años setenta y ochenta bajo la dictadura vieron aparecer otro movimiento musical con una continuidad espiritual con la nueva canción chilena pero con una poesía distinta, que aprendió a expresarse “entre líneas” y con una elaboración musical más sofisticada, que llegó al virtuosismo instrumental y con letras que marcaron emocionalmente cada etapa de su historia. Esa ya no es mi historia. Desde lejos, el contacto es intermitente. Sólo recuerdo que un hombre de los más sabios que tuve la suerte de conocer en el exilio, Rafael Baraona, dijo un día: “escuché un dúo chileno insólito. Se llaman Schwenke y Nilo” ●


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COPIHUES NEGROS (CARTAALASYLOSMEXICANOS A

Nos despiertan unos golpes en la puerta y el sobresalto nos deja el corazón en la boca. La voz seca y marcial de alguien al otro lado pregunta: “¿Todo en orden?” Mi madre se levanta y con voz sumisa y trémula responde: “Sí, sí… todo en orden.” Y aunque éramos muy pequeñitos con mi hermano recuerdo que esa noche, no sé por qué, recordé para siempre unos abrigos negros de Castilla con que nos tapaban para aplacar el frío del desierto por las noches. La choza era de un material ligero al que llamamos en Chile cholguán, y eso hacía que entre los sonidos de afuera y dentro del rancho las paredes no fueran más que una pálida membrana, una protección casi simbólica contra las fieras que podían rondar por fuera. Aunque yo era un niño pequeño podía respirar en el aire el miedo de mi madre al enfrentarse a aquella voz. Ahora recuerdo mejor: mi madre me estaba ayudando a hacer pipí en la bacinica. Yo estaba despierto antes de que llamaran a la puerta y la instrucción de mamá era casi no hacer ruido. Son días cercanos al 11 de septiembre de 1973; hay toque de queda. Nadie puede salir a la calle, ni hacer reuniones sociales o familiares después de las 12 de la noche.

Manuel García* ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

CHI L E: EL LARGO SEPTIEMBRE DE LA POESÍA En los años siguientes al “apagón cultural” que sufrió la sociedad chilena a causa del golpe de Estado en 1973, la poesía, pero también la novela, el testimonio, el cine, la lírica musical y el canto popular, empezaron a buscar, y a encontrar, nuevas formas de expresión y denuncia. Este artículo indaga en ese proceso y sus autores principales.

Gustavo Ogarrio ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

País de la ausencia/ extraño país,/ más ligero que ángel/ y señal sutil,/ color de alga muerta,/ color de neblí,/ con edad de siempre,/sin edad feliz.

Gabriela Mistral

La poesía: horror y fragmentación

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n ocasiones extremas, la poesía dice lo que no es posible decir: el horror y la fragmentación. Pero también puede callar estratégicamente y acumular la experiencia de ese horror para restablecer el sentido del mundo más allá del horror mismo, sin obviarlo y sin que sea el único horizonte desde el cual se comprende e interpreta la experiencia histórica. El apagón del Golpe de Estado en Chile que comienza el 11 de septiembre de 1973 va a dar lugar al momento más represivo y criminal de la naciente dictadura, el de un “reor-


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50AÑOS DEL GOLPE DEESTADO EN CHILE)

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n niño de tres años puede retener en su memoria estos hechos porque el perfume del terror de su madre es un aroma aciago que atávico nos avisa del peligro. Aún existe un cordón umbilical místico entre el pequeño unicornio y su madre. Como si la madre, el niño y el mundo fueran un Alebrije metafísico. Sí, queridos y queridas hermanas de México. Eran los días en que germinaba la horrorosa dictadura del general Augusto Pinochet. Nombre que tan sólo de escribirlo me escarcha la sangre. El soldado dice: “Muy bien.” Ladra un perro lejano, como en los cuentos de Juan José Arreola o de Juan Rulfo. El silencio regresa a su lugar y los grillos reaparecen cósmicos en su eterna canción. Pero el olor agrio del miedo queda para siempre en nuestro cuerpo. Sin saberlo de manera consciente, ya nos acompañaba la sensación de inseguridad e indefensión que habría de ir con nosotros a todas partes durante toda la vida. La gente joven chilena de los años sesenta y setenta había llegado al norte buscando mejores expectativas de vida. Una especie de éxodo que daba cuenta de la necesidad del país de hacer frontera con Perú y Bolivia, de poblar un Chile a casi más de 2 mil 500 kilómetros de desierto, lejos

de la capital, cerebro de las decisiones centralizadas de este flaco territorio “de la triste figura” llamado Chile. Nosotros vivíamos en el Cerro la Cruz, un terreno que las personas habían ocupado en medio del desierto, sin agua y sin luz, como un campamento lunar, al que el presidente Allende, el Compañero Presidente, el Chicho, Don Salvador Allende Gossens, había otorgado la dignidad de convertirse en barrio y tener calles con nombre y casas con número y todo. Manzana E, sitio 1, población Miramar, era el nuestro. Un sueño cumplido para el comienzo macondiano de todas esas almas que habitábamos en el desierto. Y antes de que se instalara el miedo con su maleta llena de huesos en medio de nuestras vidas, supimos lo que era sentir en el aire la felicidad de fundar la vida. Pobres, pero felices, llenos de ideales, mis padres y tantos otros y otras jovencitas que venían de distintas partes de Chile, hasta de muy extremo al sur venían, hasta de tierras mapuches venían, del altiplano venían, de pueblos desconocidos venían, de la Historia remota venían, hasta de la luna parecía que venían. Venían y llegaban y se transformaban de trashumantes en pueblos sedentarios a la orilla

denamiento” nacional basado en el terror y en la búsqueda posterior de una legitimidad autoritaria. El terror impuesto a los cuerpos disidentes es también el terror contra el habla, contra la escritura y contra la poesía; la fragmentación de la sociedad y de la palabra. Sin embargo, como afirma Naín Nómez: “el movimiento de la producción poética chilena no se pierde ni se corta, sólo se transforma en el proceso de los primeros años de dictadura, cuando el reordenamiento de la institucionalización autoritaria de la dictadura obliga a los poetas del interior del país a la autocensura, la escritura panfletaria, la protesta comprometida y la búsqueda de nuevas fórmulas escriturales para dar cuenta de una realidad reprimida, escindida, fragmentada” (“La poesía chilena: Representaciones de terror y fragmentación del sujeto en los primeros años de dictadura”, 2008). En su recuento crítico de lo que fueron las representaciones de la poesía chilena en el primer tramo de la dictadura, Naín Nómez identifica que en ese “mundo que se desmorona” también se expresan de manera agónica los rasgos que serán la matriz del futuro de la poesía en Chile: la razón que cae; la “nostalgia del paraíso perdido”, la “necesidad de reconstruir la historia”, la indagación de nuevas formas de la palabra poética. Es al menos desconcertante que expresiones poéticas testimoniales ante este período de terror inicial no queden, de manera clara, inscritas en la historia de la poesía ni enmarcadas en la reconstrucción de una memoria canónica de lo poético. Por ejemplo, el poema escrito por Víctor Jara probablemente antes de su asesinato, ya en plena acción terrorista de la dictadura, basada en la detención y la tortura:

Aquí en esta pequeña parte de la ciudad somos cinco mil. ¿Cuántos seremos en total en las ciudades y en todo el país? Somos aquí diez mil manos que siembran y hacen andar las fábricas. Cuánta humanidad con hambre, frío, angustia, pánico, dolor, presión moral, temor y locura...

El terror impuesto a los cuerpos disidentes es también el terror contra el habla, la escritura y la poesía; la fragmentación de la sociedad y de la palabra.

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del propio río de sus sueños, porque agua no había. Pero peces sí había: bajando el cerro empinado de uno de los brazos de la Cordillera de la costa, llamado El Morro de Arica, estaba ese insondable y bendito señor azul que nos proporcionó durante años el pez nuestro de cada día; exacto, querido México, estaba el mar.

Soldados de noche, soldados de día Días después regresaron los soldados. Esta vez de día. Yo estaba contento de verlos porque eran iguales a los soldaditos de plástico que nos regalaban para Navidad. Pero la alegría se apagó rápidamente cuando sacaron a mi padre a la calle y lo desnudaron, junto a otros vecinos, metralleta mediante, mientras otros del pelotón daban vuelta violentamente a los colchones y rasgaban los pósteres “subversivos” en las paredes. Inolvidable porque después mis padres se reían nerviosos, diciendo que habían arrancado de cuajo el afiche de un Cristo de perfil, un esténcil en blanco y negro que decía en la base: “Yo soy el hombre que ha venido a salvar el mundo.” Lo arrancaron confundiendo a Cristo con Fidel Castro. Fue tan grande la impresión de la violencia desatada, si apenas cabían esos seres con sus armas dentro de la casa, que aún sé dibujar de memoria aquella imagen del Cristo Revolucionario. Así comenzó todo, México lindo y querido. Y así continúa hasta el día de hoy, cuando aún vemos que no bastaron todas las muertes, todos los robos, todos los desastres, las tristezas, las ignominias. El monstruo regresa siempre por más y su presa es el pueblo, sabroso hasta la médula; así como dicen en España “del cerdo, hasta los andares”, se podría decir que, / PASA A LA PÁGINA 6

Quizás es necesario ampliar los márgenes de una noción moderna de la poesía. A ese ordenamiento militar, represivo y criminal, que comienza en Chile con el Golpe de 1973, es probable que le haya seguido un replanteamiento profundo de las expresiones poéticas en condiciones tan adversas, de persecución política y de criminalidad del Estado: silencios estratégicos que partían de la autocensura, qué se dice y qué no se dice para esconder la enunciación poética sin dejar de poetizar; recuperación de la función poética del lenguaje mismo que pasa por un coloquialismo activo antes incluso del Golpe y que venía de las transformaciones culturales de los años sesenta; testimonios poéticos que enuncian y se aproximan al horror y a su masificación en la tortura, el asesinato y la desaparición, pero que también se preguntan, desde las prácticas poéticas más básicas y populares, cómo ha sido posible que el “paraíso” socialista haya terminado en el infierno de la dictadura y lo que significaba históricamente esa derrota. Manuel Silva Acevedo ya había escrito en 1969 algo que podría entenderse posteriormente como un preámbulo de lo que vendría en 1973, en su poema “El Presidente en terno azul oscuro de paisano”: “Los comandantes de las Fuerzas Armadas/ se declaran leales al Primer Mandatario/ y al Primer Mandatario se le nota muy pálido/ cortando pensativo la cinta inaugural” (Manu militari, 1969). La traición de los militares y del ejército chileno contra Salvador Allende, encabezada por Augusto Pinochet, puede ser entendida desde la poesía como la premonición enunciada desde esa tentación permanente de Golpe militar. Según Naím Nómez, hay un “temple colectivo” en la poesía chilena en el momento previo e inmediata/ PASA A LA PÁGINA 6


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en Chile, haciendo la paráfrasis, para el hambre del fascismo “del pueblo, hasta los pensares”. Por eso el movimiento estudiantil de comienzos de los años dos mil movilizó no sólo a los estudiantes, sino a medio Chile, en todos sus estamentos esenciales: salud, trabajo, educación, provocando una efervescencia tal que se tradujo con el tiempo en el Estallido Social más grande de Latinoamérica recientemente conocido. No pasó mucho tiempo para que nos diéramos cuenta de que no era “medio Chile”, como creímos, sino casi sólo un tercio cuando el treinta y ocho por ciento de la población fue la única que votó por una Constitución que consignaba verdaderos derechos sociales a todo un pueblo, en donde, incluso, por primera vez, tendrían un lugar digno de representación los pueblos ancestrales. Cuando la extraordinaria mujer de luz Elisa Loncón fue elegida como presidenta de la Asamblea para una nueva Constitución, en su discurso dirigido al país habló primero en mapudungun (si pudieran ver ahora el corrector, ni siquiera aparece la palabra en este bicho digital, eso es otro tema, aunque el mismo tema). En fin, continúo: cuando Elisa Loncón asumió la presidencia por votación democrática de las comisiones elegidas democráticamente para realizar una nueva Constitución, apareció frente a todos los chilenos y chilenas ataviada con sus hermosas vestiduras mapuche. Comenzó su discurso en mapudungun. Muchos de nosotras y nosotros, que seguramente llevamos sangre mapuche en las venas, nunca habíamos escuchado hablar en este hermoso idioma a nadie de corrido durante tantos minutos. El pueblo estaba atónito, conmovido.

CHILE 1973-2023 MEDIO SIGLO De pronto comenzó ella misma a traducir sus palabras y pues, perdón, pero el recuerdo me hace llorar. Espero no mojar el papel de este escrito que lees ahora mismo, hermano y hermana mexicana, pues era la primera vez que un discurso político comenzaba con bendiciones ancestrales para dirigirse de manera amorosa y profunda, antes que nada, a los niños, niñas, ancianos y ancianas de un pueblo herido en el costado. Esa ternura, querida Mesoamérica, debió haber llegado para quedarse. ¡Pero no! A la hora de las votaciones la gente rechazó la Carta Magna y fundamental que se había ganado un lugar en la historia, literalmente con sangre. Un proceso que inició con las revueltas del 18 de octubre de 2019 en Chile y que volvía a hacer volar las manos de Víctor Jara sobre el cielo chileno, mientras las masas coreaban en las Grandes Alamedas “El derecho de vivir en paz…” La desinformación, la contrainformación, la información distorsionada, no quisiera hablar de ignorancia; estos rebusques nos llevaron como pueblo a rechazar la posibilidad de tener por primera vez un lugar digno en nuestra propia historia. El aroma del miedo permanecía todavía. Los claveles de la justicia social, los copihues de la verdad y las fresias de la paz de septiembre se volvieron negras flores una vez más, adornando como una diadema la frente de la Huesuda, como ustedes dirían. Como si alguien te metiera por debajo de la puerta, furtivamente, a las doce de la noche, un fatídico naipe de la lotería.

La Jaula de los Sueños Olvidados Estoy hablado desde Suecia, país que creó comités de solidaridad con Chile, Chilekomitténs, en uno de los gestos más hermosos y épicos de

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mente posterior al Golpe que “señala lo que será el funcionamiento impersonal del terror dictatorial”; este temple también registra “en forma fehaciente el carácter anónimo y masivo que tendrán las primeras manifestaciones en contra del sistema”. Santiago de Chile: canciones y novelas de una ciudad de grandes incendios Hay otras figuras que se revelan como evocaciones de lo que se va a desmoronar en septiembre de 1973 y que obedecen a otro tipo de procesos históricos. La ciudad de Santiago es una de estas figuras, enmarcada en un hartazgo del mundo moderno que ya había sido expresado por la poesía de Nicanor Parra en 1956: “La policía atemorizada huye de estos monstruos/ En dirección del centro de la ciudad/ En donde estallan los grandes incendios de fines de año/ Y un valiente encapuchado pone manos arriba a dos madres de la caridad” (“Los vicios del mundo moderno”). Es Santiago el lugar de un terror que sigue ocurriendo en el presente y en la memoria del año 1986, a pesar de la supuesta apertura de la dictadura y de la búsqueda de legitimidad del régimen militar; se da también el aseguramiento del modelo represivo y económico en la Constitución de 1980. En la ciudad capital es donde se va a escenificar el asalto final al gobierno de la Unidad Popular y esa “batalla” de un “pueblo sin armas”, documentada en el cine por Patricio Guzmán; espacio social del bombardeo y de la represión del terror ejemplificador. Después vendrán otras expresiones culturales que darán cuenta de ese campo de batalla material y simbólico, desde las canciones escritas desde afuera por cantautores de otras regiones de América Latina, por ejemplo: “Santiago de Chile”, de Silvio Rodríguez, o

▲ Nicanor Parra. Foto: tomada de https://es.wikipedia.org/.

el Santiago ensangrentado de Pablo Milanés en “Yo pisaré las calles nuevamente”, hasta novelas posteriores, in situ, como Tengo miedo torero, de Pedro Lemebel, en la que un Santiago de “neumáticos humeando” por sus calles va despertando también de los “relámpagos del apagón”. Es otro Santiago el de 1986 de la novela de Lemebel: “¡Y

solidaridad en la historia del mundo. Ayer hubo lágrimas, abrazos y risas también, claro, entre vino tinto y empanadas, en un acto conmemorativo acá en el Instituto Cervantes de Estocolmo, donde almas güeritas y morenas se abrazaban de emoción recordando aquellos días terribles del exilio, sólo hermosos, en parte, debido a las extraordinarias manifestaciones de solidaridad con el pueblo de Chile que tuvo Suecia. Cuando ocurrió el golpe de Estado lo que en verdad ocurrió es que fue decapitada una nación entera, porque el dolor y la tristeza que se quedó en el aire, hasta el día de hoy, mancha con un tinte de sangre indeleble la hoja donde a diario se escribe la vida. Obreros y obreras en el año 1973 habían venido, desde abuelos antes, a la ciudad buscando mejores expectativas de vida, pero la ciudad se volvió una trampa. Las promesas de educación, de trabajo y de salud nunca se cumplirían y, hasta el día de hoy, permanecen como aquellas engañosas promesas que los patrones le hacían a huasos e inquilinos en los fundos. ¡Exacto, mis entrañables mexicanos! Como en aquella canción de Amparo Ochoa, “El barzón”, y que una amiga canta tan bonito allá en Morelia, Michoacán. Entonces ya nuestros viejos y viejas venían como podían de antes. Venían y también iban a sus campos ancestrales. Un día no volvieron más, se quedaron atorados en la ciudad y sus corazones se convirtieron en La Jaula de Los Sueños Olvidados. Y la falta de oportunidades se volvió frustración y la frustración se tornó en rabia y la rabia en violencia. Y la violencia de los viejos y viejas, que eran los jóvenes del ’73, en las tristezas y penas de sus hijos y de los hijos de sus hijos, como una “antibiblia” donde los mandamientos son al revés, porque si robar y matar en este juego de vivir y morir se vale,

va a caer!” es el canto popular que se moviliza para derribar a la dictadura de Augusto Pinochet. Todavía se verbalizan las formas autoritarias de la corrección política que censuran la manera de referirse al horror: “Gobierno cívico militar” es el eufemismo para impedir que se le nombre dictadura. La poética de la prosa de Lemebel amplía los márgenes de la poesía misma: la lleva al terreno de la novela y con ello se pueden apreciar en perspectiva histórica y estética las otras poéticas. Tanto en el cine como en la canción popular se escenifican las funciones poéticas que hacen suya la permanencia de una tradición inaugurada por esos poemas y canciones agónicas en plena era del terror inmediatamente posterior al 11 de septiembre de 1973; protesta y lamento que también pueden ser considerados como expresiones de la búsqueda de nuevas pautas de lo poético en condiciones extremas. Pero Santiago también es en 1986 el espacio urbano en el que se esperan “tiempos mejores” que únicamente vendrán con el fin de la dictadura, tal y como narra Lemebel. Del silencio del terror de Estado, de la férrea autocensura ante el asesinato, tortura y desaparición de los primeros años de la dictadura, se pasa al silencio clandestino y político que conspira y lleva a cabo el atentado contra Pinochet y que busca con su muerte la conclusión de la dictadura, previo al plebiscito nacional de 1988. Un Santiago que paradójicamente también se va llenando de otra sonoridad, de rumores masivos en calles y de consignas políticas en contra del régimen militar, en el que se escenifican marchas y movilizaciones estudiantiles y sindicales, con grafitis que gritan en las bardas la terminación del horror y el anuncio de la democracia.


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▲ Víctor Jara. Foto Afp

pues entonces, el gran monstruo del fascismo y el capitalismo está muy bien alimentado, como con “el mal del puerco”, como dicen, de tanto y tanto. Por eso le decía a un amigo tomando un mezcalito allá en lo de Mardonio Carballo: “Si el Che llama a mi puerta de madrugada para que vayamos a Bolivia, y sabiendo yo que lo van a matar, pues preparo mi mochila y me voy con él.” “Que mejor me muero luchando en El año de Pancho Villa, que morir humillado, con los brazos caídos en una cama como un alma derrotada frente a los ojos de mi descendencia.” Gracias México porque hace unos meses, en sus calles de todas partes, en instancias oficiales o en puestos de tacos, he recibido palabras de amor y de contención para Chile, mi pueblo. Así que termino ya este bolero con guitarras de Paracho y zapateos jarochos, que ya medio mexicano también me siento, si nadie se ofende... Bueno, ya decía Chavela Vargas que “los mexicanos nacemos donde se nos pega la chingada gana”; lo mismo digo yo. Y recuerdo de paso lo que el poeta mapuche Elicura Chihuailaf nos dice: “No olvidemos nuestra hermosa morenidad.” El corrector tampoco reconoce ni Elicura, ni Chihuailaf… Subraya con rojo lo escrito, qué curioso, como si fuera un pequeño pecado de sangre digital escribir en la lengua de nuestros ancestros. Agradecido del amor de ustedes…

Muchos de nosotras y nosotros, que seguramente llevamos sangre mapuche en las venas, nunca habíamos escuchado hablar en este hermoso idioma a nadie de corrido durante tantos minutos. El pueblo estaba atónito, conmovido.

El largo septiembre de la memoria En un libro difícil de clasificar en relación a los géneros narrativos y testimoniales tradicionales, Chile, un largo septiembre (ERA/LOM, 2006), Patricio Rivas relata en clave autobiográfica su peregrinaje como integrante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en plena dictadura: arresto y tortura, exilio y retorno clandestino a Chile. Rivas, al comparar la experiencia política y narrativa en relación a las narraciones de otros revolucionarios argentinos integrantes de Montoneros y del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), afirma que los textos chilenos “oscilan entre relatos de culpas y disculpas y mitificaciones biográficas”, llegando incluso a describir algunos de estos escritos testimoniales como “historias tergiversadas”. El “maltrato hacia las propias historias” que identifica Rivas, puede extenderse al no reconocimiento hacia otras poéticas vinculadas a la memoria. Sin embargo, la tradición poética y las memorias evocadas en Chile respecto al Golpe reflejan también una característica constitutiva de la experiencia histórica en contextos de violencia extrema: sus contradicciones, antagonismos y representaciones se enfrentan al límite de todo relato y de toda poética, “ningún futuro puede reparar lo ocurrido”. ¿Persiste cierta unidad en esta sucesión de poesía, narración y cantos que evocan, comprenden e interpretan de múltiples maneras el pasado de dictadura y la historia misma de Chile? Un largo septiembre, que perdura contradictoriamente a través de testimonios, poemas, novelas y canciones, deja ver su fisonomía de

Tanto en el cine como en la canción popular se escenifican las funciones poéticas que hacen suya la permanencia de una tradición inaugurada por esos poemas y canciones agónicas en plena era del terror inmediatamente posterior al 11 de septiembre de 1973; protesta y lamento que también pueden ser considerados como expresiones de la búsqueda de nuevas pautas de lo poético en condiciones extremas.

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Copihues Negros. El Caminante Manuel García Herrera (@manugarpez): “(México, a ti te hablo)/ Para que Chile no sea un dolor del amor/ Ni los copihues enluten la voz de su flor/ Seamos hermanos/ Seamos hermanas/ De los Mapuche del sol/ ¡Pido por favor!// Copihues negros colgando de mi corazón/ Sangre al costado del Cristo más flaco/ Eso soy;/ Tierra Chilena, tierra de penas/ ¡Qué horror!/ ¿Patria qué esperas?/ ¿Pan con miseria y arroz?// Soy del país de la triste figura, señor/ La lanza rota, y la espada oxidada/ ¡Aquí voy!/ Chile dormido/ como algún niño/ soñando que despertó…/ Pero durmiendo// Y la esperanza cansada galopando al sol/ Saca naranjas/ del mar en aquella canción./ Saca naranjas/ con la esperanza de amor/ (Como por favor), pero favor…// Para que la vida abrigue a la muerte/ Por dos/ Copihues negros colgamos en mi población/ Copihues negros/ Para los muertos de amor.” Estocolmo, septiembre de 2023 ● *Manuel García es un cantautor de reconocida trayectoria en Chile y a nivel internacional. Nació en Arica, Chile, el 1 de marzo de 1970. Integró los grupos Coré y Mecánica Popular. Como solista ha dado a conocer más de quince discos que conforman un repertorio tan variado como enfáticamente asumido en las tradiciones de música popular chilena y latinoamericana, teniendo como géneros actuantes en su obra desde la trova hasta el rock. Ha alternado con artistas como Silvio Rodríguez, Pedro Aznar y Mon Laferte, por mencionar a algunos. Recientemente dio conciertos en Morelia y en Paracho, Michoacán, con un repertorio que proponía una interpretación desde la música popular de los últimos cincuenta años de la historia de su país, a partir del golpe militar

significados, el sentido mismo de la historia y de la narración: “Cree que la vida no se explica, que sólo se puede contar”, escribe Rivas. La irracionalidad y el terror de la historia también se canta, se enuncia poéticamente, se narra o se grita en las calles y en los muros. A final de cuentas, como afirma Gonzalo Contreras: “Fueron 17 años largos años tanto para los que partieron como para los que permanecimos entre el Océano Pacífico y la Cordillera de Los Andes. Por suerte para nosotros, entre estas dos majestuosas fronteras corría a raudales la poesía de Huidobro, Mistral, Neruda, de Rokha, y de la de nuestros mayores más cercanos: Parra, Lihn, Teillier, Anguita y Rojas. Los leímos, los escuchamos y la oscuridad fue menor.” Así como Chile es el ejemplo trágico del país donde se articularon dictadura militar, terror y neoliberalismo, también es una polifonía testimonial y poética para América Latina: el país donde la poesía fue el testimonio de ese terror y en donde lo poético envolvió a otras prácticas y expresiones como la novela, el testimonio, el cine, la lírica musical y el canto popular, esto como un acto desesperado para reconstruir el semblante de ese “paraíso perdido” y para activar una memoria heteróclita contra el terrorismo de Estado, pero que también se erigió en una tradición propia. Quizás este largo septiembre y ese temple poético, que cumple cincuenta años, comenzó mucho antes de 1973, probablemente con la poesía de Pablo de Rokha en 1922: “Yo canto, canto sin querer, irremediablemente, fatalmente, al azar de los sucesos, como quien come, bebe, o anda y porque sí; moriría si no cantase […] todo se hace canto en mis huesos” ●


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ARTE, MÚSICA Y MEMORIA:

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EL LEGADO DE VÍCTOR JARA Amanda Jara es hija del célebre cantante, guitarrista y compositor chileno Víctor Jara, brutalmente asesinado cinco días después de consumado el golpe de Estado en Chile, en 1973. Ella y su familia han sostenido el legado de Víctor a través de la Fundación Víctor Jara, desarrollando gran cantidad de iniciativas culturales para defender los derechos humanos en general y los derechos culturales del pueblo chileno en particular, para mantener viva su lucha a través de la música. En esta entrevista, generosamente concedida para La Jornada Semanal, Amanda evoca al hombre amoroso que fue su padre, habla de la relevancia de su legado y el de otros músicos y artistas, incluyendo a la no menos entrañable Violeta Parra, así como del trabajo realizado por la Fundación creada para honrar y mantener vigente el legado de ese chileno universal que es Víctor Jara.

Cintia Neve ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||


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e cumplen cincuenta años del asesinato de Víctor Jara. –A mí me incomoda un poco la fecha, lo mismo pasamos en los veinticinco años. Aunque se conmemoran cincuenta años del golpe cívico militar, ni la familia ni la Fundación han dejado de dar relieve a la figura de Víctor, su obra, sus valores, su visión del mundo. Era un artista trabajador. La Fundación sigue trabajando por la justicia, la verdad y la reparación. No dejaremos de hacerlo porque en Chile vivimos en la injusticia y la impunidad en relación con los hechos ocurridos hace cinuenta años. Seguimos insistiendo en que se declare culpables a los responsables de estos crímenes. No sólo fueron crímenes en contra de mi padre, sino en contra de cientos de detenidos sin juicio en el Estadio Chile, ahora llamado Estadio Víctor Jara. Después de una pelea desde la sociedad civil, somos las organizaciones sociales las que hemos logrado algunas cosas en estos cincuenta años. Ahora intentamos que sea un sitio de memoria digno de lo que representa para este país.

–

–¿Cuál es el objetivo de convertir el estadio en sitio de memoria? –Queremos que el estadio se transforme en un sitio de memoria donde exista intercambio entre viejos y jóvenes, porque ha aumentado el negacionismo y esa sensación de que lo que se hizo fue algo que benefició a Chile. Esto no puede volver a suceder ni en Chile ni en ningún otro país de Latinoamérica. Como hija de un asesinado político siento que el Estado no ha hecho el trabajo que tiene que hacer: reparar, mirar su historia y reflexionar sobre ella. Aquí hubo crímenes de lesa humanidad que no prescriben, pero seguimos en debates muy antiguos, seguimos teniendo miradas erradas sobre lo que significan las violaciones a los derechos humanos. [A Amanda se le caen las lágrimas. Es puro coraje.] Perdona, yo soy así, las lágrimas me brotan pero estoy bien. Da mucha rabia tener que vivir cincuenta años con esta tragedia colectiva aún sin justicia. –¿Qué ha pasado desde que se llama Estadio Víctor Jara? –El primer hito en el estadio fue Canto Libre. En

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el año ’91, iniciando la transición a la democracia se hizo un acto que planteamos como un sahumerio: una forma de limpiar ese lugar, llenarlo de vida, de música, de poesía, de teatro, de danza. Desde ese año, la Fundación ha querido realizar más actos de resistencia ahí porque sentimos que es una forma de pelear por la justicia. La víctima no fue solo Vïctor Jara, fueron muchas. El cuerpo de mi papá se encontró junto al jefe de gendarmes, Littré Quiroga, y muchas otras personas que sufrieron tortura y muerte. De algunas ni se sabe su nombre, son NN; la causa es por todos ellos. Actualmente el estadio está cerrado para actividad masiva, y el Estado lo ha dejado así porque ha sido indolente con la historia de muchas víctimas. Este trabajo nos ha llenado de frustración por un lado, pero también de alegría. Es maravilloso cómo la música, el arte, atraviesa generaciones, historias, océanos. Viene gente del otro lado del mundo a golpear la puerta del estadio para conocer la historia de mi papá. Los cabros jóvenes que hacen música urbana, interpretan a mi papá. No puede ser que no haya un sitio de memoria como

COMO ARMA DE LUCHA Y RESISTENCIA En la lucha de resistencia al régimen militar impuesto por Augusto Pinochet (1915-2016), en 1973, responsable de torturas, asesinatos, persecuciones, allanamientos, censura y desapariciones forzadas, la música jugó un papel de gran trascendencia. Aquí se habla de los antecedentes y del contexto histórico del Nuevo Canto chileno, y de uno de sus recursos de difusión clandestina más importantes: el casete.

Xabier F. Coronado ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

Ahí donde llega todo y donde todo comienza, canto que ha sido valiente siempre será canción nueva. Víctor Jara

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l golpe de Estado de 1973 generó en Chile censura y hostigamiento contra las manifestaciones artísticas que se producían en el país andino. Ante la represión casi siempre surgen el vigor y la entereza, por eso las artes se convirtieron en uno de los focos de resistencia y lucha más importantes contra la dictadura. Aprendieron la manera de sobrevivir: primero afrontaron los campos de exterminio, la violación de sus derechos y la precariedad de sus condiciones de vida; después buscaron la forma de socavar el régimen militar. Desde la trinchera de la clandestinidad, los que sobrevivieron a la brutal persecución de los primeros meses se organizaron para minar la dictadura impuesta. La resistencia más difícil, pero la más efectiva, había que mantenerla desde el interior, en las entrañas de un país asediado y recluido. La población oprimida y silenciada necesitaba expresarse para luchar contra la ignominia y el método más efectivo de hacerse oír era la música. El canto de la resistencia chilena llamaba a la unión en contra de la implacable censura que cayó sobre el país y que provocó lo que se conoce como el “apagón cultural”. A esta lucha desde el interior se unía la que iniciaron los exiliados. Eran la otra cara de la tragedia, los que habían podido huir pero estaban / PASA A LA PÁGINA 10

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corresponde, con un museo de sitio donde esté la historia de todas esas personas que pasaron ahí. Me resulta muy impactante el sentimiento negacionista: decir eso ya pasó, miremos hacia el futuro, hacia adelante. La vida no es así, se necesita abrazar la historia. De chiquitita aprendí que no hay justicia, pero tenemos que vivir de una forma que sea positiva y esperanzadora, tratar de construir y no quedarse en la rabia y en la ira, que es una tentación. –¿Cómo ves este momento de América Latina y de Chile en particular? –En Chile conozco un poquito más, siento que la música, la poesía, siempre va a estar al lado de un pueblo creador. Es una forma de expresar que es maravillosa y transversal. Atraviesa muros y está viva, muy vivita y coleando la música chilena. Entre los jóvenes hay un montón de cantautores y cantautoras. Si vas a provincia, está lleno de músicos. En Chile levantas una piedra y hay poetas, a pesar de nuestra muy mala educación después de dictadura (son cincuenta años que aún no hemos podido recuperar nuestra educación pública) tenemos un alma creativa. Estamos llenos de anhelos y en el arte eso se ve, hay arte en la calle, mucho grafiti, es maravilloso. Me imagino que esto en México debe ser el doble, porque todos quieren ir a México. Todos los chilenos. México es nuestro referente. –¿ Qué tendrá el festival este año? –Este festival es para la gente más joven que no vivió el golpe, para entregarles la historia, porque

CHILE 1973-2023 MEDIO SIGLO eso ilustra también por qué quisieron cortarlo de cuajo. Creo que es superinteresante que las y los cabros jóvenes sepan cuál era esta amenaza. ¿Por qué mataron a ese cantante? Por la fuerza del mensaje que se lleva a través de la canción. Por eso hay que cultivar el arte y la resistencia. La música es principal, está siempre presente en las poblaciones, en los lugares más precarios. El teatro y la danza son un poquito más difíciles de articular popularmente si no hay políticas públicas. La música siempre va a estar y eso es maravilloso, no sé qué haríamos sin el arte, qué sería este mundo. Seríamos peor aún.

que recién lo escuchó y que quiere compartir, o gente más vieja que lo conoció. Siempre está.

–¿Qué recuerdo tienes de tu padre? –Tengo hartos recuerdos de casa, de la cosa doméstica, de las vacaciones, de la conversa, de las peleas, de las discusiones, de lo que se podía o no se podía. Yo diría que más que un recuerdo es una sensación de mi papá. Puro calentito, un apapacho, un abrazo. Me llevaba en brazos todo el rato, hasta que tenía siete años todavía me llevaba en brazos. Así que yo creo que más que nada eso, esa cosa cálida. Con él era todo siempre entretenido, muy entretenido y de risa, playa, canción y todo entremedio. Con él no se pasa nunca mal.

–Además del festival, ¿qué actividades hace la Fundación? –Es bien diverso. Tratamos de hacer cosas con otras organizaciones sociales, no quedarnos en Santiago porque aquí hay un centralismo feroz. Intentamos salir a otros lugares, pero el archivo Víctor Jara es nuestro corazoncito. Un archivo suena a algo caído en un estante oscuro, pero curiosamente es todo lo contrario. Es algo que se revitaliza todo el tiempo y llegan cosas nuevas y eso hace que se vean otras partes. Está en constante movimiento, siempre hay mucho trabajo. Hay investigadores, escritores, artistas que quieren revisar. Hay donaciones que llegan de distintas partes del mundo. Donde más nos estamos enfocando es en las escuelas. Queremos hacer cápsulas pedagógicas para llevar a distintas partes, porque nos hemos dado cuenta de que en otras partes del mundo también existe esta inquietud, esas ganas de usar la obra de mi padre en cosas escolares, pedagógicas, con niños. Recibimos un proyecto de fondos estatales concursables, que nos ha permi-

–¿Está presente él en el sentido de esta calidez, de esta entretención que mencionas? –Mi apá está presente todo el rato. Yo cuando más joven siempre sentía que él era alguna especie de ángel de la guarda que me cuidaba. Yo fui un poquito kamikaze en mi juventud y sobreviví a cosas, digamos. Y siempre sentía que mi papá estaba cerca, siempre. Y la gente te lo devuelve también, por eso está tan presente. Gente joven

–¿Cuál es tu arte además de militar por los derechos humanos? –Yo pinto. Es lo que estudié, lo que he hecho durante muchos años, pero ahora estoy en una pausa un poquito prolongada, por el trabajo de la Fundación y los cuidados de mi mamá que ya tiene noventa y cinco años. Es mucho cuidado, me quita harto. Pero no importa, ya vendrán otras primaveras. Me gusta mucho pintar y algún día podré volver a hacer eso.

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condenados a cumplir una larga condena lejos de la patria. Dos frentes se abrían para tratar de tornar las aguas a su cauce. El tiempo de resistencia se prolongó demasiado, pero no quedaba más remedio que mantener una lucha a la que se fueron incorporando las nuevas generaciones. Desde los dos frentes se retomó la música popularizada por el movimiento de la Nueva Canción Chilena, que había madurado en épocas de libertad y esperanza. En el interior surgía el llamado Canto Nuevo, que se convirtió en baluarte contra el aparato represor del totalitarismo.

Antecedentes: la Nueva Canción chilena Cuando vi de los mineros dentro de su habitación me dije, mejor habita en su concha el caracol. Violeta Parra

▲ Ilustración de Brenda Moncada

Durante el final de la década de los sesenta se desarrolló en Chile un movimiento musical que creció hasta lograr personalidad propia. Todos coinciden en atribuir su origen al legado de la compositora y cantante Violeta Parra (19171967), cuyo trabajo musical fue el antecedente que dio fuerza e identidad al movimiento. Cabe señalar también a la folclorista Margot Loyola (1918-2015), que apoyó a Violeta Parra y formó nuevas generaciones de músicos en las escuelas de verano que impartía en la Universidad de Chile; en ellas se creó el grupo Cuncumén donde se integraron, entre otros, Víctor Jara y Rolando Alarcón.

En 1965, al regresar de su estancia en Europa, Violeta Parra fundó en Santiago, en la Cañada de la comuna de La Reina, un espacio cultural con el apoyo de sus hijos Isabel y Ángel. La carpa de La Reina fue una peña musical que albergaba un ambicioso proyecto, la cantante pretendía fundar en ella la universidad del folclore. Apenas dos años después, el 5 de febrero del ’67, Violeta Parra se quitó la vida: “No tuve nada. Lo di todo. Quise dar, no encontré quien recibiera…”, dejó escrito en una carta dirigida a su hermano, el poeta Nicanor Parra. A pesar de su temprana muerte y el aparente fracaso del proyecto, a la peña de los Parra comenzaron a acudir los músicos que formaron el núcleo

del movimiento que sería conocido como Nueva Canción Chilena. La labor de este singular grupo se concentró en la recuperación, desarrollo y fusión del folclor tradicional americano. Además, la música se acompañaba de letras de contenido social y reivindicativo. Este movimiento tuvo su etapa de mayor esplendor durante el gobierno de Salvador Allende; los artistas realizaban un trabajo creativo en libertad y existían foros donde dar a conocer sus composiciones. Los medios de comunicación difundían la música producida por grupos y cantantes, los sellos discográficos grababan y distribuían sus canciones que llegaron a hacerse muy populares.


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tido llevar el archivo a escuelas y hacer trabajos en relación con una obra musical específica o a la historia, en relación a Víctor y su época, tanto musical, como política. Claro, el Festival Arte y Memoria es la concentración de un montón de trabajo en el año, es el hito grande. Pero para construir eso ha habido harto trabajo, harto tejido, más chiquitito en todos estos meses, previo. Mucho, mucho trabajo. –¿El trabajo que hacen en escuelas alcanza toda la República de Chile? ¿cómo está dividido ese esfuerzo? –Buscamos escuelas a las que les pueda interesar este trabajo y hemos recibido mucho interés, de chiquititos hasta jóvenes de dieciséis, dieciocho años. No es un trabajo que vaya con el Ministerio de Educación, sino más bien con el de Cultura. Nosotros buscamos las escuela, dejamos libros y música en la biblioteca de la escuela, y luego ellos vuelven y dicen: tenemos otro grupo y así nos vamos. Es un trabajo de hormiga. Qué bueno sería que hubiera grandes políticas públicas educacionales, donde la figura de Violeta Parra y la figura de Víctor Jara fueran parte. ¡Qué lindo sería! Esperemos que en algún momento el Estado chileno se de cuenta del peso que hay ahí. ▲ Un manifestante ondea una bandera nacional chilena junto a otra bandera que representa al fallecido músico chileno Víctor Jara durante una protesta. Foto:Afp.

Me resulta muy impactante el sentimiento negacionista: decir eso ya pasó, miremos hacia el futuro, hacia adelante. La vida no es así, se necesita abrazar la historia.

Represión y resistencia El canto tiene sentido cuando palpita en las venas del que morirá cantando las verdades verdaderas. Víctor Jara El golpe de Estado contra el gobierno de Unidad Popular supuso también un golpe para el movimiento artístico y cultural que se desarrollaba en Chile. En pocas semanas la persecución y la violencia desatadas terminaron con la vida de muchos, entre ellos Víctor Jara, uno de los músicos más populares y reconocidos del momento. Su cuerpo, salvajemente torturado, apareció sin vida entre los montones de cadáveres que se acumulaban en el Estadio Nacional, lugar que los militares habían convertido en campo de exterminio. El asesinato de Víctor Jara fue la prueba irrefutable de la represión violenta a la que era sometido el pueblo chileno, se convirtió en el exponente de los asesinados y en el ejemplo para la resistencia y la lucha. Su voz fue el grito que vibraba en el viento de solidaridad que recorrió Europa y América; sus canciones, consignas que resonaban contra las dictaduras que proliferaron en el continente: “Mi canto es una cadena sin comienzo ni final y en cada eslabón se encuentra el canto de los demás. Sigamos cantando juntos a toda la humanidad.” Durante la semana que estuvo encerrado, Víctor Jara compuso su último poema, “Somos cinco mil”, donde alude a la situación que se había impuesto en Chile a sangre y fuego: “Somos cinco mil aquí, ¿cuántos somos en total en las ciudades y en el país?[...] ¡Qué espanto causa el rostro del fascismo! Llevan a cabo sus planes con precisión artera sin importarles nada. La sangre para ellos son medallas. La matanza es acto de heroísmo.”

Los sobrevivientes tuvieron que amoldarse a circunstancias adversas, al apagón cultural que trajo las sombras que ampararon la violencia. El régimen militar estableció por la fuerza un período de silencio que frustró la historia de la Nueva Canción Chilena: la música de los instrumentos que antes sonaban en libertad, las voces que cantaban con alegría, tuvieron que refugiarse, buscar espacios donde el brazo de la represión no pudiera callarlas. La clandestinidad se hizo necesaria y se fue forjando un movimiento musical de resistencia y lucha que llegaría a ser conocido como el Canto Nuevo. El caso de los que permanecieron en el exilio lo representan los dos grupos musicales más conocidos: Inti-Illimani y Quilapayún. En el momento del golpe se encontraban de gira por Europa y se refugiaron en Italia y Francia, donde denunciaron con su música la situación que se vivía en Chile. Sus canciones, de protesta y esperanza, se escuchaban en muchos países y era reproducida clandestinamente en su tierra natal. Cabe citar entre ellas, “Hacia la libertad” y “Canción para matar una culebra”, de Inti-Illimani; o “El pueblo unido jamás será vencido” y “Venceremos”, de Quilapayún. Otros músicos de la Nueva Canción Chilena, como Patricio Manns, Isabel y Ángel Parra, Charo Cofré, Payo Grondona y Osvaldo Gitano Rodríguez, también tuvieron que vivir fuera de su país durante la dictadura. En 1975, los responsables del gobierno militar publicaron Política Cultural del Gobierno de Chile, que dictaba las pautas impuestas a la población en materia cultural. Señalaban que “el arte no podrá estar comprometido con ideologías políticas” y determinaron que la cultura debía ser una actividad nacional de generación de “anticuerpos contra el marxismo para extirpar de raíz y para

–Y de la posibilidad también. –Exacto, del peso y de las puertas que eso abre. Cómo se airea el pasado también, que nos hace tanta falta. Hay que seguir barriendo bajo la alfombra, porque hay una amnesia. Yo no sé cómo es México, pero aquí sufrimos de amnesia crónica. La amnesia es terrible, nos olvidamos de lo que pasó el año pasado. Nos olvidamos. Entonces, por eso aquí seguimos ●

siempre los focos de infección que se desarrollaron y puedan desarrollarse sobre el cuerpo moral de nuestra patria”. Se prohibían las manifestaciones culturales que debilitasen la identidad nacional y rechazaban la cultura militante al considerarla “el enemigo interno que había que combatir”. En consecuencia, el gobierno militar implementó acciones para reprimir la realización, difusión y distribución de música considerada contestataria. El folclor andino fue tachado de subversivo y los sonidos de zampoñas, quenas y charangos, instrumentos que se usaban en la canción popular, fueron identificados por los militares como una expresión de rebeldía revolucionaria. Igual que los músicos, las casas discográficas que habían grabado y distribuido las composiciones de la Nueva Canción Chilena sufrieron la represión del régimen, sus estudios fueron allanados y cerrados. A los principales sellos se les ordenó que dejaran de producir música que “atenta contra la nueva institucionalidad.” Un oscuro panorama artístico y laboral se tendía sobre músicos, compositores y profesionales de la industria discográfica. La represión se efectuó bajo amenazas, abusos y limitaciones que se escudaban en la “Doctrina de Seguridad Nacional”. La censura oficial y la autocensura se convirtieron en una losa para músicos y distribuidores. Por la acción de interventores nombrados por los militares fueron destruidos centenares de discos, casetes y otras grabaciones sonoras producidas por sellos como Alerce, IRT, DICAP, etcétera. Una manera de discriminar la creación musical fue la derogación de leyes que eximían a los artistas del pago de impuestos. A través de un decreto, publicado en 1974, se estableció una tasa arance/ PASA A LA PÁGINA 12


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laria de veintidós por ciento a los espectáculos, que resultó ser una traba para la organización de festivales de música. Como consecuencia, muchos artistas y profesionales buscaron el camino del exilio o desaparecieran de los círculos musicales. Otra forma de ejercer represión sobre los músicos fue la elaboración de “listas negras” que operaron en los medios de comunicación. Los nombres que aparecían en ellas eran sometidos a censura, la reproducción de sus canciones estaba prohibida y se impedía su distribución. Además, la autocensura volvía a jugar un importante papel: los responsables de la programación musical eran conscientes de los riesgos que entrañaba reproducir al aire a músicos vetados por el régimen. En las empresas fonográficas también proliferaron las listas negras, las compañías hicieron llegar a los distribuidores la relación de los discos que habían tenido que retirar de sus catálogos.

Canto Nuevo: peñas, actos solidarios y casetes Tengo un arma poderosa/ Mi guitarra y mi canción La metralla es mi garganta/ Que reclama la razón. “El allanamiento”, Vamos Chile (1986) Las variadas formas de represión articuladas por la dictadura en contra de la música popular llevaron a compositores, cantantes y distribuidoras a sobrevivir en la clandestinidad. Se establecieron lugares alternativos para producir y difundir la música prohibida por el régimen. De este modo, se realizó la adaptación de carpas y peñas, se recurrió al acto solidario y a la distribución de materiales en casetes. En el marco de estos renovados canales de gestación y presentación surgieron los músicos del llamado Canto Nuevo, el movimiento musical de la resistencia. Entre ellos podemos citar a solistas como Isabel Aldunate y Eduardo Peralta, al dúo Schwenke & Nilo, y a conjuntos como Ortiga y Santiago del Nuevo Extremo. Diversas organizaciones sociales y culturales, con el apoyo de la Vicaría de la Solidaridad (19761992), amalgamaron a los grupos musicales en resistencia y se fue creando una red de espacios que sirvieron para abandonar poco a poco la clandestinidad. Se habilitaron enclaves que sustituyeron a los foros sociales que habían sido destruidos por la dictadura, se formaron centros de resistencia creativa y laboral para los músicos, sitios donde participar y organizarse políticamente contra el régimen. Los integrantes del Canto Nuevo se podían escu-

▲ La presencia de Víctor Jara acaparó la portada de Semanario Universidad, 22 de noviembre de 1971.

char, entre otros lugares, en el Rincón de Azocar, el Café del Cerro, el Café Ulm, en la peña Kamarundi, en recintos universitarios y en sedes de organizaciones religiosas y poblacionales. Los festivales solidarios proliferaron en diferentes escenarios donde se congregaban los músicos para dar a conocer sus composiciones. En dichos encuentros había también actividades culturales de carácter social y político que mantenían viva la resistencia y encendían la llama de la lucha en diversos sectores de la población. Para la producción, distribución y difusión de materiales musicales, el casete fue el soporte ideal. Por su fácil manipulación, su bajo coste y su facilidad de transporte, se convirtió en herramienta fundamental de la lucha clandestina. Con un mínimo conocimiento cualquier grupo podía convertirse en productor y distribuidor de la música de resistencia. El casete fue utilizado también para hacer grabaciones de contenido diverso, desde programas de radio clandestinos hasta todo tipo de propaganda política en contra del régimen. Emisoras de oposición, como Radio Chilena y Radio Liberación, contribuyeron a la producción de centenares de copias con las canciones de la resistencia para ser distribuidas entre la sociedad, que comenzaba a luchar para conseguir la caída de los militares. Callejeando de manera fluida y soterrada, reproduciéndose en casas, peñas y cafés, el casete producido y distribuido por la sociedad emitió canciones de esperanza que sobrevivieron al margen de la censura y la oficialidad musical del régimen. Temas de la Nueva Canción Chilena, del Canto Nuevo, de los músicos en el exilio y de la Nueva Trova cubana, se grabaron en miles de cintas que fluían por una red clandestina que se tejió al margen de las listas negras impuestas a compañías discográficas y distribuidores. Violeta Parra, Quelentaro, Illapu y Víctor Jara; Aquelarre y Abril; Inti-Illimani y Quilapayún; Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, entre otros muchos artistas, estaban

presentes en la sociedad chilena gracias al pirateo de casetes que propiciaron la circulación y el intercambio de materiales musicales que catapultaron sus canciones como arma de lucha y herramienta para el cambio. El casete musical de resistencia también tuvo un componente económico, pues no sólo ayudaba a la difusión de composiciones y a la supervivencia profesional de los artistas del Canto Nuevo: en muchas ocasiones se convirtió en contribución solidaria para el apoyo de causas sociales, laborales y políticas de organizaciones civiles y sindicales. En los años de lucha, varias de estas cintas se convirtieron en material mítico por el gran eco que alcanzaron entre la sociedad civil. Destacan entre ellas: MDP Movimiento Democrático Popular (1985), Vamos Chile (1986), FPMR canto popular (1987, Miranda al frente (1987), El Camotazo nº 1 (1988), la mayoría producidas y distribuidas por cédulas clandestinas de partidos políticos, llenas de canciones, discursos y consignas, himnos y proclamas de lucha contra la dictadura. Hasta la llegada de la democracia se desarrollaron en resistencia músicos y grupos nacidos bajo el totalitarismo. Tanto la música como las letras de sus composiciones recogían el sentimiento de la juventud chilena que había crecido bajo el régimen militar, en un sistema económico neoliberal y colonialista que rompió la identidad cultural del país previa al golpe de Estado del ’73. Es el caso de bandas de rock que incorporaron otros ritmos a la nueva realidad que se fraguó en el medio urbano de los años de dictadura. Para constatar el profundo cambio de bagaje que traían las nuevas generaciones, sirve de ejemplo uno de los conjuntos de rock más representativos y acreditados del período de resistencia y lucha: Los Prisioneros. El grupo, formado en 1979, estaba integrado por tres jóvenes de Santiago: Jorge González, Miguel Tapia y Claudio Narea. A través de sus composiciones, apoyadas en letras contestatarias contra la frustrante realidad social generada durante el militarismo, se hicieron eco de las preocupaciones y dificultades en las que sobrevivía la juventud chilena. Su música se convirtió en un actualizado canto de protesta: “A otros enseñaron secretos que a ti no, a otros dieron de verdad esa cosa llamada educación. Ellos pedían esfuerzo, ellos pedían dedicación. Y, ¿para qué? Para terminar bailando y pateando piedras.” (“El baile de los que sobran”.) La música chilena de resistencia constituye un referente solidario de unión, organización y lucha clandestina, un frente de creatividad social contra del totalitarismo y la represión generalizada sufrida por el pueblo chileno durante los años que duró la dictadura ●

En nuestro próximo número

SEMANAL EL GOLPE Y SUS SECUELAS: SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA

EL CINE DE PATRICIO GUZMÁN Y PABLO LARRAÍN


Arte y pensamiento

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La flor de la palabra/ Irma Pineda Santiago

Viejos sueños EN ESTOS DÍAS en que resurge el espíritu patriótico en los mexicanos, recordé un texto leído en alguna revista acerca del amor que don Miguel Hidalgo y Costilla le tuvo a los indígenas, por lo que les enseñó a desarrollar diversas actividades económicas que les permitiesen mejorar sus condiciones, como los cultivos de granos, la cría de abejas o la fabricación de ladrillos y lozas, es decir, no se conformó con convencerlos de la existencia del paraíso después de la muerte, sino que mostró que vivir bien en la tierra también es importante, y que no se puede hablar del reino de los cielos mientras sigan existiendo diversas formas de esclavitud. Su pensamiento y los motivos que le hacen encabezar la lucha por la independencia, podemos conocerlos gracias a algunos documentos como el Plan del Gobierno Americano para instrucción de los comandantes de las divisiones, que Miguel Hidalgo dirigió a los tenientes en 1810, donde pone de manifiesto que busca la liberación de los oprimidos, los esclavos, los presos y la igualdad, como lo especifica en el punto cinco de dicho plan: “Ninguno se distinguirá en calidad, sino que todos se nombrarán americanos.” Este sueño no fue posible para Hidalgo y tampoco ha sido posible para quienes pertenecemos a pueblos y comunidades indígenas, porque si bien ahora gozamos de algunas libertades, cuando observamos con mayor detenimiento nuestro entorno nos damos cuenta de que las desigualdades continúan, puesto que hoy en día existen cientos de comunidades que carecen de los servicios más elementales, como agua, luz, caminos dignos, sistemas de salud, y si se logra acceder a ellos, no cuentan con personal que atienda en las lenguas originarias. A esto hay que sumar que las prácticas tradicionales de sanación son descalificadas, acentuando los procesos de discriminación de los saberes. No olvidemos que la multitud que siguió a Hidalgo en la lucha por la independencia estaba conformada principalmente por pobladores indígenas y campesinos, a cuyos oídos y corazones llegaba gracias al púlpito, desde donde sus discursos sobre la necesidad de reconocer las opresiones y luchar para combatirlas eran frecuentes. Si bien no hay registro de estos discursos, suponemos que así como una pequeña gota de agua al caer de manera constante logra hacer mella en la roca, la palabra del cura logró mover algo en la población campesina, indígena, afrodescendiente, es decir, los más oprimidos, de tal forma que al llegar el momento del levantamiento marcharon junto con Hidalgo en la búsqueda de la libertad. Más de doscientos años después prevalecen diversas desigualdades que hay que insistir en borrar. Por ejemplo, tenemos el caso de las lenguas indígenas que en México, de las sesenta y ocho que se hablan, el sesenta por ciento está en peligro de desaparecer, dando por hecho que es responsabilidad de los hablantes su permanencia y reproducción. Se olvida la enorme responsabilidad que tiene el Estado pues en sus programas educativos no contempla la enseñanza de estas lenguas, o cuando cierra los ojos frente a los despojos que sufren los pueblos y sus culturas, generando su desplazamiento físico y cultural. Los indígenas deben estar presentes en las políticas públicas, ser escuchados en sus propuestas y necesidades, ser destinatarios de presupuestos que hagan posible su desarrollo y fortalecimiento, así como visibilizar y destacar la relevante labor de las mujeres en los pueblos, comunidades y espacios de migración, pues son ellas quienes recrean y comparten los conocimientos ancestrales que son fundamentales para el tejido de las redes comunitarias. Del mismo modo, las juventudes indígenas contribuyen con la continuidad y difusión de la diversidad cultural mediante actividades y proyectos financiados con sus propios recursos o con el apoyo de las comunidades, y siguen caminando para alcanzar ese anhelado sueño de libertad. ●

La otra escena/ Miguel Ángel Quemain

Ireri Romero y Jessica Cato: en flotación y a la deriva MAREA ALTA ES una propuesta escénica, el montaje de un monólogo que, por su fuerza y actualidad, por su vocación política, su compromiso feminista y su declarada herida por la pérdida de un ser amado, podría estar emparentada con el performance y el happening. Sin embargo, pienso que es más cercano a una estética que acepta la complejidad de vivir, un proceso de gran complejidad artística por su capacidad de transformarse a través de distintos escenarios y “reestrenos” o temporadas, que van del trapecio al piso raso. Jazmín Cato está en la dirección e Ireri Romero Leñero en la dramaturgia y la actuación. Cato se ha desarrollado como investigadora, guionista, performancera, y ha puesto el acento de su creatividad en la problematización del género y los derechos humanos. Egresó del Colegio de Teatro de la UNAM. Romero Leñero es una experta en trapecio, cofundadora de la Colectiva Corpórea y Mareas Teatro, participa en Fortuna, Colectivo de Creación. Ganó el premio Brujas, Nuevas Dramaturgias para una Producción Escénica Feminista con su monólogo Marea alta, en 2022. En esta “ultimísima” temporada Ireri se pregunta: “¿Qué sentiste cuando viste el mar por primera vez?”, en una propuesta que consiste en explorar una clase de suspensión distinta a la aérea, unos brincos, unos juegos y devaneos en la arena de la playa, bordeando la mordida de la ola o explorando su llegada o el cosquilleo de los peces devorando los dedos de sus pies, con el susto que le provoca un posible tiburón amenazante que se la puede comer toda, en una fantasía de devoración masculina. Juega a solas pero sumamente acompañada por el trazo de Cato y el seguimiento preciso y creativo, orquestal de Jazmìn Salgado, quien no deja de triplicarse en el stage manager, en la asistencia de dirección y manipulando la consola de audio, lo cual hace posible que la luz diseñada por Vania Muñoz la bañe, recorte, deforme y desaparezca. Milah Bernal ha realizado la escenografía, mínima pero significativa y verosímil para ese cuerpo que no deja

de pronunciar el espacio cada vez que lo reinventa con su palabra que hace la crónica del trance de su cuerpo. ¿El cuerpo?, parece que Ireri Romero Leñero tiene cuerpa desde hace mucho tiempo, y es un cuerpo marino que extiende al horizonte todas las nociones posibles, con sus matices, claroscuros, la idea misma de amistad entre mujeres que se adivinan, se dicen todo, o eso quieren y se presume que “el cielo nos cuenta lo que va a pasar, al oído”... Aunque hay un día: ése, en que “el cielo no nos sopló nada al oído”. Esa noche “cayó la tormenta que nadie esperaba”, construcciones fragmentarias sobre el duelo que sólo se nos aparece a pedazos aunque sobreviva entera la figura del(a) ausente. Hay una constelación de recuerdos y sensaciones alimentando el monólogo que impresiona en el trapecio, porque ese cuerpo de niña, de hada, de gimnasta, del circo, esa atleta de la emoción, como el artista del trapecio kafkiano, es una cuerpa totalmente teatral. Aunque hay una postura que compromete su lenguaje y sus modos, no hay una impostura ni un guiño forzado hacia lo políticamente correcto. Hay una sinceridad construida a base de repeticiones, de insistencias, de oposiciones que están en el trazo mismo de su corporalidad, que hace apenas un tris abandonó la adolescencia. Ireri ha construido una fábula con su voz, con su cuerpa y con ese tejido fino que es su “juego” sobre la escena. Es actriz, es dramaturga, y se observa a sí misma con la intención de quien dirige y se sabe mirar en los ojos de aquellos que la observan. Al final habla: reconoce a esa pequeña enorme compañía de mujeres y se percibe orgullosa de ese ser ellas. Un amor al teatro multiplicado en quien actúa, escribe, promueve y vende los “souvenires” al final de la función, bellas calcomanías de su diseño, como las camisetas que dicen Marea alta con un rostro bañado con lágrimas de mar, disponibles en el foro alternativo del Teatro Helénico, sábados y domingos a las 20 horas, como parte del Primer Festival de Monólogos ●


LA JORNADA SEMANAL

14 17 de septiembre de 2023 // Número 1489

Arte y pensamiento

Cartas desde Alemania Ricardo Bada

La lámpara encendida

“¿Dónde está la bici de mi abuela?” EN LA JERGA de los periodistas deportivos europeos, el encuentro Alemania vs. Países Bajos se suele mencionar siempre calificándolo como “un clásico”. Un clásico en el sentido que puede tener, por ejemplo, para un español, el clásico de los clásicos, Barça vs. Real Madrid, o para un argentino el cotejo River Plate vs. Boca Juniors, o para un inglés un partido Liverpool vs. Manchester United, y en fin, para el ejemplo mexicano les dejo a ustedes mismos que hagan la opción que mejor les cuadre. Ustedes, por cierto, saben que un clásico, en la terminología de los futboleros, es algo cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, por más que el balompié no cuente todavía con dos siglos de historia, pero recordemos al padrecito Einstein y su axioma de que todo es relativo. Pues bien: yo soy ya tan viejo que, sin haber cumplido los doscientos años, aún recuerdo los tiempos en que un encuentro de futbol Alemania vs. Países Bajos era algo así como si fuese un Brasil vs. Costa Rica. Concretamente he llegado a presenciar en 1966, en el estadio del Feijenoord, en Rotterdam, el partido de preparación de la selección alemana de cara a la fase final del Mundial de Inglaterra, donde los once jugadores capitaneados por Uwe Seeler (entre ellos un jovencísimo y casi debutante Franz Beckenbauer) vapulearon por 4:2 a la selección que ya era naranja pero todavía no mecánica, y los espectadores neerlandeses aplaudieron deportivamente a los jugadores alemanes, cuya superioridad ni siquiera se discutía. Habría de pasar un largo lustro hasta que en el futbol neerlandés hiciera su aparición un genio singular, Johann Cruijff, considerado por sus propios colegas el mejor futbolista europeo de todos los tiempos. Y en torno a Cruijff, y de la mano de un entrenador de a deveras magistral, Rinus Michels, cuajó la naranja mecánica que maravilló a los espectadores del Mundial de Alemania, en 1974, y que sólo sucumbió en la final frente a Alemania, por 2:1, gracias, entre otras cosas, a un penalty injusto cobrado por los germanos, cuando lo que el árbitro tendría que haber hecho es expulsar al teatralero Hölzenbein, que se dejó caer dentro del área neerlandesa en un alarde histriónico digno de Cantinflas. Es recién a partir de esa final de Múnich cuando se puede hablar de que los encuentros de futbol entre Alemania y los Países Bajos tienen un carácter especial, devinieron clásicos, y el desquite neerlandés por el fiasco de Múnich vino luego en Hamburgo, en 1988, cuando los compatriotas de Rembrandt humillaron a los de Durero en la semifinal de la Eurocopa de aquel año: ¿quién que lo haya visto podrá olvidar nunca el gol de Marco van Basten saltando en el aire como un leopardo y voleando el balón al ángulo opuesto desde una distancia donde sólo los genios pueden calcular semejante fulminante trayectoria? En fin, no nos pongamos líricos. Lo que sí quiero dejar claro es que hay un elemento clásico en todos los partidos entre la selección naranja y los once funcionarios de calzón corto de la DFB (Federación Alemana de Futbol). Ese elemento clásico es una pancarta que siempre podrán ver ustedes en los estadios donde se dirimen tales encuentros. Alguien la llevará siempre y en ella, en neerlandés, campea la pregunta: "Waar is de fiets van mijn oma?" Como los alemanes no suelen saber neerlandés no se sienten aludidos, y la verdad es que aquél espectador anónimo los está tachando a todos ellos de ladrones. Pues lo que la pancarta pregunta es: "¿Dónde está la bici de mi abuela?", mientras los fans neerlandeses cantan: "♫Abuela, aquí te vamos / tu bici a devolver...♫" Es decir, sigue estando presente el recuerdo de que en 1940, cuando la Wehrmacht de Hitler invadió los pequeños, pacíficos y neutrales Países Bajos, además del crimen de guerra se produjeron también otras tropelías: una fue que los alemanes les confiscaron sus amadas bicis a los neerlandeses. Y esas bicis se diría que siguen pedaleando, irredentas, en las relaciones entre los dos países ●

Aris Alexandrou

Ustedes que obedecen a los gobiernos y a la DGU* como reclutas en el toque de queda algún día reconocerán cómo la abundante amargura que por años moja los muros de la celda era inevitable que alcanzara su transformación cualitativa y se oyera como un aullido como una detonación. Ustedes que una cosa decían a sus amigos y otra a la dirección reconocerán un día que yo era solamente el destinatario de todo cuanto me enviaban escrito con limón los presos de los dos hemisferios. Si honor me toca es que siempre tuve encendida la lámpara en mi habitación y hacía aparecer sus mensajes secretos manteniendo su censurada escritura sobre la llama.

*Dirección General de Urbanismo.

Aris Alexandrou (París, 1922-París, 1978) es el seudónimo de Aristóteles Vasikiadis Petrograd. Su padre era griego del Ponto y su madre rusa, originaria de Estonia, por lo que no aprendió griego sino hasta que se mudaron a Grecia en 1928. Además de ruso y griego, aprendió inglés, francés, alemán y español, y se hizo traductor profesional de novelas, teatro y poesía (Eugene O’Neill, D.H. Lawrence, Stefan Zweig, Fedor Dostoievski, Oscar Wilde, Louis Aragon, Anna Ajmátova y muchos más). De joven se unió al movimiento estudiantil comunista y fue miembro de la Resistencia durante la ocupación nazi de Grecia hasta 1942. Por razones políticas y por su negativa a participar en el ejército durante la Guerra civil, pasó ocho años y medio en varios campos de detención. Publicó cinco libros de poesía, una novela, El arca, considerada una de las mejores obras de la narrativa de su tiempo, un monólogo teatral y dos guiones cinematográficos. Ha sido traducido al inglés y al italiano. Versión de Francisco Torres Córdova.


Arte y pensamiento

LA JORNADA SEMANAL 17 de septiembre de 2023 // Número 1489

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Bemol sostenido / Alonso Arreola T : @LabAlonso / IG : @AlonsoArreolaEscribajista

Mercury at Sotheby’s LA GENTE APLAUDE, vitorea cada pala que se levanta. Los teléfonos e internet están calientes. El merolico toma agua. Su boca escupe metralla. Repite cifras. Gestiona la hipnótica orgía del deseo. Bromea. Exige, suplica abiertamente: “Deme doscientos treinta mil libras señor… es usted contra la señorita… démelas, por favor.” Y lo consigue de nuevo. La puerta del jardín de Freddie Mercury, firmada, intervenida, grafiteada por miles de peregrinos acongojados tras su muerte, acaba de ser subastada en cinco millones de pesos. Sorprendidos, vemos la primera de las subastas que la casa Sotheby’s ha organizado con la colección del cantante de Queen: A World Of His Own. Así se llama. Sobra decirlo. Tras el éxito de la película biográfica, todo lo vinculado con su persona ha despertado interés, pero también fanatismo y especulación. Además de artículos relacionados con su estar cotidiano y musical, el evento presenta memorabilia variopinta: muebles antiguos, relojería, cerámica, arte en vidrio, pintura, ropa y una nutrida selección japonesa (cajas de laca, kimonos, rollos pintados a mano…). Hay que decirlo: casi todas sus posesiones exhiben refinamiento y sensibilidad. Ambas cualidades preexisten al éxito sonoro. Eso nos interesa. Por supuesto. Obras de Chagall, Picasso, Dalí, Matisse, Miró, Russell Flint, se cuentan entre las piezas que hallaron nuevos hogares para la excitada presunción: “¡Esto perteneció a Freddie Mercury, el de Queen!” Cada ítem ha superado la estimación de salida. Por mucho. Es evidente que los melómanos adinerados inflan y protegen el mercado futuro. “Mire la cara de su esposa, señor, está claro que quiere este regalo; a Freddie le encantaba”, dice el del podio, diabolicínico, señalando una joya de diamantes que Mercury obsequiara a su pareja Mary Austin, única heredera y responsable del circo que se escapa de sus manos (no la juzgamos). El prendedor con forma de pluma termina en ciento treinta y cinco mil libras. Siguen un broche y un anillo de Cartier que sir Elton John regalara al cantante. Este último termina en algo cercano a los tres millones de pesos (donados a la caridad). ¿Por qué hablar de tales asuntos? Amén de criticar la banalidad que una subasta así representa en el mundo de hoy, es probable que el mismo Freddie Mercury sonriera con su despliegue de brillo y superficialidad. Lo haría entonando la letra de “Killer Queen” (que se vende ahora por doscientas veinte mil libras). Además, aceptémoslo con seriedad, conocer los elementos que cobijaron su presencia bajo el escenario brinda una perspectiva distinta. ¿Útil? ¡Momento! Escuche esto: valorada originalmente entre siete y nueve mil libras, la pulsera de plata en forma de culebra que Freddie usara en el videoclip de “Bohemian Rhapsody”, se está vendiendo por… cien mil, ciento veinte, ciento cincuenta, doscientos, doscientos cincuenta, trescientos cincuenta, trescientos ochenta mil libras… no… cuatrocientas, cuatrocientas ochenta, quinientas mil libras… los testigos aplauden como focas… Ahora quinientos cincuenta mil… “¡Vendido, aquí en Sotheby’s!”, grita el subastador, quien parece a punto de desnudarse. ¿Recuerda el famoso arpegio de piano en esa Rapsodia de Queen, lectora, lector? Tán, tatatantan, tatatantan… “Mama, just killed a man.” Pulsera contra Piano. Arpegio contra metal. ¿Qué tintenea más? No lo dudamos: si pudiera, mucha gente compraría los derechos para secuestrar canciones para que sólo fueran reproducidas en su casa, o yate, o limosina. Pero ése no es el espíritu de la música. Inasible. Inefable cinturón de aire. Impresiona ver los dibujos de Mercury, por cierto. Su imaginación a través de la tinta, sueño cumplido del otrora adolescente. Canciones, alas, pelucas, querubines que terminaron en vestuarios, portadas, grabaciones. Sí. Un mundo personal que nos abrió la puerta a su casa abandonada. Triste. Pero gracias Freddie. Gracias. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos ●

Cinexcusas/ Luis Tovar @luistovars

El espanto: 1973 en el Estadio “CANTO, QUÉ MAL me sales/ cuando tengo que cantar espanto,/ espanto como el que vivo,/ espanto como el que muero, espanto”: Víctor Jara escribió estos, los que fueron sus últimos versos, un par de horas antes de que la muerte, vestida con uniforme militar, se lo llevara. Ese mismo día, desde la Universidad donde trabajaba y en medio del caos sangriento en que la ciudad de Santiago ya había sido convertida, Víctor llamó por teléfono a su esposa Joan para decirle que le era imposible desplazarse, que no saliera de casa, que se cuidara, pero sobre todo para decirle cómo y cuánto la amaba. “Esa fue la última vez que oí su voz”, cuenta Joan, mientras su mirada y su memoria van de regreso hasta aquel 11 de septiembre de 1973. Junto con muchos más –profesores de la Universidad, obreros, estudiantes–, Víctor fue llevado al no muy lejano Estadio Chile y formado en una larga fila. Al menos tres testigos cuentan, por separado, que un militar identificó al compositor y cantante, detuvo su paso y gritó algo como “tú eres el hijoeputa comunista Víctor Jara, conchetumadre…”; y uno de esos testigos, el que estaba hombro con hombro con el autor de “El derecho de vivir en paz”, cuenta que instantes antes de que pasara el asesino vestido de verde olivo, Víctor preguntó si alguien tenía papel y lápiz; el testigo los tenía, se los dio a Víctor y éste, apresurado y en medio del ruido, las voces destempladas y el espanto, escribió “Canto, qué mal me sales…” Fue cuando se escuchó “tú eres el hijoeputa…”, el aludido arrojó como pudo lápiz y libreta –que el testigo recogió apresurado– y comenzó a sufrir las vejaciones del matarife oficial, quien lo asió y lo zarandeó mientras le decía “yo te voy a enseñar a tocar canciones, hijoeputa”. El asesino tiró al piso el cigarro encendido que llevaba y le ordenó a Víctor “¡fuma!”; éste respondió que no fumaba; “¡que fumes te digo, conchetumadre!” volvió a rugir el homicida; Víctor extendió las manos temblorosas hacia donde estaba la colilla y entonces el torturador se las machacó bajo su bota de servicio, profiriendo más insultos y diciendo algo acerca de a ver si

así podría seguir cantando sus canciones comunistas…

La necesaria reparación ESTRENADO EN ENERO de 2019, el documental de donde procede lo anterior se titula Masacre en el estadio, forma parte de una serie llamada Remastered, en la plataforma Netflix, y fue dirigido por Bent-Jorgen Perlmutt a partir de un guión de Michael Zimbalist. Estructurado de manera ortodoxa –un montaje de progresión más temática que cronológica; una combinación, yuxtaposición y complementación de diversos testimonios rendidos frente a la cámara y escenas tanto históricas como actuales–, la mayor virtud de Masacre en el estadio no es la calidad de su factura, irreprochable, sino el hecho de cumplir con el doble cometido, por un lado, de contar la historia trágica y terrible del asesinato de Víctor Jara y, a través de ella, la del golpe de Estado contra el gobierno de Salvador Allende en Chile, hace medio siglo, y por otro lado de registrar buena parte del proceso legal que condujo al encarcelamiento, más de cuatro décadas después, de una decena y media de aquellos militares asesinos. Con la propia viuda de Víctor, Joan Jara, como hilo conductor, el documental accede a historiadores, abogados que defendieron la causa iniciada por Joan para el esclarecimiento de los hechos y el castigo a los culpables, colegas músicos y otros personajes, pero también a testigos presenciales de aquellos hechos trágicos y, quizá todavía más impactante, a soldados chilenos que fueron parte activa del atentado masivo a los derechos humanos cometido en Chile hace cincuenta años: la vejación, la tortura, el asesinato a sangre fría, y después la persecución y desaparición de la disidencia contra la dictadura pinochetista. Hoy rebautizado como Estadio Víctor Jara, el entonces Estadio Chile, luego Estadio Nacional, es un recordatorio del espanto pero también de la esperanza; Masacre en el estadio es un buen registro fílmico de aquel horror y su necesaria reparación ●


LA JORNADA SEMANAL

16 17 de septiembre de 2023 // Número 1489

Vilma Fuentes

La eternidad espanta: Borges

▲ Foto: cortesía de Vilma Fuentes.

Crónica de un entrañable encuentro con el gran Jorge Luis Borges (1899-1986) en el Festival de Cine Latinoamericano de Biarritz, al que el poeta fue invitado y seguramente asistió consciente y cómplice del humor que implicaba ser “un escritor ciego en un evento cinematográfico”.

C

on la magnífica ironía de Dios que dio a Borges “a la vez los libros y la noche”, tuve la suerte de conocerlo, mago del pensamiento, durante un festival de cine. No sé si los organizadores del primer Festival de Cine Latinoamericano de Biarritz actuaron con un dejo de humor cuando se les ocurrió invitar a un escritor ciego a un evento cinematográfico. En todo caso, Jorge Luis Borges aceptó y asistió a la mayoría de las películas exhibidas durante la semana de ese evento, en 1977. La buena suerte estuvo de mi lado durante esa semana: un responsable de la Oficina de Turismo me preguntó si aceptaría servir de intérprete a Borges, pues no había quien hablara español entre el personal de la oficina. Acepté de inmediato refrenando mi entusiasmo, absteniéndome astutamente de aclararles que el escritor argentino dominaba a la perfección la lengua francesa como tantas otras.

Cada sesgo de sus frases tenía significado, cada palabra estaba cargada de sentidos, humor, sugerencias de la riqueza de posibilidades ofrecidas por el pensamiento, realidad o sueño. Me hubiese parecido idiota utilizar una grabadora que sólo habría impedido el verdadero diálogo.

Me vi, así, conducida al aeropuerto al día siguiente por la mañana. Un avión de hélices, el viaje ParísBiarritz era demasiado corto para utilizar un jet. Todavía bajo el ronroneo ruidoso de los motores, apenas aterrizado e inmóvil el enorme pajarraco de fierro, vi a Borges bajar la escalinata del avión. De inmediato me acerqué para darle la bienvenida. Cuando respondí a su curiosidad sobre mi origen diciéndole que era mexicana, detuvo sus pasos y comenzó a recitar Suave Patria. Volvimos a caminar hacia el edificio del aeropuerto y se me ocurrió decirle que todo México lo amaba. Puso en mí su mirada ciega y, con ese don de la alquimia que poseía Borges para transformar lo anodino en esencial, dar significado a una frase vacía y elevar la pregunta banal con una respuesta plena de sentido, me dijo sentirse maravillado y se preguntó cómo se puede ser amado por un país entero, mientras seguían girando, poco a poco más lentas,

las hélices del avión. Después, buscando sus pasos, me tocó el hombro para apoyarse en mí al caminar y sintió mi espalda escotada. Volvió a detenerse, ante la impaciencia de su acompañante María Kodama, y me recitó unos versos de Manuel José Othón sobre la espalda desnuda de una mujer: “Aún te columbro, y ya olvidé tu frente;/ sólo, ay, tu espalda miro cual se mira/ lo que huye y se aleja eternamente.” La suerte siguió favoreciéndome pues, unas horas después, durante un cocktail en los subterráneos de las catacumbas de la vecina ciudad de Bayona, María Kodama estaba fastidiada de todas las atenciones requeridas por un ciego que, por no ser de nacimiento, no termina por acostumbrarse a su ceguera ni a efectuar muchos actos sin ayuda. Vi cómo Kodama daba de comer una rebanada de rosbif a Borges, arrojándola entera en su boca abierta, sin contar que María no ocultaba su prisa en terminar con la tarea de alimentarlo: apenas una rebanada caía en su boca cuando Borges debía separar los labios para recibir otro pedazo de rosbif. Propuse mi ayuda y, ¡oh, sorpresa!, fue aceptada. Nuestro ménage à trois satisfizo a cada uno: Kodama podía pasearse por donde se le antojara, libre de la carga de un ciego, Borges podía gozar de su comida salpicándola con la conversación, así como ver cumplidos sus deseos de ir a tal lado y no a otro, y yo levitaba de dicha satisfaciendo mis deseos con los suyos, cumpliendo a la vez sus voluntades y las mías. Un solo deseo no le cumplí: vestirme de amarillo “porque puedo ver el color amarillo y verla a usted”. Sin embargo, tan satisfechos quedamos los tres esa noche que las cosas se repitieron día tras día durante el Festival. Borges parecía dichoso: íbamos a las recepciones y asistíamos a muchas funciones. Tal vez las oscuridad de la sala de cine lo atraía como la luz atrae las mariposas. La excitación que me causaba escuchar a Borges me mantenía despierta de noche. Aproveché para tratar de anotar sus palabras lo más fielmente posible: cada sesgo de sus frases tenía significado, cada palabra estaba cargada de sentidos, humor, sugerencias de la riqueza de posibilidades ofrecidas por el pensamiento, realidad o sueño. Me hubiese parecido idiota utilizar una grabadora que sólo habría impedido el verdadero diálogo, destrozándolo con las previsibles obviedades. Las notas que tomé deben andar por ahí si no es que se extraviaron entre los años pasados y las mudanzas de vida. Pero quedaron grabadas en mi memoria algunas frases de Borges que, desde entonces, no dejan de dar vueltas en mi cabeza, ahondando ideas y abriéndome los ojos para mirar de nuevo por vez primera. Hablábamos de su edad, yo deseándole vivir cien años y él diciéndome que deseaba morir, pero morir verdaderamente: la eternidad me espanta, concluyó mirándome desde su ceguera. Otra noche, interrumpidos por un famoso periodista francés, quien no cesaba de preguntarle qué pensaba de esto o lo otro, cuando al fin se despidió, Borges me dijo: “La gente no piensa, sólo repite. Pensar es pensar por sí mismo y, para pensar, se necesita estar solo.” Fue inútil que me recordara los versos de Lope: “A mis soledades voy,/ de mis soledades vengo,/ porque para andar conmigo/ me bastan mis pensamientos.” ●


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Semanal 17/9/2023 by La Jornada - Issuu