■ Suplemento Cultural de La Jornada ■ Domingo 15 de marzo de 2015 ■ Núm. 1045 ■ Directora General: Carmen Lira Saade ■ Director Fundador: Carlos Payán Velver
CharlieHebdo
la libre expresión y la ética DiDier Fassin Contra la irresponsabilidad, a nnunziata rossi Ritos expiatorios y consenso social en la modernidad, M ichel M aFFesoli
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Blanca Varela y GuillerMo FernánDez
15 de marzo de 2015 • Número 1045 • Jornada Semanal
BAZAR DE ASOMBROS Hugo Gutiérrez Vega PALABRA PRELIMINARES PARA ARCHIPIÉLAGO DE MUJERES El atentado homicida contra la publicación francesa Charlie Hebdo reavivó, a nivel masivo, la eterna polémica en torno a la libre expresión y sus alcances y, al mismo tiempo, ha sido tomado como excusa para el relanzamiento de posturas extremistas, de uno y otro lados, que nada aportan ya no a la solución, sino al menos a la comprensión de un fenómeno complejo como pocos. Para contribuir a que la discusión y el análisis se den fuera del terreno maniqueo de los absolutos, ofrecemos aquí el bien ponderado, cuidadoso e inteligente ensayo que Didier Fassin publicó el 20 de enero en el periódico francés Libération, con nota y traducción de Andrés Ordóñez, así como un breve artículo de Annunziata Rossi sobre el mismo tema. Completan el número un ensayo de Michel Maffesoli sobre el consenso social en la modernidad, una crónica sobre la desaparición de un grupo de trabajadores queretanos, así como un artículo sobre los poetas Blanca Varela y Guillermo Fernández.
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n 1943 la unam publicó Archipiélago de mujeres, de Agustín Yáñez. Este libro contenía siete novelas cortas y un prólogo, en el que el autor describe los rasgos principales de su tiempo his tórico. La edición se enriqueció con los excelentes grabados en madera del escenógrafo y pintor Julio Prieto. Unos años más tarde, la legendaria Colección Austral, de Espasa Calpe, publicó tres de las nove las de Archipiélago con el título de Melibea, Isolda y Alda en tierras cálidas. En el prólogo, Yáñez hace un ingenioso juego pirandelliano en el que la ficción sobre la ficción enfrenta la problemática del autor y sus personajes. Don Agustín nos informa que quien escribió las sie te novelas fue su compañero y ami go Mónico Delgadillo, a quien llama “autor de estos sueños con diferen tes aires de mujer”. Mónico nació en Guadalajara en 1904, y murió en Yahualica en 1935. Lo describe co mo un estudiante tímido y como una persona insignificante, des de el punto de vista literario, se gún lo decretó uno de los pon tífices de la revista Arte y Letras, “su prosa no tiene ni pies ni cabeza”. Yáñez intenta defen derlo, más la granizada de “pe ros” hizo imposible la soli daridad. Estas fabulaciones buscan ubicar las siete novelas en un género nuevo y, al mismo tiempo, describen el tiempo real de la pequeña ciudad en la que nació una de las revistas fundamentales de nuestro país, Bandera de provincias. El personaje de Yáñez recorre las calles de la “clara ciudad” y conversa con sus intelectuales: Cueva, González Luna, Gómez Robledo, Palacios, Cardona y el propio Yáñez; escucha música en las casa de José Arriola Adame y Enrique Díaz de León y, ya estudiante de medicina, se relaciona con los excelentes facultativos tapatíos. En la vida de Mónico aparecen los enigmas de Elea, los castillos de Kant, las voces de Platón y Plo tino, los místicos medievales, Bergson, el “fatigoso
laberinto de los sistemas” y los remansos de Epic teto, Pascal y Nietzsche. Envía a su personaje a No chistlán y, más tarde, a la capital de la República en donde intentó “hacer que la vida rindiera”. Ahí desaparece. En las siete novelas ya se anuncia el esplendor de la prosa de Yáñez, que llegará a su momento cul minante en el acto preparatorio de Al filo del agua. Esa prosa, sin duda una de las más ilustres de nues tro siglo xx , dio sus primeros frutos en Flor de juegos antiguos y Genio y figura de Guadalajara, texto narra tivo que recuerda, en algunos aspectos, a los Dublineses, de Joyce. Las mujeres de estas novelas, que giran en torno al misterio de lo femenino, son arquetipos li terarios y, al mismo tiempo, in venciones que trascienden la realidad cotidiana. Alda, Melibea, doña Endrina, Desdémona, Oria na, Isolda y doña Inés son los per sonajes de un breve ciclo novelís tico que, además de su ingenio, tiene ya las características de una búsqueda de nuevas formas de len guaje y de construcción narrativa. Cuenta don Agustín que, poco después de la muerte de Mónico Del gadillo, se encontraron apuntes en los que analizaba algunos aspectos de la personalidad de Antígona, Cordelia y Helena de Troya. Este hecho indica que el malogrado Mónico pasó sus últimos años pensan do en lo femenino y admirando sin medida a las mu jeres emblemáticas de la historia literaria. Tanto el personaje como su autor nos entregan en estas na rraciones su visión del mundo a través de la sensi bilidad, la intuición, la belleza, y la bondad que for man la esencia de lo femenino. No exagero al decir que con estas novelas se ini ció la literatura mayor de ese genial prosista, de ese ingenioso fabulador que fue Agustín Yáñez
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Portada: Doble filo Ilustración: charliehebdo.fr. Fuente: Flickr Bajo licencia CC BY-NC-ND 2.0
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Los vajilleros desaparecidos Agustín Escobar Ledesma “ENTRAR EN APATZINGAN ES FÁCIL; SALIR NO”: AUTORIDADES DE LA AGENCIA CUARTA DEL M.P.
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espués de marcar insistentemente al celular de su esposo, día tras día, durante un año, sin obtener respuesta, por fin el 11 de abril de 2013 el corazón de María Guadalupe Olvera de León dio un vuelco, cuando una voz femenina, que se identificó como Monse, contestó el teléfono de su marido. Aquel día se dio un breve, muy breve diálogo, entre Monse (m ) y la señora María Guadalupe (mg ). –mg : ¿Con quién hablo? –m : Con Monse. –mg : ¿Me comunicas con Raúl García (Badillo)? –m : ¿De parte de quién? –mg : De María Guadalupe. –m : No se encuentra, (él) está en la casa. ¿Para qué lo quieres? – mg : (mintió): Lo que pasa es que me debe dinero y quiero saber cuándo me va a pagar. –m : Yo estoy en el trabajo, si quieres mándame tú número y al rato que (yo) llegue a la casa se lo doy. –mg : Okey, apunta mi número y mi nombre. –m : Espérame tantito… María Guadalupe se quedó aguardando en la línea telefónica, mientras diversos pensamientos corrían como potros salvajes en su imaginación: “¿Quién será la tal Monse? ¿Acaso mi marido me dejó por esa mujer?” Sin embargo, al percatarse de que un prolongado silencio se había convertido en su interlocutor, dio por finalizada la llamada.
bían hospedado en el Hotel Caribe. En la camioneta llevaban mercancía con un valor de 300 mil pesos, consistente en vajillas y baterías de aluminio, peltre y acero. Dos días después, el viernes 13 de abril de 2012, los vajilleros hablaron con sus familiares a las dos de la tarde, para decir que les iba muy bien con las ventas, que se quedarían en Apatzingán hasta el domingo o el lunes siguiente. Sin embargo, no hubo más contacto entre el grupo de vendedores y sus familiares, porque los celulares de los seis vajilleros fueron apagados.
MINISTERIO PÚBLICO Seis días después de la desaparición de los seis vajilleros, el 19 de abril de 2012, Salomón González García, familiar de las víctimas, acudió a Apatzingán, a la Agencia Cuarta del Ministerio Público Investigador, de la Procuraduría General de Justicia de Michoacán, para denunciar la desaparición. Las autoridades ministeriales le entregaron a Salomón un documento que no cuenta con el número de averiguación previa y en la misma Agencia, veladamente, lo amenazaron: “Para entrar a Apatzingán es fácil, pero para salir no, así que te recomendamos que te regreses a tu pueblo lo más pronto que puedas.” Salomón, quien acudió solo a denunciar la desaparición de sus familiares, subió a su carro para regresar a Los Olvera y, cuando se dio cuenta que un vehículo lo seguía, tuvo que acelerar para huir de aquel lugar.
CAMINOS DE MICHOACÁN EL CRISTO SUFRIENTE En realidad, el drama de la joven señora María Guadalupe Olvera de León había iniciado la mañana del miércoles 11 de abril de 2012, cuando su esposo Raúl García Badillo, que en aquel momento contaba con cuarenta años de edad, se trepó a la camioneta blanca Ford, modelo 1996, placas de circulación 5588238, para encaminarse a vender vajillas a Apatzingán, Michoacán. Raúl salió de su casa situada en Los Olvera, municipio de Corregidora, Querétaro, en compañía de otras cinco personas, vendedores a domicilio como él, que también eran sus parientes y vecinos: Antonio Mendieta Olvera, de cincuenta años; Marcos Mendieta de León, de veintiocho; José Raymundo Ramírez Castañón, de veintitrés; Uriel Rangel Olvera, de veinte años y el menor de edad Francisco Javier Mendieta Olvera, de quince años.
HOTEL CARIBE Ese mismo día los seis vajilleros, al llegar a Apatzingán, se reportaron con sus familiares y señalaron que se ha-
Si alguien conoce, y sufre, el drama de las seis personas desaparecidas de Los Olvera, que los lugareños
identifican como el caso de los vajilleros, es Bertha María de León Vega, esposa, madre, suegra y tía de las víctimas, quien habita en una humilde casa que cuenta con una pequeña puerta roja, una florida buganvilia y la pintura del doliente rostro de un Cristo coronado de espinas, que su hijo Marcos Mendieta de León estampara en la pared algunos meses antes de desaparecer. Menudita de estatura, morena como la Guadalupana y con las canas de su cabeza entintadas, la señora Bertha no sólo perdió a sus familiares, sino que desde hace tres años un médico le amputó parte de los dedos meñique e índice de su mano derecha, a causa de la diabetes que le necrosó ambos dedos, razón por la cual se los cortaron a la altura de la segunda falange. Sentada en la silla infantil de sus nietos, la mujer de cincuenta y nueve años de edad fija su cansada y triste mirada en el manojo de papeles que contienen las denuncias de las desapariciones de sus seres queridos, la primera interpuesta en la Agencia Cuarta del Ministerio Público Investigador, de la Procuraduría General de Justicia de Michoacán y la segunda correspondiente a la Agencia ii del Ministerio Público de Corregidora, de la Procuraduría General de Justicia de Querétaro, averiguación previa ii /390/2012.
LOS CASOS DE LOS CELULARES Desde aquel viernes 13 de abril de 2012, cuando desaparecieron los seis vajilleros, sus familiares no han dejado de marcar a sus celulares día tras día, con la esperanza de que alguno de ellos responda. Y fue justamente el 11 de abril de 2013, cuando, después de no cejar en el intento, que a María Guadalupe Olvera de León le respondió una voz femenina que dijo llamarse Monse, en el celular de su marido. A partir de este suceso, los familiares de las víctimas acudieron nuevamente a Agencia ii del Ministerio Público de Corregidora, para ampliar su declaración sobre este aspecto y solicitar que la autoridad ministerial se dé a la tarea de ubicar e investigar a quienes ahora tienen los celulares de sus familiares. Sin embargo, como ocurrió desde el principio del caso de los vajilleros, ni la Procuraduría de Michoacán, ni la de Querétaro, han reportado avances en las indagatorias, situación que mantiene a los familiares de los desaparecidos con el Jesús en la boca, debido a que ninguno de los seis integrantes del grupo retornó a Los Olvera. Desde entonces nadie sabe nada de ellos. Desde entonces tampoco nadie ha pedido rescate
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La señora Bertha María de León Vega. Foto: Agustín Escobar Ledesma
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Ritos expiatorios y consenso social en la postmodernidad
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través de una expresión un tanto abstrusa, “ritos expiatorios”, Durkheim recordaba la necesidad que experimenta cada sociedad de llorar unida. Se trata de un acto que reconforta al cuerpo social. Las emociones compartidas sirven, regularmente, para cimentar el sentimiento de pertenencia. Los pretextos varían: competiciones deportivas, catástrofes naturales, hechos sangrientos (mundial de futbol, tsunami, muerte accidental de una princesa inglesa…). El resultado, en cambio, es invariable: recordarle al animal político que “estar con” forma parte de su esencia, incluso si la vida social, como veremos, atraviesa una profunda mutación. He ahí lo que debemos retener en el pensamiento para apreciar, con lucidez, las inmensas y espontáneas reacciones populares al delirio asesino que ensangrentó a Francia en los últimos días (masacre contra Charlie Hebdo, asesinato en Montrouge y, en el Hyper Cacher de la Porte de Vincennes, eliminación de los terroristas…). Esta lucidez requiere, por una parte, omitir la ignorante ligereza de la mayoría de los observadores sociales, aquellos que se contentan con decir unas cuantas fórmulas mágicas, palabras pronunciadas en nombre de una verdad abstracta; palabras, al fin y al cabo, completamente separadas de la experiencia vivida. Por otra parte, es preciso reconocer la dificultad de pensar. Es por eso que la mayoría de esos observadores prefiere juzgar. De ahí los discursos moralistas que nos hastían: words, words, words…
LA DECADENCIA DE UNA CIVILIZACIÓN ES SIEMPRE EL SIGNO DE UN RENACIMIENTO
“Ritos expiatorios”: causa y efecto de comuniones fundadoras. Pero también de un trabajo de duelo que recuerda, en estos tiempos de aflicción en que dominan “temor y temblor”, que la decadencia de una civilización es siempre el signo de un Renacimiento. Nada está terminado, todo cambia. Este trabajo de duelo, por supuesto inconsciente, entierra algunas figuras caducas de un mundo obsoleto y señala, como decía con justeza Rousseau, que el “fanatismo ateo y el fanatismo devoto se encuentran en su común intolerancia” (Confessions, Partie ii , livre 11). Habrá lugar para deplorar legítimamente a ciertas figuras de Saint-Germain-des-Près. También podremos asistir al intento de hacer una utilización política de los hechos. Todo lo cual está en el orden de las cosas. Pero lo esencial de las conmociones emocionales es la presencia de una mutación de fondo, de una metamorfosis social que, cada tres o cuatro siglos, remueve profundamente los cimientos del vivir juntos. Lo emocional, nunca se dirá lo suficiente, es mucho más que una característica psicológica: es un ambiente en el cual todos y cada uno estamos inmersos, lo cual contradice a los charlatanes oficiales que se atreven a hablar, todavía, de nuestras supuestas sociedades individualistas. En efecto, sin que esto sea consciente y muchos menos verbalizado, en su espontaneidad, más allá o más acá de las utilizaciones políticas o moralizantes, las efervescencias emocionales traducen el hecho de que el “consenso” social está tomando otra forma. Esto corresponde a su sentido estricto: “con-sensus”, “compartir los senti-
Las principales capitales europeas se sumaron a Francia en un minuto de silencio en memoria de las personas asesinadas en el ataque terrorista a la revista satírica francesa Charlie Hebdo. Foto: Notimex/Especial/Cor/Hum/Francia15
mientos”, regreso de las pasiones comunes y de los fantasmas, fantasías y fantasmagorías colectivas. Es esto lo que deslegitima por igual al fanatismo ateo y al fanatismo religioso.
EL DOGMATISMO LAICISTA ¿Acaso no se dice que la modernidad se inaugura con el fin de los ángeles y de los demonios? Pero helos aquí de nuevo, para lo mejor y para lo peor, en nuestra naciente postmodernidad. Estamos ante el regreso de lo religioso, o mejor, de la religiosidad difusa. Ciertamente, podemos continuar rasgándonos las vestiduras y gritando ¡laicidad, laicidad, laicidad! Pero esta exclamación no es más que la expresión de un simple y
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En el fondo, el instinto emocional enseña que no podemos contentarnos, en la organización de la vida social, con un racionalismo del Siglo de las Luces que fue prospectivo pero se volvió mórbido.
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Michel Maffesoli
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llano “laicismo”, es decir, lo contrario de la laicidad. Es, pues, una especie de anti-frase. Recordemos que en la Edad Media los hermanos “lais” (hermanos conversos en los monasterios) no eran, precisamente, sacerdotes. Es en cambio, el espíritu sacerdotal, el dogmatismo, el que prevalece en la intolerancia “laicista” de los biempensantes. Por lo tanto, en lugar de entonar los fervientes refranes de este laicismo a la vez tonto y resuelto, aplicado a denigrar lo que está ahí, es necesario integrar, ritualizar, “homeopatizar” este nuevo espíritu del tiempo que se fundamenta en lo religioso. Otro ciclo empieza; uno que, más allá del “espíritu sacerdotal” propio de los “fanatismos ateos”, devuelve sus cartas de nobleza a lo cualitativo. Comienza un ciclo atento al precio de las cosas sin precio, al símbolo; en una palabra, a lo que Régis Debray llama lo “sacral”.
ACEPTACIÓN vs. REDUCCIÓN Lo mismo sucede con estos “ritos expiatorios” y con los diversos trabajos de duelo que recuerdan que no podemos seguir hablando eternamente de la República Una e Indivisible, ni sobre sus valores sempiternos. La res publica está tomando una forma nueva: la del mosaico que garantiza la cohesión de comunidades diversas. Ya no la reducción del otro al mismo, sino la aceptación del otro en cuanto tal, como fuente de una innegable riqueza. Por eso las quejas contra el “comunitarismo” y otros lamentos por el estilo lucen inconvenientes ante la emergencia de un ideal comunitario que, de hecho, constituye la vida de las sociedades postmodernas. En el fondo, el instinto emocional enseña que no podemos contentarnos, en la organización de la vida social, con un racionalismo del Siglo de las Luces que fue prospectivo pero se volvió mórbido. La constatación novelesca y matizada de Houellebecq sirve como testimonio de esta situación. Las pasiones y las emociones compartidas vuelven a ser el fundamento del hecho de vivir juntos. Hay que poner en marcha una “razón sensible” que sea capaz, más allá de toda estigmatización, de acompañar ese nuevo vivir juntos, dotado de un evidente vitalismo existencial. En eso consiste el trabajo de duelo que está en curso actualmente. Es esto lo que anima secretamente a las masas reunidas en Francia y en el extranjero. Masas constituidas por mosaicos de tribus, comunidades y otros grupos movidos por el mismo sentimiento de pertenencia. Grupos que muestran tanto la diversidad que habita en las culturas como la posibilidad de su acomodamiento, pues el politeísmo de valores es la marca esencial de la postmodernidad. Sólo constatando y aceptando tal diversidad podremos desarmar los diversos fanatismos y combatir su perversión sanguinaria.
EL RACIONALISMO ESTÉRIL DEL UNO El relativismo sabe por experiencia y desde hace mucho tiempo que, como decía Horacio, multa renascentur quae jam cecidere… (“renacerán palabras que ya decayeron, y decaerán las que ahora se usan”). La sabiduría popular entiende que otra época está naciendo y es eso lo que la incita, espontáneamente, a aclamarla multitudinariamente. Entretanto, obnubiladas por ese totalitarismo difuso que es el fantasma de lo Uno, lo que Auguste Comte llamaba precisamente reductio ad unum, las élites siguen sin comprender gran cosa sobre la veta profunda que anima a nuestras sociedades. En un lamentable combate de retaguardia, los biempensantes tratan incluso de utilizar a las multitudes. Pero nadie se toma en serio esa maniobra. No olvidemos que la verdadera risa es la que se burla de aquellos que deploran los efectos de las causas que defienden. Se trata, en este caso, de la República Una, ésa de la laicidad dogmática y del racionalismo estéril
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Ajedrez en la Plaza de Santo Domingo Christopher García Vega Para esta partida
se han teñido de gris todos los cuadrantes del tablero. De un lado, piezas trajeadas con investiduras frágiles de reyes se agazapan tras torres en barricada;
ostentan peinados y corbatas, esperan, poco se mueven, resguardados,
al borde de la petrificación. Del otro,
sólo peones subversivos,
ofertando falsos títulos y productos decadentes, avanzan altivos más allá del propio territorio; su arrojo evidencia un cierto estado de sitio. La lucha es constante, sutil, perpetua. Chocan tenues, retroceden, dan un rodeo,
se entrampan.
Alguno debe ganar.
No están permitidas las deserciones ni la muerte.
En medio del tablero, la justicia inmutable en su trono
con las reglas del juego en el puño.
A la vanguardia de todos los peones
les ofrece con severidad su espalda de piedra. Pareciera que lucha de su lado.
y Guillermo
Blanca Varela
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Fernández
Marco Antonio Campos
PÓSTUMAS Y ADMIRABLES EDICIONES DE DOS GRANDES POETAS
Foto: heduardo.blogspot
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uerto supe : En Lima, Perú, se publicaron como libro
en 2014, en ediciones Casa de Cuervos, los mecanuscritos de diez poemas del primer libro de Blanca Varela, Puerto Supe, que luego, a sugerencia de Octavio Paz, lo cambió para la edición impresa por Ese puerto existe (1959). El tiraje fue de mil 500 ejemplares. Al preguntarle al hijo, al magnífico hijo de Blanca Varela, Vicente de Szyszlo, el origen de esta publicación, me dio esta respuesta: “Del libro cuento lo que sé: mi madre lo mostraba poco y mencionaba menos. Si bien ella lo escribió y armó en Lima (contribuyendo mi padre –Fernando de Szyszlo– con su manufactura e ilustración de la tapa), era un recuerdo que se vinculaba más a la época de París [de fines de los cuarenta] pero sobre todo a la primera lectura de Octavio Paz, es decir, la de la anécdota del cambio del título. Octavio, siempre generoso, tras la lectura de este ejemplar ‘casero’, le dio un impulso definitivo a su vocación poética. Quizá la reserva de mi madre era porque le evocaba algo tan íntimo como el hallazgo de un sentido para su vida. La verdad es que yo creo que ella no hubiera publicado el libro como se ha hecho. Pero decidí hacerlo, con mi cuñada María del Carmen Ghezzi y César Augusto Lengua, porque hay en él un encuentro preciso de la calidad estética del objeto con el valor histórico. Por otro lado, su poesía más joven está allí tal como ella construyó el poemario con ayuda de Octavio. Creímos que sus heridas (correcciones, páginas recortadas) son parte de su belleza.” La admirable poesía de Blanca Varela, como la de Olga Orozco o Alejandra Pizarnik, es imposible de asir, pero al leerla sentimos comprenderla íntimamente, al grado de irnos desollando el cuerpo trozo a trozo. Imposible tratar de explicarla sin volverla prosa incierta, o peor, de mediocre calidad. Paul Valéry solía decir que le encantaría ver los borradores de una obra maestra, es decir, los medios verbales por los que se llegó a hacer. Aquí, en Puerto Supe o Ese puerto existe, sentimos al ver esas correcciones hechas a mano, como si nos asomáramos a algo sagrado. No sabemos si hubo antes versiones previas a este borrador, pero si las hubo, quizá se perdieron para siempre. Tampoco sabemos si Blanca Varela escribía directamente sus poemas a máquina o con lápiz o pluma (me doy a creer que con esta última), pero las correcciones las hacía con lápiz y pluma. Si se comparan los originales con la versión final, lo primero que resalta desde luego es la modificación del título, luego, que el orden de los poemas varía, y tercera,
que se incluyeron los cinco últimos poemas extensos y, en cambio, hay dos extensos que quedaron fuera. También observamos que los espacios blancos para separar o unir estrofas se multiplicaron, que se quitaron adjetivos, que hubo algún recorte del título de un poema (“Interior con una ventana” se vuelve “Una ventana”), que versos corregidos luego quedaron tal cual como en su primera versión, que puntos se volvieron comas o viceversa, o que algún verso era uno solo y se volvió dos… Pero lo que más me sorprende es ver en el espléndido poema “Las cosas que digo son ciertas”, que se había puesto con lápiz un no , es decir, era un poema desechado, pero luego, por fortuna, Blanca rectificó. Comparar cada verso de los mecanuscritos de Puerto Supe, con la versión final de Ese puerto existe, es una tarea que cualquier admirador de Blanca Varela haría con gusto fervoroso. 2 El vecino sin nombre del mundo: La tarea oceánica de traducción del italiano al español de Guillermo Fernández (1934-2013) ha hecho olvidar en amplia medida el admirable poeta que fue. Por fortuna, un joven y talentoso poeta, devoto de su poesía, Hernán Bravo Varela, logró publicar su poesía reunida en 2011 en el FCe (Arca), cuyo título, en su variedad de significados, incluso el religioso, me parece muy preciso.
Hombre bueno, todos quienes lo conocieron supieron de Fernández su desdén a premios y distinciones, cuando reunía todos los méritos como poeta y traductor para tenerlos, y conociéndoles, creo que en lo íntimo le habrían caído muy bien. En 2014, el mismo Bravo Varela ha publicado en las ediciones de la Secretaría de Cultura de Ciudad de México, una brevísima antología con un título por demás cacofónico (El vecino sin nombre del mundo), donde, salvo uno o dos poemas, que –dice HbV– se trata de un “bestiario de una ferocidad infrecuente en la poesía mexicana moderna”. Próximo a la poesía de Pellicer y Cernuda y a la de los italianos Montale, Saba, Penna y Luzi, tal vez de quien Fernández más aprendió fue de Cernuda, con quien coincide asimismo en las vertientes antedichas. Casi todos los poemas aquí elegidos tienen un tono melancólico que ahonda lenta, irremisiblemente. De un lado, hallamos versos henchidos de ternura a la Señora, a la Virgen de la Soledad, en quien puede reconocer asimismo a su madre y a su propia soledad, y de otro lado, poemas de amor y desamor a la pareja perdida. Su léxico no es abundante, pero Fernández con aliño sabe elegir las palabras debidas. Jamás es artificioso ni se dejó nunca llevar por esa peste de la poesía del lenguaje o de la poesía crítica o por las neovanguardias que nacieron envejecidas. Hay versos suyos que parecen escritos en las hojas verdes del árbol del corazón, como estos, donde habla a la Señora: “La promesa del mar nos resultó amarga./ Viviremos ahora para la nostalgia de todo aquello que no hemos conocido.” O estos, de resonancias clásicas: “que quien vive tan sólo para el sueño/ se convierte en un sueño que camina”. De casualidad Guillermo Fernández nació en Guadalajara; desde que lo conocí, allá por 1977 en la Casa del Lago, me dio siempre la impresión de que pudo haber nacido en cualquier ciudad de Italia. Y sin embargo, en la realidad, sólo pasó una temporada de nueve meses en tierras toscanas al promediar la década de los setenta, gracias a una beca de Difusión Cultural de la unam que le consiguió Hugo Gutiérrez Vega. Nunca regresaría al país que lo hizo crecer y del que inventó un mapa para su mirada. Fernández fue asesinado el 31 de marzo de 2012 en su casa de Toluca. En el epílogo de la antología, indignadamente el poeta Ernesto Lumbreras condena a las autoridades judiciales del Estado de México por no haber aprehendido al homicida, o más bien, por la negligencia calculada de no quererlo aprehender
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ENSAYO
15 de marzo de 2015 • Número 1045 • Jornada Semanal
Olvidarparaaprender EN SU CABEZA NUMEROSOS VERSOS DABAN VUELTAS: VERSOS QUE NO SABÍA DE MEMORIA
Abu Nuwas representado en un dibujo antiguo
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Manuel Martínez Morales
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uy joven, Hassan ib Hani fue presa de pasión por la poesía durante una noche de insomnio “que le pareció eterna como el mar de Basora”. A la mañana siguiente se presentó ante Khalaf alAhmar, poeta y maestro de gran renombre, y le dijo: “Yo quiero convertirme en poeta.” Sonriendo, el maestro le indicó categórico: “Ve y aprende mil versos de memoria y regresa.” Después de un tiempo, Hassan ibn Hani se presentó nuevamente ante el maestro, “el talle ceñido con un cinto sobre el que había escrito mil versos que sabía de memoria”. Esperó el final de la clase y anunció al maestro: “He aprendido mil versos de poetas antiguos y modernos.” El maestro ni siquiera esbozó un gesto y antes de dirigirse a su habitación para hacer la siesta le respondió secamente: “Ve y olvida todo lo que has aprendido.” “Yo soy un otro”, habría de afirmar siglos más tarde Arthur Rimbaud. El hombre es habitado por una muchedumbre de voces, por una población de otros que es uno, lo que equivale a decir que el hombre en su esencia es un ente social. Al nacer, este hombre es arrojado a un mundo que no es un mundo natural, es un mundo humanizado al que sólo se accede por la vida social. Un hombre aislado no es capaz de pronunciar siquiera la palabra más elemental. Esta criatura aprende sus palabras de otros –vivos y muertos–, aprende a ver el mundo a través del prisma cultural y del lenguaje, su yo se construye en relación con otros y a partir de la historia de la sociedad que lo alberga. Para que un hombre sea capaz de proferir su propia palabra, primero es necesario que repita lo que otros han dicho antes que él, necesita alimentarse de la tradición, de la cultura establecida. Más tarde es posible que pueda olvidar todo lo que así aprendió y dar lugar a que se escuche una voz nueva en su interior. La
“Yo soy un otro”, habría de afirmar siglos más tarde Arthur Rimbaud. El hombre es habitado por una muchedumbre de voces, por una población de otros que es uno, lo que equivale a decir que el hombre en su esencia es un ente social.
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historia de la sociedad en la que se nace y la historia evolutiva de la especie resuenan en todo individuo; cuando éste habla no es él quien se expresa, son las voces de muchos otros las que se manifiestan. El olvido o la negación de este hecho tan transparente –que el hombre es esencialmente un ser social– contribuye a fortalecer la ilusión de que cada individuo es un ente autónomo y autosuficiente, un Robinson Crusoe en stand by, a quien la sociedad solamente sirve de medio para la realización de sus fines. De este olvido también se desprende que la organización social es un asunto de voluntad, esto es, que las sociedades realmente existentes han sido moldeadas a voluntad de los agentes sociales, negando entonces que exista una dinámica en los procesos sociales independiente de la voluntad de los individuos que la componen; una dinámica que obedece a las formas objetivas en que una sociedad produce y reproduce las condiciones materiales de su exis-
tencia y la manera en que estas formas de producción condicionan las relaciones sociales (expresadas en formas políticas y jurídicas) y acotan el dominio de la producción cultural (religión, arte, ciencia, etcétera). Para responder al reto de generar y dar forma concreta al conocimiento en un momento histórico particular de una sociedad concreta, debería preguntarse en primer término: ¿Conocimiento para qué? Pregunta que nos conduce a cuestionarnos sobre la sociedad en que vivimos: ¿Qué la caracteriza? ¿Cómo se integra nuestra sociedad en el concierto planetario de naciones? ¿En beneficio de qué clases se orientan la producción, la organización sociopolítica, la educación, la indoctrinación ideológica? ¿Queremos conservar estas formas sociales o juzgamos necesaria su transformación? ¿Desde qué lugar social se formulan estas preguntas? Las formas que puedan adoptar los diversos modos de conocer y de apropiarnos técnicamente de ese conocimiento dependen de las respuestas que se den a preguntas como las anteriores. Por lo tanto, es ilusorio pensar que finalmente el conocimiento tecnocientífico, en la forma que lo hemos heredado de los conquistadores –y esto no hay que olvidarlo–, pueda desarrollarse en beneficio de la sociedad a partir de la pura voluntad de los científicos y de los políticos, al margen de las estructuras y procesos sociales ¡Robinsonsadas, nada más!
C uando eL maeStro indiCó a Hassan olvidar todo lo aprendido, éste vagó desesperado en busca de desprenderse de los mil versos memorizados. Un día Hassan se adormeció a la orilla de un río y de pronto se sorprendió diciendo unas palabras que nunca había escuchado: “Oh hombre, olvida tus hábitos.” Se preguntó si esas palabras provenían del sueño o si las había leído en algún libro en Basora. Trató de recordar uno de los mil versos que había aprendido, pero la memoria lo llevó a otras palabras: “El hombre apasionado está abatido; la emoción más pequeña lo exalta.” Entonces abandonó el río y se internó en la ciudad desierta. En su cabeza numerosos versos daban vueltas. Versos que no sabía de memoria.* El problema de la investigación científica en México, es decir su fortalecimiento, su desarrollo, su traducción tecnológica y su impacto social, no puede resolverse en abstracto, atendiendo generalidades que no corresponden a una sociedad realmente existente, ni mucho menos proponiendo soluciones tomadas mecánicamente de otros contextos. Tenemos que pensar olvidando lo aprendido, saliendo de la jaula virtual del pensamiento único y, sin imaginarios temores, empezar a delinear los trazos de una etnociencia. Otras voces, que no son las de la memoria colonial, olvidando lo aprendido, ya comienzan a escucharse en las orillas de muchos ríos
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*Hassan ib Hani fue conocido después como Abu Nuwas (747-815), destacado poeta lírico iraquí. El relato sobre Hani, El apasionado, se debe a Jabbar Yassin Hussin (Bagdad, 1954).
CharlieHebd la libre expresió Didier Fassin
AFORTUNADAMENTE, ESPÍRITUS SENSATOS HAN SACADO LA DISCUSIÓN Y EL AN DIDIER FASSIN ES MÉDICO DE FORMACIÓN, DIRECTOR DEL INSTITUTO DE INVESTIG DE PARÍS Y PROFESOR DE CIENCIAS SOCIALES EN EL INSTITUTO DE ESTUD
El atentado criminal perpetrado en contra del semanario francés Charlie Hebdo, a mediados de enero del año en curso, desató en el mundo toda clase de reacciones, a cual más intolerantes. De una y otra parte, la descalificación del otro precedió a cualquier intento de comprensión. A partir de una noción vulgar del laicismo, buena parte de los “opinadores” occidentales exigieron la adecuación de “los otros” a los usos de la metrópolis, sin reparar en que las sociedades europeas han devenido multiculturales y que lo que antes era tolerado hoy debe ser respetado. De otra parte, aquellos que en aras de una defensa a ultranza de la dignidad religiosa han optado por la violencia, han sido quienes han propinado el más duro golpe a un universo de extraordinaria nobleza y belleza, como lo atestiguamos cotidianamente quienes vivimos inmersos en la cultura islámica. Afortunadamente, ha habido espíritus sensatos que han sacado la discusión y el análisis del terreno maniqueo de los absolutos. Uno de esos espíritus es Didier Fassin. Médico de formación, Fassin es director del Instituto de Investigaciones Interdisciplinarias de la Universidad de París y profesor de Ciencias Sociales en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton. Asimismo, el doctor Fassin fue miembro fundador de Médicos sin Fronteras, organización de la cual fue vicepresidente de 2001 a 2003. En años recientes, Didier Fassin ha desarrollado el campo de la antropología de lo moral, mirador desde el cual nos ofrece su reflexión en torno al violento incidente ocurrido a principios de este año en la ciudad de París.
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Reunión solidaria Je suis Charlie en Bruselas. Fuente; Flickr (CC BY-NC-SA 2.0)
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l pasado 14 de enero, la entrevista a Caroline Fourest sobre los ataques a Charlie Hebdo fue abruptamente interrumpida en la cadena Skynews cuando la invitada tomó el último ejemplar del semanario e intentó mostrar al público británico la portada. La periodista Dharshini David se excusó ante los telespectadores que pudieran sentirse agraviados y explicó que la política de la cadena era no mostrar las caricaturas del Profeta. Esta censura de inmediato disparó la indignación de los medios franceses y la entrevistada calificó la acción como “violencia inaudita” y como “una absoluta hipocresía”. El episodio se inscribe en el más amplio contexto de dos prácticas editoriales opuestas. Unos, en Francia, consideran que es importante mostrar las caricaturas para defender el derecho de expresión. Otros, particularmente en Gran Bretaña y en Estados Unidos, estiman que es preferible no mostrarlas para no herir a los musulmanes. Muchos comentadores reivindican la primera postura y estigmatizan la segunda, en la cual ven, por lo menos, complacencia cuando no cobardía. Me atrevo a sugerir que más que caricaturizar, podríamos intentar entender, y que más que imaginar la confrontación de una posición moral y otra inmoral, pensar que se trata de dos éticas en juego. De ese modo lo que tendríamos sería no un combate entre el bien y el mal, entre quienes tienen razón y quienes no la tienen, sino una confrontación entre dos aproximaciones distintas a la ética política. El sociólogo alemán Max Weber podría ayudarnos en esta empresa. En una célebre conferencia sobre la política escribe que “toda actividad orientada según la ética puede subordinarse a dos máximas totalmente distintas e irreductiblemente opuestas”. De un lado, “la ética de convicción”, la cual reposa sobre el principio kantiano del deber: hay que actuar en función de los principios superiores en que uno cree. De otro, “la ética de responsabilidad”, misma que surge de la filosofía consecuencialista: hay que actuar en función de los efectos concretos razonablemente previsibles. Claro está –precisa el sociólogo–, “ello no quiere decir que la ética de convicción sea idéntica a la ausencia de responsabili-
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Arriba y derecha: Asociaciones islámicas en España en una concentración en Mad manifestar su rechazo al acto terrorista en la sede de Charlie Hebdo Foto: Notimex/Juan Carlos Rojas/FR
En materia de libertad de expresión, la ética de convicción adquiere un sentido particular e implica una notable valentía en países poco o no democráticos
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dad y que la ética de responsabilidad lo sea idéntica a la ausencia de convicción”. No obstante, frente a una decisión política que implique una elección ética, prevalece una de las dos posiciones: “Cuando las consecuencias de un acto llevado a cabo por pura convicción son negativas, el partidario de esta ética no puede atribuir la responsabilidad la agente, sino al mundo, a la estupidez de los hombres o a la voluntad de Dios que también ha creado a los hombres. Por el contrario, el partidario de la ética de responsabilidad considerará las limitaciones humanas y asumirá que no puede colocar en otros las consecuencias de la propia acción que él mismo habría podido prever.” Hombre de convicciones, Max Weber se inclina, no obstante, por la ética de responsabilidad. En el caso de la publicación de las caricaturas, vemos claramente perfilarse ambas posiciones. La ética de convicción se refiere al principio superior de la libertad de prensa y, más allá de la libertad de expresión, la democracia supone que cada quien puede decir lo que quiera, aun si eso puede ofender a una parte de la ciudadanía. Representar al Profeta desnudo y en una posición grotesca preguntando: “¿Te gustan mis nalgas?”, o haciéndolo decir: “¡Difícil que a uno lo amen los pendejos!”, puede resultar ultrajante para los musulmanes, pero forma parte del derecho a reírse de todo, y especialmente de las religiones, en nombre del laicismo. No entraremos aquí en la discusión de los límites jurídicos de esta libertad de expresión y del derecho de reír tal y como los fija la ley francesa y que implica excepciones a la regla. La ética de responsabilidad invoca, por su parte, las consecuencias previsibles, aún a sabiendas de que no to-
do ón y la ética
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NÁLISIS DEL TERRENO MANIQUEO DE LOS ABSOLUTOS GACIONES INTERDISCIPLINARIAS DE LA UNIVERSIDAD DIOS AVANZADOS DE LA UNIVERSIDAD DE PRINCETON
drid para en París E/WAR/
das ellas pueden preverse. Dichas consecuencias se ubican en diferentes niveles. En primer lugar, muchas personas pueden sentirse heridas por el vilipendio de lo que ellas tienen por más sagrado y porque lo perciben como un insulto dirigido adrede contra ellas. En seguida, las reacciones hostiles pueden cobrar formas violentas, en virtud de la circulación de la información, tanto en los países donde se publican las caricaturas como en el resto del mundo, lo cual puede poner en peligro no sólo a los periodistas sino también a otros. La indignación suscitada puede favorecer la radicalización de ciertos segmentos de la población musulmana o proveer armas ideológicas a los fundamentalistas en su guerra contra el mundo occidental y contribuir así al agravamiento de las tensiones internacionales. Los partidarios de la ética de convicción no se libran de una responsabilidad más difusa, especialmente en lo que toca a consecuencias lejanas (por ejemplo, la construcción de un espacio democrático); del mismo modo, los partidarios de la ética de responsabilidad no carecen de convicción, especialmente en lo que toca a la tolerancia frente a las creencias ajenas (uno puede ser ateo y no atacar la religión) y de respeto a la dignidad (uno puede criticar una religión sin envilecer sus símbolos). No se trata, pues, de simplificar las posiciones, puesto que existen numerosas variantes, sino de darse cuenta del tipo de argumentación que prevalece in fine para quienes deciden publicar y para los que deciden no publicar. Además, también se puede “provincializar Europa”, como lo propone el historiador indio Ditesh Chakrabarty, al recordar que también la acción de las éticas particulares es estimulada por otras éticas. En materia de libertad de expresión, la ética de convicción adquiere un sentido particular e implica una notable valentía en países poco o no democráticos: pensemos en Cheikh Ould Mohamed Ould Mkheitir, condenado a muerte por apostasía en Mauritania por criticar la legitimación del islam del sistema de castas y la aplicación de la severidad del Profeta con mayor rigor sobre los detractores judíos que sobre los detractores árabes; pensemos también en Raif Badawi, condenado en Arabia Saudita a diez años de prisión y 10 mil latigazos por haber defendido en su blog la libertad de expresión, y recordemos a Baher Mohamed, Mohamed Fahmy y Peter Greste, periodistas de Al Jazeera, presos en Egipto por la realización de reportajes sobre la violencia del régimen militar contra los defensores de la democracia. La ética de responsabilidad, en el contexto actual de tensiones, se manifiesta también en el discurso de líderes religiosos y políticos que en países musulmanes postulan la moderación y el diálogo. Es cierto que podría defenderse una ética o la otra, pero no podemos considerar que una posición es ética y la otra no lo es. La paradoja irónica sería, en efecto, que quienes defienden la libertad de expresión radicalicen su posición al punto de no ser capaces de aceptar la expresión de otras opiniones que nos sean las suyas
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* Publicado en el periódico francés Libération el 20 de enero de 2015. Traducción de Andrés Ordóñez.
En contra de la irresponsabilidad Annunziata Rossi
¿AL ANTISEMITISMO SIGUE UN ANTIISLAMISMO?
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eí en el núm. 1995 de Proceso (25/ i /2015) un artículo de adhesión de Roberto Saviano a Charlie Hebdo, cuyo título, “Cita para la próxima matanza”, suena como una apuesta, casi un augurio. Me sorprende que un escritor serio como Saviano, cuyo libro Camorra no es de calumnias, sino de denuncia documentada de la delincuencia criminal napolitana, pueda apoyar, en nombre de la libertad de expresión, al semanario satírico francés que en su cabezal se proclama journal irresponsable, y cuya campaña sistemática y denigrante en contra del islamismo ha provocado (sí, provocado) el asesinato de doce miembros de su equipo editorial, y el revuelo en París. De tres a cinco millones de franceses han salido a la calle proclamando Je suis Charlie. Ahora bien, la libertad de expresión, que todos defendemos, tiene limites reglamentados en el código penal de todos los países, y Charlie Hebdo los ha rebazado sistemáticamente con una campaña virulenta en contra de la esfera sagrada de una religión. Quizás la desacralización de la religión islámica dependa de la creciente secularización, ya insensible al sentimiento religioso, que no puede entender la religiosidad de otros pueblos y, en este caso concreto, caricaturiza y denigra la de los musulmanes que, fanática o no, nos guste o no, debe ser respetada. La crítica sí, pero no el vilipendio. Ejemplo: una vulgar viñeta presenta a un Mahoma desnudo que pregunta: “¿Os gusta mi trasero?” Me pregunto qué pasaría en México si alguien ofendiera de esta manera a la Virgen de Guadalupe. Yo, que soy agnóstica, saldría inmediatamente a la calle a protestar. Hay que añadir las imágenes estereotipadas, triviales y denigrantes que Charlie Hebdo ofrece de los musulmanes (sin considerar que en Francia viven 5 millones de ellos ya nacionalizados, por lo tanto ciudadanos franceses), imágenes que me recuerdan los estereotipos, otro tanto denigrantes que, junto con los pogromos, persiguieron a los judíos hasta el Holocausto. ¿Al antisemitismo sigue ahora un antiislamismo? La reacción sería terrible, porque los musulmanes, como ya sabemos, no son los judíos pacíficos de entonces. Tampoco el semanario francés considera el peligro de que los ataques al islamismo pueden mantener o reavivar en los musulmanes la memoria siempre latente de la dura e inhumana colonización europea en Oriente (aparte de su rechazo a la coalición europea contra países como Afganistán, Irak y Libia). Vamos, no somos tan inocentes. No conozco el mundo islámico, pero en mis lejanos estudios universitarios sobre Dante tuve que leer el Libro de la escala de Mahoma que narra el ascenso, al lado del ángel Gabriel, del fundador del monoteísmo islámico al Paraíso y su descenso al Infierno (en la religión islámica no existe el Purgatorio). Siglos después, ese libro será una fuente de la Divina Comedia dantesca, lo que me hizo respetable la figura del profeta Mahoma. Estoy en contra del terrorismo de derecha y de izquierda, y del asesinato. Del mundo islámico rechazo su feroz discriminación de la mujer pero, al mismo tiempo, rechazo el vilipendio de su religión y de cualquier otra religión
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LEER El corrector de estilo, Roberto Gutiérrez Alcalá, Edición de autor, México, 2014.
LAS FÁBULAS REALES REYES MARTÍNEZ TORRIJOS
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a República de las Letras se halla plena de esperanzas, oscuridades y vicios de los hombres; también es poseedora de una radical gama de personajes cuya sola existencia trastoca lo literario para dislocar aún más el ya movedizo terreno entre lo real y lo fabulado. La ficcionalización de este ámbito hace causa común con los cuentos publicados por Roberto Gutiérrez Alcalá en El corrector de estilo. Escritores, personajes, referencias a la literatura universal, fábulas, ensayos, rehechuras, denuncias, parodias, juegos autorales y exploraciones en algunos de los temas más socorridos en el mundo de la pluma, son los que se consignan en los veintisiete relatos que conforman este volumen. Hay, por ejemplo, una explícita referencia al protagonista de Niebla, de Miguel de Unamuno, que odia a su creador cuando, muchos años después, es revivido y persigue el fin de consumar su venganza no ya en la carne de su autor sino en la de cualquier escritor. El cuento “El último proyecto” es una mirada alternativa a los últimos momentos de Salvador Elizondo, quien por instantes vence a la muerte con su escritura. Otro texto desarrolla la idea de la misteriosa aparición de una línea telefónica directa con Dios, cuyo absurdo se extiende durante la narración. No podía faltar la figura del padre. El protagonista de otro texto pasa unos días con las cenizas de su progenitor, en un mosaico que incluye los rasgos de ese hombre y la emoción por su ausencia y su pérdida. Este tema también se aborda en “El museo del padre ausente”. Los excesos librescos consignados en esta sucesión de viñetas incluyen al burócrata que durante el fin de semana desea el lunes; a los misántropos y benefactores como habitantes del mismo espacio social, que comparten la misma esencia; el infaltable escritor inédito y su peregrinar editorial; la existencia de los jilgueros y gorriones, eternos competidores, en el Mundo de las Letras. También está presente la cruzada de un escritor: “Esa mañana sabatina de
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hace veintitantos años se inició lo que llamo mi lucha a muerte ‒y sin cuartel‒ contra todos y cada uno de los correctores de estilo de la ciudad, del país, del continente, del planeta, del sistema solar, de la galaxia, del universo.” Cúmulo de mezquindades y pugnas contra el tiempo y el vacío, el libro consigna también las diligencias de un autor para que su escrito publicado sea conocido; o la vileza de aquel dictaminador que debe decidir sobre una obra deslumbrante; la última voluntad de un autor sobre sus obras que nunca fueron famosas, las cuitas de una joven Margarita y su odio al goethiano Fausto. En buena parte de los textos, más allá del p e r s onaje se esconde ese autor que, al estilo de un corrector de estilo, revisa los textos de otros para dotarlos de un sentido. Omnipotente y casi impune, se dedica a deshacer y rehacer los escritos de extraños y quizá sus propias palabras se junten en ese vértigo de reescritura y conversión del mundo que aparenta un nuevo nacimiento. Se trata de una construcción literaria construida a partir de referencias ocultas, retazos y guiños a libros que han marcado la cultura general del último siglo •
Croquis y sepias, Ciro b. Ceballos, Summa Mexicana, México, 2013.
DE LOCOS Y MARGINADOS ANDREA TIRADO
H
Albricias Felicitamos a
Fernando del Paso
por haber obtenido el Premio José Emilio Pacheco, Mérida, Yucatán, 2015
jsemanal@jornada.com.mx
ay quienes nacen en épocas equivocadas, quienes no embonan con las tendencias de su tiempo como la mayoría; Ciro b . Ceballos entraría en uno de esos supuestos. Nacido en la segunda mitad del siglo xix , Ceballos no es seducido por las promesas del positivismo; al contrario, advierte la crisis espiritual que generó esta corriente. Frente al progreso y la modernidad que pretende aportar el positivismo, Ceballos, como otros revolucionarios, denuncia y lucha, a su manera, con un arma muy específica: su pluma. Retrata con ella a seres marginados, seres abandonados y olvidados por la sociedad en nombre del progreso y de la modernidad. Este autor revolucionario se presenta como un Théodore Géricault o un Eugène Delacroix mexicano. Así, como Géricault realizaba retratos de locos (monomaníacos), Ceballos retrata a los individuos excluidos de la “normanormal”. Exclusión en el sentido de excepción, como bien ya lo explicaba Michel Foucault, al decir que el
loco es el otro en relación a los otros, dentro de una sociedad que se quiere universal. Otro como excepción dentro la normalidad. Así, los locos, mendigos, prostitutas, enfermos y todos esos otros, declarados locos por los norma(les) son encerrados o dejados de lado para que no inquieten y no estorben. Sin embargo, esos otros no se quedan en el olvido, pues son revividos por Ceballos; son los héroes de su prosa. Los textos que componen esta obra están divididos en dos partes: Claro Obscuro y Croquis y Sepias. Ambas partes están conformadas por pequeños relatos, cuyos personajes son muy particulares; ciertamente no son los típicos héroes, sino una suerte de antihéroes. Claro Obscuro se conforma de seis pequeños textos cuya narración es distinta. En ocasiones los relatos son en primera persona, en otras el narrador describe directamente a los personajes, como un voyeurista que espía el triste destino de los protagonistas. Tal es el caso de Margarita, quien por desdeñar a los hombres que la cortejaban siendo joven, termina su vida terriblemente abandonada, sin nadie que la acompañe en su lecho final, salvo el gélido abrazo de la muerte. O el caso de otra mujer, esta vez de origen humilde, a quien la vida no quiso dejarla ser feliz. El destino le dio un hijo nacido de un amor no correspondido. Sin embargo, insatisfecha con esta desgracia, la muerte decidió arrebatarle aquel hijo, lo único que aquella mujer había amado en su vida. En Croquis y sepias, los protagonistas siguen siendo víctimas de una modernidad excluyente; sin embargo, hay algo distinto en ellos: su naturaleza ha desarrollado cierta maldad, perversidad y/o neuropatía innata. Ya no solamente se encuentran aislados de la sociedad, sino que tienden por sí solos hacia acciones perversas. Historias de asesinatos fríamente calculados, historias en las cuales se discierne una influencia de Edgar Allan Poe. En algunas se vislumbran unos cuantos pecados originales, o simplemente pecados que resaltan lo m á s obscuro de la naturaleza del hombre. Tal sería el tema de “El caso de Pedro”, la repetida historia de Caín y Abel, es decir, el fratricidio. O bien, el caso de otro Pedro, quien por su ambición de casarse con una joven guapa y adinerada, terminó (sin saberlo) cambiando su libertad por el matrimonio, todo para llegar al divorcio y posteriormente al suicidio. Otro ejemplo es la macabra historia de un joven necrófilo, quien sin haber descubierto el amor se enamora perdidamente de La muerta. Todos los relatos en esta obra tienen algo en común; los personajes son consecuencia del mal del fin de siglo ( xix ), tienen su origen en la exclusión que conllevan la modernidad y el progreso. Ellos no han podido progresar, no han podido seguir el ritmo de los demás. Se vuelven, entonces, extranjeros, quedan marginados, parias en su propia sociedad. Así, Ciro b . Ceballos, un tanto Edgar Allan Poe, otro tanto Géricault, retrata y saca del olvido a todos estos otros que la sociedad intenta esconder, encerrar o simplemente ignorar. Los catorce textos aquí reunidos recuerdan hasta cierto punto el aislamiento al cual pueden llevar la modernidad y el progreso. Revelan una cara del positivismo que en aquella época se trataba de ocultar: la oprobiosa realidad de los locos y de los marginados. Aquellos otros ignorados durante el pasado, son revividos en el presente •
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LEER
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La identidad morelense en miradas forasteras. 240 textos de extranjeros del siglo xvi al xxi, José n. Iturriaga, Secretaría de Información y Comunicación/Gobierno del Estado de Morelos, México, 2014.
VIAJE AL CENTRO DEL ESPEJO ALEJANDRA ATALA
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n entramado bien definido, articulado óptimamente, consecuente con su hipótesis y su desarrollo; una tesis que se convierte en un transporte de varios escenarios en los que podemos internarnos, en el movimiento y en el recorrido, deteniéndonos de modo inusual en las estaciones en donde nos ha tocado nacer y vivir; todo eso es La identidad morelense en miradas forasteras. Doscientas cuarenta son las plumas que trazan y cruzan las rutas de este libro cargado de valijas, belices, baúles y toda suerte de maletas y hasta cajas de cartón amarradas con mecate, que guardan en sus barrigas palabras diestras que van modulando la arcilla de nuestra identidad. José n . Iturriaga es el noble cicerone de aquellos y de estos peregrinos que nos han mirado a través de los espejuelos de sus propias sendas, historias y culturas, buscando definir la metáfora de una identidad que no está confeccionada en lo inmediato, ni desde lo propiamente objetivo, pero sí desde eso perceptible que inunda los sentidos, y que sigue viva y cambiante como es la existencia de quien realmente respira el mundo y lo habita. Al ir avanzando en esta lectura, inevitablemente se hacen presentes las imágenes de Marcel Proust y su amorosa búsqueda del tiempo perdido, que, a fuerza de irlo encontrando, lo fue ganando; cómo en su ánimo estaba la idea fija de escribir un libro abastecido por estudios históricos y sociológicos para describir de modo exhaustivo a la sociedad francesa que residía, y cómo naufragó felizmente el tío en una playa que le regaló siete volúmenes abastecidos de “apuntes” de una época… Y uno tiró del otro ‒aunque en cierto desorden‒ y apareció el gran Honorato de Balzac, otro porfiado en hacer un estudio profundo de la sociedad de su tiempo y su cultura, y vaya fracaso rotundo florecido en más de noventa tomos de La Comedia humana; ni qué decir del pobre del Jaime Joyce, con sus Dublineses, quince relatos que hablan de la Irlanda enteca de perlesía que él denunciaba a fuerza del dolor por la impotencia de su amado país que dormitaba en el sopor de sus verdes colinas… Volumen pergeñado con el mismo afán de aquellos citados y de otro modo, en La identidad morelense en miradas forasteras también está la marca de ese mismo siglo xix y sus anhelos; un período que, recu-
rriendo a la instruida estilográfica del historiador de marras, se erige imponderable, ya que vio nacer a nuestro país como nación con identidad propia, después de un parto doloroso y un escabroso andar, en el año de 1821. También exhaustivo y cuidadoso, él mismo, Iturriaga, es el guía que nos lleva por los parajes de este país, de un México y, luego, de un Morelos que siguen tejiendo lo suyo, como dice Alfonso Reyes, en este libro: “Tampoco hay que figurarse que sólo es mexicano lo folclórico, lo costumbrista o lo pintoresco. La realidad de lo nacional reside en una intimidad psicológica, involuntaria e indefinible. Es algo que estamos fabricando entre todos”, y todo el tiempo, cuando es imposible, como en el caso de Balzac, Proust y Joyce, extraerlos del espacio y la geografía que habitan en un tiempo puntual de la historia que antes de ellos ya se venía tejiendo y que, después, ha seguido un derrotero tan arbitrario e incontrolable como fascinante, como ha ocurrido en esta patria y sus paletas llenas de matices, de ritmos, de sabores, de ritos y rituales que son las costumbres y tradiciones que embisten a los ojos del fuereño con toda la fuerza de una pasión, de una tierra que ha hecho brotar vástagos ‒en el caso de Morelos‒ como un Zapata de ojos alambicados por la miel sustraída de los ingenios, o que ha dado cimiento a una ciudad deífica como lo es Xochicalco, o que ha parido desde su entraña un farallón de luz que es Tepoztlán… por decir muy poco de aquello con lo que el también novelista José n . Iturriaga va abasteciendo cada episodio de la historia que nos cuenta, echando mano de esos ojos asombrados por la novedad de lo ajeno, que otean desde el siglo xvi hasta el xxi , con su propia cultura y con sus propios referentes • Todo parece indicar, Jordi Virallonga, Morbo, Campeche, 2013.
La lectura de este libro, ganador del Premio Valencia de Poesía Alfonso el Magnánimo, es el punto en que se tiene la sensación de que el mundo podría ser entendido o resuelto, que una noche un suceso acercaría a dos pueblos o dos personas; sin embargo, la situación continúa existiendo, como una extraña maldición de Sísifo: “Todo parece indicar/ que
vamos a resolver/ ciertas cuestiones pendientes,/ que la voluntad podrá al sentimiento,/ a la animadversión de ambos pueblos,/ al odio que te tengo.” En estos dos extremos, el poeta busca las marcas en la brecha y las pequeñas migajas que lo conduzcan a un destino, colocado en un hoy que lo aferra al relato del amor, de lo colectivo. El autor echa mano de su inteligencia para examinar sus emociones, o a la inversa; de la memoria, cuya construcción lleva toda la vida; de sus ladrillos de sol, de tardes, de palabras y miradas constituidos, y consigna una y otra ficción cuando, en sentido estricto, también hay algunas hermosas coartadas: el libro diario, poemario del redentor paso cotidiano por la vida. El texto, dividido en los apartados “Siempre hay ruinas a menos de dos horas”, “Volumen del terror” y “De mujeres y mujeres otras”, transita un universo con espacios casi siempre estrechos, y cuyos bordes fluctúan entre lo increíble, lo real o lo aparente: las visiones. El arte se convierte en esta mirada lúcida y atormentada por atravesar las paredes y explicarse. Un yo poético que en puntos se torna desesperado: “Maldigo las muñecas, maldigo la cultura/ concebida como sea, maldigo a los poetas,/ maldigo la miseria y maldigo/ cualquier filosofía que me entregues/ y maldigo el estado, su palabra, su iglesia/ porque estoy en paro, no tengo dinero,/ tengo un cuerpo…” •
CIERTAS CUESTIONES PENDIENTES REYES MARTÍNEZ TORRIJOS
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na ausencia, a la manera en que se dilucidan las palabras que describen una casa vacía o una biblioteca poblada por centenares de libros pero carente de índice. El poemario Todo parece indicar es un llamado a la lógica, a la creación de una guía que explique esa oscuridad.
El volumen del poeta catalán Jordi Virallonga (1955) es una edificación, como aquellas que no permiten la descripción ni el relato de sus interiores, porque de lo que se trata es de vivirla. Es imposible que sea grabada en el recuerdo ya que, por ejemplo, el jardín a cada paseo ha cambiado un poco, han crecido las hierbas o se han marchitado, es de tarde o madrugada.
visita nuestro PDF interactivo en: http://www.jornada.unam.mx/
La Jornada Semanal
@JornadaSemanal
En nuestro próximo número
TZVETAN TODOROV: un paseo por el jardín imperfecto Augusto Isla Los dos mestizajes de Duverger
¿Un Carlos Marx del siglo xxi?
ARTE Y PENSAMIENTO ........
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Francisco Torres Córdova
Ricardo Venegas ricardovenegas_2000@yahoo.com
Felipe Garrido MENTIRAS TRANSPARENTES Un jardín El pasto estaba en partes ligeramente crecido, salpicado con hojas secas que habían caído de los árboles como anuncio de la ruina que naturalmente espera a todo lo que vive, pero que, con sus pálidas manchas no alcanzaban a dar un toque de naturalidad al jardín, que estaba construido con empeñoso artificio. Pequeñas palmas crecían a la orilla de senderos que estaban bordeados con setos de varios verdes, cuidadosamente podados. Las jacarandas entrelazaban en lo alto sus ramas, en un simulacro de libertad, pero estaban rigurosamente rodeadas por arbustos, y los arbustos a su vez por flores –muchas ya marchitas, aunque las cambiaban con frecuencia. Y en la terraza, envuelta en ropajes espléndidos, pero un tanto desteñidos, desesperada y bravamente retocada con polvos, cremas y pinturas, una mujer recordaba algunos episodios de su vida con una sonrisa que procuraba prolongar su encanto, mientras la luz de la tarde poco a poco se iba agostando •
Ricardo Yáñez DE PASO
Ana Luisa
Para el imaginario mexicano ella, y no Helvia Martínez, fue la modelo de la Diana Cazadora, de Juan Olaguíbel, cuya popularidad queda patente en las más de diez reproducciones que hay en zonas urbanas del país. Sabrá Dios en qué película me tocó conocer –una mañana de pinta en el Cine Park de Guadalajara– su turbadora belleza; sólo sé que no menos turbador para un secundariano resultaba el personaje, en mi recuerdo (pero sabemos que la memoria es un invento del olvido) una humanitaria enfermera de día que de noche ejercía “el oficio más antiguo del mundo”. Aún tengo ante mis ojos una escena donde los dedos de las manos extendidas ante sí se le deshojaban en un caer de cuchillos… El caso es que una buena tarde me invitaron a presentar un semanario queretano y ella llegó vestida de un dorado brillante, que alcanzaba las uñas, imponente, diosa, y se sentó en el otro extremo de la mesa, después de Efráin Mendoza, el director de El Nuevo Amanecer. Antes de hablar de la publicación hablé de ella, me emocioné, qué raro, y me quedé sin habla. Ana Luisa, sonriente y comprensiva, pasando el brazo por enfrente de Efráin, extendió su mano derecha, la puso sobre mi izquierda y la mantuvo ahí por no sé cuánto tiempo –hasta que pude, suavemente, de nuevo respirar •
ftorrescordova@gmail.com
monólogos compartidos
bitácora bifronte El simple arte de votar
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finales de los años veinte y principios de los treinta cobraron auge las revistas de detectives; fue así como “el relato de misterio popular se despojó de sus buenos modales y adquirió reciedumbre”. En 1933 Raymond Chandler publicaba su primer relato en la revista Black Mask, su evolución como autor del género lo llevó a las siguientes conclusiones:“La novela negra describe un mundo en el que nadie puede caminar tranquilo por una calle oscura, porque la ley y el orden son cosas sobre las cuales hablamos, pero que nos abstenemos de practicar. No es extraño que un hombre sea asesinado, pero a veces resulta extraño que lo asesinen por tan poca cosa y que su muerte sea el sello de lo que llamamos civilización”. Esta visión está presente en el libro El simple arte de matar (1944). De aquellas décadas a la fecha no ha cambiado la percepción del valor de la vida y el significado de “sobrevivir”. Quizá la falta de aventura y la ausencia de oportunidades (que no justifican ninguna atrocidad), como bien lo sugirió el antropólogo Santiago Genovés, han sido detonantes para que aquellos marginados en su contexto se realicen en el crimen organizado como señores del terror. El miedo a la inseguridad, la ignorancia, la apatía y la pobreza lo han sabido aprovechar los partidos a la hora de promoverse. De ahí que ahora los aspirantes a puestos de elección sean personajes que jamás han abierto las páginas de la Constitución; son futbolistas, actores y hasta payasos las mejores opciones para gobernar al país, lo cual no hace sino reivindicar el poder de la delincuencia: el Estado fallido es ridiculizado, a tal grado, que los encargados de brindar seguridad al ciudadano son caricaturas que han saltado de la pantalla a la oficina para ocupar un puesto público. Al realizar una encuesta de opinión, la revista Bitácora pública, de reciente aparición y editada en Cuernavaca, cuestionó a ciudadanos cuyas edades oscilan entre los dieciocho y los sesenta y cinco años, quienes respondieron algunas interrogantes que rondan en el aire respecto a las próximas elecciones. Se les preguntó sobre el perfil adecuado de un candidato a un cargo de elección popular. Un cinco por ciento de los encuestados considera que los candidatos deben ser honestos, mientras que un cuarenta y dos por ciento afirma que el perfil adecuado debe incluir una profesión que sustente el cargo público; el cien por ciento consideró que los personajes políticos actuales no cumplen con estos requisitos. Sobre las carencias en Morelos, al cuarenta y tres por ciento les preocupa la seguridad, mientras que un treinta y seis por ciento opina que hace falta trabajo y un veintiuno por ciento educación; sin embargo, del total de los encuestados, sólo el treinta por ciento está involucrado y pendiente de los asuntos políticos del estado, mientras que al setenta por ciento le son indiferentes. La ley existe para ser ignorada. No hay que olvidar que una cosa es vivir en la cultura y otra en la civilización. Y este país a duras penas se acerca a la primera. Si alguien lo duda, que le pregunte por tres libros al candidato de su preferencia •
Contorno húmedo y salvaje
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stá sola, sentada en el borde de la cama. En una pared hay un espejo que no la alcanza y tampoco la acompaña. Aca-
ba de salir del baño envuelta en una toalla ceñida a su pecho y aún gotea desde la nuca hasta la espalda. Los dedos de su mano derecha alisan el cabello que baja por los hombros y casi llega a la cintura. La ventana de la pequeña habitación se empaña con el vapor que viene del baño tibio todavía. Toma el cepillo que está en la mesita junto a ella, se inclina un poco hacia adelante, gira la cabeza y despacio empieza a cepillarse, con un cuidado firme y un silencio oculto, afilado en la piedra inicial de alguno de los tiempos que la historia desconoce. Las cosas la rodean con su pulso puntual y cotidiano, la asisten con la fuerza pulida de su uso, pero no la salvan de esa hora desasida entre los bordes de la tarde y de la noche. Ella no se sabe así desnuda y el espejo ignora su belleza. Su brazo sube y baja con certeros giros de muñeca, desde la cima de la cabeza hasta las puntas del cabello que a veces roza sus rodillas. Entonces deja caer la densa mata hacia adelante y la cepilla de atrás para adelante. Emergen las vértebras de la nuca, la orilla de una oreja ligeramente enrojecida. Luego recoge la cortina de cabello con el antebrazo izquierdo y de golpe echa hacia atrás el torso y la cabeza. Pasa la sombra de una llama en el muro a su costado. Algunas gotas rompen el frío del espejo y lo despiertan. Ella continúa a ambos lados, adelante, arriba y por adentro de la cortina de cabello que se va desenredando con el roce y el aire que entra y sale y la atraviesa al ritmo de su mano. Hace una pausa. Tal vez entonces por primera vez se fija en el espejo y el espejo alarga su deseo y no la atrapa. Algunos cabellos quedan enredados en las cerdas del cepillo y ella los quita, los hace ovillo y los desecha. Quedan inciertos y brillantes en el fondo del canasto. El cabello cada vez más seco se dilata, se ondula y se ensortija como siempre, desde que era niña y la peinaban con moños y listones. Se afinan los labios, destella la frente, se delinean los ojos. Entonces deja el cepillo, se pone de pie y ligeramente de costado separa el cabello en tres gruesos mechones que empieza a tejer en una trenza. Es un alfabeto antiguo que sus dedos trazan por instinto. Otra cosa piensa su mirada. Surgen dos o tres lunares en la blancura de su espalda. Tiemblan levemente sus pechos. Al terminar, ata una pequeña cinta azul en el extremo de la trenza y la deja caer por un lado del cuello. La habitación se curva con su sombra y el ansia del espejo se disuelve. Ya no es tarde ni temprano; es el tiempo que se cifra en los ojos de los gatos y la salva, ahí donde el nuestro se aparta y otro asoma su contorno húmedo y salvaje, donde el poeta ve “con claridad la hora, siempre la misma, una hora vasta, solemne, grande como el espacio, sin división de minutos ni segundos −una hora inmóvil que no está marcada en los relojes, y sin embargo ligera como un suspiro, rápida como una ojeada” (“El reloj”, en El spleen de París, Charles Baudelaire.) •
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Jornada Semanal • Número 1045 • 15 de marzo de 2015
Miguel Ángel Quemain quemainmx@gmail.com @mquemain
De la Belle époque a Rossana Filomarino
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A DANZA TEATRAL EN México durante el virreinato (1521.1821) y Teatro musical y danza en el México de la Belle Époque (1867-1910) en su segunda edición, prologado por José Emilio Pacheco, ambos de Maya Ramos, poseen una continuidad que hace visible un proceso dancístico de casi cuatroscientos años de representaciones escénicas atravesadas más por el baile, el movimiento coreográfico, que por el de la dramaturgia y la puesta en escena de una enorme cantidad de textos que caracterizan el período. En una cultura que desde sus orígenes mestizos le apuesta todo al mundo de la imagen, no extraña que coloque en el cuerpo un discurso al que tanto le teme la Iglesia católica, y que intentó cercenar sin éxito en los últimos cuatro siglos, a pesar de que lo dominante ha sido el mundo comercial de una estupidez más inmoral que los cuerpos que trataron de anatematizar. Maya Ramos no se permite especulaciones frente a los materiales documentales, pese a que en ocasiones trata de ficcionalizar para ambientar un momento que carece de suficiente documentación. El valor principal de Teatro musical y danza..., radica en la gran ausencia de exploraciones sobre el tema y en que la investigación se realiza en archivos escuálidos que al parecer sólo tienen programas de mano. Se trata de un universo que comprende un México ya independiente y con un desarrollo institucional importante. Es lo que hay y muestra los enormes vacíos documentales, de interés y de imaginación. Basta revisar la bibliografía para ver lo inanimado del mundo intelectual que rodea la reflexión sobre el período y el tema. Apenas cuenta con bibliografía de produc-
LA OTRA ESCENA
ción local y prácticamente con ninguna referencia propia que sea aleccionadora en el territorio de la investigación y/o la reflexión. El trabajo de Maya Ramos consiste fundamentalmente en describir y ordenar la investigación existente. Asombra que a veinte años de su edición no se haya preocupado por revisar la bibliografía y el estado de la documentación. Si revisó y no encontró nada, tampoco lo dice, aunque hoy sabemos que por lo menos en las tesis de licenciatura y maestría hay varios trabajos de titulación que abordan el tema. En este trabajo se evidencia un panorama pobre, como el actual, como si no hubiera pasado el tiempo y el mundo idiosincrásico del siglo xix nos recordara que la imaginación teatral nacional, salvo contadas excepciones, es chata, y que la preferencia es por un teatro comercial muy parecido a la peor televisión. En La danza teatral... queda claro, no sin dolor y sin una meditación sobre el presente, que hay varios aspectos que permiten el desarrollo de un arte que hoy tiene sostenido con pinzas a un público que, si bien ha sido fiel, abandona las taquillas cuando el impacto económico de las funciones es muy alto, aumenta la inseguridad en las calles y lo que está en cartelera no vale la pena como para asumir el riesgo, además del creciente desinterés de grandes sectores. Este mundo histórico no tiene el poder de oprimirnos, pero es el antecedente de un malestar que nos persigue desde el mundo novohispano con tal regularidad, que permitiría el atrevimiento de pensar que México no ha cambiado, lo cual sería falso. Pero hay algo que no ha cambiado en el fondo, que en lo esencial nos convierte en un mundo (más que en un país) decimonónico: las relaciones entre la danza y el teatro están vivas y actuales. Por ejemplo, este 2015 Rossana Filomarino, directora, coreógrafa, intérprete, cumple cincuenta años de trabajo.
Es la coreógrafa viva más importante de la escena nacional y sus aportes al teatro desde la danza contemporánea, y a la danza contemporánea desde el teatro, la colocan como una de las artistas más actuales. Al mismo tiempo, es la heredera de nuestra tradición más rica, sobre todo la que corresponde a Guillermina Bravo, pero también la que viene de Raúl Flores Canelo. Su inteligencia y sensibilidad, su formación, le permiten moverse en el terreno de lo popular y en las altas expresiones de la literatura, la música y la plástica. La existencia de artistas como ella obliga a repensar lo logrado y valorar qué obstáculos de ayer sobreviven entre nosotros. Uno de los mayores es la indiferencia y la incapacidad de mirarnos a nosotros mismos. El patrimonio de Rossana Filomarino lo disfruta su compañía construida de lealtades, filiaciones artísticas e individualidades que vibran en el encordado de la crítica y la autocrítica grupal. Pero todavía falta que ese patrimonio sea reconocido como parte de lo nacional y lo contemporáneo •
Rossana Filomarino
Alonso Arreola @LabAlonso
ArsFutura en el Ángela Peralta= Medeski, Clouser, Murcof, Truffaz, Ziegler
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REPÁRESE, LECTORA, LECTOR DEL séptimo día. El sábado 11 de abril ocurrirá algo imperdible en el escenario del foro Ángela Peralta de Polanco. Sí, ése que los vecinos del parque Abraham Lincoln han tenido limitado por años y en el que podrían ocurrir muchos eventos notables si la cultura fuera una de las prioridades para quienes degustan exquisiteces en los negocios circundantes. Se trata del Festival ArsFutura, una suerte de concierto boutique –así dicen ellos– en el que se presentarán tres proyectos que amalgaman la música clásica, la electrónica, el jazz y el video, lo que desde ya se antoja único por las características del espacio: un foro al aire libre cuya concha acústica y altura permiten un despliegue visual y sonoro extraordinario, no importando el sitio donde se ubique el espectador. Hablamos del anfiteatro creado en 1939 tras los erigidos en el Central Park de Nueva York y en el Hollywood Bowl de Los Ángeles, pero que a diferencia de ésos –como también pasó con el foro que estaba en el Parque San Martín de la colonia Condesa–, no alcanzó a bombear suficiente actividad como para volverse un centro de referencia en la ciudad. Esto aunque, también hay que decirlo, han existido iniciativas que de vez en cuando le regresan vida al lugar. La más relevante –lejos ya de los legendarios shows de Mano Negra, Cheap Trick, Andy Summers o Front 242– ha sido la organización del Festival de Jazz de Polanco que el año pasado celebró los setenta y cinco años de este foro bautizado en honor de la famosa soprano mexicana María de los Ángeles Manuela Tranquilina Cirila Efrena Peralta Castera. Pero bueno, decíamos que sonarían tres proyectos con apoyo multimedia. El primero es el que conforman
BEMOL SOSTENIDO la imaginería electrónica del mexicano Fernando Corona, también conocido como Murcof, y la trompeta del suizo Erik Truffaz. Ellos han colaborado desde el año 2008, cuando grabaron el disco México. El año pasado lanzaron Being Human Being. Hablamos de una combinación elegante que ya ha sonado en salas como el Lunario, pero que felizmente vuelve tras exitosos ecos alrededor del mundo, incluido el Festival de Jazz de Montreaux. Créanos: no hay manera de que le desagrade la obra de este par. Por momentos le parecerá demasiado ambiental, pero las composiciones e improvisaciones están dotadas de un garbo irreprochable. Para mayores referencias, Murcof se hizo conocido con el sobrenombre de Terrestre en el Colectivo Nortec, para luego establecerse con solidez en Europa, mientras que Truffaz lleva años desarrollándose –sobre todo al frente de su cuarteto– en la carretera que une las trompetas de Miles Davis y Chet Baker con las de Dave Douglas y Nils Petter Molvaer. Los últimos trabajos de Murcof son La sangre de Versailles, comisionado por el Festival La Folle Journée de Francia, así como Life Observing
Murcof
Live, creada al lado de Manu Ros. Truffaz, por su cuenta, recientemente ha lanzado El tiempo de la revolución, In Between y Benares. Otro dúo que sonará ese día en el Ángela Peralta es el de dos viejos conocidos de México: el tecladista John Medeski y el guitarrista Todd Clouser. Ambos estadunidenses, el primero es globalmente conocido por liderar a Medeski, Martin & Wood y colaborar con compositores como John Zorn. El otro decidió radicar en México tras egresar del Berklee College of Music de Boston para formar bandas como A Love Electric, poderoso trío de rockjazz al lado de Aarón Cruz y Hernán Hetch, con quienes recién terminó una gira europea. Medeski y Clouser han hecho varios conciertos con distintas formaciones, y sí, lo suyo puede ser denso, armónicamente rugoso, pero también saben internarse en momentos de calma y dulzura. Lo más importante, empero, son las capacidades que ostentan para improvisar. Eso y que ambos cultivan su amor por México. Finalmente tenemos a Jeffrey Ziegler, chelista californiano otrora miembro del mítico Kronos Quartet, combo con el que estrenó obras de compositores tan disímbolos como John Adams, Damon Albarn (Blur, Gorillaz), Steve Reich y Terry Riley, y colaboró con artistas como Billy Childs, Noam Chomsky, The Merce Cunningham Dance Company, Philip Glass y Tom Waits. Desde luego, ha sido solista en decenas de orquestas y, sí, será un privilegio escucharlo en Ciudad de México en plan solista. ¡Y si además el cielo se pone de buenas? (El Ángela Peralta tiene como techo las estrellas.) ¡Ojalá! Los boletos para el ArsFutura están disponibles en la compañía de siempre, pero también –sin comisiones abusivas– en El Convite de la Portales y la Casa Indie Rocks de la colonia Condesa. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos •
ARTE Y PENSAMIENTO ........
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Jorge Moch Verónica Murguía
tumbaburros@yahoo.com @JorgeMoch
Negra (fui la única niña de negro en la graduación de la primaria), un poco andrógina, sin estampados. Así, desde chica. Me gustan las sotanas, las túnicas budistas, las capas largas, los sacos como del Sargento Pimienta y el traje de Batman (he pensado mucho en por qué los superhéroes traen el calzón por fuera y he concluido que van así para no resaltar los genitales). Sé que en la elección de la ropa intervienen códigos, imposiciones culturales, las ideas sobre uno mismo, la edad, la clase social y los intereses. La ropa que elegimos nos identifica como parte de un grupo. Sobre este asunto, a primera vista tan frívolo, han escrito Pierre Bordieu, Roland Barthes, Diana Crane y Gilles Lipovetski. Los he leído y las conclusiones me han resultado fascinantes. Hay un libro escrito por la sicóloga Jennifer Baumgarten titulado Eres lo que te pones. En este libro, que supongo necesitaría una adaptación según el país, Baumgarten afirma que puede psicoanalizar a cualquier mujer a través del contenido de su clóset. Es una perogrullada. No se necesita ser psicólogo para darse cuenta de que una señora cincuentona con minifalda, medias de red, tacones y escote tiene 1) problemas con la edad o 2) busca pareja. No comunica lo mismo una mujer que trae falda rosa, mocasines, medias y suetercito blanco, que quien usa jeans, camisa blanca, botas y cola de caballo. Un ejemplo a bote pronto: Josefina Vázquez Mota no se arregla como se vestía Elba Esther Gordillo, aunque, ojo, las bolsas que traían sí eran de las mismas marcas y los mismos estratosféricos precios. Las dos se teñían el pelo: Vázquez Mota de castaño con luces rubias en el frente, mientras Gordillo se teñía todo el pelo de güero. Vázquez Mota eligió hacerse pasar por una señora discreta, moderna y rica; Gordillo por un señora rica, rica y… rica. Más millonaria que Rico Mac Pato. Lo sexual en ambas era secundario, al menos en estos últimos años en los que sus imágenes fueron tan ubicuas. Y de vuelta a mi asunto de internet: en mi tablero de ropa casi todo es de los diseñadores japoneses Rei Kawakubo y
Yohji Yamamoto. Dramática, extraña, casi toda negra, de proporciones inusuales y, ay, muy cara. Los admiro desde la década de los ochenta cuando eran los únicos que no proponían ropa roja, botones dorados, hombreras de pachuco y jeans con forma de chile relleno. Son rarísimos. No sé dónde leí que Kawakubo, quien dirige la casa Comme des Garçons, mostró la ropa haciéndola flotar río abajo por el Sena mientras los espectadores se asomaban por el Puente de las Artes. Me pareció muy poético. El examen para formar parte de ese atelier consiste en hablar horas con la directora y luego coser una camisa blanca. Y bueno, un día de éstos estaba yo contestando un mail cuando en el cintillo de la izquierda de mi correo apareció un anuncio que me ofrecía una chamarra usada de Comme des Garçons por un precio a mi alcance y de mi talla. ¿Cómo? ¿Quién les dijo? Google sabe todo. Qué barbaridad. La compré. Trémula, la saqué de la caja. La desabotoné, asomé la cabeza por arriba, metí los brazos en las mangas y sentí que me ahogaba. Picaba y parecía el paracaídas de una araña. Mi marido se moría de risa (yo antes lo había convencido de que era ropa rara, pero de una forma ajena, bella). Tenía ojales a los costados y la parte de abajo era un pantalón de hombre al revés. Eso no se veía en la foto del anuncio. La puse en el suelo y me acosté encima. Mi marido me auxilió:“Mete la mano por ahí, pérame y te paso esto por acá.” Me esforcé y me dolió el hombro. La devolví y los vendedores ni chistaron. Si la ropa que nos gusta revela algo verdadero de nosotros, yo no sé qué dice de mí la chamarra. ¿Que no sé ni dónde meter la cabeza? Esa es la pura verdad •
El devastador discurso de Fernando Del Paso Gracias, Texcoco.
Resistencia.
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N ALGUNA FERIA DE libro tuve oportunidad una vez de comentarle a Fernando del Paso que al dar vuelta a la última página de su maravilloso Palinuro de México me puse a llorar. Del Paso me miró por unos segundos incómodos, hosco como sabía ser y luego me espetó:“Una vez una colombiana me dijo que se había casado por culpa de uno de mis libros, pero nunca me habían hecho un cumplido tan extraño… porque es un cumplido, ¿no?, o una estupidez; ¿usted es el que me va a entrevistar para la televisión?” No, no era yo. Se dio vuelta para atender a quien sí lo iba a entrevistar y yo me quedé con una sonrisa estúpida como mi cumplido. Me fui de allí con un regusto extraño. Aprecié mucho la brutal sinceridad de que le pareciera estúpido un gordo con el pelo cortado al rape y barbón hablándole de cómo lo había conmovido el final de la que considero una de las mejores novelas de nuestra literatura. Me sentí un personaje suyo, surrealista, absurdo y al mismo tiempo allí vivo, de carne y hueso. Pero sobre todo me gustó la ausencia de pose. La sinceridad espontánea de un gesto que podría interpretarse como brusco por decir lo menos. Que no hiciera concesiones a un lector agradecido que se le acercaba, como no las tuvo cuando escribió cualquiera de sus enciclopédicas, deliciosamente barrocas grandes novelas. Porque Del Paso es así. Siempre me ha parecido un escritor y personaje él mismo, de los que se avientan el tiro. Escribe lo que le viene en gana y de manera magistral. Pinta y repinta sus obsesiones miles de veces. Y dice lo que piensa. Sin ambages, sin caminar por la periferia. Aunque a veces sus palabras provoquen animadversiones como cuando apoyó la candidatura de Francisco Labastida y dijo que de no ganar el pri el país se iría a la mierda. Y se fue aunque duela, con la docena trágica panista que muchos seguiremos lamentando, y se fue todavía más con ese apéndice de neoliberalismo demencial y represor, además, que es el régimen de Peña Nieto. Por eso no me sorprendió mucho su demoledora plegaria a José Emilio Pacheco cuando recibió hace una semana el premio que lleva el nombre de su amigo poeta. Sin ambages, Del Paso admitió desconocer México pero no el hedor a cadaverina de la corrupción que del país brota como maldición, y le dijo a José Emilio:“Quiero decirte lo que tú ya sabes: que hoy también me duele hasta el alma que nuestra patria chica, nuestra patria suave, parece desmoronarse y volver a ser la patria mitotera, la patria revoltosa y
salvaje de los libros de historia. Quiero decirte que a los casi ochenta años de edad me da pena aprender los nombres de los pueblos mexicanos que nunca aprendí en la escuela, y que hoy me sé sólo cuando en ellos ocurre una tremenda injusticia; sólo cuando en ellos corre la sangre: Chenalhó, Ayotzinapa, Tlatlaya, Petaquillas.... ¡Qué pena, sí, qué vergüenza que sólo aprendamos su nombre cuando pasan a nuestra historia como pueblos bañados por la tragedia!” Por eso me arrepiento y pido una disculpa pública por situarlo alguna vez en la misma repisa de intelectuales remisos en la que puse a Eraclio Zepeda. Porque a diferencia suya, Del Paso le avienta un maravilloso balde de pública agua helada al régimen imbécil de vendepatrias, privatizadores hasta del agua misma cuando afirma ante cámaras, micrófonos y más de un funcionario atragantado una verdad colectiva que millones de mexicanos compartimos entre el duelo doloroso y la rabia insurgente:“Lo único que no sé es en qué país estoy viviendo. Pero conozco el olor de la corrupción; dime José Emilio: ¿A qué horas, cuándo, permitimos que México se corrompiera hasta los huesos? ¿A qué hora nuestro país se deshizo en nuestras manos para ser víctima del crimen organizado, el narcotráfico y la violencia? ¡Ay, José Emilio! ¿De qué nos sirve recoger aquí y allá premios y reconocimientos mientras nuestro país se desprestigia ante los ojos del mundo.... mientras México se mexicaniza para estar de acuerdo con sus películas y las más negras de sus leyendas?” Y desde luego la esencia derrocadora de su discurso no fue subrayada en Televisa, ni en tv Azteca. Allí arrecia la idiotez, se multiplican las amables menciones del presidente, su firmeza de utilería y cartón piedra. Y las escenas de su familia posando con la realeza europea, luciendo vestidos y joyas con cuyo costo estratosférico se podrían haber equipado no pocas bibliotecas. Para que más mexicanos leyeran a Del Paso y se sintieran conmovidos con los últimos párrafos de su entrañable Palinuro… •
CABEZALCUBO
S
E DICE MUCHO QUE la internet –como si fuera un ente con cerebro– sabe todo de los usuarios. Esa idea a mí me daba igual hasta que comprobé que tal vez no sabe todo, pero que los programas sí registran en qué rumbos anda uno perdiendo el tiempo. Primero, descubrí el Pinterest. Me convertí en seguidora de coleccionistas de imágenes de la Edad Media: me paso horas mirando gárgolas, escultores, espadas y armaduras, catedrales, marginalia, joyería, libros de horas, hallazgos arqueológicos, etcétera. He reunido mis propios tableros y entre los santos, las reliquias y los emplomados, hay uno dedicado al tipo de ropa que me gusta: la extraña.
LAS RAYAS DE LA CEBRA
La chamarra marciana
........ ARTE Y PENSAMIENTO
Jornada Semanal • Número 1045 • 15 de marzo de 2015
Enrique López Aguilar
Luis Tovar @luistovars
alapiz2000@gmail.com
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LOS QUINCE AÑOS, AHORA, ocurren muchas cosas más allá de esa cursilona floración que, felizmente, tiende a desaparecer: el baile con chambelanes, el vals de la quinceañera con el elegido, el pastel rosa, el vestido rosa, la diadema rosa: símbolos chafas de la desaparición de la infancia y la pubertad en las mujeres y la bienvenida al estado adolescente (donde el rosa sugiere la llegada del “visitante mensual”). Hoy, esa fiesta rarefacta se ha convertido en un paso decidido de la mayoría de las adolescentes para dejar atrás la fiesta cursi y vivir su edad como debe ser: con la sencillez y la complicación del caso, pero con nuevas miras. Esta columna, A lápiz, cumple quince años este año. Me encuentro del lado de las chicas que prefieren evitar el ineludible baile con los chambelanes para dedicarse a viajar y conocer más prometedores horizontes que el de un salón de fiestas.
Ilustración de Juan Puga
El lápiz es un objeto tan cotidiano que pareciera de origen prehistórico, pero apareció en la segunda mitad del siglo xviii . Se trata de un invento reciente: grafito más arcilla más una cubierta de madera (inicialmente, de enebro), más el posterior agregado de una goma de borrar en la cabeza del cilindro, a mediados del siglo xix . Los mejores lápices fueron los franceses y los alemanes hasta 1790 cuando, en 1795, Nicholas Jacques Conté inventó un método para endurecer el grafito pulverizado mezclándolo con arcilla para hornearlos juntos. Variando la proporción de grafito y arcilla se obtuvieron diferentes durezas de la mina, fabricación que sigue funcionando hasta la actualidad, la cual permite la gradación de dureza y espesor del trazo. Se dice que Beethoven empleaba lápices para la elaboración de sus borradores musicales, aunque hay evidencias documentales que contradicen este dicho. El éxito del lápiz ha sido tal que sigue compitiendo con la pluma fuente, la pluma atómica, los plumones, los marcadores y las computadoras contemporáneos. Estudiantes, dibujantes y escritores (a la antigüita) siguen empleando el lápiz como un instrumento para bocetar, hacer borradores, proyectar y tomar apuntes sobre las rodillas, bajo el entendido de que todo documento final tiende a ser el borrador de otro… “Publico para no tachar más”, decía Alfonso Reyes. Insumiso, José Emilio Pacheco seguía corrigiendo con pluma fuente sus obras publicadas. Recuerdo dos asuntos musicales alrededor de “los adioses”: Haydn y Beethoven. La Sonata 26, de este último, celebraba burlonamente la huida de los nobles vieneses ante la llegada del ejército napoleónico a Viena, en 1809. La Sinfonía 45, de Haydn, compuesta en 1772, solicitaba ingeniosamente unas vacaciones para los músicos al príncipe Esterházy, patrón de la orquesta y del Kappellmeister. En ambas obras, el adiós suponía un regreso:
el de los nobles a Viena, en el caso de Beethoven; el de los músicos a su trabajo, en el caso de Haydn. Beethoven se burló de la vuelta nobiliaria después de la salida de Napoleón en el tercer movimiento (Das Wiedersehen: vivacissimamente); Haydn confiaba en que el patrón entendiera la solicitud de vacaciones y descanso depositada en el cuarto movimiento, Finale: Presto - Adagio (lo cual otorgó el príncipe); en mi caso, esta es la carta breve para un largo adiós. Muchas cosas pasaron en México, en el Mundo y en nosotros durante este tiempo. Ahora descubro que mis palabras se obstinaron en merodear la literatura, la música, el lenguaje, el cine y las artes visuales, las fiestas, el viaje y la comida; a veces, la política y la religión; tal vez, algunos temas adicionales. Al cabo de los muchos días, como dijo Borges, uno descubre que sólo ha trazado la imagen de su propio rostro. Citando a Julio Cortázar y Truman Capote: other voices, other rooms me requieren. Escribo estas palabras para despedirme de mis lectores, con algunos de los cuales he alcanzado una amistad inapreciable, o de quienes he recibido comentarios y correcciones que enriquecieron las palabras surgidas de la mano y fueron colocadas en el papel mediante un lápiz. Al cumplir quince años, agradezco que ese lápiz tuviera sentido por ustedes, para ustedes, y reconozco la hospitalidad que Hugo Gutiérrez Vega y la mesa de redacción de La Jornada Semanal dieron a mi columna desde septiembre de 2000. Llego al final de A lápiz y de nuestros encuentros textuales, por lo menos en este espacio que se dilató con ustedes durante quince años: toda una niñez, pubertad y primera adolescencia. Como dicen que dijo Beethoven citando a Terencio, otro cómico: plaudite et valete; tomemos la caminera y vámonos con los lápices a otra parte •
A LÁPIZ
Adioses Guadalajara xxx (i de iii)
H
ARÁ BIEN EL FESTIVAL Internacional de Cine en Guadalajara (ficg), que en esta edición cumple treinta años de celebrarse –incluida su transformación de Muestra de Cine Mexicano a festival internacional–, si porfía en el empeño de volverse referente ineludible para pulsar el estado en que se encuentra la cinematografía iberoamericana, condición que hasta la fecha todavía le corresponde a otros eventos fílmicos, no necesariamente más longevos pero sí de vocación más claramente definida desde sus inicios, como el Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana, el colombiano festival de Cartagena y el argentino en Mar del Plata.
Hará bien porque con esa intención seguirá abonando, como lo ha hecho desde hace poco menos de una década, a la difusión de un cine virtualmente desconocido en México –situación que no es diferente, por cierto, a la de muchas otras partes del mundo, comenzando por Latinoamérica misma–, máxime considerando que, como sucedió en años anteriores, hablando del caso local en el pasado 2014 el pastel de la exhibición fílmica se repartió, grosso modo, de esta suerte: ochenta y tantos por ciento para la estadunidense máquina miasmática, alrededor de un veinte por ciento para el cine mexicano, y un menos que escuálido uno por ciento para filmes provenientes de otras geografías, pero con énfasis en Europa. Eso deja al cine iberoamericano, en los hechos, apenas con un puñado triste que no llega siquiera a la decena, desde luego sin que su calidad ni su potencial sean el motivo de la anemia exhibidora sino, como ya se sabe, las tercas distorsiones de mercado que, puestas a preferir entre calidades o ausencia de las mismas, o bien entre fórmulas resabidas en inglés o en español y de repente portugués, invariablemente prefiere las estadunidenses. Hará bien el ficg, en última instancia, si continúa en el empeño de dirigir su mirada preferente a lo que se filma en la “patria grande” que dirían Bolívar y Martí, más que en querer recuperar lo que tuvo y que perdió por su propia voluntad, es decir, la condición de principal ventana por la cual asomarse a lo más valioso de la producción fílmica mexicana reciente pues, para decirlo rápido y sin regateos eufemísticos, los largometrajes nacionales incluidos en la programación –particularmente ficciones– dan la sensación irremediable de ser lo que quedó disponible después de que otros festivales tomaron lo que sí valía la pena o, en palabras más directas, aquello que otros certámenes prefirieron rechazar; las sobras, pues, aunque por fortuna no sea exactamente así en todos los casos. Empero, desde
una perspectiva de conjunto que abarque al mismo tiempo lo que aquí está pudiendo verse tanto de cine iberoamericano en general como mexicano en particular –esto se escribe cuando el ficg va por su sexto día, a falta de tres jornadas más–, este último es el que sale peor parado. Por infinidad de razones –culturales, por principio, pero también económicas y de otra índole–lo anterior no debería ser materia para el saco roto si se toma en cuenta otro dato: 2014 fue un año de particular abundancia en la producción fílmica nacional, que rebasó la centena de largometrajes, tanto de ficción como documentales, superando así lo que en el mismo período logró hacerse en la mayoría de las naciones que integran al área, aunque al parecer, y juzgando por la programación de este ficg número treinta, sólo en cuanto a cantidad. Más allá de la certeza lamentable de que un porcentaje altísimo de esa centena y más de cintas mexicanas ni siquiera fueron exhibidas, mientras que, de las que sí lo fueron, muy pocas contaron con el favor de la presencia masiva del público en las salas, queda el fondo: incluyendo a la nacional en el conjunto al que pertenece –bien sea que quiera o no, que conceptualmente lo ponga en práctica o en los hechos concretos lo desdeñe–, la que está generándose en Iberoamérica es una perspectiva cinematográfica múltiple, plural, diversa, inclusiva y creciente, pero ni con todo eso consigue alcanzar una visibilidad real más allá de eventos como este ficg. Filmes como la guatemalteca Ixcanul; las argentinas El patrón, radiografía de un crimen y Choele; la brasileña El otro lado del paraíso, la cubana Venecia y las mexicanas La delgada línea amarilla y El Jeremías, o bien el conjunto de cortometrajes plurinacional El aula vacía, dan testimonio de lo anterior, y de ellas se dirá algo aquí en las próximas dos semanas, así sea brevísimo por cuestiones de espacio • (Continuará.)
CINEXCUSAS
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ENSAYO
15 de marzo de 2015 • Número 1045 • Jornada Semanal
El nuevo año
Ilustración de Juan Gabriel Puga
José María Espinasa
H
ay que confiar en que este año ‒2015‒ las efemérides, sean centenarios, cumpleaños o –sobre todo‒ fallecimientos, estén menos presentes que en 2014. El anterior, en especial, en lo que se refiere a los nacidos en 1914 –Paz, Huerta y Revueltas‒ ofrece en el terreno editorial un buen balance: obras completas en nueva edición del último y el primero, distintas primicias del segundo, y una considerable labor crítica y exegética de los tres, así como reediciones de libros ya agotados, lo que permite olvidar los fastuosos y (tengo la sensación) un poco inútiles coloquios y ciclos de conferencias. Faltó, en cambio, la edición facsimilar de la revista Plural bajo la dirección de Paz; supongo que si no se hizo fue por dificultades de derechos de autor. El año paciano se cerró con la aparición de una nueva edición de sus obras completas por el fce en ocho tomos y la aparición del libro más anunciado y esperado en torno al poeta: Octavio Paz en su siglo, de Christopher Domínguez Michael. Revueltas también fue merecedor de una nueva edición de conjunto, en seis tomos, al igual que en el caso de Paz, más manejables que las anteriores. Una de las cosas que me llama la atención, porque dibuja una tendencia dominante desde hace ya algunos años en la crítica mexicana contemporánea, es el sentido histórico-biográfico de la mayoría de los libros aparecidos en torno a los celebrados: biografías, testimonios y documentos. Pero mucho menos análisis de los textos.
Soy de los que siguen pensando que lo importante es la obra y no la persona, en todo caso un instrumento para comprender la primera, y no –como es tendencia‒ a seguir un sentido inverso: la obra para comprender la vida. Es, desde luego, una discusión que no se terminará nunca. Mi reproche es que la situación actual tiende a privilegiar más que la vida, la anécdota, y eso sí me parece un empobrecimiento enorme desde el punto de vista crítico. Ha provocado que las revistas y suplementos se parezcan unos a otros al celebrar esos aniversarios con la misma perspectiva y a veces hasta los mismos autores, en una absoluta uniformidad. Es natural que no escapen a la condición contextual del hecho, de las muertes y los centenarios a los premios (el fil Guadalajara a Magris, por ejemplo), pero la condición monocorde sí es cuestionable. Y es que el calendario como estructura de trabajo resulta transparente en su intención: quitar al presente la capacidad –y la responsabilidad‒ de elegir temas atractivos y polémicos para el lector, quita incluso la capacidad de informar. Por eso, por ejemplo, este saludo a un nuevo año se publica cuando ya va bastante avanzado 2015. Lo poco, lo mucho y lo mismo se vuelven sinónimos. Hace un año se habló muy poco, apenas lo necesario, del premio a Boneffoy, porque los que lo conocían eran muy pocos; en 2014 se habló bastante más, nunca suficiente, del premio otorgado a Claudio Magris. La pertinencia de ambos
galardones es innegable. Y sin embargo, la desconfianza en los premios por parte del lector es absoluta, como un reflejo de la situación política. El asunto tiene fundamentalmente un culpable: el rumbo cada vez más marcado en su desarrollo de los gustos literarios por los intereses económicos: premios, publicidad, tirajes, prensa, manipulación de los valores estéticos. Por eso la radical diferencia en el tratamiento de los géneros, de la novela ‒reina del mercado‒ a la poesía que ha decidido ignorarlo y vivir al margen suyo. ¿Logrará la lógica del dinero separar del todo a la novela y a la poesía como ha separado al ciudadano de las decisiones políticas? Hay que fijarse en cambio en la manera en que asume la situación la poesía, sus escritores, sus editores y sus lectores. Cada año la feria del libro independiente en la librería Rosario Castellanos sorprende por su calidad y diversidad, además del marcado sesgo literario y –sobre todo‒ poético. Pero la sorpresa se sigue basando en un asunto de cantidades: el número de editoriales, de nuevos libros, de cifras de venta, de asistencia, de presentaciones, etcétera. Y se nos vuelve a escapar la apuesta que la poesía hace por la excepción. Tal vez habría que mirar de otra manera el fenómeno. Por ejemplo: la calidad de las ediciones de El Taller Martín Pescador es un secreto a voces, pero es muy difíc i l conseguirlas. En alguna época la librería Pegaso tuvo a la venta para el público esas ediciones, hoy que yo sepa sólo en la librería Madero se pueden comprar algunas, bajo pedido y a precios considerables. Los tirajes son mínimos y sin embargo la gente sabe de ellas y circulan ¿Cómo? Tal vez en fotocopias. Tal vez en la red. Su carácter, que ya excede lo minoritario, por lo mínimo, no apuesta por esa condición como un lujo sino como una alternativa por la circulación secreta (a voces). Otra vez la catacumba y el zamisdat, no para combatir el poder de un tirano con nombre y apellido, sino el del mercado económico. Esta reflexión surge precisamente de una edición absolutamente excepcional: el poema Agua, de Francisco Segovia hecha por el Taller Martín pescador en una curiosa modalidad, extraña pero no ajena al medio, muy frecuente en los orígenes de la imprenta: la compra por suscripción. Es el poema más importante publicado en lo que va del siglo xxi en la literatura mexicana. Todo es excepcional en la edición: el papel DePonte especial, la impresión, el diseño tipográfico, el grabado que lo acompaña (de Artemio Rodríguez), la forma de financiarlo en 150 ejemplares (65 por suscripción), y desde luego, el texto mismo y hasta las lamentablemente presentes erratas. Al leer el poema pensé en el diálogo que mantiene con Muerte sin fin, pero ya liberado del contingente vaso para afirmar el agua esencial. Con Agua bauticemos este 2015, con ese fluir limpiemos los ojos y volvamos a mirar el mundo y aprendamos de nuevo a valorar la excepción de la poesía, excepción que no pasa por su carácter minoritario, pero que se afirma en esta época como el reducto más propio y efectivo para su defensa •
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