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La Semanal

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ARTES PLÁSTICAS Y DIVERSIDAD SEXUAL

Porfirio Miguel Hernández Cabrera

Autobiografía de Carlos Monsiváis reeditada Carlos Martínez García

Pasión y poesía de Adriana Ivancich Baggini (la última musa de Ernest Hemingway)

Vivir, bordar y tejer: artesanas y textileras de Colectiva Malacate

Mario Bravo

Artes plásticas y diversidad sexual

Todas las artes, de manera particular las plásticas y gráficas –pintura, fotografía, grabado, entre otras–, han sido uno de los vehículos más eficaces para toda suerte de reivindicaciones y defensas. Así lo entendió en México lo que hoy se conoce como la comunidad lésbico-gay o, más extensamente denominado, LGBTI+, por lo menos desde los años ochenta del pasado siglo y, sin duda, el evento clave por fundacional fue la mítica Semana Cultural Lésbica-Gay, con sede en el universitario Museo del Chopo en Ciudad de México. Desde entonces mucha agua ha corrido bajo el puente y, para nuestro bien social, los sectores más conservadores no tienen hoy la fuerza que en aquellos tiempos era capaz de imponer su pensamiento retrógrada. Empero, como toda conquista social, la de esta manifestación artística libre debe ser no sólo continuada y ampliada, sino que es indispensable conocer su historia y los personajes que han luchado por ella. Ese es el propósito del estupendo artículo de Porfirio Miguel Hernández Cabrera que hoy ofrecemos a nuestros lectores.

Pasión y poesía de

Adriana Ivancich Biaggini

(la última musa de Ernest Hemingway)

ADRIANA IVANCICH BIAGGINI (Venecia, 1930-Orbetello, 1983), tercera hija del noble Carlo Ivancich y de Dora Betti, perteneció a una familia veneciana descendiente de armadores de Lussinpiccolo, en la costera adriática que ahora es parte de Croacia, que vivió de la gestión de fincas agrícolas e inmuebles en Venecia. La familia Ivancich, leal al rey de Italia hasta el 8 de septiembre de 1943, dio refugio a soldados aliados dispersos y a judíos. El hermano mayor de Adriana, Gianfranco, fue un héroe de la guerra de África y de la Resistencia. La propia Adriana ayudó a un aviador australiano y actuó como mensajera para los partisanos. Los años de estudio y la adolescencia de la joven Ivancich transcurrieron durante la segunda guerra mundial y la inmediata postguerra. A pesar de que la fami-

lia había salido empobrecida del conflicto y de que su padre había sido asesinado por pseudopartisanos criminales, Adriana fue enviada al Colegio Brillantmont de Lausana, en Suiza, para mejorar su francés, y pasaba sus vacaciones en Cortina y Capri. Adriana conoció todas las atrocidades de la guerra, pero en 1948 era una bellísima joven en edad de casarse, que se ocupaba de iniciativas caritativas y frecuentaba la alta sociedad veneciana. La familia era propietaria de un palacio diseñado por Sansovino en Calle del Rimedio, en Venecia, y de una gran villa en San Michele al Tagliamento, casi completamente destruida por los bombardeos aliados durante la guerra recién terminada. También los palacios Ferro y Fini, adyacentes al palacio Pisani (que más tarde se convertiría en el Hotel Gritti), pertenecían a los Ivancich.

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DIRECTORA GENERAL: Carmen Lira Saade • DIRECTOR: Luis Tovar•EDICIÓN: Francisco Torres Córdova • COORDINADOR DE ARTE Y DISEÑO: • Francisco García Noriega DISEÑO Y MATERIALES DE VERSIÓN DIGITAL: Rosario Mateo Calderón • LABORATORIO DE FOTO: Adrián García Báez, Israel Benítez Delgadillo, Jesús Díaz y Ricardo Flores • PUBLICIDAD: Eva Vargas 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. • CORREO ELECTRÓNICO: jsemanal@jornada.com.mx • PÁGINA WEB: http://semanal.jornada. com.mx/ • TELÉFONO: 5591830300

La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada. Editor responsable: Luis Antonio Tovar Soria. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2008-121817375200-107, del 18/ XII/2008, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Licitud de título 03568 del 28/XI/23 y de contenido 03868 del 28/XI/23, otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Editado por Demos, Desarrollo de Medios, SA de CV; Av. Cuauhtémoc 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Alcaldía Benito Juárez, Ciudad de México, tel. 55-9183-0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 555355-6702 y 55-5355-7794. Distribuido por Distribuidora y Comercializadora de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, CP 02670, Ciudad de México, tels. 55-5541-7701 y 55-5541-7702. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.

Semanal

PORTADA: Volando sobre Nueva York, 1991.
Nahum B. Zenil.

Todos estos lugares sirven de escenario para la novela Across the River and Into the Trees (Al otro lado del río y entre los árboles), de Ernest Hemingway, del mismo modo que Adriana es la musa inspiradora del libro y el modelo para el personaje de Renata. Renata y el coronel Cantwell, los personajes principales, tienen las mismas características físicas y la misma edad que Adriana y Ernest –apenas diecinueve y casi cincuenta años–cuando se conocen por primera vez cerca de Latisana, en diciembre de 1948, cuando el escritor se alistaba para ir a cazar cerca de ahí. Es también el lugar donde Hemingway hace que comience y termine la trama de la novela: la casa de Adriana se encontraba al otro lado del río –el Tagliamento–, entre los árboles.

El encuentro entre Ernest y Adriana ilumina y marca cruelmente ambas vidas. Ernest invita a Adriana y a su mamá a su casa de Cuba, donde las dos mujeres se quedan por tres meses y medio, entre 1950 y 1951; después los dos se vuelven a ver en Venecia entre marzo y mayo de 1954. El escritor reencuentra en el amor por la joven la fuerza inspiradora que se había agotado con la entrada de Estados Unidos en la guerra, siete años antes; es la fuerza que le lleva a escribir la controvertida Across the River (1950) y, sobre todo, The Old Man and the Sea (El viejo y el mar; 1952), motivo del Premio Pulitzer (1953) y del Nobel de Literatura (1954).

Adriana florece como mujer y como poetisa acompañando a Ernest hacia su plenitud como escritor, y afirmándose sin gloria como autora del poemario Ho guardato il cielo e la terra (He mirado el cielo y la tierra), publicado en 1953. Una poetisa reconocida como tal por el escritor Pier Antonio Quarantotti Gambini y publicada en la prestigiada colección Lo Specchio de Mondadori, entre colegas célebres como Ungaretti, Montale, Quasimodo, Cardarelli, Saba.

Los poemas de Adriana y los últimos dos libros de Ernest son un diálogo secreto entre ellos, ofrecido a la lectura del público y de los críticos de profesión, que buscan pasajes y detalles simbólicos, pero están demasiado lejos de los sentimientos como para captarlos.

Adriana y Ernest mantienen su relación durante otros siete años, hasta 1955, sufriendo las maledicencias desatadas por la supuesta identificación de Adriana con la joven veneciana que en Across the River tiene un intermedio erótico en una góndola con el coronel, narrado en los capítulos XIII y XIV. Hemingway se arrepentirá por el resto de su vida de haber escrito aquel intermedio, insertando en el relato dedicado enteramente a Adriana reminiscencias de una aventura vivida muchos años antes con Marlene Dietrich, a quien dedica los capítulos en privado. Una proeza a la que no encontrará remedio salvo impedir que, mientras él viviera, la novela fuera publicada en Italia. De hecho, se publicaría sólo en 1965, cuatro años después de su muerte, con el título Di là dal fiume e tra gli alberi

El distanciamiento forzado entre Ernest y Adriana, y la publicación de The Old Man and the Sea, marcan la cumbre del éxito literario de Hemingway y el inicio del descenso, para ambos, hacia un final trágico. Los amigos más cercanos de Ernest –su editor Charles Scribner, el general Charles Lanham, Bernard Berenson y Aaron Hotchner– recogen los testimonios orales y escritos de un amor imposible, en aquella época, por la diferencia de edad, por el estado de casado y divorciado varias veces de Ernest y la condición de joven perteneciente a la más austera nobleza de Adriana, además del pesado prejuicio social. Queda fijada en los libros y en la correspondencia de Ernest la huella indeleble de la extraordinaria y secreta personalidad de Adriana, sofocada en público por el envidioso y mediocre establishment social y cultural. Ernest, privado de la esperanza de poder tener a Adriana cerca de sí y luego minado en su salud por el doble accidente aéreo de enero de 1954, se encierra lentamente en la introversión, la depresión y la psicosis, hasta su suicidio el 2 de julio de 1961.

una actividad como ilustradora: suyas son las portadas de las primeras ediciones estadunidenses de Across the River y The Old Man and the Sea, así como las ilustraciones de los cuentos “The Good Lion” y “The Faithful Bull”, publicados por la revista Holiday. También trabaja con Rowohlt, la editorial alemana de Hemingway.

Con la desaparición de Ernest Hemingway se extinguen las fuentes sobre Adriana Ivancich, aunque periódicamente resuenan en los medios los chismorreos podridos que le arruinaron la existencia. La verdad ofrecida por Adriana en su Torre Bianca tiene menos impacto que las tonterías recicladas continuamente: se puede, por tanto, imaginar que surja de forma natural el deseo de huir del mundo. El 24 de marzo de 1983 Adriana se ahorca, a los cincuenta y tres años, en su finca en la localidad de Giardino, en Toscana. Los médicos del hospital de Orbetello no logran salvarla. Stefano Strazzabosco

◆

Muchacha que en tus sueños te anulas - antes que el sueño te haga morir cada nocheno sabes la riqueza que hay en tu corazón

Has mirado al mundo ‒desde lejos‒Poco a poco te pareció no ser Luego mientras estabas casi por confundirte en la nada te diste cuenta de repente que el mundo siempre había estado cerca de ti y que lo amabas ‒más que a ti mismo‒◆

Duermes y sientes el fluir salvaje de la sangre y los mil pensamientos de tu corazón y la boca amarga que quisiera reír Tus manos estrujan los cabellos ‒en tu cuello esparcidos y en tus hombros‒hasta dolerte

Y sin embargo duermes ‒sin sueños‒‒sin alma‒como duerme una flor

Adriana continúa su vida, siempre asediada por la sospecha y la envidia. Se casa con el conde alemán Rudolf von Rex, con quien tiene dos hijos, y en 1980 publica su volumen de memorias, La Torre Bianca, un valiente intento de arrojar luz sobre la verdadera relación que la unió a Hemingway. Lo que escribe está documentado, avalado por las cientos de cartas de Ernest y por los testimonios de Hotchner, amigo, agente y guionista de Ernest, pero también amigo de Adriana y su agente ante editoriales y revistas estadunidenses. Adriana, de hecho, alentada por Ernest, su socio en la White Tower Inc., Bookmakers, inició

cosis, hasta su or la f men de memoojar luz sobre que rtas de Ernest y y de nte ante ediecho, alentada kmakers, inició

conoces u ‒desnudos los pie libre el al mano lanzando lejos ce s a de es, emde un p l res

¿Acaso conoces un goce más puro que bajar hasta el valle ‒desnudos los pies en la tierra dura libre el cuerpo al contacto del sol cansada la mano‒huesos de rojas cerezas?

Sema

DE LA PÁGINA 3 / PASIÓN Y POESÍA DE...

“…mi Amor se fue lejos muy lejos

Se llevó consigo mis sonrisas más bellas dejándome cenizas en vez del corazón

Se llevó consigo mi juventud y la perdió en la mitad del mundo

Se llevó consigo toda cosa mía verdadera dejándome sola en un silencio profundo profundo y grande como mi amor...” ◆

En el interior de la isla de Cuba la tierra es roja roja

las palmas altas como gritos las flores ricas y bellas como música antigua

◆

Cuatro negros sobre cuatro caballos

Cantan

Fuerte es el sol en el cielo

Las palmas llenas de orgullo no hacen sombra

No hay puentes sobre los ríos de piedras

Zarzas y espinos

transformar el Océano en un enemigo

El lejano horizonte un cuadro antiguo

◆

Negros buitres en las rocas en salvaje desorden

Dulces y fuertes los rostros de los pescadores inclinados sobre las redes

‒Hay silencio incluso en el viento–

Y palmas y barcas y los antiguos ojos llenos de sal miran el mar…

◆

Por instantes suspendidos me he sentido libre

No poseyendo ya nada era como un animal del bosque que inmóvil mira ‒con ojos húmedos‒la puesta del sol ◆

En el cielo terso he escrito mi nombre

Cada mañana ‒al amanecer‒abro la puerta chirriante y salgo a verlo

Siempre temo que el vuelo de un pájaro o el paso de una nube lo borre ◆

Muda está mi guitarra

Quebradas todas las cuerdas

Mis manos juegan con el aire

en el

◆

qu q e esperan el can

He encontrado una gitana ‒en una calle de Sevilla‒una gitana legítima

Preguntándole mi futuro le he dicho que todo quería yo saber

Me ha mirado con sus ojos morenos lucientes y espantosos ha sonreído y nada ha dicho

Mi mano entre las suyas temblaba y era blanca cerca de su piel oscura fría y lisa

Quisiera poder tocar el aire ◆

En mi cuarto la luz de la luna

¡Dios, cómo es blanca y quieta!

¡Y cómo tiembla mi sangre cuando esa luz se posa

Llueve en la pequeña bahía de Cojimar el viento despeina las palmas que miran hacia arriba buscando aún el sol y mueve las barcas hacia tierra como para protegerlas: deberá, dentro de poco cuando esa luz se posa sobre mi mano fría!

Preguntándole el futuro le he dicho que miedo no tenía

Me ha mirado con su mirada extraña vacía y misteriosa y no me ha dicho nada

Se ha ido

‒casi danzando‒en la noche de Sevilla y no me ha dicho nada

De He mirado el cielo y la tierra, Mondadori, Milán, 1953. Versiones de Marco Antonio Campos y Stefano Strazzabosco.

VIENE

SERGIO GALINDO (1926-1993), NOVELISTA Y EDITOR NACIDO EN VERACRUZ, PREMIO MARIANO AZUELA, BELLAS ARTES DE LITERATURA Y PREMIO XAVIER VILLAURRUTIA, POR MENCIONAR SÓLO TRES, DEJÓ DIEZ NOVELAS, ENTRE ELLAS, POLVOS DE ARROZ, UNA “NOVELETA PERFECTA”, SE AFIRMA AQUÍ, Y CINCO COLECCIONES DE CUENTOS, Y SE CONMINA AL LECTOR A BUSCAR SUS OBRAS COMPLETAS EDITADAS POR LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA.

Sergio Galindo y las trampas del olvido

AUNO, CON LA EDAD, se le olvidan las cosas. Por ejemplo, con motivo del centenario de Sergio Galindo, participé en una mesa de homenaje que organizó la Universidad Veracruzana en la Feria del Libro de Minería. Y para ello releí Polvos de arroz. Es una noveleta perfecta, que junto a El apando (José Revueltas), El solitario atlántico (Jorge López Páez) y Aura (Carlos Fuentes) forma el póker de ases en ese género de la literatura mexicana. Y bastó la relectura para que, cual magdalena de Proust, vinieran a mi memoria sus varias obras maestras, La justicia de enero, El bordo, El hombre de los hongos y la extraordinaria Otilia Rauda. De verdad uno se olvida de lo buen narrador que es el autor veracruzano, su capacidad para manejar la psicología de sus personajes y los entramados de la vida colectiva en el núcleo familiar. Sabemos la condición de género preponderantemente burgués de la novela. Si bien su contexto es con frecuencia la geografía veracruzana, no es para nada un escritor provinciano. Su dibujo arquitectónico en las narraciones es magistral, una lectura obligada para el aprendiz de novelista. Pero uno lo olvida y a casi un cuarto de siglo de su muerte pasa por el purgatorio de la desmemoria. No obstante, la Universidad Veracruzana, institución de la que fue un baluarte, ha reeditado sus libros en una suerte de obras completas, por lo que sus textos están al alcance del lector, con las dificultades que los sellos universitarios tienen para la distribución, y algunos de los textos ya van en segunda edición. El olvido se vuelve más grave cuando los sistemas de información en el terreno literario cada vez son más entrecortados. Al participar en el homenaje me enteré de que en 2007 se había publicado Las esquinas oscuras, novela que no alcanzó a terminar, pero de la que dejó algunos capítulos que me atrevería a calificar de perfectos. Y que me lleva a reflexionar sobre la fascinación que provocan en los lectores los inéditos y los textos recuperados, y cómo pueden ser la chispa que saque del olvido a un autor. Pero empecemos por la condición inacabada.

Hasta las novelas más perfectas en su acabado –Madame Bovary como ejemplo máximo– tienen algo de inacabables. El punto final es doloroso

La modernidad, ya vieja de un siglo, ha vuelto lo inacabado y lo fragmentario un rasgo creativo. En el caso de Galindo, lejos de esa modernidad que estalla en mil pedazos, el acabado es magistral, incluso en los fragmentos de su libro póstumo.

para el escritor y también para el lector: son tan buenas que uno quisiera que no acabaran nunca. Por eso Flaubert reescribe la primera versión de La educación sentimental de 1845 a la definitiva de 1869, y son muy distintas. Si, como dice Valery, un poema no se termina, se abandona, una novela tiene que tener punto final. Incluso proyectos narrativos más que inacabables infinitos, como En busca del tiempo perdido o El hombre sin atributos, el punto final lo pone la muerte.

Los años finales de Galindo estuvieron marcados por una enfermedad que le impidió terminar Las esquinas obscuras y otros proyectos literarios. La modernidad, ya vieja de un siglo, ha vuelto lo inacabado y lo fragmentario un rasgo creativo. En el caso de Galindo, lejos de esa modernidad que estalla en mil pedazos, el acabado es magistral, incluso en los fragmentos de su libro póstumo. Están tan bien trazados que nos permite a los lectores imaginar nuestra propia novela concluida. Lo inacabado alude al proyecto en su conjunto pero a cada fragmento de los que se incluyen no tiene ningún sentido calificarlos así.

Así, el concepto de lo inacabado no funciona de la misma manera aplicado a Samuel Beckett, por ejemplo, que a Sergio Galindo: el primero decide no concluir sus textos dejándolos abiertos, el segundo no lo decide él mismo sino la biología, el tiempo se le termina. Y eso implica también otra concepción de lo acabado, pues la biología siempre ejerce una violencia inherente a la condición misma del ser vivo. Por eso hay una peculiar fascinación que provocan los inéditos. Si toda obra de arte tiene en su núcleo una condición misteriosa, el inédito puede resolverla, no develando el misterio sino prolongándolo. Es un muy sutil y humilde desafío a la muerte física del autor. Cuando al principio de esta nota hablé del olvido en que entran ciertos autores lo hice consciente de que es inevitable y uno lo quiere pasajero. Supongo que en tiempos mejores económicamente para la cultura, el homenaje a Galindo habría sido mucho más robusto y múltiple. Sin embargo, reacomodé en mi librero las primeras ediciones en que leí las narraciones de Galindo y junto a ellas puse las de sus obras reunidas. Las familias, como las novelas, son a la vez inacabables y finitas. Las esquinas oscuras abunda en esa introspección del mundo femenino, desgarrado entre las buenas costumbres, los deseos, la sexualidad y el tiempo que todo lo transforma.

En Polvos de arroz el deseo de una mujer mayor, ahogado por las convenciones sobre la vejez, se pone en una situación trágica, pero el talento narrativo de Galindo no juzga, describe lo que ocurre con intensidad. Estuve a punto de escribir: es comprensivo, pero es mucho más que eso. Y, claro, no encuentro el calificativo adecuado para ese “mucho más”. Las novelas, como insinué al principio, suelen encarnar un paisaje múltiple, colectivo, poblado de personajes, que al desplegar en su conjunto nos hablan, sin embargo, de una experiencia distinta: la soledad. Estas inacabadas Las esquinas oscuras es también una obra maestra ●

“Precoz, protestante y presuntuoso”:

Autobiografía de Carlos Monsiváis reeditada

ESTE ARTÍCULO PRESENTA Y CELEBRA LA NUEVA EDICIÓN DE AUTOBIOGRAFÍA DE CARLOS MONSIVÁIS (1938-2010), EL GRAN CRONISTA, ACTIVISTA LÚCIDO Y PECULIAR DE CAUSAS GRANDES Y NIMIAS, CRÍTICO LITERARIO Y SABEDOR UNIVERSAL QUE DEJÓ UNA HUELLA PROFUNDA EN LAS LETRAS Y LA CULTURA MEXICANAS DEL SIGLO XX.

LA SEXAGENARIA AUTOBIOGRAFÍA de Carlos Monsiváis está nuevamente en circulación, bajo el sello de Siglo XXI Editores. En diciembre de 1966 fue publicada la primera edición del libro, en la Colección Nuevos escritores mexicanos presentados por sí mismos. Entonces Monsiváis ya tenía reconocimiento del mundo literario mexicano por sus colaboraciones en distintas publicaciones periódicas y como conductor, desde 1960, del programa El cine y la crítica de Radio UNAM. En 1966 Carlos publicó sus primeros dos libros: uno como antologador, La poesía mexicana del siglo XX, y su obra inicial, la Autobiografía, con la cual dio comienzo a su amplia producción bibliográfica. Después de la tercera edición de la Autobiografía, publicada en 1975, Carlos Monsiváis fue reticente a que se reimprimiera, así como a revisarla y ampliarla. Ahora el volumen será conocido por nuevas generaciones, que podrán enterarse de la génesis intelectual de quien dijo que le habría gustado vivir en “Manhattan esquina con Portales”. Leer cuidadosamente lo relatado por

Monsiváis acerca de su proceso formativo y los principios internalizados que lo movieron a comprometerse con las causas que describe, revelará a los lectores lo consecuente que fue a lo largo de su vida con esos principios.

Nueva edición, dos prólogos

LA NUEVA EDICIÓN de la Autobiografía contiene dos prólogos, uno de Elena Poniatowska y otro de Rubén Sánchez Monsiváis, primo de Carlos. Ella recuerda que no pudo cumplir con el requerimiento de Emmanuel Carballo, director de la Colección, “porque corría de entrevista a entrevista para el periódico Novedades y la Revista de la Universidad”. Poniatowska recupera distintos momentos de su amistad con Monsiváis y confiesa que es “la última sobreviviente de aquella hermosa época”. Por cierto, el prólogo que redactó Emmanuel Carballo en 1966 no fue recuperado en la nueva edición. Creo que debió ser incluido. El prólogo de Rubén Sánchez Monsiváis, “Carlos Monsiváis y su familia”, proporciona datos poco sabidos o desconocidos por el público lector del prolífico escritor y gran cronista. Inicia compartiendo que “Carlos siempre evitó hablar de su vida familiar, incluso con sus amigos más cercanos”. Rubén Sánchez Monsiváis quiso aportar información que, al desmenuzarla, permite a los interesados adentrarse en la comprensión de las fuentes de las que abrevó Carlos Monsiváis para tener un bagaje intelectual/cultural muy singular en el contexto mexicano.

Un componente toral de su singularidad se lo transmitió su madre, Esther, cuando, en 1939, un año después del nacimiento de Carlos (hijo único), se convirtió, en compañía de su hermana Beatriz (quien sería progenitora de Rubén) al protestantismo en un templo pentecostal en la calle de Carretones, en el barrio de la Merced.

En el primer capítulo de la Autobiografía, “Firmes y adelante, huestes de la fe”, línea de un himno que Carlos Monsiváis describiría, en una entrevista que le hice en 1997, como “pieza de resistencia de los sentimientos épicos del protestantismo”, él se presenta “sin más trámite como precoz, protestante y presuntuoso”. Su precocidad en cuanto a ser lector se la debe a doña Esther, quien, atestigua Luis Prieto (amigo de Carlos desde 1954), “era una maravilla, una protestante rigidísima y cultísima. Además de ser una persona generosísima, le pasaba los textos al Monsi y hasta le corregía el estilo. En estos homenajes al Monsi no debemos olvidarnos de doña Esther”. Prieto se refería a los homenajes organizados en 2008, al cumplir Carlos setenta años.

▲ Carlos Monsivais, 2008. Foto: La Jornada / María Luisa Severiano.
Carlos Martínez García

Estudioso de la Biblia

SOBRE EL SER protestante, Carlos Monsiváis deja constancia a lo largo de su Autobiografía de cómo tal identidad le dio un perfil excéntrico, el cual era estigmatizado y/o banalizado en el medio que le tocó vivir desde su infancia. Subraya su pertenencia “a una familia esencial total, férvidamente protestante y el templo al que aún ahora y con jamás menguada devoción sigue asistiendo, se localiza en Portales”. El templo forma parte de la Iglesia Cristiana Interdenominacional, que este año celebra un siglo de actividades.

Monsiváis enfatiza un rasgo central del protestantismo que lo marcó: el papel que tuvo el estudio de la Biblia (traducida y publicada en 1569 por el protestante español Casiodoro de Reina, revisada por Cipriano de Valera en 1602 y posterior edición de 1909) en la vida familiar. Es así que, como dejó constancia en otra parte, “entre nosotros, la Biblia no sólo era el fundamento religioso, sino el lazo de unidad, de la razón de ser de la familia. Su papel era muy preciso, la fuente del conocimiento y del comportamiento”.

En la Autobiografía hay un caudal de escritore(a)s y sus obras que menciona como fundamentales para él. Desde la infancia se distinguió por ser un lector ecléctico, y ya en la UNAM decidió dejar los estudios de economía y de letras españolas para hacerse “autodidacto” y así tener a su alcance un “desordenado y caótico desfile de lecturas e influencias”.

Otra institución protestante que lo cinceló fue la Escuela Dominical, a la que asistió a partir de los cuatro años, a la que consideraba “su verdadero lugar de formación”, ya que allí “en el contacto semanal con quienes aceptaban y compartían mis creencias, me dispuse a resistir el escarnio de una primaria oficial donde los niños católicos denostaban a la evidente minoría protestante, siempre representada por mí”.

En la iconografía heroica de Monsiváis era “notable la ausencia de la Morenita del Tepeyac”. En cambio sí figuraban personajes que iniciaron la Reforma protestante en el siglo XVI y la consolidaron en los siglos posteriores. Tal vez sea necesaria una edición de la Autobiografía con aparato crítico, con notas informativas sobre las personas, autores (as)y sus obras, acontecimientos históricos y movimientos religiosos/culturales citados por Monsiváis, ya que, por ejemplo, en el caso del protestantismo hace mención de los puritanos y los cuáqueros. Él mismo, ante las opciones insurreccionales violentas que tenían lugar, se declaraba “cuáquero pacifista”. Notas a pie de página que dieran a conocer el origen y posturas identitarias de los cuáqueros brindarían a los lectores conocimiento y comprensión de lo afirmado por Monsiváis acerca de su pacifismo.

Lector, editor y opositor

CAROS MONSIVÁIS se consideraba esencialmente un lector. En la Autobiografía hay un caudal de escritore(a)s y sus obras que menciona como fundamentales para él. Desde la infancia se distinguió por ser un lector ecléctico, y ya en la UNAM decidió dejar los estudios de economía y de letras españolas para hacerse “autodidacto” y así tener a su alcance un “desordenado y caótico desfile de lecturas e influencias”.

El inicio de la que Monsiváis llama “una supuesta carrera literaria” es datado por él en 1957. Fue cuando conoció a José Emilio Pacheco, quien lo invitó a dirigir Ramas Nuevas, suplemento de la revista Estaciones, dirigida por Elías Nandino. Entonces Monsiváis tenía diecinueve años y Pacheco dieciocho; ambos irrumpieron con vigor en el medio intelectual mexicano. De forma vertiginosa Monsiváis da cuenta de cómo él y Pacheco fueron estableciendo relaciones con quienes fundaron o revitalizaron publicaciones y cómo se les abrieron las puertas para colaborar en proyectos culturales que marcaron tendencias a fines de los años cincuenta y la primera mitad de los sesentas. A los dos “les interesaba conocer a quienes admirábamos y el trabajo sistemático de búsqueda, presentaciones, visitas, nos llevó a descubrir las posibles grandezas y miserias de la cultura mexicana”. Un asunto que clarifica la Autobiografía es el de la participación de Carlos en movimientos opositores a la poderosa maquinaria gubernamental, dominada abrumadoramente por el PRI. El haber nacido, como escribió, “del lado de las minorías” y que “mi protestantismo duplicaba mi juarismo”, lo sensibilizó, junto con otras influencias, para hacer activismo en favor del henriquismo, manifestarse contra el golpe de Estado en Guatemala (1954), apoyar los movimientos magisterial y ferrocarrilero, así como solidarizarse con la huelga estudiantil contra el alza de tarifas camioneras. Fueron las primeras causas que adoptó, de una larga serie en las que se involucraría en las décadas posteriores. Finalmente, un acierto de la nueva Autobiografía es haber incluido fotografías proporcionadas por la familia de Monsiváis, lo que agrega valor a lo escrito en 1966 por el autor, quien concluyó su recuento de vida así: “tengo 28 años y no conozco Europa” ●

▲ Carlos Monsivais, 2006. Foto: La Jornada / José Carlo González.

LA LUCHA POR LOS DERECHOS DE LA COMUNIDAD LGBT + Y OTROS COLECTIVOS HA SIDO INTENSA Y VARIADA, Y MUY VINCULADA A LAS ARTES PLÁSTICAS. ENTRE LOS MUCHOS ACTIVISTAS DE ESAS BATALLAS, AQUÍ SE DESTACA LA LABOR DE JOSÉ MARÍA COVARRUBIAS (1948-2003), QUIEN FUE FUNDADOR DEL CÍRCULO CULTURAL GAY, ORGANIZÓ LA SEMANA CULTURAL LÉSBICO-GAY E IMPULSÓ LOS MOVIMIENTOS EN FAVOR DE LOS GAYS. ESTE ENSAYO GLOSA ALGUNAS DE LAS ETAPAS MÁS IMPORTANTES DE LA LUCHA POR LA DIVERSIDAD SEXUAL EN MÉXICO.

▲ Nahum B. Zenil. Tomado de https://www.facebook.com/profile.php?id=61571789202257&sk=photos

Artes p y diver

Porfirio Miguel Hernández Cabrera

DESDE LOS INICIOS del movimiento gay, el arte, en todas sus manifestaciones, ha sido un vehículo de promoción de la cultura de la diversidad sexual en el mundo y en nuestro país. Su importancia, junto con otras acciones políticas y activistas, es mayúscula en la reivindicación de las identidades lésbica, gay, bisexual y transgenérica (LGBT), las cuales han logrado ser reconocidas como parte integrante de la sociedad.

En México han existido diversos promotores y eventos artísticos que han aportado mucho en esta labor. En los años ochenta del siglo pasado, uno de esos eventos fue la Semana Cultural Lésbica-Gay que, desde sus orígenes, siempre apostó por el arte plástico como vehículo cohesionador de identidades sexogenéricamente disidentes mediante la instauración de la exposición colectiva con la que se inauguraba la semana en cuestión. De este modo, llegó a instituirse como un evento masivo que congregó a numerosos colaboradores y a un multitudinario y entusiasta público que, año con año, se daba cita en el Museo Universitario del Chopo. Esa exposición generó una tradición que se manifestó durante dieciséis años consecutivos y que, posteriormente, continuó con otros nombres y actualmente se ha extendido a Tenango del Aire, en el Estado de México. En este ensayo se glosan el surgimiento y desarrollo de esa tradición, y su extensión a la región citada, así como la participación de algunos artistas, activistas y promotores culturales gays que realizaron, y realizan, un papel relevante en la historia cultural del ahora nombrado movimiento LGBT+ en México.

Antonio Salazar, el Taller Documentación Visual y los orígenes de la Semana Cultural Lésbica-Gay en Ciudad de México

DE ACUERDO CON testimonios del maestro Nahum B. Zenil, la Semana Cultural Lésbica-Gay empezó de manera muy modesta como un proyecto del artista plástico Antonio Salazar. Al respecto, en su participación el 20 de mayo de 2023 en el programa Con la X en la frente, de Canal 22, con motivo del Día Internacional de Lucha contra la Homofobia, la Lesbofobia, la Transfobia y la Bifobia, el maestro Zenil expresó al periodista y escritor Javier Aranda Luna lo siguiente:

Participé desde el inicio en las jornadas culturales gay, que primero se llevaban a cabo en la Editorial Penélope, organizadas por Antonio Salazar. Después tomó la dirección José María Covarrubias, hasta su muerte. Se pasó a un salón del Club de Periodistas; al principio se invitó a participar a tres o cuatro personas. De ahí se pasó al Museo del Chopo, donde ya hubo la participación numerosa de varios compañeros.

Antonio Salazar nació en el entonces Distrito Federal en 1956 y falleció en la misma ciudad en 2016; en 1984 fundó el Taller Documentación Visual (TDV), mediante el cual participó esgrimiendo

Para Nahum B. Zenil y Gerardo Vilchis
▲ En la región de los volcanes II, 2005. Nahum B. Zenil.

plásticas rsidad sexual

▲ Festival Internacional de la Diversidad Sexual, Museo Universitario del Chopo, 2018. Foto: La Jornada / María Luisa Severiano.

su arte como arma en la lucha del movimiento gay por los derechos de los homosexuales y en contra de la pandemia de VIH/sida. En el sitio web Arteinformado. Espacio iberoamericano del arte se le ha descrito como un “artista mexicano pionero en la representación de la lucha homosexual y la desestigmatización del VIH en México”. A propósito de su muerte, la redacción del periódico Reforma escribió el 28 de octubre de 2016: “En las luchas de la comunidad gay contra la pandemia, es célebre la fotografía realizada por el TDV Jesús y el diablo, en la que el artista y activista abraza, como una Piedad, a un delgadísimo ‘Jesús’, Jesús Garibay, su desvalido novio que poco después moriría de sida.”

José María Covarrubias, el Círculo Cultural Gay y la Semana Cultural Lésbica-Gay en el Museo Universitario del Chopo

PIONERO DEL MOVIMIENTO de Liberación

Homosexual Mexicano (1971-1977), José María Covarrubias formó el Círculo Cultural Gay en 1986. Aparte de promotor cultural, al igual que Salazar, era defensor de los derechos de los homosexuales y activista de la lucha contra el VIH/sida.

Pionero del Movimiento de Liberación Homosexual Mexicano (1971-1977), José María Covarrubias formó el Círculo Cultural Gay en 1986. Aparte de promotor cultural, al igual que Salazar, era defensor de los derechos de los homosexuales y activista de la lucha contra el VIH/sida. Su intervención fue muy importante a fin de lograr justicia para los gays y travestis asesinados en Chiapas en 1993.

Su intervención fue muy importante a fin de lograr justicia para los gays y travestis asesinados en Chiapas en 1993, cuando Patrocinio González Garrido gobernaba el estado. Covarrubias fungía como coordinador general del Círculo Cultural Gay, mientras que el Consejo Consultivo, en 1997, estaba conformado por: Armando Cristeto, Francesca Gargallo, Oliverio Hinojosa, Miguel Cano, Alberto Labarta, Braulio Peralta, Froylán Ruiz, Salvador Salazar, Nunik Sauret, Reynaldo Velázquez Zebadúa, Gerardo Vilchis y Nahum B. Zenil. Con Covarrubias al frente del Círculo Cultural Gay, en junio de 1987 se instituye la que en un principio se llamó Semana Cultural Gay en el Museo Universitario del Chopo. Tal evento inaugural estuvo conformado por mesas redondas sobre los derechos humanos de lesbianas y homosexuales, y literatura gay, además de representaciones de pantomima, un recital de canto y poesía y, como acto de clausura, un “Debate fraterno de 15 grupos” activistas.

La Semana Cultural Gay era la versión mexicana de la semana de celebraciones del orgullo gay que en el mes de junio se llevaba

▲ José María Covarrubias. Foto: INEHRM.

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a cabo en Estados Unidos desde 1970, un año después de las revueltas de Stonewall, en Nueva York y, al igual que allá, aquí se efectuaba como preludio a la realización de la Marcha del Orgullo LGBT como acto principal. En Ciudad de México, más que una “semana”, el evento abarcaba poco más de un mes de actividades culturales diversas. En esta primera etapa, la Semana Cultural Gay incluía una exposición de artes plásticas, foros, conferencias, talleres y otras actividades sobre derechos humanos; materiales educativos de información y prevención del sida; teatro, música, poesía, performance, debates, desfiles de modas, presentaciones de libros y, desde la edición de 1991, un ciclo de cine. En una segunda etapa, en un afán de inclusividad, a partir de 1992 el nombre del evento cambió al de Semana Cultural Lésbica-Gay y siguió abarcando todas las actividades antes mencionadas.

La actividad principal del Círculo Cultural Gay consistió en organizar y llevar a cabo anualmente –hasta la muerte de Covarrubias, el 16 de agosto de 2003– la Semana Cultural Lésbica-Gay. El colectivo publicó dos libros conmemorativos de los diez y quince años de la Semana: Diez y va un siglo (UNAM/Círculo Cultural Gay/Fonca, 1997) y Una exposición, varias exposiciones, un tiempo de inauguraciones (UNAM/Círculo Cultural Gay/ Indesol, 2002), respectivamente.

Nahum B. Zenil en la Semana Cultural Lésbica-Gay

LA PARTICIPACIÓN PIONERA del maestro Zenil en la Semana Cultural Gay fue muy relevante, al grado de que dos de sus obras sirvieron de imagen de cartel para las dos primeras ediciones de 1987 y 1988: una pintura que parece ser la primera versión de Los amantes de los volcanes (2017) y Lucha de Jacob y el ángel (1985), respectivamente.

Desde ese momento, la colaboración creativa y libertaria del maestro Zenil en la Semana Cultural Lésbica-Gay fue completa e ininterrumpida, y la exposición plástica cobró tal importancia como evento principal, que él y los artistas participantes hacían la obra especialmente para esa muestra. Sin embargo, dicha contribución no estuvo exenta de vicisitudes, como el intento de censura a su pieza titulada Oh santa bandera (Homenaje a Enrique Guzmán) (1996), la cual fue exhibida en la décima edición de la Semana. Se trata de un tríptico integrado por dos partes de lo que parece ser la bandera nacional, en el que la tercera parte muestra a un hombre desnudo con el rostro y el cuerpo del maestro Zenil (como en casi todas sus obras) que, inclinado, mira al espectador con la cabeza entre las piernas y el asta bandera insertada en el ano. Tal pieza, como relató el propio Zenil a Javier Aranda Luna, causó gran revuelo:

No les gustó a ciertas personas, hubo intentos de agresión y Lourdes Monjes, directora del Museo [del Chopo], me pidió que retiráramos esa parte de la obra. La retiramos, pero la comunidad protestó por esa censura y se volvió a colocar y, afortunadamente, no pasó nada. Ahora esa pieza pertenece a la colección del MUAC [Museo Universitario de Arte Contemporáneo].

Erotismo y diversidad en Tenango del Aire

SIGUIENDO LA TRADICIÓN de la Semana Cultural Lésbica-Gay, en junio de 2023 el maestro Zenil insti-

▲ Imagen tomada de Una exposición, varias exposiciones, un tiempo de inauguraciones.

Zenil instituyó la exposición colectiva de plástica contemporánea denominada Erotismo y diversidad en Tenango del Aire, la cual se realiza anualmente en el Espacio Cultural Rancho Tecomate Cuatolco, Casa del Poeta, y con la que continúa, mediante el arte, suscitando el reconocimiento de las sexualidades diversas y disidentes ahora en esa región del Estado de México.

tuyó la exposición colectiva de plástica contemporánea denominada Erotismo y diversidad en Tenango del Aire, la cual se realiza anualmente en el Espacio Cultural Rancho Tecomate Cuatolco, Casa del Poeta, y con la que continúa, mediante el arte, suscitando el reconocimiento de las sexualidades diversas y disidentes ahora en esa región del Estado de México. La primera edición de esa muestra reunió obras de cincuenta y cinco artistas; entre los veteranos participaron Daniel Lezama, Reynaldo Velázquez, Darío Ortiz, Gerardo Vilchis, el Taller Documentación Visual, Armando Cristeto, Óscar Sánchez, Antonio Salazar y Rogelio Cuéllar; y entre los más jóvenes: Alejandro García (Inefable), Mar Coyol, Santy Mito y Fabián Chairez.

Asimismo, incluyó la muestra individual del maestro Eduardo Flores Soto titulada La Poesida de Bohórquez, integrada por “pictopoemas”, más que ilustraciones, de los poemas que conforman el poemario Poesida (UACM/Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, 2019), de Abigael Bohórquez (Caborca, 1936-Hermosillo, 1995).

Dicha edición inicial sirvió de homenaje a José María Covarrubias y Jorge Fichtl como precursores de la divulgación del respeto a los derechos humanos de las personas sexual y genéricamente diversas mediante las muestras plásticas y los múltiples eventos que organizaban en la Semana Cultural Lésbica-Gay. En el discurso de inauguración el maestro Zenil afirmó:

Al morir Covarrubias se suspendieron las Semanas, después se han hecho ya no con la asistencia de tantos compañeros como sucedía, pero creo que siguen organizándose. Y bueno, José María es un personaje desconocido, creo, por las generaciones actuales, y a él y a Jorge dedicamos este evento. Creo que con eso cumplo, yo particularmente, con un deber de conciencia.

José María Covarrubias y las nuevas generaciones

SOBRE LA FALTA de conocimiento de la trayectoria y las aportaciones de José María Covarrubias, alguien que firmó como Carlos-Blas Galindo escribió el 29 de agosto de 2003 en el portal de la

▲ Una exposición, varias exposiciones, un tiempo de inauguraciones.

Fundación Arcoíris, por el Respeto a la Diversidad Sexual, A.C., lo siguiente:

: El sábado 16 de agosto falleció el promotor cultural y activista José María Covarrubias […] Sin lugar a dudas, el trabajo de Chema constituyó un aporte fundamental en favor del desarrollo artístico de nuestro país y como parte de la lucha que a cada instante hay que librar en contra de la represión, el autoritarismo y la antidemocracia. En cuanto al aspecto cultural, un gran logro de su parte fue el de interesar a numerosos artistas homosexuales y heterosexuales en temas eróticos, lésbicos y homosexuales. Y otra gran aportación suya fue la de instituir la semana cultural. En cuanto al segundo aspecto, siempre estuvo comprometido con las causas libertarias y, de manera especial, con la lucha en contra de la censura, pues comprendió que ningún movimiento de liberación particular –como el lésbico-gay– podrá tener éxito si sus promotores no advierten que su participación ha de estar inscrita en un movimiento democrático más amplio y totalizante

Chema cursó sus estudios básicos en su natal Nayarit. Inquieto, se trasladó al entonces DF y pasó por el plantel Coapa de la Escuela Preparatoria, por la Vocacional 4, por la preparatoria popular Liverpool, por el Instituto Politécnico como estudiante de arquitectura, por la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional (donde se vinculó con la antipsiquiatría y concluyó su trabajo de tesis, aun cuando no presentó su examen profesional) y por la Facultad de Ciencias Políticas de la misma universidad.

Contestatario desde que asistía a la escuela primaria, comenzó siendo antipriista; participó activamente en el movimiento estudiantil-popular de 1968, promovió dicho movimiento en Nayarit y militó desde 1971 en numerosas organizaciones comprometidas en combatir la discriminación hacia lesbianas y homosexuales, como el Frente de Liberación Homosexual, el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, el Grupo Lambda y Comunidad Gay. Dado que sus intereses culturales y libertarios no tuvieron plena acogida en ninguna de estas agrupaciones, en 1985 [sic] fundó el Círculo Cultural Gay, del que fue coordinador hasta su fallecimiento.

Antes de morir, Chema planteaba convertir el Círculo en una asociación civil; en actualizarlo para impedir su desgaste. Aun cuando ocasionalmente recaudó fondos para el Círculo, no tuvo propiamente un salario por su trabajo. Se hizo de numerosos adeudos y pudo sobrevivir gracias a la solidaridad de sus amigos, con muchos de los cuales se enemistó a la postre, dado su carácter fuerte y

En esta primera etapa, la Semana Cultural Gay incluía una exposición de artes plásticas, foros, conferencias, talleres y otras actividades sobre derechos humanos; materiales educativos de información y prevención del sida; teatro, música, poesía, performance, debates, desfiles de modas, presentaciones de libros y, desde la edición de 1991, un ciclo de cine.

una secuencia de sus arrebatos por el ansia de conseguir sus propósitos. Logró muchos. Eso es satisfactorio.

El Festival Internacional por la Diversidad Sexual

EFECTIVAMENTE, COMO lo señaló el maestro Zenil, las Semanas continuaron realizándose ahora a cargo del poeta Juan Carlos Bautista, pero no tuvieron el éxito de las organizadas por Covarrubias. En la actualidad, como heredero de la Semana Cultural Lésbica-Gay, se lleva a cabo, también anualmente en junio, el Festival Internacional por la Diversidad Sexual (FIDS).

El FIDS es impulsado por el promotor cultural Salvador Irys y, sumando las Semanas previas, llega a su treinta y nueve edición con la exposición sobre Juan Gabriel titulada Un lugar de ambiente. Legado y disidencia, que el 28 de mayo pasado se abrió en medio de una polémica “no inauguración”.

Las actividades del FIDS tendrán lugar en la Sala José María Covarrubias del Museo Universitario del Chopo, nombrada así en honor del fundador de la primigenia Semana Cultural Gay.

Un deber de conciencia cumplido

INSPIRADA EN LA labor de promoción cultural de Covarrubias, Erotismo y diversidad en Tenango del Aire es una nueva actividad cultural que se suma a los festejos por el mes del orgullo LGBT+ en el Espacio Cultural Rancho Tecomate Cuatolco, Casa del Poeta. En junio del presente año, este evento cumplió cuatro años como continuador de las tradiciones inauguradas por el naciente movimiento gay, y extendidas por artistas, activistas y promotores culturales gays nacionales hasta la actualidad. Asimismo, este nuevo foro de expresión artística poco a poco se erige en otra importante y necesaria plaza para seguir divulgando la cultura del respeto a la diversidad sexual a través de las artes plásticas y de todas las demás manifestaciones artísticas.

A veinte años del fallecimiento de José María Covarrubias, el maestro Nahum B. Zenil cumplió con su “deber de conciencia” cabalmente y, en la actualidad, tres años después, continúa cumpliéndolo. Muchas gracias a él y a su esposo, Gerardo Vilchis, por todo su apasionado trabajo de gestión, promoción y creación artística en pro de la diversidad sexual en Ciudad de México y Tenango del Aire ●

▲ Marcha del orgullo gay. Foto: La Jornada / María Luisa Severiano.
▼ Obra de la exposición en la Semana Cultural LesbicoGay. Foto: La Jornada.

Arte y pensamiento

Triquiñuelas de don Porfirio, desde 1880 Anécdotas/ Beatriz Gutiérrez Müller

DOÑA CLOFIS:

¿qué tal, cuánto ha llovido estos meses? Como sé que le gusta leer, apetece la tarde con sus nublados para tomar un libro, una revista y disfrutar las sorpresas de cada renglón. Para ese fin, le he preparado esta cartita de cuando los periódicos nada decían sobre que la verdad es sólo una, o que la objetividad prevalecía y esos cuentos que acompañan a los medios de comunicación en nuestros tiempos. Cuentos son porque desde que existe la prensa nunca ha dejado de tener una bandera política.

Desde el siglo XIX y principios del XX en México, la mayoría de los periódicos eran francos al dar a conocer a sus lectores a qué partido pertenecían, si eran órganos informativos de alguna agrupación (de geógrafos, de literatos, de la Iglesia católica u otra) o si los motivaba una causa en particular. En las hemerotecas he visto varios que sólo se imprimieron para impulsar una candidatura o, incluso, para propagar una campaña difamatoria contra otra.

Como sabe, Porfirio Díaz asumió el poder presidencial por primera vez, luego de haber derrotado con su ejército rebelde al federal que defendía al presidente legítimo Sebastián Lerdo de Tejada. Esto acaeció el 28 de noviembre de 1876. Tras un breve ajuste legal, don Porfirio fue declarado candidato ganador en abril de 1877. Sin embargo, la Constitución vigente prohibía la reelección. De este modo, el voraz militar tuvo que dejar su verdadera ambición para tiempos venideros y convocó a elecciones. Su compadre, el general Manuel González, fue postulado para el cargo y ganó.

El Malcriado, de Uruapan, Michoacán, se editó para promover esta candidatura. Muy simpático su epigrama: “publicación electoral que saldrá a la luz cuando sea necesario, gratis y a domicilio”. Ajá. Y lo primero que puede usted observar, si tuviese el ejemplar a la vista es: “candidato a la Presidencia de la República C. General Manuel González” con letras grandes, para que se vea de qué lado se colocaba la publicación dirigida

por Octaviano Ochoa. Enseguida se lee: “No creemos encontrar oposición alguna: el Gral. González es perfectamente aceptado en la República”. Su único número salió de las prensas el 7 de julio de 1880. En aquella época, la presidencia se ejercía por sólo cuatro años. Como Porfirio tuvo que dejarla porque la reelección no era legal, don Manuel trató de hacer su trabajo de la mejor manera posible pero su compadre se dedicó día y noche a procurar su desprestigio. En ese cuatrienio se registraron dos incidentes graves, orquestados por Díaz casi con descaro: en 1882 se desató “el motín del níquel” porque González puso en circulación estas nuevas monedas que resultaron despreciadas por la población, acostumbrada a la plata. El segundo fue el acuerdo de la llamada “deuda inglesa”, a fin de que México fuese reconocido por el Reino Unido y pudiese obtener crédito de bancos europeos. Por la crítica situación política que desató este asunto hubo rebeliones populares, como en Ciudad de México, que dejó muertos y heridos. Lo intentaron desaforar, incluso. Es el único presidente en la historia que ha sido enjuiciado por el Poder Legislativo para destituirlo y encarcelarlo. Todo por la propaganda y para que no osara competir jamás contra “el zar de México”.

Hacia el final de su gobierno, cuentan que don Porfirio fue a visitar a Manuel, quien le reclamó: “Me has acabado, no me bajan de corrupto. Te pasaste.” Porfirio se hizo el desentendido y soltó: “No tengo pensado volver a ser presidente.” El manco González se levantó de la silla y con su brazo bueno comenzó a abrir cajones del escritorio. “Pero ¿qué buscas, Manuel?” Éste lo miró y le soltó: “Busco al pendejo que te lo crea.” Por supuesto, doña Clofis, Porfirio se salió con la suya. Ganó la elección en 1884 y de ahí hasta 1911. Treinta años de dictadura. Como premio de consolación, a González lo mandaron como gobernador de Guanajuato hasta que murió, en 1893. ¿Qué tal, amiga querida, cómo se mueven los ambiciosos malcriados? ¿Y qué me dice de la traición? Bah, a la vuelta de la esquina ●

Marginales/

Los Netanyahus, Joshua Cohen, Seix Barral, Seix Barral, México, 2024.

CON ESTA NOVELA, el narrador, ensayista y crítico literario estadunidense Joshua Cohen, que a la fecha no alcanza el medio siglo de edad –nació en 1980–, obtuvo el todavía prestigioso Premio Pulitzer en 2022. Son dos los aspectos capitales de Los Netanyahus: el primero que en efecto, y como cualquiera puede presuponer incluso antes de la primer ojeada, el apellido de la estirpe aludida en el título corresponde al del actual primer ministro del Estado de Israel y criminal de lesa humanidad –así declarado en La Haya–; el segundo, que Cohen ha entremezclado datos reales con licencias poéticas de modo tal que, conforme avanza la lectura, las segundas son indistiguibles de las primeras y el elemento que más las uniforma es el asombro, por no decir el horror e incluso el asco que provoca la impudicia, la ausencia total de ética y la ambición desmedida de poder de esos Netanyahus y su papel en la creación y el posterior espíritu depredador y homicida del sionismo ●

En nuestro próximo número

CONTRACULTURA Y PATRIMONIO

CULTURAL EN MÉXICO

ESTE AÑO 2026, la UNESCO-UIA nombró a Barcelona Capital Mundial de la Arquitectura, no sólo por la belleza excepcional de sus edificios, sino porque representa un modelo urbano de enorme influencia internacional en cuanto a su capacidad para transformar la manera como viven y conviven sus habitantes. “La arquitectura es un espejo de quienes somos ‒señala la organización‒. No es sólo aquello que se contempla, sino aquello que se vive. Diseñar el espacio es un acto profundamente humanista, político y cultural.” Dentro de la amplia programación de este magno evento, que se llevará a cabo a lo largo de todo el año en curso, la Casa de la Arquitectura de Barcelona inauguró hace unas semanas la exposición Modern Domestic Landscapes. Caminos cruzados de mujeres entre América Latina y Europa comisariada por las arquitectas e investigadoras Carla Zollinger (Barcelona, España) y Mónica del Arenal (Guadalajara, México). En palabras de la organización, la muestra integrada por cuarenta y dos participantes “explora el legado de mujeres que trabajaron en el campo ampliado de la arquitectura y configuraron nuevos paisajes de la vida moderna a lo largo del siglo XX, situando su producción en el marco de los intercambios entre América Latina y Europa”. En el comité asesor participan las también mexicanas Bettina Cetto, investigadora y directora de la Fundación Max Cetto, y Ana Elena Mallet, especialista en diseño moderno y contemporáneo, quien comenta para La Jornada Semanal: “Este tipo de foros sirven para generar visibilidad a estas mujeres que no están en los libros y registros y es muy importante rescatar sus trayectorias, volver a hablar de ellas y ponerlas en contexto. Me parece relevante seguir generando este tipo de espacios que nos permiten ganar terrenos en documentar y visibilizar a estas mujeres de las industrias creativas y de las prácticas artísticas que han estado relegadas en la

Arte y pensamiento

Artes visuales / Germaine Gómez Haro

Diálogo entre mujeres:

construir una nueva forma

de habitar (I de II)

historia y en su quehacer.” El proyecto articula su discurso en tres núcleos temáticos: Interiores domésticos modernos; Paisajes domésticos modernos; Objetos de la vida cotidiana doméstica moderna.

Entre las cuarenta y dos mujeres de distintas procedencias de América Latina y Europa que integran la muestra, destaca nuestro país con una nutrida selección de exponentes, algunas nacidas en México y otras inmigrantes que se desempeñaron en nuestro terruño, dejando su huella en el devenir del diseño moderno mexicano a partir de la segunda mitad del siglo XX. Entre ellas, no podía faltar la cubana Clara Porset (Matanzas, 1895-CDMX, 1981) que revolucionó el diseño industrial en México con sus piezas inspiradas en el arte popular y las tradiciones mexicanas, y creadora de la icónica silla Butaque que fascinó a Barragán, quien le comisionó el diseño del mobiliario para algunos de sus proyectos. También

encontramos participantes que a la fecha no han recibido el merecido reconocimiento por su trabajo, mujeres que en ocasiones fueron relegadas a la sombra de sus esposos o hermanos famosos, como también ha sucedido con tantas artistas visuales que en la actualidad están siendo revaloradas. Es el caso de dos mujeres que dejaron su huella en el paisajismo con obras que son emblemáticas en la arquitectura moderna mexicana: se trata de Catarina Kramis Cetto y Helen Fowler O’Gorman, esposas de los célebres arquitectos Max Cetto y Edmundo O’Gorman, para cuyas casas particulares realizaron el diseño de los jardines. La Casa Cetto, ubicada en Agua 130, y la O’Gorman, lamentablemente desaparecida (Av. San Jerónimo 162), son proyectos arquitectónicos icónicos del modernismo mexicano y punta de lanza de un estilo que marcó su época con el nacimiento del Pedregal de San Ángel. Los especialistas sostienen que estas casas no serían lo mismo sin la estética de paisaje que imprimieron Fowler y Kramis, un trabajo magistral poco reconocido hasta nuestros días. (Continuará.)

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1. La Butaque de Clara Porset (1949). 2. Jardín de Helen Fowler en la casa O’Gorman. 3. Jardín de Catarina Kramis en la Casa Cetto.

Tomar la palabra Agustín Ramos

Otra política cultural

MORALEJA PRECOZ: el sueño de la endogamia produce monstruos.

El conflicto del Comité en Defensa de la Casa del Poeta Ramón López Velarde y la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, mezcla dos temperaturas. Una, el ardor de los desalojados de su casa con todo y tiliches. Otra, la frialdad del casero que acaso ofrendará un chivo expiatorio. El desdén mutuo, la ineptitud negociadora, la defensa de privilegios y del principio de autoridad son buena muestra de sus respectivas endogamias. Por un lado, la soberbia personal o la mafia mediocre de un gremio que se conforma siendo “una inmensa minoría”. Por otro, la falta de autocrítica de un Estado que pasó del mecenazgo a la domesticación. En ambos, la autocomplacencia y el alcahueteo a publirrelacionistas enquistados y a pontífices de aldea o de metrópoli. Pese a una vocación democrática y a una inteligencia insuficiente del movimiento de protesta, ningún antagonista dialogó de verdad ni reconoció ‒en su diminuta escala‒ la pobreza de público y ‒en toda su magnitud‒ la ausencia del interlocutor más importante para el arte: la gente necesitada de literatura, música, artes visuales, teatro, cine y todo el etcétera que lleve el adjetivo de la calidad.

Tanto los siete mil abajo firmantes, como el gobierno más votado y popular de la historia, omitieron a una comunidad que ni se cree artista ni presume de culta ni, menos, se sabe acreedora de derechos culturales. Y esta situación persistirá mientras la bicentenaria política cultural de México privilegie, por arriba, a los creadores (con)sagrados y, por lo bajo, a los políticos astutos. Y tampoco fue casualidad que, de las doce peticiones del Comité en Defensa…, sólo dos consideraran al público. Una, la exigencia de gratuidad; otra, la instalación de un consejo consultivo que, en penúltimo lugar, toma en cuenta al vecindario. El remedio sería una política que conciba las culturas y las artes como lo que son: trabajos, trabajos especiales y especializados, pero trabajos a fin de cuentas. Tal vez la coyuntura progresista siga siendo propicia para acercar a la gente a las artes y a sus creadores, en un esfuerzo colectivo que forme públicos y aliente la creación, la apreciación y la crítica por parte de una comunidad sin comillas ni palabras sagradas.

Para abolir el centralismo en la toma de decisiones. Para establecer programas cuyo propósito sea servir. Servir; no servirse, como acostumbran los creadores “de reconocida trayectoria”, la proliferante especie híbrida de artistas-funcionarios, y los burócratas preocupados por conservar el puesto controlando el pensamiento crítico de individualidades o de grupúsculos. ¿O sería mucho pedirle a un gobierno que se quiere cercano al pueblo acciones para de veras acercarse a la población, mediante el conocimiento, el entendimiento y la atención de las necesidades y derechos culturales de ésta?

Una política cultural plural y participativa empezaría por reordenar los factores de importancia. Primero el público; los públicos, ausentes y presentes, formados o en formación. Luego los empleados que realizan los servicios: promotores, gestores, bibliotecarios, museógrafos, aficionados comprometidos, curadores… Después los artistas, todos los artistas. Y al final, la plantilla laboral, en grados acordes con sus funciones. Arriba quienes más trabajan y menos lucen, los técnicos. Abajo, administradores que no bastardeen el manejo de recursos para beneficio personal. Y, en un discreto fondo, funcionarios con capacidad de servicio; ya no más personajes que por regla general siempre aparecen en la foto y nunca desaparecen de buen modo.

En este caso, pero no nada más en este, ni la poesía ni la política están en la calle, que es donde deberían estar ●

Arte y pensamiento

Biblioteca fantasma/ Evelina Gil

Espacios conquistados

HUBO UNA VEZ un hombre y una mujer que se encontraron en una pista de baile (“funcionaron como cajas de resonancia”) y experimentaron una irresistible atracción, sólo posible de darse entre una bruja con aspecto de hada y un hombre que se cree rey… y uno de ellos podría arrepentirse, demasiado tarde. Así comienza Ratones (Lumen, 2026), primera novela de Majo Delgadillo (Guadalajara, 1991) que es una disección brutal de los cuentos de hadas. No sólo en un sentido cultural, es decir, su innegable influjo en la formación pedagógica y el diseño de los roles de género: va mucho más allá al desentrañar la pertinencia de personajes, digamos, secundarios, como los animalillos silvestres, expertos en olfatear princesas (que, aclaremos, brillan por su ausencia acá) y, fundamentalmente, aquellos que dan título al libro.

La protagonista sin nombre es fruto del sueño de una reina que soñaba con tener una hija con la piel blanca como la nieve, los labios rojos como la sangre y el pelo negro como ala de cuervo. Un hada cumple su capricho, pero es un hada con algo de bruja que, a todas estas características, suma otras que rescatan a “la hija” de la naturaleza plana de las princesas. Concebida sin hombre de por medio, la narradora es, pues, hija de una reina y de una hada/bruja; un nuevo tipo de hembra, tremendamente seductora, genéticamente dotada para comunicarse con los ratones y para reconocer masculinidades tóxicas. La bruja/hada arrastra al “hombre sin miedo” hasta su guarida donde la música, como en el salón de baile, es lo más importante: es lo que marca el ritmo del sexo, los surcos de un disco agorero, conocido también como Amor, ergo: el beso de Blanca Nieves o la Bella Durmiente sin eufemismos, pues estamos ante un texto que desborda erotismo, lo mismo con deleitable prosa poética que con sutiles aproximaciones a la pornografía. Esta mujer no sólo ha conquistado un espacio, sino también una lengua personal que le permite

expresar su deseo: “Porque sabe, como lo saben todas las brujas y todas las mujeres con fe, que hablar es un arma y las palabras son defensas y refugios. Espacios conquistados.”

A través de un discurso sencillo en apariencia, pero denso en cuanto a revelación y exposición, se desarrolla este cuento de hadas invertido/pervertido donde la bruja derrota al ogro/príncipe (“bestia”), al mismo tiempo que narra una historia de amor que, de alguna forma, replica tantas otras aunque, aquí, el lenguaje, la poesía y el elemento fantástico le otorgan vaivenes inesperados que mantienen al lector vorazmente enganchado, como si de alguna manera fuera, asimismo, sujeto de un bebedizo mágico. Delgadillo es una bruja del idioma, hace con él lo que le da la gana; lo estira como liga; lo bebe como algo fragante y delicioso, lo cocina a fuego lento, lo deshoja como una flor, y nos atrapa con él tanto como con la psicología y la anomalía de esta recreación alternativa de un cuento de hadas. Pese a lo rápido (y placentero) de su lectura, es un hecho que la autora lleva años trabajándolo, dada su profundidad, su integridad y su muy calculada insanidad.

“He aprendido que el amor puede caber en una madrugada interminable…” La domesticación del “amor”, de la “posesión” y de los roles tradicionales de los cuentos de hadas que, en gran medida, son los mismos que los de género, forma parte de esta “madrugada” que transcurre entre paredes a través de las cuales se percibe el hervor de los ratones, mudos testigos de la guerra que tiene lugar en el lecho, y de una posible transformación. Parafraseando (mal) a Oscar Wilde: Hay grandes historias de amor que duran sólo una noche. Respecto a ésta no podemos estar seguros. La temporalidad, o la falta de ella, se suma a los apasionantes arcanos de esta intensa narración. “Las tuberías corriendo dentro de las paredes son las venas del cuerpo que nos guarda.” Una peculiar y maravillosa opera prima ●

Bemol

Arte y pensamiento

Imagen: Alonso Arreola, realizada con IA.

Cuarteto Latinoamericano, gracias, adiós

ANTES DE QUE sonara la primera nota en la sala Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes, la despedida del Cuarteto Latinoamericano ya había comenzado afuera. La fila crecía con público, alumnos, colegas, gestores culturales, amigos y familiares del conjunto. Una comunidad reunida para agradecer cuarenta y cuatro años de trabajo continuo. Taquilla agotada, discursos institucionales, magia aérea, ovación interminable, bises, clamor de pie celebrando esa y todas las interpretaciones, una vida entera dedicada a la mejor música del continente. Así es. Luego de sus presentaciones en San Ildefonso y el Palacio de Bellas Artes (también de despedida), el Cuarteto eligió este escenario para cerrar el telón de manera definitiva. Para ello invitó a la Orquesta Juvenil Eduardo Mata y al pianista Rodolfo Ritter, dirigidos por José Areán con acomodo bajísticamente sonoroso, en una primera parte dedicada a las Cuatro estaciones porteñas de Astor Piazzolla. El espléndido arreglo ‒exclusivo para cuerdas‒ fue del bandoneonista argentino César Olguín, también presente y celebrado en la sala. (Tras el intermedio sonó La mer de Debussy, ya con la orquesta en formación completa y sin el Cuarteto.) Ahora que, dicho ello y en favor de la verdad, mentimos un poco. Este concierto comenzó en 1982.

Desde entonces el Cuarteto Latinoamericano formó una de las trayectorias camerísticas más trascendentes de México. Modificó la manera en que el repertorio latinoamericano vive y se desarrolla. Mientras otros ensambles siguieron fieles al canon europeo, ellos mostraron la riqueza en Heitor Villa-Lobos, Silvestre Revueltas, Carlos Chávez, Alberto Ginastera, Leo Brouwer, Mario Lavista, Gabriela Ortiz y Julio Estrada, entre incontables más, transitando nacionalismo, modernismo, vanguardias y un complejo índice contemporáneo (técnicas extendidas incluidas).

Dicho ello, su legado no se limitó a los escenarios o grabaciones. Durante décadas formaron intérpretes, impulsaron residencias, ofrecieron clases magistrales y trazaron proyectos académicos convencidos de que más allá de interpretar partituras deseaban transmitir una forma distinta de pensar y abordar la música nuestra. Esa herencia pedagógica, lectora, lector, es tan profunda como su prolífica discografía.

Volviendo al concierto, respaldándolos respondió una orquesta joven, concentrada y visiblemente feliz (tocando con el cuerpo entero). José Areán, cuyo camino abarca ópera, música sinfónica y gestión cultural (además de rock y blues, por supuesto) en escenarios de América, Europa y Asia, condujo a todos con sensibilidad y agudeza, evitando la grandilocuencia y los efectismos que orbitan el repertorio de Piazzolla. Se trata de un director que sabe ocuparse de la arquitectura de las composiciones tanto como de su respiración, origen y psicología. De una contención que cumple promesas explosivas sin sacrificar tensión, es emocionante verlo transmitiendo claridad al conjunto entero, a la sección, a un solo instrumento. Encumbrando con personalidad, desapareciendo con humildad. Generoso. Elegante. Y finalmente, esta despedida implicó una colaboración entre el CENART y la UNAM, dos instituciones públicas unidas para despedir a un grupo que por cuarenta y cuatro años demostró que la música latinoamericana no necesita pelear su lugar en el mundo, sino artistas que la cabalguen con entrega. Verbigracia, Reflectus, último y magnífico disco del Cuarteto Latinoamericano (2026) en colaboración con siete compositores contemporáneos vivos. Hágalo sonar, destape una botella y, junto a nosotros, diga “gracias, adiós”. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.●

Cinexcusas/ Luis Tovar @luistovars

La mejor Selección Mexicana de todos los tiempos

PUEDE PARECER IMPOSIBLE y en definitiva suena increíble, pero lo cierto es que la selección mexicana de futbol le ganó, en pleno Campeonato Mundial y en ese orden, a las selecciones de Argentina, Inglaterra e Italia, por los respectivos marcadores de 3-0, 4-0 y 2-1. La triada de triunfos tuvo lugar en el Estadio Azteca –que así seguirá llamándose por más que quieran cambiarle el nombre–, cada vez ante un lleno total de un público entregado y jubiloso, seguramente muy sorprendido de tanta contundencia si se tenía en cuenta el rosario de fracasos futboleros mundialistas, ininterrumpidos hasta ese momento.

Pero no sólo eso, sino que tales triunfos colocaron al equipo tricolor en la final del Campeonato contra la selección de Dinamarca. El final no fue tan feliz como se hubiera querido, pues La verde perdió por un incontestable 3-0; no obstante, y en términos absolutamente deportivos, la hazaña –como suelen denominar un logro quienes poca o ninguna costumbre tienen de ganar, e incluso de acceder a la posibilidad– estaba hecha: no un muy esquivo quinto partido que se resiste durante cuatro décadas que saben a eternidad, tampoco unos cuartos de final o una semifinal que suenan a entelequia, sino la mismísima final y en el mismísimo Coloso de Santa Úrsula.

Créase o no, todo lo anterior no es producto de ninguna ficción autohalagadora sino la pura verdad, sólo que quienes la protagonizaron no fueron los inefables ratones verdes –concédase que actualmente menos arratonados que otrora–, sino la hoy y desde hace décadas olvidada Selección Mexicana de Futbol Femenil, en el Segundo Campeonato Mundial de Futbol Femenil de 1971, celebrado en México. De paso, así se desmiente la certidumbre masiva de que este país ha sido sede de tres copas del mundo: salvo que se pretenda mantener históricamente al fucho masculino por encima del femenino, en realidad han sido cuatro mundiales, todos con el Azteca en calidad de principal escenario.

La alineación y las jugadas

TAN CERCA de las nubes (2023) es el largometraje documental que cuenta la

historia suprascrita. Escrito y dirigido por Manuel Cañibe, producido por él mismo con su hermano Christian, Hugo Espinosa y Laura Berrón, fotografiado por Jéssica Villamil y estupendamente editado por Ana García y Joaquín Celaá, Tan cerca… tiene como protagonistas a las integrantes de aquella selección de futbol: la capitana Guadalupe Tovar, las porteras Yolanda Ramírez y Elvira Aracén, la delantera Alicia la Pelé Vargas –considerada la tercera mejor futbolista de la Concacaf de todos los tiempos–, las hermanas María de la Luz y Patricia Hernández, María Eugenia la Peque Rubio –la primera en meter gol para México en el Mundial femenil–, Irma Chávez, Alicia Vargas y el resto del plantel, así como la capitana de la selección de Italia, Elena Schiavo.

Diez de aquellas jugadoras mexicanas más la italiana rememoran, medio siglo después, cómo vivieron aquel evento y su significado dentro y fuera de lo estrictamente deportivo, verbigracia la batalla campal en la que terminó el partido México-Italia; el machismo preeminente y en esos tiempos “natural”, que se reflejaba en absolutamente todo, así como la demanda de las mexicanas para recibir algún pago y su amenaza de no jugar la final –como eran amateurs, los hombres dueños del futbol quisieron y, por desgracia, lograron chamaquearlas.

Combinando bien las múltiples entrevistas con un notable rescate video e iconográfico, el documental consigue con absoluta solvencia los dos principales cometidos de su género fílmico: brindar el dato preciso y esencial para entender aquello que se está contando, y generar no sólo empatía sino, en este caso, clara simpatía por la historia y sus protagonistas, auténticas pioneras y abrebrechas que, hace medio siglo, lograron lo que sus contrapartes masculinos todavía siguen soñando guajiramente. Un último dato que da buena cuenta de cuán misógino es el futbol: en aquellos tiempos, al Azteca le cabían 110 mil espectadores y la selección femenil lo llenó de bote a bote, pero la inefable FIFA jamás reconoció el récord ●

Mario Bravo

Vivir, bordar y tejer: artesanas y textileras de Colectiva Malacate

EN SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, CHIAPAS, DESDE HACE VEINTE AÑOS NACIÓ UN PROYECTO PROTAGONIZADO, HOY EN DÍA, POR CIEN MUJERES ORIUNDAS DE LOS ALTOS Y LA REGIÓN SELVA: COLECTIVA MALACATE, EMPRENDIMIENTO QUE PROMUEVE LA PRESERVACIÓN, PRODUCCIÓN Y DIFUSIÓN DE LA PRÁCTICA TEXTIL, FUNDADO POR LA ANTROPÓLOGA KARLA PÉREZ. ESTE ESFUERZO AUTÓNOMO Y AUTOGESTIVO SE DEDICA A LA INVESTIGACIÓN COLECTIVA, ASÍ COMO A LA REACTIVACIÓN DE DISEÑOS Y TÉCNICAS ANTIGUAS Y TRADICIONALES.

Entrevista con la Colectiva Malacate

Crear con las manos

La antropóloga Karla Pérez (Ciudad de México, 1974) rememora los cimientos sobre los que se construyó Colectiva Malacate: –Nació a partir de mi tesis de licenciatura, hecha entre 2005 y 2010. Esa investigación abordó el papel de la artesanía textil como medio de transmisión y resistencia cultural ante la globalización en Zinacantán, Chiapas. Mi deseo era conocer la vida cotidiana de las maestras tejedoras de esa región, además de comprender la práctica textil y sus procesos invisibles. Me interesaba explorar el vínculo entre el textil y el telar (jolobil enzil) con la cultura, lo ritual, lo económico y lo social. Mi intención no era hacer extractivismo de conocimientos; es decir, irme y sustraer las experiencias de ellas, sino hacer algo con los resultados de esa investigación y devolverles algo en reciprocidad. Así decidí radicar en Chiapas y empezar Colectiva Malacate, integrada por compañeras sin experiencia previa en otras organizaciones.

Hilos de vida

Daniela López (Zinacantán, 2000) y Dolores Pérez (Aldama, 1995) son chiapanecas risueñas y ama-

▲ Encuentro de mujeres mayas, Manuel Guzmán. Tomada de: https://www.facebook.com/MalacateTallerExperimentalTextil/

bles. La más joven de ellas reflexiona sobre sus vínculos con el acto de tejer:

–Comencé a bordar a los ocho o nueve años. Mi mamá y mi abuela me enseñaron. Más adelante, mi hermana mayor me enseñó técnicas como el punto de cruz, el difuminado y el bordado a máquina. Antes de entrar a la colectiva, mi mamá y yo hacíamos caminos de mesa para venderlos en San Cristóbal.

–Mi historia es diferente ‒explica Dolores, quien cuenta con nueve años dentro de Colectiva Malacate‒. Quedé huérfana desde muy chica, pero mis hermanos vieron por mí. Aprendí el telar y el bordado gracias a mi cuñada, que también está en la colectiva. En nuestras comunidades, primero nos enseñan este oficio para uso cotidiano, aunque, con mi cuñada, aprendí a verlo también como una forma de sobrevivir y sustentar mi vida.

Memoria textil

–Somos una organización autónoma y autogestiva –dice Karla Pérez–. Al principio, nuestro reto fue económico: ¿quién nos comprará?, ¿en dónde? Algo que nos ha mantenido a flote es preguntarnos quiénes somos, cuál es nuestro lugar en las comunidades y de qué manera valoramos nuestro trabajo como mujeres. Hoy sabemos que solamente juntas podemos sostenernos y generar trabajo para todas. Buscamos espacios en donde las personas valoren el trabajo y quieran conocer las historias y los procesos detrás de cada pieza. Actualmente, trabajamos con una colección de textiles antiguos para reactivar técnicas y preservar la memoria textil”.

Tiempo de tejer

–¿Cómo se decide el diseño de las piezas textiles? –Trabajamos reactivando técnicas de nuestra colección textil. Karla, Daniela, las compañeras de las comunidades y yo nos reunimos para seleccionar colores y pensar las piezas. Daniela, Karla y yo estamos al frente de la gestión diaria de envíos y pedidos. A nuestros clientes siempre les precisamos que aquí trabajamos a nuestro ritmo: no trabajamos por horas, pues las compañeras no se despiertan en la mañana y se ponen a tejer. Primero atienden su casa y a su familia.

Racismo, hilos y telas

La clientela suele ver el resultado de un trabajo: huipiles, faldas, monederos, bufandas, rebozos… pocas veces conoce los entretelones del proceso

creativo. Daniela López explica cómo consiguen los materiales que utilizan:

–Compramos los hilos en un banco de San Cristóbal de las Casas. Las telas se adquieren con un proveedor de Tuxtla Gutiérrez, aunque provienen de Puebla. A veces, también conseguimos telas en Ciudad de México; siempre buscamos que sean cien por ciento de algodón. –Es un proceso –precisa Karla Pérez–. Antes yo llevaba todos los materiales a la comunidad; ahora las compañeras se hacen responsables de comprar sus materiales aquí, en San Cristóbal. Entre ellas enseñan y aprenden. Quizás la gente piensa que es muy sencillo ir a comprar un hilo, pero no lo es. Muchas veces las compañeras se encuentran con actitudes de racismo y exclusión por hablar otra lengua: no las atienden o las atienden de manera diferente. En varias ocasiones me he aventado broncas con ciertas personas al decirles: “No soy más ni menos que mis compañeras. Somos iguales y las debes tratar bien.” Hay procesos invisibles que ellas deben enfrentar, actos aparentemente simples; pero que, en realidad, se convierten en obstáculos.

–¿De qué manera han enfrentado el machismo durante el proceso de construirse como mujeres organizadas y con ingresos económicos propios?

–Antes había mucho machismo en la comunidad, pero al paso del tiempo eso ha cambiado –explica Daniela López–. Ahora muchas mujeres salen de sus localidades e incluso tienen proyectos propios. En mi familia, gracias a Dios, mis hermanos y mi papá han recibido bien que yo esté fuera de la comunidad.

“La vida sigue”

–Si pudieran encontrarse con la niña que fueron, ¿cómo explicarían lo que significa ser tejedora?

–Yo le diría que no puedo creer hasta dónde he llegado –expresa Daniela, mientras una sonrisa franca se dibuja en su rostro.

–Le diría lo mismo –afirma Karla– porque, a pesar de todo el sufrimiento que pasé, he llegado a tener familia en la colectiva. Aquí aprendí que la vida sigue. Gracias a estos nueve años en Colectiva Malacate pude sacar mi carrera de enfermería. A mi niña interior le diría que me siento muy orgullosa, pues aunque hubo bastantes desánimos y varias veces pensé “no voy a poder”, hoy siento mucha alegría al ver que nunca se dejó vencer. Al contrario, pese a las caídas, pudo construir sus sueños. Uno de ellos fue encontrar una familia dentro de Malacate ●

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