SEMANAL SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA DOMINGO 10 DE SEPTIEMBRE DE 2023 NÚMERO 1488
1973-2023 A MEDIO SIGLO DEL GOLPE EN CHILE: LA TRAMA OSCURA Xavier F. Coronado Mariana Elkisch Alejandro García Abreu Rafael Vargas
LA JORNADA SEMANAL
Portada: Francisco García Noriega
2 10 de septiembre de 2023 // Número 1488
1973-2023 A MEDIO SIGLO DEL GOLPE EN CHILE: LA TRAMA OSCURA Mañana, lunes 11 de septiembre de 2023, se cumplirán cincuenta años exactos de la ignominia cometida contra el gobierno constitucional de la República de Chile y, a través de aquel acto criminal, también contra la soberanía de una nación, el respeto a las instituciones, la vida y la dignidad humanas. Para nadie es un secreto: el presidente Salvador Allende Gossens perdió la vida a manos de una cúpula militar tripulada por el intervencionismo estadunidense; desde ese momento y hasta el 11 de marzo de 1990, Chile padeció la dictadura cruel y asesina de Augusto Pinochet, pero no sólo eso: el hermano país de Sudamérica fue convertido en el primer laboratorio del modelo neoliberal en el mundo, no menos nefasto y contrario a los intereses de las mayorías que el peor de los regímenes de gobierno. Medio siglo después, la Historia ha alcanzado a quienes participaron, víctimas y victimarios, en aquellos hechos trágicos: los golpistas, usurpadores y asesinos han terminado en el basurero, mientras que la talla humana del presidente Allende nunca dejó de agigantarse. Con esta entrega honramos la memoria de todos los chilenos caídos, torturados, reprimidos y exiliados, así como la de quienes han resistido siempre, y junto a ellos exigimos nunca más.
CHILE 1973-2023 MEDIO SIGLO
UN TESTIGO EN LA Fernando Gamboa relata el golpe militar contra Salvador Allende
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Después de escuchar el célebre mensaje que el presidente Salvador Allende dirige al auditorio de Radio Magallanes (pequeña estación fundada en 1957 que pertenecía al Partido Comunista chileno), el pintor, promotor cultural, museógrafo y diplomático mexicano Fernando Gamboa y sus acompañantes empiezan a comentar lo que sucede. Gamboa, con la claridad que le da el haber vivido experiencias relativamente similares en dos ocasiones, decide llevar un registro oral de lo que ocurre ante sus ojos utilizando una grabadora.
l siguiente texto es un fragmento de la grabación que Fernando Gamboa hizo a lo largo del martes 11 de septiembre de 1973, en Santiago de Chile. Había viajado a ese país para montar un exposición excepcional compuesta por 164 obras realizadas por José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Gamboa llegó a Santiago el 7 de septiembre y trabajó intensamente para que la muestra quedara completamente montada el día 10. Durante su estancia estuvo alojado en el célebre Hotel Carrera, muy solicitado por su privilegiada ubicación a una cuadra del Palacio de la Moneda, asiento de la Presidencia de la República. Desde las ventanas del hotel, mirando hacia el lado derecho, se tenía una vista completa de la fachada del Palacio. La delegación mexicana fue alojada en los pisos nueve y diez, y desde muy temprano pudo observar una creciente actividad en la plaza de armas. La insurrección militar había comenzado. Los militares sublevados, con Augusto Pinochet a la cabeza, dicen querer salvar a Chile de las “garras del marxismo”. La atmósfera política en aquellos días estaba muy enrarecida por los ánimos golpistas y, por supuesto, Gamboa y demás miembros del grupo estaban conscientes de ello. Gamboa acostumbraba llevar a sus viajes una grabadora portátil que le permitiera registrar los pormenores de las actividades que realizaba y ese 11 de septiembre, al advertir la presencia militar en la plaza, decidió registrar lo que sucedía ante sus ojos. Así fue como se produjo este testimonio absolutamente singular, no sólo por la oportunidad con que fue realizado, sino por la muy experimentada perspectiva política de quien lo realizó: Fernando Gamboa ya había vivido acontecimientos relativamente similares en España en 1936 y en Colombia en 1948. En un momento de la extensa narración oral que realiza apunta: “Disponemos de los elementos, de los recursos para poder interpretar este hecho histórico y nos damos cuenta de su naturaleza trágica.” Así, con plena conciencia, vivió ese amargo día el gran Fernando Gamboa, a quien tanto le debe la cultura mexicana. Agradecemos profundamente al Patronato Cultural Fernando Gamboa y a su directora, Patricia Gamboa, su autorización para reproducir el testimonio de don Fernando. Presentación y nota de Rafael Vargas Escalante, quien se desempeñó como agregado cultural en Chile de 2001 a 2005.
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LÍNEA DE FUEGO “Estamos en la encrucijada de una guerra civil. En estos momentos la plaza principal de Santiago está sitiada. Estamos frente al Palacio de la Moneda, en la habitación número 1004 del embajador [Jesús] Cabrera Muñoz Ledo. Estamos concentrados aquí, viendo, escuchando, las proclamas patrióticas y las advertencias de uno y otro bando a propósito de la situación tan grave que está ocurriendo. Se ha pedido, por el ejército y los carabineros –es decir, la policía–, la dimisión del presidente Allende y su gobierno. Por su parte, el presidente Allende ha lanzado una proclama patriótica defendiendo la legalidad constitucional y pidiendo el apoyo del pueblo, la no traición a sus convicciones. La plaza está bloqueada. En cada esquina de las bocacalles hay un cordón de carabineros con [los cañones de] las armas largas levantadas hacia arriba en espera de cualquier cosa. Sólo se mueven por la plaza algunos fotógrafos y camarógrafos, probablemente de agencias [de prensa] extranjeras, que están plantados de frente a la fachada principal del Palacio de Gobierno. [Hay una pausa en la grabación. Cuando se reanuda, se escuchan con claridad ráfagas. Se escucha otra voz masculina, probablemente de Cabrera Muñoz Ledo] –Ahora sí. Eso, además, son ametralladoras. [Gamboa retoma la narración de lo que ocurre.] Estamos escuchando una balacera terrible que se ha desatado en la Plaza de la Moneda. Lo lógico a esperar es el acto de provocación de los agentes interesados en producir este conflicto, esta fricción, o de los que han reaccionado ante la participación del ejército. Unos chicos entre suicidas y valientes, se atraviesan la plaza. Parecen fotógrafos, reporteros que andan grabando. Pero de todas maneras están tratando de encontrar asilo. ¡Pero ahí va un hombre que es un obrero con una pistola en la mano! Se metió aquí abajo. [Se escucha un balazo. Uno solo, seco.] Gamboa exclama: ¡Pácatelas! [Alguien dice: “¡Se ha caído, se ha caído!”, para señalar que no lo han matado.] Un pequeño grupo de reporteros está corriendo, buscando los quicios de las puertas. Ahora sí: se ha generalizado la balacera. [Pausa] ¡Pácatelas! Están balaceando ya con ametralladora. Eso es ametralladora. ¡Qué barbaridad! ¡Estamos en plena zona de guerra! ¡Están contestando desde los balcones del Palacio de la Moneda! [Se escucha otra voz, en un plano alejado del micrófono, que dice:] “Está saliendo humo.” “Sí”, responde Gamboa. “Lo que yo no sé es si fue un cañonazo que les metieron”, dice su interlocutor.] Este es un golpe fascista que me recuerda a España, dice Gamboa. Esto es traición, esto es un cuartelazo inmundo. Estamos en plena zona de fuego. Estamos –para situarnos como si estuviéramos en el Zócalo de México–, exactamente del lado del Palacio de Gobierno del Distrito Federal. Es decir, en el lado derecho, si se ve de frente Palacio Nacional. Esperamos que una situación semejante jamás ocurra [en México]. México vivió una cosa parecida en los terribles días de la Decena Trágica, pero confiamos
▲ Fernando Gamboa. Foto tomada de https://upload. wikimedia.org/wikipedia/commons/1/17/Fernando_ Gamboa.jpg
Están balaceando ya con ametralladora. Eso es ametralladora. ¡Qué barbaridad! ¡Estamos en plena zona de guerra! ¡Están contestando desde los balcones del Palacio de la Moneda! [Se escucha otra voz, en un plano alejado del micrófono, que dice:] “Está saliendo humo.” “Sí”, responde Gamboa. en que nuestro pueblo nunca más sufra algo así. [Una voz en la radio transmite un comunicado del Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU)]: “Haciendo honor a su tradición de revolucionario y de líder de la Revolución Chilena [Allende] está en La Moneda, dispuesto a defender con su vida el gobierno popular y las conquistas de los trabajadores. La actitud del compañero presidente señala un ejemplo que debe ser seguido hoy día por todos los trabajadores chilenos, por todo el pueblo de Chile.”
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[Gamboa retoma la narración] La Plaza es muy grande. Resuenan estruendosamente los balazos, las detonaciones. Hemos estado tratando de comunicarnos, en vano, con el embajador de México, [Gonzalo] Martínez Corbalá. Estamos escuchando un bando. [Gamboa deja de hablar y se escucha la transmisión del bando que advierte: “los trabajadores deberán permanecer en sus sitios de trabajo, en caso de que no hacerlo, serán atacados por tierra y aire”. Enseguida señala que todo acto de “sabotaje” –es decir, contra los militares– será castigado de la manera más drástica en el lugar mismo donde ocurra la falta. “En este país –dice el bando radiofónico de la junta militar que está asaltando el poder mediante la violencia–, no se aceptan actitudes violentistas.” Grotesca ironía.] Ya no hay duda de que se trata de un golpe militar, y de que todo está orientado a la rendición del presidente Allende, que está en el Palacio de la Moneda. Están dispuestos a todo con tal de someterlo. Me preocupa, como a todos aquí, la colección de pintura que se encuentra en el Palacio de Bellas Artes. Les he propuesto a mis compañeros que, como en Bogotá, salgamos con una bandera mexicana a ver si nos permiten llegar hasta el Museo. [Se siguen oyendo disparos, incluso el disparo de un cañón. Mientras la radio (presumiblemente Radio Magallanes) transmite el llamado de la Central Única de Trabajadores (de filiación socialista y comunista) a contener el golpe profascista, comienzan a escucharse muy cerca frecuentes cañonazos] Hemos tratado de comunicarnos con el embajador, pero es imposible. En realidad, estamos incomunicados. Lo que está sucediendo tiene características muy diferentes a lo que ocurrió en Bogotá el 9 de abril de 1948. Se parece más a lo que pasó el 18 de julio de 1936 en España, aunque entonces el enfrentamiento no se esperaba y fue una sorpresa; aquí sí se veía venir. Y este ataque es una cosa muy organizada. [Se oye el tableteo de las ametralladores fortísimo, y al poco el cañoneo de los tanques que disparan hacia La Moneda, pero al aire. Suenan muchos disparos de grueso calibre. Los militares anuncian que a las 11:00 am bombardearán La Moneda si Allende no se rinde. Disparan contra las edificaciones de los cuatro costados de la plaza a manera de amedrentamiento y de prevención contra un posible ataque, pero también, probablemente, para “despejar” el entorno de La Moneda antes de que la fuerza aérea empiece a bombardearla. Entran proyectiles a la habitación donde está la delegación mexicana. Las balas destruyen en parte la habitación del embajador Cabrera Muñoz Ledo. El grupo mexicano baja al sótano del hotel siguiendo las instrucciones de los empleados del mismo. A través de la radio los militares piden a los bomberos que acudan a La Moneda para apagar el fuego.] Fernando Gamboa dice: “¡Qué horror! Así que la aviación bombardeó el Palacio de La Moneda. Con razón los bombazos han estado cimbrando el hotel, y eso que estamos en el sótano más bajo. Si matan al presidente Allende será una mancha imborrable para Chile. Seguramente el presidente está peleando. El presidente es un héroe de la democracia. En su llamamiento dijo que solamente muerto lo sacarían de La Moneda. Están arrasando el Palacio para sacar a Allende. Y también van a arrasar la democracia con sus cañones” ●
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En paralelo con la literatura testimonial, una de las formas más significativas de divulgación literaria originadas en el exilio fueron las revistas. Su propósito era congregar “la dispersión de autores chilenos repartidos por el mundo y mantener un posible, aunque incierto, diálogo con lo que ocurría dentro de Chile”. Las revistas trascendieron por su calidad literaria y por su perspectiva política. De acuerdo con el Servicio Nacional del Patrimonio de Chile, las publicaciones más importantes fueron Literatura chilena en el exilio, Araucaria y Lar.
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EL EXILIO CHILENO, LOS TESTIMONIOS Y LAS REVISTAS
Literatura testimonial
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Alejandro García Abreu ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
os investigadores de Memoria Chilena –organismo de la Biblioteca Nacional de Chile– explican que tras el golpe de Estado de 1973 su literatura quedó fraccionada en su desarrollo; de esta escisión histórica se produjo la diáspora y las expresiones literarias quedaron fragmentadas en “dos instancias reales, aunque paradójicas, dado que la literatura de un país es siempre una: la que se escribe en el interior (la literatura del “in-xilio” como la ha llamado el crítico Grínor Rojo) y la de los escritores que tuvieron […] que partir al exilio”. Los países de la diáspora fueron México, Francia, España, Suecia, Alemania Oriental, Estados Unidos y Canadá. Percibieron a Chile desde lejos. La fase inicial de los escritores chilenos exiliados se caracterizó por una literatura testimonial de esa nueva realidad. Esta literatura no se inauguró en Chile en 1973. Un ejemplo paradigmático resulta Canto general (1950), de Pablo Neruda, escrito durante su exilio bajo el gobierno de Gabriel González Videla. En la nueva narrativa testimonial se relatan las prácticas de la tortura, el exterminio y “la no menos traumática experiencia de integrarse en países donde tanto la idiosincrasia como la lengua son otras”. Se trata de la imposibilidad de regresar al país por un extendido período de tiempo “en el que nacen y crecen hijos de exiliados, con una patria ausente e imaginaria” que se conserva solamente en la memoria y en el registro literario. Los especialistas de la Biblioteca Nacional de Chile aseguran que otro aspecto de la literatura testimonial fue la exploración de las causas de la etapa histórica. En
un segundo momento se desarrolló “la reflexión sobre el destino de Chile y sobre el destino de una vida colectiva después de 1973”. Entre las obras de este tipo, recuerdan los expertos, se encuentran Una especie de memoria, de Fernando Alegría; El Libro Negro de la Intervención Norteamericana en Chile, de Armando Uribe, y Diario del doble exilio, de Osvaldo Rodríguez. Dicen que “la literatura testimonial tiene un carácter de urgencia y denuncia. Lo más importante es dar cuenta de los sucesos ocurridos durante la represión y sus consecuencias inmediatas, en un lenguaje transparente, más cercano a la crónica que a la ficción”. Algunos ejemplos son Tejas verdes (1978), de Hernán Valdés, sobre los campos de concentración y tortura chilenos, Genocidio en Chile, de Carlos Cerda, y Prisión en Chile (1975), de Alejandro Witker.
Obras metafóricas y alusivas Posteriormente fueron publicadas “obras más metafóricas y alusivas”, recuerdan los estudiosos de Memoria Chilena, como Viudas (1987), de Ariel Dorfmann, No pasó nada y otros relatos (1985), de Antonio Skármeta, Frente a un hombre armado (1981), deMauricio Wacquez, o Casa de campo (1978), de José Donoso. A finales de los años setenta y comienzos de los ochenta, la poesía cobró mucha importancia, como La ciudad, de Gonzalo Millán, Ínsulas flotantes, de Omar Lara, El puente oculto, de Waldo Rojas, Notas para una contribución a un estudio materialista sobre los hermosos y horripilantes hechos de la (cabrona) tensa calma (1983), de Mauricio Redolés, y Oscuro (1978), de Gonzalo Rojas.
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Los países de la diáspora fueron México, Francia, España, Suecia, Alemania Oriental, Estados Unidos y Canadá. Percibieron a Chile desde lejos. La fase inicial de los escritores chilenos exiliados se caracterizó por una literatura testimonial de esa nueva realidad.
Las revistas literarias Una de las formas más significativas de divulgación literaria originadas en el exilio fueron las revistas. Su propósito era congregar “la dispersión de autores chilenos repartidos por el mundo y mantener un posible, aunque incierto, diálogo con lo que ocurría dentro de Chile.” Las revistas trascendieron por su calidad literaria y por su perspectiva política. Las más importantes fueron Literatura Chilena en el Exilio, Araucaria y Lar, según el Servicio Nacional del Patrimonio de Chile. El primer número de Literatura Chilena en el Exilio, publicado en enero de 1977, incluyó textos de Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Bernardo Subercaseaux, Poli Délano, Juan Epple, Luis Domínguez, Hernán Valdés, Omar Lara, Luis Roberto Vera, Juan Eduardo Esquivel, Efraín Barquero, David Valjalo, José de Rokha, Sergio Macías, Jaime Valdivieso, Mahfud Massis, Osvaldo Rodríguez, Miguel Otero Silva, Espiga, Armando Cassigoli, Gonzalo Rojas, Alejandro Witker y Radomiro Tomic. Fue dirigida por Fernando Alegría y editado por David Valjalo. El Comité Internacional fue compuesto por un solo escritor: Gabriel García Márquez. Fue impreso por The Frontera Press en Los Ángeles, California. En su nota editorial Fernando Alegría planteó la importancia de un proyecto de esa naturaleza: La revista Literatura Chilena en el Exilio se funda por las siguientes razones: Bajo el gobierno de las Fuerzas Armadas en Chile no existe libertad de pensamiento ni de expresión; las universidades han dejado de ser organismos de cultura para transformarse en centros de coerción y adiestramiento político pretendiendo, según declaración explicita de personeros de la Junta, formar una generación que responda a los intereses del gobierno de facto bajo la disciplina férrea de rectores militares. Como consecuencia de las medidas tomadas por la dictadura se ha producido un vasto éxodo de investigadores y escritores chilenos hacia países que les ofrecen garantías de libertad y facilidades en su trabajo. Creemos
de toda necesidad vincular estrechamente a los intelectuales chilenos en el exilio, promover sus trabajos de investigación y creación y darles la amplia difusión que se merecen. Nuestra revista aspira a cumplir esta misión en el campo de la investigación y creación literarias. Asimismo, promoverá lazos de sólida cooperación y unidad con los escrito progresistas de todo el mundo. Declaramos nuestra firme voluntad de continuar esta publicación en el exilio hasta que se restablezcan en nuestra patria las condiciones de libertad y respeto a los derechos del hombre que han sido tradicionales del pueblo de Chile. Un año, después, en 1978, surgió la revista Araucaria, en la cual se publicaron textos de Hernán Ramírez Necochea, Alfonso González Dagnino, Luis Corvalán, Eduardo Labarca Goddard, Alfonso Alcalde, Mario Benedetti, Julio Cortázar, Volodia Teitelboim –director de la publicación–, Luis Enrique Délano, Roberto Pailahueque y Hernán Loyola. Su redacción se situaba en el número 10 de la rue Saint-Marc, en París. Estuvo a cargo de Carlos Orellana. Las operaciones de Araucaria también fueron madrileñas. La nota editorial – escrita por Volodia Teitelboim– también resultó crítica: En Chile todo el mundo habla hoy del “apagón cultural.” En efecto, la Junta prefiere, en el dominio de la literatura y el arte, de todas las expresiones del pensamiento, las virtudes higiénicas del silencio y del black-out. No puede cortar la lengua a todo un país. No puede impedir que se piense, que se escriba, que se pinte, que se cante. Pero acaba de prohibir, por ejemplo, las memorias de Neruda, Confieso que he vivido: según el glorioso pretexto de que expresan el juicio del autor sobre los acontecimientos del 11 de septiembre de 1973.
En el segundo número de Lar, su director, Omar Lara, narra que los días 1, 2 y 3 de abril de 1983 se llevó a cabo el Primer encuentro de poesía chilena en Rotterdam. El Centro Salvador Allende fue el
patrocinador del evento, acudieron poetas residentes de muy disímiles países (Canadá, Inglaterra, Suecia, España, Francia, Italia, Alemania, Estado Unidos y Holanda) y se recibieron varias colaboraciones desde Chile. Cabe destacar, muy especialmente, la participación de Poetry International a través de su presidente, el poeta Martin Mooij, quien inauguró el encuentro. Este número especial de Lar, coordinado por el crítico literario Luis Íñigo Madrigal y por Hugo Bascuñan, en representación del Centro Salvador Allende, recoge gran parte de los trabajos leídos y comentados durante los tres días de duración del coloquio. Participaron Mauricio Redolés, Tito Valenzuela, Mauricio Electorat, Antonio Arévalo, Gustavo Mujica, Felipe Tupper, Carlos Geywitz, Omar Lara, Edgardo Mardones, Pilar Benítez, Cecilia Vicuña, Patricia Jeréz, Waldo Rojas, Federico Schopf, Mariano Maturana, Radomiro Spotorno, Cristóbal Santa Cruz, Aleti Jiiberto, Cote Jiiberto, Soledad Bianchi, Antonio Skármeta, Antonio Avaria, Fernando Quilodrán Alejandra Guevara, Sergio Muñoz, Gonzalo Milán, Sergio Badilla, José María Memet, Sergio Infante, Walter Hoefler, Waldo Guzmán, Juan Samuel, Carlos Briones, Luis Iñigo Madrigal, Ricardo Cuadros, Miguel Vicuña, Pancho Lebu, Yolanda Arellano, Orlando Torricelli, Jaime Quezada, Enrique Lihn, Javier Campos, Hernán Castellano Girón, Alejandro Lazo, Adolfo Pardo, Grupo Tragaluz, Jorge Montealegre, Eduardo Llanos, Hedy Navarro, Eugenio Llona, Ramón Díaz Eterovic, Leonora Vicuña, Juan Robaldo Pradena, Antonio Gil, Guillermo Bown, Jeremy Jakobson, Eduardo Parra y Hubert Cornelius.
El destino Todos los autores que crearon obras maestras, que lucharon con la tinta y que en su mayoría giraron alrededor de tres magníficas revistas literarias abrieron las puertas a la internacionalización de varias generaciones de escritores chilenos. Su legado pervivirá siempre contra la ignominia ●
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El volumen Cien voces rompen el silencio. Testimonios de expresas y expresos políticos de la dictadura militar en Chile, reúne cien testimonios de sobrevivientes del golpe de Estado en Chile en 1973, recopilados por Wally Kunstmann, detona esta reflexión sobre el derrocamiento del gobierno de Salvador Allende y su vigencia en el presente en no pocas variantes de la voracidad del gran capital en el mundo contemporáneo.
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TERROR Y LADRILLO:
EL GOLPE DE ESTADO EN CHILE ▲ El Palacio de La Moneda, Santiago de Chile, 11 de septiembre de 1973. Foto: Ap.
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Mariana Elkisch ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
esde que recibí el libro Cien voces rompen el silencio. Testimonios de expresas y expresos políticos de la dictadura militar en Chile, recopilación de Wally Kunstmann y editado por la UACM/FCE, sabía que sería una lectura dolorosa y debía tener la fuerza y el coraje pero, sobre todo, el respeto y la atención que merece escuchar (porque este libro habla) los cien testimonios de hombres y mujeres que habitan en él. Mañana se cumplen cincuenta años del golpe militar en Chile. 11 de septiembre de 1973. Los años, sin duda, pero también el deliberado intento de los poderosos por borrarlo, han hecho que esta emblemática fecha se diluya. Además, otro acontecimiento sucedido ese mismo día le ha servido al poder para profundizar el silencio y el olvido. Hoy, lamentablemente, para millones de personas, el 11 de septiembre los remite a Nueva York, uno de los principales centros de Estados Unidos, imperio que resulta pieza fundamental de lo que sucedió en Chile veintiocho años antes de aquel “atentado” a las Torres Gemelas. La conmemoración de los cincuenta años del golpe cívico-militar en Chile no nos remite a un día en particular. Se trata, en realidad, del inicio
de décadas oscuras que no han terminado de clarear. Y el principio del amanecer será, incondicionalmente, el día que se haga justicia. Por eso hoy y como cada día ¡Ni perdón ni olvido! Rememorar y recordar el pasado debe ser un compromiso de cualquier hombre y mujer digna, porque la memoria es el antídoto al silencio y el olvido que, como bien dice Wally Kunstmann, no son otra cosa que la impunidad. Pero recordar también es indispensable para aprender, para imaginar y, sobre todo, para trabajar día a día para construir un mundo justo. El pasado no debe quedar en el remoto tiempo añejo, las experiencias del pasado son las herramientas del presente. El golpe de Estado perpetrado contra el gobierno de la Unidad Popular en Chile no es un hecho aislado del Cono Sur. Tampoco lo son todas las dictaduras militares que se impusieron en gran parte de América Latina. El golpe militar al gobierno del presidente Salvador Allende fue y sigue siendo una de las expresiones más claras del capitalismo mundial. Esos sangrientos años marcan el inicio de la inflexión neoliberal, fase para la que, incluso antes del consenso de Washington, se montó uno de los más grandes laboratorios en Chile.
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de operación en Estados Unidos y contaron con el respaldo y complicidad de los diversos personeros del capital internacional, incluido el infame Vaticano. El golpe cívico-militar en chile, la dictadura impuesta, fue una conjura internacional.
Memoria versus impunidad
Wally Kunstmann, expresa y activista chilena. Foto: José Antonio López
Después del golpe: el terror y el ladrillo Este laboratorio se articuló sobre la base de dos grandes elementos. Por un lado, asistimos a la ejecución de una operación sistemática de terror y exterminio contra cualquier elemento subversivo que representara (real o no) un peligro para el sistema (el terror). Por otro, se ejecutó una profunda reforma económica desarrollada por los Chicago Boys, un grupo de tecnócratas neoliberales formados en la Escuela de Economía de Chicago siguiendo las ideas de Friedman y Harberger (el ladrillo).* El terror y el ladrillo signaron el rumbo de la vida de Chile a partir del golpe de Estado y, lamentablemente, aún signan la vida de ese país. Tras el golpe de Estado, los militares impusieron un régimen que canceló todas las garantías civiles y políticas: se disolvió el Congreso, se suspendió la Constitución, se prohibieron los partidos políticos, se disolvieron los sindicatos, se intervinieron las universidades; además se desplegó una operación de exterminio. Genocidio. Cientos de centros de detención y tortura (detallados con precisión en el magnífico trabajo que ha encabezado Wally y que se plasman en el mapa del horror que acompaña este libro); miles de desaparecidos y torturados (cuyos testimonios, aquí cien, dibujan el horror indescriptible que vivieron ellos y miles y miles más); centenares de exiliados políticos que tuvieron que dejar su tierra y sus amores para no morir, y un pueblo entero atravesado por el terror. Por otro lado, una agresiva política de privatizaciones, inversión extranjera, reducción del gasto público en materia social y la consecuente agudización de la explotación pusieron a Chile en pleno terreno neoliberal, escenario que se mantiene hoy día haciendo de Chile el país más privatizado de América Latina. El triunfo del candidato de la Unidad Popular, Salvador Allende, en las elecciones presidenciales en septiembre de 1970, sin duda agudizó y aceleró las contradicciones internas en Chile. Los propios resultados de la elección reflejan la complejidad de la correlación: Allende 36.6; Alessandri 34.9 y Tomic 27.8 por ciento, y arrojan también luz a la complejidad que enfrentaría Allende para gobernar. Sin embargo, más allá del análisis de la correlación de fuerzas que se configuró al interior de Chile, incluso más allá de los aciertos y los desaciertos en que se haya incurrido en la estrategia del gobierno de la UP, resulta fundamental entender que la llamada vía
Tras el golpe de Estado, los militares impusieron un régimen que canceló todas las garantías civiles y políticas: se disolvió el Congreso, se suspendió la Constitución, se prohibieron los partidos políticos, se disolvieron los sindicatos, se intervinieron las universidades; además se desplegó una operación de exterminio. Genocidio. Cientos de centros de detención y tortura.
chilena al Socialismo constituyó un desafío al capital mundial. El gobierno de la Unidad Popular, los miles de hombres y mujeres que entregaron su vida para construir un Chile más justo, no enfrentaron sólo a las rancias oligarquías chilenas –imbricadas profundamente en y con la clase militar–; no tenían por enemigo sólo a la conservadora burguesía chilena y su Iglesia católica: luchaban y desafiaban al sistema capitalista que no iba a permitir, y sigue impidiendo, que nada ni nadie lo ponga en cuestión: ni desde un salón de clases, ni desde una avenida repleta de manifestantes, ni mucho menos desde un Palacio Nacional. Pinochet no caminó solo. El bastón que realmente lo sostenía era en realidad el capital mundial operando su reproducción a costa de todo y de todos. El golpe de Estado en Chile, y los que le precedieron y sucedieron, encuentran su centro
Además de la tarea cotidiana de exigir justicia para las víctimas del terrorismo de Estado, justicia que lejos está de los actos de oropel para expiar culpas, es indispensable reconocer al brutal enemigo que enfrentaron y que es, con sus actualizaciones, el mismo que enfrentamos hoy: el capital, despiadado y poderoso que no se constriñe a los límites de un territorio nacional; que ante su constante necesidad de sostener e incrementar el ritmo de la acumulación de capital, desplegará sus fauces y mil cabezas. Hace cincuenta años el monstruo se mostró con plenitud en Chile, pero no fue sólo una aparición coyuntural. Ese régimen de terror avanzó por el planeta entero y sigue rompiendo cuerpos y pueblos; opera y despliega todas las estrategias posibles para mantener el control, a costa de todo y todos. La brutal experiencia del golpe cívicomilitar en Chile no es pasado: es presente que se refleja en los acuerdos que evitaron el juicio a Pinochet; en las leyes que pretenden resarcir el daño de los cuerpos rotos provocado por la tortura, otorgando pingües pensiones a las víctimas; en las alianzas estratégicas (lo que Lawner llama “el acuerdo de la infamia”) para conservar hoy por hoy los contenidos de la Constitución del régimen militar de Pinochet. Pero es presente también más allá del territorio chileno. Camina en forma de Trump, de Boris Jonson, de Bolsonaro y de Milei. Camina en forma de crimen organizado. Camina en forma de organismos internacionales. Camina también en forma de los gobiernos que se dicen “progresistas” pero operan el despojo y la destrucción bajo el cobijo del gran capital y del poder militar. El horror está en las cicatrices de los cientos de miles de torturados por todas y cada una de las dictaduras militares. Y está también en los cientos de miles de desparecidos por el crimen organizado; está en los millones de desplazados por las guerras; en las barcas hundidas con migrantes en todos los mares; en cada uno de los niños y niñas del mundo que no tienen acceso a la educación, ni al agua, ni al alimento; en las miles y miles de mujeres asesinadas. El horror está en la indiferencia ante la injusticia, en el pensamiento simplista y reduccionista, en las mentiras contadas mil veces para que se vuelvan verdad, en la intolerancia al otro, en la fragmentación. La mejor manera de honrar la vida de todas y todos los compañeros que lucharon por un mundo más justo en Chile, de revistar a la Unidad Popular, es recuperar las experiencias del pasado para desplegar, con profundo amor, nuestro pensamiento más crítico y creativo que nos permita construir ese otro mundo que es posible. Que la memoria sirva para acabar con la Impunidad, pero sirva también para construir un mundo mejor. Hasta que la dignidad se haga costumbre, ni perdón ni olvido ● *El ladrillo es el nombre del texto de política económica elaborado por los Chicago Boys, en donde se establecen las pautas del modelo neoliberal que sería introducido durante la dictadura militar. Milton Friedman haría referencia a éste como “el milagro Chileno” .
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8 10 de septiembre de 2023 // Número 1488
Cincuenta años después, el golpe de Estado perpetrado en Chile en contra del gobierno de Salvador Allende (1908-1973) permanece como uno de los actos más ignominiosos llevados a cabo por la CIA, la “fórmula del caos”, durante el siglo pasado. El presente artículo recorre los hechos antes y después del 11 de septiembre de 1973 y pondera la importancia de su estudio frente a la inveterada tendencia de la historia a repetirse.
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1973-2023
A MEDIO SIGLO
Gobierno y golpe
Tenemos el gobierno, pero no el poder. Salvador Allende
Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, será una lección moral. Salvador Allende
E
l acontecer histórico es un relato en permanente construcción. Los sucesos más significativos de la actividad humana se narran en un hipotético libro donde está escrita la llamada historia oficial: una interpretación lineal y simplificada de hechos complejos con pocas posibilidades de ser fiel a lo acontecido. A pesar de ello, su conocimiento nos puede aportar claves para entender el momento que vivimos. Un lugar común es afirmar que la historia se repite, los humanos volvemos a representar en el gran escenario terrenal los mismos melodramas, siempre con matices diferentes y protagonistas renovados. Dicha afirmación parece fundada cuando analizamos los innumerables capítulos que conforman el libro de la historia. De su estudio se pueden extraer enseñanzas que nos ayuden a prevenir, enmendar y liberarnos de esa espiral iterativa de eventos imbricados. De este modo, las efemérides de momentos cruciales del pasado se convierten en oportunidades para recapitular lo acontecido, investigar y extraer las lecciones que se infieren de su análisis. Este es el caso de un hecho histórico que marcó el último tercio del pasado siglo; sus consecuencias determinaron la consolidación de un cambio político y socioeconómico global que prevalece después de cinco décadas. Nos referimos al golpe de Estado ocurrido en Chile en 1973 contra el gobierno de Unidad Popular: un episodio que contagió a otros países del continente e impuso las bases para consolidar la economía neoliberal en gran parte del planeta.
Xabier F. Coronado ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
EN LAS ELECCIONES del 4 de septiembre de 1970, el candidato de la Unidad Popular a la presidencia de Chile, Salvador Allende Gossens, se impuso a Jorge Alessandri del Partido Nacional por un estrecho margen: 36.6 frente a 34.9 por ciento. De esta manera, Allende se convirtió en el primer presidente socialista que accedía al poder en América de manera democrática. El programa de gobierno de la Unidad Popular pretendía desarrollar reformas sociales, económicas y políticas que permitieran al país transitar por la denominada vía chilena al socialismo. En las elecciones municipales celebradas en abril del año siguiente, la Unidad Popular elevó su porcentaje hasta el 50.9 por ciento. Allende aprovechó esta coyuntura para completar la nacionalización de la minería que había comenzado con el carbón, y tanto el hierro como el cobre pasaron a ser patrimonio del Estado chileno. Esta política molestó a las empresas privadas nacionales y extranjeras que tenían el control del sector minero del país. El Congreso, controlado por una mayoría de diputados de oposición encabezados por la democracia cristiana, se concentró en bloquear la aprobación de las reformas impulsadas por el gobierno. La existencia de un funcionariado procedente del antiguo régimen no facilitaba las cosas y los grupos empresariales desataron una campaña de presión económica que provocó el descontento de la población. El escenario se agravó cuando el sector del transporte convocó a una huelga que produjo problemas de movilidad y desabasto. Este clima de inestabilidad desequilibró la situación interna del país. El gobierno tenía la esperanza de incrementar su representación parlamentaria en las elecciones convocadas en marzo de 1973. Un resultado favorable permitiría mejorar la situación y reconducir el proceso legislativo para consumar la vía al socialismo planteada por el Ejecutivo. A pesar de que la Unidad Popular logró incrementar su porcentaje en relación a las anteriores elecciones presidenciales, el 43 por ciento de votos obtenidos no desbloqueaba la situación en el Congreso, pero tampoco permitía a la oposición impulsar una moción de censura para destituir a Allende. Los grupos políticos que apoyaban al gobierno no se ponían de acuerdo en lo que se debía hacer; unos planteaban radicalizar el movimiento mien-
▲ Salvador Allende y su esposa Hortensia Bussi. Foto: Ap.
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El Palacio de La Moneda, 2023. Foto: Afp
DEL GOLPE EN CHILE tras que otros preferían intentar el diálogo con la democracia cristiana. Por su parte, los militares comenzaron a hacer declaraciones sobre la situación política del país; el general Gustavo Leigh advirtió al presidente que si se apartaba de la Constitución no tendrían otro remedio que enfrentar a su gobierno. Los rumores de que se estaba preparando un golpe de Estado liderado por el ejército se generalizaron. El primer intento se produjo el 29 de junio: un reducido grupo castrense pretendió encabezar la sublevación, pero no fue secundado por el resto de las fuerzas armadas. Ante el fracaso del golpe, el presidente Allende reiteró su estrategia de diálogo para desbloquear la situación política. Un mes más tarde, la oposición abandonó definitivamente las conversaciones. Esa decisión dejaba el camino expedito para que se produjera el golpe de Estado del 11 de septiembre.
La trama oscura El capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, crearon el clima para que las fuerzas armadas rompieran su tradición. Salvador Allende
Allende aprovechó esta coyuntura para completar la nacionalización de la minería que había comenzado con el carbón, y tanto el hierro como el cobre pasaron a ser patrimonio del Estado chileno. Esta política molestó a las empresas privadas nacionales y extranjeras que tenían el control del sector minero del país.
DURANTE SU TRUNCADO período de gobierno, el presidente Allende enfrentó numerosos problemas derivados de las presiones políticas y económicas ejercidas desde el ámbito interno e internacional. El proceso de transformación emprendido por el gobierno de Unidad Popular tuvo la oposición de la derecha, la oligarquía empresarial y la mayoría de la cúpula militar. Incluso sufrió el rechazo de grupos revolucionarios de extrema izquierda. Por si esto fuera poco, el gobierno de Estados Unidos, con la anuencia de los países occidentales, trató de evitar la llegada de Allende al poder y, al no conseguirlo, puso todos los medios para recortar su mandato. La victoria de Allende en las elecciones de 1970 provocó una fuerte reacción en contra del gobierno de Estados Unidos. Las causas de esa postura no son difíciles de explicar, desde un punto de vista histórico y coyuntural. La recurrente intervención política y militar estadunidense en otros países sirve para entender por qué la vía chilena al socialismo era considerada una amenaza. Asimismo, la coyuntura económica internacional muestra que el motivo de esta acción encubierta contra el gobierno de Unidad Popular fue proteger los intereses del sistema capitalista. La intención era imponer regímenes políticos gregarios que servilmente se sometieran al modelo neoliberal para configurar un orden económico mundial basado en la teoría monetarista de Milton Friedman. La desclasificación parcial de una serie de documentos de la época permite constatar la intervención del gobierno estadunidense en los asuntos internos de Chile, desde antes de la ratificación de la presidencia de Allende hasta el golpe de Estado militar de 1973. Uno de esos documentos, fechado el 15 de septiembre de 1970, trata sobre la reunión que sostuvieron, en la oficina oval de la Casa Blanca, el presidente Richard Nixon y su secretario de Estado, Henry Kissinger, con miembros del Consejo Nacional de Seguridad. El propósito era evitar que el congreso de Chile avalara la investidura de Salvador Allende como presidente constitucional. Durante el encuentro, al que también asistieron el fiscal John Mitchell y el director de la CIA, Richard Helms, que fue quien redactó ese documento; se informó que eran pocas las posibilidades de alcanzar dicho objetivo, aunque había que intentarlo porque “era necesario salvar a Chile”. El presidente Nixon propuso “gastar lo necesario” e informó de la disponibilidad de diez millones de dólares para conseguirlo, “más sí se necesita, para realizar el trabajo a tiempo completo con nuestros mejores hombres”, y estableció un plazo de “48 / PASA A LA PÁGINA 10
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horas para elaborar un plan de acción”. De inmediato, la CIA comenzó planificar el método para hacer efectiva la “fórmula del caos” a través de una “guerra económica, política y psicológica”. Anteriormente, el 8 de septiembre, Kissinger había presidido el “Comité 40”, encargado de realizar intervenciones en el extranjero. Al final de la reunión, el secretario de Estado solicitó que la embajada estadunidense en Chile proporcionara de inmediato “una evaluación a sangre fría, con los pros y los contras, los problemas y las perspectivas si se organizara en esos momentos un golpe militar chileno con la ayuda de Estados Unidos”. El embajador Edward Korry respondió a Kissinger afirmando que el ejército chileno no se implicaría a no ser que hubiera “caos nacional y violencia generalizada.” El 18 de noviembre, dos semanas después de ratificarse la investidura de Allende, la CIA reconoce su fracaso y difunde un informe interno sobre las actividades de la Fuerza de Operaciones Especiales en Chile. En el documento se revela que el 15 de septiembre la agencia de inteligencia había sido encargada de impedir “el acceso a la presidencia de Chile al marxista Salvador Allende”, y se detalla el desarrollo de las operaciones. En primer lugar, se desató una campaña de propaganda centrada en generar “preocupación sobre el futuro de Chile en términos que condicionarían la opinión y las acciones de los tres elementos clave del equilibrio político chileno: el presidente Frei, la élite política y el Ejército.” Tras las elecciones presidenciales, el periódico de Santiago El Mercurio se había convertido en el medio más beligerante en contra de la legitimación del triunfo de la Unidad Popular. La CIA puso en marcha una campaña acusando a Allende de atacar la libertad de expresión e intentar reprimir a este medio. La acción encubierta de la agencia estadunidense incluyó la publicación de notas de protesta y solidaridad con El Mercurio en numerosos periódicos de Europa y América, así como una declaración de la Asociación Internacional de Prensa donde se daban detalles de “los esfuerzos comunistas” para apoderarse de la prensa chilena. El informe de la CIA especifica que, antes del 28 de septiembre, se había desplazado a Chile un equipo de agentes con experiencia en el manejo de medios de comunicación, así como un grupo de periodistas provenientes de distintos países, para que “enviaran y publicaran información al respecto”. La presión se incrementó a través noticias tendenciosas publicadas en diferentes medios, valiéndose de chantajes y amenazas. La agencia también financió la creación de un nuevo periódico para apoyar la campaña propagandística. Otras acciones consistieron en distribuir cartas en contra de la elección de Allende y fomentar el apoyo económico a grupos políticos de oposición para difundir sus posturas en prensa, radio y televisión. El plan contemplaba también la presión sobre el presidente en funciones, Eduardo Frei Montalva, a quien además de cartas enviaron copias de artículos publicados en la prensa internacional contra la investidura de Allende. Esta acción personalizada se extendió a la cúpula del ejército y a los responsables de medios nacionales de comunicación. Todo este montaje provocó la protesta de Allende, que el 13 octubre declaraba: “Estamos sufriendo la presión más brutal y horrible, interna e internacional.” Ante la falta de respuesta por parte de Frei, la CIA barajó la posibilidad del golpe militar como alternativa para frenar la investidura de Allende. Se recurrió a organizar la desaparición del
▲ Soldados del Ejército de Chile apoyados por tanques atacan el 11 de septiembre de 1973 el Palacio Presidencial de La Moneda en Santiago de Chile. Foto: Afp.
La desclasificación parcial de una serie de documentos de la época permite constatar la intervención del gobierno estadunidense en los asuntos internos de Chile, desde antes de la ratificación de la presidencia de Allende hasta el golpe de Estado militar de 1973.
comandante en jefe de las fuerzas armadas, el general René Schneider Chereau. El 22 de octubre, días antes de que se reuniera el Congreso chileno para elegir presidente entre las dos candidaturas más votadas en las elecciones, un comando armado intentó secuestrar a Schneider. Al tratar de defenderse, el general fue baleado en su auto y murió tres días después en un hospital militar. La postura de Schneider sobre la situación política del país era de dominio público: mantenía que las fuerzas armadas debían respetar el orden constitucional, ratificar la neutralidad y acatar el resultado de las urnas. El propósito del atentado era crear una crisis de inestabilidad interna que provocase la intervención del ejército, pero la estrategia no tuvo el resultado perseguido. Durante el pleno celebrado el 3 de noviembre, Salvador Allende logró la investidura al obtener 153 votos de apoyo frente a los 35 conseguidos por Jorge Alessandri. El plan de Nixon contemplaba el eventual fracaso de su primer objetivo y, si Allende era ratificado, no habría otro remedio que frustrar el proyecto de nación del gobierno de Unidad Popular. Por iniciativa de Kissinger, el Consejo de Seguridad Nacional distribuyó un comunicado interno que detalla las órdenes del presidente para conseguir el segundo objetivo: “los Estados Unidos buscarán aumentar al máximo las presiones sobre el gobierno de Chile para limitar su capacidad de llevar a cabo políticas contrarias a los intereses de Estados Unidos y sus aliados”. Para lograrlo se tomaban, entre otras, las siguientes resoluciones:
Excluir, en toda la magnitud posible, futuras ayudas financieras o garantías para la inversión privada norteamericana en Chile […] Ejercer la máxima influencia posible en instituciones financieras internacionales para limitar créditos u otras ayudas de financiamiento a Chile […] No deberá emprenderse ningún nuevo acuerdo bilateral de ayuda con el Gobierno de Chile […] El presidente decidió que el director de la Oficina de Preparaciones de Emergencia haga un estudio sobre las implicaciones de los posibles desarrollos en los mercados de cobre del mundo, acciones sobre las existencias y reservas de cobre, además de otros factores que puedan afectar la comercialización del cobre chileno y nuestras relaciones con Chile [...]
En la práctica, este plan de acción supuso una maniobra de desgaste continuo durante los tres años que duró en el poder el gobierno de Allende. La situación del país fue deteriorándose de forma paulatina y al llegar el mes de septiembre del ’73 la crisis parecía insostenible. El presidente Allende estaba dispuesto a emitir un comunicado con la decisión de convocar un plebiscito para someter a consulta popular su continuidad al frente del ejecutivo. La CIA calculó que era el momento de dar el mazazo final y puso en marcha la maquinaria golpista. El 10 de septiembre, la dirección de operaciones de la agencia de inteligencia estadunidense distribuyó un documento anunciando los hechos: “Un intento de golpe militar se iniciará el 11 de septiembre. Las tres ramas de las Fuerzas Armadas y los Carabineros están involucradas en esta acción...”
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Todo siguió su curso según lo previsto: desde la madrugada del día 11 el aparato golpista comenzó a funcionar sin tropiezos y el gobierno de Unidad Popular fue derribado violentamente. El presidente Allende perdió la vida y la misma suerte corrieron miles de chilenos.
Las consecuencias Pagaré con mi vida la lealtad al pueblo. La historia los juzgará. Salvador Allende CHILE ENTRÓ EN un túnel regresivo y sangriento, el país sufrió un gobierno autoritario desde septiembre de 1973 hasta marzo de 1990. El pueblo soportó graves violaciones de los derechos humanos perpetradas por una dictadura militar encabezada por el general Augusto Pinochet. La represión dejó más de tres mil muertos y desaparecidos, cuarenta mil víctimas –reconocidas oficialmente por la Comisión Valech en 2011– y un gran número de chilenos tuvieron que partir al exilio. Los primeros días después del golpe fueron especialmente violentos. Se produjeron detenciones masivas y se publicaron listas de personas simpatizantes del gobierno de Unidad Popular. Los prisioneros fueron trasladados a comisarías, cuarteles, penales y centros deportivos, donde eran torturados y ejecutados. Como dato sobre la violencia ejercida por la dictadura militar cabe recordar la llamada “caravana de la muerte”, que recorrió el país durante las primeras semanas con el objetivo de asesinar a los partidarios de Allende. En junio de 1974 se creó la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), una policía secreta que tenía como misión detener a personas y encarcelarlas para obtener información por medio de tortura. La DINA extendió su actuación a nivel internacional, ejecutando a colaboradores de Allende refugiados en otros países. En Argentina fueron asesinados Carlos Prats y Sofía Cuthbert (1974); en Roma, Bernardo Leighton y Anita Fresno (1975); y en Washington murieron Orlando Letelier y Ronnie Moffitt (1976). En otros aspectos, el golpe de Estado llevó a la implantación de una nueva política económica en el país. A partir de 1975, un grupo de economistas chilenos egresados de universidades de Estados Unidos aplicó en Chile un conjunto de medidas que eran la base del modelo neoliberal. Una estrategia económica que cambia el rol protagonista del Estado, que pasa a ser un ente subsidiario que utiliza sus recursos para promover la participación del sector privado en áreas que anteriormente eran de su exclusiva competencia. Estas medidas tuvieron consecuencias inmediatas: reducción del gasto en obras públicas y áreas sociales; cambios en el régimen laboral, con recortes de empleo y salarios; política de privatizaciones, con incentivación de la inversión extranjera a través de la eliminación de impuestos, y adopción de formas de producción intensiva e industrializada. Las reformas del sistema sanitario y educativo, así como los planes de jubilación y las pensiones, estuvieron directamente relacionadas con la estrategia de privatizaciones característica del modelo neoliberal. Se produjo un aumento del consumo de productos provenientes de Estados Unidos y una proliferación de créditos bancarios, facilitados por entidades privadas, que provocó el endeudamiento de la población. En definitiva, se impuso una estructuración de la economía que afectó a la sociedad chilena con consecuencias que se mantienen presentes
PATRULLAJE* (Pensando en Chile, septiembre de 1973) Juan Manuel Roca Pasado el tiempo propicio de los sueños, el estupor, la muerte en las calles patrullando.
*Este poema epigramático, publicado en el libro Luna de ciegos, fue escrito el día de la toma de La Moneda y la muerte de Salvador Allende tras escuchar la noticia.
▲ Manifestaciones de simpatía durante la conmemoración del natalicio de Salvador Allende, en la Casa Jesús Reyes Heroles, 26 de junio de 2002. Foto: Carlos Cisneros
en la actualidad. Chile se convirtió en el primer laboratorio para aplicar las premisas del neoliberalismo. Una política económica adoptada en las siguientes décadas por otros países, que pugna por dominar el planeta. Durante el medio siglo pasado desde entonces, se produjo la desintegración del bloque socialista, el fin de la llamada guerra fría y el irrefrenable auge del modelo neoliberal. Dos factores han dominado a lo largo de estos años el panorama mundial: la concentración del control político en manos de Estados Unidos, como cabeza del bloque occidental, y el colonialismo económico. Este proceso tuvo como consecuencia el incremento de las intervenciones armadas y la generalizada desigualdad social. A pesar de haberse constatado la intervención del gobierno estadunidense en la mayoría de los golpes de Estado que derivaron en regímenes autoritarios, durante los cincuenta años transcurridos no se han analizado en profundidad las consecuencias de estos hechos. Aún quedan enseñanzas que aprender al respecto. Se hace necesario buscar la manera de que esas prácticas no se repitan con la misma facilidad y reconocer
sus mecanismos para poder desactivarlas. La dictadura de Pinochet, además de represión y muerte, supuso una pérdida de identidad para el país, que había optado por emprender un camino propio y diferente. Es importante encontrar la manera de proteger pueblos y naciones para que no sufran, por intereses políticos y económicos, la invasión de sus territorios, la violación sistemática de sus derechos y la desaparición de sus tradiciones. El capitalismo y el sistema neoliberal, impuestos por Occidente, conllevan un colonialismo económico, promueven el individualismo, que implica desintegración social y uniformidad a través del consumo, transforman y destruyen culturas. El poder económico es supranacional, no pasa por las urnas, y los gobiernos son comparsas desechables. La corrupción impera en la política, los grupos sociales se fragmentan y los individuos se vuelven indolentes y adocenados, apáticos en el logro de su desarrollo cultural e intelectual. La sociedad civil no participa en el poder y se propicia la aparición de dirigentes con prácticas autoritarias encubiertas. La historia se repite, la serpiente se muerde la cola ●
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Qué leer/
Kiosco mucho que hacer en aquella salva inicial: presentar a Ira, a sus padres y a su familia.”
Las viejas sendas,
Lecciones, Ian McEwan, traducción de Eduardo Iriarte, Anagrama, España, 2023.
Robert MacFarlane, traducción de Juan de Dios León Gómez, Pre-Textos, España, 2023.
LAS VIEJAS SENDAS es la tercera parte de una “imprecisa trilogía sobre el paisaje y el corazón humanos”, en palabras de su autor, Robert Macfarlane. Los dos primeros títulos de la conjeturada trilogía, Las montañas de la mente (2003) y Los lugares salvajes (2007), lo convirtieron en uno de los escritores más importantes de la actualidad. El “tercer” tomo, Las viejas sendas, es la obra que logró la admiración de crítica y público. El libro explora la relación que, a través del movimiento, establecemos con el paisaje. Macfarlane pasó tres años recorriendo “rutas ancestrales por todo el mundo, a lo largo de cañadas, veredas, vías de peregrinación, antiguas rutas marinas y sendas que datan de época prehistórica, por Inglaterra, Escocia, Palestina, el Himalaya y España”.
A merced de una corriente salvaje, Henry Roth, traducción de Miguel Sáenz, Beatriz Ruiz Arrabal y Pilar Vázquez, Alfaguara, México, 2023.
ROLAND HA VIAJADO, ha vivido en distintos lugares, se casó y tuvo un hijo. Pero cuando su mujer, Alissa Eberhardt, lo abandona sin dar explicación alguna, su vida se quiebra y procura reconstruir sus recuerdos para tratar de entender lo ocurrido. El autor escribe: “Este era un recuerdo insomne, no un sueño. Era la lección de piano otra vez: un suelo de baldosas naranja, una ventana alta, un instrumento de media cola en una habitación sin muebles cerca de la enfermería. Tenía once años e intentaba tocar lo que otros quizá conocieran como el primer preludio del Libro I de El clave bien temperado de Bach, versión simplificada, aunque él no sabía nada de eso. No se planteaba si era famoso u oscuro. No tenía cuándo ni dónde. Sólo alcanzaba a concebir que alguien se había tomado en algún momento el trabajo de componerlo. La música sencillamente estaba aquí, un asunto de la escuela, o algo oscuro, como un pinar en invierno, exclusivo de él, de su laberinto privado de frío pesar. Nunca le dejaría marchar.”
Dónde ir/
Dramaturgia y dirección de Zaid Rolva. Con Elizabeth Cortés, Verónica Muñoz, Yuniz Martínez, Emmanuel Martín y Alex Corzetti. Foro Contigo América (Arizona 156, Ciudad de México). Viernes a las 20:00 horas. 15 y 22 de septiembre. El vínculo entre los vivos y los muertos desaparece cuando la flor de cempasúchil pierde su aroma. Mientras, Consuelo, una madre en duelo, es la única esperanza para los seres humanos.
Eje neovolcánico. Aproximaciones artísticas al paisaje ígneo. Curaduría de Daniel Garza Usabiaga y Paulina Asencio. Museo de Arte Moderno (Reforma s/n, Ciudad de México). Martes a domingo de las 10:15 a las 17:45 horas. Hasta el 15 de octubre. EL OBJETIVO DE la muestra consiste en exhibir ejemplos y casos de estudio del Paricutín, generador de una narrativa que vincula la erupción del volcán a discusiones relacionadas con la arqueología y la antropología, la arquitectura y el paisajismo ●
Cempasúchil.
HENRY ROTH, CON más de ochenta años y ya retirado, asombró al mundo literario con el anuncio de su segunda novela: A merced de una corriente salvaje. Es una inmensa tetralogía compuesta por Una estrella brilla sobre Mount Morris Park, Un trampolín de piedra sobre el Hudson, Redención y Réquiem por Harlem. En la introducción, Joshua Ferris escribe: “Es probable que Roth tuviera dificultades para encontrar el equilibrio exacto, la envoltura exacta, las tácticas retórica e imaginaria exactas para empezar su monumental empresa. Había
En nuestro próximo número
SEMANAL SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA
CON V DE VIDA:
VÍCTOR Y VIOLETA, LA CANCIÓN Y LA MEMORIA
Arte y pensamiento
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Artes visuales / Germaine Gómez Haro germainegh@casalamm.com.mx
Miriam Kaiser, "la guerrillera del arte" 1. Retrato de Miriam Kaiser, de Héctor Xavier, 1959. 2. Miriam (a la izquierda), con su madre Paula y sus hermanos Java, Roberto y Miguel (ca. 1946) 3.Junto con Dalila Mérida, Héctor Xavier y Carlos Mérida, Galería de la Casa del Lago, 1971.
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MIRIAM KAISER ES un referente imprescindible en la historia de la gestión y de la promoción cultural en el último medio siglo en nuestro país. Es de celebrar la reciente aparición del libro Miriam Kaiser: una guerrillera por amor al arte. Atisbos de la gestión cultural en México, de la periodista Angélica Abelleyra (Universidad Autónoma de Nuevo León). El volumen reúne las charlas de la autora con Miriam sostenidas entre 2015-2016 y 2020-2021, intercaladas con narraciones de la trayectoria de su entrevistada, situándola en el contexto y en la circunstancia histórica que le ha tocado vivir a lo largo de sus intensos ochenta y siete años de edad. Hija de inmigrantes judío-alemanes que llegaron a México huyendo de las persecuciones antisemitas, Miriam nació y creció en Ciudad de México, y en 1954 viajó a Israel a formarse en una escuela normal para maestros, aunque nunca ejerció: “Y pese a que no enseñé formalmente en aulas, el alma de maestra nunca se me ha quitado. Creo que en toda mi vida he realizado básicamente esto: enseñar, transmitir conocimientos, estar rodeada de gente joven y mostrarle caminos.” A su regreso a México conoció al extraordinario dibujante Héctor Xavier, quien fue su compañero durante veinte años y el padre de sus cinco hijos, además del responsable de abrirle la mente, educar su mirada y transmitirle la pasión por el arte que se convirtió en el leitmotiv de su vida. A partir de entonces comenzó una carrera que iría en ascendencia, desde su experiencia
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inicial como secretaria de Max Aub en Radio Universidad durante seis años; su desempeño por diez años en la Galería de Arte Mexicano (GAM) con Inés Amor, a quien le debe los aprendizajes más importantes de su formación; su colaboración con el gran Fernando Gamboa, quien nunca le enseñó pero de quien tanto aprendió; su paso por Tane Orfebres en el área de promoción y relaciones públicas, hasta llegar al sector público en 1977, donde desempeñó hasta 2013 importantes cargos en el INBAL y el CNCA. Por un corto tiempo trabajó en la Galería Arvil y estuvo al frente de la galería MAQ, donde se dedicó a promover la gráfica, la cerámica y el tapiz. Su participación directa fue crucial en la creación de nueve museos en el país: “Mi trabajo ha sido ejecutivo, el de una titiritera que mueve los hilos para que las cosas sucedan”, expresa la promotora atenta siempre a mantener un bajo perfil pues los protagonismos le molestan. Se le conoce como una incansable trabajadora tan “institucional” como “contestataria y revoltosa”. Con agudeza, Miriam denuncia las fallas que se han cometido y se siguen cometiendo en el sector público, como la falta de continuidad en los proyectos sexenales; la negligencia y el abandono a los museos que se dejan sin presupuesto, sobre todo los regionales; la burocracia entre los jurídicos del INBAL e INAH; la falsificación del arte y el comercio ilícito; la inexistencia del coleccionismo institucional y las deficientes estrategias de difusión cultural, entre otras lagunas. En un texto
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anexo puntualiza y critica “la falta de planeación y transparencia en planes ‘estrella’ como el Complejo Cultural Bosque de Chapultepec”. Este libro es un valioso testimonio para los amantes del arte y de la cultura en México, y un registro imprescindible para la investigación en gestión cultural y museología. Con el rigor en el reportaje de investigación que ha caracterizado su trabajo periodístico, Angélica Abelleyra consigue cautivar al lector con un lenguaje fluido y ameno, en tanto que las anécdotas de Miriam, salpicadas de humor y frescura, aderezan sus denuncias y observaciones agudas sobre los “los hoyos negros del sector oficial”. La autora recoge los testimonios de diez personalidades del sector cultural que expresan su admiración, respeto, cariño y agradecimiento a la “guerrillera del arte”, Miriam Kaiser, un ejemplo de pasión, compromiso y eterna jovialidad ●
LA JORNADA SEMANAL
14 10 de septiembre de 2023 // Número 1488
Arte y pensamiento
Tomar la palabra/ Agustín Ramos
Biblioteca fantasma/ Evelina Gil
El amor de Alfonso Montelongo LICENCIADO EN COMUNICACIÓN por la Universidad Autónoma Metropolitana, U. Xochimilco, graduado como traductor en El Colegio de México y doctor en lengua y literatura hispánicas por la Universidad de California, en Santa Bárbara, Alfonso Montelongo acostumbra compartir en un muro de Facebook los asombros y el deleite de sus lecturas en italiano, francés, inglés y alemán. A últimas fechas llamaron mi atención sus comentarios sobre Hermann Hesse, y en ésas estaba cuando de pronto, como suele hacerlo, escribió sin más una deslumbrante explicación de lo que para él significa leer. Su reflexión me recordó las agudísimas observaciones de Edith Wharton sobre “el vicio de la lectura”, así como la genial verificación de Umberto Eco acerca del “lector modelo”. Montelongo nació el 11 de agosto de 1961, estudió y enseñó literatura, se especializó en las obras de Sergio Pitol y Fernando del Paso antes de jubilarse para, según sus propias palabras, “dedicarme a seguir leyendo lo que me gusta”. Es, además, y sobre todo, un traductor –un traductor secreto, aunque con una decena de títulos trasvasados–, que manifiesta predilección por Kurt Tucholsky (18901935) y por alguien tan desafiante como Giorgio Manganelli (1922-1990), lo que quizá dé una idea de la calidad de sus traducciones. Con su generosa autorización, me enorgullezco de participarles lo que escribió para explicar sus amoríos con las letras: “Vuelvo al porqué me encanta leer textos difíciles en una lengua que no domino por completo. La lectura no es un proceso que el lector sufra pasivamente; es una actividad y siempre implica cálculos que a veces rayan en lo adivinatorio. Entre las fases que distingo, más simultáneas que sucesivas, están: decidir qué función gramatical cumple cada elemento; para cada palabra, determinar cuál de sus sentidos posibles va mejor con el contexto; y relacionar el texto con nuestra vida, pues leemos no sólo con nuestro conocimiento del idioma, sino con toda nuestra experiencia de la literatura y de la vida (bueno, lo que recordemos de ella). Si nos gusta leer, nos gusta esta actividad cuasi adivinatoria y nos gusta el resultado, es decir, la interpretación que nos inventamos… ”Ahora, no todos los textos requieren el mismo nivel de actividad del lector. Roland Barthes llamó lisibles (o simplemente legibles) a los textos menos exigentes y scriptibles a los que requieren mayor actividad del lector. Se entiende la necesidad de que sean legibles los textos informativos, apofánticos; pero para mí la percepción estética de la literatura es potenciada por el desciframiento de textos scriptibles… ”Para complicar más el asunto, empecé a aprender alemán a principios de los años ochenta y lo ejercí sobre todo a finales de esa década, leyendo obras de algunos de sus autores canónicos; pero no llegué al punto de dominarlo como el inglés y el francés, en los que he leído mucho más. Bueno, ahora estoy retomando esa actividad que inicié hace unos cuarenta años… ”Al placer de adivinar y construir una interpretación plausible se suma el hecho de que vuelve a la vida (a veces rápido, a veces lentamente) lo que pareció olvidado durante décadas. También me da gusto, aunque no tanto, reconocer conocimientos que acabo de adquirir. La cereza del pastel es que esta intensa actividad cerebral es muy grata para mi autoestima, por no decir vanidad. En fin, por todo eso, ahora mismo leer literatura en alemán es la actividad más interesante que puedo imaginar.” Lecturas de esta naturaleza son las que reclaman y ofrecen obras como la de Jesús Gardea, revivido en todo su vigor gracias a Roberto Bernal, quien también es –y no por casualidad– un traductor fuera de serie, como Alfonso Montelongo ●
El secreto de Rosalind Franklin AUNQUE EXITOSA ABOGADA, que ha trabajado para las más prestigiadas firmas de Estados Unidos, Marie Benedict (Pittsburgh, 1969) es más reconocida como autora de una serie de libros sobre grandes mujeres invisibilizadas por la historia, como los casos de Mileva Maric, primera esposa de Albert Einstein (El otro Einstein) y Clementine Ogilvy Spencer-Churchill (La dama de la guerra), entre otras. Su más reciente aportación en este sentido, titulada El secreto de su mente (Planeta, México, 2023) honra a la química y cristalógrafa británica Rosalind Franklin, la verdadera descubridora del ADN. Rosalind Elsie Franklin (1920-1958) nació en el seno de una familia burguesa que, si bien la apoyó en su determinación de doctorarse como química física en Cambridge, en una época en que no era común que las mujeres se dedicaran a las ciencias, exigente territorio que poco lugar deja a la simple idea de formar una familia, no veía con buenos ojos que consagrara su existencia a demostrar la estructura de doble hélice del ADN. Su historia se desarrolla en tiempos inmediatos al término de la segunda guerra mundial, en medio de la escasez de alimentos y en general de medios, lo cual dificulta la realización de grandes proyectos. Según nos lo narra Benedict, Rosalind posee la capacidad de disfrutar intensamente, tanto de su trabajo como de unas vacaciones; de una noche romántica como de las reuniones familiares. Durante su estancia en Francia en calidad de chercheuse (investigadora postdoctoral), se enamora de un superior que parece corresponder a sus sentimientos pero resulta tener un secreto bien guardado: una esposa de la que no planea divorciarse. Se plantea aquí que, en gran medida, a consecuencia de dicha decepción, Rosalind opta por retornar a su país natal, Inglaterra, donde se adhiere al equipo del King’s College de Londres. Ahí se le asignará un ayudante que se convertirá en su gran amigo, Ray Gosling. En general, y con sus asegunes, Rosalind se nos presenta como una mujer feliz que se dedica a hacer lo que más ama en el mundo y, además, se propone, sin ínfulas de genio, beneficiar a la humanidad. Este último rasgo de modestia pudo jugarle una mala pasada, si bien, apenas enfrentar a aquel fanfarrón desconocido que se permite invadir su espacio llamado Maurice Wilkins, todo su ser se encrespa ante la certeza de que su proyecto corre peligro frente al merodeo de este individuo. Aunque respetada por su superior inmediato, el doctor Randall, Rosalind padece por primera vez los embates del machismo. Wilkins, respaldado por sus secuaces (James Watson y Francis Crick), se encarga de hacerle el vacío, de hacerla sentir intrusa en su propio laboratorio, pero, al mismo tiempo, recurre a triquiñuelas de toda laya para apropiarse de las ideas por las que Rosalind, literalmente, ha dado la vida sobreexpuesta a los rayos X, cosa a la que los otros le sacan la
vuelta: “La ciencia que se hace con prisas, con el objetivo de superar a otros, no se emprende por las buenas razones.” Disfruto bastante las novelas biográficas de esta autora, no sólo por la soltura y elegancia de su prosa, que me hace evocar a autoras clásicas y sobrias como A.S Byatt o Anne Tyler, sino por la inmensa investigación que cada libro implica y la sutileza con que distribuye la información sin que ésta se desborde o se sienta intrusiva. Por otro lado, la desenvoltura en el manejo de los términos científicos, la pormenorizada ejecución de la cámara inventada por Rosalind para descifrar el mayor misterio de la humanidad y, en general, el trajín del laboratorio, es digna de destacar por su gran verosimilitud. En ese sentido, El secreto de su mente, además de tratarse de una historia amena, emocionante y con aliento de thriller, nos revela de a poco a un personaje, Rosalind, sin que pierda ese halo de misterio propio de quien acostumbra guardar secretos; es la mejor de las novelas de Benedict hasta el momento ●
Arte y pensamiento
LA JORNADA SEMANAL 10 de septiembre de 2023 // Número 1488
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Bemol sostenido / Alonso Arreola @Escribajista
…la música es comida. Dicen que… LA MÚSICA ES comida. Muchas veces carbohidrato. A veces verdura. Fruta. Pescado. Grano. Carne. Proteína. Juguemos a ello. Sí. La música es comida. Acordando que así fuera, diríamos que a lo largo de los años, en este mismo restorán de letras, hemos escrito sobre cómo nacen y crecen las… lubinas jazzistas y lechones rockeros, reses belicosas y salmones raperos, borregos punketos, chivos reguetoneros, algunos insectos renacentistas, muchas plantas poperas y hasta serpientes dadaístas cuya sangre es apreciada por feligreses radicales. Sí. La música es comida. Alimento de alma. Dicen. En algún momento hemos puesto ojo a la inspiración del alimento. A su forma de vivir sobre un escenario pavimento. A maneras de morir dejando huella, mito y reconocimiento. Hemos hecho investigaciones a propósito del rumiar y pastar en camerinos, estudios de grabación y salas de ensayo. En tableros, también. Sí. Porque la música es comida. Alimento mental. Dicen. Nos hemos atrevido a compartir cosas sobre nuestro propio oficio en ese mundo de sonoro nutrimento. Hemos repasado las varias etapas de su cocción. Comentado hemos las diferencias entre cortes, cantidad de grasa o molienda; resistencia al rebanarse, maneras de distribuirse y, por supuesto de freírse, condimentarse, combinarse, sea en una tienda de discos, en un festival o en una antología de copias limitadas. Todo en un caldero. Porque sí. La música es comida. Alimento de oído. Dicen. De la cecina de Yecapixtla –delicia de carretera vieja– al más caro wagyu de un “refinado” restorán en Dubai, pasando por el veganismo extremo de algún compositor japonés, nos hemos aproximado a incontables sonidos para hacerle pasar un sabor incómodo a su mirada, lectora, lector. Portadas, librillos, empaques variopintos. Vinilos, casetes, cidís, memorias USB, códigos QR. Fotografías, ilustraciones, papeles, tipografías. En todo nos hemos sumergido. Porque sí. La música es comida. De ojos alimento. Dicen. ¿Música chatarra? ¡Desde luego! Pensando en lo peor del Billboard nos hemos puesto a comer grasas saturadas, azúcares refinados, chocolates sin cacao y sales de un Himalaya falso. Horrores del reguetón o de corridos tumbados; electrónica delgada; rap de la chingada; jazz de elevador y arreglos de Mozart para bebés sin juicio. ¡Ja! Todo lo que tiembla en el aire pasado ha por nuestros molares semanales. Porque los peores coqueteos también sazonan al status quo. Sí. La música es comida. Snack. Del tiempo pasatiempo. Dicen. Chefs vanidosos cuyas guitarras enmudecen entre los hornos. Cocineros de tradición en sus redoblantes baterías. Pinches tecladistas. Ayudantes contrabajistas. Lava lozas tornamesistas. Gente ensuciando o limpiando bártulos para el placer de audiencias con gusto efímero y trapecista. De eso también hemos hablado. Y de la artificial inteligencia y sus platillos inmaculados. Y de quesos algorítmicos. Y de robots añejados en barricas de roble americano. Eso ha sido igualmente abordado al servir la música caliente, fría, atemperada de este espacio. Porque es comida. Dicen. Nos hemos puesto a escribir con hambre. Sin apetito. Con morbo. Sin vergüenza. Con cinismo. Sin curiosidad. Con asombro. Con tenedores de plástico y sin cuchillos de plata. Con los audífonos puestos, dispuestos a que nos canten la siguiente entrada, allí, entre estrellas micheladas y licuachelas muy heladas. En los tacos de cumbia y las garnachas de salsa. Bebiendo pulque de samba y sones de panza. Y por eso nos pasamos de peso pluma a peso paella, aquí mismo, en este puesto de suadero vocalero, degustando menús sin que nos cambien el precio. Porque música… comida. Dicen. Exclaman con el mondadientes en la boca, pero no... no es alimento. Siempre allí, digiriéndonos en pequeñas siestas, ahíta, rozagante, joven... Riéndose del vano intento. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos ●
Cinexcusas/ Luis Tovar @luistovars
Huelguistas de ayer y hoy (coda festivalera) ES UN MISTERIO el estado en el que actualmente se encuentran las producciones audiovisuales de la mandona y leonina industria estadunidense del entretenimiento –cine, televisión, streaming– habitualmente programadas para generar inmensas ganancias a finales de año. Si las cosas marcharan según la costumbre, ya deberían estar casi listas y haber comenzado a ser promocionadas, pero como la huelga de guionistas y actores de aquellos pagos continúa, lo más probable es que dichas producciones estén paradas, tal vez no hasta llegar al cero absoluto pero sí lo suficiente para tener que anunciar una posposición o cancelación en la que todos, demandados y demandantes, van a salir perdiendo, eso sí, con las majors a la cabeza, aunque éstas siempre podrán resistir más que los gremios en huelga, sorprendentemente firmes y solidarios. El juego de vencidas entre empleadores y empleados –aunque de lujo, es lo que son– sigue su curso, sin que pueda saberse en este momento cómo quedará la correlación de fuerzas. Debido a lo dilatado de sus tentáculos, naturalmente la huelga hollywoodense tiene derivaciones de todo tipo mucho más allá de California; una de ellas es la ausencia de figurines –estrellas, los llaman– en las alfombras rojas de este y aquel festival cinematográfico. El asunto parece frívolo y en efecto lo es, pero rebasa el epitelio farandulesco en tanto esos imanes de taquilla no lo son únicamente a la hora de un estreno fílmico sino también en cuanto evento cinematográfico que pretenda visibilidad, comentarios públicos masivos y, en consecuencia, apoyos económicos de diversas fuentes. Por lo tanto, la presencia de esos trend topics de carne y hueso en un festival es parte sine qua non del mismo, y no contar con ellos es un revés de consecuencias múltiples.
Paréntesis local EL PASADO LUNES 4 de septiembre, el Festival Internacional de Cine de Los Cabos, con más de una década de existencia, anunció que la edición 2023 ha sido cancelada “debido a la falta de los
apoyos económicos que han sido vitales en ediciones anteriores”. Esfumados esos apoyos, provenientes “de instituciones públicas y privadas, así como un gran número de patrocinadores”, no nada más Los Cabos sino cualquier otro festival es definitivamente inviable. El comunicado oficial emitido no especifica quiénes apoquinaban y dejaron de hacerlo –¿Gobierno bajacaliforniano, IMCINE, particulares?–, y dada la naturaleza del festival, tripartita en su programación principal entre México, Canadá y Estados Unidos, hay pauta para especular acerca del probable retiro esponsorero del tercer país, quizá desestimulado por la obligada ausencia de sus estrellas, aunque fuesen de talla mediana o menos, que en otras condiciones habrían acudido a Los Cabos así fuese más por contrato que por gusto. Si ese fuera el motivo, estaría hablándose de la primera consecuencia concreta en nuestro país derivada de la huelga en Hollywood. Sea como sea, va desde aquí un saludo cordial a la entusiasta y talentosa Alejandra Paulín.
Lo que se juzga CELEBRADO EN La tercera semana de mayo, el Festival de Cannes ya pasó por la merma farandulomediática, sin embargo de lo cual su relevancia no sufrió mayormente. Ahora, el festival que habrá de ver cómo le va al respecto es el de Venecia; al parecer, decidieron doblar la apuesta para que el tema de las ausencias no sea el más mencionado y en cambio lo sea el de las presencias: nada menos que la de los cancelados Woody Allen, Roman Polansky y Luc Besson, es decir, tres cineastas cuyas respectivas trayectorias y filmografías ahora son juzgadas desde la más estricta extracinematografía, lo políticamente correcto y la siempre escabrosa tendencia a mezclar conductas personales con expresiones profesionales. Allen, Polansky y Besson estarán en Venecia y, ni cómo dudarlo, serán el centro de un pequeño huracán cinero. Alberto Barbera, director artístico del festival, dijo lo siguiente: “Soy un director de festival, no juez. Juzgo las cualidades artísticas de las películas.”
LA JORNADA SEMANAL
16 10 de septiembre de 2023 // Número 1488
Salvador Allende
Las últimas palabras El 11 de septiembre de 1973, poco antes de que se consumara el cruento golpe de Estado contra el gobierno democráticamente electo de la Unión Popular chilena, el presidente constitucional de Chile, Salvador Guillermo Allende Gossens, se dirigió radiofónicamente y por última vez a su pueblo. Estas son sus estremecedoras e históricas palabras postreras.
...se insta a renunciar al Presidente de la República. No lo haré. Notifico ante el país la actitud increíble de soldados que faltan a su palabra y a sus compromisos. Hago presente mi decisión irrevocable de seguir defendiendo a Chile en su prestigio, en su tradición, en sus normas jurídicas, en su Constitución. Señalo mi voluntad de resistir, con lo que sea, a costa de mi vida, para que quede la lección, que coloque ante la ignominia y la historia a los que tienen la fuerza y no la razón. En este instante señalo que aquí está junto a mí el director titular de Carabineros, General José María Sepúlveda. Y que en este instante los aviones pasan sobre La Moneda, seguramente la van a ametrallar, nosotros estamos serenos y tranquilos. El holocausto nuestro marcará la infamia de los que traicionan la patria y al pueblo. [...]
E
sta será seguramente la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de Carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos. Trabajadores de mi patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unido a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios. Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en noso-
tros, a la abuela que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos. Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder. Estaban comprometidos. La historia los juzgará. Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria. El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse. Trabajadores de mi patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores! Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición. ●