■ Suplemento Cultural de La Jornada ■ Domingo 10 de julio de 2016 ■ Núm. 1114 ■ Directora General: Carmen Lira Saade ■ Director Fundador: Carlos Payán Velver
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Bo sc o,
Marcel Schwob y otras vidas imaginarias Antonio VAlle
El juguete atroz: la poesía de J orge e. eielson
José MAríA espinAsA iVán illich, el humanista radical. Entrevista con el filósofo BrAulio hornedo La risa, prefacio de la tragedia
La inesperada vigencia de La Cura
Donde camina la nostalgia
Mejor conocido como El Bosco, el celebérrimo pintor nacido en
Carlos Martín Briceño
los Países Bajos fue bautizado como Jheronimus van Acken, él mismo se hacía llamar Hyeronimus Bosch y los datos de su vida son escasos, dudosos y centro de interminables polémicas que incluyen la autoría, cuestionada por algunos, de pinturas como la mismísima El jardín de las delicias. El medio siglo transcurrido desde su muerte, que se conmemora este año, ha sido el detonante de un sinfín de eventos alrededor del mundo en torno a uno de los artistas más enigmáticos de la historia. En el ensayo que ofrecemos aquí, Antonio Valle aborda la figura y la estética del Bosco a la manera de Marcel Schwob y Jorge Luis Borges, para quienes la imaginación es una fuente igual de confiable –y a veces más– que la realidad misma. Completan el número un ensayo de José María Espinasa sobre el poeta peruano Jorge Eduardo Eielson y una entrevista con el filósofo Braulio Hornedo en la que habla de ese otro filósofo y humanista radical que fue Iván Illich.
Comentarios y opiniones: jsemanal@jornada.com.mx
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iempre me pareció que esa era la cuadra más larga del barrio. Uno pasaba el bar de la esquina, luego el local de baile, enseguida unas casonas color pastel de techos altos hasta toparse con la figura de la anciana. Había que aminorar el paso, pues su equipaje acaparaba casi todo el espacio reservado para andar. Todas las tardes, al regresar del colegio, nos la encontrábamos. Vieja, flaca, con la mirada perdida, lanzando a los transeúntes aquella sonrisa de dientes cariñosos. Solíamos caminar de prisa al pasar junto a ella y hasta mi hermano, que se preciaba de no temerle a nada, inclinaba la cabeza. Lo cierto es que, bajo el sol de la una de la tarde, con las mochilas en la espalda y el sudor chorreante, preferíamos apresurar el paso a variar nuestro recorrido por causa de las historias que se contaban. En casa, mis padres nos habían prohibido terminantemente acercarnos a la vieja; comentaban que dentro de su equipaje conservaba los restos de su marido muerto. A pesar de las murmuraciones a mí sólo me producía lástima. Lavar a diario la acera, cerrar puertas y ventanas con sogas y candados, sacar las maletas a la calle y sentarse sobre ellas durante horas y horas, era como una invitación a aproximarse y averiguar qué la llevaba a tal rutina. Por supuesto que no me tragaba la historia del muerto. Lo más probable, deduje, es que el marido hubiera encontrado a otra; para eso no se necesita enterar a todo mundo. Resolví acercarme a ella en la primera oportunidad que tuviera. La epidemia de rubeola fue el pretexto. Iba solo, pues mi hermano no había podido escapar del contagio. La calle se abría ante mí como promesa de misterio. Me detuve y extendí la mano para saludarla. No me devolvió el gesto pero, en cambio, sonrió, enseñando sus
pocos dientes. “Hace calor”, dije. “Es verdad, niño”, contestó. Hubo un silencio largo que al cabo ella rompió: “Tú no lo sabes, pero de un momento a otro viene a recogernos.” La pobre está loca, pensé. Comenzó a platicar con entusiasmo y entrecerré los ojos para escucharla mejor. El sol se derrama pleno en mi cara. Las pupilas pequeñas, profundamente azules, la boca delgada, casi imperceptible (a no ser por esa horrible dentadura), el rostro amarillo, ajado y la voz aguada y monótona me hipnotizan. ...nací en Huesca, una región española donde crecen uvas del tamaño de un limón. Vine por barco, desde muy joven, siguiendo al hombre con el que estuve casada. Fui feliz hasta que se me metió en la cabeza eso de conocer mundo. Esfinges, catedrales y paisajes que sólo puedes ver en fotografías de los libros poblaban mis sueños. No acer taba a elegir destino. El pobre de mi esposo trabajaba sin descanso para reunir dinero suficiente. Tal vez por eso nunca tuvimos hijos y quizás por eso se fue sin decir nada.... Poco a poco sus facciones fueron desapareciendo; apenas percibí un murmullo apagado y lejano. Gocé el horizonte límpido del Mediterráneo, la niebla espesa del mar Muerto, el viento helado de los eriales rusos, el azul puro del Caribe hasta que la llovizna cayó sobre nosotros. Hasta hoy, no sé cuánto tiempo pasó. Mi madre dijo haberme hallado dormido en el quicio de la puerta. Deliré varios días por la fiebre que acabó en rubeola. A la vieja nunca más se le volvió a ver. Lo que nadie olvida es el día en que regresé de nuevo a clases, al colgarme la mochila en la espalda un hilo de fina y blanca arena se desprendió de ella y me acompañó a lo largo del camino hacia el colegio...
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Arriba: Hyeronimus Bosch, La tentación de San Antonio, tríptico, panel central (detalle)
Directora General: C armen L ira S aade , Director: H ugo g utiérrez V ega (†) , Jefe de Redacción: L uiS t oVar , Edición: F ranCiSCo t orreS C ó r d o Va , a L e y d a a g u i r r e r o d r í g u e z y r i C a r d o y á ñ e z . Coordinador de ar te y diseño: F r a n C i S C o g a r C í a n o r i e g a , Diseño de portada y dossier: m arga P eña , Diseño de Columnas: J uan g abrieL P uga , Relaciones públicas: V eróniCa S iLVa ; Tel. 5604 5520. Retoque Digital: a Le Jandro P aVón , Publicidad: e Va V argaS y r ubén H inoJoSa , 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. Correo electrónico: jsemanal@jornada.com.mx, Página web: www.jornada.unam.mx
Portada: Hyeronimus Bosch, El jardín de las delicias (fragmento), hacia 1500-1505. Fuente: Dominio público
La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, S.A. de CV; Av. Cuauhtémoc núm. 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Delegación Benito Juárez, México, DF, Tel. 9183 0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac núm. 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, México, DF, tel. 5355 6702, 5355 7794. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2003-081318015900-107, del 13 de agosto de 2003, otorgado por la Dirección General de Reserva de Derechos de Autor, INDAUTOR/SEP. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación, por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.
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Saúl Toledo Ramos
La inesperada vigencia de
LA CURA Robert Smith de The Cure en el Roskilde Festival de 2012. Fuente: www.wikiwand.com
LA BANDA BRITÁNICA DE ROCK NACIÓ EN 1976. Para Pedro Toledo Silva
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Gracias.
lises no trabajó el viernes 13 de mayo. Es un cincuentón que no acostumbra faltar a sus labores pero el evento de esa noche justificaba su ausencia. Recordó cuando era joven y vivía en México y era asiduo visitante del Tianguis del Chopo, donde una tarde de 1988 su vendedor predilecto le recomendó Disintegration, en ese momento el trabajo más reciente de The Cure. Adquirió el caset pirata y al reproducirlo constató que con esa obra el grupo inglés alcanzaba la cúspide de la creatividad. Así que, hace más de medio año, cuando se enteró de que los boletos para el concierto de La Cura en Austin, Texas, estaban a la venta, sin mayor preámbulo se hizo de una entrada. El día de la presentación encaró la supuesta mala suerte y luego de sortear el tráfico vehicular se mezcló con una rara fauna que incluía sirenas de pieles blancas, caudas negras y, cosa extraña en ellas, zapatillas de elevados tacones; minotauros de ojos delineados, faunos de cabelleras erizadas, hipocampos danzarines, saltimbanquis de la oscuridad, medusas de espaldas tatuadas y un extenso catálogo de seres producto de la cruza de los anteriormente enlistados y de otros que aún no han sido clasificados. La segunda pieza lo introdujo de lleno a la magia, pues se trató de “Pictures of You”, contenida precisamente en Disintegration y, pensó Ulises horas después, si de alguna forma se tuviera que bautizar este concierto sería con el nombre de ese álbum, ya que, durante la primera parte de la sesión, fueron interpretadas siete de las doce canciones que lo componen. Habían pasado apenas unos minutos cuando a su olfato llegó un olor característico: alguien había forjado un pitillo de yerba y el famoso toque y rol se puso en práctica. El porro llegó a las manos de Ulises, quien lo aspiró una, dos, tres veces. Sus pulmones, su cabeza y todo su cuerpo se llenaron de la sustancia; su cuerpo dilató las sensaciones, las luces, los sonidos se hicieron más intensos. La experiencia musical se hizo más aguda. Ulises comprendió que estaba dentro de un microuniverso que se expandía y comprimía al ritmo de la música. Expansión. Sobre un escenario más bien austero, Robert Smith, Simon Gallup y compañía se entrega-
ban al público y con su música –no podía ser de otra manera– provocaban que los asistentes se entregaran a ellos. Momentos de profunda devoción se vivieron cuando fueron interpretadas “Just Like Heaven”, “Close to Me” y “Friday I’m in Love”, que de tanto escucharlas ya no son de las favoritas de Ulises, pero que de cualquier forma le hicieron ver que los fanáticos de The Cure no son sólo sujetos que rondan las cinco décadas, sino que hay una legión de veinteañeros que brillan con esas canciones. Compresión. Del atuendo de los músicos lo único no negro era un paliacate rojo atado al cuello del bajista. Una espesa niebla los cubría por momentos y luces púrpura y carmín caían sobre ellos agrandando sus sombras y creando un ambiente alucinante. Eran instantes durante los cuales transcurrían “A Night Like This”, “Love Song”, “Push”, “Screw”, “This Twilight Garden” y otras canciones de corte gótico y dark. Robert Smith se adentraba en sí mismo y hacía que la concurrencia lo siguiera por los vericuetos de su alma: “Me sofocas, me contagias tu sentido de la desesperación y tus plegarias para la lluvia. Me sofoco, respiro en la suciedad y no brilla ningún lugar, sólo la desolación…” Magister dixit: “Prayers for Rain”. Se acumularon así más de ciento veinte minutos. La noche caía a fragmentos mientras se danzaba en la calle de la fascinación y una araña con forma de hombre devoraba carne humana. “Bloodflowers” anunció el principio del fin, pero los músicos no deseaban irse: generosos, obsequiaron cuatro encores de incuestionable profundidad, pues en ellos incluyeron, entre otras, “Hot Hot Hot!!”, “In Between Days”, “Shake Dog Shake”, “Burn” y “The Exploding Boy”. Cuando Ulises escuchó la increíble versión de “A Forest”, pensó que ya todo había sido tocado, esa melodía le daba perfección a sus tinieblas. Sin embargo, hubo un regalo más: el conjunto se despidió con “Boys Don’t Cry”. Ulises abandonó el recinto seguido por el resto de la audiencia. Sus sentidos aún estaban crispados y eléctricos. Notó enseguida que sus pies se despegaban del piso. Un viento suave lo elevó tan alto que pudo besar el cielo suave y azul. Desde arriba, el mundo parecía un hermoso jardín crepuscular donde los sueños eran realidad
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El juguete atroz:
la poesía de
José María Espinasa EL TAMBIÉN NOVELISTA PERUANO PERTENECIÓ A LA GENERACIÓN DEL 50. ESCRIBIÓ NOVELAS Y OBRAS TEATRALES, ENSAYOS Y ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS. FUE TAMBIÉN PINTOR, ESCULTOR Y FOTÓGRAFO E INCURSIONÓ EN LA INSTALACIÓN.
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orge Eduardo Eielson es uno de los grandes poetas y artistas de la segunda mitad del siglo xx en castellano; su obra, tanto la escrita como la plástica, gozan de un gran prestigio y son conocidas por muy pocos. Es decir, vive la realidad del ochenta por ciento de los grandes poetas: son leídos en fotocopias, ediciones prestadas o encontradas en las librerías de segunda mano. O se le conoce por su nombre pero nunca se le ha leído. En México cuenta con lectores inteligentes, casi todos ellos poetas, como Alfonso D’Aquino, Gabriel Bernal, Jorge Fernández Granados, entre otros. Eielson ha tenido incluso buena suerte editorial en México. Publicó, por ejemplo, en los años setenta en Joaquín Mortiz, su primera novela (más bien un poema narrativo): El cuerpo de Gulia-No. Paz lo apreciaba y además de publicar algunas notas sobre él y poemas suyos, Vuelta editó una buena selección de su Poesía escrita. Sin embargo, tal vez la mejor puerta para entrar en su obra sea la antología personal De materia verbalis, publicada en una bonita edición por Aldus hace unos ocho años. Su poesía está tocada por la gracia, y si bien es deudora de las vanguardias de los años veinte (que en Perú fue particularmente brillante), de la poesía medieval y de la mística cristiana, acaba por revelarse de una enorme sencillez. Como si el poeta la sometiera antes de hacerla aparecer sobre la página a una intensa depuración, y que cuando toma cuerpo en la escritura es
ya como una canción infantil, como una copla popular, como un juguete verbal lleno de humor y sabiduría. Diríamos que una poesía tan compleja se vuelve, en su proceso de cocción, algo elemental. Cuando se dice que la poesía tiene algo de juego, se describe en parte esta escritura. Por eso no es extraño que parte de su obra plástica tenga como modelo los objetos encontrados de Duchamp o los collages y ensamblajes a lo Joseph Cornell, son como una construcción de mecano. Ese recurso a lo elemental se da en su trabajo de combinatoria sobre la frase-verso, que se vuelve del derecho y del revés, revelando sentidos ocultos en la paradoja, o haciéndonos sonreír ante la broma vuelta vértigo conceptual. El lector tiene la sensación de que al seguir el poema es él mismo quien arma su combinatoria. Es un recurso típico de la lírica tradicional popular, por ejemplo en las adivinanzas o en los refranes que no permanecen estáticos. La sonrisa que viene a los labios se debe a que de verdad nos sorprende el juego vuelto claridad conceptual. Así, al enunciar el verso, éste está ya de inmediato abierto a su reformulación sintáctica, misma que se traducirá en una nueva idea, que al reflejarse en la primera muestra de inmediato algo que hace unas décadas llamaríamos riqueza polisémica. Sus poemas nunca son verdades rotundas sino formulas dubitativas que tienen el aspecto de textos trabajados por el tiempo: siempre son dubitativos, invitan a proseguir su combinatoria, tocados por esa gracia de la sonrisa. Sin embargo, la combinatoria suele terminar en recetas cuyo proceso crea, en la inercia, monotonía y superficialidad. Eso no sucede con la poesía de Eielson, que no es imitable o reproducible. La condición de receta es aparente, pues su reino es el de la libertad. Y en buena medida eso se produce al hacer del oficio poético tema de la propia escritura. El multicitado “Un soneto me manda hacer Violante”, de Lope de Vega, tomado como un alarde de facultad física del poeta para cumplir al momento del pedido, lo que se corresponde con el coplero popular en las topadas. Pero la improvisación no es tomada aquí como una circunstancia del tiempo breve sino al contrario, de la demora. En “Arte poética i ” hace un emocionante texto en ese sentido: su referirse a sí mismo como proceso de escritura mediado por la distancia del oficio en su sentido más literal, y por su condición circunstancial –véase el íncipit: “He decidido escribir un poema/ De cien versos nada más.” En los poemas extensos escritos en español en el siglo xx , tan presentes en México, de López Velarde a Segovia,
pasando por Gorostiza, Cuesta, Paz, no hay uno con esa gracia y distancia, pues (piensa el poeta) la profundidad se consigue por añadidura, no enunciándola. Por ejemplo, aunque el principio del “Ce remonial del moroso”, de Segovia, “Empiezo posponiendo/ Empiezo por la pura suspensión/ Por no querer saber cómo empezar”, puede tener algunos puntos de contacto, por su confianza en la “carpintería” del texto, el tono es muy distante. Segovia confiesa al cuarto verso su tristeza y sin embargo es él un poeta (y un poema el “Ceremonial”) optimista y confiado en el mundo, en cambio Eielson tiene una desconfianza implícita, un pesimismo disimulado tras el humor. ¿Disimulado o hecho evidente por ese humor? Tal vez desde ese pesimismo juguetón debemos leer la lírica de Eielson. De materia verbalis termina con un verso, casi una anticonsigna: “La poesía es un juguete atroz.” Es como si hubiéramos leído ese libro sonriendo, como sonríen algunos condenados a muerte camino hacia el patíbulo. Lo que en Segovia se construye es la revelación de la felicidad del mundo partiendo del dolor, mientras que Eielson construye el dolor partiendo, no de la felicidad, sino de la alegría. Esa sonrisa del con-
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Jorge Eduardo
EIELSON que se daba como pura verbalidad. Si el pájaro amarillo dibujado sobre papel amarillo no se ve, no es porque esté oculto sino porque es pura evidencia. El uso de la rima es sintomático: no sólo se utiliza como un recurso festivo y juguetón, sino que se subraya su condición ripiosa. Como se dijo antes, el poema es materia del poema, pero no como idea sino como acontecer; se describe a sí mismo en el proceso de ser escrito. Por eso a veces parecen instrucciones para armar el poema, a lo Duchamp o a lo Cortázar. Por eso su vocación como artista plástico se corresponde tan perfectamente con su escritura, el collage no formula sino que reformula, la originalidad está después del enunciado, no antes ni en él mismo, el sentido es un sedimento. El punto donde se cruzan ambas vocaciones es su teatralización, como si la obra fuera no el cuadro mismo sino pintarlo, de la misma manera que el poema surge de su escritura-lectura. Hay, por lo tanto, una condición efímera e irrepetible, propia de cada lector-espectador. II
E Fuente: blog.derrama.org.pe
denado no es un tic nervioso; es una actitud asumida frente al mundo y frente a la muerte. Esa ambivalencia común a ambos es lo que hace refractarios a ambos poetas a la manipulación pública y a la reducción a consignas publicitarias sobre la vida. Cuando se señala el carácter lúdico de la escritura poética es precisamente algo así lo que se debe entender. Y lo es más en razón de su condición de escritura. Si Eielson acostumbraba titular sus libros de poemas como Poesía escrita, lo hacía con dos objetivos, tanto para señalar el carácter de su obra plástica como poesía visual, como para afirmar o reafirmar la condición de escritura de esos poemas. La ceñida antología permite ver claramente la intención del poeta: la frase se da más que como una idea o una imagen como una intención, o incluso como una acción descriptiva, tiene algo de bitácora existencial. Esto se relaciona con la actividad de Eielson como artista del happening o performance, anticipándose a su actual moda. La obra de arte como un “evento”, es decir, como algo que subraya su condición de acontecimiento eventual e irrepetible. La escritura, condición subrayada por el propio autor, tiene nostalgia de la época en
ielson nace en Lima en 1924 y ya en los años cuarenta llama la atención de sus contemporáneos con poemas y textos, recibe diversos premios. Expone también sus obras plásticas y en 1948, gracias a una beca, visita París (el París de la posguerra, hay que recordarlo) y decide vivir en Europa, asentándose, cinco años después, en la ciudad de Milán, y sin perder sus raíces peruanas –regresa a su país con cierta frecuencia– desarrolla una obra. La decisión de vivir en un continente en ruinas no es insignificante, y sus textos tendrán a partir de ese momento el aspecto de creaciones del día después. El fin del mundo es un nuevo universo, no sólo el espacio es ruina, también el espíritu. La mezcla, tan característica de algunos poetas peruanos, entre extrema modernidad y raíces inmemoriales –presente en algunos de sus modelos, como Martín Adán o Vallejo– llama la atención de sus contemporáneos europeos y empieza a significarse como un referente de la literatura peruana a pesar de vivir fuera del país, cumpliendo para la poesía lo que Cortázar hace para la narrativa en Argentina, estableciendo una interioridad externa o lejana. Sin embargo, a sus primeros textos –Reinos es de 1945– sucede un tiempo de silencio, y es hasta 1959 que publica Canción y muerte de Rolando, con obvias referencias a la poesía medieval. Es curioso que el París de la posguerra se ma nifieste en él no a través del existencialismo naciente como tendencia intelectual, sino en una reactualización de los presupuestos de las vanguardias de entreguerras. En Perú el surrealismo asentó sus huestes provocando una enorme riqueza, basta recordar a Adolfo Emilio Westphalen.
Y Eielson es deslumbrado por esas ruinas de la modernidad. Fueron, lo sabemos por su poesía en Ceremonias, años de una gran soledad, de una cultivada introversión de la experiencia creativa. El sexo solitario ocupa entonces un amplio sitio en su poesía, el espejo se vuelve interlocutor. En cierta manera, piensa sin decirlo, frente a los espejos escenificamos el happening permanente que es la vida. Es su poesía de entonces un doloroso ejercicio catártico de esa soledad, de aprender a vivir con ella, de hacerla la pareja de sus días cotidianos. Ese ensayarse frente al espejo lo llevara, en su obra plástica y en sus eventos públicos, a buscar una cierta exhibición, o incluso exhibicionismo, de allí las obras hechas en la calle o los poemas en muros públicos. Y de allí surge una alegría de vivir teñida de melancolía. El cuerpo como realidad física ocupa el escenario lírico, todo poema es un gesto, todo cuadro una señal. O mejor: una huella, la posibilidad de rastrear al hombre que la crea. El artista se adentra en el laberinto y sus creaciones son las migajas de pan o el hilo de Ariadna que alguien podrá seguir, no para salir de él, sino para entrar en el sentido de ese viaje al interior. Las migajas que se dejan como rastro son comidas por los pájaros y el rastro se pierde, pero en cierta manera esas migajas, ese rastro, se dejan para que el pájaro –el lector– se lo coma. Y Diógenes sabe que siempre hay alguien sigue
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aún más solo, que siempre hay algo de lo que se puede prescindir. No se cómo habrá vivido Eielson el mundo de la web que todavía alcanzó a contemplar –murió en Milán en 2005– pero, si bien en un sentido le era afín, el de su condición de laberinto en el que hay que orientarse, debía echar en falta la materialidad, la concreción que la pintura y la escritura, e incluso la verbalidad, sí tienen. A propósito de la publicación, en México, en Joaquín Mortiz y gracias a las gestiones de Octavio Paz, de El cuerpo de Gulia-no, Eielson es entrevistado por otro gran escritor peruano, muy distinto, Julio Ramón Ribeyro, también “exiliado” en París, y allí señala su desdén por los estatus literarios y/o pictóricos. Eielson no escribe para ser reconocido, sino para algo muy distinto: reconocerse. Las teorías y explicaciones que su obra suscitaba entonces le tenían sin cuidado y su escritura respondía a una necesidad personal, por eso señala en esa entrevista que no es un pintor o un escritor profesional, y que cuando pinta no escribe y a la inversa, que no es nada y que no le importa ser clasificado, que las taxonomías de los críticos le parecen aburridas e innecesarias. Podría haber dicho, como Ulises, mi nombre es Nadie. Sin embargo, en los años finales de los sesenta, y en los setenta, con el surgimiento de una nueva poesía peruana, encabezada por Antonio Cisneros y Rodolfo Hinostrosa, sus dos polos, trajo su nombre al escenario y su poesía a las publicaciones. Julio Ortega, el crítico de esa generación, señala con tino: “Escritura recóndita y monólogo entrañable, colores arcaicos y anudamientos enigmáticos, estos lenguajes, sin embargo, están poseídos por el espíritu de lo liviano, que Calvino opuso a la mirada de Medusa. Y, al mismo tiempo, estas obras son acertijos que no se agotan, cuya lectura no las consume. Complejas en su claridad, se multiplican en la interpretación. Están animadas por la ligera vehemencia de su entonación o su artificio; pero siendo instancias plenas del sentido son también formas de una obra entreabierta, que promedia entre el refinamiento de su acabado y el proceso de su traza fecunda.” La diferencia entre un escritor que tiene público –digamos y para no salir del Perú, Mario Vargas Llosa– y esos otros que no tienen público sino lectores, y de manera todavía más extrema, ya sin el plural, lector, se da en que ese lector, por más repetido y constante que ocurre, nunca se da de forma gregaria, no se suma, permanece siempre individual e único. Y por eso, con el tiempo, Eielson ha sido leído, publicado y estudiado. Muy leído en México por algunos pocos. No es una contradicción sino una paradoja. El poeta escribe como si no se diera cuenta, como una función vital, la de respirar tal vez, que no está controlada por la voluntad y que es deseo, sí, pero no aspira a cumplirse en sí misma siquiera. ¿Podemos hablar de satisfacción? Creo que no. El título de esta nota responde a que la lectura de los poemas de Eielson provoca ganas de cantar. III
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o deja de ser sorprendente que, si bien en internet se pueden encontrar bastantes poemas de Eielson, los pocos (pero muchos) lectores se las agencian para conseguir sus libros. Cuando la FiL Guadalajara estuvo dedicada a Perú, el voluminoso tomo de más de 700 páginas, titulado Arte poética, que incluía ensayos, poemas, teatro y obra plástica, publicado por la Pontifica Universidad Católica del Perú, duró poco –los contados ejemplares que trajeron– en los estantes y era presumido con orgullo por los compradores. No sé si la
circulación por internet sea el equivalente de los cancioneros manuscritos que circulaban en los primeros años de los Siglos de Oro españoles, pero algo hay de similar en la búsqueda de textos en ese caos. Se dice que Eielson es un poeta para poetas, pero ¿no lo es Góngora? Y ¿no lo es cualquier fundamento lector? El problema de la crisis de lectura es cuando ni siquiera el poeta se interesa en leer lo que escriben otros. La influencia de Eielson en los poetas peruanos a partir de los años cincuenta es enorme, también lo es aunque más subterránea en los que escribe en español en otras latitudes a partir de los años setenta. ¿Hay diferencias entre leer una breve antología como la mencionada y el volumen de recopilación? Creo que sí, pues el tono subrayado de inspiración infantil, popular y tocado por la gracia empieza a dejar su lugar a una poesía mucho más áspera, si bien todavía invadida por la felicidad expresiva. La escritura de Eielson, se diría, es siempre reescritura. Por eso los comentaristas de Eielson, yo mismo en esta nota, buscan una hipótesis abarcadora de su obra y no aceptan la con-
“Pájaro caligrama”, de Jorge Eduardo Eielson
dición individualizada de cada poema, su sentido fragmentario, en el que todo poema es un pedazo de una unidad pérdida, Por eso se suele teorizar excesivamente sobre su condición moderna mientras que se olvida su condición arcaica. Hay poetas que toman el aspecto de poetas-teóricos, que formulan una teoría y la ponen en acción en su escritura. Es el caso de Octavio Paz en la época de Blanco y sus satélites –los Discos visuales, los Topoemas– en la que el decir precede al hacer. De eso el poeta mexicano sólo se libera gracias a El mono gramático y –sobre todo– Pasado en claro. Eielson ve con ironía esa postura teórica, pues para él la teoría no es todavía gesto. Es precisamente en esa época, la más experimental de Paz, la de sus poemarios Salamandra y Ladera este, que frecuenta a Eielson y promueve su publicación en México. Pero la Poesía escrita coincide sólo superficialmente, por ejemplo, con la poesía concreta brasileña, cuya gestualidad es de otra índole. Hay poetas –Neruda, Pellicer– que experimentan y viven el lenguaje como un torrente, una sensación musical-sensorial, otros que lo viven como una expe-
riencia gramatical, y otros más como una experiencia material. Es el caso de Eielson. Para él las palabras pesan, comen, se mueven. Cuando antes se habló de la masturbación en su poesía, habría que hablar también de la micción, la deglución y la evacuación. Su voluntad creativa es claramente física, incluso fisiológica, pero no visceral. El cuerpo, lo dice en uno de sus poemas, es un universo de colores, el páncreas amarillo es un equivalente de ese alto grito paciano. La presencia del cuerpo trae, incluso en la juventud, la presencia del tiempo, el cuerpo envejece. Pero la vejez no es en sentido estricto una enfermedad sino un destino. Eso nos debería llevar a desconfiar del concepto mismo de obra, en tanto conjunto de gestos/objetos/ textos creativos, para privilegiar el de obra puntual, reiniciada en cada nuevo intento creativo. Así, detrás del concepto de obra no está, o no debe estar, el de coherencia discursiva, pues un poema no es (parte de) un discurso, sino la vacuna contra ellos. Es por eso que la web ofrece una posibilidad azarosa de lectura, más acorde con el sentido interno y la dinámica de su escritura. Lo es también el diálogo. En 1995 la hoy desparecida y ya imprescindible colección Poesía y poética, de Artes de México y la Universidad Iberoamericana, publicó El diálogo infinito, conversación de Eielson con Martha Canfield, ensayista y una de las principales estudiosas de su obra. Y Canfield le pregunta, a él, tan moderno, por su interés en el arte precolombino. Y responde que ese arte es extraordinario y señala el papel que José María Arguedas, el gran narrador peruano, tuvo en su apreciación de lo precolombino. Perú es un país en el que se dan esas curiosas mixturas: Arguedas, un gran narrador realista fue muy amigo de un poeta como Westphalen. En la conversación, el poeta señala la necesidad de conservar la capacidad de asombro y seguir siendo un niño eterno o permanente. Uno de los tópicos recurrentes en la entrevista es la cercanía de Eielson con el budismo zen, pero él deja muy en claro que sus creaciones no pretenden convencer o conseguir adeptos, no se trata de una doctrina sino de una enseñanza, y que los caminos de esta última son casi siempre paradójicos. En efecto, una de las cosas que se agradecen de una poesía como la suya es lo poco dada que es a comunicar mensajes. Pero eso no significa que no tenga contenido, sino que es puro contenido, que no necesita volverse mandamiento, forma en que el contenido se pierde como forma. Es en esa misma dirección que se despliega su interés en dialogar con la ciencia, misma que, sobre todo en sus versiones más radicalmente modernas, se acerca a la poesía, y establece distancia de la técnica, que es un uso espurio del conocimiento. Por eso al artista no le interesa el uso, sino el desuso. En un momento de la entrevista habla de su instalación homenaje a Leonardo, La última cena, dos breves páginas de gran claridad, en las que explica el sentido de todo acontecimiento: ser efímero. El diálogo infinito traza un claro itinerario de la trayectoria de Eielson como creador, y le permite explayarse sobre ciertos asuntos centrales, además del budismo zen, la ciencia, el arte precolombino y la presencia del cuerpo en sus obras. Una de las cosas curiosas de su poesía es que, siendo un infaltable en las antologías de lírica latinoamericana, los poemas que se incluyen no son, a diferencia de otros poetas, los mismos repetidos una y otra vez por la inercia y la flojera. Como si Eielson obligara a leerlo y releerlo, y que no se sedimentara en una sola imagen como creador. De allí su carácter elusivo a las definiciones. Se defiende de la inevitable tendencia de su entrevistadora a catalogarlo y a realizar una taxonomía de sus obras
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VOZ INTERROGADA
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Iván Illich,
el humanista radical LA ANTOLOGÍA REÚNE CINCO LIBROS DE IVÁN ILLICH. YA HAY HOMBRES CAPACES DE RENUNCIAR AL PODER DE LA “MEGAMÁQUINA” DEL CAPITAL, DICE EL GRAN PENSADOR.
entrevista con Braulio Hornedo Ricardo Venegas Iván Illich en 1977
Promotor cultural, docente, filósofo, matemático, arquitecto egresado del Autogobierno de la Facultad de Arquitectura de la unam , Braulio Hornedo participó en diversos seminarios con el doctor Iván D. Illich en el Centro Intercultural de Documentación (1971-1975) Cidoc de Cuernavaca. Es doctor en Filosofía y Premio Iberoamericano a la excelencia educativa 2008, sus líneas de investigación comprenden las tradiciones del pensamiento político mexicano siglos xviii - xx , filosofía e historia del pensamiento político.
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propósito de la antología que elabo raste, Un humanista radical (Fondo de Cultura Económica/Ediciones La Lla ve, 2016), que reúne cinco libros de Iván Ilich, ¿cómo seleccionaste los textos, con qué criterio trabajaste? –Seleccionar los textos de un autor que cuestiona y crítica las creencias y valores que el común de las personas damos por verdaderos, no fue fácil. La antología no es una selección de lo “mejor” de los textos publicados por Iván Illich. ¿Quién puede establecer qué es lo mejor de una compleja, extensa y variada obra? Me propuse, en cambio, con esta selección basada en mis propias lecturas y conjeturas, brindar una visión panorámica de una etapa clave en la biografía intelectual de un lúcido pensador anticipado a nuestro tiempo.
–Adviertes en la antología que “técnicamente Ilich no es un filósofo o historiador; ni un sociólogo o an tropólogo; ni un urbanista o psicoanalista; ni peda gogo o profesor de tiempo completo”, y te aproxi mas a él como un “filósofo poeta en la práctica”, ¿podrías abundar en los matices que describen a Ilich como pensador? –Illich está inscrito en una antigua tradición del pensamiento (la del pensamiento humanista libertario, con vigorosos predecesores y numerosos epígonos). Esta es una de las tradiciones más antiguas en la historia de la cultura occidental. Una tradición del pensamiento es un fenómeno histórico complejo. Las tradiciones se expresan a través de una continua conversación entre las diferentes generaciones, sociales y culturales, de diversas épocas históricas. Esta tradición le da vigor y sustento a sus ideas en el presente, como consecuencia de reconocerse parte de una tradición que posee una “cierta y peculiar mirada en el espejo del pasado”. Este instante presente sin tiempo, fugaz y eterno, “es el hoy y mañana y ayer juntos” del que habla Quevedo en un memorable verso. Iván Illich es un pensador inclasificable en las especialidades de los claustros académicos. Su reflexión crítica tiene variados frentes, su pensamiento trasciende las disciplinas y enfoques en la intrincada variedad compleja de sus análisis. Su pensamiento contiene esos puntos de vista especializados y otros no enlistados. Quizá “filósofo poeta en la práctica” sea una aproximación ligeramente conveniente, en el sentido que le da Santayana a sus Tres poetas filósofos, y Gabriel Zaid a su libro La poesía en la práctica. –Un pensador del siglo xx que ha sido comparado con la importancia de Marx en el xix parece regresar a mostrarnos alternativas de una vigencia sorpren dente. ¿A qué le atribuyes que sólo hasta recientes fechas se estén reeditando sus obras?
–Illich es una lectura incómoda porque pone en duda nuestras más profundas certezas. Esto no abona para que sus obras sean un éxito editorial en todo tiempo. Algo parecido le sucedió a Marx en su momento. Esta comparación no es gratuita, pues Illich, al igual que Marx, logró ir hasta las raíces en su crítica al capitalismo moderno. Illich lo hace en la etapa más reciente del modo de producción industrial ecocida, esto es, durante la segunda mitad del siglo xx . Mientras Marx se ocupa de la relación del trabajo con el capital y la incipiente transformación de los valores de uso en valores de cambio, Illich logra demostrar cómo el imperio de la mercancía se apropia de los ámbitos de comunidad y de esta forma engulle el ámbito vernáculo comunitario y lo transforma en “trabajo fantasma”. –A las aspiraciones de todo “universitario bien es colarizado” de poseer un título universitario y un automóvil propio, y ser empleado en una gran cor poración transnacional, Ilich opone al hombre capaz de poner límites al desarrollo de las burocracias políticas y las técnicas científicas, ¿no estamos ante una distancia abismal entre dos modelos en una so ciedad que sería más que complejo remover? –La misma distancia abismal que existe entre el México profundo y el México imaginario del que habla Guillermo Bonfil en su libro. De lo que se trata es que el México imaginario, el que sólo mira para el norte, aprenda a mirar hacia abajo, hacia el México profundo. Eso es lo que significa en Illich La sociedad desescolarizada, que fue uno de sus libros más populares en los años setenta. Illich en ningún momento invita al abandono de la escuela, tampoco propone su desaparición o reforma. Su crítica se enfoca en la remoción de las extendidas creencias y valores que convalidan el tinglado de la producción y el consumo en la modernidad capitalista. Creencias imbuidas eficazmente por la escuela en nuestras mentes. En el mismo sentido, la tesis de los planificadores y políticos “progresistas” es que la educación obligatoria es el mejor remedio para atenuar las desigualdades sociales. Sin embargo, el resultado visible es que logra justamente lo contrario de lo que ofrece. –Iván Ilich duda de la modernidad que ha florecido en la cultura del progreso, habla de un hombre que ha vivido y que aprende del pasado, del origen, ya viene de regreso, ¿habrá hombres capaces de re nunciar al poder de la megamáquina del capital? –Ya existen hombres y mujeres austeros, conviviales, que controlan las herramientas y no son controlados por ellas. El horizonte apunta a una humanidad en simplicidad voluntaria, que ama más a la tierra y a la libertad de la gente que a las mercancías y los espejismos del progreso material. Ya lo dijo Gandhi: “Si quieres combatir la miseria, aprende a cultivar la pobreza.”
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Bo sc o,
Marcel Schwob y otras vid Autorretrato de Hyeronimus Bosch en El jardín de las delicias
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SE SUGIERE QUE EL PINTOR NACIÓ EL 2 DE OCTUBRE DE 1450. SUS OBRAS NO TIENEN FECHA TUVO COMO PRIMER NOMBRE JHERONIMUS VAN ACKEN, LUEGO LO CAMBIÓ POR EL DE HYE
s chwoB , uno de los precursores intelectuales de Jorge Luis Borges, además de ser un maestro del paradigma hizo de la biografía imaginaria un género en donde alterna lo abominable con lo fantástico, conceptos que –debido a la escasa información en torno a la vida del Bosco, y siempre dosificados con sutileza– podrían ofrecernos algunas opciones para acercarnos a su misterio. Tomemos como base algunas de las ideas expuestas en el tráiler titulado El jardín de los sueños, que presenta el Museo del Prado. En el avance de este documental, algunos intelectuales y artistas reflexionan sobre El jardín de las delicias, pintura emblemática del artista: Arcel
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eindert F AlkenBurg , crítico de arte: “En cuanto lo miras comienzas a soñar.” Isabel Muñoz, fotógrafa: “No sabes si estas cosas las has soñado y otras las has deseado vivir.” Salman Rushdie, escritor: “Duele y da miedo.” Nélida Piñón, escritora: “Para aclarar lo que esto quiere decir hay que inventar palabras.” Ludovico Einaudi, pianista: “El cuadro está pidiéndote participar… investigar en tu mente.” Michel Onfray, filósofo: “Es una invitación a pensar lo impensable…” William Christie, director de orquesta: “Es uno de los mayores enigmas, ¿tiene explicación?” John Elliott, historiador: “Es una pintura para discutir.” Miquel Barceló, pintor: “Es como un gran día de fiebre.” Orhan Pamuk, Premio Nobel de literatura: “Quizás fuera ese su propósito, provocar la discusión.” “Al final de la novela –se escucha la voz en off del documental– (un)…escritor devela el misterio… (el Bosco) no quiere que lo resuelvas; quiere que permanezcas en él.”
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ueño , deseo , Miedo , enigMA , dolor, controversia, fascinación, influjo y poder de imaginación, son algunas de las señales que nos ofrecen los sensibles espectadores de esa pintura que tiende a hacer suma virtuosa de la obra del Bosco. Debido a la insuficiencia de fuentes documentales (para fortuna nuestra), Marcel Schwob escribió Vidas imaginarias. En una humilde versión de ese libro, cuya portada ilustra El espejo falso, de René Magritte, encontramos el siguiente razonamiento: “El arte es lo contrario de las ideas generales, describe sólo lo individual, no desea sino lo único. No clasifica, desclasifica.” La pintura El espejo falso, de René Magritte, ejemplifica esa especulación de Schwob, ya que se trata de un ojo en cuya esclerótica navega un grupo de nubes bajo un cielo azul; sin embargo, lo más sorprendente es que en lugar de pupila brilla un misterioso agujero negro. La pintura de Magritte invitada a dejarse caer en una especie de dimensión desconocida donde el Bosco
IMAGEN 1: El jardín de las delicias, h
despliega una realidad que podría desmontarse en dos partes; en una de esas realidades tendría que agudizarse el oído para escuchar la sinfonía silenciosa y enloquecedora que emana de la pintura El infierno musical; mientras que en una realidad alterna tendrían que aprovecharse al máximo los “privilegios de la vista” para escapar del poder de atracción de El jardín de las delicias. Para entender este razonamiento me he apoyado en la siguiente definición tomada de Wikipedia: “La gravedad de un agujero negro, o ‘curvatura del espacio-tiempo’, provoca una singularidad envuelta por una superficie cerrada, llamada horizonte de sucesos”, concepto de Albert Einstein que nos invita a conjugar ciertas perspectivas para acceder a los misteriosos territorios del Bosco. Dice Borges en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius: “Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar.” Jugando con esa clásica frase borgeana (esa benigna conspiración de hermetistas y cabalistas) hemos provocado la conjunción de El espejo falso, de Magritte (que nos recuerda al Espejo humeante inventado por hechiceros precolombinos) con cier ta página de Wikipedia (enciclopedia digital generadora de hipertextos inagotables).
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ólo pArA quienes a estas alturas del homenaje in-
ternacional al Bosco no hayan leído algo sobre su vida, abrevio una mínima semblanza del pintor flamenco. Nació hacia 1450, algunos especialistas sugieren que fue un 2 de octubre, y fue sepultado el 9 de agosto de 1516 en Bolduque, provincia de Brabante Septentrional, en los Países Bajos. El pintor, como otros distraídos artistas, no fechó ninguno de sus cuadros y solamente firmó algunos. Su familia, que procedía de Aquisgrán, Alemania, se había consagrado a la pintura durante varias generaciones. Se casó con Aleid van de Meervenne, hija de Goyarts van de Meervenne, comerciante que aportó como dote algunos bienes, facilitándole su ascenso social. Es curioso que en algún momento de su vida el Bosco haya dejado de llamarse Jheronimus van Acken para hacerse llamar Hyeronimus Bosch. También es revelador que Bolduque, nombre de su ciudad natal, en holandés sea Hertogenbosch o Den Bosch; y en latín: Silva (selva) Ducis o Buscum Ducis, topónimos cuya raíz significa bosque. Jheronimus tomó como sobrenombre de procedencia al bosque, área simbólica que representa –como el mar– al inconsciente. Jean Chevalier y
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Antonio Valle
das imaginarias
A. ERONIMUS BOSCH.
IMAGEN 2: El carro de heno, 1500-1502? 1516? Óleo sobre tabla. 135×100 cm. Museo del Prado, Madrid, España
creAdor de sueños y pesAdillAs El Bosco. La exposición del V centenario Aleyda Aguirre Rodríguez
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hacia 1500-1505. Óleo sobre tabla. 220×389 cm. Museo del Prado, Madrid, España.
Alain Gheerbrant, hermeneutas ilustrados y casi poetas, se refieren al bosque como un santuario en el que los bienaventurados encuentran reposo, donde a los árboles (los hermeneutas citan a Víctor Hugo) “todo les parece bueno, la noche y la muerte.” No es fortuito que el bosque sea un escenario donde se han perdido –y encontrado– héroes de mil batallas. Como en la historia de Andréi Rubliov, santo y pintor ruso de la Edad Media cuya “vida imaginaria” filmó Andréi Tarkovsky, película de escenas violentas donde la Iglesia ortodoxa liquida a un grupo pagano en el bosque. De manera semejante, y gracias a una conversación sostenida con un amigo virtuoso, pude “mirar”, entre los bosques de Nueva Inglaterra, cómo los personajes puritanos del filme La bruja experimentan una tragedia provocada, como en la cinta de Tarkovsky, por el asedio religioso y la represión y sexual. IMAGEN 2- arriba a la derecha
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horA iMAgineMos lA perpleJidAd de un joven Jeroen van Aken observando la culminación de una batalla en la ciudad donde confluyen, además de los ríos Aa y Dommel, el idioma alemán, el holandés, el latín y algunas variantes del flamenco.
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IMAGEN 3: La nave de los locos. 1503-1504. Óleo sobre tabla. 58 cm × 33 cm. Museo del Louvre, París
o hay nada como estar frente a la obra original de un pintor, contemplar sus colores y texturas, acaso adivinar alguna primigenia pincelada. Pararse ante su cuadro, quizá en la misma posición en que alguna vez estuvo el autor... Tal vez por eso es motivo de goce y contento el que los artistas cumplan años de haber nacido... o muerto, porque se organiza la celebración en su honor y es posible re-vivir su obra y disfrutar sus creaciones. De manteles largos está desde el 31 de mayo el Museo del Prado en Madrid con la muestra El Bosco. La exposición del V centenario de la muerte del genio. La oportunidad de ver plasmada en óleos la desbordante imaginación del hombre más enigmático del Renacimiento, terminará el 11 de septiembre de este año. Esperan al público veintiún pinturas y ocho dibujos, más grabados, relieves, miniaturas que antecedieron a sus lienzos y sus imponentes trípticos en los que es posible ver el cielo y el infierno, la creación de un mundo o de otros mundos: monstruos, seres humanos, animales, plantas; superstición y alquimia conviven en esa preciosa dicotomía real e imaginaria que materializa el genio holandés. Por primera vez en la historia del museo, el setenta y cinco por ciento de la producción identificada y catalogada de Jheronimus van Acken (su verdadero nombre), Hyeronimus Bosch o El Bosco, se reúne en esta espectacular retrospectiva, la más importante de los últimos tiempos. También se estrena el documental El jardín de los sueños, producido por el Museo y dirigido por José Luis López Linares. Como parte de la exposición permanente de El Bosco, el Museo del Prado custodia La extracción de la piedra de la locura, Pecados capitales, El carro de heno, El jardín de las delicias, La adoración de los magos, Mesa de los pecados capitales, Las tentaciones de San Antonio Abad, herencia de la Colección Real y del Patrimonio Nacional. Felipe ii fue unos de los grandes admiradores del pintor flamenco, gracias a ello España conserva el mayor conjunto de originales del antecesor del surrealismo al que algunos consideraban loco o herético o “el que pintó al hombre por dentro”. Todas esas obras ahora se reúnen en El Bosco. La exposición del V centenario. El Museo del Escorial, la Fundación Lázaro Galdiano, Lisboa, Londres, Berlín, Viena, Venecia, Rotterdam, París, Nueva York, Finlandia y Washington, entre otros, prestaron sus cuadros para reunir el trabajo del “máximo creador de sueños, de pesadillas oníricas, capaces de marcar nuestro recuerdo para siempre”, como dijo alguna vez Rafael Alberti, quien por cierto escribió notables versos inspirados en la obra del holandés. El recorrido de la exposición pasa por Hertogenbosch, ciudad natal de El Bosco y en consecuencia por su infancia; Vida pública de Cristo; Los santos; Del paraíso al infierno, se centra en el Carro de heno y El jardín de las delicias y termina en El mundo y el hombre: pecados capitales y obras profanas, donde aparece la Mesa de los pecados capitales y el tríptico incompleto Camino de la vida
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Son las lenguas en las que estallan los guerreros para inflamarse mientras destruyen Bolduque. A lo lejos permanece Jeroen, apostado en un viejo muro defensivo, mirando a través de un espejo abrasado por las palabras de viejos maestros, soldados y campesinos, quienes –entre maldiciones, adagios, historias carnales y cacharros de cerveza– siembran en la mente de Jeroen escenas mezcladas de floreos sensuales con la guerra del fin del mundo que explotará en 1500. El apocalipsis se nutre con esos cuadros dantescos y viejas estampas de 1203, cuando Bolduque fue incendiada por las tropas de Güeldres. Atrapado entre esas visiones y excitaciones sensuales, el chico buscará atemperarse examinando Las tentaciones de San Antonio. Con un sentido del humor falsamente angélico y claramente demoníaco, Jeroen comienza a vislumbrar la vida imaginaria de Jheronimus Bosch, quien deja correr pigmentos rojos, dorados y azules sobre tablas y trípticos de madera. Miremos cómo distribuye, mimetiza, oculta, deforma, esfuma y revela intuiciones, deseos, culpas, recuerdos o instantes, mientras narra, a veces con evidente ironía, historias religiosas en el límite de las insinuaciones eróticas. Jheronimus vive el comienzo del fin de la Edad Media en una región cruzada por revueltas e insurrecciones; como la acción secreta de los conjurados “Bundschuh” de Bohemia, Brisgovia, Alsacia y la Selva Negra. Se cierne una época de epidemias, matanzas de campesinos, de profecías aterradoras y guerras religiosas fraguadas por los hermanos y hermanas que postularon la “devotio moderna”. En ese mar medieval navega La nave de los locos, entre otras literaturas excéntricas, como el Elogio de la locura, de Erasmo de Rotterdam, o las versiones de la Biblia traducidas al alemán por Martín Lutero. Mientras son torturadas brujas, vagabundos y apóstatas, Hieronymus, el vidente cáustico y contemplativo, pinta la conflagración espiritual con la que concluye un mundo violento, mundo que es y será el mismo de siempre, sistema material y espiritual que compartirán los ciudadanos de Londres o de Berlín; de Praga o Guernica. En medio de la decadencia de los poderes divinos (revueltos con los poderes de la tierra y sus diligencias de horca y cuchillo), Hieronymus hace surgir territorios extraños. Sus pinturas, como dice Cees Nootemboom, “fluyen antes y después la Revolución francesa”, son cuadros y escenas que perfectamente pueden filtrarse por la segunda guerra mundial. Detengámonos ahí por un instante, donde en una “curvatura del espacio-tiempo” se abra un nuevo capítulo de la historia universal de la infamia, cuando la ciudad de Hieronymus Bosch se convierta en un campo de concentración destinado a la clasificación y trasiego de prisioneros, ahí donde se impone la codificación invertida del pensamiento de Schwob, que desea desclasificar para siempre al arte… y la vida. IMAGEN 3- página anterior abajo
EL INFIERNO MUSICAL III
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horA , por E l EspEjo falso dEl tiEmpo lleguemos a Francia, donde Arthur Rimbaud, bajo el influjo de la violencia desatada en la Comuna de París, escribe Being Beauteous:
Tercer panel de El jardín de las delicias, hacia 1500-1505 Óleo sobre tabla. 220×389 cm. Museo del Prado, Madrid, España
Silbidos de muerte y círculos de música apagada hacen que suba, que se ensanche y que tiemble/ como un espectro ese cuerpo adorado: heridas escarlata y negras revientan en las carnes soberbias. Los colores propios de la vida se oscurecen, bailan y se desprenden en torno a la visión, en el taller.
He aquí a Rimbaud, quien parece estar haciendo la crónica de una conversación cotidiana en el taller de Hieronymus mientras despliega la iconografía de El infierno musical, nombre con el que se conoce el ala derecha del famoso tríptico El jardín de las delicias, pero que también le da nombre a un poema de la querida Alejandra Pizarnik, poeta inigualable, siempre trágica y pirateada inútilmente. Escuchémosla cantar un poco:
El infierno musical Y de tanto animal muerto en el cementerio de huesos filosos de mi memoria/ Y de tantas monjas como cuervos que se precipitan a hurgar entre mis piernas/ La cantidad de fragmentos me desgarra/ Impuro diálogo/ Un proyectase desesperado de la materia verbal/ Librada a sí misma/ Naufragando en sí misma.
“En cuanto lo miras comienzas a soñar.” Reindert Falkenburg
“Duele y da miedo.” Salman Rushdie
He aquí un fragmento de otro poema de Pizarnik que lleva por nombre el título de otra pintura del Bosco:
Extracción de la piedra de la locura Hablo como en mí se habla. No mi voz obstinada en parecer una voz humana sino la otra que atestigua que no he cesado de morar en el bosque. No (dije), para ser dos hay que ser distintos. Yo estoy fuera del marco pero el modo de ofrendarse es el mismo.
“Duele y da miedo”, dijo Salman Rushdie al ver la pintura del Bosco. Eso también –me parece– aplica cuando escuchas la voz de Alejandra musitando en el bosque. Especulando en torno al mismo “horizonte de tiempo”, cuando Hieronymus pintó sus seres fantásticos, quinientos años después José Emilio Pacheco escribe unos versos con un tema tan parecido que parece trazar un “fractal” mexicano:
La luz en el zoológico de sombras En 1520 los europeos observaron/ por vez primera un zoológico./ En el jardín de Moctezuma/ no se hacía distinción/ entre personas y animales./ Lo mismo estaban tras las rejas el ocelótl y el quetzal/ que los albinos, enanos y jorobados./ Dentro del Templo Mayor/ Cortés halló las representaciones en piedra/ de los dioses aztecas/ y en Europa se difundió la certeza/ de que eran los demonios del cristianismo./ Los conquistadores no estaban, como creían,/ en el Nuevo Mundo/ sino de verdad en Otro Mundo/ que no encajaba en sus mentalidades.
Se trata de un fragmento del poema-prólogo del libro Zoología fantástica, dedicado a Carlos Monsivais e ilustrado por Francisco Toledo. Esta publicación se deriva de El libro de los seres imaginarios, que Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero compendiaron años atrás. Por último, en alguna vertiente de Wikipedia, enciclopedia virtual infinita, encontramos el pensamiento que buscábamos: Puede identificarse que, pese al tiempo y espacio, en ocasiones varias culturas u hombres comparten ideas recurrentes y muy similares sobre determinadas criaturas imaginarias, muy probablemente porque éstas suelen ser producto de sueños, deseos y miedos que hemos compartido desde el inicio de nuestra existencia. (https://www.facebook.com/JEP.textos.remotos/ posts/1956519381241154:0)
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eMoViendo un poco en las palabras “guerra y lo-
cura” (señales de heredad común en la historia humana), suponemos que así como Alejandra Pizarnik encontró en las pinturas del Bosco correspondencia visual y auditiva, quizá una guardia “de hermetistas y cabalistas” imaginó, desde el Uqbar, de Borges –y por nobleza intelectual de Marcel Schwob–, que algunos videntes de Mesoamérica vislumbraron, a través de un espejo falso, un mundo viejo cuyos demonios y dioses casi “encajaban” con sus fantásticas escrituras; en ellas asediaban a la guerra de siempre con locura, pintura y poesía
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Vampiros aztecas, Pablo Soler Frost, Ditoria, México, 2015.
LA ELECCIÓN DEL VAMPIRISMO GABRIEL BERNAL GRANADOS
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ampiros aztecas es un homenaje que Pablo Soler Frost le rinde a quien fuera uno de sus maestros más distinguidos en vida, Salvador Elizondo. El nombre de Elizondo aparece consignado en la Nota final del libro, donde el autor enumera las fuentes que le sirvieron para proyectar su relato. Fernando Alva Ixtlixóchitl, Leonora Carrington, Bernal Díaz del Castillo, Miguel León Portilla, Ramón López Velarde, Luis González Obregón (no aparece el apellido de Octavio Paz, de quien, en la página 12, se incorpora la cita de uno de sus poemas más conocidos: “Soy hombre, duro poco…”) y Elizondo mismo son algunos de los nombres que integran una caterva de alusiones más o menos plausibles. Pero lo que Pablo Soler Frost toma de Salvador Elizondo no es una frase o un tema capaz de organizar una “fuga”, en el sentido musical del término, sino la idea en sí de escribir este relato. Vampiros aztecas reconoce, y adapta a su modo, un guiño que se encuentra diseminado en el libro de relatos y ensayos de Elizondo titulado Camera lucida. “El rito azteca” cuenta la historia imposible, y por lo tanto hilarante, de un crimen masivo e indeterminado que ocurre en el distrito de Belgravia, en el Londres de Sherlock Holmes. El periódico de la noche, haciendo eco de las investigaciones erráticas de Scotland Yard, denomina a este hecho de sangre “el rito azteca”. Poco antes de la llegada del inspector Gregson a la casa de Holmes en Baker Street, aparece de la nada un corazón, empacado en una caja y contenido en un frasco de vidrio, “de ésos que se emplean comúnmente para guardar confitura o pepinillos encurtidos”. El corazón, que arde en llamas después de que Watson intenta resucitarlo aplicándole corriente eléctrica, es un símbolo tomado al azar de la pervivencia de otro tiempo en un escenario imposible (lucubraciones “aztecas” en el Londres decimónico de Conan Doyle). Pero sobre todo, el corazón es el detonante de una impecable boutade que sí conoce solución de continuidad (el cuento, interrumpido en la página 70, prosigue en la 189 de la primera edición de Camera lucida de 1983). Pablo Soler Frost aprovecha este antecedente para desarrollar una historia no menos imposible que la de su mentor literario. Vampiros aztecas cuenta el invierno prolongado de una secta que tendría su origen en la Tenochtitlán prehispánica
y encontraría una deficiente secuela en las épocas que fueron marcando hitos históricos de Ciudad de México hasta llegar a nuestro tiempo. A esta secta, dueña de las claves que explican el misterio de la procrastinación y la inmortalidad, se le conoce como “vampiros aztecas”: “Los tlacatecólotl. Los hombres-búho. ‘Vampiros’ les dirán luego, pero éste es un nombre errado, pues aunque compartían muchas cosas con los vampiros europeos –su inmortalidad aparente, su juventud y su belleza, su afición a la sangre, su odio y temor ante el cristianismo–, lo principal era distinto.” No cometeré el error de contar de nuevo la historia que cuenta Pablo Soler Frost en su libro. Me limitaré a decir que en él, de una manera más libre que en publicaciones anteriores, están presentes obsesiones que habían caracterizado los mejores frutos de su obra, ya numerosa. Las alteraciones de la percepción debido al consumo de sustancias psicotrópicas; la emergencia de símbolos del inconsciente que adquieren, de noche, una claridad que no podrían tener durante el día; una sexualidad que no acaba de confesarse a sí misma en una volición honesta y desaforada de la carne del otro, y por encima de todas estas cosas que he enumerado de manera algo más que sucinta, la resurrección de un pasado ceremonial y salvaje, incomprensible a los ojos de un Occidente amo y señor de la racionalidad y la conciencia lógica. Vampiros aztecas reúne lo mejor y más original de la narrativa de Pablo Soler Frost. Pablo, escritor declaradamente católico y conservador en sus modales y apariencia, habla de chavos y de drogas, de putos y de imposibilidades esotéricas referidas a nuestro pasado prehispánico, de la colonia Guerrero y de Blue Demon –hay una búsqueda, en su prosa, de un equilibrio entre las emociones de la vida cotidiana y una cultura que se quiso a sí misma, desde el principio, vasta, abigarrada y exquisita. Hay rupturas y callejones sin salida, equivalentes honestos a preguntas sin respuesta. “Prendí un cigarro”, dice Alan, alter ego desenfadado de Pablo en el relato, “le di un jalón, me dije mi nombre, le di otro jalón, lo tiré, seguí a ese niño.” Quisiera definir, antes de concluir mi texto, en qué consiste esa nostalgia de lo otro que se encuentra en los Vampiros aztecas, de Pablo Soler Frost, pero tanto a ustedes como a mí nos resultarían insufribles y confusos los lugares comunes que traerían a cuento los viajes de iniciación producidos por el consumo de drogas y la consecuente disolución de los umbrales entre pasado y el presente, para no incluir, por improbable, el futuro. Terminemos, pues, con la convicción de que q u i e n e s l e a n e s t e l i b ro e s t a r á n f re n t e a l o mejor que ha producido Pablo Soler Frost a lo largo de tres décadas de trabajo literario, tan empeñoso como marginal o disoluto •
Jardín en la niebla, Francisco Brines, La Otra/Conaculta, 2015.
Esta antología del trabajo poético del español Brines se debe al trabajo entusiasta del también español y asimismo poeta Juan Carlos Abril, autor de la prolija introducción y, naturalmente, de la selección que se ofrece. Sepa el lector que Brines es miembro de la Real Academia de la Lengua y que ha recibido numerosos reconocimientos por su obra, entre los que destacan el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2010 y el Nacional de Literatura español en 1987. En el presente volumen se recoge una muestra de dicha obra, desde 1960 –del poemario Las brasas– hasta el presente, con Poemas de un libro inédito.
In memoriam
Ives Bonnefoy 24 de junio 1923-2 de julio de 2016
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La Jornada Semanal
http://www.jornada.unam.mx/
En nuestro próximo número
DEL DESEO DE PLACER AL PLACER SIN DESEO Fabrizio Andreella
El sabroso Pecado de Laura Restrepo
ARTE Y PENSAMIENTO ........ Naief Yehya
Agustín Ramos
SÍ COMO EL ACRIBILLAMIENTO al magisterio superó con mucho la propaganda grabada de “los ricos y deliciosos tamales oaxaqueños”, así el nombre de un precandidato gringo sonó más que todo el proselitismo junto de aspirantes a virreyes, virreinas, madrotas y padrotes de la patria mexicana. Y, también, así como los ataques a la cnte opacaron los pregones callejeros, el Brexit y el apellido Trump opacó a los ínclitos Yunes, Murat, Fayad y demás plusmarquistas de gastos de campaña. ¿Casualidad o conspiración mediática? Digamos que inercia de la globalización.
¿Quién conspira para el fin de un si inexploradas y hasta formas todavía mundo que, sin ser propiedad de na- impensadas. En su diálogo con Yong-june Park die, termina perteneciendo a un uno por ciento de paranormales? ¿Quién (Pedir lo imposible, 2013), Zizek redefine conspira para que simuladores, pro- el concepto de “proletariado” y señala gres o fachos igual de ambiciosos, que éste ya no existe como un único protagonicen la pugna por conducir agente. “Actualmente –dice– todavía la desigualdad apocalíptica y la demo- tenemos todas esas características lición de la sociedad en favor de los [pobreza, masificación, enajenación, zombis adueñados de la naturaleza, creación de riqueza para otros] aunde Polanco y Santa Fe, de la entrada a que ya no estén reunidas en un solo los vagones del Metro, del espacio pú- sujeto.” Por ello, habla de “diferentes posiciones proletarias”, que lo llevan a blico y de la primera fila del teatrino? Por favor, no imaginen a Salinas, “repensar totalmente la noción de exCevallos, Chuchos ni Independientes; plotación”. Y, sintetizando la dinámica tampoco, a Chayo Robles, a Gordillo, a que encierra el concepto “posiciones”, Ruth Zavaleta ni a doña Fecala, como yo añadiría (con Boltvinik, Camus, brujas de Macbeth sobándose las zar- Chomsky, Ranciere) las nociones de expas y encarnando una troika guajira. terminio, exclusión, marginación, rePorque la pregunta no es quién cons- cla-si-fi-ca-ción e irrupción. Las clases, todas, empezando por el pira sino qué conspira y contra qué uno por ciento que está como en forconspira. Y aquí ya resulta innecesario el ro- mol, siguiendo por sus cómplices de deo –big stream, stablishment, mode- guiñol, esbirros y demás ceos humalo de desarrollo, sistema mundo, eco- noides de los aparatos estatales y mulnomía de mercado, modernidad–, tinacionales, y terminando por los desporque aquello que conspira contra ahuciados del noveno círculo; todas las la vida se define, qué le vamos a hacer, clases, digo, nos hemos diverticulado. con una palabra demodé: capitalismo, Con perdón de Susan Sontag, somos La aun cuando más logotípico que físico Enfermedad. Debido al dominio creciente del ya y más especulativo que productivo (nada nuevo, por lo demás, pues en dicho uno por ciento, la lucha ha deriMelmoth reconciliado, “obra maestra vado en guerra permanente, ya no por contemporánea”, Balzac narra un to- mercados y zonas estratégicas sino en pillo bursátil contra el mismísimo guerra por cuerpos para el sacrificio, mediante el terrorismo casi silencioso, diablo). Las clases sociales siguen existien- normalizado, de nuestra vida diaria, y do y distinguen entre quienes desorde- bien con las otras formas de terrorisnan todo y quienes acatan este desma- mo policiaco-fiscal, militar-paramilitar dre; entre quienes deciden y quienes o de peleles analfabetas y anarcoides a re-clamamos o nos apendejamos con sueldo, bien como expresión más o mecuentos y cuentas. Desde la lona per- nos desesperada, más o menos controsiste, pues, la lucha superlibre de quie- lada por los amos de este totalitarismo nes quieren tenerlo todo a toda costa novedoso, antihumano y convenenciey quienes cada vez vamos siendo más ramente desregulado, más movido por y teniendo cada vez menos. Y lo mismo, la irracionalidad que por valores. La solución final consistiría en una esto no es nuevo, comenzó con lo que llamamos, qué risa, democracia: inven- dosis exacta de destrucción selectiva ción ilustrada pseudohelénica, transpa- mediante bombas de neutrones. Pero rente en el fascismo, el estalinismo y el aún cabría esta otra: la que al contraneoliberalismo. Sí, el capitalismo es rio de ser solución final representaría proteico, se ha diversificado, a-comi- el principio de un problema metahusariado, virtualizado y alguacilado; pre- mano: “una revolución sin fe” en esta senta vertientes hondas, inéditas, ca- “hora de los hornos.” •
El hombre enfermo de Europa EnfErmEdad El imperio otomano terminó el siglo xix siendo llamado “el hombre enfermo de Europa”. Su declive abrió las puertas al expansionismo británico, francés y eventualmente estadunidense en el Medio Oriente. El cambio de poderes coloniales significó nuevas y dolorosas tragedias para la región.
rEconciliación Hace más de seis años tropas israelíes abordaron con violencia el navío turco Mavi Marmara, que intentaba simbólicamente romper el bloqueo marítimo de Gaza. Los soldados mataron a nueve activistas turcos que estaban armados con palos y cuchillos. El 27 de junio de 2016, el primer ministro turco Binali Yildirim y el israelí, Benjamin Netanyahu, firmaron un acuerdo de normalización de relaciones, dando por terminada la crisis bilateral. Yildirim aprovechó para anunciar el envío de 10 mil toneladas de ayuda humanitaria a Gaza y la colaboración en la construcción de una planta desalinizadora. Y añadió: “Turquía era la protectora de las justificadas aspiraciones de los palestinos.” Por su parte, Netanyahu habló de impedir ataques terroristas y de nuevos y lucrativos acuerdos energéticos, e insistió en que no se levantaría el bloqueo de Gaza.
disculpa El mismo día, la cadena Fox reportó que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, había pedido una disculpa telefónica a su homólogo Vladimir Putin por derribar un avión su-24, el pasado 24 de noviembre. En la conversación también expresó sus condolencias a la familia del piloto asesinado y dijo que seguían buscando al ciudadano turco que le disparó y mató mientras bajaba en paracaídas. Putin había amenazado con que “se arrepentirían más de una vez por lo que hicieron”, pero una acción armada contra un miembro de la otan no se toma a la ligera, así que se conformó con imponer sanciones que han lesionado la economía turca. En este caso, Erdogan esperó sólo seis meses para pedir la disculpa que juró nunca pediría.
consEcuEncias Estas dos acciones sucedieron pocas horas antes del atentado en el aeropuerto de Estambul en el que murieron cuarenta y una personas. Así, mientras el gobierno de Erdogan hacía enmiendas, alguien, aparentemente el Ejército Islámico ( ei ), planeaba un ataque sangriento con la intención de lesionar al país. La decisión de normalizar relaciones con estos dos Estados quizás pone en evidencia la miopía, la duplicidad e instinto de supervivencia de un atribulado Erdogan, quien dice apoyar la causa palestina pero hace negocios y alianzas estratégicas con Israel; lamenta haber derribado un avión ruso pero continúa su campaña de saboteo contra Rusia y Siria. Erdogan sigue conspirando para usar la guerra en Siria en
beneficio de sus intereses. Es bien sabido que el gobierno turco ha permitido que su frontera sur ofrezca fácil acceso a yihadistas que buscan unirse al ei, que provee armas a ciertas milicias, que tolera y, según algunos, se ha beneficiado del tráfico de petróleo, antigüedades y otros productos con que el ei se financia parcialmente. El flujo de refugiados que huyen de Siria ha servido en parte para cubrir el tráfico de militantes fundamentalistas que entran y salen de Turquía con un mínimo de escrutinio. En mayo de 2015, soldados estadunidenses atacaron la residencia de Abu Sayyaf, un líder del ei que estaba a cargo de la venta de petróleo de los pozos del noroeste sirio hacia Turquía. Ahí se recuperaron documentos y pruebas de la complicidad entre oficiales del gobierno turco y la cúpula del ei , como reportó el diario The Guardian (25/ vii /2015). Erdogan ha apoyado públicamente a milicias turkmenas que luchan contra las tropas del gobierno sirio en el noroeste de Siria. Sin embargo, su verdadera preocupación es que eliminar al ei fortalecería a sus enemigos: el gobierno de Assad y los kurdos sirios.
cómplicEs En lo que va de 2016, Turquía ha sido objeto de por lo menos tres ataques terroristas vinculados con el ei , donde han muerto más de doscientas personas. En cada caso, el gobierno ha intentado responsabilizar a los kurdos y con ello legitimar su campaña militar y genocida en contra de esa minoría en el sur del país. En el espeluznante ataque del 28 de junio, esa acusación no pudo ni siquiera ser esgrimida. Muy pronto quedó en evidencia que el modus operandi de los terroristas coincidía con el de los militantes suicidas del ei . Es evidente que este acto es una consecuencia de la complicidad que ha tenido el régimen turco con los maniáticos apocalípticos del ei . Y mientras seguimos añadiendo nombres de ciudades a la lista de ataques brutales contra civiles en el mundo, el nombre de Turquía trágicamente aparece una y otra vez involucrado como puerto de embarque y acceso de los asesinos. Esto parece ser el síntoma de que Turquía se ha vuelto el “hombre enfermo de Europa” del siglo xxi . ¿Qué clase de desgracias traerá este declive? •
JORNADA VIRTUAL
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naief.yehya@gmail.com
TOMAR LA PALABRA
Solución final (ii y última)
10 de julio de 2016 • Número 1114 • Jornada Semanal
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........ ARTE Y PENSAMIENTO
Jornada Semanal • Número 1114 • 10 de julio de 2016
Alonso Arreola @LabAlonso
Humor y virtuosismo: Ernesto el Chango García Cabral
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RNESTO EL CHANGO GARCÍA CABRAL es reconocido como el creador de la caricatura moderna mexicana, con una amplia trayectoria que abarca de 1910 a 1968. Sus ilustraciones en los medios impresos más importantes de su época dibujan la crónica visual del devenir social y político de nuestro país desde una perspectiva crítica, plena de humor, sátira y realismo. Heredero de la tradición de las revistas de caricatura del siglo xix tanto mexicanas como europeas, García Cabral desarrolló un estilo muy personal, plenamente innovador en el ámbito mexicano, cuya principal característica es la sofisticación que alcanzó su dibujo virtuo-
so, elegante y refinado, como pocos en este país. No en vano Diego Rivera lo consideró “el mejor dibujante de México”. El Museo del Estanquillo presenta la espléndida exhibición titulada El universo estético de Ernesto García Cabral, integrada por más de cuatrocientas obras que dan cuenta de la maestría de este gran artista que, como bien señala Rafael Barajas el Fisgón, ha quedado un tanto relegado en la historiografía del arte mexicano y merece más atención. Esta exposición marca la pauta para la realización de más estudios y de una mayor difusión de este genial creador, inclusive a nivel internacional, así como del reconocimiento de la caricatura como un género per se dentro de la historia del arte mexicano. García Cabral nació en Huatusco, Veracruz, en 1890 y en 1907 recibió una beca del entonces gobernador del estado para estudiar en Ciudad de México en la Academia de San Carlos. En sus inicios fue tan crítico con el régimen porfirista como con el maderista, que atacó ferozmente en la revista Multicolor hasta colmar la paciencia del presidente Madero, quien lo “invitó a retirarse” del país, otorgándole una beca para estudiar artes plásticas en París en 1912, donde permaneció hasta 1916. Tras un par de años de colaboración en el Servicio Exterior con Isidro Fabela, regresó a México, donde permanecería hasta su muerte, acaecida en 1968. El Chango llega a la Ciudad Luz en plena efervescencia de las vanguardias artísticas y absorbe las enseñanzas tanto de los grandes maestros de la caricatura decimonónica, como Honoré Daumier y j. j. Grandville, como de los cartelistas más innovadores –Henri Toulouse-Lautrec y Aristide Bruant a la cabeza– así como de las artes gráficas francesas y alemanas que en esos momentos vivían sus años dorados. En Francia el art nouveau como movimiento artístico total estaba en su apogeo y sus patterns estilísticos rebosantes de líneas curvas y sensuales sedujeron al Chango, quien los incorporó a su lenguaje para crear obras de un refi-
namiento extremo; un ejemplo de su maestría técnica es la exquisita tinta El sátiro viejo, de 1915. Con gran intuición y sensibilidad absorbió todas estas influencias y las amalgamó a su trabajo, como se percibe en la exhibición, donde se muestra su cercanía a pintores como Kees Van Dongen, André Derain, Raoul Dufy, Pierre Charreau, Albert Gleizes, entre muchos otros, así como los diálogos que estableció con los artistas mexicanos del momento como Roberto Montenegro, Julio Ruelas, Jorge Enciso, Gabriel Fernández Ledesma, Marius de Zayas o Miguel Covarrubias, creando un estilo híbrido que hace que sus obras trasciendan lo meramente mexicano para insertarse en un lenguaje universal. El art déco que surge en París en 1925 a raíz de la Exposición Internacional de las Artes Decorativas e Industriales Modernas fue también la fuente donde abrevó para desarrollar su otro gran lenguaje estilístico plasmado en las espectaculares portadas de la Revista de Revistas de Excélsior, en las que, en mi opinión, desplegó en mayor medida su genio creativo y sus logros técnicos y plásticos a lo largo de casi dos décadas. La vasta exposición en El Estanquillo está conformada por núcleos que abarcan los diferentes temas que abordó a lo largo de su trayectoria: el retrato humorístico, psicológico y académico, tanto de personajes anónimos como de personalidades connotadas mexicanas e internacionales; la temática costumbrista que abarca todo tipo de escenas relacionadas con la alta y la baja cultura: las fiestas, los oficios, las escenas callejeras, el ocio y la bohemia, los goces y desventuras de la sociedad que ilustran la crónica visual de toda una época. Cada visitante se reconocerá en alguna de las obras en esta exposición cuyo recorrido es un viaje ameno y gozoso por casi seis décadas de la vida en México • El sátiro viejo. Arriba: Revista de Revistas
ARTES VISUALES
Germaine Gómez Haro germainegh@casalamm.com.mx
Por nuevas y segundas oportunidades: Tierra Adentro
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ESOS YA LOS VI”, responden muchos cuando se les pregunta si irán a un concierto, como si aquel primer y único encuentro fuera suficiente en la vida –incluso demasiado–; vaya, como si de coleccionar estampitas se tratara.“Ya la tengo”, pareciera la contestación. Imperan justificantes para no repetir: el tráfico, los precios elevados, la oferta desmedida… Pero sucede algo todavía peor. Ese algo que ocupa nuestro magín desde una reyerta reciente con una periodista, quien insistía en lo malo que le pareció un espectáculo ocurrido hace más de un año. Volvía sobre el asunto una y otra vez, anulando la posibilidad de que el conjun-
to en cuestión hubiera evolucionado. ¿Si así pensaba sobre artistas conocidos, cuál sería su disparo a jóvenes en ascenso?, nos preguntábamos. Nos referimos a esto: en un contexto como el actual, tendiente al extremismo y a una pobre lectura entre líneas, son pocos los que dan una segunda oportunidad a un artista (no sólo músico) que no pudo sorprenderlos a la primera, cual mago en circo. Tal como el restorán al que se va una vez para no volver porque un platillo incumplió con las expectativas, se soslaya que la experiencia se integra con numerosas y distintas partes. Así, cada vez resulta más difícil julio: Lng/sht (Quintana Roo), Robot escuchar “me gustó tal o cual canción, Junkie Paradise (Guanajuato), Baltazar me gustaron las luces, no me pareció (Jalisco), Capital Sur (Morelos). Viernes el orden de las canciones, el guitarrista 29 de julio: Paulo Piña (Veracruz), Iván es bueno o el baterista regular”. No. La García y Los Yonkis (Puebla), Ampersan velocidad de nuestros días exige (Jalisco), Alice True Colors (Yucatán). juicios categóricos. O todo o nada. Sábado 30 de julio: Belafonte SensacioDigamos que hay una angustia por nal ( cdmx ), Vayijel (Chiapas), Pumcayó quedarse atrás en la carrera de las (Jalisco), Aux Matanshi (Querétaro). ¿No le dicen mucho los nombres? calificaciones digitales; una necesidad de mostrar exigencia crítica, su- De eso se trata. A esto hay que ir abierperficial, lo que no es sino soberbia y tos a la sorpresa. Lo invitamos a que –contrariamente a lo que usualmente falsa sensibilidad. A causa de esto el público ha redu- recomendamos– no busque a estas cido las obligaciones de su melomanía. bandas en internet. Arriésguese. AdeDicho de otra forma: no sólo duda so- más, incontables veces lo que vive en bre continuar viendo a los músicos la red es poco representativo, se escuque le gustan, sino que deja de asistir a cha o se ve mal. Mejor asistir al contaceventos que presentan algo descono- to directo y, como decíamos al inicio, cido (si lo uno cuesta, lo otro más). Re- repetir en un tiempo para conocer los accionando en sentido contrario, hoy avances de quienes han decidido inle damos un ejemplo para despertar a sistir en esta ruda profesión. Darles la curiosidad, lectora, lector, y animarlo una segunda oportunidad, porque de ante una situación única para escuchar eso están hechas las escaleras, las luces a su patria: los últimos fines de semana en la noche, la apertura de las brechas… de julio, el Lunario del Auditorio Nacio- De nuevos pasos, lenguas del futuro. Por lo pronto, podemos decirle que nal presentará el Festival Tierra Adentro, extensión natural de una investiga- gente como David Aguilar, Pumcayó y ción realizada en 2015 para la revista de Belafonte Sensacional son garantía y mismo nombre por el entusiasta perio- buen pulso de nuestro cuerpo sonorodista Juan Carlos Hidalgo, cuyo trabajo so. A otros que deseamos tener enfrente son Robot Junkie Paradise, Felipe valoramos desde hace años. Se trata de una curaduría con dieci- El Hombre y Paulo Piña, pues sus proséis conjuntos de quince estados del puestas tímbricas y líricas exigen un país, representativos todos de un mo- audio y actitud particulares. Se trata vimiento que busca salir a la superficie de discursos originales cuyas influenpara compartir el aire de los grandes cias son claras pero no estorban. Verbicetáceos. Visitantes de los cuatro pun- gracia: “No quiero desconfigurar la tos cardinales, los géneros que abor- frecuencia de este viernes con mis dan son variopintos, aunque hay una cuentos absurdos de idiota, de gente tendencia general hacia la canción de asesinada”, canta Piña desde Veracruz rock en español. Hay también electro- en su “Teoría de la sandía”. Luego dice: pop, rap y cosas más o menos radicales. “No quiero yo desnivelar este bosque Esta es la lista completa por fecha. Vier- de neblina, sólo importa tu puta teones 22 de julio: Sierra León (Nayarit), ría, tu teoría de la sandía.” ¿Quiere coExpedición Humboldt (Michoacán), nocer el resto? Nos vemos en el LunaFelipe El Hombre (Chihuahua), El Da- rio. Buen domingo. Buena semana. vid Aguilar (Sinaloa). Sábado 23 de Buenos sonidos •
BEMOL SOSTENIDO
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ARTE Y PENSAMIENTO ........
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Jorge Moch Ana García Bergua
tumbaburros@yahoo.com Twitter: @JorgeMoch
STOY ESCRIBIENDO UN CORREO electrónico para alguien que no conozco. Entonces me despido atentamente y con un cordial saludo o alguna de esas frases que se usan de continuo como muestra de que uno no nació en una cueva. Después resulta que los corresponsales y yo nos conocíamos, o que al cabo de varios intercambios escritos ya nos tuteamos. Entonces, muy mexicanos todos, nos empezamos a mandar abrazos –esos abrazos con que las señoras mexicanas ya se saludaban y despedían por lo menos desde comienzos del xix , y que a la inglesa condesa Fanny Calderón de la Barca le llamaron la atención lo suficientemente
como para consignarlo. Con la gente rá el espíritu”. Menos mal que nunca me cercana, los abrazos se transforman en ha tocado escribir cartas que terminen besos y así termina uno los correos lan- con “somos los mejores distribuidores zando picoretes virtuales. Hay quie- de tinacos y asbestos” o algo así. La vida nes de entrada te mandan abrazos, ha sido generosa conmigo. A quienes quienes insisten en que sus apapa- deban hacerlo, les envío mi solidaridad chos son, por ejemplo, abrazos solida- atentamente. En esos mismos Epistolarios hay rios, si es que estás en la cofradía de alguna causa perpetua. En esos casos, unas despedidas hermosísimas de tresólo faltaría firmar con “venceremos”, mendas, por ejemplo ésta de Torri a Alpero por suerte aún no me sucede. Y es fonso Reyes: “Que tengas más días felique esto del correo electrónico nos ha ces que yo deseos insatisfechos el día regresado, mal que lo queramos, a las de mi muerte. Amén.” Don Alfonso no escatimaba abrazos, ni dejaba de firmar fórmulas de antaño. A mí eso me gusta, la verdad. Me gus- con la declaración de “tuyo”, que tamtaría poder terminar mis correos pidien- bién se utiliza en inglés. No como Hendo que Dios conserve a vuestras merce- ríquez Ureña que, macho tropical al fin des muchos años, que Alá se apiade de (por lo que Novo cuenta en La estatua su vestimenta, que esos caireles guar- de sal) se despedía con un parco “Pedro”. den su color por décadas enteras o algo Me gusta lo de “suyo” o “suya”, yours truly. semejante, o recibir esas despedidas Quizá ahora sea raro entregarse así a un que se concentraban en las extremi- corresponsal, a un amigo, pero resulta dades inferiores o superiores: a sus pies, menos lambiscón que declararse su decían, o: beso su mano. Cuando era atento y seguro servidor, o proporciojoven (nótese la naturalidad con que narle las duelísticas seguridades de ya digo la cosa, cómo la he aceptado), nuestro respeto y consideración. Como uno de mis primeros trabajos fue el de decía Torri en otra misiva a don Alfonso: secretaria en la Filmoteca de la unam. Me “Un estrecho abrazo. Ya sabes que la vida acuerdo que todas las cartas que es- nos vuelve cortesanos y cabrones.” Siempre he querido escribir un mail cribíamos debían decir atentamente, y luego, abajo, aclarar que por nuestra que termine “con la esperanza de no raza hablaba el espíritu. Se te olvidaba tenerme que encontrar con usted japoner el lema inventado por Vasconce- más en toda mi vida”, algo así, pero nunlos, creo –y objeto de polémicas, me ca he tenido un enemigo que lo merezparece–, y la secretaria principal te la ca. De hecho, creo que nunca he tenido regresaba: faltó el lema. Me acordé un enemigo, gracias a Dios. De todos cuando hace días hojeaba yo los Epis- modos en México, a su peor enemigo tolarios, de Julio Torri, editados, but of uno también le manda un caluroso course, por la unam. En sus cartas, el que abrazo. En fin, que seguimos escribiénsería secretario de Educación de Álvaro donos, pero las cortesías, las fórmulas, Obregón (cómo se le extraña en estas se evaporan para solidificarse como épocas, por cierto), se despedía del au- emoticones. Cosas de los tiempos, de tor de De fusilamientos con un escueto la velocidad de la vida, ésa que hizo “adiós”. Si hubiera sabido lo largas que que en una época mi papá, presa del se volverían las fórmulas de despedida entusiasmo por su computadora nueen la correspondencia de la Universi- va de enormes floppys y complicado dad Nacional gracias a él, quizá el lema procesador de textos cuyas fórmulas hubiera quedado como “atentamente, memorizaba con toda aplicación, un el Espíritu”. Cosa de espíritu práctico, día se despidiera de mí en el teléfoque no todos tenemos. A veces, de bro- no con el código para salir del proma, hasta mi padre se despedía dicién- grama: F7. F7 tengan ustedes. Atentamente • dome “atentamente, por mi raza habla-
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L HORIZONTE EN MÉXICO, cosa que pareciera imposible con tanta desgracia asimilada a la historia nacional, se vuelve todavía más fosco. Los abusos, yerros, corruptelas y omisiones del falansterio criminal que se dice gobierno hoy, lograron capitalizar ese hartazgo popular y sublimarlo en irritación genuina y colectiva (el “mal humor social” del que habla con socarronería insufrible la Presidencia) que aglutina hoy diversos movimientos en un repudio creciente al gobierno y al pelele presidente, imposible de soslayar aunque eso es justo en lo que parecen empeñados buena parte de los medios masivos de corte gobiernista, sobre todo en los
discursos mediáticos de Televisa y t v Azteca. La histeria de sus lectoservidores en días recientes tratando de crear una imagen de desabasto de alimentos en Oaxaca para justificar otra agresión policíaca contra maestros y ciudadanos, tal que pasó en Nochixtlán, es un ejemplo elocuente de ese servilismo rastrero y lamentable que convierte a un medio masivo de comunicación en meretriz dispuesta a cumplir caprichos de sátrapa. Parecería que el gobierno, las fuerzas armadas y las policías, en lugar de servir a los habitantes de México, han decidido ser sus enemigos. Se avizoran nubarrones que presagian tempestad. Mientras por un lado una gran cantidad de gente ya está harta del régimen de podredumbre, violencia y corrupción del desgobierno del inepto Enrique Peña Nieto y su recua de compinches, alecuijes y vividores, y apoya diversas, multitudinarias disidencias y allí los maestros en primer lugar, pero también los electricistas, muchísimos ciudadanos de a pie, amas de casa, obreros, campesinos, profesionistas, jóvenes y hasta niños, y ahí también los pensionados a los que se ha escamoteado su pensión, y los médicos y las enfermeras, sometidos muchas veces, como los maestros, a turnos agotadores de trabajo a cambio de salarios miserables y medidas punitivas e injustas cuando denuncian carencias, corruptelas o abusos; y allí, sobre todo, los deudos y familiares de decenas –si no cientos– de miles de desaparecidos, asesinados, “levantados” y amedrentados, como es el caso de tanto compañero periodista, mientras todo esto pasa, decía, por otro lado el gobierno aislado de su realidad, enajenado, ajeno al pueblo, obcecado en demostrar que detenta el monopolio de la violencia y que no le tiembla la mano a la hora de disparar a la gente inerme que protesta. Los nombres de muchos rincones de México se han convertido en metonimia de la barbarie, en sitio de descubrimiento de restos humanos y manchas de san-
gre y casquillos percutidos y muchos muertos ya mudos que no pueden contarnos qué pasó. Si fue un enfrentamiento. Si fue masacre. Si fue emboscada. Si genocidio vil. Y en medio del sanguinolento estercolero y las puñaladas traperas de tenor politiquero y cuentachiles, los medios masivos, las televisoras y también muchas estaciones de radio, y los spots que se imponen en las salas de cine del país, cantan loas y bendiciones a un régimen que ha dado reiteradas, constantes muestras del más alambicado cinismo y una bien definida vocación por el latrocinio, la barbarie, el rencor o la más vulgar idiotez. Sobran indicadores que demuestran el fracaso de eso que insiste en llamarse “gobierno” hoy en este país. Quizá los más terribles y preocupantes son desde luego los vinculados a los derechos humanos, la seguridad pública y esa declarada guerra contra la población civil y disidente. Pero allí están también las constantes pifias y batacazos en materia económica, de educación, de salud, de transparencia, de proceso democrático y rendición de cuentas, de inversión, de producción, de soberanía, de estabilidad laboral y hasta de producción cultural y de entretenimiento de calidad. El barco de Peña se hunde con todo y sus deformas estructurales. ¿Qué va a pasar después? ¿Qué destino espera a tanto oscuro esperpento político? ¿Pasará algo en términos de justicia que nos haga sentirnos reivindicados a los mexicanos? ¿Quiénes van a rendir cuentas y cuándo por tanto crimen cometido desde los sucios rincones del poder en México? ¿Seguirán impunes, a pesar de las decenas de miles de muertos con violencia y desaparecidos en la más amarga incertidumbre, los crímenes de lesa humanidad que señalan a Peña y su antecesor Calderón? Ya no se trata de si el país logrará salir de este marasmo nauseabundo. Se trata de que por primera vez en muchos años México tenga un asomo mínimo, casi infinitesimal, a la más primordial justicia •
CABEZALCUBO
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¿Y después del derrumbe?
PASO A RETIRARME
Besos y abrazos
........ ARTE Y PENSAMIENTO O Luis Tovar
Juan Domingo Argüelles
Twitter: @luistovars
Poder y pudor: poesía y “malas palabras”
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OS PODEROSOS HAN ESTABLECIDO, desde los tiempos más remotos, un tabú universal: ellos, como dignatarios, son intocables y, como jefes y altos personajes, ponen en torno suyo una muralla que los hace inaccesibles a los demás. En muchos casos no se les debe siquiera mirar a los ojos. Por eso el tabú está asociado a los intereses de las clases privilegiadas y a todos los que ostentan un poder y un pudor. Pero las palabras no sólo tocan a los poderosos, sino que los embarran, especialmente en la poesía satírica y burlesca, recordándoles que sus orígenes –como los orígenes de todos los demás– también son sucios. Todo se puede prohibir,
desde el punto de vista del Poder, pero también todo se puede transgredir, y la transgresión más temible es la de la palabra (hablada o escrita) que incita, si no a la acción, sí al menos a la conciencia y, en no pocos casos, a la burla. No hay nada peor para el Poder que un ciudadano consciente que se burla del flujo pretencioso que impulsa a las jerarquías de abusones, o que se une a la carcajada general contra esa pretenciosidad que deviene ridículo. Contra la revancha de la palabra no hay defensa. Mucho de lo que hacen los poderosos contra los ciudadanos de a pie es, literalmente, una mierda, y la lírica escatológica, satírica y burlesca se encarga de nombrarlo y divulgarlo como la revancha que se toma ante la imposibilidad de evitar esa mierda que cae como lluvia sobre el que padece al mal gobernante, al zafio y abusivo diputado y, en general, a todo aquel que ejerce un abuso de poder contra el ciudadano que sólo tiene por defensa decir y escribir la verdad sin eufemismos o, mejor aún, con escatológica sinceridad, rompiendo todo tabú de “decencia”. Sabiendo el horror que tienen los poderosos por la verdad sin eufemismos (como si las palabras hedieran), quienes cobran venganza de las humillaciones y abusos vinculan el nombre del humillador y abusivo con “apestosas” e “indecentes” palabras que los acompañarán toda su vida y que, en no pocos casos, perdurarán por siglos y aun por milenios para que su memoria quede por siempre “apestada”. Ejemplo: “Para perpetua memoria/ nos dejó el virrey Marquina/ una pila en que se orina/ y aquí se acaba la historia.” Sabido es que la política, en su práctica real, es el dudoso arte de mentir o, en el mejor de los casos, de omitir la verdad. Por ello, todo el mundo sabe, y ha sabido en todo tiempo, que el Poder se basa en la mentira y, en el mejor de los casos, en la elusión de la verdad. Pero el lenguaje popular es, justamente, lo contrario: mediante el uso de las palabras verdaderas, sin eufemismos, el ser humano se libera y recobra la independencia que le había arrebatado el poder; rompe con el tabú, vence la coacción y, por supuesto, escandaliza a una sociedad “respetable” que se ha acostumbrado ya demasiado a vivir en la censura y la autocensura. El muy pródigo autor anónimo hizo, hace y seguirá haciendo de las suyas,
como en esta cuarteta profética dedicada al emperador Maximiliano de Habsburgo, que apareció, según se dice, en los muros del Palacio Nacional el día que el archiduque de Austria llegó a Ciudad de México en 1864: “Llegaste Maximiliano,/ y te irás Maximilí,/ pues lo que trajiste de ano/ lo vas a dejar aquí.” En su libro Las malas palabras, el psicoanalista argentino Ariel c . Arango señala que “la condena de las ‘malas’ palabras constituye una reliquia de nuestro pasado ancestral que lleva en sí las huellas de las terribles prohibiciones que le dieron origen. Es, propiamente, una pieza arqueológica en nuestro mundo civilizado. Es necesario, por
Ariel c . Arango
lo tanto, superar esta inercia moral. Nuestra salud mental y física así lo exige. El lenguaje obsceno no debe ser ya más perseguido, atávicamente, por la ley y, por el contrario, debe ser objeto de tutela”. Hoy el tabú de las “malas palabras” ha llevado el eufemismo represor y represivo a extremos verdaderamente ridículos. En México se prefiere decir “pompis” a decir “nalgas” (siendo que se llaman nalgas), y decir “bubis” en lugar de “tetas”, a pesar de que son tetas, pues recordemos el maravilloso poema “La Giganta”, de Salvador Díaz Mirón, en donde leemos este magistral verso:“Tetas vastas, como frutos del más pródigo papayo.” Estos eufemismos bobos, que rayan en la estulticia, son extremos de la insinceridad y la ignorancia del idioma, además de resabios de una moral hipócrita. Sea como fuere, los poderosos podrán seguir haciendo de las suyas. Lo que jamás podrán evitar, después de sus abusos, es irse a sus casas, o a la tumba, sin su memoria embarrada •
Un dios iconoclasta What if God was one of us? Just a slob like one of us? Joan Osborne
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ACIDO HACE POCO MENOS de seis décadas, el dramaturgo, guionista, director de fotografía y realizador cinematográfico belga Jaco Van Dormael tenía treinta y ocho años de edad cuando la compositora y cantante estadunidense Joan Osborne grabó un elepé llamado Relish y, dentro del mismo, la canción titulada “One of Us”, cuyas dos primeras líneas del estribillo son el epígrafe que inaugura
estas líneas y que, en traducción libre, dicen algo así como: “¿Y si Dios fuera uno de nosotros? ¿Nada más que un haragán como cualquiera de nosotros?” Parece difícil que Van Dormael no haya tenido en la cabeza, cuando menos a nivel inconsciente, el sentido último de ése que fue uno de los éxitos musicales más resonantes de 1995 cuando escribió el guión de su filme más reciente, El nuevo nuevo testamento (Le tout nouveau testament, BélgicaFrancia-Luxemburgo, 2015), no obstante que la letra de Osborne es más bien melancólica –en otro punto alude a Dios como alguien que trata de volver a casa, igual a “uno de nosotros”–, a diferencia del espíritu que insufla al filme, decididamente ácido. En aquel entonces, es decir hace veintiún años, Van Dormael ya había dirigido ocho producciones entre documentales, cortometrajes y un largo de ficción, y al año siguiente aparecería su segundo filme de este género, El octavo día (The Eighth Day, 1996), que lo volvió un cineasta conocido a nivel internacional. Aparente enemigo de las prisas y la precipitación, trece años más tarde dirigió Mr. Nobody (2009), y transcurrieron otros seis para que concluyera la mencionada El nuevo nuevo testamento.
la ironía irrEvErEntE Como le sucedió a Osborne, el acierto de Van Dormael es de origen: tanto la canción como la película son la respuesta a una pregunta irresistible y poderosa pero, todavía más importante que eso, común a muchísimos, si no es que a cualquiera, sin importar que se profese una religión o se practique un mental y emocionalmente higiénico agnosticismo. Lo que aquí se involucra es la idea misma de dios: no qué cosa o qué ente es o podría ser dios, formulación perteneciente a la filosofía, sino quién y cómo sería dios, asumiendo de entrada –o, mejor dicho, en calidad de principio, de prima ratio– que dios es un ser a imagen y semejanza humanas: tiene un cuerpo antropomorfo hecho de piernas, brazos, pies, manos, cuello, cabeza, nariz, boca, ojos, dientes, lengua, etcétera, y
por consiguiente tiene o puede, o debería tener frío si hace frío, calor si lo mismo, hambre y sed si no ha comido y bebido, pero también paciencia e impaciencia, júbilo e ira, renuncias y deseos, estos últimos satisfechos e insatisfechos, y dolor si recibe un golpe, y frustración si no recibe lo que cree merecer, y otro enorme, interminable etcétera. Sacar a dios del icono –a cualquier dios, quiere decirse, de los innumerables que sus seguidores, y no sin provocar ora ternura, ora divisiones insalvables, ora guerras y muerte sin fin, consideran el Único–, sacarlo del hieratismo implícito en todo tipo de representación, ya sea gráfica o verbal, concebida para la veneración siempre, para el conocimiento casi nunca, es precisamente el origen de la palabra “iconoclasia” y, como resulta obvio, El nuevo nuevo testamento es absolutamente iconoclasta pero no sólo eso, pues el segundo gran acierto es la humanización total de ese dios ya en definitiva divorciado de la imagen ajenísima y lejana de un hombre barbudo sobre una nube, un danzante feliz de cuatro brazos o cualquier otra representación. No un dios como el de Joan Osborne que puede ir en el autobús y regresa muerto de cansancio al paraíso, sino uno que, ya sea por tedio o por hartazgo, se solaza en fastidiarle la vida a sus criaturas, tiene esposa e hijos –el conocido Jesús y la hasta ahora no conocida y pequeña Ea, hilo conductor de la historia–, hasta que, por causas que no se dirán aquí para no incurrir en la chambonería reseñística que cuenta lo que no debe contar y estropea cualquier posibilidad de asombro, un buen día le toca probar a qué sabe la sangre de su propia boca. Los recalcitrantes y los intolerantes en materia religiosa, todos aquellos que gustan de ser más papistas que el Papa y tratan a su particular dios como si se tratara del licenciado Vidriera y el más mínimo “ataque” pudiera hacerlo añicos, van a encontrar en El nuevo nuevo testamento una ironía irreverente que de seguro los incordiará. Peor para ellos, pues lo más seguro es que dios se ha de haber divertido muchísimo cuando vio la película •
CINEXCUSAS
Jornada Semanal • Número 1114 • 10 de julio de 2016
JORNADA DE POESÍA
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La cinta coreana El rey y el payaso es la más vista en toda la historia en su país de origen.
ENSAYO
10 de julio de 2016 • Número 1114 • Jornada Semanal
S La risa, prefacio de la tragedia Ricardo Guzmán Wolffer
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mbientada en el siglo xvi , en el imperio de Corea, la película (Corea del Sur, 2005) del director Lee Joon-ik narra la conocida interrelación entre el juglar capaz de hablar de la realidad y el rey desconectado de todo, incluso de sí mismo. Tras una escaramuza con otros juglares, el payaso imita al rey y su relación marital. Al escucharlo y castigarlo un ministro, acepta el reto del payaso: si hace reír al rey, será perdonado; si no, será decapitado. El rey y su mujer ríen de su propia parodia y éste decide recibir a la compañía en el palacio. El ministro instruye al juglar para que la siguiente representación sea sobre la muerte de la madre del rey, a manos de los ministros. Eso desencadenará la tragedia, pues el rey, a través de la risa, se contacta con sus recuerdos y rencores. Interrumpe la representación para matar a las cortesanas que ayudaron a forzar la muerte de su madre. De ahí en adelante, las representaciones de los bufones serán la antesala de la tragedia. Mediante la representación fársica, las marionetas o el teatro de sombras, el rey encuentra el medio para expresar su frustración por ser considerado menos que su padre, el anterior rey, y, sobre todo, por ser engañado y manejado por sus ministros corruptos. La seriedad enclaustra y el humor libera, el problema es qué libera. Hay un dato adicional: el acompañante del payaso, otro comediante, representa los papeles femeninos precisamente por su androginia, rostro delicado y cuerpo cuidado que muestra poco. Suponemos una homosexualidad latente entre ambos juglares, hasta que el rey, ya liberado de sus ataduras, lo acoge como acompañante y, en algún momento, lo besa abiertamente. Esta perspectiva de las relaciones homosexuales parece justificar el éxito del filme, publicitado como el más visto en la historia de Corea del sur, pero sería hacer a un lado muchas otras virtudes. Más que de una relación homosexual, el filme habla
de la hermandad entre quienes comparten una visión de la realidad: otro de los juglares muere al evitar el asesinato del afeminado favorito del rey. Incluso la última escena, que recuerda El séptimo sello de Bergman, muestra al grupo de bardos, varios muertos, caminando en la montaña solitaria mientras platican sobre la fatuidad de la vida, la imposibilidad de saberse en un lugar o tiempo sin perder la perspectiva de su individualidad atemporal y mística: van al paraíso de quienes están acompañados por otros de su especie: el de los sabios locos que deambulan por este mundo, ciertos de que la vida no debe ser tomada tan en serio por ser apenas un suspiro pasajero. La risa reveladora cobra su importancia como forma y fondo: incluso en la escena de la Opera, con un vestuario admirable, la tragedia repta. “Cuando actuamos, alguien muere”, dicen los
humoristas. Es la visión de una existencia basada en el poder, la avaricia y la imposición lo que ha socavado el alma del rey: con sus sonrisas macabras evidencia que hay muy poco humor en su interior, que se ríe nervioso al ser innegable lo risible que ha sido su existencia, por la manipulación y la ausencia del poder que apenas justificaría tanto dolor y muerte dentro del palacio y de su propia familia. El humor se matiza como un eros pintado de tánatos y convence, pues todos somos una mezcla de ambas, seamos el rey o el sonriente juglar, capaz de entregarse a la muerte o la tortura con una mente fresca y liberada, capaz de reírse sinceramente de su propia desgracia, convencido de que al perderse en su transi toriedad ha alcanzado la intemporalidad de la gracia •
Ilustración de Juan Gabriel Puga
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