■ Suplemento Cultural de La Jornada ■ Domingo 8 de marzo de 2015 ■ Núm. 1044 ■ Directora General: Carmen Lira Saade ■ Director Fundador: Carlos Payán Velver
Bei Dao una isla sin mar Un artículo de
Radina dimitRova y seis poemas de
Bei dao
Un poema inédito en español de
alexandR Pushkin Clanes y caudillos en la Revolución,
seRgio gómez monteRo El cuento de Amaramara,
José a. leyva
8 de marzo de 2015 • Número 1044 • Jornada Semanal
BAZAR DE ASOMBROS Hugo Gutiérrez Vega AVATARES DE LA POLÍTICA EXTERIOR MEXICANA ( iii y última )
L Nacido a finales de la década de los cuarenta, el poeta chino Zhao Zhenkai adoptó el nombre que algunos colegas literatos le pusieron: Bei Dao, que significa “Isla del Norte”, y resultó una suerte de augurio del exilio en que el poeta ha vivido desde el trágico año de 1989. En palabras de Radina Dimitrova, traductora del chino al español, “la poética de Bei Dao alude a la realidad de una manera irreal, tal vez como una reacción personal contra la brutalidad y el absurdo que fueron el centro de la vida social durante su juventud”. Una breve semblanza a cargo de Dimitrova acompaña los seis poemas de Bei Dao que ofrecemos a nuestros lectores. Publicamos además un poema inédito en español de Alexandr Pushkin, así como un ensayo de Sergio Gómez Montero sobre clanes y caudillos en la Revolución. Comentarios y opiniones: jsemanal@jornada.com.mx
a embajada de México en Gran Bretaña estaba siguientes palabras: “Vicente, en ese voto va de por acreditada también ante el gobierno de Islan medio nuestra soberanía y la autonomía de todos dia. Tuve la fortuna de acompañar a nuestro los pueblos de América. Tenemos que mantener embajador, Vicente Sánchez Gavito, a presentar cre nos firmes. Vote en contra de la propuesta de Esta denciales a la capital islandesa. El viaje estuvo ame dos Unidos y defienda usted a Cuba con sus mejores nizado por una tormenta invernal que nos obligó a armas retóricas.” El embajador Sánchez Gavito se aterrizar en Oslo. Ahí nos recibió el embajador Ro sentó tranquilamente en su escaño y esperó la an dolfo Usigli, que tenía ya cinco años de vivir al lado danada del buque insignia de la diplomacia de la de su amado dramaturgo Ibsen. Pasamos tres días Casa Blanca. La catilinaria anticomunista fue terrible en la capital noruega que fueron muy agradables a y ominosa. El embajador mexicano escuchó con cal pesar del intenso frío. Vimos en el Teatro Nacional ma la perorata imperial y los discursillos hueros y una seria y profesional puesta en escena de El pato sumisos de los representantes de las repúblicas ba salvaje, comimos bacalao y arenques preparados de naneras y de los grandotes de América del Sur. To distintas maneras y, cuando nos despidió en el aero dos, por supuesto, se adherían a la propuesta de puerto el querido Rodolfo, nos dijo: “Pues aquí me Washington. Llegó el turno de México y Vicente dejan ustedes, en mi osledad.” Llegamos a la isla de tomó la palabra. Recuerdo que era un orador sabio los Eddas y las Sagas y el excelen y prudente, muy alejado de las te Halldör Laxness y nos alojamos florituras retóricas y de los luga en el Hotel Saga. Había pasado la res comunes de la demagogia tormenta, pero el paisaje neva in ternacional. Dio una breve lec do contrastaba con el cielo de un ción, sin tono magistral, sobre la azul cobalto. Después de la comi autonomía, la soberanía y la au da nos sentamos en la terraza del todeterminación de los pueblos; hotel y Vicente bebió en peque recordó la doctrina Estrada, que ños sorbos su ración de escocés. es la base de nuestra posición en Fue entonces cuando le pregunté política internacional; señaló que sobre el papel desempeñado por era indispensable que los países México en la oea en defensa de representados ante la oea man Cuba. Vicente era nuestro emba tuvieran una posición indepen jador ante el organismo paname diente y no cayeran en la sumi ricano y Adolfo López Mateos sión. Terminó su discurso y dio el ocupaba la Presidencia de la Re voto de México en contra de la pública. Vicente me contó en de propuesta de Estados Unidos y en John F. Kennedy y Adolfo López Mateos talle lo sucedido en la sesión noc defensa de Cuba. Fue el único vo turna del organismo mangoneado por el imperio. to a favor de la Isla asediada, pero, a pesar de su Nuestro embajador luchó contra viento y marea, precariedad, fue suficiente para salvar un poco de la argumentó, hizo un llamado a la conciencia de los vulnerada dignidad del sumiso organismo interna pueblos americanos y mantuvo su posición de de cional. Vicente recordaba los rostros enfurecidos de fensa de la Isla agredida, hasta poco antes de la vo los emisarios imperiales. Terminó la reunión, nuestro tación definitiva. Recordarán los lectores que el embajador abandonó el salón, llegó a su residencia, gobierno imperial había decidido expulsar a Cuba se sentó en una butaca, sacó su medida de plata y se de la oea e iniciar una serie de siniestras sanciones. preparó su escocés con un poco de agua natural. Me contó Vicente que se hizo un receso y él lo apro “Fue el mejor trago de mi vida”, me comentó Vicente vechó para comunicarse directamente con López Sánchez Gavito, ejemplar embajador de México Mateos. Le explicó la situación y le pidió instruccio jornadasem@jornada.com.mx nes. López Mateos, tranquilo y decidido, le dijo las
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El cuento de
Amaramara
A un año de la ausencia de Juan Gelman José Ángel Leyva “PEOR QUE MORIR ES NO HABER NACIDO”, SU NIETO. LIBRO PÓSTUMO DE JUAN GELMAN.
Dos de las pinturas realizadas por Arturo Rivera para el libro Amaramara
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omo muchas otras veces Juan llamó, según sus palabras, para diezmar las carnes que acaban con el pasto. Nos vimos ante unos buenos cortes y apuramos vinos, por supuesto argentinos. Me preguntó de pronto: “¿Sabés dónde puedo publicar un librito de poemas con pinturas, un librito sí… de poesía, pero de arte a la vez, no un libro lujoso, pero de buen gusto?” No entendí le pregunta o no quise entender la propuesta y le dije que si alguien tenía claridad de dónde publicarlo era justamente él, que tenía las puertas abiertas de cualquier editorial mexicana, argentina o española. Enseguida me preguntó mi opinión sobre la pintura de Arturo Rivera. Él ya sabía mi respuesta; es un pintor extraordinario, con una estética inquietante, perturbadora, “como ciertos poemas tuyos”, le dije a Juan. Me miró con esos ojos que regalaba a los amigos y una sonrisita cómplice que dibujaba a la vez un acertijo: aprobaba o se burlaba. Para mí… estaba claro. Un par de veces Juan volvió con el tema del librito medio de arte y de su título: Amaramara. Había hablado ya sobre el proyecto con Arturo Rivera. El fotógrafo Pascual Borzelli, una especie de sombra de poetas y artistas, dio testimonio del plan, pues él también había sido enterado de éste. En una de las citas para “abatir a las dadoras de leche y sus cornudos compañeros” (Gelman dixit), salimos a su casa, pues deseaba mostrar los dibujos que Rivera le había entregado para Amaramara. ¿Qué opinás, te gustan? “¿Y a ti, Juan, te gustan? Respondí con habilidad. Juan me miró con esos ojos y una sonrisita cómplice… Para mí… estaba claro. “Tiene que perder el miedo, no se trata de ilustrar sino de un diálogo”, me dijo. Antes de viajar a Argentina para presentar Hoy, Gelman ya no me preguntó si podía sugerirle una editorial para Amaramara, sólo dijo, perentorio: “¿Lo vas a hacer… o no?” El poeta iba por última vez a su Buenos Aires amado; ya tenía sus planes, había decidido terminar sus días al lado de Sor Juana, la genio de Nepantla. Un amor que se consagró con las cenizas de Juan esparcidas en las faldas, literalmente, de los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl. Juan y Juana en la memoria. Juan dijo que ese puñado de poemas eran de amor, como lo indicaba el título: Amaramara. Algunos de esos textos los había leído con el trio Mederos, en su papel de “Comediante de la lengua”, como le gustaba llamarse.
Dejó el libro revisado, con sus correcciones de puño y letra. Estuvo de acuerdo con el diseño, el formato, el prólogo, y cambió la contraportada por una imagen conmovedora en la que él y Mara parecen danzar en una atmósfera otoñal, luminosa, aérea. El tono de estos poemas responde a la poética gelmaniana, al gelmaneo, a la sintaxis abrupta y a la vez armoniosa que él lograba acomodar a su respiración, a su lectura en voz alta, voz grave y dulce, voz de bandoneón.
La poesía de Gelman es en esencia una poesía amorosa. No en el sentido convencional, edulcorado del término, sino en el sentido de la pasión, de la piedad, de la capacidad de conmoverse ante el otro, los otros. En Juan no hay un yo sin los otros, sin el nosotros. Este libro también es un diálogo con sus seres queridos, con el individuo, con el ser humano. Mara, su mujer, su compañera, su familia, su México y su Argentina, su pasado, pero sobre todo su vida madura es aquí la memoria, el hallazgo y la resolución, el día a día del ajuste de cuentas, de la ira, del Atrasalante en su porfía, de la justicia y el vacío. Pasión sin concesiones; mirada de amante dolido por la vida, por la cercanía de la muerte, por los que se quedan
donde inicia el olvido. Es amor pleno de cólera y devoción a la vez, de lucidez y ceguera, de dolor y entrega. Amor que celebra y se despide a la vez. Gelman quiso gelmanear a la Rivera de Arturo, ponerlo a trabajar, a él, el pintor, en la cuerda de la poesía. Gelman lo eligió porque ante todo le gustaba mucho su obra, y porque hay en esa paleta, en esa estética perturbadora, inquietante, la misma pasión lírica de sus versos: en la necesidad de vivir está la claridad de la muerte, en la necesidad de querer está la vida, en el emperrado corazón que amora. La pintura de Arturo Rivera responde con devoción a la convocatoria gelmaneana: pintar, no ilustrar; expresar al otro lo que siente el otro, cuando siendo uno mismo es también en la interlocución, en el diálogo. La amistad, los afectos, estaban en las células intelectuales de Juan. Ser amigo de Juan significaba también una responsabilidad y una tarea, porque él lo elegía a uno y uno no ignoraba el significado de ese vínculo. Era parte de su endemoniada congruencia y claridad de hombre complejo, enredado como pocos desde que nació, y quizás desde antes de que fuera concebido. La inteligencia no puede ser simple, vive en el cambio, en la mutación constante, en el delirio proteico. Amaramara es una síntesis de amor, en primer lugar por una mujer específica: Mara, del verbo amarar, del juego porfiado de cambiar lo que suena descompuesto, lo que no entona, lo que no dice, lo que no hace, lo que no día. Es un gelmaneo para nacer en Buenos Aires y celebrar la muerte en este México cruel donde los gobiernos, como Cronos, devoran a los hijos de la patria lacerada. Donde quiera que esté, Gelman emitirá el mismo grito que representa el emperrado corazón de los mexicanos y de quienes sólo buscan un mundo mejor, un porvenir, un derecho al futuro: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos.” Como dijo Juan que dijo su nieto Iván a los cinco años, “peor que morir, es no haber nacido.” A estas alturas de la ausencia de Gelman, su obra poética se revela como una de las de mayor calado del siglo xx y lo que va del xxi , una de las más originales, más hondas, que mayor número de registros exhibe, una poesía que nos deja la tarea de leerla, descubrirla, amarla, porque además de todo corresponde a un hombre que hizo de su vida misma un acto poético, una acción amorosa
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uando Natasha se ponía a ensayar en el violonchelo no había poder humano que la distrajera, se olvidaba de todo y yo no existía. Lo sabía y prefería salirme a caminar, a fumar, a mirar a las muchachas que pasaban por la calle. Incluso alguna vez conversé con alguna, flirteé, conseguí su teléfono y con el tiempo salí con ella. Se llamaba Zhana, una joven plana de grandes nalgas y cabello rubio ensortijado que vivía en el edificio de enfrente. Siempre que Natasha ensayaba, salía en silencio y me iba a buscar a Zhana que parecía ser todo lo contrario de Natasha o, al menos, esa era mi percepción. Menos recatada, más habladora. Nuestros encuentros eran extraños en el sentido de que ninguno de los dos buscábamos sexo con el otro, nos bastaba con vernos y conversar. Me encantaban las historias un poco locas que me contaba de encuentros sexuales casuales que tenía directamente en su apartamento de dos cuartos grandes, sin que su padre se enterara. No me podía imaginar cómo el padre no se enteraba, si vivían juntos en un espacio tan pequeño. Se lo expresé y me dijo al instante: “si quieres te invito para que veas por ti mismo que es posible” y nos pusimos de acuerdo a una hora la noche siguiente si era que Natasha se ponía a ensayar. Llegué puntual, subí caminando cuatro pisos y toqué tres leves golpes en la puerta del 403, como habíamos planeado. A los pocos segundos la joven abrió sigilosamente haciéndome una seña con el índice de la mano derecha sobre la boca para que no chistara. Entré al pequeño vestíbulo, vi dos inmensas puertas acolchadas que sellaban dos cuartos, vi un corto corredor que desembocaba en la cocina, vi a un costado un cuartito con inodoro y otro con tina, regadera y lavabo, vi todavía a Zhana con el índice sobre la boca, burlona y pícara, y con el otro brazo indicando una de las puertas tapizadas como diciendo chitón, ese es el cuarto de mi papá y me condujo al otro cuarto, al suyo, y de inmediato cerró la puerta. Esas puertas acolchadas de algunos departamentos moscovitas eran formidables. Entrabas, cerrabas y ya no oías ni un ruido de fue-
Sexoylitera “
ra, era perfecto para estar aislado. Zhana prendió el magnetofón, de la cinta empezaron a salir los acordes de una canción bobalicona, un tanto ñoña, muy popular por esos días: “Mi dirección no es una casa, ni una calle/ mi dirección es la Unión Soviética…lalala… lalala.” El cuarto era amplio, tenía un ropero, una mesita, dos sillas, un librero con volúmenes de pasta dura, un sofá cama donde seguro Zhana se revolcaba con sus amigos casuales mientras su padre dormitaba o miraba televisión o leía o trabajaba en el otro cuarto tras la poderosa puerta afelpada que dividía con eficacia sus mundos. “Aquí he traído a cuanto muchacho he querido. La condición que les pongo es que sea sólo una vez, un rato, y que después olvidemos el asunto. A algunos les parece raro, se resisten, quieren seguir, volver otro día. Me niego rotundamente. Me gusta así, que sea pasajero, no enamorarme. Tengo veinte años, quiero vivir, por ahora no necesito más.” La miraba un tanto sorprendido, la muchacha no era fea, ni bonita, eso sí era plana y de culo grande, apenas atractiva, hay mujeres que son así, que andan por ahí con una belleza rara escondida que sólo algunos perciben. Zhana era de esa estirpe. –¿Y qué muchachos son los que traes?”–pregunté un poco distraído. –Un poco de todo, rusos, de Ucrania, una vez un estudiante negro de Uganda, otro de México… – ¿ Y n o t e d a m i e d o q u e t e p re n d a n a l g o, u n a venérea? –Sólo he tenido tricomoniasis, nada más. –¿Y tu padre nunca se ha dado cuenta de que traes muchachos? –Supongo que no, anda muy metido en sus asuntos de trabajo. Es dibujante de proyectos de ingeniería. Se trae trabajo a casa, se encierra en su cuarto, escucha música, Rajmáninov, Shostakovich, sale al baño, a la cocina, se prepara un emparedado. Vive para trabajar, pero tiene una virtud: lee todo lo que se le atraviesa y escucha música. Sentado en un sillón, mira por la ventana durante horas y escucha música. Y lee… El padre de Zhana había sido un joven recluta en los últimos meses de la guerra en 1945, y cuando el ejército rojo avanzaba incontenible en el frente hacia Berlín le ordenaron quedarse en la retaguardia junto con su destacamento en Hungría. Allí en la retaguardia, en un pueblo a la orilla del Danubio en la periferia de Budapest, el joven recluta se dedicó por momentos a conocer gente del lugar. Una tarde conoció a una joven checa que sabía ruso y que vivía en la casa de un escritor húngaro. “¿Un escritor?”, dijo intrigado el joven recluta, quien desde su adolescencia gustaba de leer los relatos de Gógol y Chéjov. Le pidió a la joven que lo llevara a conocerlo. “Un escritor de carne y hue-
Hay mujeres que son así, que andan por ahí con una belleza rara escondida que sólo algunos perciben. Zhana era de esa estirpe.
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Jorge Bustamante García
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atura so, qué bueno”, pensaba el joven recluta caminando al lado de la muchacha. Al llegar salió al pequeño porche de la casa un hombre de unos cuarenta y cinco años y saludó en húngaro a la chica. Miró al soldado de cachetes rojizos y pómulos eslavos con atención y éste no le quitaba los ojos de encima, lo miraba intrigado. “¿Es usted escritor?”, le lanzó a quemarropa el joven recluta a través de la chica traductora y el hombre apenas acertó a decir: “Bueno, sí, he escrito y publicado algunas cosas”, y los invitó a pasar. Bebieron té mientras el soldado un tanto deslumbrado paseaba sus ojos por los estantes de libros de la pequeña biblioteca. No entendía nada, eran libros en húngaro y francés, pero los escudriñaba con interés. “¿Hay alguno suyo?” El hombre buscó en uno de los estantes y sacó un libro traducido y publicado en francés, Les Révoltés y le señaló su nombre en la parte de arriba. El soldado no alcanzaba a comprender y le preguntó a través de la joven checa qué clase de libros escribía y si se trataba de un escritor conocido. El hombre no respondió, alzó el brazo para alcanzar el libro que estaba enseguida del suyo, un libro también en francés de Ilia Ehrenburg. “¡Ehrenburg! –exclamó el soldado como si hubiera encontrado al fin algo suyo– he leído sus reportajes del frente de guerra” y miró con mayor asombro al hombre, pensando tal vez que él escribía cosas como las de su compatriota. “De seguro usted escribirá sobre nosotros –le dijo finalmente. “No, yo escribo novelas y otras cosas”, repuso el hombre en tono socarrón. El soldado sólo atinó a decir jarashó y el hombre le preguntó que por qué era jarashó, por qué estaba “bien” que alguien fuera escritor de novelas y otras cosas, por qué creía él que estaba “bien”… El soldado pensó un momento y contestó calculando meticulosamente sus palabras, enunciándolas despacio, con un hincapié muy peculiar: “Está bien porque si eres escritor, puedes decir lo que nosotros pensamos.” Y entonces el joven soldado, sin mirarlo, salió despacio acompañado de la joven checa que sabía ruso, salió sin volver la cabeza y el escritor húngaro se quedó ahí parado, mirando cómo se alejaban, pensando tal vez que la carrera de un escritor no suele merecer muchos reconocimientos, pero él conservó esa frase como una condecoración muy especial. Siete años después esa joven traductora checa y ese soldado extraño daban a luz a Zhana en Moscú. Al cabo de unos años se separaron, la traductora se fue a vivir con su familia a Praga y Zhana pasaba sus años de juventud entre esa ciudad y Moscú. Esta historia que me contaba mi nueva amiga siempre me conmovía, me hacía pensar en ese escritor húngaro. ¿Cómo se llamaría, qué libros habría escrito, qué habría sido de él a la vuelta de los años?
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Yo a usted la amé ... Alexandr Pushkin
Я вас любил: любовь еще, быть может, В душе моей угасла не совсем; Но пусть она вас больше не тревожит; Я не хочу печалить вас ничем. Я вас любил безмолвно, безнадежно, То робостью, то ревностью томим; Я вас любил так искренно, так нежно, Как дай вам бог любимой быть gругим.
Yo a usted la amé: el amor todavía, puede ser, En mi alma no se ha extinguido del todo; Pero ojalá ese amor ya no la inquiete, Yo no quiero con nada entristecerla. Yo a usted la amé en silencio, sin esperanza, Por temores y celos afligido; Yo a usted la amé tan limpia y tiernamente, Como Dios quiera otro pueda amarla así. 1829 Versión de Jorge Bustamante garcía
ENSAYO
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Clanesycaudillosen Sergio Gómez Montero
Carrancistas
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uizá esta nota debiera comenzar con una referencia directa a la serie de televisión Juego de tronos (Game of Thrones), donde los clanes son una de las partes sustantivas de la serie en la cual la lucha por el poder se muestra de manera descarnada y brutal. Otro aspecto también digno de mencionarse desde el principio tiene que ver con la manera múltiple con que se ha abordado el estudio de la Revolución mexicana y lo que ello ha aportado, pero que también ha sido motivo de polémicas diversas que aún no terminan, como si eso fuese el motivo primordial del historiar, como si la verdad en torno a los hechos revolucionarios fuese imposible de establecer y, por lo tanto, el motivo central de la Historia estuviese fundado en el hecho de polemizar. Por lo menos, en lo que toca a los estudios referentes a la Revolución mexicana. La manera, pues, que tanto la Historia como otras disciplinas afines al campo de las ciencias sociales han incidido en el estudio de la Revolución mexicana ha sido vasto, aunque aún insuficiente si tomamos en consideración las polémicas que subsisten en la materia. Peor aún si a ello se añade un elemento más: la literatura, que desde la ficción creativa (la novela de la Revolución y sus varios continuadores) o el ensayo han contribuido a tener una visión amplia y compleja de ese fenómeno social. Pareciera, de este modo, primero, que dados los estudios existentes sobre la materia, todo lo que se diga al respecto (de la Revolución mexicana) fuera redundante. Segundo, abonaría sólo a incrementar la polémica. Lo cierto es que esos estudios se han centrado sobre todo en las luchas de facciones y caudillos y, por ejemplo, la microhistoria ha quedado virtualmente al margen (lo escribió don Luis González y González), lo mismo que el papel jugado por los clanes en ese proceso. La historia regional se registraría así como un faltante, en buena medida. Y si eso pasó con la Historia, es evidente también que la literatura siguió hasta hoy los mismos pasos.
Por eso es válido plantear una duda: ¿y los clanes qué papel jugaron en la Revolución? Un clan, habría que precisar, establece sus orígenes en la prehistoria o en tiempos remotos e implica, entre otras cosas, que, como vocablo, proviene de “clan”, que es un término que procede del gaélico clann (“descendencia”) que, a su vez, tiene su origen en el latín planta (“planta”, “brote”). La noción se utiliza para nombrar al “grupo” que exhibe una tendencia exclusivista, cuyos integrantes están unidos por fuertes vínculos (muchas veces de familiaridad). ¿Cómo ello, el “clan”, se mantuvo hasta fines del xix y mediados del xx en México, y sobre todo cómo se mantuvo y manifestó a lo largo del proceso revolucionario? Tales dudas surgen a raíz de la lectura de un libro singular: La sangre al río, (Tusquets, México, 2014), cuyo autor, Raúl Herrera Vázquez, se ha distinguido particularmente como un pianista destacado en el país y como administrador en el campo de la cultura. El libro mencionado es una novela, pero construida más que nada a través de testimonios originales diversos de una sola familia, los Herrera, a la cual pertenecieron dos generales destacados en la época de la Revolución, Maclovio y Luis, originarios de Chihuahua, así como todos los miembros de la familia a la que el autor pertenece. Otros archivos oficiales refuerzan las tesis de los testimonios familiares. En esta novela (bien armada, bien escrita, una lectura larga que despierta inquietudes en diversos campos del saber) lo primero que se genera es el desasosiego por saber precisamente cuál fue el papel de los clanes en un proceso social tan complejo como lo fue la Revolución de 1910-1917 en México, y que hasta hoy se ha pasado por alto, a pesar de ser un factor que ha incidido significativamente en los procesos sociales de los siglos xix y xx , pues en ese tiempo –como lo muestra el libro de referencia– los clanes tuvieron una función determinante en los hechos sociales de la época, dado que eran ellos los que a nivel regional decidían el quehacer en diferentes regiones del país.
En el libro del maestro Herrera se muestra con gran claridad precisamente cómo un clan anclado desde el siglo xix en Chihuahua va a ejercer durante todo el proceso revolucionario una influencia determinante a nivel regional, y cómo ello lo va a enfrentar continuamente desde 1910, cuando comienza la Revolución, con el clan regional representado por Francisco Villa (o bien con Villa como caudillo, con todo lo que esto representa). En esa lucha de clanes –que aparentemente termina con la muerte de Villa en 1923, en un atentado preparado precisamente por los Herrera–, fallecen varios de los miembros de dichos clanes, incluyendo a Maclovio, Luis, algunos parientes de ellos (entre otros el padre, cabeza del clan) por parte de los Herrera y, por el bando contrario, el representante principal y miembro casi único del grupo: Francisco Villa. En el entramado de esa lucha destaca, primero, cómo al margen de la contienda central que conmovió al país entre 1910 y 1917, a nivel regional se registraban otro tipo de contiendas –como la lucha de clanes– que influyeron determinantemente en los hechos revolucionarios, y que hasta hoy, se insiste, poco se han estudiado, a pesar de que, por ejemplo, en la lucha cristera tuvieron una significación relevante, ya no se diga, precisamente, en casos como el mencionado de Chihuahua o los de San Luis Potosí, Saturnino Cedillo y Gonzalo n . Santos (que también entre ellos se enfrentaron), o en el caso de personajes como Zapata en Morelos, Carranza en Coahuila y posiblemente otros varios que, en esa época, defendieron a morir los intereses de sus clanes junto con los intereses globales del proceso revolucionario general. En la parte final de La sangre al río la desmitificación de Villa como héroe revolucionario es lapidaria, pues ubica al duranguense como un criminal sanguinario, autor de todo tipo de tropelías, mientras que son las mujeres –las de ambos clanes, aunque en particular las Herrera– las que destacan como eje y sostén de las familias Villistas, a la izquierda de Pancho Villa (al centro) el General Maclovio Herrera
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nlaRevolución VISIONES HISTÓRICO-LITERARIAS DE LA GESTA. ESCASA INVESTIGACIÓN DE LA LABOR FEMENINA DURANTE LA CONTIENDA ARMADA.
Zapatistas
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Los clanes tuvieron una función determinante en los hechos sociales de la época, dado que eran ellos los que a nivel regional decidían el quehacer en diferentes regiones del país.
(un aspecto que también, respecto a la Revolución, falta estudiar más a fondo), mientras los hombres se baten en la contienda armada. No es, pues, de despreciarse el papel de los clanes en el estudio de la Revolución mexicana, como lo muestra de manera polémica la novela, cuya tensión se mantiene precisamente a partir, primero, de cómo se dio el origen del clan y cómo, segundo, se dio el comportamiento de la familia Herrera, de casi todos sus miembros, durante la Revolución. Ahora bien, si lo que destaca en La sangre al río es la lucha entre clanes, en la novela más reciente de Pedro Ángel Palou, No me dejen morir así (Planeta, México 2014) resalta nuevamente la novela del caudillo y sin duda del caudillo más reconocido de la Revolución mexicana: Francisco Villa (cuya apología hace Rafael F . Muñoz en sus novelas). Palou, luego de una exhaustiva investigación bibliográfica logra, con gran suficiencia literaria, trazar el retrato de lo que fueron los días tórridos y ansiosos que culminaron la vida de Villa y que lo mismo trata sobre quiénes fueron sus gentes más cercanas (madre y hermana, mujeres compañeras y subordinados), que sobre sus dudas e inquietudes que, supuestamente, siempre lo acompañaron. Personaje contradictorio, claro, Villa, según Palou, hasta el final de su vida se vio asediado por las angustias que anunciaban y prefiguraban la manera trágica en que terminaría la vida de este hombre: en un atentado que preparan sus más acérrimos enemigos, los Herrera, quienes desde años atrás (tal como se narra al inicio de la novela La sangre al río), se la tenían jurada. Muy bien escrita, la novela de Palou se lee sin mayor problema, y si bien es una apología del Centauro del Norte, en ella no dejan de colarse las debilidades de este hombre que son tan bien tratadas en la novela testimonial de Herrera. Pero ambos libros contribuyen, debe considerarse, a seguir replanteando el estudio de la Revolución mexicana y de las múltiples facetas y aspectos que, como fenómeno histórico y social, la recorrieron. Facetas, entre otras, como la representada por la dualidad que concreta, al amparo de ese fenómeno, las luchas de clanes y caudillos
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Radina Dimitrova
EL POETA FUE TESTIGO DE LAS ÉPOCAS MAS DIFÍCILES DE LA CHINA DEL S. XX.
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stas versiones al español de los poemas de Bei Dao se generaron a partir de una inesperada y muy grata invitación. El profesor Chen Yong de El Colegio de México me propuso traducir unos cuantos poemas del célebre poeta chino y fungir como intérprete durante su presentación en el Colmex, evento con el que se inauguró el Encuentro Internacional de Poesía Ciudad de México, celebrado el pasado mes de noviembre de 2014. Asumir este reto implicaba volver a sumergirme en la así llamada “poesía obscura”, la cual había conocido en las clases de literatura china moderna en la Universidad de Sofía, Bulgaria. Aquel roce temprano con el arte de Bei Dao me había producido una sensación de delgadez y firmeza, de translucidez y ansiedad; como si se tratara de una telaraña que permite mirar a través de ella pero no traspasarla y que acecha al lector. Era como observar las fabulosas flores que forma el hielo sobre una ventana escarchada, viendo al mismo tiempo el triste panorama detrás. La poética de Bei Dao alude a la realidad de una manera irreal, tal vez como una reacción personal contra la brutalidad y el absurdo que fueron el centro de la vida social durante su juventud. Bei Dao nace unos meses antes de la fundación de la República Popular China, en 1949, lo cual le da el privilegio, pero también lo condena, a ser testigo de las décadas más difíciles que atraviesa su país durante el siglo xx : desde el Gran Salto Adelante (1958–1961), a través de la Gran Revolución Cultural Proletaria (1966–1976), hasta la apertura de China en los años ochenta. La vida personal de Bei Dao se desarrolla acorde con la marea política, hasta que durante la Revolución Cultural aflora su creciente desengaño ante las manipulaciones del poder y la violencia social. El joven poeta, cuyo verdadero nombre es Zhao Zhenkai –donde zhen significa “estremecer” y kai “abrir”– irónicamente se desilusiona, tanto de los temblores revolucionarios como de la apertura parcial. Empieza a desarrollar su talento poético desde inicios de los setenta; a finales de esa década su trabajo literario culmina con la revista Hoy, que edita de manera no oficial durante casi dos años junto con sus compañeros literatos. Uno de ellos le pone al azar el pseudónimo Bei Dao, “Isla del norte”, el cual evoca paralelos con las legendarias islas en los mares al este de China, habitadas por seres inmortales. Pero al norte del país no hay mar. Este seudónimo sería el triste augurio del exilio de Bei Dao después del trágico 1989. Durante casi treinta años, el poeta vagará por Europa y eu . Una isla sin mar. Aunque en aquel entonces usa muchos pseudónimos, Bei Dao es identificado así porque con éste publica su impactante poesía, denigrada y prohibida por las autoridades. Sus versos cruzan espadas con el deforme lenguaje socialista y los ensordecedores lemas políticos, atravesándolos silenciosamente e iluminando el vacío, el dolor y la más recóndita tristeza en el corazón humano. Bei Dao construye un nuevo lenguaje, misterioso y onírico, estructurado mediante una sintaxis no convencional, altamente
condensada, propia de la poesía china clásica. Algunos críticos ven en todo eso una complejidad artificial y que sólo pretende evadir la censura, pero el mayor peligro –según ellos– consiste en los desafiantes mensajes: el inquebrantable individualismo, la afirmación del mundo íntimo como inviolable, la aspiración hacia una interconexión afectiva y no política entre los seres humanos, etcétera. Dentro de una sociedad uniformada y dominada por la propaganda omnipresente, la ambigüedad intencional de Bei Dao, que siempre encamina al lector hacia encrucijadas de interpretaciones, automáticamente generó desconfianza y rechazo. En vez de intentar reconciliarse con su innegable talento, la Patria –imagen muy recurrente en la obra del poeta– lo arranca de su cuerpo y lo arroja fuera y lejos. Afortunadamente, no para siempre.
UN ITINERARIO EXISTENCIAL El imaginario enigmático y la ambigüedad sintácticogramatical constituyen los dos mayores retos para el traductor. Es una tarea casi imposible, desenredar la maraña de mensajes que tantean al subconsciente, sin destruir su nitidez. Aún más, ¿cómo trasmitirlos en otra lengua, desprovista del laconismo y abstracción gramatical del chino? Igual que los sueños, la gran parte de los poemas no contienen referencias al pasado, presente y/o futuro, y carecen casi por completo de puntuación. Para resolver ciertas dificultades de entendimiento, fueron de gran utilidad algunos poemarios bilingües de Bei Dao, publicados por New Directions (Nueva York), donde las traducciones al inglés se realizaron con la activa participación del poeta. La delgadez y la firmeza, que asociaba con la poesía de Bei Dao, tomaron cuerpo al encontrarme con él en la entrada del Colmex. Su enjuta silueta y distante mirada esbozaron a un hermético Quijote, que ha podido sobreponerse –quizá más de una vez– al dolor y hasta a la locura. Fue conmovedor presenciar y traducir su plática, a lo largo de la cual desplegó, ante el público reunido en la sala Alfonso Reyes, su accidentado itinerario existencial: los estudios truncos por la Revolución Cultural, la liquidación de la revista Hoy, el largo exilio, el matrimonio destruido, los recientes problemas de salud y la consecuente dificultad para usar tanto el inglés como su idioma materno. Habló con una franqueza propia del sufrimiento auténtico, muy personal, pero también socialmente compartido. Su poema “Fin o inicio”, de 1975, en el cual lamenta el asesinato del poeta chino Yu Luoke, cobró vida y fuerza, resonando con el dolor de los mexicanos por la actual tragedia de Ayotzinapa. Como antecedente de la presente publicación se puede señalar la de La Jornada Semanal (25/ ii /2001), donde aparecen cinco poemas tempranos de Bei Dao con una introducción del profesor Romer Cornejo de El Colegio de México. La presente selección busca resaltar las distintas voces de Bei Dao a lo largo de su evolución como poeta
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Poemas
una isla sin mar
Bei Dao
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1972-1978
Respuesta
La mezquindad es el salvoconducto del mez la nobleza el epitafio del noble. Mira, en medio del aire chapado en oro, atiborrados flotan los reflejos retorcidos
La Era de Hielo ha terminado, ¿por qué abundan los carámbanos? El Cabo de Buena Esperanza fue descubiert ¿por qué en el Mar Muerto contienden mil n Vine a este mundo llevando nada más papel, cuerda y mi somb para poder, antes del juicio, proclamar aquellas voces condenadas. Te digo, Mundo,
¡ yo — no — cre — o !
Tal vez mil contrincantes yacen bajo tus pie entonces considérame el milésimo primero
No creo que el cielo es azul, no creo en el eco del trueno, no creo que los sueños son falsos, no creo en la muerte sin retribución. Si el mar está destinado a romper diques, que toda el agua amarga se vierta en mi cora Si la tierra está destinada a encumbrarse, que la humanidad vuelva a elegir una cima p Nuevas conexiones de vuelo y estrellas titil suturan densamente el firmamento raso. Son pictogramas de cinco mil años, son las miradas fijas de los futuros hombres
8 de marzo de 2015 • Número 1044 • Jornada Semanal
1979-1983
Fin o inicio
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zquino, de los muertos.
to, navíos?
bra
es, o.
azón.
para su existencia. lantes
s.
Para a Yu Luoke
Yo, estoy aquí parado en lugar de otro hombre, asesinado para hacer que, cada vez que se alce el sol, grave sombra igual que un camino atraviese la patria entera
pasar en manos de otro? Aún cuando palomas descienden sobre sus hombros no podrá sentir el calor de sus cuerpos y su aliento arreglarán sus plumas y volarán deprisa
Desconsolada neblina cubre los tejados, desigual y azarosa manta de retazos encima y en medio de las casas las chimeneas escupen una muchedumbre cenicienta calor emana desde las copas relucientes de los árboles suspendida encima de las colillas empobrecidas desde una, otra y cada mano cansada se desprende una nube alicaída y negra
Yo soy humano Necesito amor anhelo, en los ojos de mi amante pasar cada anochecer sereno en el vaivén de la cuna esperar el primer llanto de mi hijo en el césped y en las hojas caídas en cada mirada sincera escribir poemas de vida este deseo tan común y corriente hoy se ha convertido en el valor total de ser humano
En nombre del Sol la oscuridad saquea en pleno día callar sigue siendo la historia del Este en los antiguos murales, el pueblo calladamente vive por siempre calladamente va muriendo Ay, tierra mía ¿por qué no cantas ya? ¿Acaso aún las sogas de los remolcadores del Río Amarillo 1 igual que unas cuerdas de arpa desgarradas ya no resuenan más? ¿Acaso el tiempo, ese lúgubre espejo, también te ha dado la espalda para siempre dejando sólo estrellas y nubes a la deriva? Yo te estoy buscando una y otra vez dentro de los sueños en una, otra y cada neblinosa noche o madrugada busco primavera y manzanos etéreas oleadas de brisa suscitadas por las abejas busco mareas altas y bajas en los litorales gaviotas de luz solar sobre las crestas de las olas busco leyendas encajadas en los muros tu nombre y mi nombre olvidados Si la sangre fresca pudiera hacerte fértil sobre las ramas del mañana las maduras frutas guardarían mi color Debo admitir ante la gélida luz blanca de la muerte yo, temblé ¿Quién quisiera ser meteorito o helada escultura de una víctima viendo el inextinguible fuego de la juventud
En mi vida muchas veces he mentido pero siempre respeté con honradez una promesa que hice de pequeño por eso, aquel mundo incompatible con el alma de niño jamás pudo perdonarme Yo, estoy aquí parado en lugar de otro hombre, asesinado no hay otra opción en el lugar donde yo caiga habrá otro que se levante por encima de mi hombro, el viento por encima del viento, manadas de estrellas centelleantes Tal vez algún día el Sol será una marchita corona de flores colgada en las lápidas de cada luchador invencible mientras crecen igual que un bosque cuervos, revoloteando pedazos de esta noche n ota : Yu Luoke, poeta asesinado a principios de los años setenta. En palabras de Bei Dao, el poema: “Es una crónica de nuestra trágica e indignada protesta en un período trágico e indignante.”
Desde tiempos antiguos, en China han existido los remolcadores de barcas sobre los grandes ríos. Son varones quienes mediante gruesas sogas tiran los navíos corriente arriba, caminando en fila sobre la orilla. Trabajan completamente desnudos porque suelen provenir de las familias más pobres y el tipo de trabajo implica que la ropa se desgaste muy rápido. 1
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1996-2000
Entrega de prensa quién cree en el llanto de la máscara quién cree en la nación en lágrimas la nación ha perdido la memoria la memoria se vuelve madrugada el niño que reparte periódicos sale temprano trompeta desolada repica por toda la ciudad es tu mala fortuna o la mía ay, vegetales de nervios frágiles campesinos plantan sus manos en la tierra ansiando asir el lingote de oro de la buena cosecha políticos sobre sus propias lenguas esparcen pimienta en polvo y un bosque de abedules está discutiendo si sacrificarse por el arte o por puertas esta madrugada pública creada por el pequeño repartidor de periódicos una revolución se escabulle a la vuelta de la esquina él se durmió
No la respuesta se sabrá muy pronto el calendario, aquel resplandor mentiroso ya se está reflejando sobre su cara próximo a olvidar próximo monólogos de campo abierto próximo a “Patria” esta palabra la desesperación que contiene granos de trigo orondos ay, el llanto de la madurez esta noche la más fiel soledad lo guiará en su camino él a todos los días en fila y parloteando sin cesar les dijo No
Cacería la maestra hace mucho que se ha decolorado pero cose los fragmentados diarios como una intermediaria por el pasillo de la evolución continua todo el grupo persigue al conejo ¿quién lo va a desollar? la puerta trasera lleva hacia el verano la goma jamás lo podrá borrar las líneas de puntos se vuelven rayos de sol el alma del conejo vuela bajo buscando a alguien para reencarnar esto es una historia, hace muchos años alguien tenía las orejas paradas un vistazo hacia el cielo a hurtadillas y nosotros, los lobos mamando de la linterna roja ya hemos crecido, ya somos hombres
2010-2013
Colega qué pesado este libro, como ancla se hunde en las explicaciones del sobreviviente tu cara como reloj al otro lado del océano imposible conversar palabras toda la noche flotan sobre el mar a la mañana, de repente, levantan el vuelo la risa cae dentro del tazón vacío el Sol gira sobre el gancho de hierro en la carnicería el primer turno del transporte público sale hacia la oficina de correos más allá de los campos ay, en medio de esas variaciones verdes el Rey de la Despedida rayo, el cartero de la tormenta pierde su camino más allá de los días floridos como sombra te sigo de cerca desde el salón de clases hasta la cancha deportiva bajo los álamos que crecen desenfrenadamente nos volvemos pequeños, tomamos caminos separados
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Jornada Semanal • Número 1044 • 8 de marzo de 2015
nacional, tiene sus peculiaridades en un país donde cada 12 de diciembre se lleva mariachi a las iglesias católicas o donde la Santa Muerte irrumpe frente a religiones con siglos de historia y arraigo. Este es un trabajo de amplio aliento, donde la visión de género apenas es una forma de establecer que la especificidad no está peleada con lo genérico, que lo micro siempre incluye lo macro: sobre todo, es una invitación a discutir sobre los temas cotidianos bajo una mentalidad de conciencia a compartir •
Los cautiverios de las mujeres, Marcela Lagarde y de los Ríos, Siglo xxi/unam, México, 2014.
LAS MUJERES COMO CENTRO RICARDO GUZMÁN WOLFFER
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astaría mencionar que esta tesis de doctorado ha alcanzado cinco ediciones en la unam, y que luego Siglo xxi la reeditó con el propósito de distribuirla fuera del circuito universitario, para evidenciar su importancia. La discusión sobre cómo abordar la antropología, si es valido o necesario disociarla por géneros, sigue siendo punto de partida. La autora avisa que lo hará y lo valida bajo el argumento genérico y evidente de que la vivencia particular ante la historia se traduce en apropiarse del entorno: el ente histórico individual apenas tiene al alcance la complejidad histórica. Abordar esta visión con el supuesto del observador femenino, no debiera ser en sí mismo obstáculo para el estudio antropológico. La obra, tras proponer esta visión femenina, inicia un largo viaje temático: la opresión partriarcal y de clase; el trabajo; los cautivecautive rios; la sexualidad; violencia y popo der; la subjetividad; las madresmadres posas; las monjas; las putas; las presas; las locas; y luego las concon clusiones, donde muchas podrían ser un punto de partida para nuenue vos trabajos, como sucede con el sustento marxista para establecer equiparaciones entre la maternidad y la segregación, ya sea por razones físicas o por efectos laborales: la procreación como parteaguas histórico derivado de las técnicas reproductivas fuera de la mujer y sus derivaciones legales, que permiten a las madres evitar el embarazo y el parto. O la muy discutida forma de control en que se traduce la “necesidad social” de que las mujeres remedien su “incompletud” con la familia (padres, hijos, cónyuge, casa) o con una causa. Si las mujeres son mayoría social, ¿cuál será la causa de que sean minoría política? En grupos como el judicial, donde hay más juzgadores titulares que juzgadoras titulares, no se plantea la discusión para establecer si en los concursos que deben aprobar para obtener el grado de juez participan igual número de sustentantes por género y cómo aprueban esos concursos. ¿Cuál es el costo personal para las juzgadoras que deben atender el tribunal de tiempo completo, frente a los hombres con igual función? ¿Eso permite exigir, por ejemplo, igual número de mujeres en la Suprema Corte o en los juzgados del fuero común? Al abordar La Sagrada Familia, donde la autora precisa las condiciones aislantes de la mujer en la divinidad patriarcal, cabría añadir el fenómeno nacional del fervor guadalupano para evidenciar que ese suceso mundial derivado de la religión mayoritaria
En la ruta de la onda, Parménides García Saldaña, Jus, México, 2014.
ONDAS DE VIGENCIA INESPERADA ANTONIO SORIA
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ada más que treinta y ocho años tenía Parménides cuando, de acuerdo al mismo tiempo con la opinión de quienes lo conocieron y con la leyenda de inmediato suscitada, sus muchos y consuetudinariamente cultivados excesos lo condujeron hasta la nave de Caronte, antes de lo cual tuvo el tiempo, la capacidad de trabajo y, sobre todo, el talento para dejar un puñado de libros, repartidos entre narrativa, poesía y ensayo, así como una cifra todavía no determinada de artículos periodísticos y textos varios –se cuenta la coescritura de un guión cinematográfico al menos–, escritos en las décadas de los años sesenta y setenta del siglo pasado. Cualquier lector mexicano medianamente acucioso sabe de la existencia –que los haya leído es distinto cantar– de la novela Pasto verde y el poemario Mediodía, por citar nada más que dos. De igual manera debe sonarle el título de este conjunto de seis ensayos, que García Saldaña decidió agrupar bajo el término conceptual “de la onda”, haciéndose inmediato eco de la denominación acuñada por Margo Glantz desde aquellos tiempos en los que José Agustín, Gustavo Sáinz y el propio Parménides, entre otros pocos, dieron a propios y extraños la diáfana impresión de ser –a causa de temáticas y estilos muy característicos, asaz diferentes a lo que publicaba la generalidad de autores en la época– protagonistas de un movimiento literario así conocido precisamente: “literatura de la onda” y del cual, también desde entonces, Agustín no se ha cansado de declarar que no hubo tal o que, en cualquier caso, él no conformó. Pero García Saldaña sí, con toda la voz o, mejor dicho, con todas las páginas, como se constata en este ensayario que vio la luz de imprenta por primera vez bajo el sello editorial Diógenes, hace la pequeña friolera de cuarenta y un años o, lo que es lo mismo, tres más de los que alcanzó a cumplir su autor, ido del mundo hace treinta y tres. Vaya la insistencia en la cuenta de los ciclos solares transcurridos para destacar la causa principal –otra, igual de válida, sería el acto de honrar con la memoria– por la que Jus ha decidido reeditar esta ruta on-
dera: su vigencia o, todavía mejor definido, su frescura, puesto que si bien Parménides habla de las cosas de aquel, su tiempo, supo hacerlo con la suficiente perspectiva como para que –sin que por supuesto alcanzase a adivinarlo– un día de un año como hoy, cualquier lector pueda echar un ojo y enterarse de asuntos que desconoce y que en buena medida contribuyen a explicar la naturaleza de este presente, o de visitar los que conoce porque siguen existiendo, por cierto casi idénticos a como fueron hace unas décadas, pero desde un par de ojos de ironía perspicaz que no ha perdido ni un gramo de esa capacidad provocadora que hizo del autor de El rey criollo una voz intelectual siempre incómoda por punzante y, huelga mencionarlo, dura de asimilar por parte de las buenas conciencias –las de aquellos ayeres y de estos hoy, en la misma medida. Compruébelo el lector, especialmente aquel que de buena fe sigue creyendo que ciertos autores contemporáneos están inventando alguna cosa o siendo muy osados en sus aproximaciones narrativas y ensayísticas: desde donde se halle ahora, si es que en algún sitio, García Saldaña no ha parado ni un segundo, ni una página, de darle la vuelta a más de uno •
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En nuestro próximo número
La Jornada Semanal
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CHARLIE HEBDO, la libre expresión y la ética Contra la irresponsabilidad Didier Fassin Annunziata Rossi
ARTE Y PENSAMIENTO ........ Agustín Ramos
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Naief Yehya
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A TRANSGRESIÓN ES LA característica más visible y menos atendida de la retórica de la humildad. Cuatro ejemplos que o bien ofrecen cuentos perfectos o bien imponen una nueva forma novelística podrían ser Cartucho, Las posibilidades del odio, Nana Ñ’u y Muros de azogue, porque en estos volúmenes los personajes transgreden el dogma del cuento como universo cerrado y transmigran a otras historias. La aparición de la novela ¿Dónde estás corazón?, de Beatriz Espejo, da oportunidad de repasar esta constante: la cualidad de cada cuento como ente autosuficiente y como territorio insustituible dentro del conjunto de un volumen, de una recopilación o del panorama de la obra que incluye la novela. En un momento intermedio de la producción ficticia que Beatriz Espejo denominó “saga familiar deshilvanada”, la autora intenta persuadir al lector de que sus recuerdos y vivencias se convierten, merced al proceso literario, en “semillas irreconocibles destinadas a la página escrita”. Esa declaración, vertida entre el volumen inaugural La otra hermana y el consagratorio Muros de azogue, parecía más bien una justificación pudorosa. Sin embargo hoy, habiendo aparecido ¿Dónde estás corazón?, luce como la piedra angular de un compromiso literario –radical desde el principio y en permanente progreso–, así como de la literaturización de lo familiar; la piedra sobre la que se basa un mecanismo sincrónico que puede dividirse en cuentos o en capítulos. Esta obra armoniosa, unitaria, que parece organizada no a capricho de la autora sino sobre la voluntad de una materia narrativa consustancial a la biografía, y que por eso mismo determina el género tanto de cada narrador como de su destinatario; esta totalidad caleidoscópica, estable y móvil, fulgurante, ha observado un ascenso no lineal aunque sí con cúspides notorias que parecían haber llegado a su cenit en be De cuerpo entero ( unam ), el más escurridizo y “familiar” de sus libros. Esto fue sólo aparente, porque la autora consiguió que varios cuentos suyos adquirieran más esplendor al engarzarlos en Antología personal, en El ángel de mármol y, sobre todo, en La hechicera (Cuadernos de Malinalco). El cuento que da título a este último logra una vivisección veraz (literaria) de
una personalidad femenina sin duda inspirada en Elena Garro. Ahí el narrador, astutamente masculino, afirma que “nuestros amigos revelan cualidades de espejo”. Independientemente del contexto en que aparezcan o del papel que desempeñen, esos “amigos” –plurivalentes, polimorfos– son los aliados primigenios, elementales, es decir los elementos espaciotemporales que varían de acuerdo con el enfoque preciso para cada historia, y son, así mismo, los personajes que intercambian trabajos narrativos: protagonistas acá, actores de reparto allá, testigos con la voz cantante aquí o con el oído atento a todo. Comprometiéndose con la literatura en tanto disciplina artística y en tanto experiencia vital, esta escritora ha cultivado un estilo cada vez más corpóreo, audible y convincente, más profundamente extraído de la vivencia, más adecuado a una esencia literaria que conjunta orden, sonoridad, sobriedad, lucidez, intensidad, tersura y sabiduría: algo pocas veces leído en estos lares, menos aún cuando se trata de novelar una época distinta. En ¿Dónde estás corazón?, Beatriz Espejo trenza historias con agilidad y derroche tanto de descripciones como de movimiento, sin renunciar a la orfebrería verbal, a la erudición ni a la familia. Y sobre dos ejes narrativos –la seducción a una monja y el amago de exorcismo a otra, ambas adscritas al convento de Corpus Christi–, restituye con lujo de detalles y casi sin deslices la primera mitad del siglo xviii en México, continuando y superando la tradición nostálgica de nuestros mejores colonialistas. Los destinos que Beatriz Espejo despliega en cada “página escrita” van poblando otra vez un mundo familiar, embellecido ahora por la paleta del pintor Miguel Cabrera. Este limbo restaurado con mano maestra involucra al lector en las pasiones y los giros que le van confiriendo consistencia terrenal. ¿Dónde estás corazón? representa una época i n é d i t a e n l a l i te ra t u ra mexicana. La re-presenta valiéndose de sólidos conocimientos literarios e históricos. En –y con– otras palabras, hace presente una historia que renueva los consabidos exvotos, leyendas sobresalientes y la inveterada costumbre del amor •
El planeta de los drones (i de ii) BomBas inteligentes La primera guerra del Golfo popularizó el concepto de las bombas inteligentes, misiles tan fabulosamente precisos que podían filmar su propio impacto con el blanco para dejar testimonio póstumo de su eficiencia. Aquella guerra del ocaso del siglo xx quiso mostrarse como un ejercicio humanitario, una operación quirúrgica en donde sólo se destruirían objetivos militares y el daño a la infraestructura civil sería mínimo. La realidad es que aquella guerra fue catastrófica, y el bombardeo de precisión fue una insignificancia comparada al bombardeo de saturación o carpet
bombing, que consistió en tirar 88 mil 500 toneladas de bombas en más de 100 mil salidas o sorties. Un bombardeo de esta magnitud en contra de una población incapaz de protegerse, con casi nulas defensas antiaéreas y refugios frágiles e incapaces de resistir el impacto de bombas de varias toneladas o ataques sostenidos, no puede concebirse más que como una deliberada masacre maquillada por una gruesa capa de propaganda.
aviones inteligentes La segunda guerra e invasión de Irak dio lugar a más bombardeos masivos pero también sirvió como laboratorio de experimentación para nuevas armas y, entre ellas, destaca el drone, una aeronave a control remoto con la capacidad de vigilar y disparar misiles. Este recurso tiene la característica de que opera con cierta autonomía sin exponer a peligro alguno a su “piloto”, quien puede estar en una base a cientos o miles de kilómetros del frente de combate. Y esta ausencia implica dilemas morales: como ¿quién es responsable de un ataque robotizado? Por otro lado, también presenta un problema de imagen para quien asesina sin mostrar la cara ni mancharse la manos. Las guerras modernas dependen de la absoluta superioridad militar. Estados Unidos no confronta a ningún rival si no cuenta con una descomunal superioridad militar frente a su enemigo. Y no es fácil imaginar mayor superioridad que la que ofrece un arma que permite pelear guerras en pantallas, joysticks y teclados. Podemos pensar que esa es una estrategia inteligente, pero quienes se encuentran en la mira de las bombas la consideran una actitud infame, desprovista de cualquier atisbo de honor y humanidad.
Política estúPida En mayo de 2013, el presidente estadunidense Barack Obama declaró que limitaría el uso de drones a atacar “únicamente a aquellos que representen una amenaza continua, inminente a Estados Unidos, cuando la captura no es posible
y hay una casi certeza de que no habrá bajas civiles”. Se sabe muy poco de la información que emplean el ejército y la cia para llevar a cabo sus ataques. Varios agentes han declarado que se usa información de señales de teléfonos celulares e imágenes capturadas por los propios drones, rara vez corroborada por informantes in situ u otras fuentes. De ahí que se cometan errores catastróficos, como el asesinato de doce personas en una procesión nupcial en Aqabat Za’j en Yemen, el 12 de diciembre de 2013. La organización Human Rights Watch investigó el caso y elaboró un detallado reporte donde expone las contradicciones y mentiras del gobierno de Obama. Cuatro misiles hellfire llovieron sobre los once autos y camionetas de la procesión cuando se detuvieron a causa de una llanta ponchada. Además de los muertos, quince personas sufrieron heridas de gravedad. Inicialmente el gobierno yemení declaró que el ataque había eliminado a numerosos terroristas de Al Qaeda que planeaban atentados contra el ejército, la policía y servicios públicos vitales. Al día siguiente un general yemení confesó que el ataque había sido un error y, siguiendo las costumbres de las tribus locales, ofreció un pago compensatorio de 159 mil dólares y 101 ametralladoras kalashnikov (buena parte de los ataques de drones se justifican diciendo que la gente ocultaba kalashnikovs). Más tarde surgió una variedad de justificaciones de la masacre: que la procesión era camuflaje para movimientos de Al Qaeda, que un importante líder terrorista, Shawqi Ali Ahmad al-Badani, estaba en el primer vehículo atacado, pero que logró escapar e, incluso, que se trataba de contrabandistas y bandidos (como si esos crímenes justificaran un exterminio sin juicio). Lejos de ser aislado, este caso es extremadamente común. Uno de los principales problemas de esta tecnología es que crea la ilusión de poder verlo todo y, por tanto, de entenderlo todo desde la distancia. Y esa certeza lleva a creer que es posible resolverlo todo con explosivos lanzados desde los cielos • (Continuará.)
JORNADA VIRTUAL
Cualidad de espejo
TOMAR LA PALABRA
naief.yehya@gmail.com
Jornada Semanal • Número 1044 • 8 de marzo de 2015
........ ARTE Y PENSAMIENTO
Germaine Gómez Haro
Alonso Arreola
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El laberinto del arte, de Carmen Reviriego
¿C
ómo se hace una colección de arte, qué valor tiene, cómo se conserva y asegura? ¿Por qué es una buena inversión? ¿Por qué el arte es tan importante para la sociedad? Estas y más preguntas se plantean en el libro El laberinto del arte recién publicado por Editorial Paidós. La autora, Carmen Reviriego (Madrid, 1965), es socia fundadora y presidenta de World Advisory Services (www.weadser.com), firma española que se dedica a la asesoría a grandes patrimonios en arte y filantropía. El año pasado apareció la primera versión de este trabajo en España, publicación que fue enriquecida en esta segunda edición con una parte dedicada a México. El libro de Carmen Reviriego es una gran aportación, por tratarse de un trabajo pionero que aborda el tema del fenómeno global del mercado del arte y los satélites que lo conforman. A través de ensayos breves y sustanciosos, así como de entrevistas a algunos de los principales protagonistas del mundo del arte internacional –como son coleccionistas, asesores de arte, gestores, galeristas, y por supuesto, destacados artistas– recorremos los vericuetos –a veces insondables para muchos– de las galerías, las casas de subastas, las ferias de arte, los museos y –tema medular de su investigación– las colecciones de arte. Su objetivo es “transmitir un mayor conocimiento del mercado del arte, de su funcionamiento, sus reglas y sus principales coleccionistas”, así como inspirar el coleccionismo, haciendo hincapié “tanto en el placer estético que nos puede provocar como en una forma excepcional de preservar el patrimonio”. Carmen Reviriego realiza un excelente trabajo periodístico a través del cual recopila los testimonios de figuras centrales en el mundo del arte, quienes comparten sus experiencias personales y objetivos profesionales en cuanto a su participación en los diferentes papeles que desempeñan en este medio: Abigail Asher desmenuza la misión del asesor de arte, quien ha de ser “a la vez analista de mercado, negociador, investigador, connoisseur, y educador”, para
lograr que cada colección sea “única e intransferible”; la galerista Elba Benítez (Galería Elba Benítez, Madrid) habla sobre la atención especial que su galería ha puesto en los artistas de Latinoamérica y Brasil al introducirlos en España y viceversa, el posicionamiento de los artistas europeos que representa en la escena de Iberoamérica; de la galería o m r (México) dirigida por Cristóbal Riestra, Reviriego recoge el testimonio de uno de sus artistas –Raúl Cárdenas– creador del Proyecto Torolab que ha desarrollado un impresionante trabajo de incidencia social en Tijuana; los coleccionistas Eduardo Costantini (Argentina), Carmen Thyssen (España), y Patricia Phelps de Cisneros (Venezuela), expresan su pasión por el coleccionismo y su compromiso social que los ha llevado a dedicarse al mecenazgo y a la filantropía a través de la creación de museos y fundaciones; los artistas Cristina Iglesias y Jaume Plensa (España), y Guillermo Kuitca (Argentina) hablan de sus muy particulares procesos creativos y sus experiencias frente al stablishment del arte y el mercado global; Marc Spiegler (director de Art Basel Miami y Hong Kong), Zélika García (directora de Zona Maco), Carlos Urroz (director de Arco) y María Paz Gaviria (directora de artbo ) explican la importancia de las ferias internacionales que son una plataforma global para que los coleccionistas entren en contacto con galerías de todo el mundo y éstas hagan nuevas conexiones con directores de museos y comisarios; Henry Wyndham (Chairman de Sotheby´s Europa) explica qué hay detrás de una casa de subastas y Guillermo Solana (Director del Museo Thyssen Bornemisza) esboza el complejo entramado que hay detrás de las exposiciones. La autora ofrece al lector una visión global del mercado del arte y concluye afirmando que, en estos tiempos de volatilidad financiera, la inversión en arte ha demostrado ser un activo que se ha mantenido a pesar de las crisis de los últimos años. En este trabajo, Carmen Reviriego aborda cada uno de los temas desde la dialéctica de la razón y el corazón: “Lo más difícil de este libro –escribe– ha sido conciliar en sus páginas el lado más sagrado del Ar te, el del creador y el espectador, con su lado más profano, el de las sumas y restas.” Es un libro de amena lectura que disfruta por igual tanto el lector entendido como el neófito, lo cual es un gran acierto •
Juan Cristóbal Pérez Grobet. DesEnlaces o el gobierno de la nieve
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UE A FINALES DE 2014 cuando imaginamos la frase que impulsaría este texto. Era sábado por la tarde en Coyoacán, Ciudad de México. Luego de varios intentos fallidos habíamos logrado juntarnos para escuchar la primera aproximación a DesEnlaces, último disco del bajista Juan Cristóbal Pérez Grobet. Alrededor de la tercera o cuarta pieza apareció el enunciado en nuestra cabeza, igual que una semilla huérfana y prometedora. Pero no lo compartimos, pues aún parecía un tanto absurdo. Era éste: “Juan Cristóbal Pérez Grobet es un compositor elegante,
gobernado por la nieve.” Hoy, empero, sentimos de nuevo su pertinencia porque lo hemos vuelto a escuchar y porque está próximo a salir. Sirva nuestra experiencia como invitación a nuestra lectora, lector, interesado en apoyar y promover artistas nacionales valiosos, originales. Volvamos pues a ese día en Coyoacán. Al tiempo que transcurría la música pensábamos en la influencia que los viajes al estrecho de Bering, Alaska, tuvieron sobre su obra –ésta y la precedente–, confirmábamos lo personal e introspectivo, lo genuino y honesto de un arte que se ocupa en preguntas esenciales relacionadas con la soledad, la naturaleza, el color del mundo y su temperatura. Comprobábamos que Juan Cristóbal sabe transformar recuerdos y fotografías entrañables en radiografías sónicas de su espíritu, algo raro en un mundo desbordado por la angustia que busca aceptaciones intangibles. Además, hay que decirlo, todo eso que pensamos, confirmamos o comprobamos esa tarde es una diáfana extensión de su persona. El eje toral del álbum, desde luego, es el sonido natural del bajo sin trastes, expresión impoluta de un Grobet lleno de virtudes melódicas. También canta el contrabajo —con y sin arco—, así como otros parientes graves que en sus manos regalan ternura, abrazos. De allí que sean amigos de notable trayectoria quienes lo ayudan en esta vendimia de frutos cariñosos. Juan Carlos Novelo suena en la batería, Rodrigo Barberá en el piano, Darío González en el teclado, Santiago Ojeda y Rodrigo de la Mora en las guitarras. Se trata de nueve piezas —casi todas breves— con gran variedad discursiva y unidad tímbrica, bien ordenadas para el éxito de su trama. “¿Dónde está el pelícano?”, la de apertura, juega con un provocador ritmo en nueve y siete octavos. “Tonos blancos” y “Color favorito” son temas que se internan en el tres del vals, mientras que “Martendida” y “Equilibra el horizonte” juegan al seis octavos. El resto propone acentos ma-
yormente binarios pero, eso sí, todos se inclinan hacia un instrumento o diálogo específico entre dos o más voces. Esto hace que la dotación jamás haga pleonasmo, al igual las cambiantes y lúdicas arquitecturas. Ahora bien, podríamos decir que DesEnlaces es jazz, pero sería negar los aires clásicos, folclóricos y étnicos que contiene. Digamos que es música de enorme dulzura y profundidad a la que sólo parece importar su propio ciclo volitivo, como pasa con el alud que se desplaza hipnotizado. Lo mejor es que al final de la avalancha estamos nosotros, escuchando los cristales melancólicos de la nieve. Porque sí, volviendo al principio, Juan Cristóbal Pérez Grobet es un compositor gobernado por una claridad fría que aparece y desaparece con naturalidad de cellisca. Tales son los trazos que en el aire pinta su meteoro: blancos, suaves, reflectantes y prestos a derretirse al contacto con el otro; equilibrados, rompe tiempos, luminiscentes y privados cual relojes. Y perdónenos quien se acerca a esta música a través de nuestras letras. No queremos explicar a qué suena un gran bajista. Pretendemos ampliar el abrazo de DesEnlaces, final e inicio de un contacto con tierras y personas lejanas que por su túnel se nos aparecen. Deseamos acercarnos a su oficio emparejándonos con el motor poético que propone. Dicho de otra forma: si al escuchar su materia e improvisaciones atestiguamos la creación de un mundo nuevo y necesario, ¿por qué no íbamos nosotros a arriesgar palabras en la nevisca? Finalmente diremos que Juan Cristóbal Pérez Grobet pertenece a la estirpe de quienes sacan un disco en cumplimiento de su compromiso con las huellas, pero entendiendo que la cima indudable se alcanza una tarde viajando en lancha, lejos de industrias y banalidades, cuando el paisaje de la Tierra se transforma en piel del sueño. No hay mejor prueba de ello que estos, sus admirables DesEnlaces. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos •
BEMOL SOSTENIDO
@LabAlonso
ARTES VISUALES
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ARTE Y PENSAMIENTO ........ Ana García Bergua
8 de marzo de 2015 • Número 1044 • Jornada Semanal
Jorge Moch tumbaburros@yahoo.com Twitter: @JorgeMoch
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LGUNOS DE LOS ESCRITORES que con mayor admiración he leído inventaron en su obra una provincia a la que recurren en son de burla y también de nostalgia; en su literatura, la provincia es un espacio de libertad para el humor y la creación de personajes ridículos, pero a la vez muy humanos. Estos pueblos mentales tienen una función doble: la más convencional, la de situar ahí las fantasías y tramas literarias, y la de satirizar en ellas los vicios y defectos de lugares verdaderos, de los que así se distancian para ajustar cuentas, como hizo Jorge Ibargüengoitia con Cuévano. Pero el más entrañable es Augusto Monterroso, el gran escritor de origen guatemalteco que vivió
entre nosotros una enorme parte de su vida y acuñó la famosa frase: “Los enanos tienen una especie de sexto sentido que les permite reconocerse a primera vista.” Yo desde muy pequeña leía a Tito, deslumbrada por sus fábulas, su zorro escritor, alter ego de Juan Rulfo, los relatos de Movimiento perpetuo, los cuentos y ensayos de La letra e, pero la que más disfruté siempre fue su casi-novela Lo demás es silencio donde aparece San Blas, s . b ., la ciudad provinciana donde vive y descansa el intelectual Eduardo Torres, autor de frases como:“La sinfonía inconclusa es la obra más acabada de Schubert” y “Es cierto, la carne es débil; pero no seamos hipócritas: el espíritu lo es mucho más.” Lo demás es silencio es un delicioso pastiche en el que intervienen los testimonios de la esposa, el hermano resentido y el valet de Eduardo Torres, este último casi una micro-novela de aventuras, así como otros textos misceláneos, entre ellos el “Decálogo del escritor”, obra de Eduardo Torres y una notable interpretación de una octava del Polifemo, de Góngora. Lo demás es silencio es también una lección de estilo de grandes vuelos; una lectura atenta permite encontrar en él citas no sólo del Quijote, sino de griegos y latinos: de muy joven –esto lo cuenta en su autobiografía Los buscadores de oro, Monterroso trabajaba en una carnicería y en sus ratos libres junto a los costillares, leía a Virgilio y otros clásicos. En Lo demás es silencio, Monterroso hace la sátira de la figura del gran intelectual de provincia cuyas palabras tienen un fondo sospechoso de genialidad o bobería (“sé, como ustedes, que la mejor manera de acabar con las ideas ha sido siempre tratar de ponerlas en práctica”) y no siempre se cuestionan, a no ser por una indiscreción de la familia. Publicada en 1978, en la época en que todavía tenía mucha validez la figura del intelectual latinoamericano, Eduardo Torres en su pequeño feudo de San Blas mostraba
el aspecto demasiado humano de todo escritor que sólo relumbra en su patria chica. Así, San Blas,“ciudad grande fundada con los encantos de un pueblo chico y al revés”, construida por órdenes de un capitán español sobre la pirámide de un pueblo indígena, podría parecerse a muchas ciudades provincianas de Latinoamérica, incluida la Zona Rosa, pues también tiene su lado cosmopolita: “En cortos ocho días me metí una tarde a la municipalidad a buscar un acta (que no encontré), usé el Metro, escuché un concierto en Bellas Artes, oí las conferencias del poeta famoso …” También tiene su comisión de notables “compuesta en su mayoría por dos o tres intelectuales, algún poeta, dos comerciantes y políticos de todas las capas sociales”, a propósito de los cuales el valet de Eduardo Torres aclara que se trata de “los vecinos, los amigos y los periodistas, que en aquel inmundo pueblo son siempre los mismos, quiero decir que los periodistas, los amigos y los vecinos son sin remedio las mismas personas, y unas veces son vecinos, otras periodistas y otras amigos, pero siempre los mismos, y por eso allí todos lo sabían todo y todo lo sabían entre todos.” Quizá la diferencia entre la sátira provinciana de Monterroso y la que practicó Ibargüengoitia, era que el primero no dejaba de ser dulce y de algún modo comprensivo con el género humano. A fin de cuentas, Monterroso era un clásico. En cambio, la de Ibargüengoitia es implacable: distante en el sentimiento y sin embargo tan ácida que llega al fondo de las cosas. Frente a su mirada lúcida y llena de sentido común, la provincia no parece ser otra cosa que el escenario donde los hombres actúan el peor de los ridículos, como dice en Estas ruinas que ves: “Los habitantes de Cuévano suelen mirar a su alrededor y después concluir: –Modestia aparte, somos la Atenas de por aquí.” •
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L OFICIALISMO MEXICANO ESTÁ tan intoxicado de sí mismo, tan lelo viéndose el ombligo, tan enfermo de arrogancia y ebrio de poder que ya no se preocupa de guardar las mínimas formas con las que antes al menos pretendía disimular incapacidades, voraces ambiciones signadas de egoísmo en el ámbito de lo personal (por eso tanto enriquecimiento explicable pero ilegítimo) o de rencores en los intereses tribales (por eso tanto muerto, tanto desaparecido, tanta terrible indiferencia ante masacres y degollinas): hoy ya nada importa, ni siquiera que la vil perrada nos demos cuenta de que lo único que interesa a esa recua de vividores es aferrar el poder político para seguirse refocilando en lo personal y en pandilla. Alegremente. En pachanga. ¿En qué régimen verdaderamente democrático sienten apremio sus instituciones públicas, sus organismos de vigilancia o control, sus asambleas parlamentarias o los ministerios de su gobierno por hacerse propaganda en los medios de comunicación?, ¿en qué país donde se respete al electorado se emplea la televisión para manipular opinión pública a favor del poder sin oponer contrapesos informativos, administrativos, políticos y hasta de índole judicial? Esas suelen ser, en cambio, artimañas de la represión en gobiernos autocráticos o en dictaduras y cualquiera sabe que nuestro país es un alebrije político: híbrido de autoritarismo dictatorial y tretas de simulación y cosmético. Por eso la propaganda del gobierno, que nos sigue costando miles de millones de pesos a diario, dilapidados en anuncios pero no realmente en los programas de gobierno o de asistencia social que esos anuncios preconizan, deja resabio vitriólico, a burla. Parecería que quienes producen esos spots de radio y televisión del gobierno federal, de las infames cámaras de diputados y senadores, de los organismos judiciales (increíble que una Suprema Corte de Justicia contemple siquiera el usufructo del erario para… publicitarse) apuestan ya de manera abierta y jovial al sarcasmo, a la bufa ironía, al escarnio más ruin, porque saben perfectamente que esos anuncios y spots de radio y televisión serán volcados en millones de hogares mexicanos en que la supervivencia repta por debajo de la línea infame que delimita miseria, pobreza extrema y simple pobreza: gente
que no come carne ni viste marca ni viaja al extranjero (ni al interior del país, para el caso) pero que sí, manipulada y dúctil, forma parte ya de una podredumbre sociopolítica vergonzante y venderá otra vez su voto a cambio de una limosna en efectivo, de una triste despensa con logotipo de partido elaborada con artículos poco alimenticios pero llenadores… Quienes producen toda esa propaganda cutre, y ahí las televisoras, saben que es precisamente la repetición de una mentira la que mantiene condiciones y circunstancias óptimas para seguir mangoneando la agenda nacional en función de sus muy particulares intereses. Por eso no sorprende ni un ápice la poca calidad moral, ni la nula preparación, ni ineptitud para legislar en pos del bien común ciudadano entre quienes van apareciendo en las jugosas listas de suspirantes a candidaturas plurinominales, ese golpe artero a la democracia representativa; ese contubernio mafioso entre esos sindicatos criminales en que mayoritariamente han terminado convertidos los partidos políticos en México, cuando proponen nombres como el de una comediante arrabalera, la hija de un consuetudinario grillo adicto al fuero, un directivo de una televisora, la madre del exlíder priísta acusado públicamente de explotación sexual entre otras lindezas y cuya familia, su madre misma, han estado vinculados con sospechas y acusaciones de negocios ilícitos por decir lo menos… Y sí, en los otros partidos también hay candidaturas lamentables, funcionarios corruptos que van otra vez a las andadas, criaturas del escándalo que no tienen un ápice de vergüenza, pero ninguno en las rebasadas orillas de la indecencia como el partido que dice gobernar, esa mafia. Viendo esas candidaturas, la absurda tómbola lopezobradorina se antoja el recurso más confiable. Así la democracia participativa a la mexicana: del sátrapa que elabora listas lamentables al ingenuo que le deja el asunto al azar, y todo en caudal de propagandas. Ya hace mucho que la política dejó de ser cosa seria en México: es una sanguinaria cumbiancha. Un carnaval tragicómico, peripatético, de gentuza que parece haber dejado atrás, muy atrás cualquier convicción política y algún resquicio de amor patrio •
CABEZALCUBO
La cumbiancha
PASO A RETIRARME
Nostalgia de San Blas
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Jornada Semanal • Número 1044 • 8 de marzo de 2015
........ ARTE Y PENSAMIENTO
Orlando Ortiz
Luis Tovar Twitter: @luistovars
#NosFaltan43
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N MI COLUMNA ANTERIOR dije que en esta oportunidad abordaría algunos aspectos de Emmanuel Carballo que han sido eludidos en cuanta semblanza se hizo después de su fallecimiento. Fundó la editorial Diógenes, con el apoyo de don Rafael Giménez Siles, quien sabía mucho de libros y cuestiones editoriales; en su país, durante la República, organizó las bibliotecas ambulantes, unos vehículos con estantería y libros que recorrían las poblaciones más pobres y olvidadas para acercar los libros a la gente de escasos recursos. Aquí, don Rafael fundó la, en su momento, increíble Librería de Cristal de la Alameda, y Empre-
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UANDO EL DOCUMENTAL AYOTZINAPA 43 sea estrenado –el próximo viernes 13, en la Cineteca Nacional–, habrán transcurrido exactamente cinco meses y medio desde aquella noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, fecha en la que los alumnos de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, estado de Guerrero, fueron acosados, perseguidos, agredidos, balaceados, algunos de ellos asesinados –llegándose al extremo innombrable de haberle arrancado los ojos y la piel del rostro a uno–, posteriormente a todo lo cual,
43 fueron privados de su libertad y se encuentran, hasta el día de hoy, bajo el estatus legal de “desaparecidos”.
la omisión y la ignominia
sas Editoriales, que editó varias colecciones, algunas de ellas con títulos emblemáticos e inconseguibles actualmente. Recuerdo, de manera muy especial (siempre quise tenerla y nunca lo conseguí) La comedia humana, de Balzac, en volúmenes preciosos y con pasta dura. Emmanuel había colaborado muy cerca de este español singular y encomiable por cuanto hizo por crear una cultura del libro en nuestro país. Reconocía el talento de Carballo y escuchó sus ideas respecto a colecciones y autores nacionales. Emmanuel, como ya lo he dicho, era beligerante, desenfadado, irreverente (aunque no por eso dejaba de reconocer el valor de algunos autores demodé, como lo constata en su Protagonistas...), las ideas bullían en su cabeza y simpatizaba con los movimientos contestatarios y la rebeldía, individual o gremial. Ese hervidero de ideas y actitudes contradictorias tal vez era producto de una permanente agonía. (“Me repugna el elitismo, despierto y dormido me considero un pequeñoburgués avergonzado de sus canonjías, en constante lucha con los intereses propios de su clase y, al mismo tiempo, ávido de gozar ‘en los agridulces suburbios del sistema’ las oportunidades sensibles e intelectuales que me ofrece la burguesa civilización occidental.”, escribió en su Párrafos para un libro que no publicaré nunca.) En Diógenes, Carballo comenzó a publicar autores latinoamericanos, relevantes todos aunque en nuestro país fueran poco o nada conocidos. Apostó también por los autores mexicanos jóvenes y, en el colmo de su desafío al sistema, publicó libros que difundían ideologías “exóticas y subversivas”. Esto último ocurrió después del Movimiento estudiantil del ‘68: la literatura paulatinamente pasó a ser sólo una de las líneas editoriales, y comenzaron a preponderar títulos de enfoque latinoamericanista, con evidente carácter político, social y antiimperialista. En esos años las dictaduras dominaban en muchos de los países de nuestro continente, y también en muchos
de esos países había movimientos guerrilleros, sin excluir a México. Las noticias al respecto en los medios impresos y electrónicos eran “muy objetivas”, en otras palabras, no decían nada, no explicaban nada. En el mejor de los casos, “informaban” los aspectos amarillistas de las confrontaciones. Se hablaba de la guerrilla urbana pero no había una idea precisa de lo que era. Aquí, la guerrilla seguía siendo eminentemente rural. A Emmanuel se le ha calificado, a veces, como un crítico de la literatura mexicana; sin embargo, creo que asimismo fue un conocedor de la literatura latinoamericana y también difusor de la idea de una América Latina unida, libre del imperialismo. Creía fervorosamente en la llegada de “el hombre nuevo”, sin prejuicios y revolucionario. Si mal no recuerdo, uno de los primeros libros que aparecieron, marcando el nuevo rumbo de Diógenes, fue Che comandante, de Luis Agüero et al., le siguieron La oligarquía en el Perú, de Francois Bourricoud et al., La revolución chilena, de Gustavo Canihuante, Con las armas en la mano, de Camilo Torres, El proceso de dominación política en Ecuador, de Agustín Cueva, Para leer a Althusser, de Enrique González Rojo, Maquiavelo y Lenin, notas para una teoría política marxista, de Antonio Gramsci, dos volúmenes con las actas tupamaras, también dos volúmenes con textos de Carlos Marighella (revolucionario brasileño), Mi campaña con el Che, de Inti Peredo, Tania la guerrillera, de Marta Rojas y Mirta Rodríguez, y Cristianismo y revolución en América Latina, de Manuel Mercader Martínez. Estos sólo son algunos títulos. Hablar de eso, en la actualidad, debe causarle risa a algunos “activistas de izquierda”, pero en tiempos de Díaz Ordaz y de Echeverría, publicar ese tipo de literatura era un atentado al pudor y estaba muy lejos de ser una “posición política correcta”. La guerra sucia era lo cotidiano. Emmanuel, se diga lo que se diga, creo que siempre fue fiel a sí mismo y congruente con sus ideas •
Omítase aquí la macabra, incruenta y oficial tomadura de pelo del extitular de la pgr –el fatigado Murillo Karam–, según la cual los restos de uno de los 43 aparecieron en una bolsa de plástico en el fondo de un río. Omítase también el nauseabundo triunfalismo voluntarista, de autócrata, que pretende exigir, urbi et orbi, el cese de toda duda respecto de la “verdad histórica”, de acuerdo con la cual hubo 43 incinerados en un basurero de Cocula –¿o sólo 42, ya que los huesos de uno estaban en otro lugar?–, por tratarse de una versión descalificada por todo género de especialistas forenses, antropólogos y otros. Omítase también la insustancialidad del chivo expiatorio inicial, cuyo nombre a estas alturas ya pocos podrían recordar, a quien quiso achacársele en exclusiva –a él y a su esposa– la autoría intelectual de la represión que antecedió a la masacre, pues a despecho de los intereses oficialistas nadie cree sensatamente en la “no participación absoluta” de instancias estatales y federales en la tragedia de IgualaAyotzinapa. Omítanse, a continuación, las vergonzosas ansias de carpetazo de tantos medios de comunicación que, desinteresadamente o todo lo contrario, se hacen eco del peñanietesco “ya supérenlo” cuando hablan de padres de familia manipulados, tachándolos así de estúpidos, incapaces de pensar por sí mismos, mera carne de política. Omítanse, si acaso es posible, la corrupción endémica, la torpeza cuasi genética, el cinismo gigante de haberse colgado del “Todos somos Ayotzinapa”, la infinita mendacidad, así como el profundo e inocultable desdén con los que ésos que se dicen “representantes del pueblo” tratan a sus “representados”… Tras haber omitido tanta ignominia, véase cuánta ignominia queda todavía: un abismo entre verdad oficial y opinión popular; un crimen de Estado impune hasta la fecha; una espiral impara-
ble de violencia y barbarie que se multiplican; una patente voluntad de criminalizar toda protesta… Pero sobre todas las cosas queda la ignominia de la invisibilidad y del anonimato, a veces apuntalados a fuerza de balazos, pero casi siempre a fuerza de ojos que prefieren mirar hacia otro lado: invisibles los 43, anónimos hasta que un crimen los volvió precisamente invisibles, como anónima e invisible parecía ser, hasta hace cinco meses y medio, la realidad de la cual proceden, en la que vivían y estudiaban y hacían protestas y cumplían años y soñaban y deseaban y amaban.
todos somos invisiBles (y desaPareciBles) A recoger argumentos contra el anonimato y la invisibilidad fue Rafael Rangel, transcurridos apenas un par de meses después de la tragedia, y llegó hasta el mismo epicentro de la historia: Ayotzinapa 43 se cuenta desde adentro, en la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, y en el filme son ellos, quienes residen ahí, los únicos que cuentan –dicho en el doble sentido de la palabra–: quiénes son, de dónde vienen, cómo viven, cómo hacen frente a la inveterada carencia de recursos, lo mismo que a la igualmente inveterada estigmatización; por qué hacen lo que hacen y piensan como piensan, cuál es su visión de lo que significa educar, a qué han sido orillados desde los tiempos de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez. No hay intermediarios ni, por tanto, distorsiones discursivas: cámara y documentalista se integraron a la vida cotidiana en la Normal tanto como era posible, y de ese modo alcanzaron esa difícil vuelta de tuerca documentalista que consiste en volverse invisible, para que dejen de serlo aquellos que suelen sufrir esa condición. Con eso sería suficiente para entender el alto valor de Ayotzinapa 43, de Rafael Rangel, pero le asiste otro: es el primer y más directo testimonio fílmico sobre Ayotzinapa, y hasta el momento el único, en cualquier formato, que pone el principal acento en la gente, ésa que jamás merecerá que se le considere invisible hasta que se le desaparece •
CINEXCUSAS
A casi un año (ii y última)
PROSAÍSMOS
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ENSAYO
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esde fines del siglo xviii , como resonancia del romanticismo, el cual impulsó principios de libertad y subjetividad contra las reglas clásicas y el racionalismo filosófico, paulatinamente la iconografía divina, Dios y su cuerpo, quedaron atrás; la figura humana tomó el lugar central en la historia del arte. Se resignificó: pasó a ser un nuevo signo en la historia del arte. Con esta resignificación, los artistas introdujeron en sí mismos la génesis creativa, quebrantando con ello la concepción ideológica de que el ser humano está hecho a semejanza de Dios. En menos de una cincuentena, el mundo moderno padeció la invasión del odio, lo cual lo condujo a una carrera en donde muchos significados cambiaron: a partir de los últimos años decimonónicos y con mayor énfasis luego de la primera guerra mundial, como consecuencia de lo que avistaban en la colectividad, muchos artistas empezaron a explorar el erotismo desde la estética del dolor; después de los experimentos eugenésicos, los campos de concentración más todas las aberraciones de la segunda guerra mundial y la bomba atómica, la sociedad no podría ser la misma y así lo ha registrado el arte. Con el imperativo de unir el arte y la vida desde una dimensión política, en 1960, los wiener aktionimus (accionistas vieneses) marcaron un cambio rotundo en el uso del cuerpo; lo llevaron a los extremos de la violencia y rompieron de tajo con su idola-
8 de febrero de 2015 • Número 1044 • Jornada Semanal
Hermann Nitsch en México Ingrid Suckaer
tría, un verdadero cuestionamiento a la filosofía platónica que pondera al soma como fuente de inspiración y amor. Hermann Nitsch (Viena, 1938), uno de los accionistas más reconocidos, desarrolló en 1957 la idea de un “teatro orgiástico y misterioso”, fundado bajo premisas místicas combinadas con la sensualidad. Nitsch es conocido como un artista transgresor quien, por medio de la pintura, el performance, la música y la dramaturgia, explora la esencia de los rituales antiguos para lo cual durante un tiempo utilizó animales muertos. Esto dio origen a que grupos ecologistas protestaran. No obstante, entre 1962 y 1998 Nitsch desarrolló cien actuaciones; enfrentó problemas, siempre aclaró su postura y nunca fue censurado. Desde meses atrás se sabía que el Museo Jumex inauguraría en febrero una muestra individual de Hermann Nitsch. Ya con la obra en México, sin dar mayores explicaciones, dicha institución canceló la exposición. No hay duda: esto se debió a la campaña de protesta encabezada por grupos ecologistas. La cancelación de la muestra de Nitsch por parte de la dirección del Museo Jumex pone en evidencia la falta del verdadero compromiso que se debe asumir con el arte. Es lamentable que un museo de arte contemporáneo tenga una postura tan débil. Para beneplácito de muchos, contando con la presencia de Hermann Nitsch, en Ex Teresa Arte Actual se escuchó, a finales de febrero pasado, la premier del Concierto Sinfonía para México compuesto por Nitsch para México. Dirigida por Andrea Cusumano, la sinfonía del prestigioso autor permite comprobar que la música proviene de una concepción profunda y que el respeto al silencio da paso a experimentar diferentes estados de conciencia •
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