■ Suplemento Cultural de La Jornada ■ Domingo 7 de septiembre de 2014 ■ Núm. 1018 ■ Directora General: Carmen Lira Saade ■ Director Fundador: Carlos Payán Velver
el
da d
rlín:
la ca íd
Be
a
u r m o l e d d e
f
in
de
a l a du
i l
XaBier f. coronado Berlín 25 años después: sinfonía de una metrópoli, esther andradi José Juan Tablada: las palabras del cómplice, teresa del conde Juventino anda Sobre las olas, leandro arellano
7 de septiembre de 2014 • Número 1018 • Jornada Semanal
bazar de asombros EN LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA
Hugo Gutiérrez Vega
L Está por cumplirse un cuarto de siglo desde que el Muro de Berlín dejó materialmente de existir, luego de los veintiocho años, dos meses y veintiséis días en los que no sólo fungió como división política y territorial en la principal ciudad alemana, sino se convirtió en símbolo absoluto de una concepción del mundo basada en una dualidad hoy extinta, que en su lugar dejó lo que algunos vieron como “el fin de la historia” y otros, con menos grandilocuencia, como lo que realmente ha sido: el triunfo de Occidente y sus ideas concretas de lo que significan ideas como realización colectiva y personal, democracia, igualdad, economía saludable y proyección al futuro, entre otras. Los textos de Xabier F .Coronado y Esther Andradi revisan, uno
desde la perspectiva ideológica y otro desde la cultural y urbana, el estado actual de las cosas en un Berlín que, aun sin muro desde el 9 de noviembre de 1989, sigue siendo una metáfora completa de la situación mundial.
Comentarios y opiniones: jsemanal@jornada.com.mx
Gil Vicente, Valle-Inclán, Villaurrutia y Gorostiza. Forlegué a Madrid el 20 de noviembre de 1976, acommábamos el grupo los directores Nicolás Núñez y pañado por los actores y actrices del grupo de La Eduardo Ruiz Saviñón y los actores y actrices Helena Casa del Lago. Nuestra visita teatral iba a cumplir Guardia, Patricia Bernal, José Ángel García, Alejandro la misión de “romper el hielo” e inaugurar una nueva Camacho y este bazarista. y difícil etapa de las relaciones culturales entre la maLa Gran Vía estaba invadida de camisas azules y dre autoritaria y la hija desobediente (espadón Franco boinas rojas que gritaban el nombre del espadón asedixit). El vuelo de Iberia, conocido con el nombre de sino y varias consignas ligeramente trasnochadas. El Alpargata Fligth llegó a tiempo, y de repente nos enconviaje nos había cansado y muy pronto nos quedamos tramos en medio de un maremágnum de camisas azudor midos en nuestra mínimas habitaciones. Cuando les, entorchados, boinas rojas y banderas y banderines despertamos había pasado ya el desahogo fascista y de todo tipo. Todos gritaban, especialmente los que la Gran Vía había quedado llena de basura propaganllevaban la “camisa vieja” de las jons (Juventudes de dística. Desayunamos como osos en primavera y dos Ofensiva Nacional Sindicalista, siniestro movimiento simpáticos taxistas nos llevaron con todo y baúl al fundado por el belicoso Onésimo Redondo). Estuvimos Colegio Mayor de Guadalupe, institución dirigida por a punto de tomar el vuelo de regreso a México (en el Emiliano Moreno y muy solicitada por los mexicanos conocido como Rompope Fligth de Aeroméxico). El de derecha que iban a estudiar con becas de Cultura himno de falange y la fúnebre Hispánica, especialmente canción de los tradicionalistas los “tecos” de la Universise oían por todas partes y la acdad Autónoma de Guadatitud de los encamisados era lajara. Emiliano, ya más o violenta, en lo que se refiere menos puesto al día y ayua la gritería, y estaba llena de dado por su inteligencia y una beligerante nostalgia. buen olfato, nos abrió las Sacamos nuestro baúl puer tas del Colegio, de su de vestuario y nuestras perauditorio y de su comedor. tenencias, y un empleado Ahí ensayamos, montamos de Iberia nos tranquilizó: nuestra casi simbólica esce“No se preocupen, estos nografía, y al día siguiente nada más gritan.” Sin dejar iniciamos nuestro periplo de preocuparnos la empe ninsular. La función del prendimos rumbo al Hotel Guadalupe tuvo mucho éxiGran Vía, reservado para to, el auditorio estaba lleno y nosotros por una fundaCartel de propaganda franquista nuestras actrices, guapísimas ción socialista alemana. El viaje y ligeritas de ropa, hicieron su contribución al destade ida y vuelta lo había pagado el pri de Porfirio Mupe nacional. La prensa reseñó nuestro estreno con ñoz Ledo; los viajes por España los haríamos en una morigerado entusiasmo, pero algunos periodistas de autobús del que fue el Instituto de Cultura Hispánica nuevo cuño celebraron el experimento poético y teay que ahora intentaba limpiarse las lagañas tradiciotral. Hicimos muchas amistades en el Colegio y algunalistas con el nombre de Instituto de Cooperación nos de los actores celebraron el triunfo con unos Iberoamericana. Los hoteles y las comidas corrían a chubis de mariguana africana conseguidos por adecargo de la fundación alemana y de los colegios malantados colegiales. yores universitarios en los que presentaríamos la obra Seguiremos narrando esta gira y glosando alguSabaoth, la muerte en la literatura hispánica. Se tratanos aspectos de la transición española ba de un collage en el que figuraban textos de Calderón de la Barca, Sor Juana Inés de la Cruz, Quevedo,
•
jornadasem@jornada.com.mx
e
el
f
in
de
da d
rlín:
la ca íd
l m u ro d
Be
a
de
l la dua
i
Portada: Después de la caída Collage de Marga Peña
Directora General: Carmen Lira Saade, Director: Hugo gutiérrez Vega, Jefe de Redacción: LuiS toVar, Edición: FranCiSCo torreS CórdoVa, aLeyda aguirre rodríguez y riCardo yáñez, Coordinador de arte y diseño: FranCiSCo garCía noriega, Diseño Original: marga Peña, Diseño de Columnas: J uan g abrieL P uga , Iconografía: a rturo F uerte , Relaciones públicas: V eróniCa S iLVa ; Tel. 5604 5520. Retoque Digital: a LeJandro P aVón , Publicidad: e Va V argaS y r ubén H inoJoSa , 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. Correo electrónico: jsemanal@jornada.com.mx, Página web: www.jornada.unam.mx La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, S.A. de CV; Av. Cuauhtémoc núm. 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Delegación Benito Juárez, México, DF, Tel. 9183 0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac núm. 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, México, DF, tel. 5355 6702, 5355 7794. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2003-081318015900-107, del 13 de agosto de 2003, otorgado por la Dirección General de Reserva de Derechos de Autor, INDAUTOR/ SEP. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación, por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.
2
3
CuENTO
Jornada Semanal • Número 1018 • 7 de septiembre de 2014
Los
alegresysonrientes
Manuel Martínez Morales
M
ané se introduce al bar El Águila de Oro, cabizbajo y pensativo, pidiendo de inmediato un sotol doble a Malaquías, el cantinero. El Chon, Sidonio y el doktor Malacates, sus compañeros de andanzas, se sorprenden y lo interrogan: –¿Por qué esa cara, Mané? ¿Te peleaste con tu vieja o ya se te acabó la quincena? –No me jodan, a poco quieren que ande tan alegre como los senadores que con amplia y descarada sonrisa, saludando al respetable como reinas de carnaval, aprobaron la disposición que faculta a los consejos de administración de Pemex y la CFe a establecer políticas, bases, lineamientos y procedimientos para “el desmantelamiento, la enajenación, la afectación en garantía o el gravamen de sus instalaciones industriales, sus subsidiarias o en su caso sus filiales”. Ya ni la burla perdonan. Si no me lo crees, Chon, aquí está el diario con las fotos y la información. (“Ya vienen otra vez los mercaderes./ Ya vienen a llevarse tu riqueza,/ Tus cándidos tesoros,/ Tu color solferino,/ Tu morado rabioso/ Y únicos en el mundo, los ojos de tus niños.”) –No, pos ora sí que con eso acaban con la poquita riqueza que nos quedaba –apuntó Malacates. –Oyes Mané, explícame cómo está eso, pues no creo que los mexicanos seamos tan pendejos como para que nos pasen esas bolas de humo –pidió Sidonio. Como siempre, con aires de conocedor, Mané se apresta a impartir una disertación tequilera sobre el tema: –Iren ustedes, borrachos nada anónimos: desde 1938 nuestro país disfrutó, gracias a un presidente nacionalista, de un considerable margen de soberanía en el campo de la energía. El petróleo estatizado suministró las bases para el desarrollo industrial, el crecimiento de los sistemas de transporte y una multiplicidad de insumos empleados por el campo. Buena parte de la electricidad que consumen los hogares y las ciudades del país proviene desde entonces de los hidrocarburos nacionalizados. De hecho, desde los años setenta, cuarenta por ciento del presupuesto público se financia con las exportaciones petroleras. En fin, gracias al petróleo, las empresas nacionales y extranjeras no pagan los impuestos que deberían pagar para sostener la infraestructura y el equipamiento que permiten la operación de la economía que tantas ganancias les permite acumular. (“Ya no tendrás esquinas con vueltas de cilindro,/ Ni jardines de mantos,/ Ni ventanas de celo,/ Ni serenata tierna./ Ni habrá más lotería de cartoncitos.”) –¿Y entonces? –Lo que sucede, compañebrios, es que con el regreso del Pri a la presidencia se echa a andar una iniciativa que desnacionaliza este patrimonio del
pueblo mexicano, al romper el monopolio que tenía el Estado sobre los hidrocarburos y la producción de energía eléctrica. Y esto no puede dejarse pasar sin una amplia reflexión colectiva, pública, ciudadana, particularmente en Veracruz, que ha sido desde hace un siglo el territorio donde buena parte de la historia del petróleo ha tenido lugar. Tres de nuestras más importantes zonas urbanas prosperaron gracias a la industria petrolera (Poza Rica, Coatzacoalcos y Minatitlán), y en la actualidad la infraestructura construida alrededor de los hidrocarburos ocupa una parte significativa de nuestra entidad. Miles de trabajadores y familias dependen de este sector estratégico. También el sector eléctrico ocupa a una parte importante de nuestra población trabajadora y de nuestro paisaje, con presas, plantas nucleares y termoeléctricas que se pretende multiplicar. Ceder a la iniciativa privada la gestión y las ganancias de una actividad que a lo largo de décadas ha mostrado ser una extraordinaria fuente de riqueza no puede ocurrir sin consecuencias negativas para la población. Pueden cuestionarse muchos de los impactos generados por el manejo estatal de la industria eléctrica y del petróleo, pero más peligros que beneficios puede ocasionar la gestión privada (sobre todo extranjera), usualmente inclinada a no asumir sus costos ambientales. Por algo el presidente Cárdenas nacionalizó este recurso. (“Escucha cómo crecen las tinieblas del odio,/ Oye cómo caminan los desiertos del hambre,/ Cómo construye firmes paraísos la fiebre/ Y murmura cuchillos la prisión de la sangre./ Ven a ver cómo lloran las escuelas./ ¡Qué cielos de amargura filtran las vecindades!/ Las mujeres con alma de montaña/ Amasan en su rostro silencios vegetales.”) –Los cambios fundamentales a los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución representan dos pérdidas esenciales: pérdida de lo estratégico y de las rentas económicas derivadas de la propiedad originaria (irrenunciable) de los hidrocarburos y del aprovechamiento de los recursos naturales para producir electricidad. Y los senadores ríen y festejan… Cómo no voy a estar triste y encabronado a la vez –concluye Mané. Tratando de animar a la concurrencia, Sidonio recita otros versos del poema “Hombre de México”, de Aurora Reyes: Ven a cumplir tu entero destino, sombra clara; Te invocamos anónimo y auténtico, Hermano sin ayer y sin mañana, ¡Ven a morirte, Hombre de México! Te espera la impaciencia, Los encuentros te buscan, Arden las multitudes, Se queman las palabras. Surge ya, ¡capitán de la angustia!
•
José Juan T
4
las palabras del
L
i
a prolongada labor del historiador y crítico Luis Rius Caso, concretada y dada a la luz en el volumen Las palabras del cómplice. José Juan Tablada en la construcción del arte moderno en México (18911927), puede llevarnos a leer por primera vez, o en su caso, a releer a Tablada, no sólo al poeta, sino al crítico de arte y al personaje, y aunque ni los especialistas nos diéramos a esa tarea, diré que la casi óptima síntesis que logró resulta indispensable para los involucrados en la historia y la teoría del arte mexicano. Inclusive Octavio Paz se ocupó en extenso de Tablada, pero lo abordó predominantemente como poeta. La pesquisa de Luis Rius Caso recupera obras y ambientes fundamentales y, según un método que le es consabido, examina a fondo no sólo su trayectoria creativa a modo de antología, sino que también profundiza en lo que otros han dicho sobre ella. Trayectoria que por cierto ha sido a veces exaltada y otras ninguneada. Mi apreciación inicia con un disentimiento, pues en la introducción se anota lo que sigue: “Este perfil ideal [es decir el de Tablada] contribuye a superar la falsa dicotomía entre críticos e historiadores, de efectos nocivos en nuestra tradición.”Y apoyando la abolición de lo que considera una dicotomía entre crítica e historia del arte, cita a Francisco Calvo Serraller, alguien a quien leemos con fruición por diferentes medios desde hace tiempo. Calvo Serraller es un historiador relevante que, incluso, ha sido director del Museo del Prado, pero fuera de eso, como es más conocido es a través de sus notas de periódico: es un crítico de arte que puede referirse a casi todo, con preponderancia en las artes que llamamos plásticas. Es capaz de abordar a Tàpies con la misma soltura que a Picasso, a Sorolla, a Zurbarán, a Rubens, a Van Eyck o a la escultura románica, y en realidad no es un caso único: igual pueden mencionarse otros que han abordado decenas de temas aparentemente sin conexión o asociación directa entre ellos, verbigracia, el australiano Robert Hughes. Esa posibilidad supone voluntad de hacer y una relativa seguridad que, en cierto modo, implica tanto a Luis Rius Caso como a mí
Teresa del Conde
misma, para quien ha sido igual de apasionante escribir sobre Caravaggio que sobre Tamayo. Sólo que los mexicanos estamos condenados a ocuparnos sólo de lo nuestro, cosa que nos mina en la apreciación de lo propio. Así, salvo amigos, alumnos y seguidores, nadie sabe que he abordado en serio al pintor lombardo, como artista psicópata, pero no sólo en esa vena. No lo menciono por alardear, esa posibilidad de ocuparse de varios temas corresponde a una tradición que no es enciclopédica pero sí secuela, aunque lejana y parcial, del humanismo, y resulta de una formación (o si se quiere deformación) en la que si alguien aspiraba a ser historiador del arte, se pretendía y hasta se imponía tener conocimientos globales tanto de la historia del arte mexicano como del universal. El énfasis, tan necesario, en las especializaciones, se iba dando paso a paso. Uno se iba formando (y deformando) sobre la marcha, con el correr del tiempo. No hay voluntad de cesar en el aprendizaje. También es cierto que el crítico de arte, de literatura, de cine, de lo que sea, tiene dos compulsiones; la primera es la lectura no necesariamente muy “organizada” en cuanto a temática, y la segunda es la necesidad escritural, el no soltar la pluma, día con día. El crítico de arte habla predominantemente de lo que está ocurriendo en el presente y, si se ocupa del pasado, lo hace porque posee bases de formación y curiosidad histórica, pero habla del pasado a través de enfoques que considera de algún modo “presentes”. Eso encaja perfectamente con Tablada y está desmenuzado con erudición, soltura y humor por Rius Caso. Lo escogió por años como tema de estudio debido a la afinidad que siente con él, que ha acabado por denominar “complicidad”. Pero no sólo eso: a este autor contemporáneo, hijo del poeta Luis Rius, a quien recordamos con tanta simpatía, siempre le han interesado profundamente las palabras del otro, lo que redunda no sólo en su actividad docente y académica, sino también en sus autorías y colaboraciones librescas, varias de las cuales, como ya insinué, tienen como eje lo que denominamos “fortuna crítica”. Por lo demás, es sabi-
Criptograma de Tablada
do que Rius Caso practica por escrito y en curadurías la crítica de arte, tanto, que declara que uno de sus proyectos a realizar tal vez tenga como meollo la historia de la curaduría. Ojalá lo haga para gozo y tormento de tirios y troyanos. Tablada sería uno de los iniciadores de esta actividad tan vigente e indispensable, a través de los guiones que tiempo ha propuso.
ii
Para muchos especialistas del presente y del pasado, resulta ideal que un crítico sea historiador, pero para ser crítico basta con practicar el género, que arranca de la literatura, no de la historia. No sucede así con la historia ni con la práctica de historiar, que a veces, como me ha explicitado Fausto Ramírez Rojas, pude verse influida negativamente debido a la actividad crítica que suele tener espacios fijos de entrega y lapsos reducidos entre el abordaje de un tema y otro. Como réplica a este sabio colega y compañero universitario, diré que ese es precisamente el “chiste”, si alguno, de la crítica de arte. Para funcionar, es decir, para tener alguna repercusión, tiene que ofrecer, además de periodicidad, ciertas dosis de espontaneidad y de expresión personal y evitar a toda costa la pretensión de establecer verdades irrebatibles. A eso suele llamársele “impresionismo” y tal vez lo sea. Hay algo académico que puede añadirse a favor de la crítica: sus productos con
ablada:
7 de septiembre de 2014 • Número 1018 • Jornada Semanal
cómplice
El puñal, criptograma de Tablada
harta frecuencia se convierten en ladrillos de la historia, pero es cierto que la edificación concreta es producto de la práctica histórica. Lo ideal es que también los historiadores “puros” sean críticos. La citada alocución de Luis Rius Caso encuentra negación en su propio libro. En referencia a Tablada, la especialista contemporánea Adriana Sandoval, a propósito de la aclamada Historia del arte del poeta anota que “en una obra de esta naturaleza que se escribiera hoy en día, se esperaría un mayor rigor académico”. Ella lo espera así, exculpando a Tablada por ser de tiempos pasados. En realidad es bien posible que Sandoval esté comparando esa obra con otras, como la de Revilla por ejemplo, que Rius Caso también revisa. ¿Tuvo José Juan Tablada fortuna crítica? Veamos. En la visión de Rius Caso, y acorde con las modalidades en boga de la escritura artística, declara estar animado “por un interés de micro historiador”, y si examinamos con detalle la vigencia de la microhistoria a través no sólo de publicaciones, sino sobre todo de exposiciones, necesariamente caemos en cuenta de dos cuestiones, ambas discutibles: a) El juicio crítico ciertamente es oscilante. Por ejemplo: no es igual para una misma persona haber abordado a Frida Kahlo en los setenta tardíos o en los ochenta, que hoy día. b) El disfrute o simpatía del autor comentarista con el personaje que trata, cualquiera que éste sea, juega un papel preponderante. Tiene que existir una cierta dosis de enamoramiento, así sea virtual y a distancia y, por lo tanto, acaso también de repulsa. A Rius Caso le cae bien Tablada, aun y cuando éste no le cayó bien a Diego Rivera cuando lo retrató en uno de los paneles de la SeP , comentado con ardor negativo por Guillermo Sheridan y recogido en el inciso titulado “Descartando excesivos elogios a Álvaro Obregón y a José Vasconcelos”: Diego lo representó para la posteridad “como un enfermizo y afeminado Orfeo con la barba de tres días, pupilas de marihuana y ojeras de verde ajenjo”. Por su parte, J . C . Orozco abominó a Tablada cuando éste lo calificó de Mexican Goya. El jalisciense le espetó a Alma Reed: Of course it is a very great honor, but I am very, very tired of it. (“Por supuesto, es un gran honor, pero estoy muy cansado de él.”) El capítulo que corresponde a “Descartando excesivos elogios a Justo Sierra” alude al “poder transgresivo” de Tablada durante su juventud y a “la alta valoración que en círculos cultos se tenía de los poetas como conocedores y comentaristas (críticos o no) de las artes plásticas, misma que deriva de la incorporación local de la línea de tradición clásica que vincula artes visuales y verbales. Tal vez el mejor ejemplo en ese aspecto sea el Laocoonte, de Lessing, precisamente porque se propone como límite. La condena por parte de doña Carmen Romero Rubio del poema de Tablada “Misa negra” da margen para conocer los límites de la anuencia concedida a la expresión erótica durante la paz porfiriana: Tablada esposo y Tablada diplomático
Y celebrar ferviente y mudo Sobre tu cuerpo seductor ¡lleno de esencias y desnudo La Misa Negra de mi amor!
El hecho de la censura dejó efectos en la construcción del poeta en cuanto a la audacia implícita en mezclar un afrancesamiento, que resultaba admisible y atractivo, con la vertiente maldita de los decadentistas. Rius Caso no elude la frecuentación de Tablada a los paraísos artificiales, de los que el escritor quiso apartarse aunque volvió a visitarlos al grado que requirió de una “limpieza”, es decir, lo que ahora equivale a desintoxicación seguida de rehabilitación.
iii No están las fechas de Tablada en el grueso de la narración. Tengamos por eso en cuenta que tuvo larga vida, con hartas vicisitudes. Nació en Coyoacán en 1871, murió en Nueva York, a donde se trasladó de nuevo durante la última etapa de su vida, el 2 de agosto de 1945. Por un tiempo largo fue funcionario diplomático. Queda muy claro en este libro, sin que por ello el trabajo se analogue a una biografía, o a un estudio de perso nalidad, que Tablada era de temperamento convenenciero y ambicioso, y dio un viraje político a su trayectoria, del que quizá nunca pudo reponerse, al situarse del lado de Victoriano Huerta con todo y el dolor implícito que se supone expresó por el sacrificio de Madero y Pino Suárez. Pero Tablada quiso estar cerca del príncipe, y no le importó de cuál, mientras más cerca, mejor; primero fue don Porfirio y luego Madero, siempre y cuando el príncipe estuviera vivo y vigente. Hasta una oda dedicó a Huerta. Luego quiso matizar la cuestión y se volvió carrancista. Y eso sucedió porque Carranza lo invitó a colaborar. Tablada japonesista, crítico de arte y hasta gourmet, fue huertista. Para la memoria del mexicano “normal”, eso hoy día puede todavía resultar imperdonable, y no sólo debido a la heroificación de Madero. Esto se ilustra mediante una comparación con Alfredo Ramos Martínez, “fundador en pleno oscurantismo huertista de la Primera Escuela de Pintura al aire Libre”. Alfredo, que era muy decente y vestía a la inglesa, supo congeniar con el régimen y hacer contribuciones decisivas, “sin enlodarse tanto como el poeta”. No se enlodó porque no dejó escrito una especie de panegírico a Huerta. Tablada se enlodó con La defensa social. Historia de la campaña de la División del Norte 1913. Es pertinente la visión de Rius Caso para abordar tanto al personaje como a la época de la que hay vislumbres y, en ocasiones, detalles encantadores más propios del quehacer de un prosista que sabe novelar que de un historiador. Entre estos detalles están las consideraciones sobre la casa coyoacanense de Tablada, que era como un santuario. El poeta se casó dos veces, y la segunda esposa, Nina, que dejó publicadas unas memorias, le tuvo la paciencia necesaria para atender, como se dice, “su último suspiro”, un suspiro que debe haber sido un haikú. Fue el interés en la otredad japonesa lo que le permitió a Tablada escudriñar con tino y sentido poético lo que todavía puede considerarse que fue una coda prolongada del modernismo latinoamericano
•
5
ENSAYO
7 de septiembre de 2014 • Número 1018 • Jornada Semanal
6
juventino Leandro Arellano
Obertura Entre la República liberal y el Porfiriato vivió su corta vida el artista. Nació Juventino cuando se establecía la República liberal, fresca aún la memoria del Imperio de Maximiliano de Austria, el 25 de enero de 1868, en Santa Cruz de Galeana, Guanajuato, una fértil población agrícola en el corazón del Bajío, cercana a Celaya. La pequeña ciudad lleva hoy el nombre de su hijo más dilecto. Los padres de Juventino fueron Jesús Rosas y Paula Cadenas. De origen humilde, su padre militó en las filas republicanas, siendo músico de oficio. Fue su padre quien le enseñó a tocar el arpa y el violín, y pronto sorprendió Juventino a los oyentes con su virtuosismo. Agotado y empobrecido el país por las sucesivas guerras y levantamientos, la familia se marchó a Ciudad de
México en 1880, cuando Juventino contaba con doce años. Allá, la familia formó un grupo musical ambulante, en el que el padre tocaba el arpa, Juventino el violín, su hermano Manuel la guitarra y su hermano (o hermana) Patrocinio, cantaba. La familia vivió con pobreza y dificultades en el barrio de Peralvillo, donde Juventino trabajaba como campanero y cantaba en una iglesia de la zona. Luego, los Rosas formaron parte de dos orquestas de baile: la de Los hermanos Elvira y la de Los hermanos Aguirre. En 1885 Juventino ingresó al Conservatorio Nacional de Música, con el apoyo y aliento del doctor Manuel m . Espejel –admirador de su talento. Ahí empezó a estudiar solfeo y teoría musical, y habría contado entre sus maestros a un discípulo de Verdi. A partir de las enseñanzas y de su paso por el Conservatorio se construyó una técnica sólida; el resto lo produjeron su sensibilidad y su vocación, cumpliéndose así la primera ley del creador: crear. Deambuló más adelante en varias orquestas de pueblo y así fue a parar a Cuautepec, en el Estado de México, donde al parecer enseñó música y fue maestro de escuela. Hacia los veinte años de edad, Juventino compuso el vals que le daría inmortalidad. Difieren las versiones sobre el lugar que lo inspiró y las circunstancias de su composición, igual que sobre el nombre original. Pero ninguna duda hay de su autoría y de su inspiración: una mujer que amaba, Mariana o Dolores. ¿Sólo la pasión es fecunda? Pronto el vals se hizo famoso y, como si hiciera falta, para confirmar su capacidad, Juventino compuso el vals Carmen, dedicado a Carmen Romero Rubio, esposa de Porfirio Díaz, el cual alcanzó tanta fama en ese entonces como Sobre las olas. La Casa Editora Wagner y Lieven imprimió la obra de Juventino entre 1888 y 1892.
anda so
Allegro ma non troppo Hay testimonios de que Guillermo Prieto, Manuel Gutiérrez Nájera y Juan de Dios Peza frecuentaban los círculos sociales donde Juventino tocaba en aquellos años noventa del siglo antepasado, y Amado Nervo lo elogia sin reparo. Hacia 1890 alcanzó el cenit de su gloria pero, más adelante, al parecer una decepción amorosa lo hizo volver al alcohol, flaqueza contra la que ya había batallado anteriormente. Habría llevado una vida pobre y no muy ordenada, dejándose arrastrar por la bohemia. Como tantos otros guanajuatenses –una tradición que no se detiene a pesar del tiempo–, Juventino se encaminó hacia el norte, y de paso tal vez se detuvo a tocar en Monterrey y Saltillo. Hace falta una investigación seria sobre los meses durante los cuales Juventino recorrió tierras estadunidenses, pero se sabe de firme que participó en la Exposición Internacional de Chicago, la cual tuvo lugar del 1 de mayo al 30 de octubre de 1893. Allí fue ovacionado y
“
“Sobre las olas, este vals que hace cosquillas en el recuerdo.”
“
C
omo en no pocas biografías de numerosos autores de la antigüedad, poco se sabe con certeza de la existencia de Juventino Rosas, muy contados datos de su vida se conocen a pesar de la cercanía del México de la segunda mitad del siglo xix . Mas no sólo eso comparte con aquéllos pues, sobre todas las cosas, su obra toca virtudes de los griegos, quienes entre todos los valores destacaban la belleza. La humanidad posee pocas cualidades más altas. A más de un siglo de su muerte, su obra se mantiene viva y rozagante. El Álbum musical de Juventino Rosas, publicado por el gobierno del estado de Guanajuato en 1994, en recordación del primer centenario de su fallecimiento, contiene parte de su creación, “aproximadamente la tercera parte de su producción”. Se trata de treinta y dos obras, lo cual significa que Juventino debió crear alrededor de un centenar de piezas: valses, romanzas, danzas, danzones, mazurcas, polcas, marchas, chotises... La música popular mexicana del siglo xx es formidable. Durante una época, la fortuna me llevó a buena parte de los países asiáticos del Pacífico, donde con grata sorpresa iba hallando que en restaurantes y hoteles en los que me alojaba casi siempre contaban con piano o algún grupo musical en el vestíbulo, cuyos repertorios nunca fallaron en la inclusión de varias piezas mexicanas. En Osaka y Kuala Lumpur, en Manila o Singapur, en Bali y Hong Kong se siguen escuchando reiteradamente “La cucaracha”, “Bésame mucho”, “Cielito lindo”, “Esta tarde vi llover”... Aunque no pertenece al género popular, entre la música mexicana quizá ninguna obra es tan conocida en el mundo entero como Sobre las olas, el mejor vals vienés, como decía José Emilio Pacheco. Su enorme difusión no impide que muchos ignoren que se trata de un vals de autor mexicano, pues es conocido en todas las lenguas y países: Uber den Wellen, Sur les vagues, Over the weaves...
• Número 1018 • Jornada Semanal
artista es distinto al tiempo del calendario. El Danubio, los bosques, las montañas, la nieve, el frío que caracterizan a Austria, poco se asemejan a los valles semiáridos del Bajío, donde transcurrió la infancia de Juventino. Si la música revela la gran deza del silencio, como quería Una muno, la inspiración de Juventino se resolvía en contrapunto con el silencio y los aires del altiplano en una creación de arte mayor. La obra del joven guanajuatense fue resultado de su poderosa sensibilidad y de su ingenio.
Finale maestoso
Juventino en 1868
obre las olas obtuvo varios premios; luego se presentó en otras ciudades de aquel país hasta que zarpó de Tampa, Florida, con destino a La Habana, adonde arribó el 15 de enero de 1894. Al frente de la orquesta de una Compañía Italo-Mexicana, Juventino hizo una gira exitosa en La Habana y luego en varias ciudades de la isla: Matanzas, Santa Clara, Cienfuegos, Santiago... El 30 de junio preveía embarcarse a Nueva York y de allí continuar su viaje a Europa, pero lo retuvo una enfermedad. Con todos los cuidados médicos disponibles, el 9 de julio de 1894 murió Juventino, a causa de una mielitis –inflamación de la médula espinal–, en el poblado de Batanabó, cuando sólo contaba con veintiséis años de edad. Sus restos fueron trasladados desde Cuba en 1909 y la urna fue depositada en el Panteón Civil. En 1939 fue trasladada a la entonces aún llamada Rotonda de los Hombres Ilustres.
Piu vivace Con sólo escuchar su nombre, asociamos la imagen del vals con Viena, sobre todo con la era del imperio de Francisco José, quien reinó contra viento y marea de 1848 a 1916, y cuya caída abrió las puertas a la Europa parlamentaria y democrática del siglo xx . Más allá de las definiciones, casi todos podemos identificar el ritmo del vals: una música suave, sencilla y honda, que todos acogemos con gozo. la palabra “vals” proviene del alemán walzer, wälzen: girar, rodar. Es un elegante baile musical a ritmo lento, que surgió en El Tirol hacia el siglo xii , aunque fue hasta el xviii cuando adquirió notoriedad. En los orígenes tenía un movimiento asaz lento, pero se fue transformando en una danza de ritmo más vivo y rápido.
¿Qué mejor sitio para su desenvolvimiento y conso lidación que el entorno majestuoso y romántico de la Viena de los Habsburgo? La imagen del emperador Francisco José quedaría incompleta sin la compañía y el ensueño que envolvió al imperio, del hado cautivador y romántico que se creó alrededor de la Viena decimonónica. Por cierto que alrededor de la emperatriz Elisabeth, Sissi, el cine del siglo xx divulgó una imagen que no correspondía con el carácter de la esposa de Francisco José, pues no obstante pertenecer a la nobleza por derecho propio, no compartía las rigideces del ceremonial palaciego. Era la Viena del fin de siécle, ésa que construyó el formidable impulso que dio al mundo la generación de preguerra mundial en los más variados campos de la cultura, el arte, la música, la ciencia, la economía; la etapa que formó a los espíritus de Sigmund Freud, Arthur Schintzler, Hugo von Hoffmansthal, Otto Wagner, Gustav Klimt, Arnold Schoenberg, Oskar Kokoschka, Adolf Loos, Karl Kraus, etcétera. Varios compositores inmensos, como Tchaikovsky y Chopin, compusieron valses famosos, pero es Johann Strauss, el compositor vienés, con quien ese ritmo alcanzó su máxima expresión. Strauss colmó el universo por el que se conoce el vals hasta la fecha: Emperador, Sangre vienesa, Cuentos de los bosques de Viena, Vida de artista, Voces de primavera, Danubio azul, son obras suyas. A Strauss se le llamó el rey del vals. Contemporáneo de Strauss y Franz von Suppé, Juventino se hallaba muy alejado geográficamente de los paisajes que los inspiraban a ellos. Además, en el México hondo de aquel entonces se fermentaban las fuerzas que desembocarían en la explosiva revolución social de 1910. La corta vida de Juventino no tuvo demasiadas opciones entre la pobreza y la paz porfirianas. Pero el tiempo del
El currículum escolar mexicano no parece muy interesado en las artes musicales en la actualidad. Aunque no solfeo ni teoría musical, en nuestra adolesc encia recibimos en secundaria clase de música. Pero fue mi hermana mayor quien me aficionó a los valses de Strauss, sin sospechar que años más adelante la fortuna me llevaría a una estancia en Viena como diplomático, por poco más de cuatro años. Entre los gozos de aquella estancia insiste la memoria en una tarde de otoño de 1984. Vestidos impecablemente, las damas de vestido largo y blanco y los varones de riguroso smoking negro, e invitados no recordamos bien si por las autoridades de la ciudad o la Cancillería austríaca, acudimos al baile de gala anual de la Neue Hofburg, el palacio de invierno de los emperadores, transformado ya en Centro de Conferencias. Toda la velada consistió en nada más que bailar vals, comprobando que bailarlo efectivamente consiste en girar sobre todo, ritmando los compases con deslizamientos uniformes y agilísimos. No desentonaron, entre las austríacas, las notas del com positor guanajuatense. En su libro Éxodo y las flores del camino, Amado Nervo se conduele de las vicisitudes que le tocó encarar al maestro guanajuatense, al tiempo que asombrado narra cómo, ya en su tiempo, en su propia época –al turnarse los siglos xix y xx– escuchaba el famoso vals en un buque a su paso por las costas irlandesas, en tabernas y cafés de París, en una sala de conciertos en Zurich, las mayoría de las veces con desconocimiento del verdadero autor. Más penosa aún debió ser la pobreza que asoló al iluminado Juventino, cuyo ingenio e inspiración le hubiesen ofrecido mejores posibilidades de vida en naciones menos inequitativas. Vocación constante y fervientemente desarrollada la de Juventino, a juzgar por las contrariedades que a cada rato debieron desviarlo o distraerlo. Pero no hay que verlo todo por el lado trágico; hay que verlo con largueza. El hombre no perdió su anhelo ni su combustión espiritual, y fue a la postre un artista que se situó por arriba del promedio. Juventino vive en la memoria de los hombres y de los siglos. En Youtube se puede hallar, entre muchas, la interpretación de una orquesta rusa con enorme sentimiento, con la misma pasión que le infunden las bandas de viento de Guanajuato. Mediante la teoría musical sabemos que la música sólo puede expresar sentimientos y estados de ánimo, pero Pablo Neruda halló una virtud adicional. En su librito Comiendo en Hungría escribe: “Sobre las olas, este vals que hace cosquillas en el recuerdo.”
•
7
Jornada Semanal • Número 1018 • 7 de septiembre de 2014
Xabier F. Coronado
La caída del comunismo se convirtió en el colapso de Rusia y de Occidente. Alexander Zinoviev
Construcción y desmantelamiento del Muro Vivíamos en una isla en el corazón de Alemania socialista, cercados por un muro de cuarenta y cinco kilómetros que rodeaba la ciudad. Adonde quiera que se iba se erguía el muro. José María Pérez Gay
Comparada con otras capitales europeas que sobrepasan el milenio de existencia, Berlín es una ciudad relativamen-
in
f
n el verano de 1989, un grupo de amigos viajamos desde el País Vasco al este de Europa. En realidad íbamos a “Europa del Este”, tér mino que implicaba un conglomerado de conceptos polí ticos, económicos y culturales. Antes habíamos gestionado los visados turísticos para poder entrar en Checoslovaquia y Hungría: un par de sellos llamativos que pasaron a ilustrar y dar categoría internacional a nuestros pasaportes. En agosto, después de estar más de una semana disfrutando de Praga –donde se celebraba una convención del partido comunista que tenía la ciudad empapelada de carteles–, cruzamos la frontera con Hungría. Nos llamó la atención el movimiento de gente que encontramos; en ese momento no pudimos saber lo que pasaba, eran otros tiempos en cuestio nes de comunicación y, además, estábamos de vacaciones. En Budapest, esa maravillosa ciudad unida en sus dos partes por el Danubio, se vivía un ambiente de cambio político: en el mes de mayo el gobierno húngaro había decretado la apertura de la frontera con Austria y promovido la rehabilitación pública de Imre Nagy, líder y víctima de la reprimida sublevación antisoviética de 1956. De camino a Sopron, por donde pensábamos salir del país para visitar Viena, nos enteramos de que se había desatado una crisis en la frontera; filas de coches, gente y policías saturaban el paso entre Hungría y Austria. Entonces nos dimos cuenta de la dimensión del asunto. Algo se estaba moviendo a nivel popular y parecía que iba a ser difícil controlarlo. A pesar de tener esa impresión, nadie podía prever que aquellos acontecimientos cul minarían pocos meses después con la caída del Muro de Berlín, símbolo de la guerra fría y frontera entre dos maneras antagónicas de concebir la vida social, política y económica de los pueblos. La crisis de fronteras de aquel verano abrió una fisura en el “telón de acero” por donde se filtró la corriente de cambios que iba a propiciar la demolición del Muro, a transformar la Europa del Este e incluso desmembrar al gigante soviético.
te reciente (1237), pero sin duda es la que refleja con más fidelidad la historia contemporánea del viejo continente. En 1945, al término de la segunda guerra mundial, los acuerdos de la Conferencia de Potsdam dividían Alemania en cuatro zonas de ocupación controladas por los vencedores. Berlín, que había quedado en el territorio de dominio ruso, también fue fraccionada en cuatro sectores. En 1948 la ciudad quedó prácticamente dividida en dos partes como consecuencia del bloqueo soviético a la zona administrada por los países occidentales. Este hecho obligó a establecer un puente aéreo desde el oeste de Alemania que durante once meses abasteció Berlín Occidental. En mayo de1949 la pretensión rusa de una Alemania unida se vino abajo con la fusión de las tres zonas dominadas por las potencias occidentales que formaron la República Federal de Alemania ( rfa ); en consecuencia, la superficie controlada por la Unión Soviética se convirtió meses después en la República Democrática Alemana ( rda ). Un país dividido por una frontera casi infranqueable de mil cuatrocientos kilómetros que recorría de norte a sur el territorio, desde el mar Báltico hasta Baviera. En el sector oriental de Berlín se estableció la capital de la rda y la ciudad era el reflejo de la división mundial en dos bloques: el capitalista y el comunista. A pesar de todo, en Berlín había cierta permisividad de tránsito, lo que propició un flujo de gente que pasaba al sector occidental. Las cifras eran significativas: entre 1945 y 1961, más de tres millones y medio de personas aban donaron la rda y se calculaba que por lo menos la mitad lo había hecho a través de la ciudad. Esta migración clandestina era facilitada porque decenas de miles pasaban cada día de un lado a otro, sobre todo por motivos laborales. La mayoría eran ciudadanos de Berlín Oriental que trabajaban en la zona oeste, pero también muchos berlineses de la zona internacional cruzaban al este y tanto unos como otros se beneficiaban de las condiciones económicas diferentes que se vivían en cada lado. Ese tras iego de personas, que eran conocidas como los “cruzafronteras” (Grenzgänger), representaba un problema social que estaba afectando la planificada economía de la rda . Sin previo aviso, la noche del sábado 12 de agosto de 1961, el gobierno de Alemania del Este comenzó la edificación de un muro para separar su capital de la parte occidental de la ciudad. Las autoridades lo denominaron “muro de protección antifascista” (Antifaschistischer Schutzwall) y con su construcción pretendían controlar de manera más eficaz la migración de los trabajadores y profesionales socialistas hacia occidente. A pesar de la creación del Muro de Berlín, los intentos de pasar al otro lado
u m l e d
el
E
9 de noviembre de 1989, multitud celebrá la apertura de los pasos fronterizos a lo largo del muro de Berlín
a
la ca íd
8
de
la
co n t i n u a ro n p e ro fueron reprimidos de forma violenta. Todavía es incierto el saldo de víctimas mortales du rante los veintiocho años que el Muro se mantuvo en pie, pero se calcula alrededor de las doscientas. La estructura divisoria fue evolucionando a lo largo de los años, y en la década de los ochenta había un muro de “cuarta generación”, de 3.60 metros de altura y 45 mil secciones inde pendientes de hormigón. La tarde del 9 de noviembre de 1989 Günter Scha bowski, portavoz del politburó del Partido Socialista ( sed ), anunció de forma sorpresiva, en conferencia de prensa televisada, la derogación de las limitaciones a los permisos de viaje para los ciudadanos de la rda . Aunque los berlineses no se lo esperaban, esa noche salieron masivamente a la calle; así comenzó el desmantelamiento de un muro que había permanecido en pie durante casi tres décadas.
Consecuencias Un poder no democrático nos gobierna, los gobiernos son comisarios políticos del poder económico. José Saramago
Con la caída del Muro de Berlín, que separaba los dos grandes bloques que regían el destino del planeta, se derrumbaron los gobiernos denominados comunistas, que basaban su visión organizativa del pueblo en ideas
7 de septiembre de 2014 • Número 1018 • Jornada Semanal
u ro
de
Be da d
rlín:
marxistas que se habían ido transformado con el ejercicio del poder. La primera consecuencia fue la ruptura del equilibrio que produce la dualidad, hecho que ha modificado la relación de fuerzas a nivel mundial y el concepto de soberanía. Al no tener contrapeso, la democracia occidental ha ido transformándose en un modelo que, asentado sobre la idea de la globalización, pretende imponerse en todos los continentes como la mejor opción y la única éticamente aceptable. En palabras del filósofo Alexander Zinoviev: “Hoy vivimos en un mundo dominado por una sola fuerza, una ideología, y una de las partes globaliza a las otras.” (“L’Occident est devenu totalitaire”, Le Figaro-Magazine, 24/ vii /99.) Desde entonces la divergencia entre la democracia formal y la real no para de crecer. Los grandes partidos, antes casi antagónicos, han homogeneizado sus propuestas y en la práctica ya no existen diferencias entre unos y otros; no hay verdadera oposición al poder, salvo la de pequeñas minorías. Como consecuencia de esta falta de alternativas, una gran mayoría de electores se abstiene de votar; de esta forma, el sistema democrático se convierte en algo ficticio y totalmente neutralizado, pues no implica participación activa ni pluralismo. Hace veinticinco años, la desaparición del Muro de Berlín marcó el final de un largo proceso histórico de transformaciones políticas, económicas, laborales e ideológicas. A partir de entonces se desató un poder sin precedentes del capitalismo, que está modificando radicalmente la sociedad. Se produjo una expansión generalizada de la cultura del consumo en todos los ám bitos sociales del planeta, lo que supone una creciente uniformidad en los modos de vida. Actualmente, las conquistas sociales logradas durante el pasado siglo desaparecen sometidas a los conceptos de productividad y rentabilidad. La política neoliberal impone un totalitarismo económico que está al margen de los procesos de decisión popular y ejerce el poder real por encima de los Estados nacionales que, en la práctica, han perdido soberanía. El poder financiero supranacional ha sometido al poder político, incluso en los países occidentales, y todo parece tender a la formación de un gobierno mundial homogéneo controlado por los líderes del comercio internacional. El poder global se impone a través de una ideología mercantilista y un discurso humanitario manipulado. Es importante resaltar el papel que ejercen los medios de comunicación y las nuevas tecnologías en este proceso. Llama la atención la difusión de una cultura alienante que basa la felicidad en el consumo y tiene co-
a u d a
i l
Arriba: Un guardia de Alemania oriental conversa con un occidental a través del Muro. Finales de noviembre de 1989
Abajo: Placa conmemorativa que se repite a lo largo de todo el trayecto donde estaba el Muro Fotos: www. wikiwand.com
“
Esperemos que, como hace veinticinco años, haya una reacción popular capaz de derribar este muro y terminar con la nueva dictadura que nos atenaza.
mo ejes fundamentales el dinero, el sexo y la violencia. Todo esto nos convierte en una sociedad heterónoma sometida a un poder ajeno, sostenido por fuerzas impersonales, que nos mantiene controlados y nos impide el libre desarrollo de nuestra naturaleza.
El muro de la globalización La revolución ya no es posible, pero la revuelta lo es más que nunca. En cierto modo, el futuro pertenece a los rebeldes. Alain de Benoist
La caída del Muro de Berlín supuso el fin de la dualidad que mantenía el equilibrio. Como consecuencia, Estados Unidos y sus aliados se erigieron como potencia hege mónica. Parece que se imponen las tesis más aciagas del neoconservador Francis Fukuyama, que en su controvertido libro El fin de la Historia y el último hombre (1992) anunciaba “el punto final de la historia ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno humano”. Desde que se rompió la vieja dualidad política y económica, el poder preponderante actúa sin oposición real a pesar de la aparición de nuevos contrarios –terrorismo internacional, narcotráfico, fundamentalismos, nacionalismos extremos, revueltas, etcétera–, muchas veces es timulados por el propio sistema plutocrático para ate morizar a la población y justificar la imposición de una política alienante y devastadora. El poder totalitario ejercido por el sistema está construyendo un nuevo muro alrededor de todo el planeta: el muro de la globalización. Una muralla levantada gracias a la mundialización de un neoliberalismo económico voraz que empeora las condiciones de vida de la mayor parte de la humanidad y deteriora de manera irreversible la naturaleza. Esperemos que, como hace veinticinco años, haya una reacción popular capaz de derribar este muro y terminar con la nueva dictadura que nos atenaza. Hay que ser optimistas y creer que el cambio aún es posible. Lo primero será buscar la fisura que permita destruir esa muralla de la globalización que nos mantiene en un supuesto orden mundial, donde lo único que parece ordenad o es el desequilibrio entre pueblo y Estado supranacional, entre humanidad y naturaleza. El desmoronamiento de este mundo desatinado e injusto sólo se podrá lograr a base de rebeldía. Una rebeldía que emergerá, más que por cuestiones políticas, por la reacción popular ante la falta de libertad real y la pobreza generalizada, ante las discriminaciones sociales y la insostenible situación del medio ambiente. También se necesita un enfoque diferente sobre el verdadero sentido de la vida del hombre sobre la tierra, que sustituya la obsesiva búsqueda de poder económico, social y político que el sistema nos impone. Una visión basada en valores que tiendan al equilibrio con nuestro medio, a la realización personal y comunitaria, a la solidaridad desinteresada, a la autocrítica, a la conciencia de especie y la recuperación de la armonía que los humanos perdimos desde el comienzo de la historia, al tomar un camino equivocado que sólo produjo guerras, destrucción y sufrimiento. En definitiva, hay que encontrar alternativas que generen cambios reales de los que retoñe algo nuevo, ajeno a la dinámica repetida de vuelta a empezar por caminos ya recorridos que llevan a lo de siempre. Es la única esperanza para una humanidad que está rebasando sus propios límites y marcha forzosamente hacia una crisis final de proporciones desconocidas
•
9
“
Berlín
10
25 años después:
sinfonía de una metrópoli Sección del muro de Berlín actualmente en la Potsdamer Platz. Foto: www.wikiwand.com
esther Andradi
“Q
ue veinte años no es nada”, dice el tango, pero veinticinco parecen una eternidad. A un cuarto de siglo de la caída del Muro de Berlín, y de la disolución de la guerra fría y la Cortina de Acero que tensionaba el mundo, la ciudad ha cambiado tanto que casi no quedan rastros de aquellas costuras que la hicieron famosa. ¿Qué fue de aquella pared de más de cien kilómetros que separaba el este del oeste y bloqueaba calles, rieles del tranvía y se metía en los bosques, en el río, en los lagos? ¿Y cuando los trenes del Metro de Berlín Occidental no se detenían en las estaciones de Berlín del Este, excapital de la rda? Esos trayectos sólo existen en la memoria. La callecita estrecha que terminaba en la nada se transformó en una avenida. Resulta imposible imaginar el sendero a lo largo del Muro en los contornos de este edificio renovado que ahora constituye la Cámara de Diputados de Berlín. Y el parque, aquel sector del Tiergarten donde se erigían los miradores para turistas, ha devenido en un túnel para que el flujo de automóviles llegue con más celeridad a la Postdamer Platz.... que antes era un baldío minado y ahora es el centro neurálgico de esta ciudad. Bajo el efecto de un volantín, lo que estaba al derecho quedó al revés y viceversa. Desde entonces el movimiento es el protagonista de esta ciudad. Brazadas liberadoras y ajetreos que contracturan, contorsiones abruptas o pulsaciones apenas perceptibles, en Berlín todo se mueve. Se desplazan los barrios, se mueven las plazas, las calles cambian de nombre, se desmontan palacios y se reconstruyen castillos, se inventan playas donde no hay mar, emergen monumentos mientras otros se desmoronan. Deslumbrantes torres de vidrio compiten con viviendas sociales de los años cincuenta, monoblocks del realismo socialista con palacios neoclásicos, edificios del nazismo y la Bauhaus, discotecas en azoteas y mercados de pulgas y antigüedades, todo en un ejercicio continuo de contrastes extremos. Paradigma de estas turbulencias lo constituye el Castillo de Federico de Prusia, que durante dos siglos y hasta los años treinta supo ser símbolo del imperio prusiano en
Después de la unificación la ciudad registra dos zoológicos, dos bibliotecas centrales, tres óperas...
el corazón de Berlín. El edificio, seriamente averiado por los bombardeos durante la segunda guerra, fue dinamitado por el gobierno de la ex rda , y en su lugar se construyó el Palacio de la República, sede del Parlamento, lugar de encuentro con trece restaurantes, varias galerías de arte, discoteca... Pero en 1990, después de la reunificación alemana, el Palacio de la República fue declarado insalubre –metáforas aparte– por su alta concentración de amianto. Después de numerosas consultas ciudadanas en busca de consenso, fue derribado. Pero esta vez sin dinamita sino desmontando pieza por pieza, tal como había sido construido, a fin de proteger los edificios cercanos de posibles ondas destructoras. Y en su lugar, ahora sí, se construirá una réplica del antiguo Palacio Real, cuyos costos siderales erizan la piel de la sensatez. Mientras tanto, en pleno centro de la ciudad, a orillas del Spree, y en ese conglomerado histórico sobre el tradicional Boulevard bajo los Tilos, hay ahora un hueco enorme donde se asientan maquinarias y grúas, símbolo del baile superlativo de esta ciudad, capaz de generar sus propias ondas sísmicas. Pero no sólo la arquitectura y la mirada sobre la ciudad y los transportes públicos circulan por circuitos antes bloqueados, cerrados, colgados. También los grupos humanos se desplazan y son desplazados, mudan los vecinos de los barrios, acaso con demasiada rapidez, y los turistas
del mundo y de Alemania se han volcado a caminar Berlín y la declaran top después de París y Londres, quien te ha visto y quien te ve. Más de once millones la visitaron el año pasado y la tendencia sube año tras año. De hecho, el turismo representa el principal ingreso; luego le siguen la moda, el diseño, la tecnología informática...
LA CiudAd Más dináMiCA de europA El alcalde Klaus Wowereit, que en pocas semanas deja su cargo porque decidió renunciar dos años antes de que termine su período, fue el gestor político de la imagen del Berlín actual. Candidato de la socialdemocracia en 2001, produjo un terremoto al asumir públicamente su homosexualidad en un discurso que lo catapultó a la popularidad: “Soy maricón...” –dijo– “y está muy bien así”. Fue el primer político alemán en salir del clóset, y su declaración fue como la caída de otro muro en la ciudad. De golpe se abrieron las compuertas para que emergiera el Berlín tolerante. A pesar de la crisis social y las diferencias entre este y oeste. “Pobre, pero sexy”, como Wowereit también la definió. Pero como todo cambia, trece años después la popularidad del alcalde Wowereit cayó en picada. Las inversiones tienen sus límites, la nivelación que aspira armonizar ambas partes de esta ciudad avanza más lentamente de lo esperado. Hace años que tendría que haberse inaugurado el aeropuerto de Berlín, pero aún no se encuentra la forma de superar dificultades técnicas para levantar vuelo. Al contrario, lo único volátil son los millones de euros que se evaporan cada día. O se hunden en las promesas. Y con él, el alcalde que fue la esperanza berlinesa durante años. Pero también es el alcalde que dijo: “nadie tiene derecho a vivir en el centro de Berlín” y con ello abrió la puerta a los “inversores”. Los inversores son la figura que aparece cuando hay problemas para resolver. En el caso de la vivienda, los inversores vienen comprando calles completas de edificios. Con inquilinos incluidos. A éstos se les ofrece una indemnización bajo el pretexto de modernizar. Una
7 de septiembre de 2014 • Número 1018 • Jornada Semanal
11
vez renovados, los departamentos tienen un costo inalcanzable para los vecinos. Así se va produciendo lo que en términos sociológicos se denomina “gentifricación”, es decir, el desplazamiento de sectores sociales hacia la periferia de las ciudades. En ese avance, el año pasado la East Side Gallery, el último vestigio del Muro (ver recuadro), fue arbitrariamente abierta para dar paso a las topadoras de la firma inmobiliaria que construye Living Levels, en la ribera del Spree. Una torre de sesenta y tres metros de altura, con amplias fachadas completamente vidriadas, a fin de permitir la visualización del río desde cualquiera de las habitaciones. Para mirar el futuro. Con otros ojos.
CiudAd de pobres CorAzones Al mismo tiempo, Berlín sigue teniendo una tasa de desocupación de 11.1 por ciento, sólo superada por Bremen con 11.2 por ciento, y un 15.2 por ciento de la población vive de los programas de ayuda social. Según informes de la Asociación Paritaria de Beneficencia Pública, uno de cada cinco berlineses estaría amenazado de caer en la pobreza, un porcentaje más alto que en cualquier otra ciudad alemana. ¿Qué significa pobreza? Para esta Asociación, la pobreza se mide cuando una familia dispone de menos del sesenta por ciento del ingreso promedio para satisfacer sus necesidades básicas. Si bien un cuarto de siglo después pocos son los vestigios de la vida anterior, lo que sigue haciendo ruido son las diferencias sociales que se generaron después de la apertura. A medida que pasa el tiempo se afirma la idea de que la unificación se hizo a costa de los ciudadanos de la exrda, por no haber incorporado experiencias positivas que caracterizaban al este. “No es posible que nada haya sido bueno”, dice Peter, artista circense del sector occidental de la ciudad. “Ellos tenían muchos avances en lo social que nosotros hemos desbaratado. Que cada niño tenga derecho a un lugar en una guardería, que exista la opción de doble jornada en las escuelas con almuerzo incluido. Estamos muy lejos de todo eso, y sin embargo, en la exrda tenían eso y mucho más.” Pero la cuestión mayor no siempre está en el bolsillo, aunque sea un lugar muy sensible. El alma es más que eso, según el testimonio de la escritora Susanne Schädlich, un caso bastante singular. La familia Schädlich emigró de la exrda a Occidente a fines de los setenta. Fueron años difíciles, afirma la escritora, porque debían “integrarse”. Se sentían “extranjeros” aunque vivieran en Alemania. En 1987 Susanne Schädlich se fue a Estados Unidos a trabajar como traductora y luego comenzó a escribir. En 1989 regresó a Berlín reunido y constató que allí la “adaptación” no era nada fácil. Veinticinco años después, muchos ciudadanos se siguen sintiendo en tránsito, según el ensayo que Schädlich escribió para Radio Cultura: “Si rápidamente logramos éxitos en nuestras profesiones, somos oportunistas, si hablamos de lo que se ha perdido, somos nostálgicos. Es como si no existiéramos en este país.”
Foto: www.wikiwand.com
impregnando la ficción desde hace un cuarto de siglo. Escritores que, como cualquier ciudadano, se vieron trasladados de país de un momento a otro aún sin moverse de su lugar de origen, porque desaparecían las coordenadas que conocían y se transformaban en “extraños” a pesar de compartir el mismo idioma. Desde la Medea, de Christa Wolf, publicada en 1996, que recrea el mito griego de la extranjera que, engañada, mata a sus hijos para vengarse de la infidelidad, en una dolorosa parábola sobre la disolución de la rda, hasta hoy, mucho ha pasado. Desde la sátira, lo fragmentario, la parábola y los testimonios, la caída del Muro y la posterior unificación de la ciudad y el país son fuente permanente de inspiración para diferentes generaciones. Esto puede verse, entre muchos ejemplos, en el libro presentado recientemente en el Literarische Coloquium de Berlin: Dos infancias, un libro, escrito por los autores Jochen Schmidt, en Berlín Oriental, la excapital de la exrda , y David Wagner, desde Bonn, la excapital de Alemania Occidental. Ambos tienen la misma edad, ambos trabajan los mismos capítulos: la habitación infantil, la sala de estar, la cocina, el baño, el jardín, la calle, la escuela, la plaza, con otros, en auto, vacaciones, tierra de nadie. El punto de llegada es el mismo: 9 de noviembre 1989: A mi madrastra inglesa, la extranjera, le da un ataque cuando ve a los alemanes de la exrda escapando por los jardines de la embajada de Alemania Occidental en Praga y Budapest, que agitan frente a la cámara de televisión el pasaporte alemán que acaban de recibir. ¿Y yo, que desde hace veinticinco años tengo que renovar siempre mi permiso de residencia, mientras ellos reciben la nacionalidad como un regalo?
Así comienza el último capítulo de David Wagner. Del otro lado está Jochen Schmidt, contando su experiencia como soldado mientras cumplía su servicio militar en la ex rda :
Wenderoman, LA noveLA de LA uniFiCACión Con toda las cargas de lo bueno, lo bello y lo feo, las vibraciones de la ciudad también llegaron a la literatura,
La compañía me saluda con tres Hurras por mi cumpleaños y yo respondo en consecuencia: ¡Al servicio de la República Democrática Alemana!
La East Side Gallery: memorial del Muro, con mil 316 kilómetros de largo, es la galería al aire libre más grande del mundo, con pinturas de ciento dieciocho artistas de veintiún países de todo el mundo.
LA FiesTA ConTinúA Entretanto, la ciudad continua su revuelta y este fin de semana, del 8 al 9 de noviembre, una instalación ilumina el recorrido a lo largo de lo que fue el Muro. Como para no olvidarlo. Siempre en movimiento continuo. Nunca más quieta. Ni las estatuas de Karl Marx, sentado, y Friederick Engels, de pie a su lado, se salvan de la mudanza. Antes, en el centro de la plaza frente a la Municipalidad roja, ahora en una esquina. Envueltos en una ráfaga de melancolía, viendo pasar la historia
•
en nuestro próximo número:
Bioy Casares cumple cien años
La Jornada semanal
Harold Alvarado Tenorio y Gustavo Ogarrio
@Jornadasemanal
El golpe de Estado chileno: dos filmes
jsemanal@jornada.com.mx
ARTE Y PENSAMIENTO ........
7 de septiembre de 2014 • Número 1018 • Jornada Semanal
12
Naief Yehya
Gustavo Ogarrio para Mariela
A
GOSTO ES UN PASEO de aguas cristalinas en el sueño de antílopes sin pasado, una broma poblada de magníficos huecos en los dientes. Es también un metal de ojos vacíos que castiga los últimos días del verano, que mira sin mirar las fiebres en las que los nenes aprenden a relacionarse con el fuego. Puedo hablar del fin de las lluvias y de este mundo paralelo que se llena de hormonas en el cereal con leche y de transgénicos que son ya la intimidad velluda del maíz y de los esquites con mayonesa y limón y de
PERFILES
Agosto
La propaganda de los muertos reales y los “telegénicos” en Gaza (ii y última) Vieja y nueVa propaganda Debemos a la Iglesia católica la invención de la propaganda, ya que desde el siglo xvi creó instituciones para propagar la fe y contrarrestar la reforma protestante. La fase moderna de la propaganda comienza con Edward Bernays (1891-1995), el célebre “padre de las relaciones públicas” y sobrino de Sigmund Freud, que retomó el trabajo que realizó su tío para entender y liberar al hombre de sus temores y complejos, y lo aplicó a la manipulación y explotación de las debilidades y prejuicios del público para arrebatarle la capacidad de decidir por sí mismo. En mi libro Guerra y propaganda escribí lo que me parece la esencia de esta práctica: “El propagandista debe asegurarse de que toda situación controvertida o ambigua sea presentada en términos morales y así sustituir el razonamiento por las pasiones.”
Como Cualquier otra naCión El eslogan original de los portavoces del régimen de Netanyahu y sus defensores es: “Ningún país toleraría ser bombardeado, Israel tiene derecho de defenderse, como cualquier otra nación.” Lo que se omite es que los palestinos que lanzan cohetes no tienen forma de defenderse del control, la humillación, el racionamiento y la violencia de la ocupación israelí. Hamas es una organización fundamentalista, miope social y políticamente, corrupta hasta la cutícula, y su triunfo electoral no es el resultado de una decisión racional y equilibrada, sino de la desesperación y la ilusión de contar con un defensor que promete ofrecer resistencia al ocupador (aunque dicha resistencia tenga casi nulas posibilidades de éxito), y que les permita soñar con tener una vida de seres humanos, como cualquier otra nación.
el Cuento del odio
Ilustración de Juan Puga
que una noche de agosto mientras subía por la colina de la infancia para relajarme de las obligaciones de los gansos salvajes descubrí que Robert De Niro era el joven Vito Corleone en otro mundo en el que los capos crecían, se reproducían y se negaban a vender drogas por temor a que su familia estallara; los bautizos servían para que Al Pacino ajustara cuentas con los muchachos alegres y ruines en bañeras que de golpe se llenaban de sangre. Por eso digo que agosto es mi propio paseo de aguas cristalinas y que más bien yo soy ese antílope sin pasado, esa broma chimuela que se despide de la lluvia y del verano. Me hubiera gustado que agosto fuera también una luz en ese metal de ojos vacíos y que alguna vez los indios sioux ganaran la batalla contra los cow-
boys, sin caballos que caen fulminados por la raya invisible de plomo. Agosto no es un mes propicio para los pulmones débiles, su humedad ocasiona que las puertas de madera se hinchen y así el baño se convierte en una fortaleza de hormigas y cucarachas miedosas que esperan el asalto final; tampoco es favorable para las películas con final feliz ni para los indios cheyenes que pelearon sin suerte contra el general Mackenzie y su mirada complacida y mezquina que pese a todo sobrevivió y que ahora palidece ante la muerta verdadera. Agosto es una autopista de pesadillas producidas por la Metro Goldwyn Mayer, la rudeza innecesaria de los héroes bajando por las cenizas del futuro de esos nenes con fiebre •
De un tiempo acá, al hablar del conflicto Israel-Palestina en las redes sociales siempre se menciona el odio, como si se tratara de una fuerza sobrenatural, de un ébola del espíritu que hubiera caído del cielo. Si algo intenta la propaganda es deshumanizar al enemigo, convertirlo en un monstruo desalmado, irredimible e infecto. Por eso se enseña a los soldados a odiar, y cualquiera que tenga la ilusión de que el israelí o cualquier otro ejército es una excepción moral, simplemente es ignorante o se engaña. Los ejércitos son máquinas de matar, aplastar y someter por la fuerza bruta; el único control que tienen es la imposición de incómodas reglas de combate o restricciones éticas. No todos los soldados son asesinos o psicópatas antisociales, de hecho un gran numero de ellos logra la formidable proeza de conservar su humanidad a pesar de los lavados de cerebro patrioteros, del salvaje mito
Atardecer en Gaza
de la guerra como fuerza de purificación y de la patológica imposición de directivas que ponen objetivos militares por encima del valor de la vida humana. La ambición de los ejércitos es moldear el espíritu del combatiente para volverlo un engrane. Cuando las democracias modernas se embarcan en guerras, requieren del consentimiento del pueblo y del adoctrinamiento en el odio de las masas despolitizadas. Por el contrario, si una población es objeto de una ocupación extranjera brutal, en realidad la tarea de inyectar odio al invasor es redundante. No obstante, uno de los argumentos más repetidos por algunos de los defensores de Israel es que los palestinos han sido enajenados por doctrinas de odio. Esa visión trata de ocultar las legítimas reivindicaciones de un pueblo despojado de su tierra. Al justificar todo con el odio, evitamos hablar de desplazamientos de poblaciones, masacres, encarcelamientos injustificados, limpieza étnica e ingeniería social. La propaganda sionista concluye que el pueblo al que han reducido al exilio, a campos de refugiados y a los “territorios” durante más de medio siglo, es culpable de su destino debido a su mal genio.
paz La más reciente operación militar israelí en contra de Gaza cobró más de 2 mil vidas palestinas y sesenta y siete israelíes. El nivel de destrucción es apocalíptico. Difícilmente uno puede imaginar qué clase de vida tendrán los gazatíes, incapaces de reconstruir su ciudad, sin dinero, sin empleos, sin recursos básicos y aislados del mundo por la potencia ocupadora. No es la primera vez que vemos “barrios enteros reducidos a arena”, como declaró orgulloso un soldado israelí; hospitales y escuelas en ruinas, plantas de luz y de tratamiento de agua en escombros. Como dice Jean-Paul Godard en su nuevo filme, Adiós al lenguaje: “Después de la guerra solamente los muertos conocerán la paz.” Esta destrucción no sembrará esperanzas para ninguno de los contendientes, sino sólo el germen de la próxima confrontación, donde otros protagonistas emplearán medios más letales para hacerse daño •
JORNADA VIRTUAL
naief.yehya@gmail.com
........ ARTE Y PENSAMIENTO
Jornada Semanal • Número 1014 • 7 de septiembre de 2014
Germaine Gómez Haro
Alonso Arreola
Nicolás Guzmán: paraíso ambiguo
Susana San Juan y Dramatomía, nueva numismática sonora
A
S
l recibir la invitación de la exposición Lost Paradise de Nicolás Guzmán en la galería fifty 24 mx , me llamó poderosamente la atención la imagen de una fulgurante explosión. La exuberante nube de humo que abarca más de la mitad de la composición me remitió a la fotografía tantas veces vista de la bomba nuclear de Hiroshima, aun cuando la imagen que conservamos de ésta es siempre en blanco y negro, mientras que la de Guzmán es, en sí, un estallido de tonalidades fosforescentes, combinadas con tanta audacia que intuí que detrás de ese aparente desparpajo tenía que haber un artista con pleno conocimiento y dominio del color y de la composición formal no convencio-
nal. Me impactó el realismo y la violencia de la escena, trastocados por una poderosa alteración cromática. A través del joven y emprendedor galerista Arturo Mizrahi concerté una cita con el artista originario de Xalapa, Veracruz (1983), y juntos recorrimos su magnífica exposición que se puede visitar hasta el de 23 septiembre en la calle de Colima número 184, en la colonia Roma. “Utilizo las imágenes para hacer narrativas, no historias lineales, por así decirlo. Lo que busco es utilizar el espacio como contexto en el que ubico distintas realidades que van formando un escenario. Retomo el collage como parte esencial de lo que es el arte contemporáneo”, expresa el artista. Se refiere al collage no como técnica, sino como recurso plástico que consiste en la apropiación de imágenes del pasado y del presente para desconstruirlas y recolocarlas. Se ve que Guzmán se divierte trabajando: recurre a una imagen proveniente de cualquier sitio –periódicos, revistas, televisión, cine, iconos de la historia del arte, etcétera– la saca de contexto, la reelabora desde su muy personal léxico y construye una especie de escenario abierto en el que conviven diferentes realidades. Ahí se crea una tensión que rompe con las convenciones formales de representación. Pongamos por ejemplo otra pintura en la que en primer plano vemos un par de buitres carroñeros que ocupan la mayor parte del lienzo. Están pintados básicamente en un azul profundo y tonos fucsia que crean una estridencia cromática. Estos animales son el foco de atención principal, pero a su derredor aparecen otras escenas alternas, no menos importantes. En la parte inferior se distingue una figura femenina recostada que es una clara referencia a la Ofelia de Millais, mientras que en el lado izquierdo se ven unos niños huyendo despavoridos de unos ovnis, la cual proviene de una película de ciencia ficción. Comenta Guzmán: “Me gusta romper
con convenciones formales de composición y crear una tensión de imágenes: los buitres que son hasta cierto punto una imagen expresionista, con la ingenuidad de los niños y el absurdo de los ovnis, en contraste con la imagen ambigua de los prerrafaelitas”. El resultado es, en efecto, de una extraña ambigüedad: las imágenes aparentemente inconexas aparecen perfectamente entretejidas en una sutil trama visual de una extraordinaria armonía. Son imágenes poderosas que esconden un misterio inasible. “El arte es una ficción. Yo lo veo simplemente como un trabajo formal, terrenal, es un oficio y un juego en ese sentido absurdo que le dio Duchamp.” Nicolás Guzmán es antisolemne, desenfadado, fresco, pero al escucharlo hablar del arte –y de su artehay pasión genuina, sin pretensiones; sobre todo, se percibe una formación sólida y un oficio riguroso que lo ha llevado a desarrollar una cocina plástica muy compleja que consiste en yuxtaponer las imágenes a partir de capas y capas de pintura y veladuras que conforman una especie de palimpsesto. “Yo defino mi trabajo como post-histórico. Parto de estudios simultáneos: siempre tengo 3-4 libros de donde saco referencias. Soy admirador del arte mexicano, en especial de la generación de Lilia Carrillo, Manuel Felguérez, Cuevas, Fernando García Ponce, Rafael Coronel, a quienes vi en el Museo de Arte Moderno… Pero también de la contraparte que conocí en el Laboratorio de Arte Alameda: Gabriel Kuri, Gabriel Orozco, Abraham Cruz Villegas, etcétera. Me ha interesado desde el oficio artesanal de los modernistas, hasta el absurdo que alcanza el arte de nuestros días, que a veces son puras b a b o s a d a s. P i e n s o q u e e s o s dos polos se llegan a unir en mi obra”. Su pintura expresa tensión y reposo: su paraíso perdido es el territorio de la ambigüedad, característica primordial de nuestra era •
USANA SAN JUAN. YA de entrada, cualquier grupo que se llame Susana San Juan tiene nuestra simpatía. ¿Por qué? ¿Recuerda nuestra lectora, lector, al maravilloso personaje de Juan Rulfo en Pedro Páramo? En fin. Cara de la moneda que presentamos hoy, nos gusta por su simpleza, por su inteligente grosería. Sí, no oculta las influencias de españoles como Bunbury o sudamericanos como Velandia; sí, utiliza rampantes clichés de músicas caribeñas y folclóricas; sí, de pronto se queda corta en los alcances que podrían tener sus arreglos. Sin embargo, sonreímos escuchándola porque sus armonías y melodías (es un power trío
con todas las de la ley) reflejan algo fundamental en un proyecto joven: se saben, se gustan, se entienden a sí mismos como seres de un tiempo y espacio sobre los cuales cantar, gritar con inteligencia: “Yo puedo ser siempre peor, pero no culpo a nadie de la mierda que soy”, dicen en “¿Cómo te atreves?” Pero tampoco renuncian al humor: “Aparte de ser cruel y un poco tarada, nada de bueno tiene tu corazón”, señalan con sarcasmo en “Mi persona favorita”. Ello no les impide, claro, levantar la voz frente a mecanismos sociales atrofiados, como en "Los agachados”, donde responden a la tentación del poder: “¿Y a cambio de qué: de ser siempre un agachado temeroso y apocado,/ de decir que sí a todo,/ de negar que estoy cansado,/ de brindarle al poderoso mi futuro y mi pasado?” Así las cosas, pese a lo que falta madurar y pulir (sobre todo en sus baladas), Susana San Juan nos entusiasma. En sus integrantes (Flip, Bastian y v ) encontramos una rara rebeldía que podría llevarlos lejos. Se notan incómodos, ajenos a lo que llaman el agrad-arte. Esperamos que cumplan promesa y crezcan. Su estadía en nuestra escena sería buena. Aún no tienen disco pero sí presentaciones como la del próximo 13 de septiembre en el Club Atlántico del df. Dramatomía. Siguiendo con los buenos nombres, el otro lado de esta moneda dominical es del dúo Dramatomía. Con pocos meses de existencia han conseguido lo que para muchos ha sido un sueño inalcanzable: tener un disco en tiendas; un ep homónimo respaldado por el videoclip The Beauty Of Mess (disponible en la red). Aunque sus integrantes no suman muchas horas de vuelo sobre el tinglado, sí poseen página y cuentas en Facebook, Twitter y Soundcloud. Son Bruno Moya y Sebastián Rojas, dos jóvenes que manipulan con inteligencia las herramientas de su tiempo para una suerte de “generación espontánea” que en muchos debutantes parecería peligrosa pero que en su caso aplaudimos. La razón: muestran mucho talen-
to. De ahí que hoy los señalemos involucrándonos en su vanidad y, de paso, en el endurecimiento de la piel. Cantan mayormente en inglés. De las cinco piezas de su álbum, sólo “El sistema” es en español. Es ésa la composición más débil, no sólo por su interpretación vocal sino por salir del horno antes de tiempo. No se integra al resto de la propuesta. Luis Ernesto Martínez Novelo, gran músico e ingeniero responsable de la masterización de Dramatomía, no está de acuerdo con nosotros. A él le gustan todas las canciones y cree en su buen destino a largo plazo. Así nos lo dijo cuando platicamos sobre este trabajo. En general estuvimos de acuerdo. El resto del disco guarda aspectos encomiables. Perfectamente producido, es un conjunto de composiciones contundentes, breves, diáfanas en el origen que las anima (reconocemos el óxido de Jack White, el desenfado de Franz Ferdinand, el “anticanto” de Lou Reed, guiños a los Stones). Ello se agradece en estos días de especulación y originalidad forzada. Digamos que en Dramatomía saboreamos esa intuición clásica difícil de lograr en combos tan jóvenes y que buena falta le hace a quienes toman la guitarra para compartir una tradición. Es cierto que líricamente hablando les gusta meterlo todo en la mezcladora de la soledad, la oscuridad y el dolor. Ello los hará vulnerables ante quienes critican la ingenuidad, pero creemos que vencerán a base de las imágenes potentes y el buen sonido que ostentan: “I got one big butcher knife and a past of good intentions, with my anger I could take down any nation”, dicen en “Dark, Dark”. O qué tal: “The black of the blackest black of the night”, en “The Crack Of My Bone”. Con preocupaciones antípodas, Susana San Juan y Dramatomía son dos buenos ejemplos de las monedas que giran en el aire de Ciudad de México. Ambos valen y se dan equilibrio. Ojalá resistan el viaje de mano en mano, sin depreciarse al presentarse en vivo. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos •
BEMOL SOSTENIDO
@LabAlonso
germaine@pegaso.net
ARTES VISUALES
13
ARTE Y PENSAMIENTO ........
7 de septiembre de 2014 • Número 1018 • Jornada Semanal
14
Jorge Moch
Ana García Bergua
H
ACE MUCHOS AÑOS, EN la casa teníamos un bastón artesanal, sencillo y delgado, que adornaba la pared del comedor. Cada que temblaba, el muy sensible bastón se comenzaba a mover y entonces salíamos corriendo con la mayor imprudencia hacia la calle. No era fácil. Vivíamos en un sexto piso. Y aun así, con todo y riesgos, lográbamos llegar abajo, hablar con los vecinos, conjurar el terror, mientras veíamos cómo los cables chocaban entre sí, lanzando sus destellos sobre el camellón de la calle Ámsterdam. En 1979 hubo un temblor por ahí de marzo, aquel que tumbó la Universidad Iberoamericana como un pastel sin levadura. Aquella vez, una de las paredes del cuarto de mi hermano, que había fallecido recientemente, quedó con
un boquete por el que alcanzábamos a ver el cielo, y los ladrillos que cayeron del edificio rompieron los vidrios del Volkswagen de mi hermana. Ya antes habíamos padecido temblores, no tan fuertes, en un séptimo piso de la avenida Nuevo León, arracimados bajo el marco de la puerta. Y siempre nos explicábamos, pacientemente, que los edificios de Ciudad de México estaban construidos sobre rieles y se deslizaban o bogaban casi como barcos triunfantes en medio de catástrofes, inundaciones y chinampas. El Ángel de la Independencia se había caído porque se posaba en una mísera columnita porfiriana, así quién no se iba a caer, pero los edificios eran otra cosa: nada podía pasar. Yo, por si las moscas, cuando abandoné mi casa familiar me fui muy al sur, lejos de las alturas, y el temblor del 1985 pareció corroborar esos temores. Ese fue un trauma terrible del que, me temo, poca gente de la generación a quien le tocó se ha podido reponer. En aquel mes de septiembre, la idea de la ciudad todopoderosa que resistía a los temblores con el mismo valor y el mismo aguante que hacía de los mexicanos perpetuos héroes de una también perpetua adversidad, se derrumbó junto con los edificios, llevándose miles de vidas. Muchos edificios del moderno Distrito Federal, esos que en apariencia todo lo resistían, estaban corroídos y literalmente corrompidos en sus fundamentos por materiales en cuyo ahorro alguien habría ganado muchos pesos. Hubo una ciudad antes y una después del temblor y los que lo vivieron me darán la razón: el temblor fue también un despertar. Desde entonces, en el noveno mes se me aparece puntual su trepidante fantasma: hasta hoy me había resistido a invocarlo, me perdonarán que lo haga sólo por esta vez. Pero es que en los últimos meses que han pasado, uno se distrae un poco y de repente tiembla y retiembla en sus centros la tierra –quizá de
algo serviría cambiar el Himno Nacional, otra invocación al movimiento telúrico que quizá no nos ha hecho bien. Es verdad que ahora tenemos reglamentos de construcción muy estrictos, simulacros masivos de oficinistas que huyen muy disciplinados de temblores fantasma (no sólo a mí se me afantasman los temblores) y círculos pintados en las calles en los cuales, al parecer, podremos pararnos sin que nos caiga nada encima. Y uno trata de consolarse pensando que cada que tiembla es como si un enorme monstruo subterráneo, hecho de lascas de roca y dibujado de largas grietas, desahogara un poco su furia y por ende se tranquilizara. Se libera tensión, se dice cuando tiembla un poco, se reduce la posibilidad de un enorme baile de las calles, escuchamos, pero siempre estamos corriendo en piyama hacia a algún lado mientras oímos estallar los cables, avisando en la afantasmada realidad virtual que está temblando, que corran o salgan o se despierten, preguntando a los familiares y los amigos si están bien. En este año, el monstruo de las profundidades se suele levantar temprano, como hizo en 1985. Quizá eso es justamente lo que no le gusta, que lo despierten; quizá si saliéramos calladitos al trabajo o a la escuela, sin ruidos ni cláxones ni escándalo, se mantendría sosegado, en perpetuo simulacro de sí mismo. Sería un espejismo, una guerra fría prolongada entre el subsuelo y los habitantes de la superficie. Pero lo cierto es que cada que siento el piso moverse tiemblo igual que cuando era chica; volteo a ver las lámparas para comprobar que –como dicen– no son mis nervios, pero en el fondo de mi alma sigo buscando aquel débil y sensible bastón delgadísimo, pintado de rayas de colores, que mi madre había puesto en la pared del comedor y era como esos payasos muy alegres pero también medio siniestros: el haz y el envés de nuestras vidas •
Ni pan ni circo: infomerciales y espionaje
D
E POCO O NADA que no sea oropel o chanchullo puede ufanarse la operación mediática que se dice Presidencia de México. Sus grandes logros, según el segundo informe presidencial, once grandes reformas estructurales se realizaron en parte gracias no a que supongan verdadero incentivo al bienestar de los mexicanos, sino negocios jugosos para grupúsculos de oligarcas que son en parte los responsables financieros de ese arribo al poder. La operación parlamentaria fue más de cortesanía y avasallamiento que de análisis y ponderación de las verdaderas consecuencias de las reformas. Los alecuijes del presidente tuvieron el cinismo de poner el grito en el cielo y hacerse los ofen-
didos cuando en los medios y buena parte de la sociedad mexicana se les tachó de lo que demostraron ser: lacayos. Enrique Peña Nieto ha resultado el fiasco que sus críticos y detractores anunciamos: un maquillaje mediático, un instrumento de poderosos consorcios, quizá un hábil cabildero de la empresa privada, pero no un gestor del bienestar de los mexicanos, ni un representante del pueblo, ni un aval de la legalidad, y mucho menos un presidente justo, que pusiera en su lugar a tanto abusivo impune o que se abocara al saldo de tantas, rancias deudas históricas que tiene esta nación consigo misma, con sus más desposeídos, con su dolor, al que se llega sin ir muy lejos en cualquier extrarradio citadino o, si se quiere mirar el panorama, de Acteal a Hermosillo pasando por Atenco. La única promesa que, de cumplirse, podría granjearle simpatía al régimen, sería un verdadero y enfrentado combate a la corrupción, cosa por demás absurda de pedir a un gremio de vieja, interminable podredumbre. Un acto de contrición de un priísta en contra de la corrupción, vaya perogrullada. Qué va. Lo que importa es el negocio a partir del mal escondido patrocinio electorero: en México, el presidente se ha convertido en el vellocino de oro. Las parrafadas del segundo informe presidencial, fastuosamente producidas en estudios televisivos y aireadas de continuo desde hace semanas, machacando el mismo discurso triunfalista de que ora sí, ya legitimado el saqueo por venir nos hemos hecho dignos acreedores a las migajas, han servido hasta para contradecir las propias promesas y los alegres vaticinios de hace unos meses, de ahorros y bonanzas, de mejorías de nivel de vida. Las entrevistas a modo, hechas más por palafreneros de esa carroza mediática a la que ya se le astillan las ruedas que por periodistas que se atreviesen a criticar o cuestionar las talachas empresariales en las que quedó convertida la farsa de las reformas contrarre-
formadas por los mismos organismos que las promulgaron, no son informativas sino propagandísticas. El gobierno ofrece un rostro pero oculta su verdadera agenda; mientras habla de reformas y libertades, impulsa onerosos organismos de espionaje, precisamente a través de esas “reformas”, y como señala Jenaro Villamil en “Mala imagen, pese al dispendio en televisión” (Revista Proceso núm. 1974, 30/ viii /2014): “lo cierto es que el primer mandatario sí destina millones de pesos para autopromoverse –en dos años habrá ejercido más de 9 mil millones de pesos, según proyecciones de Fundar– pero ni así repunta su devaluada imagen”. Se cuida esa imagen, por cierto, se oculta un evidente deterioro, se procura evitar que se le ridiculice. Como en 1975. O como consigna hace una semana la nota de Susana González en este mismo diario (“El primer semestre, el peor en 14 años en captar nuevas inversiones”, La Jornada, 31/viii/2014), ni con tanta alharaca de apertura comercial, ni saltando trancas legales ni óbices éticos ha llegado en el corto plazo el repunte económico tan anunciado y prometido: “Las estadísticas de la Secretaría de Economía ( se ) sobre la inversión extranjera directa ( ied ) indican que de enero a junio hubo una reducción de 956 millones de dólares en el rubro de nuevas inversiones, uno de los tres que conforman este indicador.” Ni llegará, como no sea para el grueso de la población en más cobertura de televisión vulgar, más trampas comerciales en telefonía y si acaso en algunos trabajos remunerados en los escaños inferiores de la pirámide empresarial, porque los puestos importantes probablemente ya están apalabrados, y pronto veremos a exlegisladores entreguistas como directivos y consejeros. Como siempre. Pero peor si cabe, porque estamos más vigilados y reprimidos. Y empezamos a pagar carísima ya mismo la venta del voto, de la dignidad y de nuestro gris futuro •
CABEZALCUBO
En el noveno mes
PASO A RETIRARME
tumbaburros@yahoo.com Twitter:@JorgeMoch
........ ARTE Y PENSAMIENTO
Jornada Semanal • Número 1018 • 7 de septiembre de 2014
Juan Domingo Argüelles
E
L SIGLO XXI ES tan joven, tan incipiente, que a veces no nos permite darnos cuenta que el siglo xx ya pasó. Pasó es un decir, porque en realidad mucha de nuestra cultura sigue estando marcada por el siglo anterior. Para decirlo en términos de cultura poética, Octavio Paz, nacido en 1914 y muerto en 1998, y Jaime Sabines, nacido en 1925 y fallecido en 1999, son los dos últimos grandes poetas mexicanos del siglo xx, por cuanto que ninguno de sus libros corresponde (en sus ediciones originales) al siglo xxi. Eduardo Lizalde (1929) escribió y publicó sus mejores libros (El tigre en la casa, La zorra enferma, Caza mayor) en la década del setenta del siglo xx, y ha publicado también
en el siglo xxi, pero sin duda lo mejor de su obra pertenece al siglo anterior. En cierta medida es el mismo caso de José Emilio Pacheco (1939-2014): sus mejores libros de poesía (Los elementos de la noche, No me preguntes cómo pasa el tiempo, Irás y no volverás, Desde entonces, Los trabajos del mar, El silencio de la luna, etcétera) se publicaron entre 1963 y 2000. Como la lluvia y La edad de las tinieblas, que aparecieron, ambos, en 2009, contienen poemas espléndidos, pero estrictamente, José Emilio es un poeta del siglo xx. Todos los libros de poesía de Hugo Gutiérrez Vega (1934) pertenecen al siglo xx: Buscado amor, Resistencia de particulares, Cantos de Plasencia, Cuando el placer termine, Cantos de Tomelloso, Georgetown blues, Una estación en Amorgós, Los soles griegos, etcétera; aunque ya haya prometido un nuevo libro de poemas para el siglo xxi. Homero Aridjis (1940) fue el poeta más joven de Poesía en movimiento (1966): justamente con quien se abre esa antología que sus antólogos se niegan a llamar antología. Aridjis publicó varios de sus mejores libros en el siglo xx (Antes del reino, Mirándola dormir, Perséfone, Construir la muerte, etcétera), pero en los últimos años (que son los de la primera y la segunda décadas del siglo xxi), entre 2001 y 2013 ha publicado libros que revelan la madurez de su creación verbal: Los poemas solares, Diario de sueños y Del cielo y sus maravillas, de la tierra y sus miserias. Luego de él es imposible no mencionar a poetas como Francisco Hernández, Antonio Deltoro, Marco Antonio Campos, David Huerta, Efraín Bartolomé y Coral Bracho, entre otros que han venido produciendo su obra a caballo entre los siglos xx y xxi . Francisco Hernández (1946) publicó espléndidos libros en el siglo xx , pero no menos espléndidos son los del siglo xxi : desde Soledad al cubo (2001) hasta La isla de las breves ausencias (2009), pasando por Mi vida con la perra (2006) y otros títulos más que ha venido abonando a su
obsesionada vocación lírica que de pronto desemboca en el ancho río de la narrativa como en su Diario sin fechas de Charles b . White (2005). Antonio Deltoro (1947) publica poco pero concentrado. Sus mejores libros (Algarabía inorgánica, Los días descalzos y Balanza de sombras) pertenecen al siglo xx, pero en 2012 publicó un poemario excelente: Los árboles que poblarán el Ártico. Marco Antonio Campos (1949) publicó en el siglo xxi dos libros notables: Viernes en Jerusalén (2005) y Dime dónde, en qué país (2010). Son libros que están entre lo mejor de su producción poética y entre lo mejor de la poesía del siglo xxi. David Huerta (1949), que entregó al siglo xx libros notables como Cuaderno de noviembre, Versión, Incurable, Historia y La música de lo que pasa, también ha entregado al siglo xxi libros estupendos como El azul en la flama (2002) y La calle blanca (2006). Lo mejor de la poesía de Efraín Bartolomé (1950) corresponde al siglo xx (Ojo de jaguar, Música solar, Cuadernos contra el ángel, Música lunar, Corazón del monte, Partes un verso a la mitad y sangra, Oro de siglos), pero en el siglo xxi ha continuado esa obra con libros excelentes, entre ellos El son y el viento y Cantando el triunfo de las cosas terrestres, ambos de 2011. Coral Bracho (1951) dio al siglo xx libros espléndidos, entre ellos El ser que va a morir, Bajo el destello líquido y La voluntad del ámbar, pero en el siglo xxi ha venido realizando una poesía esencial (esto es, de esencias poéticas) con libros como Ese espacio, ese jardín (2003), Cuarto de hotel (2007) y Si ríe el emperador (2010), que están entre lo mejor de la poesía mexicana contemporánea. Y un poeta especialmente notable es Jorge Fernández Granados, cuyo Principio de incertidumbre (2007) es un alto libro. Sus otros títulos no menos espléndidos pertenecen al siglo xx: La música de las esferas, El arcángel ebrio, Resurrección, El cristal y Los hábitos de la ceniza •
@luistovars
JORNADA DE POESÍA
La poesía mexicana del siglo xx
Luis Tovar Pocas pero repetidas
C
OMO PODRÁN RECORDAR LOS cuatro lectores de esta columna, hace un par de semanas hubo desgraciado motivo para hablar de cómo se materializa, en hechos irrefutables, un colonialismo cultural del que somos unas víctimas de respuesta más bien pasiva. Pues bien –o dicho sin formulismos: pues mal–, una semana como la recién concluida registró una “mejoría” que apenas alcanza el nombre: de veintiún películas en cartelera comercial, la fabulosa cifra de tres son mexicanas: la aquí ya referida Guten Tag, Ramón, Casi treinta (Alejandro Sugich, 2014) y Más negro que la noche (Henry Bedwell, México-España, 2014).
Más allá de la nacionalidad de los filmes, destaca la persistencia de esa inercia desoladora que hace de la oferta cinematográfica un permanente déja vu: es tremendamente complicado hallar, en esas dos decenas de propuestas, cualquier atisbo de originalidad, y ésta pareciera ser evitada como si se tratara de la peste, de un delito o un pecado. De hecho, hará un par de semanas que a este ponepuntos le tocó leer una nota periodística en la que se hablaba –como si se tratara de algo intrínsecamente positivo, beneficioso para el cine en general y para la exhibición fílmica nacional en particular– de los estupendos e incomparablemente superiores resultados ($) que se obtienen al producir películas con tema, personajes, historia o contexto previamente “probados”; en otras palabras, ya expuestos, explotados y exprimidos.
guan mor taim –aguén an aguén Como es bien sabido, esa y ninguna otra es la razón por la cual existe toda suerte de secuelas, “precuelas”, segundas, terceras y enésimas partes, pero también y todavía peor, la repetición simple y crasa de algo que ya se filmó una o más veces –normalmente lo segundo. De ahí proviene esa falsa novedad, apolillada y carcamala, que todos los jueves regurgita cinco o seis estrenos cuya principal característica, y salvo excepciones muy escasas, consiste en apestar a viejo. ¿O a qué otra cosa puede oler algo como Lucy ( eu , 2014), cinta con la que el alguna vez excesivamente festejado Luc Besson demuestra que lo suyo también es la autorreferencialidad, cuando no el autofusil, el refrito más grosero? En calidad de Nikita reciclada, aquí Scarlett Johansson es puesta en una circunstancia que, fuera de nimiedades prescindibles, a lo único que mueve es a compararla con su antecesora francesa, ejercicio del que no puede salir bien parada, por muy bueno que sea su desempeño, por la sencilla razón de que ella es la copia. ¿A qué huele, desde su agujero, esa cosa titulada en español Llamando a Ecco (Crispin Struthers, Dave Green, eu , 2014), si no a las sobras de las sobras argumentales de e . t ., el extraterrestre, esa cinta sobrevalorada no en opinión de muchos pero sí de algunos –el autor de estos despotriques cuenta co-
mo “algunos”–, con la que Steven Spielberg demostró que la ciencia ficción y la gazmoñería sí caben juntas en un solo paquete? Quitado el elemento infantil, pero sobre todo quitada esa vocación de bobería tan característica de cierto cine estadunidense de los años ochenta, a esta burrada contemporánea le toca arrostrar con todos los defectos y ninguna cualidad en el replanteamiento de un argumento que tampoco era original en manos del inefable Spielberg, pues existe al menos desde los años cincuenta. Pero como no sólo en Hollywood hace aire y acá también se cuecen habas, en este momento el emblemático Carlos Enrique Taboada ha de estar, dirían los clásicos, revolcándose en su tumba: la dispareja suerte que sus míticos filmes han sufrido a la hora en que este o aquel cineasta contemporáneo ha querido “actualizarlos” –ya pasó con Hasta el viento tiene miedo y El libro de piedra–, se puso dromedaria en manos de un tal Henry Bedwell, y para colmo, en jamás gloriosa y por lo regular inane tercera dimensión. No es que Lucía Méndez y compañía, en aquellos ayeres de la versión original, hayan compuesto algo insuperable, pero hay algo en la versión primera que en la segunda no aparece ni por equivocación, y que tal vez pueda ser definido como candor, sólo que uno muy ad hoc para la historia de gatos vengativos que se cuenta. Esta noche de hoy no es más negra ni más noche que la de Taboada y sólo viene a demostrar, como las otras mencionadas, que para algunos el cine no consiste sino en algo así como un saqueo permanente del baúl de su abuelita, donde pueden encontrarse objetos tan viejos que no parezcan eso, sino antiguos y, por lo tanto, novedosos para el espectador contemporáneo. Ajá •
CINEXCUSAS
15
ENSAYO
L
a reforma migratoria propuesta por Barack Obama sólo sirve para amenizar la víspera de una hipótesis; es un placebo para continuar engañando a los migrantes indocumentados. Dicha propuesta se anunció como si fuera el triunfo de un partido de futbol que los aficionados festejaron pasando su día de descanso frente al televisor para ver la repetición una y otra vez. La realidad de los millones de personas que todos los días son explotados y viven en condiciones deplorables no ha cambiado. Uno de los requisitos para iniciar el proceso de legalización es que el migrante hable inglés. “¡Qué sencillo!”, exclamaría algún ingenuo que cree que en el momento de pisar territorio estadunidense se comenzará a asimilar el idioma y a usarlo. Lo primero que hay que conseguir es un lugar donde esconderse y dormir, luego convencer a un paisano para que lo ayude a encontrar trabajo, porque hay que mandar el abono al usurero que prestó el dinero para el coyote. Bajo estas circunstancias, no hay lugar para los gramemas y morfemas, tampoco para la fonética y la gramática. El salario mínimo actual en Estados Unidos es de 7. 25 dólares por hora. Si multiplicamos esto por 8 horas diarias, por seis días a la semana y lo convertimos a pesos, nos da un salario de 12 mil 528 pesos mensuales. Sí, esa es la suma correcta para quienes tienen permiso de trabajar, aunque no tengan documentos. Sin embargo, para las personas que no tienen permiso, la paga será incluso de menos de 5 dólares la hora en jornadas de más de diez horas. Este salario no incluye siquiera la oportunidad de tener un diálogo cordial con el patrón. Así es como la gente se integra al grupo de trabajadores explotados que no reciben ningún servicio médico y tampoco cuentan con las prestaciones mínimas. “Trabajar es lo único que hago; aquí no se viene a estudiar, lo más importante son los dólares que recibo cada semana”, me dijo un trabajador un tanto resentido por mi pregunta. Es verdad que aprender inglés es difícil y se vuelve aún más difícil cuando uno se mira al espejo y se da cuenta de que el idioma del güerito y el propio rostro no combinan. El inglés es un idioma sintético,
7 de septiembre de 2014 • Número 1018 • Jornada Semanal
mecánico, y la composición de sus oraciones es contraria al español con sus palabras rebuscadas, su filosofía y sentimiento. Otro ingenuo recomendaría “inglés sin barreras” o “Rosetta Stone”, cursos que garantizan, por unos cientos de dólares, q u e s e a p re n d e r á e l i n g l é s s i n n i n g ú n esfuerzo. Estas grabaciones son para idiotas, porque lo único que ofrecen es modelar el idioma con frases y situaciones que un migrante nunca vivirá. Después de escuchar la primera lección, uno sale a las calles dispuesto a practicar; sin embargo, nadie está interesado en ayudar, mucho menos en entender. Lo que sucederá es que no te mirarán con agrado, porque desde el momento en que ingresaste al país no eres bienvenido.
¿Hablar o no hablar inglés? Edith Villanueva Siles
Las familias migrantes se han empeñado en que sus hijos hablen sólo inglés para disfrazar el acento; sin embargo, no es necesario pues los rasgos físicos los delatan. Estos niños monolingües se quedarán en un limbo, porque cuando terminen la preparatoria, si antes no se han convertido en ninis, hasta allí llegará su vida académica gratuita. Para toda esta población no hay mercado que ofrezca un salario mayor a 12 dólares la hora. Aunque hablen inglés, se convertirán en la clase trabajadora, en donde por necesidad tendrán que usar el idioma que sus padres les negaron porque muchas compañías necesitan personal que hable español, dado que el mercado hispano está creciendo. De su boca saldrá un español deformado con adjetivos y sustantivos mal empleados, y con una arbitrariedad que se escucha hasta en los medios de comunicación. Por más que coman hamburguesas, perros calientes, papas fritas y hablen inglés, todos estos millones de migrantes indocumentados nunca cambiarán su condición migratoria •
16