■ Suplemento Cultural de La Jornada ■ Domingo 5 de junio de 2016 ■ Núm. 1109 ■ Directora General: Carmen Lira Saade ■ Director Fundador: Carlos Payán Velver
Benito Juárez,
la imagen y el símbolo riCardo Guzmán Las huellas de la memoria: entrevista con
alfonso lópez Casanova
Poemas de Clariond, Cortés, Cross y santos
imre Kertész, el narrador de Auschwitz Tres ficciones breves de marCo a. Campos
2
5 de junio de 2016 • Número 1109 • Jornada Semanal
Ficcionesbreves Marco Antonio Campos Entre los narradores de Auschwitz, como se ha dado en llamarles,
MELCHOR, GASPAR Y BALTAZAR
destaca el húngaro Imre Kertész, autor entre otras de Sin destino y Kaddish por el hijo no nacido, dos de sus novelas más célebres. Nacido en 1929 y reconocido en 2002 con el Premio Nobel de Literatura, Kertész falleció el último día de marzo de este 2016, con lo que se ha ido de este mundo el último de los escritores que formaban dicho grupo, compuesto por Albert Camus, Primo Levi, Joseph Roth, Jean Améry, Victor Klemperer y el propio Kertész. Los ensayos de Bojár y Ogarrio abordan la indisoluble mezcla en la que consistieron la vida y la escritura de quien sobrevivió a lo que, en sus propias palabras, fue “la estación terminal de la gran aventura, a donde llega el hombre europeo después de dos mil años de cultura ética y moral”. Publicamos además el trabajo reciente de cuatro poetas contemporáneos, así como una entrevista
a Paco Ignacio Taibo II
E
ra principios de enero. El famoso escritor Pablo Lizardi salió de cenar y caminaba con su esposa y sus hijos adolescentes por los amplios pasillos del centro comercial Perisur. Veían los escaparates. Frente a los almacenes del Puerto de Liverpool, los Reyes Magos hacían las delicias de los niños. –Desde que tenía ocho o nueve años (comentó con sus hijos) detesté los Santaclós y los Reyes Magos que querían que pidieras tus regalos y te fotografiaras con ellos como si no entendieran que ser niño no es sinónimo de mentecato. Perfeccioné desde entonces mis insultos cuando se me aproximaban. Pero en mi niñez, al menos, se concentraban en la Alameda y se vestían bien y aun Melchor era un auténtico negro. Ahora se les encuentra trepados hasta en lo alto de las lomas de Santa Fe y se ponen cualquier chuchería y al tal Melchor se le cae la pintura por todos lados y se le ve lo blanco en casi todo el cuello. Se preparaban a entrar en los almacenes cuando los Reyes Magos se abalanzaron sobre él. Iba a empezar a insultarlos cuando Baltazar le habló con un tono admirativo: –Señor Lizardi, hemos leído sus libros. Sería un honor tener una foto con usted. Lizardi rió, y poniéndose contento, dijo: “Con mucho gusto, compañeros.” Gaspar le dio la cámara fotográfica a Mercedes, la hija de Lizardi, y Lizardi, riéndose, se colocó entre Gaspar y Baltazar. Lo deslumbró el flashazo. –Saque otra por si la primera falla – dijo el escritor. –Ahora sí creo en los Reyes Magos –reía Lizardi mientras entraban al almacén. Por primera vez confirmo que en México han sido un éxito las campañas de fomento a la lectura.
con Alfonso López Casanova, artista plástico creador de Huellas de la memoria, concepto referente a los desaparecidos en México. Comentarios y opiniones: jsemanal@jornada.com.mx
PACTO DE CABALLEROS
F
ogueado por un tío bibliómano desde la infancia, Ignacio Gómez Cinta acudía a menudo a las librerías de viejo de Ciudad de México y en ocasiones dejó a esposa e hijos sin comer por comprar una reliquia impresa. Tenía una biblioteca esmeradamente escogida de 25 mil volúmenes. “Un día te la voy a quemar”, decía la esposa en las discusiones acres. Una vez casi tocó el límite para que la amenaza pasara a una nueva instancia. Un sábado, al llegar a una de las librerías del Centro Histórico, el propietario, don Emilio Nuño, le dijo a Igna-
cio que tenía una joya que nadie o muy pocos como él sabrían apreciar: un mapa de Ciudad de México del siglo xViii. Se lo vendería a él, sólo a él, en mil dólares. Fue a traerlo. Ignacio vio a don Emilio de espaldas. “¿Por qué la ropa de los libreros se contagia y se parece tanto al papel de los libros que acopian o venden?” Ignacio vio el mapa. –No tengo dinero ahora, don Emilio, pero lo traigo el sábado próximo. No vaya a venderlo. La mañana del sábado siguiente Ignacio llegó a la librería. –¿No hay problema si le pago con cheque? –Con usted, señor Gómez, no hay nunca problema. El dueño trajo el mapa e Ignacio le extendió el cheque por 17 mil 500 pesos. –Discúlpeme, señor Gómez, pero el cheque que trae es falso. No lo haría ni un falsificador novato de la plaza de Santo Domingo. –¿Y usted se ha querido burlar de mí dándome una burda copia del siglo xViii ? El dueño defendió su facsímil como auténtico, pero Gómez Cinta recordó al librero que solía vender a los clientes, aun a bibliotecas, libros del siglo xix y principios del xx con dedicatorias de escritores famosos a personajes famosos utilizando una tinta especial y un cabillo. “Es más: a veces incluso se le trastocan las fechas. Ha vendido, a precios de descaro, libros de José Joaquín Pesado y de Guillermo Prieto con dedicatorias a Fray Servando Teresa de Mier.” Discutieron todavía un poco, y al final, en un pacto de caballeros, Gómez se llevó el mapa y Núñez se guardó el cheque.
LA ISLA DESIERTA Y LOS LIBROS
C
uando Robinson Crusoe rescata del barco los libros del naufragio (entre ellos varias Biblias) se da cuenta de que en su caso es falsa la voluntad personal de escoger los que se llevaría a la isla desierta sino que son los que el azar le depara. Al menos uno de ellos, la Biblia, lo salva de la desesperación y la demencia. Robinson no imaginó que, por más de dos siglos, aquellos escritores que en encuestas o en artículos o en conferencias hacían la lista de diez libros que se llevarían a una isla desierta, nunca se fueron con el tambache de diez a ninguna, y la mayoría no había leído siquiera algunos de los libros que enlistaban. Y más: ni la propia casa de los escritores fue figuradamente la isla: nadie vació su biblioteca para quedarse sólo con esos diez libros que le harían en adelante, de manera esencial, su vida sabia e ilustrada
•
Directora General: C armen L ira S aade , Director: H ugo g utiérrez V ega (†) , Jefe de Redacción: L uiS t oVar , Edición: F ranCiSCo t orreS C ó r d o Va , a L e y d a a g u i r r e r o d r í g u e z y r i C a r d o y á ñ e z . Coordinador de ar te y diseño: F r a n C i S C o g a r C í a n o r i e g a , Diseño de portada y dossier: m arga P eña , Diseño de Columnas: J uan g abrieL P uga , Relaciones públicas: V eróniCa S iLVa ; Tel. 5604 5520. Retoque Digital: a Le Jandro P aVón , Publicidad: e Va V argaS y r ubén H inoJoSa , 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. Correo electrónico: jsemanal@jornada.com.mx, Página web: www.jornada.unam.mx
Portada: El aparecido Irving Herrera, 2016
La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, S.A. de CV; Av. Cuauhtémoc núm. 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Delegación Benito Juárez, México, DF, Tel. 9183 0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac núm. 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, México, DF, tel. 5355 6702, 5355 7794. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2003-081318015900-107, del 13 de agosto de 2003, otorgado por la Dirección General de Reserva de Derechos de Autor, INDAUTOR/SEP. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación, por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.
VOZ INTERROGADA
3
entrevista con Alfonso López Casanova Fabrizio Lorusso
Las huellas de la memoria EL ARTISTA ALFONSO LÓPEZ CASANOVA EXPONE LOS ZAPATOS DE LOS DESAPARECIDOS DE MÉXICO Y LATINOAMÉRICA. LA EXPOSICIÓN TERMINA A FINALES DE JUNIO EN EL MUSEO DE LA MEMORIA INDÓMITA DE CIUDAD DE MÉXICO. Fotos: cortesía del autor
Huellas de la memoria es un proyecto que trasciende las barreras del arte para hacerse portador de paz y dignidad. El pasado 9 de mayo, su iniciador, el activista y escultor Alfonso López Casanova, inauguró la primera exposición en el Museo de la Memoria Indómita de Ciudad de México (calle Regina 66), en donde se puede visitar hasta finales de junio. Desde hace más de dos años, Alfonso recibe los zapatos de los familiares de los desaparecidos de todo el país, e incluso de Latinoamérica, y graba en relieve sus datos, la fecha y el lugar de la desaparición sobre las suelas. También pone los mensajes y recuerdos de los familiares, casi siempre relacionados con los temas de la búsqueda y el encuentro, y después imprime la huella y el texto del zapato sobre papel. Le llegan casos de desaparición que van desde la década de los años setenta del siglo pasado hasta la fecha. Las Huellas de la memoria se pintan de verde-esperanza y los zapatos, desgastados e incansables, narran las vivencias y las identidades de quien sigue buscando. Esta “exposición virtual permanente” está en la página Facebook (https://goo.gl/gYSogS). Allí se puede seguir el camino de este proyecto, concebido como itinerante y colectivo.
–¿Cuál es tu filosofía de trabajo? engo más de veinte años en la escultura, pero he trabajado también con pintura y talleres de artes plásticas para niños, enfocado a la cultura de paz. Es la parte que nos interesa mucho a algunos, porque pensamos que es fundamental desandar estos treinta años, especialmente los últimos diez, de lo que estamos viviendo, de este conflicto interno que se ha estado construyendo en este tiempo. Pensamos que para hacerlo tenemos que trabajar en todos los frentes, pero los principales son dos: reconstruir el tejido social y trabajar con las nuevas generaciones, con la idea de mostrarles otros caminos y que el arte puede ser un factor para cambiar, ver la vida de otra manera y construir relaciones distintas.
-T
–¿Quién escribe el texto para las suelas? –Cuando empieza a consolidarse el proyecto, después de la marcha del Día de la Madre de 2013 dedicada a los desaparecidos, me llega una carta junto a un par de zapatos. Me la manda Luz Helena Montalvo, quien busca a su hijo en Coahuila. Allí está la idea clara: es el objeto, el zapato, y el contenido que voy a grabar. Básicamente no hago yo ese texto. Entonces, ellos o ellas, los parientes de las personas desaparecidas, lo elaboran. Prefiero así, aunque es muy doloroso para ellos escribirlo. –¿Cuándo recibiste la primera carta? –El 8 de mayo de 2014. Fue casi año después de que nació la idea: “Soy Luz Helena Montalvo, madre del arquitecto Daniel Roberto Dávila Montalvo, desparecido forzadamente el 23 de junio de 2009 en la ciudad de Torreón, Coahuila, a la edad de 27 años. Daniel es padre de una nena y un niño que lo esperan con ansiedad, al llevárselo se ha quedado detenida la vida, para nosotros no hay proyecto de vida, no hay alegría, para mí que soy su madre sólo es caminar, buscar, buscarlo con esperanza de encontrarlo y traerlo de nuevo a casa. Dany, yo te sigo buscando, tu padre, hermanos, esposa, hijitos, abuelitos, tíos, cuñados, primos te extrañamos, te queremos con nosotros, nos haces mucha falta. Tu madre.” De esta carta, entonces, se toman las palabras que se graban en la suela y luego se ponen sobre papel. –¿Cuál es tu relación con las personas que te envían sus mensajes y zapatos? –Valoro mucho todo esto porque es un símbolo de confianza, significa que el proyecto vale la pena y que ellos escriben y comparten algo que de verdad duele mucho. Ahora que el proyecto va encaminado a ser colectivo, hay que ser cuidadosos y respetuosos. A casi todos los dueños de los zapatos los he visto personalmente. Si no se puede me los dejan, pero siempre hago lo posible por verlos, platicar y conocernos. Me hablan de su caso y en algún momento o allí mismo, mientras platicamos, me entregan o escriben el mensaje. Prefiero que haya una relación personal, si es posible. –¿Podemos leer otras cartas? –Hay una con foto, viene de Mexicali. Por ejemplo a ella no la conozco personalmente, pero
una amiga fue y me hizo llegar el mensaje: “Pierre Meza López, desaparecido el 14 de agosto de 2006 en Mexicali. Siempre seguiré tus huellas hasta encontrarte, hasta el fin del mundo, te extraño mucho, me haces mucha falta, te amaré siempre, tu mamá Imelda.” Lo que finalmente queda grabado sobre la suela son los datos básicos y una parte más personal, emocional, que se extrae da la carta y que tiene que ver casi siempre con encontrar y buscar. También veo el espacio que tengo y lo que cabe. Son temas que siempre aparecen, pues está viva la esperanza de encontrarlos con su búsqueda. Priscila tiene un hermano, Juan Chávez, desaparecido el 8 de septiembre de 1978. “Soy Priscila Chávez y busco a mi hermano. Con esto de soportar y peregrinar, cansada de tanto caminar para un hermano que tanto amo, siempre seguiré luchando hasta encontrarlo junto con los más de 500 desaparecidos.” Ella está manejando el dato que se daba en la época de la llamada, o mal llamada más bien, guerra sucia. –¿Cómo cambian las personas en la búsqueda? –Hay varias personas que escriben que ya están buscando a todos, no sólo a sus seres queridos. A veces he preguntado a los padres si se ha modificado algo a partir de la desaparición de su hijo por lo que se refiere a los zapatos que usan. Varios dicen que sí, porque han caminado muchísimo a las marchas, a la Procuraduría, a las secretarías, a las fosas y a buscar. Y han ido modificando su modo de vestir, incluso ya llevan zapatos más cómodos, de suela corrida, muy flexibles, para seguir caminando. Muchos han entendido que el problema no sólo es suyo sino estructural. Pero además el cambio mayor es interior, se da en ellos. Algunos llegan incluso a enfermarse y a morir en su búsqueda, pero no paran y recorren todo el país. Por eso creo que el futuro y la solución de este conflicto que vivimos están en la fuerza de los familiares y en la sociedad organizada
•
4
5 de junio de 2016 • Número 1109 • Jornada Semanal
Cuatro Poetas Hotel Psiquiátrico
Vórtice
Jair Cortés
Miguel Santos
lo que dura un vodka en la cabeza durante el vuelo 7224 eso dura la cordura y la gordura es eterna porque es una batalla guerra íntima y pública alrededor de la cintura
El instante es una burbuja a punto de rasgarse A punto de romper el encanto en que se quiebra De la tarde El molde La inspiración que va sobre la cresta de la ola que llamamos vida Que nombramos día Que llamamos Que encendemos como si fuera un cerillo Un hombre Con su melena de sol a ras de viento A ras de suelo a punto de apagarse.
lo que tarda una nube eso se demora el raciocinio hacemos cuentas en el mercado dividimos carne grasa y espíritu y al sumergirnos en la alberca se hunde nuestro deseo y no podemos no podemos llegar hasta la orilla
La tía Jeannette Jeannette L. Clariond
Ella leía la taza del café y el dinero lo daba a los ciegos. El resplandor de la ventana atravesaba su escasa cabellera hasta alcanzar la demitasse que sostenía su mano. “Veo tormenta”, dijo un día. No supe si hablaba de mí. Mi madre en los libros encerraba su dolor. Y Jeannette, que llevaba en el nombre su sino, prefería la lectura del café.
Tarde a tarde en su casa la fila de mentes desesperadas: que un viaje, que la amante, que la muerte, un encuentro, cualquier cosa que volviera extraordinaria su vida simple. Ella, Jeannette, era la esencia imperfecta del amor, ciega entre ciegos velaba la tormenta. “Escríbelo todo”, le dije, “escribe todo lo que ves.” Nunca me escuchó, ausente, bajo el humo de la luna.
5 de junio de 2016 • Número 1109 • Jornada Semanal
Insomnio * Elsa Cross 9 El insomnio proyecta sus demonios contra un muro Despuebla de muros el silencio de grillos el jardín Descuelga del techo sus arañas y lleva a su presa por el túnel más lóbrego o la suelta desde el aire como un quebrantahuesos– águila de ojos amarillos Caminos de la inclemencia indigencia trepada en un rumor Y los hilos de agua escurren por las paredes del callejón entre los toldos mal forjados Rincones aviesos cerrando su estrechez hasta un reducto indeseable saltando para atrás avivando el ingenio de la huida Y la partida de males repartida pesando en el aire cumpliendo su condena a cada paso suscitando nuevos males para todos más allá de toda voluntad de todo impulso doblándose ante el humo de esa ciudad vencida esa conciencia parda raída hasta el andrajo/ Y se suceden rápidos los sueños inclementes expulsando al sueño– argucias del insomnio El horror se hacina en los rincones acecha a la vuelta de esos sueños que van y vienen como oleajes cargados de desechos formaciones lóbregas que flotan y se adhieren a la materia de la mente como a las fosas nasales un olor de vísceras regadas [...]
Madre de las miserias de los humos callados Madre de los ahogados de los ahorcados de los desnucados de los desventrados de los ajusticiados de los calcinados de los golpeados a muerte de los perseguidos de los desaparecidos de los desvalidos de las violadas de las mutiladas de las asesinadas de las deshijadas de los secuestrados de los torturados de los decapitados de los acuchillados de los descuartizados inocentes o no culpables o no hermosos o no Muchachos con cabeza de faisán o de gallo silvestre– las negras plumas erizadas sobre ojos que acogen y rechazan que se pierden en su propia línea de horizonte o ven de frente el fin de su trajín el silencio a su grito el tajo súbito quitándoles sin más lo que tenían en las manos la frase a medias el pensamiento a medias la vida a medias Madre de los descarnados ¿te has saciado de horrores? No quieras recorrer de nueva cuenta Señora de la Muerte
el olor de esos cuerpos quemándose los aullidos el eslabón de hierro que junta al verdugo y la víctima la hiel de las madrugadas el dolor repetido en cada casa en cada cuerpo frágil El dolor y su mueca de becerro desollado la mancha creciendo por los bordes los ojos de ira todo tiñéndolo de rojo Ah rabia fértil odio fértil engendrando más odio golpe engendrando más golpes la negra cadena dejando sus eslabones tenebrosos sus colas de demonios sus tzompantlis/ ¿Cuál es la mano que mueve los hilos en lo oscuro? Y en la inmundicia un grito un llanto que enerva un surtidor de vida una tromba de luz el grito de un niño como un clarín que reverbera atraviesa y sacude toda esa inercia malhadada la destroza y alza por entre huecos una respuesta
* Del libro Del mismo título, De próxima publicación .
5
6
Benito
5 de junio de 2016 • Número 1109 • Jornada Semanal
Ricardo Guzmán Wolffer
la
EL INDIO ZAPOTECO NACIÓ EN LA PRIMAVERA DE 1806 Y MURIÓ EL 18 DE JULIO DE 1872.
Irving Herrera, El aparecido, 2016
L
a figura de Benito Juárez, retratado como el oaxaqueño universal, termina significando la de un peculiar rey, con la preeminencia del ideal, del yo superior. Juárez, el que se cuestiona para renovarse en todas las generaciones imbuidas en su mitología y en su representación. Hablar de Juárez pareciera cosa repetitiva, más en Oaxaca. El reto de aumentar su iconografía, luego de las obras señeras de Francisco Toledo, es solventado por el colectivo oaxaqueño 2Diez. Si el rey es el ideal a realizar, pierde su significación histórica y cósmica, se convierte en un valor ético y psicológico. Es un mito tan arraigado en el imaginario colectivo que basta enarbolar su figura para entender que la lucha ha iniciado, como desarrolla Irving Herrera: al lado de otras presencias revolucionarias que suelen poblar las pancartas y los discursos de insurrección en todas las latitudes, Juárez entra como estandarte del rey que no se doblega, que permanecerá en la batalla hasta el último momento, cierto de que sería ideal ganar la guerra, pero que en la lucha misma está ya la victoria. Incluso bajo la mirada de la ironía, Edith Chávez le reconoce esta calidad ejemplar: como alpiste de gallo, Juárez alimenta el orgullo (el gallo simboliza la presunción, por la andadura del animal) que lo mismo puede ser estatal o nacional o continental: en su calidad de estampa manipulable, es un engreimiento sobreutilizado, pero un orgullo a fin de cuentas.
El rey se hermana con otras figuras para establecer el arquetipo de la realización humana. Comparte el trono con el padre, el sabio, el santo: son héroes de todas las latitudes donde rigen. Es el águila representada por Eduardo Martínez, ave sinónimo de gloria que viaja por lo más alto: el corazón mismo del mexicano que no requiere domar una serpiente para saberse superior. Es el corazón de la sierra Juárez, como nos recuerda Dionisio Martínez: la sierra como irrupción de la interioridad hacia lo terrestre en ese espíritu llamado Benito. Iván Bautista refrenda esa relación Juárez-santidad en una peculiar fábula gráfica donde el santo oaxaqueño se divierte con la historieta del Santo luchador, emblema de lo mexicano en otros campos; como si Juárez entendiera que compartir adjetivos con el enmascarado evidenciara la facilidad con que califica el pueblo a sus ídolos. El rey, sin embargo, habita los terrenos de sus seguidores y muchas veces los intereses de pueblo y oligarquía se contraponen. Implacable, cierto de muchas acciones documentadas históricamente que a los ojos contemporáneos resultan opinables o criticables, Mario Guzmán exterioriza a Juárez como un Lincoln que ha subyugado a los indígenas: el niño a sus pies no está tranquilo ni libre, enjuto testimonia la altivez de ese Juárez que copia la figura más representada del presidente considerado como el liberador de esclavos estadunidense. Esta pieza nos recuer-
Gerardo Bonilla, Sin título, 2016
da que en la obra de arte participan casi al mismo nivel el espectador y el creador: el niño puede ser visto como las futuras generaciones a los pies del peso histórico de una figura que en el fondo ni siquiera representa los ideales mexicanos, sino los gringos; los optimistas lo entenderán como el reposo de las generaciones que vendrán. Juárez libera de los invasores, pero bajo la figura de Lincoln: Guzmán plantea que no necesariamente para bien del país. Y muchos podrían darle la razón, luego de las décadas perdidas y de los ideales juaristas abandonados por políticos de boca fácil. Manuel Pinacho nos recuerda que, a la distancia, Juárez puede ser un ente carcomido, pero que podría renovarse si fuera comprendido en su integridad. El rey habita todo su reino. Guillermo Pacheco nos impone el recuerdo de que Juárez no es un ídolo inmóvil en miles de monumentos y billetes; es una figura que en una indetenible carreta sigue recorriendo el país, como lo hizo con parte del archivo nacional en un momento crítico de la historia. El rey es su reino. No importa si su reino iniciara en la Sierra Norte, entre los zapotecos: todo el país le rinde pleitesía y sus ecos llegan a muchos países. Gerardo Bonilla plantea la identidad hacia adentro y hacia afuera del personaje histórico. La humanidad del rey Juárez se ha perdido, sólo queda su investidura inamovible de símbolo y, en su ánimo de ser apropiado por todos los mexicanos, se olvida su lugar de
Juárez,
5 de junio de 2016 • Número 1109 • Jornada Semanal
7
imagen y el símbolo nacimiento. Oaxaca, rincón de municipios multiplicados, de identidades fraccionadas hacia lo microscópico, en contraste con un mapamundi que tiende a lo macro, lo global, donde lo étnico pierde fuerza aislante y de cohesión interna y comunitaria. En la postmodernidad y la preponderancia de la individualidad, ¿cómo aceptar de vuelta a un Juárez que reina sin precisar su región, lengua y fenotipo zapoteco? Para Bonilla, como verdadera corona ante el reino mundial, Juárez porta una imagen zapoteca para establecer que, antes de recordar a Juárez como oaxaqueño, debe tomársele como zapoteca reinante. En un México donde las regiones y las identidades se diluyen ante los retos más esenciales, el llamado a la coincidencia parece ser un recorrido ineludible. El riesgo de entronizar a Juárez no es el de engañar a sus seguidores: la esperanza que emana de sus acciones ha guiado a muchas generaciones en la dirección más adecuada: ésa que nos recuerda que no hay imposibles en la adversidad. Las gráficas presentadas por el colectivo 2Diez son un mensaje para reforzarnos que ningún rey de la iconografía mexicana es incuestionable, pero para ello es necesario documentarse y saber del quehacer y pensamiento de ese Juárez que parece nunca sonreír, a pesar de los millo-
nes de seguidores de su calidad indígena triunfante ante todas las castas y colores de piel que intentaron subyugar al país de indios que él gobernó con manos llenas de sangre y pies quebrados por los traslados y las guerras. Juárez sigue vivo y reúne a artistas de distintas generaciones para forzarlos a actualizar su significado. En el siglo xxi , donde lo visual impera, Juárez está presente como aspiración de los mexicanos a ganar la batalla contra los nuevos invasores. Pero también para recordarnos que incluso el mejor rey corre el riesgo de ser un tirano cuando la voluntad de poder no es controlada en los caminos constructivos. Juárez dio la vida para mostrar que la educación había cambiado su perspectiva personal. Quizá por ese logro inocultable, imposible de borrar en el tiempo y la historia, es que Juárez, a pesar de las muchas opiniones de detractores y admiradores, es parte de la tierra donde nació, como bien muestra Modesto Bernardo al presentar un rostro de colores terrosos, con las variantes de la tierra mojada, la más fértil. En la eficaz creación de Bernardo podríamos elucubrar que es el propio rostro, la presencia humana triunfante, la que hace a la tierra revivir y dar frutos: es Juárez quien obliga a la sierra a hacerse
Edith Chávez, La victoria, 2016
productiva: no importa qué opinemos de él, su poderío derivado de las acciones y los triunfos obtenidos, muchos apenas publicitados, nos llevan a la esperanza de suponer que esa tierra, eternamente en posibilidad de darnos nuevos Juárez, está ahí, a veces como una promesa, a veces como una parcela que cumple la intención juarista de evidenciar la fertilidad del alma. El verdadero tesoro de Juárez radica en el esfuerzo personal por romper la inercia social y geográfica. Y sólo pudo lograrlo en el estudio y luego en la acción. Eso también nos lo recuerdan estas gráficas
•
Guillermo Pacheco, El viajero, 2016
Es un mito tan arraigado en el imaginario colectivo que basta enarbolar su figura para entender que la lucha ha iniciado.
Imre Ker
8
el narra Gustavo Ogarrio
EL ESCRITOR HÚNGARO FUE PREMIO NOBE
EN LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN “EL S ASPIRA A “VIVIR UN POQUITO MÁS”, DICE E
E
para Ester R. Fedida y Lorena Izquierdo para Antolín Sánchez Cuervo y Arturo Aguirre
n el prefacio de su libro Los hundidos y los salvados, último de la ahora identificada como Trilogía de Auschwitz, Primo Levi escribe: “Después de haber sido centros de terror político, luego fábricas de muerte y, sucesivamente (o al mismo tiempo), una ilimitada reserva de mano de obra esclava continuamente renovada, los Lager se habían hecho peligrosos para la Alemania moribunda, porque guardaban el secreto de ellos mismos, el mayor crimen cometido en la historia de la humanidad.” En 1986, cuando escribe estas palabras, Levi era ya uno de los testigos narrativos del exterminio judío en los campos de concentración nazi que se había empeñado en evocar los ultrajes y las propias vergüenzas del terror concentracionario hasta sus últimas consecuencias: un narrador “forzado” a moverse en la zona gris del testimonio como sobrevivencia vergonzosa; un “testigo privilegiado” que debía también encarar, “como un acto de guerra contra el fascismo”, la todavía más vergonzosa estrategia negacionista de aquellos “vencedores” que también querían ganar el combate por la interpretación de la historia reciente. Si bien son sumamente diversos los modos en que el territorio del genocidio nazi se ha narrado, en el caso de los campos de concentración, todavía más intrincada es la pregunta ¿cómo relatar el horror?, así como la interrogante de si es posible vincular narración, testimonio y exterminio. Lo cierto es que las consecuencias de estos relatos han dejado una zozobra sobre la misma definición contemporánea de literatura. Para Esther Cohen, los narradores de Auschwitz, entre ellos el mismo Primo Levi, Victor Klemperer, Joseph Roth, Jean Améry, Albert Camus y el recientemente fallecido Imre Kertész (19292016), casi todos ellos testigos directos del terror concentracionario, se mueven trágicamente entre el exceso de memoria evocativa (Todorov) y la falta de memoria narrativa; entre la obligación de una palabra sin artificios literarios (Primo Levi) y “la necesidad de hacer de la experiencia concentracionaria una experiencia ‘estética’”, como señala Cohen en el caso de Jorge Semprún. Sin embargo, la figura aterradora de Auschwitz guarda todavía una inmensa “reserva de sentido” (Paul Ricoeur) que tiene como punto de partida la contradicción de analizar textos con rasgos artísticos en el límite de una experiencia moral y políticamente indecible; los efectos múltiples de lo que fue esa “fábrica de muerte” de los campos de concentración nazi para el mundo de hoy y sus nuevas zonas y formas de exterminio. ¿A qué tipo de relato sobre Auschwitz pertenece la obra de Imre Kertész? Quizá más cerca de obras como
la controversial novela El hombre perro, de Yoram Kaniuk, en la que el personaje de un payaso célebre, Adán Stein, se vuelve el “perro” del comandante Klein para sobrevivir en el campo de concentración, la narrativa de Kertész toma una distancia irónica y por lo mismo absolutamente trágica ante la manera de narrar Auschwitz: desde la perspectiva de un joven que candorosamente va tomando conciencia de su condición de prisionero, esto en la novela Sin destino, llegando incluso, al final del relato, a sentir cierta nostalgia por los atardeceres en el campo de concentración, hasta el réquiem filosófico que desata una evocación cuasi autobiográfica que conecta Auschwitz con el “¡No!” a la paternidad, en Kaddish por el hijo no nacido, por mencionar sólo dos de sus novelas más conocidas. La sonrisa e ironía imposibles de los sobrevivientes.
LA OSCURIDAD DILATADA Y NARRADA DE AUSCHWITZ: UNA LECCIÓN PARA EL PRESENTE
D
etrás de él siempre estuvo el campo de concentración. Había sido ese adolescente que en 1944 se quedaba cada mañana sin destino en ese inmenso derrumbe de la humanidad que fue y sigue siendo Auschwitz y Buchenwald, dos de los campos de concentración nazis en los que Imre Kertesz estuvo recluido. Afirma Kertész en su Diario de la galera, en el que va narrando los problemas filosóficos de sus relatos: “He vuelto a percatarme de que nada me interesa de verdad salvo el mito de Auschwitz. Cuando pienso en una nueva novela, vuelvo a pensar en Auschwitz. Cualquier cosa que piense, pienso en Auschwitz. Cuando en apariencia hablo de otra cosa, hablo de Auschwitz. Soy el médium del espíritu de Auschwitz. Auschwitz habla a través de mí.” Narrar los campos de la muerte significaba también, para el escritor húngaro, la imposibilidad misma de una literatura de corte humanista: “Así como en las cámaras de tortura ponen discos para acallar los gritos de los torturados, así también el rumor sordo de la verdad con el griterío barato de la llamada literatura humanista.”
“Cuando reflexiono sobre los efectos traumáticos de Auschwitz, reflexiono paradójicamente más sobre el futuro que sobre el pasado.”
Su novela Sin destino, aceptada cabalmente como autobiográfica, narra desde la perspectiva de un adolescente de quince años la progresiva toma de conciencia de quien parte hacia un “trabajo obligatorio” con cierta expectativa para sumergirse en la absoluta oscuridad de un prisionero que se descubre envuelto en la “racionalidad” totalitaria de un veredicto de exterminio: “Al principio, me sentía como si sólo estuviera allí de paso, de una manera lógica y comprensible… A pesar de que durante el paseo no entablé conversación con ningún desconocido, tuve ocasión de conocer detalles muy precisos. Allí, enfrente, estaban quemando a nuestros compañeros de viaje, los que habían llegado con nosotros en el mismo tren, todos los que habían pretendido subir a los camiones, todos los que en el examen médico resultaron no aptos para trabajar, por ser demasiado viejos o por cualquier otra razón, todos los niños con sus madres y las futuras madres a las que se les notaba ya el embarazo. Como nosotros, todos ellos desde la estación, habían ido a ducharse. También a todos ellos les habían informado sobre las perchas, los números y la organización de la ducha. Después de pasar por el barbero y recibir el jabón entraron en una sala llena de duchas y de tuberías, pero de los grifos no salía agua sino gas. De todos los detalles me fui enterando poco a poco…” Imre Kertész también llegó a pensar que muchos terminarían como ese adolescente que él mismo había sido en el campo de concentración en 1944; el futuro de la humanidad estaba ya en Auschwitz; los campos de concentración nazis que exterminaron a millones de judíos eran también la forma futura del más “avanzado” capitalismo y la culminación negativa de la civilización europea; la industria cotidiana de la muerte de los que no cuentan. Hitler y el nacionalsocialismo fueron los precursores de la universalización del exterminio, desde su condición de barbarie europea: “Nunca sentí la tentación de considerar el ámbito temático denominado Holocausto como un conflicto inextricable entre alemanes y judíos; nunca creí que fuese el último capítulo de la historia de sufrimientos del pueblo judío que sucedía lógicamente a las pruebas anteriores; nunca vi en ello un descarrilamiento puntual de la historia, un pogromo a gran es cala más violento que los anteriores o una condición previa a la fundación del Estado de Israel. Lo que descubrí en el Holocausto fue la condición humana, la estación final de una gran aventura a la que el hombre europeo llegó después de dos mil años de cultura ética y moral.”
rtész,
5 de junio de 2016 • Número 1109 • Jornada Semanal
9
ador de Auschwitz
EL DE LITERATURA EN 2002.
SER HUMANO YA SÓLO SE ADAPTA”, EN SUS DIARIOS. Niños sobrevivientes de Auschwitz
En Sin destino se puede leer la siguiente expresión del narrador: “Seguir viviendo, por otro ratito más, en este campo de concentración tan hermoso”; ese “joven ingenuo y lleno de vida” se ha quedado sin destino al igual que la inmensa mayoría de los que viven en el cuasi campo de concentración del capitalismo salvaje de hoy. “El ser humano ya sólo se adapta” –afirma Kertész también en su diario– y sólo aspira a vivir “un poquito más” en la barbarie normalizada de nuestros días: “¡El ser humano! Vive pero no dispone de su vida; piensa, pero no sabe nada; vive en el rebaño, pero es un individuo; es un individuo, pero no es capaz de vivir solo; pertenece a la naturaleza, pero la destruye con el fin de transformarla para el bien de la sociedad; y con su trabajo devasta tanto la naturaleza como su sociedad. Lo peor, con todo, es que se impone leyes que luego es incapaz de cumplir; así, se ve obligado a vivir en la mentira y el desprecio de sí mismo.” Kertész se pregunta: “¿Qué posibilidades tiene el arte cuando ya no existe el tipo humano (el tipo trágico) al que nunca ha dejado de describir? El héroe de la tragedia es el hombre que se crea a sí mismo y fracasa. Hoy en día, sin embargo, el ser humano ya sólo se adapta.” Para Kertész, la “alienación” del ser humano en el mundo moderno proviene también de su renuncia a la tragedia, de su inmersión en una “pseudorrealidad” cuyo horizonte totalitario estaría marcado también por la articulación funcional de los seres humanos a la “realidad” pura del capitalismo que todo lo convierte en mercancía: sobrevivir es su finalidad sin destino. Sin embargo, también
Foto: servicio de reconocimiento de Buchenwald
desde la época romántica está latente un acento trágico en el arte que propicia otras paradojas. O como enuncia el mismo Kertész: nuestra vida “es en gran parte un delito trágico o un error trágico, pero sin las consecuencias trágicas”.
¿RÉQUIEM POR AUSCHWITZ?
¿
Qué queda por decir o recordar de Auschwitz en la actualidad? Para Giorgio Agamben, “desde el punto de vista del historiador, conocemos, por ejemplo, hasta en los detalles mínimos, lo que sucedía en Auschwitz durante la fase final del exterminio, la forma en que los deportados eran conducidos a las cámaras de gas por una escuadra integrada por sus propios compañeros (el denominado Sonderkommando), El campo de Auschwitz-Birkenau
que se ocupaba después de sacar de allí los cadáveres, de lavarlos, de recuperar los dientes de oro y el cabello de sus cuerpos, antes de introducirlos por último en los hornos crematorios. Y a pesar de estos mismos sucesos, que podemos describir y ordenar temporalmente con precisión, siguen siendo particularmente opacos en cuanto intentamos comprenderlos verdaderamente.” Los campos de concentración nazis interrogan a su manera a la vida hiperfuncional del presente y, al mismo tiempo, sus narradores testimoniales nos han legado también ciertas estrategias evocativas y su campo político: la memoria sobre el horror es siempre precaria pero inagotable; ni la opacidad o el borramiento de las huellas del exterminio, ni la verdad empírica, pueden extinguir cierta latencia de una verdad explicativa, quizá porque el horror del exterminio es indecible y, por eso mismo, su resignificación política está vinculada, indirectamente, a la comprensión de los exterminios actuales que se llevan a cabo no solamente en nombre de los nacionalismos racistas, también de la transnacionalización mercantil de la vida humana. O como lo apunta el mismo Agamben: “La aporía de Auschwitz es, en rigor, la misma aporía del conocimiento histórico: la no coincidencia entre hechos y verdad, entre comprobación y comprensión.” El filósofo español Reyes Mate, en el caso de Primo Levi, ha llamado la atención sobre la incomodidad inherente a esta memoria narrativa: “Pero dar testimonio le torturaba, y esto no por tener que revivir el pasado; sino porque su palabra sólo tenía sentido si remitía al silencio de los que no podían hablar. Le torturaba que sus relatos en vez de facilitar esa comunicación, la interrumpieran, por eso se esforzaba cada vez en recrear la situación, añadiendo un detalle… o introduciendo un nuevo punto de vista.” Imre Kertész fue Premio Nobel de Literatura en 2002; algo infinitamente menor a su paso por el campo de concentración. Él, que quiso tener un destino, que miró de reojo a los ojos de la Gorgona, que sólo una vida vivió, multiplicada en relatos, la de aquel joven húngaro recluido en el campo de la muerte y que escapó para contar lo que también es la humanidad: esclavitud, muerte, exterminio. Él, que también fue nadie en el campo de concentración, el novelista del mal absoluto, murió bajo la marca de ese destino trágico que ha dejado el horror de Auschwitz para el futuro de todas las culturas y civilizaciones: narrar, con la alegría y candidez de los condenados y la vergüenza de los sobrevivientes, con el pesimismo de los no nacidos, el comienzo de una era de terror todavía no soñada por nadie: “Cuando reflexiono sobre los efectos traumáticos de Auschwitz, reflexiono paradójicamente más sobre el futuro que sobre el pasado.”
•
10
5 de junio de 2016 • Número 1109 • Jornada Semanal
Kertész:
la muerte del sobreviviente NI AMÓ NI DESPRECIÓ AL SER HUMANO, SIMPLEMENTE LO OBSERVÓ.
Iván András Bojár
E
tema de valores, de lo contrario ellas mismas crean sus l sobreviviente ha muerto. Se marchó Imre Kertész. propios valores, y entonces ay del mundo”, dice Kertész Murió un gran escritor laureado con el Premio Nobel, en su libro titulado Salvación de otro modo. ¿Y qué será y con él se han ido también otras cosas. Recientedel ser humano si un individuo perteneciente a la masa, mente pudo ser vista en muchos cines la película montado en su papel de Mesías, le ofrece un sistema de húngara titulada El hijo de Saúl. Es la creación de una valores? Mostrará como sustituto de valores una exisgeneración que ya nada tiene que ver directamente con el tencia vana, aquella que él mismo pudo captar en la civiliHolocausto, con la tragedia en la que Kertész era uno de los zación del vacío. En su confusión titubeante, disfrazada de sobrevivientes más viejos. Él representaba la experiencia vivalores, la vacuidad queda poblada por elementos estimuvida directamente, mientras los creadores de la película forlantes (relojes caros, yates, coches espectaculares, etiqueman ya parte de la posteridad. Sin embargo Kertész no sólo tas de marcas), como si se tratara de mosaicos que penden era escritor del Holocausto, aunque en Sin destino, novela en el aire. El elegido representa así aquello que los demás por la que recibió el Premio Nobel de Literatura, narra sus desean admirar en él; lo excepcional refuerza y justifica la experiencias de adolescente, la abolición de su personaliexistencia de las masas. Ya no es él quien dad, la historia del despojo de su destino. La experiencia ofrece un sistema de valores: se confundamental es su liberación de la persecución, de la fávierte en abanderado del mundo enrebrica de la muerte descrita con prevesado de valores de las masas. cisión y sorprendente fuerza en la El papel de Kertész en la Europa demencionada El hijo de Saúl. cadente y corrompida fue el de un sisVale la pena dar una hojeada a lo mógrafo. Reaccionó con extrema senque escribió en su diario entre 2001sibilidad a todo lo que sucede en esta 2003, ahora que su muerte es reciendegeneración y deterioro continuos. te. Es conmovedor. Habla un hombre La causa de su acentuada sensibilimayor sabio, adusto y con prejuicios, dad es su origen judío. El sentimiento que expresa las frases que surgen con de pánico incesante que vivió como toda razón en los lectores mientras judío, que muchas veces parece exacamina frente a nosotros. Como si fuegerado ante la mirada ajena, fue de ra un pariente. Muchas veces el diario una enorme ayuda a la hora de mopareciera escrito como ejercicio oblivilizar lo que restaba del instinto de gatorio del oficio: revelaciones concisobrevivencia en Europa. Su visión del mundo sas como aforismos, que a veces dejan era compleja y sencilla. En lo que le sucedió a entrever cierta intencionalidad autoél y a su familia, y en la exterminación metócomplaciente. Y la honestidad. En sus textos dica de los judíos, un problema espiritual que la vanidad lucha con la luz pura. Reflexiones lo atañe, según Kertész se presenta el mismo que finalmente expresa en frases impecaestándar antropológico que cuando los hombles, sin desperdicio, que para ser descifradas bres se matan a hachazos: “En el Holocausto requieren de una atención activa. Justamenyo reconocí el estado de la humanidad, la este el tipo de atención alerta de la que carecen tación terminal de la gran aventura, a donde muchos lectores comunes. El encaramiento llega el hombre europeo después de dos mil áspero hace de Kertész el hombre que fue: años de cultura ética y moral”, escribió en el con él entendemos el vacío y la inutilidad de discurso leído en Estocolmo. La ideología xenuestra existencia, nuestra incapacidad para Dos escenas de El hijo de Saúl, dirigida por László Nemes nófoba es tan sólo un instrumento y, como tal, dejar atrás las limitaciones que nos definen. tiende a encubrir la causa cruda, brutal. El hombre mata porque quiere matar. Quien encasilla a Kertész como escritor judío, que trata el tema del HoloO porque tiene que matar para poder robar. “El principio fundamental de la causto, se equivoca sobremanera. Su experiencia de vida radical lo llevó a tener vida es la maldad”, afirma radicalmente Kertész. Si en su propio destino se enuna visión de la vida radical. En sus obras aborda con esa misma implacabifrentó con este reconocimiento brutal, no tenía ninguna razón por la cual no lidad la esencia de nuestra época y a nosotros, habitantes de esta bola de redactar desde la radicalidad de la experiencia. Su importancia estriba justabarro. Sus experiencias se nutren de vivencias en sistemas totalitarios, de las mente en que mientras nosotros los lectores, consumidores de literatura, podictaduras europeas, del nazismo, del comunismo, así como después de la demos rodearnos de velos finos para no ver la realidad en su insoportable nillamada democracia dirigida. En estas situaciones extremas observa el fenótidez, él expone esta realidad, a la que lo acostumbraron siendo niño. A quien le meno siempre interesante de cómo funciona el ser humano, que ni ama ni guste, que lo lea. A quien no le guste, que coloque a Kertész en el librero. Su lugar desprecia, al que simplemente observa y fija en sus textos. Los hechos más ya estará por siempre entre las grandes figuras de la literatura universal modernos confirman el pensamiento de Goethe: “Las masas necesitan un sis-
•
11
LEER
Jornada Semanal • Número 1109 • 5 de junio de 2016
La Giganta, Patricia Laurent Kullick, Tusquets, México, 2015.
UNA AGUDA MIRADA INFANTIL ORLANDO ORTIZ
T
odos los narradores mencionan que contar una historia desde el punto de vista de un infante es un verdadero reto. Los peligros son muchos. Que se trasluzca la mentalidad del adulto, que se confunda infancia con retraso mental, que el infante parezca enano, en fin, los riesgos son muchos. Patricia Laurent aceptó el reto en esta novela, cuya voz narrativa es la de una niña de once años, y estoy convencido de que superó la prueba con éxito. Las primeras líneas son contundentes: “Tú te ibas a suicidar. Ahogarías en una tina de baño a tus diez hijos...”, y dos párrafos más adelante: “¿y si dejamos vivos a los demás y solamente nos matamos tú y yo? A mí sí llévame, Giganta, yo corro tras de ti con las rodillas heridas por tanto caerme...” No se trata de un relato lineal, de la voz de la pequeña saltamos, por un momento, a ella adulta y en Israel (la presencia de una obra anterior, Camino a Santiago, es evidente), pero después prevalece la voz narrativa infantil, que nos cuenta historias de su familia: una madre (la Giganta), con diez hijos, un padre frustrado y desobligado, un barrio miserable, un día a día repleto de hambre y carencias, las que se acentúan por la perpetua embriaguez de la madre, mujer atractiva y apetecida por los vecinos, desde el carnicero hasta el soldado Alcántara. La Giganta debe enfrentarse a los piojos que medran en la pelambre de todos sus hijos, y también debe controlar la idea de acabar con ellos y quitarse la vida. Esa parece ser la lucha cotidiana, cuya complejidad se acentúa por la necesidad de alimentar a sus hijos, para lo cual vende cosméticos y libros de puerta en puerta. La mirada de la chiquilla es límpida y no se contamina con las atrocidades que nos cuenta (un hermano en manos de un pederasta, otro, guerrillero a pesar de su corta edad, una madre alcohólica, el barrio miserable...), tampoco con las peripecias vividas para comer y tratar de ponerse a salvo de los excesos de la madre que aman y los ama. El padre, ingeniero de origen francés, deambula por la historias, amargado y deprimido, y se perfila con fuerza en los recuerdos. Lo admirable es cómo, en tan pocas páginas, Patricia Laurent nos entrega una galería de perso-
najes –hermanos, amigos, vecinos– bien dibujados y caracterizados, inclusive la pequeña Valeria, que apenas gatea y sin saber hablar parece saber ya lo que quiere. Todos son personajes entrañables por sus dimensiones humanas, por el drama que viven y la falta de perspectivas; no obstante se hallan bastante lejos del melodrama ramplón que caracteriza siempre las historias y películas de niños pobres. A ello contribuye, sin duda, el espléndido manejo del discurso, pues la prosa de Patricia Laurent es incisiva y eficaz. La complejidad de la historia y el punto de vista reclamaban una organización fragmentaria, y en La Giganta, más que fragmentaria es relampagueante. Las escenas se nos presentan como relámpagos que iluminan con fuerza, por un instante y con oportunidad quirúrgica momentos de esas vidas que, sin duda, se hacen inolvidables para el lector. Hasta el momento, este es mejor libro de Patricia Laurent que he leído •
Bitácora Pública, número 11, México, mayo-junio 2016.
En esta edición, la revista multidisciplinaria de Morelos le toma el pulso a la cultura con una entrevista realizada al gran poeta morelense Sergio Mondragón, así como una charla con la joven artista plástica Mar Gasca, de quien se ofrece una portada con un matiz propio de su arte. Hugo Calderón escribe sobre la política y sus falacias; una muestra de poesía morelense enarbola esta edición, desde la cual se afirma la convicción literaria de Morelos. Edna Galindo entrega una revisión del mito de Juno, la mujer que develó los misterios de Júpiter. Ricardo Tapia, codirector de la revista, incursiona en el tema de la globalización y el Derecho. Daniel Galindo habla del inicio del proceso electoral de este 2016. Diana Álvarez recorre con su voz el sendero de la poesía, mientras los narradores Socorro Venegas y Guillermo Samperio se hospedan en estas páginas que navegan en el mar de la cultura, lo cual confirma que la creación literaria es nuestro testimonio mayor en tiempos de crisis.
@JornadaSemanal La Jornada Semanal visita nuestro PDF interactivo en: http://www.jornada.unam.mx/
Odioso caballo, Francisco Hernández, Almadía, México, 2016.
O dios, o caballo: de esta manera el poeta de San Andrés Tuxtla, Veracruz, sostiene una disquisición tan poética como filosófica, en torno a la idea misma de la divinidad, haciéndose eco de aquella vieja máxima de cierto pensador, según la cual “si los caballos pudieran pensar en dios, lo pensarían con imagen de caballo”. El autor de Población de la máscara y Mal de Graves, entre muchos otros títulos, abre fuego aquí de esta manera: “Hoy amanecí montado en Dios./ Dios es un caballo de edad indefinida […] Dios no hace milagros/ porque su continua invisibilidad/ es un milagro en sí”… En once partes se divide este primer poema de largo aliento, al que sigue “Paterson la horrible”, igualmente de aliento extenso. “¿Cuánto pesa un caballo?” es la apertura a un apartado de veintidós poemas en donde caben lo mismo Santa Rosa de Lima que Delacroix y Victor Hugo, Jan Hendrix que Verlaine y Baudelaire, una Centaura que El Señor de la Montaña. “Taller de Moris” vuelve al aliento prolongado y aquí Hernández traslada a las palabras el arte plástico de Israel Moreno. Antes de “Mucho calor”, que a manera de epílogo cierra el volumen, el poeta escribe dieciséis cartas, una de ellas a sus propios pies, otra a una mariposa (o algo así), y el resto a otros poetas, pintores, bailarinas, vendedores de motivos septembrinos y demás personajes de este mundo con y sin dioses.
Antología bilingüe, Emily Dickinson, Alianza Editorial, España, 2015.
Con prólogo, selección y traducción de Amalia Rodríguez Monroy, la que sigue siendo una de las editoras españolas más dignas y valiosas –es decir, menos interesadas en la venta mansálvica de títulos más perecederos que el perejil, pero promocionados como si se tratara de auténticos incunables a futuro o algo así– publica la segunda edición de esta antología de ciento un poemas de una autora que, como bien dicen los editores, “poco a poco pero con fuerza incontenible ha ido haciéndose en el último siglo con un lugar descollante en la lírica universal”. Dickinson, poeta sui generis donde las haya, no fue solamente la autora de oscuridades y profundidades insondables, sino también la poseedora de una mirada amable y generosa que se descubre en sus trabajos más tempranos. El presente volumen da testimonio de ambas vertientes.
En nuestro próximo número
MARGUERITE DURAS: palabras de música e imagen Xabier F. Coronado
jsemanal@jornada.com.mx
ARTE Y PENSAMIENTO ........
5 de junio de 2016 • Número 1109 • Jornada Semanal
Ricardo Venegas ricardovenegas_2000@yahoo.com
Felipe Garrido MENTIRAS TRANSPARENTES Nadie –No, señor, cuando lo doblé ya no estaba, ya no lo traía. Chance Denisse, que lo bajó de arriba, en un descuido ella sí lo vio. Digo chance, no me consta, no sé, pero si quiere se lo pregunto. –No señor, yo no lo vi, se lo juro, y sé cuál es porque otras veces lo ha llevado. Pero ese día no me acuerdo que lo trajera. No sé si... aunque ya ve que luego no se fija. O Gabo, que los recoge y los lleva. –Si lo hubiera visto ya se lo habría dado, señor. Ya ve que cuando el monedero, y cuando aquella pañoleta todo se lo di luego, a usted, sin ruido. Pero eso que me dice no lo he visto. Y eso que a todo lo que llevo le reviso los bolsillos, por si hay alguna cosa que pudiera haberse quedado; digo, un olvido, un descuido, una distracción. Y también cuando lo entrego, delante de mí lo revisan todo lo que les llevo. No señor. Aquí nadie ve, ni tira, ni rompe, ni olvida, ni se distrae, ni se descuida, ni hace, ni dice, ni piensa lo que no debe. Aquí nadie fue •
Ricardo Yáñez DE PASO Elsa Puede decirse que tiene su santuario: todo está en su lugar, todo es una respuesta al horror vacui. Las paredes cubiertas de cuadros, copias y originales, no sé si todos producto de su labor. Uno de rosas, en estilo diría que del xviii, suyo, es el que más me gusta. El marco, se lo dije, es un poco pesado, compite demasiado con el cuadro, que aunque es de densas rosas aligera la mirada, y la respiración. Cuántas muñecas y tan de aires antiguos, decentes, educadas, colman el sofá. Ante ellas su pequeña nieta suele guardar muy prudente distancia. Sin aparente edad, la abuela es meticulosa en su presencia, su presentación. Así que sin más diremos que las cosas (un temblor elocuente en su habla y un como lento brillo en la mirada verde dan fe de su fragilidad) en efecto se parecen a su dueño… Una enormidad de mesa y un venerable piano que aun desafinado se gana nuestro aprecio (qué piano no hace una casa) completarán el cuadro; porque se trata de eso: de un cuadro cuidadosamente terminado •
bitácora bifronte
Vigencia del Manual del ciudadano contemporáneo
D
ice proféticamente la escritora siria Ikram Antaki en su Manual del ciudadano contemporáneo (2004): “Hay que conservar todo lo que es bueno y que podría ser reemplazado por algo menos bueno (…), preservar lo que es irremplazable, no destruirlo todo”. Hay nostalgia histórica en las palabras de Ikram cuando desglosa lo que hipotéticamente debería ser el Estado frente a sus gobernados, y el contraste al que nos conduce la realidad. El recorrido que hace la “Señora de los poetas" en este breviario de la civilización y sus formas de organización es, también, un atinado recuento de la historia de los pueblos antiguos y del aprendizaje forzoso de la humanidad que hoy parece haber olvidado algunas perlas de su propia experiencia: "No porque se sepa hacer zapatos, se sabrá gobernar una ciudad", frase que resuena en la sordera tosca de muchos que votaron por cierto futbolista que hoy es Presidente Municipal y que aspira a ser gobernador sin ser oriundo y sin tener arraigo mayor que el de vacacionar en el mismo lugar que desgobierna. Como advierte Ikram Antaki en este volumen, la política también debe brindar esperanza a los ciudadanos, vivimos tiempos en los que se desprecia las aspiraciones de vida de los demás, en los que se ha deshumanizado la convivencia. Tiempo en el que se privilegia el concreto y se derriban árboles y selvas completas. Nada más desolador que un páramo de condominios en los cuales cada familia debe encerrarse con un equipo de aire acondicionado para resistir los embates del exterior. Las películas apocalípticas ya están muy cerca de la vida cotidiana. En algún momento de El manual del ciudadano comtemporáneo, justo ante la invención de la razón en Grecia en el siglo v (con el invento de la hipótesis de las ideas), Antaki dice: "Platón constata que la democracia a menudo se equivoca cuando transforma la mayoría en universalidad; entonces, piensa en construir un discurso universal capaz de juzgar a todos los demás discursos y conductas. Ahí aparece el riesgo de un discurso totalitario. El riesgo opuesto será la libertad y la razón". Vivimos en un sistema disfrazado de democracia, nada nuevo; y si "entendimos que el conformismo puede disfrazarse de revolución", sabremos que este país es una bomba de tiempo que no estallará pacíficamente. Vale la pena el repaso por los conceptos del Derecho, justicia, paz, la democracia y la demagogia, la razón, la República, el Estado, la laicidad, la violencia, la burguesía, la pena de muerte, la rebeldía y el conformismo social, entre otros, pues hemos convivido con ellos, a veces sin saberlo. La vigencia de este manual cívico radica en la naturalidad y la sencillez con que la autora nos guía a nuestro eterno retorno, lo que ya pasó seguirá sucediendo. Olvidamos para volver a equivocarnos, y lo que en tiempos de prudencia era imposible, en tiempos de insolencia parece lo más usual (que una actriz zafia de Televisa sea diputada, por ejemplo) •
Francisco Torres Córdova ftorrescordova@gmail.com
monólogos compartidos
De un más a otro más Para Arturo Orea
M
ás, una y otra vez otro más y tantas veces más que ya es uno solo innumerable. Más de esto aquí o de aquello allá, por encima, por abajo, a los lados y cerca y lejos en el tiempo y la materia, que sólo importa que produzcan más renta sus caudales, pues nada es suficiente y todo siempre es poco y algo falta sin cesar. Un más que no colma el hueco de bolsos y talegas, alforjas y sacos, monederos y carteras, o vagones, pabellones y bodegas de bancos pequeños y centrales, desmedida y contrahecha su aritmética, obstinado en la suma de una inmensa cifra impronunciable. Ese más que tanto y en tan pocos se concentra, que no descansa un ápice siquiera, no ceja el ardor de sus acopios, no pausa el cálculo total sus acervos, no claudica en el conteo minucioso de sí mismo en el reflejo de sus lujos, no descuida un instante la vieja connivencia que ostenta su poder con los poderes sustentados por la ley adentro y afuera de la ley a lo largo y a lo ancho de la historia. En la vigilia inquebrantable que se impone, ya no reconoce sus propias dimensiones. Si tuviera cuerpo, que no lo encuentra aun en la masa inefable de sus bienes, no sabría dónde está su frente y dónde sus talones, cuál la ondulación de su peso o el ancho de sus hombros, el horizonte que equilibre su mirada o el suave roce del espacio en las palmas de las manos y la nuca. Atado al olor y al sabor que promete la mórbida abundancia que lo ciega mucho más allá de la riqueza, al cabo empantanado en la codicia, en la náusea de la envidia y la avaricia que fomenta, así empobrecido no conoce más medida que el exceso y su lenguaje no se aparta del tumulto y redundancia del delirio. Sin embargo, por fortuna todavía, no es el único más que nos atañe, pues hay otro que pondera, resalta o compara a salvo del precio de las cosas; un más que no pierde el sentido original de la sustancia en que arraiga su grado o su medida, consciente por instinto del valor que las alienta, del pulso que las yergue o las tiende ante los ojos y dilata su presencia. Un más que así propicia el juego de una niña que va y viene sudorosa, se asoma a la ventana, se detiene de pronto y en la lengua y con los dientes explora y piensa las palabras nuevas que descubre en la canción que canta con su padre. El mundo se hace grande y menos turbio entonces, traza algunos de sus bordes inmediatos y presiente sus distancias inminentes. Lo mínimo se toca y engarza con lo grande, lo poco con lo mucho, lo menos con lo más. Del ovillo del caos se desprende una fibra inicial de la armonía y en la nueva inteligencia de la niña suena el ritmo primitivo del poema, de la lúcida inocencia que a veces la palabra nos pone en el oído. En ese juego el padre le hace una pregunta a su criatura y la niña levanta los ojos y responde: “¿Cómo sabes que te quiero?/ ¿Quieres que te quiera más?/ Te quiero más que me quieres/ ¿Qué más quieres?/ ¿Quieres que te quiera más?” (Lua Orea Castillo, a los cuatro años de su edad) •
12
13 Jornada Semanal •
Número 1109 • 5 de junio de 2016
........ ARTE Y PENSAMIENTO
Miguel Ángel Quemain quemainmx@gmail.com
LA OTRA ESCENA
Minetti, la teatralidad profunda de Ruiz Saviñón
M
INETTI ES UNA DECLARACIÓN de guerra contra la mediocridad y el conformismo escénico. Es una propuesta de ambigüedad y poesía que está sostenida en la realidad y ficción de un personaje que abordó Thomas Bernhardt (1931-1989) a partir de un actor real, para reflexionar sobre el sueño y la vigilia, la ambigüedad de la vida y la actuación, así como para colocar en el corazón de la meditación artística la frase que subtitula esta obra que no se quiere histórica porque no es una estampa del actor Bernhardt Minetti (1905-1998) sino un “retrato del artista como hombre viejo”. El primer encuentro con el teatro de Ruiz Saviñón fue en los años ochenta. Lo vi por primera vez con Juegos profanos, de Carlos Olmos, donde actuaban los jóvenes de esos años, Sergio Cataño y Elena de Haro, con grandes capacidades de interpretación y entrega que se multiplicaron y corrieron sobre esa misma vía de imaginación que entonces sorprendió tanto. Hoy, en este montaje es inevitable mirar en estas trayectorias actorales una convergencia en las posibilidades histriónicas que da un texto profundamente literario sobre un personaje real que parece la esencia de lo teatral. Mauricio Davison es el intérprete del intérprete clásico. Actor admirado, consentido, querido por Juan José Gurrola, habita ese Minetti poderoso que transita en el arte y en la vida con una máscara (que James Ensor le elaboró para que escenificara a Lear) que representa el enorme poder de ser el portador de un mundo de ficciones. Es el hombre que tiene una cita con el Shakespeare que inventó a Lear y que ahora se encontrará con el director que le dará la posibilidad de ponerse sobre la escena después de treinta años de haber dejado de representar teatro clásico.
Eduardo Ruiz Saviñón ha presentado este Minetti en distintos escenarios y pienso que esta vez, los lunes de junio a las 20 horas en el Auditorio Julián Carrillo de Radio unam (bajo el esquema de cooperación voluntaria consciente), ha logrado presentar a unos actores que juegan a ser fantasmas que acompañan el encuentro de un actor con sus propias ideas sobre el teatro. Esos fantasmas que lo acompañan en el lobby de un hotel esa noche de Año Nuevo en Ostende, en esa transición temporal que la cultura ha creado para poder dejar atrás cosas que no quiere trasladar al umbral de los nuevos deseos y los nuevos proyectos que propone el año por venir, son fantasmas poderosos que tienen una presencia actoral importante, rigurosa, congruente en la historia de nuestro teatro: Alejandro Juárez Carrejo y Elena de Haro movilizan su corazón escénico bajo una batuta sabia que corresponde a su entrega.
En las últimas tres décadas, Ruiz Saviñón ha hecho un teatro que pone en jaque muchas estructuras ordinarias, ha insistido en una forma de reconocimiento de lo actoral, lo escénico y lo dramatúrgico con valentía e inteligencia, como hacen los maestros que no se desdicen y que jamás traicionan su arte. Este Minetti, en estos tiempos de ceguera y estupidez, pone en cuestión la categoría misma de actor, el sentido de la actuación, la concreción de un arte que parece que sólo es posible en compañía del público, otra vez de un público cómplice, atento y en consonancia con los valores artísticos de lo teatral. ¿Es posible un arte teatral sin público; es esa compañía la que le da su dimensión estética? La obra cuestiona también el sentido de lo estético, la decadencia, las limitaciones y la fuerza de la edad. En qué consiste ser un actor viejo, en qué consiste la madurez sobre la escena. No es casual que Lear sea la figura central de este enigma sobre la creación actoral y este delirio abstracto en el que coloca este gran escritor austríaco a una figura que tiene una referencia real en el teatro alemán y, sobre todo, a un actor polémico una vez que se inició el proceso de desnazificación en Alemania hacia fines de los años cuarenta, lo cual coloca a Bernhard Minetti bajo una reservada mirada por la simpatía que el régimen nazi le tenía. Este trabajo es el modelado fino de un director con la capacidad y la humildad de contemplar, no sólo a un actor, sino a un conjunto de presencias que pueblan un escenario plásticamente muy rico, habitado por objetos que hacen de ese lobby un paisaje interior en tránsito, melancólico y romántico (Liliana Mercenario Pommero y Priscila Pomeroy lo elaboraron) con actores de enorme solvencia, compromiso y energía, que ponen en escena el sueño continuado de un director que no ha cesado de explorar las posibilidades transformadoras del teatro al interior de sí mismo •
Alonso Arreola @LabAlonso
Entrañable instante: David Bowie y Fernando Aceves
V
OY A HABLARLES DE David Bowie y de Fernando Aceves, pues hace unos días participé en la exhibición que los involucró en el marco de la fimPro (Feria Internacional de la Música para Profesionales de Guadalajara). Hablo de la sesión fotográfica que hicieron en Ciudad de México en 1997, cuando el músico británico nos visitó por primera y única vez. Inevitablemente hablaré de mí, pues se trata de un asunto personal y lo personal es lo único que importa cuando uno llega a los cuarenta y los amores y los horrores suceden entre fotografías y canciones. A uno, al rey Goblin de la película Laberinto, lo he escuchado desde la adolescencia, cuando me colgué un bajo por vez primera, aunque debo admitir que al igual que con los vinos, los quesos azules y los sacos de pana, aprendí a quererlo lentamente. Al otro, a Fernando Aceves, lo he visto –en directo o través de sus imágenes– desde hace casi dos décadas. Uno me hizo valorar el estar escénico como un estar dramático; los giros caprichosos que pueden dar las canciones cuando tienen un pie en la vanguardia y un pie en la tradición. El otro me ayudó a confirmar el peso del instante fotográfico; el grano que cruza el cuello del reloj de arena para quedarse suspendido eternamente. Sí, Bowie compuso grandes canciones, actuó en películas y piezas teatrales encomiables y además se interesó en las artes plásticas. Pero dicho esto, entusiasma hablar de él sin numeralia o recuentos, imaginándolo mientras posa para una cámara, sobrecogido por el arte de México. Y entusiasma porque hoy cualquiera toma fotos decentes, correctas. Hoy cualquiera las edita y corrige. Hoy cualquiera las vende a precio de nada. Empero, Fernando Aceves viene de una escuela a cuarto oscuro que en-
BEMOL SOSTENIDO tiende algo fundamental: el big bang de un retrato, el brevísimo momento del clic, su pureza, es lo que permite conocer la talla del cazador. Actualmente, teléfonos, aplicaciones y programas parecen convertir a un aficionado en un Ansel Adams del paisaje, en un Helmuth Newton de la moda, pero… No se nos malinterprete. Celebramos la democracia tecnológica, mas no que se diluya la originalidad en pos de la velocidad digital. Hecho el exordio, las locaciones en las que Bowie estuvo tras el lente de Aceves fueron cinco: su concierto en el Foro Sol, la casa de Frida Kahlo en Coyoacán, el Palacio Nacional, el Palacio de Bellas Artes y las pirámides de Teotihuacan. En una de esas imágenes, mostrando su gran humildad, Bowie aparece sentado y dando la espalda a El hombre controlador del universo, de Diego Rivera, mientras a su lado una pareja mayor estudia el mural dedicado a los obreros del mundo. Con las manos juntas y la mirada atenta, parece un niño respetuoso que se sabe rodeado por adultos. Desde luego, la más notable impresión en torno a esta pieza es en la que integra su perfil al de los obser-
vadores capitalistas, quienes miran la energía del mundo desde el polo opuesto al Ejército Rojo. No ocurre lo mismo en la Katharsis, de José Clemente Orozco, el jalisciense de los pinceles violentos. Posando a su cobijo, el músico se convierte en un turista que no sabe sino cruzar los brazos y torcer la cadera, mientras atrás se produce un abigarramiento cercano al horror. Magníficas son también las huellas de Fernando y Bowie en el Palacio Nacional. Usando la escalera central como escenario, el vuelo del águila de Rivera parece descender sobre la cabeza del Duque. En la casa de Frida lo vemos fluyendo entre batracios hechos de mosaicos, acodado en una pieza prehispánica, sentado femeninamente en una escalera azul o jugando con una máscara que parece recordarle maquillajes distantes. En Teotihuacan, Bowie toma energía con los brazos abiertos bajo la Pirámide del Sol, señala los dientes de la serpiente emplumada o sonríe frente a la Calzada de los Muertos. En todos los casos, posa y no posa, se ausenta o se materializa en y hacia el asombro; se entrega a una lente que canta con voz propia, que dispara respetuosa pero que trasciende su circunstancia proponiendo un túnel de confianza. Sí. Escribiendo David Bowie en Google se pueden ver miles de fotografías, algunas de ellas extraordinarias. Las hay en vivo, en estudio o al aire libre, con amigos y celebridades... Pero las de Fernando nos presentan a una persona que a su vez quiere mostrarnos la obra de otros, que se sabe en segundo plano. Se trata de una coincidencia congelada que lo iguala como viajero en tránsito, lejos del glamur, y que podemos apreciar con otra mirada. Finalmente y según decía Octavio Paz: “Todos los nombres son un solo nombre, todos los rostros son un solo rostro, todos los siglos son un solo instante.” Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos •
ARTE Y PENSAMIENTO ........
5 de junio de 2016 • Número 1109 • Jornada Semanal
Verónica Murguía
14
Jorge Moch tumbaburros@yahoo.com @JorgeMoch
N 1994, CUANDO COMENZABA a escribir artículos periodísticos, Paco Ignacio Taibo padre, director entonces de las páginas culturales de El Universal, me dio la oportunidad de entrevistar a la escritora Jung Chang. Por esos años se publicaron dos libros de autoras chinas que habían sobrevivido a la Revolución cultural: Cisnes salvajes, de la mencionada Chang, y Azalea roja, de Anchee Min. Cuando los leí me perturbaron muchísimo. No sólo por la catástrofe humanitaria y cultural que esa Revolución representó para el pueblo chino; también por el grado de crueldad exhibido por los grupos que deseaban quedar bien con un régimen arbitrario que buscaba, ante todo, que la figura de Mao suplantara no sólo al Partido Comunista, sino que también ocupara el lugar tradicional de los padres, los maestros, Confucio y Buda.
Así como el primer emperador Xi Huang Ti ordenó “quemar todos los libros anteriores a él para abolir la Historia”, como dice Borges, Mao emprendió la tarea de destruir la cultura que lo precedió. Yo no sé si esto, con esta forma tan vasta y absoluta, ha sucedido en otros países además de China. Por supuesto, siempre se han quemado libros y, a veces, a los autores y editores con ellos. Es en la quema de libros, la persecución de intelectuales y el desprecio por la educación, donde se toman la mano la extrema derecha y la izquierda totalitaria. Desde los autos de fe de la Inquisición, el Index de la Iglesia católica, las hogueras de libros “decadentes” atizadas por los nazis hasta las contemporáneas piras encendidas por los ayatollahs y talibanes donde arde cualquier libro que no sea el Corán, la humanidad ha visto, literalmente, cómo las ideas se convierten en ceniza. Esas aberraciones son idénticas en intenciones a las fogatas de la Revolución cultural, los gulags llenos de intelectuales de la Unión Soviética o las matanzas perpetradas por el Khmer Rojo. Pero el caso chino me parece singular, sobre todo porque fue apenas hace una semana que el gobierno chino aceptó, con reticencias, el daño profundísimo que esto hizo a millones de hombres y mujeres. En especial me asombra que Mao haya logrado encauzar las insatisfacciones de los jóvenes para lanzarlos contra los que, con él, habían construido la República Popular China. Fue una lucha en la que se manifestaron con una especial brutalidad las diferencias generacionales, ya que las ideológicas no existían. Una de las características que más me apabulla es que la cultura china presta una particular atención al culto a los ancestros. El respeto filial es una de las piedras angulares de esta antiquísima civilización. ¿Cómo pudo cambiar
China en esos años al grado de que los hijos denunciaran alegremente a s u s p a d re s “p o r a c t i v i d a d e s b u rg u e s a s” ? ¿ Q u e m at a ra n a l o s maestros?¿Destruyeran los templos, bibliotecas y escuelas? A finales de los años ochenta, después de Tiananmen, el escritor Zheng Yi sacó de China fotos de ciertos documentos que llevó a Estados Unidos. Allí, Robin Munro, quien entonces era director de la rama de Human Rights Watch en Hong Kong, examinó las fotos para diagnosticar su autenticidad y quedó apabullado. Los papeles revelaban que en la provincia de Guanxi al menos 137 personas habían sido asesinadas por “burguesas” y sus cadáveres habían sido comidos en rituales ridículos y atroces. En un dato especialmente horrible que apareció en un artículo firmado por Nicholas Kristof publicado en The New York Times en 1993, se cuenta la historia de un director de escuela que fue asesinado y que la primera persona que comió una parte de su cuerpo había sido novia de su hijo y anhelaba demostrar su lealtad a la Revolución. Nadie en Pekín lo había ordenado, pero sucedió y no por hambre. Años después, cuando las autoridades se enteraron, expulsaron a noventa y un caníbales de la provincia de Wuxuan. Nadie fue procesado. Jung Chang es una de las personas más tristes que he conocido. Durante la conversación me mostró los zapatos de su abuela, de “Pie de loto” de ocho centímetros. Tenían las suelas gastadas porque los Guardias Rojos la obligaron a barrer las calles por ser “una reliquia feudal”. Ahora he releído Cisnes salvajes y me ha dolido más que la primera vez que lo leí. No sé si porque el México de ahora permite imaginar mejor lo que pasó en China entonces, o porque tengo más claro que el mal que nos hacemos puede ser infinito. Como sea, lo recomiendo •
LAS RAYAS DE LA CEBRA
E
D
URANTE AÑOS LA IGLESIA católica insistió en la necedad de que el condón no sirve. Y todavía lo afirma a menudo en su canal de televisión María Visión, que se emite desde Zapopan, en la zona conurbada de Guadalajara. Suelen citar presuntos estudios “ordenados por El Vaticano” pero ocultan la fuente. Sin embargo, sí hay estudios serios que demuestran que el condón masculino es efectivo en la prevención de enfermedades como el sida . La Universidad de California ha conducido modelos de investigación que van desde los tres hasta los quince años de duración y seguimiento, evaluando individuos y parejas, tanto heterosexuales como homosexuales, que utilizan condones como medida de prevención. La muestra incluye a todas las etnias que aglutina el territorio estadunidense (reclutados por medio de la ong hivnnet en Boston, Chicago, Denver, Nueva York y Seattle) y los estudios se basan en el área de San Francisco. La misma universidad condujo un proyecto de prevención del sida / vih en Kiwali, Ruanda, con interesantes resultados. En ambos casos se determina que la tasa de transmisión de enfermedades sexualmente asociadas (herpes viral, gonorrea, sida, etcétera.) se reduce dramáticamente en proporciones de 4.1 inicial a 1.8 puntos porcentuales. La Comisión para el Control de Enfermedades del gobierno estadunidense ( cdc , por sus siglas en inglés), por su parte, ha dedicado gran parte de sus recursos al estudio de la efectividad del condón. Para ello condujo una investigación de campo en el estado de Nevada (el único estado de la Unión donde es legal la prostitución) con una muestra de cuarenta y cuatro prostitutas voluntarias. Estas son algunas de sus conclusiones: si bien, en abril de 1992 apareció un artículo en la revista Science que afirmaba que la falla del látex (material con el que se confeccionan los condones) acusaba perforaciones de 5 micrones (uno de los argumentos de El Vaticano en contra del hulito salvavidas) es oportuno precisar algunos puntos: el artículo de marras se refería no al condón, sino al guante quirúrgico. Ahora bien, los guantes de látex solamente llevan un “baño” de látex, mientras que los condones llevan al menos dos. Otra: sí hay un tipo de condón que ofrece porosidad; se trata del condón confeccionado a base de membranas naturales, no del condón de látex, que es mayormente el que se comercializa en todo el orbe, México guadalupano y siempre fiel incluido. Otra más: la efectividad del condón es directamente proporcional al conocimiento sobre su empleo y correcta lubricación; el condón no tiene hoyos como una redecilla, pero sí puede resbalar de su posición o llegar a romperse (una media de quince por ciento de todos los condones utilizados), aunque la tasa de protección sigue siendo alta (ochenta y cinco por ciento). La cdc encon-
CABEZALCUBO
Clero retardatario, condón y sida (ii de ii)
A medio siglo de la Revolución Cultural
tró que la tasa de funcionamiento defectuoso (condones que se resbalan o se rompen) es más alta entre quienes consumen drogas: anfetaminas, veintiséis por ciento; cocaína, veintiséis por ciento; heroína, treinta y ocho por ciento;“poppers”, diecinueve por ciento, aunque ello se debe a cuestiones fisiológicas y psicosexuales asociadas con los efectos de la intoxicación. Con una desviación estándar alta, cercana al 0.8 por ciento, la prueba de filtrado de moléculas de agua en el látex que se usa para fabricar condones es superior al noventa y cinco por ciento. Esto quiere decir que 95% de los condones no dejan siguiera pasar una molécula de agua. Para que el virus asesino del sida obedeciese los parámetros que proclama el clero, tendría que reducir sus dimensiones a nivel molecular o atómico, pero como bien sabemos –o deberíamos saber– el virus del sida tiene otra composición mucho más compleja – a base de proteínas– y por ende, de mayores –mucho mayores– dimensiones. El condón sí sirve, sí protege. La media de efectividad ronda del noventa y dos al noventa y ocho por ciento. Ello significa obviamente muchísimos menos contagios que si no se utiliza, porque sabemos bien que la abstinencia, esa medida preventiva absoluta, resulta una utopía prácticamente imposible en la sociedad moderna. Empezando por muchos de los curitas que tanto la proclaman en público pero la contradicen febrilmente en privado, qué horror, hasta con niños. Y habría que revisar los trabajos de investigación que en estos asuntos se realizan en nuestro país y en otros lares como Japón, Rusia, Cuba o Francia. Hacer afirmaciones categóricas sin pruebas puede no solamente resultar éticamente cuestionable, s i n o d a ñ i n o a l a comunidad si con ello se informa mal. Y los clérigos que pontifican al respecto suelen hacer exactamente eso: desinformar en cuestiones tan delicadas como la prevención de una pandemia •
Ilustración de Juan Gabriel Puga
........ ARTE Y PENSAMIENTO
Jornada Semanal • Número 1109 • 5 de junio de 2016
Miguel Ángel Adame Cerón
Luis Tovar @luistovars
El Dios de Slavoj Zizek
E
N EL DOLOR de Dios (2014), el crítico Slavoj Zizek plantea que la cuestión religiosa y de Dios está llena de sutilezas filosófico-teológicas. En primer lugar, en la confrontación entre el “Supremo” y el “ínfimo” vistos como el “Bien” y el “mal”, el primero domina al segundo, y así se comporta como la fórmula del dinero cuando lo divino usa a lo secular para legitimarse con un plus de “divinidad”; aunque pareciera que es la religión la que legitima los intereses “más bajos” de las relaciones de dominio. Desde esta perspectiva, la religión maneja los hilos en secreto, es “el poder oculto que permite y moviliza el Mal para obtener un Bien mayor”. Lo sagrado-religioso presentándose como “el Bien”, es el que inventó, legitimó y se benefició de lo profano presentándolo como faceta de “el Mal”. Es
la “Totalidad omnicomprensiva suprema” (sagrada religiosa) la que permite la bajeza del Mal. En segundo lugar, señala Zizek, está la idea hegeliana de un Mal que se diferencia de sí exteriorizándose en una figura trascendente del Bien: “Lejos de abarcar al Mal como un momento subordinado, la diferencia entre el Bien y el Mal es inherente al Mal, el bien no es más que un Mal universalizado, y el Mal es la unidad de sí mismo y del Bien.” Las categorías sagrado-religiososanto-numinoso y sus contrapartes profano-secular-maléfico-diabólico, se autocontienen legitimándose: subordinan teórica y prácticamente las actividades e imaginarios vitales y auténticos de los humanos. Zizek distingue tres concepciones de Dios: la primera, un Dios soberano frente a los humanos vulgares, con éstos reducidos a la condición de puros objetos; la humillación absoluta (amoesclavo). La segunda se plantea a Dios como finito y luego esa limitación se refleja en Dios mismo como si fuera un acto de libertad. La tercera concibe a un Dios que es vida sufriente en solidaridad con la miseria humana, y que puede ayudarnos/salvarnos, porque el exceso de ese sufrimiento comparado con la medida humana lo hace divino. En cuarto lugar, Zizek menciona que se han concebido teo-filosóficamente tres formas de presencia de Dios en el mundo: en el universo creado, que refleja directamente la gloria del creador, la presencia del creador no directamente en el mundo sino a través de sus huellas y su intervención a través de la distribución contingente de su gracia. Sin embargo, según Hegel, para el cristianismo Dios se mira desde la distorsionada perspectiva humana. Esto enlaza con la idea mística de que el ojo con que se ve a Dios es el ojo con el que Dios se ve a sí mismo. Pero no sólo Dios es capaz de verse a sí mismo sino que es capaz de exteriorizarse en relación consigo mismo y, por tanto, es capaz de auto-alienarse. En quinto lugar, las teo-filosofías con las que Zizek ironiza desde la pers-
pectiva de un ateísmo lacaniano crítico tanto del religioso como del ateo modernos, son interesantes pero insuficientes para comprender tanto la existencia de Dios como su no existencia. Desde la visión de Zizek, el fundamentalista religioso se ampara en el apotegma “si Dios existe entonces todo está permitido”; mientras el ateo moderno en “si dios no existe entonces todo está permitido”, ambos dominados en su inconsciente por prohibiciones. Principalmente, el ateo moderno/postmoderno, que “se muestra como un hedonista tolerante dedicado a la búsqueda de la felicidad, pero cuyo inconsciente es la sede de las prohibiciones: lo reprimido no son deseos o placeres ilícitos, sino las propias prohibiciones […] que sabotean su goce”. Dichas teo-filosofías no dan cuenta de las autoprohibiciones en el inconsciente y proyectan autoalienaciones divinas y humanas, sin encontrar el meollo de la sublimación religiosa y fallando en la felicidad personal/social. No se trata sólo de creencias y actuaciones conscientes que el ser humano despliega respecto a la existencia de Dios, sino que los individuos creen en ellos y actúan en consecuencia. ¿Hay que aceptar nuestra finitud y dejar que las filigranas metafísicas y teológicas del Inconsciente asuman esa verdad y realidad? Zizek es crítico con los teo-filósofos y hasta con Marx, pero no se comporta de la misma forma con el psicoanálisis freudiano-lacaniano, incapaz e insuficiente de dar cuenta de las enajenaciones históricas y capitalistas positivas y negativas del ser humano y su corporeidad, y por consiguiente para explicar la enajenación y la autoenajenación específicamente sagrada-religiosa. Los proyectos humanos quedan depositados en lo Otro omnipresente y ultramundano; su consciente y su inconsciente, su cerebro y su mente, su imaginario y su orden simbólico quedan imbuidos de ese extrañamiento. Žižek sólo bordea las sutilezas metafísicas y teológicas de Dios y del Inconsciente, pero no aborda el holograma de las enajenaciones y su fractal capitalista supremo •
A
ESTE JUNTAPALABRAS –y, claro, a los premiados– le dio mucho gusto haber coincidido mayoritariamente, y en las principales categorías, con lo que sucedió el pasado 28 de mayo en el Auditorio Nacional, cuando la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (amacc) entregó por quincuagésima octava ocasión el Ariel. Las elegidas ganó mejor película, dirección, guión original, fotografía y revelación femenina para Nancy Talamantes y, dirían los clásicos, con ello se convirtió en la gran triunfadora de la noche. Por su parte, a Gloria no le fue nada mal con sus cinco Arieles, que fueron para mejores actriz y actor –Sofía Espinosa y Marco Pérez–, edición, sonido y maquillaje. En contraparte, las grandes perdedoras fueron La delgada línea amarilla, con las manos vacías, y 600 millas, que de trece posibles sólo ganó ópera prima y coactuación masculina para Noé Hernández, gracias a que la Academia no sobrevaloró este filme regularzón como lo hizo Másdeuno. Incluso Mexican gangster, la leyenda del charro misterioso puede sonreír con sus cuatro Arieles a vestuario, diseño de arte y efectos visuales y especiales, y uno puede hacer lo propio en virtud de que ese petardo sobrenominado de título El Jeremías sólo tuvo un premio producto de la sensiblería –a revelación masculina para el niño Martín Castro–; de que esa cosa llamada Yo al final fue dignamente ignorada; de que Laura Santullo se llevó un muy merecido premio por el guión adaptado de Un monstruo de mil cabezas; y de que Roberto Fiesco vivió lo propio por su estupendo cortometraje de ficción Trémulo.
Apuntes pArA combAtir letArgos Como es bien sabido, y para seguir con las fórmulas clásicas, la noche se la robó Paul Leduc, galardonado con uno de los Arieles de Oro a trayectoria –el otro fue para la inolvidable Rosita Quintana– por el discurso claro, duro y a la cabeza que tuvo a bien sorrajarle a la concurrencia, incluido el secretario federal de Cultura Rafael Tovar y de Teresa, ahí presente, que abrió la ceremonia con el consabido e injustificado optimismo oficial respecto del cine en México. Las cifras y la problemática expuesta por Leduc en su alocución, publicada en estas páginas el domingo pasado, fue también transmitida vía un Canal Once que, dicen, fungió como censurador. Quien haya leído antes esta columna sabe que dichos problemas y cifras suelen ser abordados aquí; la fortuna es haber contado con alguien que supo y quiso aprovechar el momento mediático para decir todo lo que es preciso seguir diciendo, y en vez de festinar que hoy se producen tantas o más películas que en la mejor época de nuestro cine –cuantitativamente hablando al menos–, se ponga remedio a la muy nociva diferencia entre
Paul Leduc
lo generado y lo exhibido y, más aún, lo efectivamente visto por un porcentaje menos que ínfimo de la población; diferencia que apabulla y es reflejo inequívoco de la realidad metacinematográfica: en tanto sociedad nos conocemos muy poco, no queremos hacerlo y, cuando algo nos muestra lo que somos y de qué manera, preferimos negarlo activa o pasivamente, y este último método consiste –hablando de cine– en volver invisible todo filme susceptible de ser una piedra en el zapato de las buenas conciencias que, para serlo, precisan de la evasión: que no vengan a enseñarles lo feos, lo traidores, lo corruptos, lo indolentes, lo indiferentes, lo criminales, lo apáticos, lo crueles, lo sanguinarios, lo mendaces, lo horrible que somos porque, dicen, para eso basta con salir a la calle y no va uno al cine, dice Buenaconciencia, a tomar clases de nada ni a que lo depriman o lo regañen. Lo anterior, dígase así, de pantalla para afuera, y de pantalla para adentro añádanse la pose del exquisito y la triste gallardía de la ignorancia: lo primero a cargo de los ausentes y los ninguneadores, que hablan del cine en general y del Ariel en particular como si juntarse con esa chusma les fuera a pegar los piojos, contribuyendo con la mediocridad de su desinterés a una pauperización que más tarde van a deplorar; y lo segundo a cargo de esos aspirantes a cineasta diríase esquizofrénicos, que lo ignoran prácticamente todo de ese medio –pasado y presente– del que dicen querer ser parte y, para decirlo parafraseando un viejo refrán, como no conocen a Dios a cualquier barbón se le hincan. Más allá de todo lo cual, y con la experiencia de un par de décadas siendo testigo y en cierta forma parte del fenómeno cinematográfico mexicano, cabe felicitar a la amacc por estos primeros pasos que comienzan a sacarla de un letargo de pasividad y de bajo nivel de interlocución que no le convenía a nadie •
CINEXCUSAS
De premios y discursos
GALERÍA
15
Correr un maratón: ¿placer y dolor?
ENSAYO
8 de mayo de 2016 • Número 1105 • Jornada Semanal16
Norma Ávila Jiménez
El 24 de abril atletas corrían en Londres, mientras que en el espacio, el astronauta Tim Peake lo hizo desde la estación espacial para mejorar su sistema óseo y su espíritu.
¿
Alguien imaginaria que en la Estación Espacial Internacional ( eei ), además de hacer sus tareas, los astronautas participan en maratones? El 24 de abril –fecha en que se efectuó el de Londres–, el británico Tim Peake lo corrió desde la eei , al igual que aproximadamente 37 mil personas sobre la superficie terrestre. Peake compensó la ingravidez usando correas que lo sujetaron a una banda sin fin que incluía una pantalla con una versión digitalizada del recorrido. No fue el primero en realizar esta hazaña. La astronauta Sunita Williams lo hizo en 1997, al mismo tiempo que miles de entusiastas en Boston. Haber corrido un maratón en el espacio significó para Peake y Williams mantener en mejor estado su sistema óseo y el espíritu. ¿Y en la Tierra? ¿Qué sucede con los corredores después de haber participado en una de estas pruebas?
Con los pies en la Tierra En el libro De qué hablo cuando hablo de correr, Haruki Murakami subraya una frase que, como un mantra, repetía un maratonista: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.” Esas atinadas palabras describen el gozo y/o el sufrimiento que estos atletas del asfalto sienten al finalizar los 42.195 kilómetros; al cruzar la meta algunos se tiran, otros se sientan o caminan haciendo “eses”, sin embargo, son sus pensamientos los que deciden qué tan “rendidos” están. Después de haber simulado al mítico Filípides, desde el punto de vista físico, las lesiones más frecuentes en los maratonistas son: inflamaciones de la membrana que protege a la tibia, del tejido que cubre los huesos de la parte baja del pie, y de los tendones de la rótula y de Aquiles; desgarres musculares, esguinces de tobillo y pequeñas fracturas, subraya la especialista en Medicina del Deporte, Laura Myriam
Andrade Aguilar. Estas alteraciones corporales van detonándose durante la carrera como consecuencia de la repetición de impactos y del “aumento de gasto metabólico, que incrementa la velocidad del intercambio de gases y una menor presencia de oxígeno, lo que complica las funciones de la respiración con la consecuente fatiga a nivel muscular, cerebral y del sistema nervioso central. El corredor también presenta aumento de ácido láctico, problemas de deshidratación, pérdida de elasticidad, dolor muscular, contracciones inesperadas, falta de coordinación y de reflejos en los movimientos”. En análisis de sangre realizados a corredores del Maratón de Boston de 2005, el doctor Alexander Kratz y su equipo registraron un decremento en el número de linfocitos –un tipo de glóbulo blanco que interviene en el sistema inmunitario– y cuando esto sucede, la capacidad del cuerpo para resistir las infecciones se ve comprometida. ¡Uuuf! En verdad hay que tener pasión y ser endorfinodependiente para entrarle al citado juego deportivo. Alejandro Suárez, competidor por México en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015, asegura que “las piernas acaban muy golpeadas, a veces no sabes ni cómo llegaste a la meta, apenas puedes caminar o subir un escalón”. Luis Tovar, jefe de redacción de La Jornada Semanal, quien ha participado en diez maratones “sin reservarme ni un poquito de energía”, enfatiza que todavía a tres o cuatro días después de la prueba “parece que te atropellaron”. En 1983, un grupo de especialistas publicó en la Revista de Ciencias Neurológicas los resultados de biopsias tomadas de las pantorrillas a varios maratonistas. Detectaron que tanto el entrenamiento como la carrera producen inflamación y necrosis de las fibras musculares. Estas alteraciones requieren de catorce días de reposo para recuperarse; eso no lo olvidan los maratonistas. “No corro hasta quince días después”, asegura Luis Tovar, quien ayuda a su cuerpo a dispersar el ácido láctico acumulado con hidromasaje, baños de agua caliente y estiramientos.
La ultramaratonista mexicana Nahila Hernández, quien a fines del año pasado corrió durante veintitrés días entre 50 y 60 kilómetros diarios en el Desierto de Atacama, y más adelante compitió en otra de estas agotadoras pruebas en el Polo Sur, asegura que a nivel físico “hay un desgaste considerable; para poder hacer algo igual, necesito de tres a cuatro meses de recuperación”, que incluye dormir lo más que puede. “Los músculos se recuperan rápido, pero hay que subrayar la importante pérdida de peso, en mi caso, de aproximadamente siete kilos.” Esa parte dolorosa se compensa con los momentos en que los maratonianos se perciben como discípulos de Mercurio. Científicos de las universidades de Granada, Sevilla y Pablo de Olavide, hicieron un estudio en el cual participaron 170 corredores de entre diecinueve y setenta y un años que compitieron en el Maratón de Sevilla en 2010. Al final de la carrera completaron un cuestionario denominado Escala Breve del Flow. Esto último es un estado de conciencia en el cual se logra excluir todo pensamiento ajeno a lo que se está haciendo; eso detona la sensación de que algo especial está ocurriendo. El resultado arrojó que estos deportistas experimentan momentos de flow, esto es, de gran placer, durante y/o al final de la carrera. Y para muestra un botón: Luis Tovar subraya la “inmensa alegría” que siente al llegar a la meta. “Es la culminación de un logro y eso conlleva implicaciones anímicas y emocionales, aunque suene cursi.” Nahila Hernández subraya la sombra y la luz: “Hay que lidiar con situaciones incómodas como no poderte bañar, dormir mal, comer lo que sea y levantarte para volver a correr aunque estés muy cansada, durante los días que dura el ultramaratón. Al terminar, te das cuenta de que requeriste una concentración muy fuerte; eso te deja exhausta, hay un vacío; lleva tiempo recuperarse. Pero por otro lado, es indudable la satisfacción que se siente por haber logrado el objetivo.” ¿Placer y dolor? Vale la pena, para decirlo como Murakami: “Al menos aguanto sin caminar hasta el final.” •