1984 2014 1984 2014 ISBN 978-607-95998-6-7
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PORTADAS QUE
HACEN HISTORIA
Demos Desarrollo de Medios, SA de CV
DIRECTORA GENERAL
Carmen Lira Saade GERENTE GENERAL
Jorge Martínez Jiménez
CONSEJO DE ADMINISTRACIÓN PRESIDENTE
Hugo Gutiérrez Vega COMISARIO
Luis Linares Zapata
1984-2014
PORTADAS QUE HACEN HISTORIA EDICIÓN ESPECIAL DISEÑO
Luis Almeida FORMACIÓN
Bertha Méndez INVESTIGACIÓN
Mariana Domínguez Batis FOTOGRAFIA E IMÁGENES
Archivo La Jornada PORTADAS DIGITALES
Comunicación y transmisiones / La Jornada PUBLICIDAD
Marco A. Hinojosa
Primera Edición Septiembre de 2014 Demos, Desarrollo de Medios, SA de CV ISBN: 978 607 95998 6 7 Av. Cuauhtémoc 1236 Del. Benito Juárez 03310, México, DF Impreso en México Por Imprenta de Medios, SA de CV Cuitláhuac 3353 Colonia Ampliación Cosmopolita Azcapotzalco, México, DF
1984 2014 PORTADAS QUE
HACEN HISTORIA
PORTADAS QUE
HACEN HISTORIA
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ntendemos que no hay forma sin contenido ni contenido sin forma. La primera página de una publicación comercial es un empaque atractivo, un envoltorio diseñado para vender el producto; la portada de un diario consagrado a la sociedad es una suerte de asamblea representativa de los contenidos interiores que busca, en su ordenamiento, discriminación y jerarquía, ofrecer una visión del país y del mundo. La elaboración cotidiana de ese mensaje implica una responsabilidad, tan agotadora como apasionante, que en La Jornada hemos emprendido unas 10 mil 800 veces desde el 18 de septiembre de 1984, con muchos aciertos y muchos errores, pero siempre con voluntad de servir a los lectores y al conjunto de la ciudadanía. El sentido y el impacto social del periódico tienen un componente fundamental: el trabajo de edición que nos permite jerarquizar, destacar y resumir en la primera plana el total del contenido informativo. La piedra de toque de toda esta ta-
rea es el titular principal, la “nota de ocho” columnas —que en nuestro caso es de cuatro—, la princesa, la composición de caracteres, imágenes —foto, caricatura, reproducción facsimilar o infografía— en la que se resume de golpe la noticia más importante de las últimas veinticuatro horas. Las 260 portadas del diario que dan contenido a este volumen relatan en fragmentos inconexos la historia de México y del mundo, porque en realidad son recortes de un álbum de recuerdos de miles de primeras páginas. Si las planas interiores son responsabilidad de un editor, que organiza el producto del trabajo de un reportero y un fotógrafo, o de un monero y un articulista, la primera plana es el fruto del esfuerzo de todos los sectores del diario involucrados en la tarea periodística. La portada se va conformando, simultáneamente, en distintos lugares de la ciudad, del país o del mundo; en pláticas confidenciales entre reporteros e informantes; en investigaciones que están a punto
de producir un importante descubrimiento; en desastres naturales que han ocurrido muy lejos de aquí pero todavía no los conocemos. En pocas palabras, la primera plana la imaginan y sueñan muchos en el oficio periodístico, desde el aprendiz hambriento de fama que desea firmar la princesa, hasta el viejo lobo de la redacción que fantasea con darle una vuelta de tuerca a la política. Pero en los hechos se concreta a raíz de un largo proceso de creación colectiva. En La Jornada, la primera plana se esboza en las órdenes de trabajo que reciben los reporteros al principio de la mañana, y se discute por las tardes en las juntas de evaluación de los coordinadores de las secciones del diario. Aunque no es sino hasta avanzada la edición cuando cada noticia, en su contexto, cobra su verdadera dimensión y se consolida como elemento de la portada o se va a interiores. En no pocas ocasiones ha sucedido que un acontecimiento inesperado, pero de enorme magnitud, echa por la borda el trabajo de un día entero y gana por derecho propio el privilegio de ser no sólo la princesa sino el material de toda la primera plana. Nuestro periodismo es así. Vistas una a una, como una secuencia indisoluble, nuestras primeras planas relatan también la historia de la maltrecha economía de este país, que no crece en términos reales desde que nacimos como órgano informativo. Esa historia está cifrada en los precios de venta que ha tenido
nuestro diario, desde que en 1984 costaba 35 pesos el ejemplar, hasta los “10 mil” que la gente paga hoy, si no olvidamos los tres ceros que en 1993 Salinas de Gortari le borró a la moneda nacional. A la vuelta de estas tres décadas, pese a la montaña rusa de la inflación y a las sucesivas crisis económicas, nuestros lectores se han mantenido fieles a un proyecto que —esperamos, deseamos— tampoco los ha defraudado.
e Si bien se han desarrollado empresas filiales y otorgado franquicias que subrayan la presencia de La Jornada en distintos lugares del país, donde las portadas tienen rasgos y temas locales que se agregan a la edición nacional, nunca hemos puesto por delante la posibilidad de hacer negocios a la de hacer periodismo, que es nuestra vocación y nuestro destino: hoy como hace 30 años no pretendemos informar para hacer dinero sino mantener nuestra viabilidad económica para informar. Por ello siempre nos han escamoteado la publicidad, porque no permitimos que nos controlen o sometan, porque tenemos claro que nuestra función social es la de actuar como un auténtico contrapoder y porque sostenemos que ésa, y no otra, debe ser la misión de los medios verdaderamente independientes. En las tres décadas que ahora contamos, el diario ha sido un espacio que no
puede confundirse con el amasijo de los poderes, formales o fácticos; libre y autónomo, con una identidad bien clara, a la cual ha sido y seguirá siendo fiel, sean cuales sean las vicisitudes por las que atraviese el país. El andar de La Jornada ha sido una permanente apuesta por la tarea informativa en la que creemos, pero también una toma de posición por la política entendida en el sentido más alto, noble y respetuoso, es decir, en sus posibilidades de cambiarse a sí misma para que pueda ser un instrumento de transformación del país. Ciertamente, en todos estos años La Jornada ha sido algo más que un periódico: en sus páginas han surgido iniciativas, ideas e inquietudes, debates y reflexiones de alcance nacional, y en ellas ha quedado registrado un pedazo de la historia de México. Hemos actuado siempre en nombre y por cuenta de esos ciudadanos que no se resignan a la decadencia de la moral pública, la desintegración social, la simulación ni a la deformación de las instituciones. Este compromiso de identidad es el que le ha permitido a La Jornada transitar por
estos confusos años de historia americana, latinoamericana y mundial, y que nos ayudará en los tiempos por venir. Se trata de un acto de fe en el periodismo, nuestro oficio.
e Y bien, para festejar los 30 años de La Jornada, hemos querido presentar una colección de portadas y sus princesas, que son espejos de la sociedad a la que servimos, una sociedad que aquí puede verse reflejada tan hermosa y tan horrible como la propia realidad. Hay en esta edición especial un tramo de la historia del país y de nuestra propia historia, irrepetible y milagrosa. Ciertamente, hemos sido testigos, pero también sujetos, de las transformaciones y de las inercias, de los logros y las derrotas nacionales que se dejan leer en estas composiciones tipográficas en las que hemos ido dejando una parte entrañable de nuestras vidas. Esto es, en efecto, la punta del iceberg de muchos años de trabajo de reporteros, redactores, fotógrafos, moneros, editores, articulistas, columnistas, editorialistas y directivos.
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Highly trained technicians and operators, advanced equipment and internationally certified processes guarantee the quality and world-wide competitiveness of the AHMSA steels.
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