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La Ecológica

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Directora general: Carmen Lira Saade Director fundador: Carlos Payán Velver Director: Iván Restrepo Editora: Laura Angulo

e cologlca septiembre 2026

No al fracking

Ni aquí ni allá, ni hoy ni nunca Números anteriores

Correos electrónicos: ivres381022@gmail.com • estelaguevara84@gmail.com


Presentación Dolores Rojas Rubio Fundación Heinrich Boell Correo-e: Dolores.Rojas@mx.boell.org

Beatriz Olivera Villa, Engenera

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últiples voces en la resistencia al fracking

Correo-e: beatriz.olivera@engenera.org

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n las últimas semanas, el fracking ha estado presente en la discusión pública con tal intensidad que varios medios han estado abordando el tema, con más o menos debate o mirada crítica. El conflicto en Medio Oriente entre Estados Unidos e Irán ha visibilizado con más claridad cómo la economía global depende de los combustibles fósiles y las consecuencias que tendría un corte en el suministro de petróleo proveniente de los países árabes. Sin embargo, esta dependencia no es inamovible ni

inevitable, porque es consecuencia de un modelo económico extractivista basado en los combustibles fósiles. En México, por ejemplo, desde 2012 se decidió tratar al gas como si fuera un combustible limpio, se le exentó de cualquier impuesto del carbono y se le promovió como fuente generadora de energía eléctrica. Hoy, alrededor del 50 o 60 por ciento de la electricidad que se produce en México depende del gas importado de Estados Unidos. Como si eso fuera poco, ya nos anuncia-

La contaminación que dejó el basurero tóxico de Comarsa, en Argentina, planta que recolectaba residuos provenientes del fracking, requerirá de un plan de limpieza a muy largo plazo... Foto: Fundación Greepeace Argentina

En portada: mecheros y “grullas” Foto: William Campbell septiembre 2026

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ron la construcción de más plantas generadoras de energía que usarán gas. Claro que esa vulnerabilidad por diseño genera inquietud, pero ¿es el fracking la solución? Estados Unidos ha realizado fracking durante unos 30 años, por eso la mayoría de las investigaciones sobre los impactos de esta técnica se ha producido allá, sobre Texas y Pensilvania, donde inició y se ha concentrado la fractura hidráulica. Las primeras resistencias conocidas surgieron en ese mismo país y, en 2013, el mo-

vimiento en Nueva York logró la prohibición del fracking en ese estado. Los Científicos Comprometidos con la Sociedad de Estados Unidos y Médicos Comprometidos con la Sociedad de Nueva York, hicieron un compendio de las investigaciones sobre los impactos en el ambiente y la salud del fracking que sirvió de base para esa prohibición. Desde entonces, este documento ha tenido actualizaciones y nuevas ediciones que han sido un gran insumo para argumentar y sustentar con evidencia científica el rechazo a esta técnica. En América Latina, Argentina tiene la reserva de hidrocarburos más grande del continente en Vaca Muerta. En el año 2012, una nueva crisis económica aparecía en el horizonte argentino y entre sus razones se encontraba la caída de la extracción petrolera en los yacimientos del país. Vaca Muerta fue presentada entonces como la solución energética y económica para aquel país. En México, con la vecindad de Estados Unidos, se empezó a plantear la posibilidad de hacer fractura hidráulica, como se hizo a nivel piloto en Nuevo León. Es en este contexto que, en 2013, surge la Alianza Mexicana contra el Fracking y empiezan los intercambios de información con organizaciones de diversos países: Estados Unidos, México, Argentina, Colombia, Bolivia, Brasil que más tarde dieron lugar a la Alianza Latinoamericana frente al Fracking. Desde entonces y durante 13 años, la resistencia al fracking en nuestro país ha sido un común denominador de


varios territorios ubicados principalmente en la cuenca Tampico Misantla y en el Paleocanal de Chicontepec. Amenazados unos e impactados otros, han robustecido su tejido social y comunitario para blindar sus territorios frente al extractivismo y muy especialmente contra el fracking. En la arena legislativa, también se impulsaron al menos ocho iniciativas de prohibición del fracking con representantes de diferentes partidos políticos. Sin embargo, independientemente de quién tenga la mayoría o esté en el poder, ninguna de estas iniciativas logró prosperar. Desde que la presidenta Claudia Sheinbaum presentó, en agosto de 2025 el Plan Estratégico de Pemex 20252035, se encendieron las alertas en las regiones amenazadas por el fracking. Y ello porque contempla la exploración y extracción de hidrocarburos en yacimientos no convencionales o de “geología compleja” mediante fractura hidráulica. El pasado abril, la presidenta anunció la creación de un comité científico para que

evalúe si es factible hacer fracking, cómo y cuánto costaría. También dijo que le daría dos meses para entregar esa evaluación. El 6 de agosto, la presidenta informó que el comité recomendaba utilizar el fracking, pese a la oposición de algunos de los expertos convocados para tal evaluación. Para enriquecer esta discusión, este número de La Jornada Ecológica reúne las voces de personas conocedoras y expertas que suman elementos al análisis sobre la conveniencia de aplicar la técnica del fracking en nuestro país. Aquí se reúnen voces muy diversas: desde las ciencias exactas y las sociales, hasta los derechos humanos y las voces de las comunidades. Tenemos la mirada de la bióloga Carla Flores Lot, de CartoCrítica, quien nos describe los impactos en la flora durante su recorrido por la Sierra Norte de Puebla y la zona de Poza Rica-Papantla, en Veracruz, donde hay pozos explotados mediante fracking. La Contraloría Autónoma del Agua de la Huasteca Potosina, en las palabras de Gregorio, Solomon, Rogel y Rosa Esther, nos deja claro que su

Buque que transporta GNL, Gulf Energy Foto: Gordon Leggett, Wikimedia Commons

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lucha es por la vida y que impedir el fracking es parte de la defensa integral de la vida comunitaria, del territorio, de los derechos indígenas y de la naturaleza. También está el aporte de Alejandra Jiménez, parte de la Coordinadora Regional de Acción Solidaria en Defensa del Territorio Huasteca-Totonacapan (Corason), que explica el papel del fracking en el modelo de transición energética de las corporaciones. Claudia Campero, integrante de la campaña ¿Ballenas o Gas?, nos narra lo que el fracking ha dejado en Texas y nos llama a rechazar esta técnica y evitar que venga a destruir el Golfo de California. En su texto, Areli Sandoval dimensiona los impactos del fracking en clave de derechos para evitar que las autoridades antepongan intereses económicos y políticos, y cumplan con sus obligaciones en materia de derechos humanos. El Dr. Kjell Kühne, de la campaña global Leave fossil fuels in the Ground! –Déjalo en el subsuelo!– LINGO (por sus siglas en inglés) lanza el reto de apostar por dejar los hidrocar-

buros en el subsuelo para lograr otras formas de generación de energía. Están reunidas en este suplemento distintas miradas desde los territorios donde pueblos originarios, guardianes de la biodiversidad y de los ecosistemas están dispuestos a debatir si es necesaria más energía, para qué, para quién. Esos pueblos de los que las autoridades se dicen muy orgullosas, pero que están dispuestas a destruir su entorno. Las voces jurídicas expertas de Viridiana Maldonado y Nora Cabrera son fundamentales para entender que una práctica como el fracking, no debería regularse, sino prohibirse, y que el derecho al futuro se define, sobre todo, por los límites que una sociedad se atreve a discutir y poner en tiempos complejos como los que atravesamos. Esperamos que la información y opiniones vertidas en este número de La Jornada Ecológica permitan a sus lectores profundizar y sobre todo, sumarse a las acciones que organizaciones, pueblos y colectivos realizan para exigir que se prohiba el fracking.


Claudia Campero Arena y Andrea Villarreal Rodríguez ¿Ballenas o Gas?

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Correo-e: ballenasogas@gmail.com

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ista desde el espacio, la cuenca Pérmica parece un gigantesco circuito trazado sobre el desierto. Caminos de terracería conectan cientos de miles de plataformas de perforación sobre el paisaje árido del oeste de Texas, en Estados Unidos de América. En conjunto, forman una red industrial que se expande año tras año y que ha convertido a esta región en uno de los territorios más intensamente explotados del planeta.

Bajo ese paisaje se encuentra una de las formaciones petroleras más productivas de Norteamérica. Durante décadas se extrajo petróleo mediante métodos convencionales, pero en los últimos veinte años una tecnología transformó la escala de la extracción: la fractura hidráulica, mejor conocida como fracking. Gracias a esta técnica, la cuenca Pérmica se convirtió en uno de los mayores cen-

Vista aérea de Rankin, Texas Foto: Dennis Dimick

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l eco del fracking: desde Texas hasta el golfo de California tros de producción de gas y petróleo en el mundo. El fracking permite extraer hidrocarburos atrapados en lutitas, rocas compactas donde el gas y el petróleo quedaron atrapados durante millones de años. Está bien documentado cómo este proceso deja una huella ambiental profunda en los territorios donde se practica. El auge de la fractura hidráulica en la cuenca Pérmica ha generado un exceden-

te de gas “natural”, producido a un ritmo mayor del que el mercado de hidrocarburos puede absorber. Cuando no existen suficientes gasoductos para transportarlo, las empresas lo queman en mecheros visibles desde kilómetros de distancia o lo liberan directamente a la atmósfera. Este excedente ha empujado a la industria a buscar nuevos mercados, especialmente en Asia. sigue


Países como Japón, Corea del Sur y China son importadores de gas natural licuado, transportado principalmente por barco desde distintas regiones del mundo. Para recorrer esas distancias, el gas debe convertirse en líquido. Enfriado a temperaturas extremas, se reduce su volumen y puede cargarse en enormes buques metaneros capaces de cruzar océanos. En los últimos años, las empresas energéticas han comenzado a mirar hacia el noroeste de México como una puerta de salida para ese gas excedente del fracking estadounidense. Una de las razones es que exportar gas desde la costa del Pacífico permite acortar de manera significativa la distancia hacia los mercados asiáticos. Desde la costa de Texas y Luisiana en el Golfo de México, los buques metaneros tienen que cruzar el canal de Panamá, cuyo tránsito se ha

vuelto más limitado por la sequía, o rodear Sudamérica para llegar al Pacífico. En cambio, licuar el gas en el Golfo de California reduciría la ruta hacia los países asiáticos en casi un tercio, abaratando tiempos y costos de transporte. Además, en la costa oeste de Estados Unidos, numerosos proyectos han enfrentado una fuerte oposición social y ambiental que ha frenado su construcción. En el Golfo de California, conocido como el acuario del mundo, se han propuesto varios proyectos de terminales de gas natural licuado para exportación. Dos de ellos siguen en pie. El primero es Saguaro, la terminal que tendría la mayor capacidad en el país, planeada en puerto Libertad, un pueblo pesquero en Sonora. El segundo es Amigo LNG, en Guaymas, Sonora, que contempla una terminal flotante para embarcar el gas. Un ter-

Ballena jorobada frente al desierto de Baja California Sur Foto: Vanessa Prigollini

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cer proyecto, Vista Pacífico LNG, proyectado para el norte de Sinaloa, fue cancelado en marzo de 2026 gracias a la resistencia de los pueblos mayo-yoremes. Desde el colectivo ¿Ballenas o gas? trabajamos por la cancelación de estos proyectos. El golfo de California es uno de los ecosistemas marinos más ricos del planeta. En estas aguas viven o transitan cerca del 40 por ciento de las especies de mamíferos marinos del mundo: ballenas, cachalotes, orcas y delfines que cada año recorren estas rutas. La construcción de estas terminales implicaría transformar este ecosistema en un corredor industrial: dragado del fondo marino, ruido submarino constante, tráfico intensivo de buques y el riesgo permanente de colisiones con ballenas, que hoy constituyen su principal causa de muerte. Cada barco que entra y sale sumaría nuevas presiones so-

bre un ecosistema que hoy funciona como santuario de vida marina. Las terminales de licuefacción proyectadas en el Golfo de California son la extensión del gigantesco circuito del fracking que comienza en Texas. Autorizarlas significa prolongar la dependencia de los combustibles fósiles justo cuando la ciencia advierte que debemos reducirla con urgencia. Estos proyectos buscan resolver un problema creado por la propia industria: el exceso de gas producido por el fracking. Para hacerlo, pretenden sacrificar nuevos territorios, incorporando al Golfo a un modelo energético que insiste en expandirse. Sin embargo, cada día queda más claro que las comunidades de la región y miles de personas en todo el país no están dispuestas a permitirlo. En estas aguas aún estamos a tiempo de decidir: ¿ballenas o gas?


Carla Flores Lot CartoCrítica

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Correo-e: carla@cartocritica.org.mx

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urante un recorrido en la Sierra Norte de Puebla y la zona de Poza Rica-Papantla, en Veracruz, visitamos algunos pozos donde se ha hecho fracking y observé que las plantas de alrededor se veían estresadas. Plátanos, naranjas, maíz y vegetación silvestre con hojas amarillentas, bordes quemados, poco desarrolladas y con el tejido distendido, muy poco turgente, apachurrado... tristes pues. Al levantar la vista se observaba un paisaje que no lograba ser ese mosaico de verdes

vibrantes de la región de Chicontepec, sino una batalla áspera por la supervivencia. Le pregunté a don Tomás, quien nos acompañó en uno de los trayectos, que qué tal sabían las naranjas y me dijo que no siempre se lograban, o que crecían muy pequeñitas. De inmediato recordé una frase que nos decía el maestro de botánica en la Facultad de Ciencias “una planta dedica mucha energía a reproducirse, por lo que si hay flor o fruto sanos es porque las demás necesidades están cubiertas”.

Estanque de agua y aves al pie de un pozo de fracking abandonado. Las válvulas de dichos pozos en desuso mantienen de manera continua una emisión fugitiva de metano y compuestos orgánicos volátiles Foto: AMCF/Avispa Midia

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i las plantas hablaran... ¿qué opinarían del fracking?

Entonces empezaron a rondar las preguntas ¿habrá deficiencia de nitrógeno? ¿o exceso de sal...? con eso de que con el fracking salen estas salmueras... estaría bueno hacer análisis de suelo, de agua... también puede estar muy compactado el suelo, ¿se estarán asfixiando las raíces? El fracking o fracturamiento hidráulico ocupa enormes volúmenes de agua, de ocho a 80 millones de litros por fractura por pozo, y cada pozo puede tener más de 100 fracturas. El fluido que se in-

yecta es aproximadamente 90 por ciento agua, 9 por ciento arena y 1 por ciento de aditivos químicos, muchos de ellos tóxicos. Este 1 por ciento suena a poco, pero corresponde a cientos de miles de litros en cada pozo, cuya mezcla tiene biocidas, surfactantes (eliminan tensión superficial), inhibidores de corrosión, lubricantes, gelificantes y disolventes, estos últimos pueden ser ácidos y compuestos orgánicos volátiles (COV), como el cuarsigue


teto de benceno, tolueno, etilbenceno y xileno o BTEX. Pero conocer el contenido específico de este cóctel es prácticamente imposible, dado que lo consideran “secreto comercial”, como la receta del refresco en la lata roja. Lo que mencionan en ciertos estudios es que el 75 por ciento de estos químicos provocan afectaciones respiratorias, gastrointestinales, dermatológicas y oculares; del 40 al 50 por ciento son neuro, inmune y nefrotóxicos, 37 por ciento son disruptores endócrinos y 25 por ciento son carcinogénicos. Todo esto se mezcla con salmueras que existen naturalmente atrapadas en la roca, pero que con los eventos de fractura son liberadas junto con otros elementos presentes, como material radiactivo, hidrocarburos y metales pesados. El resultado es un caldo tóxico llamado agua de retorno, con un contenido de sal hasta diez veces mayor que el agua de mar, y que puede migrar por grietas del subsuelo, fugarse por fisuras del tubo de revestimiento o derramarse en suelos

y cuerpos de agua por gestiones deficientes durante la recuperación, almacenamiento, transporte y disposición final. Estos derrames y fugas son más comunes de lo que creemos: en Dakota del Norte se han registrado más de 600 derrames en un solo año y la tasa de fugas en los revestimientos llega al 10 por ciento por pozo. Tanto el acaparamiento de agua como la posible transferencia de fluidos de retorno al suelo fértil o reservas de agua tiene severas consecuencias para las plantaciones. En Estados Unidos, donde el fracking es una práctica generalizada y regulada, se han identificado diversas reservas de agua agrícola con altos niveles de metano, sal y diversos cloruros (de potasio, sodio y magnesio) y, por teledetección, se ha identificado un exceso de salmuera justo en zonas con fracking. ¿Y la salmuera daña los cultivos? En el condado de Kern, California, donde se hicieron pruebas en cultivos de cerezas y almendras que se estaban perdiendo, se identificó que el agua de riego conte-

Pozo Pankiwi, Pantepec, Puebla Foto: Carla Flores

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nía los mismos compuestos salinos derivados de los pozos de fracking, sal y boro, evidenciando que las inyecciones de fluidos contaminaron las aguas subterráneas que se utilizan para el riego. Los excesos de sal desestabilizan el suelo, interfieren con el proceso de fotosíntesis, deterioran el flujo de agua a través de las membranas y la captación de nutrientes, provocando deshidratación, amarillamiento de la planta y la pérdida de energía para el crecimiento. Lo anterior resulta en que, además de que empiezan a llegar especies amantes de la sal o halófitas, que desplazan a la vegetación local, las parcelas cercanas a pozos con fracking tienen un bajo índice de salud foliar (hojas sanas) y cultivos poco productivos. En Alberta, Canadá, se han registrado pérdidas de hasta el 16 por ciento en el ingreso anual por agricultura de riego en zonas de fracking. Y no solo no se logran las plantaciones, las cosechas que se obtienen pueden contener material radiactivo o metales pesados, que han sido detectados en

el ganado y las personas que las consumen. “Pero si hay mucho gas barato, baja el precio de los fertilizantes”, dicen algunas voces, pero olvidan que ante un suelo deteriorado, agua contaminada y plantas débiles o enfermas, aumenta el volumen de fertilizante requerido, lo que beneficia al productor de fertilizantes y no al campesino, ni al suelo, ni al agua, ni a la vegetación, ni a la salud de las personas expuestas. El fracking no puede coexistir con las plantas y la agricultura sin perjudicarlas. No hay tal cosa como “mejor” fracking, no hay tal cosa como aditivos amables con el medio ambiente; orgánicos o biodegradables, son siempre tóxicos. Ninguna de las técnicas existentes es infalible y las alternativas son tan costosas e inviables que no se practican en ningún lugar donde se explotan yacimientos no convencionales. Implementar cualquier tipo de fracking implica la liberación de sustancias tóxicas. Es solo una bomba de tiempo. Y sí, las plantas están tristes pues.


Viridiana Maldonado Galindo

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Correo-e: viridiana.maldonado@terravidamx.org

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n los últimos años se ha planteado desde la industria e incluso desde el propio gobierno que, aunque el fracking es una técnica riesgosa, es posible realizarla utilizando la mejor tecnología, con criterios regulatorios robustos y además, lejos de las comunidades. Estas teorías cobraron mayor relevancia en agosto del 2025, cuando la presidenta Claudia Sheinbaum presentó el Plan Estratégico de Pemex 2025-2035, en el que plantea que se busca incrementar la producción de petróleo y gas a través de la ex-

plotación de “yacimientos de geología compleja”, que no es otra cosa que la obtención de hidrocarburos que, por sus características, son muy complejos de extraer, por lo que se requiere forzosamente utilizar el fracking. El fracking o fractura hidráulica es una técnica de per foración que se utiliza cuando hay petróleo y gas atrapados en rocas. La técnica consiste en realizar una perforación vertical y luego otra horizontal e inyectar una mezcla de agua, arena y sustancias químicas a elevada presión para que fracture

Pobladores de comunidades indígenas y campesinas de regiones como la Huasteca Potosina manifestándose a las afueras de la Cámara de Diputados en la Ciudad de México Foto: archivo

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racking “regulado”: la falsa solución que nos quieren vender (de ahí su nombre) las rocas y se liberen los hidrocarburos. Pero, ¿qué tan cierta es esa afirmación? ¿Es posible hacer fracking de manera regulada? ¿Los instrumentos normativos actuales han sido suficientes para disminuir las afectaciones socioambientales? En 2019, me di a la tarea de contestar esas preguntas a través de un análisis de las legislaciones sobre la industria energética de los estados de Texas y Pensilvania, en Estados Unidos, Neuquén, en Argentina, y las correspondientes a México con el objetivo de identificar los criterios, ins-

trumentos y mecanismos de protección socioambiental y compararlos con los impactos y daños documentados en estos países, vinculados a la utilización del fracking. Los resultados de esta investigación mostraron profundas diferencias en cuanto al grado de detalle que tienen las diferentes regulaciones, por ejemplo: Pensilvania y Texas tienen un amplio marco normativo en cuanto a la exploración y explotación de hidrocarburos y particularmente, regulaciones estrictas sobre el uso de la factura hidráulica, algunas de sigue


ellas referentes a la distancia que debe de existir entre los pozos petroleros y los cuerpos de agua, criterios para la perforación, calidad y forma en la que se realizará la extracción; asimismo, una descripción de los químicos que utilizarán para perforar los pozos, entre muchos otros. Por su parte, en México y en Neuquén las disposiciones son muy generales y no establecen las obligaciones concretas que los operadores tienen que realizar, más bien contemplan criterios que solo representan un conjunto de buenas intenciones. Tenemos entonces por lo menos dos tipos de legislaciones: uno, con esquemas regulatorios robustos y especializados y otro, con instrumentos normativos basados en “háganlo lo mejor que se pueda”. A esta ya compleja situación hay que sumarle que países como Estados Unidos cuentan con dinero, equipo y personal para vigilar y, en su caso, sancionar a los operadores que estén actuando al margen de la ley. En este punto, me salta otra pregun-

ta: ¿tenemos esas mismas capacidades en México o sabemos de antemano que la industria petrolera hace lo que quiere porque no hay nadie que vigile? Después de la revisión de estos instrumentos, se analizaron los impactos, daños y riesgos ambientales que han sido documentados por el uso de esta técnica en estos países. Los resultados son escandalosos. Los impactos mayormente documentados sobre el uso de esta técnica son: Consumo masivo de agua: de 9 a 29 millones de litros de agua potable por pozo. Contaminación de cuerpos de agua, tanto superficiales como subterráneos. Liberación de potentes gases de efecto invernadero como el metano. Contaminación de suelos, daño a los ecosistemas y pérdida de biodiversidad. Generación de sismos y un largo etcétera. En Estados Unidos, la comunidad científica determinó que en al menos el 78 por ciento de sus investigaciones hay un vínculo directo entre

Ni los Estados más avanzados han logrado eliminar los daños que el fracking trae consigo Foto: archivo

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el daño ambiental y de salud y las operaciones del fracking. En Argentina no hay estudios ni investigaciones científicas que cuantifiquen el impacto ambiental y social que genera el uso del fracking; sin embargo, la propia Secretaría de Ambiente de Neuquén reconoce que se producen dos derrames por día y, en los últimos años, las petroleras han reconocido haber tenido nada más y nada menos que ¡3 mil 368! “incidentes ambientales”. Las autoridades en México han actuado en completa opacidad, pues no existe información oficial sobre cuántos pozos han utilizado esta técnica, en qué sitios ni los estudios de impacto ambiental que la sustentan, por lo que las comunidades del Totonacapan han sido testigos de la devastación del territorio, los cambios en sus proyectos de vida y las afectaciones sociales, culturales y de salud pública. Frente a todo esto, la conclusión es clara, no se puede realizar fractura hidráulica sin tener impactos ambientales y climáticos negativos y afectaciones graves a la salud

humana, así que por más que nos quieran vender falsas ilusiones sobre la viabilidad del fracking, lo cierto es que los daños que provoca no son excepcionales sino parte inherente del propio método. Aunque una mejor regulación, capacidades técnicas, económicas y operativas pueden disminuir una parte de las afectaciones, por ejemplo, limitar el número de derrames o accidentes, lo cierto es que ni los estados más avanzados han logrado eliminar los daños que el fracking trae consigo. Entonces, la pregunta no es si es posible o no hacer fracking, sino si estamos dispuestos a sacrificar ecosistemas y comunidades para sostener un modelo energético que únicamente beneficia a unos pocos. Este es un riesgo latente, por eso es importante no dejarnos engañar por aparentes soluciones que suenan bien, pero que en realidad amplían el problema. Regular el fracking no lo hace seguro, solamente lo envuelve en palabras que lo hace más aceptable en el discurso.


Areli Sandoval Terán Espacio DESCA/Alianza Mexicana contra el Fracking

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Correo-e: informe.desca@gmail.com

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a Constitución mexicana y los diversos instrumentos internacionales que el Estado ha ratificado amparan una amplia gama de derechos humanos, económicos, sociales, culturales, ambientales, civiles y políticos, respecto de los cuales las autoridades tienen las obligaciones jurídicas de respetarlos, protegerlos, promoverlos y garantizarlos; así como de prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones que cometan con sus acciones y omisiones. Dimensionar los impactos del fracking en clave de derechos nos permite fortalecer nuestras exigencias al Estado para que no anteponga intereses económicos y políticos, y cumpla con sus obligaciones en materia de derechos humanos. La técnica de fracturación hidráulica o fracking, empleada en la exploración y extracción de gas y aceite de yacimientos no convencionales –o de geología compleja, como eufemísticamente se denominan en el Plan Estratégico de Pemex 2025-2035–, implica una serie de procesos con riesgos inherentes que vulneran los derechos humanos de las poblaciones que habitan y transitan los territorios cercanos a los pozos o a su infraestructura asociada. El fracking viola el derecho humano al agua porque impacta negativamente la disponibilidad, la accesibilidad física y económica, así como su calidad al acaparar y sobreexplotar fuentes de agua dulce para el fluido de fracturación, consistente en grandes volúmenes de agua mezclados con apuntalantes y más de 750 químicos, muchos de ellos de gran toxicidad.

El agua de retorno de los pozos de fracking se contamina con metales pesados e incluso material radiactivo y las inevitables filtraciones, fugas y derrames contaminan de manera irreversible acuíferos subterráneos y cuerpos de agua superficiales. Dado que también se llegan a contaminar tierras de cultivo y pastura se afectan las actividades productivas de las comunidades, como las agropecuarias y pesqueras, lo que suma violaciones a los derechos humanos al trabajo, a la alimentación ade-

Niños juegan en la cercanía de un pozo de perforación en Neuquén, Argentina Foto: Pablo Piovano

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erechos humanos violados en contextos de fracking cuada y, por supuesto, al derecho a un medio ambiente sano de las generaciones presentes y futuras. El fracking también viola el derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental de las comunidades y de los trabajadores de la industria, porque no puede llevarse a cabo de forma que no ponga en peligro la salud humana por la constante exposición a tóxicos en el agua, en el suelo y el aire, incluidos compuestos orgánicos volátiles, cancerígenos y mutagénicos que da-

ñan la salud y ponen en riesgo la vida. Tampoco se puede olvidar que el 90 por ciento de las emisiones de este proceso son de metano, uno de los gases de efecto invernadero (GEI) que más incide en el calentamiento global y agrava la crisis climática. La sismicidad inducida por fracking muchas veces provoca agrietamientos en viviendas, escuelas y demás infraestructura clave para la vida comunitaria, afecta las condiciones de habitabilidad y de sigue


Prohibiciones y moratorias al fracking en el mundo

Ante el gran riesgo de que la fractura hidráulica o fracking para explorar y extraer hidrocarburos contamine irreversiblemente el agua, suelo y aire, ocasione sismicidad inducida, afecte la salud de las personas y otros graves impactos ambientales y sociales, se han adoptado en muchos lugares del mundo medidas legislativas, administrativas o judiciales que restringen, suspenden o prohíben el fracking a nivel nacional o local.

Las prohibiciones y moratorias al fracking buscan proteger el medio ambiente y salvaguardar los derechos de las poblaciones. ¡Son un ejemplo a seguir!

En América Canadá Provincia de Quebec | Provincia de New Brunswick

En Europa

Estados Unidos

En Oceanía

Dinamarca Países Bajos

Vermont | Maryland | Nueva York | Condado de Monterey, California | Pittsburgh, Pensilvania | Territorio del pueblo indígena Chippewa de Turtle Mountain, Dakota del Norte | Territorio del pueblo indígena Banda Oriental de los Cherokee, Carolina del Norte

Reino Unido Irlanda del Norte | Escocia | Gales | Inglaterra

Irlanda Bélgica Luxemburgo

México Varios municipios de San Luis Potosí, Veracruz y Puebla | Región Zoque, Chiapas | ANP de Sierra y Cañón de Bustamante, Nuevo León

Lituania Bulgaria República Checa Austria Alemania Italia

Francia España Comunidad autónoma de Castilla-La Mancha | Comunidad autónoma de Cantabria

Costa Rica Colombia Brasil Provincia de Paraná

Suiza Cantón de Friburgo | Cantón de Vaud

Uruguay

Australia Estado de Victoria Australia Estado de Tasmania

Nueva Zelanda Ciudad de Christchurch, Región de Canterbury

Argentina Provincia de Entre Ríos Datos actualizados a marzo de 2020

Prohibiciones

Prohibiciones locales

Localidad con prohibición dentro de un estado o subregión

¡No al fracking! ¡Ni aquí ni allá ni hoy ni nunca! #PROHÍBANFRACKINGYA seguridad física frente a riesgos estructurales, lo que viola el derecho a la vivienda adecuada y obstaculiza los derechos a la educación y al acceso a servicios básicos. Asimismo, el uso intensivo que se hace del territorio afecta los derechos a la tierra y al territorio, y como generalmente impera la opacidad y la imposición de los proyectos, también se vulneran los derechos de acceso a la información, a la participación y a la consulta. Tratándose de pueblos y comunidades indígenas o equiparables, también se violan sus derechos culturales, su derecho al consentimiento previo, libre e informado y a la libre determinación, que implica el derecho a decidir y proveer a su desarrollo económico, social y cultural, a disponer libremente de sus riquezas y recursos naturales y a no ser privados de sus medios de subsistencia.

Cuando las comunidades se organizan para oponerse a estos proyectos o para denunciar y exigir que autoridades y empresas asuman su responsabilidad en la remediación de los impactos, generalmente se enfrentan a la descalificación y criminalización de la protesta social, a amenazas y agresiones que violan sus derechos a la libertad de expresión, de reunión y asociación, a la integridad y seguridad personales, a defender los derechos humanos, al acceso a la justicia y a la reparación integral del daño. Preocupadas por esto y más, en la reunión sobre industrias extractivas sostenida recientemente con el relator especial de Naciones Unidas en Materia de Sustancias Tóxicas y Derechos Humanos, en el marco de su visita oficial a México, alertamos acerca de los severos impactos que tiene la industria de hidrocarburos en general, y los proyec-

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Moratorias

Moratorias locales

Localidad con moratoria dentro de un estado o subregión

nofrackingmexico.org

tos de fracking en particular, sobre los derechos humanos. En su Declaración de Cierre de Misión, el relator especial señaló que el sector hidrocarburos plantea serias preocupaciones de derechos humanos vinculadas a explosiones, derrames en suelos y cuerpos de agua, y al uso de métodos como el fracking. También manifestó su preocupación por la proliferación de zonas de sacrificio a lo largo del país y la persistencia de conflictos socioambientales vinculados al modelo de desarrollo industrial y económico que provoca grandes cantidades de sustancias peligrosas y residuos que envenenan ecosistemas y personas. Entre sus recomendaciones preliminares, señaló que la primacía de los derechos humanos requiere de la aplicación efectiva de normas a todas las actividades que puedan imponer riesgos tóxicos, subrayó la

@NoFrackingMX

necesidad de articular los principios de prevención, precaución y responsabilidad, y urgió al Estado un compromiso de “descarga cero” de contaminantes tóxicos en los procesos industriales. Estas recomendaciones resultan fundamentales en un contexto nacional caracterizado por el incumplimiento de la normatividad ambiental, la impunidad agravada por la falta de supervisión, control y sanción, y la casi nula remediación de los daños. Por todo lo anterior, prohibir el fracking ha sido, desde hace más de una década, una demanda de las comunidades indígenas, campesinas y organizaciones defensoras. Como ya ha sucedido en otros lugares del mundo que han establecido prohibiciones o moratorias, la prohibición en México ayudaría a prevenir daños irreversibles y a proteger seriamente los derechos humanos de la población.


Gregorio Sánchez García, Solomon S. Rodd, Rogel del Rosal Valladares y Rosa Esther Peña Soto Integrantes de la Contraloría Autónoma del Agua de la Huasteca Potosina

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Correo-e: sedepac.huasteca@gmail.com

encer al fracking desde la comunidad: defensa del territorio en la Huasteca

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n la Huasteca potosina, la lucha contra el fracking es parte de la defensa integral de la vida comunitaria, el territorio, los derechos indígenas y la naturaleza. Esta resistencia se ha construido desde el espacio más importante de decisión colectiva, la asamblea comunitaria, donde los pueblos indígenas y comunidades rurales definen su presente y su futuro, y han sostenido y fortalecido sus procesos organizativos, desde las redes de autoridades comunitarias y los organismos de la sociedad civil que los acompañan, basados en la identidad social y cultural nahua y tének. Hoy, la amenaza del Plan Estratégico de Pemex 20252035 tiene una dimensión territorial y técnica preocupante, que contempla la exploración y extracción de hidrocarburos en yacimientos no convencionales o de geología compleja mediante fracturación hidráulica. Esta técnica implica perforaciones que inyectan alrededor de 29 millones de litros de agua por pozo, mezclados con más de 750 sustancias químicas altamente tóxicas para, mediante gran presión, fracturar la roca madre y liberar gas y petróleo. El Plan de Pemex contempla realizar trabajos de exploración y ex tracción de hidrocarburos en la cuenca hidrocarburífera Tampico-Misantla. Par ticular m ente, en la Huasteca potosina se propone afectar un área donde se encuentran 367 comunidades indígenas tének y náhuatl (276 ejidos y 91 bienes comunales) de 17 municipios (Matlapa, Ébano, Tamuín, Ciudad

Valles, Coxcatlán, Tanlajás, San Antonio, Huehuetlán, San Vicente Tancuayalab, San Martín Chalchicuautla, Tanquian, Tampacan, Tampamolon, Tancanhuitz, Tamazunchale, Axtla de Terrazas y Xilitla). Estas áreas se ubican en los polígonos Castaña y Maguey, que abarcan una superficie de 4 mil 444.69 km2 (444 mil 469 hectáreas), en los que existen 200 cuerpos de agua perennes y mil 306 intermitentes, entre ríos, arroyos, manantiales y lagunas, que estarían en riesgo de contaminación, además de los suelos y el aire, lo que traería daños irreversibles a la biodiversidad y a la salud de la población. En conjunto, la vida de alrededor de 735 mil habitantes dependen de estos ecosistemas para su reproducción social y cultural.

Caminata en defensa del territorio, Axtla de Terrazas, en la Huasteca potosina Foto: Salomon Rodd

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L a co nt aminació n qu e genera el fracking hacia las aguas, suelos y aire, ampliamente documentada, provoca la fragmentación del territorio y afectaciones graves a la salud, incluyendo cáncer en adultos y en infantes, enfermedades respiratorias, asma, alergias y partos prematuros. Por ello, las comunidades rechazan ser convertidas en una zona de sacrificio que perpetúe un modelo energético basado en combustibles fósiles. El agua y los ecosistemas de la Huasteca son la base de la vida, de la producción agrícola, de la cultura y de la identidad de los pueblos. Su contaminación significaría la ruptura del tejido comunitario y la pérdida de sus formas de vida y cosmovisión. La resistencia al fracking en la Huasteca, durante 2014

a 2018, dejó importantes enseñanzas: a) la información y sensibilización social a través de procesos asamblearios comunitarios, reuniones intercomunitarias por municipio, foros microrregionales y regionales constituyen la actividad fundamental para lograr el consenso de la colectividad indígena expresado en actas de asamblea comunitaria en rechazo a la técnica; b) la articulación de la comunidad indígena con sus pares a nivel municipal, a través de las asociaciones de comunidades indígenas y una articulación regional que permita la coordinación permanente del movimiento, a fin de blindar organizativamente el territorio; c) la obligada gestión ante los ayuntamientos municipales para que levanten actas de sigue


cabildo de no autorización de cambio de uso del suelo, por las facultades establecidas en el artículo 115 constitucional; d) la política de que el Congreso del Estado formalice su oposición al fracking y exhorte al Ejecutivo Federal a detener esta práctica y al Congreso Federal a que la prohíba en la Constitución. Además de ello, la movilización social, la búsqueda de la solidaridad social, las más amplias alianzas y la permanente difusión pública son una combinación que se debe tener en alta consideración. Se generaron más de 200 actas de asamblea comunitaria, nueve municipios declarados libres de fracking, el consenso del congreso local de rechazo a esa práctica, la articulación comunitaria a nivel municipal y regional, las alianzas estables en el plano regional y nacional, y una difusión y consenso social que crearon las condiciones políticas para detener el proceso de licitaciones de bloques petroleros, en 2018. Dadas las características sociales de esta región indígena, sin duda, la comunidad y sus determinaciones, a través de la asamblea general comunitaria, están en el centro de la defensa territorial. Las actas de asambleas comunitarias registran y formalizan los acuerdos y normas para poner en práctica políticas y acciones organizativas fundamentales que reflejan el consenso colectivo y el ejercicio de la autodeterminación. Éstas establecen soluciones que corresponden a necesidades internas de defensa, protección y mejora de la vida y el territorio en relación con los ámbitos municipal, es-

tatal y federal, estableciendo límites a proyectos que puedan vulnerar a la comunidad y los derechos colectivos; a la vez son instrumentos de defensa jurídica que permiten sustentar acciones legales en tribunales, para la defensa del agua y los bienes comunes de los pueblos, con base en los derechos humanos, nacionales e internacionales, para dar la batalla en ese terreno. Por ello, frente a la amenaza actual de implantación del fracking en la región, el movimiento se ha reactivado. A partir de la publicación del Plan de Pemex, del 5 de agosto de 2025 se han realizado cinco foros y encuentros regionales (en los municipios de San Antonio, Xilitla, Tancanhuitz y Axtla de Terrazas), así como múltiples reuniones municipales de autoridades comunitarias con el objetivo de compartir información y diseñar estrategias para hacer frente a la amenaza. Dichos eventos se centran en promover los procesos asamblearios en todas las comunidades de la región,

Foro sobre fracking en Axtla de Terrazas, San Luis Potosí Foto: Salomon Rodd

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para que en los próximos meses estas cuenten con la suficiente información y condiciones de levantar sus actas de asamblea. Al mismo tiempo, el movimiento contra el fracking realiza diálogos con autoridades municipales, diputados locales y diputados federales para que en el ámbito de sus atribuciones hagan lo propio. Las comunidades movilizadas contra el fracking defienden un modelo de vida con identidad cultural y tejido social colectivo y solidario, con fuerte raigambre con la naturaleza y basado en el fortalecimiento de un desarrollo local realmente sustentable, que apuesta a una transición justa hacia el uso comunitario de energías renovables como la solar, eólica, hídrica y biomasa, entre otras, a la luz de las experiencias existentes. Al mismo tiempo, proponen fortalecer economías locales sostenibles basadas en la agricultura, la agroforestería y el turismo comunitario. La resistencia en la Huasteca comparte una lección

clara de que la información, la organización y la toma de decisiones colectivas permiten una defensa exitosa del territorio. La movilización demuestra que las comunidades comprenden los riesgos y están ejerciendo las herramientas organizativas. Han asumido acuerdos y compromisos comunitarios de mantener la información activa en todas las comunidades, vigilar cualquier intento de incursión extractiva, fortalecer las alianzas y las capacidades jurídicas, y avanzar hacia una matriz energética sustentable. La lucha contra el fracking en la Huasteca es una lucha por la autodeterminación y por la defensa del territorio, protege la organización, la memoria y la autodeterminación frente a un modelo extractivo que pone en riesgo la vida. La asamblea informa, decide, forma, articula y moviliza; ahí se comparten y se transmiten conocimientos, se construyen consensos y se define colectivamente el futuro.


Alejandra Jiménez Ramírez Corason, Alianza Mexicana contra el Fracking y Nuestro Futuro Nuestra Energía

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racking y transición energética, más allá de la cultura fósil

Correo-e: jandadeluna@gmail.com

“Ser moderno es depender de las capacidades y habilidades generadas por la energía” Imre Szeman y Dominic Boyer, críticos culturales.

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n 1929, Bruno Traven escribió la novela La rosa blanca, en la que relata el despojo que las petroleras extranjeras ejercieron sobre

tierras en manos de campesinos y pueblos originarios y la corrupción con la que dio inicio la industria petrolera en México.

Uso tradicional de la leña Foto: Jaime Bautista

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Tres décadas después, en 1961, la novela fue llevada al cine por Roberto Gavaldón, quien además buscó retratar la organización y lucha social que llevaron a la expropiación petrolera. La película fue censurada durante 11 años por el gobierno de Adolfo López Mateos. Traven nació en Alemania y aunque escribió su novela en México antes del genocidio nazi, en estos momentos en que vivimos el avance de una nueva versión del fascismo encabezado por Donald Trump, resulta pertinente rememorar que La Rosa Blanca también fue un grupo clandestino de estudiantes que se resistió al régimen fascista de Hitler. ¿Por qué iniciar así un texto que busca hablar sobre fracking y transición energética en México? Los motivos son varios, de entrada, por la necesidad de señalar que en el momento actual, en medio de guerras y múltiples crisis relacionadas con la industria fósil y en el que la transición energética pareciera un callejón sin salida, es importante reconocer que para recorrer este camino debemos no solo propiciar la salida de los combustibles fósiles (carbón, gas y petróleo) como la principal fuente de energía de las sociedades modernas industriales, sino también que la modernidad fósil ha propiciado el despojo, la destrucción, las guerras y los gobiernos fascistas y coloniales en nombre del “desarrollo”, narrativa que ha constituido por más de dos siglos el andamiaje sociocultural sobre el que se han construido las sociedades actuales.

Fracking y shopping En términos culturales el fracking es, sin duda, un excelente ejemplo de lo que la modernidad fósil ha posibilitado. Para empezar ha propiciado la industrialización de la vida, lo que solo puede ser explicado bajo la lógica del capitalismo como modelo económico y social que busca la acumulación y el consumo sin límites. La modernidad fósil también ha propiciado el avance y la acumulación de conocimientos, de la ciencia y la tecnología, pretendiendo un control minucioso y expansivo sobre la naturaleza, al grado de que hoy es posible alcanzar el centro de la tierra únicamente para extraer pequeñas cápsulas de la energía fosilizada de dinosaurios y materia orgánica que durante millones de años ha estado bajo tierra. Más allá del sorprendente avance tecnológico que significa una técnica como el fracking, está el significado sociopolítico que implica su desarrollo, pues además de ser contaminante y destructiva, de que esta técnica consume enormes cantidades de energía y agua y utiliza sustancias tóxicas que son inyectadas a altas presiones en el interior de la tierra, implica que –socialmente– se ha posibilitado un imaginario que normaliza la separación, el control y la destrucción del humano sobre la naturaleza bajo el supuesto desarrollo económico, que también es entendido como desarrollo social. Además, es la misma lógica que ha colocado al hombre en un lugar de superioridad, sigue


incluso sobre la naturaleza. Como humanidad, nos hemos disociado de ella y se ha construido un régimen en el que lo humano no solo es central, sino que es entendido desde la separación, la diferencia, la individualidad y la superioridad de la racionalidad, simbolizado como masculino con capacidad de poder sobre la naturaleza, que es entendida en clave femenina, de inferioridad, destinada a proveer de cuidados y bienes sin medida. Es así que esta “era fósil” se ha articulado con la lógica consumista del capitalismo y también ha sido posible y a la par del régimen patriarcal antropocéntrico. Con esta lógica también se han articulado los estados nación, que si bien hoy en día parecen solo la sombra de lo que fueron hace unas décadas, continúan siendo los principales dispositivos legales a través de los cuales se

La transición energética debe ser no solo un cambio tecnológico o de fuentes de energía, sino necesariamente un cambio sociocultural que trascienda la “era fósil”. expande el entramado sociocultural de lo fósil/capitalista/ moderno/patriarcal. No es de sorprender que sea este dispositivo estado-nación el que, al mismo tiempo, pretenda con engaños realizar fracking en México, para sostener la era fósil de producción sin considerar los límites planetarios, con la narrativa de “soberanía energética”, mientras también legisla y reproduce el performance de la transición energética corporativa, que lejos de plantear la urgente salida de la era fósil, la sostiene junto con energías renovables que dependen totalmente de las energías fósiles.

Prototipos de cocinas solares desarrollados en la Universidad Nacional Autónoma de México Foto: Beatriz Olivera

Es así que, desde hace dos décadas, los gobiernos de México han implementado una política que prioriza el uso de gas fósil (extraído con fracking en Estados Unidos, para generar la electricidad que es consumida principalmente por la industria de exportación) con el discurso de que este gas, mal llamado “natural”, es el combustible de la transición. Transición energética más allá de la cultura fósil

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La modernidad puede ser caracterizada por un tipo de energía y tecnología y por

una cultura totalmente vinculada a la energía fósil, donde la velocidad, el poder viril y bélico, la acumulación y el desarrollo al infinito se convirtieron en correlatos culturales que permitieron un imaginario sociocultural que, al igual que el petróleo y el gas, continúan permeando la vida a nivel global, comunitario e individual. L a tr ansici ó n e n e rg é tic a debe ser no solo un cambio tecnológico o de fuentes de energía, sino necesariamente un cambio sociocultural, que trascienda y resista a la forma en que el carbón, el petróleo y el gas nos permitieron llegar a un punto de acumulación de bienes y confort que ha provocado destrucción, despojo, desigualdad desmedida, pobreza y guerras en nombre de una idea totalmente equivocada de modernidad, desarrollo y progreso.


Nora Cabrera Velasco Abogada Directora de Nuestro Futuro, AC

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Correo-e: nora@nuestrofuturo.mx

l derecho al futuro no se extrae, se defiende para proteger la vida

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l derecho al futuro suele pensarse como horizonte. Como la posibilidad de imaginar un país distinto, una transición justa, una vida menos amenazada por las crisis que habitamos. Y sí: hay algo de eso. Pero en una época como la nuestra, hablar del futuro no puede quedarse en la parte romántica de imaginar un mundo mejor. El derecho al futuro se define, sobre todo, por los límites que una sociedad se atreve a poner en tiempos complejos. Ese es, quizás, uno de los debates más importantes de nuestra época: tener la claridad de responder qué estamos dispuestos a proteger, qué actividades tendrían que limitarse porque comprometen las condiciones mínimas para sostener la vida. Dicho de otro modo, el derecho al futuro se construye a partir de definiciones firmes sobre aquello que la colectividad decide cuidar. El fracking aparece ahí como ese ejemplo de los “no”. No al fracking. Por ser incompatible con el horizonte que queremos imaginar y con el límite que se debe poner en tiempos complejos. Me interesa decirlo así porque el derecho al futuro tendría que traducirse en una exigencia ética y jurídica con quienes todavía no pueden defenderse y con los territorios que han sido históricamente vulnerados. Si esos límites no se sostienen con firmeza, serán ellos quienes seguirán cargando con el peso de la desigualdad que el sistema no ha hecho más que profundizar. Por eso, el futuro no puede pensarse en abstracto. Se vuelve tangible cuando ate-

rriza en decisiones concretas. Pensemos en una comunidad donde el agua escasea, donde el calor pega más fuerte que hace algunos años, donde sembrar es cada vez más

Foto: Beatriz Olivera

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incierto y donde sostener la vida cotidiana exige mucho más esfuerzo que antes. En un lugar así, autorizar el fracking no es simplemente permitir una técnica de ex-

tracción. Es decidir que esa agua, ese territorio y ese equilibrio precarizado pueden ponerse al servicio de prolongar el modelo fósil antes que al servicio de la vida. Es decidir, en los hechos, lo que vale más. Es una discusión constitucional, política y ética; una discusión sobre la vida misma. Desde el constitucionalismo mexicano, esto importa mucho. Los principios y valores que nos articulan como sociedad existen para ordenar el poder, pero también para contenerlo. Para afirmar que los derechos y la naturaleza no pueden quedar sometidos a la lógica del dinero, de la fuerza o del daño tolerable. En un marco constitucional que reconoce el derecho al ambiente sano, al agua, al clima sano, así como la obligación de todas las autoridades de proteger y garantizar los derechos, esa discusión se vuelve especialmente urgente en tiempos de crisis climática. Porque hablar de límites no es solo una cuestión jurídica: es una forma de decidir qué condiciones de vida merecen ser cuidadas y defendidas como parte del futuro compartido. Pensar el derecho al futuro exige identificar con claridad aquello que nuestra época tendría que asumir como irrenunciable: salir de una economía basada en combustibles fósiles, poner freno a la disposición desmedida del agua, proteger la integridad de los territorios y la conservación de la naturaleza, garantizar que ninguna comunidad vuelva a ser tratada como zona de sacrificio y defender un clima estable y sano como condición sigue


material para el ejercicio de otros derechos. Algunos de estos lími tes todavía requieren mayor construcción política y jurídica; otros han sido delineados desde hace tiempo por las propias defensas territoriales y retomados por el orden jurídico. Si no logramos nombrarlos con claridad, el derecho al futuro corre el riesgo de diluirse hasta parecer una promesa vacía, o peor aun, un terreno sobre el que hemos renunciado a decidir. Y aquí hay algo importante: el derecho al futuro para que sea justo, tiene que tejerse sobre la justicia del presente. Esa es una de las razones por las que exige una conversación sobre lo concreto. Hablar del futuro sin hablar de las desigualdades que atraviesan la vida de millones sería repetir el mismo error, pedir sacrificios en nombre de un porvenir que nunca llega para quienes viven en condiciones de desigualdad. Básicamente, el derecho al futuro debe diseñarse a partir de la lógica de los derechos y de la realidad climática de nuestro tiempo. Por eso importa tanto poner un límite y decir no al fracking. Porque algunos límites tienen la capacidad de ordenar el sentido de una época. No resuelven por sí solos toda la crisis, pero sí dibujan una línea ética y jurídica. Dejan claro, por ejemplo: que el agua no es un insumo sacrificable, que los territorios no existen para absorber el costo de un modelo que beneficia a unos cuantos, que la realidad de la crisis climática en los territorios impide continuar llamando “desarrollo” a

lo que deteriora, contamina y despoja. Al mismo tiempo, abre espacio para imaginar futuros basados en las condiciones reales de lo que hace posible la vida: el ambiente sano, el agua, el clima estable y la

Foto: Beatriz Olivera

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justicia para quienes históricamente han cargado con el daño. El futuro, si ha de ser justo, no puede seguir decidiéndose sobre la idea de que siempre habrá territorios disponibles para el sacrificio. El

derecho al futuro empieza, muchas veces, en la claridad de un límite. El derecho al futuro no se extrae: se defiende cuando una sociedad decide proteger las condiciones que hacen posible la vida.


Kjell Kühne LINGO

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ejar el petróleo bajo tierra: una decisión para el bien común

Correo-e: kjell.kuehne@leave-it-in-the-ground.org

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a dependencia de México del gas de Estados Unidos de América es un hecho. Pero tras convertir a Texas en zona de sacrificio para generar la electricidad de México, toca no repetir la experiencia del fracking de este lado de la frontera, sino buscar mejores condiciones de vida y bienestar con eficiencia energética y usando energías renovables. Antes que apostar por estrategias riesgosas como el fracking se podría incrementar la eficiencia. Los carros eléctricos son más eficientes que los de gasolina. El transporte público es más eficiente que el privado. El diseño inteligente es más eficiente que enfriar o calentar edificios mal diseñados.

Fomentar economías regionales es más eficiente energéticamente que desarrollar relaciones económicas a larga distancia. Se puede vivir bien con energías renovables, pero se necesitan medidas inteligentes de uso de energía y voluntad política para implementarlas. Muchos promotores del fracking olvidan un detalle, que el gas y el petróleo son sustancias interesantes, quizás demasiado valiosas para simplemente quemarlas. Y que si no las extraemos, pueden seguir bajo tierra por miles de años. Los hidrocarburos no le pertenecen solo a las generaciones que actualmente habitan el planeta, son una herencia para el bien de to-

Ofrenda contra el fracking Foto: Beatriz Olivera

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das las generaciones, actuales y futuras. Seguramente, dentro de varios años, las futuras generaciones no nos darán las gracias por quemar todo el petróleo y el gas que tuvimos disponible, ni por dejar vuelto loco al planeta y con múltiples crisis socioambientales. La presidenta ganó el premio Nobel de la Paz, como parte del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) que alertó al mundo sobre los peligros del cambio climático y ayudó a resumir lo que las ciencias saben sobre el tema, incluyendo cómo superarlo. La raíz del cambio climático es la combustión de car-

bón, petróleo y gas fósil. Y como la doctora Sheinbaum bien sabe, superar la quema de combustibles fósiles es el camino para reducir el calentamiento global del planeta. Como exper ta en energía, Claudia Sheinbaum está entre las personas que mejor conocen el asunto a nivel mundial, por eso resulta difícil comprender que hoy pretenda abrir la puerta a la fractura hidráulica, un método que daría como resultado una gran cantidad de emisiones de CO2 y, peor aún, de metano, que contribuirán definitivamente a la crisis climática. El mundo de la política se rige por otras leyes, no exclusivamente de carácter cientísigue


Prohibir el fracking en México dejaría varias gigatoneladas de CO2 bajo tierra. Una cantidad casi inimaginable de mil millones de toneladas, más de lo que todo México emite a la atmósfera en dos años.

fico. Lo que una mayoría política considera políticamente viable puede dominar la agenda política, y opacar aquellas que lo consideran inviable. Y como las consecuencias no son inmediatas, los impactos en un sistema tan grande y de lenta reacción como el clima global tienden a ser ignorados por la clase política. ¿Qué tal si la presidenta decidiera actuar como una lideresa climática, en lugar de abrir la puerta al fracking? Esto la catapultaría a la vanguardia de la acción climática en el mundo –a la par de Colombia que convocó a Santa

Marta para trabajar en la ruta de salida de los combustibles fósiles. Prohibir el fracking en México dejaría varias gigatoneladas de CO2 bajo tierra. Una cantidad casi inimaginable de mil millones de toneladas, más de lo que todo México emite a la atmósfera en dos años. Prohibir el fracking evitaría varias gigatoneladas de emisiones. En la selva Lacandona, en los manglares de la costa y en alta mar, ya existen lugares donde la extracción de hidrocarburos está prohibida, son las llamadas zonas de salvaguarda.

El cuidado de la Casa Común mueve a las comunidades a la defensa del territorio desde la fe y la responsabilidad con las futuras generaciones. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

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Algunas personas las llaman fossil free zones, zonas libres de extracción fósil. De hecho, estas zonas existen en todos los niveles; las comunidades que declaran sus ejidos o municipios libres de extracción, de minería, de fracking; países que lo deciden, como nuestro vecino Belice, que tras el voto popular decidió no extraer más petróleo del mar, hasta la escala continental: en la Antártida está prohibida la extracción de combustibles fósiles y de cualquier mineral, por acuerdo común entre países –¡es el primer continente libre de extracción fósil!

En total, hasta ahora, existen al menos 506 zonas libres de extracción fósil en el planeta Tierra hasta en los rincones más inimaginados; entre ellas se encuentran áreas naturales protegidas, regiones geopolíticas, zonas residenciales y vecinales, servicios comunitarios y hasta públicos, además de empresas privadas y lugares de recreación. El listado completo puede ser consultado en el sitio web https://fossilfreezones.org/, así, a nivel global, se va contribuyendo a construir otro mundo posible, un mundo libre de combustibles fósiles.


Asamblea en defensa del territorio Foto: Salomon Rodd

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