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La Jornada Ecológica

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Lacacerolita demar

Directora general: Carmen Lira Saade
Director fundador:
Carlos Payán Velver
Director: Iván Restrepo
Editora: Laura Angulo

Presentación

Gustavo Ampugnani y Eduardo Rendón

Procuraduría Federal de protección al Ambiente

Correo-e: eduardo.rendon@profepa.gob.mx

L a cacerolita de mar ( Limulus polyphemus) es una especie catalogada en peligro de extinción de acuerdo con la NOM-059-SEMARNAT-2010.

Se localiza en la península de Yucatán donde sus poblaciones están seriamente amenazadas por diversos factores como la destrucción del hábitat y la captura ilegal como carnada para la pesquería de pulpo.

La especie requiere de esfuerzos conjuntos para garantizar la conservación y recuperación de sus poblaciones y los ecosistemas donde habita.

En este sentido, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, en el marco de sus atribuciones, refuerza su compromiso para realizar acciones para intervenir ante cualquier riesgo o afectación a las poblaciones de la cacerolita de mar o su hábitat.

Lo hace en colaboración con los diferentes sectores gubernamentales y niveles de gobierno, las instituciones académicas y de investigación, las asociaciones civiles, los sectores productivos (como el turístico y pesquero) y las comunidades locales. El propósito de todos es lograr la conservación de esta especie ancestral.

En este número de La Jornada Ecológica se presentan siete artículos, que muestran la importancia evolutiva, biológica y ecológica de la cacerolita de mar, así como los grandes retos que enfrenta su conservación.

Los capítulos están organizados de la siguiente manera:

€ Cacerolitas de mar: supervivientes de una historia evolutiva extraordinaria , donde se refiere la importancia evolutiva de la especie y

por qué son considerados “fósiles vivientes”.

€ El mex en la península de Yucatán, donde se describen las características de los hábitats de la cacerolita de mar en su rango de distribución.

€ El antiguo ingeniero de los fondos costeros, que refiere que la cacerolita de mar como una especie clave en la estructura y funcionamiento de los ecosistemas.

€ El fascinante ciclo de vida de las cacerolitas de mar, donde se mencionan datos relevantes de la biología de la especie, su anatomía y comportamiento.

En la portada: hembra y macho de Limulus polyphemus

Foto: Tania Escobar Orihuela/Conabio

€ Usos ancestrales y contemporáneos de las cacerolitas de mar, donde se destaca su relevancia para la cultura maya y, en nuestros días, sus diversas aplicaciones en la industria biomédica.

€ La “cucaracha” de sangre azul que protege nuestra salud, donde se resalta la importancia actual de la sangre de las cacerolitas para la industria farmacéutica.

€ Cacerolitas de mar: cientos de millones de años ante la sexta extinción masiva, que resalta la resistencia a través del tiempo a diversos factores de presión y las amenazas actuales.

Felizmente habrá un segundo suplemento para abordar las problemáticas que enfrenta la cacerolita y las alternativas para su protección. Agradecemos al gran equipo de La Jornada Ecológica, al maestro Iván Restrepo, a Laura Angulo y Estela Guevara, a los autores y coautores de los artículos, y, sobre todo, a los lectores y las lectoras por interesarse en saber en detalle sobre esta especie tan única y desconocida. También agradecemos a quienes ayuden a difundir los problemas que enfrenta esta especie y así contribuir para su conservación.

Pescador de pulpos

Carmen Olivia Rosas Correa

Ecosur Unidad Chetumal

Jaime Zaldívar Rae

Proyecto Mex AC

Héctor Javier Ortiz León

TecNM/Instituto Tecnológico de Chetumal

Correos-e: corosas@ecosur.mx, jaimezaldivarrae@gmail.com y oilh@yahoo.com.mx

L as cacerolitas de mar pueden parecer reliquias del pasado biológico, pero siguen habitando los océanos actuales. Han sobrevivido durante cientos de millones de años a grandes transformaciones del planeta y a varias extinciones masivas.

Lejos de ser “fósiles vivientes” detenidos en el tiempo, son organismos resilientes y capaces de adaptarse. En México, la península de Yucatán alberga una de las cuatro especies conocidas, que hoy, como el resto del grupo, enfrenta importantes amenazas.

Más que un “fósil viviente”

Cuando se habla de organismos muy antiguos, suele utilizarse la expresión “fósil viviente”. Charles Darwin la empleó en el siglo XIX para referirse a especies que conservaban rasgos muy antiguos.

Sin embargo, hoy la comunidad científica usa este concepto con mayor cautela: ningún ser vivo está congelado en el tiempo. Incluso las especies que parecen cambiar poco en su forma externa continúan evolucionando a nivel genético, fisiológico y ecológico.

Las cacerolitas de mar encajan bien en esta discusión. A simple vista, parecen organismos llegados de otra era, como si hubieran viajado en el tiempo: presentan un caparazón rígido, una larga espina caudal, múltiples ojos distribuidos en el cuerpo y numerosas patas articuladas con pinzas.

Aunque en algunos lugares se les conoce como cangrejos herradura o cangrejos bayoneta, las cacerolitas no son crustáceos, sino un grupo distinto de artrópodos. De hecho, sus parientes vivos

C acerolitas de mar: supervivientes de una historia evolutiva extraordinaria

más cercanos son las arañas y los escorpiones. En la península de Yucatán, el nombre maya de estas especies es mex o me’ex (pronunciado “mesh”). Allí aún es común observarlas en playas y aguas someras, donde suelen generar curiosidad e incluso rechazo, en parte por el poco conocimiento que existe sobre ellas. Sin embargo, se trata de organismos inofensivos y biológicamente fascinantes. Su grupo taxonómico, los xifosuros, cuenta con uno de los registros fósiles más extensos entre los artrópodos marinos.

Una historia que comenzó hace cientos de millones de años

Los fósiles más antiguos de xifosuros se remontan al Ordo -

Pareja de cacerolitas de mar en una playa de anidación de la península de Yucatán Foto: Héctor Ortiz y Carmen Rosas

vícico temprano, hace más de 445 millones de años. A lo largo de este extenso periodo, el registro fósil documenta al menos 84 especies dentro de este linaje, mientras que en la actualidad sobreviven únicamente cuatro especies de cacerolitas de mar. Esto sugiere que, en términos evolutivos, el grupo ha mantenido una diversidad relativamente baja en comparación con otros invertebrados marinos ya extintos, como los trilobites, que superaron las 20 mil especies fósiles, o los ammonites, con más de 10 mil.

A simple vista, los fósiles de cacerolitas parecen indicar que su anatomía ha cambiado muy poco desde su origen. Sin embargo, investigaciones recientes muestran una historia más compleja: a lo largo de su evolución, distin -

tos xifosuros habitaron ambientes marinos, salobres e incluso de agua dulce, y presentaron una diversidad morfológica mayor de la que se había supuesto.

Esta aparente estabilidad en su forma no implica ausencia de evolución. En muchos casos, la morfología externa cambió de manera muy gradual porque resultaba eficaz en sus distintos ambientes.

Por ello, las cacerolitas actuales se parecen tanto a sus parientes fósiles, aunque a nivel fisiológico y genético han ocurrido cambios importantes. Quizá lo más notable de este linaje es que ha sobrevivido a las profundas transformaciones geológicas y ecológicas asociadas a las cinco grandes extinciones masivas del planeta.

sigue

Registros de cazuelitas de mar

Limulus polyphemus

Tachypleus tridentatus

Tachypleus gigas

Carcinoscorpius rotundicauda

Especies fósiles

Solo el registro de rastros fósiles

En contraste, en esos eventos desapareció la mayor parte de la fauna marina, incluidos grupos tan diversos y exitosos como los trilobites y los ammonites.

Dónde viven hoy

En la actualidad, solo sobreviven cuatro especies de cacerolitas de mar en todo el mundo. Tres de ellas habitan las regiones del Indo-Pacífico y al este de Asia ( Tachypleus gigas, Tachypleus tridentatus y Carcinoscorpius rotundicauda), mientras que una sola especie se encuentra en el continente americano: la cacerolita de mar americana (Limulus polyphemus).

Esta especie se distribuye a lo largo de la costa atlántica de Norteamérica, desde la península de Yucatán, en México, hasta el estado de Maine, en Estados Unidos.

Sin embargo, su presencia no es continua pues está ausente en gran parte del Golfo de México occidental, entre las desembocaduras de los ríos Mississippi y Grijalva-Usumacinta.

En México, Limulus polyphemus habita ecosistemas costeros someros como estuarios, bahías, lagunas costeras y la -

gunas arrecifales. Estos ambientes son esenciales para su ciclo de vida, ya que funcionan como áreas de reproducción, crecimiento, alimentación y desplazamiento.

La conservación de estos hábitats resulta clave para asegurar la permanencia de una especie que ha sobrevivido durante cientos de millones de años y que forma parte del patrimonio natural de las costas de la península de Yucatán.

Claves de su supervivencia y las amenazas del presente

Una de las razones de la larga permanencia de las cacerolitas de mar en el planeta podría ser su gran flexibilidad ecológica. Toleran amplias variaciones de temperatura, salinidad y oxígeno, y habitan fondos fangosos o arenosos en una gran diversidad de condiciones ambientales. Además, tienen una dieta generalista que cambia a lo largo de su vida: en etapas tempranas se alimentan de materia orgánica, restos de vegetación y pequeños organismos, mientras que en la adultez consumen almejas, gusanos y otros pequeños invertebrados.

Distribución geográfica moderna de las cuatro especies de cacerolitas de mar (líneas en color) y registros de especies fósiles de cacerolitas en el mundo (marcas en naranja sólido y abierto). La cacerolita de mar americana, Limulus polyphemus, se distribuye en la península de Yucatán y la costa este de Estados Unidos (línea verde)

Fuente: Lamsdell JC. 2020. The phylogeny and systematics of Xiphosura. PeerJ 8:e10431http:// doi.org/10.7717/ peerj.10431

Su sistema inmunológico también es altamente eficiente. Cuando sufren lesiones, sus células sanguíneas (amebocitos) detectan rápidamente la presencia de microorganismos, los eliminan y contribuyen a sellar las heridas.

Si estas características se han mantenido durante millones de años, podrían ayudar a explicar la notable persistencia evolutiva de los xifosuros.

Sin embargo, esta resistencia no las hace invulnerables.

Las transformaciones ambientales de origen humano a escala global están impulsando lo que muchos científicos consideran la sexta gran extinción.

Estos cambios, que ocurren a una velocidad sin precedentes, junto con amenazas directas como la pérdida y degradación de sus hábitats y la

Con información de:

sobreexplotación, ponen en duda su capacidad para persistir en el futuro.

Por ello, las cacerolitas de mar representan no solo una ventana privilegiada para comprender la evolución, sino también un recordatorio de la fragilidad de los ecosistemas costeros.

Lejos de ser simples reliquias del pasado, muestran que la evolución también preserva soluciones biológicas altamente eficaces. Detrás de su apariencia singular se esconde una historia de adaptación, persistencia y diversidad evolutiva.

Proteger a las cacerolitas de mar no solo implica conservar una especie amenazada en México, sino también resguardar una parte irremplazable de la memoria biológica del planeta.

Shuster, C.N., Jr., Barlow, R.B. y Brockmann, H.J. (Eds.) 2003. The American horseshoe crab. Cambridge, MA: Harvard University Press.

Tanacredi, J.T., Botton, M.L. y Smith, D.R. (Eds.) 2009. Biology and conservation of horseshoe crabs. Boston, MA: Springer. Smith, D.R., Brockmann, H.J., Beekey, M.A., King, T.L., Millard, M.J. y Zaldivar-Rae, J. (2017). Conservation status of the American horseshoe crab (Limulus polyphemus): a regional assessment. Reviews in Fish Biology and Fisheries , 27, 135–175. ...y sus referencias incluidas.

Héctor Javier Ortiz León

Correo-e: oilh@yahoo.com.mx

Jaime Zaldívar Rae

Proyecto Mex, AC

Correo-e: jaimezaldivarrae@gmail.com

Á

reas protegidas de la península de Yucatán son hábitat ideal para la cacerolita de mar

E n México, la cacerolita de mar ( Limulus polyphemus) habita en las costas de la península de Yucatán, en los estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo.

Su distribución se extiende desde la margen oriental de la Laguna de Términos hasta las bahías de la Ascensión y del Espíritu Santo, donde encuentra los ecosistemas necesarios para alimentarse, refugiarse y reproducirse.

Las cacerolitas de mar dependen de diversos ecosistemas costeros para completar

su ciclo de vida. Sus áreas de reproducción, alimentación, crecimiento y migración se localizan en aguas marinas y salobres de la plataforma continental, así como en lagunas costeras, lagunas arrecifales y bahías de la península de Yucatán. En estos ambientes abundan los pastos marinos, las algas y los manglares, ecosistemas que les proporcionan refugio, alimento y condiciones adecuadas para su desarrollo.

Entre las especies de manglar presentes en la región

Características especiales: tiene nueve ojos; queníceros (colmillos), pedipalpos o tenazas, ocho pares de patas y unas laminillas que son sus pulmones y les sirven para desplazarse.

Foto: Jean-Lou Justine publicada en Fauna nuestra de La Jornada Maya

destacan el mangle rojo (Rhizophora mangle ), el mangle negro ( Avicennia germinans), el mangle blanco (Laguncularia racemosa) y el mangle botoncillo (Conocarpus erectus). Los fondos de estos ecosistemas son principalmente arenosos o lodosos y están compuestos por sedimentos, restos de conchas de moluscos y materia orgánica. Estas condiciones favorecen la presencia de una rica comunidad de invertebrados, entre ellos moluscos, crustáceos, gusanos anélidos, ne -

mátodos, equinodermos y cnidarios. Muchos de estos organismos forman parte de la dieta de las cacerolitas de mar, cuya alimentación es diversa y varía conforme avanzan las diferentes etapas de su desarrollo.

Las cacerolitas de mar mexicanas han evolucionado en estrecha relación con los ecosistemas costeros de la península de Yucatán. Se desarrollan en aguas cálidas y tranquilas, sobre una extensa plataforma continental de sigue

poca profundidad y en ambientes influenciados por la mezcla del agua dulce proveniente del acuífero subterráneo con el agua del mar.

Todo lo anterior ha favorecido la permanencia de la especie en la región durante miles de años. Los primeros registros escritos sobre la cacerolita de mar en México datan del siglo XVI. En sus crónicas, fray Diego de Landa documentó el nombre maya mex (pronunciado “mesh”), que aún se utiliza en algunas comunidades de la península de Yucatán.

Siglos después, durante diversas expediciones científicas realizadas a finales del siglo XIX, los naturalistas Henri Milne-Edwards y James Edmund Ives destacaron la gran abundancia de estos organismos en sitios como la Laguna de Términos, en Campeche, y Dzilam de Bravo, en Yucatán.

También a finales del siglo XIX, el arqueólogo Cyrus Thomas recuperó una referencia de su colega Daniel Brinton sobre el término mex, utilizado para describir un “pez araña” o “un pescado que tiene muchos brazos”.

Aunque estas descripciones no eran precisas desde el punto de vista biológico, coinciden con las características que llamaron la atención de los primeros observadores de las cacerolitas de mar y muestran que estos animales han formado parte del conocimiento y la cultura de los pueblos de la región desde hace siglos.

A partir de la década de 1960, surgieron los primeros investigadores mexicanos dedicados al estudio de los mex o cacerolitas de mar. Entre ellos destacó el Dr. Samuel Gómez Aguirre, del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), considerado uno de los principales pioneros en el conocimiento de esta especie en el país.

Durante más de cuatro décadas, y hasta su fallecimiento en 2006, el Dr. Gómez Aguirre impulsó investigaciones fundamentales sobre la biología y distribución de las cacerolitas de mar. Fue de los primeros en alertar sobre la disminución de sus poblaciones y dirigió estudios que documentaron sus características morfológicas, así como la presencia de individuos vivos, muertos y exuvias a lo largo de las costas de la península de Yucatán.

Sus trabajos también aportaron información clave sobre la ecología y el ciclo de vida de la especie en México. Gracias a su experiencia y a la evidencia científica generada, las cacerolitas de mar fueron incluidas desde 1994 en la lista de especies en riesgo de la Norma Oficial Mexicana NOM059, donde actualmente se encuentran catalogadas en peligro de extinción.

Incluso se atribuye al Dr. Gómez Aguirre la popularización del nombre “cacerolita de mar”, una denominación que buscaba sustituir el término local “cucaracha de mar” y

resaltar el valor biológico de estos extraordinarios organismos.

Actualmente, especialistas de universidades, centros de investigación y organizaciones de la península de Yucatán estudian diversos aspectos de las cacerolitas de mar, como su genética, salud, respuesta a contaminantes, dinámica poblacional, educación ambiental y la relación de la especie con actividades humanas, entre ellas la pesca de pulpo.

Los investigadores que han realizado censos, programas de marcaje y monitoreo en campo coinciden en que las poblaciones de cacerolitas en México son mucho menos abundantes que las de la costa este de Estados Unidos.

Aunque en las últimas décadas la pérdida de hábitat y algunas actividades humanas han incrementado la presión sobre la especie, todo indica que las poblaciones mexicanas han sido naturalmente más reducidas debido a las características ambientales de la región.

Sin embargo, estas condiciones naturales se han visto agravadas por la creciente transformación de los ecosistemas costeros, lo que aumenta la vulnerabilidad de la especie y refuerza la necesidad de fortalecer su conservación.

A principios de la década de 1990, el Dr. Samuel Gómez Aguirre advertía que las poblaciones de cacerolita de mar ya resentían los efectos del desarrollo costero.

Con base en sus observaciones iniciadas en 1964, señalaba que la construcción de puertos, ciudades, complejos turísticos e industriales, así como la exploración submarina, la extracción de hidrocarburos y la contaminación, estaban provocando un deterioro significativo de los hábitats de Limulus polyphemus. Hoy en día, sus preocupaciones no sólo siguen vigentes, sino que se han intensificado. Las costas de la península de Yucatán han experimentado una rápida transformación impulsada por el aumento de la población, la llegada de habitantes de otras regiones de México y del extranjero, y la expansión de desarrollos inmobiliarios, turísticos y de infraestructura.

Como resultado, muchos de los ecosistemas de los que dependen las cacerolitas de mar enfrentan una presión cada vez mayor.

Las cacerolitas de mar han sido registradas en prácticamente toda su área de distribución en la península de Yucatán, ya sea mediante estudios científicos o a través del conocimiento y las observaciones de las comunidades locales.

Además, la mayoría de estos sitios se encuentran dentro de áreas naturales protegidas federales o estatales.

A pesar de ello, habitantes de diversas localidades coinciden en que las cacerolitas son cada vez menos frecuentes. Entre las posibles causas sigue

Reserva de la biosfera Ría Lagartos

Áreas naturales protegidas (ANP) federales y su coincidencia con localidades en las que se ha registrado la especie Limulus polyphemus , señaladas con círculos rojos

Simbología

Reservas de la biosfera

Parques nacionales

Áreas de protección de flora y fauna

Santuarios

Áreas destinadas voluntariamente a la conservación

Límite de la Dirección Regional

Límite estatal

Oficina de la Dirección Regional

La costa de Yucatán, entre las reservas de la biosfera Ría Celestún y Ría Lagartos, está protegida por las ANP estatales El Palmar, Ciénegas y Manglares, de la costa norte de Yucatán, y Bocas de Dzilam

de esta disminución, señalan la pesca furtiva y otras actividades humanas que afectan a la especie y a los ecosistemas de los que depende para sobrevivir.

Reconocer las percepciones, conocimientos, prácticas y valores culturales que las comunidades pesqueras han construido en torno al mex o cacerolita de mar es fundamental para impulsar estra -

tegias de conservación más efectivas y duraderas.

La participación de estas comunidades permite enriquecer los esfuerzos de protección de la especie y fortalecer el vínculo entre las personas y los ecosistemas costeros. Asimismo, es necesario reducir el desconocimiento que aún existe sobre la importancia ecológica de las cacerolitas de mar.

Para ello, resulta indispensable promover una cultura ambiental que integre tanto el conocimiento científico como los saberes tradicionales, y que lle -

Modificado de https://sig.conanp. gob.mx/container/ mapas/files/PYyCM. pdf

gue no solo a las comunidades costeras y del interior de la península, sino a quienes se han establecido recientemente en la región.

Con información de: Zaldívar-Rae, J., Sapién-Silva, R.E., Rosales-Raya, M. y Brockmann, H.J. (2009). American horseshoe crabs, Limulus polyphemus, in Mexico: open possibilities. En: Tanacredi, J.T., Botton, M.L. y Smith, D.R. (Eds.) Biology and conservation of horseshoe crabs, Boston. MA: Springer, pp. 97-113. y sus referencias incluidas.

Héctor Javier Ortiz León

TecNM/Instituto Tecnológico de Chetumal

Jaime Zaldívar Rae

Proyecto Mex, AC

Correos-e: corosas@ecosur.mx, oilh@yahoo.com.mx y jaimezaldivarrae@gmail.com

La cacerolita de mar, habitante de las costas de la península de Yucatán, no solo es una extraordinaria sobreviviente de la historia evolutiva, sino que también cumple funciones ecológicas clave. Contribuye a la oxigenación de los sedimentos, es parte de la alimentación de aves, peces y tortugas, regula poblaciones de invertebrados y ayuda a mantener el equilibrio de lagunas, playas y mares someros.

Las cacerolitas de mar americanas, Limulus polyphemus , recibieron su nombre científico de Carlos Linneo, creador de la taxonomía moderna, en 1758.

El nombre Limulus significa “pequeño torcido” o “algo oblicuo”, en referencia a la disposición de sus ojos compues-

tos, que pueden parecer ligeramente desalineados. Por su parte, polyphemus alude al cíclope Polifemo de la mitología griega.

Además de su apariencia singular, las cacerolitas de mar americanas presentan una biología fascinante y desempeñan un papel impor-

El antiguo ingeniero de los fondos costeros

Un ostrero americano, Haematopus palliatus, se alimenta de los huevecillos de una hembra de cacerolita muerta durante su temporada de anidación. A lo largo de todo su ciclo de vida, las cacerolitas de mar son alimento para una gran diversidad de animales marinos y costeros

Foto: Eduardo Pacheco

tante en los ecosistemas que habitan.

Como ocurre con especies de amplia distribución, sus poblaciones muestran adaptaciones a diversas condiciones ambientales locales. En el caso de las poblaciones de la península de Yucatán, estas están especialmente adaptadas a ambientes marinos y costeros tropicales.

Anatomía de un superviviente ancestral

Las cacerolitas de mar son invertebrados cuyo caparazón o exoesqueleto, de color ver-

de olivo, está compuesto por una resistente sustancia llamada quitina. Su cuerpo se divide en tres regiones principales: prosoma, opistosoma y telson.

El prosoma corresponde a una gran coraza frontal en forma de domo, donde se encuentran un par de ojos compuestos grandes y otros más pequeños ubicados en la parte frontal, rasgo que ha sido asociado con la figura del cíclope Polifemo.

En la parte ventral, presenta cinco pares de patas articuladas con pinzas, que les

sigue

permiten desplazarse y manipular el alimento, además de un par de apéndices especializados en la natación y sensibles a las condiciones del agua.

La boca se ubica en el centro de las bases espinosas de dichas patas, que ayudan a triturar el alimento. En su interior, el prosoma alberga el cerebro, el sistema reproductor y gran parte del sistema digestivo.

El opistosoma, o región posterior del cuerpo, contiene la parte final del tubo digestivo, los poros genitales y las branquias, responsables de la respiración.

Estas estructuras están protegidas por placas denominadas opérculos, que funcionan como “cubiertas” que se abren y cierran. En los bordes del opistosoma se encuentran además espinas móviles.

El sistema circulatorio consiste en un gran vaso dorsal que funciona como un corazón primitivo y recorre tanto el prosoma como el opistosoma, ramificándose para distribuir la hemolinfa, de color azul, a los distintos órganos.

Finalmente, el telson es una espina larga, rígida y puntiaguda que suele confundirse con un aguijón. Sin embargo, cumple funciones sensoriales, ya que contiene receptores de luz, y también mecánicas, pues las caceroli -

tas lo utilizan como palanca para darse vuelta cuando el oleaje las coloca boca arriba. En conjunto, su anatomía está especialmente adaptada a la vida en los fondos lodosos y arenosos de praderas marinas y manglares, en ecosistemas comunes en estuarios, lagunas costeras y mares someros.

Una pieza clave del ecosistema

A lo largo de su ciclo de vida, las cacerolitas de mar cumplen funciones ecológicas cruciales en los ecosistemas que habitan. Una de sus principales funciones es su papel en las redes tróficas, tanto como presas y como depredadores.

Sus huevecillos y larvas constituyen una fuente de alimento esencial para una gran diversidad de aves playeras. En la costa este de Estados Unidos, por ejemplo, el playero rojizo (Calidris canutus) depende de estos huevos para acumular la energía necesaria y completar uno de los viajes migratorios más largos del planeta, desde la Patagonia hasta el Círculo Polar Ártico.

Durante sus etapas juveniles, las cacerolitas son consumidas por numerosos invertebrados, aves acuáticas y peces, mientras que los adul -

Vista dorsal (izquierda) y ventral (derecha) de una cacerolita de mar adulta (macho) de la península de Yucatán. Se aprecian las tres secciones del cuerpo (prosoma, opistosoma y telson), así como los diversos pares de patas y los opérculos. También pueden observarse balanos epibiontes ( Balanus sp.) creciendo sobre el caparazón

Fotos: Jaime Zaldívar Rae

tos pueden ser depredados por tortugas caguama, tiburones y cocodrilos.

Cuando salen del agua para desovar, también son vulnerables a mapaches, gaviotas, zopilotes y otras aves carroñeras. Al mismo tiempo, como detritívoras y depredadoras, contribuyen a regular la materia orgánica del fondo marino y las poblaciones de gusanos, crustáceos, almejas, caracoles y otros invertebrados.

El caparazón de los adultos, además, funciona como sustrato para una gran variedad de organismos epibiontes que viven adheridos a su superficie.

Entre ellos se encuentran algas, corales, crustáceos como balanos y percebes, moluscos como lapas, almejas y mejillones, así como colonias de briozoarios y otros organismos incrustantes o móviles que encuentran en las cacerolitas un hábitat temporal. Finalmente, estos organismos pueden considerarse ver-

Con información de:

daderos ingenieros ecológicos: al desplazarse y excavar en los sedimentos en busca de alimento o sitios de reproducción, oxigenan el fondo marino, redistribuyen nutrientes y modifican la estructura del sustrato.

Este proceso, conocido como bioturbación, crea condiciones favorables para otras especies y contribuye al mantenimiento de los ciclos biogeoquímicos en lagunas costeras y mares someros. Reducir a las cacerolitas de mar a una simple curiosidad del pasado sería un error. Su presencia revela la compleja red de interacciones que sostiene la vida costera y recuerda que conservar una especie implica también proteger los procesos ecológicos de los que dependen muchas otras. En un contexto de transformación acelerada de los litorales, comprender su importancia es clave para valorar y defender la salud de los ecosistemas marinos.

Shuster, C.N., Jr., Barlow, R.B. y Brockmann, H.J. (Eds.) 2003. The American horseshoe crab. Cambridge, MA: Harvard University Press.

Tanacredi, J.T., Botton, M.L. y Smith, D.R. (Eds.) 2009. Biology and conservation of horseshoe crabs . Boston, MA: Springer. Smith, D.R., Brockmann, H.J., Beekey, M.A., King, T.L., Millard, M.J. y Zaldivar-Rae, J. (2017). Conservation status of the American horseshoe crab (Limulus polyphemus): a regional assessment. Reviews in Fish Biology and Fisheries , 27, 135–175. ...y sus referencias incluidas.

Carmen Olivia Rosas Correa Ecosur, Unidad Chetumal

Correo-e: corosas@ecosur.mx

Jaime Zaldívar Rae

Proyecto Mex, AC

Correo-e: jaimezaldivarrae@gmail.com

El increíble ciclo de vida de las cacerolitas de mar está estrechamente ligado a las mareas, las playas de anidación, las lagunas costeras y los pastizales marinos. Su alta mortalidad natural, junto con su longevidad, hace que cada individuo adulto y la integridad de sus hábitats sean factores esenciales para la persistencia de la especie en la península de Yucatán.

L a anatomía conservada de las cacerolitas de mar, junto con las huellas fosilizadas de algunos ejemplares extintos conocidas como mortichnia, muestra que este linaje ha habitado fondos lodosos y arenosos de mares someros desde tiempos remotos.

En la actualidad, continúan ocupando ambientes similares; en México, su ciclo de vida se desarrolla en la plataforma continental y en las lagunas costeras de la península de Yucatán.

Entre octubre y mayo, durante noches de luna llena o

El fascinante ciclo de vida de las cacerolitas de mar

Una hembra adulta de Limulus polyphemus (extrema derecha), busca un sitio propicio para desovar en la zona intermareal de una playa de anidación en la península de Yucatán. El macho consorte (arriba, centro) se sujeta del caparazón de la hembra (amplexo) y compite con otros tres machos satélites por la oportunidad de fertilizar los huevecillos

Foto: Carmen Rosas

luna nueva, machos y hembras adultos se congregan cerca de bocas lagunares y bajos costeros. En el punto más alto de la marea, se desplazan hacia pequeñas playas arenosas, frecuentemente rodeadas de manglar o vegetación de duna, para iniciar el proceso reproductivo.

Debido a que pocas playas reúnen las condiciones adecuadas, estos sitios de anidación son hábitats críticos, escasos y altamente vulnerables.

Las cacerolitas pueden desplazarse dentro y entre lagu -

nas costeras separadas por varios kilómetros en busca de sitios de reproducción. Su longevidad les permite, a lo largo de su vida, recorrer decenas o incluso cientos de kilómetros, lo que favorece el flujo genético entre poblaciones locales. Evidencia reciente de diversos estudios en México sugiere que, debido a este intercambio genético, en las costas de Quintana Roo, Yucatán y al menos la mitad norte de Campeche existe una única población genética de cacerolitas. sigue

Las complejidades del desove

Como la actividad reproductiva es principalmente nocturna, los ojos compuestos y el cerebro de los machos están adaptados para detectar posibles parejas y sus movimientos en condiciones de poca luz.

Cuando un macho encuentra una hembra, se sujeta al opistosoma –la parte posterior del cuerpo– mediante un par de apéndices modificados en forma de ganchos. Este “abrazo” se conoce como amplexo.

Durante el amplexo, las hembras seleccionan el sitio de anidación evaluando

Huevecillos de cacerolita de mar, Limulus polyphemus, en un nido construido en la arena de la zona intermareal de una playa de anidación

Foto: Carmen Rosas

Abajo: larva trilobita de Limulus polyphemus

Foto: Carmen Rosas

factores como la salinidad, la oxigenación, la humedad y el tipo de sedimento, además de evitar restos de materia orgánica en descomposición que pueden generar compuestos sulfurosos dañinos para los huevecillos.

Una vez que encuentran un lugar adecuado, avanzan hacia la playa con la marea alta, excavan un nido y depositan miles de huevecillos de color verde grisáceo, mientras el macho libera espermatozoides para su fertilización.

Sin embargo, el macho en amplexo no asegura la paternidad de toda la nidada. Otros machos, conocidos como satélites, pueden situarse alre -

dedor de la pareja y liberar espermatozoides que compiten con los del macho principal. Investigaciones de la Dra. Jane Brockmann, de la Universidad de Florida, han demostrado que la paternidad se distribuye entre el consorte y los satélites, y que su posición alrededor de la pareja influye en el éxito reproductivo. También se ha observado que algunas hembras atraen a más satélites, posiblemente porque producen más huevos o emiten señales químicas cuya función aún no se comprende del todo.

Tras la anidación, las hembras regresan al mar, mientras que el macho puede permanecer en amplexo uno o varios días o separarse para buscar nuevas oportunidades reproductivas. La salida al ambiente terrestre representa un alto estrés fisiológico: deben mantener sus branquias húmedas para poder respirar y cuentan con pocas horas antes de regresar al agua.

Así como dependen de la marea alta para anidar, también requieren la marea saliente para regresar al mar. Si

el agua sube en exceso, pueden sobrepasar la primera duna, desorientarse y quedar varadas cuando la marea baja, lo que constituye una de las causas de mortalidad natural en adultos.

Asimismo, pueden ser volteadas por el oleaje; en esos casos, utilizan el telson como palanca para impulsarse y recuperar su posición.

El largo camino entre el nido y la reproducción

Los huevecillos se desarrollan en la arena y eclosionan entre dos y cuatro semanas después en forma de larvas “trilobitas”, llamadas así por su parecido con esos organismos extintos.

Los juveniles mudan su caparazón de manera repetida, creciendo en cada muda, y migran hacia bajos de marea y pastizales marinos, donde se alimentan durante aproximadamente nueve a 12 años.

Al alcanzar la adultez, tras completar entre 16 y 17 mudas, dejan de crecer, conservan el mismo caparazón sigue

Conservar los ambientes en los que vive la cacerolita no solo implica proteger a una especie antigua y singular, sino también resguardar los procesos ecológicos que sostienen la diversidad de las costas de la península de Yucatán.

durante 8 a 10 años más y regresan cada año a las playas para reproducirse.

Las cacerolitas de mar adultas presentan dimorfismo sexual: además de contar con apéndices de sujeción y un borde elevado en el prosoma, los machos son entre 20 y 30 por ciento más pequeños que las hembras.

En la península de Yucatán, un macho puede alcanzar hasta 40 cm de longitud y pesar alrededor de 350 g, mientras que una hembra puede llegar a 55 cm y pesar entre 1 kg fuera de la temporada reproductiva y hasta 4.5 kg cuando transporta huevecillos.

La mortalidad natural a lo largo del ciclo de vida es ex-

tremadamente alta. Se estima que, de cada millón de huevecillos depositados, solo cuatro llegan a convertirse en adultos. Esto significa que cada individuo adulto es un verdadero sobreviviente, que ha superado enormes probabilidades adversas para llegar a reproducirse. Incluso en esa etapa, continúa enfrentando riesgos importantes. En consecuencia, cada adulto resulta clave para la persistencia de la especie.

Conservar a la especie es conservar sus hábitats

El ciclo de vida de la cacerolita de mar revela la estrecha relación entre las mareas, las

Una cacerolita de mar, Limulus polyphemus, usa su cola o telson como palanca para enderezarse, tras haber sido volteada por el oleaje en una playa de anidación

Foto: Carmen Rosas

playas de anidación, las lagunas costeras y los pastizales marinos.

La reproducción y la viabilidad futura de la población en la península de Yucatán dependen de ambientes específicos y dinámicos, mientras que su lento crecimiento y sus altas tasas de mortalidad natural las hacen es -

pecialmente sensibles a la pérdida de hábitat y a las alteraciones costeras. Conservar estos ambientes no solo implica proteger a una especie antigua y singular, sino también resguardar los procesos ecológicos que sostienen la diversidad de las costas de la península de Yucatán.

Con información de: Shuster, C.N., Jr., Barlow, R.B. y Brockmann, H.J. (Eds.) 2003. The American horseshoe crab. Cambridge, MA: Harvard University Press.

Tanacredi, J.T., Botton, M.L. y Smith, D.R. (Eds.) 2009. Biology and conservation of horseshoe crabs . Boston, MA: Springer.

Rosas-Correa, C.O. y Ortiz-León, H.J. (2012). Cacerolita de Mar, Limulus polyphemus en Holbox, Quintana Roo, México: Dinámica Poblacional. Madrid: Editorial Académica Española. ...y sus referencias incluidas.

U

sos ancestrales y contemporáneos

TecNM/Instituto Tecnológico de Chetumal

Correo-e: oilh@yahoo.com.mx

De su presencia en la cultura maya a su uso biomédico actual, la cacerolita de mar concentra una historia de conocimiento, aprovechamiento y, lamentablemente, presión sobre sus poblaciones.

Presencia ancestral en la cultura maya

En códices, bajorrelieves y diversos grabados de la época prehispánica aparecen representaciones de la cacerolita de mar (Limulus polyphemus) y de otras especies propias del litoral maya.

Estas evidencias sugieren que el mex o límulo maya no solo era reconocido por su presencia en las costas, sino también por su importancia cultural dentro de las comunidades mayas que habitaban la región.

Se ha propuesto que el aprecio hacia este organismo pudo estar vinculado con observaciones sobre su comportamiento, a partir de las cuales se habrían desarrollado conocimientos empíricos relacionados con la astronomía, la meteorología y la dinámica de las mareas.

El mex en la visión de los europeos

Fray Diego de Landa, en su Relación de las cosas de Yucatán (1566), describe a la cacerolita de mar de la siguiente manera:

“Un pescado vi en las costas, algunas veces, que por ser de concha todo, lo dejé para poner aquí. Es, pues, del grandor de una tortuga pequeña y cubierto por arriba de una concha delicada, redonda, de hermosa hechura y verde muy claro; tiene una cola de lo mismo de la concha, muy delgada, que parece punzón y lar-

ga como un jeme; por debajo tiene muchos pies y todo lleno de menudos huevos que no tiene que comer de él, sino huevos, y cómenlos mucho los indios; llámanle en su lengua mex ”.

Por su parte, crónicas británicas del siglo XVI señalan que los pueblos indígenas de la costa atlántica de Norteamérica también aprovechaban distintos usos de este organismo.

Consumían su carne y, posiblemente, algunos órganos del prosoma, mientras que los caparazones eran utilizados como recipientes para achicar agua de canoas.

Asimismo, el telson se empleaba fijado a varas para fabricar herramientas o arpones, y las cacerolitas molidas (ricas en nitrógeno y calcio) se utilizaban como fertilizante para cultivos.

Usos alimentarios

Como nos describió fray Diego de Landa, la hueva de cacerolita se consumía en la península de Yucatán desde tiempos prehispánicos y, de acuerdo con testimonios de pescadores campechanos de mayor edad, esta práctica se mantuvo hasta hace pocas generaciones.

En la actualidad, sus huevecillos también son apreciados en algunos países asiáticos; en Tailandia, la demanda de hembras grávidas para la gastronomía tradicional se ha asociado con disminuciones locales de sus poblaciones.

de las cacerolitas de mar

Usos agrícolas

Desde inicios del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX, en Estados Unidos las cacerolitas de mar fueron colectadas en grandes cantidades (millones de ejemplares al año) para secarlas y molerlas y utilizarlas como fertilizante agrícola.

Esta extracción intensiva contribuyó a una fuerte disminución de sus poblaciones, particularmente en la bahía de Delaware. Con el tiempo, esta práctica se abandonó debido a la disponibilidad de fertilizantes químicos más económicos.

Durante ese mismo periodo, también se llegó a emplear a las cacerolitas de mar y a sus huevecillos como alimento para aves de corral y cerdos, lo que incrementó la presión sobre sus poblaciones en distintas zonas costeras.

Uso como carnada de pesca

Actualmente, en Estados Unidos las cacerolitas de mar se capturan bajo regulación para utilizarse como cebo en la pesca de anguilas y de algunos caracoles marinos. Antes de su regulación, esta actividad provocó una disminución importante de sus poblaciones, y aunque hoy está controlada, sigue siendo una fuente de mortalidad inducida por actividades humanas.

En la península de Yucatán, la especie también ha sido utilizada como carnada en la pesca artesanal de pulpo, especialmente en el estado de Campeche. Con el crecimiento y la intensificación de esta pesquería a partir de la década de 1990, la cacerolita

se convirtió en una alternativa a los cebos comerciales. Sin embargo, desde su inclusión en 1994 en la NOM059 como especie en “peligro de extinción”, su aprovechamiento quedó prohibido. A pesar de ello, en algunas zonas persisten su captura y comercio de manera ilegal. Dado que las poblaciones mexicanas son considerablemente más reducidas que las de Estados Unidos, cualquier extracción tiene un impacto más severo en su viabilidad a largo plazo.

Uso en la industria biomédica

Existe una industria biomédica internacional que aprovecha una proteína presente en las células sanguíneas de las cacerolitas de mar, los amebocitos, para producir el llamado lisado de amebocitos de Limulus (LAL).

En 1977, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó su uso como una prueba estándar para detectar contaminación bacteriana en productos farmacéuticos inyectables, dispositivos médicos, implantes y otros materiales de uso clínico.

Dado que este tipo de contaminación puede ser potencialmente mortal, la prueba LAL ha sido fundamental para mejorar la seguridad de millones de pacientes en todo el mundo.

Además, una variante de esta prueba se utiliza como apoyo en la detección de infecciones fúngicas invasivas, y con el tiempo se han desarrollado múltiples aplicaciones en áreas como el control sigue

Es fundamental continuar la investigación científica sobre sus características biológicas y sus potenciales aplicaciones; siempre, bajo esquemas que prioricen la conservación de la especie y el equilibrio de los ecosistemas costeros.

de calidad del agua, la industria alimentaria y la vigilancia de contaminantes biológicos. Para su funcionamiento, esta industria requiere el uso de grandes cantidades de cacerolitas, por lo que sus centros de procesamiento se localizan principalmente en regiones de alta abundancia en la costa este de Estados Unidos.

Aunque existen medidas para reducir la mortalidad asociada a su captura y manejo, una proporción de los organismos muere durante estos procesos. En México, esta industria no existe y su desarrollo resulta inviable debido a la baja abundancia de la especie y su condición de riesgo.

Finalmente, aunque aún no han sido llevados a aplicaciones clínicas, diversos estudios han identificado compuestos bioactivos en la sangre de las cacerolitas con potencial actividad antimicrobiana y antitumoral in vitro.

Proteger con visión de futuro

La historia de la cacerolita de mar refleja cómo una sola especie puede concentrar un alto valor cultural, ecológico, alimentario y científico, pero también volverse vulnerable cuando su aprovechamiento supera la capacidad de recuperación de sus poblaciones.

“Pueblo costero maya”. Mural del Templo de los Guerreros en Chichén Itzá (Morris, 1931). En las partes inferiores izquierda y derecha se ven animales que se han interpretado como cacerolitas de mar.

Reconocer su presencia en la memoria maya, en prácticas pesqueras tradicionales y en la investigación biomédica contemporánea permite dimensionar la importancia de esta especie más allá de su apariencia singular.

Al mismo tiempo, subraya la imperativa necesidad de proteger sus hábitats, regular su extracción y fortalecer

Con información de:

alternativas que reduzcan la presión sobre las poblaciones silvestres.

De igual forma, es fundamental continuar la investigación científica sobre sus características biológicas y sus potenciales aplicaciones; siempre, bajo esquemas que prioricen la conservación de la especie y el equilibrio de los ecosistemas costeros.

Shuster, C.N., Jr., Barlow, R.B. y Brockmann, H.J. (Eds.) 2003. The American horseshoe crab. Cambridge, MA: Harvard University Press.

Tanacredi, J.T., Botton, M.L. y Smith, D.R. (Eds.) 2009. Biology and conservation of horseshoe crabs . Boston, MA: Springer. ...y sus referencias incluidas.

Proyecto Mex, AC

Correo-e: jaimezadivarrae@gmail.com

Azul, antigua y sorprendentemente valiosa: la sangre de las cacerolitas de mar es la base de una prueba clave para detectar contaminantes bacterianos en medicamentos, vacunas y en materiales médicos. Este desarrollo biomédico, sustentado en la biología de un invertebrado marino milenario, muestra que algunos de los avances más importantes de la medicina pueden surgir de los organismos más inesperados de la naturaleza.

Pocos animales parecen tan ajenos al presente como las cacerolitas de mar americanas (Limulus polyphemus), conocidas como mex en lengua maya y frecuentemente llamadas “cucarachas de mar” por los habitantes de la península de Yucatán. Su aspecto prehistórico remite a un pasado remoto, pero su importancia es completamente actual: gracias al estudio de su sangre, hoy existen pruebas esenciales para comprobar que todo producto farmacéutico inyectable o dispositivo médico que entre a nuestro cuerpo, estén libres de contaminantes peligrosos.

Los secretos que guarda la sangre azul

A diferencia de la sangre humana, que transporta oxígeno mediante hemoglobina – una proteína con hierro que adquiere un color rojo al oxidarse–, la sangre de los mex contiene hemocianina, una proteína con cobre cuyo estado oxidado le confiere su característico tono azul.

Sin embargo, ese color es solo el rasgo más evidente: en su sangre también circulan amebocitos, células capaces de detectar con gran sensibilidad la presencia de bacterias o de sus componentes y activar una respuesta de coagulación.

En la década de 1960, los investigadores Frederik Bang

y Jack Levin demostraron que los amebocitos de los mex reaccionan ante endotoxinas, sustancias presentes en la pared celular de bacterias Gram negativas, entre ellas numerosos patógenos humanos. Esta reacción es notable por su eficacia: incluso cantidades mínimas de endotoxina desencadenan una cascada de procesos que termina en la formación de un coágulo. En la naturaleza, este mecanismo actúa como una defensa inmediata, que sella heridas y ayuda a atrapar y neutralizar microorganismos cuando las cacerolitas se lesionan.

Del fondo marino al control sanitario

Los descubrimientos de Bang y Levin demostraron que es posible extraer las proteínas responsables de la coagulación de la sangre de los mex para producir el llamado lisado de amebocitos de Limulus (LAL). Este compuesto es la base de una prueba considerada el estándar de oro mundial para detectar contaminaciones bacterianas en productos farmacéuticos inyectables, como sueros y vacunas, así como en el instrumental médico utilizado para su administración –jeringas, catéteres– y en dispositivos implantables.

Su inocuidad es esencial, ya que la presencia de endotoxinas en el organismo huma -

La “cucaracha” de sangre azul que protege nuestra salud

Una muestra de sangre azul de cacerolita de mar. En el fondo del tubo pueden apreciarse los amebocitos (células sanguíneas) sedimentados

Foto: Jaime Zaldívar Rae

no puede provocar desde fiebre e inflamación severa hasta shock séptico potencialmente mortal.

A finales de la década de 1980, la alta sensibilidad, rapidez y practicidad del método basado en LAL llevó a que sustituyera por completo al sistema previo de detección, que utilizaba la respuesta inmune de conejos. Desde entonces, se ha consolidado como una herramienta indispensable en la industria farmacéutica a nivel global.

La producción de LAL se concentra principalmente en empresas ubicadas en la costa este de Estados Unidos, donde las poblaciones de mex –conocidos localmente como cangrejos herradura ( horseshoe crabs)– son mucho más abundantes que en México. También existen empresas que obtienen lisado a partir de al menos dos de las tres especies asiáticas de cacerolitas de mar, abasteciendo mercados regionales.

En México, en cambio, los mex son escasos y están protegidos por la legislación como especie en peligro de extinción, lo que hace inviable su aprovechamiento comercial. En este contexto, cada vez que una persona recibe un medicamento inyectable seguro, es muy probable que su salud dependa, en parte, de un mex que donó una pequeña cantidad de sangre, así como de su extraordinario sistema inmunológico.

Su contribución ha sido silenciosa pero decisiva. Sin embargo, este éxito también ha abierto un debate importante: aunque la industria del LAL extrae solo una fracción de la sangre de cada organismo y los devuelve al mar, existe una

mortalidad asociada al manejo, lo que ha impulsado la búsqueda de prácticas más seguras y sostenibles.

Nada es para siempre: ¿un descanso para los mex?

Como ocurre con muchas tecnologías, desde hace años se han desarrollado esfuerzos para complementar e incluso reemplazar la prueba basada en LAL. En este contexto ha surgido una alternativa innovadora basada en la producción de la llamada proteína factor C recombinante. En condiciones naturales, el factor C es la proteína presente en los amebocitos de los mex que detecta las endotoxinas bacterianas e inicia la cascada de reacciones que conduce a la coagulación.

A principios de este siglo, los investigadores Jeak Ling Ding y Low Ho lograron aislar la secuencia de ADN responsable de producir el factor C, introducirla en células de levadura y obtener la proteína en biorreactores.

Con ello, se sentaron las bases de un método de detección de endotoxinas que ya no depende del uso de lisados de amebocitos. En años recientes, esta tecnología ha comenzado a ganar aceptación regulatoria y técnica a nivel internacional, aunque su adopción aún no está generalizada. De consolidarse su uso, esta alternativa podría reducir significativamente la dependencia de la sangre de los mex, marcando una transición importante hacia métodos de detección más sostenibles sin comprometer la seguridad de los productos médicos. sigue

Una lección azul de la naturaleza

La historia de los mex y de la prueba LAL muestra que la naturaleza puede ofrecer soluciones inesperadas a problemas humanos complejos. Lo que durante mucho tiempo se consideró una simple rareza marina resultó ser, en realidad, una herramienta biomédica de la mayor importancia. La sangre azul de las cacerolitas de mar no es sólo una curiosidad biológica: es un re -

Con información de:

cordatorio de que el estudio y la conservación de las especies marinas y sus hábitats pueden traducirse en beneficios directos para la salud humana, incluso en formas que aún no alcanzamos a prever. En este sentido, la biodiversidad no es únicamente un patrimonio natural, sino también una fuente de soluciones para el futuro. Conservarla implica, al mismo tiempo, proteger los ecosistemas y resguardar el bienestar de las generaciones que vendrán.

Shuster, C.N., Jr., Barlow, R.B. y Brockmann, H.J. (Eds.) 2003. The American horseshoe crab. Cambridge, MA: Harvard University Press.

Tanacredi, J.T., Botton, M.L. y Smith, D.R. (Eds.) 2009. Biology and conservation of horseshoe crabs. Boston, MA: Springer.

Ding, J.L. y Ho, B. (2010). Endotoxin detection –from Limulus amebocyte lysate to recombinant factor C. En: Wang, X. y Quinn, P.J. (Eds.) Endotoxins: structure, function and recognition, subcellular biochemistry, Vol. 53. Nueva York: Springer, pp. 187-208. ...y sus referencias incluidas.

Colecta de hemolinfa (sangre) de cacerolitas de mar (Limulus polyphemus) en una empresa productora de lisado de amebocito de Limulus (LAL). La cantidad de sangre en cada frasco es resultado de la recolecta de varios animales

Foto: Timothy Fadek/Corbis vía Getty Images

Fotografía electrónica de amebocitos (células sanguíneas) de Limulus polyphemus. Los gránulos en cada célula contienen las proteínas responsables de la detección de endotoxinas y de producir la reacción de coagulación. Foto: Miguel Villegas

Correo-e:

A lo largo de cientos de millones de años, las cacerolitas de mar han sobrevivido a catástrofes planetarias que transformaron profundamente la vida en la Tierra. Sin embargo, hoy este linaje ancestral enfrenta una amenaza distinta y más acelerada: la sexta extinción masiva, impulsada por la actividad humana. Este texto aborda su estado de conservación actual, los principales factores de riesgo que afectan a sus poblaciones y lo que las evaluaciones de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza revelan sobre su vulnerabilidad y sus posibilidades de recuperación.

L as cacerolitas de mar suelen describirse como “fósiles vivientes”. Sin embargo, pese a la antigüedad y la notable resiliencia de su linaje, las cuatro especies existentes enfrentan hoy serios problemas de conservación. De acuerdo con la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN; www.iucnredlist.org), la única especie americana está clasificada como “vulnerable”; una de las tres especies asiáticas se encuentra en “peligro”, y las otras dos permanecen como datos insuficientes.

Aun en estos casos, la ausencia de información no implica seguridad, sino incertidumbre frente a posibles declives no documentados.

La especie mejor estudiada es la cacerolita de mar americana, Limulus polyphemus, particularmente en Estados Unidos, donde su reproducción en playas arenosas del Atlántico y del Golfo de México ha sido monitoreada durante décadas.

La UICN la clasifica como “vulnerable” debido a una reducción poblacional proyectada de al menos 30 por ciento en una parte significativa de su distribución global en un periodo de 40 años.

Este descenso está asociado a la pérdida de hábitat, la

captura directa y la presión creciente sobre ecosistemas costeros donde la especie desempeña funciones ecológicas esenciales. En las costas de Asia, la situación es más crítica. Tachypleus tridentatus está ca -

Restos de cacerolitas de mar muertas entre los manglares

acerolitas de mar: cientos de millones de años ante la sexta extinción masiva

talogada como “en peligro”, debido a fuertes declives vinculados con la transformación de las costas, la degradación de zonas intermareales y la extracción directa. Por su parte, Tachypleus gigas y Carcinoscorpius rotundicauda figuran como “datos insuficientes”, lo que refleja la falta de monitoreos sistemáticos y de estimaciones robustas sobre el estado real de sus poblaciones.

El propio grupo de especialistas de la UICN ha señalado que esta carencia de información puede ocultar deterioros importantes y retrasar acciones urgentes de conservación.

Las amenazas que enfrentan las cuatro especies son similares, aunque con expresiones distintas según la región. La principal es la pérdida crítica de hábitats: playas de anidación modificadas, manglares y estuarios degradados, contaminación, dragados, rellenos y desarrollos costeros que alteran la dinámica natural de las costas.

Bajo la presión de la urbanización, estos procesos no solo provocan mortalidad directa, sino que reducen refugios, alimento y sitios de reproducción. Cuando estos hábitats se fragmentan o desaparesigue

cen, las poblaciones pierden su capacidad de sostenerse en el tiempo.

A ello se suma la sobreexplotación. En distintas regiones del mundo, las cacerolitas son utilizadas como alimento, carnada o fuente de insumos biomédicos. Su biología agrava esta presión: son organismos longevos que tardan muchos años en alcanzar la madurez, por lo que la extracción de adultos reproductores impacta de forma desproporcionada la viabilidad de las poblaciones.

El cambio climático representa una tercera amenaza global. El aumento del nivel del mar, la erosión costera, las tormentas más intensas y las alteraciones en temperatura y sedimentos pueden degradar playas de desove, manglares y estuarios, afectando el éxito reproductivo y limitando la recuperación de poblacio -

nes ya presionadas por otros factores.

En especies altamente dependientes de hábitats costeros específicos, estos cambios pueden incluso desplazar o eliminar sitios clave de reproducción.

Como complemento a la Lista Roja, la UICN ha desarrollado la Evaluación de Lista Verde, que mide el grado de recuperación de las especies y el impacto real de las acciones de conservación. Mientras la Lista Roja evalúa el riesgo de extinción, la Lista Verde se enfoca en qué tan cerca está una especie de recuperar plenamente su función ecológica. En el caso de la cacerolita americana, este enfoque sugiere que, aunque la regulación de la captura ha generado avances, la recuperación a largo plazo sigue siendo incierta si no se mantienen las medidas de protección, se re -

Playa Mexitos, en el área de protección de flora y fauna Manglares de Nichtupé

Foto: Jaime Zaldívar Rae

duce la extracción ilegal y se detiene la pérdida de hábitat agravada por el cambio climático.

Las cacerolitas de mar han sobrevivido a cinco extinciones masivas, incluida la asociada al impacto de Chicxulub. Sin embargo, no está claro si podrán resistir la sexta: la impulsada por la actividad humana.

Cada día comprendemos mejor cómo la transformación de las costas, la extracción intensiva y los patrones de consumo imperantes afectan sus poblaciones y destruyen sus hábitats. También sabemos que aún existe margen de acción. La pregunta es si se actuará a tiempo para evitar que ese deterioro se vuelva irreversible.

Con información de: Smith, D.R., Brockmann, H.J., Beekey, M.A., King, T.L., Millard, M.J. y Zaldivar-Rae, J. (2017). Conservation status of the American horseshoe crab (Limulus polyphemus): a regional assessment. Reviews in Fish Biology and Fisheries, 27, 135–175.

Smith, D.R., Brockmann, H.J., Carmichael, R.H., Hallerman, E.M., Watson, W. y Zaldivar-Rae, J. (2023). Assessment of recovery potential for the American horseshoe crab (Limulus polyphemus): An application of the IUCN green status process. Aquatic Conservation: Marine and Freshwater Ecosystems, 33(11), 1175–1199.

Shin, P.K.S., Hu,M., Kwan, K.Y., Mohamad, F., Meilana, L. (2026). Conservation and management of Asian horseshoe crabs. En: Hu, M. y Shin, P.K.S. (Eds.) Asian Horseshoe Crabs, Academic Press, Pp. 161-234.

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