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Los océanos cubren tres cuartas partes del planeta azul. Están llenos de vida que provee el oxígeno que respiramos y el alimento para muchos, mientras que sus masas de agua regulan el clima planetario. El mar y sus habitantes siguen siendo lugares y seres desconocidos y abismales que vamos conociendo, paso a paso, mediante la exploración, la investigación científica y la imaginación. Este nuevo conocimiento y nuestras actividades en los mares, la pesca, el transporte de mercancías o el turismo, acarrean responsabilidades a fin de garantizar la sustenta -
Horacio de la Cueva
Eduardo Nájera Hillman
Correos-e: cuevas@cicese.mx enajerah78@gmail.com
bilidad de nuestras actividades y el buen funcionamiento de los océanos como reguladores del clima y proveedores de alimento y belleza.
Este número de La Jornada Ecológica, lo hemos llamado “Nosotros y el mar”, y en él exploramos algunas de las muchas interacciones que tenemos con la vida marina en aguas mexicanas, muchas veces con consecuencias globales. Los temas son variados pero no exhaustivos. Un breve acercamiento:
El ecoturismo marino afecta tanto a ballenas como a los arrecifes coralinos y sus habitantes. El transporte marí-
Foto de portada: Carlos Aguilera
Rescate de una ballena jorobada en Puerto Vallarta, Jalisco, 2021 Foto: ©Astrid Frisch
timo, uno de los más baratos y eficientes, es un riesgo para ballenas y tortugas.
La pesca costera y en alta mar afecta a aves, mamíferos y tortugas; debemos modificar los artes de pesca para prevenir la extinción de innumerables especies marinas que mueren como “pesca incidental” y hacer de esa industria sustentable que alimente al planeta.
También incluimos a un mamífero acuático poco apreciado fuera de la cuenca del Golfo de México: el manatí, por los riesgos que el desarrollo costero ejerce
sobre sus poblaciones y su importancia en las culturas locales.
Estos textos, redactados por expertos en su área, nos dan una perspectiva de las posibilidades que tenemos de mejorar nuestra relación con la vida marina y lograr la sustentabilidad en nuestros océanos. Pero además, es una muestra del trabajo que se realiza en varios centros de investigación del país. Y la necesidad de redoblar el apoyo que requieren en el campo financiero y técnico. No solamente por parte del sector público, sino también de la sociedad mexicana como un todo.

Georgina Saad Navarro
Orcas Pacífico Mexicano
Mercedes Eugenia Guerrero Ruiz
Orcas Pacífico Mexicano
Sergio Francisco Flores Ramírez Laboratorio de Ecología Molecular y Genética de Conservación, UABCS
Jorge Iván Cáceres Puig Efecto Arena, AC Correos-e: georginasaad@icloud.com, missmercedesguerrero@gmail. com, fflores@uabcs.mx y jorgeivan@efectoarena.org


L a orca ( Orcinus orca ), comúnmente conocida como la “ballena asesina”, es el depredador tope de los océanos. Es, quizá, el mamífero marino más carismático del mundo, dada su inteligencia, sus estructuras sociales complejas y su distribución en todos los mares del mundo.
Sin embargo, al ocupar el nivel más alto de la pirámide alimenticia, es también uno de los más expuestos a altas concentraciones de contaminantes y metales pesa -
dos, amenazando la salud y viabilidad de algunas de sus poblaciones.
Durante el siglo XX, las orcas fueron capturadas y mantenidas en cautiverio para su estudio y el entretenimiento humano. El documental Blackfish (2013) reveló lo insensible de sus capturas y entrenamientos; contribuyendo a que los acuarios redujeran drásticamente su exhibición. Hoy, la mayoría de estos animales han sido liberados de esas prácticas.
Una orca en las aguas de Baja California Sur Foto: María Salinas en Causa Natura Media
Las orcas enfrentan amenazas múltiples, entre ellas enmallamiento en las redes de pesca, la sobrepesca, la contaminación química y sonora, los derrames de hidrocarburos, la pérdida de hábitat y el turismo no regulado.
La contaminación es un riesgo silencioso al acumularse en sus tejidos, afectando sus sistemas inmune y reproductivo.
Las orcas buscan a sus presas mediante la emisión de sonidos (ecolocación), por
lo que el ruido de embarcaciones altera su capacidad de caza, comunicación y orientación. Mientras que la sobrepesca reduce la disponibilidad de presas, comprometiendo su reproducción y supervivencia. Las actividades turísticas no reguladas pueden generar estrés, lesiones y afectaciones auditivas, por lo que es urgente establecer medidas de manejo y conservación.
El turismo de naturaleza en el Golfo de California ha pasa -
sigue

El futuro de las orcas en el Pacífico mexicano dependerá de que seamos capaces de trabajar juntos: investigadores, autoridades, comunidades, guías y turistas para generar medidas estrictas con sanciones claras y monitoreo científico continuo.

do de ser escaso y basado en observaciones oportunistas, a una actividad en auge, promovida incluso por pescadores en Baja California Sur. El rápido crecimiento de la demanda por el avistamiento y nado con orcas de los últimos cinco años ha superado la posibilidad de regulación, capacitación y supervisión.
Factores como la pandemia, la falta de vigilancia, relatos de influencers, promoción por redes sociales y el interés de empresas que ponderan la estética sobre la conservación, han impulsado malas prácticas y actividades fuera de la norma.
El turismo de naturaleza es un ingreso alternativo para comunidades pesqueras; el reto es convertirlo en una experiencia educativa y responsable. Donde gobiernos, promotores y turistas prioricen el beneficio local y la conser-
vación por encima del espectáculo inmediato.
México prohibió la caza de cetáceos desde mediados del siglo pasado y cuenta con normas para su protección.
Como la NOM-059-SEMARNAT-2025 y la NOM-131-SEMARNAT-2010. Además de la Ley General de Vida Silvestre y su Reglamento que para delfines, incluyendo a la orca, exige autorizaciones mediante planes de manejo.
Aun cuando muchas agencias turísticas operan al margen de la ley, la normativa no se ha actualizado frente al auge del turismo de avistamiento y nado, intensificado por las redes sociales.
La falta de vigilancia, los escasos recursos de operación y el desconocimiento en comunidades locales agravan la situación. Ante este panorama, la corresponsabilidad entre autoridades, operadores, co -
Orcas captadas en las aguas de Ensenada, Baja California
Foto: Alejandra Báez Flores/Conabio
munidades y turistas es esencial para proteger a los cetáceos y sus hábitats.
Los avances científicos acerca de las orcas en el Golfo de California refieren aspectos de su estructura social diversa, comprendiendo desde animales solitarios hasta grupos de 40 individuos.
La foto-identificación nos ha permitido registrar más de 200 individuos. La dieta de las orcas es amplia. Incluye tortugas, tiburones y mamíferos marinos. Más de dos décadas de estudios acústicos, revelan vocalizaciones persistentes y con estructuras similares a un lenguaje, que varían dentro de cada familia, semejantes a una cultura.
La diversidad genética de las orcas es alta y hay flujo con el Pacífico oriental tropical, con un sistema de apareamiento quizá poligámico y exógamo sin endogamia.
Estos hallazgos sugieren que podrían constituir una unidad evolutiva única, reforzando la urgencia de su conservación. A pesar de los avances, sabemos poco sobre las orcas en los lugares en donde se están llevando a cabo las actividades de observación y nado. ¿Son grupos residentes o visitantes temporales que viajan largas distancias? ¿Cuántos individuos realmente forman parte de la población local? ¿Qué relación existe entre los individuos que conforman los grupos observados? ¿Qué papel juegan en el equilibrio de este ecosistema?
Éstas y muchas más son preguntas que todavía están por ser contestadas. Lo que sí sabemos es que documentar su presencia es una oportunidad única. Las comunidades costeras, armadas con cámaras y celulares, se han convertido en aliados fundamentales. Cada foto y cada video aportan datos valiosos para la construcción de una ciencia ciudadana.
De esta manera, la ciencia ciudadana se convierte en una herramienta poderosa para conocer y proteger a estos depredadores tope. El futuro de las orcas en el Pacífico mexicano dependerá de que seamos capaces de trabajar juntos: investigadores, autoridades, comunidades, guías y turistas para generar medidas estrictas con sanciones claras y monitoreo científico continuo que evalúe los impactos e incluya capacitaciones certificadas.
Si logramos ese esfuerzo compartido, podremos asegurar que este enigmático animal siga surcando nuestros mares y sorprendiendo a quienes tienen la fortuna de encontrarse con él.
León David Olivera Gómez
División Académica de Ciencias Biológicas, Universidad Juárez Autónoma de Tabasco Correo-e: oliverald@gmail.com
L os manatíes son mamíferos acuáticos herbívoros, lo que los hace únicos. Son grandes y corpulentos, se distribuyen en zonas costeras y aguas interiores de las planicies costeras, alimentándose tranquilamente en zonas bajas y en las orillas de los ríos y lagunas.
Esta forma de alimentación motivó el nombre del grupo Sirenia al que pertenecen, en similitud a las míticas sirenas. Estas características también los hacen vulnerables a las actividades humanas.
El manatí americano, Trichechus manatus, se consi -

dera en estado vulnerable en la naturaleza. Y la subespecie que habita más allá del sur de los Estados Unidos, el manatí del Gran Caribe, se estima en peligro de extinción.
Desde antes de la llegada de los españoles, los manatíes se utilizaban integral -
mente: carne, grasa, cuero y huesos.
En buena parte, la fragilidad de sus poblaciones se debe a su reducción, consecuencia de la cacería desde la época colonial hasta la primera parte del siglo XX. En México, la primera veda oficial para
capturado sigue



la caza de manatíes se publicó en 1921.
Los riesgos para el manatí han cambiado gradualmente: de la extracción y consumo inicial, substituyéndose por captura incidental y accidental durante la pesca y colisiones con embarcaciones, hasta la degradación de los ecosistemas donde viven, interacciones directas con humanos y la silenciosa contaminación química, orgánica y física de las aguas interiores y de las costas.
Todo esto, sumado a los cambios súbitos de los regímenes hidrológicos y meteorológicos consecuencia del cambio climático. En el sureste de los Estados Unidos, la colisión con embarcaciones mostró incrementos sustanciales desde los años setenta.
En México este problema no ha sido tan grave, pero cada vez es más frecuente encontrar animales lastimados o muertos derivados de las colisiones. Especialmente en Quintana Roo, por el crecimiento exponencial del turismo y la navegación costera.
En Tabasco, la suplementación directa de alimento a manatíes en la época seca es una
actividad turística emergente, resultado de los contrastes estacionales en los niveles de los ríos y lagunas. Estos contrastes limitan el acceso de los manatíes a la vegetación natural de orilla en esta época. La gente notó que si se les ofrece alimento agradable, como los mangos, los manatíes se habitúan a las personas.
Sin embargo, para un herbívoro fermentador, la ingesta de alimentos ricos en fructosa y glucosa, como el mango y otras frutas, no es la mejor opción alimenticia y los efectos de la adecuación forzada de los animales pueden ser diversos y cuestionables.
Los viajes de observación, la suplementación de alimento y otras actividades, necesitan ser regulados para reducir los riesgos potenciales para la especie, cumplir con la normatividad ambiental y asegurar una actividad sustentable.
Los cambios climáticos regionales están relajando las condiciones que limitaban la dispersión de los manatíes. Y más aun, forzando sus movimientos. En el sureste de Estados Unidos, el cambio de clima, el exceso de nutrientes y la contaminación química, tie -
Manatí sacando la nariz al ras del agua
nen efectos sobre el alimento del manatí; estos factores también favorecen la “marea roja” –florecimientos de microalgas tóxicas– en las costas.
Todo esto coincide con la observación, cada vez más frecuente, de manatíes migrantes de la subespecie de Florida hasta países como Cuba y México. En el sur del Golfo de México, los sistemas fluviales son hábitat de excelente calidad para el manatí, así que estos animales usan las costas preferentemente como corredores.
Tanto los animales migrantes como los locales que transitan por la costa, tienen un riesgo potencial de colisión con embarcaciones debido al incremento en el tráfico marítimo y de intoxicación por contaminantes originados en las cuencas.
Aunque en México no se han reportado muertes masivas de manatíes por marea roja, el exceso de nutrientes provenientes de aguas residuales y aumento de la frontera agropecuaria, especialmente monocultivos extensos, poco movimiento del agua y altas temperaturas, propician en sistemas de agua dulce flo -
recimientos de cianobacterias potencialmente tóxicas.
Esta amenaza se une a la contaminación debida a la utilización masiva de herbicidas, plaguicidas y otros agroquímicos, y a la derivada de industrias, como la de los hidrocarburos o la minería.
En 2018 se presentó en México la primera mortandad masiva de manatíes, con registros oficiales de más de 50 cadáveres, entre los meses de mayo y octubre. Ocurrió en una región de la cuenca del río Grijalva. Los pocos análisis disponibles revelaron daño compatible con cianotoxinas u otros agentes biológicos o químicos. Desde entonces se siguen presentando muertes, con menor intensidad, pero aún preocupantes.
Nuestras sirenas no se han alejado del peligro de extinción; los riesgos para la especie solo se han transformado. Algunos riesgos son evidentes y atacables con regulaciones y con la participación y el acuerdo con la gente. También hay peligros silenciosos que indirectamente afectan a los manatíes derivados de nuestros hábitos de consumo y uso de los bienes y servicios naturales.

Gemma Abaunza 1,2 , Cecilia Soldatini 2 , Yuri Vladimir Albores-Barajas 1,3 , Miguel Angel Ojeda Ruiz De la Peña 4 y Horacio de la Cueva Salcedo 2
Correos-e: gemm.abaunza@cicese.edu.mx csoldatini@cicese.edu.mx y.albores@uabcs.mx maojeda@uabcs.mx y cuevas@cicese.mx
Dentro de la inmensidad del mar existen zonas críticas donde la vida se concentra masivamente. La pesca, actividad económica esencial, focaliza sus operaciones en estas áreas de alta productividad biológica, donde coexisten las especies objetivo de la pesquería con una amplia variedad de fauna marina.
En estos puntos de convergencia, las autopistas biológicas se entrecruzan con las rutas de pesca en una concurrencia inevitable, creando interacciones de impacto global sobre las especies que no son el objetivo de la pesquería; especies de poco interés comercial o bajo valor nutritivo.
Entre los grupos más afectados por estas interacciones destacan las aves marinas. Estas aves son depredadoras abundantes y de amplia distribución que pasan la mayor parte de su vida en el océano. Su relación con los barcos pesqueros se remonta a la antigüedad, forjando una alianza histórica de beneficios mutuos.
Los pescadores han interpretado el vuelo de estas aves como señales visuales de bancos de peces, mientras las aves han aprovechado los descartes como fuente de alimentación. Su interacción ancestral ha evolucionado a dinámicas más complejas en nuestra era de la pesca industrial o de altura.
La pesca de altura se caracteriza por su alta capacidad extractiva, impulsada por flotas de grandes embarcaciones (hasta 28 metros de manga o ancho) con autonomía para permanecer semanas en el mar.
Entre las principales artes de pesca que utilizan, desta -

can los palangres, que despliegan kilómetros de línea con miles de anzuelos y las redes de arrastre, que barren el fondo marino con escasa selectividad, capturando toneladas de organismos despreciados por la industria, pero componentes importantes del hábitat del fondo marino. Para remediar las consecuencias de esta pesca no selectiva, el enfoque actual hacia un rendimiento sostenible exige que la gestión pesquera trascienda la mera evaluación de las especies objetivo (técnicamente llamadas stocks) y
Pardela mexicana
Foto: Víctor Omar
Ayala/Conabio
el esfuerzo de pesca, para incorporar el análisis de los impactos en la estructura y el funcionamiento de todo el ecosistema marino.
La captura incidental generada por la pesca industrial es una de las mayores amenazas para la biodiversidad marina, desencadenando efectos en cascada a largo plazo.
La pesca incidental afecta por igual a especies accesorias (con valor comercial que genera ingresos adicionales) y a especies sin utilidad comercial. Todas susceptibles a la actividad pesquera que, en
su escala masiva, resulta inherentemente no selectiva.
La gestión pesquera sostenible requiere superar el enfoque tradicional centrado únicamente en los stocks objetivos, incorporando el análisis de impactos sobre el ecosistema marino en su conjunto.
La captura incidental se reconoce como una de las mayores amenazas para la biodiversidad marina, afectando por igual a especies con y sin valor comercial. Comprender estas interacciones resulta crucial para la conservación de la vida en el océano.
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Podemos ver el movimiento de las aves como un hilo de costura que une el mar y el cielo en una dinámica continua; diferente a lo que podría imaginarse al observarlas volar, su destino navega inevitablemente junto al de las presas compartidas con la actividad pesquera.
Esta relación incluye tres facetas principales: 1) atracción por descartes (25 por ciento de las capturas totales), que altera patrones naturales y ofrece alimento de bajo valor nutricional; 2) competencia directa por recursos, y 3) el riesgo más grave, la captura incidental.
Se calcula que anualmente mueren hasta 320 mil aves marinas (principalmente albatros y pardelas) al quedar atrapadas en artes de pesca. Esta mortalidad se ve agravada por sus características biológicas: baja tasa reproductiva, madurez tardía y nidadas reducidas. Todos estos factores limitan severamente su capacidad de recuperación.
La paradoja es evidente: la misma actividad que provee alimento subsidiado se ha convertido en amenaza direc-
ta, mientras que la sobreexplotación reduce sus presas naturales.
El caso mexicano ejemplifica esta problemática. A pesar de poseer una zona económica exclusiva entre las más productivas del mundo (decimosexto lugar en pesca global), existe una falta de estudios sistemáticos sobre pesca incidental.
El Pacífico noroeste, origen del 70 por ciento de la captura nacional y epicentro de pesca industrial intensiva, concentra la paradoja: también es corredor vital para especies de Procellariformes, un Orden de aves marinas con 125 especies. Entre estas hay algunas prioritarias, como el albatros de Laysan (Phoebastria immutabilis) y la pardela mexicana (Puffinus opisthomelas).
La distribución de las áreas de alimentación varía a lo largo de las temporadas y de los años siendo el sistema de la corriente de California altamente dinámico e influenciado por la estocasticidad (variabilidad no predecible) de la temperatura en el océano Pacífico.
Los intentos de trazar los movimientos de las aves en el
Albatros de Laysan Foto: Jorge Ramón Reyes/Conabio
Pacífico han arrojado información muy valiosa que se ha podido cruzar con los trazados operativos de las flotas pesqueras para estar en condición de investigar situaciones de acercamiento e interacción de albatros y pardelas con los barcos.
La perspectiva era la de buscar una aguja en un pajar por las pocas aves que traían geoposicionadores satelitales. Los albatros siguen embarcaciones posiblemente para alimentarse de descartes, pero se exponen a captura incidental con palangres.
Las pardelas muestran alta sobreposición con redes de cerco, indicando competencia directa por recursos. Es -
Adscripciones
tos hallazgos, aunque preliminares, subrayan la urgencia de ampliar el monitoreo para establecer estrategias de conservación efectivas en un ecosistema tan dinámico como es el de la corriente de California. Aunque existe reconocimiento internacional sobre esta amenaza, persisten vacíos críticos de información. La evaluación precisa del impacto se ve limitada por la escasez de datos disponibles sobre captura incidental, dificultando estimar el verdadero alcance del problema. Un tema que merece mayor apoyo institucional vía los diversos centros de investigación enfocados a los temas marinos y a la biodiversidad como un todo.
1 Departamento de Ciencias Marinas y Costeras, Universidad Autónoma de Baja California Sur, Carretera al Sur KM 5.5. La Paz, Baja California Sur, México.
2 Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, Baja California – Unidad Académica La Paz, Miraflores 344, La Paz, Baja California Sur, 23050, México.
3 SECIHTI. Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación. Av. Insurgentes Sur 1582, Col. Crédito Constructor. Alcaldía Benito Juárez, C.P. 03940, CDMX, México.
4 Departamento Académico de Ingeniería en Pesquerías, Universidad Autónoma de Baja California Sur, Carretera al Sur KM 5.5. La Paz, Baja California Sur, México.

EÓscar Guzón
Museo Nacional de la Ballena
Correo-e: oscarguzon@gmail.com
L os océanos son el gran pulmón azul de la Tierra. Más de la mitad del oxígeno que respiramos proviene del trabajo silencioso del fitoplancton. Bajo la superficie oceánica se encuentra la mayor reserva de carbono del planeta.
Bucear con tiburones, flotar sobre un arrecife, remar entre manglares, nadar junto a una tortuga o encontrarse con una grandiosa ballena son experiencias que realmente tocan el núcleo personal. Cada vez que nos encontramos con el océano, nos vemos obligados a realizar tres actos sagrados: 1) observar con curiosidad, 2) tener un alto grado de respeto y 3) actuar siempre con responsabilidad. Este texto considera cómo este impulso humano de aventurarse en el mar puede convertirse en una fuerza pro -
tectora. La observación de ballenas, por ejemplo, es mucho más que un espectáculo, pues también es una oportunidad para reflexionar sobre los límites entre la admiración y la perturbación, entre el amor y la indulgencia.
Beneficios tangibles de la observación de ballenas
El turismo de observación de ballenas sigue siendo una de las expresiones más poderosas del ecoturismo marino. La Comisión Ballenera Internacional (CBI) considera que este tipo de actividad económica genera entre 2 y 2.5 mil millones de dólares cada año, creando alrededor de 13 mil empleos directos. En Alaska, por ejemplo, creó un impacto económico de más de 103 millones de dólares solo en 2019.
En México, los números también hablan. En la laguna Ojo de Liebre, Baja California Sur, los viajes de observación de ballenas grises generan en promedio más de 3 millones de dólares por temporada. En otras lagunas, como San Ignacio, un estudio estima 0.7 millones de dólares en ingresos directos y más de 500 empleos. La temporada de ballenas azules promedia más de 9 millones de pesos en Loreto. Y en Bahía de Banderas, el beneficio de la observación de ballenas jorobadas genera más de 34 millones de pesos. Para todos los corredores de ballenas, desde el golfo de California hasta el Pacífico sur, el impacto nacional podría ser de cientos de millones de pesos en un buen año.
Pero más allá de esta cifra, el verdadero valor reside en lo intangible. Un niño que ve
una ballena por primera vez descubre que el mundo no está destinado a ser conquistado sino reverenciado.
Si se lleva a cabo correctamente, hoy cualquier persona que realice un viaje de observación de ballenas tiene la oportunidad de contribuir al conocimiento y la conservación de estos animales compartiendo sus fotografías, registros y observaciones. Se trata de un evento cada vez más popular conocido como ciencia ciudadana.
Peligros y consecuencias del desarrollo no regulado
Sin reglas claras, el turismo marino puede convertirse en su propia amenaza. Los barcos que se acercan demasiado a las ballenas, el ruido de los motores y la invasión de áreas de descanso y reproduc-
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ción son todas malas prácticas que socavan la vida de los cetáceos: marsopas, delfines y ballenas. Alteran las rutas migratorias de estas últimas, interfieren con su comunicación, interrumpen la lactancia y el cuidado de sus crías, y aumentan sus niveles de estrés. Muchos estudios han demostrado que la presencia constante de barcos puede alterar el número, la duración y el tono de los cantos de las ballenas jorobadas, incluso afectando su éxito reproductivo. Se ha observado que las poblaciones sometidas a una presión turística innecesaria abandonan temporal o permanentemente las áreas frecuentemente visitadas, con consecuencias directas en su distribución y densidad poblacional.
El ruido submarino –generado por motores, sonares y tráfico marítimo– ha sido identificado recientemente como un contaminante fantasmal que puede confundir a delfines y ballenas, alterando su ecolocalización y aumentando las posibilidades de varamientos.
Las colisiones con barcos resultan en un alto número de muertes, por lo que las medidas de reducción de velocidad en áreas críticas o el cambio de rutas marítimas podrían prevenir muchas muertes innecesarias.
En México, la NOM-131-SEMARNAT-2010, establece las directrices y especificaciones a las que deben adherirse las actividades de observación de ballenas, para asegurar su protección y conservación. Es una norma obligatoria para todos los proveedores de servicios que operan en aguas de jurisdicción federal.
Entre sus disposiciones se encuentran los límites para los tiempos de acercamiento y observación, así como el número máximo de embarcaciones permitidas cerca de estos cetáceos.
Sin embargo, la verificación gubernamental es escasa y la aplicación de la norma, desigual. En la práctica, la ausencia de supervisión efectiva ha convertido lo que debería ser una regulación firme en una recomendación opcional.
En ausencia de consecuencias reales, muchos proveedores de servicios ignoran la naturaleza obligatoria de la NOM-131-SEMARNAT, operando sin los permisos correspondientes. Esta omisión no solo representa un riesgo para las ballenas, sino también para los turistas que contratan estos servicios, además de fomentar una competencia desleal frente a quienes sí cumplen la ley y apuestan por un turismo responsable.
La ausencia de vigilancia socava en última instancia el propósito original de la norma: asegurar que la admiración por estos gigantes del mar no llegue a amenazar su supervivencia y la fuente de trabajo que genera.
Hay un daño menos obvio, igualmente significativo: la aculturación turística. Sucede cuando el mercado aplica su lógica y mercantiliza el conocimiento ancestral, cuando la relación sagrada entre las personas y el mar se convierte en un “producto marino” a la venta. Gradualmente, la identidad local se diluye, el sentido de pertenencia se debilita y el respeto que permitió a generaciones establecer un equilibrio entre las personas y el océano desaparece.
Ese desafío ya no es solo técnico –no es solo una cuestión de regulación de distancias o tiempos– sino también ético. ¿Cómo mantenemos la fascinación humana por el mar, sin que esta fascinación nos convierta en invasores?
Porque cuando el turismo evoluciona sin educación ambiental, sin vigilancia continua y sin distribución equitativa de beneficios, ya no es un puente hacia la conservación, y se convierte también en una versión más amable –y por lo tanto más peligrosa– de la crisis que pretende combatir.
Para que el ecoturismo marino sea una fuerza útil y efectiva para un cambio positivo se deben tomar acciones concretas. Por ejemplo:
Fortalecer las cooperativas y mantener los beneficios en las comunidades costeras, certificar a guías que capacitados en biología marina, ética ambiental y atención al visitante.
Integrar la ciencia ciudadana en cada recorrido: crear mapas de los avistamientos, documentar con fotografía y video y hacer notas sobre los comportamientos observados.
Reducir el impacto acústico con motores silenciosos, rutas rotativas y velocidades bajas.
Establecer zonas de exclusión y monitoreo, usando censos, registros acústicos y observación sistemática.
Fomentar alianzas entre gobierno, academia, organizaciones de la sociedad civil y comunidades para la educación y vigilancia ambiental.
Educar al visitante: mantener distancia, no gritar,
no tirar basura, mirar con atención y gratitud.
Cada pequeña acción suma. Así, el turismo puede crecer sin agotarse.
Navegando hacia un futuro más azul
El ecoturismo marino nos ha enseñado cómo los humanos somos capaces de vivir en este planeta de una manera distinta. No se trata solo de salir a ver ballenas, sino de reconocer en el océano una memoria viva, una energía que nos sostiene y una herencia que compartimos con todo lo que respira.
Por supuesto, como humanos tenemos el derecho de existir, pero ese derecho realmente se sostiene solo cuando lo ejercemos con creatividad, humildad y amor. Si diseñamos experiencias que traten a las ballenas con respeto, que generen conocimiento junto a las personas y comunidades, y que se conduzcan éticamente, entonces afirmaríamos nuestra propia vida con dignidad.
Cada viaje al mar puede ser algo más trascendente que una simple excursión y transformarse en un acto de conexión, una oportunidad para compartir el mismo pulso con otras formas de vida. Que el visitante escuche el latido del océano, que las comunidades costeras encuentren orgullo y futuro en su relación con el mar, y que las ballenas sigan cantando, porque, en el fondo, su canto también es el nuestro.
Que todo lo que hagamos con el mar, si lo elegimos conscientemente, se convierta en una forma de amor por la vida y la naturaleza.

IJuan Carlos Huitrón Baca y Claudia Padilla Souza
Anclamarina y Bacabes del Mar
Correos-e: biton7@hotmail.com y klaus.padilla@gmail.com
¿Alguna vez has escuchado hablar de los arrecifes de coral? No todos tenemos la oportunidad de conocerlos. Son unos ecosistemas increíbles que viven en el fondo del mar. Imagínate unos jardines llenos de colores, vida y movimiento, pero debajo del agua.
En la foto 1 puedes ver cómo se ve un arrecife lleno de peces y corales. Esos son los arrecifes de coral; son importantes para mantener la biodiversidad de los océanos y de nuestro planeta.
Los arrecifes no solo son bonitos, también el hábitat de muchísimos animales marinos como peces, estre -
llas de mar, langostas y muchos otros. Además, ayudan a proteger las costas de las tormentas, de los arrecifes obtenemos recursos pesqueros y son lugares donde muchas personas disfrutan del turismo, cuando van a la playa o hacen esnórquel o buceo.
Aunque no los vemos a simple vista porque están sumergidos, ¡los arrecifes son fundamentales para que la vida en el mar siga en equilibrio!
Desafortunadamente, desde hace varias décadas estos ecosistemas están en peligro. Desde los años ochenta del siglo pasado, hemos visto que los arrecifes se dete -
Foto 1. Los arrecifes de coral son color, vida y movimiento bajo el agua
rioran y en los últimos años se ha registrado una mortalidad masiva de corales. ¿Por qué mueren? Por varias razones: enfermedades, contaminación del agua, demasiados turistas en las playas y la pesca excesiva que elimina especies importantes de los arrecifes.
El cambio climático ha empeorado esta situación. En el calentamiento actual de los océanos, el agua se ha mantenido caliente más arriba del promedio histórico conocido, provocando que los corales pierdan sus colores y se vuelvan blancos, es el proceso de “blanqueamiento”.

En la foto 2 se observa un coral que ha perdido su color por un efecto de estrés generado por el incremento de temperatura en el agua. Cuando esto pasa, los corales se debilitan y, si la situación no mejora pronto, pueden morir. Lo que está ocurriendo es que los arrecifes de coral, que son como los bosques tropicales del mar, llenos de vida y color, están en grave peligro debido a las acciones humanas. No solo las interacciones directas, como la contaminación del agua, la sobrepesca o el turismo masivo, amenazan estos ecosistemas, sino que de manera indirecta otros comportamientos humanos también impactan negativamente a los arrecifes, aunque la acción esté lejos.
Las actividades terrestres, como el desarrollo urbano, la agricultura y la industria, generan contaminantes y basura que terminan en el mar. Además, la deforestación y el uso intensivo de la tierra provocan erosión y sedimentación que a través de las escorrentías afectan a los arrecifes, al enturbiar el agua.
La contaminación por combustibles y otros productos químicos también tiene un efecto.
¿Qué hemos hecho para revertir este daño? Durante las últimas dos décadas, la estrategia principal para cuidar y recuperar los arrecifes de coral ha sido su restauración. Se han logrado técnicas para cultivar corales en viveros marinos, como si fueran pequeños jardines submarinos, para luego replantarlos en los arrecifes dañados.
En la foto 3 se ve un vivero de coral. Estos métodos han dado muy buenos resultados
Foto: Huitrón-Baca sigue


a corto plazo y han ayudado a devolver vida a algunos lugares afectados. Es importante mencionar que los corales tienen una tasa de crecimiento lenta, son animales coloniales que crecen al depositar carbonato de calcio debajo de ellos para aumentar su volumen. Es un proceso complejo que les permite crecer algunos milímetros por año. Como parte de estos esfuerzos, a partir del año 2018,
se implementó una iniciativa en el Sistema Arrecifal Mesoamericano para rescatar corales después del paso de huracanes, a través de una póliza de seguro paramétrico y de la capacitación de brigadas co -

Foto: Padilla-Souza
munitarias que se activan para atender los daños provocados por los huracanes. En la foto 4 se ve una brigada practicando el uso de una boya de izaje para mover objetos pesados. Hay un problema importante: a largo plazo, los resultados no son tan positivos como se esperaba. ¿Por qué? Porque las causas principales del deterioro de los arrecifes siguen allí, activas y sin cambiar. La contaminación marina, el manejo inadecuado del ecosistema costero y el exceso de actividades humanas siguen dañando los arrecifes, incluso después de las restauraciones.
Esto nos lleva a reflexionar: ¿es suficiente solo restaurar y rescatar los corales o también debemos atacar las causas que los dañan? La respuesta es clara.
Para que los arrecifes puedan recuperarse y mantenerse sanos, necesitamos cuidar mejor nuestro entorno. Es fundamental revisar cómo se manejan las descargas de aguas y residuos de los desarrollos turísticos y las ciudades; estas descargas contaminan el agua y generan un estrés enorme en los corales.
Cuando el agua está sucia o contaminada, los corales enferman y mueren, sin importar cuánto los replantemos. Por eso, la verdadera tarea es abordar esas causas profundas, reducir la contaminación y gestionar de manera responsable nuestros recursos y actividades en la costa.
Solo así podremos asegurar que los esfuerzos de restauración tengan un impacto duradero y que los arrecifes puedan seguir siendo un tesoro vivo en nuestros mares.

Foto 4. Las brigadas comunitarias utilizan diferentes técnicas para el rescate de corales después del paso de huracanes
Foto: Huitrón-Baca
Foto 5. Si queremos conservar lo mejor posible los arrecifes coralinos, es fundamental gestionar de manera responsable nuestros recursos y actividades en la costa.
Foto: Huitrón-Baca



Myriam Llamas González
Posgrado BEMARENA, Universidad de Guadalajara
Israel Llamas González
Campamento Tortuguero Mayto, EcoMayto, AC, Jalisco
Christian D. Ortega Ortiz
Facultad de Ciencias Marinas, Universidad de Colima
Correos-e: myriamllamasglez@gmail.com, israel llamas@hotmail.com, christian ortega@ucol.mx
L as tortugas marinas han habitado la Tierra desde hace más de 100 millones de años. Su caparazón es un escudo protector ante depredadores; actualmente también debe ser un protector de los peligros creados por el humano, principalmente en las desafiantes aguas del Pacífico mexicano (foto 1).
La vida de una tortuga marina no es sencilla; por un lado, le afectan los disturbios naturales, como las variaciones en las corrientes, los afloramientos de algas nocivas y los más drásticos, los cambios de temperatura impulsados por eventos como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO) o el propio cambio climático global. El ENSO y el cambio climático pueden provocar una alteración severa en la proporción de sexos de las crías de tortugas; la incubación en arena cálida resulta en una cantidad mayor de hembras, lo que conlleva a una preocupante disminución de machos (foto 2).
Además, hay otro problema: si la temperatura es demasiado elevada, esta puede llegar a ser letal para los embriones en los nidos (foto 3). Además, los cambios drásticos en las temperaturas pueden alterar o destruir ecosistemas marinos que funcionan como hábitats esenciales de estos organismos.
Las temperaturas oceánicas elevadas provocan un exceso de humedad en la atmósfera, lo que intensifica las tormentas, que a su vez afectan gravemente a los nidos inundándolos y erosionando o destruyendo las playas de anidación.
Ante estas circunstancias, las tortugas del Pacífico mexi -

cano han presentado adaptaciones que las distinguen de otras poblaciones en el resto del planeta, por ejemplo: la tortuga laúd ( Dermochelys coriacea), la más grande de todas, crece a un tamaño más pequeño, pone una cantidad menor de huevos y sus tiempos entre anidaciones son más prolongados; la tortuga carey (Eretmochelys imbricata) se ha hecho dependiente de los estuarios en manglares durante toda su vida y es muy esquiva y la tortuga prieta (Chelonia
Foto 1: tortugas muertas en el campamento tortuguero Mayto, Jalisco, 2025
Foto: Israel Llamas
mydas agassizii ) es mucho más carnívora y su apariencia ahora suele ser más oscura. Como resultado del crecimiento exponencial de las poblaciones humanas, han surgido disturbios antropogénicos para las tortugas: la captura directa e incidental, la pérdida del hábitat y la contaminación, los más importantes. Las prácticas pesqueras provocan la muerte de miles de tortugas. A pesar de que su caza está prohibida, en México aún prevalece el interés
de su consumo, debido a costumbres arraigadas o creencias de que su carne es un afrodisiaco.
Al contrario de traer beneficios, la carne de estos organismos puede provocar intoxicaciones graves.
Las tortugas pueden enredarse o enmallarse en diversas artes de pesca industrial o ribereña. Las artes de pesca que se rompen o son desechadas al océano siguen siendo un riesgo inminente, dado que las tortugas pueden enredarse (redes fantasma), dificultando su desplazamiento y limitando su alimentación, por lo que muchas veces no sobreviven (foto 4).
Aunque se han establecido medidas para reducir la captura incidental, como los excluidores de tortugas –unas secciones abiertas ubicadas en la parte superior de las redes de arrastre que permiten a las tortugas escapar de la red. Sin embargo, la colaboración con los pescadores no siempre es sencilla. Se requieren alianzas sólidas para establecer exitosamente un plan de acción para evitar eventos de enredamiento.
El desarrollo costero del litoral mexicano ha destruido y alterado el hábitat de las tortugas. Las construcciones en la playa reducen el espacio de anidación; la iluminación excesiva desorienta a las tortugas que salen a la playa a desovar y a las crías que buscan su camino hacia el mar; el tránsito marítimo colisiona con tortugas que descansan en la superficie del mar (foto 5); y el dragado del fondo marino afecta sus áreas de alimentación.
Las tortugas confunden los desechos plásticos en el océano con alimento, al consu -


mirlos les provocan obstrucciones, daños severos en los intestinos y hasta la muerte (foto 6). La contaminación por metales pesados ha sido tema de preocupación pues se han registrado concentraciones altas de cadmio que pueden
causar problemas crónicos y la muerte.
Debido a la sobreexplotación en búsqueda de sus huevos y carne, las tortugas marinas han estado en riesgo durante décadas. A partir de 1990, en México se prohi -



bió su pesca y se decretó su protección.
Durante décadas, diversos programas de conservación se han dedicado al cuidado de estos organismos. Entre ellos, destaca el titánico esfuerzo de más de 60 campamentos tor-
tugueros en el Pacífico mexicano, que han contribuido a la protección y recuperación de las tortugas (foto 7). Uno de ellos está en la playa La Escobilla, Oaxaca, el cual ha experimentado una recuperación asombrosa de tortugas
sigue


golfinas (Lepidochelys olivacea).
En este sitio se presenta el fenómeno de anidación de arribadas más grande del mundo, ayudando a que esta especie se encuentre en bajo riesgo.
Otro campamento se sitúa en Colola, Michoacán, donde se ha logrado un aumento significativo en la población de tortugas prietas, contribuyendo a que esta especie se en -
cuentre catalogada como en bajo riesgo.
La red de Iniciativa de Tortuga Carey del Pacífico Oriental (ICAPO), se enfoca a la investigación, protección, recuperación y conservación de esta especie, lo que ha llevado a situar en la agenda mundial de conservación de tortugas marinas como “altamente amenazada”.

Jalisco, 2025
Foto: Israel Llamas
Foto 7: ejemplar neonato
La Red de Conservación de la Tortuga Laúd del Pacífico Oriental (Laúd OPO) se ha especializado en establecer un plan de acción para estabilizar y recuperar la población de esta especie, ya que se encuentra en la categoría de “alto riesgo”.
Aún con este esfuerzo de protección a las tortugas marinas en México la recupera -
ción poblacional de algunas especies no ha sido posible en su totalidad (foto 8). Además los esfuerzos por proteger a estos seres vivos se desvalorizan si el mismo país no detiene la continua generación de impactos antropogénicos, pues sus propias acciones y decisiones constituyen la principal amenaza para estos organismos.


DEduardo Morteo
Laboratorio de Mamíferos Marinos, Instituto de Investigaciones Biológicas, Universidad Veracruzana
Correos-e: emorteo@uv.mx emorteo@gmail.com
Muchos de nosotros crecimos con la idea de que el mar sería una fuente inagotable de recursos y que generaría todo el alimento necesario para las generaciones futuras. Los estudios recientes han mostrado que este no es el caso.
Por ejemplo, el Golfo de México es un mar de contrastes: es fuente de alimento, posee rutas comerciales de importancia global, sirve como plataforma energética, a la vez alberga una de las diversidades de especies marinas más altas en el planeta y es hogar de millones de personas que hacen uso de sus recursos y generan problemas al ambiente marino y sus especies.
Entre estas especies están los delfines, que son un sím -
bolo de inteligencia y libertad, pero también un recordatorio de la fragilidad de los ecosistemas frente a las actividades humanas.
La sustentabilidad de las poblaciones se refiere a la capacidad que tienen para mantenerse estables a lo largo del tiempo, reproduciéndose lo suficiente para compensar las muertes naturales y las que resultan de la interacción con los seres humanos.
A primera vista, algunos mamíferos marinos, como los delfines, parecen abundantes en el Golfo de México.
Cerca de las costas de Veracruz, Campeche y Tamaulipas es común ver grupos de toninas ( Tursiops truncatus ) también conocidos como tursiones o delfines nariz de botella.
Delfines en el Golfo de México
Esta aparente abundancia puede ser engañosa, ya que puede tratarse de solo unos cuantos individuos que suelen frecuentar un sitio en específico, en vez de poblaciones numerosas de estos animales que migran entre diferentes hábitats.
Amenazas invisibles pero constantes
Las principales presiones sobre los delfines del Golfo provienen de la pesca, el tráfico marítimo, la contaminación y el cambio climático.
Pesca incidental: cada año, miles de delfines quedan atrapados en redes de enmalle o en artes de pesca de camarón. Aunque en México existe prohibición de capturar delfines,
la mortalidad accidental es difícil de cuantificar porque muchas muertes no se registran. Esto es particularmente importante en sitios donde las poblaciones son reducidas.
Colisiones con embarcaciones: Los delfines suelen tener colisiones con embarcaciones pesqueras menores o acuamotos; estas interacciones pueden derivar en cortes en la piel o heridas profundas, y los golpes pueden ocasionar fracturas o lesiones internas que pueden ser mortales.
Contaminación química y acústica: Los derrames frecuentes de hidrocarburos, el uso de metales pesados y plásticos de la industria han degradado los hábitats costeros. A esto se suma el
Foto: Eduardo Morteo sigue



ruido submarino generado por motores, exploración sísmica y perforaciones petroleras, que interfiere con el sonar natural de los delfines, indispensable para comunicarse, orientarse y encontrar alimento.
Cambio climático: El aumento de la temperatura del mar altera la distribución y reproducción de corales, crustáceos y peces, estos últimos son base de la dieta de los delfines. El agua cálida también modifica la frecuencia e intensidad de huracanes, que afectan tanto a los ecosistemas costeros, desplazando tanto a las poblaciones de delfines como a las poblaciones humanas.
Las evidencias de la ciencia
Estudiar la sustentabilidad de los delfines requiere entender no solo cuántos individuos existen, sino también cómo se organizan socialmente, cómo se mueven y qué tan conectadas están sus poblaciones. Investigaciones recientes muestran que los tursiones del Golfo pueden formar comunidades pequeñas y rela -
tivamente cerradas, con fidelidad a ciertas áreas costeras.
Esto significa que si una población local se ve afectada (por ejemplo, por un derrame petrolero), su recuperación podría no depender solo de los delfines “inmigrantes” de otras regiones, sino de su propia capacidad reproductiva.
Los delfines son especies indicadoras, su estado de salud refleja la calidad del ecosistema que habitan. Por ejemplo, las altas concentraciones de contaminantes encontradas en sus tejidos, las lesiones en la piel provocadas por infecciones o los cambios en su comportamiento alimentario son señales de alerta.
Los delfines pueden mostrarnos los problemas que también enfrentan otras especies, por ejemplo, las de importancia pesquera que forman parte de su dieta.
Hacia una convivencia sustentable
La sustentabilidad no se logra solo con más o mejores leyes, sino con una combinación de acciones coordinadas:
La convivencia cotidiana entre delfines y pescadores
Foto: Eduardo Morteo
Monitoreo constante: Debido a que son animales longevos (viven varias décadas) los cambios en sus poblaciones suelen ser lentos y difíciles de observar, por eso debe haber censos poblacionales a largo plazo y análisis de salud regulares para identificar tendencias que pueden ser sutiles, pero muy importantes.
Tecnologías de pesca más selectivas : La sobrepesca y el descarte de especies que no son objetivo de la captura reducen el alimento disponible para los delfines. Usar medios de pesca más adecuados para el recurso pesquero y dispositivos excluidores de delfines pueden reducir efectivamente la captura incidental de estos mamíferos.
Rutas de navegación más seguras: Al igual que en otras partes del mundo, desviar los corredores de tráfico marítimo y reducir la velocidad de las embarcaciones menores y vehículos recreativos en las zonas de alta densidad de cetáceos puede disminuir el riesgo de colisiones.
Educación y participación comunitaria: Las autoridades, los prestadores de servicios turísticos, los pescadores, y los habitantes costeros son aliados clave. Existen varios ejemplos de iniciativas de ecoturismo responsable y programas de concientización que multiplican el impacto de las medidas de conservación.
Reflexión final
Este es un recordatorio poderoso de que los ecosistemas marinos no están alejados de nuestras actividades cotidianas; lo que ocurre con los delfines del Golfo de México habla también de la sustentabilidad de nuestra propia sociedad. Al proteger a estas especies, cuidamos la salud de un mar que nos alimenta, nos conecta con el mundo y nos protege frente a los embates climáticos.
Si los delfines prosperan, es señal de que también lo hace el mar. Y si el mar prospera, hay esperanza para que la relación entre los humanos y la naturaleza sea, al fin, verdaderamente sustentable.
Eduardo Nájera Hillman Colorado State University Correo-e: enajerah78@gmail.com
El aumento del tráfico marítimo, impulsado por la expansión portuaria y el comercio internacional, ha convertido a las colisiones de embarcaciones con ballenas en una de sus principales causas de mortalidad mundial; México no es la excepción.
Puertos como Manzanillo y Lázaro Cárdenas, se cuentan entre los más activos de América Latina y su capacidad seguirá creciendo. El gobierno federal anunció inversiones por 32 mil millones de pesos para expandir y rehabilitar puertos en ambos litorales: el Golfo de México y el Pacífico.
Esto significa más barcos en las rutas de ballenas migratorias compartidas con Canadá, Estados Unidos e incluso Centroamérica (p. ej., grises, jorobadas y azules), así como en el hábitat de ballenas residentes (p. ej., de aleta y cachalotes). Estas últimas permanecen todo el año en el golfo de California.
Aunque en la base de datos de la Comisión Ballenera Internacional solo figuran dos colisiones en aguas mexicanas, estudios nacionales muestran otra realidad.
Publicaciones científicas han confirmado la mortali -

dad de ballenas debido a colisiones con embarcaciones en Bahía Banderas, Los Cabos y Manzanillo.
Además catálogos de foto-identificación revelan decenas de ballenas con cicatrices de colisiones: 38 ballenas jorobadas en Bahía de Banderas entre 1996 y 2021, 58 ballenas en el golfo de California entre 2004 y 2017, y varios casos más en Los Cabos y laguna San Ignacio. También existen reportes de personas heridas o muertas debido a colisiones con ballenas. México carece de un sistema robusto de regis -
tro de colisiones lo que subestima una amenaza real para ballenas y personas.
El marco legal mexicano ofrece más herramientas de las que se reconocen como útiles para atender esta amenaza.
La Ley General de Vida Silvestre establece sanciones administrativas por daño a especies protegidas en la NOM-059-SEMARNAT-2025, mientras que el Código Penal Federal prevé sanciones penales por afectar especies de mamíferos marinos.
La Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente también regula
Carlos Aguilera sigue



actividades que amenacen a especies protegidas.
Estas disposiciones no se han aplicado a las colisiones de barcos con ballenas, pero dan la oportunidad de ser articuladas explícitamente para atender esta amenaza.
También se pueden usar las Cartas Náuticas y el Reglamento de la Ley de Navegación y Comercio Marítimo. Su capítulo VI establece que en circunstancias de peligro, los centros de control de tráfico marítimo (VTS) pueden ordenar dispositivos de separación de tráfico, reducciones de velocidad o la creación de zonas a evitar.
El Artículo 547 señala que la implementación de estos sistemas debe basarse en cartas náuticas actualizadas. Equiparar zonas y temporadas con densidades altas de ballenas a una circunstancia de peligro, abriría la puerta para medidas prácticas de reducción de riesgo de colisiones de barcos con ballenas en zonas clave.
Actualmente, la Dirección
General Adjunta de Oceanografía, Hidrografía y Meteorología emite boletines quincenales con actualizaciones para navegantes; incluir en ellos alertas sobre presencia de ballenas sería un paso inmediato y de bajo costo.
La analogía con el tráfico vehicular es útil para entender esta amenaza. Entre 2000 y 2007, el parque automotor en México creció 112 por ciento y los accidentes aumentaron casi al mismo ritmo.
Pero a partir de 2008, con la Iniciativa Mexicana para la Seguridad Vial, los accidentes comenzaron a disminuir y entre 2008 y 2019 se redujeron en 22 por ciento pese a que los autos aumentaron otro 70 por ciento.
La lección es directa: el crecimiento del tráfico sin regulación multiplica accidentes; con reglas claras y tecnología es posible revertir esta tendencia.
Un equipo de rescate retira una red de la aleta caudal de un juvenil en Puerto Vallarta, Jalisco, 2014 Foto: ©Astrid Frisch
Al igual que el transporte terrestre, está probado que el aumento de embarcaciones y tráfico náutico incrementan la probabilidad de accidentes en corredores o regiones congestionadas, como estrechos o puertos.
La experiencia internacional muestra soluciones efectivas. En el canal de Panamá los dispositivos de separación de tráfico establecen reducciones de la velocidad voluntarias para grandes embarcaciones durante la temporada de ballenas, reducciones que son acatadas casi al 100 por ciento.
En santuarios marinos de California, la limitación voluntaria de velocidad a 10 nudos alcanzó 81 por ciento de cumplimiento en 2023, reduciendo colisiones y emisiones de gases de efecto invernadero.
Integrar esta información en cartas náuticas y en avisos a los marinos permitiría reducir de manera inmediata el riesgo de colisiones de embarcaciones con ballenas y otros accidentes náuticos que pueden tener impactos mayores, como lo puede ser el derrame de hidrocarburos.
Las ballenas migratorias y residentes forman parte del patrimonio natural de México y sostienen economías locales a través del turismo de avistamiento. Dañarlas por acción o inacción sería un error histórico.
Con voluntad política, cartas náuticas actualizadas y el uso de marcos legales ya existentes, México puede avanzar hacia mares más seguros para barcos, personas y ballenas por igual.
México no parte de cero. Tiene leyes que pueden aplicarse, capacidades institucionales en la Semar, la SICT, la Semarnat, la Profepa y la Conanp, y un acervo científico de universidades y organizaciones de la sociedad civil que ya identificaron zonas de mayor riesgo en el Pacífico mexicano.