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La Ecológica, 22/12/2025

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Directora general: Carmen Lira Saade Director fundador: Carlos Payán Velver Director: Iván Restrepo Editora: Laura Angulo

e cologlca enero 2026

Sistemas agropecuarios sustentables

Experiencias en comunidades de aprendizaje Números anteriores

Correos electrónicos: ivres381022@gmail.com • estelaguevara84@gmail.com


Presentación

Comité Ejecutivo del Programa Nacional Estratégico en Sistemas Socioecológicos y Sustentabilidad Correo-e: academicopronace@gmail.com

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sta entrega de La Jornada Ecológica reúne experiencias y reflexiones de algunos Proyectos Nacionales de Investigación e Incidencia (Pronaii) que formaron parte del Programa Nacional Estratégico en Sistemas Socioecológicos y Sustentabilidad (Pronace SSyS), impulsado entre 2019 y 2024 por el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías, actualmente Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación. El Pronace SSyS adoptó un enfoque que reconoce la interdependencia de las relaciones entre las personas y el

entorno natural que se fundamenta en el marco de los sistemas socioecológicos. Los Pronaii abordaron problemáticas socioambientales regionales de relevancia nacional mediante actividades y acciones con incidencia social, pertinencia territorial, sensibilidad ecológica, perspectiva de género, intergeneracionalidad e interculturalidad. Se promovieron formas plurales e incluyentes de coproducción de conocimiento y prácticas con saberes científicos, técnicos y tradicionales. Intervinieron académicos, pueblos originarios, colectivos de creadores, organizacio-

Tiempo de cosechar el maíz frente al volcán Iztaccíhuatl Foto: La Jornada Ecológica

En portada, un gallo resguardando la milpa Foto: La Jornada Ecológica enero 2026

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nes sociales y actores locales. Se organizaron en comunidades de aprendizaje cuyo trabajo se sustentó en un enfoque transdisciplinario, participativo, territorialmente situado y comprometido con la justicia social, epistémica y ambiental. Los artículos subsiguientes son una invitación a la reflexión sobre los logros, aprendizajes y desafíos del Pronace SSyS y los Pronaii. Por un lado, damos a conocer el manifiesto colectivo del Pronace SSyS, con principios que orientan la construcción de futuros socioambientales justos. Y por otro, las experiencias de cinco Pronaii que abor-

dan, desde distintos ángulos, la sustentabilidad socioecológica de la producción agropecuaria. EL Comité Ejecutivo del Programa Nacional Estratégico en Sistemas Socioecológicos y Sustentabilidad: Karime León Sánchez, Ana Pohlenz de Tavira, Ileana Espejel, Ana De Luca Zuria, Gian Carlo Delgado Ramos, Miguel Equihua, Aramis Olivos Ortiz, Juliana Merçon, Cristobal Pérez Magaña, Sergio Pérez Landero, Maria Perevochtchikova, Ireri Suazo Ortuño, Indra Morandin Ahuerma, Kay Nicté Nava Nasupcialy, Enrique Martínez Meyer y Miguel Martínez Ramos.


Integrado por 17 colectivos de los Proyectos Nacionales de Investigación e Incidencia (Pronaii) y el Comité Ejecutivo

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anifiesto del Programa Nacional en Sistemas Socioecológicos y Sustentabilidad

Correo-e: academicopronace@gmail.com

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l planeta Tierra atraviesa por un alarmante cambio que ha sido denominado, por la ONU, como “ebullición global”. Los efectos de este cambio son las alteraciones extremas que ponen a muchas especies al borde de la extinción, incluyendo la supervivencia de nuestra propia especie. Esta severa crisis socioecosistémica es producto del deterioro en la relación humanidad-naturaleza basado en las estructuras socioeconómicas dominantes. Afortunadamente, hay esperanza fundada en nuestra capacidad de acción para detener dicha crisis. Los efectos tangibles, cercanos a los umbrales de no retorno al equilibrio previo a la revolución industrial, son ya bien conocidos: incremento de la temperatura promedio global, cambios en los periodos estacionales, eventos meteorológicos extremos, deforestación, degradación del suelo, y con ello alteraciones en los ciclos de vida. Esto provoca desfasamientos en los ecosistemas, su funcionalidad y su desplazamiento latitudinal y altitudinal; disminución de la cantidad y calidad del agua accesible, del suelo fértil, de la calidad del aire, de la diversidad y la riqueza biológica. Lo cual agudiza la desigualdad, dificulta el acceso a recursos que sustentan la vida –como la energía y demás bienes comunes–, impacta negativamente la identidad, el trabajo, la educación, la gobernanza, la salud, el bienestar, la seguridad, la equidad de género, la justicia, la relación intergeneracional, las alianzas interculturales, la armonía entre las

ideologías y los derechos universales. En este contexto, consideramos urgente la implementación de acciones de respuesta al deterioro ambiental y al cambio climático, mediante la investigación y la incidencia que coconstruye conocimiento y cogenera soluciones basadas en el funcionamiento de los ecosistemas, desde lo local y regional; integrando la ciencia, el conocimiento ecológico tradicional y los saberes comunitarios. Lo anterior, reconoce los esfuerzos de comunidades locales, pueblos originarios, campesinos, colectivos y organizaciones de diversos sectores que han resistido, conservado y mantenido sistemas de vida ante la crisis y desigualdad socioambiental. Quienes firmamos y manifestamos nuestro posicionamiento y compromiso somos un grupo diverso de la sociedad que reúne activistas, pueblos originarios, comunidades rurales, urbanas, campesinos y campesinas, juventudes, colectivos, personas tomadoras de decisiones, de la academia e investigadores interesados por el reequilibrio en los socioecosistemas como respuesta a problemas locales, nacionales y globales anteriormente descritos. Integramos los Pronaii y el Comité Ejecutivo como parte del funcionamiento del Pronace SSyS impulsado por el entonces Consejo Nacional de Humanidades Ciencias y Tecnologías (Conahcyt). En nuestros colectivos de investigación e incidencia abordamos una diversidad de problemáticas a nivel local, regional y nacional en México, generando procesos

Un grano de maíz germinando en la mazorca Foto: archivo

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para la coconstrucción de conocimiento, a la vez que proponemos y ponemos en marcha alternativas integrales, congruentes, viables social y ambientalmente, que sean sostenibles en el largo plazo e independientes de los tiempos político-administrativos. Los procesos detonados son también replicables, adaptables a diferentes contextos. Sabemos que las problemáticas a las que nos enfren-

tamos son complejas y multiescalares, por lo que para abordar un problema es necesario conocer y estudiar sus causas y efectos desde diferentes miradas. Cada actor involucrado tiene una visión distinta sobre dichas problemáticas pues parten de diferentes referentes espaciales, temporales, formativos, ideológicos, políticos, económicos y socioculturales. Por ello, es necesario


pensar y abordar las crisis socioambientales desde un enfoque sistémico integral y epistémicamente diverso, por lo que no es una tarea únicamente de la comunidad científica, sino que requiere de una visión transdisciplinaria. Estamos convencidos de que las transformaciones profundas y sustentables en las relaciones socioecológicas requieren de la cogeneración de conocimientos reconociendo la agencia de actores sociales en sus territorios, en un marco de sustentabilidad incluyente y con justicia socioambiental. La confluencia de los distintos actores permite robustecer y probar los mecanismos de regeneración, recuperación, reconocimiento y protección de saberes, lenguas, prácticas y conocimientos tradicionales y ancestrales diversos, mismos que la humanidad ha desarrollado a lo largo de miles de años, pero que son poco atendidos y entendidos. Asumimos el compromiso bioético, social, incluyente, ecológico, técnico y científico para que los Pronaii plan-

teen soluciones basadas en la naturaleza y la cultura que permitan su mantenimiento y restauración. Se busca también que promuevan estrategias comunicativas, de defensa y conservación del territorio, así como la articulación interinstitucional, la toma de decisiones informada y consensuada para la sustentabilidad y la construcción de nuevas relaciones que rompan paradigmas dominantes, extractivistas e injustos. Resulta imperativo, entonces, subrayar los principios ético-políticos que rigen nuestros procesos de investigación e incidencia, en contraposición con los paradigmas dominantes que favorecen intereses meramente políticos y económicos desvinculados de la vida: Partimos del hecho de que todas las formas de vida estamos interconectadas, y que el bienestar de una afecta al bienestar de todas. Planteamos un queha cer científico socialmente responsable con una raíz bioética.

En primer plano, habas; detrás flor de cempasúchil y después el maíz Foto: archivo

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Exploramos nuevos paradigmas científicos en diálogo con conocimientos locales y tradicionales que contemplen la complejidad, la diversidad y la incertidumbre inherente. Priorizamos el compromiso con la sociedad y la naturaleza en tanto que constituyen una misma unidad. Privilegiamos la sustentabilidad dinámica de los sistemas socioecológicos. Sabemos que las estrategias y alternativas de solución requieren ser plurales, incluyentes, situadas y consensuadas en los contextos socioculturales particulares. Buscamos la justicia y la equidad social, bajo un enfoque de derechos humanos que trabaje desde una perspectiva de género, intercultural e intergeneracional. Promovemos la justicia y la equidad ambiental para enfrentar y responder con medidas de mitigación y adaptación a los impactos del cambio climático y la degradación ambien-

tal, con miras a la recuperación del equilibrio ecosistémico. Reconocemos que la naturaleza posee un valor intrínseco incalculable, más allá de su utilidad para la humanidad hay un derecho inherente de todas las especies a existir y prosperar. Abogamos por una ética centrada en el cuidado y la empatía, en nuestras relaciones y hacia todas las formas de vida. Promovemos a la naturaleza como base de todas las soluciones, por lo cual es necesaria su conservación, rehabilitación y expansión que fortalezcan su resiliencia. Conscientes del riesgo de cooptación de conceptos y metodologías que simulan soluciones basadas en la naturaleza y la cultura pero que siguen preservando el statu quo para obtener más ganancias y seguir degradando el ambiente, nos deslindamos, oponemos y lo denunciamos. Estamos conscientes también de que los esfuerzos,


y por ello la orientación de las políticas y proyectos, deben ser sostenidos en ciclos de mediana y larga duración, porque una transformación socioecológica no ocurre en un plazo predeterminado por la administración pública. Nuestra postura es también un llamado a propiciar la puesta en práctica de acciones de cambio e innovación, por lo que en el Pronace SSyS coproducimos conocimiento y cogeneramos soluciones con las partes interesadas, esto caracteriza la forma en que realizamos la incidencia. Estamos resueltos a vincularnos con otras iniciativas nacionales y extranjeras que persigan fines similares. Lo anterior, en el entendido de que las problemáticas socioecológicas no ocurren de

manera aislada, sino que son multifactoriales. Por lo tanto, pueden converger en territorios y temáticas de las agendas internacionales con las que se comparten los principios y finalidades adoptados por el Pronace SSyS. Este cambio de paradigma considera metodologías participativas, enfoques y propuestas para la sustentabilidad que deben ser continuadas y desarrolladas en los años venideros. Nos comprometemos a la generación, uso y acceso al conocimiento como un derecho humano, que debe ser incluyente, plural y universal. Consideramos de suma importancia desarrollar una ciencia que nos permita reconstruir una relación armónica de las comunidades hu-

Plantas de calabaza, al pie de plantas de maíz Foto: La Jornada Ecológica

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manas con la naturaleza y que sea pertinente a las condiciones y situaciones de nuestros socioecosistemas. Estamos convencidos de la importancia de preservar nuestra autonomía política, contando con una plataforma independiente, gestionando fuentes diversas de financiamiento y creando las condiciones propicias para las alianzas y la actuación participativa e incluyente. Nuestras acciones tienen efectos concretos, por lo que suman a la sustentabilidad en México y a la respuesta global al cambio climático, coadyuvando así a la mitigación, y a la reversión de la ebullición global. Este manifiesto fue elaborado por una comisión de la comunidad de aprendizaje del Pronace SSyS confor-

mada por los colectivos de 17 Pronaii y el Comité Ejecutivo que en total integró a mil 340 personas participantes en los colectivos pertenecientes a distintos sectores tales como academia, organizaciones de la sociedad civil, servidores y funcionarios públicos, estudiantes y becarios posdoctorales que despliegan sus actividades en 22 estados de la República: Baja California, Baja California Sur, Campeche, Ciudad de México, Coahuila, Chiapas, Chihuahua, Durango, estado de México, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Oaxaca, Puebla, Querétaro, Quintana Roo, Sonora, Tamaulipas, Veracruz, Hidalgo y Yucatán. Los colectivos de los Pronaii acordaron firmar con el logotipo que los representa. a cada uno de sus colectivos.


Simoneta Negrete Yankelevich*, Laura Pamela Ruiz Ponce, Carlos A. Cultid-Medina, Mónica RodríguezMontoya, Andrés Guarín Anacona, Tlacaelel Rivera Núñez, Sofía Lail Lugo Castilla, Lilit Pogosyan y Salvador González Arroyo / INECOL Alejandra Núñez-de la Mora / Universidad Veracruzana Ignacio Eduardo Maldonado Mendoza / CIIDIR-IPN

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*Correo-e: simoneta.negrete@inecol.mx

llamamos “la pa- ne un origen ancestral en el ¿A qué radoja de la alimenta- que pocas veces reparamos. ción”? Cuando los mexicanos pensamos en lo que más extrañaríamos estando lejos del país, pensamos en las tortillas. Quizá fantaseemos con un taco acompañado de salsa verde, que nos devuelve a la cocina de la infancia. Ese arraigo tan profundo tie-

En México se siembran y cuidan juntas plantas comestibles como maíz, frijol y calabaza, desde hace cerca de diez mil años. Este es un sistema agroecológico al que llamamos milpa, y ha constituido la principal fuente de energía

Foto: Salvador González Arroyo

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ano Vuelta: de la tierra a la mesa de las familias milperas y nutrientes de la dieta de aproximadamente 400 generaciones en nuestro territorio1, y es un legado para el mundo al dar cuenta de procesos de adaptación biocultural a retos ambientales que apenas empezamos a entender y cuyas enseñanzas son ahora más relevantes que nunca.

Pese a lo fundamental de la milpa para nuestra identidad, la paulatina urbanización de la población mexicana nos ha distanciado del trabajo que pone en la mesa esos taquitos con salsa. Poco o nada sabemos sobre quiénes son o cómo viven las familias campesinas que cultivan nuestro alimento diario


y que resguardan en sus semillas y saberes un tesoro alimentario milenario. No sabemos qué retos enfrentan en su diario quehacer. Poco más de la mitad de la producción de maíz para consumo humano proviene del esfuerzo de agricultores que en un 93 por ciento son pequeños productores con sembradíos de menos de 2.5 hectáreas2. No sorprenderá al lector saber que México es un país de inequidades. Pero una de las más lacerantes en términos de nivel de vida, salud y bienestar se evidencia en la población rural3: el 70 por ciento de los 47 millones de personas con inseguridad alimentaria en nuestro país viven en zonas rurales y son mayoritariamente mujeres, menores de edad y personas adultas mayores 4.

Es paradójico que sean las personas que producen la mayor parte del alimento que consumimos las que con mayor frecuencia carezcan de alimentación sana.

Campesinos aprendiendo acerca de los insectos útiles Foto: Salvador González Arroyo

¿Cómo es esto posible? La explicación se encuentra en un proceso de transformación socio-cultural y económico iniciado a mediados del siglo XX en todo el mundo como una forma de modernización de la agricultura para hacer frente a las necesidades de una población siempre creciente. En México, esta modernización se materializó en iniciativas gubernamentales que promovieron la sustitución de la milpa que, además del maíz, incluía otras plantas alimenticias como frijol, calabaza, quelites, chiles y toma-

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tes verdes, por monocultivos (únicamente maíz) y utilizando semillas desarrolladas en campos experimentales para incrementar la cantidad de grano en asociación con fertilizantes, maquinaria, herbicidas y otros agroquímicos. Este cambio radical transformó los sembradíos, de ser agroecosistemas (donde los cultivos mantienen interacciones ecológicas con otras plantas, animales, microorganismos y suelo), a ser “fábricas” eficientes de grano donde dichas interacciones se modificaron o sustituyeron del todo impactando la calidad y la salud de los suelos y agua. Además de la creación de dependencia de las familias campesinas de programas gubernamentales, hubo muchas particularidades que, al no ser consideradas, generaron, contradictoriamente, mayor po-

breza, inseguridad alimentaria y deterioro ambiental. En particular, la sustitución de la milpa derivó en la pérdida de variedades de semillas adaptadas a las condiciones locales, resultando en cultivos más susceptibles a las vicisitudes climáticas; el uso indiscriminado de fertilizantes y herbicidas redujo la diversidad microbiana del suelo, así como su función de mantener la fertilidad y resistir a plagas y enfermedades, disminuyendo la productividad de los alimentos y generando dependencia de los fertilizantes industriales. El uso de insecticidas disminuyó la diversidad de insectos y arañas benéficos para el control de plagas y la polinización. La pérdida de diversidad nutricional de la milpa impactó negativamente el crecimiento y desarrollo infantil y contribu-


yó al aumentó de enfermedades crónicas en adultos. Los costos de producción y la baja rentabilidad estimularon la migración rural hacia la ciudad, redujo la fuerza de trabajo disponible en el campo y contribuyó a la desintegración del tejido comunitario. Quizá uno de los efectos más lesivos de los cambios en los modos de producción fue su efecto en los modos de vida, consumo y expectativas, no solo de las comunidades campesinas, sino del resto de la población. A nivel mundial, y en México de manera notoria, hemos reducido la diversidad de alimentos que consumimos, además de que hemos aumentado nuestro gusto por las grasas, azúcares y alimentos procesados muy bajos en fibra y ¡ya no nos gusta masticar! Las condiciones económicas nos han orillado a anteponer el precio sobre la calidad; rara vez consideramos la procedencia de los alimentos, el impacto medioambiental de producirlos y trasladarlos, o las condiciones de las personas que los produjeron. ¡Mano Vuelta, en acción! Romper con esta problemática requiere un abordaje complejo, desde diversas aristas, entre ellas, estrategias para la preservación de la biodiversidad de la milpa como sustento familiar y biocultural, que integre bases científicas con una aproximación campesina de aprendizaje. Con esa mira, en el proyecto Mano Vuelta trabajamos en colaboración con 11 comunidades milperas alrededor del Cofre de Perote, Veracruz. Mano Vuelta está conforma-

Cuarenta y seis mujeres campesinas han desarrollado un programa de reflexión y acción, y los artistas han trabajado en la divulgación con títeres, radio y juegos. Hemos compilado un recetario regional, un calendario agrícola y un cartel de la milpa ilustrados, para compartir y difundir los aprendizajes dentro y fuera de las comunidades colaboradoras. Todos estamos implicados

do por 55 familias campesinas, cuatro instituciones académicas, una asociación civil, dos colectivos de arte y más de 100 consumidores urbanos. Mano Vuelta ha desarrollado una estrategia integrada de seguridad alimentaria sostenible que promueve la conservación de plantas alimenticias nativas y de sus microorganismos asociados, mejora la calidad de los suelos e impacta de manera sustentable y sostenible la salud y bienestar de las comunidades productoras rurales y consumidoras urbanas. Nuestro trabajo colectivo ha sido muy diverso. Los científicos han identificado microorganismos efectivos para proveer nutrientes a maíces y frijoles nativos, y estudiado la diversidad de polinizadores que visitan la milpa y la diversidad de alimentos cultivados y no cultivados.

Cientos de especies de insectos son los polinizadores del campo Foto: archivo

Hemos hallado 129 especies de moscas y 90 de abejas nativas que pueden contribuir con la reproducción de las 144 especies de hierbas beneficiosas (32 comestibles y útiles) que florecen en las milpas. También evaluamos la seguridad alimentaria de 173 familias campesinas. Hemos diversificado 50 parcelas-escuela para mejorar la salud de las plantas y de las familias. Cincuenta familias ya están capacitadas y realizan obras de conservación de suelos, fertilización orgánica y mejoramiento campesino de semillas.

En Mano Vuelta sostenemos que en el proceso de producción de alimentos estamos implicados todos, simplemente porque todos comemos. Hemos atestiguado como, con constancia y convicción, estrategias pensadas desde diferentes perspectivas, la participación activa de diferentes miembros de la comunidad y un cariño entrañable por el territorio catapultan cambios sustantivos para una alimentación saludable y sostenibilidad ambiental. Te invitamos a participar de esta visión, consumiendo productos frescos, de temporada y locales pero, sobre todo, que impacten positivamente la calidad de vida y perspectivas de futuro de las familias que los producen. Tu salud, la milpa, las familias productoras, el medio ambiente y nuestro futuro te lo agradecerán.

Referencias 1SIAP 2020. SAGARPA. http://www.siap.sagarpa.gob.mx

2Bourges, H., & Trueba, C. C. 2013. El maíz: su importancia en la

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alimentación de la población mexicana. El maíz en peligro ante los transgénicos. Álvarez, E. y Piñeyro, A. UNAMCIICyH- Unión de Científicos Comprometidos con la Soc., 203-215. 3CONEVAL 2023. Anexo estadístico de pobreza en México 2016-2022. 4ENSANUT 2018. CDMX:INSP.


Humberto González Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, Occidente

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Correo-e: hgc@ciesas.edu.mx

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unque la Ley Agraria establece que las parcelas escolares deben tener una función educativa y comunitaria, en la práctica esta finalidad rara vez se cumple. Frecuentemente son rentadas o administradas en beneficio particular, lo que desvirtúa su propósito y limita su aporte al desarrollo rural. Bien aprovechadas, estas parcelas podrían fortalecer el aprendizaje contextualizado, la agri-

cultura sostenible y la salud, y la buena alimentación infantil. En diciembre de 2022, México contaba con aproximadamente 29 mil 813 ejidos y 2 mil 416 comunidades agrarias, lo que suma un total de 32 mil 229 núcleos agrarios, en su mayoría ubicados en zonas rurales (Registro Agrario Nacional, 20024). La gran mayoría de estos núcleos cuenta con parcelas escolares que, de acuer-

Alumnos de primaria, trabajando en la parcela escolar Foto: Liz Gómez

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as parcelas escolares: oportunidades para la reconfiguración agroecológica

do con el último censo ejidal, podrían tener una extensión de 9.2 hectáreas, correspondiente a la superficie promedio asignada a un derechohabiente a nivel nacional (INEGI, 2001). Si se multiplica el número de ejidos por dicha superficie promedio, se estima una extensión muy considerable –alrededor de 274 mil 279 hectáreas– que constituye un patrimonio de las escuelas rurales del país.

Este artículo documenta la reconfiguración agroecológica, alimentaria y de salud (RAAS) de una parcela escolar en una comunidad rural de Jalisco, impulsada por la colaboración entre familias, docentes, técnicos e investigadores. La experiencia de tres años fortaleció la salud, la nutrición y la educación ambiental de las y los escolares, en el marco de un proyecto respaldado por la Secretaría de


Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Se cihti)*. El objetivo de este proyecto fue reducir la exposición de niñas y niños a los plaguicidas y con ello mejorar su salud y bienestar. Una localidad rural con parcela El Mentidero, ubicado en el estado de Jalisco, cuenta con una población de mil 399 habitantes (INEGI, 2021) y está conformada por población jornalera dedicada a la caña y las hortalizas. Esta población surgió como caserío de trabajadores vinculados a una antigua hacienda, cuyos terrenos fueron fraccionados con la reforma agraria. En 1939 se estableció en El Mentidero el ejido La Tuna, de tamaño reducido en comparación con otros de la región, con apenas 29 ejidatarios y una superficie de 511 hectáreas, de las cuales solo 181 eran agrícolas y de riego (RAN, 2023).

Desde la década de 1970, El Mentidero ha crecido con el establecimiento de familias jornaleras migrantes, en su mayoría indígenas náhuatl de Guerrero, que llegan anualmente para trabajar en la cosecha de caña y hortalizas. Estas familias migrantes viven en condiciones precarias, alojadas en albergues temporales o viviendas improvisadas. Ante la falta de empleos formales no agrícolas, la mayoría depende de trabajos estacionales y mal remunerados en la agroindustria de la caña, lo que evidencia una situación estructural de vulnerabilidad persistente en la comunidad.

Desde muy jóvenes, los alumnos aprenden las tareas para cultivar la parcela escolar Foto: Liz Gómez

Un problema habitual de salud en escuelas rurales En 2018, madres de la telesecundaria de El Mentidero denunciaron ante las autoridades educativas que un productor aplicaba plaguicidas en la parcela escolar contigua, provocando mareos, dolor de cabeza e irritación en

*Proyecto

Pronaces Sistemas Socioecológicos y Sustentables No. 319055. enero 2026

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los estudiantes. Ante la falta de respuesta, acudieron a un equipo investigador que monitoreaba exposición infantil a plaguicidas en Jalisco. Con autorización de madres y padres se analizaron muestras de orina en la Universidad de Guadalajara, detectando residuos de cuatro plaguicidas (ver foto 1). La evidencia se presentó al cabildo y a medios de comunicación locales y nacionales, pero el ejidatario continuó fumigando. La Comisión Estatal de Derechos Humanos emitió la Recomendación 141/2021 para proteger la salud infantil y el ambiente sano. El ejido suspendió el cultivo en la fracción de la escolar contigua a la secundaria. Del cultivo de huertos escolares a la parcela escolar El proyecto RAAS inició huertos escolares en el kínder, primaria y secundaria de El Men-

tidero, con la participación de estudiantes, docentes y madres de familia comprometidas con la producción de alimentos y plantas medicinales sin plaguicidas. La telesecundaria destacó por su mayor espacio, la experiencia agrícola del profesorado y, sobre todo, el impulso de madres preocupadas por la salud infantil. Los huertos funcionaron como laboratorios vivos donde se integraron saberes ancestrales y prácticas agroecológicas. Meses después, la telesecundaria participó en una convocatoria nacional de la Semarnat y la SEP y obtuvo el primer lugar nacional como “Escuela Secundaria con Trayectoria Ambiental” y una gratificación de 350 mil pesos. Más allá del premio, lo fundamental fue que las y los estudiantes y maestros, antes expuestos a plaguicidas, demostraron que es posible cultivar alimentos sanos sin agrotóxicos. Ante la insuficiencia de los huertos escolares para abastecer los comedores de las escuelas, el proyecto RAAS solicitó trabajar la fracción de dos hectáreas de la parcela escolar contigua a la telesecundaria, con el objetivo de producir orgánicamente alimentos para los comedores escolares de El Mentidero. En cumplimiento de la Recomendación 141/2021 de la Comisión de Derechos Humanos de Jalisco, el municipio gestionó un convenio con el ejido La Tuna para ceder el terreno durante tres años. En un año y medio, con apoyo municipal, de productores de la región y del presupuesto del proyecto RAAS, en un año y medio se incorpora-


En un contexto de desigualdad educativa, el reconocimiento confirma el potencial transformador de la escuela pública cuando se vincula a procesos pedagógicos integrales y a agroalimentarias sustentables. ron 80 toneladas de composta para mejorar el suelo, se obtuvo el permiso de agua del canal de riego y se instaló un sistema de riego por goteo. La parcela produjo más de 50 cultivos orgánicos para los comedores escolares, demostrando su potencial agroecológico, nutricional y educativo. Ante la falta de presupuesto para contratar mano de obra, se invitó a familias de la comunidad a sembrar de uno a veinte surcos, con el compromiso de no usar plaguicidas ni fertilizantes químicos y de destinar la mitad de la cosecha a los comedores escolares. Esta experiencia, guiada por acuerdos colectivos que denominamos “Contrato de Armonía”, se convirtió en un proceso de aprendizaje comunitario. Un binomio inseparable: parcela y comedores escolares A diferencia de la agroindustria orientada por el mercado y la rentabilidad, la producción en la parcela escolar tuvo un propósito comunitario: abastecer los comedores escolares y fortalecer la educación, la nutrición y la salud infantil. Sus beneficios no se midieron en toneladas o dinero, sino en salud, bienestar y formación estudiantil. Huertos y parcela escolar se consolidaron como un espacio pedagógico y productivo que promovió vínculos solidarios, conciencia ambiental y cuidado infantil en la población y en la región. Participar en los comedores escolares fue otro gran desafío porque estaban concesionados a personas que los veían como negocio y la alimentación saludable no era prioritaria.

Con estudiantes e investigadores de nutrición se trabajó con las cocineras, con las madres de familia y los maestros. En los cursos de verano con niñas y niños de diversas edades no había cocineras e incorporamos a niñas y niños. Nos dimos cuenta de la posibilidad de convertir la cocina en un laboratorio de aprendizaje de múltiples materias y de convivencia estudiantil. En mayo de 2025, estudiantes del tercer grado de la telesecundaria de El Mentidero obtuvo el primer lugar en un concurso académico municipal, superando a 12 escuelas, mayoritariamente urbanas. Este logro refleja el compromiso de una comunidad escolar rural cuyos estudiantes provienen, en su mayoría, de familias asalariadas y migrantes con muy baja escolaridad. En un contexto de desigualdad educativa, el reconocimiento confirma el potencial transformador de la escuela pública cuando se vincula a procesos pedagógicos integrales y a agroalimentarias sustentables. La narrativa de la parcela y el comedor escolar en El Mentidero muestra que es posible recuperar la vocación pedagógica y agroalimentaria de las parcelas escolares como patrimonio social destinado a educar, nutrir y formar a las nuevas generaciones rurales en una agricultura sostenible. Si una propuesta similar se consolida en los 32 mil núcleos agrarios de México, es posible que en una década se garantice el derecho de niñas y niños a una buena salud, se mejore la calidad educativa y se logren un cambio generacional en el campo mexicano.

Referencias

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INEGI. (2001). VIII Censo Ejidal del INEGI. INEGI. (2021). Censo de Población y Vivienda 2020. Registro Agrario Nacional. (2023). Padrón e Historia de Núcleos Agrarios. Registro Agrario Nacional. (20024). Indicadores Básicos de la Propiedad Social del RAN.


Amayrani Meza Jiménez1 y Luis Javier Peña Robles 1Investigadora por México de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación Correos-e: amayrani.meza@secihti.mx, persistealaluz@hotmail.com

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n el estado de Colima, el régimen agroalimentario neoliberal hegemónico ha posicionado a la agroindustria alimentaria y a la agricultura convencional por encima de las producciones locales agroecológicas, apropiándose de los circuitos de producción-distribución-consumo de varios de los productos agrícolas de mayor uso. La implementación de este modelo de producción, caracterizado por el elevado uso de agrotóxicos, ha resultado en un sector agrícola campesino con altos niveles de reza-

go social que se enfrenta a un complejo contexto de vulnerabilidad socioambiental que afecta la construcción de sus estrategias de vida. Según el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), en Colima la producción de maíz representa el 13 por ciento de la superficie agrícola, con presencia en los 10 municipios, siendo Comala, Coquimatlán, Colima, Cuauhtémoc y Minatitlán los principales productores. El limón es el segundo cultivo más importante después de la caña de azúcar (SIAP,

P Conformación del sujeto colectivo RAISES Colima Foto: Proyecto Masatl

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royecto Masatl: milpas libres de glifosato en el estado de Colima 2020), ocupa el 23 por ciento de la superficie agrícola, posicionando a Colima en cuarto lugar en producción de este cítrico en México. Aunque se han documentado los efectos nocivos del uso de agrotóxicos y en particular del glifosato, la producción agrícola convencional de estos cultivos continúa incluyéndolo. Como observación complementaria, en las zonas urbanas del estado, el uso de glifosato para el manejo de las arvenses es ampliamente utilizado en espacios públicos de manera común y cotidiana.

Una propuesta integral para la transición agroecológica El proyecto “Milpa Agroecológica de Sistemas Agrícolas Tropicales Libres de Glifosato (Proyecto Masatl): estrategias de innovación y acción participativa para la eliminación de agrotóxicos en el estado de Colima” se conformó durante el 2023 como un Proyecto Nacional de Investigación e Incidencia (Pronaii 322749) en el marco de los Proyectos Nacionales Estratégicos (Pronaces) del entonces


Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Su objetivo es establecer e institucionalizar procesos de transición agroecológica e innovación socioambiental para la eliminación del glifosato de la agricultura tradicional en milpa, limón mexicano y huertos para incidir en la construcción de soberanía alimentaria, salud comunitaria, y el bienestar ambiental de las familias campesinas en las regiones con mayor vulnerabilidad y marginación del estado de Colima, bajo un enfoque de economía social solidaria. La milpa es un sistema agrícola con amplio potencial para la soberanía alimentaria en México y América Latina. En Colima se reporta el uso de al menos 10 variedades de maíz nativo (resaltan tuxpeño, tabloncillo y elotero de Sinaloa). Sin embargo, no existen datos de su producción en el

SIAP. Los huertos biointensivos funcionan como fuente limpia de alimentos y plantas útiles para el autoconsumo, y constituyen un espacio de referencia para la producción libre de glifosato y otros agrotóxicos. La producción de limón de pequeña escala representa una fuente importante de ingresos que fortalece la economía familiar, siendo además un cultivo de carácter identitario en el estado. La estrategia de trabajo del Proyecto Masatl se lleva a cabo mediante tres etapas anuales: despegue, irrupción, y escalamiento y masificación. Se actúa a partir de la integración de acciones desde tres ejes de acción: 1) ciencia, técnica y praxis de la agroecología, 2) innovación socioambiental y 3) economía social solidaria. La transición agroecológica en el proyecto Masatl se lleva a

Implementación del PLANMAAGRO desde la Escuela Campesina de la Milpa Foto: Proyecto Masatl

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cabo mediante escuelas campesinas y centros de aprendizaje colectivo desde un enfoque de investigación-acción participativa, diálogo de saberes y transdisciplina. La propuesta metodológica y de incidencia del proyecto incluye: la implementación y apropiación de las prácticas agroecológicas mediante el codiseño de planes de manejo agroecológico (Planmaagro) para los tres agroecosistemas; el fortalecimiento socio-organizacional a partir del diseño y acompañamiento de Proyectos Agroecológicos Sociales Solidarios en RED (Pasos en RED), y el fortalecimiento de las experiencias de transición agroecológicas libres de glifosato de la Red Agroecológica de Innovaciones Sociales y Economías Solidarias (RAISES) mediante encuentros e intercambios campesinos-indígenas a diferentes escalas.

En el proceso de investigación e incidencia, participan grupos de mujeres rurales, grupos sociales organizados para el rescate de espacios públicos en zonas urbanas, grupos de estudiantes del nivel medio superior, grupos comunitarios de familias campesinas y equipo transdisciplinario. La cosecha agroecológica del proceso comunitario Durante la primera etapa, desarrollada en 2023 se logró: a) la caracterización agroecológica de 16 agroecosistemas; b) la implementación y articulación de 16 experiencias de transición agroecológica (milpa y huertos biointensivos), gestadas por 84 personas de comunidades campesinas-indígenas, y c) la conformación de la Red Agroecológica de Innovaciones Sociales y Economías Solidarias (RAISES)


Hacer milpa agroecológica es una alegría, un orgullo y una satisfacción, es estar del otro lado del paradigma convencional, nunca más el “sin químicos no se puede”.

para la producción, distribución y consumo de alimentos saludables de una agricultura libre de glifosato a nivel estado de Colima. En 2024, durante la segunda etapa, el trabajo coordinado permitió: a) fortalecer los procesos organizacionales y de transición agroecológica de las 16 experiencias iniciales del Masatl; b) articular 16 nuevas experiencias de transición agroecológica libres de glifosato, y c) fortalecer a la RAISES mediante cinco encuentros e intercambios de conocimientos y experiencias campesinas-indígenas de escalas intercomunitaria, regional y nacional, consolidando alianzas estratégicas para la eliminación del glifosato.

Se ha logrado incidir en la conformación de un sujeto sociopolítico integrado por familias campesinas y grupos organizados de trabajo comunitario de 10 comunidades en ocho municipios de Colima, vinculadas a alianzas regionales y nacionales. Se han generado modelos para llevar a cabo el despegue y la irrupción del proceso transición agroecológica libre de agrotóxicos desde una perspectiva integral. En 2025, durante la tercera etapa del proyecto, el equipo Masatl coconstruye y desarrolla con la RAISES los modelos de Escalamiento y Masificación para que estos procesos puedan ser un instrumento de política pública desde un programa integral del Estado en-

Intercambio de experiencias de transiciones agroecológicas libres de glifosato y diálogo de saberes de la RAISESColima. Foto: Proyecto Masatl

Más detalles del proyecto disponibles en: https://www. facebook.com/ proyectomasatlcolima enero 2026

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focado en la soberanía alimentaria y la agroecología. La reflexión de los principales aprendizajes En el andar colectivo comprendemos la historia de un pueblo con amplios conocimientos, saberes y herramientas, muchas surgiendo como innovación ante la capacidad de quien trabaja la tierra y la cuida. Ahí se retoma la tecnología apropiada, aquella que no enajena, que es útil y surge desde la propia cultura de un gran pueblo mexicano. Ante el embate y los efectos del régimen agroalimentario hegemónico y neoliberal, de RAISES emerge la esperanza y los agroecosistemas flo-

recen demostrando que sí es posible cultivar sin agrotóxicos y propiciar otras formas de organización. Desde el trabajo campesino de manos indígenas, la milpa agroecológica de maíces nativos es cultivada y crece generando otras posibles realidades; ahí se gesta la energía y la sustancia que nutre al cuerpo y al corazón del individuo, la familia y la comunidad milpera. Hacer milpa agroecológica es una alegría, un orgullo y una satisfacción, es estar del otro lado del paradigma convencional, nunca más el “sin químicos no se puede”. Es una realidad la producción de alimentos saludables en suficiencia desde el manejo agroecológico de los agroecosistemas.


Martin A. Bolaños González1, Antoine Libert1, Alma D. Palacios Reyes1, Gontrán Villalobos Sánchez2, Heber Gómez López2 1 Colegio de Posgraduados (Colpos) 2 Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

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Correo-e: bolanos@colpos.mx

ntensificación agroecológica en un refugio amenazado

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l café bajo sombra es un sistema de refugio para proteger la biodiversidad, pero está amenazado. En el proyecto “Resiliencia y estabilidad socioecológica de la cafeticultura mexicana bajo sombra” analizamos los cambios recientes en estos sistemas agroforestales. A pesar de los desafíos, observamos un crecimiento en las prácticas agroecológicas, que mejoran la calidad del café, fomentan la diversificación productiva y fortalecen la resiliencia climática. Es tudios colab orativos de mediano plazo muestran que la reducción en extensión puede compensarse con mejoras ecológicas y mayor provisión de servicios ambientales, destacando al café bajo sombra como modelo viable ante los retos socioambientales actuales. El café bajo sombra, ¿refugio amenazado? La cafeticultura mexicana es una actividad esencial que articula la producción agrícola con la conservación ambiental. Da sustento a más de quinientas mil familias de pequeños productores, quienes no solo contribuyen a la economía nacional, sino que también resguardan un valioso patrimonio biocultural en regiones ecológicamente prioritarias. Los cafetales bajo sombra representan un equilibrio sostenible entre la biodiversidad y la producción: conservan especies locales de plantas, ofrecen hábitats para la fauna silvestre y mantienen servicios ambientales fundamentales. Según el tipo de agroecosistema y su manejo, estos sis-

temas pueden albergar entre 50 y 900 árboles de sombra por hectárea, con una diversidad que varía de una a más de 50 especies y coberturas aéreas de entre 30 y 90 por ciento. Sin embargo, enfrentan amenazas crecientes como el cambio climático, el incremento de plagas y enfermedades, la degradación del suelo y diversas barreras socioeconómicas (Bolaños et al., 2024). Uno de los principales retos comerciales para las familias cafeticultoras en México es el bajo precio del grano, que en la mayoría de las cosechas ni

Diversificación productiva del cafetal en Veracruz Foto: archivo de los autores

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siquiera cubre los costos de producción. Según un informe re ciente, corporaciones como Starbucks y Nestlé han sido señaladas por operar bajo esquemas que concentran el poder de compra y promueven una intensificación productiva en condiciones desventajosas, lo que mantiene a “los cafeticultores atrapados en ciclos de deuda, precios injustos y prácticas laborales abusivas” (CoffeeWatch, Empower y ProDesc, 2025, p. 6). Esta concentración monopólica en el mercado internacional favorece modelos que priorizan la cantidad sobre la

calidad, y perpetúa tanto la marginación de los cafeticultores como la pérdida de biodiversidad. Hace más de una década, investigadores alertaron sobre el riesgo de desaparición del café bajo sombra. Las presiones para aumentar la productividad y combatir plagas amenazaban su permanencia, y entre 1996 y 2014 este refugio de biodiversidad perdió hasta el 20 por ciento de su superficie a nivel global (Jha et al., 2014). Los propios autores lo resumieron con una pregunta inquietante: ¿estaba destinado a extinguirse?


Cafetal bajo bosque de pino en Guerrero Foto: archivo de los autores

En años más recientes se identificaron los principales impulsores que han transformado los paisajes del café: 1) El cambio hacia variedades resistentes a enfermedades, 2) la intensificación convencional, con más agroquímicos y menos sombra y 3) la conversión de cafetales en otros cultivos (Harvey et al., 2021). En paralelo, se documentó un gradiente de intensificación cafetalera que, en regiones como Soconusco, Chiapas, propició la deforestación y la pérdida de sombra, condiciones que facilitaron la epidemia de roya del café en 2012 (Perfecto et al., 2019). Respuestas desde los territorios cafetaleros En este contexto, nuestro proyecto estudió los cambios recientes en cafetales bajo sombra en colaboración con nueve organizaciones ubicadas en regiones de Chiapas, Veracruz, Oaxaca y Guerrero, habitadas mayoritariamente por pueblos indígenas. A pesar de los múltiples retos del sector, encontramos señales alentadoras. Cada vez más productores adoptan prácticas agroecológicas: mantienen coberturas vegetales, reducen el uso de agroquímicos y conservan los árboles de sombra. El resultado es un café de alta calidad y parcelas más resilientes frente a los efectos del cambio climático. Además, muchas cooperativas han diversificado sus actividades económicas –producción de miel, artesanías, ecoturismo o procesamiento local–, lo que fortalece la organización comunitaria y amplía las fuentes de ingreso.

Otra de las estrategias implementadas consiste en agregar valor a su producto mediante estrategias que les permiten ofrecer su café en el mercado nacional, a través de plataformas digitales y redes sociales que amplían sus canales de venta*.

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En años recientes, cada vez es más común ver que emprenden iniciativas colectivas o individuales para procesar y transformar parte de su cosecha (retrilla, tostado, molido y empacado), crear su propia marca y posicionarse en nuevos nichos de consumo. Estas

estrategias les han permitido acceder a mejores precios y obtener mayores ingresos por su trabajo, al tiempo que fortalecen su autonomía y presencia en el mercado. Nuestros estudios colaborativos han ido más allá de los indicadores cuantitativos


para comprender los procesos profundos que transforman los territorios. Aunque en algunas regiones ha disminuido la superficie cultivada con café bajo sombra, los sistemas que se mantienen son más resilientes desde el punto de vista ecológico, mejor anclados en los saberes locales y con mayor capacidad de generar bienestar para las comunidades, como lo demuestran mejoras en la seguridad alimentaria, el fortalecimiento de redes de colaboración y el incremento del valor agregado en origen. En este sentido, las pérdidas en cantidad han sido compensadas por avances significativos en calidad. En un contexto de crisis ambiental y desigualdad, estos paisajes agroforestales demuestran que otra forma de producir y habitar el campo es posible, y ya está en marcha en diversas regiones del país.

Café bajo sombra: una apuesta por la vida

Cafetal bajo sombra en la sierra norte de Oaxaca

Proteger la cafeticultura bajo sombra es apostar por la vida en los territorios rurales, tanto por la biodiversidad y los servicios ambientales que ofrece, como por las comunidades que la cultivan mediante prácticas sostenibles. Fortalecer estos sistemas exige acciones coordinadas, como políticas públicas integrales –por ejemplo, incentivos diferenciados para prácticas agroecológicas, acceso a mercados de bonos de carbono y mecanismos que faciliten su participación en esquemas de comercio justo–, además de un consumo consciente e informado, y una investigación científica comprometida. En un contexto de crisis ambiental global, el café bajo sombra representa una alternativa real y vigente hacia un futuro más justo, resiliente y sostenible.

Foto: José Manuel Contreras

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* https://tienda.hechoenveracruz.gob.mx/ https://cafemetik.com/ https://www.instagram.com/5zurcos_fincaexperimental/# https://es-la.facebook.com/cafefemcafe/about/ Referencias Bolaños González, M. A., Libert Amico, A., Palacios-Reyes, A., Paz Pellat, F., Villalobos Sánchez, G., Gómez López, H., Velázquez Rodríguez, A. S., Salas Aguilar, V. M., Salvador Castillo, J. M., Ramírez Armas, L. M., Morales Reyes, E. I., & Villa Herrera, A. (2024). Colaborando para fortalecer la resiliencia socio-ecológica de familias productoras de café bajo sombra. En prensa. https:// repositorio-socioecologia.conahcyt.mx/jspui/handle/1000/355 CoffeeWatch, Empower y ProDesc (2025). Explotación y opacidad: la realidad oculta del café mexicano en las cadenas de suministro de Nestlé y Starbucks, https://prodesc.org.mx/explotaciony-opacidad-la-realidad-oculta-del-cafe-mexicano-en-lascadenas-de-suministro-de-nestle-y-starbucks/ Harvey, C. A., Pritts, A. A., Zwetsloot, M. J., & et al. (2021). Transformation of coffee-growing landscapes across Latin America: A review. Agronomy for Sustainable Development, 41(62). https://doi.org/10.1007/s13593-021-00712-0 Jha, S., Bacon, C. M., Philpott, S. M., Méndez, V. E., Läderach, P., & Rice, R. A. (2014). Shade coffee: Update on a disappearing refuge for biodiversity. BioScience, 64(5), 416-428. https://doi. org/10.1093/biosci/biu038 Perfecto, I., Jiménez-Soto, M. E., & Vandermeer, J. (2019). Coffee landscapes shaping the Anthropocene: Forced simplification on a complex agroecological landscape. Current Anthropology, 60(S20), S236–S250. https://doi.org/10.1086/703413


Karina Boege Paré1, Antonio Carrillo-Bolea2, Elena Lazos-Chavero3, Félix López-Xolotl4, Luisa Paré5 y María Susana Rocha-Mier5 1Instituto de Ecología, UNAM, 2Estampa Verde, AC, 3Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM, 4Consultor independiente, 5SENDAS, AC

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Correo-e kboege@unam.mx

anaderías sostenibles y con enfoque colaborativo en el trópico mexicano

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roblemática socioambiental asociada a la ganadería extensiva: la ganadería extensiva en los trópicos ha eliminado casi todos los árboles de los potreros, con lo que se han perdido fuentes de agua y gran parte de la biodiversidad local. Además, el continuo pisoteo del ganado ha degradado severamente los suelos, resultando en una producción de forraje escasa y de baja calidad, sobre todo en época de estiaje. Además, las altas temperaturas en los potreros reducen el bienestar animal y su productividad. Al no contemplar procesos clave como los ciclos de nutrientes y del agua, ni la conservación de la biodiversidad, la ganadería extensiva ha generado una fuerte dependencia de insumos externos (forraje comercial, vitaminas, sales minerales, medicamentos, herbicidas, etcétera)2. Por otro lado, debido al bajo precio de compra de carne y leche fijado por intermediarios e industrias, la actividad ganadera tiene una rentabilidad limitada, especialmente para pequeños y medianos productores3. Este deterioro de los sistemas ganaderos, junto con la pérdida de mercados regionales, ha debilitado la soberanía alimentaria regional y ha sido una de las causas de la ola migratoria de jóvenes, provocando la falta de relevo generacional y de mano de obra en el sector agropecuario 4.

ReGaSo, un colectivo con un sueño compartido Ante las crisis ambientales, productivas y sociales derivadas de la ganadería extensiva,

el colectivo transdisciplinario Red de Ganadería Sostenible (ReGaSo), conformado por ganaderos(as), miembros de asociaciones civiles, médicos veterinarios, académicas(os) y funcionarios(as) de los tres niveles de gobierno, compartimos el sueño de detonar una transición regional hacia la ganadería sostenible en Los Tuxtlas, Veracruz a través de una colaboración transdisciplinaria. De manera horizontal y colaborativa, definimos colectivamente los objetivos de ReGaSo y nos enfocamos en codiseñar e implementar prácticas de ganadería sostenible adecuadas para la región. Facilitamos también procesos participativos que movilizan cambios profundos en las

Sistemas silvopastoriles intensivos con Tithonia diversifolia en la región de Los Tuxtlas, Veracruz, con árboles de sombra difusa Foto: Karina Boege

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visiones y motivaciones sobre el quehacer ganadero. Estos procesos incluyeron i) la conceptualización colectiva de la problemática, ii) la cocreación de posibles soluciones a los problemas detectados; iii) reflexiones colectivas de las distintas visiones y prácticas de lo que implica la ganadería sostenible; iv) la definición multisectorial de zonas estratégicas para la conservar la biodiversidad y garantizar la seguridad hídrica a escalas local y regional; v) giras a ranchos demostrativos con prácticas de ganadería sostenible para el intercambio de experiencias y puntos de vista; vi) la planeación participativa para el cuidado del territorio, y vii) la conformación de redes de

aprendizaje con una visión colectiva de la ganadería sostenible, incluyendo a mujeres y juventudes. Cuidar el territorio en colectivo A través de ejercicios de cartografía participativa, consensuamos entre distintos sectores la delimitación de tres zonas estratégicas en la región de Los Tuxtlas, y elegimos comunidades ejidales para promover una transición hacia la ganadería con un énfasis en la seguridad hídrica y conservación de sus selvas. Estos ejercicios también fueron fundamentales en diez ranchos demostrativos, para que las familias rediseñaran sus ranchos o parcelas


en función de la vocación de sus territorios, sus intereses y sus recursos. El regreso de los árboles, suelos vivos y agua para todos En los ranchos demostrativos de ReGaSo iniciamos el establecimiento de sistemas silvopastoriles intensivos a través de la siembra masiva de árboles y arbustos. Estas plantas se incorporan a los potreros con distintos arreglos, como en cercos vivos, árboles dispersos con sombra difusa, callejones de árboles maderables o frutales, islas de vegetación, bancos de forraje de corte y arbustos forrajeros nativos sembrados en altas densidades (hasta 10 mil arbustos/hectárea) combinados con pastos para consumo directo por el ganado3. La rotación del ganado en estos sistemas evita la compactación del suelo e incrementa la materia orgánica que, junto con el cuidado de organismos benéficos como los escarabajos estercoleros, favorecen la recuperación de la fertilidad de los suelos y mejora la cantidad y calidad del forraje. Las plantas forrajeras utilizadas en sistemas silvopastoriles suelen tener mayor cantidad de proteínas que los pastos convencionales, por lo que la cantidad y calidad del forraje es mayor, incluso en la época de sequía. Además, el cambio de dieta puede reducir emisiones de metano que produce el ganado hasta en un 25 por ciento1,3. Una mejor alimentación, el acceso a agua fresca y la sombra en los potreros aumentan el bienestar animal, lo que se traduce en beneficios produc-

tivos. Por ejemplo, productores en Colombia han duplicado o triplicado la producción de carne y leche en sistemas silvopastoriles con la leguminosa Leucaena leucocephala (guaje), gracias al alto contenido protéico que tiene esta especie forrajera1. Otro beneficio de la ganadería con sistemas silvopastoriles intensivos es que pueden albergar mayor diversidad de especies de flora y fauna, comparado con potreros de ganadería extensiva, e inclusive favorecer el movimiento de especies entre fragmentos de selva. Además, la incorporación masiva de árboles y arbustos puede aumentar el almacenamiento de carbono en el suelo y en la vegetación1. Si bien los sistemas silvopastoriles requieren de una inversión inicial, los costos operativos e insumos externos se reducen en un mediano plazo, promoviendo mayor rentabilidad. En los ranchos ReGaSo, por ejemplo, los sistemas silvopastoriles intensivos con Tithonia diversifolia (árnica de monte) han hecho la diferencia para algunos productores, al no tener que comprar alimento comercial en época de sequía, incrementar el número de animales por hectárea e incrementar su producción de leche duran-

Sistemas silvopastoriles intensivos en Los Tuxtlas, Veracruz, con cercos vivos Foto: Karina Boege

te todo el año. Además, los arreglos agroforestales pueden diversificar las actividades productivas, promover la integración de las familias y generar más empleos. Compartir para aprender y promover cambios transformativos El enfoque transdisciplinario y colaborativo de ReGaSo permitió, además de implementar prácticas de ganadería sostenible y consolidar ranchos demostrativos, tejer relaciones de confianza y respeto que motivaron nuevas formas de concebir la ganadería con otras comunidades –humanas y no humanas. Los beneficios de la ganadería sostenible fueron socializados con comerciantes, docentes, jóvenes y restauranteros, para así crear oportunidades

para el desarrollo de mercados solidarios locales y regionales, y fortalecer el tejido social de las comunidades. También se constituyó un grupo de mujeres ganaderas que comparten sus sentires y saberes sobre prácticas ganaderas y de conservación ambiental. A diferencia del extensionismo agrícola convencional basado en paquetes tecnológicos, los cambios basados en acciones colectivas y participativas aumentan la probabilidad de que las prácticas de ganadería sostenible se mantengan a largo plazo y se difundan de manera autogestiva con éxito en la región. La experiencia ReGaSo demuestra que otros tipos de ganadería son posibles y abre el camino hacia transformaciones profundas con futuros más sostenibles.

Referencias 1 Montagnini F., (Ed.), Integrating Landscapes: Agroforestry for

Nota: ReGaSo fue financiado por Conahcyt-Pronaii 319075. www. ganaderiasostenible. org enero 2026

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Biodiversity Conservation and Food Sovereignty, Advances in Agroforestry 12. Springer, Dordrecht. 2 Balmford, A., et al. (2018). The environmental costs and benefits of high-yield farming. Nature sustainability, 1(9), 477-485. 3 Murgueitio, E. et al. (2014). Los sistemas silvopastoriles intensivos (SSPI), herramienta de mitigación y adaptación al cambio climático. Tropical and Subtropical Ecosystems, 17, 501-507. 4 Jiménez-Moreno, et al. (2023). (Dis)connections between youth migration and food security in a rural community of the Sierra de Santa Marta, Veracruz, México. Journal of Rural Studies, 100, e103028.


Don Luis González, posando orgulloso frente a su milpa y junto a su reserva de abono orgánico Foto: Jornada Ecológica enero 2026

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La Ecológica, 22/12/2025 by La Jornada - Issuu